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Diana Belén Chávez Juárez

Promoción y desarrollo cultural

Benjamin, W. (2003), La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica,


México: Itaca.

El tema central del ensayo de Walter Benjamin son las transformaciones que ha vivido la
obra de arte en el siglo XX, época en la cual se comenzó a vivir un nuevo contexto marcado
por la producción en masa. Tuvieron lugar cambios radicales no sólo en cuanto a los
procedimientos y materiales de elaboración, sino desde la misma concepción de la obra de
arte, lo cual estuvo aunado a los cambios sociales, culturales, económicos y políticos de
dicho periodo. Benjamin afirma que la obra de arte siempre ha sido algo reproducible, sin
embargo, la reproducción técnica ha generado que aquella sea llevada al mercado en
escala masiva y como producto o mercancía de la cotidianidad. Esto ha tenido como
consecuencia sustituir algunas de las características principales del arte: el aquí y ahora, así
como la existencia única de la pieza; por lo tanto el valor de la autenticidad ya no está en un
primer plano, debido a que esta no es reproducible en términos del aura, la cual también
resume la idea de testimonio histórico. Dicho lo anterior, Benjamin hace hincapié en el cine
como muestra de una nueva obra de arte que se genera a partir de los nuevos contextos;
además de ser un ejemplo de la relación dialéctica que existe entre los modos de existencia
y la percepción sensorial humana. Las revoluciones son reactivaciones del colectivo.

El concepto de aura juega un papel fundamental en este ensayo, ya que es esta la que
define a la obra de arte, y es entendida como un entretejido espacial y temporal entre lo
lejano y lo cercano, donde lo distantes corresponde a lo sobrehumano, lo mágico, y lo
cercano es nuestra realidad inmediata, aquella que podemos percibir con nuestros sentidos.
La obra de anterior anterior a la reproductibilidad técnica se guía por las ideas de unicidad y
durabilidad, mientras la posterior por la fugacidad y repetibilidad. Aunado a esto, la obra de
arte desde sus inicios estuvo ligada a lo ritualístico y por lo tanto fue dotada de un valor de
culto, el cual pierde presencia en la obra reproducible, ya que esta vive una secularización y
el ideal que plantea Benjamin es que en un futuro cercano encuentre su fundamentación en
la política. Por ahora, el nuevo contexto y la producción masiva ha modificado el valor de
cultor por el de exhibición y por lo tanto las funciones mágicas o de los rituales es sustituida
por otras nuevas, además de involucrar menos al ser humano y distanciandose de la
naturaleza. La fotografía es el ejemplo que nos ofrece el autor para entender los cambios de
valor, donde los retratos aún poseen cierto valor de culto al recordar a las personas, pero el
valor de exhibición toma mayor peso cuando una fotografía no incluye a la figura humana.
Retomando el cine, comprendemos que ya no hablamos de obras de arte que tienen un
valor eterno al ser creadas con una técnica que imposibilita su reproducción, sino de un
nuevo arte que incluso posee la cualidad de ser mejorado al contar con la intervención de
todo un gremio de especialistas que intervienen cada aspecto e incluso en el trabajo del
intérprete cinematográfico, como lo llama Benjamin para distinguirlo del actor de teatro.
Hablando sobre el intérprete, el autor retoma lo dicho por Pirandello acerca de cómo es
privado de su misma persona y se encuentra sometido por el sistema de aparatos, lo cual
no ocurre en el teatro; sin embargo, dicho arte comenzó a padecer algo que posteriormente
fue llamado mal de Baumol, donde se resalta su situación de no poder ser producido en
masa y al momento de ser incorporada por la lógica del mercado, sus precios suben.

Por otra parte, Benjamin nos habla de la recepción que tienen las masas ante el arte. En
primer lugar, las masas tienen una actitud crítica y otra de disfrute frente al cine, el cual es
presenciado de forma grupal o colectiva; sin embargo, a pesar de llevar a cabo
exposiciones, “la pintura no está en condición de ofrecerse como objeto de una recepción
colectiva simultánea” (2003: 83). En segundo lugar, el público es capaz de apropiarse de las
formas en que el director de cine o de fotografía conciben su entorno y la realidad; el
colectivo se apropia de las percepciones individuales a través de la pantalla. Así, Benjamin
señala que las extravagancias del arte surgen debido a una alta energía histórica y no por
ser una época de decadencia, como suele ser visto. Es necesario entender que el cambio
de escenarios y enfoques es parte de la propia cultura, la cual es dinámica y por lo tanto
nuestra concepción de cultura debe considerar los fenómenos sociales y los marcos
conceptuales.

En conclusión, con la nueva forma de concebir la obra de arte, el aura pasa a a ser un
elemento menos relevante de lo que fue y ahora se responde a las lógicas de un mercado
global, el cual ya no se guía únicamente por el valor de culto y eterno, sino por el de
exhibición y el disfrute; nos encontramos en otros contextos donde la diversión es exigida
por las masas participantes. Quizá la autenticidad sigue, pero ahora hablando en términos
de productos originales, de marca o ediciones limitadas, y continúan siendo testimonios
históricos de la época en la que fueron producidos; sin embargo, hablamos de una
autenticidad y testimonio desde una perspectiva diferente a la de Benjamin. Su actitud ante
el desempeño del camarógrafo es radical al decir que no crea una obra de arte; considero
que hablando de cine se siguen produciendo obras pero ahora con la participación de más
gente y la tarea del camarógrafo no es simplemente grabar, sino encontrar el instante
decisivo, como lo llama Henri Cartier-Bresson.