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Revista de Crítica Literaria Latinoamericana

Año XXXVII, N° 74. Lima-Boston, 2do semestre de 2011, pp. 259-285

Saldo literario de un destino histórico:
don Alvaro en el límite del tiempo

Christina Karageorgou-Bastea
Vanderbilt University

Resumen

En este ensayo se analiza la manera como la independencia de las colonias ame-
ricanas se vuelve tamiz sobre el que se forjan los conceptos de la nacionalidad y
lo nacional en el ámbito metropolitano peninsular. Esta polémica es el fondo
palpitante sobre el que se entiende la animadversión que suscita la identidad
étnica, social y racial del mestizo en la sociedad trazada por el Duque de Rivas
en Don Alvaro o la fuerza del sino . En 1835, el indiano de la obra es el recordatorio
incómodo de aquellos márgenes dentro de los cuales el recién constituido esta-
do-nación identificaría su ciudadano. Don Alvaro, el carácter-emblema de una
dialéctica irreductible entre lealtad y rebeldía, pone en evidencia la crisis que
subyace a los discursos que se encargan de definir el nuevo cuerpo político de
la ciudadanía, cuya tarea es hacer que de la ruina colonial surja el moderno es-
tado-nación.
Palabras clave?, indiano, mestizo, límite, don Alvaro, Duque de Rivas, nacionalis-
mo decimonónico, identidad, estado-nación, ciudadanía.

Abstract
In this essay, I analyze the way in which the independence of the American vi-
ceroyalties affects the formation of concepts such as nation and nationality in
the context of the Iberian Peninsula. This political environment is the unstable
background that illuminates the animosity raised by the ethnic, social and racial
identity of the mestizo, in the society drawn by the Duke of Rivas in Don Alvaro o
la fuerza del sino. In 1835, the indiano is an uncomfortable reminder of those li-
mits within which citizenship is defined in the newly constituted nation-state.
Don Alvaro, emblem of the irreducible dialectics between loyalty and rebellion,
reveals the crisis underneath the discourses in charge of defining the new poli-
tical body of citizenship, whose task is to give birth to a modern nation from
the colonial ruin.

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260 Christina Karageorgu-Bastea

Keywords: indiano, mestizo, limit, don Álvaro, Du
century nationalism, identity, nation-state, citizenship

En su libro Mater Dolorosa , José Álvarez
nacionalismo español, en su acepción moder
procesos sociales intricados que se inician a fin
llegan a darle su forma moderna a partir de la
llamada "Guerra de la Independencia" (18
cuestiones clave para la formación ideológica c
el libro es la definición del y de lo español, y
las características de la nación, entidad sobre l
nía en un momento de transición política de
a la constitucionalidad. "La propia Constituc
Álvarez Junco, "tuvo que definir quiénes er
no tan obvio como podría pensarse. ¿Lo eran
bitantes de los territorios de ultramar? Los
discutieron y decidieron que sí lo eran, pero
ron excluidas las 'castas' de indios o negros"
distancia que el historiador establece entre l
ocurre en Europa y la que se desenvuelve simu
rica es la asunción del impacto limitado de
que se desatan en aquélla, para sacudir al fin
así la escasez de referencias a América en el lib
dariamente la frase con la que concluye el párr
interesa aquí este debate, que además quedó p
la independencia de las colonias [...]" (Álvare
Diferente es la opinión de varios estudioso
pectiva hispánica ven la situación política de
principios del siglo XIX como un destino int
que las dos partes de la geografía imperial se e
una por la otra (Chust 16-18; Rodríguez 28;
Valdés 15-16). La razón principal y piedra d
trascendencia de América en la formación de E
do-nación, para Chust, Rodríguez, Guerra o
contrario de lo que asevera Álvarez Junco,

1 El planteo de Álvarez Junco es elocuente tanto d
cadora de captar procesos históricos como en funció
sive los deslices informativos que contiene.

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Don Alvaro en el límite del tiempo 261

ciudadano que la asamblea constituyente de Cádiz
ción como depositaria del poder que el rey ha de
otras palabras caracterizar la base sobre la que se e
nación, la fuente del impulso histórico que hará d
patriótico una vertiente de la vida política moderna2.
La duda sobre qué grado de ciudadanía se otorga
en las colonias americanas de España, es decir, sob
votar y a ser elegidos en cargos públicos, se vuelve l
te mirar en detalle algunas de las contradicciones
liberal, que forjan la base de la historia decimonónic
ambas orillas del Atlántico3. La expresión casual d
-"No interesa aquí este debate"- no sólo es emblem
cuido, por demás pernicioso aunque común en la h
pañola, sino que va en contra de la argumentació
ofrece sobre la importancia de definir la nación p
formación ideológica del estado español a partir d
poleónica: "Aquella "nación española' que se invoc
franceses era también [. . .] la bandera en que los lib
sus exigencias de cambios constitucionales y social
debate sobre la ciudadanía en las Cortes de Cádiz es una cuestión
política que trasplanta el malestar colonial desde los territorios de
ultramar al corazón del imperio4; este mismo descontento impulsará

2 La afición por la cultura propia de un grupo cohesionado ya por lealtad al
jefe/señor/rey, ya por geografía, lengua y religión no es nacionalismo. Para es-
to, según Álvarez Junco "faltan dos conexiones cruciales: la primera, entre una
cultura oficial y el poder estatal; y la segunda, entre la legitimidad de este último
y su sanción por la personalidad colectiva o popular" (61-62).
Una interpretación del concepto de ciudadanía que quisieron establecer las
Cortes de Cádiz, con base en su aspecto racial, y por extensión, del régimen que
los diputados quieren fundar sobre ella para gobernar centro y periferia, se
puede encontrar en Josep M. Fradera "Raza y ciudadanía. El factor racial en la
delimitación de los derechos de los americanos" (Gobernar colonias 51-70).
4 Este "corazón" del imperio parece más la vesícula en cuanto a ubicación
geográfica y en tanto instrumento de poder. De la villa y corte de Madrid nos
encontramos en Andalucía, ya que gran parte de la península está bajo ocupa-
ción. Ahora sí, hay que señalar que Cádiz es el puerto que llevó durante siglos el
comercio con América, así que su ubicación excéntrica en relación con la geo-
política del poder peninsular no lo es respecto de los asuntos transadánticos. La
misma institución de la que emana el poder se caracteriza por varias paradojas:

