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Morir en sábado
¿Tiene sentido la muerte
de un niño?

Carlo Clerico Medina Morir en sábado ¿Tiene sentido la muerte de un niño? 2ª edición Desclée De Brouwer .

. S. 2008 © EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER.com Cualquier forma de reproducción. salvo excepción prevista por la ley Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos –www.Sevilla . 6 . si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. S. comunicación pública y transfor- mación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares.48009 BILBAO www. 2008 C/ Henao. distribución.A.edesclee.A.com info@edesclee..org–).1ª edición: mayo 2008 2ª edición: julio 2010 © Carlo Clerico Medina. Impreso en España .Printed in Spain ISBN: 978-84-330-2236-3 Depósito Legal: Impresión: Publidisa.cedro.

por enseñarme con su vida las muchas maravillas que surgen de ser último.Para Carlo Clerico Briasco. .

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. . . . . . . . . . 93 4. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131 5. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La alegía . . Lucy. . . La generosidad . . . . . . . . . . . . . . . . . El miedo . . . . . . . . . . . . 25 Cinco vidas . . . . . . . . 169 Cinco regalos . . . . . . 11 Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229 . . . . . . . . Javi. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La trascendencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Índice Glosario de términos populares Mexicanos que aparecen en el texto . . . . . . . . . 15 Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31 2. . . . . . . . . . . . Paco. . . . . . . . . . . . . 29 1. 213 Morir en sábado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67 3. Mauricio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Juanito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El dolor . . . . . . . . . . . . . . . .

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Expulsar. todo depende del modo y tono con que se utilice. significa: ahora. En la práctica. En teoría. lanzar. Aventar: arrojar. Bugambilia: Flor típica del Estado de Morelos y en general del centro y sur del país. Ahorita: Sin duda es una de las palabras más identificadas con la forma de hablar en mi país. en este momento. uno de los personajes más representativos de la televisión mexicana de los últimos treinta años. puede significar: “en este momento de mi vida”. el más importante equipo de fútbol de primera división del fútbol mexicano. especialmente a personas. o aunque parezca contradic- torio: “en un rato”. Chambita / Chamba: Trabajo Chipote Chillón: Arma (de plástico) utilizada por el “Chapulín Colorado”. Glosario de términos populares Mexicanos que aparecen en el texto Águilas del América: Se refiere a los jugadores del Club América. 11 .

excesivamente saturado. ¿no que tu podías?”. “estoy seguro” o “te lo prometo”. Precedido de “Ay” es una interjección de sorpresa o incredulidad (“Ay güey”). En algunos casos puede ser interpretada como una grosería (dependiendo del tono en el que se usa). Garigoleado: Exagerado. segundo en importancia en el fútbol de primera división mexica- no y el mayor rival del América. 12 . Güey: Equivale a “tonto”. Fregón: En la frase “¿no que muy fregón?”. Gripa / Gripón: Resfriado. Fuerte resfriado. Cruz Azul: Se refiere al equipo de fútbol de primera división de México. pero es también un término que se usa para llamar de manera coloquial a un amigo. Cochinita Pibil: Plato típico del Estado de Yucatán a base de puerco en una salsa tradicional maya. Crayolas: Crayones. Me aventó como al Borras: Significa que “me obligó a hacer algo para lo que yo no necesariamente estaba preparado”. MORIR EN SÁBADO Chivas: Se refiere a los jugadores del Club Guadalajara. significa “¿no que tan bueno?. Kleenex: Marca comercial de pañuelos desechables. Cuauhtémoc Blanco y Paco Memo Ochoa: Son los dos jugado- res más representativos en la actualidad en el Club de Fútbol América de la Ciudad de México. pinturas de colores. Me cai: Expresión muy utilizada por la gente joven que puede ser interpretada como “te lo aseguro”.

Pan de cazón: Plato típico del Estado de Yucatán a base de tiburón. Tacubaya: Zona que se localiza al Poniente de la Ciudad de México. Sale: Significa “está bien” o “entendido”. No jorobes: Significa “no molestes”. o al anglicismo: OK. Panista: Se refiere a la persona que suele votar por el partido de derecha en México. Empresa para estatal de petróleo en México. Pingüino Marinela: Nombre y marca comercial de una manteca- da de chocolate muy famosa en México y que es común encontrar en las tiendas de los colegios. el PAN (Partido Acción Nacional). GLOSARIO DE TÉRMINOS POPULARES MEXICANOS Nimais / Ni madres: Significa simplemente: “no” (muy enfático). Pumas: Se refiere a los jugadores del Club de fútbol de la Uni- versidad Nacional Autónoma de México de la primera división mexicana. Pérame: Modo coloquial de decir “espérame”. es un modo menos agresivo de decir: “no jodas”. Padrísimo / Padre: Bueno. El tono marca si la palabra es interpretada como una ofensa o no. Típicamente significa algo parecido a “vil” o “despre- ciable”. Sumiya: Es un muy famoso hotel en la Ciudad de Cuernavaca a unos 90 kms de la Ciudad de México. excelente. Equivale al “Vale” que se utiliza en España. 13 . Pinche: Puede ser interpretado en México de muchas maneras. PEMEX / Pemex: Abreviatura para Petróleos Mexicanos.

Terapeuta patito: La palabra “patito” usada como adjetivo equi- vale a “farsante” o “falso”. Fueron sumamente populares en México durante la década de los ochentas. Top siders (ochenteros): Se refiere a un tipo de zapatos que ori- ginalmente fueron diseñados para los deportes de Vela. Twister: Marca comercial de un juego infantil/juvenil cuyo ele- mento principal es un gran tablero de plástico sobre el que los jugadores deben colocar pies y manos (sobre círculos de distintos colores). Vips: Nombre comercial de una cadena de cafeterías con presencia nacional. MORIR EN SÁBADO Te caché: Significa “te sorprendí”. 14 . Tecos: Se refiere a los jugadores del Club de fútbol de la Univer- sidad Autónoma de Guadalajara.

Sentí una gran empatía y admiración por su persona. En esa ocasión me pidió que le 15 . Esta obra. “no tiene desperdicio”. pero quizás un tanto especial. inmediatamente. como si siempre lo hubiera conoci- do. Conocí el manuscrito antes que al autor. curiosamente. aunque su imagen y físico no llenó mi retrato imaginado. y esto era un vínculo obviamente. como que nos caen del cielo. Le sentí un aura muy especial y experimenté. Por las historias tan vívidas. pero mucha interioridad. necesariamente un hombre más bien mayor. tan humanas. como que “tocaba” dejarnos impactar por ellos. como suele decirse. de mucha. nos unía el hecho de que yo conocía muy bien a Paola su hermana. Al pasar las páginas de su obra me fui haciendo todo un retrato imaginado del escritor que se rompió al haberlo conocido. Digo que “se ha puesto” porque los libros más importantes e inspiradores. y. Prólogo El libro que se ha puesto en tus manos es pequeño pero real- mente es una joya. como un monje o como alguien de rostro silencioso. tan entrañables. cuando charlé y comí con él. me lo imaginé. pero amable. me imaginé un hombre de mucha hondura sí. Lo encontré en la recepción de un hotel en Guatemala. Eso sí. precisamente por todas esas cosas. desde la prime- ra vista estuve seguro que era él.

no es así. Carlo es un verdadero iniciador a la humanidad. porque encontrará muchas sugerencias y caminos. creo que les abrirá vere- das de sentido. Por eso creo que el libro está escrito para muchos públicos. 16 . Más aún. si lo ves en la calle no creerías que te estás topando con un hombre tan sabio –que te puede enseñar a valorar lo que de verdad vale–. Para quienes están sufriendo su propio dolor. es decir. de hombre con mente de ingeniero y que ha ido triunfando en la vida de los negocios. entrañable. Cada vez que vuelvo a leer cualquiera de sus capítulos. empleando un lenguaje sumamente sencillo y coloquial. no te imaginas el corazón que está ahí detrás. pero escribo estas líneas también con mucho gusto. alguien que te lleva al misterio de la vida y –sin muchos aspavientos– también al misterio de Dios inmanente y trascendente. Sin embargo. me provoca un llanto explosivo a la llegada de la muerte de uno de esos cinco niños: sabios y maestros. Con su libro. como repite muchas veces Carlo. Para alguien que tiene relación con el dolor de niñas y niños le vendrá muy bien. como ya te voy diciendo y tú mismo experimentarás. MORIR EN SÁBADO hiciera la presentación de su libro. Carlo –sin “s” final como le gusta puntualizar– tiene una humanidad tremenda. con un claro sabor mexicano. es un maestro de lo fundamental. Para quienes acompañamos personas en su duro paso por la vida. Carlo Clerico toca teclas muy profundas en cada persona. Cuando lo conoces con su aire juvenil. Carlo es un gran mistagogo. nos abre perspectivas pertinentes. Con todo. El libro trata sobre la muerte de cinco niños que el autor acom- pañó y nos reseña de manera increíble. Realmente con temor y temblor lo hago porque me da miedo empañar su brillo. Aparentemente el público interesado podrían ser sólo los iniciados en tanatología con especialidad en niños.

Carlo combina intereses muy diversos. desarrolló el gusto por la filosofía. * Te doy a continuación algunos datos –como muestra de su actuar polifacé- tico– sobre su currículo. que en verdad. No es para devorarlo de una vez. Es muy obvio que Carlo escribe el libro como para sí mismo. su tra- bajo de ingeniero en una gran empresa estatal.* Esto lo llevó a esa “devoción” de acompañar niños en los últimos momentos de sus vidas. Eso sí. sólo es un paso hacia el verdadero sentido y hacia la Vida. Estudió Ingeniería Industrial. debido a su formación en matemáticas y física. De 2003 al 2006 trabajó para el gobierno Federal. Este trabajo fue para él una puerta sumamente privilegiada para relacionarse con comunidades indígenas. Luego hizo tres cursos en Técnicas Gestalt. Si este libro cayó en tus manos tienes muchas lecciones que aprender. De algún modo el escrito es toda una pedagogía para vivir y para acompañar. PRÓLOGO Qué bueno que se le ocurrió comenzar a escribir sus experien- cias. es para degustar- lo. con su interés por el desarrollo humano y finalmente con la tanatología. para sacar provecho. campesinos y grupos sociales organizados. la perso- na que de hecho puede actuar en cada niña o niño en su momento final. como si su sistematización le ayudara a ser más persona. Luego estudió una Maestría en Desarrollo humano con especialidad en Transperso- nal. como para no dejar pasar tantas experiencias sin consignarlas sin digerirlas. Desarrollo del potencial técnico y administrativo y Desarrollo del potencial social. te lo aseguro. 17 . es decir que entonces le incumbe a toda persona humana. hay que irlo leyendo en un tono “serendípico”. Después de eso montó un despacho de consultoría independiente que tiene tres objetivos: Desarrollo del Potencial Humano. Da clases en la Maestría en Desarrollo Humano en la Universidad Iberoamericana de México. su vinculación a la formación en técnicas de fútbol con el equipo América de la ciudad de México. para volver a él. Según él. Tanatología y más reciente- mente en Psicooncología. Ha trabajado para Comex. a tus propias experiencias vitales y modificar tu manera de vivir. por ejemplo. una empresa de pinturas. primero en Petróleos Mexicanos y luego en la Secretaría de Desarrollo Social.

Nuestros trabajos tal vez no nos presentan tantas complejidades y sinsentidos. desde ese exceso de dificultad. en donde todo parece injusto. pero especialmente los médicos y enfermeras. MORIR EN SÁBADO Para aquellos a quienes nos toca acompañar vidas. sin ninguna explicación y casi sin nada que hacer. Dice Carlo que el dolor se ahuyenta por el cariño y por el acompa- ñamiento. Quizás la clave de este acompaña- miento es ayudar a encontrar el sentido del sufrimiento. ¿Cómo se enfrenta el problema del dolor y sobre todo el sufri- miento de un niño o una niña? La pregunta primera –la que nunca falta– es el “por qué del sufrimiento”. Por eso es que. por ejemplo. sin sentido. el autor nos regala una serie de sugerencias muy significativas. del padre. que se enfati- zan en el hecho de toparse con el sufrimiento de personas de muy tierna edad. de los familiares. realmente–. no nos caería mal entender. De ahí que asegure que tanto médicos como familiares continuamente tengan que imaginar que siempre se puede hacer algo: el dolor se mitiga. El último medio que provocan. lo que Jesús Díaz Ibáñez le enseña a Carlo. como Job y luego Jesús. que sólo quien es realmente afectivo podrá ser efectivo. Carlo. sino el para qué y. sobre todo. En el fondo a todos los que están entorno a un niño cercano a la muerte. es precisamente una suerte de esperanza que ayuda a acuerpar la esperanza de la madre. podamos aprender mucho de sus enseñanzas. con una distracción apropia- da. el para quién del fruto del sufrimiento. no explican la razón del sufrimiento de la persona inocente –porque la respuesta no se encuentra. Pero Carlo nos indicará incesantemente que lo importante no es el por qué. sino que luchan contra él poniendo los medios a su alcance. son quienes mejor se desempeñan. 18 . El dolor. Quienes se relacio- nan con sus pacientes y de verdad se conmueven con su dolor. con todo sólo se ahuyenta con el amor y la presencia silenciosa.

el dolor me mete y la felicidad me saca”. no es el “por qué” sino más bien el “para qué”. Los regalos –que tú los verás muy claros en el libro– son para las personas quienes rodean el sufrimiento. Carlo nos regala el esbozo de una metodología: Lo primero es lograr el canal de comunicación. Por otra parte. cambian nuestras vidas porque nos permiten mirar dentro y modificar nuestras prioridades. es 19 . Como verás en el libro. Cuesta muchas veces establecerla. Esa es la razón de que el sufrimiento es fuente de gracias para su entorno. que llega a formular: “cuando me duele más es que tengo que dar más cariño”. en vez “del por qué”– abre a muchas respuestas. o el dolor. interpreto yo. Presupuesta esta aclaración a la pregunta del sentido del sufri- miento y la profunda sintonía que debe establecerse. uno de esos niños protagonistas. ayuda emplear un elemento “vicario” podríamos decir (esto es. PRÓLOGO Pero. Cuando se identifica para quién vivió ese niño concreto. Lo segundo. otras como “presencia de la persona ausente”. es Paco. ya podrás identificar esto con nombres propios en el libro. nos dice Carlo. Como el mismo responde: “mi respuesta es simple. la muerte puede ya convertirse en celebración de vida. o de compli- cidad. Carlo llega a preguntarse por qué razón es más útil para cre- cer y madurar. Así objetivada la misma persona. o la enfermedad. el dolor que la felicidad. con cada una de las personitas la entrada es diferente. Las personas cercanas cambian de manera maravillosa. Como verás. El último paso es además preguntarse el “para quién”. otras “en vez de la enfermedad”. un objeto. que llenan de vida. en varios casos. o algo que está “en vez de”). como él nos insiste. Ahí Paco se convierte en un maestro cuya ingeniosa variación de la pregunta –“para qué”. los niños moribundos. la pregunta correcta sobre el sufri- miento de la persona inocente. A veces éste elemento es “en vez de sí mismo”.

creatividad y de apertura al regalo a recibir. como en el caso del niño indígena: “Por un amor”. no se puede dar el aporte a quien acompaña. otras muchas. Hasta que no se da esta complicidad. la creatividad unida a tener un excedente de bondad y humanidad. el dolor y la cólera. MORIR EN SÁBADO más fácil dialogar con ella. a la madre de Juanito. Eso sí. Como Carlo lo formula. Uno de los “vicarios” más entrañables que Carlo nos relata. Pero. y estar abierto a aprender de esa personita moribun- 20 . Los momentos intensos son eficaces si van. o la canción. requiere la propia acepta- ción. hay actitudes fundamentales que son claves y necesarias para quien acompaña. Por otra parte. muy ligado a toda esa complicidad y encontrar el elemen- to vicario. pero que se guarda como en secreto. es la muñeca que una niña dejará a su mamá para que la recuerde. fueron tiempos carga- dos de densidad y dedicación. a veces un muñeco. En ésto es un verdadero artista y no sólo un profesional. Insisto. Pero también acompañar a un niño en esos momentos. externar el miedo. Descubre muy pronto cuál es el canal vital de comunicación. es quizá la mejor preparación para entrenarse en el difícil camino de acompañar los últimos momentos sobre todo de un niño o una niña. De suyo Carlo no compartió –en tiempo real– muchas horas con esos niños. “nuestros encuentros no habían sido cuestión de tiempo sino de intensi- dad”. de las cosas que más me maravillan de la experiencia que Carlo plasma es una especie de “complicidad” que establece con la niña o con el niño. a fondo. además. escucha. acompa- ñados de silencio. Al hablar de silencio. encontrar temas de conversación. Carlo nos enseña que el verdadero silencio es “el que comunica más que cualquier conversación y casi tanto como la mejor oración”. que tanta vida le devuelve después. A veces es un disfraz.

Por eso Carlo es también un gran maestro en lo 21 . de humanización. PRÓLOGO da. De ahí que. Así lo fue rescatando Carlo. amigos y trabajadores de la salud. señala. sin duda. El espacio espiritual. tiende a magnificar las cosas. no habrá un buen acompañamiento si no se tiene una integración personal propia. De algún modo Carlo se va dando cuenta que sólo si se acompaña a quien está sufriendo y a “sus comuni- dades”. Este libro es un texto espiritual todo él. Puede ser materia de crecimiento humano. Nos dice Carlo: “descubrí a Dios en la alegría de Lucy. el dolor y el miedo. diríamos. es que se hace un trabajo eficaz de apoyo y acompaña- miento. es decir madre. Descubrí –termina Carlo– que la verdadera trascendencia no surgió de la muerte de ninguno de estos niños. dirá el autor. pero también la alegría. Todos los que están en el entorno de ese sufrimiento. padre. se desarrolla como el sentido de audición que se perfecciona frente a la pérdi- da de la vista. La muerte. santos revolucionarios y genios. La enseñanza espiritual que dejan estos niños moribundos es algo impresionante. la trascenden- cia y la generosidad. de su alma plena- mente humana”. de sus ojos vivos. sabios. en la trascendencia del miedo de Mau y en la generosidad sin límite de Juan. que va adquiriendo sentido cada vez más –si se va preparando adecua- damente el camino– tienen la oportunidad gigantesca de aprender de esos niños. sino de su vida. en la experiencia verdaderamente humana de Javi. pero también de vinculación con el Dios de Jesús que está justamente en quien padece y sufre. el autor llegue a afirmar que el acompañamiento es una de las más grandes herramientas para el auto conocimiento. como dice Carlo. en la entereza de Paco. Otro elemento más. Él nota que lo espiritual –aún en niños muy pequeños– se desarrolla de manera “anormal”. familia. Pero en el fondo.

Termino este Prólogo con uno de los últimos párrafos de Carlo: 22 . entonces el libro y deja que sus palabras vayan ablan- dando tu corazón. En segundo lugar. Teresa de Jesús: “nada te turbe. incluso años después. MORIR EN SÁBADO espiritual. con más pertinencia. Estos son metas todavía por alcanzar. El mejor formato. según él. papás. Luego. Esto se lo pregunté a Carlo y él me manifestaba que en el futuro quisiera realizar. hermanos y amigos) de personas que ya hayan muerto. Deja que esos niños te enseñen lo que de verdad vale en un mundo que peca de superfluo y efímero. Frase suya muy significativa y relacionado con el evangelio es: “la muerte es sólo una excusa para trabajar con la vida de las personas” Después de la muerte viene algo más para quienes se quedan. nada te espante… sólo Dios basta”. Todo el libro está traspasado de una frase evangélica muy contundente: la muerte da vida. Es útil y necesario hacer algo para acompañar a las familias después de la partida del niño o de la niña. principalmente dos tareas: la primera era sistematizar aún más la metodología que va ya creando para poder compararla con otras experiencias y así elaborar un método que pueda facilitar el camino de otras personas que atienden situaciones semejantes. La muerte del niño o la niña no es el fin de un ciclo sino un puerto de salida. es un grupo de auto ayuda. El da su aporte sencillo terminando todas las sesiones con las palabras de la otra gran maestra. realizar un estudio y taller sobre cómo enfrentar el duelo humano. pues meses después. pueden venir recaídas importantes. Agradezco su generosidad en pedirme que yo le hiciera este prólo- go. No me queda más que felicitar y agradecer la obra de Carlo. Toma. Carlo quiere abrir un espacio para la comunidad más cercana (mamás.

es posible aprender del dolor. es posible asumir las pérdidas que la vida nos regala. Carlos Rafael Cabarrús S. PRÓLOGO Es posible vivir. es posible descubrir a Dios en el silencio de la inmanen- cia y en los ojos de los demás. Es necesario hacerlo ya. 23 .J. es posible emparentarnos con la alegría. es posible ser generosos. aquí y ahora. agosto 2007. es posible trascender al miedo. Guatemala.

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que es la misma forma de saber el cosmos. y lo sabrás todo. hay una forma de saber el mundo. pasillos y estan- cias que yo mismo no había descubierto. que es la misma forma de saber tu casa. sabe tu casa. Estos cinco pequeños. yo no conocía. De hecho. me enseñaron a descubrir cuartos completos dentro de mi casa. hay una forma de saber el cosmos. y otros. ni se confunden 25 . que es la misma forma de saber el mundo. me enseñaron un techo al cuál yo no sabía cómo llegar. Algunos me enseñaron un jardín que me permitió aprender lo importante de vivir con los pies bien firmes y descalzos sobre el piso. Viven y mueren totalmente conscientes de su tiempo presente. me enseñaron a saber mi casa. Introducción Hay una forma de saber tu casa. Su testimonio. Son capaces de cambiar. es de un existencialismo de lo más puro. de convertirse en toda la persona que pueden ser por que no se anclan a un pasado que ya no existe. cuyas historias en sus horas finales pre- sento aquí. me brindaron la libertad para despegarme del piso y volar a rincones de mi casa que. no más. insisto.

agradeciendo. vivos o ya muertos. enfermeras. MORIR EN SÁBADO viviendo un futuro que lo más probable es que no llegue jamás. a sus padres. que al morir agradecidos. Viven y mue- ren totalmente abiertos. ¿por qué Dios permite el sufrimiento real y profundo de una madre o un padre cuya ilusión es ver crecer a sus hijos?. demostrando que al morir conscientes. genios y revolucionarios. por la vida. ¿Por qué muere un niño?. religiosas y sacerdotes. de un humanismo puro. Académico y consultor en desarrollo organizacional. de México. Su testimonio. interpelando. a sus tíos. Son niños –como dice Jesús Díaz Ibáñez1– sabios. Jesús Díaz Ibáñez es Maestro en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana de la Cd. Viven aquí y ahora. Se hacen conscientes. Psicoterapeuta Humanista especializado en Logoterapia. retando. sobre todo. provocan la generosidad de los demás. es también. Nunca es fácil enfrentar la muerte. crean conciencia en el otro. libres y generosos para recibir y dar todo el cariño de que son capaces. santos. Pareciera en un primer momento. que aquello no tiene ningún sentido. Viven y mueren haciéndose persona en el otro. cuando el mori- bundo es un niño o una niña pequeños. a sus hermanos. no es lo suficientemente generoso como para orientar todos sus esfuerzos hacia la búsqueda de curas para enfermedades como el cáncer o el sida?. ¿por qué tanto dolor? ¿Por qué? ¿Tiene sentido? 1. por la existen- cia y por los demás. que al morir amando. tan tecnificado. 26 . ¿por qué muere un niño de una enfermedad curable? ¿por qué cuesta tanto el medicamento que necesita?. a médicos. ¿por qué este mundo tan avanzado. abren una puerta infinita al amor profundo y verdadero.

que siendo adultos no siempre es fácil. para recibirlo y después regalarlo. pregúntate ¿para qué vivió?. El regalo. Javi. Paco. 2006 27 . No busques el sentido en su muerte. noviembre. Es un regalo personal. Lo que sé. con gratitud. Mau y Juanito. el regalo. poco a poco. pero lo tiene. nos obliga a saber nuestra casa. INTRODUCCIÓN Vaya que lo tiene. repara y enseña. lo hace regalando algo. Lucy. A veces no es fácil descubrirlo. Cada quién recibe uno distinto. con amor. con sus últimos respiros. ¿para qué vivió en medio de tu fami- lia? El sentido. paradójicamente. Los niños que mueren entregan un legado de conciencia que se multiplica. ¿para quién vivió? Encontrarás el regalo. Es terriblemente difícil de explicar. nos lo enseñan tarde o temprano. Es un regalo que está diseñado. mi casa. Búscalo. cada niña que se va. con paciencia. porque a quienes hemos tenido el privilegio de recibir uno. Algo gran- dioso nos regalan en sus últimos momentos. esperar a que estamos abiertos a la magia de la expan- sión de la conciencia. ¿para qué nació en tu casa?. búscalo en su vida. y sobre todo. ¿Por qué muere un niño pequeño?. pero el tiempo y la vida. no lo sé. Es necesario sin embargo. Cada niño. lo construyen estos pequeños viviendo. es que es posible encontrar respuesta en otras preguntas: ¿para qué vivió?. Un regalo que consuela. Ciudad de México. me enseñaron con su vida. está inscrito en su vida. No te preguntes ¿por qué murió?.

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CINCO VIDAS .

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finalmente cerraba los ojos y simplemente sonreía. la de la “eterna primavera”. que estaba –también como siempre– llena de expedientes. La Hermana Clara. una pesada caja de esas donde se transporta leche. la Hermana me mostraba los expedientes para que yo tomara uno al azar. Yo la veía divertido y ella. si yo no tenía un caso nuevo asignado. me decía la monja con ojos de complicidad. habíamos estable- cido una costumbre que a muchos les parecía extraña. Era sábado. 31 . Era Dios que quería decirme que yo debía tener un hijo. me recibió en la base de las enfermeras del primer piso y como siempre. que se dejaba vencer fácilmente. Nunca he entendido por qué. ni tampoco me lo he cuestionado mucho pero siempre sucedía lo mismo: el expediente elegido pertenecía a un niño o una niña menor de doce años. levantó de entre los estantes. Uno de esos días que hacen que quienes tenemos la oportunidad de visitar la Ciudad de Cuernavaca. nunca a un adulto. Al llegar al hospital. Ella y yo. con los ojos cerrados. 1 Lucy La alegría 1 Cuando la conocí. Lucy tenía apenas ocho años. entendamos por qué se le llama con justicia. El ritual había funcionado así por más de dos años.

–Ocho años. me dijo Clara con la paz que le caracterizaba siempre. mostrándome con algo de dolor los expedientes que yacían ya sobre el pequeño mostrador de las enfermeras. era necesario estar entero. Ana era una mujer bajita y corpulenta. siempre había pensado que para ir a verlos. a 32 . me recordaron inmedia- tamente a Susanita. pensé. a paso lento. Hablaba con todo el mundo y resultó ser una acompañante extraordinaria para todas las demás madres y algu- nos padres que pasaban largos días y noches de vela y sufrimiento. Parecía estar siempre ocupada y con prisa. me dijo en voz muy baja: el Señor te ha dado un regalo inolvidable. me llevó a conocer a la mamá de Lucy. Además. veamos qué te regala hoy Nuestro Señor. a los pies de la cama de sus pequeños hijos moribundos. la pequeña monja me sonrió y dándome un abrazo cariñoso. Como siempre. conscien- te… excusas. la Hermana Clara me llevó primero a la peque- ña capilla improvisada que ella y sus hermanas habían construido. –Luciana. la amiga de Mafalda. Sus enormes cachetes rosados y su pequeña nariz puntiaguda. para leer el expediente y encontrar un poco de paz antes de hablar con los familiares de aquella niña enferma. dije en voz alta. y me dejaba rendido. El calor. Luego. MORIR EN SÁBADO Hacía poco más de dos meses que yo había dejado de ir al Hospital. Me costaba mucho levantarme temprano el sábado por lo que me pareció prudente alejarme de mis moribundos unas semanas. –Cierra los ojos. Mi trabajo en una gran empresa mexicana no me hacía nada fácil la semana. Al ver el expediente. Qué nombre más raro.

–Tampoco. y si me lo permites. visitantes y a todos quienes se cruzaban por su camino. acostumbrado ya a la confusión que provo- ca nuestra presencia en aquellos lugares llenos de expertos y gurús de la medicina. haberme dicho antes que iba a venir tan bien acompañada y me hubiera al menos dado una manita de gato. Se paseaba durante horas por los pasillos con un pequeño abanico –español– nos presumía siempre. sí. tratando de mitigar las horas más duras del verano. ja. haré con tu hija 33 . Ana. –Y no soy médico. abanicando de vez en vez a médicos. Una nueva carcajada seguida por un alegre guiño y un abrazo efusivo para la monja. Le dije. Lo que hago. ¿qué nombre tan raro para un médico?. ja. replicó la mujer. deletreó con paciencia la monja. ya me explicó la madre. También me debió haber adver- tido la hermana que iba a encontrarme con una mujer tan guapa. ¿a qué debo el honor?. –Este es Carlo. enfermeras. el amigo del que te hablé la semana pasada ¿te acuerdas? –Ay. –Tanatólogo Ana. Ana. preguntó Ana divertida. –Muchas gracias. me hizo sonreír de inmediato y pensar que aquella señora no pare- cía la madre de una niña tan enferma. Eres psicólogo. ja. –Y díganme. le dijo la Hermana Clara –Ay. ja. ta-na-tó-lo-go. añadí. es el “tantatólogo” ¿no?. –Sí. LUCY veces sofocante del pequeño hospital. La sonora carcajada de la mujer causada por su propio chiste. –Hola Ana. madre. cómo no me voy a acordar. le dije. era sin duda su peor enemigo.

ja. espero que no tengas novia ¿eh? por que yo estoy rete dis- ponible. ja. por que en ese pequeño espacio de unos 30 metros cuadrados podía encontrar el abrazo cálido que Cuernavaca siempre es capaz de otorgar. –De nada. Silencio. ese error fue mío… mira tú. y me miró como haciéndome saber que me dejaba en buenas manos. Con un gesto de impotencia. Luego. tenía sólo una banca. –Ay madre. La seriedad de Ana. 34 . No es justo. MORIR EN SÁBADO Luciana y contigo. qué bien que me trajo al “tantatrólogo” este. ja. El pequeño jardín interior de la Planta Baja. ponerle Luciana a una niña tan dulce. Eran ya casi las 10 de la mañana y aún cuando empezaba a hacer un poco de calor. –Lucy. No le digas Luciana. Ese era el privilegio de mi trabajo. es simplemente acompañarlos unas horas y ayudarlas a transitar este difícil momento. Dos sorbos al café. le dije divertido. toda la cara redonda de la mujer se llenó de emoción. me dijo divertida. la Hermana Clara se alejó sonriendo. A mí me gusta- ba mucho estar ahí un rato. –Gracias. –No quiero que mi pequeña Lucy se me muera. Un sorbo al café. –Soltero por vocación. Ella asintió de inmediato. duró tan sólo unos segundos. por favor. Conforme la pequeña monja desaparecía en el largo pasillo. me dijo. Al menos hoy podrás salir de buen humor. La gente podía llorar fuerte. en silencio. que curiosamente siempre estaba vacía. el café nos cayó a ambos muy bien. le propuse a Ana que fuéramos a tomar un café. –Y. ja.

Una muy alegre carcajada interrumpió de tajo el llanto. mientras divertido escuchaba chisme tras chisme. Las monjas me regañan a veces por que dicen que me río muy fuerte. de seguro que ya sabe bien quién soy. Era evidente que Ana no esperaba esa respuesta. incluso de personajes que yo no conocía. el párroco asignado para visitar a las familias del hospital. Ana acabó literalmente con todas las monjas. Ya le recé a todo el mundo –una pequeña risa en medio del llanto–. me había mostrado un buen camino para trabajar con ella. si no por tus oraciones. –Al menos la Hermana Clara. Una vez terminada aquella muy ilustrada alegoría. El pequeño “gancho al hígado” que me tiró con cari- ño. La dejé seguir y seguir. 35 . Lo importante es lo de ella y no lo mío. se quedó en silencio. Incluso me contó algunas cosas muy graciosas del Padre Julián. pero. –Ay cómo eres. Su reacción fue como ella. Era nuestro primer encuentro. LUCY –No entiendo por qué Dios. –Ella sí. repentina. ¿ya conoces a la Hermana Laurita?. puede permitir algo así. por que es un encanto de monjita. enfermeras y médicos y logró ponerme al día con todos los chismes del lugar. ella sí que no debió haber estudiado para monja ¿no? Durante los siguientes veinte minutos. segu- rito que te puede oír riendo y alegrando un poco a los demás. que es tan bueno. le respondí. pensaba. por que he sido muy insistente –una nueva risita mezclada con muchas lágrimas de las de verdad–. tantratólogo. –Estoy seguro que te conoce Ana. parece disfrutarlo mucho. pero que pude imaginar de inmediato. me dijo mientras se secaba las lágrimas que todavía rodaban por su enorme cara.

MORIR EN SÁBADO –¿Quieres que te explique un poco lo que hago? le pregunté. en el que no dejara algún comentario que hacía que sus inquilinos sonrieran o de plano. existe en el lugar una especie de empatía generalizada. muy familiar y como ellas dicen. casi siempre. ¿Está bien? –Como tú digas. y se comprenden casi siempre en silencio. ja. En el cuarto 108. Ana era la excepción. si te parece. Van a extrañar a esta mujer. Prefiero que vayamos a ver a mi Lucy. Ya me lo platicó el domingo la Hermana Clara. Ja. Todos se acompañan. pero necesito dormir 36 . Hace ya casi una hora que salí de su cuarto y sé que fingía cuando le pregunté que si estaba dormida. había sólo una cama ocupada. que tuviera la puerta abierta. –No nos han querido poner a otro niño en el mismo cuarto. Me es más fácil empezar así. Lucy estaba en el cuarto 108. era sin duda bienvenida en los pasillos y galerías de aquella lúgubre construcción. mi querido “tantra” me dijo bautizándome. ¿Vamos? –Con mucho gusto. Imagínate si llega alguna señora que ronque. muy comunitario. pero las hermanas han logrado que el ambiente del hospital sea. –No. pensé. explotaran en tremendas carcajadas. Sólo te pediría que cuando me presentes no le expliques por qué la estoy visitando. Ni siquiera una cortina separa las dos camas. No había un cuarto por el que pasara. Todo el mundo la saludaba y sonreía al sen- tir su pesado caminar. Todo el mundo se ayuda. Muchos de estos cuartos albergan a dos pequeños y a sus familias. Yo la verdad puedo con todo. dijo Ana en voz baja al entreabrir la puerta del cuarto. Su compañía ruidosa y a veces exagera- da. y la verdad yo se los agradezco a las monjitas. y sobre todo. Los regalos de la mujer eran constantes.

Ana entró en silencio. regordeta. a una pequeña niña con una enorme muñeca de trapo. que siempre cargaba un enorme payaso al que llamaban Yayo. y a los pocos minutos salió y con su rosadísima cara me dijo: Listo. que yo no veía una muñeca de esas y me recordó de inmediato a la hija de uno de mis mejores amigos. ¿Qué no ves que me quitas autori- dad a mí?. llena de dientes blancos. Era una de esas niñas. Lucy abrazaba a su muñeca y la regañaba por algo. ja. es feísima ¿no? A mí tam- poco me gusta. con los ojos. puedes pasar. perdone usted. La pequeña me mostró por primera vez su extraordinaria son- risa. –Pero no se lo digas a Lisi. dijo con firmeza. Lucy era la viva imagen de su madre. dijo Ana. es que no se veía nada enferma. sobre la cama. desgraciadamente. Ja. El tiempo me desmentiría muy rápido. Lo primero que pensé. que su muñeca. se había portado mal. Pequeña. incluso once. tantra. y hasta un poco con el cuerpo. La voy a castigar en el rin- cón un rato. Al abrir por completo la puerta. –Oye… pues ¿qué hizo tu muñeca para que la regañes tanto? –Ay. rosada. LUCY mis ocho horas. Lisi. que sonríen con toda la cara. pude ver al fondo. –Es que esa gelatina verde de aquí. pero sobre todo. la primera sobrina de nuestro grupo. No me hizo caso. Pero. si me dejaran las monjas. y divertida añadió. sola. 37 . Hacía mucho. ¿no crees? –Yo creo que no. –Uy. dijo tratando de hacerse la seria. ya es tiempo de perdonar a Lisi. Quería que yo supiera. pues fíjate que no se quiso tomar la gelatina verde.

dijo e hizo una seña con un brazo diminuto y lleno de moretones. le dijo la monja con toda la dulzura que permite esa frase en una situación como la de la pequeña. ¿y por qué no me quieres de una vez? Con la sabiduría que da la infancia Lucy me respondió con sencillez: veremos si te lo ganas. me dijo. Contestó moviendo la cabeza. y sonrió Pasamos un muy buen rato. –Oye. también te voy a querer luego a ti. Al ver que me reía. Luego de casi una hora de plática. las enfermeras y los doctores. También me quieren las her- manas. Al rincón cinco minutos. Lucy me hizo su cómplice por primera vez. ¿verdad? –Sí. el camino sería bien distinto. MORIR EN SÁBADO –Pero sólo un ratito ¿verdad? –No. que si tú me quieres. ¿Me dejas regresar la próxima semana? 38 . y se ve que te quiere un montón. Ya es hora de la medicina. –Es rete chistosísima. por que facilita el duro camino que viene después. Lucy rió abiertamente. aunque con Lucy. Acerqué la silla que estaba junto a su cama. y yo los quiero a todos ellos. Era una de esas risas sensacionales que uno quisiera poder enlatar y vender por todos lados. y le dije: ya conocí a tu mamá. –¿Luego?. Siempre es importante que el pri- mer contacto sea útil. Lucy les demostró su cariño con sendos enormes abrazos. dije viendo a los ojos a Lucy. entraron Ana y la Her- mana Clara. Es muy graciosa. que había sido perforado ya demasiadas veces por cientos de agujas en los últimos tres años. –Bueno pues yo me tengo que ir a visitar a alguien más por acá. Segurito.

Pero ya no consientas tanto a Lisi. dijo la niña con voz y cabeza. Me gustaría rezar con Lucy una pequeña oración que me enseñó una amiga hace unos años y que es muy bonita para los niños. –Unos segundos bastaron. Lucy volvió a enseñar los blancos dientes. dije. Acompañado por la Hermana Clara. –¿Qué? –Tengo una pequeña costumbre que empezó desde mi primer día en este hospital. –Sí. pero me gustaría pedirle un favor Ana. –Bueno. dijo la madre. ¿Verdad mi amor? le preguntó a la niña. para que madre e hija rieran profun- damente. sabiendo lo que iba a pedir. Ana y Lucy me seguían con atención. pues me voy. mientras que la Hermana Clara. dijo la pequeña Lucy haciendo un gesto a su madre para que le permitiera a la gigantesca muñeca. –Claro que puedes venir a vernos. dijo la pequeña entusiasmada sin saber bien por qué. –Yyy. Ya la vamos a perdonar. dijo Lucy. sonreí. –Por mí también. Yo le sonreí a Clara con una actitud de triunfo y le cerré los dos ojos como diciendo: no te preocupes. mientras que Ana me sonrió con cariño. recuperé con mucha ale- gría y mucho dolor. para sorpresa de la Hermana Clara. por mí está bien. dijo Ana. LUCY –Lo voy a pensar. me ordenó. es broma. regresar a la cama con ella. Se nos olvidó que Lisi sigue en el rincón. –Ja. ja. se colocó a mi lado como apoyando mi solicitud. el ritual que había venido haciendo con estos 39 . –Adelante.

y con una enorme sonrisa me despidió. Lucy moriría en Agosto. tan sólo cinco semanas después. despacho de consultoría en desarrollo organizacional y humano que trabaja en los países latinoamericanos. la pequeña cerró los ojos confiada. Ana no pudo contenerse. Salió del pequeño cuarto y se apoyó llorando contra la pared beige del corredor. Decidí regresar a México. Era julio. y sonrió. es Maestro en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana de la Cd. Salí haciendo un saludo militar. mi amigo y maestro. MORIR EN SÁBADO niños desde hacía más de dos años. que Lucy respondió de inme- diato. Profesor en el postgrado de Desarrollo Humano en el ITAM y la Universidad Iberoamericana. todos los días que los visitaba. dijo. me había enseñado algunos 2. quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios Basta”. Eduardo Garza Cuéllar. Coloqué la mano derecha sobre la cabeza de Lucy con cuidado y como siempre ocurría. A penas eran las doce y yo ya estaba agotado. mi mamá es bien llorona. Lucy abrió los ojos divertida. La hermana salió despacio detrás de ella. nada te espante. de México y actualmente cursa el Doctorado en Ética y Democracia en la Universidad de Valencia. al despedirme. de regreso. Hacía más de dos meses que no había tenido el privilegio de hacerlo y ahora tenía esta nueva oportunidad. todo se pasa. No quise interrumpir así que sólo avisé que estaba por irme. –No te preocupes. no pude evitar pensar en algo que Eduardo Garza2. Dios no se muda. España. Lucy sería mí único “paciente” de ese mes. la paciencia todo lo alcanza. mien- tras Clara y yo decíamos: “Nada te turbe. En la carretera. Ana me vio. La pequeña me protegió. 40 . Clara abrazaba a Ana. Director de “Síntesis”. mientras yo me despedía de Lucy.

–¿Un qué? preguntó con asombro. un som- brero de copa y un bastón. dijo la pequeña niña antes de saludarme a la semana siguiente. decía. ¿un pato? –Ja. que no había tenido tiempo nunca en su vida para ver un pingüino en el zoológico. siempre me había recordado al Pingüino de Batman y que incluso. provienen de la misma raíz latina: “humus”. rió Lucy. ¿A poco no lo conoces? –Pues yo no sabía que un pato atendía aquí a los niños. –¿Quién es el Dr. 41 . me daba cuenta que Enrique. un oncólogo retirado que vivía en Cuernavaca y que asesoraba a los médicos del lugar por su gran experiencia. dije con torpeza. Somos parientes del humor. En mi mente. Enrique. LUCY años atrás. Humor y humano. afirmaba siempre el bueno de Garza. ja. –Un pingüino. Pero ¿no parece más bien un pingüino? –¿Un qué? dijo la niña. –Es mi doctor. Es igualito a un pato. Pato? le pregunté con una franca sonrisa. Es como un pato pero trae puesto un smoking. –¡Ah!. 2 –El Doctor Pato me dijo que voy muy bien. en las próximas semanas. Lucy me lo enseñaría con su vida. De seguro era el Dr. revisé el recuerdo de los doctores del hospital. ya se quién es. alguna vez me lo había imaginado con un puro enorme. que significa tierra. con lo que le quedaba de vida. dijo divertida. Ahora que lo pensaba. dije divertido.

Ana todavía no sabía por qué. Como por arte de magia. preguntó una vez más ante mi franco asombro. traté de explicar. No. Pato no había salido y yo me sentí orgulloso de poder mostrarle mi regalo a Lucy. el Dr. aunque fuera de caricatura. Lucy y Ana lloraban de la risa. Después de un rato salí del hospital para comprarle a la niña unos “pingüinos Marinela”. añadió. Demostré mi orgullo con un tremendo Cuac. no pudo evitar sonora carcajada con la que yo supe de inmediato que hablábamos del mismo personaje. Pato. Lucy. o… el pato. entró acompañado de Ana. como el pingüino Marinela. 42 . –¿El qué?. por que el Dr. Me levanté de la silla y lancé tremendo ¡Cuac! con voz chillona. negro con blanco. Al regresar. Yo creo que no es ese. le dije seguro que sabría de qué le hablaba. MORIR EN SÁBADO –Es como un traje muy elegante. que risa. Salí del cuarto mientras el médico hacía su trabajo. El pingüino. Lucy seguía riendo. Lucy vio divertida a su mamá salir de la habitación. Al volver a entrar. Pato me miró con extrañeza y se despidió. me presenté con el Dr. Cuando por fin salió. o me voy a hacer pipí de la risa aquí mismo. ¡Hombre!. –Ay. y desde afuera insistí en mis “cuacs” cada minuto. Como pude. Pato es igualito a un pato. Tengo que ir al baño. dijo Ana retorciéndose en la cama junto a su hija. confesó. Lucy se retorcía de la carcajada. Ana la acompañó en ese maravilloso ritual familiar de la risa compar- tida sin saber siquiera de qué nos reíamos nosotros. Era mi momento de mostrarle un pingüino a la pequeña. el Dr. el Dr. los cuáles eran respondidos con una nueva carcajada. Enrique. y como era su costumbre. Tenía que ense- ñarle uno. en medio de nuestra conversación.

salí nuevamente. –Mira mami. volví a entrar al cuarto de Lucy. En cuanto regresó Ana. Pato. ¿Qué te parece si estos me los quedo yo y voy a comprar otros para que se los regales a tu mamá?. Sin pensarlo. y aún sabiendo que lo más probable es que Lucy no podría comerlos. le respon- dí. –Pero. Este es un pingüino. No quería equivocarme otra vez.? Ella vio con asombro y gracia al pingüino y olvidándose por completo del médico me preguntó: ¿es de chocolate? Sí. me dijo. casi al borde del llanto. Te regalo un pato… como el Dr. cuac. la enorme muñeca. me reclamó con una gran sonrisa la madre. dije nuevamente. ¿A poco no se parece más al Dr. ¿por qué lo rompiste?. –Perdón. abrí la envoltura de plástico para ofrecerle uno. me dijo: ¿qué haces? –Quiero que pruebes un pedacito del pingüino. dijo Ana. LUCY –Mira. lo rompiste. Lucy me ordenó regre- sar a la tiendita por una nueva dotación de pingüinos. –Cuac. Abriendo enormes los ojos con tristeza y asombro. ¿si? –Con un leve movimiento de la cabeza. ahora con una pequeña bolsa con cuatro de esas buenísimas mantecadas de chocolate. yo se lo quería regalar a mi mamá. Su reacción me dejó helado. y probablemente habría que regalarle también unos a Lisi. cuac. son muy buenos los pingüinos. dijo diver- tida. le dije. Rompiste al pato. 43 . Ya me dijeron que dices que el doctor se parece a un pato. –Perdón. –Pero. pero quería que lo probaras. Unos minutos después.

