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Pierre V ernant

V idal-N aquet

9-4001196

Y TRAGEDIA
EN LA GRE(
ANTIGUA i

o

J e a n -P ie n e V ernant es p ro fe so r h o n o rario
del C ollege d e France y autor, enere o íro s
libros. d e Los orijjenes <M pensamiento goego
y E i»nérfiduo. to m u ttte y el omor en to antigua
Creció, am bos ta m b e n publicados p o r
Peídos.

P ierreV rdal'N aquet. h isto ria d o r y d irec to r
d e estu d io s de la École des Hauccs Érudcs
en Sciences Sociales, ha s<do tam bién
d ire c to r del C e n tre L ouis-G ernet. Es au to r
d e n u m ero sas o b ras s o b re la G recia antigua
y la Historia co n tem p o rán ea, e n tre las que
se cu en ta £cor>om<a y socwdod en k¡ anüfua
Grcctf. e s c rito en cotaboracion con
M A m tm e igualm ente publicado p o r Patdos.

raí

I

Μ

M ITO Y TRAGEDIA EN LA GRECIA ANTIGUA. I .

Le Goff. G . K. IIÍ 16. L. el profeta judío apocalíptico 21. místicos de Occidente. K.P.I Γ Shanks.i. II 15. Los místicos de Occidente. La vida en la ruta de ¡a seda IK. \Xf.-P.P. Zum Brunn. / iistoria dc L· brujería 7. Ro^cison. Braudel. /:/ individuo. ta muerte y e l amor en la anticua Grecia 29. Flori. Biirgard y E. l& rttnn. J./l/iií délos imperios 21. J . K. \V. Kusscll. f. En el serrallo 19. K. ü. Cliuliand y J . F. J. Vidnl-Nsqisct. Grirrwl. Bresciani. luí civilización romana 8. fliitoríade los infiernos 9. f j n místicos de Occidente. M ito y tragedia cu la Grecia antigua. FrfcdUnd. Minois. Una introducción a ta Biblia 13. ü. NXr. Zoll. R a g eau d .il. C alv a. 2 o lL .-P. Epincy. M. D.F. Polo y el descubrimiento del mundo 20. G . Los Manuscritos Jc¡ Mar Muerto (>. Friedman y G. Trcitd^old. Whi· field. J.PAIDÓS ORÍGENES 1. J. J. IV 17. Lamer.n torno a l Mediterráneo 4. K. M cGinn. S. V crnnnty P. I N .J. Grim. Γ. Una historia de Dios 25. Freely. bretv histeria de Bizancio 24. Zo!l./l orillas del Nito 2(>. Jerusatén 5. HI Anticristo 2. P. J.-J. Historia d e la escritura 2 i. Los diez mayores descubrimientos de la medicina 11. Lof m hticot de Occidente. Vcmant. t . ZoIJj.Jesús. Armstrong.G .i. Armstrong. La civilización Jet Occidente medieval 10. Caballeros y caballería en la Edad Media 22. Mu/cres trotadoras dc Dios 5. U. Blam or en la Roma antigua 12.

» . JEAN-PIERRE VERNANT PIERRE VIDAL-NAQUET MITO Y TRAGEDIA EN LA GRECIA ANTIGUA Volumen I 4) PAIDÓS iv J r tM 'S V I lA-vc·.

com ISBNr. París O 1986. Madrid.IVimcd ín 5*|>aín .|^ίJos. '.1197-7 (Vol.ie r .^001 üdUior. S.1997.T . >2-2002 Impreso cn A & M Grific. h í ¿ » U s e i t a b l í f i á . 92 -0S021 Barcelona y L'ditoiiol Paiilós. d e r j e a j » 5« e i ¿ t «Uarr.n r : ) } j > l e y f » .. París Traducción <Jc M auro Armiño Cubierta de Joan B ju tlc Prim era edición cn castellano cn Teurus. O 1972.t n u J c r t v k í m » .Titulo original: M ytbe ct trJ$cJíc en Grice áKCtrnne <vo!. Lihraífie Trance}! Mjsprro. cn 2001. cn 19S7. c « R ! p f t R J . G8130 S u . L. SA1CF. Perpetua «ir M ogw b ílW c e h n a l ltr|>rcv> cn r. rdicicnes Paidós Ihcrkj.. Q j c J * i t t g 'J K t i T n t r . A.tJjtr.'m >0 1* 1 o p a : c u l <!e c i t i c b f * p o r c u j ^ i i c r t n c \ i ! o o p m f c i L a i w n i o . M añano C ubí.kco préitx-nopúbÜCfw.CC*!<j«. II ISBN· S-M 95-12000 (O bra c o m p r a ! Depósito Iffcal: Π. Dí /íí k j .K v i . t l o » I j r e { > n ^ r * i i i y <1 t r B iJ . 599‘-‘8u«cot Aire* Ηί)ρ://ν»·Μ·. í i n Í j a u ti> r ¿ M C * 'f » e t e t í u d e J o » t i n t a r * J e ) « C e p y f i e J j i » . y i i ¿ u r & u r i ü r . S. i ) Publicado cn frunces.npaüi .s La Dccouvcítc &: Syroi O 2002 de todas las cd ¡dones cn castclLnn. l a r r p r o O .84-49>. por Editions La Découi'crtc U Syros. c p J t í i H u L u .

........................................ 17 Tensiones y ambigüedades en la tragedia g rie g a .............. «Kdipo» sin complejo . .......................... 45 4..... (laza y sacrificio en la Orvstiada de E squilo............... Sumario P re fa c io ....................................................................................................................... i:i hiloctctcs de Sófocles y la efebía ... 163 índice analítico y de nombres .. ..... ...... 11 J ......................... Ambigüedad e inversión.......... 103 IK V m a l ... 191 ................................................ 79 5.................................... 137 7......... HI momcnio histórico de 1a tragedia en Grecia: algunos condicionantes sociales y psicológicos.... Sobre la estructura enigmática del Edipo Rey .......................... 23 Esbozos de la voluntad en la tragedia g rie g a ................................................ .....................N a q u k t í».........-R V e r n a n t I...

Ί Γ .

Figuras déla máscara en la antigua G recia.·Ρ.-P Vernanl Lista de abreviaturas índice analítico y de nombres . El tirano cojo: de Edipo a Periandro. Edipo en Atenas.-P Vernant ■>. Vidal-Naquei 7. El sujeto trágico: historicidad y transhistoricidad. Veníant PosMcriptum 4. Ensayo sobre el Edipo en Colono. Vi· dnl-Naquet 10. Vidül-Naquet K. P. P. P. Vi- d<jl-Nü¿fUCt *>././. Frnn- tisi'Ducrois 3. Vidal-Naque: (i. P. El Dioniso enmascarado de las Bacantes de Eurípides. Sumario del volumen II Prefacio 1. P.-/? Vermut 2. El escudo de los héroes. cl pasado y el presente. J. Edipo en Vicenza y en París: dos momentos de una historia. Edipo entre dos ciudades. Esquilo. El dios de la ficción trágica. ).·£ Vem ata y /♦>./.

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Prefacio

Reunimos cn este prim er volumen —que será seguido de otro lo an­
te* posible— siete estudios publicados cn Francia y en otros países por­
que tales trabajos se inscriben cn un proyecto de investigación realiza­
do conjuntamente desde hace varios años y que tiene su origen en la
cnxcñanza de Louis G em ct.1
Mito y tragedia, ¿qué entendemos exactamente con esos dos térmi­
nos? Por supuesto, las tragedias no son mitos. Pero puede sostenerse,
por otro lado, que el genero trágico hace su aparición a finales dei siglo
vi, cuando el lenguaje del mito deja de estar en conexión con la realidad
política de la ciudad. £1 universo trágico se sitúa entre dos mundos y es
esta doble referencia al mito por una parte —concebido cn adelante co­
mo perteneciente a un tiempo remoto, pero aún presente cn las con­
ciencias— y por otra a los nuevos valores —desarrollados con tanta ra­
pidez por la ciudad de Pisístrato, de Clístenes, de Temístocles, de
P endes— lo que constituye una de sus originalidades y el resorte mis*

I. Ycasc J-·I1 Vernani. «La Trapcdic grecque scion Louis Cicm rt», H íw w ^ í1 a
tjw it Cierttcl, l’j m . 1966, piy*. > 1-55.

12 Μ ΙΤ Ο γ Τ Κ Λ Ι ϋ ' η ΐ Λ I.N ' L A C K Í .C f A A S T I C 't 'A . I

m o de su acción. En cl conflicto trágico, cl héroe, cl rey o el tirano apa­
recen insertos aún cn la tradición heroica y mítica, pero la solución del
drama se les escapa: no es nunca el resultado de la acción, sino siempre
la expresión del triunfo de los valores colectivos impuestos por la nue­
va ciudad democrática.
Cn estas condiciones, ¿cuál es la tarca del investigador? La mayoría
de los estudios reunidos en este libro proceden de lo que se ha conve­
nido cn denominar análisis estructural. Pero sería un gravísimo error de
perspectiva confundir este tipo de lectura con el desciframiento de los
mitos propiamente dichos. Las técnicas interpretativas pueden hallarse
emparentadas, pero la finalidad de la investigación es necesariamente
distinta. Desde luego, la descodificación do un mito sigue, ante todo,
las articulaciones de! discurso — oral o escrito—, pero su objetivo, qui­
zá fundamental, es fraccionar el relato mítico para detectar cn él los ele­
m entos primarios, que a su vez deberán ser confrontados con los que
ofrecen las demás versiones del mismo mito o conjuntos legendarios di­
ferentes. El relato primordial, lejos de encerrarse sobre sí mismo para
constituir cn su totalidad una obra única, se abre, por el contrario, en ca­
da una de sus secuencias a todos los demás textos que ponen en práctica
el mismo código, cuyas claves debemos descubrir. En este sentido, to­
dos los mitos, ricos o pobres, se sitúan en el mismo plano para el mitólo­
go y, desde el punto de vista turístico, tienen el mismo valor. Ninguno
podría adjudicarse el derecho a la exclusividad y el único privilegio que
el intérprete puede otorgar a uno de ellos es el de escogerlo, por razo­
nes de comodidad, como modelo de referencia cn el curso de la inves­
tigación.
Las tragedias griegas, cuyo estudio hemos em prendido cn estas pá­
ginas, constituyen un objeto totalmente distinto. Se trata de obras es­
critas, de producciones literarias individualizadas en el tiempo y cn el
espacio, que no tienen, hablando con exactitud, paralelo alguno. El
Edipo Rey de Sófocles no es una versión más del mito de Edipo. La in-
vestigacióft no puede llegar a buen termino a no ser que tome en con­
sideración, desde el prim er momento y principalmente, el sentido y la
intención del drama que se representó en Atenas hacía ef año 420 a. de C
Sentido e intención... ¿Q ué queremos decir con eso? Es necesario pre­
cisarlo, pero no es nuestro propósito averiguar que pasaba po r Ja cabe*
za de Sófocles en el momento en que escribía su obra. El dramaturgo
no nos ha dejado ni sus confidencias ni su diario; si lo hubiera hecho,
dispondríamos tan sólo de documentos suplementarios que habríamos

Ι'Κ Ι Τ Λ Ο Ι Ο η

tic someter, ill igual que los demás* a la reflexión crítica. La intention de
U que hablamos se cxpTes;i a través de la obra» en sus estructuras, en su
organización interna, y no tenemos medio alguno de remontamos des·
de ta obra al autor. Asimismo, por conscientes que seamos del carácter
profundamente histórico de las tragedias griegas, no tratamos de ex ­
plorar e! trasfondo histórico, en el sentido estricto de la palabra, de cada
pieza. R. Goosens ha escrito un libro admirable que traza la historia de
Atenas a través de la obra de Eurípides,2 pero es muy dudoso que para
lUquilo y Sófocles esté justificada empresa semejante, y las tentativas re­
alizadas en esa dircción no nos parecen muy convincentes. Desde luego,
c* lícito pensar que la epidemia descrita al principio del Edipo Rey debe
*Ι>,ό a la peste de Atenas del 430, pero siempre podrá argCiirse que Sófo­
cles había leído la litada, que contiene también la evocación de una ame·
tuzante epidemia para toda una comunidad. A fin de cuentas, la luz que
*pnrtü ü la obra tul método es de alcance bastante limitado.
Nuestros análisis operan, en realidad, en dos planos muy diferentes.
I krivan a la vez de la sociología de la literatura y de lo que podría de­
nominarse una antropología histórica. N o pretendemos explicar la tra-
Ki'iliu reduciéndola a cierto núm ero de condicionantes sociales. iN’os
«^forzamos por aprehenderla en todas sus dimensiones, como fenóme­
no indisolublemente social, estético y psicológico. El problema no es-
t liba en acercar uno de estos aspectos a otro, sino en com prender cómo
·«· articulan y combinan para constituir un hecho humano único, una
misma invención que aparece en la historia bajo tres caras: como reali­
dad social, con la institución de los concursos tráficos; como creación
m élica, con el advenimiento de un nuevo género literario; como muta-
»urn psicológica, con el surgimiento de una conciencia y de un hombre
ii tincas,· tres caras que definen un mismo objeto y que se deben a un
nmmo orden de explicaciones...
Nuestras investigaciones suponen una constante confrontación en-
iti* nuestros conceptos m odernos y las categorías establecidas en las
liogedias antiguas. 4 Puede el Edipo Rey ser aclarado por el psicoanáÜ-
»i\J ¿Cómo se elaboran en la tragedia el sentido de la responsabilidad,
rl i imipromiso del agente con sus actos, lo que hoy llamamos la fun-
*tun psicológica de la voluntad? Plantear estos problemas es pedir que
«ritir la intención de la obra y los hábitos mentales del intérprete se en·
u M r un diálogo lúcido y propiam ente histórico, que ayude a desvelar

/ u r , ’ t i A l W ’U'í, fJ n jü ’l j s . I % 0 .

14 M IT O Y T R A C .r t M A US* L A C .l U X I A A N T I C U A , I

los presupuestos, generalmente inconscientes, del lector moderno, que le
constriña a cuestionarse a sí mismo la pretendida inocencia de su lec­
tura.
Mas esto es sólo un punto de partida. Por la misma razón que cual­
quier obra literaria, las tragedias griegas están plagadas de pre juicios,
de pre-supuestos que forman algo así como el marco de la vida cotidia­
na de la civilización de la que constituyen una de sus expresiones. La
oposición entre caza y sacrificio, por ejemplo, de la que hemos creído
poder sacar partido para un análisis de la Qrcstiadú, no es un rasgo es­
pecífico de la tragedia: podemos encontrar sus huellas cn numerosísimos
textos a través de varios siglos de la historia griega; para ser correcta­
mente interpretada, exige que nos interroguemos sobre la naturaleza
misma del sacrificio como rito central de la religión griega y sobre el pa­
pel que ocupaba la caza tanto cn la vida de las ciudades como cn el pen­
samiento mítico. De ello se deduce que no se truta aquí de una oposi­
ción entre la caza y el sacrificio cn sí mismos, sino del modo en que
esta oposición informa una obra específicamente literaria. Igualmente
hemos tratado de confrontar unas obras trágicas con unas prácticas re­
ligiosas o instituciones sociales contemporáneas. Hemos creído por
ejemplo que Edipo Rey puede ser esclarecido por una comparación
doble: prim ero con un procedimiento ritual, el pbarwnkós-, en segundo
lugar, con una institución política estrechamente delimitada en el tiem­
po, puesto que no aparece en Atenas antes de la reforma de Clístcnes
(508) y desaparece poco antes de la tragedia clásica: el ostracism o.1
Igualmente, además, hemos tratado de iluminar un aspecto desconoci­
do del Fiioctctes, recurriendo al proceso por el que un joven ateniense
se convertía en ciudadano de pleno derecho: la efebía. ¿Debemos pre­
cisarlo de nuevo? Con estos análisis no intentamos desvelar un m iste­
rio. ¿Pensó o no pensó Sófocles cn el ostracismo o en la efebía al escri­
bir sus piezas? N o lo sabemos, ni lo sabremos jamás: no estamos
siquiera seguros de que la pregunta tenga sentido. Lo que quisiéramos
mostrar es que, cn la comunicación que se establecía entre el poeta y su
público, el ostracismo o la efebía constituían un marco de referencia
común, el trasfondo que hacía inteligibles las estructuras mismas de la
pieza.
Finalmente, más allá aún de estas confrontaciones, está la especifi­
cidad de la obra trágica. Edipo no es un chivo expiatorio ni una víctima

3. El prim er ostracismo efectivo es del 487; el último, del *117 <»4lív

V. (u u th ie r y V. Espe­ ramos proseguirlo. . situado poA ^pb^tíicrT Ια encrucijada de una decisión.yP. ¿Cómo se halla articulada esta elcccióncM hé­ roe a lo largo de la pieza. Este libro es sólo un comienzo. •I Varios de los estudios reproducidos en este volumen han sido modificados. mediante qué modalidades responden unos discursos a otros» cómo se integra el personaje trágico en la acción de la tragedia? O. sichipre pje " vente. que pee· (Min rl manuscrito para b imprenta. cuya ayuda nos ha sido precios» para la j m m a U λ punto d rl texto y su presentación correcta. aum entados respecto ú su prim era publicación.-P. sobre to- «hi * M Dciienne. siempre incoada. pero tenemos la certidumbre de que. es el personaje de una tragedia. J. El lector comprenderá sin esfuerzo que hay muchas más y que las respuestas da­ das no son más que sugerencias. P R E F A C IO del ostracismo. enfrentado a una elección. ¿cómo se inserta el tiempo de cada personaje en Ja marcha de la mecánica ideada por los dioses? Ta­ les son algunas de las cuestiones que nos hemos planteado. Maxchmo. a it como α M.V . Dctícnns. G oldschm idt.·* J.-N. Domos también Jas gracias a aque· Ik>*>tic nuestros amibos que han tenido a bien participam os sus observaciones. I frmivs d e dar Lis gmci-ts a Mme. si este tipo de investigaciones tiene un futuro. habrá otros que las iniciarán por su cuenta. para decirlo de otro modo. en algunos casos. eo· i i» n»iLw o incluso. Ph.

.

En cierto sentido el problema de los orígenes es por consiguiente un problema falso. Capítulo 1 El momento histórico de la tragedia en Grecia: algunos condicionantes sociales y psicológicos En el curso del último medio siglo.v. una invención. que iu c e a d c . psicología humana. ella.iuitJi gfjcca-mwana <¡c tem porj noxtra. Más valdría hablar de antecedentes. como forma de expresión específica. traduce. marca una etapa en la for­ mación del hom bre interior. no por ello (■Muría resuelto el problema de estas obras. Como género literario original que posee sus renta* y sus características propias. Incluso debe- • ! \ t r U’xto fiu· tuibltc. hom bre trágico: bajo estos tres aspectos el fenó­ meno aparece con caracteres irreductibles. del sujeto responsable. en el plano del a a c ^ d c lis instituciones sociales y de-la. Q uedaría por comprender lo esencial: las innovaciones que la tragedia ática japoit¿. aspectos hasta entonces | h » c o apreciados de la experiencia humana. la tragedia instaura en el sistema de Ins Jiestas públicas de la ciudad un nuevo tipo de espectáculo. los helenistas se han interroga­ do especialmente sobre los orígenes de la tragedia.ulti cn Anti. 246 250. . . G énero trágico. I·* * . re- prcKcmación trágica. Pratfa.* Pero aunque h u ­ bieran ofrecido sobre este punto una respuesta concluyente.además.

una forma dialogada cuya métrica se halla más próxima a la prosa. Polaridad por tanto. una «persona» individual. en los protagonistas del drama. la más­ cara integra al personaje trágico en una categoría social y religiosa muy definida: la del héroe. ser colectivo y anónimo — cuyo papel consiste en expresar con sus temores. no un disfraz animal. por otro. el coro —en un princi­ pio. No están a su altura. ocupa un puesto privilegiado. representado por un actor profesional y al que su máscara individualizaba con relación al grupo anónimo del coro. Esta individualización no hace en modo alguno del portador de la máscara un sujeto psicológico. por su función. cuya leyenda. constituye para los griegos del siglo v una de las dimensio­ nes de su pasado. lí^máscarri pue­ de servir para subrayar la distancia. sus esperanzas y sus juicios los sentimientos de los espectadores que componen la comunidad cívica— y el persona­ je individualizado. Un ejemplo: la máscara subrayaría el pa­ rentesco de la tragedia con las mascaradas rituales. en las partes cantadas. que contrasta con el orden de Ja ciudad. se preocu- .H ace de el la encarnación de uno de esos seres excepcionales. Un pasado lejano y remoto. en la que el culto de los héroes. la lírica co­ ral. Por un lado.IS -M ITO Y T P v A C U D lA Γ \ 1. entre dos elementos: el coro. se convierten en objeto de debate. la diferenciación entre loTdos ele­ mentos que ocupan la escena trágica. Los personajes heroicos más cercanos po r su lenguaje al hom bre ordinario no sólo se hacen presen­ tes sobre la escena a los ojos de todos los espectadores. po r otro lado.Λ C H J . no pueden dar razón de lo trágico como tal. el personaje trágico. Su papel no es ya ritual. » riamos observar que tales antecedentes se sitúan en un plano totalmen­ te distinto que el hecho a explicar. Por su parte. persona­ je colectivo encamado por un colegio de ciudadanos. Es una máscara humana.C I A A N T I G U A . siempre más o menos ajeno a la condición ordinaria del ciudadano. en cierto modo son cuestionados ante el público. A este desdoblamiento del coro y del héroe trágico corresponde. cuya acción forma el centro del drama y que tiene as­ pecto de héroe del pasado. una dualidad: por un lado. pero que permanece aún vivo en la religión cívica. fijada en la tradición heroica camada por los poetas. ignorado por H om ero y Hcsíodo. en la lengua misma de la tragedia. no enmascarado. Entre otras cosas. elementos opuestos pero ul mismo tiempo estrechamente solidarios. al parecer. el coro. sino solamente disfrazado— . Al contrario. sino estético. Pero por su natura­ leza. o los unos a los otros. en la técnica trágica. sino que a ira· ves de las discusiones que los oponen a los coristas. la máscara trágica es una cosa totalmente distinta de un disfrjz religioso.

Estas observaciones preliminares permiten delimitar mejor. en Grecia. las o£pMciones_trágÍcas. ] 19 pa menos de exaltar las virtudes ejemplares del héroe.el espacio. hay que buscar en qué plano se sitúan. de ser un modelo. . con sus fluctuaciones. En el nuevo marco del juego trágico. F . por tanto. pero de los que. en un problema. Los poetas trágicos uti­ lizan este vocabulario legal jugando deliberadamente con sus inccrtidum * bres. 1» Ücole Pratkjuc des i Uutcs K u id o y aún no ρυ· Mu . cambios de sentido. Se la ve nacer en Atenas. cspcciaLoiciUiLsd P ? Π*■'miento juridieo e n p le ño irabajo de elaboración. generar casi en. el héroe ha dejado. sigue *irmin solidario.dc_UTU*Í£lo.■. No basta con observar que lo trágico traduce una conciencia dcsRatrad a. contenido._cu:il es su.A T R A O L D IA K N C iK L C M í . que de inquietarse o pregun­ tarse sobre él. ¿Por qué?. l M O M E N T O H I S T O R I C O Π Γ I. . La presencia de un vocabulario técnico legal entre los Trá­ ficos suGraya las afinidades entre los temas predilectos de la tragedia y c iertos casos que afectaban a la competencia de los tribunales. para él mismo y para los demás.dia. incoherencias y oposiciones que revelan les discordancias en eí seno del pensamiento jurídico mismo.1 Pudo señalar enton­ ces que la w*n^|<>r:i matrera dn. con su incomplección: imprecisión de los términos. Pa- I Γη unos cursos impartidos cr. La tragedia griega aparece como un momento histórico preci­ samente circunscrito y datado. esos mis­ inos tribunales cuya institución era lo bastante reciente como para que se sintiera plenamente aún la novedad de los valores que exigieron su fundación y que reculaban su funcionamiento. que ira- tluccn igualmente sus conflictos con una tradición religiosa. florecer y de. como en la tra­ dición lírica de Simonides o de Píndaro. una reflc' *ión moral cuyo derecho es ya distinto pero cuyos dominios no están i Uramcntc delimitados con relación al suyo.ln tragp. los términos en los que se planten el problema de la tragedia. se ha consu­ mido históricamente a partir de procedimientos «prejurtdicos» de los que se ha apartado. en parte. ln_ciudad. se ha convertido. a los que se opone.es el ideario social propio _dc. en nuestra opinión. Los griegos no tuvieron la idea de un derecho absolu- i«» Iuiulado sobre principios y organizado en un sistema coherente. el sentimiento de las contratlíccionesque dividen al hombre contra sí mismo. O curre que el derecho no es una construcción lógica. en yué c n n d id o n w jw n ^ ^ o ja jy ? ^ Es lo qa44¿ouÍs G cniej/cm prendio mediante un análisis del voca­ bulario y de las estructuras de cada obra trágica.

con los modos de pen· samiento nuevos que señalan la creación del derecho en el marco de la ciudad. en el plano de los valores. de los comportamientos humanos. como la fuer/a brutal en su aspecto de violencia opuesta to­ talmente al derecho y a la justicia. donde nada es jamás estable ni unívoco. Desde este punto de vista. aquel en el que se abre en el corazón de la experiencia social una fisura lo bastante grande para que entren el pensamiento jurídico y político por un lado. aquello con­ tra lo que tuvo que luchar para establecerse. pero también aquello a par­ tir de lo que se constituyó y de lo que sigue siendo profundísimamente solidaria. Hay una segunda. la primera posibilidad de con­ flicto. Los cuestiona. un dominio jurídicamente fundado. la justicia d e Zeus. obligado a hacer una elección decisiva. En un polo. Planteaba también problemas morales que afectaban a la responsabili­ dad del hombre. sobre la coacción. en la Antigoua. las tradiciones míticas y . la misma Dike («Justicia») divina puede parecer opaca e incomprensible: comporta. mientras permanece viva. Este arraigo en una tradición de relatos mí­ ticos explica que en muchos aspectos encontremos un mayor arcaísmo religioso entre los grandes trágicos que en Homero. Sin embargo. que se desplaza. Confronta los valores he­ roicos. obtiene sus temas de las leyendas de loshérocs. un derecho aún no fijo. las antiguas representaciones religiosas. Su objeto es el hombre que vive por sí mismo ese debate. Las leyendas de héroes se vinculan. Asimismo. en el otro. a orientar su acción en un universo de valores ambiguos. en el ám bito de lo trágico. Tal es. la tra · gedia se distancia de los mitos heroicos en los que se inspira y que transpone con mucha libertad. pues. estrechamente asociada a la anterior.c i a a n t ig u a . un elemento irracional de poder bruto. Hemos visto que la tragedia. este se apo­ yaba sobre la autoridad de hecho. en efecto. tan pronto designa la autoridad legítima. de las prácticas sociales. a linajes reales. y $c trans­ forma en su contrario. la palabra nomos puede ser invocada con valores exactamente contrarios por los diferentes protagonistas J ^ o ^ u c muestra la tragedia es una dike enJ u ­ cha contra oirá dike. representan pa­ ra la ciudad lo mismo que día ha debido condenar y rechazar. El momento trágico es. Por supuesto la tragedia es algo totalmente dis­ tinto a un debate jurídico. a los gene nobles que. λ g r j -. de las formas de religiosidad. í ra ellos había como grafios dentro del derecho. para los h u ­ manos. ponía en juego poderes sagrados: el orden del mundo.20 m it o y t r a c o m a ι n i . Por eso vemos en las Suplicantes oscilar la noción de knítos entre dos acepciones contrarias.

El hombre de teatro puede continuar escribiendo piezas e in- V· ruar él mismo la trama según un modelo que cree conforme con las ■ihi.A Τ Ρ . joven contemporáneo de Eurípides.in tomado la iniciativa y cardan con su responsabilidad» insertándose on un orden que sobrepasa al hombre y se le escapa.is de sus grandes predecesores.i responsabilidad surge cuando la acción humana se constituye en ob- feio de reflexión. sc esbocen elim ínente las oposiciones. antes incluso de la institución de los concursos trágicos. El vinculo con la tradición legendaria se había distendido tanto cn ese mo­ hiento que ya no se percibía la necesidad de un debate con el pasado •heroico». la cólera de un Solón. L I.Λ Γ .* i tritura griega. pero lo bas- u n tc leve a la vez para que los conflictos de valor se sientan todavía do­ lorosamente y la confrontación no deje de llevarse a cabo. .i de Aristóteles sobre Agatón. cn su público.Γ. Π1 dominio propio de la tragedia se sitúa en esa zona fronteriza cn lii que los actos humanos van a articularse con las potencias divinas.ΙΛ ( .O W . que asumió la tarea de fundar el or* ilcfi de la ciudad sobre la moderación y el contrato. el pasado «heroico» aparecía demasiado próximo y demasiado vivo para que pudiera ofrecerse sin peligro como t^pirtáculo en la escena. donde revelan su sentido verdadero. .Ι-D IA l . pero cuando todavía no ha adquirido un es- u tu to lo bastante autónomo como para bastarse plenamente a sí m is­ ma. .K ΙΓΑΓ. Para el wbio. I. el resorte trágico está ya roto. moralista y hombre de Estado.is de tales ficciones sobre las relaciones entre los ciudadanos. Se comprende mejor entonces que la tragedia sea un momento y que pueda fijarse su florecimiento entre dos fechas que definen dos actitudes respecto al espectáculo trágico. o debate. el viejo legislador. El sentido trágico de l. La situación es I* misma cn lo que concierne a los problemas de la responsabilidad h u ­ mana tal como se plantean a través de los titubeantes progresos deí de­ recho. Al termino de la evolución colocaríamos la no- tii i. replicó a Tcspis — quien defendía que después de todo se tra- tuba sólo de un juego— que sin tardar mucho se verían las conseeuen- i i. inquieto por las ambiciones crecientes de hsisiraio. Μ Ο Μ Γ Χ Τ Ο IU S T Ó ÍIIC . que hubo de que· Inamur el orgullo de los nobles y pretendía evitar en su patria la hfhris 1-mmodecacíón») del tirano. pero en él. En el punto de partida. Según Plutarco. que escribía tragedias cuya intriga salía completamente de su magín. abandonando indignado una de las primeras representaciones líbrales. y cn toda I. ) 21 heroicas por cl otro. Hay una conciencia trágica de la responsabilidad cuando los planos humano y divino son lo bastante distintos como para oponerse sin dejar por ello de aparecer como inseparables. ignorado incluso por aquellos que h.

.

Al tratar de situar exactamente d fenóme­ no trágico en la vida social de Grecia y al señalar su. apoyarse en el trabajo de erudición emprendido luce mucho tiem po por los especialistas. la vena IIagicu se ha agotado y.pucsto.cnJa histo­ ria psicológica del hom bre de O ccidente. Capítulo 2 Tensiones y ambigüedades en la tragedia griega ¿Cuál puede ser la aportación <ic la sociología y de la psicología a la Interpretación de la tragedia griega?* Desde luego. Baltimore. La tragedia surge en Grecia ajínales del Mglo Vf. Interpretation: Theory and Practice. no com prende ya lo que es el hombre trágico. 1969. por el contrario. convertido para él en extranjero por así decirlo. Como * l 'iu primera versión de « t e texto fue publicad λ en ingles: «Tensions and Amki· ru iftrt tu (ite c k Tragedy». pi#*· Un [J\. filológicos e históricos. . Quisiéramos evocar algunos. plantean a plena luz proble­ mas con los que los helenistas se han enfrentado sólo incidcntalmcntc y han abordado únicamente de pasada. I Jeben. cuando en el siglo IV Aristóteles emprende en la fW/Á'j la tarea de formular su teoría. Pero añaden una dimensión nueva a los estudios griegos. Antes incluso de que hayan transcurrido cien años. no pueden reem­ plazar a los m étodos de análisis tradicionales.

i explicar la profunda hostilid. ligada a unas condiciones sociales y psicológicas definidas.bi l . valores. otorga todavía un lu#ar a la am bigüedad. 121126. lil hom bre trágico aparece desde este pum o de vista solidario con otra lógica que no establece tin cotte tan tajan - te entre lo verdadero y lo falso: lógica de los rétores. formas de sensibilidad. V q u i/J también a esa lógica filosófica que adm ite que.' la tragedia aparece. modalidad de la acción y del agente.24 M IT O Y Τ Κ Λ Κ Ι Ώ Ι Λ Y. de un universo humano de sig­ nificados. J970. Es­ te aspecto de momento histórico. siendo posible por voluntad del sofista y por el poder d e su verbo.) época misma en la que florece lu tragedia. localizado con toda precisión en el es­ pacio y en el tiempo.*. es contraria a la verdad*. I succsora de la epopeya y de la poesía lírica. en nuestra opinión. Sobre el carácter esencialmente antitrágico Jv la filosofía p h io m c j. íj*í «Λ* tv r J tJ t'n U Greda ¿rente. Taurus. p o r supuesto.id de Platón respecto a la tragedia. de los análisis filológicos. sino d s construir unos J i í s o í U i f f l i . de creencias. de un contexto mental. homólogo por consiguiente con el texto mismo al que se re­ fiere: utillaje verbal e intelectual. estilísticos y literarios apropiados. Precisamente porque la tragedia representa "tina acciún y la v i­ d a". ('orno escribe el autor (p¿#.A G H L C IA A N T I C U A . en tanto que >. Paris. si una es verdadera la otra debe ser necesariam ente falsa. puesto que en Jas cuestiones que examina no trata de dem ostrar la absoluta validez d e una te ­ sis. y desvaneciéndose en el m o­ m ento en que triunfa la filosofía. M adrid. que cada una de las dos argumentaciones enemigas dom inen una sobre la otra alternativamente. de dos proposiciones contradictorias. ρΛβ*. se com baten sin destruirse. sistemas de representaciones. piy. como la expresión de un lipo particular de experiencia humana. En función de ese con­ texto es como se establece la comunicación entre el autor y su_ptíl>líco Ocfsifilo V. Pero este texto no puede ser plenamente com ­ prendido si no se tiene en cuenta un contexto. Podría hablarse a este propósito de un mundo espiritual propio de los griegos del siglo V l. Cada pieza constituye un mensaje encerrado en un texto. unos discursos dobles que. J05-140. vúase Vic­ tor G oldschm idt. Pero <qué entendemos p o r contexto? ¿En qué plano de la realidad situarlo? ¿Cómo considerar sus relaciones con el texto? Se trata. inscrito en las estructuras de un discurso que debe consti­ tuir el objeto. 136): «No es la “inm ora­ lidad" de los poetas lo que basta par. y como la obra puede recuperar para el lector de hoy s u ple­ na autenticidad y roda su gravedad de significados. Qxes. en su oposición.é' nero literario. en todos sus planos. . tipos de razonamiento.u'ovt {'hlüfiíái-ti· n a .s. Véase «MarcrJ Dcrirnnc. «l>c Probléroe de la cra^edic d ’aprcs Platon». impone ciertas reglas de método en la interpreta· ción de las obras trágicas. lógica sofística que en i. Contraria a Ja verdad f t i m ó f i e j . categorías de pensamiento.