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la independencia de las colonias españolas en
que van desde 1812 y 1835 que se escribe Don A
Dar la espalda a América, como Michael Iar
ha detectado, es el efecto de un eurocentrismo
que ha afectado también el estudio de la cult
conceptual apparatus that effaced the Iberoam
the history of modernity in Europe also work
toriography to segregate Spanish America fro
dern Spain" (124). En el caso de la obra del
Alvaro o la fuerza del sino, esta exclusion epist
"[the] critical discussion of the work has te
more abstract, philosophical implications [. . .]
decidedly 'American' issues of race, ethnicity,
125). El crítico interpreta con acierto algunos
sión histórica del drama y da orientación ideol
obra lamenta la imposibilidad de incorporar las
español moderno5. La interpretación de Iaro
mente en la identidad mestiza del protagonis
que esto causa en el ambiente social de la penín
que la cuestión del destino recaiga, entonces,
-el racismo- y una de facto evidencia -Españ
perdido las colonias-. Si bien no difiero en
-una cultural y la otra histórica- definen en g
estético en Don Alvaro , obra romántica en la

lina cámara de diputados constituyentes que suplen a
cunstancia histórica de la invasión, los diputados entr
ción a definir la política; en palabras de Blanco Valdé
maron en su momento como las auténticas protagoni
ca estatal" (12). Otro elemento que hace de la asamb
que constituye un grupo formado con base en la m
muy relativa-, donde antes reinaba la ley de la sangre.
5 Antes del estudioso norteamericano, linda Mate
identificación de don Alvaro con el mundo incaico e
lica de un rechazo, aquel con el que los liberales esp
pendencia de las naciones americanas. El argumento d
fatizar el origen mestizo del protagonista ("Ideología"
hace Iarocci (128). Con todavía menos claridad analíti
ciona el origen del protagonista con el proceso de la
noamérica (63).

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siones humanas, quiero orientarme aquí hacia un
postergada, llevando el enfoque de la interpret
ético a lo político-ideológico. A mi modo de entend
protagonista está cifrado por el debate sobre el
la ciudadanía, es decir, de aquella entidad que e
construcción del estado-nación, de la que, en el pe
decimonónico, emana y en la cual recae el poder le
por cuya felicidad, se crean las leyes y operan las i
Propongo ver la coyuntura étnica, económica,
cultural de don Álvaro como el locus en el cual se
ejemplar aunque encarnizada articulación de debate
índole sociopolitica. Cada una de estas facetas, a sa
zo, pretendiente, adinerado, hijo de un funcionario
buen cristiano y toreador, soldado y fraile, deline
dadanos en sus relaciones con el poder. El elem
construcción de esta entidad política crucial para u
sociohistórica de la obra es el desfase tempora
asienta el drama, cuyo tiempo ficcional es el sig
zamiento en relación con el tiempo de la escritu
ciudadanía que representa el indiano e irradia
nuevo tipo de sociedad que ha nacido de la cons
las luchas de los liberales en contra del absolutismo.
Al ser protagonista de un pasado próximo, don Álvaro se vuelve
bisagra que une y moviliza, da forma y hace que se enfrenten e in-
terpreten mutuamente diversos procesos históricos. América como
parte del Imperio bajo los Borbones y la España constitucional, ava-
sallada por El Deseado replican una la otra y permiten penar abier-
tamente los traumas culturales del despotismo. En este contexto,
Don Álvaro es a la vez el protagonista y el marco metafórico, el hijo
y la matriz de una serie de difíciles articulaciones que van desde una
reflexión sobre la colonia y el mestizaje, la organización administra-
tiva del Imperio, el sentimiento patriótico y el ethos cristiano, hasta el
género biológico y la función de los sectores sociales en los destinos
de la nación y el estado. La cartografía literaria de los avatares histó-
ricos que se ventilan en Don Alvaro o la fuerza del sino será el tema de
las páginas que siguen.

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Tiempo y límite en Don Álvaro

En cuanto al tiempo de la obra David Qu
fuller interpretation of Don Alvaro, o la Fue
that Rivas consciously suspends the time of
dily apparent motifs of Spain's Siglo de Oro
manticism" (483). Quinn sostiene que los r
la obra son Carlos I y Felipe II, es decir, q
en el siglo XVIII, pero su contexto histór
glos XVI y XVII, desplazamiento que env
imperiales. A esta hipótesis responde George
fica convincente y rotundamente el plan
Mansour sostiene que en el texto se refi
Felipe V de su segunda esposa, Isabel Farn
las dos Sicilias entre 1734-1759, que rein
paña tras la muerte de su medio-hermano, F
dato clave para Mansour es la batalla de V
de agosto 1744, durante la guerra con Au
trono. Lo anterior implica que el indulto pa
ro, el virrey traidor, fue decretado por Fel
Borbones (Mansour 354). A su vez John
prueba que, si bien fragmentada, la secue
responde a un plan de precisión y exactitud
tación y accidentes de interpretación, Lor
los valores y conceptos intelectuales que l
queda de la felicidad, la alusión al buen salva
tre el protagonista y el sol- pertenecen al
Siglo de las Luces y no a la ideología del Rom
¿Qué preocupaciones propias del siglo X
contexto del siglo XVIII y por qué maniobra
traslape? ¿Qué significa la manera como e
la temporalidad de la obra a través de sign
nes a diferentes reyes y guerras? La primera
turgo en la acotación que abre la escena quin
da; se trata de la sala donde se encuentran e
doña Leonor: "El teatro representa una s
con retratos de familia, escudos de armas y