–Mal. Lucy le puso el apodo. la veíamos con asombro y gracia. con una nariz interminable. Me dijo por primera vez. pregunté. Su hija y yo. Los dejo un rato para que platiquen. ja. “Cuac” sería a partir de ese momento nuestra palabra clave. He estado muy mala de la panza y no tengo nada de hambre. –Pues bueno. Pato. Cada vez que fuera necesaria una risa. Pilar. pero pues ni modo ¿verdad? hay que tomárselas para que estés mejor. –Y ¿cómo te has sentido?. y aunque yo había sido entrenado para no mirar al paciente como producto de una enfermedad sino ver a la persona sana que hay detrás del mal. no le causaría mucha gracia su apodo. Las medicinas saben rete feo. unas semanas después. 44 . Al buen Enrique. Lucy tenía leucemia. esta- ba siempre necesitado de una buena excusa para reír. ja. le respondí. una novicia muy joven. una buena risa es necesaria en medio del dolor tan profundo y desga- rrador que provocan la enfermedad y la muerte. Ya no se burlen del pobrecito Dr. aunque él también recordaría. Ana se devoró los pingüinos en un par de minutos. Nuestro pequeño chiste local. que sin duda. ja. mostrando con orgullo a su muñeca. –¡Fue Lisi!. Salió con la boca toda manchada de chocolate. se encargó de esparcir el apodo por todo el hospital. MORIR EN SÁBADO –Que no te mientan. se habría de convertir en toda una pequeña gran leyenda en aquél lugar. dijo la niña. La boca me sabe a medicina todo el tiempo. que a veces. decíamos simplemente ¡Cuac! A los pocos días. la leucemia en su etapa terminal es tan cruel que me haría ver con claridad los síntomas en cada momento del próximo mes. –Sí.

Pues te prometo que voy a hacer lo posible por no llorar más. me voy a morir El silencio y la mirada son la única herramienta con la que uno cuenta en ese momento. me dijo con candidez. –Muy bien. –No llores. ¿O tú no vas a ayudar a mi mamá?. –Sí nena. ¿Importante? pensé. ¿y sabes lo que es? –Es cáncer en la sangre. –Sí. ¿qué clase de explicación era esa? –Leucemia. Se llama leucemia. ¿por qué? preguntó de tajo. pero por su respuesta entendí que nadie nunca. Como siempre.. se la había hecho y que ella la quería responder. sentenció con la seguridad que sólo puede tener un niño. –Y. acababa consolándome a mí.. dije. dije con firmeza. te prometo que yo la voy a ayudar.. Le tomé la pequeña mano y le pregunté. el niño. el mori- bundo. 45 . –Pues llorón no te va a salir. LUCY –Pero yo me las tomo siempre y nunca me siento mejor. –Por que tienes una enfermedad muy importante. –Se siente triste. Cerré los ojos y no los volví a abrir hasta que sentí a la pequeña niña dando unas palmaditas sobre mi mano que seguía sosteniendo la suya. ¿qué se siente? La pregunta le tomó por sorpresa. No pude evitar llorar. Pero si se me sale me perdonas ¿verdad? –¡Cuac! me dijo con tremenda carcajada. así no vas a poder. me dijo con sencillez y una gran sonrisa. mientras escondía la cara entre las sábanas de su cama. –Sí. dijo con una enorme sonrisa.

MORIR EN SÁBADO

–Pues ¡cuac! para ti, le contesté, tratando de arrebatar con
cariño la sábana.
Un pequeño silencio se apoderó de la habitación. Era ya un
silencio diferente, surgía de la maravilla de poder acompañarnos y
de la fuerza de la sonrisa franca de la niña.
–No tengo nadita de miedo, ¿sabes por qué?
–No, ¿por qué?
–Por que ya me dijo Lisi, que ella se va a quedar a cuidar a mi
mami, y a la Hermana Clara y hasta al Dr. Pato, dijo con certeza.
–Y tú ¿qué crees que va a hacer Lisi por ellos?
–Pues, cada vez que mi mamá me quiera dar un abrazo a mí, se
lo va a poder dar a Lisi, mira, es casi de mi tamaño.
–Uy, que lista. Yo creo que tu mamá va a cuidar también
mucho de Lisi ¿no?
–Claro. Como si fuera yo, dijo. Además, Lisi también sabe
hacer reír a mi mamá.
–¿Tu crees?
–Claro.
–Y es que es muy importante que tu mami se ría, ¿verdad?
–Sí. Hasta parece que no sabe hacer otra cosa. Ja, ja, rió con
apertura.
–Oye Tantra, ¿me prometes que vas a hablar con Lisi?
–Y ¿qué le tengo que decir?
–Que haga todo lo que ya le dije ¿ok?
–Bueno, pero luego me tienes que decir todo eso que le dijiste,
para que yo pueda estar seguro que lo haga siempre, ¿te parece?
–Sí

46

LUCY

–¿Me quieres decir algo de eso hoy?
–Sí.
–Es más, ¿por qué no hacemos una lista?, así no se me va a
olvidar nada de lo que me digas.
–Bueno, pero hoy sólo te voy a decir tres cosas ¿eh?, no bueno,
sólo dos.
–Bueno, ándale, sólo dos. A ver, ¿cuáles son?
–Primero, que cada vez que mi mami se ponga llorona, Lisi la
abrace y la deje llorar, por que luego mi mami no quiere llorar
conmigo.
–Ok, tomo nota de eso. ¿Qué es lo otro?
–Que cuando sea Navidad, Lisi le regale a mi mamá el dibujo
que le estoy haciendo yo.
–¿Me dejas verlo?
–No. Todavía no lo acabo.
–Y cuando lo acabes, ¿lo puedo ver?
–Claro. Porque tú me tienes que conseguir un sobre grandote
para meterlo ¿si?
–Bueno, te prometo que traigo el sobre la próxima semana.
–Bueno.
Ana entró seguida de una de las enfermeras. Había pasado ya
casi una hora. Era increíble cómo había volado el tiempo.
La enfermera me hizo una seña con la esponja para decirme que
era hora de bañar a la pequeña. Me despedí. Di un fuerte abrazo a
Lucy y otro a su madre. Salí del cuarto después de hacer mi peque-
ño ritual, y me dirigí a la capilla. Tenía que tratar de entender qué
había pasado en la última hora y cómo podría traducir todo eso
que me había dicho la pequeña para acompañar de mejor manera

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MORIR EN SÁBADO

a su madre. El mensaje como siempre era claro, ella estaba lista
para morir, estaba cansada y harta de estar siempre enferma. Su
madre no.

3
Pasé toda la siguiente semana buscando el tiempo para ir a una
de esas enormes papelerías que parecían estar multiplicándose por
toda la ciudad en los últimos años. Era muy importante encontrar
un sobre grande y, mucho más importante localizar un pequeño
cuaderno, en el que Lucy pudiera escribir ella misma, la lista de
tareas que me estaba encomendando a mí y desde luego, a Lisi la
muñeca.
La semana laboral fue terrible. Llegado el viernes en la noche,
me di cuenta que sería imposible ir al hospital al día siguiente.
Era necesario ir a la oficina en sábado para arreglar una serie de
asuntos importantes que no podrían esperar.
Desde hacía un año, me había auto impuesto una especie de
política de trabajo en la que sin excusa, dejaría siempre libres al
menos los domingos. Lucy, estaba tan bien, pensé, que podría
esperar una semana más para dictarme su importante lista. Por
poco me equivoco.
Llamé a la Hermana Clara a eso de las 11:00 a.m. del sába-
do, sin recordar que esa semana estaría de regreso en su tierra,
Quebéc, para una serie de reuniones con la Madre General de su
Orden. Hablé con Pilar, la novicia, quien me aseguró que le haría
llegar a Ana y a Lucy mis disculpas. Era muy importante que les
asegurara que la semana siguiente estaría ahí sin falta.
A las siete de la tarde, habíamos por fin terminado de redactar
los contratos en mi oficina y podría salir a buscar el sobre y la

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LUCY

libreta. Encontré un sobre que me pareció lo suficientemente gran-
de para el dibujo y un pequeño diario, con cerradura y todo, que
me pareció lo suficientemente cursi y adecuado para que la niña
pudiera escribir ahí sus encargos.
La semana transcurrió como muchas otras, saltando de un
asunto a otro, casi sin tiempo para pensar en otra cosa. Sin embar-
go, cada vez que me encontraba en silencio, venía a mi mente, la
imagen de Lucy y de Lisi. Era inevitable, cerraba los ojos y sonreía
al recordar la extraordinaria cara de esa pequeña niña, que sin
saberlo, ya estaba cambiando mi vida.
El viernes, decidí dormirme temprano para salir a primera
hora hacia Cuernavaca. En el asiento del copiloto de mi camio-
neta podía ver, dentro de una bolsa de plástico blanca, el sobre
y el cursi diario, rosa con amarillo, que había comprado para la
pequeña.
Desde que entré por la puerta principal del hospital, sentí que
algo faltaba. El silencio, común por supuesto en un centro médico,
era distinto al de otras veces. Es que no está Clara, pensé, y me
dirigí con prisa hacia la habitación 108. La puerta estaba cerrada
–normal–, pero un letrero rojo que decía “Visitas Restringidas.
Consulté a la enfermera de guardia”, me impidió el acceso.
De inmediato me dirigí a la estación de enfermeras sin encon-
trar a alguien. Caminé por el largo pasillo, en la dirección con-
traria al cuarto de Lucy, sin ningún éxito. Conforme pasaron los
minutos, segundos probablemente, me fui sintiendo cada vez más
nervioso. Empecé sin darme cuenta a recriminarme por no haber
visitado a Lucy la semana anterior. No me perdonaría el no poder
despedirme de ellas, si algo había pasado.
No te hagas fantasías catastróficas, me dije en voz alta. No ha
pasado nada.

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MORIR EN SÁBADO

Al girar sobre el pasillo, vi en el fondo al Dr. Pato, quien salía
de uno de los cuartos acompañado de una mujer mayor y de una
enfermera. En medio de mi inquietud, me dieron ganas de rega-
ñarla por no haber estado en la estación al momento en que la
busqué. Estaba enojado, en realidad, asustado.
Me acerqué con cautela, pues era evidente que las noticias que el
Dr. Pato le estaba dando a aquella señora de pelo blanco, no eran
buenas. Al terminar, la enfermera acompañó a la mujer de regreso
al cuarto, y el médico quedó solo en el pasillo a merced mía.
–¿Por qué no se puede entrar al cuarto de Lucy?, le pregunté
de manera súbita.
–Buenos días para ti también, me dijo el hombre-pato con sar-
casmo.
–Buenos días doctor, dije sintiéndome niño de primaria.
Una pausa. Tenía ganas de sacudirlo para obtener una respues-
ta.
Mediante una narración casi indescifrable, el médico me trató
de explicar que Lucy había tenido una fuerte recaída. Entiendo
que los doctores buscan las palabras más complicadas para expli-
car algo grave, por su propio miedo a enfrentar la dolorosa verdad
de sus pacientes, pero en ese momento hubiera bastado con una
explicación simple y directa.
–¿Puedo pasar a verla?
–No es prudente, dijo tajante el médico, al que viéndolo bien,
sí se parecía más a un pato que a un pingüino.
–¿Podría hacerme un favor? Necesito que Ana, sepa que estoy
aquí. Tengo algo para darle a Lucy.
Con un poco de desgana, el médico asintió y se dirigió al cuar-
to 108. No fue necesaria su intervención, al acercarnos, vi salir a
Ana. Se veía cansada y era evidente que había pasado llorando

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dijo. lo posible no parece ser suficiente. No sabía bien a bien para qué habíamos accedido a su compañía en ese momento pero lo hicimos los dos al mismo tiempo. pero como siempre. y para mi sorpresa nos preguntó que si estaba bien que él nos acom- pañara. con sus nietos? me pregunté. Me acerqué nervioso y apenado. por no haber cumplido mi compromiso de la semana anterior. Enrique estaba detrás de mí. sin importarle tampoco a ella la presencia del médico. le vi aquellas enormes ojeras que no la abandonarían ya en todo el mes de agosto. Olvidándome por completo que el Dr. le pregunté ¿qué te dicen los doctores? –Lo de siempre. ¿Cómo será en su casa. Al percatarme de lo incómoda que nuestra conversación sería para el médico. Claro doctor. haciendo como pato. Giré para explicarle en silencio al doctor que eso sería lo mejor. en su actitud de experto. 51 . dijimos como si nos hubiéramos puesto de acuerdo. Me ofrecí a comprar los cafés. Ella lo notó de inmediato y me recibió con tremendo abrazo y un “se me muere mi niña” susurrado en mi oído. me dijo con coraje. y un cafecito me caería de lo mas bien. invité a Ana a tomar un café y a platicar un rato. aunque por la distancia a la que nos encontrábamos era evidente que sí lo había hecho. y por unos segundos me lo imaginé divertido. Bajito y con una calva que bien podría servir de espejo para alguien de mi estatura. mientras perseguía a sus nietos por el jardín de su casa. Estoy muy cansado. No parecía haber escuchado nuestra conversación anterior. Por primera vez. Ana encontró rápidamente una pequeña mesa junto a la ven- tana del café de la planta baja. Siempre estaba serio. Enrique era un hombre de unos setenta años. Que están haciendo todo lo posible. LUCY buena parte de la mañana.

Ana y el Pato habla- ban de la condición de Lucy. es mucho mejor que la verborrea técnica que proviene del “experto”. por lo que me senté en silencio para entender con mayor claridad qué era lo que estaba pasando. se aceleraría en los siguientes días. Pato. para que de manera definitiva viera en el Dr. le explicó con detalle. Ana podía empezar su duelo. No pasaría mucho tiempo. Cada vez que pedía uno de éstos. para que los principales órganos empezaran a fallar. Puse más atención a la forma en la que el ya famoso Dr. Las madres y padres de los niños moribundos normalmente saben. Sin embargo. Bastaron sólo unos minutos. ya irreversible desde hacía algunos meses. claridad y cariño a Ana. sin corta- pisas pero con cuidado y pausa. que su hija difícilmente sobreviviría el mes de agosto. la mayor parte de las veces. El viejo pato. me acordaba que mi tía. le explicaba las cosas a Ana. me regañaba diciendo que el Capuccino sólo lo tomaban “i tedeschi” –los ale- manes– como si aquello fuera un pecado gastronómico. se había ganado mi cariño en tan solo veinte o treinta minutos. regresé a la mesa. que sus hijos morirán. que en el contenido. el vínculo que los une es tan grande y tan poderoso que buscan sin res- piro cualquier posibilidad de triunfo sobre la enfermedad. y lo saben claramente. Lo había hecho extraordinaria- mente bien. Enrique sería para mí un gran maestro. dicha de frente. MORIR EN SÁBADO Dos americanos para ellos y un Capuccino para mí. la verdad. El avanzado estado de su enfermedad. La injus- ticia y el aparente “sin sentido” de perder un hijo. inapelable. no les permite claudicar ante una sentencia. Pato la grandeza humana que sólo puede llegar con la experiencia y la madurez. Contrario a lo que yo hubiera pensado. Como siempre. Aquello era una bendición. Con mi culposo café y los dos horribles americanos sobre una pequeña charola de plástico. 52 . italiana.

y no sabía siquiera dónde había dejado aquella bolsa blan- ca de plástico. Esperé afuera un par de minutos. Revisé con cuidado el pasillo. Toqué de nuevo. una carcajada en mí. me dije. me dirigí al cuarto de Lucy. 53 . y Ana. provocó una sonrisa casi imperceptible en la cara del buen Dr. Me levanté y me dio un abrazo de despedida. La puerta se abrió lentamente. Pato. no sería suficiente para impedirme el acceso. Me sentí mal. Casi derrotado. ¿Dónde estaba la maldita bolsa esa?. –Estúpido. Aquella bendita palabra. Tampoco. LUCY Con el último sorbo a su café americano. Yo no entendí claramente por qué me agradecía a mí. en medio de la oscuridad. pensé que aquél peque- ño letrero rojo sobre la puerta del 108. Nada. ¿qué demonios le había hecho? Fui a la estación de las enfermeras del primer piso. Había olvidado por completo el sobre y el diario. Toqué. Al subir por la escalera recien pintada. al contrario”. y un llanto incontenible en la mujer. De inmediato. ese que acompaña y ayuda. le dije a Ana que me disculpara. que era en ese momento una verdadera licuadora de sentimientos encontrados. La niña dormía junto con Lisi. Podía ver a Ana. que la alcanzaría en el cuarto en unos minutos. pero con la confusión no pude más que decirle algo así como “no tienes por qué agradecer- me. soltó un tremendo ¡Cuac! que le salió del alma y de todo el coraje que sen- tía por la inminente muerte de su pequeña hija. No tenía idea dónde estaban aquellos importantísimos regalos. Silencio. Ana lloró y lloró. Bajé nuevamente a la pequeña cafetería. El médico se alejó a paso lento. Enrique se despidió de nosotros. al tiem- po que me dio las gracias “por la oportunidad”. como cuando uno pierde las llaves o la cartera. No estaba. Era la oportunidad del silencio.

Estaba dor- mida. Yo le digo que viniste. Hice lo único que se me ocurrió: nada. invitándome a pasar. Lucy no des- pertaría esa mañana. También había perdido mucho pelo. Ana me salvó. Me sentía de lo más incómodo. De inmediato capté el mensaje. Parecía estar incómoda. me dijo con cautela. Está muy cansada. No podía ser la misma niña que hace quince días me sonreía con aquella luminosa mazorca de dientes blanquí- simos. –Bueno mi querida Ana. Me recargué contra la puerta y observé con miedo a la pequeña niña y a su muñeca gigantesca. Ningún libro te explica qué hacer en ciertos momentos. Aquella no era Lucy. pero la puerta se terminó de abrir. Ha sido una semanita terrible. pálida. su enorme y cálida sonrisa. –¿Qué pasó?. Me dijo con algo de desánimo y como recrimi- nándome que no había ido la semana anterior. ¿Qué hago? pensé nervioso. ¿Nos vemos el sábado? –Sí. –Psst. No hubo respuesta sono- ra. casi traslúcida. Me sentí culpa- ble. dije con mucha pena mien- tras abría la puerta. me voy. pensé. psst. le pregunté intrigado. Si quieres. ni el sobre hubieran servido. MORIR EN SÁBADO ¿Puedo entrar un segundo? pregunté. –Pobrecita. Sus enormes cachetes habían desaparecido en tan sólo quince días. Pude ver en medio de la oscuridad. Parecía un pequeño fantasma. Ana necesitaba estar a solas con su hija y su dolor. pero era evidente que no estaba bien. Entré. 54 . Ni el diario. Su sonrisa genial se había transformado en una mueca. –Te prometo que aquí nos vemos.

con la bolsa de plástico en la mano. Como impulsada por un resorte. La vida sigue. me preguntó con cariño. –Ah. pude ver la bolsa blanca sentada. Buenas noticias. Ya no estaba el letrero. LUCY –¿Y nuestra oración?. perdón. Era necesario recargar la pila. nada te espante… Al acercarme a la camioneta. pensé. Si yo me siento así. Me había per- donado. El siguiente martes era mi cumpleaños. como esperándome. peor. para recordárnoslo. aquello parecía un horno. La muerte está ahí. El viernes mejor. me dijo Lucy ya muy recuperada.m. Toqué la bolsa. Enojo. Ana se levantó. Entré al coche sofocado por el calor. Llegué el sábado a eso de las 9:00 a. Miedo. Comí con mi mamá y cené con algunos amigos. ¿cómo se sentirá Ana?. y celebrar. Culpa. y de inmediato escuche una salvífico ¡Cuac! –Y ¿cómo sabías que era yo? –Te vimos llegando al estacionamiento. como para asegurarme de que su contenido seguía ahí. me dije con coraje. 4 El miércoles marqué al hospital para preguntar por Lucy. –Nada te turbe. en el asiento del copiloto. Me causó mucha gracia verla con un par de docenas de tubos en la cabeza y 55 . Nunca había llegado a esa hora. Toqué la puerta. De verdad que estás en la luna. Estaba mejor. Ando en la luna. Me dirigí sin pensarlo demasiado a la habitación 108. El jueves. pensé.

–Por fin. le pregunté. me respondió. –¿Y esto? dijo mientras sacaba el cursísimo diario rosa con cerradura. que iría al baño del final del pasillo para ponerse guapa. Ana nos informó. al tiempo que abría los ojos como balones de fútbol americano. –Ya veremos. –Más bonita. Dijo la gorda mujer divertida. –Mira qué te traje. –¿Qué me ves tantra?. le dije al tiempo que nuevamente le guiñaba a la pequeña. ¿Te gusta? –Está padrísimo. tratando de cubrir aquellos artefactos de peluquería de los sesenta. ja. Rápidamente sacó el sobre. haciéndose la pesada. Miré a Lucy. –Es la clave de mi extraordinaria belleza. tú? La niña se divertía. Era mi oportunidad para mostrar los regalos. ja. y le cerré un ojo divertido. dijo con complicidad la niña. –Pues ¿qué demonios traes pegado a la cabeza. –Es para que escribas la lista de encargos… o lo que tú quieras. Verás que quedo tan bonita como la Doña. –Per-fec-to. le dije abriendo la bolsa de plástico. MORIR EN SÁBADO una pañoleta –española– por supuesto. al tiempo que hacía a un lado a Lisi la muñeca. que siempre me habían parecido de lo más ridículos. ¿Y la llave? ¡La llave! ¿dónde demonios estaba la llave? 56 . me reclamó Lucy. –¿Sirve para tu dibujo?. preguntó divertida.

–¿Qué no hay qué? preguntó la niña mientras se sumergía en la enorme cama. Lucy me veía divertidísima. –No hay moros en la costa. –Ah. –Olvídalo. ordenó Lucy. La llave. dije con voz de triunfo. que quería llevarla a conocer el mar. que no ves que si viene mi mamá y te ve el dibujo. Nuevamente pude ver la mazorca blanquísima. dije. ja. –Ah. LUCY Arranqué el diario de las manos de la niña y empecé a buscar la maldita llavecita. –¿Quieres que apuntemos algo en el cuaderno?. dijo sin importarle un cuerno qué eran los moros y de qué costa estaba yo hablando. a pesar del buen humor de la enferma. le dije… que no viene tu ma. Me sentí feliz. ja. En un acto que sólo es creíble en un niño de esa edad. –Ok. pero esta vez. En ese momento me di cuenta que quería explicarle qué era un moro. que me gustaría que 57 . ¿Qué hacemos? –Me meto entre las sábanas y meto el dibujo en el sobre y tú cuidas la puerta para que mi ma. ya te quiero. se amuela la sorpresa. Ya casi lo meto. –Aquí está. coronada por unos labios que parecían los de un niño ruso en medio del más crudo de los inviernos. ¿Sin llave? me dijo burlona. tienes razón. ¿ya acabaste tu dibujo? –¡Shhhh!. La enfermedad seguía haciendo estragos. Lucy me aventó los brazos para darme tremendo abrazo y decirme: Te lo ganaste tantra. dije alzándome de la silla para resguardar la puerta. no entre ¿ok?. sí. ok. –Pero cómo se te ocurre tantra. Lucy no paraba de reír.

Me dieron ganas de gritar. había terminado su inmersión a la enorme cama y salía de entre sábanas. 58 . pero sobre el tablero de la computadora. que quería que me acompañara a escoger un marco para su dibujo. se me pone exigente. Córrele al coche para que mi ma no lo vea. –Órale tantra. dijo con prisa y excitación Lucy. mostrando por encima de su cabeza. sentenció. Ni modo. MORIR EN SÁBADO mi familia la conociera a ella. –Rápido. Me extendió el sobre. Yo. Es el único que hay. Para variar. Faltaban sólo dos sábados más. “mami ana”. orgullosa. dije haciéndome el gracioso. almohadas y tubos de plástico. –Escóndelo que voy con las enfermeras a buscar uno. –No pero yo quiero uno azul. Ni modo que te que- des tú aquí “solapas”. Tú tampoco lo puedes ver hasta que yo diga ¿eh?. le respondí. ya habría tiempo para regresarlo luego. Lo tomé. dijo. el enorme sobre amarillo. –Pero no te puedo dejar sola. vi uno de esos plumones para pizarrón blanco. dame un plumón –¿Para qué? le dije con la voz todavía rota por la impotencia –Pues para apuntar el nombre de mi ma. por supuesto no lo sabía en ese momento. para que Lucy nos dejara. Dejé la puerta abierta y salí a la estación de las enfermeras. y nuevamente me salvó un cariñoso ¡Cuac! Lucy. –Ah. escribió la niña. en el sobre. mire nomás usted. pero sabía que quería detener el tiempo. no había nadie. que no quería que aquella niña con boca de mazorca blanquísima se muriera. –Bueno. –Toma. le dije. dijo chantajeándome.

Aproveché la locura familiar para salir hacia mi camioneta. –Ahí viene tu mamá. Ana entró corriendo. –Shhh. recordé que me había ordenado la pequeña generala. 59 . Su alegría se multiplicaba siempre por dos. Tú tampoco lo puedes ver hasta que yo diga. –¡Aaaaa! gritó Lucy con la voz más aguda que yo jamás había escuchado. aaaaa. LUCY –Pues llámale a alguien para que se quede conmigo. Me dirigía hacia la entrada del hospital cuando me detuve súbitamente. Era absolutamente genial. Tenía que ver ese dibujo. coloqué el dibujo debajo de un impermeable desechable que alguna vez me regalaron y que mantengo en la cajuela del coche por si alguna vez es útil. dije mientras me metía el gigantesco sobre en la espalda por debajo de la camisa. Abrí la cajuela. ja. Tomé el sobre. y en segundos –como siempre– se conta- gió de la risa de su hija. Lo metí nuevamente en la cajuela. me dijo. ja. ja. La curiosidad duraría toda la semana. Ana estaba ya caminando de regreso del baño. Regresé sin pensarlo al coche. voy. El dibujo me servirá para acompañarla mejor. No pude abrir el sobre. –Voy. desesperada. Carcajada extraordinaria. le ordené divertido. Dejé el dibujo en la cajuela y cerré. Aaaaa. Aguanta. pensé. haciéndome cómplice del juego y la excitación de la niña. dije mientras me asomaba por la puerta. Qué más da. que van a pensar que te pusiste mala. Sentía que estaba violando una priva- cidad que me había sido impuesta y que aquello debía tener algún sentido. Para evitar la tentación. ja. Para enlatar.

mucho más rápido de lo que Ana. 60 . Lucy. En la cajuela de mi coche. Clara. Era la respuesta primera al ¿para qué? de su vida. me decía mientras daba vueltas en mi cama. ni el sobre para ver el dibujo. la chispa seguía ahí. Los “cuacs”. a familia. descansaba el enor- me sobre con su pequeño rótulo “mami ana”. Yo no podría abrir ni el diario. –Es sólo un dibujo de una niña de ocho años. Las instrucciones que la niña quería dejar. en el cursísimo diario rosa con amarillo que era resguardado por una pequeña llave. el Dr. Es increíble lo que puede hacer el cáncer con el cuerpo de alguien. resguardado debajo de un arrugado impermeable azul marino cuyo olor me recordaba de manera automática el enorme tablero de un juego que teníamos en mi casa de infancia. MORIR EN SÁBADO Es gracioso. Sin embargo. y me entregaría la llave cuando pensara que ya había terminado. cada vez más débiles. que la Hermana Clara me había advertido que recibiría. a diversión. a ino- cencia. que se llamaba “Twister”. Olía rico. La siguiente semana. Era mucho más. aprendería unos días más tarde. Eran para su mamá y ella tendría que abrirlos después de su partida. pero la curiosidad casi no me dejó dormir esa semana. Ella escribiría las instrucciones en el diario. a risas. empezaba a irse físicamente. estábamos dispuestos a aceptar. Lucy. había cambiado de opi- nión. Era el inolvidable regalo. seguían acompañando las muy pocas horas de sábado en las que pude estar con ella. Me daba risa. regresé al hospital. Pato y yo. una antes a la muerte de la pequeña Lucy. Era lo que daba sentido a la vida de esa niña. se fueron plasman- do poco a poco.

Así es. Hizo como si lo leía. Pato entró a la habitación y consumó un ritual al tiempo inútil para la enferma pero reconfortante para la madre. la sacudí un poco y la acosté junto a la niña. había vuelto a tiempo de Canadá. malas noticias. Ana sostenía la mano de la pequeña Lucy. Ambas rezaban un rosario juntas. Me alejé unos pasos y descubrí en el peque- ño sillón a la Hermana Clara. quien Gracias a Dios. malas noticias. Revisó el expediente que cuelga de una pequeña cadena en la cabecera de la cama. llegué a la puerta de su cuarto. Ana me sonrió sin ponerme demasiada atención. Por primera vez. sentada junto a Carmela.m. Tocó la frente de la pequeña. le cuesta trabajo entender cuando les digo que existen momento de muerte más bonitos que otros. pero así es. Nunca he entendido cómo funciona. Las personas elegimos nuestras muertes. 5 A mucha gente con la que hablo. dónde y cómo moriría. El Dr. LUCY Lucy ya sabía. en un proceso intuitivo que no necesita de la razón. estaba saliendo. No había quién le pusiera atención en ese momento. cuándo. la hermana mayor de Ana. Lucy. Hicieron lo mismo. El Padre Julián. No había ahí nada que el experto médico no supiera. La recogí. 61 . Lisi estaba tirada a un lado de la cama. había elegido el sábado 23 de agosto a las 11 y media de la mañana. Faltaba sólo una semana. dentro de las sábanas. Buenas intenciones. A las 10:30 a. Las saludé a ambas con una pequeña flexión del cuello. Buenas intenciones. El de Lucy fue de los bonitos.

Me miró. cuac! Lucy. Lo enfocó con mirada seria. Le dije. Pato lo agradeció. –No… es para ti. Carmela. Ana lo miró con un amor que no es posible explicar. El Dr. pensé. mostraba por última vez. cuac. Pato nos tenía guardada una sorpresa mara- villosa. Tantra. no entendía nada. No puedo. Me llevé ambas manos a la cara y las deslicé hacia la barba en un gesto espontáneo de emoción total. Eran las 11:15. El diario rosa y amarillo. Ana se dio cuenta que mi atención estaba sobre aquél cuaderno. Asintió con la cabeza y en silencio se marchó. 62 . Luego te explico. MORIR EN SÁBADO Era su modo de despedirse. entre el viejo teléfono y la feísima lámpara de artesanía que apenas iluminaba un poco más allá de la mesita. le cerré ambos ojos por un segundo como queriéndole mandar un abrazo fuerte de gratitud. Lloré agradecido por ese regalo generoso y extraordinario de aquél viejo médico. dándole una cariñosa palmadita en la cabeza. Lucy abrió los ojos con dificultad. estaba sobre la mesa de noche. cursi y con llave. No lo era. Lo tomó con la mano izquierda. Clara lo vio con orgullo y cariño mientras salía. Lo tomé. –No puedo. Al momento de sentir la cálida mano del médico sobre su frente. El Dr. con trabajo. sin soltar en ningún momento a su hija y extendió el brazo para entregármelo. El médico se acercó a su oído y con todo el cariño de que era capaz dijo: ¡Cuac. lloraba inconsolable. por favor quédatelo y luego lo veo. Clara se levantó para abrazar a Ana. aquella mazorca blanquísima.

o Dios. Sonrió. No sé si será la experiencia. pero siempre sabe unos minutos antes. y le aseguró que todos la queríamos mucho. Eran las 11:20. madre e hija. tiene una intuición especial. le dijo todo lo que sentía. Ana entendió el mensaje de inmediato. LUCY Lo guardaría unos días sin abrirlo. Lo haríamos ya en la Ciudad de México. Era sábado. ambos cerrados. al poco tiempo. aquél enorme sobre que ya olía como el Twister y el pequeño diario rosa y amarillo. por primera vez. Eran las 11:30. Al verla salir de su pequeñísimo automóvil. que el pequeño enfermo está ya listo para irse. Ana abrió su corazón de madre y se lo entregó a su hija. Tomó fuerte la mano de la pequeña Lucy y en efecto. Ana llegó. y para mí. Me senté dejando en la silla de al lado. le ordenó con todo el cariño que aquella monja es capaz de dar. luego se lo entregaría a Ana. –Dile lo que sientes. que le avisa. Lucy abrió los ojos. También se le había hecho tempra- no. pensé. Lo hizo muy bien. revolcándose de la 63 . Sabía que sería un momento muy duro para Ana. me vino de inmediato la imagen de ambas. sólo con los ojos. La Hermana Clara. Llegué casi una hora antes. Díselo ahora. Desde mi mesa. 6 Exactamente un mes después del funeral habíamos quedado de vernos nuevamente Ana y yo. Esta vez. Elegí una mesa cerca de la terraza. Le expli- có quiénes estábamos ahí. bien protegida por una columna y una planta. Lucy murió. podía ver la entrada que daba a la calle y el Valet Parking. Ana. en un café-librería que está en Polanco. Luego.

La cuarta página era un regalo para Clara y para mí. le contesté en silencio. Nos sentamos y hablamos de todo y de nada. Cuando se acercó. MORIR EN SÁBADO carcajada en la cama del hospital de Cuernavaca. me contó algunos chismes con la gracia que le caracteri- za. Abrió primero el diario. Se sentía como Navidad. La tercera. Ana ya esta- ba mejor. me dijo con alegría. llegó el momento de abrir los regalos. No me espe- raba esa actitud. “Abrasa a lisi cuando me quieras acordarte de mi”. pero también me recordó la sonrisa de su hija y la paz que ahora sentía. La famosa llavecita seguía colgada de un hilito negro que contrastaba con la portada floreada y exage- radamente rosada y amarilla. casi cantando. Luego de un silencio y un par de cafés. nos dimos un abrazo cariñoso. Sólo se habían usado cuatro páginas. Hola mi tantra. con una contundente instrucción para Ana. 64 . Las primeras dos. “Planta una planta y ponla en una maseta en la cosina”. Me habló de su dolor. puede entender la muerte y la trascendencia mejor que cualquier adulto en esa misma situación. de su vacío. Verla. era como una bendición. sólo moviendo los labios y la mano derecha. e inmediatamente me vio desde la banqueta. me pone a pensar todavía y me hace constatar cómo una niña pequeña. “Buelbe al hospital para decirle a otras niñas que nada te turbe nada te espante dios nos se nuda y solo dios vasta”. Me puse de pie. Como siempre. o creía sentir. con una enfermedad terminal. “Lisi te va a cuidar y te ara que te rias como hoy”. Hola. ya las conocía.

le dije con torpeza. Tomé el sobre. Mi curiosidad era enorme. abrazó con cariño aquél sobre con olor a infancia e hizo una pequeña pausa. que mostraba orgullosa una gran mazorca. de dientes blanquísimos. –Gracias a Lucy. Sin ojos. Era el dibujo de una gran sonrisa. 65 . Sólo una sonrisa enorme. LUCY –Gracias Tantra. me dijo con lágrimas en los ojos. Sin nariz. En cuanto Ana notó el rótulo. Lo abrió con cuida- do y sacó de él una hoja blanca.

.

Laura era la única monja del lugar que utilizaba su cofia de enfermera. las noches suelen ser mucho más difíciles para los padres. quien dedicaba un buen número de horas a la semana para tratar de aliviar un poco el dolor de aquellos pequeños. Su obsesión por las cuotas 67 . enfermeras. y sin embargo algo hacía que los niños y niñas del primer piso. Por alguna razón. que la mañana o la tarde. Era una mujer extraña. médicos. Se defendía. y la última en irse. incluso el Padre Julián. el miedo de las sombras incrementa el dolor. trabajadores sociales. el dolor es ahuyentado por el cariño y el acompañamiento que durante el día parece más claro y luminoso. No parecía compartir la misma espiri- tualidad que caracterizaba a sus demás hermanas. durante las largas jornadas de trabajo. Era siempre la primera en llegar. o quizá. como me lo enseñaría Paco. incluso parecía dura y lejana. Quizá. A veces. 2 Paco El dolor 1 Los niños parecen más enfermos de noche que de día. Había visto y sentido demasiado dolor durante los más de treinta años que había dedicado al cuidado de enfermos de todas las edades. La Hermana Laura era una mujer mucho más pragmática que cariñosa. confiaran en ella más que en otras personas que los visitaban.

como el sábado anterior. Apagaba luces de cuartos. pen- sando que aquellos monstruos traga energía. sin embargo. Nuestros hora- rios el sexto día de la semana no coincidían normalmente. pero tanto este. La monja nos advertía del nivel de dolor que los pacientes sentían en una especie de clave. hermanos y amigos. parecía transitar desde el frío azul hasta el hirviente rojo. parecía topármela en cada esquina de cada pasillo. Azul de ibuprofenos o paracetamol. ese que se convierte en dolor humano para padres. sin saber bien por qué. pasaba por una gama cromática que la creativa monja se había inventado. una escala de dolor. El dolor. cada uno. Laura había desarrollado con los años. nuestro trabajo. que nos ensañaba a todos quienes asistíamos con cierta regularidad al hospital. yo había evitado el encuentro con aquella religiosa. MORIR EN SÁBADO de energía eléctrica. pensé que se trataría de una metodología científica desarrollada por algún especialista en el tema. Sabía. angustiada. El extremo se dio el día que desconectó las máquinas dispensadoras de botanas y refrescos que se encontraban junto a la recepción en la planta baja. de la habitación 112. bodegas y pasillos aún cuando algunas personas trataban de distraerse con algún libro o simplemente de conversar en las más difíciles horas de la noche. Estoy seguro que las noches anteriores se revolvía en su cama. rayaba en ocasionas. El dolor físico. Se acercó decidida y las desconectó. como para prevenirnos o darnos paso libre para hacer. Finalmente un día no pudo más. que era la enfermera asignada a Paco. La primera vez que escuché esta colorida escala de dolor. en lo ridículo. No era así. estarían conectados a la red eléctrica toda la noche. 68 . En el último mes. verde y anaranjado de codeína y rojo de morfina.

tenía siete años y una metástasis terrible. Sin pelo. este niño de siete años. Los médicos deben entender que siempre hay algo que hacer. 3. Mientras la persona está viva. No había nada mas que hacer3. Gabriel se daba oficialmente por vencido. Paco iba a morir. eran tan rojas como el dolor de mi amigo Paco. Todo había empe- zado hacía tan sólo un año antes. cuando el Dr. le había tratado de explicar sin mucho éxito a la madre. Era difícil encontrar un niño tan agradable como él. Dos opera- ciones. se me queda mirando como diciendo. Yo le llamaba Paco-San. pero que por desgracia nadie lo había notado y que ahora sería terriblemente difícil atacar la enfermedad. parecía un anciano de noventa. 69 . en los que me quedo mudo frente al paciente. Ahí estaban. que el niño había desarrollado un Neuroblastoma. y pronto descubriría que en efecto. Francisco Javier. PACO –Ten paciencia. Paco. siempre habrá algo que hacer. Paco amaneció con un dolor tan rojo como las rosas del jardín de abajo. ahora voy a visitarlo un rato. Gabriel. me dijo la extraña monja sin saludar. pero hasta ese día yo no había notado que hubie- ran rosas en el jardín. Era curioso. al que tanto me gustaba bajar al menos unos minutos cada sábado. con vómito todas las semanas e infección tras infección de garganta. pero mucho daño en el pequeño Paco. no sé qué demonios decir mientras este. Se me ocurrió un día. Finalmente la semana anterior. quimioterapia y alguna sesión de radioterapia habían logrado poco avance contra el cáncer que seguía en expansión. bueno. le dije. era uno de esos pacientes que hacen que uno se pregunte con seriedad si es peor la enfermedad o la medicina. Ese es en buena medida el trabajo del tanatólogo. y aún des- pués. –Gracias hermana. de esos terribles.

