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SOBRE

· NOIR · CIENCIA FICCIÓN · TERROR ·

La sirena varada
ESTE
REVISTA LITERARIA BIMESTRAL

es una publicación de

EDITORIAL DREAMERS
libros digitales, gratuitos y legales
NÚMERO
M
e fue sumamente complicado
escribir esta editorial, no porque
no tuviera un tema en específico
para escribir, al contrario, quería hablar
LA SIRENA VARADA: REVISTA LITERARIA BIMESTRAL de lo complicado que el negocio de la
Año 1, N°1, Junio-Julio de 2017 es una publicación literatura se ha vuelto en los últimos
bimestral editada por Digital Robotic Entity Assembled tiempos, la fuerte competencia que
for Masterful Editing and Rational Sabotage S.A.S. de C. V.: existe en el mundo editorial así como
Tlalnepantla de Baz, C.P. 54170, Estado de México, México. las prácticas desleales que día a día
tenemos que soportar todos aquellos
www.editorialdreamers.com.mx quienes nos dedicamos a esto.
Sin embargo, por mucho interés que
Director y editor responsable: José Luis Vázquez pudieran generar esos temas, consi-
deré más importante hablar, en esta
Foto de portada: ddraw / Freepik primera editorial, de todas las alegrías
Ilustraciones: The British Library’s collections que gracias a mi trabajo como editor he
podido conocer.
Las opiniones expresadas por los autores no No es un secreto para nadie que la
necesariamente reflejan la postura del editor, sin publicación de un libro es una de las
embargo, la editorial respalda todas las opiniones al empresas más difíciles para cualquier
aceptar su aparición en esta revista. autor, ya no se diga para los autores nó-
veles; aún así eso no les impide querer
Queda estrictamente prohibida la reproducción total o alcanzar el sueño de poder tener en sus
parcial de los contenidos e imágenes de la publicación manos todas aquellas noches en vela,
sin previa autorización de Digital Robotic Entity todas las fiestas familiares a las que tu-
Assembled for Masterful Editing and Rational Sabotage vieron que faltar, las citas con sus res-
S.A.S. de C. V. o los respectivos autores. pectivas parejas canceladas, y todo lo
demás de lo que un autor tiene que pri-
varse materializadas en tinta y papel.
© 2017 En todos estos años, que tampoco
DIGITAL ROBOTIC ENTITY ASSEMBLED son tantos, he aprendido que la prio-
FOR MASTERFUL EDITING AND riodad de una buena cantidad de au-
RATIONAL SABOTAGE S.A.S. DE C.V. tores es que no se quede en el olvido
todos los derechos reservados todo aquello que han escrito; que los
lectores disfruten sus obras de la mis-
ma forma que los autores disfrutaron
al realizarlas. Podrá sonar a cliché y, de
cierta forma, lo es pero ¿no es acaso el
deseo de todo hombre que su trabajo
se reconozca como es debido?
Puedo atreverme a decir que tal vez
la mayor alegría que cualquier editor
pueda tener es la de ayudar a un autor
a que se realice ese sueño. Por lo me-
nos ese es mi caso, y es esa sensación
de satisfacción y alegría la que me ayu-
da a levantarme todas las mañanas.
Por esa razón nació esta revista; para
brindar un espacio a todos aquellos au-
tores que no quieren ser silenciados y
que tienen mucho que decir. No impor-
ta si son muy jóvenes o si ya han reco-
rrido un largo camino en el mundo de
las letras, este espacio, en el cual se ha
puesto sangre y corazón, es para todos.
No puedo dejar de agradecer a to-
dos los autores que participaron en
la primera convocatoria, tanto a los
que aparecen en este número, como a
aquellos que no fueron seleccionados,
pues gracias a ellos he aprendido que
el arte, en específico la literatura, y
todos los espacios similares a este no
morirán nunca.
Siempre habrá alguien que deseé
compartir aquello que ama.
19 DRÁCULA:
30
LAS FIGURAS CARLOS FUENTES Y EL SÍ
JOSÉ EMILIO DE LA
DE REPETICIÓN PACHECO EN

NARRATIVA
06 - superheroico metropolitano 58 - noche de brujas
10 - Atrás del viejo saguán 66 - El único testigo
14 - Las lloronas 70 - bESTIA
22 - El gran fantasma 74 - LINEA DE VIDA
24 - Empezar una nueva vida 82 - EL DÍA QUE CONOCÍ
28 - Viaje a la isla sin nombre A PEPE EL ESCARABAJO
34 - La muerte de Florindo González 86 - lAS CHICAS-LEÓN
36 - La puja ganadora 90 - LA NAVIDAD 2098 DE KAREN
40 - Vida de Campo 98 - UN CASO DIFíCIL
50 - Extrañas criaturas 102 - xiu, de épsilon cuatro
54 - Tiempo muerto 106 - LA FÁBRICA
62 78 94
ÍNDROME QUÉ ES EL TEATRO SOBRE LA
A PÁGINA LITERATURA Y ESCASA LECTURA
N BLANCO ACCIÓN EN MÉXICO

44
CRÓNICAS
108
ANTROPOLÓGICAS CASA DEL
PRESENTA:
LA CANCION LITERARIA MIGRANTE
SUPERHEROICO
METROPOLITANO
Por Ernesto Molina

6
F
ragmento editorial del diario El sol —Disculpe, señor, ya me voy —se dis-
tapatío: culpó el vagabundo—. Solo déjeme lle-
No quiero que los lectores me ma- varme las latas y me iré.
linterpreten, ¡amo esta ciudad! Pero de —¿De qué estás hablando? ¡Soy En-
la misma manera que un padre amoro- rique Rivas! Yo era el Condor de fuego,
so corrige a su pequeño cuando se pone peleamos un montón de veces cuando
en peligro a sí mismo, es mi deber civil la crisis de los enmascarados.
hacer obvio que nuestras fuerzas del Como otro síntoma de la enfermedad
orden se han visto obsoletas ante esta que aqueja a nuestra ciudad, nues-
nueva ola de crímenes inspirados en la tros problemas se complementan con
industria del cómic. la aparición de El Condor de Fuego,
Me pregunto si Hollywood con sus un autonombrado archinémesis de El
películas de Batman y los Vengadores Esperpento, ronda a escondidas nues-
a finales de la década del 2010 habría tra ciudad con un traje de bombero y
supuesto que las grandes ciudades se un lanzallamas de fabricación casera,
saturarían de peligrosos imitadores los duermo cada noche con el miedo a te-
cuales se han ido tropicalizando hasta ner que dedicar este espacio editorial a
generar un mythos urbano represen- la catástrofe que aquel desequilibrado y
tado enfermizamente en nuestra ZMG su juguete infernal causarán de un mo-
por El Esperpento: este delincuente mento a otro.
nocturno que atraviesa los tejados y —Yo no sé de qué habla usted —el
alcantarillas de la ciudad vestido con presunto exenmascarado tomó sus bol-
una máscara negra de luchador y una sas y se alejó del trajeado—. Yo nunca
katana a la espalda. supe nada del Condor de fuego, ni del
Enrique lo reconoció justo al ver- Esperpento, ni de los Moxxys.
lo. Habían pasado por lo menos siete —¡Te reconozco! —gritó Enrique—. Vi
años y solamente pudo ver su rostro tu rostro cuando peleamos en el atraco
dos veces: en el atraco a centro joye- al centro joyero, te había rociado la más-
ro y cuando se entregó después de lo cara con hexano líquido y Secuaz-X…
de Secuaz-X, pero era el rostro que no —Su nombre era Sombra Platea-
puedes olvidar, el rostro de tu archie- da —Humberto Sandoval se había
nemigo, o mejor dicho de tu ex-archie- dado la vuelta y encaraba a su antiguo
nemigo. Pensó en irse sin llamar su archinémesis.
atención, ahora era presidente muni- —Todos la conocíamos como Se-
cipal, la prensa desacredita todos sus cuaz-X, ¿qué importa eso ahora?
actos y un pepenador de Santa Tere no Los guardaespaldas del presidente
entra en la lista de buenas compañías. municipal se bajaron de la camioneta
Por otro lado, ¿cuándo había sido la con intención de evitar que aquel pepe-
última vez que había hablado con al- nador se acercara más a su patrón.
guien igual a él? —Te diré lo que importa —Sandoval
—¡Sandoval! —gritó Enrique—. ¿Eres vio a los guardaespaldas y guardó su
tú? —antes de levantar la vista el hom- distancia. En una ciudad donde los po-
bre verificó donde estaban sus respec- licías podían dispararte por «argumen-
tivas bolsas de reciclados. to de apariencia» nadie dudaría que el
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pepenador exconvicto puso en riesgo —Tu trinchera… Si los votantes hu-
al presidente municipal—. Ella era pa- bieran descubierto por alguna razón
ramédico, estudió cuatro años para que tú eras el Condor de fuego jamás te
que dos semanas antes de que le die- hubieran elegido.
ran su diploma se autorizara la ley de —En su momento votaron por la ley
reglamentos tradicionales. de reglamentos tradicionales.
En una achacosa muestra de los otros —Eran idiotas, y la mayoría lo siguen
males que aquejan a Guadalajara, co- siendo —Sandoval se zampó una dona
munidades que deberían haber sido glaseada y se limpió la mano en el res-
eliminadas de cualquier burgo salu- paldo de la banca—. Qué la jodida crisis
dable como la LGBT y los inmigrantes económica era consecuencia del compor-
chinos comienzan a tener sus propios tamiento inmoral… ¡Idiotas!
enmascarados. —Por el lado bueno la mayoría de los
Por ejemplo, las mujeres (que en mi que dicen eso se están muriendo, aun-
humilde opinión debieron quedarse con que sea de viejos.
sus hijos en la cocina) ahora se sienten —No lo suficientemente rápido. ¿Sa-
representadas con Secuaz-X, una hem- bes? La primera vez qué Sombra Platea-
bra a la que se le ha visto en ocasiones da me cosió fue a unas cuadras de aquí,
con El Esperpento, a pesar de que se au- en el estacionamiento del Kamilos 333.
tobautizó con otro nombre, la prensa le Ahora ni en los hospitales te cosen.
ha adoptado con su ya conocido mote, —Deberiamos poner una placa allí.
puesto que cualquiera con dos dedos ¿Y qué era de ti Secuaz… Digo, Sombra
de frente sabe que una mujer carece de Plateada?
cualquier elemento de iniciativa propia, —Nada, una mala noche me vio
así que podemos deducir que el hombre arrastrándome en el estacionamiento
de la máscara negra ha arrastrado a al- con una herida de veinte centímetros
guna pareja o pariente a sus enfermos en la espalda y ella me cosió allí mis-
actos de bandidaje. mo, estaba celebrando el fin de curso.
—Conozco los reglamentos tradicio- —Una paramédico de profesión —co-
nales —Enrique y Sandoval estaban mentó Enrique mientras terminaba su
sentados en una banca enfrente del café en vaso rellenable.
OXXO, los guardaespaldas mantenían —La cosa se salió de control con los
un flujo constante de Andattis y do- Moxxys.
nas—. Desde mi trinchera estoy tra- —Y que lo digas, una vez me encon-
tando de suprimirlos, es difícil cuan- tré a esos pendejos tratando de volar
do se hacen las cosas por el medio el expiatorio, yo me dirigía a un atraco
institucional. de camión blindado pero me quedé a

8
cargarme algunos, al día siguiente el —La ley de reglamentos tradiciona-
sol tapatío dijo que yo era cómplice del les los hubiera obligado a casarse —En-
ataque al templo. rique se había quedado en la puerta de
—Aquel día desaparecieron algunas su camioneta.
reliquias. —Busqué al infeliz, lo rebané con la
—Probablemente fueron saqueadores. katana, después de eso me entregué a
Con la tasa actual de desempleo sobran la policía y no he hecho nada bien des-
en esta ciudad. de entonces.
Otros enmascarados que afortuna- —Es solo una mala racha, Humberto.
damente ya no rondan nuestras calles Mira, voy a mandarte recoger, en mi casa
son los Moxxys, en una enferma parodia te darás un baño y hay alguna ropa extra
del Guasón estos travestis atacaron con que te puede quedar. Todos lo hemos
explosivos numerosas iglesias y centros superado de una forma o de otra, solo
en pro de la familia natural. Afortuna- necesitas una segunda oportunidad.
damente después de un operativo en el —Maté a mucha gente, Enrique.
templo expiatorio esta banda finalmen- —Y pagaste por tus crímenes. La mayoría
te ha sido desmantelada. eran Moxxys, esos maniacos querpian volar
El presidente municipal era conscien- la ciudad. Te irá bien, la gente no te pide la
te de su agenda, pero no quería perder carta de policía si estás usando traje.
la oportunidad de hablar con aquel frag- Sandoval miró a sus zapatos, no había
mento de su pasado. tenido otros desde que salió de prisión.
—Era patético, los policías estaban —Un traje es igual que una máscara,
tan ocupados haciendo redadas en ba- no me hace mejor persona.
res gay y librerías feministas, que un —Tampoco soy una buena persona, pa-
cretino con disfraz de rana asaltaba un gué mi campaña con lo del centro joyero.
banco por semana y jamás lo atraparon. —¡Pues qué demonios! Me vendrá
—¿Cómo se llamaba el infeliz? bien un baño y un cambio de ropa.
—Capitán Batracio —ambos soltaron No puedo dejar de insistir, mientras
la carcajada. justicieros enmascarados como El Es-
—¿Cómo fue qué terminó todo esto? perpento ronden las calles de nuestra
—Enrique se levantó, había una junta amada ciudad, seguirán apareciendo
con la cámara de comercio en veinte criminales teatrales como el Condor de
minutos—. Yo me divertía de lo lindo. Fuego y la banda de los Moxxys. Sin im-
—Sombra Plateada… Su nombre portar los atracos y actos terroristas que
real era Laura Sánchez, estaba emba- este ente enmascarado haya prevenido,
razada… Su novio saboteó el Jetpack no habrá orden en nuestras calles hasta
para hacerla estallar. qué este vigilante se entregue.

9
ATRÁS DEL
VIEJO ZAGUÁN
Por Hina Finck

10
S
ebastián era muy feo. Uno de sus aquellas plumas era… nauseabundo.
ojos era danzante, bailador, no ¿O eran plumas de pavo? eran de pavo
podía controlarlo; en realidad a las plumas de los plumeros grandotes
mí, niña de siete años, me daba horror. esos que sacudían los techos, las lámpa-
Sebastián vendía plumeros, se la pasa- ras puestas a colgar y los cuadros recar-
ba todo el día caminando calles y más gados, luciendo en paredes altas; eran de
calles: «Plumeros… plumeriiiiitos… plu- pavo porque tenían círculos de colores
meroootes…» gritaba su mercancía y al grises y negros, círculos que miraban…
mes siguiente, volvía a pasar por mi calle. eran ojos renegridos que de miradas me
Eran plumeros con plumas de ver- saturaban; eran esas plumas que los pa-
dad, unos tenían pintadas las plumas vos tienen en sus colas esponjadas.
de colores atractivos, otros nada más Se vinieron encima de mí todos los
así, con el color auténtico que la natu- plumeros llenos de ojos bailantes…
raleza le había dado al pavo o a la galli- grité y… ya no grité… ya no pude gri-
na o quizás a la paloma. tar porque sí, eran ojos, eran pavorosos
Cuando Sebastián terminaba su re- ojos saltones de una ave renegrida, re-
corrido, por mi colonia, tocaba a mi dondos, brillantes, húmedos… me mi-
puerta; yo miraba su vestimenta: Pan- raban con insistencia, yo no podía dejar
talón flojo, de mezclilla, con peto; una de mirarlos. Los ojos lagrimeaban y me
camisola a cuadros rojos; unos guantes caían las gotas gordas en la cara, pega-
de carnaza para poder cargar calles y josas lágrimas de ojos de ave desplu-
calles aquellos pesados plumeros. Mi- mada… de todas las aves que habían
rando su vestimenta disimulaba para muerto para que las cosas pudieran ser
no mirar su ojo bailador. sacudidas, liberadas de los polvos de
—¿Está tu papá? —Sebastián me los tiempos; graznaban unas y piaban
preguntaba. otras, y más cacareaban al son de los
—Sí… y ya sabe usted que puede dejar ojos bailantes que en mí se encimaban.
sus plumeros atrás del zaguán. ¡Pásele! Al principio grité, pero luego ya no, por-
Sin atreverme a mirar aquel ojo bai- que en mi garganta estaban muchas
lante, porque era yo una niñita miedo- plumas, como de pollos muertos, las
sa, lo dejaba pasar para que acomo- ánimas de los pollos ponían sus plu-
dara su mercancía y al día siguiente, mas en mi garganta, la saturaban con
tempranito, pasara por ella para que plumas de miedo, de pánico… por eso
siguiera en sus caminares, gritando su no gritaba porque los ojos me miraban
mercancía, por otras colonias. lacrimosos pidiendo compasión.
Miré aquellos plumeros recargados Todos los plumereros despluma-
en la esquina de la pared, atrás del viejo ban a las aves, para que en las casas
zaguán… quedé paralizada, tal parecía no hubiera polvo, para eso las aves se
que esos enormes plumeros tuvieran morían, metidas en agua caliente des-
ojos y también eran bailantes, imitado- pidiendo olores nauseabundos.
res del ojo izquierdo de Sebastián, su Toda pluma tiene ojos, cada pluma
fabricante y vendedor. Las plumas eran tiene como cien ojos y todos los tengo
de cuervos o quizá de algún otro pa- encima, llorando sobre mí, sus llantos
jarraco graznador, enorme. El olor de engomados, pestilentes. Porque algu-
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nos plumeros se desplumaron, se des- mas tan secas como las hojas del otoño;
barataron y las plumas revoloteando poco a poco se me fue la respiración… a
se metieron hasta mi garganta y no me veces jalaba aire, un poquito, luego ya
dejan respirar; también se colocaron en sólo un entrecortado respiro.
mi nariz y sólo su olor entra en mí; el aire Los plumeros tienen varas y con ellas
me queda lejos, no logro meterlo en mí. me encerraron en este sarcófago en éste
Fue ahí, detrás del viejo zaguán en féretro con barras hechas de carrizos, pe-
donde todos los plumeros me arrincona- gamento y plumas. No pude salir de él
ron y mirándome insistentemente se me porque mi cuerpo se desmayó, mi cuer-
echaron encima, me decían: «Somos las po ya desplomado en el piso se quedó. Ya
ánimas de los pájaros desplumados». De no pude patear, ya no pude manotear.
repente, sacaron sus picos, sacaron sus Dicen algunas gentes, que morí de
garras, me comenzaron a desgarrar. Mi miedo, porque el pánico transmuta la
garganta estaba seca, saturada con plu- vida en muerte.

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LAS
LLORONAS
Por José Luis Torres

14
L
a primera vez que vi una llorona fue Esa noche estaba aburrido y cansado,
un viernes. Era de noche. Fui con pero contento, porque después de cin-
Chisco a buscar escarabajos al pan- co años me habían subido el salario,
teón que estaba junto al río. Mi abuelita apenas una miseria, pero suficiente
decía que se roban a los niños desobe- para abrir una cuenta de ahorros.
dientes, pero lo hacía para espantarme. Pensé en invitar a mis compañeros
Con mi caja de zapatos bajo el bra- a compartir mi aumento, pero decidí
zo buscamos alimañas para venderlas ahorrarme al gasto y fui solo al café,
a la hora del re-creo, pero sólo encon- acompañado de un libro que había
tramos lombrices y una araña patona. comprado de oferta.
Chisco me dijo que era mejor separar- No quería pasarme la vida traba-
nos y él se fue por un lado y yo por el jando y mientras me servían el café
otro. Y en esas andábamos, cuando es- comencé a calcular el tiempo en que
cuché unos lamentos. lograría reunir el capital necesario
Sin hacer ruido caminé despacito por para retirarme. Escribí números y los
donde entierran a los niños. Ahí, junto multipliqué por un factor de interés
a una tumba adornada con angelitos compuesto, hasta que escuché unos
de yeso, se me apareció, la llorona. Ni sollozos que rompieron mi cavilación
siquiera me dio miedo. Te-nía pelo de matemática. El llanto me resultó co-
niña, cuerpo de niña y cara de niña. Su nocido. Una hermosa chica lloraba
vestido era blanco, con holanes y lis-to- desconsoladamente.
nes, como los de primera comunión. De —¿Por qué lloras?
un lado estaba limpio, del otro tenía —No me quiero casar, me gusta la
manchas de tierra y lodo. danza.
—¿Por qué lloras? —¿Por qué? —volví a preguntar y me
—Tiré todas mis muñecas al río. quedé esperando la respuesta.
—¿Por qué? —volví a preguntar y me La chica estaba embarazada, pero
quedé esperando la respuesta. supongo que no quería tener hijos, que
Escuché los chiflidos de Chisco. La su madre insistía en casarla y su padre
niña no paraba de llorar y para no que- soñaba con un par de nietos. Nunca
darme solo en el panteón empecé a dar dejó de llorar.
pasos cortitos, caminando hacia atrás. Pagué la cuenta. Fui al sanitario y
Me daba lástima dejarla sola, llore y llo- cuando regresé ya no estaba.
re. Hacía frío, me levanté el cuello de la Me hice viejo. Ascendí en la funera-
camisa y cuando se sentó en la orilla de ria. Era una ciudad pequeña y todas las
una tumba y se abrazó las piernas, me defunciones pasaban por mis manos.
eché a correr. Cuando registré la muerte de Chisco, mi
Le conté a Chisco y cuando fuimos a único amigo, me enteré que su madre
verla, ya no estaba. Solamente se oía murió durante el parto y fue enterrada en
su llanto, pero apenitas, como si se hu- la fosa común. Chisco buscaba su tumba,
biera ido muy lejos. simulando buscar escarabajos. Lloré.
Años más tarde volví a encontrárme- Con el paso de los años fui acumu-
la. Yo trabajaba en una funeraria captu- lando todos mis sueldos y me olvidé de
rando nombres en una computadora. gastarlos. Me bastaba una ligera comida,
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un café y un buen libro para pasar el día. —Sólo voy a escuchar, lo que usted
Me fumaba un cigarro después de la co- quiera contarme.
mida y otro al terminar mis lecturas. Guardó silencio y sólo pude obser-
Las tardes en el café y los domingos varla. Parecía añosa. Era apenas una
encerrado en mi cuarto eran mi mayor mujer madura, venida a menos. La re-
deleite. Las mujeres llegaban y se reti- conocí, pese a las huellas de la miseria
raban. Ninguna logró permanecer lo que deformaban su rostro. Temblaba.
suficiente para extrañarla. Sin amigos, Busqué un abrigo que no usaba y cuan-
iba de la oficina a la casa y de la casa do regresé el sillón estaba vacío. Cerré
a la oficina. la ventana, aseguré la puerta, apagué
El café se hizo ruidoso e intolerable. la luz y volví a guardar el viejo abrigo.
Prefería vagar por los callejones en bus- El día de mi jubilación compré una
ca de silencios. Los anduve de un lado a botella de vino, cigarros y un queso
otro, todas las noches, sin faltar una sola, maduro. Celebré la culminación de
de ida y vuelta, siempre la misma ruta. mi proyecto, tal como lo había conce-
Animal de costumbres, amoldé las bido y esa noche leí, bebí y fumé has-
baldosas a mis pasos y mis pasos a los ta quedar completamente satisfecho
ecos de la noche, hasta que una noche y ebrio.
alguien caminó detrás de mí, copián- Por la mañana salí a leer los perió-
dome los pasos. Era la misma mujer de dicos en el estanquillo de la esquina.
mi infancia y adolescencia. Mi amigo me dejaba hojearlos con la
—¿Por qué lloras? condición de devolverlos sin arrugas ni
—Estoy muy sola. hojas descompuestas. Leí el obituario y
—¿Por qué? —pregunté y me quedé las esquelas que durante años yo mis-
esperando la respuesta. mo envié a los periódicos.
La socorrí y pasó la noche en un si- Después fui al jardín a ver pasar la
llón de la casa. No era fácil posponer vida. En las tardes me encerraba con
una lectura, pero era bueno tener con mis lecturas. Esa era mi vida. Cada día
quien conversar. treinta acudía al banco a cobrar una

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pensión que se fue acumulan-do a los Una tarde, después de la siesta, mis
demás ahorros. Me hice rico con la fór- piernas ya no respondieron. El chofer,
mula de no gastar, invertir y reinvertir cansado de esperarme con el auto lim-
la casi totalidad de mis ingresos. El pio y el motor encendido, me encontró
gerente me asesoraba y un día me con- arrastrándome cerca de la puerta. Con
venció de com-prarme un auto y me ce- ayuda de los vecinos me acomodó en el
dió a su chofer, un viejo solitario, muy asiento trasero. Me colocó los cinturones
cuidadoso, con experiencia y pocas as- de seguridad, cerró la puerta y preguntó:
piraciones económicas. Lo contraté y —¿A dónde lo llevo?
por las noches dábamos largos paseos Desde el segundo piso del periférico
por las calles olvidadas. la ciudad se veía distinta. Los edificios
En vísperas de Navidad fuimos al Zó- se encendieron y los faros de los autos
calo a ver la iluminación. Hacía frío y a tiritaban de frío en los ríos de luces que
pesar de la llovizna la gente transitaba iban y venían, cruzando la ciudad de
sobre las banquetas y las calles. Le pedí un lado a otro.
al chofer que se estacionara y bajé a ca- En las esquinas, los espectros de la
minar. Pasé frente a Palacio Nacional y noche lanzaban humo, pedían limosna
al llegar a la esquina de la Catedral, me o lavaban pa-rabrisas, antes de refu-
encontré a una mujer. giarse en sus coladeras. Solamente la
—¿Por qué llora? llorona seguía caminando en la oscuri-
La invité a tomar una taza de café. dad buscando niños perdidos.
—Mis hijos… —habló poco y apenas si Mi abuelita tenía razón; desde aquella
probó un bocado. vez que me escapé al panteón a buscar
—Los abandoné. Los mayores se fue- escarabajos, no he dejado de escuchar
ron… los chicos los regalé. voces de mujeres que lloran por sus hi-
—¿Por qué? —pregunté y me quedé jos, tan arrepentidas, que daría mi fortu-
esperando la respuesta. na por ser el hijo de una de ellas.
Fui a desahogar la dolorosa vejiga y Las lloronas a nadie espantan, no dan
cuando volví, ya había desaparecido. miedo, apenas dan un poco de lástima.

