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Gastón H.

Guevara

LA AMISTAD: NECESARIA Y BELLA


LA AMISTAD: NECESARIA Y BELLA

Gastón H. Guevara

Ediciones
Cor ad cor
A mis amigos en Cristo.
Desde antiguo la amistad ha sido preponderada como un gran bien. Dos
grandes autores paganos como Aristóteles y Cicerón concebían a la amistad
como el don más grande dado a los mortales en donde el amor a la virtud es
el principio natural más elevado de ésta, donde el uno siempre quiere el bien
del otro.

La amistad es lo más necesario para la vida. En efecto, dice Aristóteles, sin


amigos nadie querría vivir, aunque tuviera los otros bienes. La inclinación al
prójimo para trabar con él ese amor –philía- de amistad es una manifestación
tan natural como respirar, nadie hay quien no tenga un amigo. Pero la
amistad no es solo necesaria, sino también hermosa.

Mas hay que tener en cuenta, que un verdadero amigo es el que quiere el
bien para mí, por ello es necesario que sea compañero de virtudes, pero no
de vicios. Bien ha dicho el Filósofo -como gustaba llamar Santo Tomás a
Aristóteles-: “La amistad perfecta es la de los hombre buenos e iguales en
virtud”. Por tanto la amistad es la virtud que nos lleva a tener una relación
sólida, profunda, desinteresada y recíproca con otra persona.

Pero hay una amistad que todo lo supera, todo lo sobrepasa, todo lo
excede. Esa amistad es la Amistad de Jesús. El Amigo con mayúsculas. Él
hizo de la amistad un sacramento cuando a pocas horas de su Agonía
instituyó la Eucaristía por la cual Él, en cuerpo, sangre, alma y divinidad, se
queda con nosotros hasta el final de los tiempos.
Jesús, en la Última Cena, vive con intensidad sublime y grandeza de alma
este don de la amistad. Con un corazón desbordado de amor, como un
dique que ya no puede contener más el agua que lo inunda, da y da hasta el
final, su corazón se abre y da a conocer los secretos más arcanos; subraya lo
que da y comunica a sus amigos los Apóstoles: su verdad, su gozo, su paz, sus
secretos, sus confidencias con el Padre. El velo de la interioridad sagrada es
levantado, el hombre tiene acceso a lo más íntimo de Dios y es Él quien lo
invita a ser parte de la Luz impoluta en la que se encuentra. Jesús no se
guarda nada, ni siquiera su vida. ¡Cómo conmueven las palabras de Cristo
alentándonos a dar la vida por los amigos! Por eso la amistad para un
cristiano debe estar por sobre la vida misma.

Dejarnos envolver en la luz Cristo, del amor que su corazón amantísimo


vuelca sobre nosotros y reconocer la vivencia de esta amistad, es el secreto de
los santos. La compañía consciente de Cristo da paso a los “locos
enamorados” que aman a más no poder y que a imitación de la santa
andariega dicen a gritos: “muero, porque no muero”.

Entre nosotros el querido P. Castellani, al hablar sobre la amistad, nos


dice:

“Yo tenía tres amigos. Uno me regalaba plata. Era un buen amigo. El otro una vez
me puso la mano sobre la mano y me dijo: -Si te matan, yo me haré matar por vos. -
¿Por vos o con vos?- le dije. –Con vos- y no mentía. El tercer amigo cuando iba a verlo
se ponía alegre. Yo también me ponía alegre. Y estábamos alegres todo el tiempo. Era
mi mejor amigo”.

¿Quién es este tercer amigo? Aventuro a decir que es Cristo en el Sagrario.


Allí en ese minúsculo espacio está Alguien que es más grande que el
universo, y que por amor se quedó allí y espera. Él es el que se alegra al
vernos llegar y está atento, expectante y solícito a lo que queramos contarle.
Él es el Amigo, a Él lo debo buscar siempre, pues como dice Benson, incluso
las más sagradas experiencias de la vida son estériles si la amistad de Cristo
no las santifica. El amor más santo es oscuro si no arde en Su fuego. El
afecto más puro es falso y traicionero a menos que Él, el amigo ideal y
absoluto, sea el lazo personal que nos una.

En la amistad con Cristo nuestra alma es incendiada por el Alma ardorosa


y amorosa de Cristo. Nuestro corazón se hace uno con el latir del corazón de
Cristo. Nada sin Cristo, todo con Él. Ya lo ha dicho Kempis:

“Si Jesús estuviere contigo, ningún enemigo podrá dañarte. El que halla a Jesús,
halla un buen tesoro, y de verdad bueno sobre todo bien. Y el que pierde a Jesús pierde
muy mucho, y más que todo el mundo. Pobrísimo es el que vive sin Jesús, y riquísimo
es el que está bien con Jesús”.
San Luis, Argentina

16 de diciembre de 2017

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