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Nadia De Cristóforis

Susana Novick

(compiladoras)

Jornadas
Un siglo de migraciones en la Argentina
contemporánea: 1914-2014

Con la colaboración de
Celeste Castiglione, Laura Fasano, Alejandra Ferreyra,
Natalia Galián, Denise Ganza, Gabriela Mera,
Nora Pazos, Mariana Winikor Wagner
De Cristóforis, Nadia
Jornadas un siglo de migraciones en la Argentina contemporánea: 1914-2014/ Nadia
De Cristóforis; Susana Novick; compilado por Nadia De Cristóforis; Susana Novick -
1a ed .- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires. Instituto de
Investigaciones Gino Germani - UBA, 2016.
Libro digital, PDF

Archivo Digital: descarga y online


ISBN 978-950-29-1593-7

1. Migración. 2. Historia. 3. Política. I. Novick, Susana II. De Cristóforis, Nadia,


comp. III. Novick, Susana, comp. IV. Título.
CDD 304.82

Diseño de tapa: Juan Manuel Mileo

Imagen de tapa: Pegaso del sol, 1922. Xul Solar

Derechos reservados Fundación Pan Klub-Museo Xul Solar

© 2016, Instituto de Investigaciones Gino Germani

Facultad de Ciencias Sociales

Universidad de Buenos Aires

Pte. J.E. Uriburu 950, 6º piso

C1114AAB. Ciudad de Buenos Aires, Argentina

www.iigg.sociales.uba.ar

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en Argentina / Printed in Argentina
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Internacional

 
 
Jornadas Migraciones. Mesa 13

De los barcos a las pantallas.


La inmigración judía en dos documentales argentinos

Lior Zylberman242

Introducción

En las últimas décadas se ha estrenado un importante número de películas en torno a


temáticas judías, si bien muchos de estos títulos plantean problemáticas contemporáneas
sólo un reducido número de documentales se ha propuesto explorar la inmigración judía
en la Argentina. Este tópico ha sido tratado en muy pocas ocasiones en la pantalla del
cine argentino, siendo quizá la adaptación de Los gauchos judíos (Torre Nilsson y Jusid,
1975) el film de referencia.
Comprendiendo al cine como un poderoso vector de memoria, que no sólo
permite poner en circulación relatos sino también imágenes con el objetivo de afianzar y
construir recuerdos compartidos, en lo que sigue nos proponemos estudiar los
documentales Legado (Forio, Imar y Trotta, 2001) y Hacer Patria (Blaustein y
Blaustein, 2006). Será nuestro objetivo analizar bajo qué estrategias de representación
se retrata la inmigración judía como también cuáles son los imaginarios y memorias
colectivas presentadas por ambos films. Como segunda instancia, el trabajo también se
propone efectuar un análisis comparativo entre ambos títulos con el fin de dilucidar los
diversos relatos presentados en ambas producciones.

Inmigrantes en el cine

A fines del siglo XIX comienzan las diversas oleadas migratorias hacia la Argentina. El
caudal de nuevos habitantes se componía mayoritariamente de italianos, españoles,
armenios, sirios y también judíos, quienes buscando nuevos horizontes abandonaron sus
tierras natales escapando de la violencia, la pobreza y el hambre. Con todo, la
inmigración a la Argentina no fue un proceso armónico. En el caso de la inmigración
judía, tal como señala Haim Avni (1983), la misma dependió de la voluntad política y

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Doctor en Ciencias Sociales (UBA). Investigador del CONICET y del Centro de Estudios sobre
Genocidio de la UNTREF. Profesor titular de Sociología en la carrera de Diseño de Imagen y Sonido
(FADU-UBA). E-mail: liorzylberman@gmail.com.