17
LAS FIGURAS
DE REPETICIÓN
Por Maximiano Revilla

L
as figuras de Repetición son desde todo. Cuando la sonrisa es un tic nervio-
ayer un mundo constante, un mun- so obligado a reconocer que nunca deja
do vivo, un mundo que no se detiene de hablar o guardar silencio, cuando sus
ni se calla nunca. No, no se calla ni tan ritmos no se acuestan hasta pasadas
siquiera cuando se desborda al nacer las seis, es cuando mejor se represen-
nuestro amor al día, a las puertas del tan, cuando mejor crean, gota a gota un
retiro del parque de las adolescencias. arroyo, idea tras idea, un rio; la lluvia y el
Parlanchinas, juguetonas después de los sonido de esa lluvia sobre el asfalto, el
martinis agitados de éste y otros mun- destino de una y otra caricia o beso que
dos, donde a su vez se alinean en alguna parece en ocasiones abofetearnos, para
de sus variantes o formas que lo repiten luego, resbalar como ofrenda litúrgica
18
Imagen tomada de:
The Lay of the Last Minstrel. By Sir Walter Scott. With notes and a chronological summary of his life
Sir Walter Scott, 1887. Chatto & Windus

hasta conseguir que los rostros se sonro- horarias, vienen a ser como encontrar-
jen, justo en ese momento en que estos nos, a la misma distancia en la escalera,
comienzan a marcarse de arrugas. Tem- a ese vecino que obligatoriamente por
blorosos labios dándose besos como la rutina se saluda con la misma expre-
saludo, cuando, tras cumplir las bodas sión y el mismo pensamiento abierto
de oro, el uno con flores, visita en la ha- de las festividades, como si hace tan
bitación del hospital al otro esperando solo un par de latidos, por el simple
pasen las nubes, y a la luz del arco iris los color de los felpudos, no hubiésemos
atiendan, al día siguiente en casa. llegado casi a las manos. Las repeticio-
Las figuras de repetición; en un día y nes, partidarias por su violencia de no
otro día, aún a pesar de las diferencias ir nunca en autobús, tienen como las
19
balas expuestas en las vitrinas del ser abre el balcón para que respire la casa…
humano, reservados los distintos cali- No me ves, no me ves, no me ves: anda
bres y los asientos de pasillo o ventani- bobo ven y dame un beso como ayer, de
lla correspondiente. buena mañana.
«Repetición es también el nombre Las figuras de repetición siempre son
genérico y científico que se da a esa constantes, tanto para el alivio como
figura que se crea cuando en un es- para la desazón, para la tortura o la ab-
crito abundan los mismos sonidos», solución, para la inquietud o la calma.
las mismas palabras, los mismos ver- Matan o reviven para poder así unificar
sos, los mismos silencios, las mismas el poema, para darlo forma y ritmo, para
complicidades. santificarlo o crucificarlo. A un disparo
Las figuras de repetición, son la luz le sigue otro disparo y una piedra al cris-
de otro día que tal vez llegue y nos tal de los charcos de la vida y luz de un
traiga los mismos desatinos. Como rojo constante y griterío y voces nervio-
entreacto de las horas, la misma agita- sas y sirenas y llanto y llanto de funeral o
ción en los colores que no se quisieron nacimiento. Latidos, que acompasados
quedar dentro, la misma cafeína que se detienen un instante, para luego ser y
nos despierta cada mañana. volver a ser con mucha más intensidad
Cuando te levantas, ¡menos mal, los reyes del pueblo protagonista.
conmigo! y apenas se quiebra el aire Primero la madera, por supuesto,
que a los dos nos roza, en la desazón de luego el hierro y el acero, después la
la entrevela, bailan los mismos sonidos carne y al final todas las ascuas del
en las mismas palabras repetidas. Ayer, pensamiento por decir, ese que con-
hoy y mañana, las mismas canciones duce irremisiblemente a no mostrar el
de aniversario: apaga el despertador…, desatino, ni la muerte, ni tan siquiera
corre las persianas…, no digas que no el cortejo de negro repetido. El poeta,
te quiero…, quita el café cuando suba…, nació después de muchísimo esfuerzo

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para reorganizarlo otra vez, casi todo. ble o desagradable, un objeto desmate-
Sí, la vida diaria está compuesta de re- rializado que despierta una vibración en
peticiones, ir y volver a ir sin pensar a la la conciencia capaz de situarnos donde
vida, aunque la misma vida, que suerte, más le interese al poeta, en el mismo
nunca en mi se repita. vértice del abismo, junto al espectro de
Las figuras de repetición viven como la repetición que nos despierta.
los besos y las caricias; enganchadas al El empleo de la palabra repetida,
recuerdo de unos juegos de niño que conduce no sólo al desarrollo del so-
nos emocionan, que nos llevan a la no- nido interior, sino a descubrir otras
che para tras el sueño, abrirse y mos- insospechadas cualidades espirituales
trarnos todo su esplendor en el nuevo de la palabra misma. Sístoles y diásto-
día. También es verdad que a muchos les consiguiendo olvidar a cada paso el
niños, les da miedo la noche y toda su sentido real y el abstracto de los esca-
mágica inventiva. parates, el objeto que se designa, para
Lo que proporciona a la repetición su descubrir el puro sonido de las etique-
carácter novedoso, es lo mismo que lo tas con sus precios, de la palabra que
que la pone en duda: el hecho de que lo despierta una serie de vibraciones en
que repite, es algo que ya ha sido: un co- el corazón, en el bolsillo y en la cabeza
lor kilométrico, un beso con cincuenta Como hombres deseosos de vivir en
años cumplidos, una sonrisa que no tie- nuestro Mini Cooper, cada centímetro
ne por qué tener historia, una situación de estatura que tenemos, intentamos
determinada, que siempre niña nos sor- siempre repetir los mejores instantes
prende y nos llena de misterio. Sí, cuan- del pasado y sobre todo, si ese pasa-
do no se ve y sólo se oye repetida una y do fue hace un momento contigo en la
otra vez la misma voz, surge la sorpresa cama frente a la Ría de Noia, aun con
en la mente del que escucha, aparece la mayor motivo. Repetir hasta saciar o
imagen abstracta del momento agrada- llenar de recuerdos toda una vida.

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EL GRAN
FANTASMA
Por Juss Kadar

22
E
l chico apagó el televisor y se que- Lo que a otro le hubiera provocado un
dó en el salón en completo silencio. ataque de ansiedad a él le daba igual.
La luz tenue, casi a oscuras, envol- Sabía que la casa de su tía estaba
vía la habitación son sigilo. encantada. Se habían mudado de allí
Eran más de las doce de la noche, a toda velocidad cuando comenzaron
fuera, la nieve y el frío hacían acto de a ocurrir cosas. Les era imposible ven-
presencia. derla por las dimensiones y el lugar.
El sólo llevaba una simple bata y El chico les ofreció un pequeño be-
unas zapatillas, pero no tenía frío. neficio por ella y sus tíos aceptaron sin
Escuchó su respiración e incluso el pensarlo.
latir de su corazón, ningún sonido más Aquello no le aterrorizaba, ni le an-
llegaba a sus canales auditivos. gustiaba... Él tenía miedo de otra cosa
Se mojó los labios y tragó saliva aún peor que notar presencias.
cuando, tras un momento allí sentado, Cogió su teléfono móvil y borró el
comenzó a notar una leve brisa que no último contacto que le quedaba en la
sabía de dónde provenía, pues estaba agenda. Su último amigo, otra decep-
todo cerrado a cal y canto ción y otra traición.
De repente, un fuerte golpe detrás de él Había ido perdiendo a sus amigos
le hizo dar un pequeño brinco en el sofá. poco a poco, la mayoría por traiciones
Las pupilas del muchacho se dilata- o por desidia.
ron y su pulso comenzó a acelerarse. Sus padres vivían en otro país y ape-
Otro ruido. Esta vez era el sonido nas tenían contacto.
de una voz que se lamentaba en tono Le habían echado del trabajo.
amenazante. Se escuchaba como con No tenía internet para conectar con
carraspeó y algo apagada. Trató de el mundo.
poner atención en la frase que estaba Ahora estaba en una situación en la
pronunciando aquella psicofonía. Dis- que la soledad le acechaba en cada es-
tinguió su nombre entre palabras sin quina y eso si le daba miedo.
sentido. Una lágrima bajó por su mejilla mu-
La silla de madera que tenía a su lado riendo en sus labios.
comenzó a moverse, despacio. Se elevó Al cabo de unos días, en aquella casa
unos centímetros y con un movimiento encantada, el móvil de nuestro prota-
violento se estampó contra la pared. gonista recibió una llamada...
El chico se mostraba impasible ante En la pantalla se reflejo el texto «Lla-
todos esos fenómenos paranormales. mada pérdida».

23
EMPEZAR UNA
NUEVA VIDA
Por Nestor Quadri

24
E
l anciano era uno de los enfermos saltar sobre su presa. Al cruzar la au-
que estaba internado en el sanato- topista que lo circundaba, estaba an-
rio con la mirada perdida, balbu- sioso por poder acceder a su pequeño
ceando palabras incoherentes. Cuando departamento ubicado en el centro
lo fue a visitar su nieto, el médico le co- de la Ciudad, que había prestado a un
mentó que si seguía así, su vida se diri- amigo hasta la medianoche para una
gía hacia un camino sin retorno. Pero él aventura amorosa.
en realidad había ido a verlo por otro Mientras allá arriba el circular de los
motivo, dado que le importaba muy automóviles retumbaba en sus oídos,
poco su salud. tenso y expectante con todo ese dine-
Había considerado que era el mo- ro en el maletín, se dirigió caminando
mento de aprovechar la oportuni- rápidamente por una calle lateral te-
dad para comenzar una nueva vida nuemente iluminada, hasta que des-
y tomó sin ser visto las llaves de la embocó en un parque de diversiones.
casa que su abuelo tenía guardadas Entonces se paró en la vereda mirando
en un bolso junto a su cama. Ya esta- las luces que resplandecían y para ha-
ba anocheciendo cuando se dirigió a cer tiempo decidió entrar en él, donde
la desvencijada casa frente al parque había numerosas personas con chicos
donde vivía, con el fin de sustraerle el en los juegos mecánicos y diversos
dinero que sabía que tenía escondido. entretenimientos.
Como estaba abandonada y sin luz Fue allí que se paró para observar
interior, buscó entre las penumbras a un hombre viejo, alto y delgado con
el lugar que intuía y encontró con una una túnica negra, que subió a una pla-
alegría inmensa un maletín oculto en taforma rodeada por muchas personas.
un hueco de la pared, detrás de un El viejo colocó su sombrero en el suelo
mueble. para las donaciones, sacó un reloj de
Era una suma considerable y pen- su bolsillo y con una voz fuerte de barí-
saba con ella pagar todas sus deudas tono, señalándolo directamente a él, le
de juego y empezar una nueva vida, dijo de pronto a los presentes:
donde no existieran esas amenazas de ―Si hay un Dios, le doy sesenta se-
muerte que permanentemente lo ron- gundos para que mate a ese señor que
daban. Miró el fajo de dinero y estimó esta parado allí atrás sosteniendo ese
que deberían ser más de treinta mil dó- maletín ―al escuchar esas palabras
lares. Al salir de la casa con el maletín quedó estupefacto y paralizado, sin
en la mano se sentía contento, tenía poder atinar a nada, mientras sentía
veinticinco años y estaba por cumplir las miradas punzantes de todas las per-
los veintiséis y ya estaba listo para ini- sonas cuyos rostros se habían vuelto
ciar una nueva etapa de su vida. hacia él. En medio del silencio sólo se
Al atravesar el parque caminando escuchaba el tic-tac del reloj, mientras
lo inquietó la oscuridad de la noche y el viejo contemplaba el cielo estrellado
tuvo la impresión de que aquella era con las manos en alto.
una jungla, en la que los mafiosos del Cuando pasó el minuto, el viejo guar-
juego se agrupaban en las ramas de dó el reloj pausadamente y le dijo a to-
los árboles como fieras dispuestas a dos los presentes mirándolo a él:
25
―Con eso se acaba el mito del Dios to- diversiones, quien al instante le puso el
dopoderoso ―fue en ese momento que brazo sobre el respaldo de su asiento.
recién comenzó a reaccionar, entre el mur- ―Entrégame el maletín ―le dijo mien-
mullo de admiración de la gente y el ruido tras sus dedos se crispaban sobre un
de las monedas que caían en el sombrero. revólver que apoyaba sobre su espalda.
Mientras el viejo lo miraba sonrien- Entonces, sintió una furia ciega que
te, se retiró enfurecido de allí, pen- brotaba de su interior. Una marea
sado que había sido un estúpido al que nacía de lo más íntimo de su ser
dejarse usar de esa manera y por otra y que lo arrastraba hacia las negras
parte, que era muy fácil poder enga- profundidades de ese abismo inson-
ñar a la gente inocente de la Ciudad. dable en el que estaba sumergida su
Siguió caminando por la calle hasta vida. Los segundos pasaban y estaba
que finalmente llegó al centro, en- decidido a resistirse antes de entre-
tre muchas personas que circulaban gar aquello que iba a cambiar el des-
apretujadas envueltas en luces de vi- tino de su vida.
drieras y marquesinas. Ya estaba por proferir un grito para
De pronto al divisar un cine, le pare- alertar a la gente que estaba mirando
ció una buena idea entrar para descan- la película, cuando el brazo armado se
sar de la caminata y esperar tranquilo tensó, y se oyeron dos disparos que po-
hasta la medianoche. La sala estaba va- blaron la sala de extraños ecos. Luego el
cía y contemplando las filas de asientos viejo tomó el maletín y desapareció rápi-
pegados al piso, se sentó en una butaca damente del cine.
cerca del pasillo. Mientras esperaba el Una mancha de sangre fue creciendo
inicio de la función, sintió que entraron alimentada por cada uno de los orificios
varias personas más que se sentaron en que tenía en la espalda y que le produ-
los asientos de atrás, hasta que final- cían un intenso ardor. Semiinconscien-
mente las luces se fueron apagando len- te, lo sorprendió el sabor salobre de una
tamente y el sonido comenzó a elevarse lágrima que rodó por su mejilla y fue a
cuando se inició el noticiero. caer en la comisura de su boca.
Después de un tiempo que comen- Lentamente su cuerpo fue cayendo
zó la película, sintió que alguien se de la butaca hacia adelante y la másca-
sentaba en la butaca lateral a la suya. ra de la muerte que había comenzado a
Cuando lo miró quedo completamente grabarse en su rostro, fue lo primero que
sorprendidos al ver que era el mismo notó el acomodador del cine cuando lle-
viejo que había visto en el parque de gó corriendo con su linterna en la mano.

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VIAJE A LA
ISLA SIN NOMBRE
Por José Luis Najenson

28
C
ontra todas las prevenciones, inclu- Obstinadamente, llegué en barco
so la de mi adivina, María Egipcíaca, hasta Estambul, y de allí me trasladé
viajé a Estambul. Soy adicto a horós- a la isla en un bote de pesca, desde un
copos y augurios, y ella es experta en el ta- embarcadero inconspicuo cercano a la
rot de Mizraim, nombre bíblico de Egipto. Torre Gálata. No había nada más que
—No vayas a Estambul —me dijo— por- tiendas precarias alzadas por los con-
que correrás un gran peligro. trabandistas. La mujer apareció de im-
—Pero tú me habías prometido que proviso, cual si hubiera surgido de las
allí encontraría a la mujer más bella mismas olas o de la niebla, y me lanzó
del mundo, y que ella haría el amor una mirada frontal, como flecha en
conmigo —le respondí. busca de su blanco. Era ella, sin duda,
—Cierto es, pero ambas cosas están la fémina más hermosa que jamás ha-
íntimamente ligadas. Y en esta última ti- bía visto, la que aguardaba en la trama
rada de cartas he visto signos desfavora- de mis pasos acechando el momento
bles: la sombra del Mendigo sobre el Ca- preciso, gestora implacable de mi des-
ballero Andante, que es tu figura astral. tino. Sus ojos verdes y enormes, mari-
—¿El riesgo es mortal? nos, ocupaban gran parte de su rostro;
—Casi seguro que sí. la cabellera roja, flamígera, brillaba
—¿Y la mujer? con luz propia, aun en medio de la nie-
—Única, no hay otra como ella sobre bla. Una leve túnica enmarcaba sus
la faz de la Tierra. opulentos pechos y muslos; el delta os-
—¿Cómo podré hallarla? curo del sexo se veía nítidamente, por
—¿Vas a ir, a pesar de todo? su andar ondulante y el bamboleo de
—Desde luego, de otro modo no la sus piernas, como si nadara en el aire.
volveré a ver, ¿o sí? No necesitaba hablar. Le bastó tocar-
—No. Pero me temo que te costará la vida. me para que yo la siguiera como un pe-
—Me juego a ese «casi seguro» al que rro o un esclavo. Me llevó al otro lado
aludiste antes, como a una tabla de de la isla donde no había tiendas y se
salvación. acostó en la playa renacida, despoján-
—¿Y si no resulta? dose de la túnica. Así me recibió, como
—Pagaré el precio. una nueva Eva a un Adán despreveni-
—En ese caso no me queda más re- do. Su lujuria era sólo equiparable a su
medio que revelarte cómo encontrarla. belleza.Montado en su grupa cabalgué,
Lástima, eres mi mejor cliente y te he sin darme cuenta, hacia el mar. Su páli-
cobrado estima. da piel se confundía con la espuma. Al
—¿Podrás ayudarme desde aquí? besarle el cuello por última vez, divisé
—Ni siquiera eso. No se trata de ningún sus branquias brillando en la noche sú-
hechizo o mal de ojo. Sólo puedo darte bita como un collar de raras perlas. Su
un consejo: no te adentres en el mar. sinuoso cuerpo se cubrió de escamas
—¿Dónde es? verdinegras, mimetizándose con las
—En las Islas del Príncipe, en el Mar aguas.
de Mármara. Hay una nueva, diminuta Cuando perdía pie recordé la adver-
islita, que ha surgido hace poco y aún tencia de Miriam, la Egipcíaca, pero ya
carece de nombre… era demasiado tarde.
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DRÁCULA:
CARLOS FUENTES Y
JOSÉ EMILIO PACHECO
Por Raúl Reyes Aguilar

U
no de los personajes tan pertur- en el siglo XX e indudablemente coad-
badores cuanto interesantes de yuvado en gran medida por el cine. Si
la literatura en general, ya no bien Nosferatu (1922) de F.W. Murnau
sólo de la de terror o de la fantástica, no es la cinta que inaugura el tema
es indudablemente el vampiro, y en es- del vampirismo en el celuloide, sí es
pecífico el vampiro de Stoker. Cuando la primera adaptación cuasi fiel de la
Abraham «Bram» Stoker (1847-1912) obra del irlandés y la que «canoniza-
publicó Drácula (1897), seguramente rá» al vampiro dentro del cine de te-
jamás concibió el impacto que su te- rror. Pero es con Drácula (1931) de Tod
rrorífico personaje tendría más allá de Browning, cuyo protagonista es el hún-
los círculos literarios. Impacto surgido garo Bela Lugosi, que se forja no sólo
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la figura aristocrática y seductora del libro, ha provocado una serie de malin-
conde de Transilvania, sino también la terpretaciones y sesgos que conducen
que acentúa las características de este a la descomposición y la traición de la
personaje en el imaginario colectivo; leyenda del «muerto-vivo». No obstan-
irónicamente fue la imagen cinemato- te, en la buena literatura se continúa
gráfica de Drácula mas no la literaria, valorando a este personaje sin la ten-
pese a basarse aquélla en ésta, la que dencia y la presunción de crear un ori-
se perpetuó en la mente de las perso- ginal vampiro, que no es lo mismo que
nas. Empero toda esta apropiación del el vampiro original.
vampiro, principalmente en el campo En las letras mexicanas, la figura de
del celuloide y en uno que otro pésimo este ser también se trabajó, acaso más
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en relatos cortos que en novelas. José inequívoca de esto, pues en ella conflu-
Emilio Pacheco (1939-2014) es uno de yen y se entremezclan dos de los cua-
los que se atrevió a revivir al vampiro tro conceptos en disputa.
en plena Ciudad de México con el cuen- Como hemos notado con este breve
to «No perdura», perteneciente al libro análisis en esto dos autores mexica-
La cabeza de medusa y otros cuentos nos, es casi imposible al hablar, y to-
marginales (1959). Por su parte, Carlos davía peor, al escribir sobre vampiros
Fuentes (1928-2012) con Vlad (2010) se no retornar a la obra de Bram Stoker,
arriesga a ir más allá: opta por la novela. por más que uno se pretenda alejar de
El personaje en el texto de Fuentes él, por alguna extraña razón, como un
es un vampiro más ligado a lo literario, imán que atrae, regresamos en mayor
pero a lo literario de Stoker. Desde su o en menor medida a Drácula. La huella
nombre Vladimir Radu, apocopado a del irlandés ha llegado a profundidades
Vlad1, y aunado a su origen centroeuro- insospechables. Sin embargo, a pesar
peo (Balcanes) y su título nobiliario que de todas las referencias de Drácula con
ostenta, ya vislumbramos con antela- las que nos podemos tropezar no sólo
ción cómo será el retrato y la historia del en estas obras sino con las de otras
monstruo. En Pacheco, debido al tema latitudes, siempre habrá un pequeño
fílmico en el cual gira el relato, parecie- elemento, por más diminuto que sea,
ra que el personaje se halla mucho más que no seguirá seduciendo del vampiro.
cercano a una imagen vampírica del Asimismo estos autores mexicanos nos
cine, un vampiro cinematográfico. Sin muestran que el tema del vampirismo
embargo, la intertextualidad existe en puede seguir las pautas de lo gótico,
el relato de J. E. P, podemos inferir la como se ve en Carlos Fuentes, o ir un
presencia de Drácula, aunque no esté paso más allá, hacia lo fantástico2 como
tan explícito como en la novela de Car- sucede en José Emilio Pacheco, ¡claro,
los Fuentes; pues ésta se halla princi- con ciertas salvedades! Pero lo más so-
palmente en un pequeño elemento: la bresaliente en ambos que es nunca se
geografía. Pacheco alude a la región de alejan del mito original.
Cárpatos. ¡Región de los Balcanes!
En Vlad la presencia de nombres ju-
deocristianos de los personajes (Asun- 1
Recordemos que Bram Stoker se basó en la figura
ción, Magdalena y la sirvienta Cande- de Vlad Tapes, conocido como el empalador, para de-
laria) plantea un enfrentamiento entre linear ciertas características del famoso conde. Fuen-
el bien y el mal (lucha de poderes); en tes en el capítulo XII desarrolla toda una historia fic-
«No perdura» lo que hallamos no es una ticia sobre la vida y muerte y transformación de Vlad.
disputa teológica sino una querella 2
Debido al espacio la definición entre conceptos de
entre conocimiento e ignorancia que fantástico, sobrenatural, maravilloso, etc., se debió
también se traduciría en escepticismo suprimir. Para estas cuestiones ver Teorías hispanoa-
y superstición. En Drácula estas dos mericanas de la literatura fantástica (ed.) José Miguel
dicotomías están presentes: el Bien/el Sardiña y, la debatible mas nunca insoslayable, Intro-
Mal y Conocimiento/Ignorancia. La fi- ducción a la literatura fantástica de Tzvetan Todorov.
gura del neerlandés y doctor Abraham
Van Helsing es la más representativa e
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33
LA MUERTE
DE FLORINDO
GONZALEZ
Por Jorge Ortega Muñiz

34
F
lorindo González era muy macho. El cantinero, dejó la botella de don Na-
Nacido en los Altos de Jalisco, des- cho en la barra y prudentemente se alejó.
de niños había aprendido todas las Los otros provincianos decidieron reti-
artes del charro y a manejar la pistola rarse hasta un lugar seguro, ya que el
antes que caminar. Sus discusiones ambiente se estaba acercando al del
siempre acababan a golpes y todos los infierno. Llegó el momento en que el
días regresaba a casa con sangre en su alteño dijo:
ropa de alguien con quien había tenido —Vamos dándonos un tirito como los
un desencuentro. meritos machos.
Decían que se parecía al famoso Ga- Manolo Velázquez lo observó y viendo
bino Barreda, fundador de la Escuela que no tenía alternativa, le preguntó su
Nacional Preparatoria, quien además, nombre, «para poder avisarle a la viuda».
por todos los pueblos por los que se —Florindo González, pa’ servirle.
paseaba, se la tenían sentenciada, por —En serio, que nos vamos a dar de
tener hijos por donde quiera. Igual que balazos.
Gabino, le gustaba pagar los mariachis —¡Florindo González!
y a veces a raíz andaba. —¿Florencio?
En lo que se distinguían era en el —No, Florindo.
nombre. Gabino, Eleuterio, Anaxágo- —¿Cómo te dicen de cariño? ¿Flor o
ras imponen. Son apelativos que co- Lindo?
mandan respeto. Bastaba que alguien Para entonces los demás comensa-
mentara a Gabino en la cantina, para les ya estaban riéndose.
que la conversación se detuviera, por- —¿Qué? ¿Le vamos dando? —le pre-
que querían escuchar las noticias de guntó a Velázquez.
este valiente revolucionario. —No podría golpearte ni con el pétalo
El día que Florindo se dio cuenta de de una flor… —dijo burlón y se regresó
su desventaja fue en Atotonilco. a la barra a seguir tomando.
En una cantina, se encontró con Ma- Florindo se quedó parado, escuchan-
nolo Velázquez, quien estando simple- do los murmullos y las risas a sus espal-
mente de visita en el bello pueblo, no das. Sin saberlo, Manolo lo había matado.
sabía que había un juramento de odio Salió del pueblo pálido, sin fijar la mirada
entre familias. Florencio se acercó a la en nada. Su caballo tomó su propio rum-
barra y comenzó a enviar indirectas, bo. A los tres días apareció muerto en el
bastante agresivas. campo. Al parecer, de pura vergüenza.

