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La Danza de la muerte de Hans Holbein el Joven: catálogo razonado

A continuación se ofrece el conjunto de grabados que forman la serie Danza de la Muerte,

de Hans Holbein el Joven, recopilados en el libro editado por Ulinka Rublack, The Dance

of Death (Penguin, 2016)*, acompañados por un comentario mío. La editora ha

reproducido los 41 grabados (65 x 48 mm) preparados por Holbein y cortados por Hans

Lützelburger (originalmente eran 51, pero el cortador murió antes de terminar el trabajo),

en el orden en el que aparecieron en el libro publicado por los hermanos Trechsel en Lyon

(se trata de la primera edición). Si bien Holbein trabajó en estos grabados entre 1525 y

1526, estos vieron la luz recién en 1538. El libro fue titulado Les Simulachres & historiées

faces de la mort y solo se menciona como autor a Lützelburger, quizá para evitar la

censura, pues Holbein ya era conocido como uno de los pintores de la corte de Henry

VIII. Los Trechsel encargaron el prólogo a Jean de Vauzelles.

*Los grabados forman parte de las colecciones del National Gallery of Art (Washington, D. C.),
la Bibliothéque nationale de France (París) y The Trustees of the British Museum (Londres).

Portada de la primera edición del libro, Les
Simulachres & historiées faces de la Mort.
La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

La creación
El primer grabado de la serie
muestra el momento final de la
creación: el nacimiento de Eva
de las costillas de Adán, quien
duerme en el Edén. Holbein
dibuja a Dios como un venerable
anciano coronado por una mitra,
en el momento en el que toma a
Eva (mucho más pequeña) de los
brazos y la eleva del cuerpo de
Adán. Los tres personajes están
al centro de la composición;
alrededor de ellos hay animales
(mamíferos, aves, reptiles, peces,
incluso un caracol) y plantas
(árboles y césped). El fondo es
complejo: hay un río en el primer
plano, le sigue el jardín y, sobre
este, el cielo muestra al sol, la
luna, los céfiros (todos con
rostros humanos), las nubes y las
estrellas.

La tentación
En este grabado se muestra el
instante en el que la serpiente
tienta a Eva. La composición está
organizada de la siguiente
manera: al centro está el Árbol
del Conocimiento del Bien y el
Mal, del cual desciende la
serpiente que tiene rostro
humano y se dirige a Eva, quien
está sentada, desnuda, a la
derecha con un brazo levantado
(en la mano sujeta un fruto); a la
izquierda está Adán, de pie y
desnudo, extiende un brazo hacia
uno de los frutos que cuelga de
una de las ramas del árbol.
Rodeándolos, a sus pies, hay
animales de todo tipo (se
observa, por ejemplo, una
lagartija). El fondo, salvo por los
troncos de los árboles, está vacío.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

La expulsión del Paraíso
En este grabado la Muerte hace
su primera aparición: si bien
lleva un instrumento de cuerdas,
muestra un semblante compasivo
ante lo que ve: Adán (al centro de
la composición) corre con los
brazos extendidos mientras mira
hacia atrás: en la parte superior,
apartando las nubes, está el ángel
que custodia el Edén y blande
una espada de fuego. Detrás de
Adán, corre Eva, quien,
avergonzada, cubre su pecho.
Holbein captura el movimiento:
nótense la disposición de los
cuerpos y el cabello de Eva
agitado por el viento. El suelo es
pedregoso; los árboles están
desnudos. Desde este momento
la Muerte acompañará a los
hombres.

Adán labra la tierra
Este grabado muestra la vida de
Adán y Eva luego de la expulsión
del Edén. En el Génesis se indica
que Adán labraba la tierra con
esfuerzo y que Eva parió a sus
hijos con dolor. Holbein dibuja,
en un primer plano, a Adán,
quien, con un palo de madera,
parece arar la tierra o empujar las
raíces de un árbol seco ubicado a
la derecha. Su rostro refleja el
esfuerzo considerable que
implica su tarea. En el segundo
plano, está la Muerte, ayudando
a Adán. En el tercer plano está
Eva, amamantando a Caín. Ella,
al igual que Adán, está vestida.
En el fondo se aprecia un monte
árido (apenas hay unas matas de
hierba). En el cielo hay aves. Se
debe prestar atención a un detalle
fundamental: aparece por
primera vez el reloj de arena, uno
de los símbolos de la muerte (está
ubicado a la izquierda, en el
suelo).

