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11.

Semana (…Teología I Profesor Abel Velasco)


La Trinidad: bases bíblicas y significado teológico; Cont.….

11.1. Significado teológico

Lo que resulta sorprendente, del dogma de la Trinidad, es que


esta confesión de Dios como uno en tres se llevó a cabo sin lucha y sin
controversia, por un pueblo adoctrinado por siglos en la fe del Dios
único, y que al ingresar en la iglesia cristiana no consideraba que estaba
haciendo un corte con su antigua fe en ningún sentido.

11.1.1. Formulación (doctrina)


Aun cuando la Escritura no nos ofrece una doctrina formulada de
la Trinidad, ella contiene todos los elementos con los cuales la teología
ha armado la doctrina correspondiente. La enseñanza de Cristo da
testimonio de la verdadera personalidad de cada una de las distinciones
en el seno de la Deidad a la vez que arroja luz sobre las relaciones
existentes entre las tres personas.
Quedó para la teología la tarea de formular a base de esto una
doctrina de la Trinidad. La necesidad de formular la doctrina le fue
impuesta a la iglesia por fuerzas externas a ella, y fue, en particular, su
fe en la deidad de Cristo y la necesidad de defenderla lo que primero la
impulsó a afrontar la tarea de formular una doctrina completa de la
Trinidad para su regla de fe.
Ireneo y Orígenes comparten con Tertuliano la responsabilidad de
la formulación que sigue siendo, en lo fundamental, la de la iglesia
católica. Bajo el liderazgo de Atanasio esta doctrina se proclamó como
credo de la iglesia en el concilio de Nicea (325 d.C.), y en manos de
Agustín, un siglo más tarde, recibió una formulación que encierra el
llamado credo de Atanasio que es aceptado por las iglesias trinitarias
hasta el día de hoy. Después de haber recibido aclaraciones por cuenta
de Juan Calvino1, (el estudiante debe investigar el credo de Atanasio,
incluyendo las aclaraciones de Calvino; será tema de exposición), pasó
al conjunto de iglesias de la fe reformada.
En cuanto a la relación existente entre las tres personas hay
distinciones reconocibles.

1
B. B. Warfield, Calvin and Augustine, 1956, pp. 189–284

11.1
I Unidad en diversidad
En la mayoría de las formulaciones esta doctrina se enuncia
diciendo que Dios es uno en su ser esencial, pero que en su ser hay tres
Personas, que no obstante no conforman individuos separados y
distintos. Son tres modos o formas en las que existe la esencia divina.
“Persona” es, sin embargo, una expresión imperfecta de esta
verdad en la medida en que para nosotros denota un individuo racional
y moral independiente. Pero en el ser de Dios no hay tres individuos,
sino tres autodistinciones personales en el seno de una sola esencia
divina.
Luego, también, en el hombre la personalidad (Persona) conlleva
la idea de independencia de voluntad, acciones y sentimientos que
llevan a una conducta peculiar de la persona.
Esto no puede concebirse en relación con la Trinidad. Cada
persona es autoconsciente y autodirigida, pero jamás actúa
independientemente o en oposición. Una sola voluntad.
Cuando decimos que Dios es una unidad queremos decir que, si
bien Dios es en sí mismo un centro tripartito de vida, su vida no está
dividida en tres partes. Es uno en esencia, en personalidad y en
voluntad.
Cuando decimos que Dios constituye una Trinidad en la unidad
queremos decir que hay unidad en diversidad, y que la diversidad se
manifiesta en Personas, en características y en funciones.
II Igualdad en dignidad
Hay perfecta igualdad en naturaleza, honor y dignidad entre las
tres Personas. La paternidad pertenece a la esencia misma de la primera
Persona y así fue desde toda la eternidad. Es propiedad personal de
Dios, “de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra”
(Ef. 3:15).
Al Hijo se le llama “unigénito” quizá para sugerir su carácter único
más que derivación. Cristo siempre se atribuyó una relación única con
Dios como Padre, y los judíos que lo escucharon aparentemente no
tuvieron dudas en cuanto a lo que pretendía. De hecho intentaron
matarlo porque “decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a
Dios” (Jn. 5:18).
El Espíritu se revela como la persona que con exclusión de toda
otra conoce las profundidades de la naturaleza de Dios: “Porque el
espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios… nadie conoció las
cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Co. 2:10s). Esto es como