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de diversas legislaciones de cada período como del notable esfuerzo de empresas


colonizadoras.
Durante el período de la entrada masiva de inmigrantes, Argentina era un país en
formación -en términos institucionales- que comenzaba a andar un camino de
crecimiento económico. En dicho contexto era un país con una clase media en aumento
pero con poca población en su vasto territorio. Algunas colectividades, como la judía,
crearon empresas de colonización en diversas ciudades del interior del país con el
objetivo de fomentar la inmigración y el desarrollo agrícola. Sin embargo, el acceso a la
tierra no fue sencillo, y muchos inmigrantes decidieron o bien trasladarse hacia las
ciudades o directamente quedarse en Buenos Aires al arribar.
La inmigración tuvo sus ecos en la industria cinematográfica argentina. En la
década de 1930 y 1940 se produjeron varios títulos que presentaban como personajes
principales inmigrantes italianos o españoles. En Los tres berretines (Orzábal Quintana
y Susini, 1933), El conventillo de la Paloma (Joly y Torres Ríos, 1936) o Así es la vida
(Lumiton y Mugica, 1939) se plantean los modos de “argentinización” de los recién
llegados o el choque idiomático y cultural entre los migrantes y los locales.
A lo largo de las siguientes décadas, diversas películas de ficción tendrán como
protagonistas a inmigrantes como también plantearán en sus tramas diversos matices del
arribo de éstos a nuestro país. Resulta importante destacar, ya que luego retomaremos
esta cuestión al concentrarnos en Hacer patria, que durante la década de 1980 una de
las temáticas recurrentes en el cine de ficción, producto de los efectos de la última
dictadura militar, haya sido el exilio y la emigración de argentinos a Europa1.
La inmigración judía fue tópico en varias producciones de ficción. Quizá la ya
clásica adaptación de la obra de Alberto Gerchunoff por Juan José Jusid, la mencionada
Los gauchos judíos, resulte ser la más representativa de todas las películas de ficción.
Sin embargo, no debemos dejar de mencionar El camino del sur (Estrada Mora y
Stagnaro, 1988), que lejos de una visión romántica de la inmigración plantea el tráfico
de mujeres a la Argentina. Años después, Un amor en Moisés Ville (Ottone y Ottone,
2000) planteará algunas de las problemáticas presentes en las localidades que nacieron
como colonias agrícolas: la cuestión, en este film pero como en la historia de cientos de
familias de inmigrantes, es si quedarse en el pueblo o marcharse a la ciudad. Por último,

1
En esa dirección, resulta sugerente mencionar la miniserie de televisión Vientos de agua (Campanella y
Campanella, 2006) en dónde se coloca en tensión la inmigración española en la Argentina en la década de
1930 como también la emigración hacia España producto de la crisis económica argentina de 2001.

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también podemos mencionar La cámara oscura (Dulac y Menis, 2008), cuyo relato se
ambienta en la provincia de Entre Ríos a finales del siglo XIX en el seno de una familia
judía de inmigrantes.
El cine documental también se hizo eco de esta temática: Legado y Hacer patria
son dos producciones que tienen como eje el arribo de inmigrantes judíos a nuestro país.
Sin embargo, ninguno de los dos títulos se propone presentar una historia de la
inmigración sino experiencias, vivencias y recuerdos. Será a partir de estas historias
focalizadas que podremos alcanzar indicios de lo que fue la odisea migratoria en las
primeras décadas del siglo XX.

El cine como vector de memoria

Ambos documentales se asientan en testimonios que pretenden dar cuenta de recuerdos


colectivos sobre la inmigración antes que exponer en forma uniforme una historia de la
gesta. Mientras que en Legado los recuerdos fluyen en forma coral, en Hacer patria lo
hacen a partir de un documental más personal, concentrado en la experiencia e historia
de la propia familia del director.
Ambos films, entonces, pueden ser pensados como vectores de memoria. A partir
de Henry Rousso (2002), comprendemos la idea de vector como aquello que otorga
“cierta inteligibilidad” al pasado (p. 9); el historiador francés pensó las
conmemoraciones, las creaciones artísticas o literarias, o una asociación de
sobrevivientes, entre tantos ejemplos, como formas de vectores. Lo que nos interesa
también señalar es que en tanto vector de memoria, el cine actúa no sólo como un
soporte de los recuerdos, volviéndolos más tangibles, encarnándose éstos en imágenes,
sino también como vector de imaginación, como un espacio para los imaginarios, para
las representaciones colectivas pero también para los deseos y las identidades.
Con lo dicho, nuestro propósito es indagar no sólo en los relatos que presentan
estos documentales sino también en las imágenes que colocan en circulación con el
objetivo de analizar los imaginarios sobre la inmigración exhibidos en ambas obras.