De este modo. al margen de la tragedia. No ocurre de oiro modo con la tragedia. que una lectura culta debe descifrar cn la densi­ dad misma de la obra por un doble movimiento.A 25 si hi fórmula no comportase un grave riesgo de error. Asimismo. N o hay en el visión ni objeto plástico más que en y por la pintura. Ante todo hay que poner la obra en situación. és­ te encarna a la vez el aspecto de instituciones sociales. Más aún que un contexto. Cada tipo de ins^ tirución. cada categoría de obra posee su propio universo espiritual que ha debido elaborar para constituirse cn disciplina autónoma» cn activi­ dad especializada que corresponde a un dominio particular de la expe­ riencia humana. TfiNSIO S'LS V A M R JC O rnA D C S i : s I. a ias que el régimen de la polis ha reemplazado al mismo tiempo que las prácticas y la mentalidad con ellas solidarias. En efecto. al margen de las diversas prácticas que el hom bre despliega y renueva incesantemente cn e! campo de la vida social y de la creación cultural. en los ritos. un camino alterno de ida y vuelta. en los mitos. el hombre* trágicos. por entero. se desarrolla conjuntamente con la ciudad un sis­ tema de instituciones. no se halla tanto yuxta­ puesto al texto como subyacente a él. cuyo reflejo tendría que representar la tragedia a su manera. cuando se asientan en el mundo griego las bases del derecho. P e­ ro no hay universo espiritual que exista en sí mismo. en particular las religiosas. Utilizando una comparación espacial. La conciencia trágica nace y se desarrolla tam­ bién con la tragedia.A TKACEDJA CZRIIIC. podríam os decir que el con­ texto. sus problemas específicos. l‘rro luego hay que concentrarlo exclusivamente sobre la tragedia. Elabora p o r sí tnisma su m undo espiritual. Ninguna referencia a otros dominios de la vi* . permi­ te suponer que cn alguna parte existía un dominio espiritual ya consti­ tuido. cons­ tituye un sub· texto. el mundo. de comporta* miemos humanos y de categorías mentales que definen el espíritu jurí­ dico por oposición a otras formas de pensamiento. Incluso ahí es asombroso el contraste con las antiguas formas místicas de poder y de acción social. un pensamiento propiamente p o ­ liticos. Al expresarse en forma de género literario original *c construyen el pensamiento. N o podría re­ flejar una realidad que cn cierto modo le fuera extraña. el universo espiritual de ]a religión está presente. en las representaciones figuradas de lo divino. de conductas. ampliando el campo de la investigación al conjunto de los condicionantes socia- It s y espirituales que suscitaron la aparición de la conciencia trágica. su objeto. no se sitúa a un ludo de las obras. cn el sentido en el que nosotros lo entendemos. en Aquello que constituye su propia vocación: sus formas.

sino más bien el acto el que. de una problcm atización de todas las normas. habrían quedado aga· zapadas en la densidad del texto. exigen del historiador de la literatura. a Ja vez sujeto agente y pasivo. Pero en el pensamiento jurídico no encontrará ningu­ na luz susceptible de aclarar directamente el texto tráfico como si este ultimo no fuera más que su calco. con vistas a una investigación que nada tiene ya que ver con el derecho y que apunta al hom bre mismo: ¿Cuál es ese ser que la tragedia califica d e dcitiós («terrible»). salir de su especialidad y hacerse historiador del derecho griego. un debate jurídico. cambian en cierta forma de función. tomar la iniciativa y cargar con la responsabilidad. culpable c inocente.O I A i : K Ι. la forma misma de juicio dada a ciertas piezas. divino. mezcladas y opuestas a otras. lúcido y ciego. la tragedia 1c hace sufrir una verdadera transm utación. su predilección por temas de crímenes de sangre que se adscriben a la com petencia de tal o cual tribuna!. m onstruo incom prensible y desconcertante. vuelve sobre el agente. las nociones. el puesto de este hombre en un universo social. los esquemas del pensamiento son utilizados por los poetas de forma com pletamente distinta a lo que su - cedería en un tribunal o entre oradores. Las palabras. pero cu­ yo verdadero sentido se sitúa más allá de él y se ie escapa.Λ C R U C I A A N T I G U A . de suerte que no es tanto el agente el que explica eJ acto. en elementos de una confrontación general de valores. desgarrado por las contradicciones. en efecto. a! asimilar el elemento lo ­ m ado en préstam o para integrarlo en su perspectiva. ser pertinente s¡ no mostramos también cómo. Ninguna tragedia es. erica— podría. sin esc rodeo por el derecho. Pongamos un ejemplo: la presencia casi obsesiva en la lengua de los Trágicos de un vocabulario técnico jurídico. Fuera de un contexto técni­ co. en efecto. descubre lo que éste es y lo que realmente ha realizado sin saber­ lo? ¿Cuál es. que domina toda la naturaleza con su espíritu indus­ trioso pero incapaz de gobernarse a sí mismo? ¿Cuáles son las rela­ ciones de ese hom bre con los actos sobre los que le vemos deliberar en la escena. En la plum a de los Trágicos se han convertido. como tampoco el derecho comporta en si mismo nada trágico. si quiere captar los valores exactos de los térm inos y todas las impli­ caciones del drama. derecho. donde un dios lucha . política. manifestando posteriormente su significación autentica. Para el íntérptete no puede tratarse más que de una condición previa que debe conducirle finalmente a la tragedia y al m undo que le es propio a fin de explorar algunas de sus dimensiones que. I da social — religión. na­ tural. donde nin­ guna regla parece definitivamente establecida. ambiguo.26 M IT O Y T K A ( * i. en fin.

Fl mundo de U »aulad se ve. Esc mundo legendario constituye para la ciudad su l-. •■•ti w d iv j y enmascarados para r\ec¡v-o.. cn vi curso mismo de la acción» se desplaza. represen­ tado y juzgado por tos representantes cualificados de las diversas tribus. co- itm un espectáculo abierto a todos los ciudadanos. sitúa al lado ilc sus órganos políticos y judiciales. Por eso los miembros tic) coro <por no hablar d e los * · ·»« \\ un í victttpcr y cxcluMVatm'ntc varones. Incluso cn el más optimista de los Trágicos. yira y se transforma en so con- iraria? La tfacediano..h· jiiviT. a la vez.ινΚ!. los que asumen Ij función de corita*.. ν··ΐΗ·\ΐΓ*πΛΓ.»^do.ι1. en el mismo espacio urbano y siguiendo las mimas normas institucionales que las asambleas o los tribunales populares. un derecho contra otro derecho. Pero si la trage­ dia aparece así más arraigada que ningún otro género literario en la rea* lulail social. de una tranquila seguridad.ι política. Incluso cuando el coro representa a un *··'! ■■.7 cn cierto modo se toma como objeto de re presentación y se representa a sí misma ante el público. [45 mu· «. ello no significa que sea su reflejo. un pasado lo bastante lejano para que se esbocen con nitidez !m contrastes entre las tradiciones míticas que encarna y las formas um-vjs de pensamiento jurídico y político. por la fundación d e ios concursos trágicos.ÜGDADrS EN Ι. El drama lleva a la escena una antigua J»*vi'm!a de héroe. l.sóio una form a de arte: es una institución social que la ciudad.i ciudad se hace teatro.. cuestionado y contestado a través del debate en *ii\ valores fundamentales. a la vez. la afirmación de su victoria so- I·»·· todas las fuerzas del pasado tienen menos el carácter de una cons- uiAvión.ΟΛ 27 contra otro dios.. son hombres. la vuel· \« completamente problemática.Λ Τ Κ Α ίίΠ Η Λ (ΠΠΓ. Λ1 instaurarlos bajo la autoridad del an'ontc epónimo. * n 1 M j u i l o . que de una esperanza y de una 11a- intftU. dividida contra sí misma. Pero no es solamente el universo del mito Jo Φ»<· pierde su consistencia y se disuelve bajo esa mirada. dirigido.cs. No refleja esa realidad. pero. observa inhúmente \Valtcr Ncstlcj nace cuando se empieza a contemplar el mi- i·» *cm ojo de ciudadano. donde la angustia nunca deja de estar presente. la *ihstiona..cs o do mujeres. La tragedia. lo bastante l<iñMino paca que los conflictos de valor se sientan todavía dolorosa- mm nic y no deje de producirse la confrontación. T C SM O N E S Y AMBK'. donde la justicia. . ni siquiera en la los hombres pueden ser representantes cualificadt>s de la ciudad. Λ1 presentarla desgarrada. . la exaltación del ideal cívico. eo:uo ocurre en toda 11 na serie de piezas.

i con recordar.83>. n o h a y y a r e s p u e s ta q u e p u e d a s a tis f a c e r la p l e n a ­ m e n te y e lim in a r s u in te r r o g a c ió n . l-a ciu- . que ios Jueces humanos se pronunciaron en su mayoría contra O rcstcs porque fue sólo «I vo- to J e Atenea e) que igualó los sufragios (víase cJ verso 735 y cJ escolio al verso 746. lista i^ualda J de vuios a favor y vn contra evita la condena del matricida. 2 9 . 550. dioses como Apolo ((>15-619). S e e x p r e s a . por una convención de procedimiento. vengador d e su padre. 1469). ProMcit. la persuasión τ ¿zonada no bastan para unir a los ciudad.lo v. Cl conflicto subsiste en se­ cu ndo plano entre fuerzas contrarias. con extraordinaria insistencia. p a r a la c o n c ie n c ia tr á g ic a .iin.917 y 1029). Se ha ma­ terializado un equilibrio. Atenea afirma la necesidad de otorgar un puerto.Un sufragio más alza una casa» y la observación de O restes. al decir a las hijas de la Noche: «No estáis vencidas: una sentencia indecisa. hasta el term ino d e b tragedia (79Λ. De hecho debem os notar que al crear cl A rcópa^o. del crimen de as. esos mismos honores que la diosa no cesara de proclamar. 5)9. 891. 554 y 564) y la contraria de los nuevos. p e r s o n a je c o le c tiv o y a n ó n i m o e n c a r n a d o p o r u n c o le g io o fic ia ) d e c iu ­ d a d a n o s y c u y o p a p e l e s e x p r e s a r e n s u s te m o r e s y e s p e r a n z a s . 511. pero se apoya sobre tensiones.Κί>&. I. d e n t r o d e !a fo n ru i m is m a d e l d r a m a . f e w o t '¡'aunJe. véase Aristóteles.no. Al final de la O rcstÍjJj de Esquilo. «sufragio depositado en la urna».vto. aunque babijaban bajo ucrra en un. J9)-V>-|}.. E s te d e b a t e c o n u n p a s a d o s ie m p r e v iv o a b r e e n el c o r a z ó n ele c a d a o b r a tr á g ic a u n a p r im e r a d is ta n c ia q u e el in t é r p r e t e d e b e t e n e r e n c u e n ­ ta.28 M IT O Y T K A C K D I A ΙΛ * L A G K I I C I A A N T K i l l A . Ijs'Krinias observaban que.514. lo confirma la relación cutre la fórmula del ver­ so 751: «. 81)7.tnos « t una com unidad armoniosa. (a fv ítb ü . Son esos misnios honores los que Atenea reconoce eras el veredicto del tribunal: «οΰκ ϊσ χ ’ (ittp o i (824). por tanto. Cascar.i inte­ gración de las lírinias en el nuevo orden de la ciudad no bucen desaparecer por en te­ ro las contradicciones entre los dioses anu'r. Implica una es pe* cie d e equilibrio m antenido entre la antigua M u ' («justicia») de las Erin ¡as (véanse los versos 47ó. e n s u s 3.csm. U amistad m utua. la am bigüedad trágica no está li­ quidada: Id ambivalencia persiste. pero no le con­ viene en inocente m lo justifica (véanse los versos 7 4 1 y 752. el c o r o .uos y tos nuevos. después <íe la pu­ blicación del escrutinio en cl verso 75·$·.iss humilladas».* U n a v e z p la n te a d a s la s c u e s tio n e s . a las fuerzas si­ niestras que encarnan las ürinias. Un ese sentido.89-1. La p h h 'j. Atenea tiene rav. 8S4. ha salido de la urna (ίο ό ψ η φ ο ς δίκη. p o r la te n s ió n e n t r e lo s d o s e le m e n to s q u e o c u p a n la e s c e n a tr á g ic a : p o r u n la d o . no dejaban por ello d e tener su ftW . en la colectividad humana.» oscuridad cerrada al sol. Que sea preciso tom ar el vocablop u p h o s del verso 755 cu el sentido propio d e «vo- to*. para dem ostrarlo.1 }). no csi. En el mismo sentido: Euripides. Recordando al principio de la piew cuál era su p a rte e n cl m undo J e los dioses. le absuelve Icj’aI m ente. que acabas d e salvar «ti casa. únicamente. 794-7951». su parte de honor (ούδ* ΰ τ ιμ ία ς κ*ΐιρω. la fundición Jet tribuna! Humano. el pasado heroico de los gvKtí («estirpes») nobles y el presente d e la Atenas dem ocrática del sif. I a le g r ía d e la s a p o te o s is finales. al establecer el detecho regido por la ciudad.. es decir. sobre (a significación de esta rcflla de procedim iento. «O h Palas.».

su hermano. siempre más o menos extraño ■i la condición ordinaria del ciudadano. a las Erinias-Hu- "•rnides eun la fundación del Areópapo. a los que m antendrá ale· >*do¿dc! a ú n e n . para otorgar «a unos canciones. la dio· «a subra\ a que ci bien se sitúa entre di» extremos y que l. sino por la coacción y el terror.\ dulce lJcith> que ha guiado la lengua de Atenea.· Aristóteles.ador hace partir las ovejas blancas y negras cuyo sacrificio debe b o rra rlas mácu· I · ilí* la ciudad.acr- • " u b r e la purificación de Atenas por Kpimémdcs: es de! Acrópa^. vigilante p.4 A este desdoblamiento del coro dad supone la intervención de poderes de una naturaleza distinta y que actúan na por la suavidad de la nizón. es a las lium cuides a las quir Epiménidcs consagra un santuario. !i : i m » l s l n ' l a t r . d i anarquía ni despotismo. «en los que d Terror feo 8fivóvO es útil y. hom ines. proclaman his r. 19. Al térm ino de la tragedia es Arenca misma (a que celebra el poder de las anticuas diosas. a cuyas indicaciones debemos añadir (as de Diogenes l. . • f i . será betx. \ 29 preguntas y juicios los sentimientos de los espectadores que componen la comunidad cívica.hns). repite como un cco Atenea en el m omento de establecer el tribunal. y quien recuerda ú los guardianes de ia «i'idad que estas intratables divinidades tienen p oder «para recular todo entre los *«n»brcs» (930-93 U. sino de aquellas que inspiran iV/us y Phó!:o%. Atenea puede por tanto decir I98V-991). de l. •J Veaw. Atenea repite palabra por palabra « t e mismo tema. difundiendo cJ respeto. «De csios rostros te ­ rroríficos veo para la ciudad salir una j. como la P aihü. u » i : 1> j a c n j i : i . s v a m u k : í .cn 1<í*i ¡mtijiuoi. Respeto y Miedo— Esquilo t«.o en el plana de 11·.48: «Sobre la escena. 1j palabra i* rvuasiva. Zeus ^ u rd io s (974J. tanto en tre (os Inmorta- )· s como cm re los dioses infernales {950-932). 5-6 (santuario de las Augustas Krinias Σ τμ ναί I *’ΐν ύ ΐ ς en el Arcópago).«·.Trente al Dios de la palabra. Y este poder de terror. Jos actores imitan a los )·· ·. Q u e eJ Ic rro r fciv ó v j sobre todo no sea expulsado fuera de las murallas d e mi ciudad: si no Itiiy nada que temer.i rcfja como el imperativo al que m ciudad debe obedecer. . P rt> !:!fr:ju. el terror.fícn para los ciudadanos.d acuerdo enire poderes contrarios que deben equilibrarse sin destruirse. <quc m or­ ral liará lo que debe?» (690*6W). instituciones hum anas. -a otros. m'iIo los héroes eran jefes y rej es: el pueblo era el común I {»*. al p oner este consejo — cuyo carácter noc· *mi:o y sccrcto queda subrayado en dos ocasiones {véanse los versos 692.ran ventaja». se perfila Ij augusta Erinto. que emana de las Erinias y que representa el Areópa/. representado por un actor profesional. debe tener permanentemente su sude en ellos» (516 y (Asando instituye el conse­ jo d e jueces en el A rrópalo.o de donde el pu· • ili. 28. N s r o s r . Por I·· demás.705-706) ba- ι»>1 1«j*no no de poderes religiosos que reinan en el ¿pora. al referirle al aspecto mons­ truos!» d i las diosas ψι< acaban d e aceptar residir en «erra «üic. que com ponen el con»·». j>or otro. Al fijar cm. lástim as» (*>34-955). con­ tendrán a los ciudadanos lejos del crim en. el miedo. véase Pausanias. «I lay casos».ñnins..uardián de los corazones.. «So­ bre este m onte de ahora en adelante el Hcspcto y el Miedo (Pró. estrccliam cote..v.i ciudad descacha sobre el di· li. J.· innova nada? Se acomoda a una tradición mítica y cultural «4ue conocían todos los «"incuses. <cs necesario recordar que al asociar asi. s |-i>jt¡ue. Ni -anarquía «i d o p o iism n existan las Erinias (525). el personaje individualizado cuya acción forma el centro del drama y que tiene el aspecto de un héroe de otra edad.

el trím etro yámbico es d m j'i apropiado para d torio J e 1* conversación: indicio tic d io es que cn d diÁbigo Ha· r m m un £i\in núm ero de trímetros y¿milicos. por el contrario. El verdadero personaje de Los Siete es la ciudad. el personaje trágico se ve engrandecido a las d i­ mensiones de uno de esos seres excepcionales a los que Ja ciudad rin* de culto. Kn e! momento mismo en el que. contemporáneo del público. Poética. y eso solamente m aiulo tins apartam os del comí de la convrrsactúm». pensando. Según Wilamowitz. cn la complejidad de su vida interior. Es la lengua del coro. por el juego escénico y la máscara. apenas es compatible con el retrato ames esbozado.DIA r. por el contrario. no aparece delineado con mano muy fir­ me: su comportamiento. pero otras veces hablando. encam a­ ción de toda la desmesura de los antiguos reyes de la leyenda. los valores. una duali­ dad. El mismo persona­ je trágico aparece proyectado unas veces cn un lejano pasado mítico. sobre ia mayor o menor unidad de carác­ ter de los personajes trágicos. los modos de pensamiento. al final de la pieza.OIA ANTIGUA. el mismo Eteo- cles se cuenta entre las figuras más hermosas del teatro griego.NLACKf. co­ mo héroe de otra edad. Para Mazon. las actitudes que ella prescribe. Aristóteles. 1 y del héroe trágico corresponde. el personaje de Eteo- cíes. es acercado por el lenguaje del hombre ordinario** Y este acercamiento lo hace. y que Eteoclcs representa a la cabeza de Tebas durante todo el tiempo cn que el nom bre de su hermano no se 5.30 MITOYTnACr. entre el universo del mito y el de la ciudad. El debate sólo tendría sentido desde la perspectiva de un drama moderno construido sobre la unidad psicológica de los protagonistas. es decir. viviendo en la época misma de la ciudad. raramente hexámetros. la métrica de las partes dialogadas está cerca. cn su aventura legendaria. Ja que prolonga la tradición lírica de una poesía que celebra Jas virtudes ejemplares del héroe de ios tiempos antiguos. en sus partes cantadas. cn Los Siete contra Tebas. cargado de un poder religioso temible. Entre los prota­ gonistas del drama. Pero aquí se nota ya el aspecto de ambigüedad que en nuestra opi­ nión caracteriza al género trágico. co­ mo un «burgués» de Atenas. De tal suerte que en el interior de cada protagonista volve­ mos a encontrar la tensión que hemos observado entre el pasado y el presente. de la prosa. . Pero la tragedia de Esquilo no está centrada sobre un personaje singu­ lar. con ciertos intérpretes modernos. cn la lengua de la tragedia. Por ello es desacertado plantearse el problema o interrogarse. en medio de sus conciudadanos. encarna con perfecta coherencia el tipo del héroe maldito. H -J'ía 2-Γ28: «D e (ados los roceros.

poco indivi­ dualizado. poseídos l*n un tliiimf/n. Porque le basta oír hablar de Polinices para que. Le envuelve en la nu­ be oscura de la áte («locura»). re­ chazado en cl neto del mundo de la polis. cl cas- ΐιμο que prepara para el culpable y para toda su descendencia. nacida de ttitas antiguas. La locura asesina que en adelante va a definir su fthns («carácter») no es sólo un sentimiento humano. 1 lay un (¿fmino en griego que designa este tipo de poder divino. un numen siniestro que se manifiesta bajo múl· nples formas. mias­ ma. áte.* . de la impreca- ium proferida por Edipo contra sus hijos. bajo la forma de una m an ía * de una lyssa («demencia»). Eurípides es fiel «1 o p íriiu trágico de Esquilo cuando emplea. Mama. sobre las que pesan las mancillas y las maldiciones ancestrales. el verbo Alimonan: están. la motivaciones psicológicas vlc la falta. T E N S I Ü S E S Y A . La furia destructora que se apodera dei jefe de Tebas no es nada más que el miasma («mácula») jamás purificado» la Erinia de la raza.M B I C U r D A Ü k S Γ. de dominio de sí mismo que hacen al hombre político se precipita bruscamente ha­ cia la catástrofe abandonándose al odio fraterno por el que está «pose­ ído» completamente. se transmite de generación en generación a lo largo de la estirpe de los Labdácidas. en cl corazón de la vida humana: dawion. todos estos nombres abarcan en última instancia una sola y misma realidad mítica. instalada ahora en él por efecto de la ara («maldición»). ατά. Presente en su interior. es una potencia maléfica que engloba. es un poder d e ­ moníaco que supera a Eteocles por todas partes. un mal genio. firitrfs. en e l alma d d hom bre y fuera de rl. en diversos momentos. a l lado del criminal. la mácula que ella misma entraña. y de múl­ tiples formas. para calificar cl estado jnunlógico de los hijos de Edipo. en sentido propio. El que frente a la religiosidad emotiva de las mujeres de Tebas y la impiedad guerrera de los hombres de Argos encamaba las virtudes de moderación. de las grandes familias reales del pasado. sus consecuencias.Ν t . que actúa de forma nefasta la mayoría de las veces. reflexión. abocados al fratricidio por la maldi- m m J e su padre. la locura tic Eteocles no deja de aparecer también con una realidad extraña y ex­ terior: se identifica con el poder nefasto de una mácula que. lyssa. sus antecedentes más lejanos.A T K A C C D t A G K l i X i A 31 pronuncia ante el. lo penetra al modo de un dios que toma posesión interior de aquél cuya perdición ha decidido. sea devuelto a otro universo: vuelve a ser cl labdácída de la leyenda. cl hom bre de los gene («estir­ pes») nobles. a l cri­ m e n mismo.

esta rensión cn la psicología de los personajes no decaerá. 1 4 4 9 b 2 4 . Como nota Aristóteles. En todo momento la vida del héroe se desarrollar. tomado cn sí mismo. la imitación. 1 Vemos. el del homo patitiesa. mejor dicho. jN o se trata de unidad o de discontinuidad de la persona en el sentido en el que hoy lo entendemos. del mytbos («mito»). palabras. de un Jdi/χδη que actúa a través de ellos. es por el contrario el carácter el que debe plegarse a las exigencias de la acción» es decir. por ejemplo. de la fábula.·»· ¿es de Sófocles.32 Μ ί τ ο Υ T K A t f t U I A E N Ϊ.m Tr<wJ)\ Ber­ keley.phodc. acciones. 7. de un daimdn. esta dualidad o. que los poetas analizan tan finamente e interpretan de forma tan positiva como puedan hacerlo. Mientras la tragedia permanezca viva.Λ C l ' J X l A A N T I C U A . las palabras. pero que la tragedia trata precisamente de presen­ tar como inseparables uno del otro: cada acción aparece en la línea y la lógica de un carácter.os Á nj'tlcv 1964. del que la tragedia es. es todavía sucesi­ vo.* Pero estos sentimientos.3 l. cn que mecida y desde que ángulo tenemos derecho a hablar <Jc una transformación deí carácter de Eteocles. cn el Eteocles de Esquilo. de dos for­ mas de psicología que implican categorías diferentes de la acción y del ágeme. paso a otro modelo psi­ cológico. Lo que nosotros llamamos cambio eti el carácter de Eteocles debería ser denominado.3 6 :1450a 15-23. pues. véase B. deslucimiento cn la tragedia de una psicología política a otra mí­ tica. de un ctbos. apa* recen al mismo tiempo como la expresión de un poder religioso.» como en dos pía­ nos. Sobre o l e ur. la confrontación en el seno del mismo personaje de dos tipos opuestos de comportamiento. lo que constituye esencialmente en Ijos Siete contra 'Jebas el efec­ to trágico. Podría añadirse incluso que es la referencia sucesiva a esos dos modelos. hablando en propiedad. implicada en la leyenda de los Labdácidas por el episodio del asesl· nato recíproco de los dos hermanos. ftitV w . . los actos del héroe trágico derivan de su carácter.. El gran arte trágico consistirá incluso en volver simultáneo lo que. 1450 b 2 -J . 1450a23-25 y 3Η·31). el juego trágico no se desarrolla se­ gún las exigencias de un carácter.7 ΛΙ principio de la pieza el cthüs de Eteocles corresponde a un modelo psicológico. tal como los griegos del siglo V lo concebían. cada uno de los cuales. en el momento mismo en que revela la manifestación de un poder del más allá. Los sen­ timientos. !os oradores o un histo­ riador como Tucídídes. 8. bastará para explicar las peripecias del drama. (. A rw otclw .pc«o de b obra ir-báca y sobre el carácter heroico <k* los perjuro). con mayor precisión. Knox. de su ethos. 'l'hv Heroic Yempvr: Studies in Sr.

de una ambigüedad ingenua •pii· todavía no se cuestiona a sí misma. deslizamientos de sentido. h Ktilu. como en cl mito. subraya las contradicciones. U iu y s . Pero b lógica de la tragedia consiste en «jugar sobre dos tableros». i-. sino como problemas. Hace un momento •J · <i vábamos que los Trágicos recurrieron de buen grado a términos téc· ··«. en pasar »l<*un sentido al otro. Parafraseando una observación pertinente de R. En la perspectiva el hombre y la acción humana se perfilan no como realidades •l»i« fuñirían definirse o describirse. . marca fuertemente las dis- uni las. incluso en Esquilo. Se presentan • «•mo enigmas cuyo doble sentido no puede nunca fijarse ni agotarse. y no hay ya conciencia trágica. hace de la tra- «lu una interrogación que no comporta respuesta. con sus fluctuaciones. inco· W i« m ms y oposiciones que revelan —en el seno de un pensamiento jurí­ • « ΙΪ . Sin embargo. ΛΙ margen del personaje hay otro dominio en el que cl intérprete de- I·. C tu itn v l D r. para la de Atisióteles). Lógica ambigua. es casi siempre i· »u ingar con sus incertidumbrcs. Winnington-Ingram. 19ú5.ί)·ς. I«u alizar los aspectos de tensión y de ambigüedad. tomando desde luego conciencia de su oposición jh to sin renunciar nunca a ninguno de ellos.w tJ i i n J it* Influence.thos-dahuun: entre esa distancia sc constituye el hombre trágico.uk! ( »n-ck a r d í ¡tic T h o u y h » . La tragedia.! (n II {). y a la inversa. del Derecho. en cl hom bre ío que se llama carácter es en realidad un daimon. su ambi­ güedad. ρ. podría *i· virse. en • 1momento en que pasa de un plano a otro. Suprímase uno de los dos términos y desaparece. m» lli'ga jamás a una solución que haría desaparecer los conflictos. por el contrario. 31^0.. • I texto debe poder significar dos cosas a la vez: en el hom bre es su i arácter lo que se llama daimon. Y esta tensión. la fórmula pierde su carácter enigmático.W A C J K lt C A 33 P. porque para que haya tragedia. con su incom- ι·Ι· · · ion: imprecisión de los términos.D A D I iS K S L A T R A t t l . Para nuestra mentalidad actual (y ya. P. T K S S t O N T S V A M liK J U r . en gran medida. Pero cuando utilizan este vocabulario. Desde cl momento en que deja­ mos de leerla tanto en un sentido como en otro (como lo perm ite la «unciría sintáctica).'' podría decirse que la tragedia se apoya sobre una doble lectura de la famosa fórmula tk* Hcráclito ή θο ς άνθρώ πω δαίμων. Pero no se trata. xilina aceptada por completo ni enteramente suprimida. por iniKÍliación o bien por superación de los contrarios. estas dos interpretaciones se excluyen mutuamente.

se sirven de él también para traducir los conflictos entre los valores jurídicos y una tradición religiosa más anticua. que jamás m m \o sometida al poder de los varones.Λ Κ Π Γ Χ Ι Λ A N T I G U A .r. como pariente* suyos más cercanos (Ε ϊ Τα» ΚβατοϋσΟ. la coacción de la violencia en su aspecto más opuesto a la justicia y al derecho. Plantea También problemas morales que afectan a la mayor o menor responsabi­ lidad de los agentes humanos. la fuerza brutal del varón.. Los versos siguientes precisan el valor jurídico de este ¿rJ/os. el derecho consagra la autoridad de hecho y se apoya en la coacción de la que en cierto sentido no es más que la prolongación. pues. Λ1 ¿nt/oi del hombre (951). se­ gún las leyes de tu patria.34 Μ Π Ό V T H A C .< D jnaides si los hijos de Egipto tienen.js eso pode/-d e rutó­ la (κϋρος). organizado en un todo coherente. la de un sistema elaborado— dis­ cordancias y tensiones internas. Hi rey obser­ va que. Así. de­ signa la fuerza brutal. el rey p reg u n ta. knifos. no tienen la idea de un derecho absoluto. designa una autori­ dad legítima. algunos de Jos cuales se recortan entre sí o se encabalgan.» )j. l dico cuya forma no es.D IA Y.· no Je%ij:na yací p o d rr legítimo de tutela que sus p ri­ mos podrían cvecuujlmcntc reivindicar a su respecto. La respuesta de las Danaides queda al mareen de la cuestión. en boca de las D. atraída al campo semántico de bia («violencia»). Desde este punto de vista» la justicia divi­ na que a menudo hace pagar a los hijos los crímenes de su padre puede aparecer tan opaca y arbitraria como la violencia de un tirano. fundado so­ bre principios. Los griegos. una reflexión moral naciente en la que el derecho es ya distinto. poder sobre ellas.10 Esta tensión entre dos sentidos con- 10. En la boca del rey Pelasfío. la dominación masculina ijul*(a mujer no puede sino sufrir: «Ah.ix^o. En JS7 y sifis. la justicia de Zeus. Para ellos hay una es­ pecie de grados y superposiciones de derechos. sin que su dominio esté claramente delimitado en relación con los suyos. Sobre este aspecto de violencia. el orden del mundo. el dominio que ejerce con pleno derecho el tutor sobre aquel que jurídicamente depende de su poder. afecta a lo religioso: cuestiona los poderes sagrados. en efecto. véanse los versos K2Q. se­ gún la ley de su país. υ π ο χε ίρ ιο ς κ&ρτεσιν άραιίνω ν/» (392- 393). Por un lado. sos primos no tenían realmente sobre cII. que. las Danaidcs quieren oponer el de la* mujeres i lOíW). que estas últimas sostuvieran. N o ven en el k rjio t más que el otro ospecto y en su b o ta el vocablo adopta una sipniQcacit’m co n ­ traria u la que le prestaba Pd.N 1. nadie podría obstaculizar las pretensiones de los Egipcíadas sobre sos primas. Por otro. 8 3 1 y R63. vemos en las Suplicantes oscilar la noción de kralas entre dos concepciones contrarias sin poder fijarse en una o en otra. Si lo j hijos de T^ipui hacen mu! pretendiendo imponerles el matrimonio sin convencerlas por la per- . como en Roma. sería preciso. asociado a kyrb s («señor»). si m í fuera. sino la violencia pura. por el contrario.maides la misma palabra.

al igual que los Olímpicos son extraños a los Crónicos. al que las Danaides invocan ante iodo para persuadir a ·*·1· «·!’ para que respete sus deberes hacia las suplicantes. porque no se sitúan en un mismo pJano: '« 41 niguas divinidades pertenecen a un mundo religioso distinto que los •i· · . Pero las liijas de Dánau desprecian también la pcíthú.tpci.0 i::arj:rn de la pcithü.dueti(ii»dv/>n>/v>íl041 y 1056). Zeus a Prometeo. λ la que acompaña /r//¿v> por todas partes: nn se dejan encam ar ni • · ir {•:'il. I/. Apolo .< de expresión del pensamiento religioso. se opone el • <»o por la violencia (940-9·! I y 9 4 » . la del marido sobre la esposa.1%4. W nea a las Erínias. Las potencias que lo componen -4H\ cn agrupadas cn categorías fuertemente contrastadas. ia de la ciudad sobre el extranjero . El rey P e ta d o podía. Artemisa a Afrodita. M /fiK de lo alto.Hi*. la del jefe il<· Lstado sobre sus conciudadanos. 1 1 -Λ η Aml>¡f. entre las que • · ·Iifjril o imposible el acuerdo. la fuerza pura. 1. Los tráficos no se contentan • *m oponer un dios a otro.i. W. ¿Qué es la autoridad? -La del hombre sobre la mujer. 25. rl meteco.ilidad puede establecerse cn el seno de una misma figura divina. el universo divino es presen* *«·1«ι rn un conjunto como conflictivo. las Danaides no san menos culpables. en ia bta} El juego de palabras al que se presta un voca­ bulario cn principio tan preciso como el del derecho permite expresar • modo de enigma el carácter problemático de los fundamentos del po- Ί* r rjcrcido sobre otro. la de los dioses sobre los mortales? ¿Descansa el krátos en Λ derecho. re- 1· . «nuevos». en la dominación. 1 ·«* lu. Ucearán hawa el crimen. .t l«". nos introduce en el corazón de una obra uno de cuyos temas mayores consiste precisamente en una interroga- uón sobre la naturaleza verdadera del kratos. cuya ambigüedad total ha mostrado E. fase.'«. CU u í íj e¡ vol. que pertenece también a la lengua jurídica y que aquí se aplica a la acción que ejerce sobre lo el tacto de Zeus. en 1 t. Más profundamente. o pe- ‘tfut? ¿O por el contrario.i. Pretendido por el poeta.y in /\v*cl\)lus».ro sexn.idas querer unirse a Jas jóvenes conrra su voluntad." La palabra rljysiox. sig­ nifica a la vez y contradictoriamente ia violencia brutal de ía posesión y U suave dulzura de la entrega: este efecto de la ambigüedad no es gra­ tuito. es decir en el acuerdo mutuo. cn la vio­ lencia brutal. iavWv.1 AJfmlit. >.0 que es verdad para el lenguaje jurídico no lo es menos para las for- ··. sin el acuerdo de • · 1 · ’ . por tanto. en la dulce persuasión. TENSIONES y AMBlGOtlIMDES ÜN’ la t k a g pijía íííu ix a n irarios se expresa de forma particularmente sobrecogedora cn la fo r­ mula del verso 314. 1 -2 . W hit­ tle.