11.2
decir que el Espíritu no es sino “Dios mismo en la más profunda esencia
de su ser”.
Esto pone el sello de la enseñanza neotestamentaria sobre la
doctrina de la igualdad de las tres Personas.
III Diversidad en las funciones
En las funciones asignadas a cada una de las Personas en la
Deidad, especialmente en cuanto a la redención del hombre, resulta
claro que se incluye un cierto grado de subordinación (en relación, si
bien no en naturaleza); primero, el Padre, segundo, el Hijo, tercero, el
Espíritu. El Padre obra a través del Hijo por medio del Espíritu. Así,
Cristo puede decir: “El Padre mayor es que yo.” Como el Hijo fue
enviado por el Padre, así el Espíritu es enviado por el Hijo. Como era
función del Hijo revelar al Padre, así la función del Espíritu es revelar al
Hijo, tal como lo expresó Cristo: “El me glorificará; porque tomará de lo
mío, y os lo hará saber” (Jn. 16:14).
Tenga siempre presente que: “nadie llega el Padre sino por el Hijo y
nadie conoce lo del Hijo sin que el Espíritu se lo haga saber.” En otras
palabras “la iluminación del Espíritu es nuestra única fuente para el
conocimiento de la gloria de Dios.
Recordemos 2 Corintio 4:6; 6Porque Dios, que mandó que de las
tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros
corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la
faz de Jesucristo.
Se ha de reconocer que la doctrina surgió como expresión
espontánea de la experiencia cristiana. Los primitivos cristianos se
sabían reconciliados con Dios Padre, y sabían que esa reconciliación fue
asegurada por la obra expiatoria del Hijo, y que ella les era comunicada
en forma de experiencia por el Espíritu Santo. Por lo tanto, para ellos la
Trinidad fue un hecho antes de convertirse en doctrina, pero a fin de
preservarla como parte del credo de la iglesia fue preciso formular la
doctrina.

11.1.2. Consecuencias de la doctrina (formulada)


Las consecuencias de esta doctrina son de suma importancia no
sólo para la teología, sino para la experiencia y la vida cristianas.
I Significa que Dios es revelable
La revelación es tan natural para Dios como lo es para el sol el
acto de brillar. Antes de que hubiera seres creados ya existía la
autorrevelación en el seno de la Trinidad, por cuanto en ella el Padre
revelaba al Hijo, el Padre y el Hijo revelaban al Espíritu, el Espíritu
comunicaba esa revelación en el seno del ser de Dios. Cuando Dios

11.3
determinó crear un universo esto no significó ningún cambio en el
comportamiento de Dios; significaba dejar que su revelación brillara
hacia afuera, hacia su creación. Y esto lo hizo por medio de su Espíritu
revelador.
Esta ilustración posiblemente pudiera expresar lo antes expuesto,
según la idea revelada bíblicamente de la Trinidad.

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DIOS
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II Significa que Dios es comunicable


Cuando el sol brilla comunica su luz, su calor y su energía. De
modo que si Dios es en su misma esencia comunión él puede hacer que
esa comunión se exteriorice hacia sus criaturas y puede comunicarse
con ellas según su capacidad de recepción. Esto es lo que ocurrió en
forma suprema cuando acudió a redimir a los hombres: hizo que su
comunión se inclinara hacia abajo para alcanzar al hombre proscrito y
levantarlo. Y así, dado que Dios es un Dios trino tiene algo que
compartir: su propia vida y comunión.

11.4
III Significa que la Trinidad es la base de toda verdadera
comunión en el mundo
Ya que Dios es en sí mismo comunión, significa que sus criaturas
morales, que han sido hechas a su imagen, encuentran plenitud de vida
sólo en comunión. Esto se refleja en el matrimonio, en el hogar, en la
sociedad, y sobre todo en la iglesia, cuya Koinounia se construye sobre
la base de la comunión de las tres Personas.
La comunión cristiana es, por lo tanto, lo más divino que hay en la
tierra, el equivalente terrenal de la vida divina, tal como Cristo oró por
sus seguidores: “Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo
en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Jn. 17:21).
IV Proporciona variedad a la vida del universo
Hay, como hemos visto, diversidad en la vida de Dios. Dios Padre
concibe, Dios Hijo crea, Dios Espíritu da vida; una gran diversidad en
cuanto a vida, funciones y actividad. Por esta razón podemos
comprender que si el universo es manifestación de Dios, podemos
esperar que haya diversidad en la vida de esa totalidad que es el
universo creado.
Pensamos que la llamada uniformidad de la naturaleza está
totalmente equivocada. Todas las maravillas de la creación, todas las
formas de vida, todo el movimiento en el universo, son reflejo, espejo,
de la multiforme vida de Dios. No existe la monotonía de la uniformidad,
ni la uniformidad de diseño en gran escala, por cuanto la naturaleza
refleja el carácter multiforme de la naturaleza y la personalidad del Dios
vivo.
Por esta razón nuestra relación con Dios es unipersonal, pero
también nuestro juicio, es decir: perfectamente justo; como traje a la
medida.