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Legado

Producida por la Fundación Internacional Raoul Wallenberg a partir de una idea de su


presidente, Baruch Tenembaum243, Legado se propone documentar la historia de los
“gauchos judíos”. Construido a partir de una capa de ficción, en la cual Esther nos narra
en ídish su historia y sus recuerdos, el relato se inicia en 1889 con el arribo del vapor
Wesser a la Argentina. Ese barco trajo el primer gran contingente de judíos que,
escapando del régimen zarista y sus pogromos, buscaban nuevos horizontes para
desarrollar sus vidas.
Posteriormente al paso por el Hotel de Inmigrantes, la familia de Esther se dirige
al campo y, luego de sortear arduos inconvenientes, logran asentarse. La historia de esta
familia imaginaria simboliza la de muchas que durante fines del siglo XIX y principios
del siglo XX se asentaron en las diferentes colonias agrícolas dando nacimiento a la
figura del “gaucho judío”.
Si bien el relato de Esther es la capa de ficción que amalgama el argumento del
documental, en ella conviven muchas historias. En este relato maestro confluyen las
historias de miles de personas que atravesaron experiencias similares. Así, esta
narración en off en ídish de Esther se complementa con testimonios de diferentes
descendientes de aquéllos que bajaron de los barcos y que hoy viven en aquellas
localidades. Esta historia personal permite generar así una historia coral que con
diferentes matices posee tópicos recurrentes y semejantes actuando más en forma
simbólica que histórica.
El relato que Legado presenta posee diversos matices. Uno de ellos se encuentra
marcado por cierta tendencia épica, ya que la inmigración resultó ser una verdadera
epopeya: los colonos llegaron no sólo a un país desconocido sino también a zonas
vírgenes donde todo estaba por hacer -desde los caminos hasta el trabajo agrícola
propiamente dicho-. La obra musical central del documental, la Suite de los Inmigrantes
compuesta por Vivian Tabbush y Javier Zentner (2001), refuerza desde la banda sonora
el carácter de la gesta; sin embargo, como luego veremos, el contrapunto que genera con
las imágenes puede ofrecer un efecto contrario.

243
La motivación para llevar adelante este proyecto se debe a que el propio Tenembaum nació en Colonia
Las Palmeras, provincia de Santa Fe; su familia, había inmigrado escapando de los pogromos rusos de la
década de 1880.

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Con el correr de los años se fueron fundando colonias como Basavilbaso,