al que han recurrido desesperadas para ¡orzar al rey a ceder. o un espíritu religioso a uno po- 12.paroiro. los archaía bri'ti·.15 Pero es sobre iodo en cl plano de la experiencia humana de lo divi­ no donde se dibujan las oposiciones. calificado de bteros'* («sagrado») porque la ciudad Jo ha integrado en su propia religión y lo reconoce como cl grito ritual que acompaña la caída de la víctima en el gran sacrificio sangriento. simbolizada por Creontc. de cubrirla. 451 y 53R-542 por un lado.1' se diri­ ge a unos dioses cuya distancia reconoce. el fervor que las arroja y las mantiene vinculadas a los más antiguos ídolos.. como la religión de las mujeres. No se encuentra en la tragedia una categoría única de lo religioso. a la irreli­ gión total. 2S0. Para el jefe del Estado.. no en los templos consagrados a los dioses.36 M IT O Y Τ Η Λ Ο Π Η Λ U N L A Γ .. Cl coro de las Tebanas. 1 9 Ϊ . toquilo. sino en plena ciudad. es la ololygc. sus carreras enloquecidas. K53 ys¡R s. en lugar de tratar.. 154-JM v 2 M . sino formas diversas de vida religiosa que parecen antinómicas y cxcluyentes unas de otras. 16. IbtJ.J. ti:J . cobardía. el fervor emotivo de las mujeres no significa solamente desorden. en la plaza pública. 15. U n S i e te . I otro Zeus. sophrosynt?1. Ib:J.u «salvajis­ mo». La verdadera pie­ dad supone prudencia y disciplina. Π1 conflicto entre Antígona y Creonte abriga una antinomia aná­ loga. sus gritos tumultuosos. Süfoclcs. 14. y pciiharchia.'//£0«.15 comporta también un elemento de impiedad. I b : l. a la vez viril y cívica.S u p ü c J t t t c t . a la dike («justicia») de los muertos se opone la dike celeste: Antífona se enfrenta duramente con el trono de la segun­ da por no haber querido reconocer más que a la primera.. 1R6..Η Γ Χ ΙΛ A N T I G U A . No opone la pura religión. 17. el de abajo.23 y sips. La única contribución que Etcocles acepta de parte del elemento femenino a un culto público y político.. representada por la joven. en Los Sic/t\ con su angustiosa apelación a una presencia divi­ na. que sabe respetar ese carácter lejano de los dioses sin pretender mezclar Ío divino con lo humano.. 26H. I .. 224.17 Asimismo. el alarido. 18. 15..1 9 2 > '¿ 3 6 -2 3 8 ./l*. ese coro encarna una religión femenina que es ca­ tegóricamente condenada por Eteocles en nom bre de una religiosidad distinta.

i . condenan *« pnmer término la pscudorrelij'ión del jefe de Estado Crconte.I'iff./zt. a 37 litico. I . If lo divino con la vara de su pobre sentido común p a r a hacerle c a r- m> vim sus odios y ambiciones personales. c . Pero mien- Hé·. acoger a Eros y. misteriosos» maprehensibles para el es- í-uitii humano. el Sócrates del Cr¡- t···» jwdrá sostener que la piedad. hasta en su vínculo con la h»mv tu*. lu-n también contra Antífona.i tragedia). es más venerable.. una religión pública donde los dioses tu ­ telares de (a ciudad tienden finalmente a confundirse con los valores su­ premos del Listado.7 5 . limitada al círculo estrecho de los parientes cercanos» los phtfai. Es muy signilicuiivo este respecto que las únicas divinidades a las que el coro se refiere sean Dioniso y Eras. en ta •itiM'ii con un extranjero. como la justicia.1' es obra pía honrar piadosamente . sin reconocer precisamente lo que la li- mmu y pone en duda. con- ♦nM. por otro. Porque la ciudad.t.iila voluntariamente a Hades. ·. que .'/ («leyes»). Como observa el i oriíco. tanto los dioses nocturnos. k l . . manda obedecer las )« \oh de su patria.·'1De las dos actitudes religiosas . próximos a las mujeres y extraños a la política. centrada en el hogar doméstico y el cul­ to de los muertos. Pero las dos divinidades se »ii.. pero al fren- fr de la ciudad el magistrado supremo tiene el deber de hacer respetar *11 ί -rJtos y la ley que ha dictado. aun las injustas. que un pa- *lu· y que todos los antepasados juntos. puede conducir a un conflicto insoluble.ís o menos distantes uno de otro — la misma palabra se vin- iu li. porque.v de la philía familiar para abrirse al otro. encerrada en su pbilia familiar. K7 2 S. sino dos tipos diferentes de religiosidad: por un lado. • ΙΊκΛη. c t .|u<* Antífona sitúa en conflicto.\ t i u < . Después de todo. rn. Entre estos dos ámbitos de vida religiosa hay una 4 mistante tensión que. d m ) j : s y . transmitir a su vez la vida.« sus muertos.i< ampos semánticos diferentes.M . m » k . es decir.. ■ n : \ s i o N r s v a . en ciertos casos (aquellos mismos que presenta l.i presencia en la lengua de los trágicos de una multiplicidad de »»n · J. 5] a c. sus no- •i. w a c : i u i . driitt/f. puram ente privada. incluso aunque esa injusticia se vuel- vλ contra él y te condene a muerte. una reli­ gión familiar. según pertenezca al vocabulario ·■' . más sagrada que una madre. Dioniso y Eros expresan las potencias de la vida y la renova- • ·«*»» Antífona no ha sabido oír la llamada para separarse de los «su- »·>*. ninguna podría ser buena en sí misma on conceder a la otra su lugar.

O xford. las barreras. salvo cn las palabras: la realidad es completamente difercmo*. Entre el diálogo. p igs. jurídico. recibido y com prendido por el espectador. Véase Eurípides. La ironía trágica podrá consistir en mostrar cómo. kérdos. o a tal o cual sector de esos vo­ cabularios— otorga al texto una profundidad particular y hace que la lectura juegue sobre varios planos a la vez. «audacia*.Ν 1 . timé. con toda convicción. tólma.ücrjiurc SluJtei in Theory and PrjcUcc. los humanos no conocerían la controversia de las disputas. B. pero toles vocablos adoptan en boca de cada uno de ellos signi­ ficaciones opuestas. cn el curso del drama. véase W. Para cada protago­ nista. *honra». o presiente otras ve­ ces oscuramente una significación que todavía permanece secreta o la formula —sin saberlo— mediante un juego de palabras o una expresión de doble sen tid o /’ 21. unos y otros. or?/. una palabra que se vuelve contra él aportándole la amarga experiencia del sentido que se obstinaba cn no reconocer. l común o al religioso. 23. 1959. 499*502. 1964. encerrado en el universo que le es propio. La mayoría de las veces el coro vacila y duda. lanzado sucesivamente de un sentido a otro. el vocabulario utiliza­ do permanece cn su mayor pane opaco: hay un sentido y uno sólo. los hé­ roes del drama se sirven en sus debates. Arian. . tal como se establece y vive por los protagonistas. «temor».38 M I T O Y T R A C H D J A Γ . «terri­ ble». Con esta unilateralidad choca violentamente otra unilateraiidad. Am biguity in Crcck ¡. sébas. «AmiflO». interpretado y comentado por el coro. la impermeabilidad de los espíritus.A G H t l C l A A N T I G U A . Pero p a n Ios moríales no hay nada semejante ni igual. n " 2 . P o ­ dríamos descubrir con Charles-Paul Segal ia misma ambigüedad en los demás términos que desempeñan los papeles más importantes en la tex­ tura de In obra: philos y pbilía. deinósr Las palabras que se intercambian en el espacio escénico cumplen me­ nos la función de establecer la comunicación entre los diversos perso­ najes que la de señalar los bloqueos. político. !a de delimitar los puntos de conflicto. Creonte llama nomos. En la escena. 46-60. «ira».*1 El término nomos («ley») designa en Antígona lo contrario de lo que. el héroe se encuentra literalmente «preso por la palabra». fenteias. «Sí Í j misma cosa fuera igualmente para iodos bella y sensata. de las mismas pa­ labras. «Sophocles’ praise of Man and the Conflicts o í the Auti?nnc». hay un desfase que constituye un elemento esencial del efecto trágico. Stand- ford. ca­ pítulos X X I!. «provecho)*. «amistad». Sobre el lupar y el papel d e U ambigüedad cn los Tráficos. v o l . 22.

mtwcsis práxeos. desgarrar­ se o perderse. Y la pala­ bra drama viene del dorio d r j i t . comunicable sólo en la medida en que llega a descu­ brir la ambigüedad de las palabras. De hecho. todos estos son los ras­ gos que marcan fuertemente la tragedia griega. Pero lo que quizá la de­ fina de modo esencial es que el drama llevado a la escena se desarrolla a la vez en cl plano de la existencia cotidiana. se hace él mismo. a las puertas de . conflictos en cl hombre. en un tiempo humano. contrariamente a la epopeya y a la poesía lírica.ΟΑ 39 Sólo para el espectador puede el lenguaje del texto ser transparente en todos sus planos. carácter ambiguo y equívoco de la lengua. Representa personajes actuando. el universo de los dioses. Tensión entre el mito y las formas de pensamiento propias de la ciu­ dad. es precisamente la existencia en Jas palabras intercambiadas por los hombres de zonas opa­ cas y de incomunicabilidad. obrar. prátiontcs. hecho de presentes sucesivos y limitados. La tragedia. unas veces para ocultarlos. abandonando sus cer­ tidumbres antiguas y abriéndose a una visión problemática del mundo. Por esta unión y confrontación constantes. ni se pierda na· en el olvido. o más. el mundo de los valores. omnipresente. T E N S I O N E S Y A M G IG Ü iJD A D r . £1 lenguaje se vuelve para cl transparente y el mensaje trágico. Pero lo que co­ munica cl mensaje trágico» cuando es comprendido.Λ Τ Λ Α Ο Π Π ΙΛ ΟΓΟΓ. del tiempo de los hombres y del de los dioses. otras para descubrirlos. opaco. el drama apor­ ta la revelación manifiesta de lo divino en el curso mismo de las accio­ nes humanas. es la imitación de una acción. la tragedia presenta individuos en si­ tuación de obrar: los sitúa en la encrucijada de una elección que los Compromete por entero. de ios valores. que abarca en ca­ lla instante la totalidad de los sucesos. del hombre cuando reconoce el universo como conflictivo y cuando. los* muestra interrogándose. que corresponde al áiico p r á tte in . en un tiempo divino. así cegados. En el momento mismo en que ve a los prota­ gonistas adherirse exclusivamente a un sentido y. en la que no sc describe la categoría de la acción ]>or no considerarse nunca «1 hom bre en ella como agente. y en un más allá de U vida terrestre.S flN Ι. observa Aristóteles. en su polivalencia y sus ambigüedades. Del autor al espectador recupera Ja lengua esa función plena de comunicación que había perdido en escena entre ios personajes del drama. cl espectador debe comprender que existen en realidad dos sentidos posibles. conciencia trágica. a lo largo de )* intriga. a través del espectáculo. pero sin que jamás se le escape nada.

Es al final del drama cuando los actos co­ bran su verdadera significación y cuando los agentes descubren.’ A . al principio de las Suplicantes1' (379-380): «N o sé qué hacer. k . sopesar los pros y los contras. aborta o lleva en sí frutos completamente distintos de aquellos con los que había con­ tado. apuesta en una última instancia sobre los dioses a los que uno espera de su parte.40 M IT O V T R A C H X A L'N L A t i f t l 'C I A AN’ T IG I. a tra­ vés de lo que realmente han cumplido sin saberlo. no es nada. Sin su presencia y su apoyo. ¿debo actuar o no?». entrar en el juego de las fuerzas sobrenaturales de las que no se sabe si al colaborar con noso­ tros preparan nuestro éxito o nuestra perdición. cuando les interroga por precaución antes de obrar y aceptan hablarle. lo que valía y lo que quería decir exactamente. tom ar consejo en uno mismo. «Π υλάδη. por otro. ni suficiente autonomía para concebirse plenamente al margen de ellos. y tentar al destino?». En la perspectiva trágica. Tentar a) destino: entre los trágicos. τί δράσω». prever al máximo el orden de los medios y los fines. el rey añade inmediatamente una fórmula que. «¿O brar o no obrar. I una decisión. aventurarse en un terreno que sigue siendo im penetrable. la mayoría de las veces a expensas propias. sobre cómo tomar cl mejor partido. del que no es dueño. los asuntos humanos siguen siendo enigmas tanto más oscuros cuanto más seguros se crean los actores de lo que hacen y de lo que son. la acción más pensada conserv a el carácter de una aventura­ da apelación lanzada h ad a los dioses y que sólo por su respuesta se sa­ brá. exclama Orestes en Las Coí-jorasr1y Pelasgo cons­ tata. κα ι τύ χ η ν έλείν. la acción humana no tiene en sí bastante fuerza para prescindir del po­ der de los dioses. Instalado en su personaje de descifrador 24. la an ­ gustia domina mi corazón. una especie de apuesta sobre cl futuro» sobre el des* tino y sobre sí mismo. En el hom bre más previsor. por tanto. su verdadero rostro. Los dioses le son incomprensibles. «Pilados. subraya la polaridad de la acción trágica. por un lado. el hombre corre siempre el peligro de caer en la trampa de sus propias de­ cisiones. Mientras no esté iodo consumado. su respuesta es tan equí­ voca y ambigua como la situación sobre la que se solicitaba su opinión. ¿que hago?». 25 Sur!:C4nlcf. >79 JRO. en su unión con la prccedcme. Sin embarco. es contar con lo desconocido ν lo incomprensible. obrar com porta por tanto un carácter do­ ble: es. Es. En este juego.

pala perderlo mejor/* De igual modo que el personaje trágico se forma cn la distancia que separa daitmn de cíbos^ la culpabilidad trágica se establece entre la anti­ gua concepción religiosa de la falta — mácula— de b bamartia.M » i < . cit. no el hijo de la Tycht. cuyo sen­ tido no adivinará más que descubriendo ser lo contrario de lo que creía. cn el mar· 26.i de una maldición ancestral: pjj'. de la Buena Fortuna. of>. pero también: «Y a m tiene que papar la sanjtre que *anttRuaniciuc derramó». Ακούσιος — incluso aunque Ιο haga de forma torpe y vacilante— . ¿cómo }>o· dría com prender Edipo que se refería a sí mismo ese enigma. no el rey salvador de su ciudad. Por su am bigüedad.\ y. no ei justiciero. A. sino la abominable mácula por la que está pereciendo? De este modo.ra m .s j : n¡ i .7K-85. convencido de que los dioses le inspi­ ran. Un •1 wjtiindo. Irv iUvs concepciones contrarias se encuentran en cierto m odo superpuestas o confun- UU* vm las mismas palabras. desde el principio «1 final del drama. ακούσιος. Kn h fümuil. Apa· *··■ m*n o victim. Véase Λ P.1966.a por faltas que no ha com etido. de haberse complacido en engitñarlc. es definido como aquel que sin ser forzado a ello ha escogido deliberadamente cometer un delito. que engendra necesaria­ mente el crimen. y la concepción nueva en la que el culpable. páp*5. a t i i a ü j : d i a íír il g a ·| 1 de enigmas y de rey justiciero. el derecho hace hincapié sobre las nociones de intención y responsabilidad. Un vi prim er caso.i cn F-sqiiÍJi>. podrá acusar a la divinidad de haber urdido y ejecutado todo de antemano. sino el crim i­ nal. rT 86. NOv fi'ci π ρ υ τίρ ω ν α ίμ 'ά πο τείσ ει puede querer decir: «Y aho- i « m ftene que papar la sangro que derram aron s\>$ antepasados». sino su víctima. Leskv. 27.t que Esquilo pone en boca del corifeo (Azsincnún. t t s 'S J o n w y A . . «Decision and Responsability in ihc TrjRedy o f Aeschy- lu»·. *la h U ita d y Ij coacción se hallan unidjs <¡c una manera fccnuinamenfc trágica» porque iirtn «V los ra«po$ mayares de l. en efecto. ü i : i M D r . Tl'c¡n:trn.i tragedia es «Ij estrecha unión entre I j necesidad im- |xir%u p a rio s dioses y la Occisión personal de obrar». delirio enviado por los dioses. expía W c rín io n r\ ilc l«»s que responsable. plantea el problema de los grados de compromiso del agente cn sus actos. en el momento mismo en que se reconoce responsable de haber forjado su desgracia con sus propias manos. el φόνος δίκα ιος. enferme­ dad del espíritu. a una •M»lc interpretación·.ilo f / icHctu'cStuJn‘i. pac lo que concierne al mismo pro- l»k Hi. 1337*1338).'7 Al esforzarse por dis­ tinguir categorías de faltas que son de la competencia de tribunales d i­ ferentes. la frase se presta. bamartón y sobre todo üdikfm. proclamándose hijo de la Tycbc. (!oi»o observa Lrtky. \Vin nin pjon ·In j. Por otro lado.

a la intención. En la famosa escena de la alfombra del Agamenón* la decisión fatal del soberano deriva sin duda de su pobre vanidad de hombre. sino del orden general del mundo que sólo los dioses presiden? Para que exista acción trágica es preciso que se haya formado ya la no­ ción de una naturaleza humana con sus caracteres propios y que. orientando toda la luz sobre cl elemento psicológico. pues los actos toman su realidad no de las intenciones del agente. donde toman su verdadero sen­ tido. Toda tragedia juega. pues. el hom­ bre comienza a experimentarse a sí mismo como agente más o menos au­ tónomo respecto a las fuerzas religiosas que dominan cl universo. en con­ secuencia. de su destino político y per­ sonal.42 M IT O V T R A G r ü I A E X I.A tiP . ¿no tienen su verdadero origen en algo distin­ to a el? ¿No permanece opaca su significación para quien las comete. aunque ésta no haya adquirido suficiente consistencia y auto­ nomía como para bastarse completamente a sí misma. En la tragedia. más o menos dueño de sus actos. l co de una ciudad en la que todos ios ciudadanos dirigen por medio de discusiones públicas de carácter profano los asuntos del Estado. El sentido trágico de la responsabilidad surge cuando la ac­ ción humana deja paso al debate interior del sujeto. En Tucídides la naturaleza humana. la άνΟρωιτίνη φΰσις. los planos humano y divino sean lo bastante distintos como pa­ ra oponerse. perr el contrario. tiene sólo valor de contrapunto con relación al tema central. constituyen más bien los dos aspectos. con mas o menos dominio. Son dos órdenes de realidades radicalm ente heterogéneas. integrándose en un orden que sobrepasa al hombre y se le escapa. Nos enga­ ñaríamos. necesariamente con dos planos. se define en contraste absoluto con cl poder religioso que es la Τ ύχη. opues­ tos pero complementarios. Esta experiencia todavía fluctuante e indecisa de lo que será en la historia psicológica del hombre occidental la categoría de la voluntad (es cosa sabida que en la Grecia antigua no hay auténtico vocabulario de la voluntad) se expresa en la tragedia bajo la forma de una ansiosa interro­ gación que concierne a las relaciones del agente con sus actos. también qui- . por tanto. El dominio propio de la tragedia se sitúa en esa zona fronteriza en la que los actos humanos van a articularse con las potencias divinas. ¿en qué medida es el hombre realmente la fuente de sus acciones? Incluso aun­ que delibere en su fuero interno» aunque lome la iniciativa y asuma la responsabilidad de ellas. Su aspecto de investigación sobre cl hombre. ignorado por el agente.E C I A A N T I C U A . los dos polos de una misma y antigua realidad. pero es preciso también que no dejen de aparecer como inseparables. a la pre­ meditación. como agente responsable. por su p&tnc {«juicio») y por su phrónesis («prudencia»).

pjp¡. puesto que lleva a Casandra como concubina a la cusa. conspirando con la divina Tychc. en el que todo se anuda. que remite tam- fcttff· <| u ι··ο21'Λ pijts. Vi- Jal Ná. realzada y condensada en el simbolismo de ese acto de hfbrit impía. A&swcnr. Acjck)¡us. pág. Γ'Ν). 1R7: ή ΐΕ Ο ίο ιςτύ χ α ισ ι σ υ μ π ν ίω ν . «Tcmps des dtcux et temps de* hom rots*.35 '· H 'iJ. Oxford.*'8 cuanto la culpable debilidad de un ambicioso tuya pasión. k u : g a 43 zá de In milla conciencia de* un marido más inclinado a ccder a los ruegos de su mujer. El cfceio propiam ente trágico proviene de la relación íntima y. Ι27 Ί2 8 . presente y futuro han venido a fundirse en una sola y misma sig­ nificación. Λ partir de ese momento sabemos lo que fue realmente el sacri- licio de Ifigenia: no tanto la obediencia a las órdenes de Artemis. R etuc de fhisíotre des Tctifjoni. surge sobre Ja escena el tiempo •Ir lm dioses y se muestra en el tiempo de los hombres.»u t. Y aunque la pieza se prolongue algún tiempo todavía. 1950. 115. véase el comenta- t». de la extraordinaria distancia en­ tre el acto trivial de caminar sobre una alfombra de púrpura.ori. sabemos lo que fue la conquista de Troya: no tanto el limnfo de la justicia y el castigo de los culpables cuanto al destrucción ••uTÍlega de roda una ciudad con sus templos.11 ha decidido inmolar a \n propia hija. Sobre este verso. '<» "v’hrc I j s rcljciom-s d? les órdenes temporales. •· n . 55 AO. renjitimoí aJ estudio de P. En este punto culminan- i· «le la tragedia. el drama está consumado.1* | i M ínkcl. . Pe­ ro lo esencial no radica ahí. t í . . no podrá aportar nada que no se haya realizado va. ni tampoco el duro deber de un rey que no quiere cometer falta alguna trtpccco a sus aliados. II. Y en esta doble impiedad »r \ iven los crímenes más antiguos de los Atridas y se inscriben todos los ψ κ v. Pa­ sado. Desde el momento en que Agamenón ha puesto el pie en la alfom­ bra. n s i o n i :s v A M B ic ü iriM n rs e n · l a t k a g e d i a c.ui a seguirlos: el golpe que hiere a Agamenón y el que finalmente üli atizará a Clitemnestra a través de Orcstcs. y las fuerzas religiosas que resultan inexorablemente desencadenadas por él. con sus motivaciones demasiado humanas.. al mismo tiempo.

III I .

IV72. Λ la unicidad de la persona moderna. La categoría de la voluntad en el hombre de hoy no supone sólo una orientación de la persona hacia la acción. Aft·· Parts. responde cl sentimiento de realizarse en lo que se hace. responsable hoy de lu que hizo ayer y que experimenta con tanta más fuerza el sentimiento su existencia y de su cohesión interna cuanto que sus conductas suce* hvíis se encadenan y se insertan en un mismo marco para constituir. una vocación singular. . sino con los que se siente a sí mismo in­ teriormente comprometido. Capítulo 3 Esbozos de la voluntad en la tragedia griega Para cl hombre de las sociedades contemporáneas de Occidente.uJn en evm pjraitte et art. a su e x ig e n c ia de originalidad. H om tfugc a I. y se reconoce en m i s recuerdos. |>¿rs. una valoración del obrar y de * texio fue pul>lic. A hi continuidad del sujeto que se busca en su pasado. la voluntad constituye una de las dimensiones esenciales de la persona. responde la permanencia del agente. cl yo considerado como fuente de actos de los que no es sola­ mente responsable ante otros. de expresarse en obras que manifiestan su ser auténtico. 277-306.* I)c la voluntad puede decirse que es la persona vísta en su aspecto de «gente. en Id continuidad de su línea.

en efecto. Así. se le tiene por entero desde cl momento en que se le posee. sino mucho más una preeminencia reconocida del agente en Ja acción. nuestros modelos . no hay agente sin un poder que una cl acto al sujeto que lo ha decidido y que asuma al mismo tiempo su plena responsabilidad. como sujeto responsable y autónomo que se ma­ nifiesta en y por actos que le son imputables. Es una construcción compleja cuya Jiistoria parece tan difícil. H! agente se aprehende a si mismo en sus relaciones con los de­ más y con la naturaleza como un centro de decisión. como la de la Grecia arcaica y clásica. Nos han llevado a crcer que el hombre se decide y actúa «voluntariamente» igual que tiene brazos y piernas. de aquiescer o de rehusar.λ g h k c i a a m k . Este poder se manifiesta en par· ricular en cl acto de la decisión. universal y permanente. Contra estas pretendidas «evidencias» psicológicas nos pone en guardia ia obra de Meyerson. del sujeto humano planteado como origen y causa productora de todos los actos que de él emanan. es decir. como a pesar suyo. «igual en nosotros que en Dios». bajo sus diversas formas. como cl libre arbitrio del que es. apenas dudamos en dotar a los hombres de aquel tiempo. desde que se decide.\< ίΐ:η ΐΛ γ ν ι. las estructuras dt* nuestros procesos de decisión. La investigación que ha llevado a cabo in­ cansablemente en sus escritos y en sus cursos sobre la historia de la per­ sona destruye también el mito de una función psicológica de Ja volun­ tad. la cara psicológica. poseedor de un po­ der que no dimana ni de la afectividad ni de Ja pura inteligencia: un poder sui generis del que Descartes llega a decir que es infinito. Estas afirmaciones se nos han vuelto tan naturales que nos parece que ya no son problema. no hay acción sin un agente individualizado que sea su centro y su fuente.46 m ito γ ικ . se constitu­ ye a sí mismo —sea cual fuere el plano en cl que se sitúa una reso lu ció n - como agente. de la que es en gran parte solidaria. múltiple e inacabada como la del yo. de esta función voluntaria que ellos sin embargo no nom­ braron. que no posee en su lengua palabra alguna que corresponda a nuestro térm ino «vo­ luntad». Incluso en una civilización. porque en contraste con el entendimiento. 1-a voluntad no es un dato de la naturaleza humana. para Descartes. t la realización práctica. cl poder de la voluntad no im­ plica cl más o menos. como ese poder indivisible de decir sí o no. Por tanto hemos de guardarnos de proyectar sobre el hombre griego an­ tiguo nuestro sistema actual de organización de las conductas volunta­ rias. Desde el momento en que un individuo se compromete mediante una elección. La voluntad se presenta. necesariamente limitado en las criaturas. u a .

desde 1928. Sin em bar­ go. 1955. 2 . p i& .C. los presen­ ta en ana situación que desemboca en una aporía. se encuentran forzados a una elección difícil pero ineluctable. Rei ne des ¿tu- * r. Ví-asc Bruno Sncll. la decisión permanece en sí misma contingente. «como la prueba completa de la aparición en el seno J «Hcmarqucs sur le “nécessalrc’* ei la "ncccssitc" d ie z Eschyk··». en un callejón sin sa­ lida. En la encrucijada de una decisión que compromete su destino. 1953. Contrariamente a Homero y a los poetas líricos. políticas. Oxford. que enraizan la elección final en el alma del per­ sonaje. ! 11*2-112. un «mo­ delo» de la acción humana concebida como la iniciativa de un agente independiente. como función ya plenamen- ir constituida. B. E s­ quilo sitúa a sus héroes en el umbral de la acción.i edición (]948)l>. esté­ ticas. se manifiesta en y por el desarrollo de la tragedia en Atc- i u s . frente a la necesidad de obrar.: «Puede considerarse la dramaturgia de 1 Hjuilo». I . Siguiendo siempre un mismo esquema dramático. aunque la necesidad les impone optar por una u otra de dos posi­ bles soluciones. Rívier sitúa con toda exactitud el debate. ín^le- ·* Λ· Ij ü?guiii). a lo largo del siglo v a. 5-39. 1968.r. Un artículo re­ ciente de A. 3. Barbu puede »«*stcncr que la elaboración de la voluntad. trad. Debemos examinar sin a priori de qué formas se revistieron en el marco de la civilización helénica las cate­ gorías respectivas de la acción y del agente y cómo se establecieron a tra­ vés de las diversas prácticas sociales (religiosas. que aparece bajo esta luz como una construcción que persigue liberar. Según SneIJ. I (¡tniburKO. Snell había extraído de la dramaturgia de Esquilo ios elementos de una antropología trágica. L S ttO Z O S DF.Ν Ι. esta decisión «personal» y «libre» constituye el te­ ma central del drama esquiiíano. jurídicas. En el curso de los últimos años los helenistas se han enfrentado a es­ te problema a) abordar la tragedia y el hombre trágico.Λ V O L U N T A D Γ. Du· IzntJerfawg Jes G astes'. que se enfrenta a sus responsabilidades y agota en su lucro interno los motivos y el resorte de su com prom iso/ Deduciendo lis conclusiones psicológicas de esta interpretación. centrada en los temas de la ac­ ción y del agente. en su pureza casi abstracta.^'ues.Λ T R A C K D J A O R IM O A 47 de compromiso del yo en los actos.1 Observa que. En efecto. r i'S 1 .i¡oc) tiniio The Discoveryc f th e h tin j. técnicas) las relaciones entre el sujeto humano y sus acciones. tal decisión es tomada al término de un debate interior y de una «(¿liberación reflexiva. escribe. .

con sus correlatos más o menos implícitos de autonomía. decisivo sin embargo. I960. el análisis critico de A. •1 Λ. El hombre trágico no tiene ya que «elegir» entre dos posibilidades.ubti. Problems o f Iiisioric·)! Ptycbofogy.4 S M IT O V T K A C Ü D M Ι-S ' 1. en última instancia.·* Se sabe que en Homero la acción de 3. es incapaz de producir otra cosa que la constatación de una aporta y que sigue siendo im potente para motivar más una opción que otra. de libertad. por la mayoría de los helenistas contemporáneos. que. Hculcl- I k -í j \ l% » . sino e! reconocimiento de esa necesidad de orden re­ ligioso. sino una volun­ tad ligada por cl temor reverencial de lo divino si es que no está constreñida por poderes sagrados que confieren al hombre la interioridad. en el seno mismo de su «deci­ sión».ánkc. cap. la «necesidad» que bascula enteramen­ te hacia un sólo jado en un momento del drama. para detener. Λ Ο Κ Γ . Lcsky y adoptada. impuesta por los dioses. Rívicr. Londres. Rivier apunta a interpretaciones que. a la que el personaje no puede sustraerse y que hace de él un ser interiormente «forzado». Tal es el caso de la teoría de la doble motivación. de responsabi­ lidad. lleva a diluminar el papel. del agente. la situación primera de equilibrio. Snell. Lo que engendra la decisión es siempre. Snell en lu decisión del sujeto. con diversos matices.Uion w t bavtcttscha) Upor. El análisis preciso de los textos muestra. de las fuerzas suprahumanas que actúan en el drama y que le otorgan su d i­ mensión propiamente trágica. 86. una ar.V D C I W . pótf. «cons­ ulta» que ante él se abre una sola vía. 7. Estos poderes religiosos no aparecen só­ lo en el exterior del sujeto. biastbeis. tratan sin embargo de salvarla autonomía del sujeto humano otorgando en su decisión un lugar a Ja iniciativa voluntaria. una voluntad autónoma en el sen­ tido kantiano o incluso simplemente tomista del término.. según A. por mu­ cho que se considere la deliberación desde el punto de vista del sujeto. aun admitiendo el papel determinante de los po­ deres sobrenaturales en la acción del héroe trágico. intervienen en el corazón mismo de su deci­ sión para coaccionarle hasta en su pretendida «elección».Ο Λ A . no sería» pues. El hincapié puesto por B. El compromiso traduce no la libre elección del sujeto. Si hay voluntad. I de la civilización griega del individuo en tumo que ajen ie libre (indivl· dual as a free agent)»? Es este análisis lo que cl estudio de Rívicr trata de rcíutur en sus pun­ tos esenciales. Más allá de las tesis de B. Lcsky. IV. en efecto. de) mis­ mo modo que la había hecho nacer. ilottlicbi' und HU'tnckhíhc Mottv. propuesta por A. . «The Kincfflcnce of IVm mality in tb í Greek World». D.

se pregunta Rivier. que un htwnbre pueda querer lo que no ha escogido? «¿Que sea considerado res­ ponsable de sus actos independientemente de sus intenciones (y no era on· precisamente el caso entre los griegos)?». Desde este punto de vista la formula* • u m de A. elección. 1*1 héroe del drama está enfrentado a una necesidad superior que se le impone. en el seno de la decisión «necesaria». como de un móvil propiamente h u ­ mano.A V O I .t. el mismo se apropia de esa necesidad.'N ! I-A Π L N ' I . sobre los documentos antiguos. cuya validez niega con razón A. pe­ ro. la hace suya hasta el punto de querer. Rivier no es quizá inatacable para el psicólogo. de una deci· 'M*n cuya estructura es diferente a la nuestra puesto que excluye la clec- • i·»»? La voluntad no es una categoría simple. como sus dimensiones. Λ T R A G l . a nuestra vez. »Λ*'» inconcebible. que le dirige. sus implicaciones son multiples. Rivier cn el caso de los i urgos. En ia medida tiusma cn que nos hace recusar el modelo de la decisión autónoma que l*»s intérpretes modernos se sienten tentados a proyectar. encontrándose casi siempre ios dos planos demasiado estrecha­ mente imbricados uno en otro para que sea posible disociarlos. Ahí tenemos dentro nuevamente.f M A ( J t l H 'C A •P Ins heroes de b epopeya parece a veces proceder de un doble nivel di· explicación: su conducta puede interpretarse tanto como el efecto de u iu inspiración. desde una perspectiva distinta a la nuestra. Al margen de la autonomía y de la li- l«i. en efecto. f S B O Z O S D i : J . por el movimiento propio de su carácter.‘'rocíenteniente. ese margen de libre elección sin ia cual no parece que pueda imputársele al sujeto la res­ ponsabilidad de sus actos. que los personajes lie! drama expíen tan cruelmente acciones de las que no serían responsa· 1dos y que» desde ese momento. este esquema de la doble motivación se convierte en Esquilo en un elemento constitutivo de la antropología trágica. Según Lesky. de desear incluso apa­ sionadamente lo que en otro sentido está forzado a hacer. ¿tenemos derecho a «iiili/ar. Es todo el sistema i ««nceptual implicado en nuestra representación de lo voluntario lo que '«· cuestiona en el contexto griego. de un impulso divino. no serían realmente suyas? ¿Cómo van a •ιτ suyas si personalmente no las han deseado y cómo quererlas a no ser por una elección libre y autónoma? «A pesar de ello». L*I problema desborda así el marco de una discusión sobre la drama* n»K*a de Esquilo y el sentido de la acción trágica. la voluntad supone toda una serie de condiciones: es preciso •|i*r on la masa de los acontecimientos estén ya delimitadas series ordo- . el térm ino de voluntad maniatada. más o menos . ¿Cómo admitir.

las relaciones del sujeto con sus diferentes tipos de actos. refutar las doctrinas según las cuales el malvado no actúa por su p ro ­ pia voluntad. Nuestras nociones de elección. para poner de relieve que el héroe esquiliano. sino que comete la falta a pesar suyo. el estatuto del agente. donde se presentan con unos valores y según una configuración que amenazan con desconcertar a un espí­ ritu moderno. Todo el problema consiste cn saber lo que los griegos mismos entendían por elección y ausencia de ella. lo bastante ligados unos a otros y circunscritos en el espacio y en el tiempo como para cons­ tituir una conducta unificada con su comienzo. responsabilidad independiente de las inten­ ciones. Pero ausencia de pasividad. Rivier emplea el termino de voluntad es. la concepción «trágica» aparece mejor representada a sus ojos por Eurípides. La dependen­ cia respecto a lo divino no somete al hombre de forma mecánica. de responsabilidad y de in­ tención no son directamente aplicables — como tampoco lo es la de vo­ luntad— a la mentalidad antigua. sus grados de compromiso en lo que hace.50 M I T O Y T R A G E D I A f:N ' L A Ο Κ Γ Γ ί Λ AXTl GUA. según nos dice. Todos estos elementos se han edificado a lo largo de una historia que implica la or­ ganización interna de la categoría de la acción. incluso privado en su decisión de la facultad de escoger. la elaboración correlativa d e las nociones de mérito y de culpabilidad personales. como categoría espe­ cífica ligada a la persona. y de !a realización efectiva por otro. Es sabido que el Estagirita cree. el lugar y el papel del individuo en la acción. por el contrario. puesto que. las formas de ía voluntad en los griegos. desarrolla su energía moral ya que profundiza sus recursos para la ac­ ción. recursos para la acción son rasgos demasiado generales para caracterizar la voluntad en aquello que la constituye. la aparición de una res­ ponsabilidad subjetiva que reemplace lo que ha podido llamarse e! deli­ to objetivo y finalmente un inicio de análisis de los diversos niveles de la intención por un lado. 1 nadas de actos sentidos como puramente humanos. exige también la presencia del concepto de individuo. en ciertos as­ pectos. Es una dependencia. como un efecto a su causa. es cualquier cosa menos pasivo. El caso de Aristóteles es a este respecto particularm en­ te significativo. por responsabilidad con o sin intención. en su filosofía moral. que libera y que cn ningún caso podría definirse como inhibidora de la voluntad del hombre. Decisión sin elección. como esterilizante de su decisión. su curso y su término. escribe Rivier. Si Λ. libre o no. del individuo aprehendido en su función de agente. cuyos personajes proclaman abiertamente en ocasiones . Así. se nos dice. energía. desde el punto de vista psicológico. tales serían.

véase laminen f j t c j *i H uJttvo. píjív 169 170. al afirmar que el acto pasional se realiza betón y no áten. privilegio exclusivo del hombre. 177-178. págs. nadie hace el mal «voluntaria­ mente» (según la traducción usual). las que. Para señalar el grado más alto de conciencia y de compromiso del sujeto en la acción. N„ l i l i b 5-6. akoúsios por otro.1110 a 28.* Tal es también. Λ. hasta el acto realizado no sólo por propia voluntad...Son nuestras decisiones íntimas. dominados y violentados por la fuer 2 a de pasiones tanto más irresistibles cuanto que en el interior <ie ellos mismos encarnan poderes divinos como Eros o Afrodita. 1 I S K O Z O S D E I . el punto de vista de Sócrates. basta con observar que Ariscó· leles. Aristóteles. Aristóteles elabora una doctrina del acto moral que representa. Lovaina/París. tras deliberación y decisión. y d comentario de R. II. por coacción exterior o ignorancia de lo que se hace (como verter veneno creyendo que es un medicamento). 1959. entre hckon. en la filosofía griega clásica. Aristóteles forja un concepto nuevo: a este efecto utiliza el térm ino projíresis. . en cuanto ser dotado de razón. G authier y I R. según sus condiciones internas. me· I··* ifiic los #etos exteriores. en otro plano. al ser toda maldad ignorancia. confiriéndole en el marco de su sistema un valor técnico preciso. presen­ 5. por oposición a los niños y a los animales. las diferentes modalidades de la acción. por «de grado» oponiéndolo a «muy a su p esar»/ Para convencerse de que ht'kufi no puede significar «voluntario». ákon.Jolif. May que traducir estas expresiones opuestas como lo bucen G authier y Joltf en su comentario a la Ética a Nicówaco. La oposición corriente en griego. el esfuerzo analítico más profundo para distinguir. 5. Para justificar el principio de la culpabilidad personal del malvado y dar a la afirmación de la responsa­ bilidad del hombre un fundamento teórico. C iA que no son culpables de su falta porque pretenden haber obrado a |κ· sar de sí mismos. La projíresis es la acción bajo su forma de decisión. np. nuestras intenciones. para quien. no corresponde en modo alguno a nuestras categorías de lo voluntario y lo involuntario. f> «. en la lengua común y en el vocabulario Itirídico. sino con pleno conoci­ miento de causa. A V O L U N T A R U N L A T R A G E D I A G J t H '. at. hckothios por un lado. 1228 a.6 desde el acto realiza­ do a pesar de uno mismo. } CMHihicryJoljí. de escaso empleo y de sentido confuso hasta entonces. privados de ella. palabra que se traduce ge­ neralmente por «voluntario». La proaírests es más que hvkoúsion.. E/κ J a Sicóntjco. por coacción (bía). es decir. permiten juzgar nuestro cariaco * . pero que no puede tener esc sentido.

