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La Introducción de Marx a sus Grundrisse y la pedagogía

Marx comienza su borrador de El Capital con la siguiente afirmación: “El objeto a considerar es en
primer término la producción material.”

Lo que está haciendo Marx es señalar como un “punto de partida” “la producción material”, pero
debe advertirse que cuando hace dicha mención al principio, debemos prepararnos para una serie
de señalamientos sobre lo que él considera “producción material”. Marx ya ha realizado durante
largo tiempo una serie de investigaciones sobre historia, ciencias naturales, economía, filosofía,
derecho, arte, e incluso antropología y educación. La afirmación de inicio es, dado lo que Marx
tiene en mente, un punto de partida para el análisis que realiza de la sociedad dominada por el
capital. Y la “producción material” lleva de forma implícita un conjunto de actividades que son
realizadas por sujetos:

“Individuos produciendo en sociedad, o sea la producción de los individuos socialmente


determinada: este es naturalmente el punto de partida…”

Cuando Marx utiliza la palabra determinada, se refiere a que la sociedad o el carácter social de las
relaciones entre los seres humanos poseen unas características diferenciadoras, que las ponen e
relación con otras relaciones no solamente de forma sincrónica, sino diacrónicamente también. Es
decir, una sociedad es distinta a otras en un momento determinado de su historia, así como a lo
largo de la historia entera de la humanidad. Pero no es eso solamente lo que Marx dice, lo más
importante, al menos con lo referente a la pedagogía, es la mención que hace sobre la
“producción de individuos”. Lejos está Marx de un reduccionismo utilitarista o del fervor
productivista creado por la revolución industrial y su aplicación en la industria. Cuando Marx habla
de la producción de individuos, se refiere a todo el proceso pedagógico implicado en determinada
sociedad para esa producción, es decir, Marx tiene en mente, precisamente el carácter histórico
de la formación de los individuos como tales. Pero no se queda ahí. Marx pone de manifiesto lo
que ya se señaló al inicio, que “ese es en primer lugar el punto de partida” cuando pretendemos
acercarnos a estudiar científicamente la sociedad. Es decir, no partimos de cero, de la nada, sino
de una sociedad históricamente constituida y en proceso de “producción”. Una sociedad en su
devenir histórico, en presencia de la producción material efectiva de los individuos, algo que se
presenta empíricamente frente a nosotros, algo que no podemos borrar o eliminar del contacto
con nuestros sentidos (a menos que hagamos abstracción de ello). Es decir, la sociedad se
encuentra frente a nosotros por todas partes de manera material, efectivamente, con todas sus
determinaciones (o burdamente: sus características). Es decir, el conjunto de individuos que
aparecen ante nuestros sentidos son parte ya de algo mayor (una sociedad determinada). Ese
punto de partida no es histórico (es decir, no comienza así la sociedad), sino lógico (es decir, como
punto de partida de análisis de esa sociedad). Así pues, nos topamos con un conjunto de seres
sociales (el zoon politikón aristotélico). Por lo tanto, esa producción social de los individuos (y por
lo tanto, al mismo tiempo de esa sociedad) cuenta ya con determinadas características.

Pero ese punto de partida lógico para el análisis de la producción de individuos, se torna de
inmediato en histórico, o es decir, debe presentarse desde una óptica histórica, pues no hacerlo
así, implicaría tomar la sociedad y sus determinaciones como una cuestión eterna, que siempre ha
existido así y no se ha modificado nunca, como vivir en una fotografía que no se mueve ni cambia
en absoluto en su imagen.
Las determinaciones-determinadas-determinantes hace referencia a