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FENOMENOLOGÍA DE LA EXTORSIÓN ECONÓMICA EN LOS

PRECIOS DE MERCADO
Phenomenology of Economic Extortion in Market Prices

Resumen
Este artículo reflexiona sobre las reales leyes que explican la
dinámica competitiva capitalista y las pulsiones efectivas que están
detrás de la configuración de todo precio de mercado (la codicia y la
extorsión económica), desnudando y denunciando la falacia
epistemológica de la supuesta ley de la oferta y la demanda.

Palabras Claves: precios de mercado; fenomenología; extorsión


económica; leyes del mercado.

Clasificación JEL: Y50

Abstract
This article reflects on the real laws that explain the capitalist
competitive dynamics and effective drives that are behind the whole
setup market price (greed and economic extortion), undressing and
denouncing the epistemological fallacy of the supposed law of supply
and demand.

Keywords: market prices; phenomenology; economic extortion;


market laws.

JEL classification: Y50

Iván Raimundo Canales Valenzuela


Doctor en Filosofía; Master en Economía Aplicada; Licenciado en
Teología. Profesor de Fenomenología y Hermenéutica Económica;
Filosofía Social y Teoría Política, en: Universidad Autónoma de Chile,
Sede Talca.

canalesvalenzuela61@gmail.com
Av. 2 Sur 1285 Depto. 601, Talca-Chile.
CP. 3460000.

1
FENOMENOLOGÍA DE LA EXTORSIÓN ECONÓMICA EN LOS
PRECIOS DE MERCADO

Tabla de Contenidos:
Introducción
I. La ficción de una ley de oferta y demanda
II. Imposibilidad de las tijeras de Marshall
III. Fenomenología de los precios de mercado
IV. Conclusión
V. Referencias Bibliográficas

Introducción
La disciplina económica estudia en microeconomía las leyes
del mercado, estableciendo curvas propias para la oferta y otras para
las condiciones de demanda, siguiendo normalmente a Alfred
Marshall y aspirando con ello a un equilibrio de tipo Nash o
Cournot1. Se configura así la ley de la oferta y la demanda, la cual es
hoy un principios básico en economía, a tal punto que se la considera
como una determinación natural de las dinámicas de mercado. Sin
embargo, una mirada atenta puede hoy advertir que estos
presupuestos teóricos además de ser abstractos, no coinciden con la
estructura y esencia intencional del fenómeno: transito mercantil de
bienes y servicios2. Tampoco, de la operatoria y funcionamiento de
esta supuesta ley de oferta y demanda, se puede exhibir evidencia
empírica alguna. Porque a todo aquello que, hoy, se denomina como
ley de oferta y demanda es, en realidad, la extorsión económica que
produce o genera, en condiciones de mercado esencialmente
anárquicas, la Oligarquía Económica Imperante (OEI).
Efectivamente, es esta extorción económica, desde las expectativas
de ganancias de los oferentes, la que determina, precios de mercado.
Sin embargo, los textos de economía afirman que, basados en esta
ley, se formulan o se construyen los precios de mercado, los cuales
reciben la apariencia de un emerger desde las naturales
determinaciones de las leyes del efectivo transito mercantil.
Precisamente es esta apariencia la que deseamos tematizar en esta
1
Cf. K. Binmore, 1994; H. S. Bierman y L. Fernández, 1993.
2
El pensamiento económico convencional tiende a tratar lo abstracto como si fuera
una realidad concreta, olvidando el grado de abstracción implicado. Éste es el
error o falacia que el filósofo angloamericano Alfred North Whitehead llamaba the
fallacy of misplaced concreteness. Whitehead, 1985: 7-8: «This fallacy consists in
neglecting the degree of abstraction involved when an actual entity is considered
merely so far as it exemplifies certain categories of thought [...]. Thus the success
of a philosophy is to be measured by its comparative avoidance of this fallacy».

2
reflexión.
Nuestra perspectiva sostiene que tal ley no existe, ni es
posible observarla en el mundo mercantil, pues estas leyes tienen
como único fin, ocultar el verdadero mecanismo de establecimiento
de precios de mercado, a saber, el mecanismo de la extorsión de
económica (extorsión de necesidades humanas), el cual a partir de la
codicia de los oferentes consiste en: extorsionar o secuestrar la
demanda vía monopolización de factores y medios productivos, para
poder imponer precios, muy por encima de los costes de producción
a consumidores y por debajo de sus costes de producción a
proveedores. De modo concomitante se extorsiona también al trabajo
asalariado en los mercados laborales, pagando el más bajo salario
posible. A continuación explicaremos cómo opera esta estrategia de
ocultamiento operada por la disciplina económica, con sus supuestas
leyes del mercado, y luego cómo opera, de hecho, el mecanismo de
configuración de precios de mercado a través de la extorsión
sistemática de necesidades humanas, generada por la privatización y
monopolización de factores y medios productivos.
Por tanto, nuestra exposición, tratará en [1] los clásicos
presupuestos de cómo operaría la supuesta ley de oferta y demanda.
En [2] trataremos de la imposibilidad de las tijeras de Marshall. Y en
[3] describiremos fenomenológicamente, cómo efectivamente se
determinan los precios de mercado por la Oligarquía Económica
Imperante (OEI).