–Tú estás loco. sin decir nada. sin pelo. grité al tiempo que di un karatazo en su cama. Te pareces a Kung-Fu. Paco me veía con seriedad. tu gemelo. Quería ganar la pequeña batalla que a veces se da entre adulto y niño. el Kung Fu es un arte marcial originado en China) 70 . Victoria. o eso. –Aayyaaa. los minutos pasaban y yo. en serio. eres igualito a Kung Fu?. Carlo: cero. –¿Sabes que así. esperando que me preguntara quién era ese. Mi trabajo era acompañarlo y siempre había creído que manejaba bien el silencio. Ese sábado en par- ticular yo tenía pocas cosas que contar y tampoco tenía mucha paciencia para el silencio. me dijo haciéndose el ofendido –No. –¿Y qué es eso? –Pues es un deporte de lo más raro que hacen en Japón (nuevo error. esta vez a la almohada. –Iiiiiiiaaaaaah. Paco se tragó la risa. Es horrible. Carlo: 2. Paco: 1. –Y tú con pelo eres igualito a un chango. dije. Finalmente interrumpí el incómodo momento. Él tampoco. vete. –¿Qué haces chango? –Pues hago lo que Kung Fu. Paco: 1. un nuevo karatazo. chango. dije torpe- mente pensando que Kung Fu era un señor que practicaba Karate y no el Karate en sí mismo. Silencio. dije seguro de que la pregunta llegaría. MORIR EN SÁBADO pues si no me platicas más. No lo hizo por supuesto. Carcajada. pero ese día sencillamente no me salía nada bien. para no mostrar que acababa de empa- tarse el marcador.

dije con voz de experto (parece que aquí me equi- voqué menos). vas a ser Paco-San. viendo la televisión. ¿ok? –Pues tú vas a ser Chango-San. Sin preguntar. Vaya esfuerzo y vaya humano. dije divertido mientras me despedía haciendo una reverencia y juntando las manos como los santitos en las Iglesias. –Claro pero como estás pelón y te pareces a Fu. –Yo soy de México. que como siempre se sentaba. puede traducirse como “esfuerzo humano”. Paco me imitó y se despidió también con un gesto “a lo Buda”. ni siquiera me volteó a ver. Su madre. dijo nuevamente tragándose la risa con orgullo. Muy apropiado para Paco-San. Así nos decimos los camaradas en Japón. pensé con muchísima tristeza. –¿Paco qué? –Paco-San. muda. vas a ser a partir de ahora Paco-San. así que de ahora en adelante. –Bueno. Meses después de su muerte. leí por casualidad en una de esas inútiles revistas que descansan en la sala de espera de los dentistas. que Kung-Fu. le dije sabiendo que no habría respuesta. dijo con autoridad. de donde segurito tú eres. 71 . Chango-San va ahora a visitar a otro chino en proble- mas. Nos vemos al rati- to Letty. –Aiiaiiaiaaa. PACO –¿Y por qué gritan? –Para concentrar toda la energía en el lugar en el que quieren dar el karatazo. dijo el pobre de Paco tratando de dar un karatazo sobre mi brazo –Ahora si que eres idéntico al tal Kung-Fu.

llena de pecas y se movía pesada a lo largo de aquellos pasillos interminables. Letty no lo hacía así. Pero ¿quién puede juzgar a una mamá cuyo único hijo está por irse en medio de un dolor físico imposible de jus- tificar? Leticia era una mujer grande de tamaño que parecía al menos diez años mayor de lo que era en realidad. pero busca generar una actitud positiva hacia el proceso. Sus ojeras larguísimas parecían no desaparecer o atenuarse nunca. cuando no se está dispuesto a levantar la mano para pedir ayuda. No es una buena combinación de sentimientos. su médico y sus enfermeras. hacia su familia cercana. me acerqué a la habitación 112 con mucha cautela. aún accediendo a que sigamos adelante con el proceso de “apoyo” para su hijo. supe. sobre todo. Letty. en ocasiones. En estos casos. el adulto responsable del pequeño no parti- cipa activamente. Normalmente. que todos en el hospital tenían la impresión de que no los quería cerca del pequeño. mi trabajo se extiende desde el paciente. eno- jada y asustada. Es imposible para mí hacerlo de otra manera. sin embargo. y era la única de entre el grupo de padres de aquellos niños que fumaba. Siempre parecía tener en la mano una lata de Coca Cola Light. La mujer estaba cansada. no parecía sentirse cómoda con alguien en la habitación. tenía la piel muy blan- ca. además de ella y su hijo. La madre de Paco. los adultos que rodean al niño enfermo prefieren no aceptar el acompaña- miento. Luego. Poco y siempre de noche en la banqueta de 72 . MORIR EN SÁBADO 2 Aquél día que la Hermana Laura me había dicho que el dolor de Paco estaba tan rojo como las rosas de abajo.

el vínculo entre la madre y el hijo trascendía los límites evidentes del lenguaje hablado. le dije para hacerle saber que entendía que el dolor era tremendo. cuidadosa de no ser vista por los padres de otros niños con cáncer. Abrí la puerta con cuidado. pero mi cara de idiota y la frase que incluía el maravilloso binomio ‘come caca’ le causa- ban una gracia infinita. Conmigo. Letty acompañaba en silencio y Paco comprendía cada gesto. cada suspiro y cada movimiento. No se despedía. y sin embargo. Terminé de entrar. Paco hizo una vez más esa cara tan carac- terística y divertida que yo ya había visto antes. Se notaba. 73 . chino. come caca y no me des”. se inquietó y empezó a llorar. morfina ¿verdad?. Sin dejar de mirarme a los ojos. ya cansado por tanto dolor. No saludaba. Me senté en la silla metálica. Estaba agotada. se levantó de la silla metálica que había colocado junto a la cama del niño para invitarme a relevar- la. Hice ojos de chino y sin más le dije: “Chino. el dolor y el coraje le impedían reírse abiertamente. Funcionaba siempre. en verdad no parecía ser necesario nada más. Una mirada con media son- risa bastaban para el pequeño. que ya estaba medio adormilado por la droga. –Uy mi Paco-San. Al sentir que la madre le soltaba la mano y se movía hacia el pequeño sillón. que gemía. aunque fuera un rato. Su diálogo sin palabras era en ocasiones hasta emocionante. Al acercarme a la puerta decidí no tocar pues pude escuchar con claridad al pequeño Paco-San. El orgullo. hablaba poco o nada. japonés. Paco. Incluso con su hijo hablaba poco. Letty me miró y por primera vez sentí que mi presencia era útil para la enorme mujer. PACO enfrente del estacionamiento.

la enfermera de guardia. –Claro que lloramos. Por fin alguien habría podido descifrar a la mujer del 112. añadió. Era mi oportunidad. todavía afectado por la frase que le gustaba tanto. MORIR EN SÁBADO –Sí. Salí. –Y ¿cómo has estado tú Letty?. crece y crece. refiriéndome a la dificultad de dialogar con aquella mujer que se estaba ya convirtiendo en una leyenda. No mi Paco-San. Carmen. Me miró burlona pero cariñosa. A dor- mir. Pero me gustaría aprovechar que Paco estará dormido un rato para descansar yo también. –Bien. ¿No que muy fregón mi Carlitos? Me reí con ella. Sonrisa. me preguntó aventándome al ruedo. adiós. dijo entre sollozos y sonrisas. Iba a ser el héroe del hospital. 74 . Con los ojos. O a poco tú crees que esta nari- zota que tengo siempre ha sido así de enorme. le dije. O lo que es lo mismo: gracias. La morfina estaba haciendo efecto. le pregunté mientras giraba la silla. ¿Quién sabe hasta donde podrá llegar?. la he ido regando año con año con algunas lágrimas que me caen ahí encima y como planta. No podía desperdiciar este momento para hablar con la mamá de Paco. –Está cañón. pero me la acaban de dar y todavía me duele mucho. yo hasta creo que en unos años me vas a poder decir Pinocho-San. Los hombres sí lloran ¿verdad Chango-San?. había escuchado eso último desde el pasillo pues la puerta había quedado entre abierta. Hizo una pausa. Silencio. Me lo dijo Clara el otro día. Letty me había pedido ayuda. le dije.

PACO

3
El siguiente sábado, el dolor era más bien verdoso. Codeína.
Podría dialogar un rato con el pequeño con cara de anciano.
Entré haciendo mi saludo budista. Me respondió de la misma
manera, enredándose con la línea a través de la cuál recibía suero,
o medicina o alguna sustancia que tenía la intención de ayudar, de
algún modo, a mi japonés amigo.
–¿Cómo vas mi Paco-San?
Suspiro profundo.
–¿Te duele verdad güey?
Risa cómplice y ojos hacia la madre, quien sonrió aceptante.
–Güey tú, dijo gracioso. Y sí, sí me duele mucho la espalda, me
dijo aprovechando la pregunta.
–Le voy a decir a Monkiki que venga a darte un masaje, reí
divertido.
Monkiki, era el apodo –más burlón que cariñoso– que le
habíamos puesto al dentista que venía en ocasiones a atender a
los pequeños. Era un médico francamente petulante y frío que
no parecía darse cuenta que el dolor del cáncer o de la espantosa
hipertensión pulmonar, ya era suficiente como para no ser un
poco mas cuidadoso al revisar los dientes de los niños. Parecía un
simio enorme, entre orangután y chimpancé, por eso el apodo. A
decir verdad, no nos caía muy bien.
–Ni loco, dijo Paco-San, prefiero que me duela un poco.
–Pues yo te traigo algo que vamos a probar ahora, si tu mamá
nos da permiso, para ver si te ayuda un poco con el dolor verde,
dije mientras le mostraba a Letty un estuche negro con un PSP
(Play Station Portátil), una maquinita de videojuegos sensacional
que entretiene igual a un niño que a un adulto.

75

MORIR EN SÁBADO

Letty accedió.
–A ver, me dijo desesperado Paco-San, ¿qué es eso?
Saqué de su estuche orgulloso aquella maravilla electrónica y
la prendí.
–¡A ver chango!
–Chtt, chtt, chtt, aguante usted mi hermano que la cosa se está
prendiendo.
La pantalla se iluminó y generó un ruido extraordinario que
obligó al pequeño chino a abrir los ojos como platos de sopa.
–¡Guau!, dijo, exagerando.
–Qué te parece, chino, chino, cochino, le dije mientras le entre-
gaba la maquinita
–¿Me lo regalas?, preguntó emocionado.
–Te lo presto.
–Ya, Chango-San, regálamelo.
–Ni lo sabes usar compadre, primero aprende y luego vemos.
El juego que estaba colocado dentro de la máquina se llamaba
“Wipe-Out”. Es una sensacional carrera de naves espaciales que
recorren los circuitos más surrealistas. Aunque es fácil de manejar
y muy entretenido, requiere de mucha concentración. Eso es preci-
samente lo que yo buscaba con mi pequeño experimento, que Paco
se pudiera enfocar en algo distinto al dolor.
–Primero observa al Maestro, le dije burlándome de él.
–A que te gano, dijo
–Ya veremos
Los videojuegos son sencillamente enajenantes. Uno puede
pasar literalmente horas (hasta que se acaba la pila) jugando contra

76

PACO

la maquinita, celebrando cada triunfo y maldiciendo cada derrota.
Paco, no tenía tiempo para enajenarse, debía estar consciente, pero
su dolor físico era mucho y demasiado recurrente. El PSP serviría
únicamente para distraer el dolor. Veríamos cómo funcionaba.
Una hora y media después el niño, mostraba su cansancio.
–Gracias Chango-San, me dijo el generoso niño mientras me
extendía los brazos para darme un abrazo sincero.
–De nada, chino. Se lo voy a dejar a tu má, pero acuérdate de
la regla que pusimos. Máximo dos horas al día ¿ok?
–Sale, me dijo mintiendo.
–Y acuérdate que lo debes dejar cargando al menos una hora,
o hasta que la lucecita esa se ponga verde.
–Verde, ok, verdecito, dijo burlándose de mi obsesividad.
Risas.
Al menos aquél día, la cosa nos había funcionado bastante
bien. El dolor, verde o anaranjado se había olvidado por comple-
to por al menos un par de horas. No sabía qué pasaría conforme
nos acercáramos al rojo, pero ya antes había presenciado cómo el
dolor de un niño tan enfermo se mitigaba o francamente desapa-
recía en la mente del pequeño con una distracción apropiada. Con
los niños, podíamos, a veces, burlar al dolor, pensé. En realidad,
eran ellos desde su sabiduría, que nos enseñaban a vivir de mejor
manera la inmutable realidad.
–Apriétame el brazo durísimo cuando te venga el dolor más
fuerte, ¿ok?, le dije un poco desesperado e impotente uno de esos
días rojos rojos.
–No, dijo retorciéndose hacia dentro para colocarse nuevamen-
te en posición fetal
–No seas necio Paco, te va a ayudar. Apriétame duro

77

MORIR EN SÁBADO

–¡No!
–Pero ¿por qué no Paco?, ayúdame a ayudarte.
–Pero si te aprieto te va a doler a ti, me dijo el extraordinario
niño.
–No importa compadre, es solo por un rato y nada comparado
con lo que te duele a ti.
–Pero si importa por que eres mi amigo. Si ya me duele a mi no
le veo el caso a que te duela a ti también. Mejor me lo aguanto,
me dijo regresando a la posición en la que el dolor parecía hacerse
menos.
Hay momentos en este trabajo en los que no es posible no
llorar. Ese era uno de ellos. Letty me miró con ojos profundos y
yo no pude más que cerrar los míos y dar las gracias por aquél
sensacional enano.

4
El dolor era otra vez rojo a la semana siguiente. Rojo ciruela,
pensé. Pobrecito Paco-San. El PSP no servía en medio de este color
injusto y ventajoso. Fracaso.
Morfina. Llanto. Inútiles intentos por hablar con el pequeño.
Caricias desesperadas de la madre. Llanto. Sollozo. A dormir.
Llanto y suspiro profundísimo de la madre. Salí. Bajé al jardín.
La morfina siempre lograba dormir a Paco, lo cuál, no era
común. Normalmente los niños se calmaban y se mostraban
somnolientos, pero no necesariamente se dormían profundamente
como aquél niño. Paco, sin embargo, estaba ya muy cansado. Su
cuerpo aprovechaba cada oportunidad para dormir.
Cuando despertó, la Hermana Laura me fue a avisar al jardín,
aquél de las rosas rojas que yo nunca había visto, me sorprendió

78

PACO

jugando “Wipe-Out” moviendo los brazos como un loco, como
si de verdad estuviera dentro de aquél extraordinario circuito de
carreras espaciales. Vente, me dijo, se despertó el chino. Agradecí
el que llamara a mi amigo Paco-San, con su apodo de guerra. “El
chino”.
Entré al 112 pidiendo un silencioso permiso a Letty. Accedió.
Aprovechó para salir a comprar una Coca Cola Light en una de
aquellas máquinas devora energía que la Hermana Laura tanto
odiaba.
Paco-San me vio con una tristeza gigantesca. No era momento
ni de bromas, ni de maquinitas de videojuegos. Era tiempo para
hablar con el pequeño con cara de longevo oriental.
–¿Cómo es tu dolor?, pregunté rompiendo de tajo el silencio
–Tiene los ojos negros y grandes, me respondió con voz baja.
Mi sorpresa fue mayúscula. Mi pregunta, de adulto, no espera-
ba una respuesta de niño. Error común. Los niños son capaces de
facilitarnos el camino casi siempre. Lo agradecí.
–Y si lo dibujamos Paco-San.
–Órale, dijo con algo más de entusiasmo, escondiéndole un
poco el dolor a su amigo.
Tomé las crayolas que descansaban sobre la mesita con ruedas
que servía para acercarle la charola de comida a Paco y usé la
última hoja del cuaderno en el que dibujaba a ratos aquél niño
adolorido.
Durante unos minutos, seguí instrucciones precisas. Los ojos
negros y gigantescos, la nariz roja en forma de pera, el pelo de
estropajo, las cejas como azotadores. Sin orejas. Sin cuerpo. Sin
brazos.
–Ese es, dijo triunfante y sonriendo.

79

me dijo que le diera unos cinco minutos. ¿lo lleno de estopa o de algodón?. Maestro. El dolor de Paco podría tener volumen. Tenía que darle tres dimensiones. Los reclamos al dolor conti- nuaron por unos minutos. un diseñador gráfico que hacía “algunos trabajos para Pemex” me llamaría por la tarde. Le conté breve- mente la historia de Paco sin exagerar. Exactamente cinco minutos después. ¿quieres que sea suave o duro?. De inmediato. Vete. Luis resultó ser un verdadero artista. llamé a la secretaria encargada de atender algunos asuntos del área de Comunicación Social. Me hizo preguntas que yo no podía responder. Durante toda la semana miré intrigado aquel dibujo que había logrado hacer siguiendo las instrucciones de Paco-San. uno no podía hablar con un dibujo plano. El mensaje era claro. ¿crees que sea prudente coserle los ojos 80 . Haría una llamada. la bendita y terriblemente eficiente secretaria me llamó y me dijo que Luis. MORIR EN SÁBADO Yo no sabía bien a bien qué hacer con eso. Consciente. Valiente. no había que hacerlo. aunque sé que tu ausencia será temporal. –Y ¿qué te gustaría decirle a tu dolor? –Que se vaya de vacaciones a Acapulco y que me deje en paz al menos un día. Niño sabio. Conmovido por la histo- ria del pequeño Paco me visitó dos días después en mi oficina. La enorme empresa paraestatal en la que trabajaba y sus múl- tiples recursos me ayudarían a conseguir la solución. Le mostré el dibujo. ¿Para qué lo va a usar?. Sin estar seguro de lo que hacía. Era la solución a mi problema. Otra respuesta que jamás esperé.

me había hecho compañía sentado en el asiento de junto a lo largo de la cortísima carretera que une a la Ciudad de México con Cuernavaca. S. El “dolor de Paco-San”. creía. No quería que nadie lo viera antes que el bueno de Paco. me parecía uno de esos retratos hablados que uno ve de repente en los amarillentos noticieros mexicanos. ¿puedo usar spaghetti para el pelo. Lo metí en una pequeña maleta azul con amarillo que traía en mi cajuela. 4. José Gómez del Campo es Doctor en Psicología. aquél monstruo sin pies ni brazos estaba ya listo. Junto con Juan Lafarga. que atendía Pepe con sus alumnos de Psicología de la Ibero. que era siempre útil aprender a “hablar con nuestro dolor”. 81 . Tenía que probar aquella técnica que ya había dado extraordinarios resultados con el grupo de niños quemados del Hospital de Tacubaya. mientras yo estudiaba en la Universidad Ibe- roamericana. Esa. me había enseñado algunos años antes. El muñeco era horriblemente genial y ahora el dibujo. Luis había sobrepasado todas mis expec- tativas. Entré por la puerta principal del hospital cargando aquél regalo extraordinario que había confeccionado Luis. como un títere. El muñeco era mucho más grande de lo que yo había imaginado y tenía una práctica abertura en la parte de atrás para sostenerlo. Llegué al hospital más temprano que de costumbre el siguiente sábado. es fundador del Movimiento de Desarrollo Humano en México. al día siguiente. Pepe Gómez del Campo4. de México.J. ya fuera este físico o psicológico. Fue Director del Departamento de Psicología en el Instituto Tecnológico de Occidente. PACO o mejor se los pego?. autor de numerosos libros y artículos de psicoterapia humanista. Académico y docente en la Universidad Iberoamericana de la Cd. maestro y amigo. capaz de abrir la boca y conversar con el niño. o mejor estropajo? Nunca pensé que hacer un muñeco de trapo podía ser tan complicado. Para mi sorpresa. era la intención de aquél personaje.

Le mostré el muñeco. vi a aquella mujer enorme sin el prejuicio que había venido construyendo los últimos meses. 82 . respondió tímidamente el niño. Me coloqué el muñe- co en la mano derecha y dije “Hola” tratando de esconder mi propia voz. –Y ¿qué le quieres decir? Letty me había salvado. Nece- sitaba de su ayuda. –Sí. ¡Silencio. dije otra vez. le dijo. dije. Si de verdad quería ayudar a Paco. Me prometí a mi mismo no volverla a juzgar. Accedió. ¿Qué hago? –Hola. Silencio. Poco a poco levanté el muñeco por encima de los pies de la cama. Me alegró enormemente que la idea le pareciera buena. Auxilio!. Tienes una visita. Por primera vez. Como pude. No podía ni imagi- nar el dolor que ella estaba viviendo. Le pedí que saliera un momento y le expliqué lo que intentaría hacer. tomó a Paco de la mano y se sentó en la silla metálica que ya casi era parte de la cama. MORIR EN SÁBADO Me acerqué a la habitación 112. sin ella. me metí al cuarto gateando. Letty entró a la habitación. –Yo soy el dolor en la panza de Paco. ¿qué demonios estoy haciendo? –¿Así es tu dolor mi amor? dijo para mi sorpresa Letty. dejé por un momento la male- ta sobre el piso en el pasillo y entré a buscar a Letty. mas me valía entender que no podría avanzar ni un metro. –Hola. Estábamos haciendo algunos avances.

PACO –¿Por qué me haces daño?. No pude evitar el sollozo. me porto bien. ¿cómo se llama? –Codeína burro. sacán- dome a mí y estoy seguro a Letty. Yo no estaba preparado para esa pregunta. confesó. Pausa. –Por que es mi naturaleza. no tiene que ver con cómo te portes. No estaba prepara- do para ninguna otra y sin embargo. no había camino de regreso. dije con cautela. –Pero si el que yo jale o empuje. Yo vivo dentro de un tumor y el tumor me ordena empujar o jalar y pues yo empujo o jalo. A veces hasta la otra. –¿Y qué tengo que hacer para que te vayas?. sí. Letty tampoco. casi siempre. que cuando no me estoy quieto me duele más. Me quedo. –No me voy. –Esa. dijo Paco orgulloso. –¿A ti también te duerme la morfina? –Uy. del coraje de pensar en la tal Paty. Abrazó a su hijo lo que me dio tiempo para pensar. O ¿a poco tú crees que yo empujo más duro cuando tú te portas mal? –Eso me dijo Paty. ¿Quién demonios será Paty? ¿cómo pudo decirle eso a un niño de siete años? –¿A dónde te vas cuando no estás conmigo? preguntó. empezó preguntando Paco. Pausa. al menos en ese momento. pero me duermo. añadí. –¿Y molestas a otros niños o sólo a mí? 83 .

Sus encuadres y algunas de sus técnicas me parecían salidos de un libro de Lakan. Yo tampoco. me preguntó salvándome de aquella entrevista que cada vez me ponía más ner- vioso. incomprensibles. Un misionero. Era demasiado para mí. así que supongo que sólo te empujo a ti. y sin embargo. No sé cuál fue su intención cuando me lo dijo pero yo me sentí de lo más bien. ¿te gustan las gelatinas?. me había dicho alguna vez. Necesitaría ayuda. 5 Flor se había formado en el más estricto Psicoanálisis. Ella. yo desapareceré. lo cuál me facilitaba el poder compartir con ella algunos conceptos. No me podría entender jamás. dije con cautela –¿Por qué no tienes lengua y sí puedes hablar?. Qué importaba. un terapeuta patito. nuestros mundos y la visión que teníamos del desarrollo humano parecían muy distantes. pero sí. 84 . hasta que vino una nueva pregunta que me dejó helado. dije tratando de ver la cara de Letty en el reflejo del basurero metálico que estaba junto a la cama. Me veía como un voluntario. no confiaba en mí. Había hecho una especialidad en Psicodinámica. La experiencia había sido todo un éxito. –¿Tú también tienes cáncer?. y luego siguió. pero los resultados parecían ser muy buenos. a mí me gusta la roja mas que la amarilla Mis respuestas resultaron tan triviales como sus preguntas. MORIR EN SÁBADO –Yo vivo en tu tumor. Era una mujer brillante. ¿te vas a ir cuando yo me vaya? –No tengo cáncer. Extraordinaria con los niños. por supuesto. cuando tú te vayas. No podría hacer esto solo. Acuérdate que yo vivo dentro del cáncer. pero ¿y de qué había servido realmente? Tenía más pregun- tas que respuestas.

Tenía una paciencia interminable y conocía perfectamente el lenguaje de los niños. Duerme con él. como yo le decía. sparring. me dijo un día la Hermana Clara mientras tomábamos un café acompa- ñando a Letty. En todo el tiempo que visité aquél hospital. La primera reunión que tuvimos me llenó de entusiasmo. al “dolor en la panza de Paco”. Cobardía pura de mi parte. aportó. –Lo aprieta con coraje cuando el dolor es más intenso. Flor Freud. PACO Era una mujer de unos cuarenta y cinco años. Gracias Chango-San. Le enseñó a usar la maquinita esa. y un buen pedazo de nariz. se convirtió en almohada. nece- sitaba una aliada incondicional. Al final. como siempre. Tan sólo dos semanas después había perdido medio ojo derecho. Pero luego. Sabía que a ella le encantaría el muñeco y la intención. no recuerdo haber tenido otro momento en el que me sintiera más útil que mientras representa- ba. el toque de espiritualidad y de dignidad que yo necesitaba escuchar. Así fue. Aquél fantástico muñeco que nunca tendría nombre propio. platican. –Parece que fue una buena idea. no podía sólo consultar a Flor. 85 . lo perdona. Invité también a esta aventura a la Hermana Clara. Clara por su parte. amigo y compañero de aquél niño pelón. Necesitaba toda la luz posible para ilumi- nar ese camino entusiasmante pero oscuro que estaba emprendien- do con aquél horrendo muñeco de trapo. con la mano derecha y la voz de alguien más. Guapa. se estaba quedando pelón –igual que su dueño– y se le salía el algodón que llevaba dentro. lo acepto. me describió una especie de ruta crítica exacta y detallada digna de un ingeniero civil. me resultaba obvio que debíamos intentar los siguientes pasos juntos. dijo de repente Leticia.

Respuesta de adulto. débil y fatigado todo el tiempo. corregí. Seguía siendo fiel compañero del pequeño y un útil sparring. mi amigo chino moriría. pero ni el PSP. su monja favorita y su amigo el Chango se tomaban un café. Le dolía mucho. a pregunta de niño. No era eso lo que esperaba escuchar aquél niño roto. Aquella respuesta había dado en el clavo. A Letty también pareció interesarle aquello. En sólo dos semanas mas Paco-San. sor- prendido por lo mucho que el cáncer puede hacer en unos cuantos días. El siguiente sábado me descubrí. Error. lanzán- dole aquella frase que Pepe Gómez del Campo le repetía a sus pacientes quemados de aquél tétrico hospital de Tacubaya. me preguntó Paco. por tu hijo. como siempre me pasaba. Se la pasaba dormido o drogado. ni siquiera la total atención de la madre serían sufi- cientes para mitigar aquél dolor injusto y apabullante. 86 . y que puedes darnos a todos los que te quere- mos. –Por que el tumor va creciendo mi Paco. Necesario explicarlo pero error. –¿Por qué me duele tanto?. No era esa una buena forma de morir. –Sí le dije con la cabeza y las cejas. –Por que el dolor te recuerda que sigues vivo. Paco-San estaba muy mal. El “dolor en la panza de Paco” estaba para entonces ya muy deteriorado y su impacto inicial había disminuido. y te hace daño. se quejaría conmigo el sábado antes de morir. mucho cariño. A partir de ese día en el que su madre. MORIR EN SÁBADO –Gracias a ti. Sólo la morfina. por todos lados y nada parecía funcionar ya. –¿Sí?. El dolor te recuerda que todavía sigues aquí. su dolor no dejaría ya el rojo. le dije con sinceridad. ni aquél muñeco.

te quiero más. ¿cómo era posible no quererlo?. chino chillón. le dijo la madre al pequeño después de un abrazo enorme. –Te lo dije chino. ¿Quién era ese niño santo?. ¿quién nos lo había prestado?. yo quiero probar eso. dije con la torpeza que surge de la culpa. dijo orgulloso el enano oriental y pelón. a Clara. con nosotros. No vayas a creer que la cosa es así. de lo que yo le había querido explicar. le dijo Letty abrazándolo y llo- rando tan fuerte como es posible. –Funcionó. dijo el revolucionario Paco con toda la serenidad posible y ya sin el dolor clavado entre las cejas. Mas lágrimas. a todos. todavía puedes darle mucho cariño a tu má. –Pero mira. reflexivo. ¿no? Letty se levantó de su silla. entonces el abrazo que me des me va a servir para que me duela menos. repetí cerrándole el ojo al chamaco y secándome las lágrimas que una vez más. Aquél pequeño de siete años se quedó en silencio. Te lo dije. Chango. 87 . guiñándome un ojo. PACO No fue necesario decir más. chino cochino. me dijo graciosísimo. mucho más. rega- ban mi enorme nariz. ¿para qué se iba a morir? –A ver. –Chino. No pude evitarlo. ¿Funcionó mi amor?. La profundidad de su mirada me dejó paralizado. –Funcionó me dijo Letty. si cuando me duele más. –No. –O sea que cuando me duele más es por que tengo que dar mas cariño. Yo no supe ni qué hacer. Él había entendido algo más. bueno. El dolor sólo te recuerda que mientras estés aquí.

Esperé unos segundos. El martes siguiente yo tenía una gripe. 88 . Toqué. para reparar al muñeco y empezar. Acerqué el oído. Ya estaba pensando en llamar nuevamente a Luis. No podía dejar de estornudar y apenas podía utili- zar palabras con eme o ene. todo se pasa. Recuerdo con claridad que ese día. Dios no se muda…”. Decidí ir a ver al médico de mi trabajo que ante mi insistencia me terminó recetando una de esas medicinas que te hacen sentir mareado todo el día pero que son efectivas en verdad. En ningún momento pensé que Paco no vería ya la luna de esa noche. Fiel a mi costumbre. a confeccio- nar nuevos “dolores” para otros niños y niñas. sabio. Bien. Nunca he tenido acceso a las intuiciones que parecen tan nor- males en la Hermana Clara. pensé. busqué que la gripe desapareciera sola. nada te espante. ayudado únicamente por sendos vasos con agua. podría superar esa crisis. “Nada te turbe. Abrí. La puerta del 112 estaba cerrada como casi siempre. Ni un ruido. pensé con gran optimismo que mi amigo el chino. Parecía ser algo útil. mientras avanzaba por la carretera con rumbo al hospital. Nada. El jueves al despertarme. es casi imposible que no se te contagie algo. por qué no. MORIR EN SÁBADO Me despedí. que parecían dos. 6 En un hospital lleno de niños enfermos. Nada. Sábado. santo y revolucionario. 7 de la mañana. La gripe era ya casi imperceptible. Faltaban solo siete días para la muerte de aquél niño. me empecé a preocupar. No me dejarían ver a Paco al día siguiente con tal gri- pón. La gripe seguía ahí. Todavía había mucho trabajo que hacer con “el dolor en la panza de Paco”.

PACO El cuarto estaba en total oscuridad. Confirmó mi sospecha. Me levanté para dejarle la silla. La aceptó con gusto. dijo con mucha dificultad Paco Me sorprendió. Le di la mano. –Estoy muy triste. Pensé lo peor. chino. Al verla caminar hacia el cuarto quise evitar la sensación que me recorrió el cuerpo en un segundo. –Hola Chango-San. Entré y dejé a pro- pósito la puerta abierta para aprovechar la luz del pasillo y ver la cara de Paco. No pudo completar el saludo. –No es pa menos. le dije. lloraba. No era así. dijo la afligida madre. Acerqué una silla y me senté del otro lado de la cama. No pude más. –¿Cómo estás. preguntó la bondadosa religiosa –Bien hermana. estoy bien. ¿Puedo ayudarte?. Letty tenía la cabeza apo- yada sobre el colchón. gracias. Paco iba a morir. Su mano cayó pesada sobre el colchón. –¿Está todo bien Letty?. Parecía dormido. Me miró. cochino. Nunca en mi vida había sentido tanta impotencia. Cerré los ojos. No tenía fuerza. ¿Quieres que te traiga una coca o algo? –No. El gesto había sido casi mínimo. Clara lo sabía. Pensé que estaba totalmente dormido. Se acercó lentamente al pequeño chinito y le acarició la cara con una toalla húmeda. Sollozo. pregunté francamente asustado. pero yo hubiera querido de verdad que 89 . insistí acercándome para ver a Paco con mayor claridad Respiraba. me dijo casi en silencio. le dije con cariño. –Hola chino. chiquito?. Clara entró lentamente.

no es justo. pensé con rabia y angustia. me dijo la hermana. –Quiere decirte algo. pero pleno. No quiero que se muera mi amigo Paco. Me costaba trabajo respirar. Se alejó para hacerme espacio a mi. huir. La mayor parte del tiempo estuvimos todos casi en absoluto silencio. Un metro parecía un kilómetro. dándole un sentido de amor y compasión dirigidos hacia su madre. Enojo. La monja le respondió con un abrazo cariñoso. dándome un gigantesco regalo. frágil. quería gritarle que el dolor había desaparecido por que el lo había vencido. –Gracias al muñeco. un par de lágrimas verdaderas y un gran beso bien plantado en la frente. Abracé a mi pequeño amigo. Tristeza profunda. –No me duele. No me quería acercar. Dijo mi nombre por primera vez en meses. me dijo. Parálisis. Miedo. MORIR EN SÁBADO aquél niño extraordinario me hubiera podido sostener el saludo. tenía ganas de gritar. Me sentía sofocado. El pequeño chino había triunfado sobre el dolor más cruel y mas rojo por que había sabido vivir pleno. ¿Qué hago yo aquí?. con su sabiduría. No te mueras chino. que acompaña. Silencio que comunica más que cualquier conversación y casi tanto como la mejor oración. –Qué bueno mijo. con su conciencia de presente. Y yo no supe decírselo. Ese que sirve. hacia Clara y hacia mí. Quisiera salir corriendo de ahí. 90 . Pasaron dos horas. Mirada al techo. que abraza. No supe decir nada y sin embargo. Todo ocurría en cámara lenta. Me acerqué. Todo me daba vueltas. No era justo. Algo le dijo el pequeño a Clara. sólo pude darle un abrazo fuerte y llorar. Las lágri- mas salían como cataratas. Charlie. poco.

Era sábado. Lo abrazó y lo dejó ir. 91 . Mi amigo el chino había muerto sin dolor. PACO –Te quiero mucho. Tomó a su hijo entero y lo acostó sobre su regazo. me dijo sin más. tranquilo sobre el vientre de su madre. entendía perfectamente todo aque- llo. y se soltó de mi abrazo haciéndome entender que era el turno de su madre. Adiós. No habló más. No lloró. Pasaron unos diez minu- tos. Letty. Me hice a un lado sin poder dejar de llorar. la reina del silencio.

.

–Me tomé un sabático. mis moribundos me han enseñado que puedo. pero es así. A la muerte. Su madre había muerto durante el parto. me explicó el día que lo conocí. dijo refirién- dose con cariño a su hijo que yacía dormido sobre el sillón del cuarto. el tiempo le da risa. 3 Javi La trascendencia 1 No pude estar en el momento en que murió mi papá. Aquél hombre generoso partía en silencio. dijo refiriéndose a la leucemia. 93 . no se despegaba ni un minuto de la cama de su hijo enfermo. sin deberle nada a nadie. Javier tenía sólo cinco años. Javier Sr. estar ahí. Me hubiera gustado estar ahí. y sin embargo. Tres años después. Es difícil de explicar. El tiempo no significa nada. apareció esta maldición. y su padre. si quiero. La muerte no termina la posibilidad de inter- pelar al otro. habiendo entregado literalmente su vida por sus hijos y su mujer. Mis her- manas y mi mamá dicen que fue un momento de lo mas tranquilo y bonito. cuando yo ya me estaba habituando a ser padre viudo. Mi mujer murió el día que me entregaron al bultito este. hoy.

MORIR EN SÁBADO Javier papá. Serio y con algunas canas. se sentía incómoda y no sabía qué decir o hacer. Lloraba poco (eso seguramente era culpa de los curas que lo habían educado. por lo que los sábados yo en realidad la veía poco. mal. No le era fácil hablar con su hijo. como le decíamos nosotros. Su adicción al tabaco era tal. no parecía preocuparle dema- siado la distancia que existía entre Bárbara y el pequeño Javi. Mi trabajo era claro. No le gustaba estar con Javi. parecía mayor. Contador de profesión. Panista. A Javier papá. según él mismo confesaba. Bárbara era la novia de Javier papá. aunque siempre parecía estar vestido igual. Parecía siempre sereno. Eso lo sabría después. top siders ochenteros con las agujetas amarradas como lo hacíamos en esos años. Los contadores optan por utili- zar demasiado el hemisferio izquierdo del cerebro. pensaba yo al verla prender el siguiente cigarro con la colilla del anterior. pues se la pasa- ba en la banqueta prendiendo un cigarro tras otro mientras leía alguna revista. Educado en un colegio perteneciente a una de las órdenes religio- sas más conservadoras de la Ciudad de México. Fumaba casi dos cajetillas diarias. No hay modo de hablar con un niño moribundo de cinco años desde ahí. Su situación económica era buena. Eran 94 . que había comprado una pequeña silla plegable que llevaba al hospital para poder sen- tarse en la banqueta de enfrente a fumar. difícil pero claro. tenía su propio despacho en la ciudad de Cuautla desde donde trabajaba para algunas empresas de Cuernavaca y la Ciudad de México. Javi lo haría todo fácil. de unos treinta años. era un hombre joven. pensaba yo siempre). era evidente. Tendría unos veintiséis años y unas uñas interminables. Camisa polo y pantalones caqui. No debe ser nada fácil enfrentar al hijo moribundo de tu pareja. Jugaba golf.

que aprovechaba cualquier oportunidad para regañar a su equi- po de enfermeras cuando estas “adoptaban” a algún paciente especial. Lo puedo entender. Hablaba todo el tiempo. yo ya había notado que aquél niño tenía conversaciones interminables a pesar de que la luz estuviera apagada y que su padre estuviera profundamen- te dormido en la cama de junto. el de menor edad con el que he trabajado. Yo no sabía qué era. pero en tan sólo unos días lo descubriría. Era un niño pequeño. nos hacía señas para convidarnos un poco de aquella alegría. había sucumbido frente al encanto casi mágico que este niño tenía. 2 Lo conocí el primer sábado de diciembre casi a las seis de la tarde. Parecía un pequeño chimpancé. La jefa de enfermeras mostraba por primera vez una cierta predilección por un paciente. Su hijo por un lado y su nueva mujer por el otro. Era bastante bonito. solo o acompañado. Siempre me dio la impresión que Javier papá. prefería que aquellos mundos no se encontraran. En poco tiempo. Al pasar junto a ella por el pasillo. Ella. JAVI dos mundos distintos. La primera vez que vi a Javi despierto no me llamó la atención de manera particular. se quedaba a veces junto a la puerta riendo divertida al escuchar aquellas conversaciones larguísimas de su paciente. La enfermera que lo atendía. Javi había logrado con Silvana lo que pare- cía hasta entonces impensable. Silvana. Yo estaba muy cansado y ya quería irme a mi casa pero Clara había insistido que tomara aquél fólder en el que se expli- caba con detalle la evolución increíblemente rápida de la leucemia 95 . Antes de que me asignaran su expediente.

Hola Javi. Javi giró para verme y sonrió con sencillez. Me abrí paso frente a la puerta. –¿Y tu papá?. MORIR EN SÁBADO de ese niño tan pequeño. 96 . –No me voy a comer la sopa. corrigió. Me dio la mano divertido. –¡Que no! No me gusta. me cuestionó sin responder a mi pregunta –Sí. con voz ronca. Alguien hablaba dentro del cuarto. Silencio. –¿Con quién platicabas hace rato? Silencio. dije. al cuarto 102. pregunté. Voy a buscar a Bárbara. –¿Tu eres su amigo?. Silencio. Ni modo. salió al pasillo. -Hola. se levantó pesado y somnoliento del viejo sillón anaranjado que parecía haber salido de una película de Mauricio Garcés. –Ah. Sopa no. le dije mientras le extendí el brazo para saludarlo de mano haciéndome el formal. Javier papá. me saludó y consecuente con mi trabajo. –Pollo sí. Le levanté las cejas una y otra vez. Era Javi. Me dirigí a la capilla y de ahí. Silencio. Yo me llamo Carlo. dijo. Me detuve junto a la puerta en la misma posición que me había enseñado Silvana sin querer. perdón. ¿Tu eres Javier? –Javi.

¿sabes cuándo se murió tu abuelo Pepe?. –Que si viene a verte aquí muchas veces. Aquello sonaba interesante. ¿Tu tienes abulito?. Mi cansancio desapareció como por arte de magia. dijo seguro. me preguntó. –¿Cómo?. –Con Pepe. dijo sin importarle demasiado el parentesco. Sólo Pepe. Pausa. dijo sin tapujos. insistí con muchísima curiosidad. me dijo aquél niño de cinco años. Ya se murieron mis abuelos y abuelas. Javi frunció las cejas sin entender mi pregunta. –No se va. –Mi abulito. –Y ¿te viene a ver seguido?. pregunté. me dijo confundido. que te oí diciendo que no querías comerte la sopa. Ahora era yo el que fruncía las cejas. preguntó el niño interesado. –No. –¿O sea que está aquí siempre? –Claro. –¿Papá de tu papá o de tu mamá?. –Feísima la sopa de aquí ¿no?. –Y ¿quién es Pepe?. ¿o no? Javi sonrió. le pregunté. le pregunté esperando no confundirlo y haciéndome el poco sorprendido. –Los míos no. –Y. –No sé. dije riendo. le respondí. –¿A poco aquí está ahorita tu abuelito? 97 . JAVI –No te hagas. –No.

preguntó Bárbara sorprendida. –No. 98 . la paciencia todo lo alcanza. le dije. –Nos vemos el próximo sábado. quien a Dios tiene nada le falta. No vaya a ser que este se me aparezca y ¿qué hago?. Aproveché para pedirle al padre que me permitiera llevar a cabo mi pequeño ritual de despedida semanal. Javi se divirtió viendo como le daba las buenas noches a su abuelo. Si hoy me lo preguntaran. Probablemente me dio algún consejo. –Bueno. pensé estúpidamente. Me despedí. ese día. Javi no tenía nin- guna duda. le dije a Javi como pidiendo su permiso. Debo confesar que mi reacción inmediata fue voltear hacia el sillón y caminar hacia el otro lado de la cama. Aceptó. aproveché para despedirme también del “abulito”. –¿Eres cura?. ¿ok?. “Nada te turbe. sólo Dios basta”. tuvieron a bien salvarme. todo se pasa. MORIR EN SÁBADO –En el sillón naranjado. A mi me daba un poco de preocupación de pronto ver al “abulito”. dijo con toda seguridad. estoy seguro que Pepe. Javier papá y Bárbara. nada te espante. Ahora sí estaba muy cansado. Javier papá y Bárbara pensarían que me había vuelto loco. Lo de la oración me lo enseñó una amiga. Dios no se muda. Javi parecía divertido con aquello. me encaminó hasta el estacionamiento del Hospital. De salida. Espero haberlo escuchado bien. No tenía ánimo suficiente como para darle una explicación mayor a aquella mujer.

Sobre la muerte y los moribundos. Primera Edición. un amanecer. JAVI 3 Mi confusión fue creciendo conforme pasaron los siguientes días. Algunos ejemplos pueden encontrarse en: Kübler-Ross. o una visita real de su abuelo?. Barcelona: Grupo Editorial Random House Mondadori. Primera Edición. Primera Edición. Elisabeth Kübler-Ross. personas que durante algunos minutos habían muerto. a mí siempre me gustó el relato de aquella pequeña niña que había tenido una “Experiencia Cercana a la Muerte” y que al regresar le había reclamado a sus padres por no haberle dicho nunca que había tenido un hermano. 99 . (1985). 6. E. a quien había visto. las experiencias cercanas a la muerte6. Segunda Edición.A. que niños de esa edad tuvieran amigos imaginarios? Mi 5. (1989). documentó cientos de casos en los que los enfermos terminales reportaban visitas de familiares o amigos que habían muerto ya5. 7. Una Luz que se Apaga. ¿sería tan solo una proyección?. y en: Kübler-Ross. era la simple imaginación de un niño tan pequeño. E. No eran sueños. S. En especial. México: Editorial Pax México Carlos Cesarman. S. Barcelona: Luciérnaga. pero que luego habían ”regresado” entre nosotros. sucedían a plena luz del día y eran tan claros como la visita de una enfermera o un médico. México: Editorial Pax México Carlos Cesarman. (1985).L. ¿podía ser una especie de alucinación provocada por su enfermedad o hasta por la necesidad de defenderse de la dura realidad?. E. S. 2004).A. (1975. ¿Cómo podría yo distinguir si lo del visitante de Javi. Algunos ejemplos pueden encontrarse en: Kübler-Ross. Kübler-Ross. E. Una Luz que se Apaga. y con quien había conversado durante los minutos en los que había estado clínicamente muerta7. ¿que no era de lo más común. La muerte. También estudió con rigor.

Pareciera que está construido con un par de brazos que acogen un jardín central. ¿qué no era más valiosa la revelación de aquél pequeño niño. donde se reúnen cientos de jóvenes para conversar un rato entre clases. Al ir descendiendo por aquella escalera que ya huele a libros. vivir la experiencia de Javi sin tanta referencia académica?. fumar un cigarro o beber una botellita de agua. La bibliote- ca de la Ibero. pero al llegar al último escalón. Decidí ir a la biblioteca de la Universidad. algunos de los libros de la Kübler-Ross. la gigan- tesca colección de libros que alberga. Internet. Psych-Net. El edificio principal de la Ibero es tan impresionante como cálido. Me tomaría sólo unos minu- tos localizar decenas de referencias que podrían ser útiles en mi pequeña investigación. ese que con tanto ahínco buscaba impulsar en los procesos de acom- pañamiento a moribundos y sus familias? Por inercia seguí descen- diendo. fui cambiando de opinión. se encuentra en el nivel de la Planta Baja del complejo. MORIR EN SÁBADO reacción natural fue empezar a buscar información. ¿no era acaso la experiencia viva el fundamento del aprendizaje significativo. y permitir que la propia expe- riencia del acompañamiento a aquél niño con cara de chimpancé 100 . ¿No sería mejor. uno se encuentra con un enorme lobby que culmina en una escalera que conduce a la enorme biblioteca subterránea. Arquitectónica- mente es un espacio impresionante. que se llama Francisco Xavier Clavigero en honor al historiador Jesuita que siendo mexicano. Al entrar. La entrada a la biblioteca. pero lo es más aún. No sabía por dónde empezar. ya había decidido volver a Cuernavaca con aquella confusión. que cualquier libro o diserta- ción teológica sobre la muerte y la vida que sigue?. se hizo célebre al escribir una “Historia de México” en italiano.

visitar a mis amigos con hijos de esa edad al menos una vez a la semana. con sus símbolos o sus necesidades. Con más confianza en la realidad que en los libros y sus teorías. yo no había vivido en realidad (o al menos no había querido enfrentar del todo). aprendí muchas más cosas de sus hijos que aquellas que yo pen- saba que me servirían para acompañar a Javi. No estaba familiarizado con su lenguaje. Además. JAVI me fuera permitiendo tejer con hilos de realidad. la preparación para este caso seguía siendo espe- cial. Me permitiría vivir la experiencia sin prejuicios. a los de verdad. visitándolo. me inscribí a un seminario de Meditación que se imparte todas las semanas a un par de cuadras de mi casa. La academia vendría sólo después de poder dar nombre propio a aquella experiencia. con más cuerpo que cabeza. No estoy muy seguro si éstas cosas me sirvieron para acom- pañar de mejor manera a Javi. a su padre y a su “madrastra”. Por un lado. al menos. Era necesario escribir aquella historia de manera más natural. y aprendí con las clases de meditación. Decidí hacer dos cosas. Por un lado. y por otra parte. Al regresar a mi casa casi una hora después. yo no tenía realmente ninguna idea de cómo tratar a un niño de cinco años (casi seis). Tenía ya algo que agradecerle a aquél niño. pero como enseña bien la muerte. me sirvieron para algo más. Sin embargo. sin que por supuesto supieran que estaba tratando de montarme una escuela en su propia sala y que sus hijos serían mis maestros. a respirar un poco mejor. me sentí bien. 101 . No habría que buscar una referencia bibliográfica. me impul- saba a estar abierto a una experiencia espiritual que a diferencia de muchos de mis compañeros tanatólogos. el hecho de que su abuelo pudiera estar ahí. mientras durara el acompañamiento a Javi. Me acercaron durante algunas semanas a mis amigos.