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

Los huesos de todos los
hombres
En este grabado hay un salto del
tiempo mitológico al histórico.
Esto es evidente por el lugar en el
que se festeja la fanfarria de los
esqueletos: están en una ciudad;
en el fondo, a la izquierda, se
aprecia una torre; al centro y
ocupando casi todo el espacio,
hay una construcción típica de la
época en la que vivió Holbein.
En el primer plano hay un
esqueleto que golpea dos
instrumentos semejantes a
tambores. Él marca el ritmo
mientras los otros esqueletos
tocan instrumentos de metal. En
el suelo hay varios huesos
desperdigados y detrás del muro
en el que está sentado otro
esqueleto hay varios cráneos
apilados. Este grabado da inicio a
la danza.

El papa
En este grabado vemos al papa
coronando a un rey; este está
postrado y besa los pies de la
autoridad máxima de la Iglesia.
El “trono” en el que está sentado
está ricamente decorado (el
asiento tiene una figura
esculpida, y hay colgaduras con
bordados). Alrededor del papa,
hay demonios: uno se arrastra
por una colgadura y lo mira,
mientras que otro vuela llevando
un letrero. Otros miembros de la
Iglesia contemplan la
coronación. Esta escena evoca el
“matrimonio” entre el poder
espiritual y el poder político; dos
poderes que debían ser
independientes. En la escena
vemos a dos esqueletos: uno está
detrás del papa y lo mira
directamente, mientras se apoya
en un bastón; el otro está de pie
al lado de los miembros del clero,
vestido como estos, y mira la
coronación con dureza.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El emperador
En este grabado, vemos al
emperador en su corte. Está
sentado en su trono y ocupa el
lugar central de la composición.
Lo rodean cortesanos, pero solo
presta atención a uno, bastante
joven, ubicado a la izquierda.
Mientras, ignora al hombre
arrodillado a la derecha, que viste
con sencillez y que parece
pedirle algo. La muerte, elevada
sobre el trono, parece querer
obligar al emperador a que gire la
cabeza. En el primer plano, en el
suelo, están el reloj de arena y un
orbe. Que el emperador no está
cumpliendo con sus deberes,
como el de ejercer la
administración del pueblo y velar
por sus subordinados, es evidente
no solo en su actitud sino en la
espada rota que sujeta.

El rey
El rey ocupa el segundo lugar en
la jerarquía del poder terrenal. En
el grabado de Holbein lo vemos
durante un banquete: él ocupa el
lugar central de la composición y
de la mesa. Es el único que está
sentado mientras quienes lo
atienden están de pie. Sobre la
mesa se ven numerosos platos
vacíos; entre estos, aparece el
reloj de arena que anuncia que la
hora del rey ha llegado. En el
primer plano, la Muerte, casi de
espaldas al espectador, sirve
alguna bebida en un recipiente
que el rey le ha extendido. En
este grabado Holbein ha
representado los excesos de la
corte, enfatizando el pecado de la
gula. A través de las ventanas se
aprecian construcciones propias
de las ciudades. El tapiz del
fondo parece decorado con flores
de lis, que indicarían que el rey
es francés.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El cardenal
El siguiente en la jerarquía de la
Iglesia católica es el cardenal. En
este grabado, Holbein nos
muestra un escenario abierto: los
personajes están en un viñedo. A
la izquierda está el cardenal,
sentado en un trono lujoso
(nótese la decoración). El
cardenal extiende un documento
con muchos sellos a un hombre,
quizá un viajero, que está
semiarrodillado delante de él.
Holbein lo ha dibujado
extendiendo una mano para
recibir el documento y, en la otra,
parece sujetar una bolsa. La
muerte, casi al centro, contempla
lo que parece ser una
transacción; podría tratarse de
una indulgencia. El reloj de arena
está sobre uno de los brazos del
asiento.

