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Retrato de Bodas

Por Rossemarie Caballero

La madre odiaba a la hija como se odia lo bello cuando se es feo, como se odia el agua
cuando se es sequía, como se odia el sol cuando se es sombra porque la madre era todo
menos luz, y uno odia lo que le es adverso, lo que no puede dominar, aquello que le quita
fulgor, lo que le hace verse ínfimo y ridículo ante el mundo, y la madre se sabía ínfima y
ridícula ante los ojos de los otros y en particular frente a la hija, por eso la odiaba, odiaba
y detestaba e insultaba y maltrataba a su hija, pero la hija logró poner distancia, al menos
distancia física, y eso enfureció peor a la madre; el hecho de no poder castigarla tras la
osadía de resguardarse, de no dejarse vejar y flagelar, ponía histérica a la madre, por lo
que empezó a tragar de su propio veneno y a morir lentamente. Pero aunque la hija logró
huir, y parecía que la madre había dejado de humillarla, ella regresaba, porque era hija y
regresaba a ver a su madre, regresaba porque no era mala hija, le llevaba presentes y
dinero, la veía en visitas esporádicas, ahí, apenas en el patio donde la madre solía tomar
sol, la hija sentada sobre una banqueta de malamuerte junto a la madre que antes la
maltrataba y que pasado el tiempo ya no tuvo poder para insultarla y golpearla pero la
golpeaba de otra forma, la golpeaba en la memoria, la odiaba y en la memoria la seguía
golpeando, ahora la golpeaba más porque le provocaba mayor ira saber que la hija había
logrado superar la barrera de la miseria y que ahora era otra persona, tan otra que hasta
parecía no ser una de esas que salen de los barrios pobres y surgen por su belleza, #pobre
pero bella#, el capital de la belleza es invalorable y la hija supo sacarle partido. Por eso,
cuando retornaba a su país se hospedaba en lugares finos, hosterías de prestigio o donde
amistades de clase media alta porque ella tenía cierto roce con cierta clase, alta no, pero
media alta sí, claro que no nació aristócrata para estar en la clase alta, porque alta es alta
de nacimiento, clase alta como aquella de las hermanitas del parque Q., que se pensaban
nacidas en la nobleza y descendientes de la condesa de A. y no se mezclaban con las
clases medias aunque estuvieran viviendo entre gente de las clases medias y mandaran a
sus hijos a colegios donde también iban los hijos de las clases medias, ellas permanecían
en su decadente ilusión de pertenecer a la clase alta, de haber nacido en la trillada cuna de
oro, aunque en realidad no tuvieran un duro. Y la hija no pudo nunca llegar hasta esa

el retrato estoico soportaba todo el maltrato que una madre puede dar a una hija que odia. y quizá ni estaba de novia pero era ella. quítenme de aquí. si se descuidaba caía en las clases menos favorecidas o clases marginales que es lo mismo. decía ella. quien supo salir. prostitutas. pero eso ya era cuento del pasado. o quizá uno con vivos rojos y azules y verdes. tirilleros. esta era la madre. y todos los eros posibles que hubieran parido la pobreza y la desfachatez. un poco abajo. quedarse en situación de miseria es cuestión de desfachatez. pero seguía ahí. pero no recordaba haber visto ningún novio en el retrato. entonces ha debido de ser un traje blanco de boda como todavía se acostumbra. uno era Escila. La madre era uno de los monstruos de seis cabezas que alguna vez apareciera en La Odisea de su adolescencia. y fluctuaba un poco arriba.clase pero estaba oscilando cerca. de sus extremidades también salían cabezas. subir y mantenerse en la clase media del país (sin contar la clase a la que pertenecía en el extranjero donde sabe dios cómo logró sobrevivir). sino a la novia sola. pero era un retrato donde ella vestía de novia. Y era azotado por el sol que implacable manda sus lenguas de fuego. contra el viento y el polvo y el agua y la lluvia. y las ratas. cafisos. aunque para nadie en el barrio era desconocido dónde había nacido. cubriendo con el bastidor un sucio batán de piedra donde se trituraba locotos y otros pimientos. La hija había dejado su mosaico de bodas. su belleza destacaba y era ella en el retrato y la madre castigaba a la hija a través del retrato. de baja ralea. porque uno puede nacer pobre pero debe salir. en La Odisea aparecían Ulises y sus tripulantes intentando cruzar un estrecho en el mar pero había dos monstruos guardianes. blanco para la novia y para el novio azul o gris u otro oscuro. y el polvo y las moscas. látigos de fuego que la . que lanzaba hileras mortales de palabras. ráfagas de veneno en insultos. el retrato continuaba ahí. de larguísimos cuellos con horribles cabezas y bocas que mostraban hileras de puntiagudos colmillos. un retrato donde figuraba ella de novia. y la lluvia que nada perdona y el viento. Ahora la madre le golpeaba el recuerdo. pero el retrato estaba donde menos debía de estar un retrato. monreros. El retrato decía sálvenme. donde pervivían los pitilleros.