MORIR EN SÁBADO Javi. todos los días. obsesionada con el orden. del dolor y de la muerte. La Hermana Clara la recibió con enorme gusto. y sólo un par de años después de ese extraordinario logro. ya en Cuernavaca que no soportaría la falta de actividad profesional. Soltera por vocación y profesionista por convicción y por necesidad. algunas bastante improvisadas lograrían con Silvana el orden y la eficiencia que aquella monja Canadiense extrañaba tanto de los centros médicos de su país. Con su dolor. delgada. Aquél pequeño y decenas de otros niños moribundos. Silvana había logrado escalar el durísimo camino hasta la Jefatura de enfermeras en un Hospital privado de gran renombre de la Ciudad de México. había decidido retirarse y vivir en la Ciudad de la eterna primavera. Se dice que Silvana 102 . profesional. Teresa de Calcuta decía que al salvar una vida se salva a la humanidad entera. Pudo haber sido una extraordinaria ingeniera indus- trial. con su simplicidad frente a la muerte. Su leucemia cobraba sentido en mi vida. ya estaba transformando mi vida. de edad incierta y voz profunda. exacta. cotidiana y pequeña de muchas vidas que se conmueven y se permiten sentir el dolor de la muerte de otro. Su equipo de enfermeras. 4 Silvana era una mujer seria. se vive y se explica en la transformación real. Se acercó a las religiosas que operaban aquél extraño hospicio- hospital que tenía la “mala fama” de acoger a los enfermos de sida y a los moribundos de otras enfermedades innombrables. estos pequeños salvan muchas vidas. le bastaron sólo unas semanas para darse cuenta. Alta. me enseñan que el sentido de la enfermedad. sin querer. Así fue. con su pena y su alegría de niños.

su incansable padre… y Pepe. nuevamente. me dijo sin que pareciera demasiado emocionado por aquella caja envuelta con un ridículo papel en el que el protago- nista era el Pato Donald. Silvana hasta ese día. se ganó el respeto de sus subalternas. Nada se atrasaba. en el que estaban siempre el niño con cara de chimpancé. sino por el miedo. que evidentemente acababa de poner las cosas. o se confundían en los horarios o roles de trabajo. y no era sólo por la eficiente planeación de aquella mujer sin edad. apreciaban en el fondo la rigidez y la exactitud de su jefa. Poco a poco. ver la cara de profunda culpa en aquellas pobres mujeres al salir de la sala de descanso de las enfer- meras seguidas de una Silvana rígida. Todo era claro para las enfermeras. La Generala. que aquél grupo no terminaba ahí. conocía bien a su ejército. y de prácticamente todos los demás. sólo se había doblado frente a Javi. Era necesario. 103 . No aceptaba errores ni deserción. Aquellas muje- res que ganaban poco y trabajaban siempre demasiado. –Hola Javi. le dije al niño al tiempo que cerraba la puerta detrás de mi. nada salía mal. Nunca la vi regañando a una de sus enfermeras en público. JAVI fue bautizada como “la Generala” a los pocos días de haber toma- do posesión de su puesto en el hospitalito de Cuernavaca. te traje un regalo. terror –diría Clara divertida– que las enfermeras le tenían a Silvana si cometían un error. Estaba por descubrir. por menor que este fuera. –Hola. aun- que sí me tocó más de una vez. Debía de haber algo extraordinario en aquél cuarto. en su lugar. Era útil. Sus roles de trabajo y la planificación semanal que hacía eran tan exactas como el mejor reloj suizo.

–¿Qué cosas?. aunque educado. –¿Lo quieres abrir? –Sí. No la encontraría jamás. me dirigí nuevamente a Javi. de hecho. Luego aprendería que no importaba en lo absoluto. de la presencia de aquél abuelo muerto. –Y. –Todas las cosas. –Luego. –Siempre ha sido así. la que fuera. me dijo. Los regalos no parecen emo- cionarlo nunca. le pregunté en voz muy baja. me dijo bruscamente el padre. al ver con detenimiento aquél camioncito de volteo que a mí. 104 . Bueno. este niño. No pude hacer otra cosa que buscar algu- na evidencia. –¿Quieres jugar a que construimos algo?. le pregunté decep- cionado. las cosas. La seguridad con la que ubicaba espacialmente a su abuelo me sorprendió nuevamente. me respondió observándome y pidiéndome con la mirada que yo lo abriera. no parecen interesarle demasiado. para acabar de matarme la ilusión. me había parecido sensacional en la juguetería. ¿cómo has estado? –Bien. observaba desde su sillón anaranjado divertido. Sin acabar de entender bien. me dijo imitando mi susurro. casi burlón. gracias. ¿aquí sigue tu abuelo Pepe?. –Oye. me preguntó. Javier papá. –En el sillón con mi papá. pregunté sin entender bien lo que me quería decir. MORIR EN SÁBADO –¿Qué es?. Gracias. me dijo sin mayor emoción.

105 . al tiempo que acomodaba sobre la mesita de noche una nueva caja de Kleenex. aquí me quedo yo un rato. me dijo. –¡Cuidado!. ¿me movía?. Javier Sr. –Ya no. me senté en la esquina de la cama de Javi. Aquello empezaba a parecerse mucho a un manicomio. Al abrir la puerta. –¿Quién?. –Sale. pregunté quitándome de inmediato de la cama. supongo que su Ángel de la Guardia. Sin importarle un cuerno mi gigantesco dilema. el abulito… ahora un Ángel. Silvana se despidió de ambos y salió del cuarto. sin esperar respuesta. ¿saludaba “al Ángel? Auxilio. pregunté sorprendido. No era falta de educación. Yo quería decirle que no se fuera y que me ayudara en esa extraña situación. Ya se movió al otro lado. “El otro lado” era justo donde yo estaba. ¿Qué tenía que hacer?. –Su Ángel. interrumpió Silvana con una enorme sonrisa de complicidad. Sin pensarlo demasiado. era la Generala. cumpliendo con su deber y revisando a uno de sus pacientes. –¿Aquí está el Ángel?. JAVI –Salgo un momento. dijo Javier papá. Me saludó fría- mente con la mirada. dijo casi gritando el pequeño. –¿Qué pasa?. pero luego. Primero Pepe. –¿Qué no ves que está sentado ahí “el Ángel”? Silvana sonrió divertida. pregunté señalando el extremo de la cama. le dije. No dijo nada. recordé aquella decisión tomada en la empinada escalera que con- duce a la biblioteca de la Ibero. se topó de frente con Silvana que estaba entrando a la habitación.

–Ah. como saludaste a mi abulito. –¿Qué?. –Pues Carlo. me respondió con total naturalidad. pregunté interesado. Decidí seguir aquél juego. le dije. pues es mi tocayo. a poco se llama igualito que yo. ¿cómo se llama el Ángel?. –Es mi tocayo. Aquella respuesta era lo último que esperaba escuchar. Algo más sofisticado. ¿que significaba aquello? Yo espe- raba oír otra cosa. El adulto que no sabe escuchar al niño… ni al ángel. Una sensación extraña pero emocionante me recorrió de cabeza a pies. no te creo nada. ¿de qué platicas con el Ángel?. Que eres nuevo. Si se llama igual que yo. Es como tu y tu pá. dijo el enano sin entenderme y sin interesarle aquello. al tiempo en que me sentía orgulloso de ser tema de conversación de un Ángel. pregunté en plan más serio. muy buenos días. 106 . le dije con cara de incredulidad. me dijo. MORIR EN SÁBADO –Oye. Son tocayos por que los dos se llaman Javier. preguntó el niño. demasiado. –Ah. dijo sin más. “Ángel tocayo” dije volteando hacia mi derecha y extendiendo una mano como para saludarlo. –Y. me dijo. –Pues claro. –Y. pues a mi me gustaría conocer al Ángel. ¿qué dicen de mi? –Pues que eres nuevo y que me vienes a visitar. Qué interesante se pone esto. ¿Cómo le hago? –Pues salúdalo. –Y. –Pues. Decepción. –Pues de ti. pensé divertido.

5 Javi estaba a punto de morir. ¿no me habías dicho que el Ángel se llamaba Silvana?. se llama. –No es cierto. Silvana-Carlo. El camioncito quedaría arrumbado debajo de la mesita de noche del cuarto 102. Silvana-Carlo. qué tramposo. ¡Silvana-Carlo! gri- taba con autoridad desde algún rincón debajo de las sábanas. pensaría toda la carretera de regreso. al que regresaría de inmediato. Cinco años… casi seis. JAVI Silvana. –¿Cómo ves. ya me lo cambiaste. Es un programa que se desarrolla en el auditorio de una famosa escuela de actuación de la Ciudad de Nueva York. El niño reía y se divertía a costa nuestra. El Ángel. Profundo. sin querer. Tumbado en un sillón de mi casa viendo la televisión. –Silvana-Carlo. No le interesaba. Silvana?. dijo aquella mujer espigada. dije con orgullo para agradarle a aquél niño. regresó para tomar la temperatura de Javi. –Ah. en el que el entrevista- 107 . le dije al tiempo de apachurrarle ambos cachetes con una mano y obligarlo a salir de su escondite. el famoso Ángel se llama igual que yo. Su mundo era demasiado rico y demasiado interesante. dijo entre risas y tapándose la cara con la punta de la funda de su almohada. descubrí algo. que me ayudaría en mi trabajo con Javi. Madre y Padre. Nunca lo vi jugar con él. Faltaban únicamente quince días. repetía entre carcajadas. como para prestarle atención a un camión de plástico con un chofer de cabeza de bola. Pero cómo eres Javi. Niño sabio. Javi estaba disfrutando enormemente aquello.

108 . tiene una conversación larga y normalmente muy interesante con algún actor o director de Hollywood. trato de llevarle un pequeño regalo al paciente en turno. un renombrado profesor de actores. por lo que había dejado de llevarle aquellos pequeños regalos sabatinos. esa semana estaba dispuesto a intentar una nueva estrategia. Aún cuando parecía algo arro- gante. –¿Encontró todo lo que buscaba?. Al llegar a la caja del supermercado pensé que ahora sí me estaba volviendo loco. Llevaría regalos. sin mayor pretensión. MORIR EN SÁBADO dor. con serenidad respondió: “Gracias por escuchar”. pero no para Javi. Javi no había mostrado ningún interés por el camión que le había dado la primera semana. En esta ocasión se trataba de Steven Spielberg. y por lo que me había dicho Javier papá. ¿Cómo hacerle para escuchar al abulito de Javi?. son niños. sin importarle demasiado mi respuesta. Aquella respuesta me gustó. era de lo más interesante. al niño con cara de chimpancé no parecía importarle dema- siado el camión o cualquier otra cosa. me preguntó apática la caje- ra. La última pregunta de un cuestionario que le aplican a los invitados es la siguiente: “si existe el Cielo y usted llega ahí después de su muerte. Cada sábado. A fin de cuentas. ¿y a su Ángel? ¿Cómo hacer para que esos dos personajes. Sin embargo. me había dado la respuesta. cuando entre por las puertas del Paraíso? Spielberg. ¿qué es lo que le gustaría escuchar decir a Dios. Son típicamente cosas sencillas. y que tienen el objetivo de distraer a aquellos niños de su dolor y darles un momento de diversión. me sirvieran de interlocutores para comprender mejor a este niño tan pequeño al que sólo le quedaban unos cuántos días de vida? Spielberg.

dejaría este mundo sin que alguien pudiera hacer algo para retenerlo aquí. que asesoraba a importantes empresarios debía tener todo bajo control. nada de lo que le pasaba a su pequeño hijo podía ser controlado. Me dirigí hacia Cuernavaca. Llorar no había sido nunca una opción en su vida. al observar aquél micro ventilador personal. Javier papá estaba llorando. sí. Bárbara no estaba ahí. y todo lo que le pasaba ameritaba un par de lágrimas de vez en cuando. abrí ansioso el paquetito de pilas y las instalé en el ventilador. El exitoso contador. Ese niño con voz ronca que puede todavía ver a su abuelo ya muerto. o al menos. Y sin embargo. Sentado en la rampa de la puerta principal que sirve para acceder al edificio en silla de ruedas o camilla. La brújula también. Funcionaba. Sí. o más. Chafa. Siempre es útil explotar. y me senté en la banca de madera que se encuentra junto a la puerta principal. dije también de manera mecánica. y a su ángel. del lado derecho. Solo. que contenía los extraños regalos destinados a la habitación 102. Es la posibilidad de hacer un alto en el camino para poder seguir adelante. Tomar vuelito. Dejé que la bolsa del súper. Su sitio en la banqueta estaba vacío. JAVI –Sí. Nunca lo había visto llorar. le llamo yo. gracias. pensé al ver aquella carátula temblorina montada sobre una especie de cama líquida. Catarsis. Su pequeño cuerpo. Entré al hospital sin distraer la atención de Javier papá. pero funcionaba. le llaman los psicólogos. para 109 . colgara del brazo de la banca. de frente a la recepción. estaba progra- mado para dejar de funcionar a los cinco años… casi seis. un paquete de pilas “AA” y una pequeña brújula. Me levanté. En el estacionamiento. por allá es “el Toreo”. apuntaba siempre a la zona que yo creía que era el Norte de la Ciudad de México.

le dije. uno de refrescos y otro de hela- 110 . me caí que no pasa nada. aunque en realidad era sólo un espacio de unos veinte metros cuadrados en el que habían tres mesas de esas de plástico blanco que venden en los supermercados. pregunté sorprendido y un poco enojado. Burocrático. esta vez en silencio. –No pasa nada si lloras. –Los demás papás. compadre. dije tratando de confundirlo un poco. Aquí los demás papás lo único que no parecen entender es que la gente no llore. y del otro una barra pequeña con una máquina de café. MORIR EN SÁBADO robarme unos pañuelos desechables de la mesa de la recepcionista. que no pesan nada. dijo. –No quiero que me vean así. y comenzó a llorar nuevamente. –Te caché. Lo tomó. güey. Acuérdate que no todos aquí fueron educados por tus curas esos. dije tratando de relajar un poco el ambiente. Me levanté y le ofrecí un Kleenex. todavía con mucha humedad en la cara. Por primera vez en casi un año y medio. Así le llamábamos. que habían mandado traer las monjas desde Canadá. dijo ya sonriendo y aceptando la tregua que yo había propuesto. –Me cachaste. –¿Quién?. Esperé una media hora. dijo con media sonrisa. Al contrario. De un lado. con sillas del mismo material. un refrigerador de cocina. preocupado por que lo vieran flaquear. –Deja en paz a mis curitas. –Ok. Nos sentamos en la cafetería. –No Javier. un gran ventanal que daba al jardín. pero que en realidad son bastante cómodas. Te invito un café. Lento. ¿eh?. vi cómo era el proceso de admisión al hospitalito. Javier cruzó la puerta. me dijo cubriéndose los ojos con el Kleenex.

JAVI

dos. Cinco o seis sandwiches, envueltos en unas bolsas muy extra-
ñas de papel encerado y tres o cuatro donas y piezas de pan dulce.
Todavía no empezábamos a tomar café, cuando recordé aque-
lla bolsa de plástico colgada del brazo de la banca de la entrada.
Me levanté como impulsado por un resorte y salí de la cafetería
con un rápido: ahorita regreso, no me tardo nada.
La bolsa ya no estaba ahí. No puede ser, pensé. Qué poca
madre.
Giré para dirigirme a la recepción. Aquella mujer me observaba
con una sonrisa extraña.
–Hola. Oiga, ¿no vio una bolsa de súper, que estaba?…
–La recogí, me interrumpió. ¿La quiere?
–Sí. Muchas gracias. Le dije aliviado
–Son cinco pesos, me dijo.
–¿Cómo?, pregunté asombrado y hasta ofendido.
–Cinco pesos. Eso, o me devuelve los Kleenex que me robó hace
rato, me dijo divertida.
–Perdón, le dije al tiempo que se me ponía roja la cara.
–Tenga, me dijo riendo y extendiendo el brazo para entregarme
la bolsa.
–Le prometo que al rato le traigo una caja nueva de Kleenex.
Sonrió. Ya no dijo nada. Lo importante, era que había recupe-
rado el ventilador y la brújula.
Al regresar a la mesa, Javier se veía ya mucho más calmado. Ni
modo. Me hubiera gustado hablar con el mientras estaba un poco
más vulnerable.
–¿Qué es eso?, me preguntó viendo que regresaba con una
bolsa de plástico en la mano.

111

MORIR EN SÁBADO

–Un regalo para… tu papá… o tu suegro. Todavía no sé para
cuál abuelo de Javi.
–¿El que vive en el cuarto?, preguntó con la misma naturalidad
con la que su hijo hablaba con su abuelo.
–Sí, respondí.
–Es mi papá. José.
–Es mismo, le dije. El abulito Pepe, añadí.
Sonrisa. Silencio. Café.
–¿Tu crees que de veras lo puede ver?, me preguntó serio.
–Yo sí, le dije.
Silencio. Café.
–Por favor no le digas esto a nadie, pero, la primera vez que lo
vio, yo por supuesto no le hice ningún caso, pero era tal su insis-
tencia, que para desmentirlo, le pedí que me lo describiera.
–¿Y?, pregunté casi al borde de mi silla intrigado por aquello
de “por favor no le digas esto a nadie”, frase que siempre trae
consigo una verdad extraordinaria.
–Pues al principio… tu sabes cómo habla un niño de esa edad,
en realidad su descripción era vaga, pero justo cuando estaba a
punto de perder el interés, dijo algo que me dejó frío.
Pausa. Café. Auxilio.
–Su sombrero es de cuadritos.
–¿Cómo?, pregunté.
–Su sombrero es de cuadritos, repitió Javier. Mi papá dejó de
usar sombrero cuando todavía éramos chicos mi hermano y yo.
No tengo en mi casa ninguna foto de mi papá con sombrero. Pero
si hoy cierro los ojos para acordarme de él, la imagen que me viene

112

JAVI

a la mente es de nuestra casa en San Jerónimo, el jardín, comida
familiar, y mi padre como siempre, con sombrero.
Pausa.
–Un sombrero de fieltro … de cuadros.
Pausa. Café. Silencio.
–Y tu cabeza de contador no puede entender aquello ¿verdad?,
dije para romper aquél silencio incómodo.
–Ni la tuya de Tanatólogo, no jorobes güey, dijo con una fran-
ca sonrisa.
–Yo lo puedo entender perfecto, mentí con actitud de falsa
superioridad.
–Yo ya no sé ni qué pensar, confesó un poco más en serio.
Pausa. Café.
–¿Cómo era tu papá?, pregunté de improviso.
–¿Qué quieres decir?
–Sí, que ¿cómo era contigo y con tu hermano?
–Eso es lo más extraño Carlo. Mi jefe era un verdadero ogro.
El típico papá nada cariñoso conmigo o con mi hermano. Bueno,
ni siquiera era cariñoso con mi mamá. Por eso no puedo creerle a
Javi, cuando me dice algunas cosas que supuestamente vienen de
mi papá.
–¿No puedes, o no quieres?, pregunté.
–Ah, ya vas a salirme como siempre con una de tus jaladas.
–Bueno güey, tú eres el que te tienes que esconder para llorar
¿no?
–Ok, va. No quiero creerle. ¿Por qué a mi hijo si le puede
decir cosas como que lo quiere mucho, y a nosotros nunca?, me

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MORIR EN SÁBADO

dijo, siguiéndome la corriente, pero con un enojo que llevaba ya
muchos años anidado en su cabeza y su corazón.
–Por qué es mucho más fácil ser abuelo que papá. Por que
siendo abuelo no tienes la obligación de educar a nadie. Por que
tu hijo se está muriendo, y tu papá sabe que estás un poco solo en
medio de una tormenta enorme. Por que, tu papá, sabe, de alguna
manera, lo que está pasando dentro de ti, dije sin saber bien de
dónde venía todo aquello.
Silencio. El café se había terminado.
–¿Quieres una coca o algo?, me preguntó al ver ambas tazas
vacías y tratando de evitar responder.
–Como tú digas, respondí, dándole espacio para decidir si que-
ría continuar aquella conversación.
–Mejor subimos a ver al bulto ¿no?
–Ok, le dije poniéndome de pie de inmediato.
Subimos en silencio. Antes de entrar al cuarto, sentí una palma-
da en la espalda y un sencillo “gracias güey”. De nada, pensé un
poco conmovido. De nada.

6
–Hola bulto, le dijo con cariño el padre al hijo.
–Hola pa. Hola Carlo, dijo Javi quien parecía siempre calmado
a pesar de que a veces se quedaba “solo” en el cuarto.
Me acerqué a su lado con la bolsa en la mano, y a propósito la
puse sobre la cama casi encima de él.
–¿Qué trajiste?, me preguntó.
–Unos regalos. Pausa. Pero no son para ti, dije con toda inten-
ción.

114

JAVI

–¿Son para mi papá?, preguntó.
–No, dije sin más, tratando de provocar una respuesta.
–¿Entonces?
–¿Qué?, ¿entonces, qué?, pregunté.
–Pues, ¿para quién son?
–Pues uno es para Pepe y el otro para Silvana-Carlo, dije diver-
tido.
Javi, abrió los ojos con asombro y sacó la lengua en un gesto
de alegría.
–¿A ver?, dijo abriendo la bolsa, ¿qué son?
Javier papá, se acercó curioso también queriendo ver lo que
había en la bolsa.
–Este es para tu abulito Pepe.
–¿Qué es?, preguntó el niño sin entender para qué servía aquello.
–Es un ventilador, para cuando le de mucho calor, le dije mien-
tras prendía el pequeño ventiladorcito y lo dirigía hacia la cara del
niño para molestarlo un poco.
Javi volvió a sacar la lengua divertido frente a aquél chorro de
aire fresco.
–Muy bien, dijo, como autorizando el regalo mientras miraba
hacia una esquina del cuarto donde, supongo yo, se encontraba
su abuelo.
–¿Y el otro?
–Es una brújula, le dije, sacándola de su empaque.
–¿Un reloj?, dijo el niño con cara de duda.
–No mira. El reloj sirve para saber qué hora es ¿no?, le dije
mostrándole mi reloj de mano. Esto es una brújula y sirve para
saber dónde estás.

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–¿Te gustaron los regalos. –Pues bueno. al tiempo que destruía mi relato. insistió. dijo con seguridad. A poco no crees que un día con mucha lluvia al ángel le cuesta un poco de trabajo encon- trar tu cuarto. Javi. –Sí. pues esto le va a servir para saber siempre cómo llegar. preguntó el padre quien esta- ba divirtiéndose con la explicación. dije abriendo la persiana. –Pues yo creo que tu ángel vive allá arriba. mijo?. abrió nuevamente los ojos enormes. parecía no estar ahí en ese preciso momento. ¿Ves esa nube de allá? –Sí. –Ah. –Y está rete lejos. esto le va a servir para que no se pierda. para qué servía la brújula? Intenté. –Pues bueno. ¿Cómo explicarle a un niño de cinco años. MORIR EN SÁBADO –Es un reloj. 116 . –Sí. ¿no?. –Pero no se pierde. –Sí. ¿no? –Sí. y desde allá arriba viene a visitarte. contento por aquél artefacto que serviría de guía a su amigo con nombre de mujer y de hombre. dijo sin entender bien lo que le decía. –¿Tu sabes dónde vive Silvana-Carlo? –No. –Mira. y que por su reacción. dijo honesto. –Sí. dijo el niño alegre. –Pues en el cielo. y qué tal cuando llueve.

No supe qué decir. Hacía mucho tiempo que el pequeño Javi no había preguntado por su madre. Javier Sr. al rato. Yo no sabía qué hacer. me hubiera podido convencer en ese momento que la realidad que yo estaba viviendo. y me miró asombrado. JAVI Pausa. Eso lo comprendería tan solo quince días después. –Sí. –¿Y para mi mami?. La pregunta del padre fue precisa. se puso algo pálido. Vino hoy. dijo el pequeño santito. cubiertos por un silencio difícil de romper. para preparar el camino de su hijo. Me pareció que él hacía hasta lo imposible para no romperse. mientras que nosotros dos nos quedamos mudos. –¿Ha venido tu mami a verte. Había venido también. Ningún médico. mijo?. Yo volví a recordar mi promesa de vivir aquello con soltura. que lo que estaba viendo y escuchando era producto de la enfermedad del niño. respondió con la naturalidad que ya le conocía. Era verdad. Aquello no era ni una alucinación. o de su “condición psicológica”. ¿qué te dijo?. añadió en su idioma. –Que mi papi estaba llorando. ni un sueño. Su cara era de puro asombro. mientras su papá descansaba y se desahogaba por primera vez en casi un año. –Y. El niño seguía jugando con la brújula y el ventilador. 117 . ningún sabio. y que eso estaba bueno por que iba a poder dormir mejor. pregunté con cautela. como pidiéndome que lo salvara. Había venido para acompañarlo. dijo Javier con los ojos rojos. Javier se paralizó. Giré para hacer contacto con Javier papá. Su madre había venido mientras yo estaba con Javier abajo. ningún psiquiatra. preguntó viéndome a los ojos y dejándo- nos helados a ambos adultos.

En mi banca estaban sentados también Pepe y su nuera. Al salir. cada uno a su modo. quien se conmovía del dolor de su padre. Esa vez lloré más de alegría que de dolor. quien a Dios tiene. Por primera vez lo haría frente a su hijo. le dije simplemente al tiempo que cerraba la puerta detrás de mi. Tampoco Javier. Era un gran lugar para llorar un rato. mi cara lo decía todo. pero estoy seguro de que ellos estaban tam- bién ahí. no volvería a dejar sólo al niño ni un minuto. Nada de lo que pudiera decir en ese momento sería más útil de lo que ya estaba pasando. 7 Al día siguiente. Ninguno por sí mismo. domingo. de las que curan. decidí ir a la Iglesia de la Covadonga en Palmas. el esposo viudo. mi mamá nos educó para comprender que a nuestros muertos los podemos 118 . Dios no se muda. La verdad es que hacía mucho tiempo que yo no iba a visitar la cripta. solo Dios basta. nada te espante. Ella comprendió. Por lo que están haciendo también por mí. Seguramente. No había en realidad ninguna razón para no ir. Me encami- né sin pensarlo hacia la capilla. Gracias. pero mi familia no es de visitar cementerios o criptas muy seguido. recé en silencio mientras me alejaba sin hacer ruido. Estrechados en un abrazo profundo. todo se pasa. Salí. la paciencia todo lo alcanza. la madre. El papá. les dije casi sin poder hablar. No. MORIR EN SÁBADO A partir de ese momento. nada le falta. ambos Javieres lloraron. rompió en llanto nuevamente. Gracias. Eran lagrimas de las que reparan. Ahí estaban las cenizas de mi papá. cada uno por el otro. No me pregunten cómo lo se. Sin saberlo. Nada te turbe. me topé con Silvana que estaba a punto de entrar.

era lo que siempre pensaba al leer aquél letrero. Covadonga es una iglesia enorme. se abren enormes una serie de vitrales que fueron donados por algunas familias descendientes de Asturianos. Igualita 119 . Desde que llegué me dirigí directo a la parte de atrás. quizá por la presencia incomprensible de Pepe y de Laura el día anterior en la capilla (descubriría unos días más tarde que así se había llamado la madre de Javi). Si no te toca librito para leer las lecturas. No me gusta ir a Misa ahí. por alguna razón. en donde se encuentra la “Cripta de La Resurrección”. por que es tan grande que las pequeñas bocinas no alcanzan para llenar el gigantesco lugar. hace siempre frío. Es como no haber venido a Misa. sin saber bien a bien el propósito de aquella visita. Ese domingo en particular. Sin embargo. pero que seguían añoran- do la patria de sus abuelos. sin embargo. Tosca. a flores. JAVI llevar en el corazón y en la oración. Un nombre poco original. a diferencia del resto de la iglesia. no se entiende nada. Las cenizas de mi papá están en el segundo piso. el silencio que ahí se vive. No tiene mucho caso venir. la Misa no me interesaba demasia- do. A unos diez metros sobre el piso. Me persigné. y generan un eco que hace imposible que se le pueda entender algo al cura. Siempre hace un poco de frío. y me senté en una larga banca de madera que se extiende precisamente frente a la cripta de mi familia. que seguramen- te llevaban ya muchos años en México. en el que hay una pequeñísima capilla. También ahí dentro. Gorda. El olor de ese sitio es muy característi- co. decidí buscar refugio o algo parecido frente a la cripta de mi papá. me da siempre mucha paz. el lugar siempre me ha parecido bastante acogedor y sobre todo. Alta. pensaba siempre al salir de aquella Iglesia fría de piedra y mármol. Subí por la oscura escalera. en ambos lados. a velas.

Eran ya las seis cuarenta y cinco. –Ya ves. qué bueno que Silvana-Carlo ya tiene su brújula. me dije a mi mismo. MORIR EN SÁBADO a la del hospital. Era extraño para la época del año. –Sí. pensé sonriendo por aquella coincidencia. pero sumamente útil para iniciar una conversación con Javi. Una señora que entraba a las criptas me vio con cara de ofendida. Oye. recordando todo el discurso que le había tirado a Javier sólo unas horas antes. Salí riendo. Me contuve. Javi se iba a morir en dos semanas. güey. dijo simplemente el niño que estaba mucho más débil que la última vez que lo había visto. Quién sabe por qué. le pregunté con cuidado. Algo pasó. Me dieron ganas de llorar. Me des- pedí. Coloqué la mano derecha sobre la cripta y recé en silencio la oración de mis moribundos. ¿está aquí tu abulito? 120 . dijo con el entusiasmo que siempre lograba poner- me de buen humor. Me sentía mejor. o vemos la tele? –Platicamos. mientras divertido bajaba por las escaleras. me dije a mi mismo en voz alta. El siguiente sábado. pero mi reacción fue natural. –¿Cómo te sientes chaparro?. ¿no?. –Bien. Una pequeña sonrisa involun- taria me surgió. Eran las seis y cinco. El ruido de gente entrando a la pequeña capilla del segundo piso y de la gente saliendo de la Iglesia. me sacó del pequeño trance en el que había caído. Me daba pena que me vieran llorando ahí. llovía. Yo no había sentido el tiempo. No que no. Cerré los ojos. Nunca lo había hecho. así no se va a perder. ve nomás cómo está lloviendo duro. Pues de qué se ríe este idiota. que no tenía ningún significado. Incongruente. –Bueno. –¿Tienes ganas de platicar.

–Es blanco todito. –Pero. –Y ¿tu ma? –Salió con mi papi. El niño se animó. –¿Cómo está vestido tu ángel?. JAVI –Sí. Es blanco!. –Oye. pregunté sin saber bien a dónde me llevaría aquella pregunta. ¿cómo es Silvana-Carlo?. hola Pepe y hola señor Ángel. –Javi. ¿qué ropa trae? Javi me miró con extrañeza. me dijo con entusiasmo. dijo. –Blanco. tan naturales y tan seguras. dijo el sensato niño. –¿Cómo?. Sí. o su cara. –¿Su ropa es blanca?. le dije. dijo Javi tajante. –Y ¿Silvana-Carlo? –Sí. No había modo de acostumbrarme a aquellas respuestas tan inocentes. dijo un poco desesperado por mi falta de comprensión. sonrió agradecido por aquél saludo loco. –No sé. –Y ¿de qué color tiene los ojos? –¡No. pregunté atropellado y dándo- me cuenta de mi enorme curiosidad. trae sus sombrero de cuadrito. –Te apuesto a que Pepe. ¿y el Ángel?. me preguntó. dije volteando hacia el lado opuesto del cuarto. –Pues. 121 .

MORIR EN SÁBADO Hice más preguntas. –Oye. iluminado. y para sorpresa y enormes cantidades de lágrimas de Javier. que nunca había conocido en persona. Es tu chamba. pudo describir con cierto nivel de detalle a su madre. sin color de ojos. el Ángel-foco. No pregunté más. 8 Silvana. Estaba triste. ¿lleva vestido o traje?. y sin embar- go ella parecía no advertirlos. 122 . ¿le puedes ver la cara?… es blanco. Otras tres personas estaban ahí. Nunca logré que Javi me describiera a su Ángel. se limitaba a responder el niño. Cómo me hubiera gustado poder entrar por un segundo a la cabeza de Javi. pensé mientras caminaba hacia la banca que por una vez. –A ¿este foco? –Sí. estaba en el jardín. Yo no sabía si acercar- me o no. dijo señalando con un dedo pequeñísimo la lámpara de la mesita de noche. y ver el mundo desde sus ojos. Podía describir a su abuelo. sin alas. sin ropas. Me acerqué a la lámpara y la prendí. Es blanco. el Ángel blanco. Excepto la última. No estaba sola. No dije más. Me hubiera gustado conocer a Silvana-Carlo. la Generala. Sin embargo. o a quién? –Al foco. aunque sí en fotografías. caminando a su alrededor. dijo nuevamente casi esperanzado a que yo entendiera por fin que el Ángel era simple y sencillamente blanco. Me senté en silencio. ¿de qué color tiene el pelo?. ¿Tiene alas?. la respuesta a todas mis preguntas sobre el Ángel se limitaba a un color. estaba ocupada. Blanco. sin cara. ¿y tu Ángel se parece a tu papá. lleno de luz.

–No tenía nombre. Me dejaron en aquél lugar y no le dijeron a nadie cómo me llamaba. Y así me bautizaron. Clara ya me había enseñado. 123 . –¿Qué tienes?. dijo de repente. Me abandona- ron cuando tenía un año. me respondió con la voz cortada. la reacción fue inespera- da. –¿Que qué tengo?… que se me va mi niño… ¡eso tengo! Silencio. dijo la espigada enfermera con un enojo profundo. ya no puedo más. Me dejaron en un orfanato de Morelia. me dijo. Silvana. me atreví a decir sin pensar demasiado. confiándome un secreto que hasta entonces había guardado con mucho dolor. No sabía qué decir o hacer. –Qué niño más increíble. y facilita que la gente se abra y comparta desde muy dentro. Lo veo muy mal. Hay peores. Una de las voluntarias me puso este nombre horrible. –¡Carajo! Ahora sí. Yo escuchaba con atención y algo de asombro. Ninguno de los dos podía saber que Javi mori- ría en tan sólo un par de horas. había una enseñan- za de vida a la que uno debía estar atento. ¿no?. No está bien. le dije. dije estúpidamente. Este trabajo siempre trae sorpresas. ¡Carajo! repitió. que detrás de cada uno de estos momentos “especiales” como ella los llamaba. Carlo. le pregunté. JAVI –Vengo de ver a Javi. –No conocí a mis padres. Auxilio. No los culpo. Eran muy pobres. –No me parece tan feo. Como muchas veces. –No creo que pueda pasar del lunes o el martes. pregunté francamente sorprendido por la reac- ción de la Generala a quién nunca había visto perder el control de esa manera. en este trabajo.

Nunca me hizo una mala cara. MORIR EN SÁBADO La Generala me sonrió sin dejar de llorar. respondió. me preguntó orgullosa entre sollo- zos profundos. Es mi niño. le dije. teníamos más preguntas que res- puestas. Nunca lloraba. Nunca pude. Siempre me decía algo que me hacía reír. pero no me gusta encariñarme demasiado. –Sí. –Tengo una hermana que es monja. Hijos. siempre en paz. Me había quedado con la idea que todas 124 . nunca se quejó. Reí. Yo. –Yo quería tener una familia. mi otra hermana y yo. –Hasta ahora. por que yo sí lo cuido. ¿no? –Puede ser. Cuando entró al noviciado. –Hasta ahora. –¿Qué? –Que a mi me quiere más que a la tal Bárbara. marido. que era más estúpido que ahora. Silvana lloraba y lloraba. para tener muchas familias a las cuáles cuidar. nos invitaron a la casa donde viven las monjas y nos pidieron que hiciéramos todas las preguntas que teníamos. ¿Cómo no me iba a encariñar de este niño asombroso?. una vez más la mejor de las herramientas para acompañar. dijo rompiendo en llanto una vez más. –A lo mejor por eso te hiciste enfermera. me dijo con profunda tristeza. –¿Sabes qué me dijo un día?. Nunca supe cómo. ni cuando lo inyectaba. siempre tranquilo. pregunté que si le iban a cambiar el nombre a mi hermana. o simplemente me hacía sentir bien. por eso me quiere a mí más. Un día. El silencio era. dije. le pregunté con complicidad. ¿De veras?. Estaba inconsolable.

¿No vas a extrañar la maternidad?. La respuesta fue contundente. Tenía la esperanza de que aquella historia de mi familia le sir- viera de algo a Silvana. profesional y eficiente. Es tu oportunidad para despedirte de esos hijos que no llegaron y reconocer que elegiste una vocación de mamá y de hija. por la familia que no pudiste tener. por el marido que no tuviste. JAVI las religiosas se cambiaban el nombre al tomar los hábitos. –¿Cómo?. Hice una pequeña pausa. es que hay otras for- mas de ser fértil en la vida. Funcionó. me preguntó interesada. Laura te lo está prestando. ¿no quieres tener hijos?. –Pues yo creo que es tu oportunidad para llorar un poco por los hijos que nunca tuviste. Has tenido muchos hijos. Me abrazó llorando. con una duda real. Con la tranquilidad que le carac- teriza. ¿Se imaginan la cantidad de niños y niñas a las que voy a poder acompañar?”. que es mucho más inteligente que yo. le hizo una pregunta más sensata. muchos padres. muchos hermanos. y probablemente su muerte te ayude a hacer el duelo que nunca te has permitido hacer. de vivir la maternidad. le preguntó. Luli mi hermana. En una de esas. No era la muerte de 125 . pero de manera diferente. Me miró en silencio. Silvana. bromee para romper el hielo. Me dijeron que no. No había nada más que decir. Javi había hecho su trabajo. pero a lo mejor no te habías dado cuenta. le iban a poner Silvana. La Generala se rompió. muchas madres. dije sin esperar una respuesta. mi hermana la monja nos dijo: “Pues. –Javi es también tu hijo. La vida de aquél niño cobraba un significado especial en la experiencia materna de esta enfermera espigada.

–Gracias a Javi. me dijo con cariño. Igual y luego vuelven. el espíritu de la Generala volvía a levantarse. dijo paradójicamente. pues. La entiendo. Y ¿cómo estás?. y con los hijos que nunca tendría. –No creo. No es nada fácil esto. La muerte. MORIR EN SÁBADO Javi. –Vámonos. dijo con gran tranquilidad. Poco a poco. había logrado una vez más. me preguntó al cabo de unos minutos. Me tengo que ir. –Gracias amigo. –O sea que eres el único al que no le ha llegado el chisme. dije entre risas. –Bien. –¿Qué hora es?. me dijo Javier. 126 . con su vida. pregunté. Silvana se dirigió hacia la base de las enfermeras del primer piso. –No sabía. le pregunté a Javier inocentemente. –Once cincuenta. Ya se me hizo muy tarde. por ser tan buena con él. –Mi madre. No pude conte- ner una risita burlona. Javi. –Y ¿Bárbara?. sino su vida. y a ti. No había vuelto a ver a Bárbara desde aquella tarde de sábado en la que la había sorprendido sentada en su absurda silla plegable fumándose un cigarro tras otro. dar vida. dije viendo mi reloj. al cuarto de Javi. la que le hablaba a aquella mujer tan triste. De seguro que le picó los ojos o le jaló las patas a Barbarita. dijo sereno. –Ya ves cómo si está viniendo Laura. –¿Qué chisme? –Hace dos semanas que terminamos. Yo. –De acuerdo. había reconciliado de alguna manera a Silvana con sus padres.

–Hola Laura. el oncólogo. creo que su hijo morirá en poco tiempo. Malas noticias. Debían aprender del Dr. dije cumpliendo el ritual semanal en aquél cuarto lleno de luz. JAVI –Pinche Carlo. los admiro y los respeto. a Pepe y a Laura. Los dos nos quedamos observando al niño que podía ver cosas que nosotros no. ¿qué se le dice a un hombre viudo. dijo aceptando la broma. Javier se acercó al sillón naranjado. o cualquier otra cosa parecida. Eran las doce. mientras riendo. Buenas intenciones. la novicia. y Julián. Entró también Pilar. Sólo sonreía. acaba de perder a su 127 . en general. Pato. Contando al Ángel. Javier papá. A veces me espanta un poco este trabajo. Entré al cuarto 102. –¿Qué hago? Auxilio. Su pregunta me tomó por sorpresa. ¿Qué se le puede responder a un papá que no tiene ni la menor idea de cómo enfrentar el momento de muerte de su hijo de cinco años?. No hablamos. Estaba acompañada de Gabriel. el cura. me daba un derechazo leve sobre el brazo. Los quiero. Está muy débil”. añadí con una sonrisa y dos movimientos de ceja. Javi no pudo responder. éramos ya diez en aquél minúsculo cuartito. Estaba muy débil. Yo quedé un poco sorprendido cuando escuché a Gabriel decirle a Javier que había que estar preparados para todo. ¿no que estabas aquí para ayudarme?. Era esa frase que los médicos usan por que no se atreven a decir algo más directo como: “Señor. la mayoría de los médicos son de lo más cobardes. Me senté en el sillón anaranjado de Mauricio Garcés. que además. hola abulito. pero. Ah… hola mi Javi. se sentó en la cama. Silvana entró al poco rato. hola Silvana-Carlo. Mucha compañía.

y estoy yo. semi recostado sobre la cama del lado derecho. Silvana estaba sentada del lado izquierdo del niño. acompañaba a Javi con una canción y una guitarra. de la que Clara me había advertido. ya estás listo. que no parece tener a nadie cerca para darle una mano? En ese momento. que la novicia con más cariño que entonación cantaba en voz muy baja. Yo era el hermano de Javier. MORIR EN SÁBADO nueva pareja. tu esposa… tu ángel? Pues sí. El ritual del Padre Julián había terminado. Javier. Revisaba de vez en cuando la pequeña gotita que caía del suero. Como siempre. me di cuenta que lo que había pasado en el jardín con Silvana. Yo era su herma- no. tu esposa. Para eso estaba ahí. que es huérfano de padre y que por alguna razón su madre no está presente en su vida. No te tienes que preparar. Sabía su negocio. le dije. no. que su único hermano no se ha aparecido ni una sola vez para acompañarlo. En silencio. Ahí y entonces. Si quieres dile algo a tu hijo. compadre. Gracias Javi. Pilar. –Nada. era una lección también para mí. la novicia que estaba a punto de convertirse en monja. Todos escuchábamos aquella canción de cuna. Javi parecía contento por aquello. ¿De dónde había salido eso? ¿Tu papá. Salió. Allí estaban todos. 9 Era la una. Era esa lec- ción. acompañaba a su único hijo. 128 . Está tu papá. Lo que te salga. sólo trata de vivir lo más consciente que puedas este momento y acompañar a tu hijo. lo había hecho muy bien. Sí no. Era un privi- legio tenerlo cerca. sostenía con cariño la mano del niño. tu ángel. No estás solo. No te preocupes.

No necesitaba cosas. apenada por no haber podido contener el llanto se levantó y salió de la habitación del niño. como dejando mi lugar a aquellos visitantes que sin duda. se podía ir suelto. JAVI La canción había terminado. Javier. cuando un niño extraordinario como éste nos comparte su momento de vida más importante. sencilla- mente dijo “Hola” con esa voz ronca sensacional. Pilar. pensé con tristeza. libre. Quién puede dejar de llorar. me siguieron Silvana y el padre. Silvana y yo. Sonreí ante la ligereza de equipaje con que ese niño se despedía de nosotros. Silvana se alarmó un poco. Por qué la gente no puede entender que llorar no es un pecado. El moño seguía colgando de la cabina. y se levantó. chaparro?. –Hola. como queriéndole decir que todo estaba bien. Qué mal formados estamos para esto de la muerte. El camioncito de carga con todo y su chófer con cabeza de bola. o más bien como descubriendo algo nuevo. Todos lo notamos. –¿Estás bien. Era la una y veinte. en paz… acompañado. dijo nuevamente “Hola”. yacía abandonado debajo de la mesita de noche. El niño no contestó. lo que tenía que pasar. Pasó. levantándole las dos cejas a Javier papá. –Hola. Me levanté. entendíamos perfectamente aquello. como buscando algo. Nadie se va a sentir mal por que alguien más llore en un momento como este. preguntó. Sin mirarme a mí. que yo extraña- ría tanto. 129 . dije yo también. Al contrario. Luego volteó casi hacia donde yo estaba. conocían mejor al enano. Javi levantó con trabajo la cabeza. que apretaba la mano de su hijo. Javier buscó la mirada de su hijo. Mirando hacia el pie de su cama.