La emperatriz
A diferencia de los grabados
anteriores en los que los
personajes centrales parecían no
notar la presencia de la Muerte,
en este vemos cómo la
emperatriz, quien viste
ricamente, observa con horror el
agujero en el suelo al que apunta
la Muerte, que aquí aparece con
atributos femeninos (nótese uno
de los senos que cuelga bajo la
capa). Alrededor, el cortejo de
damas no parece notar la
presencia de la inquietante
figura, que, al igual que ellas,
lleva la cabeza cubierta. Los
personajes transitan en alguna de
las calles de la ciudad.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

La reina
Este grabado lo podemos dividir
en dos partes: a la derecha está la
Muerte; a la izquierda, la reina y
algunas personas de su cortejo.
Los personajes parecen estar a
las afueras de la ciudad y están
engarzados en un combate: la
Muerte, vestida como un bufón,
sujeta con uno de sus brazos el
reloj de arena, y con el otro jala a
la reina, quien se resiste
horrorizada. Uno de los hombres
del séquito empuja a la muerte
con un brazo, con el otro trata de
sujetar a la reina. Mientras, una
de las damas profiere gritos
alzando las manos al aire. La
maestría de Holbein se hace
evidente en los detalles de los
edificios y la vestimenta: con
pocas líneas traza los pliegues de
las ropas y los diferentes tipos de
prendas.

El obispo
El siguiente en la danza es el
obispo. Las figuras centrales, el
obispo y la Muerte, están en el
campo, rodeados de ovejas y
pastores. Tanto los animales
como los hombres lucen
confundidos; estos últimos se
llevan las manos a la cabeza o las
extienden. En el suelo, a la
izquierda, vemos el reloj de arena
que anuncia que la vida del
obispo ha llegado a su fin: la
Muerte lo ha tomado de la mano
y lo arrastra, mientras el siervo
de Dios se resiste y parece pedir
por su vida. El “rebaño” del
obispo podría estar en crisis por
la partida de su pastor, pero
también podría aludir al mal
estado en el que este deja a
aquellos cuyas almas debía
cuidar. La puesta del sol refuerza
el ambiente lúgubre y la crisis del
rebaño.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El duque
Encontramos una composición
similar a la del grabado de “El
emperador”: el duque,
acompañado por su séquito,
ignora deliberadamente a la
mujer pobre que está a punto de
caer de rodillas mientras sujeta a
su pequeño hijo de la mano. El
duque, fastidiado, extiende las
manos en un gesto de rechazo. La
Muerte, coronada con hojas, jala
al duque de la capa, como para
obligarlo a atender sus deberes.
Uno de los acompañantes mira a
la mujer, pero el gesto parece de
desdén. El escenario es el
exterior del castillo. El niño,
apenas vestido, mira al
espectador para hacerle partícipe
de la escena.

El abad
En el siguiente grabado solo
tenemos dos figuras: la Muerte y
un abad. Este último ocupa gran
parte del espacio, pues muestra
signos de obesidad, producto,
probablemente, de una vida
dedicada a la búsqueda de
placeres antes que a la oración.
La muerte, que cubre su cabeza
con un sombrero parecido a una
mitra y lleva en la mano derecha
un báculo decorado con una tela
(ambos atributos de la autoridad
del abad), arrastra al abad de su
túnica, quien agita el breviario
que lleva en la mano izquierda.
El espacio en el que están los
personajes es un lugar agreste:
están en un espacio abierto, el
suelo es pedregoso y solo los
acompaña un árbol solitario
(entre sus ramas hay un reloj de
arena).

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

La abadesa
En este grabado tenemos una
composición similar a la de “La
reina”: la Muerte arrastra a la
abadesa de su escapulario,
mientras que una monja clama
exasperada por ella. La religiosa,
a diferencia del abad, es sacada
de la abadía. Con ella lleva un
báculo y un rosario. Ante la
Muerte, que lleva en la cabeza
una corona de, probablemente,
hojas, la abadesa no muestra el
temple que debería tener dado su
puesto en la Iglesia; esta idea se
refuerza por cómo la Muerte la
conduce, casi como a un animal.
El reloj de arena está ubicado en
el suelo, al lado izquierdo.