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LA PUJA
GANADORA
Por Esher Domínguez Soto

36
N
ueva York. Julio, 1934 lengua por los labios, como si saborea-
Abrió la puerta del bar y echó un ra lo que veía. O sea, a ella.
vistazo. Un hombre moreno aco- —¿Qué? ¿Le gusta lo que ve? —pre-
dado en la barra hacía dibujos con la guntó con ironía. Él movió la cabeza
espuma de su cerveza. Dos banquetas afirmativamente.
más allá, un pelirrojo, joven y pecoso, —Las mujeres deberían ser como los
medio derrengado en su asiento, seguía circuitos de carreras, con curvas y peli-
los vuelos rasantes de una mosca que grosas —sentenció. Luego movió la cabe-
iba desde la cerveza del moreno hasta za una vez más. Se sentó y el camarero
la ventana haciendo una parada en las le trajo un whisky. No necesitó pedirlo.
palas del ventilador del techo. Y desde Era un cliente—. ¿Un cigarrillo? —le puso
allí volvía a la cerveza como si no pudie- delante una pitillera abollada y ella se
ra dejar de hacer lo mismo una y otra sirvió. Le dio fuego, encendió otro para
vez. La mujer retrocedió unos pasos y él y entró en materia, sin perder ni un se-
comprobó el letrero con el nombre del gundo—. ¿Qué quiere de mí? Por teléfono
bar. Sí, aquí era donde había quedado la cosa no me quedó del todo clara.
con el desconocido. Ella habría escogi- —Me gustaría convertirme en viuda...
do un lugar con menos mugre pero, tal Había esperado un gesto de sorpresa
vez fuera el sitio ideal para no llamar la o de rechazo. Pero ni lo uno ni lo otro.
atención. Era un asesino a sueldo y sa- Se quedó mirándola mientras fumaba
bía de todos estos detalles más que ella. en silencio.
Entró y se sentó a una mesa del fondo. —Lugar, fecha y hora más apropia-
El barman acudió, solícito. dos —era evidente que iba al grano.
—¿Qué va a ser, señora? —¿No deberíamos ir a un sitio más…
—Una soda, gracias. discreto? —estaba a punto de decir, ín-
El pelirrojo bebía con ahínco. Tal vez timo, pero se contuvo. No quería que la
estuviera recuperando el tiempo per- malinterpretase.
dido durante la prohibición, cuando —Este sitio es como mi casa. Todos
tenías que agenciarte la bebida y evitar, saben a qué me dedico y nadie se irá
al mismo tiempo, problemas con la ley. de la lengua.
El caso es que aquel hombre estaba ya —Bien. Me gustaría que fuese cuanto
bastante borracho. Hablaba a trompi- antes. El lugar y la hora los dejo a su
cones aunque nadie le hacía ni puñe- elección.
tero caso. Es el sino de los borrachos. —Veo que tiene prisa por librarse
Hablar para el aire. Una voz masculina del… problema.
sonó a su espalda. —La viudedad es un estado que pue-
—¿Hace mucho que esperas, guapa? de llegar a ser muy cómodo —soltó una
Se giró. Un hombre alto, fuerte aun- bocanada de humo que se mezcló con
que no gordo, labios carnosos, ojos el del cigarrillo de él—. Supongo que no
bastante juntos pegados a una nariz le parecerá mal —él le lanzó una mira-
aguileña y gesto despectivo la obser- da algo torcida.
vaba. Había algo en su mirada que la —Las mujeres buscan un segundo
hizo sentir incómoda. Parecía traspa- hombre que las ayude a librarse del pri-
sarla, ver debajo de su ropa. Se pasó la mero. Y, a veces, incluso, a acompañar-
37
las en su reencontrada soledad. Unos lo Él abrió la puerta del coche. Era un
hacen por amor. Yo por dinero. Supon- asesino pero eso no impedía que supiera
go que no eso no la escandalizará —ella comportarse como un caballero. Sobre
sonrió y negó con la cabeza—. Deme un todo si la dama merecía la pena. El coche
nombre y una dirección y yo me encar- se alejó y él sacó el papel que ella acaba-
garé de todo. ba de darle. Rebuscó en un bolsillo interior
Ella le pasó un papel. Él lo leyó, hizo de la americana y sacó un segundo papel.
un gesto de asentimiento y se levantó. Comprobó los nombres y las direcciones y
—La acompaño hasta la salida. sonrió. Nunca había asistido a una subas-
Salieron. El borracho pelirrojo seguía ta pero estaba seguro de saber dirigir una.
farfullando ante la indiferencia general. Volvió al bar. Necesitaba un trago que lo
El moreno aún no había terminado la ayudara a pulir los detalles.
cerveza caliente y la mosca iba de un Llamó a la puerta de la habitación del
lado para otro siguiendo su propia ru- hotel. Ella le abrió. Estaba radiante. Lo
tina. El barman los saludó con un gesto dejó pasar y se acercó a la mesilla de no-
desganado. Llegaron hasta su coche. che para coger el bolso. Sacó un sobre
Él le espetó: con los dos mil dólares y se los ofreció.
—Son tres mil dólares. Mil ahora y el —¿Todo en regla? —se interesó. El dis-
resto cuando acabe el trabajo —ella paro la cogió totalmente por sorpresa.
asintió y sacó un sobre del bolso. Se cayó sobre un silloncito y lo miró con
—Aquí están. ¿Cuándo piensa hacer el una mueca de dolor en el rostro—. ¿Por
trabajo? qué? —acertó a balbucear.
—Yo iré a verla cuando todo haya pa- —Su marido me pagó el doble si cam-
sado. Tenga el dinero listo. biaba de víctima —explicó—. Ya conoce
—¿Lo hará pronto, verdad? —pregun- mi lema: la satisfacción del cliente por
tó con voz acariciadora. Ahora no era la encima de todo. Estoy por añadirlo a
mujer práctica que hablaba de negocios. mis tarjetas de visita —se encogió de
En segundos se había transformado en hombros—. Lo siento, guapa.
un animalito cariñoso y dulce al que Salió de la habitación con sentimien-
apetecía obedecer y acariciar. Bueno, y tos encontrados, Malo lo de la chica.
otras cosas. Pero él no quiso entrar en Pero el sobre con los dos mil dólares
su juego. Podía ser muy arriesgado. que acababa de coger de entre sus de-
—Tranquila. Mi lema es satisfacer al dos agarrotados y los otros cuatro mil
cliente. Casi estoy por añadirlo a mis que iba a cobrar de su viudo le endul-
tarjetas de visita. zarían mucho el mal sabor de boca de
—Esperaré su llamada. le había dejado este trabajo.

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39
VIDA
DE CAMPO
Por Paola Tena

40
E
l Abuelo está loco». Lo repite Her- lámpara de grasa. «¡Del cochino todo
mano cada jornada antes de acos- se aprovecha!», le gusta repetir a Abue-
tarnos, después de haber oído sus la cada vez que la encendemos, y ríe
historias. Hoy ha sido un día duro. Al su sonrisa desdentada mientras mete
desmalezar el terreno, tirando de los los dedos entre sus enormes trenzas.
hierbajos secos, casi sentía que estaba Abuela es así, alegre; por eso me gusta
arrancándole a la tierra un esqueleto besarle su carita de niña cuando volve-
viejo que se resistía a dejarse ir, que mos de trabajar.
jalaba huesos secos que se quebra- A veces casi envidio a Madre y Herma-
ban entre mis manos; luego apilar en na, que no tienen que aguantar las que-
un montón todos esos despojos de la jas y cuidan de los animales. Hermana
vida que un día contuvieron para que es concienzuda: mantiene limpio el ga-
terminen de secarse y podamos cubrir llinero y revisa que no haya ningún agu-
con ellos el campo, y así evitar que la jero; eso sería fatal, las gallinas se mori-
humedad se vaya para que broten rían de inmediato. A veces deja que las
las nuevas plantas. Lo viejo alimenta gallinas coman de sus manos y ríe con
y cuida a lo nuevo, una y otra vez, en ellas cuando cree que nadie la ve; ella es
un ciclo, como una rueda dentada que dulce a su manera pero tiene que ocul-
encaja en los engranes de otra y giran y tarlo. La vida en el campo es dura y no te
giran, en perpetuo movimiento. deja tiempo para ternuras. «Abuelo está
Padre, Hermano y yo aramos la tierra loco», repite Hermano, sabiendo que lo
desnuda. Creo que debe oler a algo, este oí la primera vez, pero no puede aguan-
polvo ocre que se levanta al caminar. tarse las ganas de lanzar aguijonazos. A
Todo tiene un olor, ¿no? Pero soy inca- veces, cuando tengo la guardia baja me
paz de notarlo. «Me incomoda la ropa», pregunto si tendrá razón y Abuelo real-
protesta Hermano, como todos los días. mente está loco. Cuenta unas historias
Hermano siempre se queja de algo, y formidables, pero no importa qué tan
aunque es el mayor de nosotros, no lo fantásticas sean, lo que me preocupa
aparenta. «Cuando quieras te desnudas es que se las cree realmente. Cree a pie
y vienes al campo en pelotas, a ver qué juntillas lo que le cuenta a Hermanita de
te pasa», le contestó Padre muy serio. Yo los animales magníficos, esos que vola-
me aguanto la risa, y cuando no puedo ban por el cielo, con plumas de colores,
más suelto una carcajada. Hermano me o esos otros tan grandes que se les po-
mira y entrecierra los ojos. Quizá piensa día echar una casita encima y llevaban
que me la gané esta vez y que al volver a gente sobre el lomo de un lugar a otro.
casa ya veremos. Los únicos animales que Hermanita co-
Sin embargo tiene razón Hermano, noce, que todos conocemos, son las ga-
esta ropa es tan incómoda para traba- llinas, los cochinos y la vaca. Padre dice
jar… pero no debo ser malagradecido. que no hace falta más. Y sigue labrando,
Madre se pasó horas cosiéndola para labrando sin descanso jalando el arado,
nosotros, apenas viendo la punta bri- dejando caer las semillas de maíz desde
llante de la aguja que entra y sale, en- su mano llena de callos.
tra y sale, una y otra vez atravesando A Hermanita no se le permiten las
la tela iluminada por la luz sorda de la fantasías más que a la hora de acostar-
41
se. Madre la educa en casa, porque es damos espiarla. Por lo general somos
pequeña y débil y salir podría hacerle muy respetuosos de las órdenes que
mucho daño. Me da no sé qué verla nos da Madre, pero a veces no pode-
concentrada, sacando la lengua, leyen- mos aguantar la curiosidad. Un día,
do del libro, peinada de raya en medio. Hermano perforó un agujero en la pa-
«Mucho cuidado con estropearlo», le red del granero. Hay días en que la vaca
repite Madre cada tarde antes de em- se pone enferma. Madre sale enfadada,
pezar. Y es que es el único que tene- la única ocasión en que pierde los es-
mos. Creo que era de Abuela. Con él tribos y se deja ver así. «La vaca no fun-
se aprende de todo, cuándo cultivar el ciona», grita madre cuando entra en la
maíz, cuándo ordeñar, cuál es el modo casa hecha una furia y Hermanita suel-
correcto de vestirse. Lo único que no ta una risa, «no funciona, no funciona»,
enseña el libro es cómo sanar a nuestra empieza a cantar como una tonta. «Cá-
vaca cuando está enferma. llate, no repitas eso», le dice Hermano,
La vaca vive en el granero, protegi- y ella deja de reírse, coge el libro y hace
da. Madre se encarga de ordeñarla y como que lee.
no permite que nadie le ayude. Entra «Abuelo está loco», repite Hermano,
ella, y solo ella, cargando las dos ca- por enésima vez. Estará loco, pienso yo,
charras de leche, y luego se oyen un pero sabe curar a la vaca. Se mete en
pum, la puerta, y trac, la tranca, para el granero, cargando la caja, su caja, y
encerrarse en el granero y que no po- algo hace dentro que la vaca da leche

42
otra vez y muge como siempre. «¿Es que no lo oigo, porque no se ha quitado
un médico, Abuelo?», le pregunto a Pa- el casco antirradiación, pero le da igual.
dre. «Algo así», me responde, y luego Y yo lo ignoro, y sigo atento las pala-
se queda callado y sigue cerrando los bras de Abuelo, contando que nues-
surcos con la azada, enterrando las se- tros ancestros montaban en máquinas
millas de maíz. Aquella vez, Hermano que surcaban el cielo, que la gente se
se ganó una zurra por curioso, pero el comunicaba a larga distancia y que
agujero que hizo ahí se quedó; un día había una especie de magia llamada
no aguanté más la curiosidad y acer- electricidad. Que cuando la gente se
qué un ojo. Vi en la semioscuridad a enfermaba bebía unos polvos especia-
Abuelo, que levantaba una tapa del les y se curaba sin más. Que esta tierra
lomo de la vaca como si fuera una puer- marrón, nuestra tierra, estaba repleta
ta pequeñita; irradiaba una luz verdosa de plantas diversas, no sólo matas de
y él trajinaba dentro de ella haciendo maíz, como ahora. Y que incluso había
ese ruido de clin-clan clin-clan. Al día flores de colores brillantes. Hermanita
siguiente, desayunamos nata untada se ríe y le dice a Abuelo que quiere una,
en pan de maíz. pero ninguno de nosotros sabe muy
Hermano entra en la casa al terminar bien qué son. Sí, pienso, puede que sea
la jornada, y mientras se desata las bo- verdad. Quizá Abuelo está loco, pero
tas, levanta la cara y cuando me mira solo él sabe curar a la vaca. Lo que sea
dice: «el Abuelo está loco». Él sabe bien que esto signifique.

43
CRÓNICAS
ANTROPOLÓGICAS
PRESENTA:
LA CANCIÓN LITERARIA
Una entrevista
por José Luis Vázquez

44
H
ace muchos años, en las entra- aquellos que encajaran en la descrip-
ñas del Distrito Federal, surgió un ción que Rockdrigo dejó plasmada en
colectivo de «poetas y lococho- su manifiesto, aquellos que aún tuvie-
nes» que se denominaban «Rupestres». ran el valor para dar a conocer sus ideas
Ellos, con sus guitarras de palo, voces por verdadero amor al arte; sin tapujos
aguardentosas y versos cargados de ni estereotipos; sin pretensiones ni in-
metáforas, ocuparon un vacío en la tereses difusos. Pero, ¿Dónde buscar a
escena artística de la ciudad al des- estos nuevos rupestres? Por supuesto
enmarañar temas que tanto los forá- en Internet, pues es un semillero de
neos, como la población, vivían en su nuevos artistas que, en cualquier dis-
día a día. La popularidad y aceptación ciplina, buscan compartir todo aquello
de este movimiento fue creciendo de que tienen que decir.
manera exponencial hasta la muerte Mi búsqueda no me llevó muy le-
de Rockdrigo González (considerado el jos. Comencé a leer rumores sobre
profeta del nopal) aquel fatídico dieci- un cantautor poblano llamado Cesar
nueve de septiembre. Grandes compo- Alejandro Olvera, empeñado a conver-
sitores, músicos e intérpretes formaron tir libro en canciones; Alicia en el país
parte de las filas de este colectivo, la de las maravillas, El perfume, Drácula,
mayoría de estos siguen activos en el Aura, incluso Don Quijote de la Mancha
medio artístico. se encuentran reflejadas en el proyec-
Hoy por hoy muchas personas re- to de este cantautor, que tan solo con
cordamos su trayectoria. Por ejemplo su guitarra y su voz busca dar un nue-
aquellos conciertos en el tianguis del vo aire a estos clásicos de la literatura
Chopo apoyados por la escritora Ánge- mundial. Pero… ¿Libros convertidos
les Mastretta y el muralista Arnold Bel- en canciones? Poco a poco profundicé
kin; cabe destacar que gracias a este más en su trabajo y, causándome intri-
movimiento se terminaron de gestar ga, sin dudarlo decidí contactarlo.
nuevos géneros como el Rock urbano Fue sencillo entablar comunicación
y el canto nuevo. Sin embargo, aquí es con este cantautor a través de las redes
donde surge una gran interrogante: ¿El sociales, conversé con él sobre su pro-
movimiento rupestre sigue vigente? Y puesta musical y amablemente aceptó
no, no hablo de aquellos fundadores entrevistarse conmigo. Rápido me diri-
del movimiento que aún trabajan en gí a la central de autobuses para, des-
sus proyectos, más bien hablo sobre pués de desayunar una guajolota y un
las nuevas generaciones. champurrado, tomar el primer autobús
Rockdrigo definía a los rupestres hacia la ciudad de Puebla.
como artistas sencillos y sin ningún Para conocer un más a fondo su tra-
tipo de pretensión. Para él no impor- bajo y hacer ameno el trayecto de dos
taba si sus voces eran dulces o su ima- horas (que por el tráfico se pueden
gen era la ideal, ellos solo necesitaban convertir en tres) entre el Distrito y la
la poca o mucha voz que tuvieran y su ciudad de Puebla, guardé en mi iPod
instrumento para difundir sus ideas. todas las canciones que pude. Hasta
Basándome en esta descripción deci- este momento, este cantautor con diez
dí encontrar a estos nuevos rupestres, años de carrera artística ha grabado
45
cuatro proyectos desde el año 2004,
pero aquel que cautivó mi atención y
me tenía montado en la parte trasera
de un autobús económico es «Canción
Literaria»: un proyecto muy atractivo
que consta de tres volúmenes. Es muy
agradable que, valiéndose de su gui-
tarra, su voz y una mezcla de ritmos
como el blues, trova, rock y folk trans-
mite de una manera diferente todas las
ideas y emociones de cada uno de los
libros que las canciones representan.
Temas como Alicia y el sombrerero, El
principito y la flor, Aura y Desdémona,
por citar algunos, dibujan claramen-
te la idea principal que sus autores
pretendían transmitir de una manera
fresca y única, incitando a la lectura de
estos clásicos.
Una vez que el autobús arribó a la
CAPU mi primer pensamiento sobre
esta parada en mi búsqueda de los nue-
vos rupestres fue: ¿Sería acaso Cesar
uno de ellos? Así que, sin vacilar, compré
dos cajas de camotes surtidos y caminé
al primer sitio de taxis que encontré.
Llegar al lugar de la cita fue relativa-
mente sencillo, solo con dar la direc-
ción al primer taxista que encontré fue
suficiente para dar con aquella cafete-
ría del centro de la ciudad de Puebla,
rodeado por exquisitas Iglesias decora-
das con colores brillantes, una alame-
da llena de gente que probablemente
paseaba en plan de turista, o se dirigía
a su trabajo habitual.
Cesar me esperaba en una de las
mesas de la cafetería, me acerqué a sa-
ludar y disculparme por el retraso que
traía a cuestas, el no hizo mención al
respecto y me invitó a sentarme. Pasa-
ron algunos minutos de charla amena,
cuando le comenté sobre mis intencio-
nes al entrevistarme con él, saqué del
46
bolsillo de mi chaqueta una grabadora —¿En qué te inspiras al componer
de mano, encendí un cigarrillo y co- una canción?
mencé con la entrevista: —He tratado de que no todas mis can-
—Cuéntame, Cesar, ¿Cómo y cuándo ciones sean de amor; ya sabes, ese rollo
comenzaste a componer? de «le compongo a todas mis novias», si
—¿Cómo? Pues como Dios, la es- hace uno esto ya valió. En mis primeras
cuela y la calle, me daban a entender. canciones le compuse a la sociedad con
¿Cuándo? En la prepa, mi abuelo me Ave rapaz, a la misma canción con To-
visitaba y tocaba música clásica en mi rrente y mi primera canción literaria con
casa, mis vecinos universitarios toca- El tentador tentado, las últimas mencio-
ban rock, Rockdrigo nadas ganadoras de
principalmente con Mi canción favorita es la concursos, primero y
la de el asalariado que le haya arañado al pú- tercer lugar, y esas no
y algo de Haragán hablan de amor. Pero
con aquella de se le blico en una noche. Es her- es imposible no can-
hizo fácil; Chava Flo- moso saber que anda uno tar de amor, el punto
res y otras rolas que
iba aprendiendo de
solitario pero que somos es—¿Qué cómo abordarlo.
te llevó de-
amigos, Silvio se me hartos los solitarios y nos sarrollar Canción
metió también, yo vamos en bola cantando Literaria?
diría que demasiado. —Papini fue el cul-
—¿Cuál es tu motivación para hacerlo? pable con su libro el Diablo. Como todos
—Comencé a tocar en los bares o pe- los que conocen el trabajo de Papini,
ñas a mis dieciocho, creo que fue antes sentí la necesidad de hacer algo con su
pero diremos que a los dieciocho, y trabajo, así nació El tentador tentado,
tocaba en el Realengo, atrasito de los que incluyo ahora en el volumen tres
sapos donde se presentaba Carlos Are- de Canción Literaria. Imagina un Diablo
llano —comentó haciendo una pausa que tiene la oportunidad de regresar al
para tomar de su café—, pero recuerdo cielo por sentirse tentado debido a su
que lo conocí antes a él. Yo trabajaba tristeza, escuchando a los ángeles cantar
de «guardarropa mesero» en un bare- como él lo ha hecho antes… Su historia
cito con mi hermano y el gerente me me atrapó y llevarla a la gente de Puebla
escuchó tocar la guitarra, me dijo «va- donde hay más iglesias que bibliote-
mos a traer a Carlos Arellano y tú vas cas y librerías juntas… uff, en qué tema
a abrir». Mis motivos para componer me metí… —exclamó con un ligero aire
fueron en muy buena influencia por el de ironía. Un pueblo culto es un peligro
shaman o gurú espiritual Carlitos. Des- para el gobierno de cualquier tipo y lle-
de que lo conocí nos hicimos amigos y var canciones inspiradas en libros a mi
hasta la fecha, apenas me invitó a ha- gente, es darles armas para que no nos
cer pan a su casa, dice que es una labor sigan, como dice Octavio Paz, chingando
de andar rescatando a los cantautores en éste laberinto…
para que vean que la vida está cabrona Cesar detuvo un momento la charla,
—dijo soltando una ligera carcajada—, y cantando un fragmento de su canción,
eso está muy chido. Comala:
47
—El párroco habla y la cruz descon- Es hermoso saber que anda uno soli-
cierta… aquí en Comala la gente está tario pero que somos hartos los solita-
muerta… Caciques expropian a diestra rios y nos vamos en bola cantando.
y siniestra… aquí en Comala la gente —Ahora que hay cantautores que se
está muerta… hacen llamar rupestres y dicen que
—¿Cuál crees que sea el libro más sig- forman parte de un nuevo movimiento,
nificativo para ti? ¿te considerarías parte del mismo?
—El que voy leyendo… pero me —El movimiento rupestre siempre
han marcado Los cuatro acuerdos de existió con auge con los gurús que lo
Miguel Ruíz, y El laberinto de la sole- conforman, siempre anduve atrapa-
dad de Octavio Paz; todos los de Juan do con las rolas del Rosas, Arellano,
Rulfo y prácticamente los que me in- el Meza, el Catana, Nina, el Nono, el
flaman el pecho son los que tienen mastuerzo y tantos otros grandes. Lo
que ver con México. Tengo una cosa que si veo es que el jalón que se le está
pendiente con un disco dedicado a haciendo está de poca, las nuevas ge-
autores mexicanos. Por lo mientras ya neraciones se van atrapando. ¿Qué si
hay canción de Carlos Fuentes, Aura; me considero parte? Soy aprendiz de
Juan Rulfo, Comala; Víctor Arellano aquellos callejeros, siempre jalé más
Al demonio con la canción amor en para éste lado de la rola y aunque hago
las rocas; y un compadrito coetáneo ritmos más diversos; me considero par-
de Guadalajara, Jorge Álvarez Lozano te por el simple hecho de que ellos me
con la canción Loreta del libro El ma- dieron huequito en sus canciones al yo
ravilloso y fantástico cirque du grotes- incluir en el repertorio de batalla, sus
que de la señorita Loreta. rolas y por supuesto la amistad que
—De todas las canciones que conforman llevo con algunos como el Nono, Car-
Canción Literaria, ¿cuál es tu favorita? los, Carcará, Iván García, César Mun-
—Mi canción favorita es la que le guía, José Luis Galindo, y otros tantos
haya arañado al público en una noche. que pueda olvidar pero que son bien
48
importantes. Pero la verdadera genera- blemente, el atardecer sucumbía a la
ción rupestre son esos grandes que to- noche mientras los últimos rayos del
dos conocemos, los demás vamos na- sol iluminaban el campanario de la ca-
ciendo con su influencia proponiendo tedral de Puebla.
otros rollos, pero que a fin de cuentas La noche había caído ya mientras,
es el mismo porque compartimos esce- después de comprar mi boleto de re-
nario, amigos y hasta el pan y el vino. greso, esperaba el autobús en la termi-
—¿Y qué opinas de todo el trabajo que nal comiéndome uno de los camotes
han hecho y del movimiento original? que había comprado. Esta entrevista
—Me voy haciendo cuate de cada uno con Cesar había sido enriquecedora,
que conozco y eso es fabuloso, el movi- no cabe duda que su ideología y sus
miento se hace cuando se compromete canciones retoman aquellos viejos
la persona, se involucra con el otro y ideales que el Profeta del Nopal y los
nos tuteamos y conocemos si sale el sol demás rupestres iniciaron; también
en su casa o arden las cortinas. El mo- hay que destacar su gran compromiso
vimiento, lo reitero, de los rupestres en con la literatura al invitar, a través de
Puebla, lo vivo con Arellano y el Nono, sus canciones, a que las personas de-
con Iván, Carcará, Munguía y otros tan- sarrollen ese pensamiento crítico y li-
tos. Lo que me late es que no está esta- bre, y a darse cuenta que los libros son
blecido a ciencia cierta, aunque hay un una interminable fuente de inspiración
manifiesto rupestre pero, a lo que me para aquellos que deciden sumergirse
refiero es que nos vamos adueñando en ellos.
de lo rupestre al oír y vivir los concier- Minutos antes de subir al autobús
tos y hacer canciones que tengan que escuché dentro de una pequeña cafe-
ver con los de la generación original. tería de la terminal una canción que
Ando elaborando una canción en ho- llamó mi atención; la guitarra armo-
menaje al respecto y la he de corregir, nizaba con gran perfección la melodía
adivinen con quién —dijo con una son- que aquella juvenil voz expresaba. Me
risa de complicidad en su rostro. levanté de mi asiento y me dirigí a la
La charla prosiguió por varios minu- cafetería, debía averiguar de quién era
tos más. Había terminado mi café a la la canción que escuchaba. Mi viaje ape-
par que exhalaba la última bocanada nas comenzaba y al parecer todavía no
de mi cigarrillo. Cesar se despidió ama- podría regresar al Distrito.