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Don Alvaro en el límite del tiempo 265

laban en el siglo XVIII, pero todo deteriorado "6. El
funciona subliminalmente para poner en evidencia e
dente de la aristocracia con la que se enfrentará don
bleza representa un poder desgastado, estacionad
antiheroico, de indolencia, privada de poder econ
dencia pública. Además de un decaimiento general
ria en la sociedad española, con la primera Guerra C
desarrollo, no es descabellado pensar en la extrap
una clase retrógrada que se compara en la obra co
varo representa7.
El contexto de la ficción -siglo XVIII- remite
borbónicas hacia un gobierno más racional en la
administración más eficiente en su tarea de recau
las colonias. El bajo clero y la nobleza reaccionan
reformas de la nueva casa real en España (Alv
mientras al darse cuenta de las obstrucciones en su acceso a los car-
gos públicos de sus países, también se resienten los criollos en Amé-
rica. En este mismo tiempo, es decir, durante la Ilustración, se
desata el ataque europeo/ español a los americanos y la acérrima de-
fensa de América por parte de éstos (Rodríguez 43-52). El sistema
de intendencias transforma los reinos de ultramar en colonias (Ro-
dríguez 52-80). Transportado al contexto del constitucionalismo/
liberalismo español decimonónico, es decir, al mundo desde el que
Rivas escribe, el personaje americano remueve dos memorias: las
decisiones tomadas en las Cortes de Cádiz en relación con los ciu-

dadanos del reino y las luchas independentistas americanas. Desde
ambas perspectivas temporales -de los siglos XIX y XVIII-, la obra
problematiza las relaciones de la autoridad con aquellos sobre los

6 Álvarez Junco se equivoca cuando escribe "Aunque su Don Alvaro estuvie-
ra situado en el siglo XVI, el Duque de Rivas hacía gritar a los soldados '¡Viva
España!'" (241). Con este dato literario entre muchos otros argumenta la ten-
dencia de los románticos españoles de atribuir a la idea de España en boga una
datación que en realidad no poseía. Sin embargo, al ubicar su obra en el siglo
XVIII, el autor hace referencia a una etapa en que, al decir del propio historia-
dor, habían ya empezado a darse los gérmenes del nacionalismo español.
Álvarez Junco afirma que "la nobleza llegó, pues, al siglo XIX cargada con
una imagen negativa. Una imagen que ni la Guerra napoleónica ni las alteracio-
nes políticas posteriores hicieron mucho por rectificar" (91).

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que se ejerce, tema en que se reflejan los efect
América y España.
Expresiones del ejercicio de un poder auto
nemos en la actitud del Marqués frente a la u
Álvaro, en el indulto del capitán a don Fadriqu
cima de la ley que castigaba los duelos; en
Leonor por parte del Padre Superior que le con
ermita, a pesar de su pasado, autorizando con
su identidad genérica. En los tres casos, la
yergue por encima de la voluntad del indivi
hasta del género biológico. Pero más allá de
obra gira alrededor de la lucha que establece d
mente, pero también doña Leonor, con inst
poder que empujará el destino de los héroes h
Don Álvaro es el conducto que permite la
los dos tiempos de la obra, ficcional e históric
mestizo remite al tiempo colonial todavía, mie
-y lo es desde el principio por desafiar la o
su amor por doña Leonor- es un recordator
chas de independencia. Su historia personal
distintas perspectivas espacio-temporales. D
XIX, anhelante de su poderío colonial perdid
dir el indulto por sus padres bien puede in
forma de arrepentimiento8. Vista desde los
dependientes, la suerte del protagonista ilumi
que recorren el pensamiento liberal español, c
ilumina las consecuencias políticas de la cues
brote de racismo, lo que movía a los diputados
res y americanos, liberales y absolutistas, e
quiénes eran los españoles, era que la concesión
pasivo de ciudadanía a todos los hombres am

8 Si bien no se constata ningún virrey insurgente e
rú, las reformas borbónicas levantaron una serie de
ta la lucha armada: "[...] los mayores levantamient
Nueva Granada. La revuelta de Túpac Amaru amen
rreinato del Perú. Iniciada por el cacique José Gabr
decía descendiente de los Incas, la revuelta buscó al
sos de los corregidores [. . .]" (Rodríguez 62).

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indios y castas, resultaría en más representantes a
asambleas parlamentarias. De hecho así el centro
dejaría de ser la metrópolis (Fradera 51-70).
El espejismo o binarismo temporal sobre el que
obra da el tono para una estética de lo liminal, un
entre dos aguas, sobre fronteras. La existencia limin
no se rige sólo por su origen mestizo. El protagon
propicio para encuentros de valores éticos, cívicos y
límites, las prohibiciones, las leyes, los espacios limí
tidades fronterizas afectan en sí cada vuelta de tuer
de la acción. Así las líneas divisorias se vuelven tr
sobre el que corre la palabra. Los límites se traz
cuando se producen enfrentamientos y cambio en la
relaciones, pero estar en el límite es también la e
fragmentación interna que los personajes sufren
ejemplos la separación entre el español, el mestizo, e
gro, lo masculino y lo femenino, categorías que l
cruzan, se puede decir que en Don Alvaro el límite e
condiciones sociopolíticas del momento.
La obra del Duque de Rivas representa de man
que Turner conceptualiza como sodai drama. El an
ve el despliegue histórico de las sociedades como d
los que se pasa de unas estructuras culturales a otras
na de conflictos y negociaciones. Los social dramas r
turales de actuación arduas, donde los valores se per
tores liminales, es decir, personajes o grupos de
identidad aprehende enfrentamientos sociales, y s
posibilidad en la medida en que se desata la transf
Los actores son la piedra de toque de los cambios,
bajo categorías prefabricadas, los que revelan la ca
genes que tienden a restringir su actuación. Para
formances characteristic of liminal phases and statu
about the doffing of masks, the stripping of statu
tion of roles, the demolishing of structures, than ab
on and keeping them on. Antistructures are perf
Don Álvaro y doña Leonor presentan inconform
con respecto a las normas de su sociedad, que tan
mo provocan fenómenos de liminalidad. En sus ca

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ce en la inestabilidad identitaria que a su ve
dez de las leyes rectoras de sus vidas, sea a ni
Una de estas leyes es la Pragmática Sanció
que otorgaba a los padres la autoridad legal de
nio de sus hijos. Ya Leandro Fernández de M
esta ley en El sí de las niñas (1806), por me
mental que apoyaba a las generaciones jóve
obsoleto y ridículo, pero que ante todo se mo
ejecutar la ley9. En 1835, el drama de Riv
consecuencias políticas del principio racial que

A medida que avanzó el siglo XVIII la preocupació
las fronteras raciales se fue haciendo más rígida. L
mental del proceso de acentuación de las separac
Pragmática Sanción de 1776, promulgada en la pe
prevenir matrimonios desiguales y fortalecer el
mismos [. . .] Dos años después su ámbito de com
todo el Imperio, con especificaciones y concreci
propias autoridades americanas (Fradera 60) 10.