Domínguez, Villa Clara y San Salvador, en Entre Ríos; Moisés Ville, Las Palmeras,
Palacios y Monigotes, en Santa Fe, y Carlos Casares y Médanos, en Buenos Aires.
Recogiendo una pluralidad de testimonios de descendientes de inmigrantes radicados en
esas colonias, Legado también refuerza la ya clásica visión en torno al imaginario de la
figura del gaucho judío. Esa figura también es ponderada al narrar el tesón con el que
tuvieron que afrontar plagas, inundaciones y otros incidentes característicos de la dura
vida de agricultor. En esa doble narración, la de Esther y la de los descendientes de los
inmigrantes, estos relatos son presentados como una verdadera proeza, resaltando así la
fuerza y voluntad de los pioneros.
Otro de los aspectos en los que se detienen ambas líneas narrativas es en torno a la
obra del Barón Moritz Hirsch y de la “Jewish Colonization Association”, actor
imprescindible en la inmigración judía en la Argentina. En el desarrollo de esa línea
argumental, la gesta migratoria es puesta en tensión entre los deseos originales del
Barón, los desarrollos agrícolas en el país y las relaciones entre los gauchos judíos y los
gerentes en las colonias. De este modo, los pioneros no sólo debieron batallar contra las
impericias del clima sino también contra las estructuras burocráticas de la asociación.
Legado también destaca una cuestión cardinal en el desarrollo de las colonias
judías: la gran tarea llevada a cabo en torno al trabajo cultural, educativo y tradicional
efectuado por los pioneros. En los años de prosperidad de las colonias, tal como lo
explaya el documental, dichos lugares se convirtieron en verdaderos epicentros
culturales judíos, sobre todo de la cultura ídish, a partir de representaciones teatrales o
conciertos musicales. Estos momentos de esplendor tuvieron su correlato en la
construcción de teatros y centros culturales en la región. De este modo, el legado del
título se expande no sólo a aquél dejado por la inmigración judía en tanto pobladores
sino también al cultural desarrollado en esos sitios.
En las colonias también se construyeron diversas instituciones, tales como
sinagogas o cementerios, que permitieron llevar adelante la vida espiritual de los
colonos. A lo largo del documental, la cámara se detiene en numerosas oportunidades a
registrar estos sitios. Evidenciando que además de un legado inmaterial, como lo es el
cultural, existe uno espiritual todavía tangible. En síntesis, el legado -los legados- de la
inmigración judía en la Argentina es múltiple y diverso, tanto en forma histórica como
en cuanto a su patrimonio material y cultural. La evidencia más notable de ello es la

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elección por parte de los directores de que la narración en off que articula y guía todo el
relato sea en ídish; con ese gesto, los realizadores asumen y reciben dicho legado.
Ahora bien, al detenernos a auscultar los imaginarios que se pueden desprender
del documental encontramos posibles contradicciones. Para decirlo de otro modo,
pensamos que la película actúa ante todo como un museo de la inmigración antes que
ofrecer una historia viva de ésta. Con ello, no es nuestra intención efectuar una crítica
valorativa o estética en torno a la realización del documental sino, justamente, el
imaginario que se desprende de la obra. Creemos, sin embargo, que nuestra posición no
se encuentra errada ya que el propio documental sugiere que los mencionados legados
se están perdiendo.
Observemos que tanto los testimoniantes como la voz en off principal son
personas mayores, no hay jóvenes en pantalla, pareciera que en las colonias no hay
nuevas generaciones; en ese sentido, reforzamos nuestra idea del documental como
museo: nos detenemos en el pasado (a través de fotos y otra documentación de archivo)
y en las construcciones hoy, pero no en la vida actual.
Además de apelar a imágenes de archivo, la narración en off y los testimonios,
Legado también emplea dramatizaciones (vemos en varias ocasiones el carro impulsado
por caballos, por ejemplo) y, sobre todo, recurre a filmaciones de espacios viradas al
blanco y negro para avejentarlas y hacerlas coincidir con el relato de Esther. Esta
estrategia, creemos, no hace sino acrecentar el estado de desolación actual de las
colonias: espacios vacíos y abandonados (como las sinagogas o el cementerio) que en
vez de resaltar la pujanza que Esther relata generan un efecto contrario produciendo así
un contrapunto disonante entre el texto y la imagen. Mientras la voz en off construye un
imaginario de un presente con un futuro pujante, las imágenes remiten a un pasado con
un futuro sosegado, quedando los más de cien años de la primera corriente inmigratoria
judía como un evento alejado en el tiempo.
A pesar de lo mencionado, sabemos que los realizadores de Legado son
conscientes respecto a esta problemática, y en ese sentido las imágenes y el montaje son
sensibles a la problemática nodal de las colonias: el proceso de despoblamiento. La
inmigración judía comparte la misma característica que cualquier tipo de inmigración:
el anhelo por un futuro mejor para las siguientes generaciones. Si la primera generación
de migrantes estaba dispuesta a efectuar ciertos sacrificios, no deseaban lo mismo para
sus hijos, es por eso que muchos hijos de inmigrantes marcharon hacia la ciudad
alejándose de la agricultura en busca de un estudio y una carrera profesional. No sólo es