I. La ficción de una ley de oferta y demanda


El modelo se basa en la relación entre el precio de un bien y
las ventas del mismo y asume que en un mercado de competencia
perfecta (ficción) el precio de mercado se establecerá en un punto —
llamado punto de equilibrio— (otra ficción) en el cual se produce un
vaciamiento del mercado, es decir, todo lo producido se vende y no
queda demanda insatisfecha (más ficción)3.
El postulado de la oferta y la demanda implica tres leyes:
1. Cuando, al precio corriente, la demanda excede la oferta, el
precio tiende a aumentar. Inversamente, cuando la oferta
excede la demanda, el precio tiende a disminuir.
2. Un aumento en el precio tiende, más tarde o más temprano,
a disminuir la demanda y a aumentar la oferta. Inversamente,
una disminución en el precio tiende, más tarde o más
temprano, a aumentar la demanda y disminuir la oferta.
3. El precio tiende al nivel en el cual la demanda iguala la

3
La ficciones o utopías racionales tienen valor epistemológico, siempre y cuando
se logre probar que el fenómeno a estudiar, empíricamente, tiende asintóticamente
hacia los parámetros prefigurados o establecidos por esta ficción. Nuestra
investigación, sostiene que los movimientos de los mercados efectivamente
rentables van, precisamente, en la dirección contraria de la dirección señalada por
el presupuesto utópico establecido. Es decir, ni se tiende a la competencia perfecta
ni se busca el equilibrio entre oferta y demanda en los precios de mercado, ni se
produce un vaciamiento del mercado o liquidación de stock al precio del supuesto
equilibrio.

3
oferta. En economía el modelo generalmente se usa en
conjunto con el tanteo walrasiano.
Lo primero es subrayar que para Marshall hay una
independencia relativa de ambas variables: precio y demanda. El
precio surge, emerge sin sujeto4, como cruce y equilibrio entre oferta
y demanda en el contexto de mercados en libre competencia5.
En Marshall observamos una idealización impropia de los
procesos de intercambio mercantil en pulsiones de oferta y demanda,
que desconoce, la génesis y estructura de los procesos de
producción, ciclos productivos y tránsito mercantil. Pues, la variable
precio llega muy tarde a lidiar en este proceso, y tiene por misión
ocultar o reemplazar a la variable fundamental que cruza a la oferta,
a saber, la “capacidad de secuestro o de extorsión de la demanda”
(extorsión de necesidades humanas)6. O de otro modo, a la capacidad
de monopolización de factores y medios productivos de los oferentes.
La microeconomía parte ex professo de un falso presupuesto, el
de la existencia de un precio natural o de libre competencia. Ya
Adam Smith nos hablaba de dos tipos de precios de mercado: el
monopólico y el natural o de libre competencia. El precio de un
monopolio es en cada ocasión el más alto que se puede conseguir. En
palabras de A. Smith, el precio monopólico “es en cada ocasión el
más alto que se puede exprimir de los compradores, o el que, se
supone, van a consentir dar”. En cambio el precio natural o de libre
competencia “es el más bajo que los vendedores generalmente
pueden permitirse aceptar, y al mismo tiempo continuar sus
negocios”7. La verdad es que lo que Adam Smith logra, es
comprender que los precios en el mercado siempre pueden ser vistos
desde dos perspectivas la de la extorsión monopólica de los dueños
de los factores productivos y la de la extorsión complementaria del
productor respecto del trabajo asalariado. Adam Smith comprende
perfectamente que los precios de mercado son precios de extorsión
económica producida por la monopolización de los factores
productivo, sin embargo este estado de cosas le parece natural y
normal, es para él, parte de la evolución natural de la economía.
Observemos cómo el lo expresa:

“Desde el momento en que las tierras de un país se convierten


en propiedad privada de los terratenientes, estos, como los

4
Esto es aberrantemente irracional, pues siempre hay sujeto o sujetos, de lo
contrario caeríamos en una especie de animismo económico. Efectivamente, el
sujeto de todo mercado posible es una OEI con nombres y apellidos.
5
Cf. Marshall, Alfred, Principle of economics. London: Macmillan and Co., Ltd.
8
1920, Book V, General Relations of Demand and Supply, and Value.
6
Efectivamente, el empresario u oferente, busca y construye, la mayor de las
veces, la oportunidad de extorsionar necesidades humanas. Pues donde haya una
necesidad humana sentida y urgente de satisfacer, es la oportunidad para
expropiar, privatizar y monopolizar sus satisfactores y así poder cobrar por ellos
precios de mercado.
7
Cf. Smith, Adam 2007, Book I, Chapter VII, “Of the Natural and Market Price of
Commodities”.

4
demás hombres, desean cosechar donde nunca sembraron, y
exigen una renta hasta por el producto natural del suelo. La
madera del bosque, la hierba del campo y todos los frutos
naturales de la tierra que, cuando esta era común, solo le
costaban al trabajador el esfuerzo de recogerlos, comienzan a
tener, incluso para el, un precio adicional. Ha de pagar al
terrateniente una parte de lo que su trabajo produce o
recolecta. Esta porción, o lo que es lo mismo, el precio de ella,
constituye la renta de la tierra, y se halla en el precio de la
mayor parte de los artículos como un tercer componente.
El valor real de todas las diferentes partes que componen el
precio se mide, según podemos observar, por la cantidad de
trabajo que cada una de esas porciones dispone o adquiere. El
trabajo no solo mide el valor de aquella parte del precio que se
resuelve en trabajo, sino también el de aquella otra que se
traduce en renta y en beneficio.
En toda sociedad, pues, el precio de cualquier mercancía se
resuelve en una u otra de esas partes, o en las tres a un tiempo,
y en todo pueblo civilizado las tres entran, en mayor o menor
grado, en el precio de casi todos los bienes”8.