El hombre noble
Seguimos bajando en la jerarquía
de la élite secular: este grabado
representa el intento fútil de un
miembro de la nobleza de
enfrentarse a la Muerte. El
hombre está ricamente vestido y
sus brazos parecen estar
cubiertos con una armadura;
además, empuña una espada. Sus
intentos son inútiles: detrás de él,
en un segundo plano, hay un
anda, sobre la cual está el reloj de
arena. La Muerte, desarmada, no
perderá este combate. Aparte de
la vestimenta y las armas —solo
los miembros de la nobleza
podían portarlas—, no hay pistas
del rango nobiliario del hombre.
El paisaje es agreste (hay un
tronco partido detrás).

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El canónigo
Este grabado muestra a otro
miembro del clero. Se puede
deducir su función religiosa,
pues está entrando a una iglesia
(nótense las dos estatuas de
ángeles ubicadas sobre
columnas); sin embargo, su
vestimenta (la capa de piel que le
cubre los hombros; los brocados
que decoran sus prendas) y cómo
está representado el hombre que
lo acompaña (parece un
cortesano por sus prendas;
asimismo, lleva en el brazo a un
ave de caza, pese a que la cetrería
era una práctica de los nobles)
muestran que sus intereses no
son los que predica la Iglesia,
sino mundanos. El canónigo nos
da la espalda; la Muerte,
embozada, lo ha sorprendido a la
entrada de la iglesia y le muestra
el reloj de arena. Detrás del
sirviente, se puede ver el rostro
de un niño.

El juez
Vemos a un juez en el acto de
recibir un soborno. Bien
alimentado y vestido, ocupa el
lugar central del grabado y le
extiende la mano al hombre
ubicado a su izquierda, quien lo
mira con complicidad, mientras
saca algo que podría ser dinero
de un recipiente. Este hombre,
que lleva el cabello ordenado y
luce prendas que revelan su
rango social alto (viste una capa
y no se ha sacado el sombrero),
contrasta con el que está a la
derecha del juez, quien luce
desaliñado, delgado y está mal
trajeado (tiene el sombrero entre
sus manos). La Muerte, ubicada
al lado del hombre pobre y con
un grillete del que cuelga una
cadena en el cuello, está a punto
de arrebatarle el cayado del juez.
Simbólicamente, el reloj de arena
está tirado a los pies de la lujosa
silla del juez.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El abogado
Vemos a un detentor de justicia
que, escandalosamente, recibe
dinero en un espacio público.
Esta vez la Muerte, ubicada en el
segundo plano, ocupa el lugar
central de la composición y con
los brazos extendidos abarca a
los protagonistas del soborno. A
su izquierda, un hombre noble
(bien peinado, vestido y
alimentado) le entrega monedas
al abogado (ubicado a la derecha
de la Muerte y también bien
vestido y entrado en carnes). La
Muerte pareciera recriminar al
abogado, quien concentrado en
las monedas aún no se percata de
su presencia ni del reloj de arena
que anuncia su partida de este
mundo. Detrás del hombre rico,
hay otro que contempla estos
malos tratos con tristeza,
mientras junta las manos como si
suplicara o rezara.

El senador
En este grabado vemos otro acto
de injusticia. La figura central es
el senador, quien en su paseo por
la ciudad se detiene a conversar
con un hombre rico y le da la
espalda a un hombre pobre. El
contraste entre estos es violento:
el aspecto del mendigo, desde el
rostro sin afeitar hasta las
prendas desgastadas y rotas,
chocan con el atuendo a la moda
del hombre rico. La Muerte está
en el suelo, mirando al senador
fijamente, mientras sujeta una
pala con una mano y en la otra
tiene el reloj de arena. El senador
no le presta atención, tampoco al
mendigo, aunque este le toca la
espalda y parece estar
hablándole. Un demonio alado,
como en el grabado de “El papa”,
distrae al senador con un
instrumento que lo hace sordo a
las súplicas.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El predicador
La situación que Holbein nos
presenta es diferente a las de los
otros grabados en los que
muestra a religiosos. Estamos en
el interior de la iglesia (aunque
no hay una Biblia ni
decoraciones que lo indiquen),
en el momento en el que el
predicador recibe la visita de la
Muerte. Los asistentes son
hombres de toda condición
social: uno viste pieles, los otros
visten con sencillez, y parecen
escuchar con atención al
predicador. La Muerte, con una
estola en el cuello, toca con
delicadeza al predicador con una
quijada, como enfatizando su rol
en la iglesia. El movimiento es
delicado y contrasta con los
gestos violentos de los grabados
anteriores. El reloj de arena está
al lado del predicador.

