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Instituto de Constelaciones Familiares

Brigitte Champetier de Ribes

www.insconsfa.com

Taller De Constelaciones Familiares desde el Centro Vacío

Con Las Nuevas Constelaciones Cuánticas

Impartido por Brigitte Champetier de Ribes

Lima (Perú), 16 y 21 de junio de 2016


Organiza: Marita Escalante. Cel. 99971-3456. 951435018
marita@sanacionconamor.com
Índice

Apuntes de Brigitte Champetier de Ribes p. 3


La supervisión p. 3
La paradoja p. 3
Lo cuántico p. 4
¿Qué constelar? p. 6
Desarrollo de una Nueva Constelación Familiar p. 7
Después de una constelación p. 9
Las Nuevas Constelaciones p. 11

Unas palabras de Bert Hellinger p. 12

Instituto de Constelaciones Familiares Brigitte Champetier de Ribes


www.insconsfa.com - info@insconsfa.com - Tel. 0034-91 425 23 29 - 0034 - 615 322 920

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Brigitte Champetier de Ribes

La supervisión

Las constelaciones forman parte de un proceso de crecimiento, en el que nos ponemos al


servicio de la vida, asintiendo y agradeciendo todo como es; conscientes de que vivimos en
una comunidad de destino, tanto con nuestros ancestros como con todos los seres vivos;
sabiendo que una profunda dimensión sistémica oculta dirige nuestras decisiones, nuestras
emociones y nuestros destinos. Las constelaciones son la herramienta que reorienta nuestro
quehacer hacia más vida, más salud, más amor. Hacia una mayor realización.

Por un lado permiten una apertura de la conciencia que a su vez sana nuestra vida. Nos
ayudan a estar más vivos, en la fuerza y la responsabilidad del adulto, a estar centrado, en el
respeto y en la gratitud. Y con ello nuestras vidas empiezan a cambiar.
Por otro lado, la herramienta basada en representar a otros, sin saber nada de ellos, desde el
centramiento, solamente empujado por un lento y silencioso movimiento sanador, permite
una sanación profunda, a menudo sorprendente y rápida de cualquier sufrimiento de
nuestra vida.

La paradoja

Rechazar algo sólo sirve para que ese algo crezca.


Temer algo es atraer ese algo.
Solamente el asentimiento nos libera de las cargas y permite que se inicie el cambio.

¿Cómo entender esa paradoja?

Nuestra vida es energía, es movimiento y cambio. Si fluimos con ese movimiento, vamos
hacia más vida. Si nos oponemos a él, el cambio no llega, lo estamos bloqueando.
Sin embargo una potente influencia sistémica nos empuja a imitar lo ya existente. El
sentimiento de culpa nos impide ser auténticos, ¿cómo voy a atreverme a soltar la tradición?
Además, nuestra mente tiene miedo al cambio: se agarra a lo conocido y lo quiere repetir una
y otra vez. Estamos continuamente frenando la corriente viva de la vida con nuestros
miedos, ilusiones, frustraciones… Nos cuesta reconocer que la vida nos está hablando a
través de las pruebas, problemas, conflictos o accidentes. Cada dificultad es necesaria para
que de ella germine algo nuevo. Pero para que dé sus frutos tenemos que aceptar vivirla…

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Para que nuestros problemas nos hablen, primero hemos de aceptarlos. Aceptar todos los
límites que configuran nuestro destino. Sólo entonces la vida se volverá a poner en marcha.
En el problema está la solución, está la vida.

¿Qué es el destino desde el punto de vista de las constelaciones?


Nuestras vidas están determinadas por nuestro sistema familiar, y los demás sistemas a los
que pertenecemos. Una observación sistémica a la que no nos podemos sustraer es la
siguiente: los más pequeños han de terminar lo que sus mayores no terminaron. Toda
emoción sigue un ciclo que permite acabar en paz y adaptado a un nivel más alto de la
realidad. Si un enfrentamiento no ha llegado a la reconciliación, si no se ha agradecido un
favor, no se ha terminado de llorar un muerto, un descendiente tendrá que vivir este mismo
conflicto, hasta que se resuelva. Nuestro destino está marcado por varias fidelidades a
ancestros que no acabaron algo. Y sus conflictos serán nuestros conflictos mientras nos
neguemos a asumirlos.
Cada día nuestro destino varía, se hace más llevadero en cuanto asumimos algo y empeora
cuando lo rechazamos. Y por resonancia el destino de los demás mejora o empeora…

Por lo que el primer requisito antes de plantearse una constelación es asentir a lo que nos
toca y responsabilizarnos de la consecuencia de todos nuestros actos, emociones y
pensamientos.