Otro efecto que tiene la estética liminal del
el pasado reciente. La invasión napoleónica,
una monarquía constitucional, la esperanza
1820-1823, la década ominosa, el exilio de l
quedan literalmente relegadas. A cambio de es
bargo, la mención al XVIII demuestra con
monarquía absoluta. Ermanno Caldera obser
de 1835 la pugna entre las diferentes faccio
temporánea -conservadurismo, liberalismo,
en las reseñas periodísticas de la puesta en esc
27). Los contemporáneos de Rivas vieron l
literal; tomaron la ficción como la tela sobre
pasado y presente. La sutileza con la que el au
refuncionaüza los primeros avatares del lib
enfrentamiento con el despotismo a través de

9 Sobre la relación entre la obra y la Pragmática
"Prólogo" de René Andioc a Fernández de Moratín 1
La ley se discutió también en las Cortes de Cádiz.

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y detalles visuales, ofrece la posibilidad de restabl
encima de la tropología estética mediante la que se
ra tiene el propósito de restablecer el diálogo q
posible entre el siglo XVIII y el XIX, América y E
imperial y la constitucionalidad que dará paso a lo

La tradición del indiano en el teatro español

El indiano -adjetivo que dependiendo del mo
designa en un principio al criollo y más tarde al i
que regresa de América a la península- es un perso
terísticas no parecen variar mucho desde su prim
teatro de los Siglos de Oro: se trata de un adven
quezas no siempre ganadas honradamente, un p
en cuanto a la corte, pretendiente de una aristócr
terioso. La liminalidad del indiano corresponde
miento contemporáneo al del picaro, con quien
reputación como se ve en el Entremés del india
155, Mariscal 64). Charles Minguet ve en este tipo
héroe: "los propios españoles han desarrollado, d
la colonia, un sentimiento anticriollo muy fuerte;
raciones de criollos fueron el blanco de una com
negra endógena que se podría considerar esbozo
Por diferentes razones como la habilidad lingüísti
insinuación de movilidad social por méritos -lo
a la estratificación rígida de la sociedad peninsular
153-154, Mariscal 55), el color de piel que anun
despierta los prejuicios relativos a la pureza de san
y hasta la insinuación de una sexualidad perversa (
indiano representa peligro. En este carácter, pu
teme un déficit de pureza que despierta el repu
riquezas que remueve la envidia.
Interpretando las figuras áureas de estos hombr
vienen de América, Barbara Simerka afirma:

The most prominent trend [. . .] is the liminality by whi
ters are marked [. . .] They are marginalized as subalte
gures, yet they are incorporated into the dominant cult

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don with stock characters. [. . .] The conflation of new for
extant literary models of marginalized, exotic, or alien
ployed by Lope and Tirso, is a common cultural pract
dominant groups delineate the border between insider an
and subaltern (44 y 45, y passim).

Estar a caballo entre dos mundos hace del indiano un ser ame-
nazante, una entidad que agita inseguridades, y trae a la superficie
deseos turbios, envidia e ira, desde el primer momento de su apari-
ción. Según Gómez-Ferrer Morant, la literatura utilizó "el mito del
indiano, al tiempo que enmascaró y ocultó las escasas posibilidades
de promoción social que ofrecía la realidad española, sobre todo pa-
ra los grupos más necesitados" (25; cfr. también Simerka 74). En los
tiempos de Rivas, los rasgos del indiano no han cambiado mucho:
don Álvaro trae riquezas de América, es de linaje preclaro, pretende
a una noble, llega a tener problemas con la justicia por lances de
honor; pero a diferencia de otros indianos literarios fracasa de ma-
nera estruendosa en todos sus propósitos.

Un americano rodeado de muchos peninsulares

El hombre de "sangre impura", el desplazado geográficamente
en la periferia del imperio -en términos de la trama- que viene a re-
clamar su filiación hispana y su derecho a vivir como un ciudadano
más en la madre-patria, nace en el teatro como paria, pero no es una
aversión para el peninsular del siglo XVIII. Para el siglo XIX, en
cambio, es la representación viva de un conflicto. Por lo mismo,
don Álvaro en las tablas peninsulares de 1835, duda en hacer clara
defensa de quien es y tiende a desaparecer bajo disfraces. El prejui-
cio social explica el silencio, pero su importancia ética va mucho
más allá. A lo largo de la obra, don Álvaro busca borrar su diferen-
cia: es "el mejor torero que tiene España" (Rivas 54), es generoso
con los menos afortunados, como cualquier gentilhombre. Su aspi-
ración máxima es ser incluido como igual por encima de la diferen-
cia étnica (legado de la madre) y la ideológica que atañe a conceptos
de soberanía (legado del padre)11. El forastero intenta contrarrestar

11 Esta postura ha sido evaluada por la crítica como rasgo de conformismo
(Schurlknight 343, Feal 196). En ella se han oído ecos de la postura política e

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Don Alvaro en el límite del tiempo 27 1

la primera desavenencia con su entorno sobre la ba
incaica de la madre, y la segunda, por reconocer la ne
dulto real para sus padres encarcelados. Los argument
la nobleza de sangre y la soberanía refuerzan dos pila
logía y la sociedad que marginan al héroe. No obsta
incapaz de defender se debate en la arena pública,
rreno de controversia entre el pueblo y las clases alta
En la "Jornada primera", tanto don Álvaro como su
el Marqués de Calatrava, se crean merced al interca
nes en que se enfrenta la perspectiva del pueblo co
go. Los representantes de la clase baja favorecen al in
por eso de hacer comentarios socarrones sobre su h
ciosilla, el Majo, el Oficial y Tío Paco, don Álvaro es "
ro que tiene España", "todo un hombre, muy duro
muy echado adelante", "muy buen mozo", "un hom
cuyos modales están pregonando que es un caballer
rido de una emperadora", "gallardo", "formal y g
hombre valiente" (Rivas 54-55). A todos les intriga
para el Canónigo este punto oscuro es razón suficient
ficar el personaje (Rivas 55), mientras para Tío Pac
hijo de sus obras" (Rivas 56). Además de don Álvaro
por el pueblo antes de salir al escenario es su oposi
de Calatrava es presentado por los mismos persona
dor de "mucho copete y sobrada vanidad", parecido
ñores de Sevilla quienes portan "vanidad y pobrez
pieza", "un viejo tan ruin", merecedor de una paliz
que doña Leonor se case con don Álvaro. Al llegar a