El párroco
En el grabado anterior veíamos a
un predicador cumpliendo las
funciones que se le han
encomendado, en este sucede lo
mismo: un párroco lleva el copón
para administrar la Eucaristía a
una persona que está a punto de
morir (probablemente la pareja
joven que cierra la comitiva sean
los parientes del moribundo).
Pero el párroco no llegará su
destino; su marcha la lidera la
Muerte, que lleva el reloj de
arena debajo del brazo; mientras
que con una mano sujeta una
lámpara (como los psicopompos,
la Muerte guiará el camino del
párroco) y con la otra, un
instrumento musical. La marcha
es apacible; el párroco no ofrece
resistencia.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El monje
Este grabado muestra a un monje
mendicante: es evidente que pide
limosnas por el recipiente que
lleva en sus manos; se puede
dudar de su pobreza por la bolsa
llena que sujeta con su mano
derecha y la que cuelga de su
cinturón. La Muerte lo jala de la
capucha con violencia; el reloj,
ubicado en el suelo al lado
izquierdo, muestra que el tiempo
del monje ha terminado. Otros
elementos interesantes del
grabado son los siguientes: el
monasterio, otrora lujoso (nótese
la decoración de la columna),
tiene un muro derruido; además,
aparece por primera vez otro
acompañante de la Muerte:
vemos un perro escuálido a los
pies del monje, que tiene la
función de psicopompo, es decir,
la de conductor de almas.

La monja
En este grabado, Holbein
muestra a tres personajes: una
monja, su amante y la Muerte,
con atributos femeninos.
Sabemos de la relación ilícita de
la religiosa por varios detalles:
ella, en lugar de concentrarse en
sus rezos mira a un hombre
joven, bien vestido y con el
hombro descubierto, quien la
mira sentado en una cama
cubierta por doseles, mientras
toca un instrumento de cuerda.
Ambos, la monja y su amante,
parecen personajes de una escena
de amor cortés. La Muerte está al
centro; la monja no lo ha notado,
pese a que la parca está a punto
de extinguir su vida: la vemos a
punto de apagar la flama de la
única vela del altar. Al pie de
este, está el reloj de arena roto y
con su contenido desperdigado.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

La anciana
En este grabado, Holbein nos
muestra a una anciana, que viste
con sencillez y se apoya en un
bastón, mientras es conducida
por la Muerte, coronada con
hojas, que parece bailar al ritmo
de un esqueleto que dirige la
comitiva mientras toca un
instrumento de percusión. La
anciana lleva en sus manos un
rosario, que podría interpretarse
como símbolo de piedad. El reloj
de arena, roto, está ubicado en el
suelo, a la izquierda. A diferencia
de los parajes agrestes de
grabados anteriores, en este
vemos vegetación.

El físico
En castellano antiguo, el físico
era el ‘profesor de medicina’ o el
‘médico’. Holbein ha dibujado a
este personaje en su sala de
consulta (en su habitación vemos
libros e instrumentos sobre un
estante). El físico está sentado
sobre un cojín mientras lee un
libro ubicado sobre el
scriptorium. La Muerte, que es la
figura central de la composición,
separa al físico de su paciente, un
hombre anciano que se apoya
sobre un bastón. Con una mano,
la Muerte detiene el avance del
anciano y con la otra le entrega
un frasco, que podría ser un
urinal, al físico. Holbein parece
decirnos que quienes han de
partir no necesariamente tienen
que estar enfermos ni ser
ancianos. El reloj de arena está
sobre el scriptorium; en un
primer plano, acurrucado en el
suelo, descansa un perro.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El astrólogo
En este grabado vemos otro
oficio similar el del físico: ambos
prevén la muerte; sin embargo,
esta los toma por sorpresa. El
astrólogo que Holbein dibuja
está en una corte: viste bien y sus
muebles están finamente
decorados. Parece estar en medio
de una predicción: apunta y
observa un orbe terrestre
suspendido del techo; sin
embargo, falla en ver a la Muerte,
que sujeta un cráneo y parece
querer mostrárselo al astrólogo
para anunciarle que ha venido
por él. Sobre la mesa, hay un
libro, un recipiente, un objeto de
medición y una vela casi
consumida.