Lo cuántico

Estar en sintonía con la vida como es, asentir, agradecer a la vida como es, produce un salto
cuántico en nuestras vidas. Produce la sanación.

El asentimiento y el agradecimiento son fuerzas del campo del espíritu, del centro vacío o del
gran Campo, previas a los órdenes del amor. Son fuerzas que sanan los órdenes del amor y
sanan nuestras vidas.

Lo que Bert Hellinger llama el amor del espíritu es la visión de la vida sobre la que el nuevo
paradigma descansa: la visión cuántica de la vida.

La actitud cuántica nos pide estar en el observador neutro y compasivo, que lo ve todo con
amor, agradecimiento y respeto. El observador cambia lo que ve y a la vez es transformado
por lo que ve. La observación se transforma en un bucle de resonancia sin fin, una espiral de
sanación.

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Por otro lado, ahora sabemos que somos energía, y que todo es a la vez partícula y onda.
Junto a cada partícula o realidad materializada (desplegada) existe un océano “implicado”,
un océano de otras probabilidades. El salto de la partícula a otra onda de probabilidad se da
cuando el observador deja de mirar la partícula y no sabe qué va a pasar; se da cuando su
mente se entrega a algo más grande, al centro Vacío o al Gran Campo.

Las Nuevas Constelaciones integran la dimensión cuántica de la vida cuando la persona se


sitúa en observadora de su vida, aceptando ver todo lo que se desarrolla delante de ella en la
constelación, agradeciendo y honrando todo, sin juicio, para luego despedirse de su pasado y
elegir la vida con lo que le toque, entregándose al gran Campo y a todo lo posible, con una
sensación profunda de agradecimiento a la misma vida.

Ya no somos los encargados de sanar a nuestros ancestros. Sólo debemos vivir, vivir con lo
que nos toque, y milagrosamente todo empezará a sanarse.

La energía en el campo está a su máximo cada vez que alguien pronuncia esta frase: ELIJO
LA VIDA. Todo se transforma.

Entonces, se produce el “milagro”. Cuando la persona elige con toda su fuerza vivir la vida
como es, el pasado se sana y la libera. Los ancestros, uno tras otro, van tumbándose y
cerrando los ojos. Suelen comentar la liberación, la paz o la alegría que les da esa frase.
Algunos muertos relatan incluso que viven un profundo proceso de transformación. Ya no
hace falta hurgar entre los ancestros para sanarlos. Ya no se debe saber quiénes son.
Solamente verlo todo, agradecer y dejarlo atrás para entregarse al Campo de punto cero, a la
Vida como es, desde el amor, sin intención.

Y descubrimos que la clave de la sanación está en nuestra decisión, en nuestra elección, sea
cual sea el peso anterior. El pasado se sana gracias a nuestra aceptación, no por nuestro
trabajo sobre él…

La evolución del movimiento del espíritu hoy nos muestra que este movimiento de sanación
está en nosotros, está en nuestra elección por la vida. Ahí está la sanación.

Y la fuerza que entra en la persona y en el campo entonces es máxima.


De esta manera hemos salido de la polaridad “estar bien / estar mal”, el observador lo mira
todo con amor y agradecimiento, y al hacerlo su vida cambia de frecuencia, sale de la
polaridad, da un salto a algo distinto y siempre mejor: hacia más vida y más conciencia.

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¿Qué constelar?

¿Qué es lo esencial para mi hoy?


En el camino de vida que llevo, ¿qué es lo que realmente necesito?
¿Qué es lo que intento una y otra vez y no consigo?
¿Existe un patrón de repetición en mi vida, mis actitudes, mis elecciones?
¿Algo ha ocurrido, algo que no puedo integrar?

La constelación no va a ir más allá de lo que uno pone. En el equilibrio entre dar y recibir, la
persona asume y agradece su vida como es, y la vida le regalará un cambio. El cambio será
proporcional a lo que nosotros soltemos por amor.

El constelador no es el sanador, sólo se pone al servicio de tu destino, tu sistema familiar y de


la energía, permitiendo que otras fuerzas (movimiento del espíritu, fuerzas de sanación,
resonancia, etc.) trabajen haciendo emerger una nueva realidad de tu propia vida.

Ese movimiento de sanación respeta el libre albedrío de la persona y no irá más allá de lo
que la persona entrega, en cuanto a amor, aceptación y respeto.