ideológica del Duque de Rivas: "Le poète et dramaturge n'eu
tempérament de révolutionnaire et son idéologie de 1822-182
d'un grand seigneur libéral modéré, sans aucune affinité élec
et dont les idées sociales étaient, au fond, plutôt conser
adopte plutôt les théories du romanticisme primitif el nat
s'appuyer sur les valeurs traditionnelles. Son œuvre, aussi
dramatique, n'a rien de subversif et, bien que fort discutée
prise, n'a jamais soulevé de polémique en son temps" (Zarag
calificativo "conservador" se adecúa mal a la riqueza estética
Álvaro en tanto recapitulación de la historia y representación s
ideológicas de su tiempo.

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diálogo, el Canónigo se alza en defensa de
vas 54-55), lo cual replica una alianza ideolog
tocracia, y la division profunda entre éstas y
La tarea de este coro moderno, según la cr
imagen tal de los personajes y la situación q
(Zaragoza et al. 96). Más allá, las voces orques
de las fuerzas que evalúan el enfrentamie
Calatrava y don Álvaro; éstas representan
cuanto a los temas de clase social y raza, p
de borrar la historia de la separación entr
contexto dieciochesco ofrece la ventaja de
diano -el pueblo lo hace- y atribuir a la clase
criminación y la crueldad de una actitud c
Por lo mismo, lo que parece un duelo simb
toridad -el don Álvaro con el Marqués-, p
po de la historia adquiere claros visos de pol
Si los conjuntos de actores ubicados en la
llas del campo de batalla, en los alrededores
acentos disonantes y su ubicación al marg
tran que, en el mundo romántico, el individ
el umbral del ámbito privado en el momen
rreno de encuentros dialógicos en el espac
totalidad hace patente que la historia social m
las relaciones personales porque las contien
valoraciones seculares12.
En su primera aparición, don Álvaro "Cruza lentamente la esce-
na", embozado, "mirando con dignidad y melancolía" (Rivas 57).
Callar y cruzar convierten al protagonista en signo ambivalente,
abierto al público -de escenario y platea- para ser descifrado. En la
escena de la fuga, los amantes tienen que cruzar el umbral del bal-
cón hacia la libertad. Doña Leonor se va de la posada de Monipodio
por una ventana; luego, se sitúa en la entrada del convento, que al
final de la escena cruza a pesar de haberse negado a hacerlo al prin-

12 Jo Labanyi afirma que "one of the major political effects of Romanticism
would be its alignment of individual and political sentiment, since it conceives
of both as the rebellion of the individual against authority" (238). La cita de la
estudiosa pone de relieve la transformación del ámbito subjetivo en público,
por medio de la participación valorativa de la comunidad circundante.

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Don Alvaro en el límite del tiempo 273

cipio por ser pecadora y mujer. Ella jura termina
de una frontera invisible. Sobre lindes se dan los encuentros entre
los personajes masculinos también. Cuando don Félix está a punto
de saber la identidad verdadera de don Fadrique, se debate sobre si
abrir o no la caja que su moribundo amigo le pidió que destruyera
(Rivas 121). Finalmente, llega a resolver el misterio cuando decide
abrir otra "caja fatal de Pandora" (122). En la última jornada todas
las líneas divisorias se tienen que cruzar para que el desenlace fatal
ocurra: don Alfonso penetra en el convento; don Álvaro sale de su
reclusión; ambos invaden el espacio del ermitaño. Sobre líneas divi-
sorias transcurre la acción de la obra: cuatro jornadas se escenifican
en Sevilla, Hornachuelos, Velletri, el convento de los Ángeles, res-
pectivamente, "y sus alrededores" (Rivas 51, 75, 101, 147).
No sólo la trama se desencadena por umbrales cruzados. Los
mismos personajes existen como emblemas de fronteras transgredi-
das o transgresoras; cambian de nombre y en sus travesías cruzan
fronteras, mares, provincias, el límite entre lo sacro y lo profano, el
honor y el engaño, la bondad y la vileza. Don Álvaro es quizás el
ejemplo más claro de una identidad creada sobre fronteras: español
e indio, de rancio abolengo, pero manchado por la traición. El Mar-
qués dē Calatrava es noble, pero venido a menos. Doña Leonor es
honrada, a la vez que pérfida y engañosa; sus hermanos, nobles y
bravucones viles. La inestabilidad de carácter con la que el elenco
está tildado pone en escena un mundo de valores ambiguos, una so-
ciedad en transición.

Victor Turner ofrece el concepto de liminalidad junto con el de
communitas para describir procesos de cambio social. La communitas
implica movimientos sociales cuya dinámica de incertidumbre pro-
mueve cambios de orden social; la estructura se hace cargo de res-
guardar las formaciones sociales más o menos estables. Turner
afirma sobre la communitas*.

they are persons or principles that (1) fall in the interstices of social struc-
ture, (2) are on its margins, or (3) occupy its lowest rungs [. . .] communitas
has an existential quality [...] Structure [...] has cognitive quality [...]
Communitas has also an aspect of potentiality; it is often in the subjunctive
mood. Relations between total beings are generative of symbols and meta-
phors and comparisons; art and religion are their product rather than legal
and political structures [. . .] Communitas breaks in through the interstices of struc-

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274 Christina Karageorgu-Bastea

ture, in liminality; at the edges of structure > in margnalit
in inferiority (The Ritual Process 125 y 127-128, el é