A Smith, tan natural le parece este proceso que luego más


abajo, a los precios que de esta dialéctica de extorsión económica
emergen, los denominará como precios naturales de mercado.
“Cuando el precio de una cosa es ni mas ni menos que el suficiente
para pagar la renta de la tierra, los salarios del trabajo y los
beneficios del capital empleado en obtenerla, prepararla y traerla al
mercado, de acuerdo con sus precios corrientes, aquella se vende
por lo que se llama su precio natural”9. Según A. Smith este proceso
de extorsión económica sobre el trabajo asalariado, el cual paga, la
propia fuerza de trabajo, el beneficio del productor y la renta del
capital es tan legítimo que en todo pueblo civilizado los tres (factores
pagados, salarios, ganancias y renta) entran, en mayor o menor
grado, en el precio de casi todos los bienes.
Y aquí comienza el engaño ideológico, a la perspectiva del
productor, se le llama y se le agrega, falsa y erróneamente, la
cualificación de “mercado en condiciones de libre competencia” se
cualifica ideológica o falsamente a esta perspectiva como de precio
natural y se le llama precio natural, porque previamente, de modo
arbitrario y erróneo, se lo ha cualificado como precio en condiciones
de libre competencia. Cuando en definitiva son precios en
condiciones de extorción económica sobre el trabajo asalariado. Es
más estos supuestos precios naturales, no son los precios de los
mercados reales10. Pues estos últimos, son aquellos que se
8
Smith 2007: 43; (Book I, Chapter VI, “Of the component parts of the price of
commodities”)-
9
Smith 2007: 47; (Book I, Chapter VII, “Of the Natural and Market Price of
Commodities”).
10
Estrictamente el engaño consiste en la ficción de unos ciertos precisos naturales
o de competencia perfecta, cuando en realidad los precios de mercado son sólo u

5
determinan por la capacidad monopólica o de colusión que los
productores posean respecto de los consumidores y proveedores. Es
decir, todo precio de mercado es sinergia extorsionadora: la del
trabajo asalariado, primero, y luego, la de la intensidad monopólica u
oligopólica con la que extorsionan los dueños de los factores
productivos en mercados anárquicos o desregulados a proveedores y
consumidores.
Ahora bien, el criterio de libre competencia es manifiestamente
ideológico y falso porque pertenece a una comprensión del mercado
y de la actividad económica en condiciones de igualdad entre los
competidores. Supone una equidad fundamental entre los
productores en la gestión del proceso del tránsito mercantil. Equidad
que nunca es real y que si lo fuese haría imposible a la acumulación
de riqueza capitalista11.
El concepto ideológico de mercados perfectamente
competitivos nada aporta a los procesos de producción de riqueza
capitalista. Pero si aporta al blanqueo ideológico de los procesos de
extorsión económica que configuran a las economías con sistemas de
mercado.
Y aquí comienzan los malos entendidos, toda la teoría
microeconómica esta focalizada en los movimiento de los precios
naturales de mercado en condiciones de libre competencia. ¿Donde
está el engaño microeconómico? En el hecho inconcuso de que todos
los precios de mercado son de hecho precios: o monopólicos u
oligopólicos o de colusión; o monopsónicos o oligopsónicos. Es
imposible encontrar en los mercados reales precios supuestamente
naturales o de libre competencia. De hecho si los empresarios
calcularan sus precios de mercado con ecuaciones microeconómicas,
irían derecho a la quiebra porque estarían vendiendo en condiciones
de mínima rentabilidad, es decir, en el borde de sus costes
productivos, por tanto, no podría haber acumulación de riqueza
capitalista, por una parte, y por otra, serían rápidamente fagocitados
y expulsados del mercado por productores-especuladores más
eficientes12. Sin embargo, acumulación de riqueza capitalista, si la
hay y mucha. Ello es una prueba empírica de que es imposible de
oligopólicos (de colusión) o monopólicos. De hecho, los costes del producción son
sólo un valor de referencia desde el cual proyectar la extorsión económica del
consumidor y la del proveedor.
11
Es más, la constante necesidad de crecimientos sostenido que las economías
capitalista les exige a todos los agentes económicos –de lo contrario
desaparecerían del mercado— un crecimiento exponencial de sus rentabilidad, que
de hecho hace imposible la libre competencia, ni siquiera como ideal asintótico.
Por ello, a la competencia que aspiran los empresarios capitalista, es la
desregulación económica absoluta, para que en condiciones de mercado, los
grandes productores, puedan arrebatar (vía extorsión económica) las ganancias de
los pequeños y medianos productores. E imponer, también vía extorsión económica
de necesidades humanas, los más altos precios de mercado posibles.
12
Eficiencia económica o de mercado = capacidad de aumentar las rentas,
ganancias sobre ganancias a través de precios altamente especulativos o de
máxima extorsión económica. Los más altos posibles frente a los consumidores y
los más bajos posibles frente a los proveedores. Al menor salario posible de la
fuerza de trabajo.

6
que los precios de mercado tengan algo que ver con las condiciones
de la libre competencia o sean de carácter natural o de equilibrio.
Los precios de mercado son monopólicos u oligopólicos y en ellos se
excluye ex professo la supuesta ley de oferta y demanda 13. De hecho,
los precios de mercado tienden a ser, precios de extorsión económica
(ver apartado III.). Precisamente los desarrollos microeconómicos
fueron creados para blanquear este carácter violento y de extorsión
económica de necesidades humanas: de los asalariados, de
consumidores y proveedores que tiene todo precio de mercado. La
ficción del libre mercado es la clave para hablar de mercados
competitivos (ficción de la competencia perfecta) y de una ley de
oferta y demanda que supuestamente les sería inherente 14. Pero lo
que cabe aclarar es que tanto la libre competencia mercantil y su
supuesta ley de oferta y demanda sólo existe en las mentes
delirantes de los economistas quienes se esfuerzan en el día a día
por blanquear el sepulcro putrefacto de los precios de mercado, que
de hecho imperan15. Precios que presuponen, el ocultamiento
explicito, de información a los consumidores sobre costos y calidad
del producto. De hecho, los oferentes sólo, mal infirman, lo que les
exige la ley. Pero las estrategias y artimañas de engaño son
múltiples, variadas y cotidianas. Desde la manipulación de calidad,
cantidad y composición de las mercancías productos y servicios,
hasta la manipulación financiera de resultados y las estrategias de
elusión y evasión tributarias. Ni siquiera una empresa del prestigio
mundial como Volkswagen puede sustraerse a estas estrategias
manipulativas y extorsionadoras en los precios de mercado.
La estrategias blanqueadoras de la economía clásica y
neoclásica son muy inteligentes y eficientes, porque cuando un
13
Los precios de mercado los imponen las Oligarquías de grandes empresarios y
especuladores (OEI). De hecho, son los grandes capitales quienes diseñan oferta y
demanda e imponen los precios de mercado. Los movimientos de oferta y demanda
de precios de mercado, sólo afectan a los pequeños y medianos productores
quienes no tienen el poder monopólico para imponer precios de mercado. O de
otro modo, los precios de mercado sólo dependen de Índice de Intensidad
Monopólica (IIM) de la OEI.
14
La ficción del libre mercado se mezcla con la ficción de la variable precio como
condicionante de oferta y demanda. Cuando en verdad el precio mercado tiene una
génesis y estructura que tiene que ver sólo con los imperativos de la oferta y la
capacidad monopólica de productores y dueños de factores productivos. O de la
magnitud del IIM, de la OEI. Donde la demanda y las preferencias del consumidor
son prácticamente irrelevantes en la determinación de los precios. El consumidor
sólo escoge entre diversos precios de extorsión económica o de mercado. Pues
siempre hay unos que extorsionan más que otros. Es una muy grotesca falacia
económico-social poner a los consumidores o demandantes en pie de igualdad
frente a los oferentes en un plano cartesiano, cuando de hecho entre ellos se dan
las máximas asimetrías, posible. Y si no se dieran, no podría haber acumulación de
riqueza capitalista. Cf. también supra, nuestra nota 2. Pues el modo,
epistemológico, de utilización de estas ficciones es parte del irracionalismo
económico imperante (cf. Jordi Pigem 2013, “Crítica de la irracionalidad
económica”).
15
Para botón de muestra observar la estafa de Volkswagen a los consumidores
manipulando el programa informático para control de emisiones contaminantes.
Una de las industrias más sólidas y respetadas del mercado automotriz mundial.