Javier estaba totalmente con- centrado en su hijo. No pude contener la emoción. A la una y media. Ahí esta- ban todos. lloré como hacía mucho no lo hacía. No sabíamos por qué lo hacíamos. estábamos tres vivos. No podía parar de llorar. Todos en silencio. Lentamente. En aquél cuarto pequeñí- simo. Era sábado. Sil- vana y yo. MORIR EN SÁBADO El pequeño sonreía. lleno de luz. sólo que esta vez no los podíamos ver. Silvana y yo. la frente. Silvana también. y quién sabe cuántos muertos que venían a acompañar a aquél niño extraordinario. Javier le dijo a su hijo que no tuviera miedo. El momento no es fácil de describir. Le besó la mano. 130 . nos alejamos un poco de la cama. toda reunida. Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo. Se marcharon en silencio. se colocará alrededor de la cama de Javi. nos tomamos de la mano como para darnos fuerza y asegurarnos que estábamos ahí. Así lo hacíamos siempre. Yo me moví hacia la puerta. Con una sonrisa profunda. Luego vio a los demás. Era como si tuviéramos que dejar espacio para que la familia. Ya no se le borraría de la cara esa sonrisa serena. la cara. Javi nos volteó a ver a ambos. Qué importaba. Ella se levantó en silencio de su silla y dio un par de paso hacia atrás. uno en tránsito.

Unos minutos después. pidiéndole ayuda al terapeuta patito. Orgulloso. Nos dirigimos al café. Era realmente gracioso. y Clara no llegaría hasta el miércoles de la semana siguiente por lo que no podríamos elegir uno nuevo mediante nuestro ritual de los expedientes. como yo le decía. Lo más sensato era tratar de ser útil y hacer lo posible por organizar a aquellos jóvenes que con mucho entusiasmo se proponían a sí mismos para realizar tareas de todo tipo. Caminé con ella en silencio. se acercó lentamente hacia la pequeña salita de espera en la que yo estaba tratando de organi- zar a los cuatro voluntarios que acababan de llegar para hacer su servicio social. 4 Mauricio El miedo 1 Flor Freud. Flor me observaba divertida. La gran psicoanalista. No tenía realmente mucha idea de lo que estaba haciendo. pero trataba de seguir las instrucciones que me había dejado Clara en el buzón de voz de mi teléfono la noche anterior. 131 . Yo no tenía ningún paciente ese sábado. se acercó y me dijo: “necesito de tu ayuda”. Eran estudiantes de psi- cología de último semestre. Aquella frase era como música para mí.

–Furioso. –Un café exprés. Dijo con autoridad sabiendo que esas instrucciones confundían siempre a la encargada de aquél lugar. doble. le dije a la encargada. pregunté. La plática era bastante superficial. añadió abriendo un expediente médico. y creo que puedes ayudarme. me dijo sin sentirse aludida por mi pregunta. Flor lo notó. tiene nombre Florecita?. Flor se puso un poco más seria. ¿cómo?. cortado. Siguió hablando. dijo finalmente. –Me enteré que no tienes paciente asignado. ¿es así?. me pre- guntó. No parecía ir a ningún lado. –Y ¿tu caso interesante. y un exprés grande con leche caliente para la doctora. Después de una pausa y medio café. –Bueno. Once años. grado tres. Yo me había quedado en lo de “Mauricio. –Se va a morir y está muy enojado. pues no es pa menos ¿no? 132 . –Tengo un caso interesante. pensé divertido. primario. dije sarcástico como para hacerle ver que se trataba de alguien y no de algo. Hizo una pausa. –Sí. –Mauricio. once años”. –Un exprés sencillo para mí. humana. al tiempo que vol- teaba a ver a Flor en actitud de regaño. –¿Enojado?. Finalmente. Ya ves que necesito la mano santa de Clara para elegir al siguiente. MORIR EN SÁBADO –¿Te pido algo?. Tumor en el cere- bro. Se dio cuenta que el diagnóstico médico no era demasiado relevante para mí en ese momento. le pregunté. Lo logró.

Cuarto 206. Es normal que los pacientes con cáncer en el cerebro tengan ciertas actitudes hostiles y cambios de humor. Me quedé viendo a Flor divertido. no parecen ayudar demasiado. Pausa. Está demasiado enojado. tendría ella que doblegarse y pedir ayuda. Su mamá se llama Silvia. Nadie ha podido acercarse realmente. Le cerré los dos ojos. Tu pagas los cafés. El ganador había sido yo. Gabriel era el único médico relativamente joven en aquél hos- pital-hospicio. Silencio. Acudía a visitar a los enfermos de cáncer. Busqué a Gabriel. levantando las cejas en acti- tud de victoria y con los brazos cruzados. dijo sonriendo. Silencio. MAURICIO –No Carlo. –Si crees que te voy a rogar. Todos en fase terminal. 133 . –Te dejo el expediente. dos adolescentes. nueve adultos. Está en el segundo piso. Necesitaba más información sobre la situa- ción de este niño. No abriría la boca ni una vez más. esto es diferente. Se levantó y se fue. –¿Qué me ves?. estás muy equivocado mijito. Este paciente ha sufrido mucho con la radioterapia y. es normal que no entiendan a veces lo que está ocurriendo a su alrededor y que se porten hostiles con todos los que tratamos de intervenir. en total diecisiete. y como te digo. Ella creía que había ganado aquella peque- ña batalla. es violento pero entiende perfectamente lo que está pasando. Silencio. es más. sus papás… bueno. Era parte de nuestro juego. Seis niños. la madre es un tanto pasiva.

¿Quién va a pagar todo esto? –No se preocupe hermana. respondía Gabriel con mucha tranquilidad. incluso alguna cirugía. De verdad que todo aquello parecía un mila- gro. Luego. en su mayoría. Nunca nos pidió dinero para ayudar a las familias a pagar aquellos tratamientos que a decir verdad. y por la enorme generosidad. Yo siempre pensaba que era el premio justo. Clara especulaba con la posibilidad de que todo aquello era financiado por Gabriel mismo. Las familias no pagaban nunca y el tratamiento se hacía siempre. Siempre había un amigo en el hospital fulano. otro con la estancia en el hospital. –Es demasiado dinero. Lo único que hay que hacer es pagar la medicina y los reactivos. le decía siempre. 134 . hablaba con colegas en la Ciu- dad de México para convencerlos de darle a sus pacientes de Cuernavaca una oportunidad. A veces surgía uno muy generoso que pagaba operación y terapia intensiva. que ayudaba. de los médicos que habían permitido aquél milagrito. Siempre acompañaba al paciente al hospital en el que Gabriel había arreglado “la ayuda” y regresaba impresionada por aquellos hospitales capitalinos. otro con la medicina. decía ella. canadienses. MORIR EN SÁBADO Hacía hasta lo imposible por convencer a los padres y familia- res de que intentaran una nueva sesión de radiación. uno con la terapia. pero lo lograba siempre. muy pocas veces tenían resultados. pero también con eso ya nos ayudaron. al esfuerzo tan extraordinario de aquellas monjas. no se preocupe. No sabíamos bien cómo lo hacía. una nueva serie de quimioterapia. con mucho talento y mucho más entusiasmo. Tengo un buen amigo en el Hospital fulano que ya accedió a echarnos la mano. De verdad.

No era fácil de descifrar. Casi cada semana. sin poder hablar. le dije a Gabriel algún día con la boca llena de un extraordinario merengue. Tienen miedo. Edema. Radioterapia. donas. pero sí conocimos su buena mano para los postres. no es curable. 135 . 2 La explicación de Gabriel fue precisa. Su esposa era especialista en radioterapia en alguno de los “hospitales fulanos”. brownies. Para mi suerte. MAURICIO Un día. pasteles de chocolate. pregunté toda- vía un poco confundido. pensaba yo mientras lo escucha- ba. Craneotomía. me dejaba con dos conclusiones. Todos asentían con la cabeza. le mandaba algún postre a las monjas de Cuernavaca. que no es operable y que por la etapa en la que está. trufas. Todos seguimos su ejemplo. Impresionantes cantidades de panqués. Radiosensibilizadores. Nunca la conocimos direc- tamente. Ellos creen que no. mientras Gabriel nos veía diverti- do y orgulloso por el éxito que nuevamente había tenido su mujer. Meduloblastoma. el día del postre era el sábado. Se protegen con tanta complejidad. que muy atinadamente se llamaba Perla. Gabriel estaba casado. ¿Sí?. galletas. Demasiados tecnicismos. –O sea que tiene un tumor en el cerebro. Clara simplemente dejó de preguntar. que acabábamos probando todos los demás. Después de unos quince minutos. Más de quince años en la universidad le habían enseñado un estilo muy específico y por desgracia muy generalizado entre los médicos para comunicarse. Gabriel. Con razón sigues casado. que había hecho su mejor esfuerzo por explicarme la situación actual de Mauricio. compadre.

–Imposible. pero en tu opinión. Gabriel tampoco. –Entiendo que está enfermo. es más o menos normal. la medicina hace que se sienta todavía peor. –No es exactamente así. pero veo que no te voy a convencer de otra cosa. conversando con las enfermeras del segundo piso. Gabriel se quedó pensativo. tiene unos dolores de cabeza terribles en la mañana. decía otra. Clara no estaba. Se siente débil todo el día. No le había gustado la forma en la que yo había resumido aquella disertación médica que había durado un poco más de un cuarto de hora. Pasé la siguiente hora. Le molesta la luz y no le va a volver a salir pelo nunca. y encima. se quejaba una tercera. dijo con toda sinceridad. por que típicamente los niños más pequeños eran hospedados en los cuartos de abajo. –Y su mamá. no sabía qué hacer. Cada vez que mencionaba el nombre de Mauricio. la enfermera con la que conversaba cambiaba de actitud. vomita toda la tarde y le dan convulsiones en la noche. El expediente estaba en mi mano… y el cuarto era el 206. Yo casi nunca subía ahí. decía una. MORIR EN SÁBADO –Correcto. me dijo derrotado. Flor. 136 . cosa poco común entre los expertos médicos oncólogos. Me sentí frustrado. pero es un pelado. ¿qué crees que deba hacer para ayudar a este amigo? –No tengo ni idea. Y lo del enojo. Yo también estaría enojado. cuando en realidad tendría que haber estado un poco apenado. –Gracias compadre. me dijo orgulloso. –Ok. como si nada.

–Ni en sueños. Escupía la medicina. las charolas. –Se llama Silvia. –No sé. La puerta se abrió apenas unos centímetros. Se acercó Rosita al cuarto. pensé mientras me acercaba con algo de angustia al famoso cuarto 206. esperando que el silencio regresara. se llama Alberto. Un alarido como salido de una película hollywoodesca de terror surgió del cuarto aquél. –¿Saben dónde está su mamá ahora?. a mis costillas. Le gritaba a todo el mundo. dijeron las tres al mismo tiempo. Se hacía pipí a propósito en la cama. traté de decir dirigiendo mi voz hacia la pequeña abertura en la puerta. El alarido era casi insoportable. y cuando viene. Me la debes. sí. pregunté. Y el papá. Di un paso hacia atrás. Giré con sorpresa y susto hacia donde las tres enfermeras se revolcaban de risa. No fue así. me preguntó burlándose y consciente de que yo no era médico. ¿Necesita ayuda doctor?. sabemos que tendremos más proble- más después de su visita. ¿verdad? –Silvia. dijo Rosita. –Hola Silvia. –En el cuarto. les pregunté. No viene nunca. Le dije con cara de idiota. El panorama era desolador. pregunté. Toqué. todavía con una franca risotada en la cara. por mi mala suerte. 137 . –¿Está aquí también el papá?. la enfermera encargada del piso. los vasos. MAURICIO Mauricio aventaba la comida. –¿Silvia?. Decía groserías más fuertes que las que en teoría se sabe un niño de once años. Florecita.

¿de dónde había salido eso de “soy como una especie de terapeuta”?). –Te tienes que callar ya. (Malísima tam- bién la palabra terminal. me dijo calmada la mujer. –Nosotros no necesitamos ayuda. –Sí. en voz baja. Rosita entró. Con lentes. alaridos realmente. –Silvia. Ay. pensaba yo. Florecita. Gritos. Mauricio. Tanatólogo. volví a preguntar más apenado que seguro de lo que estaba haciendo ahí en ese momento. ¿verdad?. ¿Es usted médico?. y a la mayoría le asusta. aunque se vestía más como para la Ciudad de México. en medio de una escena verdaderamente Kafkaiana. 138 . Era para volverse loco. Dentro del cuarto gritos. terminales. Los gritos seguían. –Bueno. La escena no era propia de ese hospitalito que a mí siempre me había tratado de maravilla. dijo la mujer. Nadie la entiende. que para aquél caliente hospital en Cuernavaca. dijo enérgica la enfermera. y a sus familias en momen- tos difíciles como los que ustedes están pasando. dije con cautela. soy tanatólogo. ¿Qué no ves que vas a despertar a los demás enfermos? La puerta se cerró. –No señora. y por Dios. Y fuera. soy como una especie de terapeuta que trato de ayudar a personas muy enfermas. El exorcista. Hablaba pausada. No parecía tener calor. Silvia era una mujer muy pequeña. me dijo desconfiada. qué paquetito. Enfundada en una camisa blanca y una larga falda azul marino. Yo no podía entender bien quién iba ganando aquella batalla campal. Avejentada. yo ya lo había visto. amenazas. Feísima palabra. MORIR EN SÁBADO La mujer salió del cuarto. pero nunca en este piso. No soy médico. una mujer serena diciendo que ahí no pasaba nada.

La enfermera que se había acercado para ayudar a su compañera se había quedado helada en el pasillo contemplando la escena. no se pierde nada con una visita ¿no? En una de esas. –Pero. MAURICIO Nosotros no necesitamos ayuda. –Precisamente señora. Silencio incómodo. No tenía ni la menor idea de qué hacer a continuación. debía revisar las tareas de los prestadores de Servicio Social a la hora de la comida. La mujer estaba a punto de darme una cachetada que yo pro- bablemente merecía por insensato. Yo podía oír los gritos todavía en la escalera. Flor. pero por lo que oigo. le dije tan asertivo como pude. Ambas mujeres entraron al cuarto. pensé sintiéndome ciudadano de aquél pasillo que se llenaba con lo aullidos del niño del cuarto 206. dijo con dureza. lo que yo hago es voluntario. le dije. Creo que es mejor que me vaya. –Será lo mejor. 139 . Por supuesto si ustedes no quieren que yo venga a visitar a su hijo. de acuerdo a las instrucciones de Clara. ¿qué no entienden ustedes que mi hijo se está murien- do?. –Perdón Silvia. Faltaba todavía una hora. pues no vengo. Los gritos me estaban volviendo loco. –Mire Doña Silvia. ¿Dónde estaba Flor? Los chismes corren rápido en un hospital tan pequeño. pregunté con no mucho entusiasmo. no aparecía por ningún lado. me había dicho. Yo que- ría regresarme a México. la cobarde de Flor. Qué manera de regarla. pensé mientras me dirigía hacia la escalera. Pero nosotros sí. ¿Qué le parece?. señalé hacia la puerta. pero. Y ¿usted quiere que sus últimas semanas se la pase así?. dijo. logramos algo juntos.

me preguntó altanera. Pilar me observa- ba apenada. –Sí me lo sé. Durante toda la maestría. –Bueno. La regla era simple. Si quieres acompañar bien a otro. Por fin llegó la hora de irme. y con cara de “yo tampoco tengo el teléfono de Flor”. Pero me ayu- darías mucho si le llamas y le dices que la estoy buscando. pero no te lo puedo dar. Muchísimos más de los que yo había 140 . mis profesores me lo habían repe- tido cientos. giró. escuchar y escuchar. pregunté algo molesto. hay que escuchar. Aquello no funcionaría. MORIR EN SÁBADO –¿Te sabes su celular?. –¿Es una emergencia?. pero ¿le puedes marcar tú?. ni de Silvia. pero quien había hablado prácticamente todo el tiempo había sido yo. le pregunté a Silvana. para escu- char el doble… y hablar la mitad”. expertos en lo suyo. No había sido un buen día para mí. No quería saber nada más del hospital. Sin duda Flor y Gabriel eran profesionales exitosos. ni de Flor. ni del tal Mauricio. Silvana simplemente me miró. la jefa de enfer- meras. quizá miles de veces. no. –Pues tanto así como emergencia emergencia. dijo muy en su papel. lo decía de manera muy graciosa: “Dios en su sabiduría nos había dado dos orejas y sólo una boca. Decidió alejarse también. Mi encuentro con Silvia había durado sólo unos minutos. y se alejó. Habían visto a cientos de personas con enfermedades gra- ves y en procesos de muerte. 3 La carretera es siempre buena consejera. Mi amiga Josefina.

Esperemos a ver el resultado. Por alguna razón sus métodos y técnicas no estaban funcionando con aquella familia. esa curva que parece interminable sobre la carretera México-Cuernavaca. empatía. Siempre funciona. A Silvia. Lo sabría el siguiente sábado. Elisabeth Kübler-Ross. Firma. Estimada Silvia. Sólo una pequeña nota. aquello era suficiente. y para recomendarte este libro que aquí te mando. No tenía idea cuál. MAURICIO visto en mi cortísima experiencia. para reiterarte mis disculpas por lo que pasó el otro día. No le gusta hablar con la gente. Que Dios los bendiga. ¿Qué pasa si le escribo una carta?. Espero que sea de utilidad. por lo que había escuchado. y creo que puede ser buena compañía para ti y para Alberto. pero sabía que tenía que hacer las cosas de otro modo. primero. Empatía. Carlito. Estuve a punto de romperla y empezar de nuevo. ¿qué estarías pensando? Empatía compadre. pero ¿qué sentido tenía dar más explicaciones?. me dije todo el día el lunes. Al llegar a “la Pera”. Funcionó. Pero una carta es demasiado. Lo escribió. Una nota. escribí la nota para Silvia: Septiembre 5. pensé. Te envío esta nota. 141 . Sobre una tarjeta media carta que me habían mandado a hacer en la oficina. con mi nombre impreso en letra garigoleada y la cursi leyenda esa de: “Con un Atento Saludo”. no le gustaba la gente. ¿qué estarías sintiendo?. ¿Cómo estarías tu. Tenía ganas de escribir más en aquella tarjeta. Un saludo y mucha suerte. si fueras Silvia?. había ya decidido probar un acercamiento diferente.

–Chaparro. No pude más que reír abiertamente. que por favor se lo suba a la Señora Silvia. Ya tienes respuesta. dijo misteriosa. Le llamé a Ricardo a su celular. pensé. le caería bien. Clara me recibió como siempre en la base de enfermeras del primer piso. Me acerqué al mostrador espe- rando que levantara la caja con los expedientes. Me lo dijo Flor el jueves. Era un buen amigo que había trabajado con- migo durante años en mi empleo anterior. Ricardo me llamó para confir- mar que mi nota y el libro. ¿no?. el recado ya iba ensobretado rumbo a su destino. me dijo sin hacer más preguntas. MORIR EN SÁBADO Tenía que hacerle llegar a Silvia aquél recado. 142 . –¿Cómo estás mi Richard? –Bien. del cuarto 206. Me miró con extrañeza. –Bien también. le dije cuando oí su voz en el teléfono. Oye. –Entregué tu nota. ¿ok? –Muy bien. y usted. Pinche Florecita. –Buscas a una monja que se llama Clara y le dices. Estaba desempleado así que cualquier chambita. habían llegado a su destinataria. Unas horas más tarde. Por más que yo trataba. gracias. –Lo que usted diga. de mi parte. –¿Ingeniero?. me dijo recociendo su infame apodo de inmediato. Me la va a pagar. necesito un favor. dijo con su extraño acento y su más extraña forma de construir ideas en español. Cerca de las nueve de la noche. –Ya tienes a tu niño. no había logrado nunca que me habla- ra “de tu”. El sábado siguiente. dijo generoso.

si todavía puede”. Qué importaba. –Pues ya ves mi Rose. Subí al segundo piso con algo de temor. escribí. El hombre es el único animal que se tro- pieza dos veces con la misma piedra. –Gracias por el libro. Era mucho más de lo que yo esperaba. Me vio y sonrió desafiante. le dije. Silvia salió pausada. Lo leeré con cuidado. 143 . me dijo tomando el papel en tono burlón. Le mostré la nota. a trabajar. Préstame un papelito y una pluma. me dijo mientras se alejaba con rumbo al tristemen- te célebre cuarto 206. quitándose los lentes y arreglándose un poco el pelo. me respondió. No hubo alarido. –Cobarde. –¿Qué dice?. En la base de las enfermeras estaba Rosita. dije. pues por algún lado tenemos que empezar. mientras se acercaba al final del pasillo. tan pronto. y ¿qué esperas?. MAURICIO Mi sorpresa era mayúscula mientras observé cómo la monja sacaba de su delantal una hoja de cuaderno doblada por la mitad. “Estoy aquí afuera. me ordenó. me preguntó curiosa la monja canadiense. Pasaron unos minutos. –No esperaba verte por aquí. Estará dormido. “Gracias por el libro. me defendí. Carlo”. No estaba firmado. –Hola. Está bueno. –Bueno. pensé. respondí divertido. –¿Se lo llevas? –¿A la mamá o al niño? –A la mamá. –Está bien. Estoy dispuesta a hablar con usted. –Bueno.

De verdad quería acompa- ñar a esa mujer que rodeada de silencio. En cuanto nos sentamos la mujer empezó a hablar. Escuchar. Tener un tumor en el cere- bro no es cosa fácil. me pidió. que se enojaban terriblemente frente a la evidencia de la muerte cercana. me dijo. Estábamos en mi territorio. Yo quería interrumpir para decirle que mi nombre era sin “ese”. sobre sus libros y acerca de la enorme experiencia que tuvo con personas moribundas. era para convertirme en una gran oreja. la sensatez y el silencio triunfaron sobre mis ganas de hablar. Caminé junto con Silvia hasta el jardín. No tuve que decir ni hacer nada. le duele mucho la cabeza. Eso me ayudaría a serenarme. mucho menos para un niño de once años. La enferme- dad y toda la situación familiar que lo rodea me lo han cambiado. Silvia tendría seguramente mucho que decir. se veía tan pequeña. Por favor entiéndelo. escucha. 4 –Mauricio no es malo Carlos. a veces no entiende lo que pasa a su alrededor. La realidad es siempre mejor que la teoría. Y de qué forma. en mi banca. como si mi aceptación importara en algo. Si yo estaba ahí. está desorientado. MORIR EN SÁBADO –Que bueno que te está gustando. Quería contarle muchas cosas pero por suerte. Escucha. Está cansado. escucha. Quería contarle que lo de su hijo no era un caso único. escuchar. Tenía ganas de platicarle todo sobre la vida de la Kübler-Ross. sus familias y sus médicos. era un niño dócil y bueno. que había otros muchos niños y adultos. 144 . sobre todo adultos. No tuve que dar una introducción. No rompería la regla de oro esta vez. tan frágil y tan sola. –Hasta hace unos meses. escuchar.

dijo. ¿cuál de esos está más vivo en este momento? Para toda mi sorpresa la elección fue “esclavitud”. –No soy esclava de la enfermedad de mi hijo. Muy triste. pero ¿no será que al irse tu hijo. me preguntó pausada. miedo. No estoy bien. La mujer reaccionó bien. MAURICIO –Oye. pregunté esperando que aquello no hubiera sona- do demasiado fuerte. 145 . Pensaba en mi pregunta. ¿no se muere tu esclavitud con Mauricio?. Silvia?. culpa. –No. y ¿tú cómo estás. recuperarás tu libertad?. –Mi libertad se está muriendo junto con mi hijo. ¿quién se ocupará de tu hijo? Sígueme la corriente un poco. abnegada pero segura de lo que hablaba. Ella no esperaba esa pregunta. le respondí. Frustrada. –Perdona que te lo diga así de directo Silvia. sino de la de mi marido. esclavitud. en calma. Si tu no estás bien. frustración. ¿Quién me mandaba a mi hacer esas preguntas? ¿Qué iba ahora a hacer con aquella respuesta tan concreta pero tan compleja? –Elige uno. –Yo creo que sí. –No conoces a mi marido. Y tú. Aterrorizada. Me siento culpable. aquella mujer culta e inteligente. le pedí. Supón que estás aquí para hablar de ti y no de Mauricio. ¿cómo estás? –Estoy sola. ¿verdad?. hacía casi un año y medio había hablado con ella de otra cosa más que de su hijo enfermo. Silvia hizo una pausa larga. Esclava. Nadie. sentenció. y de su enorme tumor inoperable en el cerebro. Soledad. le pregunté interesado. –Yo no importo por ahora.

Alberto cayó en una depresión horrible. inoperable en el cerebro. –¿Qué quieres decir? –Alberto se murió por dentro cuando nos entregaron el diag- nóstico de Mau. Yo tenía que estar fuerte por ambos. Era su pasión. MORIR EN SÁBADO –¿Tu esposo está también enfermo?. –Del alma. sueldo. no ha podido salir. decía siempre. Yo siempre le preguntaba “¿para qué quieres guardar el dinero. me di cuenta de la profunda negación en la que cayó. me respondió con voz profunda. si no lo puedes usar nunca en nada?”. mi marido era ya otro hombre. aguinaldo. una cuarta parte iba siempre a su famoso fondo de inversión. estaba tan deprimido que en ocasiones tenía que alimentarlo como a un niño de meses. No lo liquidaron. Luego de doce años. que aquél hombre tan obsesivo para el dinero había firmado sin preguntas. Alberto era un hombre bueno. Hace un rato que leía el libro que me regalaste. prima de vacaciones. confiando. Simplemente le dieron una patada. Lo habían despedido de la empresa en la que había trabajado casi doce años. Su tristeza era tan profunda. “es para una emer- gencia”. fruto de su esfuerzo y de su disciplina para guardar el 25% de todo lo que recibía. después de doce años de 146 . trabajador. Mi casa parecía una extensión del hospital. y de la cuál a casi veinte meses de distancia. y mi marido. Los miserables lo obligaron con engaños a firmar una renuncia. había logrado ama- sar una pequeña fortuna. pregunté un tanto alar- mado y conmovido por la mala suerte de aquella familia. en la buena voluntad de los patrones. dice él. Ahorraba. Al salir de la depresión. Cuando le detectaron el tumor a Mau. Mi hijo que estaba por cum- plir diez años tenía un tumor maligno.

No más. sería el Seguro Social. al terminarse su ahorro fue quizá peor que la del diagnóstico del tumor en el cerebro de Mau. Su póliza ha sido cancelada. El hospital público lo ofendía. Un día. “es tuya. Yo estaba completamente concentrada en la salud de mi hijo. Yo bendecía al Seguro Social. MAURICIO entrega –los que llevamos de casados–. Alberto debía ocuparse del dinero. La decisión para mí era sencilla. iba a ser destinada a la salud de nuestro único hijo. sencillamente se transformó. Alcanzó para los primeros cinco meses. Hace semanas que no lo vemos. Me duele decirlo. La pequeña fortuna amasada. Sumiso ante la realidad. subió a vernos el Gerente del hospital. pero la depresión de mi marido. antes que él. A partir de ahí. Esa actitud no duraría mucho tiempo más. Alberto nunca se había dirigido a mí de esa manera. todo lo posible por salvar la vida de su hijo. regresa y viene a Cuernavaca sólo 147 . nos dijo sin más. Tendrán que tomar una decisión. sin decir nada. mi marido lo maldecía. me dijo una mañana Alberto totalmente fuera de sí. después de quince años y medio de conocernos. Mauricio fue sintiendo cómo su padre se iba muriendo en vida. Ni siquiera se dónde está. No lo hizo. No podía ver que hacían ahí. Cada vez que entrábamos al enorme centro médico. “La culpa es toda tuya”. hiciste un niño defectuoso”. A veces. Hasta ese día. para Alberto no. Alberto recordaba su estúpido fondo de inversión. se iba alejando poco a poco. Sentía como aquél hombre que hasta hace poco era cuidadoso y cariñoso con su hijo. Al perder su trabajo le cancelaron los seguros de gastos médicos. No lo he podido detener hasta ahora. Un buen día.

ya no”. esta vez tú pagas. Me parecía raro que Flor no hubiera descubierto aquello. 5 Tenía que encontrar a Flor. MORIR EN SÁBADO para insultarme. Muchísimo más dramático y doloroso. Yo. su familia. domina mente inferior. –¿De verdad crees que me ganaste verdad? –Claro. Asintió con la cabeza sin detener su conversación con el cura. La última vez que estuvo aquí. Pronto descubriría por qué. me alcanzó en el café. 148 . La encontré hablando con el Padre Julián. –¿Ahora me entiendes mejor?. Todo lo contrario. Mauricio lo extraña enormemente. te espero en la cafetería”. pero técnicamente más fácil de abordar. Silencio. Nunca había imaginado una situación así. le dije en el tono más cariñoso que pude. Había estudiado Psicodinámica. Yo estaba mudo. El entorno del “paciente”. me di cuenta de una cosa: el caso de Mauricio era técnicamente mucho más sencillo de lo que yo había pensado. preguntó. –Mente superior. era fundamental para que ella pudiera hacer un “diagnós- tico” preciso. ni siquiera saludó a su hijo. Esta vez no tenía ninguna intención de reclamarle por haberme entregado el paquetito aquél. dijo orgullosa. Unos minutos después. Me acerqué por detrás y le dije “me debes un café. me dijo prepotente pero graciosa. Al bajar las escaleras hacia el primer piso. –Mucho mejor. También necesitaría de su ayuda.

–Tenemos que cambiar de táctica. –¿Qué propones? –¿Qué te parece si yo me ocupo del niño y tu de la mamá. –Lo aprendí de Clara. deben ser suficientes como para quebrantar el espíritu de acompañamiento más firme. –Flower. tú te haces tu plan de trabajo y yo me aviento un poco más lírico. dije sonriendo. –Dos veces. y tú te terapeas a Silvia. Sonrió con cara de inocente. me res- pondió. le dije en el tono más burlón que pude. –Así que me mandaste a mí para que me quemara con la sopa ¿o qué?. Dos platos de sopa calientes sobre la cabeza. La voluntad de ayuda tiene un límite. MAURICIO Le conté lo que había pasado. Su cara se fue transformando. No es buena excusa. me respondió ofendida. veo que ya estás aprendiendo. Por qué no. A veces se rompe. le dije. le dije. –Bueno. Con ojos de sorpresa y de derrota dijo: –Me aventó la sopa hirviendo. ¿Qué te parece si hacemos un plan de trabajo que luego podamos…? La interrumpí. hasta que poco a poco podamos hacer sesiones conjuntas? –¿Sesiones conjuntas?. me parece. ¿Cómo ves? 149 . mejor. es que yo pueda calmar a Mauricio al grado de que podamos hablar los cuatro. Lo único importante. le pregunté haciéndome el ofendido. para que se sienta menos cul- pable y asustada. Lo abando- naste y me lo entregaste por que sabes que lo mío si funciona. –Viene con la chamba.

me dijo entusiasmada. Flor me detuvo. pero… tú mandas. Necesitaba un cigarro. Me detuve. vamos a ponernos una “fecha-objetivo” ¿no? No lo puede evitar. maletas. hacemos nuestra “sesión conjunta”.2004). Yo sabía que por ahí. me di cuenta que yo tampoco estaba seguro de poder lograr una “sesión de cuatro”. Jung decía no existen las casualidades. Madrid: Trotta 150 . A mí. –¿Dos semanas? –Órale. la ansiada cajetilla. Sonaba bien. C. La tomé y me dispuse a fumar. sino las sincronicidades8. aquella palabra me gustaba mucho. Con un tumor de esos. dijo burlándose de mi término. Lo hice a un lado para descubrir. Me levanté. fue un viejo libro de Tony de Mello. Eso es justamente lo que me ocurrió al llegar a mi coche. primero. Es tu paciente. Jung. y reta- dora pensando que yo no lograría calmar al niño del 206 en sólo un par de sábados. Una sincronicidad. Vi el libro. Me ayudaría a concentrarme.G. pensé. no hay mucho tiempo. Portafolio. (1952. en algún lado había una cajetilla de cigarros. MORIR EN SÁBADO –Odio decir esto. entre ese día y el 24. –Mi cliente. La busqué. La dinámica de lo inconsciente. La verdad es que también a mi me serviría establecer una fecha. Recordé una 8. Confieso que yo también. La pobre camioneta parecía un casillero. dije a propósito sabiendo que Flor odiaba aquél término. pensé. Cfr. pero lo que encontré. –Al menos. Dos semanas. El 24. papeles y documentos por todos lados. Al cruzar la puerta que lleva al estacionamiento. ahí debajo. confesó. siempre tienen algo que mostrarle a nuestra concien- cia. y que éstas.

Silvia tendrá que autorizarlo. no me arrepentía de fumarme un cigarrito. Mauricio no estaba enojado. –Me parece arriesgado. podíamos trabajar con sus reac- ciones agresivas y sus gritos interminables. Se me acababa el tiempo. A. sólo había pasado al hospital para comunicarles a Flor y a Clara lo que había decidido hacer. confe- só Clara. Una vez logrado eso. Es el miedo. 6 –Te volviste loco. 151 . surge de su miedo 9. Sincronicidad. MAURICIO frase sabia de aquél jesuita que lograba conjuntar la extraordinaria espiritualidad ignaciana con la sabiduría milenaria de la India. No había tenido tiempo durante la semana. Era sábado 17. (1986). Todo lo malo de la persona human. decía Tony de Mello. me dijo Flor entre enojada y sor- prendida. para abrir un canal de comunicación con el pequeño. pero esto… No estaba seguro de lo que estaba haciendo. 9. al menos. Por una vez. Autoliberación interior. Tenía que funcionar. Confieso que había diseñado aquél plan un poco loco en la carretera rumbo al hospital. Lo contrario del amor no es el odio. Estaba asustado. Lo del muñeco que representaba el dolor del niño era una cosa. Buenos Aires: Editorial Lumen. pero divertido. asustadísimo. Le apostaría a la intuición de Clara. del cuarto 206. Carlito. puede funcionar. Salí al estacionamiento para buscar mi coche confiado de que Silvia me dejaría intentar aquello. En realidad. de Mello. facilitarle el camino para descubrir que estaba bien tener miedo. Ya vería yo qué hacer luego con las preocupaciones de Flor. Cfr. Necesitaba algo de retro alimentación. Lo que había que hacer era.

que me ayudara llamando a Silvia para que saliera un momento. Subí. Aquello no me hacía a mí nada de gracia. –Atacó a Gabriel. Cuando vacié el contenido de las bolsas. Clara estaba saliendo. y sonrió. MORIR EN SÁBADO Tomé la carretera que va hacia Acapulco. Además de fuerza. me confesaría que le hacía mucha gracia que yo le mandara esas pequeñas notas avisándole que estaba ahí afuera. Sería el siguiente. Le aventó el control remoto de la tele. añadió cariñosa. Le abrió la ceja. Silvia se quedó en silencio. Me alegró notar que mi presencia en el pasillo le gustaba. dijo seguramente exagerando. Unos días después de la muerte de Mauricio. Le pedí que me acompañara a la salita de espera. no serviría de nada. que estaba a punto de morir y que había vivido muy asustado los últimos meses. –Mon Dieu. Silvia salió de inmediato. la novicia. Me acerqué a la base de enfermeras y le pedí a Pilar. Sabía que cerca de Sumiya. sin pensarlo demasiado al segundo piso. Sólo importaba saber que era un niño pequeño. Estaba muy sorprendida. Regresé al cabo de una hora y media. exclamó en su lengua materna. me contó que Mauricio había nuevamente hecho de las suyas. había una enorme zona comercial. ¿Para que iba a servir aquello? 152 . Que Dios te acom- pañe. dijo francamente divertida. el chamaco tiene tino. Traté de no imaginarlo físicamente. Sabía ya mucho del pequeño Mauricio y todavía no lo había visto ni una sola vez. Antes de entrar. de tan sólo once años. Tenía que mostrarle algo. Necesitaba hacer algunas compras. me vio entrar con las bolsas del súper.

no te preocupes. (1988). Antes de dar explicaciones. tratando de justificar mi locura. Silvia reía por pri- mera vez desde que yo la había conocido a penas unos días antes. Caminé lentamente hacia la habitación del niño. No hubo respuesta. V. –No perdemos nada. La Voluntad de Sentido. que no tenía otra cosa que hacer.– Frankl. y reía sin saber exactamente por qué. –¿Qué tal Mauricio?. Mi disfraz delataba de inmediato mi plan. ¿Puedo pasar? 10. 153 . me dijo de inmediato la madre del niño moribundo. Podía oír con claridad mi propia respiración. Es una buena manera de interpretar la intención paradójica de Frankl10. Herder. Recuerda que mi niño es bueno. pregunté sin dejarme ver todavía. me “disfracé”. estaba también pendiente de los extraños accesorios que había comprado. MAURICIO Pilar. Su reacción me dio la confianza que yo necesitaba para llevar adelante mi loco plan. pensaba yo. Cfr. No era necesario añadir nada. Abrí la puerta apenas unos centímetros. El disfraz era sumamente incómo- do. Toqué en el fatídico 206. –Muy bien me dijo. Barcelona: Edit. –Voy a ser muy cuidadoso. pero su intención era abrir un canal de comunicación mediante el humor. que no había estado presente en ese cuarto desde hacía ya demasiado tiempo. Solamente te pido que estés pendiente fuera del cuarto y que no entres si yo no te llamo.

Silencio absoluto. Aquello estaba funcionando. El alarido fue impresionante. –Dámelo. Tenía en el extremo una especie de silbato. hasta te traje algo con qué pegarme. Me golpeó con todas sus fuerzas. Cómo me hubiera gustado que Flor estuviera ahí para ver mi triunfo. Mira. Seguía en shock. Cuando uno golpeaba algo con aquél martillo. pero triunfo al fin. pero su orgullo no se lo permitiría. No seas así. ni cejas. gritó desde adentro. me acerqué y en actitud de mártir puse la cabeza. este emitía un sonido absurdo. –Soy amigo de tu mamá. Se calló de inmediato. 154 . –Hola. me ordenó con un fuerte grito. Era ama- rillo y azul y tenía decenas de logotipos del equipo de fútbol América. parcial. Tengo algo que decirte. aviéntame lo que quieras. Entré. Lo tomó con la mano derecha. el pequeño estaba casi en los huesos. Pecoso. Su pijama me daría luego una extraordinaria posibilidad para relacionarme con él. La enfermedad había ya hecho de las suyas. un martillo de plástico que usaba el legendario Chapulín Colorado. El golpe resonó en todo el cuarto. Pausa. MORIR EN SÁBADO –¡No!. pero gracioso. El niño tenía pulmones de ambu- lancia. déjame entrar un rato. le dije. Quería reírse. –A mí sí. Me llamo Carlo. ¿Sería eso bueno? Mauricio era un niño muy blanco. mi equipo. Le entregué el “chipote chillón”. No tenía pelo. Me recordó a Paco-San. Mauricio arrugó la cara.

Cuarto golpe. dijo entre enojado y divertido. 155 . –Si me lo quito. No me haces nada. –No. Cuatro golpes fuertes lo habían agotado. –Nimais. Me lo volví a poner. pero no te dije qué. yo así no juego. le dije. –Nada compadre. le pregunté demandante. pregunté sabiendo que me respondería con una mentira. el miedo más. pensé. MAURICIO –Ja. No me hiciste nada. Aquello empezaba mucho mejor de lo que yo esperaba. Risa franca. pero acompañado de una pequeña risa. –Sí te lo prometo. ¿me prometes que no me pegas?. yo sólo dije te lo prometo. estaba muy asustado y cansado de estar tan enojado. Tercer golpe. le dije. Más fuerte todavía. Otra sincronicidad. –Sí ¿qué?. Me miró fijamente al tiempo que hacía pequeños los ojos. dijo. Un segundo golpe. dijo el niño que no era nada tarugo. –No. los golpes tam- bién. Directo a la cabeza. Esta vez de lado. Se tranquilizó. le dije burlón. Me prometiste que no me ibas a pegar otra vez. Gracias a Dios. Tuve mi primera conversación con el pequeño monstruo del 206. amenazante… simpático. El cáncer cansa. –Sí. Me lo quité. Clara me había echado una mano con su bendición.

había que dosificar la visita. Una capa de súper-héroe que en realidad era un metro y medio de una tela roja baratísima y brillante. Habíamos hablado del América. Silvia volvió a entrar al cuarto. Iría a comer a algún lado fuera de ahí. Era bueno. Me había ido bien. traía puesto todo el disfraz. Mucho. Era importante que me fuera. o eso pensaba. “por que el que tenía se había perdido”. Tomé la camioneta. Me abrazó. Yo me dirigí a la cafetería. “Mi niño es bueno”. Yo no pude más. 156 . Bendita excusa. Observó con mucha alegría aquella escena. de las medicinas. Le prometí que en la tarde le llevaría un balón. el de las caricaturas). compraría el balón. A mi me dio “ojo Remi” (así le decíamos al momento ese en el que las lágrimas no te salen realmente pero estás a punto de llorar. del estadio Azteca. como Remi. La abracé y lloré muchísimo. y regresaría. Tenía que salir del hospital. Me levanté. del “chipote chillón”. Benditas Águilas del América. Silvia me acompañó al pasillo. de que yo le conseguiría un nuevo control remoto. Se quedó unos segundos en silencio. y el inigualable chipote chillón. Yo estaba sentado en una silla a un lado de su cama. Estaba un poco sofocado. No había tiempo que perder. Era cierto. Todo aquello me había causado mucha tensión. Eran lágrimas de las buenas. Benditos Cuauhtémoc Blanco y Paco Memo Ochoa. Casco de fútbol americano y hombreras. me había dicho su madre. Mauricio. Pilar me encontró a medio camino y me preguntó que cómo me había ido. Me despedí y le dejé el disfraz puesto al niño. Lloró. MORIR EN SÁBADO 7 Casi treinta minutos después. pero sobre todo del América. del suero. ya sin ninguna protección. entró Silvia. sobre la cama. Era muy bueno y sólo estaba asustado.

me sugirió. pero intentaría buscarlo. Qué bueno que aquél disfraz había funcionado. Con tan poco. Comí en Vips. No hubo alarido. Subí al segundo piso. Mauricio estaba dormido. –Vuelve en media hora. al menos me ahorraría unos golpes innecesarios. Entré. –Se va a torcer. antes de regresar a la Cd. blanco. los domingos. exactamente frente al lugar donde había dejado mi coche. me respondió la mamá bien consciente de lo mucho que era capaz de soportar su hijo. quiero que lo veas. Lo compré. Como era evidente. 157 . no lo encontré. le dije divertido al ver al niño profundamente dormido con el enorme casco todavía puesto. Ochenta pesos. –Regreso al rato. –Por favor entra un segundo. Seguramente ya ni existía. había una pequeña tienda de depor- tes. Pan de cazón. –No le pasa nada. Regresé como a las tres cuarenta y cinco. Si no funcionaba para hablar con el. MAURICIO Recordé que de chicos. No podía tener mejor suerte. yo tendría una excusa perfecta para comunicarme con aquél niño asustado. había pensado yo en la carretera. Me acerqué al cuarto. Ni modo. dije en voz baja. de México a un restaurante yucateco en Cuernavaca. Yo no tenía mucha idea de dónde estaba. Lo primero que vi fue un balón amarillo… del América. Silvia me abrió. –Que chistoso. flaco y pecoso… armado con un chipote chillón. Yo te lo despierto al ratito. Ninguna enfermera estaba en la estación. No había casi nadie en la planta baja. mis papás nos llevaban a mis hermanas y a mi. No comería pan de cazón. Probablemente hacía veinte años o más que yo no iba a ese lugar. Tercera sincronicidad: a una cuadra de Vips. Toqué dos veces. Cochinita pibil.

pregunté indignado. ¿Qué te parece si desayunamos aquí y nos ponemos de acuerdo? –¿Qué?. No estaba de muy buen humor. me dijo 158 . –¿Cómo ves?. –Tengo una boda en México. Nos vemos en un ratito. Salí del cuarto para encontrarme de frente con Flor. –¿Cómo vas tú con Silvia?. ¿tan temprano?. el terapeuta patito tiene a veces buenos resultados. –Luego me prestas tu casco. Tenía la ceja hinchada. –Échate una cubita a mi salud. –No te creo. ¿ya te vas?. –Yo creo que podremos tener muchas cosas con qué trabajar el sábado ¿no? –Sí. Gracias. MORIR EN SÁBADO –Como tú digas. me dijo en su actitud de experta. ¿Con quién? –Clara. –¿Apostaste?. –Perdí cien pesos. –Muy bien. Me tengo que arreglar. –Las monjas tienen cien pesos más en sus arcas. confesó. La ha pasado muy mal. –Ya me contaron misionero. me dijo diver- tida. Me encontré a Gabriel. Bajé un rato para despejarme. –Así lo haré. Se despidió. Es una mujer brillante. Bien. Me alegró que Clara hubiera apostado a mi favor. le pregunté sabiendo que la profe- sional psicóloga no me daría ningún detalle. Apenas me saludó. pregunté reclamando en broma.

pude oír claramente el alarido del niño. Entré. –¿Sí? –Pues claro. ¿A poco tu crees que hacen estos “panchos”? 159 . Subí nuevamente al cuarto de Mau. Silvia. luego los tienen que inyectar. y mirándome con mucho enojo gritó. Mauricio ni lo notó. –Pareces chiva mi Mau. mientras Adriana. es capaz de todo. Me acerqué a la puerta. fue lo único que se me ocurrió. Desde la escalera. Se dejo de retorcer de inmediato. tuviera todavía tanta energía. MAURICIO Qué chismosos son aquí. dije enojado. Ni modo. –¿Tu crees que así nos portamos los americanistas?. intentaba inyectarlo con poco éxito. El orgullo de un americanista de once años. –Chiva tu “agüela”. Con los patadones que les dan los de Chivas. Chiva del Guadalajara. Me vio. cuando nos quieren inyectar y yo no quiero. lloraba y se retorcía. Otra vez. El niño gritaba. pensé. ¿tu crees que a Cuauhtémoc o a Ochoa no los inyectan cuando se lastiman jugando? Se quedó en silenció y me miró intrigado. Aquello parecía un campo de bata- lla. Esto es un proceso. le sostenía las piernas y trataba de calmarlo. –Y. era increíble que con lo fatigado que estaba por su enfermedad. una estudiante de medicina que estaba haciendo su servicio social. pensé. Adriana aprovechó para inyectar al niño. Rosita trataba con poco éxito de sostener a Mauricio de los brazos. Siguió gritando. –Sí. Me acerqué a la cama. A entrarle.