Así pues. «Lu decisión (projt'rctis) no va dirigid. A C K l T . «El intelecto teórico no piensa n«dj en cl orden p ú d ic o ni se pronuncia sobre lo que bav ijtie rechazar o buscar». Desde luego también la proairesh se apoya en un deseo. como indica su nombre (batresis .S . una elección expresada en un juicio que desemboca directamente en la acción. no de una manera única. li.elección). del juicio de orden teórico. y de opción práctica. 11 1 1 a 25-27 y l i l i h 7-8. que «dependen de nosotros» (tet έφ' ή μΐν) y pueden ser objeto de acción. un anhelo (bcúlvsñ) penetrado de inteligencia y orientado no tanto hacia cl placer como hacia un objeto práctico que cl pensamiento ya ha presentado al alma como un bien. se hace de grado (hckón) por supuesto. o por arreba­ to (ibytftós) sin tomar tiempo para reflexionar. cuyo movimiento puede no llegar a su término y per­ manecer en el estado de puro «anhelo» (porque se puede anhelar lo im­ posible). *130 h 27-28. por atractivo del placer. que plantea lo verdadero. L. U A K T I C Í U A . que compromete al sujeto en el acto en el momento mismo en que se decide distingue la proaíresis en prim er lu­ gar de la boúícsis. sino de varias. por cl contrario lo «que se hace de grado no siempre es objeto de una decisión». cuando sigue su inclinación propia sin ser coaccionado por un poder exterior. no hay deliberación ni decisión más que respecto a cosas que están «en nuestro poder». 9. l i l i b 20-23. pero no por decisión (proaíresis). el calor que no puede actuar más que por calentamiento). si se sostiene lo contrario./:’.52 M I T O Y T R A G E D I A E N l. se puede desear incluso lo imposible. I ta como prueba que.! u ¡as cusas imposibles y quien preten­ diera “decidirse-’ λ hacer algo imposible p. Aristóteles opone en este nivel de las dyttámeis álogoi ías poten* cias irracionales que no pueden producir más que un sólo efecto (por ejemplo. instituye. en segundo lugar. pero un deseo razonable. . η υ m orir». debería entonces afir­ marse que los animales tampoco actúan kekónfest fórmula que eviden­ temente no puede tener el sentido de «voluntariamente». pero que no afecta para nada al dominio de la acción. 110} a IV · b 22. por ejemplo.1' 8.* El animal ac­ túa bckán. La proaíresis implica un proceso previo de delibe­ ración {boúleu$i$)\ al término de este cálculo razonado. Este aspecto de o p ­ ción. iV.nstúi por simple de espíritu.7 Por el contrario. es decir. Delalwa. cuando se obra por codicia (cpitbymiá). susceptibles de producir los opuestos: dyttáwis Ion enantion. ios poderes acompañados de razón. meta lógou. Por d contra­ rio. si toda decisión (proairc- sis) es un acto ejecutado de grado ihckOn). 10. 1046 b 5-10. como los hombres. Así. M cij/ñ tcj..

no tiene relación con el fin. concierne a los medios. por otro el intelecto. la función apetitiva es completamente pasiva.sentido a b s o lu to y h. entre los cuales tendría libre |H>der de elegir. al intelecto práctico. O U O Z O S n r .i- n ú · fin e s H utía e l q u e se d irig e el d e se o » . independientemente cn cierta forma de la presión ejercida sobre él por el deseo. es ella !a que mueve el alma hacia el bien. Pero.. como un poder que hasta el último momento estaría por encima de los apetitos (dirigidos hacia lo agradable.v el fin. pues. p o r u n i ó . y cn gran medida también contra Platón— el análisis aristotélico de! acto. Véase Π. al revés del deseo. 11. 217-220. N .u La boulésis.A 53 Esta doctrina presenta a primera vista aspeaos tan modernos que algunos intérpretes han creído reconocer en la proatresis un libre poder de elección del que dispondría el sujeto en su decisión. El deseo (boúfcsis) es. han elevado la proJtrcsis a la dignidad de una verdadera voluntad. .” La opción de la prtjiiíresis no se hace entre el bien y el mal. por el contrario. d e ci- *h»u . 1115 b 3-5: «C l f i n e s . O tros. 1139 a 17-20.i a cc ió n feliz la q u e e s el fin e n . pero un fin que se le impone y que él no ha elegido. cn su función práctica. jV. lo que orienta el al­ ma hacia un fin razonable. por ejemplo la salud. o b je to d e d e s e o y los m e d io s o b je to d e J<-Mh*r. 12. Véase G authier y Jolif. la deliberación consiste cn la cadena de jucios por los que la razón concluye que tales 11. pero pertenece. Λ1.n Ahora bien. en la acción moral: por un lado. es decir. que determinaría soberanamente los fi­ nes últimos de la acción. el nous. 1139 b 2-3: « E s J. en el caso de la epithytma. por el contrario. La han concebido como una facultad capaz de determinarse a sí misma. subrayando con toda justicia la reacción antiíntclectualista que representa —contra Sócrates. Ninguna de estas interpretaciones puede sostenerse. L A V O L U N T A D UN L A T K A G L D Í A C l U U l . está orientado hacia la finalidad de la acción. !i. la parte apetitiva del alma (to orcktikón). * ij M. puede afirmarse que la proníresis no constituye un poder independiente de los dos únicos ti­ pos de facultades que actúan según Aristóteles. np. n ú * hicti s o b re los m ed io s» .KÍúu v d e d e c isió n » ." Sin entrar en el detalle de 1a psicología aristotélica de la acción. a la parte dirigente. el deseo penetrado de ra­ zón. l i l i bi 2<V.. Propuesto un fin. ctt >II. al orden de la apetencia: órexñ. « líl d e s e o tie n d e rcús b ie n lu ti. Algunos han atribuido este poder a la razón. igual que la codicia y el arrebató. o ha­ cia el bien en el caso de la boúlcsis) y que impulsaría al sujeto al acto por su propia fuerza. La deliberación (botUvusis) pertenece.

se debe ne­ cesariamente (ex ar. una premisa universal· Hay que prt)h¿r loJn h ¿¡tte es azuejrjJo y com o caso particular que entra en la categoría general: este alimento que hay a ki está iizuc¿raJo. np. 144. J. ha de seguirse ne­ cesariamente la acción». G au iltie ry jo lif. que es juicio». . cap. 11)9 a 31: «El principio d e la decisión es el d esw y el cálculo. por ejemplo. de la decisión lo que justifica el modelo de silogismo práctico al que Aristóteles ha recurrido para cxplicitarel camino del espíritu en el proceso de decisión. que constituye la decisión. Furley.A G R V . U.. cn lugar de apun­ tar a la salud de forma general y abstracta. 2* parte. Sobre el papel del deseo y del nous praJctikós («intelecto pr. se refiere al último medio de la serie. ArittatleandE piat- ruiott V oiuittjry/itfíou. necesariamente. por su parte. un poder elegir otra cosa que lo que elige el sujeto.ic· uco»> en la elección de la decisión respecto a fines y medios en el mareo d e una moral aristotélica d e l ¿ p h rú n b h («prudencia» I. 1961. cn la situación definida en la que se encuentra el sujeto» sitúa efectivamente la salud a su alcance cn el momento presente. pág. II. Como escriben los comentaristas de la Ética: «Al igual que el silogismo no es más que el nudo entre la mayor y la menor. ΙΛΙ-237. X.V . el que com puta los medios para obtener el fin». vol. a t.{*ágs.ikis. además.. Nueva Jersey. £.54 M I T O Y T R A C i L D I A Γ Ν I. op.C I A A N T I G L ’A . Michcl. todo se produce necesariamente (ex anánkes). Aristutie't Theory o f PrjciicjiPrínapter. Véase Ü. D avidJ.1*D. 16. Es la necesidad inmanente a todas las fases del deseo. 1147 a 29-3X: «S upon­ gamos. Tan pron­ to como el deseo de la botilesis se ha fijado sobre el medio inmediata­ mente realizable.. incluye en su anhelo del fin las condiciones concretas de su realización. Dadas estas dos proposiciones. Véase el com entario de G auihtcr y jo h í. lo presenta no sólo como posible p or la misma razón que los oíros. ha de seguirse la acción y. de la delibe­ ración. Así: «El deseo es necesariamente lo que es y el juicio necesariamente lo que es y en su conjunción. pifis. pig*.. 18. Utilizando la fórmula que emplea el filósofo en el De mo­ ta aninialiuw. Princeton. sino como inm e­ diatamente realizable.. se fija sobre la condición úl­ tima que. si se puede y nada nos Jo impide. 22-62. 1 medios prácticos pueden conducirnos a ella. A partir de entonces el deseo. FurJey observa. G authier yjolif. it. Tw oStuJtet tn íh e Greek Atorrtius. Alian se ad- 15. til térmi­ no de la deliberación. y del pensamiento. 219.15el último juicio. 202 y 212. . páfi. op. 17. la decisión no es otra cosa que el punto de unión o la fusión del deseo. sin que entre el estímulo y la respuesta exista de ningún modo un movimiento li­ bre.17 David J. J967. a t . véase E M. que es anhelo. Atenas. a t..ánkcs) realizar también la acción d e probar». que el movimiento voluntario es descrito por Aristóteles cn términos de fisiolo­ gía mecanicista.

ya se trate de la elección deli­ berada o del acto realizado simplemente de grado.6 8 . U expresión “líbre arb itrio ” no Aparecerá en la lengua griega sino m ucho más tarde..'* la noción de un libre po­ der de decisión sigue siendo extraña a su pensamiento. op. Véase A rthur W. i}ue estará ya perfecta- m rntc fijado en Epiciclo (siglo I después de C J . m.nc et m cJiéi'jte offert ά Mgr. Paris. i.a p artir de esta f e c h a d vocablo tendrá caria »!<·ciudadanía en la filosofía griega».r>Ahora bien. pág. 217. escaso papel desempeñado en el sistema de valores por la noción de responsabilidad. Pero también traduce. 1. Adkins.sino U condición jurídi­ ca del hom bre libre p o r oposición a U del esclavo. carácter vago c indeciso de 1a idea de obligación). Lovaina. V. «The Practical Syllogism». de C J . 100).. En su teoría de la acción moral no pretende ni demostrar ni refutar la exis* tcncia de una libertad psicológica de la que no trata en ningún momento. i i d i a < » r u : < .*í9ft-538»y la actualización. cit. All sin. la ausencia en el plano psicológico de una categoría elaborada de la 19. Ni en él ni en la lengua de su época se encuentra palabra alguna para de­ signar lo que nosotros llamamos libre arbitrio. y más profundamen­ te. 1955. 1960. 325-3-íO. 105. iv. D. 1131a 28) «design» en esta ¿poca ñ o la libertad psicológica. Mansion. 3.d e G authier y Jolif» •Ψ <tt. A m our d'Aristctc.21subraya las orientaciones diferentes de la ética griega y de la conciencia moral de hoy. pigs. R ecudí d ’étudei ¿c pfOosopbieancier. 2. Los latinos traducirán τ6 αυτεξούσιον p or Λ· brritm arkitrium. J. 572-378. liste em plea la palabra cinco veces (HUticJt. es­ ta antinomia no es pertinente desde el pumo de vista de Aristóteles. Vcase G au th ier y Jolif. 11. Uteralmcn· u· “el dom inio de sí": el ejemplo r u s antiguo se encuentra en D iodoro de Sicilia. 21. el mismo autor observa pertinentemente que sólo desde nuestro punto de vista es la psicología de Aristóteles «determinis­ ta» y que el adjetivo no es apropiado porque supone frente a él otra solu­ ción —la llamada indeterminista— a Ja que se opondría. 20. Tal laguna marca la distancia que separa (as concepciones griega y m oderna del agente. no tiene cabida en su problemática de la acción responsable.4 (siglo I a. Sin embargo. 19. págs. Merit and Responsibility. r s n o z o s m : k a v o l u n t a d i?n l a t r a c . Brochard. .6 2 . A Study in G reek \ii- ( >xford. a la vez que cleuthcrú tom a el «¿nudo d e libertad psicológica.V. pero no tiene todavía el valor técnico. 5 6 . Íítudes de phdosophic anciennc et dc philosophic tuu- ¿true. p-igs.-w m atiiad a. El térm ino eieu tkcrú (E. se dirá to aútcxousion (o c aútexousiótcí). a mira por su parte de que toda la teoría aristotélica de la acción patc/ca implicar un determinismo psicológico que nos resulta incompatible con su proyecto de fundamentar la responsabilidad sobre el plano moral y ju­ rídico. Asociada a otras «carencias» características de la moralidad antigua (no hay palabra que corresponda a nuestro con­ cepto de deber. V. 1912. .

según la observación de L. Lo intencional no se distingue de lo premeditado: hekóti tiene los dos sentidos. pá*·. 182. Louis G cm ct. ) 52. distinguiendo. f»ig. siguen estando confundidos en el uso corriente. habría habido que distinguir desde cl principio: el pbúnos akoúsios designa. up. desde la simple inclinación hasta el proyecto firmemente decidi­ do.5 6 M IT O V Τ Κ Λ < . según las reacciones pasionales más o menos intensas que suscitaban en el grupo. diversas formas de homici· dio que se adscribían a jurisdicciones diferentes. bajo la misma apelación de asesinato perpetrado inintcncionadamente. Hckún posee a la vez una extensión más amplia y una signifi­ cación psicológica más imprecisa.. Extensión más amplia. Se trata de categorías jurídicas que el derecho impuso como normas al pensamiento común en Ja épo­ ca de la ciudad. la simple negligencia o una verda­ dera imprudencia. auscncia que denuncia yu en cl plano de la Jcngu. di. Sncll observa que la voluntad «es una noción c. op. puesto que pue­ de situarse en la categoría de hekothion. porque los niveles y las modalidades de la inten* cíón. . En el marco de una o r­ ganización sistemática de los tribunales de sangre — como la otorgada por Dracón a Atenas a principios del siglo vn y cuyo conjunto com po­ ne una serie descendente ordenada según la fuerza del sentimiento co­ lectivo de la excusa— el phonos bckothios englobaba en una misma ca- 22. B. I voluntad. Significación psicológica imprecisa.xrnuu a Jos κriegos. asocia. por su parte. Lnuis G cm ct. tanto la ausencia completa de falta. Rcchcrcbci sur U ¿éi'doppcmaU de h pcnxéc juridt ju e ct múra­ le en G'rirc.*1£1 voca­ blo álxm. d t 353-354.1 10 Ι Λ Γ Ν 1 . toda suerte de nociones que. o cl caso completamente distinto del homicidio cometido en situación de legítima defensa/4 La oposición kckdtt-ákou no es fruto de una refle­ xión desinteresada sobre las condiciones subjetivas que hacen del indi­ viduo la causa responsable de sus actos. Los criterios que siguió trataban de reglamentar en nombre del Estado el ejercicio de la venganza privada.Λ G R L U A A N T I C U A . G em et.·' Hemos dicho que d griego no posee ningún termino correspondiente a nuestra noción de voluntad. desde el punto de vista de la psicología. a veces incluso el arrebato más o menos pasajero. 1971. I'jfis. como hace Aristóteles. todo acto que no sea impuesto por coacción exterior: tam o cl que se realt2 :i por deseo o precipitación como el reflexivo y deliberado. 23. íin otro capítulo J e su obra citada m is arriba. Pero el derecho no procedió a partir de un análisis psi­ cológico de los grados de responsabilidad del agente.i ]j falta de una terminología apropiada de la acción voluntaria. 2-1. nu tienen skjuient palabra para día».

entre la acción ple­ namente reprensible y la excusable. La separación que señala el derecho.n LA TRAC. consideradas al lado de la acción le­ gitima como una pareja de valores antitéticos. en condiciones históricas determinadas. de que obrar mal es una ignorancia.s. de una ceguera que entraña el fracaso. de una mácula religiosa. Prolonga. por razones de orden diverso. de la acción imputable o no imputable al sujeto. incumben­ cia del Paladión. ••verro». no es tan paradójica como hoy nos parece. ya se trate del acto realizado de grado o de aquel que es ejecutado en contra de los propios deseos. reprensible o excusable. para darle sus nombres griegos. Donde un mo­ derno espera encontrar una expresión de la voluntad. el phonos akóttstos.U A 57 rcgorín todos los asesinatos plenamente punibles que eran competencia del Arcópogo. En efecto. de un desfallecimiento m o r a l . se aplicaba a iodos los casos de asesi­ natos que la costumbre. reunía los actos más heterogéneos desde el punto de vista de la psicología del agente. «errar». . Pero al tiempo que se identifica en cierta forma con rl. hamártcwa. Un la lengua y mentalidad antiguas. I a falta. es una enfermedad mental y cl criminal es la presa de un deli- rm. aparece allí en conjunto bajo la forma de un «error» d d espíritu. Esta tercera categoría. sigue siendo al mismo tiempo externa y le supera. RSROZOS ü i: LA V O L U N 1Λ11 i . la man· -VV IhJ . un hombre que ha perdido cl sentido. Contagiosa. los asesinatos excusables. lo penetra con una fucr- rA u'ligiosa maléfica. W5 y mj.Ha- "téirt/inan. hay que recordar el carácter profundamente intelec- tualista de todo el vocabulario griego de la acción. Esta I<k lira que engendra la falta o.F-W A G ttü . un detnens. en efecto. En este sentido la afirmación socrática. recogida por Platón. La hamartia. por la oposición semántica hckún- ákñn. Por otro lado. batnartinoos. Descansa en la diferenciación que la conciencia social establece. halla un vocabu­ lario del conocimiento. consideraba ple­ namente inocentes y legítimos. anterior al régimen de la ciudad. desde la ejecución de la adúltera hasta el homicidio accidental en el curso de los juegos públicos o en la guerra. más aún que las dos pri­ meras. un defecto de conoci­ miento. las nociones de conoci­ miento y acción aparecen como estrechamente solidarias. y cl phórtox díkaios. es engañarse en el sentido más fuerte de un extravío •le Ja inteligencia. no se basa por tanto en la distinción en principio de lo voluntario y lo involuntario. se apodera del interior del individuo. los asesinatos justificados que de­ pendían del Dclfinión. muy directamente las concepciones más antiguas de la falta atestiguadas cu un estado de sociedad prejurídica. esa á¡Z\ «•vi J>í«ys.

¡btj. su victima) se encuentra preso él mismo en la fuerza siniestra que ha desencadenado (o que se ejerce a través suyo).** En el con­ texto de este j>ensamiemo religioso en cJ que el acto criminal se presenta. sus principios más lejanos. su castigo que va pasando a lo largo de generaciones sucesivas. puede abarcar a toda una ciudad.. sobre todo del homicidio. El acto realizado dc grado y el ae- 26. el delito es objetivo». Pero es notable que esta psicología del delincuente se constituya también en el marco de un vocabulario puramente íntelectualista. 21. a su estirpe. En lugar de emanar del agente como de su hontanar. sentido como un ataque al orden religioso. El agente está preso en la acción. IbU.5δ M I T O V r U A C . sus consecuencias úl­ timas. Urca misma potencia maléfica encarna. como un extravio del espíritu. en d crimina! y fuera de 01. englobándolo en un poder que le supera cuanto más se extiende más allá de su persona en el espacio y en el tiempo.27 La representación del individuo se acusa en ella con mayor nitidez. en este marco no puede tratarse de una voluntad individual.t. Permanece incluido en ella. En el se­ no de la actividad humana el cruce entre las dos grandes categorías del heküft y del áhc'm adquiere entonces valor dc norma. su castigo? Con el advenimiento del derecho y la institución de los tribunales ciu­ dadanos. en el interior del hombre. la acción le envuelve y arras­ tra... La distinción en la actividad del sujeto de lo intencional y lo forzoso no tiene siquiera sentido. oculta un poder nefasto que desborda con mucho al agente humano. La intención aparece en adelante como un ele­ mento constitutivo del acto delictivo. El error. ¿Cómo podría extraviarse libremen­ te por el error? Y ¿cómo la falta-mácula. al círculo de sus parientes. p. podría no llevar consigo independientemente de las ¡menciones del su ­ jeto. 375 ysif.íj. Una nue­ va noción del delito aparece. El individuo que lo comete (o más exactamente. C l A A N T I C U A . r O I A fcN L A t i l i l . Como observa L. ia antigua concepción religiosa de la falta se difumina. polucionar codo un fcri'iroria. Gernet. más allá de los individuos. como una fuerza demoníaca que mancilla y. . Evidentemente. en el universo. la entera categoría dc la ac­ ción es la que aparece organizada dc forma distinta a la nuestra. No es su autor. d crimen. 305. 1 cilla del crimen se vincula. no es el individuo en cuanto tal quien es el causante del delito: «Existe fuera de él. una vez que ha sido cometida.

p á p . cn su oposición recíproca. una pre­ meditación. El verbo h a m a rt& n ein puede *I· "ífrur por tanto la misma cosa que cd ikein ·. 387.(ΐΐ'. pjf*. 1-11. una intelección hecha de antemano.D IA C R I L C A 59 to ejecutado a pesar de uno mismo se definen. d t. no aparece ya como mala voluntad. objeto A·· persecución en la ciudad. implicada en la idea primitiva de una falsa ceguera del espíri- . nv 63. 1Π.'S. los términos se impreg- •un de la idea de intención: es culpable. . h c k ó n c k p r o n o ú s son fórmulas exactamente sinónimas. se ex* ptosA asimismo en la evolución semántica de las paJabras de Ía familia de K r n j r i u . En un de­ creto del Heeatómpedon.K63 c. Vc. o u k fe m a r ía n . La p r ó ­ n o ia es un conocimiento. 305.*'' Y a la inversa. «las considero todas como a k o ú s ü » P liatón mismo deberá admitir.A V O L U N T A D UN L A T B A C T . vwasc L. . En la palabra h e k ó n .«c G . R 3 4. 1954.'Ι que no ha obrado de ese modo. escribe Jenofonte. Ί Vc4sc I.” Esta paradoja de una ágt. ákon·. podrá cn adelante definir. W /rví·/. el delincuente debe haber actuado «consciente­ mente». que constituye el texto jurídico más antiguo que nos ha llegado en su texto original. n" 176. M adJoli. «Rcsponsabilica e saim onc nc¡ “decrct:» de 1Iccatoropc- i · ·». 4. una segunda forma de άξκσια. d i.*» CtH'fcJiJ. de ^rado. el delito intencional. 1967. En lo que nos queda de la legislación draconiana. c k p ro n o ía s. 1.· rn el principio general del delito. / . por otra parte. Esta intención se expresa por eí término de p ró n o ia .. Gcrnct. no es culpable.íf».i vez principio constitutivo de la falta y excusa que la hace desaparecer. á k o n .i poco la esencia misma de la falta.1967. la categoría de los delitos realizados a pesar de uno mismo. Robert. ap. que constituye el delito. sino como pleno conocimiento de causa. el puesto de b e k o ti. L S liO Z O S D U l.id. en- inulid a más estrictamente y que servirá de fundamento a la falta des­ provista de intención delictiva. Pero. sin intención delictiva. Esta evolución es doble. la ágnoict. a l. op.. «Bulletin epi· ·· «í R em ed es cía Jes w c q u es.i. Julo intencionadamente el acto criminal. concebida cn bloque y sin análisis. en términos de conocimiento y de ignorancia. la noción de inimen- »íi>ju1id. por opo­ sición al b c k o t h i o n . 38. por oposición a á k o n . p.|.’1 Por un lado. está implicada ia idea pura y simple de la intención.. ía aceptación de las exigencias nuevas de la responsabilidad subjetiva se expresa mediante la fórmula nJ/U't para ser culpable. la ignorancia» que constituía hasta ha* i. sólo aquel que ha co­ in.. G em ^i. b a m ú r itm . 310 y 339-348. la expresión c k p r o ­ n o /a s ocupa. «Las faltas que los hombres come- im por á pjtota». Museut# beh-etiean. La intención culpable. y L. IX. al lado de «la ignorancia» a la que convicr- i·.ot. De hecho.

d t. al delito intencionado. .. es porque Ja noción de ignorancia se sitúa al mis­ mo tiempo en dos planos de pensamiento muy diferentes.’4 Vemos que este conjunto se sitúa entre el plano del d e­ seo. HamariJuein se aplicará a la falta excusable cuando el sujeto no haya tenido plena conciencia de ío que ha­ cía. i: N . ρ. p . I . «intención». su anhelo íntimo. Aristóteles la opon­ drá así al (tdiixma. mientras que ethéló se especializa en el sentido de «consentir en» y se emplea frecuentemente con un objeto contrario a la inclinación propia del su ido. la coexistencia de dos sentidos contradictorios en la misma familia de términos —cometer intencionadamente una falta. produce desde cl siglo v sus frutos. Desde finales del siglo IV. 1. del cálculo inte- 32. Λ . en es­ ta especie de balanceo entre la ignorancia principio de la falta y la igno­ rancia excusa de ella.ίβ. 351.juc. Tres nombres de acción se derivan de boúiomai: boúlesis.. preferir».. y a la atychana.G cnita. 1135 b ysí«. boúfctna. G. 189-190.tuihtcr yjolif.” El verbo boúlotttái —que a veces se traduce por «que­ rer»— es en H om ero de empleo menos frecuente que ihvló y cfb vio y tiene el sentido de «desear. «anhelo». 33. op. servirá para definir la noción cuasitécnica del delito no intencionado. t tu. en la que la «ignorancia» puede asumir precisamente sus valores más moder­ nos. Dietion n a ire ctyKtototitfue d e h grcc. su prefe­ rencia personal. 60 M I T O Y Τ Χ Λ Ο Γ Ο Ι Λ U N |. 192· 194. ha tomado ya el sentido positivo de una falta de conocimiento que concier­ ne a las condiciones concretas de la acción. «consejo» (en cl sentido de Consejo de los Ancianos). N. 1112a 17. Sustituye en la prosa ática a cfheló y designa la inclinación propia del sujeto. está implicada la categoría de la voluntad. op.w Si esta psicología ¡ntclcctualista de la intención autoriza así. accidente im­ previsible. Por otra.íp . bantártcwa. ^ Una am bigüedad de tipo distinto aparece en los compuestos de la familia boul·.A C R E C I A Λ Ν Τ Κ ί Ι . enteramente* extraño a las intenciones y al conocimiento del agente. co­ meterla sin intención— .sn· i ra id c . bouÍct «decisión». p i p . y cl de la reflexión. El antiguo núcleo mítico si­ gue lo bastante vivo en la imaginación colectiva como para proporcio­ narle el esquema necesario para una representación de lo excusable. Ch. de la inclinación espontánea. cit. «deseo». «proyecto». Pero en ninguno de los dos planos en los que actúa la noción. P. fc*. 34. del akoúsiou. du­ rante varios siglos. Por un lado. que sirven tam bién para expresar las m odalidades de lo intencional. conserva cl recuerdo de las fuerzas religiosas siniestras que se apoderan del espíritu del hombre y lo impulsan en la ceguera del mal.

E. cscrihc también: *KI principio dc nuestras acciones es * I ím j l ijue dl. «deliberar». no alcanzar «lo que se deseaba έβούλετο. proboulv son más. I M0 h 16-17. Platón relaciona boulc con bole. 1112a 1517. boulcúomai tienen una significación más unívoca: «reunir un consejo». sino también la deliberación implican un movi­ miento. Da como razón que bo ú ku b . dos ideas asociadas: por un lado.V . epihoulé. por otro lado. Lo que pone al sujeto en movimiento es siem* pre un «fin». Ln Aristóteles. i··. en el Cratilo. que los filósofos distinguen y a veces opo­ nen en sus análisis. aquello hacia lo que se tendía έφίετο». I B 9 b 4 . Señalan la pre­ meditación o> para traducir exactamente el térm ino aristotélico de pro- aíresis.SH C»ZO S D E L A V O L U N T A D L N L A Τ Κ Λ < .15 Los verbos houlcúd. I. boufcúo y sus derivados: boúicma. aquello sobre lo que se deliberaba έβουλεΰετο. Entre estos dos polos. Así.ii («desear») significa cphics- thai («tender hacia») y añade: como también boulcúcstbai («delibe· ran>). no sólo el deseo.c n n d comentario da G au th iery jo lif. όη·χ:( íÍKinnc!tl¿\. Hemos visto ya que en Aris­ tóteles ta boúicsis es una especie dc deseo. la de anticipación.. N . en el caso de la inclinación (boúlomat) como en el dc la deliberación ra­ zonada (bouleúó). el vocabulario permite efectuar una comunicación y un deslizamiento.ΐΊ > 1 Α O R J L O A 61 ligente.s En el prim er caso. P or el contrario. orehikós nous. Por el contrario. que orienta como desde fuera su conducta: sea un objeto lucia el que tiende espontáneamente su deseo. 42Oc-d. . la prujírests como decisión deliberada del pensamiento práctí* » « » set definid* com o intelecto apetitivo. un impulso del alma hacia el objeto.*6 La noción de intencionalidad oscila así entre la tendencia espontánea del deseo y el cálculo premeditado dc la inteli­ gencia. la intención del agente parece ligada y sometida al deseo.17 Así. como inclinación o anhelo la boúicsis es menos que la intención verdadera. la decisión previa que supone. fa de la deliberación (bouleúowai) por cálculo (logos) y reflexión (diáttoia). la de an­ terioridad cronológica. Sucede que.. la abotilía («irreflexión») consiste en marrar el blanco. la acción del sujeto no encuentra en este último su causalidad más autentica. *-S Aunque A rntótrles ifirin i que el hombre es principio y causa (en el sentido dc N u u <’íu ¡ente) dc mis acciones. como subraya el filósofo.is están ordenadas».5 . Pero este balan­ d o entre el movimiento espontáneo del deseo y la visión noética del bien no aparece allí donde la voluntad podría encontrar su campo pro* '5 . el lanzamiento. una tensión. en el segundo es impulsada por el conocimiento intelectual de lo mejor. o hicn como deseo re· ti. sea aquello que la refle­ xión presenta a su pensamiento como un bien. /: .