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el choque campo-ciudad sino también entre la tradición y las posibilidades de progreso


y ascenso social. En el caso de la inmigración judía se le debe sumar un hecho histórico
no menor: la creación del Estado de Israel. A partir de ello, y sobre todo con la sanción
de la Ley del Retorno (Avni, 1983), la opción por un futuro mejor no fue solamente la
migración interna hacia la ciudad sino también hacia otro país.
Con todo Legado es la puesta en imágenes de una experiencia única, permitiendo
registrar las memorias de un proceso histórico particular, funcionando, a la vez, como
un vector de memoria de una época pasada. Hacia el final, al cambiar la voz en off
narradora, nos sugiere, nos invita, a heredar esta historia; el legado, aquello que se deja
o transmite a los sucesores, espera en forma silenciosa ser recogido por las nuevas
generaciones.

Hacer patria

El documental de David Blaustein posee un enfoque y características diferentes a


Legado. Más conocido por uno de sus trabajos anteriores, Cazadores de utopías
(Jauretche y Blaustein, 1996), Hacer patria resulta ser el documental más personal de
su director. Ya las primeras tomas del documental nos presentan la modalidad o, si se
quiere, la perspectiva desde la que se construirá: en primera persona. Ese movimiento
subjetivo le permite a Blaustein narrar una historia particular: la de su familia.
El título es una inversión positiva, afirmativa, de la infame frase nacionalista
“Haga patria, mate un judío”. Si Legado busca narrar una gesta; Hacer patria explora
una saga familiar, y mientras que en el primer documental la intención es resaltar la
herencia cultural judía; en el segundo, lo que se examina son las formas en que los
antepasados del director se asimilaron a la vida laica argentina. Eso no quiere decir que
ambas películas resultan incomparables sino todo lo contrario; la película de Blaustein
intenta insertar, sobre todo en la primera parte del metraje, la historia de su propia
familia en una mayor, funcionando como testigo de un amplio y profundo proceso
histórico: la historia de la inmigración en la Argentina a principios del siglo XX.
Sugerimos antes que en Hacer patria el legado familiar se diferencia del primer
documental mencionado. Aunque las vivencias del propio Blaustein no son narradas con
detalle, la generación de la madre y los tíos se detiene a relatar sus propias experiencias
como las de sus antepasados; en esa dirección, tras asentarse en Tandil y Lobería, las
familias se ubican finalmente en la ciudad de Buenos Aires, y será esta vida

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cosmopolita la que terminará por asimilarlos. Blaustein, como sus hermanos y primos,
nacerán inmersos en esa mixtura y serán ellos mismos, sobre todo a través de las
militancias políticas, los que terminarán por adoptar la tierra de destino de los
predecesores como lugar propio. En esa dirección, el relato del documental se inicia a
partir de la historia de la inmigración, como los típicos inmigrantes que llegan a la
Argentina escapando de Rusia, Polonia u otro país, para concentrarse luego en la
generación de Blaustein, próxima a la militancia de la década de 1970 y partiendo
muchos de ellos -el propio Blaustein, su hermano- al exilio durante la última dictadura;
de este modo, la historia deja de ser universal para ser exclusivamente local o, si se
quiere, continental. En esa generación, en esa parte de la historia, ese legado cultural
judaico no se encuentra presente: el judaísmo, entonces, aparece en esta historia como
parte del “crisol de razas” argentino.
Eso no quita, sin embargo, que Hacer patria no pueda pensarse como una película
por fuera de la temática judía. Al recorrer diversos tópicos históricos que marcaron el
siglo XX argentino, podríamos pensar esta película en continuidad con los otros
documentales de Blaustein: la política, en esta ocasión, se concentra en los recorridos
familiares, y al hacerlo, se puede observar la militancia de los judíos en el interior de los
grandes procesos históricos. Al trazar una continuidad entre las primeras intervenciones
familiares en los primeros sindicatos y la militancia de los ’70, pasando por el
anarquismo, el socialismo, el comunismo y el peronismo, Hacer patria sugiere que ese
devenir histórico de la familia Blaustein es también el de muchas familias judías. En esa
dirección, resulta ilustrativa la anécdota que cuenta la madre del realizador: el día de la
primera cita, su (futuro) padre nunca se presentó ya que lo habían encarcelado por
tenerlo fichado como comunista.
Si bien Hacer patria es un documental en primera persona, no es de aquellas
producciones donde el realizador coloca en juego o tensión su subjetividad. Claramente
es autobiográfico, pero el tópico no es su propia vida en particular sino la familia
ampliada; así, Blaustein se encuentra del otro lado de la cámara más para preguntar y
encauzar los relatos que para hablar o reflexionar sobre sí mismo. El tiempo en pantalla
del realizador es relativamente corto, siendo más un espectador, un acompañante, que el
sujeto mismo a investigar. Sin embargo, hay secuencias que resultan sugerentes para
comprender cómo fue el proceso migratorio y, también, la memoria en términos
archivísticos de la inmigración. La primera secuencia, en donde también queda
establecido el carácter de primera persona del documental, tiene lugar en la