El avaro
En este grabado, Holbein nos
muestra a un hombre que ha
acumulado dinero y se ha
encerrado en una habitación que
llama la atención por los barrotes
reforzados de la ventana. Los
símbolos de riqueza son
evidentes: hay monedas sobre la
mesa, hay dos cofres bien
asegurados, hay varias bolsas de
dinero. El avaro parece
increparle a la muerte porque
esta está recolectando las
monedas desperdigas sobre la
mesa en un recipiente. Su futura
muerte (hay una vela a punto de
ser consumida y un reloj de arena
sobre la mesa) no parece
preocuparlo. Los avaros están
relacionados con los usureros,
que lograban acumular riqueza
sin mucho esfuerzo, a base de
prestar dinero y exigir intereses
elevados.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El mercader
En este grabado, vemos
representado otro oficio, el de
mercader. Holbein nos muestra a
dos mercaderes exitosos, basta
ver los detalles de su vestimenta,
que se dedican al comercio
marino. Es evidente que los
personajes están en un puerto,
por los barcos que están en el
fondo y porque los hombres
están descargando paquetes. El
mercader elegido por la Muerte
se aferra no solo a la vida, sino
que intenta, desesperado, tomar
las monedas que probablemente
ha estado contando (algunas
están sobre el paquete, pero la
mayoría están en dos bolsas). La
Muerte no se detiene, lo mira con
gesto irónico y lo arrastra de la
capa con una mano, mientras que
con la otra lo obliga a mirarlo.

El marino
El medio más importante del
comercio marino eran los barcos
de transporte. En este grabado
vemos cómo la Muerte se lleva a
un grupo de gente, no solo a un
personaje. El esqueleto parece
salir del mar embravecido y
sacude el mástil de la
embarcación hasta quebrarlo. La
embarcación está perdida: sin
mástil y con la vela destrozada
por la fuerza del viento no hay
forma de llegar al puerto.
Conscientes de esto, varios de los
marineros, completamente
aterrorizados, intentan arrojarse
al mar.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El caballero
Holbein nos muestra un combate
entre un caballero, que empuña
una espada; y la Muerte, que lo
atraviesa con una lanza. La
Muerte, con cota de malla,
supera las habilidades
caballerescas de su víctima
quien, en lugar de mostrar
maestría en su arte, solo exhibe
su rango social por las
abundantes plumas que decoran
su casco. El paisaje es agreste: no
hay vegetación; a la distancia se
observan casas pequeñas. Casi al
centro y sobre el piso, se
encuentra el reloj de arena.

El conde
En este grabado vemos a otro
personaje que ha decorado su
sombrero con plumas (en el
grabado anterior, era un casco).
En este combate, Holbein ha
dibujo a un conde desesperado,
que suplica por su vida. Ha
intentado entablar combate con
la Muerte, pero esta, más
poderosa, lo ha desarmado
(nótense los objetos tirados en el
suelo). La Muerte está en el
segundo plano, sujetando,
triunfante, parte de la armadura;
Holbein la ha dibujado con ropa:
en el cinturón le cuelga un
cuchillo, por lo que es evidente
que no ha habido necesidad de
enfrentarse al conde con armas.
El paisaje es agreste, apenas hay
vegetación; a lo lejos se distingue
una fortificación.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El anciano
Al igual que en el grabado de “La
anciana”, en este vemos a la
Muerte que conduce a un anciano
con tranquilidad hasta su tumba,
incluso alegría, pues el esqueleto
toca un instrumento. El escenario
es un cementerio en el que
florece un ciprés, árbol asociado
fuertemente a la muerte; sobre un
muro bajo y a la sombra del árbol
está el reloj de arena. El anciano,
que viste con elegancia, se apoya
en un bastón y está a punto de
caer al agujero.