7
abusador empresario quiere especular y extorsionar a consumidores
y proveedores16 con sus precios monopólicos o de colusión
oligopólica, entonces viene el economista e intenta defender o
explicar esta decisión desde criterios microeconómicos que de hecho
no explican nada, pero queda la convicción en la ciudadanía de que
ese abuso no es tal, sino que es una decisión que obedece a estrictos
criterios económicos (leyes del mercado), es decir, científicos. Pero si
el abusivo empresario tuviese que ocupar ecuaciones econométricas
microeconómicas para calcular sus precios de mercado de hecho no
podría rentar o ganar como empresario. Ahora bien, el hecho
empírico de que los oferentes quieran siempre vender al costo más
alto posible, la mayor cantidad de productos y los consumidores
tiendan a comprar siempre al precio más bajo posible, no da para
inferir de dicha tendencia una cierta ley de la oferta y la demanda
que explique los movimientos mercantiles y menos aún concebir una
delirante autorregulación mercantil17. Porque de hecho es imposible
que puedan estar en pie de igualdad en un plano cartesiano
oferentes y consumidores en medio de mercados anárquicos y
desregulados. El hecho empírico real es que el consumidor es
siempre la pieza mas frágil y con menos poder negociador en el
juego mercantil extorsionador. Por tanto, lo que es inaceptable es el
hecho de que siendo todos los precios de mercado estrictamente
monopólicos u oligopólicos y de competencia desigual o asimétrica,
se nos pretenda hacer creer que las condiciones, estructuras y
dinamismos reales del mercado sean las que establece la
microeconomía con su falaz y perversa 18 ley de oferta y demanda. De
hecho la disciplina economía va a nacer en Inglaterra justamente con
esta finalidad, ocultar a la ciudadanía el hecho inconcuso de que los
dinamismo económicos reales de los mercados competitivos, son sólo
de extorsión económica y en condiciones de las máximas asimetrías
posibles de productores entre sí, y la máxima asimetría posible de los
productores frente a los consumidores 19. Y la ficción de poner al
16
De hecho hoy las grandes empresas tienen sus gerencias de proveedores y se
jactan de tener a excelentes negociadores que extorsionan eficientemente a los
proveedores. Además las grandes empresas suelen pagar a sus proveedores con 90
y 120 día de retraso, otorgándose a sí mismos créditos con intereses negativos.
Estas son parte de las bondades de la desregulación de los mercados.
17
En adición, hay también una variedad de críticas más generales. Así, por
ejemplo, el filósofo y sociólogo positivista Émile Durkheim en su libro 'Las reglas
del método sociológico', en el capítulo tres, habla de la creación de leyes en las
ciencias sociales y critica el alcance empírico que se le ha dado a la ley de la oferta
y la demanda. Durkheim va tan lejos como a sugerir que la oferta y la demanda
carece de validez dado que “la celebrada ley de la oferta y la demanda nunca ha
sido establecida inductivamente como una expresión de la realidad económica. (cf.
Durkheim, Emile 1986).
18
Es perversa porque deja a los consumidores completamente desprotegidos
frente a la voracidad y codicia de los productores y dueños de factores
productivos. El engaño y perversión microeconómica consiste en poner en un
plano de igualdad a oferentes y consumidores en un plano cartesiano. Dándole con
ello, la apariencia a los precios de mercado, de precio justo.
19
“Por expreso encargo de la corona británica los economistas ingleses inventaron
la disciplina económica para ocultar toda la violencia social y política que requiere,