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Olvera
49
EXTRAÑAS
CRIATURAS
Por Circe

50
S
us días en la superficie estaban y temblar cuando, de aquellas manos
contados. Nunca creyó en esas his- que la acariciaban, brotaba una sonora
torias fantásticas de seres como electricidad, como risas de ángeles del
ella que nunca regresaron al mundo país de Liliput.
abisal porque encontraron el amor en la Ahora se preguntaba ¿qué había
tierra y eso les redimía de su compromi- cambiado entre ellos? ¿Cuándo? ¿Por
so de regresar, pero cuando Noel la en- qué? Sentada sola en la oscuridad de
contró aquella noche durmiendo en el un cuarto, mientras esperaba oírlo en-
acantilado y la invitó a ir con él, lo creyó trar por la puerta, una fuerza interior
posible. Ella lo siguió dejándose llevar descomponía los colores, dentro y fue-
por sus ojos tiernos y nobles, le dejó ra de ella, y la devolvía a su verdadera
creer que lo necesitaba, le permitió cui- identidad, la de un ser sombrío y tene-
dar de ella como si él fuera lo único que broso, a quien la luz del sol y el amor
tenía en el mundo, y así fue en realidad. de un humano habían dotado de una
La generosidad de aquel muchacho la belleza desconocida que ahora se des-
enterneció hasta la locura. vanecía segundo a segundo. La certeza
Noel vivía en una casa de pescadores de su inevitable destino le provocaba
en una playa cercana a los acantilados angustia y miedo, soledad, dolor, por-
que fueron su refugio durante un tiem- que, de alguna manera manera, des-
po. Antes de decidirse a acercarse a ella, pués de ese tiempo juntos, se sentía
llevaba tiempo observándola, viéndola ya parte del aquel mundo de luz y color.
cobijarse entre los recodos de las rocas Ella pertenecía a un estirpe de hem-
para pasar las noches, al igual que ella, bras que necesitaban de los hombres
escondida, lo había visto pasear por para perpetuarse como especie, ese
aquel paraje abrupto y solitario. era, exclusivamente, su cometido en
Al principio, fueron meros seres pu- tierra firme y una obligación que de-
lulando el uno en torno al otro, dos se- bían cumplir, como hicieron todas las
res que se observan, que se acercan, se demás antes de ella, al menos, una
alejan, tímidos, inseguros, expectantes, vez en la vida, no debía olvidarlo. Para
pero conforme los días transcurrían, la acometer tal función, la naturaleza las
atracción se intensificaba, como la de había dotado de esa cualidad mutante
dos astros que confluyen en la misma y de ciertos dones para atraer a su re-
órbita momentos antes de colisionar. gazo a un ser humano que tuviera la
Cuando el contacto del uno con el otro capacidad de satisfacerlas. Había sido
fue inevitable y se dejaron arrastrar por así desde los tiempos más remotos,
la intensa corriente de sus pasiones, por tal como relataban las leyendas que
fuerzas desconocidas hasta ahora sin pa- se transmitían de generación a gene-
rarse a pensar hasta dónde les llevaría. ración, como aquella de Ulises al que,
Noel manifestaba su adoración por sus marinos, ataron al mástil del barco
ella, un fervor que crecía y crecía lle- para así evitar sucumbir a los hechizan-
nándola de felicidad, y no podía evitar tes cantos de Parténope.
estremecerse ante aquellos ojos que Tal vez Noel, al igual que los peces
la miraban llenos de diminutos áto- de aquel acuario que visitaron juntos,
mos dorados, brillantes, chispeantes, que giraban enloquecidos como si un
51
pez grande, con la boca abierta, los de las criaturas marinas que habían
persiguiera, sintió el peligro, intuyó al venido a recibirla y que la acompaña-
monstruo que dormía a su lado, las rían de vuelta. A la mañana siguiente
frías escamas que palpitaban bajo su los habitantes de las casas cercanas
piel rosada, cálida y delicada; comen- hablarían de los sonidos extraños que
zó a resistirse al indomable mundo sal- provenían del mar. Pero antes de de-
vaje de los sentidos al que había sido cidirse a saltar, dio un paso atrás, se
arrastrado y del que ella misma había había contaminado de algunas emo-
intentado huir pero al que su naturale- ciones humanas como el miedo, el ins-
za la condenaba sin remedio. tinto de huida ante una posible muerte,
Era una noche oscura, sin luna, na- y el vértigo cosquilleó en sus entrañas.
die la vería partir. El acantilado en el Su pie derecho sobresalió hacia el abis-
que Noel la encontró era un lugar sufi- mo, nada lo sostenía, el corazón palpi-
cientemente apartado y solitario. Hu- taba con fuerza y los ojos se llenaron de
biera sido más fácil y sosegado la playa, lágrimas ¿lágrimas? Eran saladas como
entrar caminando en el agua y después el agua del mar, se extrañó. Pronunció
sumergirse, pero siempre había alber- su nombre «Noel» y sonó dulce.
gado la fantasía de dar el salto, pene- Entre sus dedos surgieron delicadas
trar de golpe en las aguas y no tener membranas que acarició recordando
tiempo de mirar atrás. Se desnudó, do- su tacto suave. La metamorfosis había
blo su ropa, no la necesitaría allí a don- comenzado. Su fina y rosada piel co-
de iba y la dejó entre las rocas, aquel menzó a llenarse de escamas azuladas
sería el primer lugar en el que Noel la que la traspasaban con dolor, en sus
buscaría cuando le extrañara su ausen- ojos crecía una amarillenta membrana
cia, allí la encontraría y comprendería impermeable que le permitiría mante-
que se había marchado para siempre. ner los ojos abiertos dentro del agua y
Sería su carta de despedida. ver en la oscuridad, su cabello suave y
Se acercó hasta al mismo borde del largo, en unos segundos, no sería más
precipicio, y aunque el viento húmedo que una aleta espinosa. Contuvo la
y salado la empujaba tierra a dentro, respiración casi hasta desfallecer para
dio los primeros pasos hacia delante. que las branquias ocultas detrás de sus
Se paró unos segundos, volvió la ca- orejas se abrieran como abanicos para
beza para ver por última vez el mundo proporcionarle el oxígeno tan ansiado.
que dejaba detrás. Las luces de una La separación de sus piernas comenzó
ciudad pululaban en la oscuridad. Miró a difuminarse.
el cielo lleno de estrellas y admiró, una Tocó su vientre, allí guardaba el teso-
vez más, su belleza. El ruido de las olas ro que había venido a buscar, allí aden-
abajo, chocando con las rocas, la lla- tro, dormidos, palpitaban los óvulos
maba y sus ojos, que comenzaban a fecundados que desovaría en algún rin-
adaptarse a la oscuridad, podían dis- cón oscuro del fondo del mar. Oyó voces
tinguir los saltos y escuchar las voces a lo lejos. Tenía que darse prisa. Saltó.

52
53
TIEMPO
MUERTO
Por Hugo Casarrubias

54
E
l frio del muelle ya comenzaba a a sueldo que trabajan para ellos. Por
golpear mi cuerpo a pesar de la ga- un momento me dio asco este pensa-
bardina que portaba. Hace un par miento. No era un asesino y mucho me-
de minutos me había fumado mi último nos deseaba serlo, solo soy un detecti-
cigarrillo y en estos momentos de ansie- ve que traicionó a los suyos a cambio
dad deseaba otro. A mi hija le molesta- de protección y bienestar. Lo sé, una
ba que fumara tanto pero los casos que persona como yo no merece la cárcel,
me reportaban en mi oficina me estre- los cobardes no se hunden bajo cuatro
saban de sobremanera; inhalar el humo muros de concreto sino en las lenguas
del tabaco me relajaba en mis tareas llameantes del infierno.
diarias. No obstante mi nivel de estrés Revisé mi reloj. Las 11:45 y ni una
en esos momentos se elevó considera- señal de presencia humana. Paradó-
blemente, sentía mi cerebro como un jicamente me sentía ansioso por la
elevador poseído por los demonios del impuntualidad de «Los herreros». Di
remordimiento. Todo esto había sido media vuelta y me encontré con las
mi culpa, lo reconozco pues las relacio- tranquilas aguas del muelle. La luz de
nes que establecía con «Los herreros» la ciudad resplandecía en su negrura
habían sido con el fin de protegerme a y parecía tener vida ante las pequeñas
mí y a mi familia. Algo había salido mal, olas del mar. De pronto apareció una
un malentendido que no se pudo acla- garza y se postró sobre uno de los pos-
rar en su momento. Me he convertido tes, miró hacia el agua y parecía cazar
en el verdugo de mi familia, de mi hija, algo. Había visto su cena nadar en el
a quien adoro con toda mi alma, ahora mar negro. Saltó mi corazón y pensé en
tendré que verla en el exilio. aquella idea de muerte, sentirte frágil e
Tenía una fama inequívoca en la co- indefenso ante la caza de alguien más
misaría. El tiempo avanzaba rápida- poderoso. Yo era ese pez que disfruta-
mente y los eventos especiales de mi ba del agua nocturna, seguro de mis
hija me los perdía por impuntualidad… nados en el mar. Hasta que llega una
o simplemente por darle prioridad a garza hambrienta que busca sacar de
mí trabajo. Todos sabían que mi falta su paz, de su seguridad, al que nada
de tiempo era producto de apuestas y con tranquilidad.
burlas pero no me importaba. Mi traba- Un destello bastante luminoso me
jo era serio y mi hija comprendía estas distrajo. Venia de la entrada del mue-
faltas en su vida. Nunca creía que esta lle. Di media vuelta y apreté con fuerza
irresponsabilidad me llevaría a catas- las cintas de la mochila. No me había
tróficas consecuencias. percatado del peso de esta pues mi
Tenía que quedarme muy quieto en brazo ya comenzaba menguar. Se tra-
este paisaje de contenedores de metal. taba de una camioneta, una Ford Panel,
Desolado como mi espíritu y distópico probablemente del año 54 por la forma
como mi difuso futuro. A luz de la luna, alargada de la trompa. Su color negro
la mochila repleta de armas parecía reflejaba como espejo el cielo estrella-
que guardaba la cabeza de alguien que do. Los faros me deslumbraron y la ca-
le había jugado sucio a «Los herreros». mioneta se detuvo a un par de metros
Yo me sentía uno de los tantos asesinos de mi posición. El motor no se detuvo
55
pero escuché cuando la puerta se abrió. —¡¿Cuál antídoto?! ¡¿De qué ha-
Unas botas pesadas se dejaron escu- blas?! —grité y el graznido de la garza
char sobre el pavimento. me hizo voltear hacia ella. Al regresar
—¡Morales! —gritó y de inmediato reco- la mirada me encontré con el cañón
nocí aquella voz, se trataba Hernán Mire- de la Magnum apuntándome directo
les, conocido entre las mafias y el centro entre los ojos.
de inteligencia como «el fideo». Un hom- —Tienes poco tiempo, Morales. El
bre astuto y mortífero con su Magnum 44. reloj avanza. Ya solo te quedan nueve
Delgado, pálido y repleto de cicatrices en minutos.
el rostro este hombre era el que recluta- —¿De qué hablas? ¿Qué le hicieron a
ba a los que hacían el trabajo sucio para mi hija? —pregunté con cierta rabia. El
José Montoya, «el herrero». hombre jaló el martillo del arma con
—¡Si aquí estoy! ¡Donde está mi hija! una habilidad sobrenatural. Era un
—grité y una gota de sudor frío recorrió maestro en su clase.
mi espalda. —Dame las armas o te encontraras
—¡¿Dónde están las armas?! con tu hija en el más allá.
—¡Aquí, pero primero quiero ver a mi —Malditos sean. ¡Malditas ratas de al-
hija! cantarilla! ¡Púdranse! —grité; me salió
Por unos eternos segundos no hubo desde lo más profundo de mi ser.
respuesta más que el monótono ruido —Vaya que lo tenías reservado —hizo
del motor andando. Repentinamente una pausa y sonrió maliciosamente—.
vi como algo atravesaba las luces de los Eres un buen hombre, Morales, pero no
faros y caía deslizándose hasta mis pies. muy inteligente. Sobre todo en cuestio-
Me incliné y me encontré con una foto- nes de tiempo.
grafía instantánea en blanco y negro: era —¿Dónde está mi hija?
Elizabeth, amordazada y amarrada a un —Dame las armas o tu hija morirá.
árbol en medio de lo que parecía un bos- No tuve elección. El hombre delga-
que o algún parque. Miré al reverso de la do tenía toda la ventaja sobre mí. Le
imagen y me encontré con un pequeño di las armas y la maldita garza volvió
croquis acompañado de unos dígitos. Es- a graznar. «El fideo» tomó las armas y
tos marcaban 10:15. Mire de nueva cuen- con la mano que apretaba la Magnum
ta mi reloj y vi que ya eran las 11:58. dejo caer una jeringa. Alzó la mochila y
—¡Dame las armas y te daré el antí- corrió hacia la camioneta. Esta se alejó
doto! —gritó «el fideo». rápidamente levantando humo sobre

56
el muelle mientras la luz de la luna la no me esperaba. En el tronco del árbol
escoltaba a la salida. había un esqueleto amarrado. La carne
Levanté la jeringa y mire de nueva putrefacta aún estaba adherida a los
cuenta la fotografía. Ver a mi prince- huesos. Un trueno cayó y aluzó los ji-
sa atada a ese árbol me provocó una rones de ropa que portaba en vida. Vi
enorme tristeza que se convertía en algo conocido, un trozo de tela de un
rabia. De pronto unos truenos amena- vestido floreado que mi hija se ponía
zantes aparecieron en el cielo raso y con frecuencia, el trozo se encontraba
me di cuenta de lo mucho que estaba adherido al fémur del esqueleto. Me
perdiendo el tiempo. Miré el croquis y hinqué y lancé un grito al cielo lluvio-
me percaté de que se trataba del par- so. Mi cobardía y mi impuntualidad al
que que se encontraba cerca de la sali- fin habían creado estragos mortales.
da hacia el muelle. Vi los dígitos y miré Jamás creí que mi egoísmo me lleva-
mi reloj. Mi mente no lo había visto, ría a esto. Fui devorado como la garza
no lo había asimilado en el momen- al pez. En un acto de rabia hice añicos
to. Mi hija había sido envenenada y la fotografía y me pique con la jeringa.
tenía el antídoto. Corrí hacia la salida En mis brazos y en mi cuerpo. Deseaba
del muelle y la garza volvió a graznar, morir. Ya no quería vivir. La razón de
pero esta vez levantó el vuelo y tomó mi existencia había desaparecido y mi
a su presa con una astucia admirable. paso por la tierra había llegado a su fin.
—Yo no seré ese pez —me dije mien- Y así fue.
tras corría y la lluvia golpeaba mi cara. Mi vista comenzó a nublarse. Mis
Llegué al parque en seis minutos. Ya huesos comenzaron a dolerme. Mi piel
solo me quedaban dos para suminis- empezó a arder. Mi cabeza ejercía una
trarle el antídoto a mi princesa. Entre presión sobrenatural. Mi nariz comen-
al parque y comencé a buscar el árbol zó a sangrar junto con mis oídos… Y en
de la imagen. Un trueno cayó cerca de medio de aquellos árboles, frente al
un claro y por unos segundos iluminó esqueleto de mi hija, me tiré a la hier-
la copa de un imponente árbol a la ba crecida y la lluvia aliviaba mi dolor
distancia. Algo me decía que esa era emocional. Una sombra se presentó en
ahí. Corrí con toda mi energía hacia mi visión y por la forma de su cabeza
ese lugar. Esperaba abrazara mi hija y enseguida determiné su paradero. Era
suministrarle el antídoto lo más rápi- José Montoya «El herrero» quien reía
do posible pero… había algo ahí que entre dientes mientras me veía morir.

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NOCHE DE
BRUJAS
Por Manuel Rodriguez

58
L
legaron a la presa «El Carrizo» con- tanto unas a otras se acicalaban el plu-
vertidas en grandes aves noctur- maje para volver a emprender su vue-
nas… sus siluetas dibujadas bajo lo nocturno luego del breve descanso,
las sombras de los carrizos y refleja- desapareciendo en la distancia en la
das en el agua por efecto de los rayos tranquilidad de la noche entre luciér-
de la luna me inspiraban a las hadas nagas que prendían de tanto en tanto
preferidas en los cuentos de niños; las sus luces por entre bichos nocturnos
primeras en llegar eran completamen- que cantaban en las ciénegas cerca al
te blancas como garzas gigantes, en camino. Bajé del árbol haciendo uso
tanto las rezagadas en el vuelo tenían del tino juvenil, desafiando a los mis-
las alas bordeadas de negro diferen- terios de la noche, y tomé el camino
ciándose en el tono que iba del claro cuesta arriba siguiendo mi destino con
al oscuro profundo. Una a una se fue- dirección al pueblo de mis amores ju-
ron posando en el borde de la presa de veniles. En el camino avanzaba recor-
agua tranquila, serena y transparente, dando mis clases de mitología y cuen-
en tanto sus alas iban desapareciendo tos griegos explicados con dedicación
en su cuerpo mismo transformándose por el director del colegio en el que
en voluptuosas ninfas celestiales como estudiaba, hablándonos de Demóste-
damas de la fresca noche, lanzándose nes en la Grecia antigua explicando del
una a una en las aguas quietas de la equilibrio perfecto y la desnudez feme-
presa acuífera haciendo olas concéntri- nina, resumiéndolo en una frase que ha
cas transformando su figura reflejada. trascendido los siglos: «Nosotros tene-
La noche serena y tranquila de pleni- mos compañeras (hetairas) para la vo-
lunio me permitía atisbar desde entre el luptuosidad del alma y prostitutas para
follaje de las plantas de viravira a donde la satisfacción de los sentidos; mujeres
me había trepado escondido y asustado legítimas para darnos hijos de nuestra
por la sorpresa que representaban en sangre y llenar nuestras casas…» En
mi camino al pueblo de la colina. En el tanto Ateneo, el famoso gramático grie-
agua de la presa empezaron a cogerse go escribía en su momento sobre Friné:
por las manos, recostando sus cuerpos, «Era bella todo en aquello que no se ve»,
haciendo olas con ellos, empezando y lo era tanto que inspiró a Apeles para
una danza sin fin, jugando a la ronda su Afrodita Anadiomena, es decir; Afro-
alegremente como cisnes en un ballet dita saliendo de las aguas.
entre luces naturales; jugaban dando Nuestro profesor resumía a Friné,
pequeños saltos de alegría en tanto con como una de «las señoritas de moral
las manos sacaban el agua que se trans- elástica dedicadas al rubro artístico y a
formaba en pequeñas gotas cristalinas la prostitución», difícilmente podía vér-
resbalando por sus cuerpos desnudos. sele en los baños públicos de la época
Era medianoche y la luna llena bri- y solamente una vez, en la fiesta de los
llaba intensa en un cielo sin nubes misterios de Eleusis, se bañó desnuda
empezando a descender desde el cé- en el mar saliendo de entre las aguas a
nit, cuando decidieron abandonar su la vista de todos los asistentes que se su-
reunión y salir al borde de la presa em- pone inspiró al pintor que se encontraba
pezando otra vez a crecerle las alas; en por ahí de pura casualidad. La misma
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Friné sirvió de modelo al escultor Pra- defender a Friné ante los jueces sin con-
xíteles, el más famoso y cotizado de la seguir convencerles. Siendo un buen
Grecia clásica quien la hizo su amante observador notó que los jueces pedían
pensando que con eso se ahorraba los la cabeza de Friné, pero también an-
honorarios de la modelo; cuentan tam- siaban con lascivia su cuerpo desnudo,
bién que el escultor quiso retribuir sus de ser posible viva; en consecuencia el
«servicios» ofreciéndole como regalo hábil abogado argumentó que sería un
una de sus estatuas a libre elección. Fri- crimen privar al mundo de una belleza
né no sabía nada de esculturas, sin em- incomparable como la de su defendida
bargo ideó una trama sobornando a un y ahí mismo le sacó la túnica de un tirón
esclavo para que ingresara al taller gri- entre gritos y aplausos de las tribunas
tando: ¡Se incendia el taller! Praxíteles con miradas nostálgicas y soñadoras de
exclamó: ¡Salven al Eros! Y así fue que los ancianos jueces.
Friné se enteró cuál era la estatua más Era allá por los 300 A.C. y reafirma la
valiosa, eligiendo a Eros. idea de que para una mujer muchas ve-
Friné fue influenciada tanto que quiso ces basta con desnudarse para hacerse
comparar su belleza a la de Afrodita, lo famosa. Pensaba que Friné sin duda
que dio motivo a las autoridades grie- hizo escuela de desnudez por muchos
gas que, al llegar a enterarse, la acusa- siglos después… justamente la des-
ron de impiedad; en esos tiempos era nudez que acaba de ver en la represa
cosa seria y le podía costar una condena al pie de la montaña, aquella noche de
a muerte. Praxíteles contrató a Hespé- luna llena en tanto por casualidad pa-
rides, famoso abogado y orador, para saba con destino al pueblo de la colina.