La condesa
La Muerte ha visitado a la
condesa mientras esta está a
punto de probarse un vestido
elegante que le extiende una de
sus sirvientas, junto a algunos
collares. Al igual que otros
personajes, está fuertemente
atada a sus posesiones terrenales,
a tal punto que no nota que quien
le coloca un collar en el cuello es
la Muerte; el collar está formado
por huesos y la sirvienta, por el
gesto, parece haber notado la
presencia del esqueleto. Sobre
una mesa decorada con detalle,
entre otros objetos, vemos el
reloj de arena.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

La dama
Otro personaje femenino en la
serie: esta vez Holbein ha
dibujado a una dama ricamente
vestida (nótense las joyas y la
decoración de las prendas,
además del cuidado con el que
viste), quien está acompañada
por su esposo, quien luce igual de
elegante. El hombre observa con
tristeza a la mujer, pues sabe que
va a partir. La caminata de ambos
está precedida por la Muerte, que
toca con energía un tambor. De
las paredes de la habitación
cuelga un tapiz; en el suelo, a la
derecha y al lado del esqueleto
encontramos el reloj de arena.

La duquesa
En este grabado, la Muerte
sorprende a la duquesa en su
habitación: mientras un
esqueleto toca el violín, el otro
jala a la mujer de los pies. A los
pies de la cama lujosamente
decorada (nótense las tallas, los
doseles, por ejemplo), en la que
el artista ha dejado su firma
(HL.), hay un perro. La mujer
está casi de espaldas; viste con
elegancia.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El buhonero
En este grabado, Holbein nos
muestra a un vendedor
ambulante, que camina por un
lugar agreste mientras lleva en la
espalda abundantes productos
para vender. El buhonero mira
aterrado a la Muerte que lo jala
hacia el lado derecho del
grabado, mientras que el hombre
apunta hacia la izquierda con una
mano y con la otra sujeta su
espada. Entre las piernas del
hombre hay una criatura, como
un perro o gato, pero con melena.
Detrás de estos dos personajes
hay otro esqueleto, casi de
espaldas, que sujeta un
instrumento con el que apunta el
cielo.

El labrador
En este grabado, el arador y la
Muerte casi dan la espalda al
espectador: el arador, un hombre
anciano, conduce a sus caballos
mientras prepara la tierra para
sembrar. La Muerte, con un
látigo, azuza a los animales y
parece dirigirlos: los animales ya
no siguen los surcos, sino que
parecen desviarse y dirigirse
hacia el fondo, donde hay una
colina, sobre la que hay una
iglesia, iluminada por la luz del
sol que está justamente detrás de
la edificación. El escenario es el
más agradable de la serie, por la
abundante vegetación. La
Muerte anuncia al anciano su
próximo fin: el énfasis en la
iglesia y la ausencia de otros
símbolos que se asocien a la
muerte parecen indicar que el
hombre ha conseguido la
salvación de su alma.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El niño
El último personaje en
acompañar a la Muerte es un niño
pequeño que apenas está vestido.
El lugar en el que vive muestra
signos de deterioro severos. La
Muerte conduce al infante a la
salida de la casa, mientras este
intenta quedarse con su madre y
su hermano, quienes observan
con espanto su partida. En el
momento en el que la Muerte
irrumpe, encuentra a la familia en
una situación cotidiana: la mujer
se encontraba calentando comida
en una hoguera improvisada. El
reloj de arena está en el suelo, al
lado derecho del grabado.

El último juicio
El penúltimo grabado de la serie
muestra una escena bíblica: el
último juicio, momento en el que
todas las almas serán juzgadas y
no habrá más muertes. Holbein
ha interpretado los pasajes
bíblicos de la siguiente manera:
sobre una esfera que podría ser la
Tierra está Jesús, que está
iluminado por el sol. Detrás de él
hay un arcoíris que divide el
espacio en dos partes: arriba,
donde están aquellos que ya
están salvados; abajo, los cientos
de personas que claman antes de
escuchar el veredicto de Dios.

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La Danza de la Muerte: los grabados magistrales de Hans Holbein

El escudo de armas de la
Muerte
Con este grabado Holbein
termina su Danza de la Muerte.
Si al principio veíamos a la
pareja fundacional: Adán y Eva,
ahora vemos a una pareja de
nobles, marido y mujer,
ricamente vestidos que presentan
el emblema de la Muerte: una
especie de fuente, dividida en
tres partes: la base está decorada
con un cráneo que muerde una
serpiente; de la parte central cae
agua con fuerza; la parte superior
es un reloj de arena flanqueado
por los huesos de brazos que
sujetan una piedra.

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