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LA DEMOCRACIA

TOTALITARIA DE LENIN
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Rafael Correa sin garantías en Ecuador

POR NILDA GARRÉ

El pasado 3 de julio, una magistrada de Ecuador, la jueza Camacho,


nos sorprendió con una orden de prisión preventiva contra el ex
Presidente de Ecuador, Rafael Correa, dictada en el marco de un
proceso en el que se lo investiga por su presunta participación en la
planificación, financiamiento y coordinación de la detención ilegal,
perpetrada en Bogotá, Colombia, de Fernando Marcelo Balda
Flores, acaecida en la noche del 13 de agosto de 2012. Detención en
la que lo involucraron solamente testigos indirectos en base a lo
que, supuestamente, otros le dijeron que escucharon o vieron.

Esa orden, además, como Correa se encuentra residiendo en el


extranjero, en Bruselas, Bélgica, fue oficiada a la INTERPOL, con
“difusión roja”, para su inmediata localización y captura, a los fines
de su posterior extradición y alojamiento carcelario en el
Ecuador. Ni la Interpol ni Bélgica le han hecho el mínimo caso al
pedido.

Hasta ahí, la “novedad judicial”, difundida en la prensa


internacional. Lo que no cuenta con tanta difusión, sin embargo, es
el contexto de persecución política contra el ex Presidente del
Ecuador que tiene, extrañamente, como uno de sus principales
impulsores al actual presidente de esa república suramericana,
Lenin Moreno, quien fuera vicepresidente de aquél y el candidato
de la fuerza política de Correa a ganar las elecciones presidenciales
que, finalmente, lo llevaron al poder. Y mucho menos espacio posee
en la prensa el análisis de la realidad institucional actual del
Ecuador, cuya democracia pluralista corre un grave peligro, lo
mismo que el arsenal de instituciones y garantías del Estado de
Derecho que, literalmente, se encuentra colapsado luego del
referéndum constitucional y consulta popular llevados a cabo el 4
de febrero del presente año.

Por ello, en este artículo me propongo, justamente, hacer algunos


aportes y encender luces de alerta acerca de lo que está ocurriendo
en aquella nación de nuestra Patria Grande, quizás como
manifestación de un lineamiento hemisférico que se va difundiendo
en América Latina, donde, ya sea a través de golpes blandos o de
estrategias y metodologías de lawfare, se busca perseguir e
inhabilitar a líderes de espacios políticos que son percibidos por
el establishment y sus oficialismos como una amenaza para la
consolidación de la restauración del orden conservador y neoliberal
en nuestra región. Es la mentada amenaza del regreso de los
populismos.

La menor extensión geográfica del Ecuador o su menor peso


económico en la región comparado con Brasil y la Argentina, por
ejemplo, o la intención de enfatizar, en la agenda internacional, la
problemática venezolana —a la que se pretende tendenciosamente
erigir como paradigma de astucias dictatoriales y de amenazas a la
democracia—, son factores que contribuyen al solapamiento de la
veloz desdemocratización ecuatoriana y su
consecuente regresividad institucional en términos de garantías
constitucionales. Aunque en países como Brasil y Argentina la
pérdida de densidad democrática en los regímenes políticos es
considerable, las formas institucionales habitualmente son
cuidadas. El caso de Ecuador nos sorprende, al contrario, por
su obscenidad autoritaria, que supera los umbrales de los golpes
blandos y de las estrategias de ataques mediáticos y judiciales, y nos
coloca ante un verdadero supuesto de barbarie política.

El referéndum constitucional
El gobierno de Lenin Moreno convocó a un referéndum con siete
preguntas. La más importante era la referida a la remoción y
nombramiento de los integrantes del Consejo de Participación
Ciudadana y Control Social (CPCCS), que es un organismo singular
de la Constitución Ecuatoriana, compuesto por siete miembros y
con importantísimos poderes.

Según la Constitución de Ecuador, dicho Consejo promoverá e


incentivará el ejercicio de los derechos relativos a la participación
ciudadana, impulsará y establecerá mecanismos de control social en
los asuntos de interés público y designará a las autoridades que le
corresponda de acuerdo con la Constitución y la ley (artículo 207).
Así, tiene competencia para designar a la primera autoridad de la
Procuraduría General del Estado y de las superintendencias de
entre las ternas propuestas por la Presidenta o Presidente de la
República, luego del proceso de impugnación y veeduría ciudadana
correspondiente; a la primera autoridad de la Defensoría del
Pueblo, Defensoría Pública, Fiscalía General del Estado y
Contraloría General del Estado, luego de agotar el proceso de
selección correspondiente; a los miembros del Consejo Nacional
Electoral, Tribunal Contencioso Electoral y Consejo de la
Judicatura, luego de agotar el proceso de selección correspondiente
(artículo 208).