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EL SÍNDROME
DE LA PÁGINA
EN BLANCO
Por Diana Ruiz

Y
de nuevo me encontraba frente a amando mi soledad y los estados de
aquella maldita página en blanco única presencia en mi despacho, en el
que tantos quebraderos de cabe- salón, en la cocina... en cualquier par-
za me había estado dando desde hacía te de la casa con tal de poder escribir.
demasiado tiempo, ni podría precisar Todo me era imposible. Probé a me-
cuánto. Maldita sea. La escritura ha terme en la bañera, en seco, ya sabe,
hecho mella en mi ánimo haciéndome por eso de que el papel y el agua son
arisco con la sociedad, dando priori- malos compañeros. Intenté mil y una,
dad a un folio y un bolígrafo rebosan- y no de noches precisamente, sino de
te de tinta más que virgen antes que a posturas no fuera a ser que con una
un plato de un buen puchero caliente, determinada posición me viniera la
62
inspiración, recé a la diosa fortuna por firmé perdidos. Esa tortura deformó mi
aquello de: por arte de birli y birloque, personalidad y llegó incluso a dibujar
lo consiguió. Pues ni por esas. Nada. Y trazas de irremediable locura, quizás
si vivía porque así debía cumplir con mi transitoria, hacia todo lo que intenta-
destino, no por ello le voy a ocultar que ba hacer. Miraba la página con temor y
esa situación, enfermedad camuflada ella me observaba desafiante, con una
en metáforas, semánticas y gramáticas prepotencia que acosaba a mi pecho
no me dejaba vivir. Cada día, cada mi- haciéndolo incrementar su ritmo res-
nuto de mi insulsa vida, se apoderaba piratorio y cardíaco. En momentos, hi-
de mi debilidad vaciándome de unos perventilaba y la ansiedad se inyectaba
sentimientos que, más de una vez, con- por mis venas como si de un opiáceo
63
se tratará, confundiendo mi realidad ajuste» grisácea e insonora que adorme-
y transportándome a un oscuro labe- cía mis neuronas sin necesidad de tan-
rinto sin su única salida. Estaba ence- ques criogénicos. Si yo sentía algo era
rrado en vida con una regia coraza que frialdad mientras que una escrupulosa
impedía la inoculación de la más míni- necesidad afloraba de mi ser para lle-
ma sensación. En mí ya no se hallaba narla hasta los más recónditos huecos
ni una huella, ni una reminiscencia de de su leve blancura de ríos de tinta na-
una bella emoción que pudiera llegar a cidos de mi madre literata. Eso era total-
plasmar en una página vacía. Y ahí me mente contradictorio pues mi cerebro
encontraba yo. La página y yo. Esperan- no funcionaba, no me daba la respuesta
do su vestuario de letras que formaban ni la palabra adecuada para comenzar
palabras y estas, a su vez, frases. Mis la- un mísero microrrelato. ¡Qué menos
bios, aun con disimulados movimientos que un microrrelato!. ¡Y qué más!. Un
por aquello de obligarte a responder al sufrimiento, una desesperada angustia
prójimo por educación, estaban cosidos por no ser capaz de ser visitado por esa
con hilo cardado en el más profundo musa imaginaria, esa pócima de creati-
infierno, en cuyas calderas lo tiñeron vidad. Si me quedaba algo de cordura,
de ineptitud e ignorancia para mi pesar que, a estas alturas del partido, lo du-
y dolor. Y mi cerebro, calló. Enmudeció daba, me estaba abandonando, envol-
sin previo aviso y de un día para otro. viéndome en una infinita soledad que,
Se apagó para dar paso a una «carta de con maldad, ahogaba el oxígeno de mis

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pulmones. De pronto, y muy sutilmente, ta ahora mismo a tu bolígrafo y ponte
comenzaron a formarse unos minúscu- a trabajar, pedazo de…!» Pero ¿qué y
los trazos grises en el ángulo superior iz- quién se habría creído aquella palabre-
quierdo de la reluciente página y sin que ría para hablarme en dichos términos?
yo hiciera el más mínimo movimiento No podía permitir que nada y nadie
con mi bolígrafo, el cual, reposaba su rasgara aún más, si cabe, mi ánimo, mi
eterna siesta sobre mi mano. «¿Es que autoestima, mi persona. Y sin regalarle
no vas a empezar nunca? Vamos, decí- ni un ápice más de mi tiempo, y viendo
dete. No tenemos todo el día», mostró la cómo la página se llenaba de descalifi-
página. Mi palidez, estoy seguro, se tuvo caciones, insultos, groserías y similares,
que tornar en un marmóreo cadavéri- con un suave movimiento de mi mano,
co al ver aquello. Y las palabras, como temerosa de enfrentarse a un destino
dardos hacia mi estupefacta mirada no escrito, hice que mi bolígrafo desper-
sin parpadeo, prosiguieron su inquina: tara de su letargo, la tinta subía y bajaba
«¡Que empieces de una vez! ¡Vamos! ¿No por el conducto del artefacto y, acercán-
crees que llevas demasiado tiempo sin dole hacia el punto final de aquella ma-
dar ni golpe? ¡Eres un zoquete! ¡Un ler- rabunta de improperios, escribí: «FIN».
da, un cernícalo, obtuso perdido! ¿Qué El microrrelato había terminado. Y con
pretendes? ¿Quedarte ahí sentado toda ello la charlatanería, el shock psicológi-
tu vida esperando que te lo den todo he- co para un despertar de un síndrome de
cho y tú no muevas un dedo? ¡Despier- página en blanco.

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EL ÚNICO
TESTIGO
Por Esteban R. Jiménez Bedoya

66
C
uando subí en el paradero de la das de sorpresa y burla de los ocupan-
esquina Molino, a eso de las ocho tes del ómnibus, excepto la de Susana,
menos diez, la encontré en el óm- que parecía en un mundo distinto al
nibus. Tenía el cabello negro y largo del resto de pasajeros. Desesperado in-
en una trenza que caía por su hombro tenté encontrarla, descubrir una nueva
derecho hasta casi tocar la revista que arremetida para ponerme a salvo. Tar-
leía. Apenas si me dio una ojeada cuan- dé un poco hasta verla en el botón rojo
do subí para luego hundirse de nuevo del timbre, divertida, creo, de haberme
en su lectura. Llevaba un vestido azul hecho saltar como una liebre asustada.
cielo y un bolso blanco y grande. Podía Me incorporé y al volver la vista no
haber sido una Ruth, Ana o Sofía, pero la encontré más en la salida o en los
por una razón que ignoro, me pareció vidrios del final del pasillo. Recordé a
que debía de llamarse Susana. Susana y giré de inmediato. Allí estaba,
Si una calamidad doméstica hubiera serena, azul, concentrada.
tenido lugar en su mañana, como que Debí hacer algo, enroscar el periódi-
el despertador se rebelara con algu- co y atacarla con él, seguirla furibundo
na mala función o que se tardaran en por todo el pasillo hasta darle muer-
atenderla mientras compraba su jugo te, hasta salvar a la pobre e indefensa
favorito en la tienda de la esquina, y Susana. Me quedé inmóvil, perdido en
hubiese perdido la ruta F-35 a Rodas, sus óselos, a veces verdosos, a veces
Los Puentes, San Tiburcio y Dolores, de un azul sucio. Casi podía ver la di-
nada malo habría pasado. minuta sonrisa que se le dibujaba en su
El viaje iba sin mayores sobresaltos. traquea alargada en forma de trompa.
A tiempo. En alguna parada de la aveni- Entonces lo supe, se había cansado de
da Domingo, la pasajera malvada debió jugar, iba a hacerlo frente a mis ojos.
subir al ómnibus. Creo que fue en la ca- Se acomodó en dirección a Susana. A
lle de los bares, la Ramón, o quizá en la pasos lentos recorrió el borde rojo del
maloliente esquina de Andes. La vi re- asiento casi tocando su trenza. Me
correr el bus pasando revista, seleccio- miró de nuevo mientras abría las alas y
nando a su víctima; luego se acomodó flexionaba un poco las patas.
en lo más alto de la ventanilla contigua No pude resistirlo. Lo más rápido
a Susana. Era monstruoso ver como se que pude me encontré tocando el tim-
acicalaba, primero sus alas, luego las bre. El chofer, para mi fortuna, se detu-
patas. Dio un par de rondas sobre la vo casi de inmediato. De un salto esta-
incauta Susana que, concentrada en su ba en la calle y me alejé corriendo. No
lectura, ignoraba lo que sucedía. podía voltear. A pocos metros escuché
Por un momento la creí salvada. La los gritos provenientes del ómnibus y
perversa criatura se dirigió hacia la la frenada en seco.
puerta delantera en la parada de Colo- No me presenté en el trabajo. Tomé
nias, y cuando parecía disponerse a sa- un teléfono público y, con manos aún
lir, dio un giro violento y regresó en mi temblorosas, marqué al estudio para
dirección a toda velocidad. El susto me reportarme enfermo. Vagué por el cen-
fue suficiente para dar de bruces en el tro, por los bulevares sin lograr apartar
suelo, maniobra que me valió las mira- de mi mente las variantes del ataque a
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Susana, incapaz de sacudirme la culpa. Creo Abrí la puerta y al encender la luz de
haber tomado uno o dos tragos en un bar de la recámara la vi, estaba recorriendo en
pensionados y regresé caminando a casa. delicia la biblioteca, ensuciándola, ha-
Al llegar, me desplomé en el sofá. De ciéndola imposible de releer.
pronto escuché el ruido proveniente Cerré los ojos. Podía imaginarla vo-
del cuarto. Al principio lo creí una suer- lando de un lugar a otro, echando todo
te de motor diminuto, quizás algún co- a perder con sus patas sucias, volando
checito olvidado por mi sobrino, pero en círculos como con Susana, burlán-
luego reconocí el rumor de aleteo. dose de mis sobresaltos cuando reini-
Mi sangre se heló de golpe. Imaginé ciaba su vuelo y destruía la paz que la
el rostro de Susana, los ojos abiertos y ausencia de su zumbido me proveía.
acusantes, la boca abierta, la piel pálida Podía verla lamiendo sus patas y aca-
desprovista de vida. Me supe en el pasillo riciando sus alas.
que conduce al cuarto, los pies pesados Los minutos pasan lentos, y yo aquí,
y la sensación de querer huir, de salir a de pie, con los ojos cerrados, temblan-
la calle y caminar sin rumbo por siempre, do, sabiendo que tarde o temprano se
pero seguía en el pasillo, avanzando sin cansará del juego y se lanzará hacia mí,
detenerme en dirección a mi cuarto. el único testigo.

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69
BESTIA
Por Jhovana Aguilar Jiménez

70
E
stando yo dedicado enteramente mándolo a que las repitiera. Sin embar-
al cuidado de mi enfermiza madre, go, no desistí en mi propósito.
me creé un pasatiempo para ocu- Enorme sorpresa me llevé cuando, al
par mis tardes libres; cuando mamá tercer día de nuestras lecciones, el loro —al
dormía, tiempo en el que yo me hallaba que había nombrado Pepe— descendió de
inactivo, con el correr del reloj y nuestra su columpio, se posó frente a mí y me di-
casa sumida siempre en un silencio que rigió una mirada escrupulosa que, acepto,
parecía perpetuo. Me formé una enor- me hizo sentir un extraño temor. Entonces
me pajarera en nuestro jardín trasero, la dijo, con voz lúcida y entendible:
dispuse de todas las comodidades que —Mi nombre es Bestia. —me quedé
se me ocurrieron para que las aves pu- tieso de consternación—. Soy Bestia.
dieran vivir plácidamente, y una maña- Ese es mi nombre.
na, dejando a mamá a cargo de la enfer- Me disculpé y prometí llamarlo así.
mera, visité el mercado para surtirme de Aunque estas primeras palabras me
canarios, ruiseñores, palomas y un loro mostraron que sabía hablar, no vol-
joven que, según el vendedor, podría vió a hacerlo, aunque se lo pedía y le
enseñarle a pronunciar palabras. ofrecía premios a cambio de que me
De esta forma corrió el tiempo sin complaciera parloteando. Me limité a
menos tedio para mí; me mantenía sentarme frente a él, a la espera de que
absorto llenando las fuentes de alpiste sucediera lo que deseaba, tal vez en el
y agua limpia, colgando trozos de fru- momento menos aguardado.
ta en los enrejados de la jaula, procu- Una mañana plomiza dedicada por
rando el periódico para que pudieran entero a mis aves, ocurrió. Me había per-
adaptar con él sus nidos. Al terminar, catado de que Bestia no comía como de-
me acercaba una silla y me relajaba es- bía, dejaba los trozos de fruta intactos, y
cuchando sus cantos y viéndolos volar percibía en él una extraña ansiedad.
de aquí para allá. A mamá también le —Oye, tú, amo —me habló—. Lléva-
resultó beneficioso. Descansando en me con los otros, me siento muy solo.
su lecho se maravillaba con las suaves Accedí a su petición, reprendiéndo-
tonadas que llegaban hasta su alcoba, me a mí mismo por mantenerlo aparta-
y en algunas tardes, cuando sus pade- do de los demás, sin entender por qué
cimientos se mitigaban un poco, la sa- el vendedor me lo había especificado
caba en la silla de ruedas para que se así. Lo trasladé a la pajarera grande
entretuviera observándolos a mi lado. donde podría moverse a sus anchas
Al loro, que mantenía en una jaula y convivir con los demás. Después de
aparte por instrucciones del vendedor, encargarme de ellos volví a casa para
me propuse enseñarle a hablar em- encargarme de las actividades diarias.
pezando por palabras sencillas como Regresé hasta el día siguiente llevando
«Hola» y «Adiós». No vi gratificados mis vastas bolsas de fruta fresca, pensan-
esfuerzos la primera ocasión; el loro do en el manjar que disfrutarían mis
solo me miraba de vez en cuando y se animalillos, pero solo hallé plumas
dedicaba mejor a picotear la comida, esparcidas por el suelo y los enrejados,
mientras yo, sintiéndome un tonto, ar- rastros de sangre en el periódico y di-
ticulaba las palabras con lentitud, ani- luida en el agua de las fuentes, peque-
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ños cadáveres amontonados en un rin- prara más compañeros porque se sentía
cón, y en el centro, con aquella mirada solo, pero no accedí temiendo que vol-
consciente que no les pertenece a los viera a suceder un estrago. Quienquiera
animales, estaba Bestia, llamándome que fuese ese alguien, no se interesaba
frenético para que viera con mis pro- por comerse a Bestia, pero si traía más
pios ojos la carnicería. aves, las mataría sin titubear.
—¡Amo, mire, amo! ¡Estaba dormido Le tomé un especial cariño a Bestia.
y no me di cuenta de nada hasta que Lo cuidaba con esmero y le rogaba que
desperté! ¡Alguien ha entrado, amo! me complaciera hablando, pero pocas
¡Amo! veces cedía. Me preocupaba demasiado
No podía comprender. Las puertas que no quisiera comer las frutas y las
estaban cerradas y el enrejado no esta- semillas, su decaimiento me alarmó y,
ba separado. Todos habían muerto. con lágrimas en los ojos, le rogué que
—¿Te los comiste? —cuestioné asqueado. me dijera lo que quería, y yo, fuera lo
—¡No, amo! No me culpe a mí, le pro- que fuese, se lo daría. Era tanta mi ne-
meto que yo no hice eso. cesidad por él, se había convertido en la
Cuando la mente se me despejó, lim- única afición en mi vida, y mientras las
pié la pajarera y me quedé mirando fija- fuerzas de mamá declinaban y se acer-
mente los cadáveres que apilé en una caba a ella la muerte, Bestia era para mí
bolsa, preguntándome qué había pasa- como un consuelo, un refugio contra las
do. No le creí por entero a Bestia, pero desgracias que se me avecinaban. Des-
tampoco podía creer que él se los hubie- esperado, viéndolo extinguirse también
ra comido. Siendo el único que me que- por la desnutrición, y, lo acepto, con
daba, le dedicaba todos mis tiempos una gran curiosidad royéndome, intro-
libres, y a veces más, con la duda per- duje una mano dentro de la jaula y la
sistiendo en una esquina de mi mente, y acerqué a él, para acariciarlo en busca
la curiosidad. Bestia me pedía que com- de desahogo, o para probar un enfer-

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mizo experimento, no lo sé; pero Bestia, ron los gritos suplicantes de mi madre.
al ver mis dedos extendidos hacia él, se Postrada en su cama, se presionaba los
apresuró a morder mi piel como si fuese ojos, la sangre descendía por su rostro
un deleitable trozo de comida. El dolor e inundaba las sábanas. Le pregunté
físico no se comparaba con la curiosi- qué pasaba, pero era sorda a mis pa-
dad morbosa que me invadía al verlo labras. Le sujeté las manos, mirando
alimentarse de mí, y cuando se satisfizo, con terror las cuencas vacías y sangui-
retiré mi mano carcomida y sangrada nolentas donde no había ojos. Sabía
para envolverla en un trozo de tela. Des- qué había ocurrido y quién había sido
de ahí en adelante le conseguí a Bestia el causante, pero no quise aceptarlo.
animalillos para que se nutriera de ellos, Fue tanto el sufrimiento de mi querida
terminaba los ratones en minutos, pero madre en los días posteriores, que, una
en ocasiones me pedía platos más fuer- tarde en que me hallaba cuidando de
tes, pollos o lechones pequeños; y otras Bestia, saltó por la ventana, agobiada
veces solicitaba mi carne, que decía te- por el dolor que la atenazaba.
ner un sabor inigualable. Yo lo compla- —Ahora me tienes a mí, amo. Solo a
cía en todo lo que me pedía. mí —me reconfortó Bestia.
Mientras se deleitaba con mi sabor, Vivimos felices por muchos días,
yo no podía evitar llorar de amor por él, pero se cansó de mí y desapareció de
porque me trataba con consideración, mi vida para siempre. Dejó un vacío in-
solo pedía mi carne cuando esta ter- sondable en mi interior. Paso los días
minaba de sanar, y nunca abusaba del aguardando su regreso, gritando que
grado de dolor que yo podía soportar. vuelva, que tome lo que quiera de mí.
Era tanta la confianza que le tenía, Me queda la insignificante esperanza
que lo dejaba salir de la jaula para que de que al morir venga y consuma mi
volara por la casa. Una vez, cuando carne para hacerme finalmente dicho-
regresé del supermercado, me recibie- so y pueda descansar en quietud.

73
LINEA
DE VIDA
Por G. Farell

74
L
a tarde caía y me encontraba som- buena y elaborada broma. No, no lo era.
noliento en el metro de la línea uno. Me tranquilicé. Lo primero que hice fue
Regresaba del trabajo, o eso creo. amarrarme las agujetas. Cuando estaba
Esos recuerdos aún me resultan borro- terminando, alcé la vista y vi la pequeña
sos por tanto sueño y cansancio. Cuan- mano de la chica. Me paré y corrí, pero
do me di cuenta, estaba en la rotonda fue muy tarde, ella saltó y murió.
de Insurgentes, en medio de la gente, Volví a cerrar los ojos y aparecí unos
en medio de una nada que absorbía mi minutos antes de que ella se suicida-
vida, o lo que quedaba de ella. ra. Esta vez me interpuse entre ella y
Volví a entrar a la estación, saqué una las vías. Ella me empujó, nos tamba-
reluciente moneda de cinco pesos. Com- leamos y caímos a las vías muriendo.
pré un boleto, lo metí en la máquina y Volvía a abrir los ojos y aparecía en el
estuve esperando al tren por poco más mismo lugar. Seguí intentando una
de media hora. Me puse en el extremo y otra y otra vez, de diferente y loca
derecho de la plataforma. Un señor de manera, hasta que llegué al punto de
traje rojo un poco desteñido se acercó y solo sentarme y ver cómo pasaba todo.
me preguntó la hora, lo ignoré haciéndo- Estaba en un bucle temporal, la peor
me el dormido y me quedé inmóvil has- tortura que alguien podría sufrir. Ver
ta que se fue. El tren llegaba. Mis ojos se morir a alguien y repetirlo constante-
abrían en señal de júbilo y cuando esta- mente, hasta volver loco al individuo.
ba frenando, una chica de vestido blanco Si pudiera, patentaría la idea, pero no,
bloqueó mi atención. Su cabello era lar- es imposible.
go y castaño, y su piel morena resaltaba Cuando me había resignado, decidí
el vestido y el hecho de que estaba des- cambiar mi estrategia. Cerré los ojos,
calza. Corrió como si quisiera lanzarse, todo regresó en el tiempo, pasó el sui-
como si quisiera pasar la línea de vida y cidio y me fui de ahí, intentando no
entrar a la Necrópolis mexicana. pestañear. Subí las escaleras y estuve a
Quería detenerla. Me estiré intentan- punto de salir por las puertas giratorias
do agarrar su pequeña mano, pero es- de metal cuando me di cuenta que algo
taba muy lejos y mis movimientos eran estaba mal. Que no podía dejar que al-
lentos y pesados. Estuve a punto de guien muriera y yo, teniendo el recur-
aferrar mi mano a la suya, pero tropecé so para salvarla, no hacerlo. No había
con mi agujeta y caí, viendo como ella marcha atrás. O la salvaba o me tiraba
caía a las vías cuando el tren llegaba. con ella. Cerré los ojos y aparecí don-
Me puse de pie. Quería llorar, en serio, de estaba hace unos minutos. Rápida-
tenía tantas ganas de llorar, pero esta- mente me quité los zapatos, dejé mi
ba tan dormido, tan cansado de todo, morral junto a un pilar, junto con mis
que solo cerré los ojos. zapatos, y me preparé para agarrarla
Cuando los volví a abrir, aparecí don- antes de que ella cayera. Estaba ner-
de estaba hace unos minutos de que la vioso, sumamente nervioso, pero ya no
chica cayera a las vías. Estaba espanta- tenía sueño, eso era lo bueno. Enton-
do. Volteé a los dos lados, a ver al señor ces, como la primera vez, ella apareció.
que se volteaba en señal de desconten- Corrí. Salté incluso. Agarré su pequeña
to, esperando que esto fuera una muy mano, la jalé y la abracé. El tren pasó
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de largo la estación y esos minutos en futuro de peleas y amoríos ajenos, pero
que ella y yo nos miramos, Ella estaba amor no les faltará.
llorando, había cortado con su novio o En ese momento dudé, dudé como
la engañaron. No me acuerdo, no im- nunca antes lo había hecho, pero la
portaba. La había salvado de morir. Ha- respuesta era evidente. Caminé hacia
bía salvado a alguien. La miré y pude ella y la abracé. Él sonrió y, cuando es-
ver sus ojos verdes cristalinos, como el tuvo a punto de chasquear los dedos,
jade. Sonreí y le sequé las lágrimas. La lo interrumpí.
volví a abrazar y volví a cerrar los ojos. —¿Quién eres?
Al abrirlos la vi frente a mí, sonrien- Se volteó y me dijo:
do con lágrimas fugitivas del corazón —Soy un eterno moribundo. Una
en sus mejillas, inmóvil, inerte, como especie de Dios del tiempo y el espa-
todo a nuestro alrededor. Me aparté de cio…—giró lentamente—. Eres el pri-
ella y pude ver al mismo señor de traje mero que elige el amor sobre el cono-
blanco, al que le había negado la hora, cimiento. Qué interesante.
frente a mí. Terminó y chasqueó los dedos. Solo
—Me fascina la humanidad, su sim- logro recordar que todo se iluminó. Me
pleza, su debilidad hacia el poder, su aferré a ella.
impotencia, pero también su fuerza de Abrí los ojos, de nuevo. Me encon-
voluntad. traba en mi cama. Algunos rayos del
Me dio la espalda y solo volteó la sol se escabullían por las cortinas y la
cabeza. chica suicida estaba en el antiguo lado
—Tienes la opción de seguirme o de frío de la cama. Su nombre paseaba
quedarte aquí. Te ofrezco conocimien- por mis labios, como si la conociera de
to y sabiduría, pero dolor al saber que toda la vida.
tu vida no será la misma. También te —Lisa —pensé en voz alta y sonreí,
puedes quedar con tu amada, veo un entrelazando mi mano con la suya.