8
precio como variable explicativa de las pulsiones de oferta y
demanda, tiene como único objetivo esconder los reales mecanismos
extorsionadores por los cuales se determinan los precios de mercado.
La variable precios tiene por tanto la funcionalidad de invisibilizar
las múltiples variables contextuales y estructurales que están detrás
de todo precio de mercado posible. Esta invisibilización sistemática
se hace necesaria, precisamente para ocultar el rostro extorsionador
de necesidades humanas, y las dinámicas de violencia económica
inherentes al sistema de producción capitalista20.
Ahora bien, es evidente que hay relaciones entre la variable
precios y las pulsiones de oferta y demanda. Sean del tipo que sean
estas relaciones, no son las que explican el surgimiento de precios de
mercado. Precisamente son estas relaciones entre precio, oferta y
demanda las que ocultan el verdadero leit motiv de todo precio de
mercado, a saber, la necesidad de extorsionar a consumidores y
proveedores y la de depredar la naturaleza para obtener la más alta
rentabilidad del capital posible. Por tanto, los precios de mercado no
son una variable explicativa de las relaciones entre oferta y
demanda, los precios son la variable a explicar, son como la punta
del iceberg que tiene como fundamento una enorme base estructural
invisible a primera vista a los ojos y perspectiva del observador. Los
precios de mercado son determinados por múltiples variables, de
poder, políticas económicas tecnológicas, sociales, culturales,
medioambientales y un largo etc., y las dos variables explicativas
fundamentales, a saber, nivel de monopolización de factores
productivos y la codicia o apetito extorsionador de los oferentes o
productores. En medio de este mar de variables está también el
aporte marginal de las relaciones entre oferta y demanda. Con las
cuales se intenta explicar las subidas de precio cada vez que a los
oferentes se les presenta una oportunidad de extorsión económica.
Además de los economistas, son los propios oferentes quienes cada
vez que especulan con los precios, atribuyen las alzas desmedidas de
éstos, a la ley de la oferta y la demanda. Por tanto, la función de la
supuesta ley, es sólo ideológica21.
La gravedad del asunto reside en el hecho de que la
presupuesta ley de la oferta y demanda es un modelo económico
básico postulado para la formación de precios de mercado de los
bienes, usándose para explicar una gran variedad de fenómenos y
procesos microeconómicos. Además, sirve como base para otras
teorías y modelos económicos. Por tanto, desde su base y
presupuestos, la disciplina económica tiende a ocultarnos

necesariamente, la acumulación de riqueza capitalista”. (George Ludwig von


Maurer, 1854: 28).
20
De hecho el precio de mercado no es una variable independiente ni explicativa,
efectivamente el precio de mercado es la variable dependiente a explicar, pues es
la punta del iceberg, en todo proceso de producción económica. Cf. Descripción de
ciclo de producción económica capitalista en: Canales 2012).
21
Cf. Aguilera, Federico 2013, “Sobre la deshumanización de la economía y de los
economistas”; Galbraith 2004, La economía del fraude inocente. La verdad de
nuestro tiempo.

9
permanentemente las reales estructuras y dinamismos propios de las
economías de mercado, en las cuales, de hecho, una cierta ley de
oferta y demanda que los autorregule es imposible 22. Precisamente
porque el complejo fenómeno económico, no puede ser explicado por
relaciones causales y lineales, al modo de la física, porque se trata de
relaciones sociales imposibles de encasillar en supuestas leyes
naturales. Toda producción de riqueza se produce a través de
relaciones sociales de producción y la generación de plusvalor, es de
hecho una relación social entre dueños de factores y medios
productivos y trabajo asalariado y, de relaciones sociales entre
mercancías. Por tanto, en economía sólo pueden haber explicaciones
fenomenológicas y hermenéuticas, socio-éticas y socio-históricas, es
decir, en la realidad sólo hay fenomenología y hermenéutica
económica y nada más que fenomenología y hermenéutica
económica23; donde el vouyerismo de precios de mercado es una
actividad irrelevante como explicación del fenómeno. De hecho, no
explica ni su génesis, ni su estructura, ni su dinamismo, ni sus
necesarias crisis24.
Cabe subrayar que los precios de mercado surgen desde el
apetito codicioso de los oferentes para obtener las máximas
ganancias posibles. Se trata de las ganancias que se obtienen por
sobre los costes de producción, los cuales, ya incluyen las ganancias
del productor. Los precios de mercado son de hecho, ganancias sobre
ganancias, que expresan el máximo desequilibrio posible a favor del
oferente. No existe en los mercados reales, nada parecido a un
precio de equilibrio entre oferta y demanda25, salvo la condición de
que el consumidor en un precio-aceptante de precios de mercado o
22
Podemos también visualizar el abuso epistemológico de la disciplina económica,
al calificar como de “economía positiva” sólo a la variable explicativa precios de
mercado. Y ello basado en un abuso epistemológico anterior, el de considerar a los
precios de mercado como variable independiente o explicativa. O de otro modo, lo
positivo de la economía es reducido sólo a vouyerismo de precios de mercado. Sólo
hay un hecho económico cuando estos precios varían, y si lo hacen, se intenta
explicar dicha variación, sólo a partir de la supuesta ley de oferta y demanda.
Precisamente, este procedimiento implica no comprender nada de la génesis y
estructura del modo de producción capitalista. (cf. Canales 2012).
23
Cf. H. Özel 2003; Lavoie 1991. Hegel en la Ciencia de la Lógica de 1832
(segunda edición), levanta sistemáticamente la escisión restableciendo la conexión
necesaria que debe existir entre cualidad y cantidad. Donde el sistema de
cualidades siempre opera como fundamento de toda cantidad posible. Sin
embargo, esta integración sistemática, magistralmente esbozada por Hegel, no ha
sido el camino de la ciencia moderna. Hubo que esperar la llegada del siglo XX
para que a través de la fenomenología y la hermenéutica el intelecto pudiese
hacerse cargo con autoridad epistemológica, nuevamente, de la esencia cualitativa
de los fenómenos naturales y sociales. Sin embargo, estos conocimientos siguen
permaneciendo escindidos en dos ámbitos de conocimientos irreconciliables
(ciencias humanas y básicas), sin ni siquiera entrever que las ciencias básicas hoy,
no son más que una compleja hermenéutica cuantitativa de la naturaleza.
Naturaleza que en su cualidad de cosmos, que configura múltiples universos,
trasciende infinitamente a toda hipótesis y calculo físico matemático posible. (cf.
Canales 2013).
24
Cf. Canales 2012 y 2012a “El destino del capitalismo I y II”. También cf. E.
Mandel 1979 y 2005.

10
de extorsión económica.

II. Imposibilidad de las tijeras de Marshall

"Tijeras de Marshall". P = precio. Q = cantidad producida. D (línea


azul) = demanda. S (línea roja) = oferta.