Por otra parte, no existe sanación individual, la sanación es de todos. La solución es


necesariamente una solución buena para todos. Por lo que nos podemos olvidar de los
detalles de lo que queremos conseguir. Sólo las fuerzas de sanación saben cuál puede ser la
solución buena para nosotros. Y nuestra apertura a la vida como es permitirá que se
desarrolle una solución totalmente inesperada y buena para todos.

Los que quieren controlar el curso de su vida, lo hacen durante un periodo y luego
necesariamente se les escapará y vivirán la polaridad de su control.

El constelador no va a hacer de padre ni de madre, no es un protector, ni es un mago: no


puede cambiar mi destino, ni liberarme de mis responsabilidades o de mis culpas. Tampoco
va a poder transformar mis sueños en realidad. Sólo se va a centrar permitiendo que el
cliente se conecte con su propio centro vacío. Ahí reside toda la sanación.

¿Quién se puede constelar?

Sólo un adulto se puede constelar, sólo el que asume sus responsabilidades, el que es capaz
de reconocer lo que hay y puede tomar decisiones personales y autónomas (como decir sí,
despedirse, devolver algo…).

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Un adulto para el sistema familiar es el que se mantiene, es autónomo, trabaja. Mientras un
hijo es mantenido por sus padres no es autónomo y no puede tomar decisiones autónomas,
por lo que no se puede constelar, pero sí sus padres por él.

Desarrollo de una Nueva Constelación Familiar

El constelador sabrá si pregunta o no a la persona el tema que quiere trabajar.


Entonces, la persona, muy centrada, elige si quiere trabajar un tema esencial para su vida de
hoy, o si prefiere dejar que el campo haga surgir la dinámica inconsciente que hay que sanar
con prioridad hoy.
El terapeuta le dice entonces que elija entre los presentes un representante para sí y otro
quizás para su tema.
Los participantes reciben la consigna de ponerse al servicio de la vida del cliente, abriéndose
a algo más grande y se dejarán empujar hacia la constelación como si estuvieran ya
representando.

Sobre la representación: la constelación no es psicodrama, no es emocional, no hay que


representar nada. Podríamos decir que es una terapia corporal, se trata de dejarse llevar por
algo que impulse nuestro cuerpo independientemente de nuestras emociones o de nuestro
dialogo interno. Es una meditación activa.

Los participantes se recogen internamente, como para estar en estado de meditación y a


partir de ese momento sólo se dejan guiar por algo que va a empujar sus cuerpos sin que
sepan por qué. Cuanto más lento es su movimiento, más sanador va a ser. La calidad de la
constelación depende mucho de la calidad de la representación: el representante en estado
meditativo, sin pensamiento, se deja llevar por un movimiento, que es siempre un
movimiento de reconciliación y de sanación.

Es importante recordar que el representante no tiene NADA que ver con lo que va a
representar. Es tomado por un movimiento del que simplemente se hace el canal, el eco. En
profundo silencio y respeto.

Desde el centro vacío y el asentimiento a todo como es, el grupo de asistentes se pone a
disposición de la sanación de la persona que se constela, dejándose actuar por el campo, en
completo silencio y sin saber lo que representan la mayoría de la veces. Cuando Brigitte lo
siente, la persona introduce frases sanadoras o se pone en sintonía con algo o con alguien. La
dinámica interna de la familia se va mostrando, la intrincación surge.

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A partir de ese momento el constelador sentirá la necesidad de pasar a otro nivel: ver todo,
honrar y agradecer a todos los ancestros, todos los destinos y entregarse ya a la vida,
despidiendo el pasado con agradecimiento y eligiendo la vida.

Cuando el cliente elige la vida todo empieza a sanarse. Todos, incluyendo los muertos,
experimentan un cambio radical. Lo podemos llamar un salto cuántico o cambio a una nueva
realidad que va acompañada de una apertura de la conciencia. Más conciencia para más
vida.

La constelación se puede acabar en cuanto el movimiento de sanación ha hecho su aparición,


cuando la persona se siente embargado por la vida y la fuerza. El constelador es el que sabe
cuándo interrumpir una constelación. Recordaremos que el movimiento puesto en marcha
seguirá en toda las personas representadas aun cuando la constelación se ha interrumpido.
La constelación no es para ser analizada. Pone en marcha un movimiento al que nos
entregamos con confianza y agradecimiento.