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QUÉ ES EL TEATRO
LITERATURA
Y ACCIÓN
Por FLORES

E
l teatro es palabra en movimiento, es en sí mismo, no hace falta conocer bien
katharsis del escándalo, esos morri- al lector, hace falta que el lector conozca
tos de fuego, ese toque de cadera, esa bien al personaje, y que arriba del esce-
tragedia y comedia que toca el corazón nario no lo desconozca por completo.
del más serio. No hablo de la represen- Porque a veces sí que lo desconoce, pero
tación del teatro, sino de su escritura, de tiene remedio, la imagen que se ha hecho
antes de su puesta en escena, del sueño de él está hecha para el pensamiento. Ca-
del escritor. Porque ese es su sueño, dejar paz de autosuperarse, de representar a su
de pie al mundo, y se escribe para repre- imposible, el actor, con su plasticidad, su
sentar lo que no basta con dejarlo escrito. preparación mental, su disposición al can-
Para que el lector encuentre satisfacción to, «hace que a pesar de ser feo y débil por
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naturaleza, crea y haga creer que es gua- Se trata de conmover al lector —o es-
po y fuerte, de forma natural» (STANILA- pectador—, que ha elegido la obra y que
VSKI, 1993: 25-27). Eso no solo se consigue la obra lo ha elegido a él, para exprimir
con la preparación física y mental, sino el zumo del lloro hasta el aplauso. Que
también con las cuestiones del ambiente hasta el cojo se levante a aplaudir, desde
y decorado: si no hay «espacio icónico» en el libro, a una representación que verá
el «espacio de representación» (según la sin duda, y que se leerá el que haya visto
terminología de Barrientos), no consegui- en vivo cómo el actor se ponía en situa-
remos ese efecto inmediato para que el ciones límites. Porque lo que de rabia le
lector no se lleve una desilusión (GARCÍA dotó el don de la fealdad, de sabiduría
BARRIENTOS, 1991:33-42). a la adaptación lo supera. Da igual si es
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feo, flojo y torpe, mientras «esa persona del espectáculo, y esa es la bien bau-
que te imaginas, llegue a ser totalmen- tizada magia del aprendizaje. Porque
te el personaje» (GROTOWSKI, 2009:63). aprender es un camino interminable,
Porque la mayor inversión que podemos lleno de dudas y fracasos. Pero nos le-
hacer contra la desilusión, ha de ser en vantamos los pocos que vamos al tea-
la preparación del actor. Un actor que tro, para dirigir la mirada a nuestro ac-
trabaje a disgusto, no es un actor. El ac- tor idéntico y de nuestro actor idéntico
tor tiene que sentir que el papel que va a a nosotros mismos. De tal modo que la
realizar, solo lo puede hacer que él y que cuarta pared es como un espejo en el
en la medida en que el público abra su que se refleja el espectador y también
boca, ninguna interpretación sea igual el actor. Pero lo importante es el lector,
que la de ayer. Que cada interpretación lo importante es que esa obra, tan bien
sea mejor, porque cada día es único y trabajada por el escritor, deje algo en él
cada actor es irrepetible, así es como el y le transforme. Que deje su ignorancia
teatro transforma el mundo, no solo en en la silla y se lance al escenario para
los libros, sino también en directo. Se tra- abrazarles. Es viendo en directo a los
ta de conquistar el corazón de muchos personajes, cuando el lector deja de
y estar en el lugar que queremos, en el ser lector y se convierte en actor. Por-
lugar que nos quiere y llama hijos suyos. que siente la llamada de ser actor y
Se me dirá, no sin éxito, que el mun- aprecia la totalidad de las bien traba-
do de la literatura ha creado el mundo jadas razones, y si no va gente al teatro,

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acabarán por salir los actores a la calle. Pero aquí hemos venido a hablar de lite-
Porque también está el Teatro de calle, ratura, y lo peor que le puede pasar a un
hay que acercar la boca al alimento y dramaturgo, es que no le representen su
exprimir el zumo de la sabiduría. Para obra. Porque todos tenemos la ilusión
que pueda entrarles por el ojo de la sobrecogida de ver en el teatro Colón
envidia, incluso son capaces de repre- nuestra obra, y por grande que sea la
sentar la envidia, la forma en que a la toma de conciencia, siempre nos falta
ayuda corren los que quieren subir a pista de aterrizaje.
besar a la actriz.
Quisiera, para acabar, decir que el tea-
tro está divorciado del dinero, pero la
sola idea de representar imaginarios, es BIBLIOGRAFÍA:
conmovedora. Volvamos a pensar que, STANISLAVSKI, K., La construcción del
en todos los sentidos, sigue habiendo personaje, 1993, Madrid, Ed. Alianza
quien aspira a ser grande y no está del GARCÍA BARRIENTOS, J. L., Drama y
todo mal el Teatro protesta que deja lu- tiempo: dramatología I, 1991, Madrid, Con-
gar a los puntos suspensivos… Yo solo sejo Superior de Investigaciones Científicas.
hago de apuntador en este ensayo que GROTOWSKI, J., Hacia un teatro pobre,
reacciona mal ante el estímulo, porque 2009, Madrid, Ed. Siglo XXI
no todos reaccionamos igual ante la
indiferencia de los que pasan del arte.

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EL DÍA
QUE CONOCÍ
A PEPE
EL ESCARABAJO
Por Adrián Osorno Hernández

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M
e despierto por la mañana, es- justo a mi lado, encarando directamen-
cucho las ráfagas de aire impac- te al sol. Parecía complacido. Extendió
tando a toda velocidad contra la sus élitros y alas, las cuales eran meci-
ventana de mi hogar y no puedo evitar das por la débil turbulencia que produ-
montar en mi coche y conducir hasta cía el viento al ser refractado contra la
esa región del litoral gaditano que se cresta de la duna, y dejó su abdomen
emplaza a medio camino entre Costa expuesto a la luz solar para calentarse.
Ballena y Punta Candor. Inhalé una profunda calada de humo
Me encanta sentir la implacable fuer- y alquitrán quemado, manteniéndola
za del viento de levante intentando en mis pulmones un buen rato antes
derribarme. Es una pasada ver como de exhalarla y ver como el viento arras-
el viento deshace las olas antes de que traba la turbia nube con suma destreza
lleguen a romper, levantando barrica- en dirección a Chipiona.
das de espuma marina por encima de —Disculpa, ¿me das una calada? —dijo
las rocas mientras la arena, disparada una voz masculina.
a toda velocidad, intenta erosionar mi Eché la vista atrás en busca del ori-
piel y arrancármela de los huesos. gen de la voz, pero no encontré nada.
Es un espectáculo impresionante, —Aquí abajo —reclamó la voz.
pero es mejor visualizarlo desde la se- Llevé la vista en dirección al suelo,
guridad de las dunas. donde la cabeza del escarabajo me en-
En un día como este se desarrolló la filaba como si estuviera mirándome.
historia que me dispongo a contar. —Eso es.
Me encontraba al fondo de una vagua- Me vi sumido en un hechizo de mu-
da, custodiado por sendas paredes de tismo, quedando con la mirada con-
arena que me protegían del viento. Es- gelada sobre el insecto que parecía
taba enfrascado en la lectura de un libro hablarme.
de relatos perturbadores de Neil Geiman, —¿Me das la calada entonces, o no?
una obra titulada Material sensible. Le acerqué el cigarrillo con una expre-
Hice una pausa para extraer un ciga- sión patidifusa y sin decir ni media pa-
rrillo liado por mí mismo y lo encendí labra, colocando la boquilla del mismo
con suma torpeza, utilizando mi mano entre las dos piezas que conformaban
abierta a modo de pantalla para blo- su recia mandíbula. Un pequeño rescol-
quear el viento residual. do rojo se iluminó entre la ceniza gris
Por el rabillo del ojo me percaté de mientras el escarabajo se hinchaba muy
la minúscula y oscura sombra que se levemente. Luego expulsó por su boca
aproximaba hacia mí. Era un escara- un fino hilo de humo blanquecino, casi
bajo. Un hermoso lucánido cuyas pro- imperceptible, que enseguida fue disper-
minentes mandíbulas le identificaban sado por el viento sin dejar ni rastro de él.
fácilmente como un individuo mascu- —Gracias, siempre quise probarlo —ad-
lino de Lucanus barbarossa, especie mitió el escarabajo—. La verdad es que
endémica de esta región. no me ha gustado lo más mínimo.
El escarabajo descendió por la pen- Asentí con la boca abierta en una gran
diente, dejando un rastro de sus dimi- «o» y llevé el brazo hacia mi espalda para
nutas pisadas sobre la arena. Se detuvo apagar el cigarro contra la arena.
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— Puedes hablar si quieres —apuntó puedes llamarme Pepe. Así es como me
el escarabajo. hago llamar cada vez que vengo a visitar
Balbuceé algo, nada en concreto, estas tierras.
solo una sarta de sílabas incongruentes. —Pensé que vivías aquí.
—Bueno, tampoco pasa nada. Prefiero —¡Qué va! —exclamó con tono diver-
esto a lo que le ocurrió a mi amigo Óscar. tido—. Solo soy un turista.
—¿Qué le pasó a tu amigo Óscar? —con- —¿De dónde vienes?
seguí decir a duras penas. —De muy lejos, Curro. Cada vez que
—Le preguntó la hora a un tipo, se vengo de turismo tengo que hacer un
asustó y lo pisó —explicó el escaraba- largo recorrido —declaró Pepe—. Pero
jo—. Por eso digo que no me importa merece la pena, me encanta pasar aquí
que te quedes sin habla. mis vacaciones.
—Vaya, lo siento por él. —No tenía ni idea de que los escara-
—¡Bah! Son cosas que pasan —dijo el bajos tuvierais vacaciones —le dije.
escarabajo, quitándole hierro al asun- —Me temo que hay muchas cosas que
to—. Cuando decidimos hablarle a las desconoces de los escarabajos —me con-
personas asumimos esa clase de riesgos. testó Pepe con tono misterioso.
—¿Acostumbráis a hacer esto a menu- —¿Cómo qué? —pregunté con im-
do? —le pregunté. paciencia, esperando sonsacarle más
—En realidad no. información.
—Ajam… —A media noche estaré aquí mismo.
—¿Cómo te llamas? —me interrogó. Si de verdad quieres saber más, debe-
—Curro. ¿Y tú? rás presentarte a esa hora.
—No serías capaz de pronunciar mi Luego se despidió cortésmente y me
nombre —manifestó el escarabajo—. Ni dio la espalda para perderse entre el la-
siquiera podrías pensarlo sin que tu ce- berinto de juncales.
rebro explote como una palomita. Pero Por supuesto acudí a la cita.

84
Pepe me esperaba en punto exacto —¡Adiós Curro! —exclamó la voz
donde nos habíamos conocido la maña- de Pepe desde algún punto indeter-
na anterior. Me pidió que lo subiera a mi minado del galimatías compacto de
hombro y desde allí, observando el hori- escarabajos.
zonte como un vigía en la cofa de un bar- Acto seguido descendió una luz del
co, me guio a través de las dunas hasta cielo e incidió directamente sobre los
que llegamos a una gran explanada don- escarabajos.
de se daban cita cientos de escarabajos. En ese mismo instante los insectos
Escuché decenas de voces que se que- comenzaron a correr, dispersándose
jaban de mi presencia, las cuales aplacó rápidamente entre las dunas sin decir
Pepe asegurándoles que yo era de fiar. ni una palabra.
—¿Qué es esto? —le pregunté. —¿Pepe? —pregunté, sin obtener res-
—Es la plataforma de despegue —me puesta alguna.
desveló—. Todos nosotros somos tu- Parecía que aquellos seres volvían a
ristas y ha llegado el momento de que poseer la mente insulsa que acostum-
volvamos a casa. braban a exhibir.
—Pero no hay ningún vehículo para Desde ese día he intentado hablar
que os transporte. con cada escarabajo que se ha cruza-
—No es necesario ningún vehículo, tú do en mi camino, pero nunca me han
solo observa. devuelto la palabra. No sabría explicar
Luego utilizó sus alas para revolotear qué sucedió allí. Desde luego si alguien
hasta alcanzar el suelo y se perdió en- me hubiera dicho que había tenido una
tre la marabunta de coleópteros. Todos conversación con un escarabajo, jamás
se arrejuntaron en el centro del llano lo hubiera creído.
arenoso, amontonándose unos sobre Por ello, desde ese día, abracé el ag-
otros hasta conformar un montículo de nosticismo más extremo y desde en-
azabache viviente. tonces puedo decir que no creo nada.

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LAS
CHICAS
LEÓN
Por Alberto Arecchi

86
N
oche de luna nueva, en África. Sólo entonces, las sombras misterio-
Las sombras se han apoderado sas dejan sus pieles, las garras afiladas
de todo el mundo. En las noches de acero que cubrían sus dedos, y se
como ésta, la tradición cree que los desatan en un alboroto salvaje. Parecen
espíritus malignos pueden salir de la bestias salvajes, despeinadas, emitien-
selva, para contaminar el mundo de los do unas risas gruesas, como las hienas,
hombres. pero son chicas, de semblante humano.
La aldea duerme en la oscuridad to- Los perros se despiertan, llenando el va-
tal. Sólo los ojos de los depredadores lle de cortezas, ahora inútiles.
pueden distinguir las formas de las El sol que se levanta debería despe-
cosas, como si fueran gafas de visión jar los temores de la noche. La chica
nocturna. De vez en cuando, el grito Abla se despierta como todas las maña-
desesperado o el chirrido de una vícti- nas, y sale de su choza, para ir al pozo
ma denuncian que un depredador se a buscar agua. Ella descubre en la pri-
ha ganado su comida. mera luz un largo rastro de sangre que
Cuatro sombras furtivas pasan más va desde la valla de los vecinos hacía al
allá de la valla de espinas, alrededor límite de la selva. La niña echa a correr
de los hogares, sin miedo por los feti- por el pueblo y despierta a la gente con
ches que deberían proteger contra los fuertes gritos. Los hombres se arman y
malos espíritus. El perro que guarda la entran cautelosamente en el recinto de
cabaña tiembla, alarmado. Apenas tie- la sangre (como se llamará, a partir de
ne tiempo de girar sobre sí mismo, pero ahora, la casa alcanzada por la maldi-
no puede ni siquiera emitir un jadeo. Se ción de los espíritus nocturnos). Ven al
ahoga en una regurgitación de sangre, perro decapitado, encuentran a toda la
la garganta cortada por largas garras familia masacrada mientras dormían:
afiladas. Pasos sigilosos se introducen a el cuerpo de Oxu, el guerrero más va-
través de la puerta, ahora sin protección. lioso de la tribu, se encuentra roto y
En unos instantes, la tragedia ocurre. El desgarrado, junto con los de su espo-
olor sombrío de la muerte llena el aire sa, de los padres ancianos y de sus dos
de la pequeña habitación. Una capucha hijos, en un lío obsceno de rojo oscuro,
fría cobre el corazón del mundo, en el si- incluyendo moscas, mosquitos y cuca-
lencio. A partir de los árboles en el borde rachas, atraídos por el olor de la sangre.
del claro, un búho emite su señuelo. El mundo estaba convencido de que
Las sombras salen de la aldea, de- África Negra ya no conservaba ningún se-
jando huellas de sangre y signos de ga- creto antiguo, y que no habría obstáculos
rras afiladas. No se mueven más como al desarrollo, salvo los intereses econó-
bestias salvajes. Su aspecto recuerda el micos ocultos que alimentan las guerras
pelaje de los gatos, las huellas son las modernas para el agua y la energía.
de los depredadores, pero caminan en En un país de África Central, apareció
sólo dos piernas. Se agrupan y se van en un periódico la noticia de un juicio
silenciosamente hacia la colina. En una penal. Había un grupo de chicas, rapta-
terraza alta, que domina el pequeño das pequeñas en algunas aldeas rura-
pueblo de chozas, el grupo se detiene les. Encerradas durante años en jaulas,
y se vuelve a mirar. fueran entrenadas para comportarse
87
como carnívoros salvajes, comiendo crías. Sólo un animal enloquecido —o,
sólo carne cruda y sangrienta, obliga- por supuesto, el hombre— mata cuan-
das a capturar presas para su alimento. do sin sentir los apetitos del hambre.
Una vez completado el entrenamien- Durante mucho tiempo he soñado
to salvaje, habían sido utilizadas para con ser perseguido por las mujeres–
llevar a cabo asesinatos por encargo. león o por sus dueños.
Atacaban en grupo a las víctimas de- Ayer por la tarde, en el parque, a unos
signadas, cubriéndose con pieles fres- pocos cientos de metros de mi casa, pa-
cas, con un fuerte olor de animales rece que una pantera gigante fue vista
salvajes, con garras afiladas de metal deambulando por el parque y la policía
en las manos y los pies. Su acción no anda cazándola, incluso si no está de-
se distinguía de un ataque de fieras mostrada la existencia del animal.
depredadoras, con la excepción de una Creo que yo sé, en mi corazón: los batea-
característica típicamente humana: los dores no encontrarán ningún gato... pero:
animales, por su naturaleza, sólo ma- ¿Quién me creería si le dijera todas las pe-
tan para comer o para alimentar a sus sadillas que sobreviven en mi memoria?

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LA NAVIDAD
2098
DE KAREN
Por Cyan Urón

90
K
aren fue una de las últimas cris- rita. Eran casi de la misma edad, un par
tianas rancias de fin de siglo. Se de años en desventaja apenas. Aún así,
lo debía en parte a la tradición Karen todavía no experimentaba lo que
generacional. Aquella y todas las na- la señorita... Freya (como la célebre lí-
vidades, precedentes y por venir, eran der del movimiento atavista, que causó
producto de su antiquísima doctrina. tanto revuelo cuando niña) experimen-
Lo presumía cuando la oportunidad se taba ahora. Era virgen como la madre de
le presentaba; por la mañana, con Marí, Cristo redentor, para dejarlo pronto todo
la androide repartidora del restauran- en un punto exacto. La pólvora era más
te de comida económica, por ejemplo. arcaica que Jesús, leía que fue elaborada
Eso era de lo poco que la hacía sentirse cuatro siglos atrás por los chinos como
diferente a los demás. En lo general ella cura a la mortalidad. Alguien se acercó
era bastante convencional; le gustaba a la puerta, tomó el asa, Karen amable-
salir con sus amigos, bailar, conectarse, mente le explicó que la habitación esta-
conversar. Leía artículos históricos y ba reservada. Los gemidos se habían de-
poseía una modesta colección de bio- bilitado, pero el golpeteo de los cuerpos
grafías sobre personajes trascendenta- blandos comenzaba a sobresalir. Karen
les para la humanidad. creyó haber identificado el orgasmo de
Habría que reconocer lo irónico de su jefa. La señorita tenía mucho vigor, y
ese día, al encontrarse laborando en la llevaba tiempo planeando este día, este
celebración que por derecho casi here- preciso día; justo el día en que el hijo de
ditario le correspondía. Miró a los asis- nuestro señor Jesucristo vino al mundo.
tentes al banquete; todas muy finas El intruso la miró con los ojos llenos de
personas de los distritos más próspe- sorpresa, y Karen le sonrió a la vez que
ros, y algún que otro turista de distritos sujetaba el pomo con firmeza. La pólvora
lejanos, de estados vecinos o en frater- subsistiría por muchos siglos más, pero
nidad con el nuestro. Karen se sentía su vínculo con la inmortalidad estaba
camuflada en su elegante uniforme os- roto; Karen se sintió inquieta, le hacía un
curo, con dos rectos tiznes carmín por ruido terrible una tradición tan vacía.
cada mejilla, resaltando en su lácteo y Suspiró. Dentro, la agitación había
fresco cutis, a la manera tribal que pa- cesado. La gran actriz Freya Alexandro-
recía estar perdiendo tristemente auge. va había conseguido darse uno de los
Se preguntó si no se vería algo obsole- mayores placeres humanos y ahora
ta. De fuera le llegaba el aroma a pólvo- reposaba en los brazos de su importa-
ra, por la pirotecnia. Las calles debían dor. Aquel macho, fan de esta hembra,
estar sumergidas en humo. Era inso- había recorrido un largo y tedioso sen-
portable para su sensible olfato. Miró la dero burocrático para traerla aquí, era
hora proyectada en su palma derecha. su última y más ambiciosa empresa;
Los gemidos del interior se mezclaban ambos habían jugado el mismo juego
con la algarabía de los invitados y los desde que se conocieron, acechán-
gritos eufóricos de fuera. dose, midiéndose y ahora finalmente
Hoy sería la noche de la señorita, hoy atacándose. Freya Alexandrova era
conocería por primera vez lo que es... una mujer atractiva, de tez bronceada,
ella odiaba que le llamasen así; seño- con unos rasgos, gustos y costumbres
91
meramente gitanas; así pues, uno de semejando un oso, sentado en su sillón,
sus más altos pasatiempos era com- pensando a oscuras y frotándose las
prar y cubrirse de bisutería, puesto que, manos. La cara resplandeciente como
como alguna vez lo confesó a Karen, luna por aquello de inocularse ADN de
ella siempre quiso ser orfebre. Su alto quién sabe qué animal abisal biolu-
sentido de emotividad la condujo por miniscente cuando joven y deportista.
otro camino; a encarnar personajes, a Karen estaba preocupada porque era el
lo que Karen muchas veces comparaba último familiar que le quedaba. Cuan-
con su gusto por mirarse como uno de do muriese regalaría al gato porque no
estos y narrar su existencia. De pronto soportaba la idea de convivir íntima y
pensó en su abuelo. Freya siempre se exclusivamente con uno. El importador
lo recordaba indirectamente; ambos salió un tanto apurado y sin mirarla. El
detestaban este tipo de eventos, todo abuelo se había desconectado del mun-
tipo de eventos, y eran harto sensibles do tras la muerte de su hija, luego que
al punto de llorar porque sí. la abuela falleció años más tarde, tuvo
El abuelo de Karen debía traer pues- un cruento ataque, y despedazó todo
to encima el enorme cobertor afelpado, recuerdo de ellas, para finalmente mu-

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darse a casa de Karen, quien asumió había encontrado, ese era el aroma sepul-
el papel de enfermera. Dormía mucho, tado en perfumes oceánicos y silvestres
lloraba mucho, e intentaba ayudar aco- que Karen siempre confundía con el de
midiéndose de vez en cuando a prepa- la sopa de fideos. Y aquel, condensado y
rar comidas vegetarianas como para no equino tufo, que despedía antes de pedir
pensar en su destino. Estaba prohibido su primer trago del día. Se inclinó sobre
mencionar alguna alusión a eso frente el cadáver orinado. Apresurada fue des-
a él. Los agentes de aseguradoras eran pojando el cuerpo de alhajas; los anillos
terroristas, sólo había que ver su expre- con piedritas brillantes formando pétalos,
sión de pánico para darse cuenta. el collar frondoso con frutos de jade, las
Karen miró la hora. Se había perdido mariposas de alas diamantinas colgando
en recuerdos. Echó un vistazo dentro. La del ombligo, el diamante en la nariz, se le
señorita Freya miraba estática boca arriba montó y zafó con cuidado los pendientes
el techo verde, los dientes infantiles, re- con soles horadados, los dorados brazale-
dondeados, expuestos. Las sábanas man- tes y pulseras en muñecas y tobillos. En la
chadas de orina en el borde del colchón, y vorágine no se percataba de lo cautivado
debajo, en el suelo, un charco de esta. Lo que tenía a su muy selecto público.