Las Tijeras de Alfred Marshall son imposibles, porque el precio


no es una variable independiente proveniente del natural dinamismo
del mercado en condiciones de libre competencia. El precio de
mercado es siempre una variable dependiente del delta que
establecen los oferentes entre costes productivos y renta apetecida
(ganancias sobre ganancias). Ahora bien, el precio de mercado sólo
varía según la capacidad que tengan los oferentes de secuestrar y de
extorsionar a la demanda con sus precios monopólicos o de colusión,
y en esa capacidad de extorsión influyen múltiples factores que son
imposibles de representar en un plano cartesiano y tampoco son
posibles de medir a través del cálculo infinitesimal. La magnitud de
la capacidad e intensidad de extorsión económica de los oferentes,
solo se puede visualizar primero cualitativamente y después
estadísticamente a través de sistemas cuantitativos altamente
complejos. Pero el extremo ideologismo economicista, clásico y
neoclásico, y hoy el neoliberal, no permiten una exploración y
estudio sistemáticos de estas variables. El sistema de extorsión
económica imperante en las economías de mercado, está siempre
blindado y protegido por una disciplina económica que ex professo
nos engaña y epistemológicamente, nos lo oculta, la violencia
económica inherente a todo precio de mercado; los cuales implican
siempre las máximas asimetrías posibles a favor del oferente. El
consumidor es precio aceptante, sometiéndose a la extorsión
económica en curso. Es decir, el consumidor o acepta

25
Concebir a los precios de mercado como precios de equilibrio, es
epistemológicamente falso, y es un mayor despropósito socio-ético que oculta
asimetrías, codicia y violencia económica efectiva.

11
irracionalmente el precio de mercado, porque tiene que satisfacer
necesidades humanas que considera urgentes y no tiene otra opción,
o acepta irracionalmente el precio de mercado por satisfacer una
compulsión obsesiva por el consumo, educada por la industria del
marketing26. De hecho toda la teoría de la elección del consumidor,
su propensión marginal al consumo, la relación marginal de
sustitución, y un largo etc., todo ello es sólo más delirio
econométrico, sin base empírica alguna27. Los consumidores reales
cuando consumen racionalmente, tienden hacia el consumo
responsable, austero, sin endeudamiento, y con una fuerte valoración
del ahorro. Se trata por tanto de un consumidores precapitalista, el
cual es completamente disfuncional a economías que acumulan
riqueza a través de sistemas de mercado.
Observemos por qué las curvas de Marshall son sólo ficticias
e ideológicas, estos son los presupuestos que las sustentan:
· Existencia de "curvas" de demanda. Se asume que existe una
curva de demanda definida que se mantiene estable durante un
período más o menos largo. Esto requiere por ejemplo que el
consumidor planifique de antemano como va a distribuir su ingreso
entre diferentes productos y que tenga unas preferencias o
necesidades estables. Si el consumidor compra ciertos productos
sólo si los encuentra por casualidad en un comercio o por imitación
caprichosa de otros, entonces no existe planificación ni maximización
de la utilidad y por tanto no hay una curva de definida de antemano.
Conductas psicológicas como el consumo compulsivo anulan la
posibilidad de que un consumidor tenga una curva de demanda bien
definida28.
· Existencia de "curvas" de oferta, cuya deducción se sustenta
básicamente en costes medios y costes marginales, se asume por
tanto que la oferta es constreñida sólo por la existencia (cantidad) de
recursos económicos. Si la producción requiere de ciertos recursos
que pueden estar temporalmente no disponibles, existen tiempos
largos de producción o no se conocen con precisión las demandas
previstas puede haber excedentes temporales o escaseces, que de
todas maneras no alteren el precio (a corto plazo). Sin embargo, los
precios corto plazo, sólo se pueden mantener, nominalmente,
estables si el oferente sube de hecho los precios, ofreciendo menos
26
Cf. Canales 2015, “Fenomenología del Irracionalismo Económico”.
27
Cf. nuestra nota 2 “Falacia de la concreción injustificada” (Whitehead 1985
[1929], Process and Reality). Cf. también a Gabriel Tarde (1902) quien ya había
advertido que la economía clásica, no tiene una función explicativa de los
fenómenos económicos, sino más bien, una ideológica, a saber, generar una forma
mentis alineada con el modelo de producción económica que se quiere socializar.
Intenta, entonces, diseñar a un cierto tipo de consumidor, que se comportaría
idealmente según los estándares de racionalidad económica definidos por la propia
disciplina (G. Tarde, 1902, cap. IV vol I: 67ss.).
28
De hecho, los consumidores en sociedades de mercado, consumen
compulsivamente, carecen en general de curva de demanda definida. Sólo la
densidad demográfica, combinada con ciertas preferencias socio-culturales,
permite que ciertos productos (y no los consumidores) puedan tener una cierta
curva de demanda definida: por ejemplo, el pan.

