You are on page 1of 2

Esto no es un cuento de hadas, detective -interrumpió otra vez-.

Esta es una historia de amor.
-De desamor -lo corregí a mi vez.
[Cristina Rivera Garza]

Que qué es el amor. Podría decir muchas cosas sobre esa palabra y todo lo que conlleva. Que el
amor, en ocasiones, es de unx solx, no de dos. Que, a veces, unx ama a otrx, pero ese otrx no le ama,
a su vez. Amor no correspondido, ese es el nombre que le han puesto a esa impotencia. Cabría decir
que, cuando dos se aman, cuando el acuerdo, la reciprocidad y la generosidad, el espacio se
comparte y la cercanía ayuda al (re)conocimiento.

Yo soy este que está frente a ti y tú eres ése que está frente a mí. Así. Sin ser iguales.

Y ahí, quiero decir, también, en la diferencia, es donde todo encaja, donde lo que yo no soy lo es la
otra persona y lo que ella no es, tal vez, lo tenga yo.

En ese encuentro y en ese choque fue donde yo, desde lo que entiendo por AMOR e identifico como
tal, lo reconocí. En ese momento en el que, por fin, te sientes tranquilo y en paz con el mundo al
estar con esa persona.

Lo cotidiano es el alimento de aquello: las palabras, los silencios, los gemidos a la hora de coger, la
necesidad de verle, de acariciarle, o, de al menos, escucharle. Extrañarle. Sentir miedo de lo
inminente, de lo certero: el fin- Que todo lo que empieza un día se acaba: ley de vida. Como la vida
misma. Pero entre el inicio y el fin, ahí se concentra todo.

Lo conocí como me conozco a mí mismo. Me conoció, tal vez, más de lo que yo mismo me
conozco. El amor. Nuestro amor comenzó en el mar. En la playa. En un puerto en el que alguna vez
fuimos felices y fumamos marihuana en el malecón mientras veíamos un barco volver. Cada tatuaje
de su piel representaba una historia distinta, momentos en lo que yo aún no existía en su vida, y
aun así, amé y besé cada tatuaje, porque su piel, en ese momento, la compartía conmigo. Así, como
tal vez, el tatuaje que se hizo al terminar lo nuestro, no, no tatuaje, dos letras que escribió con una
navaja en la pierna, esa cicatriz, tal vez, la bese otrx.

Habría que decir que lo mío con él. Ese amor. Fue grande, muy grande. A veces uno sube feliz y toca
lo que hay más allá, pero uno vuelve a bajar. O cae. Sin embargo, la memoria que todo lo guarda
nos acompaña siempre.

Tengo una imagen:

Yo me estoy bañando y él, está en la habitación. Cuando salgo de bañarme: él ya no está.
Sólo está un libro de Bernard Schlink. Entonces. El quiebre.

Tengo muchas imágenes. De muchos hombres. De otros amores. De mí perdido en laberintos
emocionales. De mí entregado a otro, así, en el simple clisé: En cuerpo y corazón.

El que tenía tatuado hasta el corazón. El que me habló de amor y luego me amó y luego fui un recuerdo. El que dejó un libro sobre la cama.Pero él. a mis treinta años. Él. Y yo. sigo pensando en esa pregunta siempre presente: ¿qué es el amor? ¿Qué sigue? ¿Qué hay después? ¿Hay más? Ángel Zapata CUANDO DECIMOS ADIÓS. ¿QUÉ OTRA COSA SALUDAMOS EN REALIDAD? [Cristina Rivera Garza] . Él es lo más parecido al amor.

Related Interests