A veces el constelador siente que no tiene permiso para hacer entrar en escena a los ancestros
de la persona y que la sanación vendrá por resonancia con los vivos. O bien siente que la
fuerza sanadora para la persona está en la resonancia con los presentes.
La constelación se inicia de la misma manera que la familiar, con un representante o dos (la
persona y su tema). Posteriormente la consigna para el resto del grupo es también de ponerse
al servicio, entregándose a algo más grande. Y se añade: “ahora os vais a representar a vosotros
mismos”.
El movimiento de sanación se irá dibujando gracias a la relación profunda que se irá
desarrollando entre varias personas. Esta relación permite que sus resonancias se vayan
sincronizando, hasta llegar a la sanación.

Los representantes, en la medida en que se han entregado sin poner nada de su parte,
totalmente recogidos y en silencio interno, recibirán sanación a cambio. No se sabe de qué
manera, pero se sentirán distintos, con más fuerza y mayor conciencia.

La sintonía entre dos personas vivas hace que su emergía se duplique. La resonancia de
sanación que nace de estos encuentros en el campo, entre varios representantes de sí mismos,
es de una fuerza muy poderosa para todos los que entran en sintonía.

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Después de una Constelación Familiar

Durante los días que siguen tu constelación estarás en un período de sensibilidad y


emotividad agudizadas, con la memoria y el inconsciente muy abiertos, como si estuvieras
energetizado o en un estado alterado de conciencia. Por ese motivo es muy aconsejable
durante estos dos días una terapia energética (sacro craneal, acupuntura, polaridad, etc.),
pues el efecto de la constelación y de esa terapia se potenciará mutuamente.

Después, durante varias semanas, incluso varios meses y en algunos casos años, continuarás
procesando la información recibida el día de tu Constelación. En ese período se elaborarán
los cambios sistémicos y energéticos que tendrán lugar en ti, en otros miembros de tu familia
y en las personas que resuenan contigo. Son cambios muy profundos y sutiles: cambios de
creencias, cambios de energía, cambios de “guion” que implican que soltarás varias
compensaciones a las que tenías mucho apego, te llegarán nuevas metas.

Algunos se sienten removidos, raros, durante unos días. Como después de cualquier
psicoterapia, atraviesa la fase de cambios con ilusión, curiosidad, paciencia, sentido del
humor. Descubrirás después, a veces en seguida, que te sientes fluir de un modo nuevo lleno
de energía y de amor por ti mismo y los demás.
A veces se produce una resolución físicamente dolorosa, como dolores, gripe, cansancio.
Cuídate, son etapas normales de “desintoxicación”…

No tomes decisiones precipitadas, gastarías en balde la energía que poco a poco te va a


embargar. Las decisiones van a venir solas.
Posteriormente notarás que has emprendido un giro en tu vida y que este giro ha fluido sólo,
porqué ya estás totalmente en el aquí y ahora, sacando provecho y disfrutando de lo que te
queda, rindiendo al máximo de tus posibilidades. Que fluya no significa que viene sólo,
viene gracias a tu entrega, a tu nuevo respeto de lo sistémico y de la vida como es, a tus
tomas de conciencia, a tu decisión de asumir tus responsabilidades…

La constelación sigue actuando durante tiempo, es necesario dejarle su espacio. No hay regla
para saber cuándo constelar de nuevo.
Los sistemas a los que pertenecemos enviarán señales en forma de nueva dificultad cuando
necesiten que volvamos a constelar y a veces muy pronto. Piensa que no hay regla. Tu
cuerpo, tus emociones, tu vida, te dirán cuándo. Algunos verán la necesidad de trabajar
sistémicamente distintos aspectos de su vida que van surgiendo en lo cotidiano, y
aprenderán a hacerlo ellos solos, ayudados con los ejercicios de www.insconsfa.com,
haciéndose cada vez más autónomos.

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Mientras tanto, participar en las constelaciones de los demás es muy recomendable, siempre
que lo sientas, que te apetezca. Permite nuevas tomas de conciencia, nuevas liberaciones y
refuerzo del proceso iniciado.

Con el tiempo, en los momentos de estrés, es posible que te observes de nuevo reacciones o
síntomas que la constelación hizo desaparecer. Aparecen nuevas capas de la cebolla, ahora
tienes más experiencia, lo que aún no está liberado del todo se vuelve a manifestar para una
nueva toma de consciencia.

Desde que Hellinger se acercó al amor del espíritu y a su movimiento, la comprensión de las
constelaciones ha cambiado. Nos hemos dado cuenta que lo importante de una constelación
es el movimiento que se pone en marcha para el cliente, no la imagen final… Incluso uno
puede olvidar completamente su constelación, olvidar las imágenes de su constelación. El
movimiento interno puesto en marcha en esa persona y en su sistema familiar no necesita de
esas imágenes. Somos movimiento…

Tomo mi vida y mi proceso de evolución con amor y admiración.