Aristóteles observa que los hombres son responsables de su nesciencia. por su estado. autos no tiene el sentido de un yo personal. Véase D . está en su poder. es­ ta ignorancia depende de ellos. . Si las cosas son así. incapaz de seme­ jante ocupación. Dis­ cutiendo la teoría socrática que hace de la maldad ignorancia. op. 1115 b 17-19. έπ’αύτοίς.·'·* Una vez formado cJ carácter. 1103 a 6-10 y 1139 u 34-35. véase 11. «Porque en cada dominio de la acción. Sin embargo.i p3rtc apetitiva d d alma y sus disposiciones. cit„ quien subraya que autos no ucr. All. ¿V. Es­ cribe en muchas ocasiones que la acción «depende del hombre mismo».ίιϊν). en y por el querer. El sentido exacto de esc autos se ilumina si lo relacionamos con la fór­ mula que define a los seres vivos como dotados del poder «de moverse por si mismos». ttkos.}. k¡ríoi. cHujcto actúa conforme a esas disposiciones y no podría obrar 39. Sobre la corrcspujidcncia tlcl carácter. replica. sut?thos.. según las cuales nuestros actos dependen de nosotros (έφ'η. con l. por su vida relajada. ¿if:ost propio de ca­ da género de hombre se apoya en una suma de disposiciones (bcxcis) que se desarrollan por la práctica y se fijan en hábitos. ^qué sentido atribuir a las afirmaciones de Aris­ tóteles. de ocuparse de ella. ni de una facultad espacial de la que dispondría el sujeto para modificar el juego de las causas que actúan en cl interior de é l Autos se refiere al individuo humano tomado en su todo. fuente verdadera de sus actos. N. Γ:. 11Μ λ 7-8. es en si mismo.e cl sentido de or* yo racional opuutto a Lis pasiones y <j»ic disponga en este punto tic un poder propio. I pío de aplicación y donde c! sujeto se constituye. Aristóteles rechaza entonces la obje­ ción de que cl vicioso es precisamente. El vicioso. £. concebido como el con­ junto de las disposiciones que forman su carácter particular. En este contexto. en efecto. •41. que el hombre es principio y padre (άρχή καί γεννητής) de sus acciones como de sus hijos?5’ Tales expresiones señalan desde luego la preocupación de enraizar los actos en cl fuero interno del sujeto. que somos causas responsables de ellos (aífioi). de presentar al individuo como causa eficien­ te de su acción para que el malvado y el incontinente sean considerados responsables de sus faltas y no puedan invocar la excusa de una preten­ dida coacción exterior de la que habrían sido víctimas..ui. las acciones de determinado género constituyen un género de hombres correspondientes.62 Μ ΙΓ Ο V T R r lG H D tA K N L A C R H C IA A N T I C U A . 40. causa responsable (aítios) de encontrarse en ese estado. 42. iY. las afirmaciones de Aristóteles deben ser correctamente interpretadas. Vúasc por ejemplo.»*1El carácter. porque son dueños. en centro autónomo de decisión.

por el contrario. |j. iv. «ste depende también de cada uno de nosotros. Π / . w/V/á.»44 Si codo reside en eso. o su responsabilidad. 4U5HJUC no ignore ni el papel de la naturaleza ni el de la educación o el de 11legislación.la confusión de ios diferentes niveles de la acción muestra que • I individuo.io «'en él» su principio. Lirios. A V O J . diversas que entran en la formación de un temperamento individual.ira lilwjrarse plenamente como centro de decisión personal y afir- ·'■ u ·i·.. Aristóteles no se interroga sobre las fuer- /. I tu? 1) 24-25. Pero cn ningún momento tra­ ta Aristóteles de fundar sobre un análisis psicológico la capacidad que {«iseería el sujeto. de lo espontáneo. la causalidad del sujeto. encerrado en las determinaciones de su carácter.s. Pero untes. dice Aristóteles. y su acto le es entonces impotable con todo derecho. de lo propiamente autóno- .w K S U O Z O . .!. desprovisto de proatresis. tentliía más poder que eí hombre ya m.4*En este sentido. permanece aún dema- »*«. «de grado». |-n última instancia. mientras sus disposiciones no estén fijadas. Se apoya en una «· ululación de lo interno. a rc b l\ su causa eficiente. deposiciones internas.. ese vínculo íntimo y recíproco que funda la responsabilidad *uii{vtiva del agente.«luro para determinarse a sí mismo libre- Miente y fijar su propio carácter. todo reside en eso. o. de decidir* •e de una forma o de otra y de asumir así la responsabilidad de lo que ha- j λ más tarde. No vemos por qué el niño. la Autonomía del sujeto queda borrada ante el peso tic las coacciones soda* I· · Pero poco le importa a Aristóteles: al ser su propósito esencialmente mural.!·. en tanto que autos. pero esta causali* •I »*l interna no se define más que de forma puramente negativa. era dueño. puesto que está consti­ tuido a través de nuestras propia*» acciones. . le basta con establecer entre el carácter y el individuo. Π1 hombre es «padre» de sus actos cuando encuen* i'. <*Que hayamos sido educados cn la juventud en tal o cual habito no es de poca importancia. tomado en ion junto. S » j : ». no « t. aunque asuma ya su particularidad. vcASt· 1 1 7 9 1> 31 y si}-. I» / N . si la forma cn que cada uno de nosotros i oncibc la finalidad de su acción depende necesariamente de su carácter. demasiado libado • I ·.. aunque cargue con to- •1· · ·los ados por él realizados intencionadamente. es. siempre uo pueda asignarse a una acción una fuerza exterior constrictiva es l*"t que Ij causa se encuentra «en el hombre» que ha actuado «voluntaria- n» «iic»>. U N T A D IS LA T R A O L D JA Ο Κ ΙΓ Ο Λ 6 3 *lc otro modo.!·. en su verdadera dimensión de agente. soberanamente im* hutam e.. t l M a ) Ky Π ·21. que ri^en la práctica de los vicios y de las vir- »·>. de obrar de lorma distinta. mejor dicho. íiere en Aristóteles a cualquier poder de voluntad.

cuyo modelo nos proporciona la obra de Esquilo. distinción entre acto realizado de grado y el cometido a pesar de uno mismo. Forma­ ción del concepto de responsabilidad subjetiva. En los análisis del Esrngirita. aparecen siempre como la sumisión del héroe a una coacción que )e viene im­ . en el caso de los griegos. incluso deliberada. preocupa­ do por fundamentar la responsabilidad individual sobre las condiciones puramente internas de la acción. ni la in­ tención. bien haya sido conducido a la acción espontánea­ mente o se haya decidido a ello tras un proceso de cálculo y reflexión. ni la elección de la proairesis. Cambios. la intención aparece como constitutiva de la responsabilidad. porque el problema parece que no d e ­ be formularse en esos términos. 1 Lüste largo recorrido por his teorías dc Aristóteles no habrá sido inú­ til si nos permite esclarecer el modelo de la acción propia dc la tragedia. y más profundamente. de lo cual es en ese caso —y sólo en ese caso— responsable. y modificaron tas rela­ ciones del individuo con sus actos. volviéndolo a situar en una perspectiva histórica más amplia. atención a las intenciones del agente: éstas son otras tantas innovaciones que los Trá­ gicos no ignoraron y que a través del progreso del derecho afectaron dc forma profunda a la concepción griega del agente.Α Ο Κ Γ . Ifn pri­ mer lugar. una responsabilidad independiente de las intencio­ nes?) no se puede. Pero ¿cuál es el sentido de esta antinomia que la tragedia debiera al parecer ignorar. el contraste entre lo que se ejecuta por coacción y lo que es rea­ lizado dc grado por el sujeto. pero también. permanezcan inscritos en un marco psi­ cológico en el que la categoría dc la voluntad no tiene cabida. En Aristóteles la decisión es concebida como una elección (bairesis). debido a las transformaciones que ya hemos observado. una vo­ luntad sin elección. Dándole la vuelta a la fórmula de Rivicr. Rivicr planteaba a propósito del hombre trágico (¿no hay que admitir. por otra parte. responder con un sí o con un no. por tanto.6·1 M I T U V T R A C L D I A I N Ι . desde el hombre homérico a Aristóteles pasando por los Trágicos. cuya amplitud no po­ dría desconocerse pero que se producen sin embargo en límites tem ­ porales bastante estrechos para que incluso en el filósofo. si es cierto — como sostiene Rivicr— que las «deci­ siones». pero lo que falta es preci­ samente la voluntad. por tanto. Ο Ι Λ A N T I C U A . A tas preguntas generales que A. podría decirse que en un griego como Aristóteles encontramos la elección y ja responsabilidad fundada sobre la intención. Sin embargo. se marca. hacen referencia a un poder íntimo de au­ todecisión en el agente.

Lesky ha vucl- i·· ■i» l% fi sobre su concepción de la doble motivación para precisar su l‘ l 'i yif/uiiou du p. a distinguir sus implicaciones psicológicas. Cuando sigue las disposiciones de su carácter. según ha demostrado A. P or el contrario» para i unpides toda la atención se centra en esos caracteres individuales».¡J¿·. I. la acción trágica «com- I'inmcic a fuerzas superiores al hombre. »subrayar más los sentimientos personales de los protagonistas.mibiv griego antiguo. I λ empresa se hace más fácil gracias a la publicación reciente. ese modelo conserva en lo esencial los mismos • ··*·»«. la tragedia corresponde a un estado particular • «Ulmración de las categorías de la acción y del agente.ΙΓΟ Λ 65 puesta por los dioses? La distinción en Aristóteles dc dos categorías dc actos no opone un acto forzado . como él piensa» la forma de una presión exte· tjor ejercida por lo divino sobre el hom bre o si puede también presen­ tarse como inmanente al carácter mismo del héroe o aparecer al mismo i lempo bajo ambos aspectos: la potencia que engendra la acción com ­ porta en la perspectiva trágica dos caras opuestas pero inseparables. aunque diferente de una coerción ex­ terior. sin • nilurgo.111 Estas diferencias de acento merecen ser observadas. Kivier.hmim permanece viva. parecen secundarios. Marca una • *j |>. y. ante estas fuerzas. FNB020S Μ . dc dos estu- ·*·· · i uvas conclusiones coinciden en muchos aspectos. Winnington-Ingram. tiende a «psicologixar» la tragedia.ubcit^Ui' d'KsehyU' tí liurip. . sino una coacción sufrida desde fuera a una determinación que opera desde den­ tro. I% 1 . El problema consiste entonces en saber si la aiumhe* que constitu­ te el resorte dc la decisión trágica en Esquilo. Nos parece. dc Romilly. los carac- n irs individuales se borran. reviste siempre. Lesley y de R. no deja de proceder tampoco dc la necesidad. ex a/tánbes. Mientras la vena h . Λ V O L I'N T A Ü LN Ι. ha podido escribir Mmc. que a lo largo de todo el siglo v la tragedia ática presenta un «Mídelo característico dc la acción humana que le pertenece en propie- I «d v que la define como género literario específico. En I m )u i I o . Ahora nos dedicaremos a delimitar mejor esc • ·ι iluto trágico del agente. pero su acto emana perfectamente dc él: lejos dc de­ cidirse bajo el peso de una coacción. P. el sujeto reacciona necesaria­ mente. 27. I\uís. En este sentido. debi- ·' · i la pluma dc A. también carga con la responsabilidad plena de ello.Α T K A C C IJIA Ο Γ.\ otro libremente querido. Y esta determinación interna. desde Esquilo a Eurípides. dc su ctbos.» y como un giro en la historia de los enfoques dc la voluntad en el h. se afirma como padre y causa de lo que hace. Y en este plano ciertamente habría que tener en cuenta una evolu- »ion que.

214-217. 47. en la decisión humana que ordena su ejecución. Esquilo. Cuando se decide a sacrificar a su hija Ifigcnia.»4*7 Lo que Agamenón proclama como religiosamente perm itido no es un acto al que se vería obligado a pesar suyo. págs. según Rivier. a título de ejemplo. El sacrificio exigido por los dioses reviste. «Si ese sacrificio. Lo que Agamenón está obligado a ejecutar bajo el yugo de Anattkcas también lo que desea con toda su al­ ma. El sacrificio de Ifigenia es necesario debido a una situación que pesa so­ bre el rey como una fatalidad. La fórmula del verso 218. si a ese precio debe resultar vencedor. esa sangre virginal encadenan los vientos — declara el Atrida— con ar­ dor. imposible abandonar una alianza guerrera cuya meta —destruir Troya— es conforme con las exigencias de Zeus Xénios.66 M I T O Y T R A G E D IA ΠΝ LA G R IX C A A N T ttJÜ A . pero al mismo tiem po esa muerte no es sólo aceptada. «Decisión and Responsibility in the Tragedy o f Acsehylus*. no por ello muestran menos claramente sus análisis la par­ ce que el dramaturgo asigna en la toma de decisión al héroe trágico mis· mo. de libertad de elección. la forma de un crimen monstruoso cuyo precio deberá pagar. Pero para Lcsky no constituye más que un plano de la acción dramática. que se hace así responsable de ella. comunica­ da por cl adivino Calcante. 7R-85. Existe otro.46 Aunque su vocabulario incida plenamente en el ámbito de los críticas de Rivier cuando habla de libre querer. ei caso de Agamenón. Y la repetición de los mis­ mos términos (ópycx περιοργφ ς έτπ. 1966. Λ. Este aspecto de sumisión a poderes superiores está presente de mo­ do irrefutable en la obra. . que puede parecer a nuestra mentalidad moderna incompatible con el prim ero. Lcsky. de voluntad. sino el deseo intimo que le posee de realizar cuanto pueda para abrir la ruta a su ejército. Journal o f I Id io tic Siudici.βυμεΐν) insistiendo en la violencia ■46. ello acontece. «Cuando la soga de la necesidad es­ tuvo ajustada a su cuello» resume c ilustra ese estado de completa su· jección que no dejaría al rey ningún margen de iniciativa y arruinaría al mismo tiempo las pretensiones de los intérpretes contemporáneos que buscan móviles de orden personal para explicar su conducta. sino también apasionadamente deseada por Agamenón. pero que el texto impone como una de las dimensiones esenciales de la decisión trágica. bajo cl peso de una doble coacción que se le impone como una necesidad objetiva: resulta imposible sustraerse a la orden de Ártemis. Agflvtenan. I alcance en lo que concierne ü la decisión y ü la responsabilidad esqui- lianas. con ardor profundo está permitido desearlo. Consideremos.

se hacía cóm­ plice del destino caprichoso»/9 El oráculo de Ártemis transmitido por Calcante no se impone al rey como un imperativo categórico. I.Ν T. al hacerse el instrum ento de la Dike de Zeus. ««Caza y sacrificio cn la O rcsiteJj d e Esquilo». esa guerra está. can­ ta el coro. al que quizá los co­ mentaristas no hayan prestado suficiente atención. que la tragedia une y opone a la vez. sacrilega: está dispuesto a atreverse a todo. que los troyanos deben expiar la falta de Paris contra la hospitalidad. 5(1. Se atreve a convertirse en el sucrificador de su hija para ayudar a un ejército a recuperar a una mujer.5d La justicia 48. los griegos entran a su vez cn el mundo de la falta y la impiedad. Kn el curso del drama. divino y humano. su resolución está tomada. Pero sobre este punto también queda marcada la ambigüedad de los hechos trágicos... como la matanza de la Jicbrc preñada que prefigura a ambas. a abrir el mar a los bajeles»/* O tro pasaje. 224-227. por razones que le son propias y que se manifiestan condenables. por oíros motivos. sino solamente: si quieres los vientos. Viital-Naquet. páps. Sometiéndose a él sin cuestionar en modo alguno {pségein = censurar) su carácter monstruoso. Us menos el respeto de los dioses que su propia bfbris lo que les guía. IbiJ. se precipita por sí mismo a la vía que los dioses. el jefe de la flota aquea. En aquella época. verdaderas bestias salvajes —semejantes a dos águilas que han devorado simultáneamente a la tier­ na hembra indefensa y a las crías que llevaba cn su seno— . confirma a nuestro parecer esta interpretación del texco. Desde el punto de vista de los dioses. a la inversa. 142 y de este volumen. En el espíritu del rey. 184-187. Se nos responderá que Zeus quiere esta guerra. un horrible sacrilegio perpretado por gue­ rreros hambrientos de matanza y de sangre.. la destrucción de Troya y la ejecución de Ifige· nie. Véase P. E S B O Z O S m . es preciso que los pagues con la sangre de tu hija. impura. que cambian de valor y de sentido según se pase de uno a otro de esos dos planos. plenamente justificada. «más que criticar a un adivino. Pero. cn efecto. han escogido. 49. cuenta el coro. se evocan bajo un aspecto doble y contradictorio: es el sacrificio de una víctima piadosamente ofrecida a ios dioses para satisfacer su venganza.A V O L t 'N T A O Γ. . el rey revela que la vida y el am or de su hija dejan de contar para él desde el mo­ mento en que constituyen el obstáculo a la expedición guerrera cuyo mando ha tomado. «se produce una mudanza. N o dice: sacrifica a tu hija. pero es también. I h i l .A T R A G K U I A G H I C G A 67 de esta pasión subraya que el personaje.

xynaitia. el genio vengador.a g k i i c i a a n t ig u a . responsable del crimen que acaba de cometer. decide y ejecuta su esposa por razones que son propiam en­ te suyas y que se inscriben en la línea de su carácter.. cl asesinato del rey d e los griegos lo prepara. el castigo del rey halla su origen en la maldición que pesa sobre toda la estirpe de los Atridas desde el festín criminal de Tiestes. En su decisión trágica colaboran también los designios de los dioses y los proyectos o las pasiones de los hombres. No pienses siquiera que sea yo la esposa de Agamenón. responsabili­ 51. Esquilo. No lo creas. Esta «com plicidad» se expresa m ediante el recurso a términos jurídicos: wetattias. 1497-1504. pretende borrarse. desaparecer detrás de un poder dem oníaco que la sobrepasa. el violento genio vengador (aíáslór) de A ireo que ha pagado esta víctim a». no responsable. Pero es muy significativo que cl coro re­ chace esa interpretación y que lo haga por medio de un vocabulario jurídico: «¿Q uién vendrá a a t e s t i g u a r que tú eres inocente de este c rim en ?» . i de Zeus. corrcsponsable. cuando se vuelva contra Agamenón. . la mancilla antigua que habría suscitado por sí misma esta nueva mácula. a la áte. Agamenón se convertía en cómplice del destino: quizá — con­ cede esta vez el coro— el nlástor. pasará esta vez por Cli- temnestra. Con la evidencia de esta responsabilidad totalm ente hum ana de criminales como Cliiemnes- tra o Egisto (que se jacta de haber actuado intencionadam ente. Cli- tem nestra. A través de ella en realidad habría que acusar a la Erinia de la raza. es su odio al esposo.'1 Aquí se expresa en toda su fuerza la antigua concepción religiosa de la falta y del castigo. Por más que evo­ que a Zeus o a la Erinia. 52. e! espíritu de extravío criminal propio de la estripe d e los Atridas que habría manifestado una vez más su poder siniestro. A&iwctión. Y. no culpable. su pasión culpable por Hgisto. como instigador del crimen) se mezcla el sentim iento de que fuerzas sobre­ naturales han podido participar en los sucesos. sin embargo.C litem n e stra no es anaitios. 1505-1506. ¡h¡J. Y más «illa aun de ios dos protagonistas. Lejos de criticar al oráculo. Bajo la forma de esposa de este cadáver está el antiguo. como personaje individual. haya sido el «auxi­ liar» de Clitem nestra (sylUptñr). su voluntad viril de poder lo que la han decidido a obrar. el coro mantiene sus dudas. Pero exigido por la Erinia de la raza y querido por Zeus.68 M ir o v T K A o m iA γ ν i. En presencia del cadáver de Agamenón trata de justificarse ante los an­ cianos del coro: «Pretendes que es obra mía.

742.»u Esta presencia simultá­ nea en el seno dc la decisión de un «uno mismo» y de on más allá divi· no define. epitbyrne/n. criminal.. mediante una constante tensión entre Jos polos opuestos. ha sido minucio- ••miente preparado. 1-Λ V O L U N T A U ] ¡ \ L A T K A G L Ü lA t i l l l l < i. /. Sin embargo. pues. proyectado desde hace mucho tiempo. • I I -ujuilu.\ 69 dad común. Para nosotros.1»! }nurtu¡ o f the Ucilcuic Studies.. no hace más que repetir sus pro* P·· M ininos cuando le acusa de haber matado al rey deliberadamen- ‘ ' V¿. M iradamente. ■»* I --luiin.. 1» naturaleza de la acción trágica. si no voluntariamente. pift. /·*■.M. «Personal Freedom am! its i ·■ · <ΐι··ΐι» in {lie OrcMci.” Al vocabulario afectivo se superpone. bckdn.. para ¿túi. L. .. G. Rivier pretende ironizar M»|>rc este punto observando que el vocabulario mismo de Esquilo arrebato. Af'Jwt'KÚtt. Clitemnestra se jacta de no Ι·Λ·ΐτ actuado irreflexivamente (ούκ άψ ρόντιστος) y dc haber puesto • o pt. subraya •pe el crimen.u se 140L I \tXfh .íctica las mentiras y la argucia" para hacer caer en la trampa a su • con mayor seguridad. Π 7 7 :ν. la parte ijue corresponde ai sujeto mismo en su dcci* *ion no pertenece al orden de la voluntad. •I. un *■*. maquinado en sus menores detalles para que la víc- iMn.i no pueda escapar. responsabilidad parcial.i reina./. ” «Cuando un mortal • declara Darío en \m s Persas— se emplea a si mismo (autos) en su per­ dición. sí al menos de grado. diremos que Agamenón.. de· i u ' de l. cuando cede al *i ii bato del deseo. ambición— que han motivado su acto criminal. el dramaturgo no insiste solamente en las pasiones —odio. Pero si pen­ am os con categorías griegas. causa 0 'ponsable de sus actos.’7 El coro. en nuestra opinión. Λ.irise las observaciones dc N. por tanto.i/). su reso· I. ti'" parece que el texto excluye también la interpretación por coacción p ira y simple.itmlario intelectual de premeditación.οι /Vrt. 53. Egisto se jacta a su ve* de haber sido. Por lo demás. actúa. modernos. 1372 y sip . r s n o z o s 0 1 . salvo que admitamos que los griegos situaron lo vo­ luntario en el plano de los sentimientos y de las pasiones. un dios viene a ayudarle (sy/tJpte/. .. Desde luego. y que en este sentido aparece comoüitins. 1965. aquel que urdía el crimen en la sombra. 1lamroond. el que anudaba i·■·li*s los hilos de la intriga para que se realizase su tíysboultii. desear) prohíbe hablar dc voluntad perso- i* il en Agamenón. en el caso de Clitemnestra y de 1 #ι*»το. el dilema se formula en estos i« i minos: o libre voluntad o diversas formas de coacción. re- ·« lUtrniemo.

i5S 0y 1609. parakopá. J te.61*1. 60. como en Agamenón. 59. la ambigüedad de la decisión trágica sigue siendo la misma. Agamenón. 1424-1430. invoca como fuente de la desventura tic los hombres «la funesta d e ­ mencia que insufla la audacia a los mortales». ya de reflexión y de premeditación... para abatir a la des* cendencia maldita de 1 úntalo.. se atribuye a la vez el mérito de una intriga cuyos hilos ha anudado él mismo y da las gracias a las Erinias por haber trenzado la red en la que Agamenón ha quedado prendido/-’ Llorando sobre el cadáver de su rey. en presencia de Clítemnestra y antes de la entrada cn escena de su cómplice. versos 1627 y 1634) el crimen. responde a su carácter personal. debía pagar el precio de la sangre in­ fantil derramada. 1468 y m’s*· 62.” Y el coro. cargando sobre ellas total­ mente la responsabilidad directa del crimen y abrumándola con su des* precio y su odio/* reconoce en la muerte del rey una manifestación de la Áte. IbiJ.U H . el coro reconoce en la desgracia que se ha abatido sobre el Arrida Ja gran ley de la justicia instituida por Zeus: a) culpable. IbiJ. En el momento mismo en que la reina se vana­ gloria de la hermosa obra que ha realizado por «su propia mano».Λ ( i K U I J A A N T I C U A . lb iü . se sirvió de dos mujeres (Helena y Cli- temnestra). En ambos casos. este acceso de demencia. los dioses no están menos presentes en la fría resolución de Cli- temnestra. la po­ tencia religiosa enviada por los dioses para perder a los mortales. IbiJ. como cn Cli- temnestra y Hj’isto.4. 61. llegada la hora. y iras haber premeditado {bouieúsai. la acción de un dairnón que. Apenas ha recordado el coro la mudanza impía que proporciona al rey de los griegos la osadía de inmolar a su hija cuando. IbiJ. inmediatamente. por su par­ te. vhoúícusas. y a Áte. de alma (psyebú) igualmente maléfica. concluía el coro. Por lo demás. hekfm . en ambos casos manifiesta también en el seno de la vida humana la intervención de potencias sobrenaturales.” Como observa Rivier. es realizado por los hombres 58. de las que no habría sido más que el instrumento. ia resolución tomada por el héroe emana de él. su casti­ go. la obra de Dike. que nubla el espíritu del rey se sitúa en la misma vertiente divina de la decisión que la átJt el extravío. cn la premeditación lúcida de ligisco que en el impulso apa­ sionado de Agamenón. verso 1.70 M I l O Y T K A O t l J I A Γ Ν 1. ... atribuye su paternidad a Dike.1 Egisto. Pero se trate ya de impulso y de deseo. Nada. a la Erinia. 222-22}.

las mismas acciones. P. Kino. Londres. es ju* «m re de un destino que los dioses le han impuesto desde antes de su μ h imíeruo.** Pero cuntido Egisto aparece y habla. fc VttnninjiinJi-Infcratn. pues. *λ S r . Causalidad humana y causalidad divina: aun­ que se mezclen de esia forma en la obra trágica. inmerso en una fuerza que le sobrepasa y arrastra. daiwont el poder divino. «Traced)· ¡md G reek Archaic Thought».i ser más odiado que yo por la divinidad (ccblbrodaímón)? ¿No ha* l«Utú con lenguaje exacto al juzgar que mis desgracias provienen de un cruel?. de cínico arrogante. Essays presented 1 0 11· F). parece oponerse radical* V id . causa y fuente de sus actos. con tu destino. el destino de Edipo reviste 1a forma de un poder sobrenatural unido a su persona y que dirige toda su vida. en Esquilo. C/jsh cj I I *· . entre las que pudrían distribuirse sus actos.'* Cuando Edipo nula a su padre y se casa con su madre sin saberlo y sin quererlo. según el grado de iniciativa del perso­ nóle. los dos ordenes de realidad en los que se fundamenta. *ii (tinción de la perspectiva que se adopte. no por ello se confun­ den. de ambicioso sin escrúpulos.. cl mismo personaje aparece unas veces como agente. .j . Ια decisión trágica. el carácter. opuestos. • *> K. sino de dos aspectos.O A 71 que no sea obra tic Zeus.ν l a t r a i .ιιιμπ «Te ha descubierto a tu pesar (á k o n la ) el Tiempo que ve todas l«» i «i>as».. l í i i i f o R e y . tales son. no feliz ninguna vida de los humanos»/·5 Expresado por la palabra Jan*#»»!.tix le s . W innington-lngram relativas al Edipo de Sófo- • 1·λ tienen sobre este punto valor de demostración. ] 9ó5. la úni­ ca d i k e que invoca el coro es aquella que cl pueblo cree que debe pagar: lapidar al criminal cuya fechoría ha revelado su verdadero carácter de cobarde seductor. i:d i a cu ir. que presentan. y otras como impulsado.61 tithos. L 1M 5-I6I6.í1 A esta adversidad sufrida. Las «►bservaciones de R. H 16 y 8 2 8 -8 2 9 . contrarios e indisoctables. 1:. pjjjs. 31 *50.. en algunas ocasiones.»'" El coro le hace eco algo más adelante: «Con tu desti- «m» Uhinton) como ejemplo. Los dos pianos son distintos. irsB o zu !» m : la v o u in t a u γ. á k ñ n . Por eso el coro podrá ex- *Ι. Pero incluso cuando el contraste aparece más deliberadam ente subrayado l»or el poeta. i I l h . si. no se trata de dos categorías excluyenres. ·!. Al situarse el origen de la acción a Ια vez en el hom bre y fuera de él.> tH Influente. desventurado Edipo. «¿Q ue hombre —se pregunta el soberano de Tebas— po- dn.

las primeras palabras del coro bastan para borrar de golpe esta aparente dicotomía: «Oh sufrimiento espantoso (deinoupúthos). com pletamente unidos y opuestos. El servidor. ¿Qué extravío Ounuia) ha caído sobre ti. la mutilación que el héroe se inflige a sí mismo: causalidad humana. por un jueyo sutil de lenguaje.72 M ir o v T R A c r n i A t .7*Causalidad divina e iniciativa humana que se oponían hace un instante con tanta nitidez en aparicn- cia. desventurado». que era ya la obra de un mal daitnon (áysdiiimoni moirai)¡>». I >27-1328. I b i l . i mente la nueva desgracia que Edipo se impone a sí mismo de forma d e­ liberada cuando se revienta los ojos.. Por un lado. pero nadie me lia herido con su propia mano {autóebeir).. parece lo más estricta y rigurosa posible.s ι.. íb¡J . y añade que los sufrimientos más dolorosos son aquellos escogidos por uno mis­ mo (autb<tirvio0.. autóchcir) y el de pasión (pátbea). hasta dónde lias saltado!». El héroe no expresa sobre sí mismo un juicio diferente: «¡Oh dain¡ón. listaríamos tentados a creer que tal oposición traza en la textu­ ra de! drama una línea de nítida separación entre lo que impone a Edi­ po la fatalidad del oráculo y lo que procede de su decisión personal. se ope­ ra el deslizamiento. en el seno mismo de la decisión «escogida» por Edi­ po. 71. las pruebas antiguas anunciadas de antemano por Apolo: causa­ lidad divina. lítl. Al coro que le pregunta: «¿Q ué cosa terrible lias hecho (drásas) qué d¿jín:dn te ha empujado?».71 Los dos aspectos contrarios del ac­ to que realiza al cegarse se hallan en las mismas frases.. l »a . suyas y del coro.7* responde: «Es Apolo el autor (telón) de mis sufrimientos atroces (kaka pátbea). J 2 3 0 y J231 70. subrayada dos veces en c! texto y reforzada por el contraste paralelo entre lo causado p o r un dúw:d» y lo personalmente escogido. sino de víctima que sufre la pasión que le es impuesta. l h ± %1297-1302. entredi aspecto de acción (drásas. . 73. sino yo mismo (ego tlávidn). qué dainxm ha colmado tu destino.se encuentran ahora unidas y. y no sufrido a su pesar (κακά έκνόντα κ ούκ ακοντα)..λ c r c c í a a \ t i c .. lo presenta como un mal cometido en esta ocasión deliberada­ mente. que lo anuncia al pú­ blico.:>Edipo no representa ya el papel de agente res­ ponsable de su desgracia. Pero cuando se abren las puertas del palacio y el rey avanza en escena. por otro. 6 9 . 72. cíe#o y sangrante. íbtJ.4''>La oposición áL'ó¡t~hekdu. 1)29-1 Ji2 .

i del héroe y el destino fijado de antemano por los dioses? ¿Por qué esos aspectos de ambigüedad pertenecen precisamente al género literario que. 17-4 . el Cínico que puede conferir a las empresas huma· •m m i significación auténtica? Sólo al final del drama se aclara todo \ Vcjso más ¿inil'. ¿En qué medida el protagonismo del drama. un período de crisis donde cambios y rupturas. ejemplar tanto por sus hazañas como por sus pruebas. por primera vez en O ccidente. p. y las concepciones nuevas ligadas al desarrollo del derecho y de las prácticas políticas. el cénit y el declive del género trágico —que se pro­ ducen en el espacio de menos de un siglo— marcan un momento histó­ rico. ts b o zo s m : la v o l u n t a d i:n l a τ γ .ul dc esta tensión constantemente mantenida por los Trágicos entre lo ..íj. sopesar los pros y los contras.t el final su verdadero alcance. puesto que depende menos de sus . frente a una opción que ordena todo el desarrollo del drama. en qué medida es verdaderamente la fuente de sus ac* *iones? Incluso cuando se le ve en la escena deliberar sobre opciones \\w sv le ofrecen. En otros estudios hemos subrayado ya que el nacimiento.. dotado ■h* un temperamento «heroico» que le compromete enteramente en lo que emprende. ¿no tienen sus actos su fundamento \ mi origen en algo distinto a sí mismo? ¿No permanece desconocido ΐ'4't. siempre vivas en las tradiciones leyendarias.74 liste do­ líate entre el pasado del mito y el presente de la ciudad se expresa es­ pecialmente en la tragedia por un cuesúonamiemo del hom bre en tan- lu que agente. tom ar la iniciativa de I·» que hace.. la espontaneidad intern.. por una interrogación inquieta sobre las relaciones que mantiene con sus propios actos.nciones o de sus proyectos que del orden general del mundo. soportar las consecuencias y asumir la i· «ponsabilidad de sus decisiones.\.λ < « ι:ι> γ λ c í k i i . trata de dibujar al hom bre en su condición de agente? Situado en la encrucijada de una elección decisl· va.is en la vía que ha escogido. muy estrictamente localizado en el tiempo. lo intencional y lo forzado.k tuado y lo sufrido. el hé­ roe trágico se perfila como com prom etido en la acción y enfrentado a las consecuencias de sus actos. c λ ¿Cuál es la significación para una historia psicológica de la volum. están lo sufi­ cientemente mezcladas como para que se establezca una confrontación a veces dolorosa entro las antiguas formas del pensamiento religioso. actuaren la línea de su carácter para hundirse siempre más v in.j. presi- d»»Ui por los dioses. pero también continuidades.

por la gratuidad de su desgracia. El juicio humano queda de hecho indeciso. al término de la trilo­ gía de Esquilo. Y.sin haber cometido nada intencionadamente que le sea per­ sonalmente im putable desde el punto de vista del derecho. El joven queda absuelto legalmente. se ve absuelto por el prim er tribunal huma­ no instituido en Atenas por falta de intención delictiva por su parte. después de que Atenea restablezca con su voto la igualdad de opiniones a favor y en contra de Orestes. el asesina* to deliberado de su madre. Sin embargo. mácula unida a toda una raza. es decir. al mis­ mo tiempo que le apartan de la sociedad de los hombres. Para un esp/ritu moderno estas dos concepciones parecen excluirse radicalmente. La absolución sólo se o b ­ tiene mediante un artificio de procedimiento. volviendo sobre él según lo que los dioses hayan dispuesto soberanamente. del crimen justificado. debido a su pasión por la justicia. . la dureza de un castigo que soporta con alma ecuánime sin haberlo merecido lo elevan por encima de la condición humana. Religiosa­ mente calificada por el exceso. I para cl agente. ΛΙ sufrir lo que creía Haber decidido por sí mismo. Puesto que ha tratado. su acción la que. sin ser forzado a ello. en su dimensión humana. por el contrario. su muerte adquirirá el valor de apoteosis y su tumba asegurará la salvación α aquellos que acepten darle asilo. de lo que hace. gracias a Ate­ nea. Pero la trage* . a la inversa. donde el culpable se define como un individuo particular que. ha elegido deliberadamente cometer un delito. se encuen­ tra a sí mismo —al final de la investigación que. de sustraerse a la orden im­ periosa de Apolo. Edipo. \ « R K C t A A N T I G U A . culpable de un crimen monstruoso. fuera de la ley. puesta en práctica en el derecho. La culpabilidad trágica se constituye así en una constante confron­ tación entre la antigua concepción religiosa de la falta. que se transmite inexorablemente de generación en gene­ ración bajo forma de un áít\ de una demencia enviada por los dioses. sin ser plenamente inocente desde el punto de vista de la moral humana. El agente no es. realiza para salvación de la ciudad— como criminal. y la concepción nueva. Orestes. le descubre a sus ojos y le revela la verdadera naturaleza de lo que es. subsiste todavía la ambigüedad: se abre camino la vacilación. gracias al tribunal de Atenas. Pero el peso mismo de esta falta que debe asumir sin haberla cometido intenciona­ damente.74 M I T O V T R A G E D I A EN* l . su acto —según dicen sus defensores— debe ser co­ locado en la categoría de ¿¡¡Latos phonos. es. cargado por los dioses de la más horrible mácula. por tanto. com­ prende el sentido red de lo que se ha realizado sin que él lo quiera o lo sepa. causa y razón suficien­ te de sus actos. Así. sin conseguirlo.