En este sentido, la ubicación del drama e
presente, la configuración de sus protagon
niones desacordes, el constante cruce de iden
de normas, ponen al descubierto aquellos int
cios para debate y cambio.
En la era de la consolidación del estado-nación con base en la

homogeneidad racial de las comunidades imaginadas, el protagonis-
ta de Rivas es portador de múltiples contradicciones: viene de Amé-
rica, su pasado se desconoce, es mestizo, su padre ha usado la fuer-
za del imperio para el abatimiento de la autoridad imperial, procla-
mando la independencia del Perú, y la memoria de la madre pone en
el proscenio la gloria y la derrota del pasado precolombino. En esta
caracterización encuentran cabida los tabúes y prejuicios que el
dramaturgo pone frente a los ojos de su público. Las reacciones
contrarias que provoca don Álvaro dentro del drama son una estili-
zación hábil de las pasiones que ha despertado América en la penín-
sula a partir de las Cortes de Cádiz. La muerte del personaje es la
muerte de las colonias para España; es su independencia vista desde
una Europa anhelante de aquellos territorios. Sin embargo, a princi-
pios del siglo XIX, no es posible obliterar la crueldad y obcecación
con las que España ha contribuido a esta "muerte"13. Las palabras
que el Duque de Rivas pone en boca de don Carlos trazan con fuer-
za poética el nexo doloroso entre España y sus ex colonias, visto
desde ojos europeos: "Ruge entre los dos un mar / de sangre..."
(Rivas 132, puntos suspensivos en el original). Por el breve momen-
to del encabalgamiento, el Atlántico, límite que antes unía peninsu-
lares e indianos y ahora, en el momento histórico de la escritura los
separa y enajena, se identifica con la "sangre", signo de comunidad
racial y razón indiscutible para la unión política en el siglo XVIII.

13 Un indicio del conflicto entre los peninsulares liberales y sus interlocuto-
res americanos en los tiempos de las luchas independentistas se puede ver en el
diálogo que entablan Blanco White y Teresa de Mier a propósito de las opinio-
nes del primero sobre la independencia de Venezuela, publicadas en El Español,
periódico de los exiliados españoles en Londres. Véase en especial la primera
carta de respuesta del padre Mier (61-138).

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Don Alvaro en el límite del tiempo 275

Todo lo anterior en el caso de don Álvaro significa m
reza, mientras en 1835 recuerda el derrame de sangr
de independencia.
La reacción violenta hacia el protagonista no es sól
su enfrentamiento con la familia Vargas. Don Álvar
a defenderse ante la ideología de la obra misma, la
parte, lo reviste con los atributos del héroe románti
se le opone y lo arrincona. La relación que el propio
blece entre su origen y su destino es representativa
mia radical:

Para engalanar mi frente,
allá en la abrasada zona

con la espléndida corona
del imperio de Occidente,
amor y ambición ardiente
me engendraron de concierto,
pero con tal desacierto,
con tan poca fortuna,
que una cárcel fue mi cuna
y fue mi escuela el desierto (Rivas 106).

El héroe se encuentra dividido entre el aprecio de su linaje incai-
co y la vergüenza por la desobediencia de su padre, entre la lógica y
el desacierto que resulta de desear la independencia, pero también
entre sus propias intenciones y sus actos, los cuales ve como resul-
tado inevitable de la biología y el carácter moral de sus progenitores.
En un afán de reconciliar el orgullo y el desdén, el heredero de la
sangre impura y la rebeldía es puesto por el dramaturgo en el papel
del arrepentido. Se subyuga voluntariamente y busca el perdón de la
máxima autoridad -el rey-, afirmando indirectamente su calidad de
súbdito y el derecho de la Corona sobre el destino histórico de
América.
Frente al mestizo del siglo XVIII, -momento en que parecen li-
marse las asperezas entre peninsulares y criollos (Minguet 34-36)-
se encuentra un público herido por los procesos políticos en España
y por los movimientos independentistas americanos14. El argumento

14 Si aceptamos las razones que presenta Minguet, la ubicación de la obra el
en siglo XVIII hace todavía más pronunciado el enfrentamiento entre el criollo

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276 Christina Karageorgu-Bastea

de Rivas en contra del indiano cifra la agon
sulares ven su imperio de antaño reducido por
ofensa de la soberanía y del estado de legalid
Álvaro tiene la intención de pedir es indicio
no hay que olvidar que el protagonista en m
abandona la procura del perdón real. Si el au
sos libertarios americanos en la figura del v
romántico incentiva la rebelión y acompaña a
por una restitución moral. La palabra que t
protagonista comparte con él xana liminali
orilla: el enfrentamiento entre historia y litera
Jo Labanyi sostiene que en España los auto
viendo sus ojos al pasado medieval y al mun
sus obras subjetividades fronterizas, en una p
helo por un momento anterior a la homoge
unificación nacional decimonónicas (233)15.
la creación de subjetividades fronterizas la lite
do por la vía de una melancolía justa, en o
nostálgica que fosilizaría el tiempo ido (242). L
taforma conceptual y estética -la individualida
dispositivo para imaginar una población multi
la lógica del artículo, se basa en una utopía reg
rio, Don Alvaro ofrece un enfrentamiento ide
de lleno sobre la formación de la nación moderna. La obra toca do-
lores de la historia a flor de piel: el derecho a la ciudadanía por en-
cima de la pertenencia o desarraigo geográfico del individuo, la tran-
sitoriedad del viajero, la identidad racial fluida, la polémica entre el
rencor y la admiración hacia el Otro, el capital o los méritos como

y la aristocracia peninsular, ya que éste se da en un ambiente de relativa acepta-
ción y concordia. Sobre finales del XVIII, Álvarez Junco afirma: "En 1788, año
en que murió [Carlos III] nada anunciaba en España sacudidas revolucionarias
[. . .] El proceso de creación de la identidad pre-nacional, por su parte, seguía su
curso, sin incompatibilidad aparente con el proyecto modernizador de la socie-
dad y el Estado emprendido por los gobernantes borbónicos y apoyado por los
intelectuales ilustrados" (105, cfr. Rodríguez 42).
15 Tal argumento responde a una visión historiográfica que ve en el regreso
al Medioevo un rasgo conservador y escapista del Romanticismo español; cfr.
Silver 13, 25-26, 42.