Cada uno estamos al servicio de la vida, viviendo la etapa que nos corresponde vivir,
cada uno somos como tenemos que ser,
todos juntos
resonando todos con todos.

Agradezco a todos los que me han permitido llegar a dónde estoy,


ahora sé que todo lo hicieron por amor.
Agradezco la oportunidad de devolver su dignidad y su sitio
a las personas no honradas.
Me alegro por el patrimonio de humanidad
que estoy entregando a las generaciones futuras.

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Las Nuevas Constelaciones

También para la salud física y económica de los que facilitan constelaciones.

Estos talleres les permitirán aprender a constelar desde la seguridad de las Nuevas
Constelaciones. Pues las Nuevas Constelaciones, familiares, sistémicas, cuánticas, tienen una
eficacia sorprendente para el cliente, para el grupo y para el mismo constelador.

Hellinger nos avisó de que cuando un constelador “usurpa”, aunque sea sin saberlo, el lugar
del movimiento del espíritu, distintos fracasos y enfermedades le van señalando que va por
mal camino, para que se entregue al centro vacío, se ponga al servicio de algo más grande,
dejando actuar a ese Algo a través de los representantes.

Al participar en un taller de las Nuevas Constelaciones observará cómo dirigir una


constelación sin interferir con las fuerzas de sanación, evitando las contra transferencias
inconscientes, dejándose dirigir por el centro vacío y por las informaciones que salgan del
campo.

Verán cómo preparar al grupo al centro vacío para que participen en las constelaciones sin
las posibles manipulaciones que pagaría el constelador. Y cómo dirigir el cliente y el grupo
en resonancia con el centro vacío hacia la vida, soltando el pasado y la muerte, con amor,
respeto ya agradecimiento a la vida tal como es, provocando entonces la mayor sanación en
todo el sistema familiar.

Aprenderán a dejarse guiar por el campo y por todas las manifestaciones corporales de los
representantes. Brigitte dará las explicaciones didácticas que estén en resonancia con la
sanación de cada caso y responderá a las preguntas que se planteen.

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Unas palabras de Bert Hellinger

"Al estar presente en este taller, participas en una gran alma que te abraza si abres tu
corazón, te conectas con tu participación interior y te entregas con respeto a los
acontecimientos.

En las Constelaciones puedes sentir el impulso de actuar, de tomar postura o de consolar a


una persona que acaba de constelar. Al actuar así, entras en resonancia con tu historia y te
alivias a ti mismo. Por lo tanto, aunque te parezca difícil, es importante dejar a los demás en
su energía, sin preguntarles, sin animarles, sin felicitarles. De este modo la Constelación de
uno se transformará en la de todos.

Las Constelaciones actúan cuando uno las deja exactamente de la manera en que se las vio.
Es una imagen espacial y atemporal, de las profundidades y tiene su fuerza cuando se la deja
tal cual. Cualquier discusión sobre su contenido destruye la imagen.

Lo mismo sucede cuando uno acaba de trabajar y alguno del grupo se le acerca después a
preguntar: ¿cómo te ha ido?, ¿qué harás ahora? Lo que están haciendo es picotear su alma. Es
fatal invadir de esta manera el alma de otra persona como si tuviéramos el derecho de
hacerlo. Nadie tiene el derecho de hacerlo. Tampoco sirve intentar consolar. La persona es
fuerte. Quien intenta consolar es débil. Éste es en realidad quien no soporta el dolor del otro.
Porque en el fondo no quiere consolar al otro, sino que utiliza al otro para consolarse a sí
mismo.

No hay que interferir. Y eso es válido para todo este trabajo.

La persona misma tampoco debe actuar inmediatamente. Así no funciona. La imagen tiene
que descansar en su alma. A veces durante mucho tiempo, quizás medio año o más. Y uno
no hace nada para cambiar. Las imágenes ya actúan, simplemente estando. Y al cabo de un
tiempo en el alma se reúne la fuerza necesaria para hacer lo correcto. Aquello que es correcto
y bueno será diferente de lo que se acaba de ver. El alma de la persona sabe mucho más
todavía y al final uno sigue a su propia alma y así tiene la plena fuerza.

Por tanto no se sigue ni al terapeuta ni tampoco a esa imagen. Uno sigue a su alma. Pero esta
imagen ha impulsado algo en su alma que posteriormente hará posible el actuar.
Así hay que manejar estas imágenes."

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