11.2. La controversia del misterio de la “Kenosis”

Este término griego, proviene del verbo nesµothk e ehtuaeh, “se


vació a si mismo”, que traducido en Fil. 2:7, se lee: “se anonadó a sí
mismo” o “se despojó a sí mismo”.
Recordemos Filipense 2:5-8; 5Haya, pues, en vosotros este sentir
que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no
estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se
despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los
hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

11.5
Como sustantivo se usa, en el sentido técnico, para la teoría
cristológica que trata de demostrar “que la segunda persona de la
Trinidad podía ingresar en la vida humana de tal manera que arrojara
como resultado la experiencia genuinamente humana que describen los
evangelistas”. En su forma clásica esta cristología no data sino de
mediados del siglo XIX, con Thomasius de Erlangen en Alemania.
J. M. Creed expresa claramente la esencia de la teoría kenótica
original2:
“El Logos divino, por su encarnación, se despojó de sus atributos
divinos de omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia, de modo que en
su vida encarnada se revela la Persona divina, y se revela sola mediante
una conciencia humana”.
Esta afirmación cristológica está expuesta a contundentes
objeciones teológicas; El verbo ehtµh significa simplemente “vaciar”. Se
usa en sentido literal, por ejemplo, cuando Rebeca vacía el agua de su
cántaro (Gn. 24:20), y esta traducción hace pensar en un uso
metafórico que prepara el camino para la interpretación del texto de
Filipenses.
El uso de ehtµh en la voz activa es único en el NT, y toda la frase
con el reflexivo no solamente no es paulino, sino que tampoco es griego.
Este hecho apoya la sugerencia de que la frase es una traducción al
griego, a partir de un original semítico, y se explica el solecismo
lingüístico por la traducción literal de un idioma a otro.
Eruditos recientes (H. W. Robinson, J. Jeremias) han encontrado
este original en Is. 53:12: “Derramó su vida hasta la muerte.” Con esta
lectura de Fil. 2:7, la “kenosis” no es la de su encarnación, sino la
entrega final de su vida, en completo ofrecimiento y sacrificio de si
mismo en la cruz.
Aun cuando se considere esta novedosa interpretación como un
poco forzada (para una critica véase R. P. Martin, Carmen Christi, 1967,
cap(s). 7), ella nos coloca sobre una pista.
Las palabras “se vació a sí mismo” en el contexto paulino no
implica o no apuntan sobre el abandono de sus atributos divinos, y
hasta ese punto la teoría kenótica es una interpretación enteramente
humana de las palabras escritúrales.
Podemos concluir que: lingüísticamente debe interpretarse el
vaciamiento a la luz de las palabras que siguen inmediatamente. Se

2
art. “Recent Tendencies Christology” in Mysterium Christi, eds. Bell y Deissman, 1930, pp. 133.

11.6
refiere al “renunciamiento preencarnado coincidente con el acto de
tomar forma de siervo”3.
Tomar forma de siervo entrañaba la necesaria limitación de la
gloria que había dejado de lado a fin de poder hacerse “semejante a los
hombres”.
Esa gloria de su unidad preexistente con el Padre (véase Jn. 17:5,
24) era suya debido a que en la eternidad había existido “en forma de
Dios” (Fil. 2:6).
Esa gloria quedó oculta en la “forma de siervo” que adoptó cuando
asumió nuestra naturaleza y apareció en nuestra semejanza; y con la
aceptación de nuestra humanidad también aceptó su destino como el
Siervo del Señor que se humilló hasta sacrificarse a sí mismo en el
Calvario.
En consecuencia, la “kenosis” comenzó en la presencia de su
Padre, con su decisión preencarnada de asumir nuestra naturaleza; esto
lo llevó inevitablemente a la obediencia final en la cruz, cuando derramó
completamente su alma hasta la muerte (véase Ro. 8:3; 2 Co. 8:9; Gá.
4:4–5; He. 2:14–16; 10:5ss).

Para investigar más sobre el misterio de la Trinidad y de la


kenosis, recomiendo leer:
A. E. Garvie, The Christian Doctrine of the Godhead, 1925;
A. W. Wainright, La Trinidad en el Nuevo Testamento, 1976;
B. B. Warfield en ISBE (s.v. “Trinity”);
B. Rey, De la fe en YHWH a la fe en la Trinidad, 1973;
id., La Trinidad en la Biblia, 1973;
C. Duquoc, Dios diferente, 1978;
C. W. Lowry, The Trinity and Christian Devotion, 1946;
D. Lamont, Christ and the World of Thought, 1934, pp. 221–247.
E. Danyans, Misterios bíblicos al descubierto, 1976;
E. Jungel, La doctrina de la Trinidad, 1980;
F. Lacueva, Un Dios en tres Personas, 1975.
H. Bavinck, The Doctrine of God, 1951, pp. 255–334;
J. Auer, Dios uno y trino, 1982;

3
Taylor, The Person of Christ in New Testament Teaching, 1958, pp. 77

11.7
J. N. D. Kelly, Primitivos credos cristianos, 1980;
J. R. Illingworth, The Doctrine of the Trinity, 1909;
K. Barth, Church Dogmatics, trad. ing. 1936, 1, pp. 339ss;
R. S. Franks, The Doctrine of the Trinity, 1953;

Y cualquier otro que ustedes consigan; pero que sean buenos


libros.

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