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Administración General de Puertos; allí Blaustein hurga en la burocracia junto a un


burócrata-, en los libros de registros arrumbados y, milagrosamente podrá dar con la
información sobre el arribo de sus abuelos y bisabuelos al país; y lo que parece una
pericia detectivesca terminará siendo más bien un encuentro íntimo familiar. En esa
dirección, y en contraste con Legado, resulta sugerente ver que en las escenas donde la
madre testimonia se encuentra presente toda la familia: el propio Blaustein junto a sus
hermanos e hijos. En cierto sentido, Hacer patria se propone también como un diálogo
generacional o, en todo caso, la recepción de un testimonio por parte de una generación
más joven.
La historia familiar y social avanzará en el documental no sólo a partir de las
entrevistas sino también con el empleo de imágenes de archivo -fotografías y películas-
para ilustrar los sucesos, y dada la perspectiva personal-familiar del film, Blaustein
también apela a imágenes familiares, tanto filmaciones caseras como fotografías. Al
integrarse el archivo familiar al histórico, la historia familiar se superpone con la
nacional. A partir de esas estrategias, el documental alcanza diversos niveles: por un
lado logra transformar a su familia como símbolo, ya que partiendo de una logra
representar a todas las familias; Hacer patria es también un documental sobre la historia
de la comunidad judía en Argentina y, finalmente, también sobre la historia argentina.

A modo de cierre

Los documentales aquí presentados nos permitieron detenernos a meditar en torno a la


representación de la inmigración judía en nuestro país. A su manera, cada título expone
la experiencia en términos diferentes: mientras que Legado se concentra en la vida en
las colonias agrícolas, en la figura del “gaucho judío”, Hacer patria lo hace en la vida
urbana. Asimismo, cada focalización efectuada permite trazar e insertar los relatos en
historias más amplias: la de Legado en términos de la comunidad judía, Hacer Patria en
términos de la historia política nacional.
La perspectiva adoptada por cada una de ellas permite también reparar en las
memorias e imaginarios en torno a la gesta migratoria y su devenir en el suelo local. En
ese sentido, Legado expresa, finalmente, la crisis tanto de un modelo como de una
cultura; mientras que Hacer Patria se expande hacia los devenires más contemporáneos
de la familia de Blaustein. La primera parece haberse quedado en su tiempo pero ese
estado no hace sino alertar sobre la crisis en las pioneras colonias; en cambio, la

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segunda se presenta también como una saga familiar que en su interior encierra la
historia no sólo de cientos de familias sino la de un país.
Con todo, a pesar de las diferencias que podemos trazar entre ambos
documentales, resulta importante señalar que nuestra intención no fue pensarlos como
excluyentes sino como complementarios. Ambos documentales resultan arena fértil para
pensar las memorias y los imaginarios de lo que fue la inmigración judía en la
Argentina. De este modo, antes que una experiencia monolítica, ambos títulos son
expresiones de los diversos devenires tanto de los migrantes judíos que llegaron a
nuestro país como también de su descendencia.

Bibliografía

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