Además el Consejo tiene facultades para investigar denuncias sobre


actos u omisiones que afecten a la participación ciudadana o
generen corrupción; emitir informes que determinen la existencia
de indicios de responsabilidad, formular las recomendaciones
necesarias e impulsar las acciones legales que correspondan; actuar
como parte procesal en las causas que se instauren como
consecuencia de sus investigaciones, cabiendo aclarar que, cuando
en sentencia se determine que en la comisión del delito existió
apropiación indebida de recursos, la autoridad competente
procederá al decomiso de los bienes del patrimonio personal del
sentenciado; y para coadyuvar a la protección de las personas que
denuncien actos de corrupción (artículo 208).

Como consecuencia del referéndum constitucional, el Presidente


pudo sustituir y designar, a su sola discreción, a los miembros del
Consejo, en forma transitoria, hasta tanto se integre uno nuevo en la
forma prevista en la Constitución (a propuesta de las organizaciones
sociales y la ciudadanía; en un proceso de selección organizado por
el Consejo Nacional Electoral, que conducirá el concurso público de
oposición y méritos correspondiente, con postulación, veeduría y
derecho, a impugnación ciudadana). Con el referéndum se aprobó
que los consejeros sean elegidos por votación popular y universal.
Era lo único constitucional de la pregunta 3. Se crea así en su lugar
el llamado Consejo transitorio que, de acuerdo con el Anexo de la
Consulta Popular del 4 de febrero de 2018, asume todas las
facultades, deberes y atribuciones que la Constitución y las leyes le
otorgan al Consejo verdadero.

Además, de acuerdo con los términos de la aludida consulta


popular, el transitorio resultó facultado para evaluar todas las
designaciones efectuadas por el Consejo anterior y para remover a
los funcionarios que, a su juicio, ya no posean idoneidad para
ocupar sus cargos. Todas esas designaciones y destituciones son
efectuadas de manera discrecional, sin cumplimiento de los
procedimientos previos que prevé la Constitución.

No es competencia constitucional del Consejo, sino de la Asamblea


Nacional, por medio de juicio político.

Resulta claro que por la vía de una consulta popular se ha


modificado elípticamente la Constitución, lo que ha dado lugar a un
importante debate político y doctrinario en el Ecuador: si la
Constitución está por encima del Consejo transitorio o si debe
prevalecer la eficacia práctica y constituyente de la voluntad
popular. Esta última tesis ha sido desarrollada por el Presidente del
Consejo, Julio César Trujillo, a tal punto de sostener que, para
cumplir su función, el Consejo puede ejecutar los medios que
resulten necesarios, con independencia de las facultades y
limitaciones que le imponga la Constitución.

El Consejo ha terminado designando así al fiscal que investiga y


promueve la acusación contra el ex Presidente Correa pese a que ni
la Constitución ni la Consulta le dieron atribuciones para “designar”
autoridades); y a la jueza que terminó vinculándolo al proceso sobre
la detención ilegítima de Balda Flores. El Consejo no designó a la
jueza, pero sí al Consejo de la Judicatura encargado, que controla a
la jueza. Si por excepción los magistrados no integran o comparten
los objetivos del grupo gobernante, de todas maneras las presiones
sobre ellos los obligarían a seguir sus designios para conservar el
cargo. En pleno juicio, apenas designado el Consejo de la Judicatura
“encargado”, anunciaron la evaluación de los jueces, léase “te boto si
no acusas a Correa”. La misma jueza Camacho, en un primer
momento había entendido que no podía juzgarlo penalmente si
previamente no lo autorizaba la Asamblea Legislativa con el voto de
las dos terceras partes de sus integrantes. El artículo 120 de la
Constitución literalmente se refiere sólo al “Presidente” de la
República, pero si no abarcara también a los ex mandatarios,
ningún presidente tendría libertad para gobernar, bajo la sombra de
una persecución política fluida e ilimitada, articulada judicialmente.
Ante la crítica del gobierno por haber requerido la autorización
legislativa, la jueza Camacho se desdijo de su interpretación de la
cláusula constitucional y siguió adelante con el proceso.

Estos magistrados actúan en virtud de designaciones interinas (“por


encargo”) y están sujetos a la discrecional voluntad del voluntad del
Consejo de la Judicatura encargado, nombrado a su vez por el
CPCCS transitorio, tanto para permanecer o no en el cargo interino
como para ser designados en forma definitiva. Las designaciones
interinas practicadas por el Consejo transitorio son contrarias a los
mecanismos de subrogancia y reemplazos previstos en la
Constitución y las leyes orgánicas del Poder Judicial. Entre otras
designaciones escandalosas, el Consejo designó al hermano del
Presidente Lenin Moreno como fiscal general de una provincia.

