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La

Invasión de Moguer
por las
tropas de Napoleón
desde Moguer,
las tropas
napoleónicas
intentaron
sitiar
la ciudad
de Cádiz

por José Antonio Mayo Abargues

Du ue de A e e g Wiki edia Co o s.

E n marzo de 1810 las tropas napoleónicas al mando del duque de Aremberg ha-
bían instalado en Moguer su cuartel general, con el objeto de ijar más tarde la capital de la
invasión en Niebla, al amparo que le brindaban las murallas de la ciudad, y controlar desde
allí todos los pueblos del estuario del Tinto. Moguer, tal vez la localidad más habitada de
Huelva, rondando por aquella fecha los 1.800 habitantes, era especialmente atractiva para
las tropas francesas por su privilegiada y estratégica ubicación geográica, el río y su puerto,
la abundancia de víveres y vinos, y la recaudación de impuestos; un lugar ideal para llevar
a cabo su principal objetivo: sitiar la guarnición de Cádiz, apoyada por la ciudad amurallada
de Niebla y el monasterio de La Luz, en Lucena del Puerto. Los franceses llegaron a ampliar
y reforzar las murallas de Niebla en los primeros meses de la ocupación, y fortiicaron el 2018
monasterio de La Luz, que por su altura ofrecía una amplia visión de las zonas del Tinto por REVISTA

donde se podía pasar cabalgando de una orilla a otra.

Desde Moguer se impedía todo tipo de tráico marítimo hacia Cádiz, que pudiera
transportar tropas, pertrechos, víveres o cualquier otro tipo de subsistencias destinadas a
esa ciudad, que los franceses trataban de conquistar por su importancia como sede la las
Cortes y la Regencia.

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General
Luis Lacy
Wikipedia .

La ocupación del pueblo de Moguer por los franceses no iba a durar mucho tiempo, ya que
las tropas españolas, ante la amenaza que representaban para la ciudad de Cádiz, preparaban un
ataque a sus posiciones con el in de expulsarles de estas tierras. Así como las tropas españolas
dominaban el estuario del Odiel, las francesas se habían hecho con el control de toda la margen
izquierda del Tinto.

En la noche del 22 de agosto salió del puerto de Cádiz una expedición militar a las órdenes
del mariscal de campo Luis Lacy y Gautier, compuesta de cuatro compañías de granaderos; cuatro
de cazadores de guardias españolas; una de granaderos de guardias walonas; los Regimientos de
Infantería de Murcia y Canarias; voluntarios de Valencia, de la villa portuguesa de Campomayor y de
la provincia de Ciudad Real, escoltados por una división sutil española al mando del capitán de navío
Francisco Maurelle, y otra inglesa al mando del capitán Jorge Cockburn.

A las ocho de la tarde del día 23 la expedición llegó al lugar de la costa onubense llamado
de Morla —nombre dado por la torre almenara levantada en esta zona, entre las torres del Oro y
Arenillas, en la playa de Mazagón— a dos leguas de la barra, donde el general Lacy ordenó hacer el
desembarco. A la una de la noche la división se encontraba ya camino de Moguer, para hacer frente
a las tropas del duque de Aremberg, compuestas de 1.100 hombres, la mayor parte de caballería
con su artillería correspondiente. El capitán Cockburn ordenó al teniente Westphall que fuera de
avanzadilla con once lanchas planas para abrir paso por el río al grueso de la división, llegando a las
inmediaciones de Moguer a las 11 horas de día 24. El capitán Francisco Maurelle envió al teniente
de navío Manuel Torrentegui con una división de faluchos al embarcadero de Moguer, abriendo
fuego contra las tropas francesas apostadas en la cañada. Maurelle mandó también a los capitanes
de fragata Andrés Caballero y Pedro Lázaro, con sus respectivas divisiones a Palos de la Frontera
para que formasen en línea contra las avenidas del pueblo, pasando con seis faluchos a reunirse
con Torrentegui.

Los franceses defendieron sus posiciones con un obús y dos cañones, pero no impidieron a
los españoles desembarcar un destacamento de 25 hombres, que mantuvo enfrentamientos con el
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enemigo hasta el mediodía, momento en el que apareció la cabeza de la columna, haciendo huir a
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los franceses hacia Moguer.

Las tropas españolas entraron en Moguer mezcladas con los enemigos, quienes a la voz
de ¡Adelante!, dada por el general Lacy, huyeron rápidamente, dejando algunos prisioneros. Pero
por la tarde, el duque de Aremberg reunió a sus soldados e hizo venir al resto de su tropa de San
Juan del Puerto, atacando con ímpetu a las tropas españolas, que repelieron el ataque a pesar
de luchar en desventaja, en número de artillería y caballería. Los ataques se repitieron durante

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El estuario de los ríos Tinto y Odiel, con sus
islas y marismas, zona de alto valor estraté-
gico durante la Guerra de la Independencia
y escenario de numerosos combates entre
españoles y franceses. Plano inserto en el
informe Puntos observados en el reconoci-
miento sobre la villa de Huelva y su croquis,
año A.C.E.G., - , º .

la tarde, y en vista del poco éxito obtenido, al ponerse el
sol el enemigo decidió abandonar el campo de batalla. Las
perdidas francesas alcanzaron los 300 hombres, entre muertos,
heridos y prisioneros. Y, aunque nadie lo pudo conirmar, hubo
sospechas serias de que el propio Aremberg había resultado
herido de gravedad. Sin embargo, por parte de las tropas
españolas las bajas fueron considerablemente inferiores,
resultando muertos 9 hombres y 33 heridos. Hay que des-
tacar el gran mérito de las fuerzas españolas, que después
de haber realizado 22 millas de navegación y permanecido
a bordo durante tres días sin descansar, entró en un fuerte
combate logrando vencer al enemigo.

El día 25 se desembarcaron en el puerto de Mo-
guer, cañones, municiones y otros efectos, con el propó-
sito de perseguir al enemigo, organizando conjuntamen-
te las maniobras con el general Copos. Al día siguiente las
tropas avanzaron hasta Niebla, pero en el transcurso del
camino llegó la noticia de que los franceses habían huido
hacia Sevilla. Copos se estableció con sus tropas en Nie-
bla, donde los habitantes recibieron a los soldados con
muestras de patriotismo y haciendo alarde de su idelidad
al gobierno. Dando por concluido el objetivo de la expe-
dición, el general Lacy dispuso todo para embarcar a sus
tropas y regresar al puerto de Cádiz.

En su precipitada huida el Ejército francés dejó en
Niebla, alhajas, efectos de valor y algún dinero sin preci-
sar, que fue repartido entre las tropas de la expedición.
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REVISTA

Fuentes:
El patrimonio histórico y cultural en el paraje natural
Marismas del Odiel. Juan M. Campos Carrasco.

Gazeta Extraordinaria de la Regencia de España e In-
dias, 30 de agosto de 1810.

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