DIEZMO SAGRADO: "EXPECTATIVA PERPETUA DE DIOS" Génesis 14:20; 28:20-22; Levítico. 27:30-33; Mateo 23:23.

INTRODUCCIÓN Hoy vamos a hablar sobre el diezmo. Pero ¿Dónde comenzó el principio del diezmo? ¿Espera en realidad Dios que yo diezme? ¿Será que pasará algo si yo no diezmo? Estas son preguntas sumamente importantes que no deben ser contestadas por suposiciones humanas, sino mediante un examen cuidadoso de las Escrituras. I. EL PRIMER HOMBRE DE FE ACEPTÓ EL DIEZMO COMO UN DEBER ESTABLECIDO La primera referencia categórica al diezmo en la Biblia se refiere a Abraham (Génesis 14:20). El gran patriarca se detuvo después de la victoria en una batalla para entregar la décima parte a Melquisedec, el sacerdote nativo de Salem (Jerusalén). Está claro que Abraham no considera esto una ofrenda sino una obligación. Este mismo pasaje incluye la primera tentación a no diezmar. El rey de Sodoma invita a Abraham a compartir el botín de la batalla con él. Abraham rehúsa dar el diezmo sagrado a otro excepto a Dios. Aquel diezmo de Abraham es uno de los pocos hechos de los patriarcas registrados en el Nuevo Testamento (Hebreos 7:4). Abraham vivió hasta que Jacob era un muchacho. Este último adoptó personalmente la fe de Abraham, incluyendo la práctica habitual de dar a Dios el diezmo sagrado (Génesis 28:20-22). Está fuera de toda duda que el diezmo se convirtió en la práctica de los primeros hombres de fe. Abraham recibió estatutos, mandamientos y leyes (ver Génesis 26:5) de los cuales no tenemos registro alguno, pero obedeció fielmente. Diezmar debe haber estado entre dichos mandamientos. II. EL ANTIGUO TESTAMENTO AMPLÍA Y CONTINÚA LA PRÁCTICA DEL DIEZMO El diezmo es introducido en la ley de Moisés como una práctica y en una proporción ya establecidas (Levítico 27:30-33). La ley establecida que todo israelita debía entregar el 10 por ciento de todo producto, tanto grano como frutos. Más aún, una de cada diez reses nacidas cada año había de darse a Dios. Hay evidencia sólida de que el Antiguo Testamento demandaba no sólo un diezmo, sino tres durante algunos años. Además del diezmo para los sacerdotes, debía haber una fiesta del diezmo (Deuteronomio 14:22-27) en la que el ofrendante participaba comiendo de lo diezmado. Asimismo cada tres

años debía darse un diezmo para los pobres de la tierra (14:28,29). Así, la expectativa divina para las personas del Antiguo Testamento podía aproximarse al 30 por ciento en algunos años. III. JESÚS DEMANDA EL DIEZMO SÓLO COMO EL COMIENZO DEL DAR Jesús reafirmó el pago de los diezmos (Mateo 23:23). Jesús pidió mucho más: "Cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo (Luc.14:33). Para él el diezmo sólo era el comienzo; porque después había que darlo todo. Jesús vivió en la generación de personas más conscientes de la práctica del diezmo sagrado. El criterio principal para los fariseos en cuanto al servicio a Dios era dar el diezmo. Debemos notar que los fariseos vigilaban a Jesús constantemente. Acusaron a Jesús de muchas cosas, pero ni una sola vez le acusaron de dejar de diezmar ni de enseñar en contra del diezmo. El Señor mantuvo muchas controversias con los fariseos, pero nunca hubo una controversia sobre el diezmo. De igual manera, Jesús juzgó a los fariseos por muchas cosas, pero nunca los criticó ni condenó por no dar el diezmo. El Señor dijo a los creyentes que, a menos que nuestra justicia sea superior a la de los escribas y fariseos no formaremos parte de su reino (Mateo5:20). A la luz de eso, ¿cómo puede un cristiano dudar honestamente de que el punto de partida es el diezmo? CONCLUSION Y USTED ¿es fiel con sus diezmos? ¿Cuántas veces no ha querido dar diezmos? La enseñanza de la Biblia nos indica lo importante que es diezmar. Debemos cultivar esta práctica nosotros mismos y todos los miembros de nuestra familia. Si lo hacemos, seremos más bendecidos por Dios. Le animamos a ser fiel a Dios con su diezmo. Nosotros no le vamos a estar controlando si usted lo hace o no. Eso es solo entre Dios y usted. Sea fiel a Dios todos los días de su vida. “Probadme ahora, dice Jehová, si nos os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”

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