12
cantidad del producto por el mismo precio o bajando la calidad y
costes del mismo, y manteniendo el precio. Como sea, siempre se
trata de una extorsión al consumidor que permanente y creciente.
· Existencia de equilibrio general, se asume la existencia de un
estado de equilibrio económico o una situación muy cercana al
equilibrio. Se asume que no existen obstáculos para la adquisición o
distribución de productos y se acepta que el factor tiempo es poco
importante reaccionando la cantidad ofrecida de manera casi
instantánea a la cantidad demandada. Sin embargo, la verdad, es
que sólo los desequilibrios mercantiles a favor de los oferentes son
los que producen las más latas rentabilidades del mercado29.
· Conocimiento perfecto, se asume que es posible obtener los
datos económicos necesarios para efectuar el cálculo requerido para
tanto sugerir a nivel teórico el modelo como para derivar a nivel
práctico sugerencias de acción. Sin embargo, el oferente requiere de
la máxima desinformación del consumidor posible para así cobrar los
más altos preciso especulativos posibles. Pues si el consumidor está
desinformado respecto del real diferencial entre costes productivos y
precio de mercado, no tendrá mayor inconveniente en aceptar el
precio de extorsión económica que se le ofrece.
· Competencia perfecta, se asume un mercado en competencia
perfecta, con acceso general a información. Sin embargo, de hecho
en un mercado con esas características no podría haber acumulación
de riqueza capitalista.
· Independencia de la oferta y la demanda, se asume que tanto la
demanda como la oferta son variables independientes entre sí. Si
embargo, en los mercados reales, se requiere de una demanda
efectiva que pueda liquidar stock y los grandes capitales, de hecho
diseñan oferta y demanda a la vez.
Por tanto, nada de lo presupuesto por Marshall, ocurre en una
economía de mercado de corte capitalista. Ahora bien, aunque le
concediéramos a Marshall que se trata metodológicamente de
principios de imposibilidad para poder desde ellos performatear
asintóticamente la realidad económica hacia ellos, resultarían ser
también presupuestos erróneos, porque la dirección en la que se
configuran y circulan los mercados capitalistas es diametralmente
opuesta a estos presupuestos marshallianos. Pues en ellos, por el
contrario, nada tiende: ni al equilibrio, ni a la competencia perfecta.
Todo tiende hacia el más alto desequilibrio posible: hacia la excesiva
concentración de capital, tiende hacia el oligopolio o hacia el
monopolio.
Lo que también queda oculto en estas explicaciones
econométricas, es el hecho de que lo único real y tangible en el
proceso de producción capitalista es la oferta, es decir, cuanto se
29
Efectivamente no es: ni los movimientos de oferta y demanda, ni los de
competencia, los que explican los frágiles equilibrios dinámicos de las economías
capitalistas. La economía permanece estable cuando la OEI tiene la convicción de
que sus riquezas están aumentando de manera exponencial y sostenida. Y los
desequilibrios y crisis comienzan cuando los oferentes saturan los mercados de
productos en vistas de las ganancias esperadas.

13
quiere producir y cuanto se desea ganar, para lo cual el productor
comienza con una oferta concreta, la demanda siempre es virtual,
posible, deseable, y de hecho, diseñable estratégicamente. Es, por
tanto, abstracta, la demanda siempre es un riesgo y su
comportamiento es más bien impredecible, pues las cantidad de
variables en juego no controlables son demasiadas. También esta el
hecho de que las necesidades del consumidor son muy limitadas y
finitas en relación con la sobreabundancia de recursos que
despliegan y exhiben las economías de mercado. Es más, los
procesos de producción capitalista necesitan fabricar necesidades a
través de la industria del marketing, más bien, lo que fabrican es una
cierta compulsión obsesiva hacia el consumo. O de otro modo,
necesitan fabricar la ilusión de escasez a través de la abusiva
monopolización de factores productivos. Cómo sea, la configuración
y gestión de la demanda, nada tiene que ver con la econometría
microeconómica que intenta explicar estos fenómenos. Por el
contrario, los diseños microeconómicos han sido elaborados para
ocultar la esencia del dinamismo económico-mercantil, que requiere
de los más altos estándares de extorsión económica posible.
Debido a estas consideraciones es que podemos sostener con
propiedad que, existe una relación auténticamente esquizofrénica
entre economía capitalista real y economía capitalista académica.
Pues esta última tiene por misión ocultar las verdaderas y auténticas
pulsiones que gobiernan a la primera. Es decir, si la economía
académica define una función en la dirección A, entonces podemos
inferir con absoluta certeza que en la economía real, dicha función,
se dirige inexorablemente hacia B. Esta relación esquizoide entre
economía real y académica es manifiestamente cínica por parte de
empresarios y financistas e hipócrita por parte de los economistas,
pues ambos, a su modo, profitan de ella, profitan del ideológico
ocultamiento de los reales dinamismos estructurales del sistema.

III. Fenomenología de los precios de mercado


Observemos ahora, cuales son los principios y leyes que
efectivamente gobiernan las dinámicas estructurales de la economía
real. Es decir vamos a describir las leyes económicas de la
acumulación de riqueza capitalista desde la perspectiva de una
hermenéutica económica:

1. Ley de la codicia o de la extorsión económica o de la


producción sistemática de ilusión de escasez.
La máxima rentabilidad de marcado sólo se consigue a través de
la máxima monopolización de todos los factores productivos
para de este modo secuestrar y obligar a la demanda posible, a
consumir el satisfactor deseado al precio de extorsión
económica impuesto por el oferente. En contextos de recursos
económicos sobreabundantes es imperioso generar la ilusión de
escasez.

2. Ley de la esencial asimetrías de los mercados.

14
Para que la acumulación de riqueza capitalista sea efectiva se
requiere que los mercados sean esencialmente asimétricos tanto
en bienes de capital cómo en propiedad de factores productivos.
Sólo a través de esta asimetría se garantiza una extorción
económica eficaz, tanto a la demanda de los consumidores
obligándolos a comprar a precios especulativos, como a la oferta
de los pequeños y medianos productores, obligándoles a vender
por debajo de sus costos de producción.

3. Ley de la anarquía mercantil.


Complementariamente a las asimetrías mercantiles es
indispensable una absoluta desregulación económica o anarquía
mercantil que permita que los dueños del capital y de los medios
o factores productivos puedan extorsionar fluida y
dinámicamente en proporciones de alta intensidad: al trabajo
asalariado, a proveedores y a consumidores. Y que en la
competencia bajo condiciones de mercado, se pueda transferir
plusvalía desde la pequeña y mediana empresa hacia los
grandes capitales empresariales.

Por tanto, es imposible que exista en los mercados capitalistas


algo parecido o semejante a una supuesta ley de oferta y demanda.
Pues desde la hermenéutica económica se ha podido mostrar que
sólo existen en los mercados una gran cantidad de oferentes ávidos
de aumentar sus ganancias a través de toda extorsión económica
posible. Por ello están siempre a la espera de la oportunidad, o de
producir sistemáticamente las condiciones para extorsionar a la
demanda aumentando los precios de mercado.