93
SOBRE LA
ESCASA LECTURA
EN MÉXICO
Por Alexandro Arana Ontiveros

Y
entonces, así de improviso, le lanza- se de burlas, chistes y sobrenombres
ron directa y sin anestesia una pre- para Peña Nieto. Y es que esa mayoría
gunta más o menos así: «Señor Pre- de mexicanos, no lectores de hueso
sidente: ¿cuáles fueron los tres libros que colorado que prefieren la taravisión en
han marcado su vida?». No voy a hacer- lugar de un buen libro (aunque sea in-
los perder su tiempo leyendo la respues- fantil), siempre callados ante las repri-
ta que es de sobra conocida; además de mendas a causa de su poca cultura, por
que resultaría en un truco barato solo fin podían jactarse, cansarse de llamar
para ganarme su empatía lectora. inculto y otras palabrotas a nuestro
En esos días, la mayoría de los mexi- presidente en las redes sociales más
canos se llenaron la boca con toda cla- populares a costa de la ignorancia aje-
94
na en lugar de la propia. En resumen: lectura en México no han mejorado
por primera vez se sentían verdaderos absolutamente nada. Es más, incluso
revolucionarios y no como parte del siguen bajando aparatosamente.
problema de la profunda ignorancia en Hasta el día de ayer, se sigue dan-
la cual está sumida casi todo el país. do más importancia a trabajar en lo
Todavía hoy podemos encontrar dece- que sea, antes que estudiar; los reality
nas de los llamados «memes» que se car- shows tienen cada vez más adeptos
cajean de lo acontecido con bombo y pla- que las obras de teatro; y las revistas
tillo. Pero lo más interesante viene ahora: sensacionalistas venden más que cual-
Han pasado varios años desde aque- quier libro de literatura no comercial.
lla vergüenza pública y los índices de Las revoluciones actuales son más un
95
#trendingtopic de redes sociales antes que ni más ni menos que un negocio de clase
una nueva toma de conciencia mental. media alta tipo Sanborns o Toks, en don-
¿En dónde quedaron las promesas de los precios no permiten que entren los
de «yo sí voy a leer porque si no, cuan- de bajo nivel económico todos los días.
do crezca voy a dar pena, nieto»? ¿Qué Precisamente a esos que, según dicen
pasó con todo el odio anti-Televisa que muchos pseudocultos de clase media
se publicaba en Facebook diariamente que visitan este tipo de restaurantes, se
o se decía a grito pelado por todos la- la pasan viendo taranovelas porque no
dos? ¿No me digan que todo fue pura les alcanza la inteligencia (ni el bolsillo)
palabrería vacua como la de los políti- para más.
cos que tanto dijeron repudiar? Es curioso: en plena actualidad de
Me gustaría saber quiénes fueron las importantes revoluciones sociales, en
miles de personas que aseguraron que México seguimos viendo más partidos
ya no verían más esos canales televisivos de fútbol transmitidos por el Canal de
de mierda que solo idiotizan a nuestra las estrellas en comercios y restauran-
población porque justo el día de ayer, en tes de cualquier nivel que programas
el restaurante a donde entramos a cenar culturales o de reflexión (y hasta en
mi esposa y yo, estaban a todo lo que nuestras propias casas sucede algo por
daban las taranovelas. ¡Y la mayoría de el estilo). Y mejor ni nos metemos con
los comensales, idiotizados por ellas! Y lecturas públicas o tertulias sociales
aclaro que no era una fonda populache- porque, al menos en esta ciudad, de
ra o un puesto de tacos de perro. No, era común, no ocurren.

96
Y esto lo digo no por estar en con- a leer esos tres libros (como debería de-
tra de esa empresa televisora (que sí cir la misma canción) que hasta el día de
lo estoy), sino porque no veo que se hoy, no parece que hayan leído. Créan-
cumplan por ningún lado las falsas me, mexicanos, con tan solo tres libros
prome-sas y las vacuas represalias que, por cabezota, mejoraríamos bastante.
según nuestro pueblo que «ya tiene los Y no lo digo únicamente por los re-
ojos bien abiertos y ya no se deja man- sultados tan desastrosos que han te-
gonear», se hicieron por montones al- nido los últimos movimientos sociales
gún día de fanatismo antipolítico. en México (me parece que el gobierno
Se los digo de una vez por todas: de Peña Nieto continúa en el poder y
no creo que Peña Nieto vuelva a decir reformando leyes a su entera conve-
algo tan estúpido alrededor de la cul- niencia), sino por el nivel tan mediocre
tura como aquella vez que no supo de- de conocimiento, conciencia social,
cir esos tres libros que nunca leyó, así cultura y política que se respira por to-
como tampoco creo que los no lectores dos los rincones de nuestro país1.
(desgraciadamente, la mayoría en nues-
tro país) vuelvan a tener otra oportu-ni- 1
P.D. ¿Alguien ha visto a esos montones de jóvenes
dad tan brillante para burlarse de él sin despiertos que ya no se dejan y que dicen que están
que salgan embarrados. Por lo que mi por todos lados transformando nuestra realidad?
sugerencia es que aprovechen mejor su ¡Creo que se me perdieron miles de ellos y no puedo
tiempo que les quede libre (como dice encontrarlos!
la canción) y de ser posible, dedíquenlo

97
UN CASO
DIFÍCIL
Por Sorelestat Serna

98
L
a llovizna apagó la pipa, el calcetín —No lo sé, sargento —le dije con pesi-
empezaba a humedecerse por el mismo, no puedo entender que ocurrió
agujero de mi zapato. Estaba ha- para que ella terminara así.
ciéndole un favor al sargento Sánchez, —Necesitamos averiguarlo, es un
estos trabajos gratis a la policía me tie- ángel, alguien preguntará por lo suce-
nen podrido —es mentira—, si me pa- dido y eso me creara molestias. Si hu-
gan, pero el pago se demora en llegar, biera sido un vampiro, el asunto sería
gracias a la gran burocracia que existe diferente.
y mis medias mojadas y agujereadas Que fácil olvida mi amigo, fue un
no pueden esperar. vampiro, un ángel de alas negras, y una
—¿Qué crees que paso? —dijo el hechicera los que salvaron a Bogotá,
sargento. en el momento del terremoto cuando
—No tengo ni puta idea —contesté— aquel loco había sumido a la ciudad en
ni siquiera me imagino quien pudo ha- el caos. No dije nada, muy pocas veces
cer esto. podía ver a mi amigo tan nervioso. Fe-
Era una imagen increíble la que ob- lipe al fin había logrado encender mi
servamos el sargento, Felipe y yo. Me pipa, di una buena fumada y empecé
trajo a la memoria el recuerdo de aquel a observar con detalle el escenario de
ángel mujer, violado, con las alas rotas, dicho crimen, me sentía abrumado, ja-
muerta en la cárcel en donde yo traba- más encontraríamos al que lo hizo.
jaba, pero esa historia no sé si algún La lluvia había terminado, pero el
día te la contaré mi querido escritor. frío se introducía por nuestras ropas
Nos hallábamos en la avenida die- húmedas. Empecé a dar unas vueltas
cinueve a tres cuadras de la avenida alrededor del cuerpo, vi un zapato de
principal, eran las once de la noche, la tacón a diez pasos de la chica, estaba
calle estaba vacía, hacía frío y junto a roto, fuera de eso no había nada ex-
nosotros el cadáver de un ángel, era traño, ni una pista de su agresor o de
hermosa cómo los de su especie, su ala lo que había sucedido, me fijé en la
derecha estaba rota, su cuerpo había blancura de sus piernas, las plumas de
perdido su brillo, su rostro contra el sus alas empezaban a pegarse al suelo,
piso, bañado en sangre. Vestía ropas mojado que albergaba su figura, esa fi-
nuestras, minifalda negra y corsé del gura que debió de ser un crimen para
mismo color, eso quería decir que lle- los normales.
vaba tiempo viviendo entre nosotros. Hubo algo que llamó mi atención era
—Trata de encender mi pipa —dije a un brillo junto a su rostro, lo había pa-
Felipe con enojo—, deja de intentar ver sado por alto, pensé que era el reflejo
debajo de su falda, es suficiente con ver del agua de aquel charco, era un trozo
sus piernas desnudas, siempre me sen- de lente que era tan grueso como el
tía incómodo con la belleza de un ángel culo de una botella y lo vi allí escon-
o un vampiro. El sargento se encontra- dido entre su pecho, una de sus patas
ba tan asombrado cómo yo, quien haya salía de su top, amenazando como un
sido, debe tener una fuerza sobrenatu- insecto sobre ella, era la pata de una
ral, para poder romper sus alas. gafa, unas gafas redondas al estilo de
—Dame una pista. John Lennon.
99
Entonces me senté de culo sobre la cación—, y por eso a veces usan gafas
acera mojada y empecé a reír, con tal para protegerlos. Por algún motivo ella
intensidad que mis amigos me miraron estaba ciega, pero por vanidad llevaba
asustados, al fin había encontrado la sus lentes en su escote, no vio que hacía
clave de todo. Después de quince mi- falta un ladrillo en el andén, rompió su
nutos, logré calmarme. tacón, cayó contra el poste —mis oyen-
—¿Qué ocurre? —preguntó Felipe. tes miraron el poste destrozado—, debe
—Todo por la maldita vanidad —contesté. haber caído de lado y con tal fuerza que
—¿Cómo? No entiendo —dijo el se rompió su ala.
sargento. Felipe y el sargento no creían mi
Las mujeres celestiales son como las explicación. Di una fuerte calada a mi
nuestras —dije levantándome. La mira- pipa, a pesar de que estaba mojado y
da incrédula del sargento me divertía. helado, volví a reír. Mientras esperába-
—Hemos escuchado que los ojos de mos a la fiscalía, las alas del ángel ha-
algunos ángeles son muy sensibles a la bían desaparecido, solo quedaban un
contaminación —continúe con mi expli- montón de plumas a su alrededor.

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101
XIU,
DE ÉPSILON
CUATRO
Por Guillermo Horacio Pegoraro

102
P
olvo, rocas y piedras son despla- Con el dedo índice señala el gran espe-
zadas con ímpetu hacia los costa- jo a espaldas del mesero. El mismo se
dos. La tierra queda calcinada y el transforma en improvisada pantalla de
manto arenoso vitrificado. Cuando la plasma, en donde aparecen complica-
cortina caótica de vapores y cenizas se dos mapas galácticos, y con un desga-
ha disipado, retorna el claro paisaje de- nado «Por ahí» deja asentado, que no
sértico, con un inesperado visitante en es de la tierra y que tampoco está de
el suelo. La nave espacial ha efectuado humor para profundizar el tema.
un perfecto y sincronizado aterrizaje. Todos se despiertan de la modorra y ob-
La escotilla se abre y desciende su úni- servan por la ventana. El vehículo en que
co ocupante. Sereno y pausado camina viaja no es camión ni nada que se le parez-
hacia el solitario inmueble en medio de ca. Dos salen corriendo, tres se sacan una
la nada. La gasolinera le atrae. Se detie- selfie con el recién llegado, y otros cuatro
ne en los surtidores. No son seres ciber- dudan si vale la pena soltar el vaso.
néticos, solo máquinas para algún tipo En cuestión de minutos, las redes
de uso. Avanza hacia la cantina, donde sociales retransmiten las fotos sacadas
encuentra a parroquianos compartiendo en el sucio bar. La de la nave espacial,
la tertulia. Lo observan con extrañeza, a se hace viral. La del extraterrestre, reci-
pesar que por el lugar han pasado mo- be ocho millones de likes.
toqueros, bandidos, hippies, insanos y La primera impresión de la gran al-
rarezas humanas rayando lo bizarro. dea global fue la de fraude publicita-
En el centro de la sala permanece in- rio; pero cuando dos satélites militares
móvil como maniquí. Aspecto humanoide, americanos y uno chino, que se creía
dos metros de altura, cabellos blancos median el clima, confirman la presen-
hasta los hombros, ojos grandes y oscu- cia del visitante espacial, las alertas
ros, nariz pequeña, cuerpo delgado y ceñi- mundiales pasan de amarillo a naranja.
do en traje espacial gris. No se distinguirse Inmediatamente, sin diplomacia, el
su sexo. Parece más bien, andrógino. país del norte envió a sus especialistas.
Varios pasos y en un taburete de la Cercaron la gasolinera y la declararon
barra se sienta. El cantinero no se in- en cuarentena. El recién llegado y ocho
muta. ¿Qué se va a servir gringo?, le lugareños quedaron encerrados.
dice. El recién llegado inclina rostro ha- La confusión reina en el planeta. Los
cia un costado en señal de ignorancia. aeropuertos se clausuran, la red ferro-
Luego lleva dos dedos a la garganta del viaria se cierra, los puertos no admiten
barman, y aspira digitalmente la clave partidas y las carreteras son fuertemen-
idiomática, para luego transferirla, del te controladas. Los presidentes, todos
mismo modo, en propias cuerdas vo- millonarios, de todos los países, algu-
cales. Señalando a un borracho, que nos ricos, otros pobres, se encierran en
saborea un tequila, como si caviar se sus bunker privados. El Air Force One,
tratara; lo que toma el señor, responde. circunda por algún ignoto espacio.
El primer sorbo lacera, pero los efec- Los diarios digitales del mundo titu-
tos se aprecian. Bebe sin parar, hasta lan «No estamos solos». Y en el vario-
vaciar la botella. Pide otra. Alguien se pinto de idiomas, se opina, se es euforia,
le acerca y le pregunta procedencia. se teme, se duda, se trenzan conjeturas.
103
La bolsas de valores del mundo caen en vida «Mi reino no es de este mundo».
en picada, lo alimentos imperecederos Lanzada la estrategia, los otros cultos
aumentan de precio, y comienza a no- se acomodan. El judaísmo dice lo suyo.
tarse el desabastecimiento. Hacen circular párrafos del Pentateuco,
Todos esperan, pero no hay voz ofi- donde advierten que las visitas espacia-
cial que aclare o que llame a la cordura. les ya estaban registradas. Génesis Cap.
La tensión mundial aumenta. No hay 5. Verso 6. «Sucedió que cuando los
peor situación que la falta de informa- hombres se multiplicaron sobre la faz
ción; la mente queda libre para jugar de la tierra y les nacieron hijas, al ver los
con la fantasía de un apocalíptico final. hijos de Dios que las mujeres eran her-
Luego de miles de años sosteniendo mosas, bajaron del cielo y las tomaron
el divino pacto narcisista, la curia mun- por esposas». Por lo bajo, los rabinos
dial doblega su discurso para no perder planifican circuncidar al visitante, para
adeptos, y en todo caso… incluir al ex- ponerlo de su lado. Inmediatamente el
traño para sobrevivir. Islán alzó su voz. Sostuvo que el Corán
Desde la Plaza de San Pedro el pontífi- era claro al respecto: «Allah el Glorifica-
ce sostiene que el Mesías era extraterres- do, dijo: Y yo he creado a los genios y a
tre. Recuerda su origen divino, su virgen los hombres para que me adoren», por
madre, sus poderes sobrehumanos, la lo que el visitante era un «genio», más
clarividencia sobre su destino, la resu- inteligente y avanzado científicamente
rrección y su desaparición en la tumba. que los hombres. Solo restaba marcarle
Sostiene y recuerda sus claves palabras el camino espiritual hacia la Meca.

104
Pero décadas de publicidad negativa teras y alistaron el arsenal nuclear… por
hacia los encuentros del tercer tipo, con si acaso. La paz fría se terminó. Ningún
Hollywood y sus estrellas haciendo mella, país vio con buenos ojos los preparati-
la humanidad comenzó a especular. El in- vos militares del otro. De naranja a roja
consciente colectivo sostuvo que la solita- pasó el color del alerta.
ria nave era una exploradora de la avanza- Los aviones despegaron, los subma-
da… que acabaría con la raza humana. El rinos fijaron su blanco, los misiles se
fin de los tiempos se propagaba boca en armaron y los tanques comenzaron a
boca, el día del juicio final se anunciaba rodar. La tensión creció y creció hasta
de ciudad en ciudad. Times Square apagó que el Armagedón se tornó inevitable.
sus carteles. París dejó de brillar. En Bue- En un apartado y sucio bar de gasoline-
nos Aires nadie más bailó un tango. Los ra, Xiu, de Épsilon Cuatro, sigue bebiendo
esposos confesaron sus adulterios, y sus tequila. Es la cuarta botella que desapare-
mujeres… también. Las cárceles fueron ce en su garganta, y la quinta espera tran-
abiertas y las escuelas cerradas. quila. Desde que llegó, nadie se interesó
Los militares debatieron qué hacer. por sus motivos. A él le parece un lugar
Sus mentes cerradas y obtusas solo eran ideal para ahogar penas. Desde que Thia-
usinas de paranoia. Entre matar al emi- ra Seis lo abandonara por otro par de bra-
sario y robarse sus avanzados secretos, zos él sabe que alejarse y curar en solitario
a prepararse para una invasión interga- sus heridas es la mejor salida… y que me-
láctica… debieron optar. De igual forma, jor que este tranquilo y pacífico planeta,
movilizaron sus ejércitos hacia las fron- con pocas personas, amigables y serenas.

105
LA
FÁBRICA
Por Fátima Montiel Christlieb

106
E
staba harto. Ya no podía más. ¿Por era colorida y estaba recostado, en vez
qué todos se veían iguales? ¿Por de sentado; todo era diferente en él.
qué todos vestían lo mismo? ¿Qué No podía ser confundido, era comple-
era ese lugar? Era como una ciudad tamente único en ese mundo gris.
bajo techo. Grandes maquinarias se ex- De repente empezó a sonar una alar-
tendían ante mí sin ningún orden, pero ma y un foco rojo intermitente se encen-
al mismo tiempo no podía imaginar un dió sobre nuestras cabezas. Todos co-
lugar más cuadrado y rígido. menzaron a correr. Unos se pegaron a las
La gente, al verme, comenzaba a paredes y otros se quedaron en el centro.
entrar en pánico, como si yo fuera una No comprendía absolutamente nada.
aberración o algo así. Justo cuando terminó de sonar la
Ese sentimiento tan familiar, tan in- alarma, varias ventanas y puertas
cómodo y conocido de que no encaja- trampa se abrieron sin aviso y muchos
ba, se hizo presente. Un mar de gente fueron tragados o succionados por
me levantó y me llevó hasta una enor- aquellos agujeros. Entonces, a través
me vitrina de más de cincuenta metros del vidrio de la vitrina logré ver funcio-
de largo y diez de alto. Sobre esa gran nando las máquinas, de las que salían
caja de vidrio había un letrero que de- personas nuevas y exactamente igua-
cía: «Caja de reparación de individuos». les al resto. Reconocí a algunos de ellos,
Adentro no parecía haber nada, sólo un lo único que los diferenciaba del resto
enorme abismo del que escapaba un eran sus caras. Eran a los que habían
eco denso y frío. absorbido las puertas y ventanas de la
No podía escapar de la multitud, vitrina. No tenía sentido.
como si algo me mantuviera pegado a «Individuos defectuosos detectados»,
ellos, allegado y completamente adhe- sonó una voz robótica dentro del gran
rido. Sentía que no quería separárme- cuarto.
les por alguna razón. La paredes de la vitrina se volvie-
Me arrojaron dentro de aquella vitri- ron rojas y una se abrió de un extremo,
na. Contrario a lo que vi antes de caer dando paso a otra que comenzó a mo-
ahí, el lugar tenía paredes blancas y es- verse y a cerrar el espacio disponible
taba iluminado. Sentí alivio, pero aún dentro de la caja.
había algo que no estaba bien. Los que quedábamos intentamos ale-
No estaba solo. Había muchas perso- jarnos de la pared que venía tras nosotros,
nas allí. La gran mayoría miraba hacia todos excepto el chico del cabello rojo,
afuera con ojos de añoranza por aquel quien permaneció recostado sin siquiera
mundo exterior, y otros permanecían preocuparse por evitar ser aplastado.
volteados hacia una de las paredes. El miedo se apoderó de mí. «Prefie-
—¿Dónde estamos? —pregunté lleno ro volver allá afuera que morir», pensé
de miedo. Nadie respondió. Algunos vol- aterrorizado.
tearon a verme, pero al final terminaron Justo antes de que ser aplastado por
regresando a su posición inicial. Era un la pared móvil, una puerta me succionó.
entorno triste, lleno de almas olvidadas. En menos de un segundo me vi sa-
Había un chico que llamó mi aten- liendo de una de las maquinarias de la
ción. Su cabello era rojo vivo, su ropa fábrica. Mi ropa era como la de todos
107
y me sentía entumido; como si hubiera No pude evitar sentirme aplastado
una tela entre el mundo y yo, algo com- por el horror de ser controlado irreme-
pletamente irreal. diablemente por los demás. Por más
Era mi oportunidad de escapar de que intentaba controlar mi cuerpo, no
aquella fábrica, pero mi cuerpo no me funcionaba. Él me controlaba a mí.
respondía. Ya no me pertenecía. Entonces desperté. Todo había sido
Vi hacia el interior de la vitrina una una pesadilla, pero aquel sentimiento
vez más. El chico de cabello rojo seguía de incomodidad y estrés no se aleja-
allí, junto con un par de chicos más. En- ba de mí, como si siguiera allí dentro,
tendí que todo había sido un engaño, como si mi cuerpo siguiera sin ser mío.
nadie murió. Dejé que me llevaran de Salí corriendo a la calle, y al ver a las
nuevo a la fábrica por miedo a algo que personas caminando me sentí de vuelta
no pasaría. en el sueño. Todos parecían ser contro-
Mi cuerpo comenzó a moverse solo lados por lo mismo, el odio y el confor-
hacia donde se dirigía el resto de la mismo, excepto algunos pocos, ellos son
gente en la fábrica. Al ir caminando, quienes pertenecen a la vitrina; indivi-
me vi en el reflejo de un vidrio; no po- duos que no pueden ser «reparados». Me
día reconocerme a pesar de saber que di cuenta de que todos somos diferentes
la persona en el reflejo era yo. Dentro pero, al final, muchos terminamos sien-
de esa carcasa que formaba mi nueva do iguales a los otros por elección propia.
imagen, ya no existía ni una pizca de Mi pesadilla había sido una enorme
mi verdadero ser. Había dejado que me metáfora, que representaba mi verda-
cambiaran por temor a lo que me pasa- dera vida. Me di cuenta de que jamás
ría de hacer lo contrario. Dejé que me salí del sueño, porque vivo en él.
fabricaran a su manera. Vivo en una fábrica de humanos.