Rosita y Adriana salieron sin despedirse. –Bueno a los doctores sólo si traen casco y solo con el chipote chillón. Mauricio tranquilo. yo en la silla. –¿A todas? Estuve a punto de reír. Además los del América respetamos a las mujeres. –Bueno. –¿Entonces a los doctores sí les puedo pegar pero a las enfer- meras no? –Ni a los doctores. Hice una pausa. 160 . se quedan quietecitos y se aguantan como buenos americanistas que son. pero del América. exclamó Rosita a quien le había parecido útil eso de darle un par de golpes –aunque solo fuera con el “chipote chillón”– a algunos médicos que normalmente. Silvia estaba perple- ja. –¿Quieres que platiquemos para que tu mamá se pueda ir a tomar un cafecito?. les hacían ver su suerte a las enfermeras. le pregunté al niño. Tomó su bolsa. pero aquello era cosa seria. nomás faltaba. –Exacto. dijo para nuestra sorpresa. Un poco de paz no le haría daño a nadie. me preguntó. MORIR EN SÁBADO –¿No? –Pues claro que no. le dio un beso cariño- so a su hijo y salió de ahí. Rosita parecía divertida. Adriana no entendía bien qué pasaba ahí. –Sí. Silvia no lo pensó dos veces. ni a las enfermeras. Con el ingenio digno de un niño de esa edad. –Claro que a todas. Solo los de Chivas gritan y pegan. Silvia se sentó en la cama.

verdad? –Malísimos. es lo mismo. –Oye. –¿Tú juegas fut? –Ahora ya no puedo. MAURICIO El fútbol era buen tema. Silencio. a veces ganas y a veces pierdes. y ¿tu balón? –Mi mamá me lo escondió. porque me canso mucho. ¿ya viste? Estamos a punto de pasar a la liguilla. para ganar el siguiente juego. Podía probar ese camino. –Ah. Es que te portas rete mal ¿no? –Es que no me gusta estar enfermo. pero perdi- mos. ¿Tú cómo ves? –Puede ser. respondió cauteloso. y yo estoy seguro que los jugadores en lugar de apachurrarse o enojarse. Yo te apuesto que a ningún jugador de los nuestros les gusta perder. –Bueno. se dieron cuenta que había que entrenar más duro. Muchas analogías. 161 . –¿Qué malos son. –Pues a nadie le gusta estar enfermo. el otro día perdimos con los Tecos. –No Mau. y ya ves. que son malísimos. vamos a probar. Cierra los ojos un minuto. pero pues es un poco como en el “fut”. –¿Cómo? –Mira. pero a poco no puedes jugar dentro de tu cabeza. –El América está jugando bien. Pausa. –Le ganamos al Cruz Azul. –Te lo escondió o te lo castigó.

Sales al campo y todo mundo se alegra muchísimo de verte. mi Mau. Aquello había sido extraordinario. –Imagínate que estás en el Azteca. Se termina el partido. Último minuto. 162 . Mau. dos. pero nos metieron gol en el último minuto. Gabriel. Con los ojos bien cerrados. Los pumas recuperan el balón. –Y. sin trampas. Era una oportunidad que no podía dejar ir. un lleno total. –Eh. a cerrar los ojos… chiva. Mau. –Yo no quería perder. MORIR EN SÁBADO Obediente los cerró. empezó a describir todo lo que veía. ¿por qué? –Por que no me da buenas noticias nunca y me dice que sigo muy enfermo del tumor. El marcador era dos. –¿Y qué se siente haber perdido este juego?. Hubiera podido ser un buen cronista de fútbol. Mi descripción del partido dejó de ser necesaria. Abrió los ojos con una franca sonrisa. Todos gritan. Y como cuando viene el Dr. –¿Como cuando te inyectan? –Sí. Jugaba con- tra Pumas. Nueva risa. Mauricio se acerca con el balón a la portería contraria y… falla. para ayudarme a trabajar con ese relato maravilloso. Cómo me hubiera gustado en ese momento que Flor hubiera estado ahí. Se mantuvo un rato con los ojos cerrados hasta que empezó a llorar. eh. –Muy feo. Despacio. un pase largo largo que le cae a un “brasilia- no” y… gol. Los pumas nos ganan 3 a 2. Mau.

Tenemos que portarnos bien con todos ellos. Niño sabio. pero necesito que no se te olvide ¿ok? Cuando te asustes mucho. Había entendido. –Yo te quiero proponer una cosa. Me enojo. y con el tumor no. No hablamos durante unos minutos. eso. en lugar de aventar las cosas. por que mira. te vas a poner el casco y le vas a decir a quien sea que te haya causado el susto. Silencio. Pausa. –Estoy asustado Carlo. puedo jugar otro partido y ganar. –¿Qué haces cuando estás muy asustado? –Aviento todo. Creen que estás enojado y por eso es que se enojan contigo. Me hizo llorar de inmediato. ¿va? –Sí. gritar y pelear. Profundo. (sonrió entre sollozos). cuando tu gritas y avientas cosas. Somos del América. –Te voy a pedir un favor. –Y ¿eso te asusta mucho? –Sí. tu mami sobretodo. Grito. Pero en el fut. Todos aquí están preocupados por ti y quieren que estés un poco mejor. que estás muy asustado. –Yo sé que estás asustado mijo. Los dos nos fuimos calmando poco a poco. Le di un abrazo fuerte. Mauricio se quitó el casco. 163 . Extendió el peque- ño brazo. como Chiva. pues la gente no sabe que estás asustado. Así la gente no se va a confundir. Mau me miró. MAURICIO –Y cuando te dice que sigues enfermo. ¿se siente igual que cuando te meten gol? –Sí. Tomó el casco y se lo puso.

La buscaré el próximo sábado. reconciliarnos con nosotros mismos. Muy poco. Mauricio estaba completamente dormido. Sin duda el también necesitaba un respiro. Fui directo a la cafetería. La locura había funcionado. y sin embargo. tra- tando de escudarme detrás de algo. 8 Silvia regresó al poco rato. No la volví a ver hasta el sábado siguiente a medio día. El sueño lo vencía. Poco tiempo. Le conté lo que había sucedido. 164 . MORIR EN SÁBADO –Ya se me pasó el susto. Mauricio moriría tan solo una semana después. Ella agradeció cada una de esas lágrimas. había sido Mau. Es de familia. perdonarnos. Cuando somos capa- ces de ver nuestro propio miedo. El miedo es lo contrario del amor. Yo seguía llorando un poco. –Tenemos un trato ¿eh?. También lloró… si en este trabajo nos pagaran un peso por lágrima… Necesitaba que Flor me orientara. Ese era un buen camino para Mau. recordé. como si fuéramos un espectador de nuestra vida. dijo agradecido. le dije. –Qué bueno mi Mau. Sería ya demasiado tarde. En realidad. Mi disfraz le proporcionó la excusa perfecta. Se había ido a la boda. que estaba ya muy cansado. es fácil redimirnos. Regresé a México satisfecho. Llegué al hospital a eso de las nueve y quince. Se veía cansada. Es cierto lo que dice Tony de Mello. el miedo humaniza. Ahí estaba Silvia. le dije antes de que cayera fulminado por la fatiga que le provocaba aquél maldito tumor. El sábado siguiente salí temprano de mi casa.

–Hola Silvia. me dijo con poco ánimo. Se levantó. confesó con una media sonrisa que mostraba con claridad su cansancio físico y mental. Es la primera vez que la veo llorar. le dije: 165 . agradecer su cara. Sin embargo ha estado tranquilo. Hizo una pequeña pausa. –No sabes lo bonito que ha sido eso del casco. me dice que no hay mucho que hacer. De pronto. Le dije sin saber bien por qué. se quedó muda y fijó la mirada a la puerta de la cafetería. La encontré recargada en el mostrador de la base de enfermeras donde –quinta sincronicidad– estaba Clara. y en la medida de lo posible. Me acerqué al tiempo que la cariñosa monja abrazaba a la mujer. Salí a buscarla. Cuarta sincronicidad. –Creo que tienes razón. Con cara de esperanza. o a su cara? –Por desgracia Silvia. que pensé que me lo iba a asfixiar. debes creerle a su voz. –¿Qué te dice Gabriel? –Ya ves cómo es. El otro día lo hizo con Rosita. Madre generosa. Voy por ella. Era Alberto. quería darme buenas noticias. Me cerró un ojo y sólo moviendo la boca. Le dio un abrazo tan fuerte a mi niño. Se acercó a su marido… y se rompió. ¿A qué debo creerle. La última semana ha sido de mucho malestar. a su voz. como hace mucho tiempo no estaba. –Por favor siéntate Alberto. Salió casi corriendo de ahí envuelta en el más profundo llanto. Lo usa a cada rato. Me levanté y salí detrás de ella. Supe que estaba en buenas manos. ¿Cómo va Mau? –Muy mal Carlo. MAURICIO –Hola.

Creo que la información sobre su hijo la deberá pedir al médico. Clara y Silvia entraron al café. si ya lo sé. o a Silvia. –Subo a ver a Mauricio Silvia ¿está bien? –Por favor. No hablamos en el camino. –¿Es usted médico?. Me serené. Regresé a la cafetería. Clara asintió con la cabeza haciéndome saber que entendía lo que aquello significaba. MORIR EN SÁBADO –Llegó su esposo. lo imaginé con casco. Entramos al cuarto. –Hola Madre. Ahí. –Con permiso. Soy el papá… –De Mauricio. Confieso que mi primera reacción no fue buena. La monja me hizo señas para que saliera. sentado. –No creo que ella me quiera ver. Yo había oído hablar de ella pero no la conocía. Contenta por ver más calmado a mi niño Mau. Estoy asustado. estaba Alberto. Soy tanatólogo. No me dio tiempo de responder. –Le presento a Carlo. –Hola Soledad. Quería reclamar. la hermana de Silvia. ¿cómo está mi hijo? –No. ¿Alberto verdad? –Sí. Los dejé solos. en nom- bre de Mauricio. al verlo ahí sentado. –Qué tal. Pero de pronto. ¿Cómo estás? –Bien. Ahí estaba Soledad. Subí junto con Clara. dijo dirigiéndose a Clara. 166 . Estoy acompañando a su familia. Te lo voy a agradecer.

–Hoy ya no tengo miedo. hace que los ojos de las personas reflejen claramente que está a punto de llegar. Nuestros encuentros no habían sido una cuestión de tiempo. podía responder. al ver que Silvia y Alberto. No hay por qué temer. Pasé unos minutos observándolo. tomado de la mano de su mamá y de su papá. dijo Clara de inmediato. 167 . Como me había dicho su madre. MAURICIO –Ya me platicó Silvia algunas cosas de usted. En unos minutos más. sino de intensidad. como bien lo dice la Kübler-Ross. A penas. Habíamos aprendido buenas cosas los dos. Se acercaron ambos a la cama y los demás nos alejamos un poco. Como lo había hecho otras veces. aquél niño sensato volvió a confirmar mi voca- ción. Silvia se veía mucho más tranquila. –¿Qué tal? Me acerqué a la cama de Mauricio. Esperando a que despertara. Mauricio moriría. Aquella frase de la religiosa retumbó en mi cabeza. ¿Cómo estás? –Bien. si es que eso era posible. Me di cuen- ta que extrañaría a Mauricio aún cuando apenas lo había visto un par de veces. –Qué bueno. La cara del niño se iluminó de repente. Cuando la muerte se acerca. Esta vez no se lo pondría el. Respiraba con dificultad. Antes de morir. añadió. Todo estará bien muy pronto. extendió el brazo para tomar el casco. el tumor había golpeado severamente la salud general del niño. y tenía la mirada triste y perdida. entraban juntos a la habitación. a veces. para sorpresa de todos. Estaba mucho más delgado. –Hola colega americanista.

Te protegerá contra el miedo. Su papá lo despidió con un casco sobre la cabeza. Eran las diez y media de la mañana. Era sábado. El amor. extendió como pudo los brazos para reci- bir un abrazo de su papá. Fue un momento breve pero poderoso. Silvia los acompañó. 168 . –Te quiero mucho Mau. Giró para hacer contacto visual con su esposa. Lloró. o conmigo. quien. brillante como es. Póntelo. Mauricio. de perdernos. Mauricio había muerto. Con este casco se espanta al miedo. sim- plemente le dijo: –Tu hijo sabe –aprendió ya– que tu ausencia no significa que estás enojado con él. sino que tienes miedo de perder- lo. donde no había otros niños. MORIR EN SÁBADO –Póntelo papi. generoso. que es contrario al miedo estaba a punto de triunfar en esa habitación pequeña del segundo piso. Alberto no entendió bien la solicitud de Mauricio. Tomó la mano de su hijo. Perdóname. Era el amor que triunfaba. Ponte el casco. Alberto se colocó el casco sobre la cabeza.

por primera vez. y casi un año de tanatología. Yo no sabía que aquél hospital existía. 5 Juanito La generosidad 1 Regresé a mi casa. el dolor de la realidad de acompañar a un niño mori- bundo. No importa cuánta teoría se estudie. Estaba equi- vocado. Tres años y medio de maestría. Mi primera intención fue acercarme a alguno de mis profesores para que me recomen- daran en alguna institución de salud en la que pudiera desarrollar. La realidad. Un día antes de la reunión que había pactado con mi maestro Pepe Gómez del Campo para pedirle que me recomendara en algún hospital. supera cualquier expectativa. mi trabajo como tanatólogo. ni cuánto vas a ganar por el sólo contacto con un moribundo y su familia. Las clases habían terminado. cansado pero muy contento. especialidad en Desa- rrollo Humano Transpersonal. Estaba listo para probarme en el mundo real. No te enseñan cuánto vas a cambiar. Pemex tiene un amplio y eficiente sistema hospitalario. cuán bueno seas en el aula o qué tan bien te sientas en las “prácticas” supervisadas. fui invitado por el Sub Director de Servicios Médicos a una junta en la que simbólicamente arrancaríamos una campaña para promover 169 . No es posible aprender en la Universidad cuánto te va a doler. O eso creía.

pero no me acuerdo. –Oye. aunque claro. Enfermos ter- minales. también cuenta con muchos servicios hospita- larios… Siguió hablando. yo había dejado de escuchar. Gabriel. –No me digas. sacó de la bolsa interna de su saco un teléfono celular. Unos días más tarde yo sabría que había llamado a la Hermana Clara. y ¿qué tal es? Te lo pregunto por que acabo de terminar las prácticas en tanatología y me gustaría muchísimo empezar a trabajar como voluntario. MORIR EN SÁBADO entre el personal de la empresa –más de ciento diez mil personas– la donación voluntaria de órganos. encargada de aquél hospicio-hospital. –¿De dónde será? –Cuernavaca. Yo no conocía prácticamente a nadie en esa reunión. ¿No te he visto en el hospicio de las monjitas canadienses? –No. –Perdón. 170 . pero soy malísimo con las caras. Me debes estar confundiendo. algunos fines de semana. Casi todos eran funcionarios del Sector Salud. –¿Seguro? –Segurísimo. me dijo uno de los médicos llamado Gabriel. Me da pena. –Yo te conozco de algo. Permíteme un segundo. Sin decirme más. del gobierno Federal. De repente voy a Cuernavaca pero no conozco ningún hospital. –Bueno en realidad este es un hospicio para enfermos termina- les. ¿Cómo te llamas? –Gabriel.

Un teléfono. verdad? –Carlo. Me entregó la tarjeta. Estaban listos para empezar. JUANITO ¿Qué estaba haciendo aquél médico que creía haberme visto alguna vez? Me interrumpió mi secretaria. cuya utilidad sólo se puede apreciar en su verdadera magnitud estando dentro. Me miró. Me acerqué al lugar en el que estaba despidiéndose de algún otro médico. Iniciamos la reunión. es igual. Al poco rato colgó el celular y tomó su lugar en aquella mesa de juntas interminable de la Dirección Corporativa de Administración. Un par de horas después había concluido la junta que resultó de lo más interesante y efectiva. y por la importancia de guardar las formas. agradecer y reconocer. Una direc- ción. Giró la tarjeta y apuntó algo. se extiendan más de lo necesario. Sin “ese”. Pero no te preocupes. La formalidad de las reuniones de gobierno. 171 . Hermana Clara. –¿De plano? –Si tu quieres. Ojalá puedas por que ya te está esperando. –Ve a ver a esta monja el sábado. pro- voca que éstas. Todos tienen algo que decir. ¿Carlos. –Te tengo buenas noticias. ¿Qué noti- cias? Nuevamente sin responder. Gabriel me hizo una seña con la mano para decirme que habla- ríamos después. Todos los presentes firmamos nuestras tarjetas de “Donador voluntario de órganos y tejidos”. Yo no había olvidado la oferta de volver a hablar con Gabriel. los oradores se toman hasta cinco minutos en saludar. sacó de su saco una tarjeta de pre- sentación y una pluma.

–Ni lo digas. en realidad lo acabo de conocer en una reunión de trabajo. ¿hermana Clara?. 172 . De verdad. ¿tu eres su amigo? –Bueno. –Ve a verla. Así se llamaba la niña en silla de ruedas que vivía en la ciudad. Después de diez u once efusivos saludos. Había que probar. único. Voluntario. No podía dejar de mirar aquella nota escrita en una tarjeta de presentación. Le llamé a Pepe para cancelar nuestra reunión. pero primero. Así lo haría. logré salir de la gigan- tesca sala de juntas en el piso doce del edificio “A” de aquél com- plejo enorme de edificios. Te va a gustar. Gabriel que le llamara –Ah. –Buenas tardes. Clara. mi obsesividad me llevó a llamar a la monja de la tarjetita. Es un proyecto sensacional. ¿qué tu trabajas ahí? –Igual. MORIR EN SÁBADO –Claro. Hermana Clara. sí. La mismísima Clara me contestó el teléfono. –No sabes cómo te lo agradezco. –Ah. simplemente me dijo: –Pues ve. –Gracias Gabriel. me pidió el Dr. Te veo el sábado por allá. Hasta donde sé. Aquél hombre sabio. Me recordó la caricatura de Heidi. Estoy seguro que te vas a querer quedar. pero pues bueno. no será que… Me interrumpió. Le pregunté por aquél hospicio en Cuernavaca y le platiqué lo que había pasado. yo apenas estoy empezando. Confía en la casualidad.

Llegué confiado. no parecía haber demasiados coches. Nunca me dijeron que lo tenía “en bruto” y que me faltaban unos cientos de golpes. pues. y sobre lo que esperan de mí. Olía a tierra húmeda. ahí estaré. La mujer tenía un acento extraño –¿Te espero el sábado. rodeada de bugambilias rojas. si? –Claro. aunque me gustaría que me platicara algo sobre su proyecto. Me lo habían dicho mis maestros. Me puedes encontrar por la mañana. JUANITO –Sí. rico. Yo creía que había nacido para esto. El lugar era mucho más pequeño de lo que yo había ima- ginado. Seguro. Colgó. 2 Cuánta arrogancia. Hasta el sábado. A lo largo de los noventa kilómetros que separan al Distrito Federal de Cuernavaca. yo me aseguré a mi mismo. Ahora te dejo por que estoy muy ocupada. de hecho. Tenía un pequeño esta- cionamiento en el que la mayoría de los lugares parecían estar reservados para médicos y trabajadores de aquél lugar. de piedra. –Confiaré en la casualidad. sí. Es mejor que lo veas tú mismo. rosas y anaranjadas. No pude ni agradecerle ni decir adiós. para ser un hospital. Era una construcción de esas viejas que abundan en Cuernavaca. quién sabe para qué. Yo tenía lo que se necesitaba. que yo había nacido para hacer esto. una y otra vez. me lo dijo. de los duros. Casi todos estaban desocupados. –Nada de eso. para pulirme… lo bruto. 173 . la mejor hora es antes de las diez. Incluso traía un libro en la mano.

Intentaba sobrevivir penosamente dentro de una gran maceta de barro pintada de rojo. Nunca he entendido para qué pintan el barro. incluso algunas flores sobre el mostrador. Se alejó unos metros y entró a un cuarto que estaba detrás de la recepción. Detrás una monja cargaba una charola con gelatina y un pequeño vaso. en la recepción. Eso lo descubriría unos minutos después. No sabía bien a bien. Estaba nervioso. La mujer se levantó pesada y sin demasiado entusiasmo. Salió de aquél cuarto. cosa rara en un centro de salud. qué es lo que haría en ese lugar. MORIR EN SÁBADO Lo primero que vi al entrar fue una pequeña sala. donde las familias se sientan horas intermi- nables hasta que alguien los atiende. Hasta donde yo podía ver. leía una de esas revistas que cuentan chismes sobre los actores y actrices de las telenovelas. La mujer me miró sin bajar la revista. –Un momento por favor. típica en los hospitales mexicanos. Alguien se había robado una bugambilia de las de afuera. un teléfono y una dirección. el resto del lugar se veía bastante tranquilo. Al igual que la salita de espera frente a la puerta de entrada. –¿Lo puedo ayudar en algo? –Estoy buscando a la Hermana Clara. Era la oficina de Clara. A pesar del entusiasmo con el que había recibido aquella tarjeta con el nombre de una monja sin apellido. Ningún médico. Hablé con ella hace un par de días. 174 . la sala con sus cuatro hileras de sillas de plástico estaba prácticamente vacía. Había plantas dentro. Una mujer gorda. Mucho. Este no era el caso. debo reconocer que estaba bastante asustado. Me acerqué a la recepción. tampoco había enfermeras.

manga corta. incluso. Inmediatamente supe que la razón por la que en ese hospital había tantas macetas. Prefiero el beige. pensé. Alcohol. preguntó con un acento extraño. También era diferente el color. Huaraches. sin pretensiones. medicina. El sistema de salud mexicano es beige. No usaba cofia. Paredes. No olía a hospital. blanco. En ese momento. me dijo. blan- ca. Aquél lugar olía distinto. rosa y blanca. incluso techos. ojos claros. Falda azul marino. me dijo la monja indicándome la puerta de su despacho. JUANITO –Tome asiento. en un segundo sale la Hermana. Tendría unos sesenta años. Me miró. se erguía orgullosa una gran pared amarilla. Era una oficina sencilla. Clara salió serena. Es una combinación molesta y muy poco afortunada. pensé. La mujer de la recepción levanto la mirada sobre aquella revista de chismes. reflejaba fielmente la sencillez de aquellas religiosas maravillosas. Era una mujer pequeña. Pelo claro. Bendito hospital. canadiense –lo sabría después– tenía por las plantas. detrás de la silla de la monja. detrás de la oficina de Clara. Beige. –Gracias. Lentes. Esta monjita debe ser americanista. El hospitalito de Cuernavaca era azul. a paso lento. pisos. Colgado sobre la pared. no hacen algo para esconder un poco el olor a enfermedad que está siempre presente en los hospitales. –Yo mero. era por el gusto que aquella religiosa. Era un lugar diferente. Camisa de rayitas. de madera. verde pistache. Nunca he entendido por qué los responsa- bles de los centros médicos. A nada. cloro. corto. –Pasa. Y en el peor de los casos. 175 . extrañada por mi respuesta tan poco formal. casi fluorescente. Colorida. todavía no imaginaba cuán diferente. un crucifijo sencillo. –¿Carlos?.

–No quiero saber de dónde vienes. Yo no sabía la respuesta a aquella pregun- ta. Mis sobrinas me quieren y se divierten conmigo. –¿Eres bueno con los niños? –Yo creo que sí. Me interrumpió. sin duda. MORIR EN SÁBADO –Háblame de ti. había pensado la monja. No era cierto. la que tuvo en esa entrevista. Muchachito arrogante. 176 . ¿Qué no sabrá éste que en realidad ha venido aquí para que nues- tros pacientes lo ayuden a él? Era una mujer sabia. y a sus familias. Yo estaba más bien. Necesito terapia. me dijo sin mayor introducción. las personas me cuentan siempre muchas cosas sobre ellos mismos. Empecé contándole lo que había estudiado. contesté que sí. Creo que soy bueno para acompañar a la gente y por alguna razón. –Quiero ayudar a los enfermos moribundos. Fui. Unos meses más tarde me confesaría que su primera impresión. Cuando me lo platicó me reí muchísimo. sin embargo. los veo sólo de vez en cuando. Eran los nervios. acostumbrado a las entrevistas laborales. ¿por qué estás aquí? Sus preguntas me sacaron de balance. Luego no. Los hijos de mis amigos también parecen divertirse. La monja sonrió divertida. o al menos yo no sabía si era cierto. ¿A dónde quieres llegar?. Nunca ha sido fácil para mí hablar de mí mismo. No sabía muy bien qué responder. Luego me di cuenta que había tenido razón. soy su tío. había sido de lo más mala. aunque claro. pero claro. –Ven.

Clara acercó su mano y la mujer la tomó y la besó. Debajo de la banca. Pequeño con dos camas. observaban absortos al niño sobre la cama. sin más? Yo ni siquiera sabía quién era ella. indíge- na también. Una de las mujeres amamantaba a un bebé muy pequeño que traía colgado de un rebozo colorido. sentada sobre una silla plegable de metal. estaban sentados sobre una larga banca de madera que yacía a un lado de la última habitación. La monja le hizo una señal a la mujer que estaba sola. descubrí a otros dos niños jugando con unas canicas que se veían viejas. ambas ocupadas. ¿cómo demonios quiere que los ayude? ¿Está loca esta monja. JUANITO 3 Acompañé a la religiosa al final del pasillo detrás de su oficina. Bonito. ¿Viene a ayudarte?. Una ventana rectangular mostraba un jardín trasero lleno de plantas. El niño dormía. Yo me quedé helado. o al menos esa impresión me dio. a ti y a Juanito. sobre las camas. besando la mano de la monja. Tres mujeres y unos cinco niños indígenas. ¿cuál será su diagnóstico?. o qué? 177 . y a tres adultos. Saludó a la monja extendiéndole la mano. A cada lado. –El es Carlos. Era evidente que aquello le parecía incómodo a la religiosa quien se sentía apenada. Del lado derecho una pareja joven. supuse. No lo pude ver bien. era un gesto de pura y total gratitud. Sólo unos días más tarde yo descubriría que aquél saludo. ambos sentados sobre un sillón viejo. le dijo a la mujer. Dentro del cuarto pude ver a dos niños. Aquello parecía una romería. La mujer se levantó de inmediato y se acercó. o el niño. Del lado izquierdo una mujer. ¿así. lo sabía por su ropa. ¿de qué estará enfermo?. se abrían una serie de cuartos. Nos enfilamos al último. Su hijo. unos diez. Era el cuarto 101. Viene a ayudarte.

En México. Su cara reflejaba la dureza de una vida llena de discriminación. “Le compré unos chicles a la “María” de la esquina”. me dijo Clara presentándome a la mujer que parecía muda. la riqueza de la diversidad. amiga de mi mamá. Al menos yo no. lo decimos. Era curioso que se llamara así. Que mal. Mi madre es diferente. Nunca lo había pensado demasia- do. le dije extendiéndole la mano para saludarla. creo ahora. La mujer del cuarto 101. Me dio la mano sin hablar. Conversan. por que nos asusta darnos cuenta que a pesar de que las vemos todos los días. 178 . Nos asusta darnos cuenta de que no somos capaces de aceptar la diversidad. al menos un ratito. “La “María” trajo a un nieto a trabajar con ella”. Se acompañan todos los días. La conoce. dura. –Ella se llama María. en la misma esquina cuando salimos a trabajar o cuando regresamos a nuestras casas. –Hola María. pero es claro que el nombre es terriblemente impersonal. necesaria para sobrevivir frente a una sociedad en la que no entendemos a los diferentes. ¿Era muda? –Te dejo. Quizá les llamo Marías por que me asustaría saber que tienen un nombre. Ella se ha hecho amiga de “la María” que ha estado por años vendiendo chicles en una esquina muy cerca de su casa. nunca nos relacionamos realmente con ellas. le llamamos “Marías” a las mujeres indígenas que venden chicles en las esquinas. No lo decimos por ofender. al menos en el Dis- trito Federal. MORIR EN SÁBADO La mujer se acercó y me extendió la mano. lo cuál me obligaría a establecer una relación y un compromiso. sólo que más joven. la mamá de Juanito se parecía mucho a la “María”. Piel obs- cura. dijo la monja de repente. a los que hablan en su lengua. Parecen ser amigas.

Mi hijo. –¿Cuántos años tiene tu hijo? –Pregúntele a él. ¿me deja?. dijo de lo más formal y hasta un poco apenado. no está sordo. ¿cómo? Esta monja debe estar completamente loca. La mujer lo notó. Era evidente que su idioma no era el español. El más grande de todos. contra- rio a lo que yo había pensado. De piel obscura. pero ese niño indígena. Y ahora. me habría de cambiar la vida para siempre. Pues claro. ¿yo qué hago? La mujer es muda. igual que el poco pelo que toda- vía tenía sobre la cabeza. Me quedé paralizado. Era un niño flaquísimo. Auxilio. –Juan. –Hola Juan. pregunté de manera por demás torpe. Era el primero. –Cáncer. Los demás hablan en su lengua. Qué buena lección. pensé recriminando mi propia torpeza. –Buenos días. nunca seré igual que como era antes de ese día. Juanito me daría el más gran- de de los regalos. flaquísimo. como yo nunca había visto otro. Pregúntele a él. –¿Qué tiene?. dijo señalándome al niño quien estaba despierto. Tenía una chispa especial. Me miró desconfiado. añadió con dificultad. como si quisiera decir algo con los ojos. me respondió al tiempo que salió de la habita- ción para sentarse en la banca junto con sus hermanas y sus otros cuatro hijos. Nadie me había preparado para esto. 179 . Sólo en la televisión. agotado. Por dentro. JUANITO ¿Qué?. el niño tiene cáncer. Yo no lo sabía todavía. Me tomó de la mano y me acercó a la cama. Se veía cansado. y sin embargo en sus ojos había todavía mucha vida.

Juanito hablaba poco. no. Sus respuestas eran prácticamente todas. Lo mejor. introvertidos. les dije. Ah. Quedaban ahí tres niños y una niña. –¿Qué tal?. Mis prejuicios se pusieron a trabajar. Nunca crucé otra palabra con sus papás. El niño de la cama de junto ya no podía hablar. Giré para saludarlos. ¿quiénes son? –Mis hermanos. Juanito. Los niños indígenas no hablan bien español. –Buenos días. Sus hermanas se habían ido. monosilábicas. qué equivocado estaba. me respondieron ambos. estoica. Moriría sólo un par de días después. mal. María me miró y se levantó sin decir nada. pensé. son desconfiados. sus hijos. lo deja- ría para el final. Salí de la habitación para encontrarme con María todavía senta- da. Yo aprendería luego que no era necesa- rio decir mucho más. Me había olvidado por completo del niño que estaba en la cama de junto y de sus padres. Nunca los volví a ver. 180 . en imágenes sociales. El lunes. bien. Sí. tienen miedo de la gente de fuera. en paradigmas. adiós. Todos los pequeños estaban dormidos. –Veo que está aquí tu mamá y mucha familia. estaba a punto de enseñarme qué tan inútil es construir una relación basa- da en ideas pre concebidas. Juanito me enseñaría todos los días algo nuevo. son penosos. sobre la banca de madera. gracias. Es increíble cuánto tiempo y cuán- tas oportunidades me pierdo por mis prejuicios. bueno. unos sobre la banca y los demás sobre el piso del pasillo. para su última semana de vida. Mi primera conversación con el no me había permitido realmente conocerlo. Mis tías. MORIR EN SÁBADO –¿Cómo te sientes? –Bien.

No supe qué hacer. Gracia. –No te preocupes. porque veo que sus hijos están aquí dormidos. pregunté sin entender a qué se refería. JUANITO –Muchas gracias por permitirme estar un ratito con Juanito. –María se metió y yo no sé si esperarla. –Cómo te fue con Juanito. Clara sonrió francamente. –Sí. pregunté repitiendo mi torpeza. Yo creo que vendré el próximo sábado. ¿la espero? La monja sonrió. ¿Vuelve? –¿Cómo?. –¿Y qué? –Pues qué hago. me dijo omitiendo la ese y dándome una pal- mada sobre el brazo. gracias. ¿esperaba a que volviera a salir? Clara me salvó. –A usted. dejando a los niños dormidos en el pasillo. –Pues yo creo que bien. 181 . –¿Vuelve? Insistió la mujer. –Nada Carlos. Nos veremos el próximo sábado. me preguntó con su extraño acento. Yo los cuido. –¿Qué más quiere que haga?. –Bueno. La cara de la mujer se suavizó un poco. ¿Los dejaba ahí?. Entró a la habitación. Se acercó. Yo no sabía qué hacer. como lo haría cientos de veces en los meses y años que siguieron a ese día. ¿Ya? ¿Eso era todo? ¿Había venido hasta Cuernavaca para una entrevista de diez minutos con un niño que apenas hablaba y una mujer casi muda? Yo no entendía nada. –Bueno.

La vi al acercarme a la casa de mi madre. Yo tenía todavía mucha ilusión de poder acompañar a una familia en medio de una tragedia como la enfermedad terminal de una persona. Me miró. El jueves. dijo la pequeña monja y entró a la habitación 101 dejándome otra vez solo en el pasillo con cuatro niños dormidos. Confía en la casualidad. No le platiqué mi experiencia a nadie. preguntó mostrándome una pequeña cajita llena de chicles de todos colores. sabía que me la encontraría prácticamente de frente al salir. De verdad se parecía mucho a la mamá de Juanito. Saqué la mano por la ventana. de seguro esto mejorará con el tiempo. Ojalá. Eran las ocho y media de la mañana. Recordé las pala- bras de Pepe Gómez del Campo. me parecía que aquello había sido más bien un fracaso. La “María”. MORIR EN SÁBADO –Con permiso. añadí tomando los chicles. No había mucho que decir. Me llevo unos de estos verdes. Regresé a la ciudad de México con un cierto malestar. antes de ir a la oficina pasé a casa de mi mamá a devolver unos recipientes que me había prestado la semana ante- rior. No sabía cómo evaluar mi primera visita al hospitalito de Cuernavaca. –¿Quiere chicle?. pensé. hacía frió. gracias. No sabía qué pensar. Me fui. Es la prime- ra. Ahí estaba ella. –Sí. 4 Estuve inquieto toda la semana. El semáforo seguía en rojo. 182 . Me tranquilicé. En realidad. le dije abriendo la ventana de mi camio- neta. En la otra mano sostenía algunas paletas y una bolsa de plástico transparente que contenía cigarros y pastillas de menta. –Buenos días “Seño”.

Ella si se llama María. dije bromeando con ella. me respondió cariñosa. No tengo una relación con ella. Está en su casa. pensé con un poco de vergüenza. gracias. En Cuernavaca vive una mujer a la que sólo he visto un minu- to y he quedado conmovido por su vida. si la hubiera visto en las 183 . en el que diariamente mi mamá conversaba con aquella mujer de nombre desconocido. debajo del puente que pasa sobre la Avenida Ferrocarril de Cuernavaca. No la conozco en realidad. ellas hablaban de mis hermanas y de mi. Cuando es necesario. No sé su nombre. pero vecina al fin de mi casa de adolescencia. y ya algunos nietos. En el minuto y medio que duraba en rojo el semáforo. Ella también. Todos trabajaban en la franja que va de Palmas a Polanco. se resguardan de la lluvia. me preguntó. Qué paradoja. Saluda a su mami. Eran muchos. –No. al menos no por ahora. me ordenó con una sonrisa. –Me tengo que ir. –Me dijo tu mami que no te has casado. reí. –Vaya con Dios. Seguramente mi mamá preguntaba también por sus hijos. Yo sonreí. Eso del matrimonio no es para mí. –Cásate. Nunca lo hubiera pensado. Me ha visto crecer y yo la he visto envejecer. Probablemente nunca me he pre- ocupado por ella. JUANITO –¿Y su mami?. Le llamo “María”. Durante años fui literalmente vecino de esta mujer que prácticamente vive sobre las vías del tren que lleva a Cuernavaca. dijo de repente tomán- dome por sorpresa. –Bien. añadió. aunque igual que a la amiga de mi madre. El semáforo cambió a verde.

pensé. Me bañé. –¿Cómo ves. la de Cuernavaca. María. Sé que está sufriendo. me dijo aquél hombre que también des- cendía de su automóvil. Probablemente no sé nada de ella para no involucrar- me. Estaba muy nervioso. Quizá así. doctor? Mi segundo día. hasta viaducto Tlalpan. No me lo he permitido. –Veo que te animaste. MORIR EN SÁBADO calles de la Ciudad de México. Sé que su hijo morirá pronto. Dormí muy mal la noche del viernes. Sé que el pequeño tiene cáncer. cereal. Qué vergüenza. pueda sacarme un poco la espina. No he querido. No me había imaginado así mi primer “caso”. de ahí tomaría la carretera hacia Cuernavaca. Me levanté antes de que sonara el despertador. Entré al esta- cionamiento y observé cómo llegaba al mismo tiempo que yo un hombre joven que se estacionaba torpemente en uno de los lugares reservados. Llegué a eso de las nueve y media de la mañana. Me esperaba aquél pequeño hospicio-hospital. Bajé de la camioneta. un café. Desayuné cualquier cosa. para no comprometerme. con “la María” de Ferrocarril de Cuernavaca. ¿Cuánto podría yo saber de la “María” amiga de mi madre. 184 . Era Gabriel. Sé que quieren que los acompañe un poco. sin saber en realidad su nombre. yogurt para beber. y su hijo moribundo. con su enloquecida monja y aquella mujer. Estaba inquieto y muy incómodo en mi propia cama. que vende chicles en Palmas? Seguramente mucho. Haré lo que pueda por la María de Cuernavaca. Tomé la camioneta y me dirigí al peri- férico. y su hijo. Juan. La conocí un minuto y sé cómo se llaman ella. Probablemente por que me asusta pensar que ella puede tener una vida igual de compleja que María. la hubiera llamado así.

hermana. Ni me fijé. preguntó con toda naturalidad la religiosa. Me miró cerrándome un ojo. –Hola Carlito. que al paso de los años ya ni me tomo la molestia de corregir. No pudo responderme. 185 . son gente buena. Cerré los ojos unos segundos en actitud de culpa. lo vi hasta esta mañana en la solicitud que me lle- naste. María y su familia. –Pues un poco de las dos ¿no te parece? Me aventó “como al borrras” el sábado pasado. ¿qué tal te trató mi querida amiga Clara? –Aquí entre nos. debo confesarte que me pareció medio aven- tada ¿no? –Ja. ¿no? dijo Gabriel haciéndose el gracioso con la religiosa. –¿Nervioso?. Que bueno que la bronca no era conmigo. que sonaba sincera. Clara había escuchado aquella conver- sación y salió a nuestro encuentro en la puerta. La monja lo abrazó con claro cariño. JUANITO –Y. sin decir agua va. –¿Loca eh? dijo. dijo la monja. pero ¿de qué?. no hay por qué sentir miedo. Es un error de lo más común. tienes que aceptar que de repente se te bota la canica. –La verdad. dirigiéndose al médico. estaba muy nervioso la semana pasada. ¿Por qué no me habías dicho que tu nombre es sin la ese?. ¿Aventada o enloquecida?. ja. me preguntó. Gabriel seguía riendo. –Loca pero de agradecimiento a tu país y a estas familias mara- villosas. que los nervios no son buenos conse- jeros. –Bueno hermana. No estés nervioso.

podrá hacer daño. yo estaré aquí todos los sábados. me despedí de la religiosa y del médico. Ya verás. aunque sea. Me doy nervios yo. como tú dices una estupidez. repitió. Giré hacia la banca para saludar con un movi- miento de cabeza a las otras dos mujeres y a los niños. –Nada de lo que hagas Carlo. –Hola María. Tranquilo. dijo. que conversaba en una lengua absolutamente incomprensible para mí. aunque un poco delgados. Estas familias están vacunadas contra los errores bien intencionados. si surge del amor. Gracias. Nos acompañamos un rato. La cometerás. No me esperaba tal reacción. Sin más. Todos vestían de manera 186 . Muchas. todos muy parecidos a Juan. Me quedé en silencio pensando en aquello. y me dirigí al cuarto 101. Bien. Me puse en cuclillas para descubrir a tres pequeños niños y una niña. sobre todo la familia de Juanito. –Pensé que no volvía. confesé. Cometeré una estu- pidez. MORIR EN SÁBADO –No si no me dan nervios ellos. La monja interrumpió. Me acerqué y de inmediato María. me dijo con una sonrisa. no te preocupes. se levantó al verme. Parecía alegre de que yo hubiera vuelto. Son pacientes y cariñosos. Había comprado unos regalos insignificantes para los niños del final del pasillo. pero en mucho mejor forma física. si tú me dejas y por supuesto si a Juanito le parece bien. sentenció la monja viéndome a los ojos con cariño. No vaya a cometer una estupidez ¿no? –La cometerás. –¿Cómo crees?. ¿qué te parece? –Gracia. y hablamos un poco. Clara tenía ese efecto sobre las per- sonas. De verdad me tranquilizó. Muchas Gracia. Me contes- taron de la misma forma.