15
La curva de referencia explica gráficamente como operan
realmente las leyes de los mercado reales, los cuales son todos
asimétricamente competitivos donde la libre competencia sólo
significa, la libertad de ser constantemente devorados por el pez más
grande. Los oferentes en el eje de las Y siempre pretenden cobrar los
más altos precios posibles por sobre sus costes productivos, en
cambio los consumidores o demandantes quienes siempre esperarían
comprar al mas bajo precio posible, en verdad toman sus decisiones
de compra secuestrados por el poder monopólico u oligopólico de los
oferentes, que son quienes en verdad determinan los precios de
mercado. La demanda queda secuestrada debido a la relación de los
factores señalados en el eje de las X, a saber, I nc = Intensidad de la
Necesidad del Consumidor; Co = Confianza del consumidor en los
Oferentes; Ndc = Nivel de Desinformación de los Consumidores; Nms =
Nivel de Monopolización de los Satisfactores. Todos estos
indicadores en su conjunto configuran un nivel de sinergia que
constituye a la capacidad de secuestro o de extorsión de la demanda
por parte de los oferentes. También hay muchas otras variables que
configuran esta sinergia extorsionadora, las cuales aquí no han sido
representadas. Lo que importa aquí subrayar y destacar es que es
esta sinergia extorsionadora, la única fuerza que decide sobre los
precios de mercado y que la idealizada ley de la oferta y la demanda
que de echo no existe en los mercados reales, sólo existe en el delirio
econométrico de los economistas. Por tanto, sin secuestro o extorsión
sistemática de la demanda no pueden existir esos precios de

16
mercado que producen de hecho las grandes ganancias capitalistas30.
Esto es tan cierto que en los países desarrollados, en los que
existen economías sociales de mercado con altas regulaciones
mercantiles, los oferentes (deslocalizando sus procesos productivos)
han huido en masa hacia países del tercer mundo y de economías
emergentes, en los cuales a través del dunping social y
medioambiental, se les permite generar precios especulativos con
una extorsión económica de muy alto impacto, es decir, que produce
superlativas ganancias. Es esta violencia económica inherente a toda
actividad empresarial que desea competir en condiciones de
mercado capitalista, la que intenta ocultar la disciplina económica
con su imaginario econométrico el cual sólo opera virtualmente. La
verdad es que todas esas ecuaciones que calculan virtualmente los
excedentes del consumidor y del oferente o productor son
francamente ridículas. La escuela marginalista con su principio de
utilidad marginal decreciente delira otro tanto. La economía se ha
convertido así, más que una disciplina de carácter científico, en un
sistema de creencias de carácter dogmático31.

IV. Conclusión
Finalizamos este breve periplo fenomenológico, señalando
que, en este análisis queda pendiente las consideraciones sobre la
estructural y fundamental extorsión del trabajo asalariado que es
esencial a toda economía de mercado de carácter capitalista. La
extorsión al trabajo asalariado es el primer eslabón de la sinergia
acumuladora de capital dinero. Si los asalariados fuesen dueños de
medios de producción propios, no podrían ser extorsionados para
trabajar por sueldos miserables, para los productores y dueños de los
diversos factores productivos. Sin trabajadores asalariados que
tengan como único bien para vender, su fuerza de trabajo, no podría
inaugurarse consecuentemente el ciclo de extorsión económica
inherente a la acumulación de riqueza capitalista. Nuevamente, el
maquillaje económico declara que esto no es más que la ley de la
oferta y la demanda operando en los mercados laborales. Cuando en
verdad se trata de la pura y bestial extorsión de quienes para
subsistir necesitan vender su fuerza de trabajo y a quienes los
productores, generalmente, tratan como si fuesen bueyes de carga.
Todos los procesos de extorsión económica inherentes a la
producción económica capitalista son, éticamente repugnantes y
socialmente impresentables32, debido a ello nace la disciplina
económica para explicar lo inexplicable y para maquillar y blanquear
y legitimar socialmente los procesos de extorsión, explotación y
depredación propios de las economías de mercado. De hecho la
econometría de la economía clásica y neoclásica no explica ni puede
30
De hecho, las curvas de elasticidad de oferta y demanda, lo único que calculan,
una vez impuesto un precio de mercado, es cuanta violencia económica adicional
se puede ejercer en función de poder aumentar más, precios y ganancias. Para
poder exhibir como resultados, rentabilidad o crecimiento económico sostenido.
31
Cf. Robinson, 1960: 14; Robinson, 1971: 155.
32
Cf. Lowen, 2009: 11-13; Zuboff, 2009.

17
orientar el quehacer mercantil de productores y dueños del capital.
Es más, los empresarios o productores ni siquiera requieren de los
economistas y de los criterios económicos para hacer buenos
negocios.
La verdad es que la economía y los economistas viven en un
mundo virtual, que oculta camufla, maquilla y desorienta con el sólo
fin de darle apariencia de legitimidad y de cientificidad a una
realidad económica mercantil y capitalista que extorsiona, explota y
depreda y que es ética y socialmente inaceptable. Es por ello que hoy
es posible visualizar que el saber que desarrolla y cultiva la
disciplina económica no es ciencia, es pura y simple ideología con un
andamiaje de malabarismos matemáticos y estadísticos que le
permite transitar por circuitos académicos ocultando su verdadero
rostro y su verdadera función y tarea. La función de los economistas
hoy es paradójica y extraña, es como si frente a toda la evidencia de
que la Tierra es esférica, los físicos insistiesen en mostrar y
demostrar con sus ecuaciones de que la Tierra es plana. Sin
embargo, la porfiada Tierra, jamás dejara de ser esférica y el día que
deje de serlo, es porque ya no habrá más planeta Tierra. Por tanto, el
día en que la economía real se parezca en algo a la econometría
oficial e ideológica, es porque el sistema de producción capitalista
habrá colapsado definitivamente.

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