. Véase J. como es sabido.o s n r . H. inmerso en la acción. Harcclona. La acción trágica supone. causa responsable de sus actos en tanto que expresan su carácter de hombre. Porque su acción se inscribe en un orden temporal sobre el que no licite poder y que sufre pasivamente. ün la Atenas del siglo v. por su partici­ pación en una vida política donde se toman las decisiones — al término de un debate abierto.iíwofi. de carácter positivo y profano— . 1993). le sobre­ pasan. no son verdaderamente sus «tutores. enigmá­ tico: se presentan como cuestiones que aparecen abiertas constante­ mente.a v o l u n t a d γ . Jugando en un doble plano. por sí mismo. las reúne en equilibrios diversos de los que nunca v tá enteramente ausente la tensión: ninguno de los términos dt^esui an-^ χ tinomta desaparece por entero. en efecto. otras. su praxis. \ i y i h c e i p c n s v e c h c z ¡ a C r e a . al presentar al hombre comprometido en la acción. 1971. de inde­ ciso. pero para que exista lo trágico es preciso también que estos dos planos no dejen de aparecer como inseparables. Ariel.a 75 dia. víctima de un destino que puede ligarse a él como un J. que ya se ha constituido la noción de naturaleza humana con sus rasgos propios y que de esta for­ ma los planas humano y divino son lo bastante distintos para oponerse. r . Vcrnant. decision y responsabilidad adquieren en la tragedia un carácter ambiguo. dado que no comportan una respuesta fija y unívoca.s u o / . M aspero. Pero aún no es verdaderamente. 6) Orad. l£l agente no está ya incluido. P. cada ciudadano i oinienza a tom ar conciencia de sí como agente responsable de la con· 75. independiente y superior a su tccbnc. i . También el agente tráfico aparece dividido entre dos direcciones contrarias: unas veces aitios. «acción». Para los griegos. La tragedia. N o crean nada. ill oponerlas. en su particu­ laridad.ist. cuando el artista y el artesano producen una obra por su p o te sis. Paris. el centro y Ja causa producto· u .71 De igual forma. como sujeto de derecho. el individuo se ha afirmado. sus actos se le escapan. atestigua los progresos que se ope­ ran en la elaboración psicológica del agente. de vago. la intención del agente se reconoce ya *orno un elemento fundamental de la responsabilidad. «técnica».: M ito y pcniJ»:icnto e n b G r c c u a n tip u . el hombre no es a la medida de lo que hace. simple juguete entre las ma­ nos de los dioses. La obra posee más perfección que el obrero: el hom bre es más pequeño que su tarea. pero también lo que esta categoría comporta todavía en el contexto griego de limitado.ν l a τ κ λ « ι · ι >ι λ « r u x . Su papel es sólo encarnar en la materia una for- preexistente. c. en su actividad práctica.

en cualquier caso. En los dramas de Eurípides. esa indigencia interior del agente.tjtai}. d e Romilly. sin la ayuda de los dioses. l% 8 .7'· La decisión no pone en juego. y po r su phrónesis. su juicio. superarlo. la falta de organización interna de la categoría griega del agente. religiosas. hace casi siem pre lo contrarío de lo que crcc realizar.ts. 150y MI . vana c impotente. para los griegos de la edad clasica.76 . vaga y equívoco. .mim. incluso cuando se decide electivamente. Sobre el tiempo tráfico. hacerlos coincidir enteramente en un puro p resente/7 Obrar. esa eficacia cuyo privilegio tiene únicamente la divinidad. se ha alejado de las peripecias humanas.tr que una de b s funciones del Prytaneítm era ju7£jir los asesinatos cometidos p a r objetos in. el trasfondo divino se ha difuminado o. La influencia de los individuos y de los grupos so­ bre el porvenir es tan restringida.Λ « K K C I A A N T I C U A . 77. ilusoria. la acción se revela. cuanto menos tiende hacia un objetivo que proyecta y prepara d e antemano: el ideal de la acción es abolir toda distancia tcm· poral entre el agente y su acto.msc en particuJjr |.idoso por animales. V íase sobre este punto V. I ducción de los asuntos. Pero ni el individuo ni su vida interior han adquirido suficiente consistencia y autonomía como para constituir al sujeto en centro de decisión del que amanarían sus actos. Arras­ trada en el flujo de ia vida humana. detrás de los hombres. no es tanto organizar y dom inar el tiem po como excluirse de él. un poder de autodeterminación que le pertene­ cería propiamente. La tragedia expresa esa debilidad de la acción. Tti'ji' itt Greek Tr.eJy\ Nueva York. Sobre el aspecto efectivo y emocional del lirm poenripídeo.M ITO Y T R A C iK b l A I.i<¡ pij:s. al hacer que aparezcan los dioses. el individuo no es ya nada: no se reen­ cuentra solo. La idea de la intención permanece. La evolución misma de la tragedia atestigua la relativa inconsisten­ cia. Le System? sfoictcn el i'U tr d c tcwps. el curso incierto de los acontecimientos. véasej. £1 héroe. especialmente 15*1 y sij:s. I960. cívicas. su inteligencia. Le falta poseer esa fuerza de rea­ lización. en el sujeto. Incluso en el derecho conserva un lugar la nociónreligiosa de la mácula. bas­ ic jrcord. hasta en el derecho. vé. Separado de sus raíces familiares. cesa de existir. Ρλπ$. lle­ vando cada cosa a su térm ino desde el principio al final del drama. más o menos dueño de orientar por su gr. la disposición prospectiva del futuro permanece tan extraña a la categoría griega de la acción que la actividad práctica aparece tanto más perfecta cuanto menos comprometida está en el tiempo. En el último de los grandes trágicos la iluminación apunta preferentemente a los carac- 76. como hemos visto. G oldschmidt.N Ι.

79. p ig . S. A. de Uomtlly.carnes. hacia los engaños de la vida huma· na».ί<· Π 0. liberado en amplia medida de lo sobrenatural. 78. la tragedia se mueve con Eurípides hacia la expresión de lo patético: «Al separarse de la signift· cación divina —observa Mine.illlcr < l**. de Rnmilly.\frK j/iJrr.O A 77 teres individuales de los protagonistas y a sus relaciones mutuas. de Romilly— . af> at. el agente no aparece por ello esbozado con más vigor. a t. 131.* ρ. en la obra de Eurípides. en lugar de traducir la acción. devuelto a su dimensión de hombre. la vida humana aparece. 154. L. op. tan fluctuantc y tan confusa «que ya no deja sitio a una acción responsable». . l'o rrrt tu C w ( ' Porttc . Pero. J. como lo hacía en Esquilo y en Sófocles. P o st.\ic. Fram H tim v r/o . entregado de esta forma a sí mismo. IV51. el hombre se separa del acto: se vuelve hacia el sufrimiento.A V O L U N T A D U N L A T R A C E R I A C IíU '.il I. Al contrarío. c iu d u c n j .7* Separada de! orden general del mundo gobernado por los dioses. E S B O Z O !» D i: I.. pij».

.

^{Hiede confirmar cn algo las observaciones de un médico de princi- del siglo xx sobre los pacientes que frecuentan su consulta? Desde * E¿tc icxto fue publicado en R a t soa présente. Escn esa obra donde por primera voz evoca h leyenda griega de ! dipo. pip s. de C. el nudo de las impulsiones |>*tqwcas que determinarán la aparición ulterior de las neurosis. Frcud publica Die Trauindentung [La interpretación de ios uu'ños]. por otra parte. según Frcud. El atrae- m o y la hostilidad infantiles respecto a ia madre y al padre se manifies* tan. anterior a! régimen de la ciudad. 4. pero con una intensidad menor. del que Sófocles obtuvo el tema para su tragedia titulada f hJipous Tyran nos. encuentra su confirmación.* Su experiencia de médico le llevó a ver cn el amor del hijo por nm> de sus padres. 3-20. y que transpone cn sí misma de forma muy líbre una le­ yenda tebana m ucho más antigua. también tanto en !as personas normales como en los nrurópatas. y en su odio por ei otro. Este descubrimiento. . en un ñuto llegado hasta nosotros desde el fondo de la antigüedad clásica: el mil o de Edipo. cuyo álu n cele parece general. Pero una obra literaria que pertenece a la cultura de la Atenas del tigl» v a. Capítulo 4 «Edipo» sin complejo Ln 1900.1967. Edipo Rey cn la traducción castellana usual.

BO m it o y TKAorntA ι:κ l a griícia a n t k íc a . ofrecen de entrada una significación cuya evidencia aporta a las teorías psicológicas del clínico una garantía de validez universal. una verdad invisible al profano? Este sentido no es el que buscan el helenista y el historiador. les hubie­ ra sido otorgado el don de profecía para alcanzar. por tanto. a todos los psicoanalistas. i !u perspectiva de Freud. en ia psique infan­ til. de una constelación de tendencias semejantes a la que lleva a! héroe a su perdición. más allá de las formas de expresión mítica o literarias. nos revela a nosotros mismos. como sí. la pre¿. de unión con la madre. En efecto. en la emoción movilizada en él por el espectáculo. Λ este respecto Freud no puede ser más claro: es el éxito constante y universal de la tragedia de Edípo lo que prueba la existencia asimismo universal. ¿Cómo procede? Una teoría elaborada a . Si Edipo Rey nos conmueve tanta como perturbaba a los ciudadanos de Atenas no es. completamente transparentes para el espíritu del psi­ quiatra. un sentido pre­ sente en la obra. la tragedia utiliza como ma­ terial los sueños que cada uno de nosotros ha tenido. como se creía hasta entonces. en cierta for­ ma. Pero ¿dónde se sitúa ese «sentido» que se revelaría tan directamente a Freud y. ascienden hasta nuestra conciencia que fingía no haberlos experimentado nunca. nuevos Tiresias. nuestros antiguos deseos de muerte del padre. el nuestro. sino porque el destino de Edipo es. Al matar a su padre. Ja interpretación del mito y del d ra­ ma griego no parece constituir a sus ojos problema de ningún tipo. Ese sentido aparece en las reacciones inmediatas del público. Esta demostración tiene todo el aparente rigor de un razonamiento fundado en un círculo vicioso. de incestuoso. tras él. comparable en todo punto a un psico­ análisis: al levantar el velo que disimula en Edipo su rostro de parricida. No tienen que ser descifrados por métodos de análisis apropiados. porque llevamos en nosotros la misma maldición que el oráculo pronunció contra él. porque encar­ ne una tragedia fatalista. que debemos reconstruir laboriosamente por un estudio de todos los planos del mensaje que constituye un relato legendario o una ficción trágica. La tragedia es. que opone la omnipotencia divina a la pobre vo­ luntad de los hombres. Legibles inmediatamente. a través de la inexorable progresión del drama. inscrito en sus estructuras. al casarse con su m a­ dre. su sentido se hace visible resplandecientemente en el espanto y la culpabilidad que nos in­ vaden cuando.unta no exige respuesta porque ni si­ quiera debe plantearse. realiza el deseo de nuestra infancia que nosotros nos esforzamos por olvidar.

las reacciones de los espectadores atenienses ante el •li. modos de pensamiento.ilisis lingüístico. Una vez acabado este trabajo de dcs- • iMamiento del sentido. constituía en Fretid el punto de j mi rnl. como Edipo Rey. 'loma su punto de partida de la obra tal como aparece. Por rete· leticia a este contexto general se esboza.im. la estudia según to­ das las dimensiones que comporta un análisis apropiado a este tipo par­ ticular de creación. estamos en condiciones de enfocar los contení- Λ μ psicológicos. social. la del público.i. formas de *<nvibilidad colectiva. La psico­ logía histórica procede de forma inversa. Frcud parte de una vivencia íntima. Si se trata de un texto trafico. no situada his­ tóricamente. dramático. un tipo particular de experiencia humana ligados a i k t u > estado de sociedad) se establece l a comunicación entre el autor \ m i público del siglo V: teniendo en cuenta este contexto y este marco es «unto se liberan para el intérprete de hoy todos los valores significantes \ lt»s rasgos pertinentes del texto. . por un lado. el sentido atribuido a esa vivencia es proyectado luego so­ bre la obra independientemente de su contexto sociocultural.m. menial— que confiere al texto todo su peso de significación. de definir en ellos el «efecto trágico». en la forma que le es propia. Al término del estudio. en vivo. la clave del desciframiento. en lugar de presentarse en el punto de partida como una interpretación evidente y que se impone por sí misma. la diferencia de método y de orientación en­ tre la perspectiva freudianu. al menos tal como lo concibe la teoría en cuestión. el . Para que ese círculo no fuera vicioso. y la psicología histórica. temático.K JO 81 partir de casos clínicos y de sueños contemporáneos encuentra su «con­ firmación» en un texto dramático de otra época. « n > U * O w S IN C O M P f. h a­ bría sido preciso que la hipótesis freudiana. desemboca en cada plano del es­ tudio sobre un problema más vasto: el del contexto — histórico. apareciese al término de un minucioso trabajo de análisis como una exigencia impuesta por la obra misma o una condición de in­ teligibilidad de su ordenación dramática como el instrumento de un to­ tal desciframiento del texto. en ή ptcMinsa transparencia significativa. por otro. en efecto. es cuando se podrá reconstruir esa vivencia íntima que. por i MiiMjruienie. Pero este texto sólo es susceptible de aportar esa confirmación cuando se interpreta por refe­ rencia al universo onírico de los espectadores actuales.i y a la ve /. Captamos aquí. la problemática trá- liKvi de los griegos y solamente en el marco de esta problemática (que su- l«mc un campo ideológico definido.

convertida enteramente en «problem á­ tica» al no poderse situar exactamente en el orden religioso del mundo. ¿no tienen su verdadero origen cn algo dis­ tinto a él? ¿No sigue siendo su significado en gran parte opaco para el mismo que los comete. Estos conflictos in­ ternos del pensamiento social son los que expresa la tragedia. sino más bien el acto e! que. planteado co­ mo una realidad humana extraña a la historia. todavía fluctuante c insegura. explica que la tragedia sea un momento histórico localizado de forma muy precisa cn el espacio y cn el tiempo. ül brusco surgimiento del género trágico a fi­ nales del siglo vi. descubre lo que es y lo que realmente ha realizado sin saberlo? Esta íntima relación en­ tre un contexto social. de lo que será cn la historia psicológica de Occidente la categoría de la voluntad. diferenciando de forma toda­ vía torpe y vacilante el crimen «voluntario» del «excusable». más o menos autónom o en relación con los poderes religiosos que dominan el universo. y una práctica humana. con las tensiones y contradicciones que nacen en ella cuando surge el derecho y las instituciones de la vida política cuestionan. Esta experiencia. se vuelve sobre el agente.A G l i n C lA A N T I G C A . de tal forma que no es el agente el que explica el acto. como lo hacía aún la poesía lírica. revelando de golpe su sentido autén­ tico. esclarece su naturaleza. marca una etapa im portante en la historia del hom bre interior: en el marco de la ciudad. en el momento mismo en el que el derecho comienza a elaborar la noción d e responsabilidad. transpo­ niéndolos a las exigencias de un género literario nuevo. con sus reglas y su problemática propias. el hom bre comienza a experimentarse a sí mismo cn cuanto agente. desarrollarse . en el plano religioso y moral. I El material de h iragedia ya no es entonces el sueño. más o menos dueño de sus actos. los antiguos valores tradicionales. con más o menos influencia sobre su destino político y personal. sino el pensamiento so­ cial propio de la ciudad del siglo V. no ya para glorificarlos. se expresa cn la tragedia bajo la forma de una interrogación angustiosa que concierne a las relaciones del hom bre con sus actos: ¿cn qué medida es realmente el hom bre la fuente de sus acciones? Incluso cuando parece tom ar la iniciativa y car* gar con la responsabilidad. sino para cuestionarlos públicamen­ te cn nombre del nuevo ideal cívico ame aquella especie de asamblea o tribunal populares que constituía un teatro griego. Se la ve nacer.82 M i l C> y T R A C K O IA ΓΝ ' J . De esos mismos valores exaltados por la leyenda heroica extrae la tragedia sus temas y sus personajes. en el que los conflictos de valor aparecen inso- iublcs.

Freud es- i tjbe que. ¿por que nació lu tragedia en el mundo griego en el paso del siglo Vi al v? ¿Por qué las demás civilizaciones la han ignorado completa­ mente? ¿Por que. por las necesi­ dades del género. Para Freud. es decir. el efecto trá­ gico está vinculado a la naturaleza particular del material utilizado por Sóiocles en el Edipo Rey. Y cita como . Ya no se siente la necesidad de un debate con el pasado «heroico». « W > lV O » S I N C O M V I. Podríam os apostillar críticam ente este es preciso y observar. el fracaso ha sido total. la única que I reud. Es precisamente Sófocles quien. la m enor huella de autopunición. que elabora una teoría racional de la acción esforzándose por distinguir nvÁs claramente los grados de compromiso del agente con sus actos. por consiguien­ te. dando cuenta de ellas. de una confrontación entre lo anticuo y lo nuevo. en su con­ tenido legendario. Para dem ostrar su tesis. pero utilizando un mate­ rial distinto a los sueños edípicos. en el público y en los autores de teatro el re­ sorte trágico esta ya roto. en ultima instancia a los sueños de unión con la madre. de asesinato del padre que. que nosotros discutiremos aquí. este carácter histórico de la tragedia resulta totalmente incomprensible. si el efecto trágico tiende a la movilización de un complejo afectivo que cada uno de nosotros porta en sí. ha podido conocer. en la misma Grecia. Cuando Aris· tételes escribe la Poética. la vena trágica se secó tan rápi­ damente para desvanecerse ante una reflexión filosófica que hizo desa­ parecer. que no es mitólogo. no sabe ya lo que son la conciencia ni c) hombre trágicos: per­ tenecen a una época para él ya remota. da al mito su versión propiamente trágica. que en las versiones primitivas del mito no hay. Si la tragedia obtiene sus materiales de un tipo de sueño con valor universal. cuando alguien ha querido producir un efecto trágico en un dr¿ma sobre el destino análogo a Edipo Rey. la única. puesto que Edipo muere pacíficamente instalado en el trono de Tebas. es preciso que la leyenda com porte el espanto y la autopunición en su contenido mismo». propon d onan la clave de la tragedia: «La leyenda de Edipo es la reacción de nuestra imaginación contra esos dos sueños típicos y. sin haberse saca· do los ojos para nada. según escribe. como esos sueños van acompañados en el adulto de sentimientos de repulsión. Bajo la perspectiva de Freud. f n i r ejemplo. Aristóteles. estas contradicciones sobre las que 1a tragedia construía su universo dramático? Pero llevemos más allá el análisis critico.V JO 8 3 y luego desaparecer en Atenas en el espacio de un siglo.

como un burgués de Atenas en medio de sus conciudadanos. desarrollándose cada acto. un mundo dividido donde «una justicia lucha contra otra justi­ cia». incluso onírico. se vincula a él con to· da su alma. héroe de otro tiempo. que no com por­ tan efecto tráfico? Si los antiguos las admiraban.84 M I T O V T K A O L D l A KN Ι. frente a una decisión que le compromete por entero. y hacer aparecer así al hombre mismo como un íbáumat un deinón. inversiones y ambigüedades es lo que hay que captar a través de una serie de distancias o de tensio­ nes trágicas: tensiones en el vocabulario en el que las mismas palabras adquieren un sentido opuesto en boca de los protagonistas. por la mácula de la falta cometida. no es porque (a tra­ gedia se halle vinculada a un tipo particular de sueño o porque el efec­ to trágico resida en un material determinado.Λ C R I X I A A N T I C U A . como desdoblado. jurídica. vulgar. pero esta ineluctable elección se opera en un mundo de fuerzas oscuras y am­ biguas. que encarna toda la desmesura de los antiguos reyes de la leyen­ da. Todo este juego complejo de conflictos. tensión en el interior de cada te­ ma dramático. a la vez agente y paciente. un dios contra otro dios. dueño de toda la naturaleza con su espíritu industrioso e incapaz de gober­ narse. donde el derecho jamás está fijado. entre las que nos han sido conservadas. 1 ejemplo malos dramas modernos. casi ninguna de citas tiene nada que ver con los sueños edípicos? ¿Hay que decir que son piezas detestables. quienes las emplean según las acepciones diversas que comporta la lengua religiosa. sino que se desplaza en el curso mismo de la acción. ¿Cómo puede olvidar Frcud que existen otras muchas tragedias distintas a lid i· po Rey y que. a i dos pía­ . lucido y cegado por un delirio enviado por los dioses. y es el mal lo que ha escocido. una especie de monstruo incomprensible y desconcertante. de Esquilo. culpable c inocente. sino por el modo de dar forma a ese material para representar el sentimiento de las contradicciones que desgarran el mundo divino. revelándose. sí el público moderno queda turbado ante algunas como ante Edipo Rey. política. como un criminal. el universo social y político. viviendo otras en la edad misma de la ciudad. El hombre cree optar por el bien. Contraria­ mente a la epopeya y a la poesía lírica. tensión en el seno del personaje trágico que aparece unas veces proyectado en un lejano pasado mítico. la tragedia sitúa de entrada al individuo en la encrucijada de la acción. Nos quedamos estupefactos. «tom a» y se transforma en su contrario. Sófo­ cles y Eurípides. el dominio de los valores. en las que jamás el hombre apare­ ce como agente.

en sus vínculos y cn sus oposiciones. se procede como Freud. Para que ha­ ya conciencia trágica es preciso. de tsa pieza a un elemento singular de la tabulación. pues. sólo tiene valor de contrapunto en relación con el tema central. si enfocáramos toda la luz sobre el elemento psicológico. como agente responsable. to­ dos estos pianos de la tragedia. El do­ minio propio de la tragedia se sitúa en esa zona fronteriza en la que los actos humanos vienen a articularse con las potencias divinas y cn la que revelan su sentido verdadero —ignorado incluso por aquellos mismos que han tomado su iniciativa y cargan con su responsabilidad— . el de las fuerzas religiosas. en dos planos. que actúan oscuramente en el mundo. que se haya for­ mado ya la noción de naturaleza humana). en e! horror del crimen de Clítemnestra. necesariamente. que los planos humano y di­ vino sean lo bastante distintos para oponerse (es decir. del ISdrpo Rey de Sófocles por el Agamenón de Es* quilo. de aparecer como inseparables. podríamos divertirnos también sosteniendo. Pero lo esencial no rudica ahí. de ese elemento al meno— . cn efecto. de toda la producción trágica a una sola pie2 a. Toda tragedia juega. En la famosa es­ cena de la alfombra del Agamenón. en cambio. El sentido trágico de la responsabilidad surge cuando la acción humana constituye ya el objeto de una reflexión. la despierta y la ahoga. por ejemplo. pero cuando todavía no ha adquirido un estatuto lo bastante autónomo como para bastarse plenamente a sí misma. a su pobre vanidad de hombre. « u d ito » s jn c o . . Respetando de esta forma. Nos engañaríamos. es la angustia de su propia culpabilidad la ‘|wo. con sus motivaciones demasiado humanas y las fuerzas religio­ n s que han sido inexorablemente desencadenadas por él. sin embargo. habiendo soñado toda mu- Ι·Ί con asesinar a su esposo. que el efecto trágico proviene de que. Si. de un debate interior. es como hay que abordar el análisis de cada obra trágica. por otro. sin duda alguna. Su aspecto de investi­ gación sobre el hombre. por tanto. el de la vida cotidiana de los hombres. la decisión fatal del soberano afecta. por simpli- lu ación y reducción sucesivas — de roda la mitología griega a un esque­ ma legendario particular. sin cesar. y al mismo tiempo de la extraor­ dinaria distancia entre el acto trivial de caminar sobre una alfombra de púrpura.\ H 'u :jo 85 nos: por un lado. El efecto propiamente trágico proviene de la relación íntima. tanto más dispuesto a ceder a los ruegos de su mujer cuanto que le trae a Cnsandra como con­ cubina a la casa. mediante la susti- i i k ion. inser­ tándose cn un orden que supera al hombre y se le escapa.

Edipo no haría. con los da­ tos de 1966. de una negativa a aceptar el p a­ pel del complejo edipico en su vida personal tanto como en el devenir de la humanidad. ¿Abre verdaderamente esta llave las puertas del universo espiritual de los griegos? ¿O falsea las cerraduras? Del largo estudio de Anzieu no nos fijaremos aquí más que en dos aspectos. És­ tos han continuado sus investigaciones como si Freud no hubiera dicho nada. ignorando los otros. . pues. Anzieu. págs. transpuesta. Es verdad que un psicoana­ lista podría. la fantasmagoría edípica. De buena gana vería ahí la prueba de un obstáculo psicológico. ca­ muflada.ClA A N T IC U A . aquellas que impone el mismo texto cuan­ do se busca su plena y precisa inteligencia. releyendo de un ti­ rón toda la mitología griega. del asesinato del padre. I La interpretación freudiana de la tragedia en general. casi todos los mitos griegos reproducirían en forma de infinitas variantes el tema de la unión incestuosa con la madre. en la figura de Edipo. Anzieu puede aventu­ rarse en el terreno de la antigüedad clásica y descubrir ahí lo que los es­ pecialistas siguen sin ver. Leí Temps t/toJemes. que se había quedado al margen de las verdaderas cuestiones.86 M IT O Y TRA<¡CDIA UN I. y de Edipo Rey en particular. 675·? 15. ¿No es ésa la prueba de que están ciegos o más bien que quieren serlo o que se vuelven ciegos por su negativa a recono­ cer. por tanto. El debate sobre este punto se halla abierto de nuevo con el reciente artículo en el que Didier Anzieu trata de rehacer. no ha influido sobre los trabajos de los helenistas. a partir de este desconocimiento o de este rechazo de los as­ pectos freudianos. proponer otra explicación. n“ 245. más que realizar el mito. En una primera etapa. han tenido sin duda la sensa­ ción de que Freud hablaba «de pasada». formulando en lenguaje claro lo que desde siempre expresaba aquél de forma más o menos parcial. habríamos hecho mal reprochando a Freud el haber privilegiado un esquema legendario par­ ticular— el de Edipo—. Si tiene razón. el valor de esta clave universal edípica cuyo secreto tiene el psicoanálisis y que le permitiría descifrar sin más pre­ paración todas las obras humanas. Según Anzieu. octubre de 1966. cree poder descubrir en ella.1Aunque armado con las solas luces del psicoanálisis. En su enfrentamiento con las obras. D. casi en cada página. el trabajo iniciado por Freud a principios de siglo. esenciales para su propósito y suficientes para el objeto d e la presente discusión. su propia imagen? Debemos examinar. I.A CÍKI.

sin dirección. con Anzieu. al castrar por otro lado Crono a su pa­ dre para echarle del lecho materno. su carácter distintivo. sino también cómo el orden ha emergido progresivamente del caos. Si. su mezcla y equilibrio eventuales. VJastos. Comen· cenaos con Anzieu por el principio: el mito de los orígenes. contado por Hesíodo en la Teogonia. la problemática filosófica ulterior: no solamente lo que ha existido en un principio. abertura sin fondo. Pero es cierto que si se aísla de su contexto la leyenda de la mutilación de Urano y se reduce a puro esquema —es decir. in· iroducída a la fuerza en el molde edípico— . el helenista no reconoce ya las leyendas que le son familiares. bajo una forma aún no conceptuaiizada.Ml'LUJO 87 Pero en esta mitología. Uno de los sabios que más asiduamente las ha frecuentado podría plantear como regla metodológica e! que jamás se encuentran dos mitos cuyo sen­ tido sea exactamente ci mismo. una vez más y siempre Edipo. la mitología no puede ya constituir. las cosas más de cerca. en su con­ cepción de conjunto. el conflicto y la unión de los opuestos. sin embargo.D U O » SIN CO. por el contrario. un sistema significativo. en su vocabulario mismo. puede uno verse tentado a decir. Pero veamos por qué procedimientos el psicoanalista fuerza al mate­ rial legendario a plegarse a las exigencias del modelo que. Han perdido su rostro. en los detalles de su relato. que al cometer la madre (Gea. su dominio específico de aplicación. cómo preparaba. todos se repiten. « I . Opo- . llevaba en sí como un mago posee la verdad. Tal es el te­ rreno sobre el que arraiga el mito y donde hay que situarlo para compren* derlo. de lo indeterminado y de lo definido. Veamos. Los helenistas han vinculado el texto del poeta b eodo a una larga tradición de teogonias orientales. ya no quiere decir nada. donde nada detiene la crrancia de un cuerpo que cae. Impotente para decir una cosa distinta a Edipo. luego ipdirectamente con Crono). antes incluso de abordar su estudio. las relaciones de (o uno y de lo múltiple. sí en lugar de leerla en Hesíodo se lee en un resumen de mitología para uso del gran pú­ blico— . En el origen del mundo existía Chaos. el relato tiene «un carácter protoedi* pico sorprendente». sus rasgos per­ tinentes. Fraenkel. tal como Anzieu la presenta — retocada. Autores de orientación tan diversa como Comford. vacío indiferenciado. han coincidido en sus comentarios para explorar esos planos de significación. si la sinonimia es la ley del género. el contraste entre la per­ manencia del orden divino y la fugacidad de la vida terrestre. H an mostrado tam­ bién lo que Hesíodo aportaba como nuevo. la tierra) dos veces incesto con sus hijos (con Urano primero. en su diversidad.

es la Madre Universal. Es entonces cuando Gea se irrita contra Urano. en parte sobre el agua. Los hijos quedan así «ocultos» en lugar de revelar su forma propia. una figura precisa. a todos los poderes de la «venganza de la sangre» y de la guerra. cuanto tiene forma. Sin embargo. siguen siendo seres pri­ mordiales. sin embargo. Con Urano. algo toma forma. han dado ori­ gen a Afrodita. el ciclo macho. el cic­ lo fecundará la tierra con su lluviosa semilla. la unión del cielo y de la tierra. es decir. tiene ya una individuali­ dad. que engendra cuanto existe. En adelante. Tierra y ciclo se separaron entonces. Los genitales sangrantes de Urano han caído. G c j no es so­ lamente lo estable. invita a uno de sus hijos. a las Ninfas Melíades y a los G i­ gantes. El cielo ya­ ce aún sobre Ja tierra. mezcla de los dos principios opuestos. se retira de encima de Gea maldiciendo a sus hijos. no habrá ningún acuerdosin lucha. sin la ayuda de Úiv. su unión a distancia en un mundo abierto y ordenado donde los contrarios se unen. esos dos opuestos salidos uno del otro. en el mar. que presiden la lucha y el enfrentamiento. al principio del otoño. sin regla. poderes cósmicos. En adelante. Crono obedece a su madre. es decir. pero que. La separación del cielo y de la tierra inaugura un . Desde que aparece Gea. las fuer/as del acuerdo y de la armonía. la tierra dará vida a la vegeta­ ción y los hombres deberán celebrar la hierogamia de los dos poderes cós­ micos. Tierra y cielo no se unirán ya en una permanente confusión análoga a la que reinaba antes de la aparición de Gca. una vez al año. en parte sobre la tierra.88 M I T O Y T K A C E D I A E N LA O R I : C I . nacido directamente de ella. este desgarramiento en el que el ser va a poder inscribirse ha sido obteni­ do a) precio de una fechoría que habrá de pagar. a acechar a su padre y a mutilarlo mientras él se tumba sobre ella en la noche. al margen de toda unión sexual. en el tejido de la existencia no se podrán ya ais­ lar las fuerzas del conflicto y las de la unión. Gea se acopla. esta vez en sentido propio. Gca comienza por crear a partir de sí misma. a las Erinías. su contrario mas­ culino: Urano. 1 niendosc a Caos. en una cuasiconfusión de los dos principios contrarios. Entre ellos se abre el gran espacio vacío en el que la suce­ sión de Día y Noche revela y enmascara alternativamente todas las formas. pero permanecen distintos uno a otro. Gea: la estabilidad. En efecto. en tierra. para producir una estirpe de hi­ jos que. en efecto. y su descendencia — por falta de dis­ tancia entre sus dos progenitores cósmicos— no puede desarrollarse a la luz. permaneciendo cada uno inmóvil en el lugar que le correspondía. \ A N T I C U A . castrado de un golpe de hocino. Cro- no. se hace de forma desordenada. han dado origen. la cubre toda.s. cuando no existía en el mundo más que Chaos. que preside la unión sexual y el matrimonio. El gran Urano. d espacio ha encontrado un principio de orientación.