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Don Alvaro en el límite del tiempo 277

fuerzas que igualan por encima de la sangre. Com
visión polémica de lo propio y lo ajeno, la armonía r
de Oro antes de la Reconquista, funciona más com
cape a los conflictos políticos y sociales de la España
No obstante diferir de Labanyi en su apreciació
románticas como apertura al multiculturalismo avant
jetividad fronteriza que la crítica elabora, me parec
lítico invaluable para una aproximación renovada a D
pregunta surge aquí: ¿qué actitud sostiene el text
creación de umbrales e identidades fronterizas? S
well, "The function of the threshold [. . .] is not to
parate, and thus to be crossed. Every limit is also i
Drawing the limit-line is coeval with desire, we mi
demand, that the line be crossed. Once established,
for breaching' -traditionally, a task for heroes" (93
perversa, se puede decir que la pieza de Rivas de
que Kingwell teoriza con una pequeña coda: tras
puede también ser tarea de villanos, y sobre esta am
de los personajes se pueden observar los benefici
cial que los presenta, los recrea, los alaba y los amon
En la "Jornada segunda", durante el jubileo de
doña Leonor es objeto de curiosidad para el gru
mesón de la Tía Colasa. Su presencia se establece p
culaciones:

"Estudiante. -Quisiéramos saber, tío Trabuco, si esa personilla de alfeñique
que ha venido con usted y que se ha escondido de nosotros, viene a ganar
el jubileo [. . .] ¿es gallo o gallina? [. . .] ¿por qué no ha venido a cenar el ca-
ballerito? [...] ¿es hembra o varón? [...] con que es pecador [...] ¿cómo
viene en el mulo, a mujeriegas o a horcajadas?" (Rivas 79 y 80).

Suspendida entre comentarios irónicos que ponen en duda mor-
bosa su calidad moral y su género biológico, siguiendo un trayecto
de origen y destino desconocidos tanto para los demás personajes
como para el público, sin nombre, apartada de todos, la heroína
queda a tal punto suspendida que el texto por un momento es inca-
paz de nombrarla: "A mí me parece que es persona muy..." (Rivas
80, puntos suspensivos en el original), dice en público la Mesonera,
y en la intimidad con Monipodio, ella misma afirma las dos caracte-

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278 Christina Karageorgu-Bastea

rísticas que restituyen el valor moral y la biol
mujer afligida" (Rivas 83). En términos pa
fluctuante identidad de don Álvaro: es buen
puede ser pirata, hijo bastardo de un españ
(Rivas 55), es "la prez de España" (108), el b
rido por los pobres, según palabra del herm
también es voluntarioso (150), y por su piel
parece a la vez mulato e indio bravo (151).
Doña Leonor se disfraza para cruzar de la
dad: desde la casa de su tía en Córdoba hacia e
Su necesidad de consagrar sus días a la expi
por el arrepentimiento ni por la fe, sino por
Álvaro es distinto de lo que ella se había imag
para hacerla querer reprimir su pasión por él
"Jornada segunda", dice:

[. . .] Dios de bondades,
con penitencia austera,
lejos del mundo en estas soledades,
el furor expiaré de mis pasiones (Rivas 86).

La expiación de las pasiones se logra más efi
raleza femenina se oblitera bajo la identida
Así se huye principalmente del cuerpo. A su v
te y digno, se vuelve militar en busca de la
contradicciones sin poder resolverlas:

sin nombre en extraña tierra,
empeñado en una guerra
por ganar mi sepultura.
¿Qué me importa, por ventura,
que triunfe Carlos o no?16

16 La insolencia hacia la persona del rey está en co
ámbito ideológico de la trama. Según Alvarez Junco
sión napoleónica, la resistencia se organizó en torn
trono (73). También los cabildos en América utilizan
dar los territorios en nombre de Fernando VII para
der. Para 1835, sin embargo, ha quedado claro que
pierden para el rey. La desapasionada actitud de don

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Don Alvaro en el límite del tiempo 279

Si el mundo colma de honores
al que mata a su enemigo,
el que lo lleva consigo,
¿Por qué no puede. . .? (Rivas 107-108).

Ambivalente en cuanto a qué es heroísmo y qué falta de lealtad o
incluso pecado mortal, el personaje interroga los valores religiosos y
cívicos de su tiempo.
El que don Álvaro sea originario de Perú no es un detalle casual
tampoco. Desde Gonzalo Pizarro y Lope de Aguirre en esta región
se ha propagado un modelo y discurso de rebeldía que pone en du-
da la legitimidad del poder real y reivindica los territorios america-
nos para quienes decidieron vivir y luchar en y por ellos (Jos 49-52;
Pastor 282-287). Unidas a la decepción de los mitos relativos a las
riquezas que se podían alcanzar en la conquista y a la inclemencia de
la naturaleza en la región de los grandes ríos, la violencia y crueldad
de las rebeliones caracterizaron la historia colonial de la región. La
incomodidad de esta memoria -escondida en el escamoteo y confu-
sión de datos- se asienta sobre las circunstancias del momento de la
escritura, siendo una negociación respecto de lo que significa la so-
beranía y por lo mismo, dirigiendo su duda al derecho de la Corona
sobre los territorios coloniales. Después de atar a un don Álvaro re-
belde y dubitativo a los dos bastiones de la expansión colonial -el
ejército y la iglesia-, el drama lo condena a la aniquilación. Con la
muerte de su héroe, Rivas inscribe su palabra en el linaje de la sen-
tencia oficial con la que se cierra el caso del tirano Lope de Aguirre:
"y porque de todo lo susodicho hasta agora no se avya fecho
proçeso contra la memoria y fama del dicho lope de aguirre como
de derecho se deuia fazer; dixo; que mandava y mando; hazer ca-
beça de proceso contra la memoria del dicho aguirre por ser difunto
[. . .] y condeno a la dicha memoria e bienes en lo arriba dicho" (Jos
203-204). Lo anterior no impide que con su palabra literaria, Don
Alvaro remueva la tradición de insurrecciones que van tan lejos en la
historia como la misma unión entre colonia y metrópoli; un lazo de
sinuosas pasiones y luchas materiales e ideológicas.

momentos de diálogo más intenso entre los contextos temporales en los que la
obra se mueve.