como aporte a la Colección Poesía del Bicentenario (2015). viajes largos que hacían más profundo el vacío del padre ausente. pero sí podía atesorar su amor. Le provocan los retos y prepara una nueva novela de “Transgresión – como señala D.. Concurso nacional de cuento Walter Paz Mendez con La pareja (1998). el barrio que tragaba toda miseria que se pusiera a su alcance. radicó en Madrid. Municipalidad de Cochabamba (1996). titula su nuevo libro de cuentos de próximo lanzamiento en Buenos Aires por Tahiel Ediciones. Primera Mención de Honor en Concurso nacional de cuento Adela Zamudio con Los vagidos del gato o tal vez gata (2008).H. epítetos y golpes que la dañaron y marcaron para siempre. poeta y novelista boliviana. Y no me refiero al tipo de transgresión que destruye los límites entre paradigmas conocidos. La hija sobrevivió. pero el padre regresaba y demostraba amor con mimos y regalos. Obsesiones –antología personal (2016). sin considerar que ella era hija del marido. el Primer Premio en Concurso departamental de cuento Comteco Orgullosamente Nuestro en Cochabamba con Enigmas de la esfinge (2006). y la madre que no sabía dar amor del bueno del puro del santo. la hija no murió. calumnias en destellos de lenguas rojas rebrotadas. el marido de la madre era padre de la hija y la hija no iba a quitarle el marido a la madre porque era su padre. Su Rollo de papel (higiénico) se ganó el derecho de ser publicado por Ediciones Jota de Potosí. amor del bueno del puro del santo. el padre amaba a la hija y la defendía del rencor de la madre. . cuento y dos novelas. en cada retorno de frecuentes peregrinaciones. no. Reseña biográfica: Rossemarie Caballero Vega. pero esa es otra historia. garfios que la mechoneaban. Me refiero a la transgresión que construye con el lenguaje del dolor el paradigma oculto que muchas veces el ser humano teme recorrer: ese mundo invisible que separa al hombre de la mujer y a la mujer del mundo impuesto por el hombre”. quemaban. La madre era el monstruo que al saberse monstruo y descubrir el amor que el marido sentía por la hija se atrevió a decirle a la hija “me estás quitando mi marido”. Santa Cruz de la Sierra y en Buenos Aires. Publicó libros de poesía. M. y la hija amaba al padre porque él no la hostigaba pero la defendía y le demostraba amor en cada llegada a casa. Nació en Cochabamba.Esta (y no otra palabra) podría definir por completo la novela (y la obra en general) de R. odió a la hija hasta el día de su muerte. la hija se repuso. Caballero. al mejor guión en Concurso estudiantil de teatro Perspectiva . creció y a su turno fue madre. Obtuvo Premios en poesía Recordando a Vallejo (1992) y declamación UMSS (1993). absolutamente no. Averanga M. El otro monstruo era Caribdis.

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