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ANA RIVAS GESTAL

REPERTORIO ORQUESTAL I
SAXOFÓN
Curso 2017/2018
La suite para piano Iberia, escrita por Isaac Albéniz, fue compuesta entre 1905 y 1909,
considerándose la obra más importante de la literatura pianística española, así como
una de las cimas de la música para piano de todos los tiempos. De ella dijo Olivier
Messiaen: “es la maravilla del piano, ocupa quizá el más alto puesto entre las más
brillantes muestras del instrumento rey por excelencia”.
Ravel fue el primero en querer orquestar esta suite, pero tuvo que desistir porque los
herederos del compositor cedieron los derechos a Enrique Fernández Arbós, quien
orquestó cinco de las doce piezas: Evocación, El puerto, Corpus Christi en Sevilla, Triana
y El Albaicín. Carlos Surinach orquestó años después las restantes, completando así el
trabajo de Arbós; pero la versión de Arbós es la más conocida.
Posteriormente, Francisco Guerrero Marín inició una orquestación de la obra más
moderna, pero su repentino fallecimiento en 1997 hizo que el trabajo quedara sin
terminar. Completó Corpus Christi en Sevilla, Almería, El Albaicín, El Polo, Málaga y
Jerez. Las piezas orquestadas fueron grabadas por José Ramón Encinar y la Orquesta
Sinfónica de Galicia.

El compositor:
Isaac Albéniz fue un compositor y pianista español. La vida de este compositor es una
de las novelas más apasionantes de la historia de la música. Debutó como pianista a los
cuatro años, con gran éxito, en un recital en Barcelona. Tras estudiar piano en esta
ciudad e intentar ingresar en el Conservatorio de París, prosiguió sus estudios en
Madrid.
A los diez años se fue de casa, y recorrió varias ciudades y pueblos de Castilla
organizando sus propios conciertos. Una segunda fuga, en 1872, le llevó a Buenos
Aires. Protegido por el secretario particular de Alfonso XII, Albéniz, consciente de sus
carencias técnicas, pudo proseguir sus estudios en el Conservatorio de Bruselas.
En 1882 conoció al compositor Felip Pedrell, quien dirigió su atención hacia la música
popular española, inculcándole la idea de la necesidad de crear una música de
inspiración nacional. Fue entonces cuando Albéniz, que hasta ese momento se había
distinguido por la creación de piezas salonísticas agradables y sin pretensiones para
piano, empezó a tener mayores ambiciones respecto a su carrera como compositor.
Su estilo más característico comenzó a perfilarse con las primeras obras importantes
de carácter nacionalista escritas a partir de 1885, en especial con la Suite española de
1886. Su ideal de crear una «música nacional de acento universal» alcanzó en la suite
para piano Iberia, su obra maestra, su más acabada expresión. Admirada por músicos
como Debussy, la influencia de esta partitura sobre otros compositores nacionalistas
españoles, entre ellos Falla y Granados, fue decisiva. Ella sola basta para otorgar a
Albéniz un lugar de privilegio en la música española.
Aunque cultivó variados géneros, predominan las composiciones para piano en las que
podemos distinguir tres épocas. En la primera, que abarca desde sus composiciones de
juventud hasta aproximadamente 1880, Albéniz compone obras de carácter romántico
e intimista. Cabe destacar sus siete sonatas para piano y sus tres Suites anciennes,
además de los Seis pequeños valses.
Su etapa nacionalista española se abre con las cinco piezas que integran los Cantos de
España (Preludio, Oriental, Bajo la palmera, Córdoba, Seguidillas). La mayoría de las
composiciones de esta segunda etapa están inscritas en la corriente de tintes
andaluces denominada "alhambrismo", caracterizada por el uso de ritmos de danzas
populares y de elementos del cante jondo, así como por el uso del modo frigio y
ornamentaciones propias de la escritura para guitarra; no obstante, en algunas piezas
de este período también se escuchan rasgos folclóricos de otras provincias españolas.
Otras obras incluidas dentro de este apartado son las Doce piezas características, la
Suite Española y el Concierto fantástico en La menor.
La tercera etapa creadora de Albéniz posee resonancias impresionistas, en parte fruto
de sus viajes a París y de su amistad con Debussy, máximo representante del
impresionismo musical francés. Su obra principal de esta última época es Iberia.
Las doce piezas que componen los cuatro cuadernos de Iberia tienen una arquitectura
compleja. La mayoría de ellas emplean ritmos característicos de danza que se alternan
con un estribillo lírico de carácter vocal o copla. El primer cuaderno incluye las piezas
Evocación, El puerto y Corpus Christi en Sevilla, esta última eminentemente descriptiva.
En el segundo cuaderno se hallan las obras Rondeña, Almería y Triana, que de nuevo
hacen mención a rincones andaluces. El tercer cuaderno lo inicia la pieza titulada El
Albaicín (en honor al barrio granadino de igual nombre), seguida de El Polo y de
Lavapiés, única pieza de Iberia inspirada en un lugar no andaluz. Y por último Málaga,
Jerez y Eritaña, que son las tres piezas que integran el cuarto cuaderno.
Albéniz no posee una producción orquestal muy amplia, pero todas sus obras
sinfónicas están dotadas de un colorido y una armonía de gran riqueza, así como de
destacables innovaciones instrumentales. Respecto a su música escénica, hay que citar
Pepita Jiménez, que fue la obra favorita del compositor. En esta ópera, Albéniz se aleja
de la tradición wagneriana para desarrollar un lenguaje autóctono, expresivo y lírico.
En cambio, en sus óperas Henry Clifford y Merlin, es patente su admiración por
Wagner.

El fragmento orquestal:
A. El solo
El primer solo trata de imitar una guitarra: articulación muy cortita y matiz pp.
Se encuentra en un compás de subdivisión ternaria.
El segundo solo es más libre y está escrito sobre el modo frigio (muy
característico de la música española). Este solo va combinando compases
subidivididos con compases a1.
B. Qué le antecede
El movimiento empieza con el primer solo del saxofón.
Cuando el saxofón interviene con su segundo solo, el tema B, este ya ha sido
presentado anteriormente y conectado con el saxofón a través de un
divertimento.

C. Qué precede
En el caso del primer solo, el saxofón le pasa el tema principal al fagot.
En el segundo solo, cuando se finaliza el tema B, de nuevo vuelve a aparecer el
divertimento de los metales que sonaba antes de este solo.

D. Qué ocurre a la vez


El acompañamiento que tiene el saxofón en su primer solo es el de las cuerdas
en pizzicato reforzando las notas importantes del solo.
En el segundo solo estamos tocando el tema B junto con el flautín. Las
respuestas del tema B las realiza el clarinete.

E. Características y dificultades que presenta el solo


La dificultad que presenta el solo es la capacidad de poder emplear el matiz y la
articulación que el compositor escribe, teniendo en cuenta que es la primera
nota que tocamos en toda la obra.
La dificultad del segundo solo es la afinación con el flautín, además de
conseguir el carácter que esta música presenta.