Tomemos el caso de Hefcsto. sino a castrarle. Urano ha sido castrado. por tanto. todo termina entreuniéndose y confundiéndose en una castración universal (del padre por el hijo. Cea. hace que ya parezca más insegura la relación con Edipo. sino que se casa con RJ>ca. Dumézil— . !o saca de ella misma como su doble y al mismo tiempo como su contrario. puesto que lo ha engendrado sin unión sexual. a su lugar celeste. se nos dice. En realidad.e jo 89 universo en el que los seres se engendran por la unión de los contrarios. de lucha por la soberanía — cuyas significaciones en el mundo in­ doeuropeo ha señalado G. En el caso de Crono. a súber. cósmico. es decir. sino un esquema de duplicación a partir del uno. personaje de quien An 2 ieu afirma que está «dotado del complejo de Edipo». ni siquiera emas­ culado por nadie. ningún otro héroe emasculado por sus hijos. « k d jp o » s in c n . De este modo los mitos de suce­ sión. o a la inversa). tom ar el puesto y el poder. de deglución y de envolvimiento. de los elementos signifi­ cantes del mito. el psicoanalista puede dar rienda suelta a su fantasía. los diversos temas de caída o de precipitación. toma el partido de aquélla.» Además. la manducación de los lujos por el padre o por los animales salvajes a los que les ha expuesto constituiría una «for­ ma primera y radical de la castración». Una vez realizada esta prim era manipulación sobre el mito de los orígenes. Esta simple remembranza. No hay. ¿Por que? «Responde a Jos deseos de la madre de ser su falo y de suplantar al padre.M r j. Este no ocupa el lugar del padre en el lecho materno. reventar. un mundo regulado por la ley de complememariedad entre opuestos. sin padre. cuyo mito forjó Frcud en Totcw y Tabú. nos dice. que a la vez se enfrentan y concuerdan. hijo—. madre. es castigado por éste. a rele­ garle. algo más precisa. comete directamente incesto con su hijo Urano. es cierto que se trata del hijo de Gea. realmente muerto y devorado por sus hijos». las leyendas heroicas de exposición. sucediendo a la confusión sexual. Anzicu añade a esta observación un rasgo más: el deseo de 1lefesto va dirigido en principio hacia un sustituto materno. ¡Qué importal «Pueden encontrarse sustitutos sim­ bólicos de la castración: tirar desde arriba. . una situación cdípica trian­ gular— padre. «como el viejo de la horda primitiva. Pero precisamente Gea no se une del todo con Crono. cortar. para dejar al mundo crecer en el espacio así vaciado y permitir a la diversidad de los seres engrendrarse según un orden regular de nacimiento. en los mitos griegos no se encuentra ningún otro dios. castigo que es un sustituto simbólico de la castración». Pero Urano es su hijo de forma muy particular. inmóvil. Gea incita a Crono no a matar a su padre. cn senti­ do propio.

lanza a su progenie sobre la tierra. Hefes­ to persigue. concebida y dada a luz fuera de ella. era preciso que 1 Iefesto se uniese a una divinidad femenina: cualquiera que hubiera sido esta diosa. vinculado a sus poderes de mago. ¿Que pisa en realidad? En ciertas versiones. casi. ¿Por qué estas y no las otras? Hay que explicar. Barcelona. en efecto. De todas las divinidades femeninas. y se han podido mostrar los vínculos de este poder de «encantamiento» que encarna Chart’s con los trucos mágicos de los que dispone I Icfcsto para animar las obras de su arte y dar vida a la materia muerta. De esta forma realizaría. por H era solamente. «el deseo incons­ ciente de Zeus respecto a ella».9 0 M I T O V T R A C K D I A U K LA < ¿R 1X IA A N T I G U A . 1993). Zeus precipita. a Hefesto desde lo alto del cielo: ¿venganza del padre amenazado por el hijo enamorado de su ma­ dre? Pero en otras versiones es H era quien. esta virginidad co­ mo rasgo diferencial respecto a las diosas que. por despecho. I. 1971. igualmente falso. aunque hijas también de su padre. t. Pero aceptemos las versiones en las que Afrodita es la esposa del herrero divino.p<¡£%. Finalmente. Hefesto es el hijo de Hera. ¿Cómo jugaría ella espe­ cialmente el papel de sustituto de la madre? A menos de entregarse a la pederastía. 124-170 (irad.* cd. sólo tres permanecen vírgenes: Atenea. De nuevo gritan: incesto. En un estu­ dio anterior hemos intentado ese análisis en lo que concierne a Hestia* * Siyíkc cipernee ebez les Crees. es decir. I Afrodita.. No explica nada. no es tanto por Afrodita por la que arde el deseo de Hefesto. Esta explicación no es sólo totalmente gratuita. nos dicen. no por ello dejan de casarse con toda normalidad. El padre quiere guardar a su hija sola­ mente para él «como objeto imaginario de su deseo». Pero los dioses que forman en el Olimpo una sola y misma familia apenas tienen capacidad de elección entre un casamiento desigual o la endogamia. Atenea. Atenea no es hermana de Hefesto. que quería de este modo ha­ cer pagar a Zeus el nacimiento de Atenea. Hefesto ha sido concebido sin padre. hacia adelante y hacia atrás. ¿Significa la cojera de Hefesto una castración? Se trata menos de una cojera que de una divergencia en la dirección de los pies. pues. . Por lo demás. 4. Pero nada nos permite suponer en la diosa un deseo de falo ni la voluntad de instalar a su hijo en el lugar de Zeus.: Siifo y ¡¡cnsavsicnto en h Greda antigua. Ariel. o vengarse de sus juergas. por otra parte. un pro­ ceder en doble sentido. París. a Atenea. como se sabe. en el presente caso. Ártemis y Hestia. Es hija de Zeus y de Metis. el tema del sustituto materno no resultaría ni más ni menos verdadero. permanece virgen. sino por Caris. Lo único cierto es que I iefesto fracasa en sus empresas de seducción.

su virginidad no se debe a un pretendido deseo in­ consciente de Zeus. Cada uno es para su pariente un alter cpyo. indica que cs- \ λ ph tiú se apoya sobre una especie de identidad entre los miembros de la lamtlia restringida. Para los griegos los vínculos familiares definían un dominio de las relaciones humanas donde sentimientos personales y ac­ titudes religiosas son indisociables. cn ciertos casos como el de la hija epíclcra (heredera única). que tiene va­ lor de posesivo y corresponde al latín suus. y que se oponen. « i i m i 'o » s in c o . para la niña que sale de la infancia. ¿De qué lado poner el signo entre dos tipos de unión. El matrimonio de una joven con su tío o de primos petem os es regularmente interpretado de este modo como un «sustituto» de incesto con el padre. representa el mo­ delo de lo que los griegos llaman phtlía. de modo expreso precisamente fn este plano del incesto en el que se pretende asimilar uno a otro? La identificación de los lazos familiares con deseos incestuosos no es menos arbitraria. uno de ios cuales está formalmente prohibido.M i’ i . nin­ gún carácter incestuoso. es decir. por tanto. O tro procedimiento que permite «edipizar» los temas legendarios más diversos consiste cn bautizar como incesto uniones que los griegos consideraban perfectamente legítimas y que no tenían. rehusar esa bifur­ cación hacia la plena feminidad que representa el matrimonio para toda adolescente que franquea el umbral de la pubertad. P or esta razón una muchacha que se consagra a la guerra —ya se trate de una amazona o de la diosa Atenea— debe quedar fijada cn su estado de partbénos. sino a su estatuto de divinidad guerrera: cn los ritos de adolescencia. por tanto. al menos prcferencíal. un yo . cn mu· <luis ocasiones y a propósito cn particular de la tragedia. es decir. el acceso a la feminidad plena. designa ante todo lo que es vuyo. r j o 91 En el caso de Atenea. señala la realización normal de su se­ xo. Pero cn el contexto de la civiliza­ ción antigua tal sustitución es absolutamente imposible. matrimonio y guerra aparecen como dos instituciones complementarias: el matrimonio es a la joven lo que la guerra al joven. El afecto recíproco entre padres e hilos por un lado. Porque si la unión con el padre constituye para los griegos un crimen y una manci­ lla abominables. para cada uno su pariente próximo. hermanos y hermanas por el otro. si no obligato* rio. La palabra pbílos. el matrimonio con el tío o los primos paternos es. Aristóteles. el otro reco­ mendado.

ai deseo amoroso. su propia Dike infernal. que había atacado a su pu· tria. el dominio de la phi- lía familiar y el de la muerte coinciden para formar un universo aparte. por el sexo. las hijas de Edipo son incestuosas como su padre: «Sueñan con convertirse en compañeras suyas». otro. según la fórmula de Creonte. de los hombres. diferente tam­ bién quizá de esa otra Dike que tiene su sede en el ciclo. que se dirige hacia «otro» distinto a uno mismo. al lado de Zeus. pues. en su situación. no se encontrará nada que justifique esa interpretación. no semejantes. Si por «compañeras» se quiere decir que desean unirse a Edipo. de las ciuades. Para los griegos. La vinculación incestuosa por el hermano es el desplazamiento de la vinculación incestuosa por el padre».92 m it o v τΗ Λ ο η η ίΑ i : n l a g' k l c i a a n t i c u a . Para Antígona. Ant/gona no cede a un cariño incestuoso por aquel de sus hermanos al que se le prohíbe enterrar: proclama la igualdad del deber religioso que se impone respecto a todos sus difuntos. rinde las hon­ ras fúnebres a su hermano maldito Polinices. pues. a pesar de la orden formal de Creonte. Que esta actitud la. Según Anzieu. diferente de la de Creonte. no querer honrar a ningún dios distinto a Hades. cualquiera que haya podido ser su vida. Lo que afirma es que. Por eso. por la pertenencia familiar. fie­ les en este punto a la tradición hesiódica. confundir dos ti­ pos de sentimientos que los griegos distinguieron e incluso opusieron muy cuidadosamente. cerrado sobre sí mismo. Identificar a priori — sin indicación especial en el texto— vinculo familiar y deseo incestuoso es. Después de la m uer­ te de Edipo y de sus dos hijas no existe descendencia varonil suscepti­ ble de perpetuar en este mundo la familia de los Labdicidas. y con toda claridad. hablan. Un este sentido b philia se opone al crus. para Anugona. el comercio sexual une opues­ tos. al . que en adelante es lü única que puede perpetuar el ser religioso del genos («estirpe»). eso no es un sueño. cuyos p h ih i todos han descendido al Hades. Anzieu añade: «La virgen Antígona. es Anzieu el que sueña. Este contrasentido. No renegar de la philia significa. sino la realidad misma. Tomemos un ejemplo en esa estirpe de los Labdúcidas a la que pertenece precisamente Edi­ po. Aquí no nos topamos ya con el silencio de los textos. ape­ nas favorece la inteligencia de las obras antiguas. con sus leyes propias.condene a muerte no hace más que reforzar la resolución de la joven. Si por «compañeras» se entiende que asisten y sostienen a su padre en la desgracia conforme a su deber filial. Al derra­ mar el polvo sobre el cadáver de Polinices. r mismo desdoblado o multiplicado. otro. expúrguese Edipo en Colono. Reléanse todos los trágicos. como puede esperarse. la fidelidad a la philia fa­ miliar pasa por la fidelidad al culto de los muertos.

«f'DIPO» Sin COMI']. todas las versiones legen­ darias cuyo estudio pertenece a la historia de las religiones. al . reconocer n Eros y. Por el contrario. tal como Sófocles lo esbozó corno personaje trágico. vinculación familiar-deseo sexual. Dioniso y Eros. La oposi­ ción pbilia-crña. ¿es inteligible el propio Edipo en su carácter.r. su cthos. N o consideramos aquí la mitología edípica en su conjunto. pero que determina su actuación»? Veamos cómo. El confundirlos bajo el pretexto de «sustituto» no hace más claro el texto: destruye la pieza. sin el complejo que lleva su nombre? Y la acción trágica.jr> 95 térm ino de la tragedia. sino. del que no tiene conocimiento. de la pbilta. ha decidido no volver a Corinto para es* capar a este destino (singular error. no condenan sólo a Crconte. desborda esos d o ­ minios. Las dos divini­ dades invocadas por el coro. N o tratamos más que del Edipo de Edipo R ey. que el oráculo que revela al hijo de Layo su destino de parricida y de incestuoso no es nada más que la «formulación del fantasma. Pero vayamos al segundo aspecto que hemos querido resaltar del articulo de Anzieu: concierne a Edipo cn persona. Antigona no ha querido oír la llamada a se­ pararse de los «suyos». guiado por este hilo de Ariadna. Edipo vuelve a consultar el oráculo. de «crudo». volviendo a su lado. la joven aparece también condenada. Anzieu explora el itinerario de Edipo. un pues­ to principal en la arquitectura del drama. Situados cn el campo de Antífona cn cuanto dioses nocturnos. N o sola­ mente en razón de lo que su carácter comporta de entero. es decir. se ponía al amparo de una unión incestuosa con su madre). «El prim er acto tiene lugar cn la ruta de Delfos a Tobas. el drama* ¿tiene un sentido si no se reconoce. si sabe que están allí sus parientes adoptivos. no tendría ya que te ­ mer: además. en particular lo que deriva de la vida y del amor. se niega a desconocer todo lo que. misteriosos. cn la unión con un «extranjero». pues. transmitir a su vez la vida. por el contrario. ocupa. los poderes de vida y renovación. ¿Es cn este caso pertinente la interpretación psicoa- nalítica? Acabamos de manifestar nuestro mayor escepticismo ante un I lefesto dotado del complejo de Edipo. Para la nitidez del deba­ te. con An- ¡ricu. se vuelven contra la joven porque expresan. hasta en sus vínculos con la muerte. delimitemos con toda claridad el problema. próximos a las mujeres y extraños a la política. que le ha revelado su desti­ no de parricida c incestuoso. si Edipo hubiera decidido casarse con una joven. encerrada cn laphiltü y en la muer­ te. Pero. pura abrirse al otro. más todavía porque. en el universo. de intratable.

A espaldas de Pólibo y de Méropc. Sin embargo. vendría a apuntalar su tesis y a cuestionar la sinceridad de las afirmaciones de Edipo en cuanto a su ori­ gen. En lugar de responder a su pre­ gunta. si quiere evitar la predicción. se dirige a Delfos pa­ ra interrogar al oráculo sobre su origen. 1015. un día. 3. pero esas palabras siguen atormentándole. Es entonces cuando Edipo decide abandonar Corinto. no son ni su padre ni su madre. Su «singular error» es un acto sintomático que revela su obediencia inconsciente a su deseo de incesto y parricidio. Pero. En su ciudad se le consideraría como el primero de los ciudadanos. H e hecho bien. sino muchas veces. es dulce ver el rostro de aquellos que nos han dado el ser». Edipo va en busca de sus padres. Edipo va a rea­ lizar su destino (es decir. hay que admitir con Anzieu que Edipo sabe pertinentemente que Merope y Pólibo.' L A C R I X I A A N T I C U A . su fantasma).M ITO Y T R A G E D I A I ·. no encontraríamos respuesta a esta pregunta. en el curso de un festín. 966-967. 1 partir a la aventura (a) abandonarse a las uniones libres). 1001. Indignado. para tratar de escapar a su destino por lo que Edipo huye de la ciudad en la que cree que habitaban sus padres: «Loxias dijo un día que era preciso que me uniera a mi propia madre y que derramase con mis manos la sangre paterna. Se trata délos versos774-793. por el contrario. una doria. hasta que se revela la verdad. 984-985. Pero para que esta lectura este fundamentada. si­ no simples padres adoptivos. a lo largo de la pieza. 994-999 y ya en 769 y sigs. En los versos 774-775:82-1-827. Edipo se confiesa sin la menor duda hijo de Merope y de Pólibo. 990 í 995. podríamos argumentar con un pasaje que. 2. Edipo explica a Yocasta que su padre es Pólibo de Corinto. su madre. vuelva a Corinto.94 . el oráculo le anuncia que se acostará con su madre y que matará a su padre. convirtiendonos en abogado del diablo.* ¿En qué se funda An2 ieu para hacer así decir al texto lo contrarío de lo que enuncia con tanta claridad? Ateniéndonos a la letra de su estudio. Ahora bien. Sin embargo. soberanos de Oorin· to que le han educado como a su hijo.2 Lejos de haber dejado Corinto a pesar de la seguridad que ese lugar le proporciona.» Así. donde no corre ningún peligro. interpre* tado en términos de psicología profunda. Merope. 1017. Edipo está persuadido de lo contrario. iodo parece ordenar a Edi­ po que. Esta cólera es dulce para Edipo. un borracho le insulta llamándole «hijo putativo». que dan rienda suelta a su cólera contra el autor de este ultraje. Por eso desde hace mucho tiempo vivo lejos de Corinto. 1021 . N o una. el heredero del trono ocupado por su padre. .'. es.

da al hom bre la ocasión de errar. Edipo se define con una orgutlosa seguridad como el descifrador d e enigmas. 6 . se dirá. el primero. jamás mentiroso. Pero se obstina tanto más en proseguir la investigación cuanto que sus sospechas van dirigi­ das desde el principio hacia su cuñado. por lo tanto. sería culpable de haberle engañado deliberadamente. Este error de Edipo proviene de dos rasgos de su carácter: dema­ siado seguro de sí. Creonte. Estética. V todo el drama es.4 no se inclina a poner en duda su interpretación de los hechos. El des­ cubrimiento del verdadero origen de Edipo no podría aparecer como una revelación repentina e inesperada. un vuelco imprevisible de la si­ tuación. en su horror. desea siempre y en todas partes ser el dueño. pero que se niega a confesárselo para ceder mejor a su fantasma de incesto y de parricidio? Nos parece. Necesidad religiosa. le habría expulsado de Corinto.5de natural o r­ gulloso. su juicio. al que considera un ri­ val celoso de su poder y de su popularidad. Ve ase el verso 39^. y esta predicción. matarás a tu padre». en primer lugar. Edipo el que comete la falta de no inquietarse por el silencio del dios y de inter­ pretar su palabra como si le aportase la respuesta al problema de su ori · χοή. sin embarco. Adelanta sólo una predic­ ción: «Te acostarás con tu madre. Debe ser preparada psicológica y dramáticamente. que las razones de Sófocles son extrañas a la psicología profunda. Si el dios de Dclfos hubiera efectuado a Edipo su pre­ dicción sin que éste tuviera la menor razón para interrogarse sobre su origen. Es. le habría arrojado sobre la ruta de Tebas hacia el incesto y el asesinato. primera fisura en el edificio de su presunta genealogía. 4. Apolo no responde nada. « U D IF O » S IN C O M P L K /O 95 ¿Por que. 5. demasiado confiado en su g /á W . Véase el verso 1522.* Ahí aparecen las razones de orden más propiam ente psicológico a las que atendió Sófocles. es un elemento indispensable de esta preparación. No engaña jamás. Véasu el versn 642. en cierta forma. Pero a la pregunta de Edipo: ¿Pólipo y M érope son mis padres?. un enigma policiaco que Edipo debe aclarar. ¿Quién ha matado a Layo? El inves­ tigador se descubrirá a sí mismo como el asesino. La alusión de Edipo a este incidente de su juventud. ha introducido Sófocles este episodio? ¿No es pa­ ra sugerir que en el fondo de sí mismo Edipo sube ya que sus padres no son los que pasan por tales. . En la tragedia el oráculo es siem­ pre enigmático. por tanto. deja abierta la cuestión planteada. Res­ ponden a otros órdenes de necesidad.

la in­ vestigación apunta a otro objetivo: es a Edipo al que cuestiona. pero también mancilla abomina­ ble. un chivo expiatorio.l ll A Γ. es porque. recorrerá en Edipo cu Colono el camino inverso: inmerso en una desgracia y miseria extremas. Y sí las palabras *. animado por el pbthónos— la envidia respecto a los grandes— . Porque más allá de la muerte de Layo. mita de ocupar su lugar en el trono de Tobas y de que en el pasado ha podido guiar la mano de los asesinos del antiguo rey. que le aporta una amenaza horrible. se convence en una misma instancia de que su cuñado. Es esa Jjybris propia del tirano -—para denominarlo como lo hace el coro— J la que causa la perdición de Edipo y constituye uno de los resortes de la tragedia. se salve.* Una vez la prueba 1c ha hecho recuperar el juicio. pero también enigma para sí mismo que en su ceguera de rey es incapaz de descifrar. . Edipo es «do­ ble» como la palabra del oráculo: rey «salvador» a quien al principio de la pieza todo un pueblo implora como si se dirigiera a un dios que tiene en sus manos el destino de su ciudad. Véanse los versos K7J-S78. 1195 y 152*1 >· sigs. convencido de que los dio­ ses le inspiran y de que la 'i'ychc vela a su lado. por encima de todo. 1 Proyectando sobre Creóm e su propio deseo de poder. Pero en Edipo Rey la ruta entera está todavía por recorrer. teme un bajo nacimiento. nacido para un gran destino. será también esa ignominia de la que iodos van a apartarse? Le será preciso pagar la clarividencia al precio de sus ojos: por el sufrimiento comprenderá que. Edipo no conoce esa parte sombría que lleva en sí como siniesiro reflejo de su gloria. pura nuevamente. para que la ciudad. aquel que se eleva a mayor altura es también el más bajo. una sangre de la que debiera avergonzarse. todo el sacrilegio del mundo. Instalado en su personaje de rey divino.hcjo putativo» le hieren más de lo que sería razonable. monstruo de impureza que concentra sobre sí todo el mal. el clarividente.Ν 1. Por eso deja Corinto sin preguntarse ya si esa «tierra natal» a la que 7. a los ojos de los dioses.Λ C H L O A Λ Ν Τ Κ ί Ι . «72. le tranquiliza al menos en este pun­ to.'Λ . 8 . el exceso mismo de su mancilla le calificará como héroe tutelar de Atenas. y al que hay que expulsar como a un pfjarusakós. el descifrador de enigmas. Edipo.9 6 M IT O V T lt A C I '. Porque la p re­ gunta que hace al dios de Delfos no es sino esc enigma mismo que es in­ capaz de descifrar: ¿Quién soy yo? «Hijo de Pólibo y de Merope» signi­ fica en el espíritu de Edipo hijo de rey. P or eso no puede «entender» el silencio ambiguo del oráculo. sin variar la condición. ¿cómo podría sospechar Edipo que. El oráculo. si le atormentan como una injuria.

ojalá no puedas saber nunca quien tvc. por tanto. corriendo idéntica en las venas del uno y de la otra. que no es para él una madre en modo alguno y con la que se casa . Yocasta.» como una mu­ jer. que no tienen descendencia. \ nn esa Yocasta a la que no había visto nunca antes de su llegada a Te- 1*. contra la evidencia del texto. se ruboriza sin duda de mi bajo nacimiento. su alia estirpe. Él cree que Yocasta le desaconseja esta investigación porque corre el peligro de re- \d . el enigma contra el que no cesa de en- 1rentarse a lo largo de toda la pieza. el hijo amante y querido de los so- U-ranos de Corimo. que 1 dipo sabe de sobra que sus padres no son aquellos que pasan por ca­ li liste «error» no es cosa del azar.!■».S IN C O M I ' I i : j o 97 d <[ios le prohíbe dirigir sus pasos es la ciudad donde reinan aquellos que se alirman sus padres.ir su baja extracción y que su matrimonio de reina aparezca como una unión desigual con un villano. sí el drama se apoya sobre la ig­ norancia de Edipo en cuanto a su verdadero origen. Es una absoluta necesidad para la interpretación psicoanalúica. n. En electo. suponiendo. como en O d ­ ios.it. les acerca demasiado. el personaje materno no puede ser.» Pero este «ser» de Edi· jo que Yocasta acaba de descubrir y que le hiela de terror no es la escla- situd o la plebeyez de su esposo. sino un incesto. y transforma a Edipo en una mácula viviente. Y su «error» no nene nada que ver con la psicología profunda. Entregado en ma­ un*» de Mérope y de Pólibo.v!». La reina» ate­ rrada. Pero esta vez también. Edipo ha sido confiado a un pus- h*r con el encargo de hacerle perecer en el ( aterón. si se cree reatmen- i»\ como afirma en tantas ocasiones. miniado por ellos como su propio hijo. « h b l J ' O » . es educado. sino todo lo contrario. ni la excesiva distancia que amenaza ion separarlos en adelante. Edipo se equívoca sobre d sentido verdadero de la fórmula. más que Mérope. ¿Por qué se ha visto llevado Anzieu desde d principio a falsear así i 1 mentido del drama. es evidente que el héroe de Edipo Rey no tiene el im ñor complejo de Edipo. le implora que se detenga y no prosiga la investigación. ¿Quién es IZdipo? Es la pregunta misma que d planteó al oráculo. se relira y le dirige estas últimas palabras: «j Desgraciado. esa Mnjtrc real que. que lia comprendido todo en esc momento. «Dejadla que se enorgullezca de su opulenta familia Orgullos. En la vida afectiva de l dipo. Él se niega. con d hijo de un esclavo. Al nacer. su reacción será la misma. hace de su matrimonio no una unión desigual. Cuando en el curso d d (trama un mensajero de Corinto le informa de que es ur» niño expósito.ido.

medíante la repose­ sión de la madre. fácil le habría sido sugerirla.” Se dirá que Yocasta es «un sustituto» de Mérope y que Edipo vi­ ve sus relaciones conyugales con la reina de Tebas al modo de una unión con su madre. entre Edipo y *). cuando se convierta en el auténtico lecho materno.» Si Edipo ha encontrado al lado de Yocasta la felicidad es porque psicológicamente esa coyunda no es para él el lecho materno. autoritario y tiránico del héroe. los laxos de un hijo con su madre. sino porque habría sugerido. según la fórmula de Tiresias. 9 9 9 . será para Yocasta y para él el signo mismo de su desgracia. como esc poder real ganado aí adivinar el enigma de la Eslinge — pero que no podía poseer sitio compartiendo el lecho de la reina en ejercicio— * «Un punto es seguro — escribe Anzieu—. sino el día en el que ha tenido que abandonar «el dulce rostro de sus padres al mismo tiempo que Corin· to». ha borrado antes de la revelación final todo cuanto podía evocar. un extranjero residente. ese λέκτρον μητρος del que habla en el verso 976 para designar el lecho de M érope.Λ G K K C I A A . 11. pi}». Véanse· los versos 385-J84. en las relaciones de pareja. en el Citerón. 12. en el sentido moderno del término. . en las relaciones personales entre marido y mujer. que Edipo en el lecho materno conocía la felicidad: ha encontrado. Por el contrario. Álte­ n o s w v i o i k o s . 1* Y la separación de la «madre» no se ha producido para él en su nacimiento. una ksvw . si no una inferioridad de Edipo. Si Sófocles ha borrado ese rasgo no es sólo porque habría parecido extraño a los ojos de los griegos (la m u­ jer era siempre mucho más joven que su marido). E n (j tic b n r 1-VtiJc H ililiothrquc Payot. es mucho más vieja que su hijo.N Ι. N T t O U A . 1 9 8 M I T O Y T R A G I D I A J . 10. tuvo a Edipo tarde. Yocasta ha permanecido mucho tiempo sin hijos. Si Sófocles la hubiera querido. La unión conyugal que los tebanos le ofrecen con su reina no puede significar para Edipo una reposesión de la madre. Todo está denunciando la falsedad de esta interpreta­ ción. Pero na­ da cn la tragedia permite suponer esta diferencia de edad entre aquellos que se han vuelto esposa y esposo. la primera felicidad perdida cuando fue separado prontamente de ella y expuesto en el Citerón. sino porque 1c ha sido entregada sin p e­ dirla. por­ que Yocasta es para el una extraña. I no por inclinación personal. Por tamo. al menos de parle de Yocasta una actitud «materna» que no cuadraba con el carácter dominador.1* Unas relacio­ nes de cipo edípico. puesto que él mismo se cree en Tebas. 452.

su popularidad. W ansc los versivs 580*581.sohtin mente en • .t\> «/c L· v:J. la intervención d e Ye»· >r. centrada sobre el tema del poder absoluto de Edipo y de la b \b r is . que significa envi­ dia respecto a aquel que es más rico. Más allá del trono. Uy \\%iit<e los ver*<* 585. 65R-659. no para com prender el drama. 2001 >. más astuto. Mdiliiü. sino para hacerlo entrar en el marco de una interpretación preestablecida.tlij'ü iu> p o d ía conservar de sus años de infancia ninguna t— ι. Vvaiwe los versos 582. 701.o de la im agen quv el h ijo ha co nservado d e ella y tjue d a ta d e sus años d e in- i 1‘ero precisam ente F. 14. ese fantasma de 11\ alidad que se forja el espíritu suspicaz del tirano.|iu‘ necesariamente se desprende de ella. «La vinculación incestuo- • t entre Crconte y Yocastu. 555.j no teuj¿a ah. los celos de Edipo hacia el hermano de su mujer y madre es una hipótesis necesaria para terminar de hacer com* pti-nsiblc el drama de Edipo».* soportar su victoria sobre la Esfinge. ι-u ι·] am o r i]ík* la m adre ¡tupirá a so hijo se trata n o di: la persona actual d e fa nta- . indudable­ mente. Al término de su análisis de la tragedia.i. « C O I C O » SIN' C O M C U f O W a s ta habrían ido directamente contra la intención trágica de la pie· /. .¡ crtuJiatta. más poderoso.1* La ri­ validad entre los dos hombres —o. Crconte no puc- . no en el sentido erótico del término. Anzieu propone. I-Ulipo se halla sólo convencido de que Crconte está • rloso de él.le·. en realidad su rival: sólo desea el poder del que ya dispone por su cs- i.i cd.ul d e Yocasta j u c parece que concierta muy bien con mi propia conclusión.14 A los ojos de fcdípo. sería la misma mujer la que se disputarían los dos cuñados.!·. sino en el social. puní com- pillar su interpretación.” su soberanía. La hipótesis es necesaria. W a tu c 1<¡s \ ltsos 4 ‘)5 y 5-11. 15. no haría más que aumentar el luror del celoso.iluto familiar— .ito{vy. 5-H . «ΈΙ hecho h ita n te extraño de q uo Ια leyenda £riej. sir. co­ mí» lo indica la palabra griega empleada: ph/bónos.1'1’ le reprocha 1**1 Urjil.6)S. Sispccha que intrigó desde el primer momento contra é l. 15. 642. esta rivalidad se sitúa enteram ente en el terreno de mía competición por el poder. Pfuo¡'. ni j J. Alianza. mejor dicho. 5*/9. No hay el menor raspo de mía vinculación incestuosa entre el herm ano ν la hermana. l'rcud cS· • niic.i. Edipo no r«t j celoso de su mutuo afecto.ta en favor de Crconte sería ineficaz. atribuir λ su vez a Creóm e una vinculación in· t utilosa bacía su hermana Yocasta. ί ί ι cb* Yocasta. ya que Creonte no • ·. si lo estuviera.

res­ taurar su poder y morir allí de viejo». desde el inicio de la pieza y en tér­ minos cada vez menos velados.. en esc simbo­ lismo. en cuanto fenómeno simbólico. 107.2ΒΧ·289Η0Μ 02. El sentido de un sueño aparece por sí mismo. la conquista del poder. a donde todo vuelve— significa unas veces la muerte. piensa aquí en el q?isodio de I lipias tal como lo cuenta el historiador. V<*. A Edipo. no debe concedérsele demasiada importancia o. otras la toma de posesión del suelo. !24·125. Sófocles. En efecto. sin embargo.el verso 709. en iidipo Rey una réplica que Freud ya observó y que ha sido invocada a menudo en apoyo de la interpretación psico- analítica. como un 17.iíl. . para los griegos. M I T O Y T K A C r i M A I N LA t i l ’. si anun­ ciara algo. de angustia ni de culpabilidad propiamente edípicas. Váinsc los v e r a » 73 y sigj. lo falsea. planteado como una realidad antihistórica lo que puede contener y proporcionar el sentido de las obras culturales. como observa Anzieu justamente siguiendo a Marie Delcourt. 1 querer ahora atentar contra su vida y robarle abiertam ente el poder. por tanto. Edipo. sospecha al mismo tiem po. el sueño de unión con la madre —es decir.1'' Cuando el apren­ diz de tirano marcha sobre Atenas para reconquistar el poder con el apoyo del ejército persa. N o hay rastro. sueña que se une con su madre. ¿Hay moti­ vo para turbarse por ello? Los sueños también tienen para los griegos valor de oráculo. sería más bien un suceso favorable. que se inquieta ante ella por el oráculo. El debate entre el rey y la rei­ na se centra en el crédito que conviene dar a los oráculos. Concluye de ello inmediatamente y muy contento «que debía rq*resar a Atenas. 18. según Yocasta. VI. No es. por tanto. con la tierra que lo engendra todo. que conoce a H eródoto como el público ateniense al que se dirige. Hay. El de Delfos ha predicho a Edipo que compartiría el lecho de su madre. f l C I A A N T I G U A . 1‘). no es el único que ha recibido esa «señal» de los dioses. o esa señal no quiere decir nada que los hombres sean capaces de adivinar por adelantado1* y. por tanto. que fue su cuñado el verdadero ins­ tigador de ia m uerte de Layo. replica Yo­ casta que «muchas gentes ya han com partido en sus sueños el lecho materno» y que no hay de qué asustarse.17 Aquí nuevam ente una visión edípica de los personajes y de sus relaciones no podría esclarecer el texto. Ahora bien. Convencido de que Creontc trata de abatirlo porque ostenta la rea­ leza. el sueño.

A csie respecto podría proponerse a los psicoanalistas quese convirtientn más en historiadores y buscaran. . Ι f O 101 hecho cultural que deriva de un estudio de psicología histórica.' Ο Ο Μ Ι Ί . las constantes y las transformacio­ nes eventuales de la simbólica de los sueños. a través de las diversas Claves de sueños que se han sucedido en O ccidente. ««EDIPO»» SIS.

.

«<Mcl.66 84. Todos los trágicos griegos han recurrido a la ambigüedad <unto medio de expresión y como modo de pensamiento. ningún género literario de la Antigüedad utiliza tan am· l'liAmcntc como la tragedia las expresiones de doble sentido y Edipo Rey t tmricnc m is del doble de fórmulas ambiguas que las demás piezas de ’'«‘lóeles (cincuenta. « Ι λ τ Doppclsitm in Sopboklrs Oedtpus Künig·»..¿¡wt. 1970. I ¿m I . W.i. Pero el doble •«•mido asume un papel muy diferente según su lugar en la economía del •Ii . < Λ Mu}. es menos de orden cuantitativo que de naturale- / -i v de función. pigs. 13. n" >1. I» V|·>^·ί. 10)9.iiim y el plano de lengua en el que lo sitúan los poetas trágicos. lidtpo Rey ocupa una posición especial: la obra tiene valor de m o­ delo* En efecto. . I A tth tfiity m Greek U tcratun\ O xford.V>. desde el punto de süsta de la anfibo­ logía. págs. Ambigüedad e inversión. sin embargo.*.'. 163173 I o frn » u modificad·* este texto reproduce un estudio publicado cn É íhsn^cí ct i ··«-. Stanford1observa que. Pktíolozus.inpes o íle ru ñ Claude l^cvi-Strauss».*.2 El problema. P ar». según el repertorio que estableció H ug cn 1872). tomo II. Sobre la estructura enigmática del Edipo Rey En el estudio que dedicó cn 1939 a la ambigüedad en la literatura jiríega.