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280 Christina Karageorgu-Bastea

En el umbral, pues, por circunstancias ajen
pia, en el límite de su ser, a punto de una huid
real o simbólica podrá detener, don Álvaro y
tan aflicción. Frente al drama de Rivas, el es
cargo del terrible final, culminación de una vi
una reacción visceral a lo que por sus límites d
evoca el pasado histórico de manera que no
tajante y, por otra, hace imposible la separació
los, justicia e iniquidad, lógica y sinrazón A
poblada de héroes cuya postura y discurso no p
fácil de identificación inmediata, ya que preci
cia vertical de los límites, muchas de las dec
y don Álvaro se orientan hacia la restauració
que los amenaza. Según Susan Broadhurst, e
dicciones se encuentra una de las ventajas semi
tanto dispositivo artístico:

All liminal works confront, offend, unsettle. How
avant-garde performance, the liminal does not s
structure to dominant ideologies. In fact, it appears
with mainstream trends. Nevertheless, it does dis
ning, deconstructive mode which presents a resistan

En el caso Don Alvaro, , el choque entre lo so
produce efectos paródicos que traen al escenar
ta. Cuando el populacho especula sobre la ide
en el aguaducho, Tío Paco balbucea el genti
luego dijeron que no, que era. . . No lo puedo d
brinca... Una cosa así" (Rivas 55). Lo que par
trava y para el texto mismo es pecado de abom
centivo para la risa, presentado por la ignoran
del pueblo. En otra ocasión, casi al final de
desenlace terrible, el Hermano Melitón gasta b
de Vargas: "Padres Rafaeles. . . hay dos [. . .] ¿E
de Porcuna? / No os oirá cosa ninguna / que
(Rivas 153). El dramaturgo dilata el fin trágico
lemnidad de la venganza con los juegos de palab
gracioso. El texto vacila entre lo terrible y lo

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Don Alvaro en el límite del tiempo 281

son vistas por los ojos de la clase baja o la socar
lenguaraz como si lo que está en juego fuera simpl
Parte de la crítica ha visto en la ambivalencia
conlleva el texto la impronta del Romanticismo, m
nes la adjudican a la crisis religiosa por la que pa
de Saavedra en la época que escribe el drama (Lo
der resistir su propia contradicción entre la fascin
que le producen sus héroes, el texto termina po
los actores del conflicto en una limpia radical, des
abscesos dolorosos, en un movimiento que parec
nueva. No hay quién detenga la violencia ni quié
rencias en un movimiento dialéctico17. Paulatinam
por un concepto de límite consecuente con la idea
tera es una línea divisoria y descartando su pro
pueda ser también un espacio de encuentro, aun
esta modalidad en varias ocasiones, mientras todav
peranza de restauración moral.
El límite apareció como dispositivo en el campo
rario en relación con el arte postmoderno, como c
pia de la inestabilidad identitaria y genérica que p
teres y las obras del arte contemporáneo. Sin e
crítica dio cuenta de la presencia de este elemento
raria. Manuel Aguirre concluye su síntesis somera
ga el límite en la configuración del héroe literario
hasta la postmodernidad, afirmando: "The hero
adopt liminal forms, stances, conducts; this brief
that the history of his transformations may be an
re's changing attitudes to liminality" (25). Si ac
que de Rivas escribió una obra en la que se plas
cial hacia lo liminal ¿qué podría significar para la
nica este elemento? y ¿cuál es la actitud del incipi
ninsular hacia la liminalidad?

17 Mediante un análisis de los diferentes definiciones filosóficas del sino,
Peña Izquierdo concluye que el destino en Rivas es aquella fuerza que rige la
vida humana pero sin propósito trascendente, muy propia de la época románti-
ca: "se trata de una época en que la creencia general en lo trascendente se debi-
lita" (104).

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282 Christina Karageorgu-Bastea

Más allá del azar o de la infracción, hay
Rivas un elemento constitutivo inquietante
sino que contraviene el castigo moral de la t
ética justifica la violencia que generan. Visto
nido estremecedor de la obra radica, pues,
es precisamente esto lo que los protagonis
lo que desean deshacerse para evitar la con
les propina al final. El Duque de Rivas llev
la predestinación metafísica a la arena social
lítica de la identidad. Al fracasar en sus
mundo, don Álvaro y doña Leonor ensayan p
su existencia, descubriendo a cada paso/pa
de un diálogo. Los protagonistas son inca
principios de legalidad, aunque no por falta
moral o por carecer de claridad en cuanto al
sino por estar sujetos a un imperativo de se
la Don Alvaro es una aporia: sus héroes cru
nocimiento personal, lo cual significa desafi
que los acotan.
Las fuerzas sociales amenazadas por los p
que castiga el deseo y el poder colonial- r
casi mecánica frente a individuos y actos qu
timidad del marco mayor que las sustenta
puede dejar de ver que tanto don Alvaro c
decisiones que vuelven sus esfuerzos insos
ello menos entrañables. Al final, el destino
continuos enfrentamientos donde los lími
cuentran del lado de la justicia y quienes
borran penosamente. Por añadidura, tal cruc
tro de cada uno de los personajes individu
sidad de entender el sujeto en sus circunst
este caso arrinconan a los personajes hasta c
de crímenes imposibles de expiar.
En su "Connecting Empire to Secular In
Said llama la atención sobre la hibridez de to
(232) y pone la literatura británica en con
aquellos textos que la enmarcan, le confier
contravienen desde horizontes ideológicos

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Don Alvaro en el límite del tiempo 283

un claro espíritu anticolonial y desde las colonia
Álvaro, el mestizo/ el indiano, es para la realidad hi
que da razón de ser a la obra de Rivas precisament
va. El legado colonial desvelado y la resistencia antic
héroe al límite de la razón. Su alienación, sin emb
de toque para la estrepitosa caída de toda una estruct
ca -el imperio- y su correspondiente ideología. L
indiano diezma en igual medida a la clase aristocrátic
la, destroza el espíritu heroico de sus empresas m
perplejidad al coro eclesiástico que cierra la obra. Es
da hace posible entender la colonia como realidad
península y no como sede y razón de la bancarrot
monónica. La aproximación reflexiva del mestizo
tórico de las independencias americanas y su existen
ba del impacto que estos eventos históricos tuvie
trópoli propicia el contrapunto que Said reclama.
Alvaro o la fuerza del sino, la alteridad se encuentra
metrópoli, es trágicamente consanguínea a ésta. S
obra del Duque de Rivas como producto cultural h
tor como representante de aquel grupo de poder q
transformación postcolonial de España, la encarniz
tre colonia y metrópoli, que en la obra se libra al fi
hace patente la necesidad de la dimensión americana
para entender la desquiciante y dolorosa cultura esté
la España decimonónica.

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