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ATENCIÓN DE NUESTRA PATRIA

Nuestra patria tiene a María de Luján por patrona. Por eso todos y cada
uno de los argentinos deben mirarla con atención.
¿Para que mirar a María con atención?
Para imitar su vida. Si no la miramos con atención no la conoceremos y sino no
la conocemos no la amaremos y sino no la amamos no la imitaremos. Mirar con
atención es contemplar, es un mirar amante que lleva a la transformación del
contemplante en lo contemplado.
Contemplar a María en la anunciación.
¡Qué humildad la de esta virgen nazarena! ¡Qué humildad y que prudencia! Pero
muchas más cosas podemos contemplar en este pasaje. En especial la fe de María
que la hace entregarse sin reservas al plan de Dios manifestado por el ángel:
“he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Mirar con atención y aprender para poner por obra. La Virgen nos enseña a estar
disponibles, con absoluto abandono, al plan de Dios porque tiene Dios un plan
sobre nosotros como lo tuvo sobre la Virgen y en la fidelidad a ese plan está
nuestra salvación.
Contemplar a María en la infancia del Niño. Su alumbramiento milagroso
en Belén. María callada también contemplaba las maravillas que Dios hacía en
ella y por ella. ¡Qué amor a la pobreza! Así lo quiso Dios y así lo aceptó María.
Cuna pobrísima, compañía pobrísima, visitantes pobres, aunque en medio de la
pobreza la exultación magnífica de los coros celestiales. Cuánto nos enseña la
pobreza de Belén a nosotros que tanto nos afanamos por las cosas materiales.
Dios y su Madre poseedores de todas las riquezas del universo quieren que el
nacimiento sea en suma pobreza. Mirar con atención para aprender a ser pobres
y a conformarnos con lo que Dios nos da.
Mirar a María en los primeros años de la vida del niño.
Su religiosidad para cumplir con todo lo que mandaba la Ley, o sea, la religión
de su tiempo. La circuncisión, la presentación en el templo, el nombre para el
Niño que les había sido revelado. Sus subidas a Jerusalén.
Contemplar el amargo trago del destierro.
María lo aceptó con total sumisión. Aceptó el dolor de vivir lejos de su patria,
entre extranjeros y paganos y también en suma pobreza, confiada, junto con José,
en la providencia de Dios.
Mirar atentamente a María en Nazaret.
Donde vivió su deber de estado con tanta simplicidad, tan sencillamente, de
forma extraordinaria poniendo a cada obra de su día el exquisito condimento de
su amor. El amor hace de las obras simples obras extraordinarias y por el
contrario las mayores obras sin la caridad no sirven de nada. Mirar y aprender
como en la tarea diaria, por más común que sea, se va realizando la santidad. En
la tarea bien hecha, en la hecha con equidad y perfección, se va desarrollando la
vida interior y se va preparando la morada del cielo.
Mirar con atención a María en la vida pública de su Hijo.
Su intercesión en Caná y su extraordinario consejo: “¡haced lo Él os diga!”.
Mensaje profundo que contiene la clave de la perfección.
Mirar a María al pie de la cruz.
Firme, de pie, acompañando a su hijo en el dolor. Aprender de ella la necesidad
de pasar por la cruz para llevar grandes frutos. La compasión de María, que la
hizo Corredentora de la humanidad, nos enseña a seguir a Cristo con nuestra
cruz. Si queremos ser buenos hijos de María debemos acompañarla en el
Calvario. Si queremos que nuestra Patria sea grande es necesario que pasemos
por la cruz y la aceptemos para acompañar a Jesús, para ser sus discípulos. Allí
vemos, que Cristo la hace nuestra madre y esto es de suma importancia. María
no sólo es Madre de Jesús sino también Madre nuestra. Nuestra Madre es la
Madre de Dios. No podemos olvidarnos de esta verdad y ser hijos que no honren
a su Madre. No somos huérfanos para andar solos sin Padre y sin Madre.
Tenemos una familia que debemos honrar: Dios es nuestro Padre, María es
nuestra Madre y Jesús es nuestro hermano mayor.
Mirar con atención a María después de la muerte de Jesús, su fortaleza y
su esperanza. Su consolación a la naciente Iglesia. Su ayuda materna a todos sus
hijos hasta el fin de sus días.
Mirar con atención a María en el cielo, en la imagen de Luján, donde
aparece coronada y gloriosa y saber que tenemos una Madre que intercede por
nosotros, que es Reina y Señora de toda la creación. María quiere llamar nuestra
atención y no ciertamente por vanidad sino porque quiere ser nuestro modelo y
quiere moldearnos a imagen de Jesús.