–Se llamaba Pedro. De inmediato empezó a conversar con ella. los tres niños se asomaron entre las piernas de sus tías y al mismo tiempo dijeron ”Gracias”. Los tres niños respondieron de inme- diato. ¿sí?. le pregunté al tiempo de sentarme en una silla metálica. Me levanté. era buena gente. dije dirigiéndome a la madre. Estaba muy enfermo y se sentía siempre mal. Educados. –¿Era tu amigo?. ¿cómo te sientes? –Más o menos. La pareja joven que había visto la semana anterior ya no estaba. María veía la escena divertida junto con sus herma- nas. respondí. Se murió hace unos días. –No hablaba mucho. en su lengua. me confesó sin dejar de verme a los ojos ni un segundo. –Y tú. Coloqué la bolsa plástica en el suelo y saqué lentamente una red. Entendí lo que había pasado. que encontré junto a la cama del niño. Sonrió. sencilla. Al entrar. que contenía al menos unas cien canicas de todos colores. vi que la cama de junto estaba destendida. también de plástico. –Entro un rato. saqué una pequeña muñeca. La niña tendría unos tres años. De nada. abriendo los ojos como platos y sonriendo abiertamente. Me encaminó. JUANITO parecida. me dijo Juan sin saludar y sorprendiéndome por la naturalidad con la que había empezado la conversación. plegable. Yo tampoco. –Adelante. Luego. 187 . y extendió los brazos para recibirla. Era la primera vez que le oía una frase completa a aquel niño flaquísimo. Entendió de inmediato que aquél regalo era para ella.

se haya muerto? –Creo que ya está descansando. –¿Se la regalamos a mi hermanos? –Es para ti Juan. una muñeca rete chistosa. 188 . Juanito se emocionó de repente. le dije entusiasmado. La vio con alegría. –Nocni. pero. Además. –¿Entonces te quedas con la pelota?. ¿no crees? –Sí. o algo parecido. Debe ser cansado para todos ¿no?. MORIR EN SÁBADO –Y ¿cómo te hace sentir que Pedro. No es nada. también le traje un regalito. –Como tú digas. le pregunté seguro que ahora si su respuesta sería positiva. Niño generoso. a ellos les traje unas canicas y están afuera rete divertidos jugando con ellas. –Te compré esta pelota Juanito. nunca lo había visto. pero lo importante es que estén aquí. acompañándote. A tu hermanita. güitzi. –No tienes por qué darme las gracias. –Sí. dijo poniéndose un poco más serio. Luego les vamos a decir que te inviten a jugar. tu vecino. Y sus papaces también. que tanto me enseñarían en las siguientes semanas. Empezó a llorar casi en silencio. –Gracias. Intenté recuperar la cordialidad. ¿No le importa que se la regalemos a mis hermanos? Me sorprendió. Luego de inmediato me miró con esos ojos iluminados. –Gracias repitió y me dio la mano con toda solemnidad y gra- titud. –No. gritó el niño con autoridad. Yo ya había estudiado que es normal el cambio repentino de sentimientos.

Macuilli… –A ver. le dije de manera espontánea y con cariño. como si lo hubieran ensayado. –Por que es muy difícil y no vas a aprender. Yei. flaquí- simo y generoso. –Hablamos náhuatl. –¿Qué? –A hablar en Náhuatl. Cente. pregunté casi indignado pero siguiéndole la corriente. casi a carcajadas. Ome. y nuevamente. interrumpí divertido. sentenció. –Ah. Se alejaron. Pérame güey. –¿Por qué?. –No. 189 . Los alegró. Juan. Los cuatro hermanos entraron alegres. JUANITO Sonrió al ver mi reacción de asombro y admiración. me dijo con orgullo. Eso está muy difícil. Vamos a empezar por algo más sencillo. Juan rió. Imposible de pronunciar. ¿te sabes los números en náhuatl? –Sí. Irían un rato al jardín. Somos de Coatepec. Algo más les dijo en náhuatl. los cuatro dieron las gracias. -¿Me enseñas?. al mismo tiempo. No podría repetir ni un solo sonido de aquella frase. pregunté. Llena de sonidos que yo no había escuchado nunca. o al menos. me dijo. que así no voy a aprender nada. no se vale. añadió. Com- plicadísima. corriendo. Les aventó la pelota con cariño. qué. –Ah. a los que nunca les había puesto demasiada atención. A ver ¿pruébame? El niño orgulloso de su idioma construyó una frase corta. a ver. A ver. les mostró de inmediato la pelota. Nahui. Su carcajada resonó hasta el pasillo al ver mi cara de tarugo.

Ome. dijo la religiosa. –¿Qué te parece si ahora yo te enseño los mismos números. del uno al diez. En un gesto espontáneo y extraordinario. Divertida. Chicome. Yo lo recibí con gusto y con mucha alegría. tu. –Hora de la comida de Juan. Clara nos inte- rrumpió. Fuimos repasando los números del uno al diez. se me aventaría literalmente encima. que para enton- ces ya éramos buenos amigos. Había estado sentada en la banca la última hora acom- pañando en silencio a María. emocionado. Chicuacen. –Uan. Pasaron casi cuatro horas. –¿De veras? –Claro. como ella les llamaba. Chicnahui y el dificilísimo diez… Ma-tlac-tli. Chicei. –Hola. pero en inglés? El pequeño se llenó de emoción. Al cabo de un rato. dijimos al mismo tiempo Juanito y yo. Estaba contenta. –Hola. yo ya dominaba aquello. ¿No que no? Juanito reía mientras regresaba a su cama. Yei. que siempre se dirigía por su nombre a los huéspedes del hospital. ¿Cómo ves? –Bueno. Macuilli. tu me enseñas algo de náhuatl y yo algo de inglés. tri…. –Ya ves. No me di cuenta. aquél niño esqueléti- co. dijo la religiosa. –Cente. para darme un abrazo. 190 . MORIR EN SÁBADO El niño se veía francamente divertido. Camaradas. Si pude. Nahui. y escuchando todo lo que ocurría dentro de la habitación 101. como decía él.

JUANITO –Bueno. me dijo. Extendió los brazos. Dios no se muda. Es tu casa. Juanito sonrió. –Nada te turbe. dijo muy a la mexicana. Me miró. normal. Me acerqué a la puerta. me dijo el pequeño. Yo estaba feliz. Giré para ver a Clara. la paciencia todo lo alcanza. La madre del niño. quien a Dios tiene nada le falta. también me regaló un abrazo. coloqué la mano derecha sobre la frente del peque- ño. pero de repente. –Gracias hermana. sólo Dios basta. lo más que pude. Me acerqué y le di un fuerte abrazo. Créame que este enano ya me hizo sentir en casa. recordé a Camila mi muy que- rida amiga y a la oración de Santa Teresa que me había enseñado sólo unos días antes. De nada compadre. Gracias. ¿ok? Que Dios te Bendiga. persignando al niño en voz alta. Sin más. pues yo me despido camarada. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Clara se había conmovido hasta las lágrimas. –Me da su bendición. todo se pasa. le dijo la monja al niño. le dije al niño. La monja me abrazó. Me despedí de la familia. Qué bueno es 191 . –Claro que te da su bendición. Gracias a usted por darme esta oportunidad. Todo había salido bien. quién la recibió con una sonrisa y cerró ambos ojos con confianza. Estaba a punto de hacer una bendición. –Bienvenido Carlo. Eran de verdad. nada te espante. Quedé totalmente sorprendido y emocionado. Te espe- ro el sábado. como ordenándome a mí que reaccionara.

Esa era mi verdadera vocación. ni tan alegre siempre. La vida y la muerte de este y otros muchos niños. –Qué tal Carlo. Sin más pretensiones. Gracias a ellas. Tiene una metástasis tremenda. Ha publicado diversas obras en torno a la educación y en los últimos años se ha especializado en Desarrollo Humano Transpresonal. Tercer sába- do. –Hola Carlo. Tercera semana. Es increí- ble. Qué bueno que conocí a Ana María González Garza11 y a Beatriz Pelcastre12. Siempre. Acompañar. Parecía también un poco acelerada. de México. 192 . de México. Gabriel tiene algo que decirnos. Regresé a México. –No hay explicación. 11. que la cosa no es tan sencilla. pensé. Nunca había visto algo igual. Te invité para hablar de Juanito. Pero siempre regala algo. Esa fue la mejor carretera Cuernavaca- México que yo he manejado en toda mi vida. 12. Acompañar. Ana María González Garza. Gabriel conversaba apresurado y casi angustiado con la Her- mana Clara. La semilla es de ellas. fue Directora del Departamento de Desarrollo Humano de la UIA. me dijo al tiempo que yo extendía la mano para saludarlo. Beatriz Pelcastre es Maestra en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana y candidata al grado de Doctorado. es Doctora en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana de la Cd. MORIR EN SÁBADO este trabajo. me enseñarían luego. 5 Era mi tercera sesión con el niño. me dijo al ver que me acercaba. Académica y docente ha coordinado el Diplomado en Tanatología y Desarrollo Humano de la misma Universidad en la Cd.

Sacó una serie de radiografías y otros exámenes que se veían sumamente sofisticados. –¿O sea que se va a morir pronto? –Significa que se debió haber muerto hace más de un mes. sen- tenció el médico con frialdad. Me dejaron frío. Necesitaría aprender poco a poco. me da gusto verte. yo ni siquiera podía distinguir el riñón. se pusieron nuevamente serios. ¿Claramente?. Luego. casi de inmediato. –La verdad Hermana. Ambos rieron condescendientes. Nunca había visto algo parecido. Carlo. me preguntó de repente la religiosa Auxilio. debo confesar que no entendí gran cosa. De verdad yo nunca pude ver lo que él y la monja podían observar “claramente” sobre esos estudios. Gabriel siguió y siguió. –Gracias. es que la enfermedad de Juanito ha avanzado a tal grado que… bueno. Le decía a la Hermana que Juanito es un caso único. Incluso llegó a pensar que le estaba jugando una broma de muy mal gusto. Paciencia. Envié sus últimos análisis a México a quien fue mi maestro y mentor en la facultad y luego en la especialidad en oncología. Parecía funcionar. –Lo que Gabriel nos está diciendo. –Se ve claramente el tumor primario en esta zona del riñón. Me que- dé callado. Empezó a hablar. Clara sí. pues que no hay una razón clínica que nos permita explicar por qué sigue vivo. mientras no abriera la boca. –¿Cómo ves Carlo?. 193 . Yo no entendía nada. JUANITO –Qué hubo Gabriel. Puse cara de experto. Su reacción ha sido la misma que la mía.

–Yo sí. Es increíble. El lugar era bastante pequeño. dijo de inmediato la monja quien se colgó de mi brazo y me encaminó hacia un pequeño cuarto del otro lado del hospi- talito. blanca y limpísima. –Pues les quedó muy bien. Al frente. a un lado del altar. sencillo como el que había visto en la ofician de Clara. Tenía únicamente cuatro bancas de madera. En aquél lugar. me respondió. si tiene toda esta metástasis. MORIR EN SÁBADO –¿Y el dolor?. Era la capilla. –¿Lo de la oración al final?. pero las monjas se las habían ingeniado para adaptarlo como capilla. Dos grandes ventiladores. Hizo una pausa. supongo que el dolor debería ser muy fuerte ¿no? –Esa es otra cosa que nos tiene intrigados. lo único que no parecía improvisado era la estatua de la Virgen María. largas. Un crucifijo de madera. –No. ¿Notaste algo de dolor la semana pasada? –No hermana. Pero voy a tratar de averiguar. ¿Quieres que haga algo en especial? pregunté dirigiéndome al médico. servía de altar. Nunca se queja. –La construimos el año pasado. dijo orgullosa la monja. volaba literalmente. Evidente- mente había servido alguna vez de bodega. Muy pocas veces hemos tenido que intervenir con morfina. No tenía ventanas. Parece de verdad que no le duele. –Gracias. un enorme bloque hecho con ladrillo y cubierto por un mantel blan- co. colgado de dos fuertes cadenas que a su vez estaban clavadas al techo. –Me gustó lo que hiciste la semana pasada con Juanito. la verdad es que… 194 . mal barnizadas. Muchas flores.

Nada explica su permanencia en este mundo. me hizo una pregun- ta seria. Necesitaría ayuda. –Sí que lo es. La verdad es que es un niño de lo más agradable. pero… no se quiere ir. Ojalá lo repitas todas las semanas con otros niños. Cerró los ojos y empezó a rezar. Al cuarto 101. Dejé a Clara con su oración profun- da. –Cuando te vas a dormir. en silencio. –No a mí. Hablábamos de todo y de nada. Yo la acompañé. Pedí por Juan. Es bueno. ¿quiere que la ayude a descubrir qué lo está deteniendo?. Aproveché el tiempo y la tranquilidad que esa bodega convertida en capilla siempre era capaz de otorgar. De repente. Ya escuchaste a Gabriel. por Clara y por mí. por que me paso los minutos dando vueltas en mi cama. Yo creo que está sufriendo mucho. –De acuerdo. a él. pregunté. 195 . un poco antes de ya estar dormido. Me dirigí al final del pasillo del otro lado. –Ah. Imité a la monja. La religiosa no dijo más. sí eso fue bonito. ¿en qué piensas? –Es buena pregunta compadre. JUANITO Me interrumpió. Lo hiciste bien. Pero me refiero a la manera en la que te pudiste conectar con él. –Gracias. Ahora trabajo en un lugar que es muy grande y tengo siempre que hacer muchas cosas. Normal- mente me cuesta mucho trabajo quedarme dormido. –Y. salí. Unos minutos después. Mi conversación con el niño parecía no ir hacia ningún lado. pensando en todo lo que tengo que hacer al día siguiente.

¿tú en qué piensas? –En Papá-Dios. estaba por hacer Juan. –¿En Dios? –Sí. Hablo con Él. –Bueno pues por que yo estoy ya muy enfermo. –Pues también. Me hacía mucha gracia como a veces. y mis tías. según yo. Me quedé un rato en silencio. también pido por ti –No. –A ti ¿no te pasa? –Sí. MORIR EN SÁBADO Juanito me observaba. 196 . aceptó divertido. Ah. me dijo el generoso chamaco. dime la verdad. y ahora también le pido por usted. mis tíos y sobre todo por mi mamá. –Y. ¿no le pides por ti? –No ya no. –Yo. cuando rezo. Me hizo sonreír. divertido mientras yo me imitaba a mi mismo girando sobre mi cama. Le pido por mis hermanos. No lo hizo. ahora. esperando la conclusión que. en la misma frase me hablaba de usted y de tu. pero ¿por qué no por ti? –Por que yo estoy bien. Era sin duda generoso. ¿no? –Bueno. –Y. dijo sin ninguna pena. y un día de estos me voy a despedir. y otro por allá no le hace mal a nadie. sin importarle demasiado las formas. –¿Por qué prefieres que pidamos por tu familia y no por ti?. pide mejor por mi familia. –Bueno pero un rezo por aquí. Sólo le platico cómo estoy.

“Por un amor”. –Lo haré con mucho gusto. aprendería algunas otras palabras en su idioma. y ¿cuál es esa? –Pues una muy buena. dijo orgulloso. –Las rancheras. dijo al verme a punto de llorar. –Ah caray. –Claro. En una de esas aprendo a contar hasta mil ¿no? En las siguientes horas. ¿tienes una canción favorita Juan? –Sí. me dijo divertido. Dos de ellas jamás las olvidaré. Sin duda. –Son buenas las rancheras. –Cuando ya me vaya a morir. También es la favorita de mi mamá. de muchas. dijo cambiando el tema –¿Si?. se puso serio y añadió: –¿Me hace un favor? –Lo que tú digas mijo. le dije. JUANITO –A mí me gusta mucho la música. le dije con algo de dificultad. ¿me trae mariachis? Era la primera vez. Era muy importante para él. –Sí. 197 . la realidad era siempre mucho más pode- rosa que la teoría. No esperaba aquella solicitud. Juanito me acercó la mano. Te imaginas. que un niño tan pequeño me enseñaba que era posible vivir la muerte con conciencia. pobres. Quería sellar nuestro acuerdo. respondió con una gran sonrisa. –Quieres que te enseñe más náhuatl. y qué tipo de música te gusta. pobrecitos todos los que no son mexicanos que no pueden cantar nuestras canciones. sin miedo y con sencillez. –Y. Luego.

Él moriría quince días más tarde. güey. 198 . Pero. El dolor empezó a vencer su orgullo. pero. Acuérdate lo que te dijo la Hermana Clara y el Dr. ¿te acuerdas? –Se equivocan. Se quedó en silencio. pero tenemos que estar preparados por si no se cura. –Puede ser. –Ya me dijeron María. MORIR EN SÁBADO –Nimicohcoua. y es mucho mejor saberlo por que así. pues ellos saben bien de estas cosas. los doctores lo pueden ayudar de mejor manera ¿no crees? –Yo creo que mi hijo se va a curar –Bueno María. dijo. María me contó que las últimas dos noches habían sido terribles para el pequeño que esta- ba por cumplir diez años. Pónmela más complicada. Era mi cuarto sábado al lado de Juanito. Ese sábado. dije divertido. ¿Qué significa? –Que me voy a morir. Gabriel. –Nimiqui. ¿qué significa? –Pues que estoy enfermo. –No se queja mi hijo del dolor. –Ah. –A ver. La verdad es que le debe estar dolien- do mucho. –Ay. otra. dijo en voz más baja. esa está re fácil. sentenció. 6 María nos hizo unos tamales buenísimos. y ya ves cómo han sido difíciles los últimos días. cumplía mi primer mes en aquél hospital. Y eso. yo creo que le tenemos que decir que no importa si se queja. me dijo con sencillez.

–Claro. –Y yo a él. –Está muy enfermo. Casi lo había logrado. –Si lloro siento que ya me vencí. Al entrar a la habitación. me dieron ganas de gritar. Yo sólo quería que se diera cuenta de lo mucho que unas pocas lágrimas podrían hacer por ella. repitió con muchísima tristeza. y que es tan bueno. con menos miedo. –Pues para sentirte menos triste. Yo sé que ya lo sabes. –Por eso está bien que te sientas triste. Se levantó de inmediato y me ofreció otro tamal. No cedió. Estaba pálido. Tendría que respetarlo. Había adelgazado. a veces ayuda. JUANITO –Mi hijo es fuerte. Temblaba. estaba a punto de llorar. También está bien llorar de vez en cuando. –Tengo dolor. De verdad ayuda. Labios partidos. ¿Lloras? –Pa qué. Aquella mujer recia. pero él me repite siempre cuánto te quiere. Silencio. si es que eso era posible. –¿Tienes miedo María? Silencio. Ni modo. Interminables ojeras. Pausa. Yo creo que nada puede vencer el amor de una mamá por su hijo enfermo. Era evidente 199 . –Nada te va a vencer María. pero tan mexicana- mente abnegada. Los ojos estaban perdiendo la chispa. Pausa. Juanito estaba absolutamente irreconocible. –Sí María. Debe doler muchísimo tener un hijo que está tan enfer- mo. Era su proceso. pero es muy pequeño… y está muy enfermo.

Ninguna. Entré detrás de él. Me miró. se quejó –¿Está malísimo verdad? 200 . Sucede. Yo tenía que saber qué estaba pasando. –Perdón señorita. –Voy por el doctor. pobre muchacho. Me pareció que está pasándola muy mal. Déjeme asomarme para ver qué puedo hacer. Dio instrucciones precisas a la enfermera. me dijo de repente. no haga que de pronto un día. Gabriel supo. respondió la mujer quien entró de inmediato a acompañar a su hijo. en caso de que María tuviera alguna pregunta. Salí de inmediato para buscar a una enfermera. –Invítame un café. –Vamos. Por primera vez vi en los ojos de aquél doctor la gran compasión que lo movía a visitar y ayudar a aquellos enfermos moribundos del hospitalito de Cuernavaca. la enfermera se encaminó hacia la habitación de mi amigo Juan. MORIR EN SÁBADO que le dolía. mientras salía apresurada. Pedimos nuestro café. Al verlo. –El doctor está arriba atendiendo a otros pacientes. el paciente del 101 y creo que valdría la pena llamarle al Dr. –Está bueno. le dijo a María. –Ah. de la habitación de Juanito. Entró. Me quedé afuera. todo lo que necesitaba. A paso veloz. pero serena. Gabriel bajó sólo unos minutos más tarde. pero vengo de ver a Juan. se enfríe. pensé. El pidió además una trenza de chocolate. La encontré. Gabriel. Le agradecí su interés. La revisión no duró más de un minuto. Ojalá que el tiempo y la decepción. Qué bueno que existen médicos como este. Entró al cuarto.

Estaba simplemente ahí. Mi vida nunca podría ser igual. Al principio me sentí un tanto incómodo. Debe estar sufriendo mucho. Bastaba con mirar. Regresé al cuarto de Juan. ¿qué estaba haciendo mal? ¿Qué hago? Nos quedamos en silencio un rato largo. Debe estar sufriendo mucho Era la tercera vez ese día que escuchaba aquello. Aquello parecía funcionar. sin hacer o decir nada. –Hola amigo. No había necesidad de palabras. ¿verdad? La chispa había regresado a sus ojos. Gabriel se levantó y me dijo que todavía le faltaban algunos pacientes por visitar. Se veía un poco mejor. en caso de que estuviera dormido. impotente. Al menos ya no tenía ese gesto que evidenciaba un dolor profundo. ¿No estaba yo acaso ahí para ayudar?. Me sentí desesperado. Casi dejé de respirar. Mirar con el corazón y transmitir fe. –Hola chaparro. al menos con este niño. esperando no despertarlo. hasta que mi mamá no esté lista. Lloré. Luego. 201 . –No entiende nada. Entré en silencio. ¿qué es lo que no entiendo? –Que yo no me puedo morir. Poco a poco me fui sintiendo mejor. desgarrador. Juan rompió el silencio. confianza y hasta algo de esperanza. Lo único que podía hacer era ver fijamente la chispa aquella en sus ojos. Sentí que me ahogaba. Esa fue la primera vez que aprendí sobre el poder del silencio. le dije tratando de sonar alegre. casi una hora después. –¿Qué chaparro?. ¿no era ese mi trabajo?. Era el regalo. No era así. JUANITO –Sí.

Me sentía muy mal. Dios no se muda. hasta un momento antes de morir. ¿Por qué no lo noté antes?. –¿Puedo hablar un minuto contigo?. No sabía si nuestro equipo de tres sería suficiente. No podría esperar hasta el sábado. ¿Qué haces aquí? 202 . Estaba agotado. MORIR EN SÁBADO Me tomó la mano derecha. Resuelve. ¿Qué me pasa? No serviría de nada seguir recriminándome. Pude evitar todo esto. Yo sólo conocía a Clara y a Gabriel. María. No estamos jugando. ¿Por qué lo dejé sufrir así?. 7 No pude ver a Clara ese día. como tratando de encontrar un nuevo significado en cada repetición. quien a Dios tiene nada le falta. Tenía mucho miedo. Había que intentar algo. generoso. Teníamos que trabajar con María. Regresé a México. La Universidad me había enseñado que cuando uno no tiene las respuestas debe pedir ayuda. todo se pasa. sólo Dios basta. Había salido con el resto de las religiosas. Regresé al hospital el lunes. Si… pero ¿qué hacer? Nada te turbe. No quería hablar con nadie. hubiera podido hacer algo a tiempo. cariñoso. Mira hacia delante. es un niño. Aprende de Juan. me la estrechó en un gesto solidario. No dijo más. Corrige. pregunté sin saludar –Claro. No me volvería a decir nada más. Muchísimo. No podría. era tan evidente. nada te espante. sólo tiene diez años. la paciencia todo lo alcanza. No sirvo para esto. Se trata de la vida de personas. Me quedé dormido en la sala de mi casa. pensé. me repetí una y otra vez a mi mismo.

muy poco tiempo. Se llevó las manos a la cabeza. No quiero que mi madre esté triste. María no quería saber nada más del tema. 203 . Tienen que estar bien ellos. Nada de lo que hacíamos o decíamos parecía tener algún sentido para aquella mujer. su corazón decía. JUANITO Le conté lo que me había dicho Juanito. Se dirigió a la capilla. María tenía muy clara una sola cosa. El niño nos había dado muchas señales. ¿Tenemos aquí un buen psicólo- go?. Clara. Compartíamos la misma frustración. hazlo por mi mamá. Clara se levantó del sillón. Trae unos mariachis cuando me muera. Regresé el miércoles por la mañana. –Sí. Mal lunes. Conocí al Padre Julián. Teníamos ya. si ella. Teníamos ya un plan. Juanito viviría sólo cinco días más. Nos fue mal. No soltaría las amarras. Siempre ellos. trata mejor de hacer feliz a mi fami- lia. por pequeño que este fuera sería una gran novedad. todavía. Siempre ella. La cara de la reli- giosa me lo dijo todo. Déjame llamarle para ver si puede venir. Tenía la esperanza de que la monja me diera alguna buena noticia. Luego sin decirme nada salió. Seríamos al menos cinco. Flor. Gabriel. Colgó al poco rato. Tomó el teléfono. La seguí sin preguntar. No yo. –Necesitamos hablar con ella. Flor estaba en camino. Era necesario seguir intentando. Flor. le pregunté haciéndole saber que no me sentía lo suficiente- mente capaz para resolver aquello sólo. Cualquier avance. No dejaría ir a su hijo sin luchar. que no. Ella lo necesita más que yo. No me des a mi la pelota. Ningún resul- tado. el cura y yo. al ver a su hijo postrado en aquella cama pudiera decirle que sí. No reces por mi. Nos reunimos todos a eso de las doce y media. Era claro. A pesar de que su mente.

Casi no podía hablar. Juan me veía con ojos profundos. Ni siquie- ra pude llorar. El dolor era terrible. Me desesperé. a punto de morir. la receta para curar a su mamá?. generoso. El primero de cinco que tenía la tienda contenía aquella canción. tengo un amor que en mi vida dejó para siempre amargo dolor Pobre de mí. no sufras más cuánto sufre mi pecho que late tan solo por ti” Me quedé en silencio casi una hora dentro del coche. sencillo. Respiraba con dificultad. –Necesito que me ayudes compadre. Abrí la bolsa y saqué el disco. Era la canción número seis. No lo voy a olvidar jamás. ay corazón Pobre de mí. en el estacionamiento escuché aquella canción. De regreso en México. flaquísimo. esta vida es mejor que se acabe no es para mí Pobre de mí. profundo. indígena. “Por un amor me desvelo y vivo apasionado. me había marcado la vida para siempre. Yo tenía ganas de gritar. 204 . No podía quitar la envoltura. “Por un amor”. Por un amor. ¿dónde estaba la respuesta? Ni una palabra. tan enfermo. Un niño pequeño. Ahí mismo. ¿Cómo podía sacarle a aquél niño tan pequeño. Subí a la camioneta. Ayúdame para poder ayu- dar a tu ma. fui casi por instinto a comprar un disco. Me miró con ojos compasivos y confiados. tan cansado. Saqué finalmente el disco. ¿Podría estar ahí la respuesta? Encontré rápida- mente un disco de Lola Beltrán. MORIR EN SÁBADO Juanito estaba muy mal. No dijo nada. Me sentí responsable.

Entendió. Me sentía responsable. No era una ilusión. pensé primero. en los ojos de María. Clara me recibió con mejores noticias. había acom- pañado a María en un llanto profundo. reparador. Flor había logrado. Vi en la pequeña pantalla del reproductor que el disco estaba a punto de tocar la canción número seis. María. Rió a carcajada abierta. Yo quería que escuchara la canción seis. Cansada. se cubrió la boca con una mano. –Te traje un regalito. Mi visita duraría poco. Lo prendí. por fin. Me miró extrañada y quitándole los audífonos le pedí que me acompañara 205 . Probablemente era la primera vez que tenía en sus manos un “discman” y un “cd”. Era importante. Lo era. como si fuera una gran montaña. JUANITO Regresé el viernes a la hora de la comida. No sabía bien qué iba a decir. la sabia Clara. La chispa en los ojos. Luego me di cuenta de algo que me paralizó por unos segundos. Estaba ahí. Clara. Era mi turno de hablar con ella. Coloqué el disco dentro y la ayudé a ponerse los audífonos. y apenada. Estaba ahí. Ya pensaría en algo. Sonreí y le hice una seña para que hablar un poco más bajito. dijo casi gritando. sin percatarse del volu- men de su voz. La mujer cerró los ojos y me sonrió. Tenía una junta a las seis de vuelta en la ciudad de México. –Qué bonito suena. María me miró extrañada. Perdóname que lo haya abierto. No dije nada. que María hablara sobre la posibilidad de que su hijo podía morir en cualquier momento. Que Dios me acompañe. Encontré a una mujer distinta. Sus hermanas rieron también. Pulsé “Pause”. y sus otros cuatro hijos se acercaron y literalmente treparon sobre su madre.

que tú sientas tanto dolor y tanto miedo. También el Padre Julián. Ha sido un gran maestro para mí. pregunté creyendo saber la respuesta. Yo no quiero que se muera. como me pasaría muchas veces en el futuro. ¿Cómo te sientes María?. ¿Me estaré volviendo loco?. Los papeles estaban a punto de cambiarse. –De que mi hijo se quede solo. ¿cómo es tu dolor? Era mi turno para el silencio. –Estoy muy triste María. De verdad queremos ayudar. Yo no tengo mucha experiencia en esto. MORIR EN SÁBADO a la capilla. María me tocaba la cara con cariño para consolarme. Es mi hijo. y ya ves cómo quie- ren a Juanito. –También me da mucha pena. –Yo sé que quieren a mi hijo pero no me entiendes a mí. No estaba seguro de lo que iba a hacer. María me siguió sin hacer preguntas. pero atendiendo cada palabra que yo le decía. te prometo que ya lo quiero mucho. Aunque llevo poco tiempo de conocerlo. pero tengo miedo. –No quiero que mi hijo se sienta solo. –¿De qué?. pero me gustaría que me trataras de explicar cómo te sientes. pero debía confiar en mi intuición. La mujer me observaba en total silencio. Esperaba que María me dijera algo que yo pudiera usar. Si Dios quiere llevarlo yo no puedo hacer más. Como pude. 206 . Así fue. siguió hablando. y no me puedo ni imaginar lo que estás sintiendo. Me da mucha tristeza ver a tu hijo tan enfermo. Clara y Flor también están muy preocupadas. ¿qué no estoy yo aquí para consolarla a ella? Mientras eso ocurría. No habló. Yo ya no pude más. me repuse.

asustado. ¿no le pides a ella para que te ayude a soportar este dolor que ahora tienes? –Sí. todo cobró sentido. El silencio. ¿algún hermano al que hayas querido mucho? –Mi abuelita. La mujer hizo una pausa. Me quedé afuera. Gabriel estaba ahí. ¿alguien cercano a ti se murió ya?. El disco. –Y. Tuve que sos- tenerla. Bendito quien seas que escribiste “Por un amor”. La mujer se rompió. La número seis. no platicas con ella ahora. –Pues. ¿dime una cosa?. ¿Dónde lo va a encontrar? De pronto. Clara entró apresurada. Es el más grande dolor que puede existir. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Se rompía entre mis brazos. pensaba yo. El trabajo de Clara había funcionado muy bien. nos acompañó la siguiente media hora. –Aquí. ¿dónde lo voy a encontrar? La pregunta era enorme. Juanito estaba muy mal. de la misma manera. ¿tus papás?. 207 . al tiempo de que le colocaba uno de los audífo- nos. –Pero. María había apren- dido a llorar. Salimos de la capilla y nos dirigimos todos al 101. vas a poder seguir hablando y que- riendo a tu hijo Juan. Pulsé “Play”. protegido entre dos mujeres indígenas y cuatro niños. antes de tiempo. le dije. –Aquí. físicamente. Un hijo que se va. Bendita Lola Beltrán. gran protector. María. dijo con sencillez. Nunca había visto algo así. JUANITO –María.

Llegué por fin al Zócalo. Eran casi las doce. Los niños sí. Por un instante no entendí. Estaba muy cansada. Como pudo me sonrió. ¿Dónde demonios iba a conseguir unos mariachis en sábado a las once de la mañana?. Le costaba ya mucho hablar. 208 . pensé. Subí a mi camioneta y me dirigí al centro de la Ciudad. Yo no lo había oído desde hacía muchos días. –Ya. Llegué al esta- cionamiento y me di cuenta que necesitaría instrucciones. Me estacioné mal y bajé de la camio- neta. Ninguna estrella más. Me miró. No me despedí de nadie. No había tiempo. Luego recordé. Clara salió. Tenía poco tiempo. me dijo con una sonrisa cariñosa Me alegré. Espero que le guste también. Muy importante. Entré despacito. Juanito seguía entre nosotros. Estaba a punto de darme una orden que yo había olvidado. A las cuatro y media de la mañana pensamos que Juanito mori- ría. me acompañaba un trío. –Buenos días. ¿sabe usted dónde puedo conseguir a esta hora unos mariachis? Pasé casi dos horas buscándolos. MORIR EN SÁBADO 8 Ninguno de los adultos dormimos en toda la noche. No encontré mariachis. Estaba loco. Me acerqué lo más que pude. Oiga. seguro que sí me lo permitiría. ¿era aquello pru- dente?. No esperaba escuchar lo que me dijo. –¿Quiere verte?. Me tranquilicé. Me acerqué a su cama. Fue todo. ¿me permitiría el hospital meterlos? Pensé en Clara. Salí de ahí disparado. Marqué al hospital. Era importante. Me miró. Vería una vez más el sol. Ya lo extrañaba. Eran ya las diez de la mañana. al menos no desde aquí. Me arriesgaría.

les hizo una seña para que empezaran. Me cerró un ojo aprobando aquello. esta vida es mejor que se acabe no es para mí Pobre de mí. ambas tías. Habló con cada uno de sus hermanos. María me tomó la mano. cuida a mi mamá. Cuando regresé al cuarto 101. Aprendería que sí. Era el momento para volver a escuchar a Juanito. No se atrevían a tocar. Paradójicamente. tengo un amor que en mi vida dejó para siempre amargo dolor Pobre de mí. Nuevamente. ay corazón Pobre de mí. Doce y diez. como si supieran exactamente lo que iba a pasar. Clara me miró con ojos de alivio. cuida a tu hermana. Del lado derecho de la cama. Gabriel y Clara. María y yo. al tiempo que se alegraba enor- memente de ver entrar al trío a la habitación. JUANITO –Oye jefe. ve a la escuela. Con el primer acorde. estaban sentados sobre la cama de Jua- nito. estábamos únicamente el Padre Julián. haz tu tarea. Estaban los cuatro muy tranquilos. como si aprobaran la muerte como algo natural. Los cuatro hermanitos. A cada uno le dijo algo diferente. Yo no sabía si ese momento era propio para niños tan peque- ños. Era suficiente. pórtate bien. el ritual había ya empezado. Del lado izquierdo de la cama. ¿se saben la de “Por un amor”? –Claro patrón. un poco más fuerte. Cuida las canicas. “Por un amor me desvelo y vivo apasionado. Instrucciones 209 . El trío se había acomodado justo a los pies de la cama. no pude más. no sufras más cuánto sufre mi pecho que late tan solo por ti”. se veía mucho mejor. La monja. me rompí.

Aquello fue indescriptible. en silencio. nada te espante. MORIR EN SÁBADO precisas. La religiosa lo abrazó. Gracias Juan. –Eres mi camarada. Su último respiro. La monja se acercó. No estaba listo. Dios no se muda. Despacio. le dio todo el cariño que pudo. Cariñosas. Se fue. para que lo enten- dieran bien. No importaba. se acercó hasta donde estaba yo. quería gritarle. Nunca sabré que les dijo. Un pequeño legado. generosas. querían hacerle saber que habían entendido el mensaje. A las tías. Giró para verme. les habló en su lengua. Juanito murió. cariñosas. me cerró los ojos. María. Era suficiente. todo se pasa. me tomó la mano derecha. Tenía miedo. Tendría que ver con el gigantesco corazón que ese niño era capaz de regalar. Algo profundo le dijo. No dijo más. orgullosa. Le tocaban la cara. solo Dios basta. Llegó el turno de Clara. quien a Dios tiene nada le falta. Me acerqué. Gracias me dijo con los ojos. Gra- cias por tu vida. regia. la paciencia todo lo alcanza. la puso sobre la frente de Juanito y rezó conmigo. Sonrió como pudo. 210 . Llegó el momento para María. Se dio por vencido. Trató de cantar un poquito. Era mi turno. Vio al trío. Era sábado. regalando una sonrisa. lo besaban. una pequeña herencia. Yo había cumplido con traer la música. se levantó nuevamente y miró a su hijo. Madre e hijo hablaron y se fundieron en un abrazo eterno. No quería. y cuando estaba apunto de darle la bendición. Nada te turbe. La chispa había vuelto.

Gracias Juanito. por que con tu vida me enseñaste mucho de la mía. 211 . y lloré. La muerte ya nunca sería igual. Lloré como nunca lo había hecho. por la muerte de mi padre. por la lejanía de mis hermanas. JUANITO 9 Tomé la carretera de regreso. tuve que detenerme y salir al acotamiento. Juan me cambió. No era tan mala. por Juan. por la falta de medicinas. Lloré sobre todo. Lloré por mí. por Pizza mi mascota de niño. Al llegar a la curva conocida como “la Pera”. Abracé el volante. por no haber tenido más tiempo para aprender otras palabras en náhuatl. Cambié. por María. por que sabía que era la última vez en mi vida que lloraría así.

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CINCO REGALOS .

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El humor de ambas humanizaba aquél hospital y facilitaba los procesos de acompañamiento de psicólogos. Lucy había heredado de su madre esta disponibilidad hacia el buen humor. era un humor que emocionaba y que curaba. disponible y conta- giosa. la niña fue buen humus. una pequeña o gran sonrisa. sin pretensiones. Pero Lucy tenía algo más que ofrecer detrás de esa sonrisa casi permanente. era capaz de trascender aquél lúgubre espacio. tanatólogos. Era una alegría heredada de Ana y luego. trabajadores sociales y religiosos. aquél calor sofocante. Su sabiduría. y que este podía dignificar su camino y el de los demás. Ambas tenían rituales de la risa. Su risa era estandarte y su disposición era cruzada. perfeccionada. que era importante. aquél mundo de “cuidados paliativos” y olor a muerte. Sus risas constantes y su buen humor tenían mucho que ver con la visión que tanto Ana como Lucy tenían de sí mismas y de los demás. 215 . Constantemente se preocupaban por lograr que la gente a su alrededor pudiera dibujar aunque temporal. casi necesario. Algo más escondían esos dientes blanquísimos que la pequeña ponía a disposición de prácticamente todas las personas que se acercaban. Eran cómplices de su buen humor. convertida en carcajada. tierra fértil para la maravillosa semilla del bienestar emocional. Era una alegría sencilla. Primero: Dejar a Dios ser Dios La alegría era sin duda la característica que mejor describía a Lucy. Entendían cabalmente que el humor era cosa seria.

dise- ñado para que su madre. El regalo del buen humor no sólo tenía que ver con el bienestar biológico. Nuestra conciencia no daba para tanto. Lucy no necesitaba absolver a Dios. para empezar a perdonar a Dios y luego. podíamos. psicológico y social que procuraba. Lucy no. sobre todo. ni a las medicinas que a veces no llegaban y que cuando llegaban hacían tanto daño. 216 . que en medio de la locura que provoca la enfermedad terminal de un niño. La sonrisa de Lucy lo comprendía mejor de lo que al menos su madre y yo. la suya sí. Durante el duelo de Ana. y así pudiera transitar el camino útil y dignificante del duelo humano. ni a su enfermedad. tenía que ver. con la construcción de un puente. Ana. La pequeña de tan solo ocho años le enseñó a aquella mujer. eran suficientes como para cambiar poco a poco. y de paso a todos los que la rodeábamos. Ana se preguntaba por qué Dios había podido permitir que su niña se hubiera enfermado. había que hacer algo sencillo para crecer en conciencia: cambiar la imagen que tenemos de Dios. en medio de aquella situación tan triste. Ana no encontraba la manera de absolver a Dios frente a la inminente muerte de su niñita. com- prenderlo mejor. no lo absolvía. MORIR EN SÁBADO La niña de tan solo ocho años era capaz de salvar a Dios. no era necesario. bastaría con recordar la mazorca blanquísima. frente a su impotencia y a su dolor inco- municable. mientras que Lucy con su sonrisa y con su conciencia de niño. se reconciliara con Dios. lo salvaba. desesperada y en apariencia sin sentido. La sonrisa de Lucy no exoneraba a Dios. La sonrisa y la disponibilidad de la niña. ni al hombre. acusaba a Dios. la imagen que Ana tenía de Dios.

es el mejor cemento para construir comunidad y sobre todo. he podido comprender la enorme dignidad y valor de aquél extraordinario amigo. 217 . sin embargo. Lo extraño. la tristeza y el enojo profundos vienen acompañados por la alegría y la paz que nos regala el recuerdo. es probablemente la experiencia en la que se reúnen más elementos de nuestra humanidad. una experiencia confusa que pone al descubierto elementos para integrar nuestra existen- cia escindida. supieron vivir esta experiencia de manera plenamente humana. El miedo a la soledad es acompañado por la comunidad que nos rodea en silencio durante el duelo. Lucy murió en medio de una enfermedad dolorosa e injusta. El dolor. esa que contagia e invita. Mediante su sensata alegría. Ana y Lucy. que entre otras cosas me enseñó la fuerza del silencio. Entendió y con su vida demostró. acompaña al consuelo que brinda la certeza de la presencia de Dios en medio de todo aquello. que desde sus ojos. Con el tiempo y algo de distancia. desde su pequeña cara iluminada dentro de aquél lúgubre hospital. era posible encontrar la sonrisa y no el castigo de Dios. que una carcajada sincera y real es mejor que dos horas con el tanatólogo o el psicoterapeuta. Es. Con el tiempo. que la risa y el buen humor mejoran el estado del cuer- po. CINCO REGALOS La muerte es quizá la experiencia humana por excelencia. entiendo más claramente la magnitud de los dolores que aquél pequeño niño con cara de chino tuvo que soportar. Mucho. El reclamo ante una Fe que se cuestiona. pero lo hizo con dignidad y buen humor. Segundo: El poder del silencio Recordar a Paco me hace mucho bien. que la sonrisa.

Maquinitas. el más contundente. platicaba mucho. intenté ayudar a mitigar el dolor físico de Paco con ruido externo. por que tiene que ver fundamentalmente con el poder del silencio. así fue conmigo. es probablemente el más incomunicable de todos los que hasta ahora he recibido. muchí- simo menos. y nos obligó cariñoso. convertir su dolor en amor. por el contrario. para los que tuvimos el privilegio de rondar su cuarto en esas últimas sema- nas. Es un regalo difícil de explicar. hacía del silencio un arte. Paco. Su regalo fue grandioso. ¿no?”. Por algunas semanas. den- tro de mi. a exponer y expresar mucho más amor del que creíamos ser capaces de entre- gar. diálogo. Su dolor se convertía en herramienta para los demás. es el más claro. el dolor. logró de algún modo. Sin duda aquello funcionaba bastante bien. Es una ética de niño que promueve un méto- do de genio. llegado el momento. Su lógica era innegable: “si cuando me duele más. ¿Para qué? El regalo de Paco. nos reíamos y nos distraíamos mucho y la mayoría de las veces éramos capaces de engañar al dolor de manera efectiva. Que mi dolor sea la medida de tu amor. sin embargo. MORIR EN SÁBADO La muerte de un niño pequeño no parece tener sentido. era gracioso y sabía expresar lo que sentía con claridad. sencillo pero poderoso. Paco era el rey del silencio. mi camarada el chino. Nos midió desde su dolor. muñecos. así todos ganamos. pero por alguna razón. se vive. y no por que fuera un niño callado. chistes y otras cosas que hacen reír a un niño pequeño. 218 . se siente. que por definición no necesita palabras para servir. te quiero más. Al menos. entonces el abrazo que me des me va a servir para que me duela menos.

pero sobre todo a hacer algo con aquél silencio. durante las cuáles aquél niño sabio y santo me observaba desde su dolor. 219 . Sus diálogos. el de Letty. al intenso e injusto rojo. El silencio que me enseñó Paco no es vacío. sino repara. espiritual. Su madre. como obligándome a permanecer ahí. el silencio se apoderaba de nuestro diálogo. eran realmente emocionantes. sin decir una sola palabra. Es un silencio que sólo puede lograrse estando acompañado y acompañando. Compartían un tremendo dolor. había aprendido de su hijo aquél arte mucho tiempo antes que yo. se transformaban por completo. el artista se ponía a trabajar en su propia obra y me descubría día a día. también en los de él. Yo encontraba mis respuestas en los ojos de Paco. sin palabras. El alivio del silencio es casi incomunicable. Cada vez que Paco entraba en este trance de silencio. Sucedía siempre después de los dolores más intensos. el de Paco físico. Supongo que él las encontraba en los de su madre y ella. por que está más lleno de respuestas que de preguntas. aún cuando éstas no necesariamente se traduzcan en lenguaje. pero al final. Me costó tiempo empezar a apreciar aquello. La quietud a la que me obligó Paco me metió. Todo parece hacer sentido en ese tiempo sin ruido que no sólo consuela. Paco y Letty podían retirarse a ese mundo silencioso a voluntad. Podían pasar literalmente horas. la maravilla de su arte. me enseñó el camino hacia la inmanencia y me mostró la sutil pero necesaria distinción entre la reflexión interna y el total abandono al silencio. el regalo se develó. Era como si tuvieran que descubrir el sentido de aquella ola de dolor. yo me callaba también. es búsque- da. Letty. No era un silencio pasivo. Es el espacio correcto para el duelo. Me imagino que así se debe ver un místico cuando reza profundo. CINCO REGALOS Pero cuando el dolor de mi chino amigo se acercaba al rojo.

en total y absoluto silencio. MORIR EN SÁBADO Letty aprendió a rezar en silencio. a escucharse en silencio. Espero que con el tiempo pueda integrar a Paco en todos mis silencios. no porque pudiera ver al abulito. Tercero: Aquí y ahora Javi podía ver a sus muertos. en mi vida. las palabras hubieran roto la magia. Letty fue una gran alumna. por el contrario. Espero algún día. libre y cotidiana. Yo no estoy seguro de haber aprendido todo lo que me quiso enseñar. Podía verlos. Paco un extraordi- nario maestro. que yacía sobre su regazo. comprendió el sentido y descubrió el regalo más rápidamente. 220 . Mucho. todo sigue siendo posible a esa edad. simple y sencillamente porque seguía siendo niño. Unos minutos antes de que muriera. El dolor de Paco si tuvo sentido. Javi me regaló un escalón que sirve de apoyo para asomarme a la trascendencia. recibir instrucciones y discutir sobre la importancia de la sopa o de la gelatina. Al menos lo tuvo. Habían aprendido a comunicarse así y no era necesario hablar. sino porque los podía ver y disfrutar en tiempo presente. a su madre o hasta al Ángel. Javi podía vivir su dimensión espiritual de manera sencilla. por que lo extra- ño. aquí y ahora. sin necesitar la muerte como excusa para hacerlo. a escuchar en silencio. acompañó a su hijo. Podía sostener conversaciones. Aprendió a llorar en silencio y a diferen- cia de muchas otras madres y padres. encontrarlo ahí. tenía sólo cinco años.