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109
CASA DEL
MIGRANTE
Un reportaje
de Gilberto Santos

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L
a ciudad de Nuevo Laredo, México. nuidad en tratamientos crónicos. Básica-
Recibe a cientos de migrantes. Cada mente a cada migrante que llega se le da
uno tiene su historia conmovedora, hospedaje, lugar para bañarse, lugar para
pero desconocida para la población en que lave ropa, se le provee de una muda
general, quienes los ven como vaga- de ropa, se le proporciona un teléfono
bundos o les pasan desapercibidos. Los para que se comunique con su familia y se
migrantes habiendo afrontado peligros, guarda un registro.
en su inmensa mayoría tienen como Historias tristes llenan la casa, asaltos,
destino EUA, nuestro país vecino del violaciones, enfermedad, hambre, se-
norte. Esta ciudad al ser la mayor adua- paración y muerte. Pero en este refugio
na terrestre del país y por su posición nacen historias alegres y esperanzadoras,
geográfica desde hace algunos años se nacimientos, bodas, reencuentros, con-
ha convertido en sitio de paso para per- versiones, liberación de vicios, amistad
sonas que viajan al norte. Generalmen- y progreso. Mientras los habitantes de la
te llegan a esta frontera sin posesiones, ciudad son ajenos a todo esto, dentro de
pensando que van de paso, con heridas las paredes de la casa hay una gran carga
que les dejó el camino, algunas difíciles de emociones, casi todas en silencio o li-
de superar. Tantas penurias hacen de- beradas de manera explosiva en los mo-
sistir a algunos quienes se recuperan su mentos de reflexión e introspectiva.
salud y emprenden el regreso a su lugar Como retribución a la sociedad, AMAR
de origen, otros siguen su meta siendo lleva a los migrantes a hacer labores
deportados en poco o mucho tiempo, sociales como jardinería, construcción
otros prefieren quedarse en México sub- o limpieza, a escuelas, iglesias, casas
sistiendo de empleos informales, otros particulares o donde sean solicitados.
mueren ahogados en el río, perdidos en También, cada semana se trasladan a las
el desierto o asesinados. colonias más necesitadas a compartir ali-
El Pastor Aarón, como se le conoce al mentos y ropa, de las donaciones que re-
Presidente y fundador de Casa del Mi- ciben. Al mismo tiempo, se realizan otros
grante AMAR A.C., desde el 2009 se dedi- servicios como búsqueda de migrantes
ca a Hospedar, alimentar y ofrecer ayuda desaparecidos, de sus familias en EUA u
médica y legal. Hace 8 años decidió iniciar otros países, servicio postal, bolsa de tra-
esta empresa, alentado por sus profun- bajo, alfabetización, cursos de nutrición,
das convicciones cristianas que desde consejería familiar, atención psicológica
niño practica junto con su familia. La mi- y educación cristiana. Por cuarta ocasión
sericordia y la empatía mueven a muchas también realizará «La tienda de la calle»
personas a colaborar con él de manera al- (Street store) en una plaza del centro de
truista y filantrópica. AMAR no sólo ofrece la ciudad, para proveer de ropa, libros,
alojamiento y comida, sino también ofre- calzado, cortes de pelo, asesoría legal,
ce cursos y conferencias sobre problemas atención médica y odontontológica a los
de adicción, alcoholismo, vida familia y más necesitados
ayuda psicológica para quienes han su- Los colaboradores no tienen planes de
frido abuso y tortura en su camino. Cada detenerse en esta obra, «Mientras existan
tarde se ofrecen consultas médicas donde los necesitados seguiremos manifestan-
se atiende desde una gripe hasta conti- do bondad».
111
unos compañeros de viaje a Tenosique,
HISTORIA DE Tabasco, donde afortunadamente le
UN HONDUREÑO dieron alojamiento por una semana
en una casa del migrante, dónde se re-
(Como le fue narrada cuperó de salud para proseguir su viaje.
a Aarón Méndez) Después se trasladó hasta Palenque,
Chiapas, donde comenzaron la trave-
Sebastián salió de su casa en la madruga- sía en el tren («La bestia») en el cual se
da, de manera muy discreta para evitar un viajaron arriba del tren, con una tem-
encuentro con las pandillas que lo acosa- peratura muy fría y con lluvia. Viajan-
ban en los últimos meses. A sus 29 años do en los vagones después llegó hasta
vivía con sus abuelos, siendo huérfano Coatzacoalcos, Veracruz, a la casa del
desde que tiene memoria, llevando una migrante. En el tren al pedirles la cuo-
vida dura, por la pobreza. ta de 100 dólares, al no pagar a cinco
Caminando, evitando la frontera con jóvenes con una señora los arrojaron
El Salvador por las pandillas que aso- del tren. Asustados al ver como se des-
lan la región, no pudo evitar que en pedazaban las personas por las llantas
Guatemala le robaran sus pertenencias del tren, desistieron por el momento.
quedando con un poco de dinero que Después de pocos días, consiguió
llevaba, mismo que tuvo que pagar subirse al tren sin que le cobraran los
para que lo cruzaran el río en lancha pandilleros para llegar hasta Tierra
e ingresar a México. A pie, llegó con Blanca, Veracruz y tuvo que salir rá-

112
pido solo durando un día de la casa a una casa donde los desnudaron y los
del migrante viajando de nuevo hasta ataron, inmovilizándolos. Estuvo en esa
Orizaba, Veracruz en duración de viaje condición durante varios días, donde se
doce horas. Tuvieron que abandonar les daba agua y comida una vez al día.
esa ciudad, viéndose presionados por Estuvo quince días en ese infierno escu-
una persona de la «Mara Salvatrucha» chado súplicas de otros secuestrados y
quien les exigía dinero para continuar. recibiendo palizas por no tener quien
Salió rumbo a la ciudad de México a pagara el rescate. Un día lo llevaron a
una casa del migrante de Huehuetoca despoblado, donde lo navajearon y que-
y tuvo que partir porque los guardias dó tendido. Unas horas después uno de
lo querían asaltar amenazándolo con los secuestradores regresó y prometió
pistola y pidiéndoles 300 dólares. Con- ayudarlo si no decía nada a nadie. Lo
siguió nuevos compañeros de viaje y trasladó abandonándolo a una cuadra
partieron, teniendo que caminaron de la Casa del Migrante AMAR, dónde
por diez horas para tomar de nuevo se le brindó atención médica y de las
el tren y viajar a Celaya, Guanajua- demás necesidades. Estuvo dos sema-
to. Duraron dos días en la orilla de las nas aproximadamente recuperándose,
vías durmiendo entre unos matorrales. luego se entregó a Migración con el pro-
Luego salieron rumbo a San Luis Potosí pósito que lo ayudaran a regresar a su
luego a Saltillo donde duraron un día. casa. Dos meses de penoso viaje, que
Al llegar a Nuevo Laredo fue secues- le dejaron cicatrices, experiencias y un
trado por una pandilla, la cual lo llevó nuevo amor por la vida.

113
de militares trataron de extorsionarlos
HISTORIA DE después de maltratarlos antes de en-
UN CUBANO trar a Costa Rica.
Contactaron a un traficante de per-
(Como le fue narrada sonas de Costa Rica, quien los llevó
a Aarón Méndez) entre selva y pantanos esquivando los
retenes para llegar a Nicaragua, don-
Julio y sus compañeros salieron de de los asaltaron quitándoles todo lo
cuba con visa a Guyana. De allí contac- que consideraron de valor. Llegaron
tó a un coyote para viajar a Venezuela a Honduras donde una pandilla los
en un viaje con dos días de duración asaltó nuevamente, pero más adelan-
en un barco pequeño. En Venezuela, te recibieron protección del gobierno
por toda la ribera del río Orinoco, via- hondureño quien les dio un permiso
jó para cruzar el río durante dos días y para continuar a Guatemala a donde
duró cuatro días de allí en Venezuela. entraron de forma ilegal, durmiendo
Luego viajó también en carro hasta Co- en el monte para no ser visto por las
lombia; algunas veces con pasajes de autoridades y por las pandillas.
otras personas que le conseguían tra- Después de atravesar Guatema-
tantes de personas, a veces en cajuelas. la cruzaron el río Suchiate en lancha,
También en lancha y caminando por la pero llegando a Tapachula los asaltó
selva, para entrar a Panamá de forma una pandilla llevándose secuestrados
ilegal. Iniciando en un grupo de treinta a algunos de ellos. Se presentaron al
personas, mismo que se fue reducien- departamento de migración quienes
do por cansancio, hambre o alguna en- les expidieron un permiso para viajar
fermedad, caminando siempre mojado hasta Nuevo Laredo, donde contacta-
entre follaje y animales peligrosos y ron a la Casa del Migrante AMAR para
escondiéndose de las mafias de contra- recibir hospedaje y comida.
bando, de los guerrilleros y de los sol- Después de un viaje de aproximada-
dados. Después de ser abandonados mente cuatro meses y atravesar más
por el guía y de dos días sin comer, sólo de ocho países, el viaje no termina, la
con la voluntad de sobrevivir llegaron meta es obtener un status legal en USA,
a una comunidad indígena panameña, habiendo perdido lo que tenían y varios
siendo auxiliados y hospedados. Con- compañeros, ahora no hay marcha atrás,
tinuaron el viaje un día después, don- es necesario conseguir un nuevo hogar.

114
«pisco» y en lugar de pesos dice lempi-
LOS OTROS ras, lo delatan, pero no decimos nada.
MIGRANTES «Pues así es», dice cuando finaliza su
llamada, «hay muchos que no se dan
Los que se quedan cuenta de lo que tienen. Aquí se puede
hacer dinero, pero hay que trabajar. Mí-
Darío nos recibió en el patio de su casa, rame, yo no tengo ni acta de nacimiento
quería donar unas camas que había y mira lo que tengo. En cambio muchos
desocupado desde hace tiempo. Dedi- que hasta tienen estudios no se dan
cado a la compra y venta de autos usa- cuenta que esta ciudad da para todos».
dos, no deja de hablar por el celular de En otras ocasiones ha contado como
última generación mientras trae otro empezó como chofer de un dueño de
en el cinturón y un teléfono inalám- «lote de carros», hasta que tuvo dinero
brico en la otra mano. Por conocerlo para comprar algunos y venderlos en
de hace tiempo sabemos que Darío es partes. «Llévense eso», dice señalando
sólo un alias para que su nombre real, dos camas completas recargadas en la
Darwin, no suene extranjero. Nunca pared exterior de la casa. «Cuando ten-
habla de su lugar de origen, para él su ga más cosas, les hablo».
vida es su negocio, su casa en las ori- Constantemente dice que no le gus-
llas del Río Bravo y su familia, esposa ta ayudar a nadie, que cada quien debe
y dos niños. Las cicatrices que tiene en trabajar para tener lo que quiera, pero
un brazo y en la cara seguramente ten- de manera indiferente regala dinero y
drían historias que contar, pero él sólo objetos para las personas pobres, prin-
dice que llegó a Nuevo Laredo porque cipalmente migrantes. Tal vez recuerda
«tuvo problemas con la ley» y su gusto su llegada a la ciudad, tal vez es su ma-
por las pupusas, así como el hecho de nera de mostrar gratitud a la vida que
que a veces se refiere a la cerveza como le ha dado tanto.

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Nuevo Laredo, Tam. México.
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todas serán bien recibidas y Facebook:
administradas por los miembros Casa.del.Migrante.Amar
de Casa del migrante AMAR A. C.

115
CONOCE A
LOS AUTORES
QUE COMPONEN
116
ESTE NÚMERO
Maximiano Revilla Vega
Nació en Tabanera de Valdavia, el 21 de
Diciembre de 1962. Reside en Madrid.
Estudios de Teoría y Creación Poética
con los premios Magón de Poesía en
Costa Rica, Laureano Alban y Julieta Do-
bles. UNED. Grado en Lengua y literatu-
ra Española. Miembro activo del Grupo
Aranjuez de Poesía Trascendentalista.
Su basta obra narrativa ha sido publica-
da pro Ediciones Vitruvio, mientras que
su obra poética se encuentra disponible
en Amazon.

Alberto Arecchi
Arquitecto italiano, presidente de la Aso-
ciación Cultural Liutprand, de Pavía, que
pública estudios sobre la historia y las
tradiciones locales. (www.liutprand.it) Au-
tor de publicaciones y libros obre el patri-
mónio histórico y la história de su ciudad,
otros asuntos de arquitectura, tecnolo-
gías para el desarrollo; escribe cuentos
breves y poemas en diversos diferentes
idiomas, ganando galardones y recono-
cimientos en concursos literarios en Italia,
España, América Latina. 117
FLORES Paola Tena Ronquillo
Donís Albert Egea, Técnico superior in- (1980, México). Pediatra de profesión, es-
formático, además ayuda a su padre en critora por afición. Ha participado como
el trabajo. Escribe desde hace 17 años y ponente en sesiones dedicadas a la lec-
ha obtenido galardones literarios como tura y ha impartido talleres de escritura
3º puesto en el X EPLA de narrativa 2001, creativa. Ha publicado algunos de sus
accesit en el Katharsis de poesía 2009, fi- microcuentos en antologías del género.
nalista en el Limaclara de ensayo 2014, fi- Nombramiento especial en el concurso
nalista en el Premio UNIR de ensayo 2015 de microcuentos de la FILBo 2015. Publi-
o aparecido en cantidad de antologías de cada en varias revistas digitales dedicadas
poesía, cuento y microrrelato. Actualmen- a la microficción, como Cuentos para el
te termina la carrera de Grado en Estudios Andén, Microfilias y Brevilla. Participa ac-
Hispánicos en la Universidad de Valencia. tivamente en redes sociales.

Guillermo Horacio Pegoraro José Luis Najenson


Licenciado en Comunicación Social, Escritor y poeta. Es Doctor en Filosofía
por la Facultad de Derecho y Ciencias (D.Phil.) por la Universidad de Cambridge,
Sociales de Universidad Nacional de 1980. Miembro Correspondiente en Israel
Córdoba, Argentina; y licenciado en de la ANLE (Academia Norteamericana de
Psicología por la Facultad de Psicología la Lengua Española, desde 2000). Ha obte-
de la Universidad Nacional de Córdoba. nido varios premios literarios y publicado
libros de cuento, poesía y novela; entre
ellos: Tiempo de arrojar piedras: cuentos
de ficción política y religiosa; Cultura na-
cional, cultura subalterna; Memorias de
un erotómano; Diario de un Voyeur; Periplo
Judeo-Andaluz; El suspiro del moro.
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Esther Domínguez Soto José Luis Torres
Es profesora de inglés. Vive y trabaja (Ciudad de México, 1953), estudió Perio-
en Pontevedra, España. Gusta de leer, dismo y Comunicación Colectiva en la
escribir, viajar, charlar y tomar café con Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
las amigas; además de las plantas y el (UNAM), maestrías en Comunicación
chocolate. Organizacional (CADEC) e Historia del
Pensamiento (UP), además de varios di-
plomados. Promotor de la lectura, editor
de cuentos, novela y memorias. Ha publi-
cado la novela El Colapso los cuentos, los
cuentos Di todo lo que sepas, así como
otras historias. Durante más de tres déca-
das laboró en la industria televisiva.

Fátima Montiel Christlieb Raul Reyes Aguilar


Estudiante de bachillerato con 15 años de Nacido en la Ciudad de México. Egresa-
edad. Radica en la ciudad de México. Tie- do de la carrera de Lengua y Literaturas
ne una hermana mayor y sus dos padres Hispánicas, y Maestro en Letras Lati-
son músicos, por lo que ha estado en el noamericanas, ambas por la UNAM.
ámbito del arte desde que nació. Comen-
zó a estudiar violín a los cinco años y estu-
dió en la Facultad de Música de la UNAM
durante seis años. A pesar de todo ese
tiempo de estudio entendió que la música
no era para ella, pero escribir es algo que
ama hacer desde los siete años y sabe que
quiere seguir haciéndolo.
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G. Farell Hina Finck
Vive con su padre, ya que sus padres se Profesora, pedagoga y terapeuta de Edu-
divorciaron. Asistió al colegio Suizo de Mé- cación Especial. Entrenadora de natación
xico por mas de diez años, aprendiendo a nivel nacional de Olimpiadas Especia-
alemán e ingles. En la secundaria cambió les. No posee carrera literaria cursada en
de escuela y sigue en ella. Cursa el sexto algún plantel educativo ni universidad;
semestre de preparatoria, a punto de en- es autodidacta. Desde hace cinco años
trar a la universidad. Sus años de prepa comenzó a escribir y a enviar sus creacio-
fueron los que lo marcaron y en donde nes a los diferentes certámenes. Las obras
decidió volverse escritor. Ha escrito diez ya publicadas son 87. Tiene en mi haber:
cuentos tratando de tener un personaje cuento, novela, axioma, poesía, ensayo,
en común: la Ciudad de México; donde na- teatro para títeres y hasta los libros de tex-
ció y ha vivido sus cortos diecinueve años. to con los cuales imparte clases y terapias.

Diana Ruiz Adrián Osorno Hernández


Nació con un lápiz en su mano y un Escritor novel, oriundo de la ciudad
irremediable gusto por la lectura y la de Sevilla. Amante incondicional de la
escritura lo cual la hizo proponerse ser ciencia ficción, la fantasía, el terror y
escritora. Su primer premio fue un che- el humor negro, géneros que intenta
que de regalo de una librería. Colabora plasmar siempre en sus relatos. Ha pu-
en diferentes revistas literarias y cultu- blicado Microrrelatos el Bunker Z (Cola-
rales, periódicos, algún que otro blog boración en antología) y Microrrelatos
de su autoría mostrando retazos de eróticos II, Divertisex (Colaboración en
historias que pululaban por su mente, antología).
escribir, escribir, escribir... y mientras,
consiguió hacer un par de novelas que
ya están en el mercado literario.
120
Cyan Urón Circe
Uriel López Delgadillo (Jalisco, 1988). Ana Fructuoso Ros, nacida en Yecla, Pro-
Abandonó la licenciatura de Letras Hispá- vincia de Murcia, España el 8 del 9 de 1960.
nicas, de la UDG, tras convertirse en fósil Licenciada en Filosofía por la Universidad
y no lograr darle la prioridad que deman- de Murcia. En la actualidad trabaja en la
daba. Ganó un concurso de poesía en Universidad de Murcia. Ha hecho su for-
este centro universitario y publicó en dos mación literaria en Talleres de Escritura.
de sus revistas, Númen N°8 y La Cigarra Lola López Mondejar. Biblioteca regional
N°0. Se dedica a hacer figuras de barro y de Murcia. Hasta la fecha ha publicado:
de papel, y a escribir; traduce una novela Desde el Columpio y otros relatos; Libros
de ciencia ficción y escribe una novela de de relatos conjuntos con las editoriales
ciencia ficción, y lleva años realizando un ACEN y relatos en revista literaria Cuader-
bestiario también en ese género. nos del matemático.

Jhovana Aguilar Jiménez Nestor Quadrí


(Jalisco, 2001). Resultó finalista en el El autor es de profesión ingeniero, do-
Premio Literario Constanti 2016 con- cente universitario en Buenos Aires y
vocado en España con su relato Dos autor de numerosos libros técnicos.
fantasmas. Escribir y leer le llena y le Desde principios del año 2006, y luego
complace. de jubilarse, comenzó a escribir cuen-
tos y poesías y participado en numero-
sos concursos literarios. Ha publicado
los libros Cuentos sin nombres (2009),
Inquietudes literarias (2011), La caja del
tiempo (2013) Cuentos del Parque Ave-
llaneda (2014) en Editorial Alsina. Bue-
nos Aires. Argentina.
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Alexandro Arana Ontiveros Esteban R. Jiménez Bedoya
Escritor mexicano que ha conseguido más Nació en Pereira (Risaralda) el 15 de
de 230 reconocimientos en diferentes gé- febrero de 1988. Licenciado en Leguas
neros literarios como cuento, poesía, pro- Extranjeras de la Universidad Surco-
sa poética, microcuento, haiku, ensayo, lombiana. Su texto “Ruta de las golon-
guión y aforismos. Actualmente colabora drinas de Capistrano” fue incluido en la
en la comunidad literaria internacional Antología RELATA de cuento y poesía
Letras & Poesía y en la revista online Wals- 2013; obtuvo el segundo puesto en el
kium magazine. Además, ha publicado XXIV Concurso Departamental de Mini-
dos cuentos cortos infantiles y 80 cuentos cuento “Rodrígo Díaz Castañeda” 2014
novelados juveniles. Tamambién realiza (Palermo, Huila); finalista del Concurso
una investigación sobre el rol de los seres de Relato Antonio Di Benedetto (Men-
humanos en el Universo. doza, Argentina) del año 2014.

Jorge Ortega Muñiz Manuel Rodriguez


(1958 - 2017) Fue un narrador mexica- Nació en el valle del Alto Chicama
no, autor de el volumen de cuentos, El región La Libertad Perú en junio de
hombre sin cara y otros relatos (1987), 1951. Se identifica como AUTODIDACTA
La ciudad feliz y otros relatos (2016); y para contar sus experiencias vividas
una serie de ficción histórica, El domi- en los lugares por donde anduvo
nio de las águilas (2016) y Submarinos trabajando en el “Montaje de
para el Kaiser (2017). Con una serie de Empresas Industriales”, conviviendo
publicaciones póstumas para publicar. en campamentos, junto a otros miles
de trabajadores como él; es miembro
virtual del Círculo Latinoamericano de
Escritores (CLE) y administrador de la
página Web <educaciónlibre.edu.pe>
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Sorelestat Serna Ernesto Molina
Santiago Alberto Serna Caicedo, escri- Ingeniero ambiental mexicano que
tor bogotano. Egresado del TEUC, Taller se dedica principalmente a sistemas
de escritores de la universidad central hidráulicos, es autor del blog Cerdo
dirigido por Isaías Peña. Ganador con el Venusiano y hace varias reseñas de vi-
guión para historieta Suspiros de vida para deojuegos y equipos mecánicos para
Nahualli Comics. Primer puesto con El revistas especializadas. Su primera
paso de la marabunta en el I Concurso de novela Los últimos contribuyentes con-
Poesía y Cuento Internauta Internacional, siste en un desesperado intento para
dirigido por el escritor venezolano Laab salir de la rutina, hacerse el gracioso y
Akaakad. Ha publicado en su libro Suspi- conocer mujeres.
ros de vida y otros escombros de Ambidies-
tro taller editorial.

Hugo Casarrubias Juss Kadar


Nació el 3 de Mayo de 1988, en Tlalne- Técnico de farmacia por profesión, su
pantla de Baz, Estado de México. Desde pasión siempre ha sido escribir cual-
pequeño incursionó en el mundo del quier historia, ya sea de intriga, amor,
terror a través de las películas. A la edad fantasía... Una escritora por impulso
de dieciocho años, teniendo la idea y las que se atreve con todos los géneros.
bases de este cuento largo, se dedicó a Ganadora de varios premios literarios
escribir su primera novela, la cual terminó en el Instituto y uno concedido por el
tres años después. Actualmente cuenta ayuntamiento en San Sebastián de los
con tres libros publicados así como diver- Reyes (Madrid) En 2012 iniciaba el blog
sas participaciones en revistas literarias “La muerte de los sueños”, donde como
como Revista Nictofilia, Revista Letras y un diario contaría su lucha para con-
Demonios y revista Cruz Diablo. vertirse en una escritora reconocida.
123
SEGUNDA
CONVOCATORIA DE
ENSAYO Y RELATO «LA
SIRENA VARADA, REVISTA
LITERARIA BIMESTRAL»
«La sirena varada, revista literaria bimestral», publicación física y digital
mexicana en castellano, especializada en relato corto y ensayo convoca a todas
aquellas personas que quieran colaborar con la publicación de textos en el se-
gundo número de la revista y que no hayan sido seleccionados en la primera con-
vocatoria. Todas las obras deberán ser originales e inéditas, y de acuerdo a las
siguientes especificaciones:

• Ensayo: La extensión deberá ser mínimo de 3000 caracteres (contando


también los espacios) y máximo de 5000. Los trabajos deberán tratar el
tema de la influencia de la lectura en la juventud.
• Relato: En esta primera convocatoria se recibirán relatos que entren dentro
del género del terror, ciencia ficción y policial. La extensión deberá ser míni-
mo de 4000 caracteres (contando también los espacios) y máximo de 6000.

El plazo de recepción de trabajos terminará el viernes 30 de junio a las 23:59 horas


UT-6:00 (CST)
El formato de envío para los textos será en formato .txt .doc o .docx (no se tomará
en cuenta cualquier otro formato) letra tamaño 12 e interlineado sencillo y, en el
caso de los ensayos, notas al final del documento. El nombre del archivo deberá es-
tar estructurado de la siguiente forma: TÍTULO_ApellidosNombre (del autor). Y de-
berán ser enviados con el asunto «Convocatoria la sirena varada, revista literaria» a:

contactoeditorial@editorialdreamers.com.mx

Se seleccionarán cinco (5) ensayos y ocho (15) relatos, los cuales serán anuncia-
dos el día sábado 1° de julio. Sólo se mantendrá comunicación con los autores
seleccionados.
En el cuerpo del correo deberán incluir: Nombre completo del autor, seudónimo
(si aplica), correo electrónico para contacto y una breve biografía de no más de
300 palabras.
En aras de mantener la equidad entre los participantes, no se tomará en cuenta
la trayectoria del autor para publicar su obra, sólo se tomará en cuenta la calidad
de la misma.
Reiteramos, sólo se notificará a los seleccionados mediante correo electrónico su
inclusión en la revista. No se informará en ningún caso sobre aspecto alguno del
proceso de selección, y sólo se mantendrá contacto con aquellos autores cuyos
textos sean elegidos.
Al ser una publicación sin fines de lucro, no existirá premio en metálico. Sólo se
entregará un reconocimiento a los autores seleccionados.
Cualquier anomalía en esta convocatoria se resolverá conforme a las leyes mexi-
canas que correspondan.
¡Esperamos su
participación!
EXCELENTÍSIMO SEÑOR

JORGE ORTEGA MUÑIZ


FALLECIÓ EN VERACRUZ

EL DÍA 16 DE MAYO DE 2017

Todo el equipo de La sirena varada, revista literaria


bimestral, así como de Editorial Dreamers, nos
unimos a la pena que embarga a su familia y les
deseamos pronta resignación

Dedicamos este primer número a su memoria


en nuestro siguiente número
más cuentos, más ensayos,
y todo el gran talento que los autores
de habla hispana depositan
en nuestras manos