En tales condiciones, la investigación y el juzgamiento del ex


Presidente carece de magistrados independientes e imparciales, lo
que vulnera garantías elementales del derecho de defensa y del juez
natural. Tanto el fiscal como la jueza constituyen “comisiones
especiales”, en cuanto órganos designados por mecanismos que no
son los previstos al momento en que se cometieron los hechos y que
carecen de estabilidad en sus cargos.

A ello se suma la expresa animadversión del Presidente del Consejo


hacia Correa y su gobierno, a tal punto que en declaraciones
públicas prometió que realizaría todo lo necesario para encarcelarlo
y hasta sugirió que podría sucederle lo mismo que a José Eloy
Alfaro. También ex presidente de Ecuador, en 1912 Alfaro fue
encarcelado y, luego de un asalto popular al presidio en que se
alojaba, secuestrado y linchado por una turba. El Consejo de la
Judicatura ya removió a una magistrada que concedió el beneficio
de excarcelación a un ex ministro del propio Moreno.
Este cuadro institucional decadente y autoritario, finalmente, se
completa con la potestad del Consejo transitorio de evaluar y
designar al titular de la Contraloría General del Estado, que, según
la Constitución, es un organismo técnico encargado del control de la
utilización de los recursos estatales, y la consecución de los
objetivos de las instituciones del Estado y de las personas jurídicas
de derecho privado que dispongan de recursos públicos.

Entre las funciones de la Contraloría General del Estado se hallan


las de dirigir el sistema de control administrativo que se compone
de auditoría interna, auditoría externa y del control interno de las
entidades del sector público y de las entidades privadas que
dispongan de recursos públicos; y la de determinar
responsabilidades administrativas y civiles culposas e indicios de
responsabilidad penal, relacionadas con los aspectos y gestiones
sujetas a su control, sin perjuicio de las funciones que en esta
materia sean propias de la Fiscalía General del Estado. En ejercicio
de estas funciones, la Contraloría emite “glosas”, que son unas
órdenes de embargo por supuesta responsabilidad civil de ex
funcionarios y también de funcionarios en ejercicio. Las “glosas”,
como puede apreciarse, constituyen una eficaz amenaza contra
opositores —incluso diputados o asambleístas— y todo aquel que
pretendiera hacer denuncias al actual gobierno y haya tenido algo
que ver con la función pública.

Para concluir, en Ecuador también hay concentración de medios


masivos de comunicación social y pocas posibilidades de actuación
y difusión para los periodistas independientes.

En síntesis: con el referéndum constitucional se abrió la puerta para


una democracia totalitaria, con una virtual suma del poder público
por parte del Presidente Moreno, que aniquila toda posibilidad de
justicia independiente para el ex Presidente Correa y los demás
funcionarios de su gobierno.
Un desafío al Sistema Interamericano
El referéndum constitucional ya fue llevado a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, que promovió una
actuación ante la Corte del sistema regional de protección,
solicitando que esta dispusiera una medida cautelar (“provisoria”)
para impedir la remoción de tres Consejeros. Cabe señalar que la
solicitud de la Comisión, sin embargo, llegó a la Corte
Interamericana después de realizado el referéndum.

La Corte Interamericana rechazó la petición, por entender que su


objeto —impedir la remoción de los Consejeros— implicaba
pronunciarse sobre la validez del referéndum de cara con los
derechos y garantías consagrados en el Pacto de San José de Costa
Rica, lo que sería la materia propia de un proceso contencioso que
oportunamente requerirá su intervención. El juez Eugenio Zaffaroni
expresó su voto en disidencia, consignando que, por lo menos,
podría admitirse la solicitud de protección cautelar hasta tanto la
Corte Constitucional del Ecuador resultara habilitada para efectuar
el control de constitucionalidad del referéndum. Ello, porque la
Constitución de ese país prevé que un referéndum sólo puede
revisarse judicialmente en cuanto al procedimiento, pero no en
cuanto al fondo. La Corte Constitucional sí puede y debe
pronunciarse en cuanto al fondo. Aunque el procedimiento exige
que, previo a la consulta popular, se obtenga un dictamen
constitucional favorable sobre su objeto, de la Corte Constitucional,
lo que en el caso se omitió.

El caso, tarde o temprano, llegará nuevamente a la Comisión y a la


Corte. Será una prueba crucial para el mecanismo regional de
protección a los derechos humanos, que deben velar por
las garantías fundamentales que hacen al debido proceso y a la
protección del sistema democrático.
También lo será para nuestros pueblos, que aspiran a vivir una
democracia pluralista y a disfrutar de instituciones de calidad, que
se mantengan y consoliden, suministrando un blindaje potente
contra políticas hemisféricas y lineamientos del poder económico
concentrado interesados en desmantelar las conquistas
democráticas, de derechos e institucionales, de nuestra Patria
Grande.