CINCO REGALOS La dimensión biológica de Javi estaba rota. La experiencia de acompañar a un ser tan extraordinario como Javi. se desarrolló como el sentido de audición que se perfecciona frente a la pérdida de la vista. útil. 221 . Su espacio espiritual. era. un desapego nada común en niños de cinco años Muchas otras experiencias al lado de camas de moribundos me enseñan que el apego es totalmente inútil cuando uno tiene que morir. A Javi no le importaban “las cosas” decía su padre. Su dimensión psicológica estaba marcada por su enfermedad y condicionada por una circunstancia sumamente compleja. las cadenas y amarras que constitu- yen los apegos biológicos. probablemente nunca lo tuvo. terriblemente limi- tada para un niño de su edad: Javi no tenía prácticamente ningún amigo. sociales o hasta espiritua- les. resulta muy útil el irse un poco más ligeros de equipaje. había estado enfermo prácticamente desde que tenía conciencia. entre otras cosas. la compañía sensible y honesta de aquellos a los que hemos amado… vivos y muertos. eso era evidente. por su propia condición. Su dimensión social. adolescentes o adultos– tan desapegadas y libres como este pequeño con cara de chimpancé. es única pues permite ver a la muerte simple y sencillamente como debiera ser: un tránsito humano. psicológicos. le permitía desplegar sus regalos de manera eficiente. De nada sirve el lastre. Es sumamente difícil encontrar personas –niños. Entre otras cosas el trabajo del tanatólogo busca acompañar a los moribundos a que encuentren caminos que les permitan libe- rarse de sus apegos más complejos. que no requiere más que la propia conciencia y si se puede. Estaba demasiado ocupado jugando con una dimensión que a falta de las demás. Pero su dimensión espiritual era rica y le permitía.

aquí y ahora. la psicológica y la social. Abrazar el dolor. ella pudo ser madre de ese niño. aún cuando es una de las más difíciles de explicar. un regalo excepcional que no quiero dejar de resaltar por su enorme impacto de largo plazo en la vida de su enfermera favorita. Se podía dialogar con él. no como un discurso retórico del tanatólogo. Silvana aprendió de Javi que a veces. Javi. hay que dejar que el dolor simplemente duela. salvar. para vivirla. El regalo de Javi nos enseña que nuestra capacidad espi- ritual es tan real y tan útil como la biológica. que no sirve evitarlo y que es necesario aprender a integrarlo. Es común que durante el proceso de acompañamiento surjan algunos regalos intencionales y otros tangenciales. permitió a Silvana descubrirse a sí misma. La sencillez y disponi- bilidad de este niño. le permitió doblegarse ante el duelo que durante tantos años había evitado para no hacer frente a su dolor. es probablemente una de las cosas más útiles que podamos hacer. hizo además. se podía reclamar. llenar un espacio que había estado aparentemente vacío hasta entonces. Javi entregó uno de los regalos tangenciales más extraordinarios que me ha tocado presenciar: el que le dio a Silvana. perdonar. conocerse en el dolor y la aparente locura de este pequeño. su muerte. MORIR EN SÁBADO El uso de esta dimensión espiritual. Que no necesitamos morir para descubrirla. Javi supo cómo. Javi le descubrió la maternidad como una realidad existencial. La vida de Javi le permitió a la jefa de enfermeras. 222 . le permitió entre otras cosas reconciliar a su padre con su abuelo. aunque fuera tan sólo de manera temporal. Javi le enseñó a su papá que era posible recuperar a aquél viejo con sombrero de cuadritos y que no importaba que se hubiera muerto hacía ya tantos años.

ni un poco más. (1975. La familia de Mau. cfr. me enseñó mucho sobre el poder del perdón. nos amplifica los sentidos lo que resulta suma- mente útil en una situación límite como la de la muerte inminente. sino el miedo. Mau no le tenía miedo a la muerte. es sumamente gratificante encontrar madres o padres que sí saben qué hacer. a pesar de ser el sentimiento menos popular. por eso. Creía que su enfermedad había provocado la huída de su padre. en rencor. el miedo nos ayuda a estar atentos y alertas. que el miedo. de alguna manera. 223 . 2004). También. el miedo también humaniza. su madre se quedaría sola después de su parti- da. El miedo de Mau. no sabía cómo enfrentarse a la enferme- dad del pequeño. Kübler-Ross. Mau tenía mucho miedo de que se le acabara la vida y no pudiera tener la oportunidad de empatar el marcador de su parti- do personal. el miedo nos hace evidente nuestra condición humana tal cual es. E. en lejanía. traducido tantas veces en enojo. Barcelona: Grupo Editorial Random House Mondadori. con el miedo es posible ser conscientes de nuestros propios límites. de hecho. Le aterraba pensar que su padre no regresaría nunca y que por su culpa. de nuestros alcances reales y de nuestras fronteras. Me gusta pensar que el contrario del amor no es el odio. el dolor o el silencio. Sin embargo me parece también. Sobre la Muerte y los Moribundos. Eran muchos miedos los que se sumaban y acumulaban en su familia. convirtió su miedo en enojo. 13. CINCO REGALOS Cuarto: El poder del perdón El miedo de morir es miedo de vivir13. vivos. le temía a la vida. Sucede todo el tiempo. Hay que tratar de morir. Segunda Edición. La familia de Mau. Como el humor. ni un poco menos. es un instrumento útil mediante el cuál aprendemos a ser personas. Sirve morir conscientes y alertas. Sin duda.

el padre no estaba enojado. tampoco el miedo. Con su último respiro Mau. Bastó un sólo minuto. era el tiempo del perdón. 224 . Silvia y Alberto se separaron algún tiempo después de la muerte de Mau. de la cuál se había sentido culpable ya demasiado tiempo. su muerte tan repentina nos sorprendió a todos. MORIR EN SÁBADO en ausencia. Quería perdonarlo. le dio una oportunidad breve pero poderosa al amor: le entregó a su padre el casco que ahuyenta el miedo. el padre no debió decir más. Mauricio tenía muy poco tiempo. a veces no. Mauricio le regaló a su padre un enorme espejo en el cuál se pudo reflejar la verdad sobre su ausencia. sabía que no había tiempo que perder. El gesto de Mauricio fue sutil pero efectivo. quería darle una oportunidad al amor. quizá un sólo segundo para lograr la reden- ción. por la fuerza y el poder del perdón. Supieron perdonarse. y el pequeño Mauricio creyó que él era el culpable de todo ello. Miedo que se pudo convertir en amor. del disfraz que habían compartido tanto tiempo. Igual que el niño. Él sabía bien que estaba a punto de suceder. aquél niño que estuvo tan enojado por tantos meses. la mayoría de las veces las personas hacemos lo mejor que podemos dado el grado de amor o de temor que sentimos. logró enfrentar su miedo con la urgente necesidad de arreglar aquella situación. sabía que probablemente tendría una única oportunidad para sal- var a su padre. Siempre he creído que frente a situaciones adversas. El enojo ya no era útil. Aprendieron del miedo de su hijo. Lo hicieron en paz. que lo rescataran de su miedo. estaba asustado. El dolor provocado por el tumor no parecía ser nada en comparación con el dolor de la culpa que sentía. incluso a los médicos. ese que salva. Por una vez en casi dos años. era el tiempo de la muerte. Mauricio pedía literalmente a gritos. A veces el temor vence al amor. En sus últimas frases.

El testimonio de todos estos niños es extraordinario y podero- so. Apreciaba a su familia por encima de todo. Yo había leído a Buber14 sin entenderlo del todo. al que al igual que Lucy. También Juanito entendió con profundidad el sentido de ser personas-en-comunidad. que es posible poner toda la energía. En referencia fundamentalmente a: Buber. Este niño no era la excepción. dialogaba de manera sencilla con Dios. Fue tan mexicano como es posible serlo. era cambiando él. Es el sacrificio mayor que desde mi perspectiva puede lograr un niño de esa edad: dejar de pensar en él. durante sus últimas semanas. Fue un maestro excepcional. disfrutaba hasta la médula la música ranche- ra y no se explicaba a sí mismo si no era en el reflejo de los ojos de sus hermanitos. tiene 14. que es posible la felicidad. nos enseñan cotidianamente que la vida es en plural. Entendió a tiempo que la única manera en la que podía facilitar el cambio en su familia. pero el regalo de Juanito. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. Los indígenas mexicanos. toda la creatividad. entendía mucho mejor que los demás. Aquél niño indígena. en grupo. Demostró día a día. 225 . Los cinco regalos son enormes. en función de los demás. cuando puedo entregarme por completo a los demás. (1994). encontró un camino de libertad e hizo del desapego un verdadero arte. M. en comunidad. el talento y el amor. sus tías y por supuesto su madre. sencillo. cambiar intencionalmente para demostrar a su gente que es posible dejar ir. pero sí lo entendía bien. Yo y tú. Juan nunca lo leyó. CINCO REGALOS Quinto: Hacerme persona en el otro Juanito fue la primera persona que he acompañado hasta su muerte.

revolucionarios y genios: la intencionalidad. ni la pérdida de la propia vida podían ser más importantes que el espacio de tiempo que su madre necesitaba para abrazar su dolor. Lo más seguro es que sí. la confusión. Parecía que nada de eso le ocurría. Prefiero creer lo que vi. la tristeza y el duelo. Si ella no estaba lista. MORIR EN SÁBADO una característica única entre este selecto grupo de sabios. Así lo había diseñado Juan. ni la confusión que provocan las medicinas. más que la de ligarse sentimentalmente a todo lo que estaba suce- diendo en el cuarto 101 del hospitalito de Cuernavaca. María se convirtió en la prioridad. el miedo. de tan sólo nueve años. santos. Sería una casualidad o una mera interpretación del tanatólogo que no tuvo otra opción. la angustia. podrían no estar de acuerdo conmigo. de esta magnitud. A pesar de él. Pero además. Lo más seguro. Escondió el dolor. decidió obligar a la muerte a hacer una pausa para demostrar con su vida. a darle sentido. pudo construir una serie de símbolos que nos orientaron a los demás a apoyar su esfuerzo. la conciencia suficientemente expandida como para realizar un acto moral. todo nuestro esfuerzo se dirigió a la mujer. lo que escuché y sobre todo lo que sentí. de Coatepec. Quizá así fue. Juanito hizo de la generosidad una manera de vivir. con su testimonio. la muerte tendría que esperar. Así nos lo pidió. intencional. cansado y asustado. Los psicólogos del desarrollo. fue capaz de sembrar el camino con pistas y seña- les. es que el pequeño de casi diez años la estaría pasando 226 . ni el cansancio. Juan. Un niño tan pequeño no parece tener la capacidad cog- nitiva. con su palabra sencilla o su silencio profundo que ni el dolor. a pesar de aquél niño flaquísimo e invadido de cáncer. No había nada más importante.

María fue en verdad la prioridad. que ninguno de noso- tros la cuestionó. dentro. Pude hacerme persona en los ojos de Juan. CINCO REGALOS mal. Al soltar las amarras de su hijo. Paco. murieron bien. haya encontrado un buen reflejo en los míos. Juan. Espero que él tam- bién. Javi y Mau. este trascendió el dolor y el miedo. Lucy. Los cambió por amor. 227 . Pero su decisión era tan clara.

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MORIR EN SÁBADO .

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Sin embargo. sino biólogos. nuestra familia y las herramientas personales que van conformando nuestra personalidad nos van permitiendo poco a poco elegir. La muerte es tan sólo una gran excusa. pues nues- tro trabajo se trata más de la vida que de la muerte. Los niños más que nadie. a Elisabeth Kübler-Ross. ¿cuándo?. descubrí entre otros. quien nos demostró con su larga e intensa experiencia de acompaña- miento que la vida no es cuestión de tiempo. parecen estar más cerca de la muerte que los demás. sin duda. somos una semilla con un potencial gigantesco. para lograrlo. la trascendencia y la generosidad. La vida. Me formé con los Jesuitas. Sus familias también. pero también la alegría. ¿dónde?. será desarrollado. ese que enseña con claridad que si no es ahora. en medio de un muy sensato Existencial-Humanismo. No nos deberían llamar tanatólogos. y si no soy yo. ¿quién? Con ellos. La muerte tiende a magnificar las cosas: el dolor y el miedo. que por cualquier razón. sino de intensidad. nuestro momento histórico. qué de todo ese potencial con el que nacemos. si no es aquí. es fundamental que 231 . Cuando nacemos. para trabajar con la vida de las perso- nas. nuestra circunstancia. y que las personas que están cerca de la muerte tienen mucho que enseñarnos sobre la vida. Los biólogos nos ganaron el nombre. entre otros muchos gozos que por ser persona nos son regalados.

salud y enfermedad. como si el dolor humano fuera malo. fúmate un cigarrito de marihuana. de plenitud y de felicidad. No se trata. Por miedo. estamos creando un mundo en el que se busca evitar a toda costa el dolor. y la felicidad me saca. esa que nos ayuda a descubrir las respuestas adentro. De lo que se trata es de aceptar que la vida humana. no se agote. nos dicen otros comerciales. de gozo. olvida tu realidad. el fracaso y la muerte. amor y miedo. pero también de obstáculos. inhala esta línea de cocaína”. de fatiga y de fracaso. utilice este cinturón que mediante descargas eléctricas hará que sus músculos trabajen. tómate una tacha. olvídate de todo. me pregunto. cerca de estos niños y niñas. de dolor. 232 . escuchamos en la televisión. destruimos probablemente la herramienta más poderosa a nuestro alcance para convertirnos en toda la persona que podemos ser. “No sufras. y que en la vida humana existe alegría y tristeza. en un sentido ético. El dolor me mete. MORIR EN SÁBADO comprendamos que la luz llega acompañada de sombra. no te agobies. mientras usted está cómodamente sentado o acostado”. “No haga ejercicio para tener un cuerpo saludable. está llena de alegría. ¿por qué es más útil el dolor que la felicidad? Mi respuesta es simple. al vivir la experiencia de muerte. Es importante apreciar que el dolor y el fracaso son medios útiles y poderosos para la inmanencia. le dicen a nuestros jóvenes. por supuesto. de vivir sufriendo. Muchas veces. No hemos querido entender que al evitarlos. El mundo que día a día nos estamos construyendo busca evitar el dolor a través de medios artificiales: “Aprenda inglés dormido”. Esa es probablemente la gran tragedia de nuestros tiempos.

pero este. para sanar. A veces no lo podrán explicar. frustradas. No olvidarán nunca ese momento. ¿Por qué le da leucemia a un niño?. ¿Por qué se muere un niño que no ha vivido a plenitud nuestro mundo. ¿por qué? He aprendido que esta pregunta no tiene respuesta. por que proyecta a estas mujeres hacia las profundidades de su propio silencio. empiezan a encontrar dentro. sin embargo. Logra apaciguar el llanto 233 . y típicamente preguntan ¿por qué? ¿Por qué Dios ha permitido que se muera mi niño?. cuando el silencio se apodera de sus vidas. las madres se acercan al tanatólogo. lentamente lograrán encontrar –en la mayoría de los casos– sen- tido. que cuando el pequeño muere. o seis años padece esos dolores terribles?. enojadas. no lo se. literalmente. no tiene respuesta y sin embargo es necesaria. imposible de responder. rotas. Reciben mucho consuelo de fuera. se inscribe poderoso en sus vidas. pero luego. muchos con- sejos. Encuentro que existen tres fases posteriores a la muerte de los niños. Estas tres fases. que las madres desarrollan de manera intuitiva. fundamental pero violenta. eso es sin duda útil. ¿Por qué un pequeño de apenas cinco. lleno de maravillas?. se pueden definir. ¿por qué a nosotros?. Esta pregunta. no dejará de doler. agotadas. desde la pregunta que las origina. secuestradas por el silencio. las respuestas que ellas necesitan para recuperarse. nadie los sabe. busca respuestas a la pregunta ¿por qué? Es inevitable. La Fase I. Sobre el duelo Observo con detenimiento a las madres de estos niños quienes después de la muerte de sus hijos son. ¿por qué se enfermó?. mucho cariño. no lo podrán describir. MORIR EN SÁBADO 1. el sentido.

La pregunta “¿para qué?”. ¿Para qué se murió mi niño?. para lograr trascenderla y encontrar una pregunta más adecuada. MORIR EN SÁBADO y la impotencia al convertirla en enojo y búsqueda. requiere soluciones mucho más complejas. Aún así. La muerte de un niño es cosa sumamente com- pleja. apela a una solución sencilla. Ese pequeño que sufrió a lo largo de su enfermedad fue capaz de obsequiar cientos de regalos. ¿para qué fue hijo mío?. por lo que no basta con preguntarse por el dolor y la muerte. Cuando éstas se rompen violen- 234 . es capaz de construir una distinta. distintos. ¿para qué en esta familia?. dentro. busca respuestas a la pregunta ¿para qué? Al no encontrar respuestas afuera. ¿para qué de mi pareja?. Los padres. Logra la inma- nencia. que es necesario buscar en otro lado. útiles de distintas maneras para cada una de las personas que tuvimos el privilegio de acompañarlos. ¿para qué sufrió el dolor físico provocado por su enfermedad? ¿Para qué? El duelo se convierte en respuesta. ¿Para qué nació mi hijo?. Cada persona que ha estado en contacto con ese niño o esa niña. la pregunta se necesita para demostrar que no tiene respuesta. típicamente construyen una serie de expectativas alrededor de la vida de sus bebés. donde no existe la riqueza para explicar. ni encontrarlas frente a la insuficiente pregunta de “¿por qué?”. No es posible encontrar. pero gloriosa al final del proceso. ese regalo que diseñó Dios para encontrarlo. y la respuesta en regalo. Es necesario hacer un cuestionamiento profundo sobre la vida de ese niño o niña. La Fase II. Regalos personales. continúa hacia la búsqueda de sentido. permite encontrar el espacio y la paz. El silencio que ha provocado esta pregunta sin sentido. Difícil de res- ponder en un inicio. es quizá la primera pregunta que surge. ¿para qué se enfermó?. Cualquier respuesta a la pregunta “¿por qué?”. el proceso reparador del duelo.

dolo- roso y profundo. 235 . La frustración mezcla de algún modo una serie de sentimientos profundos: el miedo. con sus familiares. el regalo aparece. donde surge la tercera etapa. y eso por supuesto. MORIR EN SÁBADO tamente por un diagnóstico de cáncer. la tristeza. se provoca no sólo un dolor de proporciones inimaginables. Encuentro que en algunos casos. Sólo se pueden descubrir las útiles respuestas que surgen de la maravillosa pregunta ¿para qué?. Cosa nada fácil. sino una tremenda frustración. nos remite a nuestra propia muerte. Empiezan. Cuando el miedo se supera. la vida sobre la muerte. el enojo. Sin embargo. y éste es capaz de cegar a la persona más sana y más llena de herramientas personales. Por eso es que a veces es difícil encontrar el regalo que cada uno de estos niños nos da. nuestra propia muerte. las madres de estos niños. Es un proceso complejo. son capaces de trascender este miedo. quien ésta haya sido. por ejemplo. desde muy temprano en el duelo. con sus demás hijos. asusta. Su pregunta se convierte en una celebración que da total sentido a la vida y a la muerte de sus hijos. Es ahí. el sentimien- to fundamental que subyace al estado de frustración es el miedo. El miedo se convierte en una fortaleza poderosa que impide reconocer el bien sobre el mal. Cuando han logrado un importante número de respuestas. nuestra tem- poralidad en este mundo. se dan cuenta de que las tienen que compartir con su pareja. pero sin duda reparador. cuando se trasciende. Es inevitable reconocer en la muerte del otro. nos descubre nuestra propia finitud. Encuentran respuestas de todo tipo. el triunfo sobre el fracaso. que en otra circunstancia hubiera podido utilizarlas para superar una crisis. cuando nos permitimos vivir la muerte sin miedo. pues la muerte de una perso- na que hemos amado. con Dios. a gozar el recuerdo de sus hijos y a apreciar sus regalos.

que a la vez. en ese momento. a Dios. soy para el otro. por que no son capaces de superar su miedo. el miedo es a veces más fuerte que el regalo. en la infinita posibilidad de interpelar. busca respuestas a la pregunta ¿para quién? Nos hacemos persona en los ojos de los demás. Sólo cuando me reconozco en el otro. Muchas parejas no sobreviven la muerte de un hijo. Cemento y ladrillos que fueron regalados por ese niño que se acaba de marchar. El amor a los hijos. a los padres. Cemento y ladrillos. por que todas esas respuestas que se han construido desde el silencio. Es por ello. Observo muchas veces con gratitud y emoción. con los hermanitos del niño muerto. por que necesitan seguir construyendo sus familias y por que tienen. Hablan. provoca una celebra- ción. por que piensan que al quitarle la envoltura a aquél paquete. Me descubro a mi mismo en la ínter subjetividad. necesariamente deben tener un destinatario. todas esas respuestas que dan sentido a la vida y a la muerte. permiten construir un monumento interior que honra y dignifica el sufrimiento de quien los ha regalado. de verme a mí a través de los ojos de otro. pero se dirige al próximo. su frustración. MORIR EN SÁBADO La Fase III. estarán diciendo un adiós definitivo a 236 . y son capaces de edificar una casa sólida para los que se quedan aquí. me conozco en el otro. al dolor y a la alegría. un extraordinario cemento y fuertísimos ladrillos para edificar. hablan con su pareja. su culpa. a los hermanos. Sirvo para el otro. El amor sólo tiene sentido cuando surge de mí. que la pregunta ¿para quién?. Sin embargo en muchas ocasiones. a los amigos. cómo éstas mujeres que acaban de perder a un hijo. por que necesitan compartir el regalo que han recibido. puedo conocer a Dios. con sus padres. Evitan recibir el regalo. a la pareja. me construyo en el otro.

de una pareja. MORIR EN SÁBADO ese hijo que nunca hubieran querido dejar. 237 . El cemento y el ladrillo los unirá para siempre. la lejanía de un ser querido. (1994). que son producto de las pérdidas necesarias que sufrimos a lo largo de la vida. la pérdida de la armonía familiar. su cansancio. más consciente y en consecuencia. pasadas. son mucho más capaces de construir sus vidas con la vida y la muerte del niño que ya se ha ido. su miedo y su 15. nos coloca frente a la realidad de que yo sólo soy persona. cuando no sólo soy yo. justo antes de chocar contra el suelo. La muerte de nuestra mascota favorita de la infancia. Buber. Cada una de estas pérdidas nos fortalece. Su duelo. Esa red. nos enseñan a ser libres. que quienes han apren- dido que el dolor es en realidad un medio para crecer en concien- cia. la pérdida de la comodidad o de la seguridad. a los próxi- mos. facilita o impide la posibilidad de desechar el miedo y abrazar el regalo. su tristeza. son todas ocasiones que nos construyen. M. Eso es lo que le sucede a estas mujeres. Es como si su historia personal abriera una red y los detuviera en la caída. la importancia del otro en nuestras vidas. de un amigo. Pero cada una de esas pérdidas nos enseña sobre todo. más resistente. de cada padre. Al abrir el paquete. a los otros. Pérdidas. la pérdida de un trabajo. nos abre la posibilidad de construir un “yo” más sano. la pérdida de la juven- tud. Yo y tú. de cada familia. La historia personal de cada madre. Cfr. su dolor trasciende su realidad unipersonal y las proyecta a los demás. sino yo-tu15. se construye con los hilos fuertes. Veo siempre con interés. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. a asumir nuestra realidad presente. el niño se hace parte definiti- va de su vida. puesto que fundamentalmente nos enseñan a elegir. La realidad demuestra todo lo contrario. simples o complejas.

porque nos permite elegir un camino diferente. por que nos permiten mirar dentro y modificar nuestras prioridades. nos constituye y nos dignifica. la muerte puede ya convertirse en celebración de vida. lleno de respuestas. desde la infancia y la hemos consolidado en nuestra adolescencia y en nuestra edad adulta. Todos hemos cons- truido una personalidad. El dolor. de un nieto. Sobre la actitud frente a la muerte Los adultos somos producto de nuestras elecciones. nuestros 238 . somos resultado de nuestra libertad. MORIR EN SÁBADO corazón. es un regalo doloroso pero extraordinario. de un hijo. ¿para quién son estos regalos que construyó con su vida?. ¿para quién murió?. Cuando se identifica ¿para quién vivió este niño?. Todos tenemos un estilo personal. de un amigo. se ha convertido en recuerdo y la conciencia de estas mujeres. La cercanía de la muerte de un niño. de un hermano menor. Ésta. es la que nos hace reaccionar de manera personal frente a la turbulencia y el dolor. una capacidad de afronta- miento con el que hacemos frente a las distintas crisis situacionales que se nos presentan a lo largo del camino. a partir de la observación inmanente de nuestras respuestas pasadas frente a la adversidad. Es necesario aprender a elegir la actitud con la que se asume un proceso tan complejo y devastador como la enfermedad terminal de un niño. sólo podrían seguir teniendo sentido si su conciencia se proyecta hacia los demás. Por eso es que el proceso humano de la elección. Los niños moribundos cambian nuestras vidas. 2. en buena medida. ha quedado expandida para siempre.

a veces con dolor. para bien o para mal. a veces con alegría. aquellos condicionamientos. aquellos paradigmas que ya no nos sirven. Algunos lo logran con terapia. El silencio y la libertad. este silencio interior. en la que vamos guardando las situaciones de vida que nos han marcado. debemos tomar esos artículos que ya no son útiles. colocarla sobre la mesa. bendecirlos. La vida. cargando una pequeña maleta. Ese acto valiente y complejo amplifica nuestra conciencia y nos descubre una nueva herramienta para enfrentar el obstáculo. En cada estación hay una mesa y una silla. Con valor y cariño. aún cuando en el pasado hayan sido útiles. o nos anclan a un pasado que ya se fue. también nos invita a veces. no habíamos utilizado. Sin embargo. y observar con cariño y concien- cia de dignidad todo lo que ésta guarda. agradecer- les. MORIR EN SÁBADO sistemas axiológicos y nuestros paradigmas. nos invitan a revisar cada uno de los artículos que encontramos dentro para recordar. otros en grupo. los momentos decisivos de nuestra vida. aquellas elecciones pasadas que nos convirtieron en la persona que somos hoy. que aún estando ahí. Las madres y los padres de estos pequeños que 239 . la vida nos regala la posi- bilidad de hacer un silencio existencial. Al llegar a cada una de las estaciones. Transcurri- mos ese camino. nos invita a superar. que la vida. Nos descubren herra- mientas. pero que mientras sigan en esa maleta nos sirven para enfrentar las vicisitudes que el camino nos presenta. aquí y ahora. de sentarnos en esa silla para iniciar un diálogo inmanente que nos permite abrir nuestra maletita. dice Paola mi hermana. sacarlos de nuestra maleta y dejarlos en esa estación. siempre con acompañamiento. es como un camino lleno de estaciones. con amor y estima a nuestro ser persona. a sacar de nuestra maleta.

Los papás y mamás de estos niños sabios. Se puede y es útil. Pero del mismo modo. 240 . en las mejores de esa familia. como componentes de la vida y de sus procesos. Es la fuerza de la muerte. del mal y del fracaso. En general. que las sema- nas y meses que transcurren al pie de la cama del hijo enfermo se convierten por paradójico que parezca. del dolor. La alegría es un estado de ánimo que permite mirar la propia vida con mejor perspectiva. si el silencio no llega. Es por ello. una catástrofe personal y familiar. si el acompañamiento no se busca. de la cercanía de la muerte?. MORIR EN SÁBADO están más cerca de la muerte que ellos. elegir cómo vivirán el proceso terminal de su hijo. ¿es posible elegir una actitud sana. a pesar de su historia personal pasada o aprovechándola. pueden integrar la sombra que parece guiar ese momento de vida. esas semanas o meses pueden ser. Cuando los padres de estos niños son capaces de alejarse un poco de su dolorosa realidad y se pueden ver. ¿Se puede elegir vivir alegre en medio de la enfermedad. La alegría no tiene nada que ver con un falso y vacío optimis- mo. desde fuera. Es una manifestación de la tranquilidad del espíritu y de la aceptación del dolor. con la luz. que al mismo tiempo surge de su situación. en el corto plazo. cuando la maleta se abre a tiempo y se elige cambiar. si la maleta no se abre. podrán entonces. del sufrimiento. lo logran con el ejemplo de vida de sus hijos y con la apremiante necesidad de contener todos los sentimientos que alrededor de un niño moribundo surgen. el humor permite tomar distancia del dolor y observarlo en su verdadera y real magnitud. que mueve a la vida. que en muchos casos. frente a un suceso tan devastador como la enfermedad terminal? Sí.

que los adultos solemos colocar sobre estos niños: “Enfermo Terminal”. Se llama. Los enseñan a vivir en el tiempo presente. Ni enfermo. Estos niños me han enseñado. reclaman. en su mirada. son aprovechadas al máximo por estos pequeños sabios. rezan. Estas. comparten. enseñan. hablan. ríen en medio de su dolor. y por tanto. perdonan… olvidan. sin embargo. olvidan que la muerte asecha. en su disponibilidad. lo hacen por que están por completo comprometidos con el tiempo que les es propio. Los papeles se cambian. que mientras haya un respiro. no de tiempo. se siente o no. La hay. habrá que aprovechar ese tiempo para vivir. permite eliminar de tajo una terrible etiqueta. existencialistas por naturaleza. donde no parece existir la luz. El niño enseña a la madre o al padre. pueden soportar de mejor manera el dolor físico y la cercanía de la muerte. MORIR EN SÁBADO Las madres y los padres de estos niños parecen. Cuando los niños. juegan. nos 241 . a diferencia de la mayoría de los adultos. una frase o un juguete. pelean. se convierte en su maestro. Está en los ojos del niño. en su entereza. ese que es propio de la niñez. en su presencia. Por eso es que. No hay por qué sufrir por lo que todavía no ha pasado. No los enseña a sentirse alegres pues la alegría es un sentimiento legítimo y como tal. que están enfermos. tenemos razones para vivir. como sea que se llame su hijo. en su confianza. el presente. en su Fe. mientras haya vida. Se dan cuenta de que están vivos. vivir encerrados en un oscuro y eterno túnel. La mayoría de las enfermedades termi- nales son terribles. Es una cuestión de intensidad. o unos minutos. Olvidan por unas horas. o son capaces de disfrutar un juego. a veces. otorgan ciertas treguas. La alegría que surge en esos lapsos de tregua. Ríen. ni terminal. para alegrarse.

Son una elección. y permite. El proceso final de estos niños. no espera un milagro o una cura. Saben aprovechar ambos. Sobre el acompañamiento y algunas notas finales El acompañamiento. La risa. la alegría. Al acompañar a otro. no de adulto. amplifica los momentos buenos y convierte estos espacios breves de tiempo en verdaderas celebraciones. de su alegría. el humor. tiene también un efecto psicológico sumamente útil. Surge del reconocimiento de la dignidad del otro. de su fortaleza. activan la Fe en la persona humana. el propio dolor. Además. me permito ser acompañado. Al amar al otro. es una Fe que descubre la magia. descubrir la propia dignidad. la amplitud y la profundidad de ser persona. el propio miedo y la común meta de la trascenden- cia. Hay momentos para el dolor y otros para la alegría. MORIR EN SÁBADO responden con su vida. Son maestros de vida. cosa ya demostrada empíricamente por los extraordinarios “Médicos de la Risa” en México. es una manifestación del amor. 242 . de su dolor. de su miedo. de disfrutar la vida en el momento presente. Cada momento regala algo distinto. ríen en la ale- gría y lloran en el dolor. el humor y la alegría son claras manifestaciones de la sabiduría de vivir en el aquí y el ahora. 3. al mismo tiempo. me permito ser amado. Los niños saben distinguirlos bien. La risa. al menos no en este instante. La enseñanza es clara. la vida es una sucesión de momentos. la propia alegría. la risa activa la Fe. de su trascendencia. Es una Fe de niño. No solamente tiene un efecto terapéutico positivo.

Rogers. pero sí he sentido dolor. la congruencia. es la decisión intencional de estar por completo con el otro. Hacer empatía significa en realidad. El proceso de convertirse en persona. Son necesarias tres cualidades fun- damentales para lograr un acompañamiento útil y profundo. la congruencia y la aceptación positiva incondicional16. 1993). a diferencia de la apatía que significa ignorar al otro. es complicado buscar en el acervo sen- timental personal una experiencia similar al proceso que vive un moribundo. en quien acompaña.R. En general. sino de comprender con cabeza y cuerpo. con un niño moribundo no resulta fácil. o la antipatía. La empatía. activar el amor por el otro. que implica el rechazo del otro. la simpatía que evita una conexión real con el otro. Nunca he sentido el miedo que la cercanía de la muerte provo- ca. México: Paidós. experiencias que pudieran significar a nivel emo- cional. No se trata de sentir lo mismo. Nunca he sentido el dolor físico que un tumor produce. C. Busco revivir estos sentimientos para comprometer mi conciencia en el encuentro con el sentimiento del niño moribundo. las sensaciones y sentimientos que puede estar experimentando el paciente. La empatía. Es por eso que la empatía no se completa si no surge en quien acompaña. situaciones parecidas a las que vive quien es acompañado. pero si me he sentido frustrado y abandonado. Ésta es una manifestación del efecto 16. La empatía. Nunca he sentido la frustración o el abandono que en ocasiones. MORIR EN SÁBADO Carl Rogers tenía razón. interpretando su historia personal y reviviendo. pero sí he sentido miedo. 243 . (1961. busca mirar desde los ojos del próximo. en este sentido. pues sólo desde ahí es posible intentar comprender su momento. Hacer empatía. la limitada medicina moderna genera.

por que el proceso de acompañamiento es de dos y por tanto. si la frustración asusta. su esperanza o su grandeza. Por eso. si la alegría completa. su alegría. El modelo correcto es el que proviene de la interpelación mutua. es tan útil para uno como lo es para el otro. y su dignidad en mi conciencia. MORIR EN SÁBADO que produce el haber decidido estar por completo con el otro. por lo tanto es intencional. se hace persona en mí. cuando acepto su dolor en mi vida. No es posible acompañar a un niño que está a punto de morir. cuando acepto que él también. es nece- 244 . entonces el proceso estará dando resultado en quien acompaña. sin sentir una profunda tristeza y una violenta frustración. en mi expe- riencia. No sirve un modelo diseñado sobre la premisa de que uno –el que acompaña– es quien ayuda al otro. Me hago persona en el otro. la manifestación más clara del proceso de aprendizaje significativo que se vive al tratar de reflejar. Acompañar no significa ayudar de manera unilateral. el que es acompañado. Si el dolor duele. sino aprender. Es. No se puede hacer de otra manera. por que la transparencia desde la cuál el niño actúa. que logra transmitir un niño que agradece y comparte su último momento entre nosotros. Es la sensación viva de dignidad que regala la dignidad del otro. su tristeza en mis ojos. Surge al abrir la conciencia de quien acompaña para sentir el dolor del otro. su miedo. la dignidad que surge del alma de un niño moribundo. de la verdadera ínter subjetividad. Acompañar es una manifestación del amor por que sólo puede ser útil cuando amo verdaderamente al próximo. su culpa. Es una elección. a cada paso del proceso. en ambos sentidos. no da lugar a la hipocresía. en cada momento. La congruencia se sintetiza en la sensación real y contundente de paz.

parte de lo que soy. para siempre. descubro mi propia luz y muchas de mis sombras. Ana María González Garza. cuando lo hago. y es útil por que me recuerda cons- tantemente que se hace necesario dar respuesta a la gran pregunta de mi propia vida: ¿para qué. construye la eternidad. cuando me reconozco en su dolor y en su alegría. El hoy. Javi. ¿para quién yo? El acompañamiento es pues. Es con la construcción cotidiana de un ego sano. Por eso es que resulta fascinante el proceso y valioso el regalo. Notas del Seminario de Desarrollo Humano Transpersonal. No es con la muerte que es posi- ble trascender. cuando reconozco la valía de su vida y la importancia de su muerte. que acompañar. por que en cada momento al lado de estos niños. me constituye. cuando suspendo el juicio y dejo de ver su etiqueta para dar paso a la deslumbrante luz de su dignidad. es con la vida. Mau o Juanito. MORIR EN SÁBADO saria la aceptación positiva incondicional. en mi opinión. A. 245 . La aceptación del otro construye un enorme espejo que refleja lo que soy. Aceptar a otro requiere de la propia aceptación. el duelo de mis niños moribundos me cambia. cuando me reconozco en sus ojos.M. me hago disponible para mí. yo?. México: Universidad Iberoamericana. sensato. permite crear conciencia sobre la trascendencia. 17. libre. para luego. Acepto al otro. cuando lo llamo Lucy. usarlo de escalón y asomarnos a la trascendencia17. enfermo o moribundo. dice que es necesario construir un ego fuerte. Por eso. consciente y realizado. que se puede empezar a conocer el verdadero sentido y significado de la expe- riencia humana. (2001). Paco. González. Al estar disponi- ble para el otro. una de las más grandes herramientas para el auto conocimiento. Maestría en Desarrollo Humano. Cuando lo dejo de llamar paciente. cuando me descubro digno frente a su familia. Descubro con alegría.

Descubrí que la Vida Eterna. donde de manera más plena y contundente descubro a Dios. un poema perfecto o un alma rescatada. Aquél cuya vida sirvió de inspiración. Cfr. Niños y niñas exitosos. interpretando a Betty Anderson. México: Editorial Atheleia. en la experiencia verdaderamente humana de Javi. Quien ha llenado su nicho y cumplido su tarea. una Bendición. Quien nunca dejó de admirar la belleza de la tierra. No somos humanos en busca de espiritualizarnos. La experiencia humana se funda en la ínter subjeti- vidad pues es ahí. me escribió alguna vez mi madre. ya sea por una flor mejo- rada. quien ha vivido bien. en la trascen- dencia del miedo de Mau y en la generosidad sin límite de Juan. para estos pequeños empezó el día que nacieron y no el día en que murieron. quien ha dejado el mundo mejor de lo que lo encontró. Su recuerdo es ya para mí. ni de expresar su admiración. (2003). reído con frecuencia y amado mucho. radica fundamentalmente en nuestra capacidad de interpelar. Quien ha logrado el respeto de hombres y mujeres inteligentes y la confianza de los pequeños. de sus ojos vivos. 246 . somos espíritus en busca de humanizarnos18. A. Ha alcanzado el éxito. Caminos de Trascendencia. Descubrí que la verdadera trascendencia no surgió de la muerte de ninguno de estos niños. 18. MORIR EN SÁBADO Theilhard de Chardin lo explicó mejor que nadie. en la entereza de Paco. de su alma plenamente humana. Descubrí a Dios en la alegría de Lucy. son a los que he tenido el privilegio de acompañar. González. sino de su vida. cuyo recuerdo es una Bendición. en mi relación con los demás. El viejo Jesuita entendió bien que la importan- cia de ser persona.M.

de morir en sábado. aquí y ahora. es posible asumir las pérdidas que la vida nos regala. Nunca seré igual después de acompañar a estos pequeños en su último respiro. Su muerte. es posible emparentarnos con la alegría. es posible descubrir a Dios en el silencio de la inmanen- cia y en los ojos de los demás. es posible ser generosos. Su vida se ha mezclado de manera definitiva con la mía y me está enseñando a conocer mi propia casa. es posible trascender el miedo. Estaré agradecido siempre por haber elegido el camino que me ha llevado a acompañar a estos pequeños. Que Dios Bendiga a estos niños. Lo ha tenido para mí. llegado el momen- to. Es necesario hacerlo ya. me compromete a seguirla edificando. Es posible vivir. y que a mí. es posible aprender del dolor. MORIR EN SÁBADO La muerte de estos niños. me conceda el privilegio. 247 . tiene un sentido.

Castillo 25. Mirando al futuro con ojos de mujer. Ramón Buxarrais. Nuria Calduch-Benages 21. Un apócrifo. Leer la vida. Perspectivas de la juventud actual.) Ramón Buxarrais. John Eaton. (2ª ed. Reflexiones de una maestra. El Evangelio del Centurión. Joaquim Gomis (Ed. Los animales a la luz de la Biblia. Rafael Redondo. Refranes. La radicalidad del Zen. Bolitas de Anís. En busca de la autoestima perdida.) 17. Cartas a Valerio y otros escritos. Jaime Garralda 24. 9. Nuevas entrevistas con Dios al fondo. José Fernández Moratiel 26. Ética de la sexualidad. 7. 11. Taedium feminae. del personaje a la persona. Rafael Redondo Barba 22. Delirio póstumo de un Papa y otros relatos de clerecía. nuestro mundo. Nekane Lauzirika. Joaquim Gomis (Ed. 6. Los salmos. Callejón con salida. 4. La Congregación de “Los Luises” de Madrid. Enrique Bonete (Ed. Carlos Muñiz Romero. El círculo de la creación. Memorias de una maestra. Federico Blanco Jover 13. Isabel Agüera Espejo-Saavedra.) . Convertir la mente en nuestra aliada. La feminidad en una nueva edad de la humanidad. Sákyong Mípham Rímpoche 20. Apuntes para la historia de una Congregación Mariana Universitaria de Madrid. 8. Rosa Corazón 16. José M. 3. Isabel Agüera Espejo-Saavedra. (Edición revisada y aumentada). ancianos y presos. Otro gallo le cantara. Sonia Reverter Bañón 23. Volver a la vida. Cosas de niños. Director: Manuel Guerrero 1. 12. Cómo lo imaginan 17 cristianos. s. Palabras para hablar con Dios. Carlos López Pego. 2. De lo humano y lo divino.) 18.j. La mirada del maniquí. 10. Aquilino Polaino-Lorente 19. El Concilio Vaticano III. Luis Esteban Larra Lomas 14. 5. Europa a través de sus ideas. Diálogos para educar en el amor. Desde el silencio. Monique Hebrard. dichos y expresiones de origen bíblico. Nulidades matrimoniales. Blanca Sarasua 15. Prácticas para conectar de nuevo nuestras vidas. Rosa de Diego y Lydia Vázquez. El disfraz de carnaval.

Anselm Grün. Tom Wright 32. Régis Burnet 30. Jaime Garralda . Siglo I al XXI. Alfonso López Quintás 38. El esplendor de la nada. Desenterrar y vivir el Evangelio. la experiencia del Ser. Dertrás de la apariencia. Dios está en la cárcel.27. De pecadora arrepentida a esposa de Jesús. Carlo Clerico Medina 35. Dirigir espiritualmente. Una vía de ascenso a la madurez personal. María Magdalena. La alcoba del silencio. Rafa Redondo Barba 28. Morir en sábado ¿Tiene sentido la muerte de un niño?. José María Toro 37. Rafael Redondo Barba 36. Jaime Garralda 34. El Judas de la fe y el Iscariote de la historia. José M. Enrique Martínez Lozano 33. Aromas del zen. Castillo 29. Historia de la recepción de una figura bíblica. Friedrich Assländen 39. Judas y el Evangelio de Jesús. La Sabiduría de vivir.)– 31. Enrique Martínez Lozano 40. José Fernández Moratiel –Escuela del Silencio (Ed. Matilde de Torres Villagrá 41. Zen. La Iglesia y los derechos humanos. Una mirada transpersonal. Recuperar a Jesús. Con San Benito y la Biblia. Descubrir la grandeza de la vida. ¿Qué Dios y qué salvación? Claves para entender el cambio religioso. Rafael Redondo Barba 42.

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el 7 de julio de 2010 . S. Este libro se terminó de imprimir en los talleres de Publidisa. en Sevilla..A.