P. nomos designa lo contrario de lo que Creonte. regla consueiu* diñaría. jurídica. D cSvpkistl· d i V. el bloqueo de los caracteres. el campo semántico de nomos es lo bas­ tante extenso para cubrir. 79-50) lu señalado que ncw an tk-ne la idea de una atribución recular.* La ambigüedad traduce entonces la tensión entre ciertos valores sentidos como irrecon­ ciliables a pesar de su homonimia. p . 1951. ράμ*. ΰργή.196-1. política. costumbre. Las palabras intercambiadas sobre el espacio escénico. D I A U S' L A Ο Ι Ι Γ Ο Λ A S T I C J U A . subrayan por el contrario la impermeabilidad de los espíritus. La expresión tJ tsówizówrriJ designa el conjunto de lo t}U? se debe ci los dioses.i raí¿ V « . vol. Benvcniste (iVotns d'a^cut ct turnsi d'ticlton ctt indo-ainipivn. en lugar de establecer la comunicación y el acuerdo entre los personajes. marcan las barreras que se­ paran a los protagonistas. J. Aristóteles. P. entre otros. Hurtos* atribución rr^ular. -1. Ai KO’n ñ m . las mismas pala­ bras toman sentidos diferentes u opuestos porque su valor semántico no es el mismo en la lengua religiosa. y Cli. En boca de diversos personajes. edicto promulgado por el jefe del Estado. da a la palabra un sentido y «Los nombres tienen tin número finito. La misma ambigüedad aparece en los demás térm inos <juc ostenten un puesto mayor en la textura de la obra: δίκη. l Puede tratarse de una ambigüedad en el vocabulario. para Creonte. Pero para los mortales nad. V w sc Eurípides.104 A U T O Y T I Í A C Ü . 1948. pastizal. salvo en las palabras: 1j realidad es com­ pletam ente diferente». vulgar.: «Si Id misma cosa fuera ¡guolmente para codos bella y sensata. esbozan las lincas de conflicto. n" 2.tg s . desgarrado por las contradicciones.tenchis.ü j las costumbres o la moneda <jti? tienen curso en una ciudad. convención. p a­ ra Antígona. Por eso es inevitable que un nom bre único tenga varios sentidos».i hay semejante ni iyual.165 a 11.Man and the Conflicts of the A m ilane». ley divina o cívica. «Sophocles Praise of . en las cir­ cunstancias en las que se halla. φ ίλ ο ς y ς ίλ ία . E. ttípS oi. F o n d ju 499 y sigv. δεινός. Y de hecho. '¡'be ¡m j^ery o f Sop!u>ch'i'/\nt(goiu\ Princcton. 46-66. de un reparto recu­ lado por la autoridad del derecho consuetudinario. mientras que las cosas su» infamas. este tipo de ambigüedad se hace posible por las fluctuaciones o Jos contra­ dicciones de la lengua. Lite sentido da asenta de dos grandes series en la historia semántica de l. Paris. llama también nomos? Para la joven la palabra significa regla religiosa.5 El dramaturgo juega con ellas para traducir su visión trágica de un mundo dividido contra sí mismo.4 Asi. Véase R. 1. >umí*. Arion. provincia. los humanos no conocerían h controversia de las disputas. . ambos sentidos. 5. τιμή. (Jobeen. Sc&tl. t i Lis reglas con valor religioso o poli· lico. atribución te­ rritorial ftja da por la costumbre. correspon­ diente a lo que Aristóteles llama bomouymfa (ambigüedad léxica). rito religioso. 6. Cada héroe» encerrado en el universo que le es propio.

Creóm e condena a la joven <juc ha transgredido «. perderse a sí mismos y desga­ rrarse unos a otros. . el espectador com prende que hay cn realidad dos sentidos posibles o más. se convierte él mismo a través del espectáculo en conciencia trágica. Clitem- 7. y cuyo sentido sólo es perceptible a aquellos que disponen. en el verso 4$ I . Com o dice el Vigilante: «H ablo para los que saben. jura respetar cn adelante *los t:6».13 palabra lia recuperado en la boca de Creóm e el sentido que le cbba al princi­ pio Antífona: ley religiosa. una palabra que se vuelve cn su contra aportándole la amarga expe­ riencia del sentido que se obstinaba en no reconocer. Contra esta unilateraltdad choca violentamente otra unihuc- ralidad... así cegados. cuando I es com prendido. Puede entenderse: «Decollando una temblorosa liebre con sus crias antes de i(ui· las baya d. entre el autor y el espectador. abriéndo­ se a una visión problemática del m undo. fin Art¿i.ι.los nófKoi establecidos*. Pero d e una («'maula a otra bu cambiado «le sentido. H. i El Agamenón de Esquilo podría proporcionar buenos ejemplos de otro tipo de ambigüedad trágica. al frente del ejército».) J05 uno solo. Se trata de sobreentendidos. En el verso *181 Crenntc la emplea como sinónimo de 1\·η·£·\·.. La ironía trágica podrá consistir cn m ostrar cómo en el curso de la acción el héroe se encuentra literalmente «preso cn la palabra». de la con-1 dición humana. en el verso 1113.<»:a.8 Al acoger a Agamenón en el umbral de su palacio. de los elementos de información necesarios. Pero lo que transmite el mensaje trágico. se anuda ( otro diálogo en el que ia lengua recupera su virtud de comunicación y¡ como su transparencia. edicto público proclamado por el jefe de la ciudad. El mensaje trágico se hace para él inteligible cn^ la medida cn que.o¡establecidos». utilizados de forma plenamente consciente por ciertos personajes del drama para di­ simular.ϊί:ο λ ι> η iw v lk siO N [ . Kn el momento cn que ve a los protagonistas en la escena apegarse ex­ clusivamente a un sentido y. me lu u lio adrede <o «yo olvido». en la escena y en el público. Encontraremos un bello ejemplo de df-stre/a anfibológica cn el verso 136: casi cada palabra es susceptible de doble inter- pu-iaeión. contrario al primero. inquieto por las amenaces de Tircshs. para los que no saben.nio a luz» >.\ ιβ κ . alejado d esú s certidumbres y sus limitaciones anti· ' guas. un segundo discur­ so. su ρ ιπ ρ ια bija.también una p obre criatura temblorosa. da cuerpo a la ambigüedad de las palabras. 1lacia el final d e la pieza. λ . es precisamente que existe en las palabras intercam­ biadas entre los hombres zonas de opacidad y de incomunicabilidad. Reconociendo el universo como conflictivo. en los discursos que dirigen a su interlocutor. ritual funerario. de los valores. en el versa 111}. λήΟομαι) 08 -3 9 ).7 Sólo por encima | de la cabeza de los personajes.

declara que. por tanto. Cuando Clitemnestra afirma que el rey encuentra en ella γ υ ν α ίκ α πιστήν. Cuando evoca a Zeus Telaos.10 6 M I T O Y T R A G E D I A »:N t. inevita­ ble. Formulada en voz alta. D o­ blez casi demoníaca: el mismo discurso. I nestra uriliza este lenguaje de doble registro: suena agradablemente a los oídos de! esposo como prenda de amor y de fidelidad conyugal. se convierte en el cur­ so del drama en el instrumento de la justicia divina. Véase W. ocultándole el peligro. sus desees (973*974). como creen quienes le escuchan. por quien realiza. τ Λ ε ι. son las puertas del H a­ des lo que. <911). el Zeus por quien todo se acaba. de antemano y para siempre. recordando lis angustias que ha sufrido en ausencia de su marido. como podría imaginarse. La fórmula es de una ironía siniestra: es precisamente d e esa forma como el rey va a perecer. cit.A G K i ' C l A A N T I C U A . como si fuera un profeta. a Jas que se hace alusión en repelidas ocasiones no son las det palacio.* Lo ambiguo no marca ya el conflicto de valores. op. dice en realidad lo con­ trario d e lo que parece γ υ ν α ΐκ ' ά π ισ το ν. preso en la red m ortal (1115). κύω ν (la perra) significa una mujer que cícne más d e un hom bre. Al hablar de la muerte del rey. en el odio que confiesa hacia su cónyuge. Cuando penetra en su palacio como le invita Clitemnestra en términos que evocan al mis­ mo tiempo una morada completamente distinta. si Agamenón hubiera recibido tantas heridas como los rumores han hecho correr. pero» ya equívoco para el coro» que presiente en él una oscura amenaza. . realmente la verdad de lo que se dice. no es en d Zeus del buen retorno en quien piensa. proclaman al mismo tiempo a la faz del mundo el crimen que va a perpetrarse. Y puesto que la reina. Las puertas. Clitemnestra. tiene valor oracular el discurso secreto que ella disimula en sus palabras de bienvenida. pj/d/ (60-0. red de pesca 0 3 8 2 ) que ella tiende en torno a él (1110). las del H ades (1291). B. sino. las moradas. 137*162. lo que ella ha enunciado. Stanford. Algunos ejemplos: desde Lis pri­ meras palabras. franquea Agamenón. sino en el Zeus funerario. δω μάτω ν κύνα. Cuando posa su pie desnu- 9. Como observa el escolasta.. las mismas palabras que llevan a Agamenón a la trampa. «su cuerpo tendría más agujeros que una red» (S6S). sino la doblez de un personaje. dueño d e la m uerte «que codo acaba». una mujer infiel. sin saberlo. que se ha com portado como una perra (606-607). Lo que Agamenón no puede oír en las palabras de Clitemnestra es. págs. Ja vuelve. si­ guiendo la expresión consagrada. esa palabra adquiere toda la fuerza ejecutoria de una imprecación: ins­ cribe en el ser. se reve­ la plenamente siniestro al espectador que descifra en él claramente el proyecto de muerte que ella ha tramado contra su marido. A la ambigüedad del discurso de la reina responde exactamente la de los valores simbólicos vinculados a la alfombra de púrpura tendida por sus cuidados ante el rey y por la que ella le incita a caminar. red süi salida (1382).

páp. como él imagina.DAD L 1NVTRS1ÓN ( . su deseo apasionado de conocer a cualquier precio la verdad. Edipo va hasta el final. sino.77 (pags. como en una red. 1957. Así podrá. Hsíjys PresenteJ to ¡I O. teñido en sangre (véase Coéforαχ. sino una forma de entregarle a los poderes infernales. y sólo Edipo. «Tragedy and C rcck Archaic Tou^ht». tíme . 51*50. más profundamente. Vcjsc Κ. . .¡anJin Influence·. Kittn. AMBKlCF. la dualidad de su ser. Constituye por sí mismo un enigma cuyo sentido no adivinará 10. a no ser su voluntad obstinada de desenmascarar al culpable. Nada. en el momento en que se reconoce responsable de haber forjado su desgracia con sus propias manos. t i . la consagración casi excesiva de su glo­ ria. véase L. ] do sobre los «suntuosos tejidos» con los que ha sido sembrado el suelo. 1.s. que evoca α ιμ ά τω ν β α φ ά ς. w b u ío que ci» H om ero la sanare y la m uerte se llaman s q p o ú ^ r o i. quien lleva el juego. Yocasta. N o es hombre que se con­ tente con términos medios. Cuando Edipo habla. nada le obliga a llevar la investigación hasta el final.ii) con l. Edipo es doble. En vano. al llevar el juego desde el principio al fin. que es todo de una pieza. pigs. U M 24. W innmgtcu-lnKram. ha j>ido con él mismo con quien se ha jugado desde ese mismo principio has­ ta el final. l V>i> por otro.üwc). en < Ami. P. «El color púrpura tiene cierta «linul. de su juicio (su gr. Pan's. Tiresias. acusar a los dioses de haber preparado y ejecutado todo.)r J.i muerte». Pack). 84. esa muerte «roja» que va hacia él en el mis­ mo «suntuoso tejido» preparado por Clitemnestra para hacerle caer ahí en la trampa. Y al término del camino que ha trazado hacia y contra lodos. 1010-1013). C om pirem e los versos 9 1 0.w :. de sus capacidades. I «. lle­ ga a expresar a veces otra cosa o lo contrario de lo que dice.is ic b s.13 La ambigüedad que se encuentra en Edipo Rey es muy diferente.921. el pastor tratan sucesivamente de detenerle. de condenar· le sin remisión a la muerte. el «camino de púrpura» que han hecho nacer bajo sus pasos no es en modo alguno. que se acomode a un compromiso.936. G cm et en Prohlcrrtcs de h coulcur.946 y 949 p o r un Lido y 960-961. Según Arte· Je ¡ o í iueñoi. En d drama de! que es víctima. Edipo descubre que. I:. 1965. . La ambi· gúedad de sus palabras no traduce la doblez de su carácter. se observará c! siniestro juego tic palabras εϊμώ τω ν β α ? ά ς i960). es Edipo." El equívoco en los propósitos de Edipo corresponde al ambiguo estatuto a él conferido en el drama y sobre el que está construida toda la tragedia.2*4. la alta idea que se ha hecho de su cargo.'¿¡ !)r.1383. No concierne ni a la oposición de los valores ni a la doblez del persona­ je que dirige la acción y se complace en jugar con su víctima.

1967. al mareen de Tiresias es capaz de perci­ birlo. si hubiera habido asesinos. cn forma inversa. se condena a s¡ mismo. A C K I X I A A N T I G l ’ A . pero si ha habido un hom bre.1. él n a seria culpable. El sentido que n a pretende Ivdipo será el verdadero. pera también: *KI te anuncia que tu padre no es Pólibo. ó λη σ τή ς. en escena. sin comprenderlo. al parecer de los hom ­ bres. como eco a alguna de sus palabras. Un los versos 572-573 hay doble sen­ tido: «<T¡restas) no habita pretendido que yo he matado a Layo». pero también: «No h a­ bría revelado que be matado a Layo». C Kamerbcek. ojalá pueda verte por última vez».tr de bandidos. JheP LysofSopbixU ^. Lo que Edipo dice sin querer. pero la manifiestan formulándola en unas palabras que.a frase: «Si su descendencia no hubiera abonado» significa también: «Si su descendencia no se hubie­ ra visto abocada a un destino desgraciado*. El escoliasta obser* va: «lidipn piensa cn su cunado». conn si fu¡yo fu c rj n:i¡'jJrc. Los dioses saben y dicen la verdad. La doble dimensión del len· guaje edípico reproduce. siuo por sí misma: ignora lo certeramente tjue es­ tá hablando. Pero con ese singular Edipo. que mataron a Layo. que suena como una carcajada siniestra. la posiciún de ήδε. tSS7 y d e j. Son los dioses los que reenvían a Edipo. E dipo se sacará los ojos. cn plural. tal como se expresa en la fórmula enig­ mática del oráculo.icc cn pro de amibos lejanos. su propio discurso deformado o invenido. Y ningún testigo del drama. B. por tanto. constituye la única verdad auténtica de sus palabras.Y este eco inver· so. es ambiguo. único y salo. la doble dim en­ sión del lenguaje de los dioses. cn el seno de su propio discurso. iv. (. con su conclusión: «Por estas razones. I hasta descubrirse a sí mismo completamente lo contrario de lo que cre­ ía o parecía ser.Sólo pondremos unos poco» ejemplos: Creóm e acaba de babl. sin saberlo. luz de la vida ν luz del día. 3) al acudir en ayuda de Layo. te equívocas» se vuelve con­ tra él mismo: pagará por d asesinato de su padre. Cn los versos 137· 1*1! hay tres ambigüedades: I) al eliminar la máeu* Ij n a !o h. 2) el asesino del rev podría verse tentada a atacarlo a él: efectivamente. a tas comentarios de R. pero las palabras de las que se sirve para decir algo distinto a ella la manifiestan sin que él lo sepa nítidam ente para quien tiene el 12. Como reconocerá alfio m is addam e IK-12-K-J7). T hr (F. es en realidad una rectifi­ cación.Jchb (¡'.¿φχι Tyrj/:n:ts. Edipo no sabe ni dice la verdad. relaciona γυνή y μήτηρ: m i mujer. lin el verso I 1S3 Edipo desea la muerte y exclama: *O b luz. que es también su madre. sino mi muerto». Edipo respondo: ¿cómo <7 asesino. se destruirá a sí mismo. En el verso 928.1 0 8 M I T O V T R A C O M A T. sirve a su propia causa: no. el crimen le es evideme- usenle imputable. Edipo no entiende el discurso secreto que se va for­ m ando sin que él lo sepa. N 1 . . También 3quí remitiré til lector ti la obra de W. com batiré para él». Stanford. Pero φ ώ ς tiene dos sentidos en £riepo. lin los versos 5 5 1-552 la amenaza d e Edipo a Creóm e: «Si erees que atacarás a un pariente sin pagarlo. entre μήτηρ y τώ ν τέκνω ν. En los versos 955-956: «Ú! te anuncia que su pailre PóÜbocstá muerto». dicen una cosa completamente distinta.Jifwi Tyrjitmn. . Inbría podido cometer ese acto iin uji «cómplice»? (12-0. Todo el pasaje d e los versos 258-265.

en efeclo. Y esta identificación final del héroe por sí mismo constituye una inversión completa de la acción. cuando todo se haya aclarado. declara orgullosamen- n / V / íi -j .tdor de enigmas. lo qur representa de hecho es el reconocimiento por Edipo de su iden- iitl. e l . Al principio. «Remontándome a mi vez». el extranjero corintio. Al iniciarse el drama.ul. Aristóteles. 1 1justiciero se descubre idéntico al asesino. λ μ ιικ . desci- It. . en los dos senti­ dos que puede darse a la fórmula de Aristóteles (tampoco exenta de ambigüedad): la situación de Edipo aboca a un resultado inverso al que_ w había pretendido. el reconocimiento (άναγνο>ρισΐς) y la peripecia Ιπΐ’ριίΐέΤΈΐα). observa que. al recordar que los dos elementos constitutivos de la tabulación trágica son. se expresa en unos términos cuya •iMihigiiedad subraya que detrás de la pregunta a la que se jacta de res* l'iMider (¿quién mató a Layo?) se esboza en filigrana otro problema quién es Edipo?).1’ El reconocimiento que realiza Edipo no se refiere. lil len­ guaje de Edipo aparece así como el lugar en el que se anudan y se en ­ frentan en la misma palabra dos discursos diferemes: un discurso bu mano v uno divino. En las gradas del teatro los espectadores ocupan una situación privile­ giada que les permite. Entonces se com prende por qué desde el punto de vista de la anfi- Imlogía Edipo Rey tiene un alcance ejemplar. la confrontación. como el adivino posee el de la profecía. los dos discursos son completamente distintos y están separados uno del otro. ade­ más tic lo «patético». a nadie más que al propio Edipo. para anun- • μγ a los suplicantes su resolución de descubrir cueste lo que cueste al *i iminal y su certeza de conseguirlo. salvador deTcbas. como a los dioses. n-conocimicnto es el más hermoso porque coincide con la peripecia. H 5 2 a *2 » . es decir. el discurso humano se invierte y se transforma en su contrario. los dos discursos se reúnen: el enigma queda resuelto. el de la muer- ir del antiguo rey. ni térm ino del drama. ( : ι :ι )λ ι > ι: i n v í . al inicio de la pieza. oír al mismo tiem po los dos discursos opuestos y seguir de un extremo al otro. que forma la trama de la acción trágica. la inversión de la acción en su contrario (είς ti) i1vcxvtíov τών πραττομένω ν μεταβολή). a través del drama. en Edipo Rey. r s k ’í n 109 don del «doble oído». situado al frente de la ciudad y al que el pueblo venera como igual a un dios por su saber y su abnegación por la cosa pública. Tras la elucidación progre­ s a del enigma policíaco. debe hacer frente a un nuevo enigma. (atando aparece por primera vez. ¿Quién mató a Layo? Al término de la investigación.

έηεί τό παν έν αύτώ φ ανήσεται». de la inteli· gcncia..*'' el mejor de los moríales. el clarividente. ¡ h l . A C i U X I A Λ Ν ' Τ Ι Ο Γ Λ . En las primeras palabras que* le dirige. i b i l . el justiciero. I2U-M2ÜÓ.-’* Η. en to ­ das sus dimensiones. IhiJ.. 25. Il'L L 46. como la pa­ labra del oráculo. 1397. t le cl rey. Edipo es doble.-’ reduci* í do a la mendicidad y al exilio.:i Dos rasgos señalan el alcance de esta «inversión» de la condición edípica. en cierta forma. Πώρο Rey«132. 1*133. un igual a los dioses: ίσ ο ύ μ ενο ς θεοΐσι. Pero sin que lo sepa.. I b id . ligo pbani): soy yo quien sacará a la luz al criminal.-1 objeto de horror para sus semejantes. célebre para todos. 23. Edipo. 19. un ciego.” el primero de los hu- manos. humana. pero también: yo me descubriré a mí mismo como criminal. un enigma que no puede desci­ frar. 33. 21. de la riqueza. religiosa. sin haberlo querido ni merecido. pero que el espectador com prende «puesto que todo será descubierto en el propio Edipo.. ¿Quién es. . El extranjero corintio os en realidad natural de Tebas: el descifrador d e enigmas.. el sacerdote de Zeus lia· ce de Edipo.. 15. social. esic personaje edípico se revela.. ihJ./. Ik'J. inverso a lo que apare­ cía al frente de la ciudad. 1397. !/«. 455 456 v 1518. el más des­ venturado15 y el peor de los hombres. de un valor que nada puede abatir. seré yo quien los saque a la luz». de inteligencia avasalladora y al que no se puede im putar ninguna falta moral. S. enigmático. por tanto. IbiJ. Desde el principio hasta el fin del drama sigue siendo psicológica y moralmente el mismo: un hom bre de acción y de decisión.u n a mancilla. de los honores.Ν El escoliasta no de· ja de observar que en esc ego phano hay algo disimulado que Edipo no quiere decir. 1306. no M I T O Y T R A C I K D f A Γ . 20. ninguna infracción deliberada a la justicia. 16.Ν 1. 31. el salvador de la ciudad.” un c r im in a l. Ib/J. Edipo? Como su propio discurso. 1345. resulta ser el último. «al origen (de los sucesos que han permanecido desconoci­ dos). £*)& ψανώ." odiado por los dioses. 22. 1207 y sips. 24. un criminal. 17. - 18. /¿ λ/...17 el hom bre del poder.. su perdición.

A M D IC tT .D A D Γ ! Ν \Τ .Π Μ 0 Χ I · . . ] Ill

Cuando el enigma queda resucito, el coro reconoce en Edipo el mode­
lo de una vida humana que. n craves de este paradigma, le parece igual
ii la nada, ϊσ α κ α ι τί> μ η δ έν." En el punto de partida Edipo es el espí­
ritu clarividente, la inteligencia lúcida que, sin ayuda de nadie, sin el so­
corro de un dios ni de un presagio, ha sabido adivinar, mediante los re·
cursos de su sola («juicio»), el enigma de la Esfinge. N o tiene
más que desprecio para la mirada ciega del adivino cuyos ojos están ce­
rrados a la luz del sol y que, según su propia expresión, «sólo vive de ti·
nieblas».*7 Pero cuando (a oscuridad se ha disipado, cuando todo se ha
vuelto claro,:s cuando la luz se hace sobre Edipo, es entonces precisa­
mente cuando ve la luz por ultima vez. Desde el momento en que Edi·
|h> es «elucidado», puesto al descubierto,-' ofrecido a los ojos de todos
como espectáculo de horror/'1ya no le es posible ver ni ser visto. Los te­
tarnos apartan de él sus ojos,'’ incapaces de contemplar de frente aquel
mal «espantoso de mirar»/* aquella miseria cuya historia y vista no se
puede soportar." Y si Edipo ciega sus párpados es, como él mismo ex­
plica,’1 porque se le ha vuelto imposible sostener la mirada de ninguna
criatura humana, tanto viva como muerta. Sí hubiera podido, se habría
taponado también los oídos para «amurallarse en una soledad que le
«paitara de la sociedad de los hombres. La luz que los dioses han pro·
ycctudo sobre Edipo es demasiado resplandeciente para que un ojo
mortal pueda contemplarla. Ella expulsa a Edipo de este mundo, hecho
p jra la claridad de) sol. para la mirada humana, para el contacto social.
Ella le devuelve al mundo solitario de la noche donde vive Tiresias, que
también ha pagado con sus ojos, con el don de la visión doble, el acceso
n la otra luz, la luz cegadora y terrible de lo divino.
Considerado desde el punto de vista de los hombres, Edipo es el je­
te clarividente, igual a los dioses; mirado desde el punto de vista de los
dioses, aparece ciego, igual a nada. La inversión de la acción, como am­
bigüedad de la lengua, marca la duplicidad de una condición humana

26. / t U . 1187-1188.
27.
28. IbU .. 1182.
29. A W ..12H .
JO. i h . L 1397.
M. lh l< 1303-1305.
'2 . 1297.
H. ihJ.. 1)12.
M. I h J ., 1)70 y s¡|?s.

112 Μ Ι Τ Ο Υ Τ Γ . Λ 0 ΐ : υ ΐ Α 1 ·:\ l . A C I t l X I A A N T I G U A , I

que, a modo de enigma, se presta a dos interpretaciones opuestas. El
lenguaje humano se invierte cuando los dioses hablan a través de é!. La
condición humana se inviene — por grande» por justa, por feliz que
sea— cuando se la mensura con la medida de los dioses. Edipo «había
lanzado su flecha más lejos que cualquier otro» había conquistado la
felicidad más afortunada».” Pero frente a los Inmortales, el que se
eleva más alio es también el más bajo. Edipo, el bienaventurado, toca
el fondo de la desventura: «¿Q ué hombre», canta el coro, «ha conoci­
do otra felicidad que la que él imagina para volver a caer en el infon
tunio tras esa ilusión? Con tu destino» sí, con tu destino, como ejem­
plo ante mis ojos, desventurado Edipo, no estimo feliz ninguna vida
de los humanos».’fc
Si tal es, como los helenistas reconocen de modo unánime,” el sen­
tido de la tragedia, se admitirá que Edipo Rey no está centrada sólo en
el tema del enigma, sino que, en su presentación, en su desarrollo, en su
desenlace, la pieza misma está construida como enigma. La ambigüe­
dad, el reconocimiento, la peripecia, homólogos unos de otros» se inte­
gran igualmente en la estructura enigmática de la obra. La clave de bó­
veda de la arquitectura trágica, el modelo que sirve como de matriz a su
organización dramática y a su lengua, es la inversión, es decir, el esquema
formal según el cual los valores positivos se invierten en negativos cuan­
do se pasa de uno a otro de los planos, humano y divino, que la tragedia
une y opone, como el enigma, según la definición de Aristóteles, une jun­
tamente términos irreconciliables."1
A través de este esquema lógico de la inversión, correspondiente al
modo de pensar ambiguo propio de la tragedia, se les propone a los es­
pectadores una enseñanza de tipo particular: el hom bre no es un ser

55. IH J.. 1196-1197,
56. IhU.. HR9 ysijts. En este fin id o ).» ir¡ij-odi:i. drsileantcs de Platón. sostiene el
punto de vista co ntrjrío ¡ t i d e Protagoras y la «filosofía ilustr.id.i» desarrollad.) por k«
sofistas en el &¡í’lo.v. Ix'jos de que el hom bre sea 1j medida d e todas b s cosas, es Dios
quien es b medida del hombre, ij;u¿) que todo lo demás; véase Knox, op. cit.. p i p . 150
ysij;s. y 184.
37. Véase uinl>ién, en último lu^ar, E. R. D odds, «O n M isunderstanding the üitit-
pun Greece a vd Rome, 2* serie, n" 13.1966, p i p . 37-49,
38. Poi'IsíJ, 145Λ a 26. Kstc esquema de b inversión debe relacionarse coa t i que
se encuentra en eJ pensamiento de Heráclito. especialmente el fragmento 88. expresa­
do por el verbo μ ε τ α π ίπ τ α ν . Véase Clémenee R.mmmix, I U’r.¡c!ite ou l'h o xin e cntn·
Íes ckoses et les n o li. 1959. p i p . 33 y iij:s. y V)2.

A .M R KrülJD .M > L IS 'V J H S í r i X [ . . . ]

que se pueda describir o definir; es un problema, un enigma, him* .1··
ble sentido jamás se termina de descifrar. La significación de la ohia mi
se explica ni por la psicología ni por la moral: es de orden c sp m ln -i
mente trágico/* El parricidio, el incesto no corresponden ni al carácter
de Edipo, su A /w , ni a una falta moral, adiha, que hubiera cometido, Si
mata a su padre, si se acuesta con su madre, no es porque más o menos
oscuramente odie al primero y este enamorado de la segunda. Respecto a
aquellos que cree ser sus verdaderos, sus únicos padres, Mérope y Poli*
bo, Edipo experimenta los sentimientos de la correspondiente ternura
lilial, Cuando mata a Layo lo hace cn situación de legítima defensa con­
tra un extranjero que le ha herido primero; cuando se casa con Yocas­
ta, se trata de un matrimonio de conveniencia con una extraña que la
dudad de Tebas le impone para hacerle acceder al Lrono, en recompon­
ía de su hazaña: «Λ un fatal himeneo, a una unión maldita, la ciudad me
ltd obligado y yo no sabía nada [...]. Recibí este don que jamás habría
debido recibir de Tobas, tras haberle sido tan útil».4>Como Edipo pro-
i Urna: al cometer el parricidio y el incesto, ni su persona (soma) ni sus
<u tos (crga) están en cuestión; en realidad, él mismo no ha hecho nada
«υύκ έρεξα).’* O mejor dicho, mientras cometía un acto, el sentido de
»ii acción, sin saberlo y sin que él participara en lo más mínimo, se in-
w tiui. La legitima defensa se convertía en parricidio; el matrimonio
que consagraba su gloria, cn incesto. Inocente y puro desde el pun-
i*>«le vista del derecho humano, es culpable y sacrilego desde el punto
«I*· vista religioso. Lo que ha realizado sin saberlo, sin mala intención ni
Mtluntad delictiva no deja de ser por ello el golpe más terrible contra el
iMtlcn sagrado que gobierna la vida humana. Semejante a esos pájaros
que comen carne de semejantes, para repetir la expresión de Esquilo,**
ur ha hartado dos veces en su propia carne, primero derramando !a san*
« fp a te rn a , luego uniéndose a la materna. De este modo, por una mal·
ilu ion divina tan gratuita como la elección de la que se benefician otros
licrncs tie la leyenda, Edipo se encuentra expulsado del vínculo social,
4ii<i)dd» fuera de la humanidad. En adelante es ¿polis) encarna la fijju-
i4 del excluido. En su soledad, aparece a la vez más acá de lo humano,
l«r«ua Hcra, monstruo salvaje, y más allá de lo humano, portador de una

' > Sohrc rs íj c^pcciftcufotl Jvl mensaje trágico, véanse pigs. 25 ·2(> de este volumen.
I·· J 'Jtprn it (.ohit'o. 525 y 5 )9 5-11.
It ¡ h .L 2 ( i5 y fi f i . , 521 y si}·.·;., 5J9.
I * \,v· /,·,jKict, 22(>.

114 M IT O Y T R A O r .J JI A UN l.A C R T X J A A N T I C U A . I

calificación religiosa temible, como un dafaón. Su mancilla, su dgos, no
es más que el envés ele! poder sobrenatural que se ha concentrado en el
para perderle; al mismo tiempo que mancillado, es sagrado y santo, hie­
ras y ensebés*' A la ciudad que 1c acoja, a la tierra que cubra su cadáver,
aportará la prenda de las mayores bendiciones.
Este juego de la inversión se expresa, paralelamente a las expresio­
nes ambiguas, por otros procedimientos estilísticos y dramáticos. En es­
pecial por lo que B, Knox44 denomina una inversión (reversal) en el em­
pleo de los términos en el curso de la acción trágica. N o podemos hacer
otra cosa que remitirnos a su excelente estudio del que recordaremos só­
lo algunos ejemplos. Una primera forma de esta inversión consiste en
utilizar, para caracterizar el estado de Edipo, un vocabulario cuyos valo­
res se invierten sistemáticamente al pasar de la activa a la pasiva. Edipo
es presentado como un caxador que rastrea, acosa y hace salir a la fiera**
que vaga por la montaña, a la que su persecución hace huir precipitada­
mente^ y relega lejos de los humanos/0 Pero en esta caza, el cazador ter­
mina por ser él mismo la presa: expulsado por b imprecación terrible de
sus padres,45 Edipo vaga y muge como una fiera,47 antes de sacarse los
ojos y de huir a las salvajes montañas del Citerón.” Edipo realiza una in­
vestigación a la vez judicial y científica, subrayada por el empleo repetí»
do del verbo zétciu?1 Pero el investigador es también el objeto de la in­
vestigación, el zefon es también el '¿toúm enon? como el examinador, el
interrogador” es también la respuesta a la p re g u n ta .E d ip o es el descu­
bridor’5 y el objeto del descubrim iento,56 el mismo que es descubier­

to . Edipo cu Co!o:;o, 2S7.
44. OcJtpus at Theket. Sopboclcs' Tragic Hero and bis Time. 1957, 2.* cd., 1966,
p íg .l3 « .
45. E dtpoRey, 109· 110,221,475 y sips.
46. Ibid.. A68.
47. /¿vi., 479,
4K. JbtJ., 418.
49. Ibid., 1255 y 1265.
50. Ibid., 1451.
51. Ibid.. 278,362.450.658-659 y 1112.
52. Véanse Hlusarco, De· curios;!,uc. 522c y Edipo Rey, 362.450,658*659 y 1112.
53. Edipo Rey, síopcín: 68.291,407 y 964; bisiorein·. J 150-
54. Ibid., 1180-1181.
55. lbid.,hcurdtt, bcurctCs. 68,10$, 120,440 y 1050.
56. Ibid., J026.1 IOS ν 1213.

1 . pero en el 202. sin (tintarlo al revés/·1el oráculo'1*«de la siniestra profetisa. Pero Edipo es también rl hombre que sabe (oída) el enigma del pie. en el 150. ni V'iJ.. «dueño del poder del rayo» (αστραπών κράτη ν£μ<ι>ν). el coro rememora que en lus leyes celestes reside un dios grande que no envejece.*' O tra forma de inversión es la siguiente: los términos que calHicaiva. se dirige a Edipo como soberano: krütyndn·.. rechazado por sus padres. Edipo recuerda la hazaña que le ha hecho grande (tnégfls)\ en rl 871. en sus primeras palabras.v Es cl médico.^En el verso 237. como Edipo antaño por hacer «ce· Mr» la esfinge. 674. 3‘λ M o* μ.I>A!) i: INVERSION {. · Kdipo en la cúspide de su gloria van separándose uno a uno de él fu ra fi­ jarse sobre personajes divinos: la grandeza de Edipo so reducc a nada a medida que se afirma más claramente. Edipo es el hombre de pies hinchados (oídos).1 perecer en medio de la naturaleza salvaje.1387-1)88? 1)96. para acabar con la peste de la ciudad.% 1Y)7: hcariikotujt. el sacerdote de Zeus. en el 903. I h J .V05. 1 I *5 I t lo. en el 201. Ni siquiera el nom bre de Edipo está libre de esos efectos de inver­ sion.!>?<>Rey. En el primer \ iTAo de la tragedia.·«w ¿. La dominación (arché) que Edipo se jacta de t e r c e r 1la reconoce el coro como inmortal para siempre en las manos de £1 socorro que el sacerdote pide en el 42 p Edipo. U'tJ. es el mismo que el coro implora... expuesto p. en contraste con la suya. lleva en sí el mismo carácter enigmático que marca to ­ il.45. el coro implora a Zeus como soberano: v kratytidn. / <·>. M I '.tr.T. 1293. de la Esfinge de W.. AM8IC(. SS f h l . 1200. es λ Zeus a quien el coro confiere el título de padre: o Zc’t'i páter. es Apolo quien es invocado como salvador por hacer cesar (pjttsU'rios) el mal. enferme­ dad que recuerda al niño maldito. En el 48 los tebanos llaman a Edipo «salvador»: soter. Ambiguo. pero cambien ei enfermo1* >' la enfermedad. el coro implora a Zeus. que emplea un vocabulario medico para hablar del mal que sufre la ciudad. f·' Γ violtoa l'jirípiilc*. que consigue descifrar. .ν/. lili el verso H . VJ. en el 189.* la tragedia. de la diosa Atenea. Edipo da órdenes como dueño del po­ tior y del trono (cyk κράτη τε και θ ρό νο υ ς νέμω). I iri cl 441. Edipo se dirige a los suplicantes como un padre que habí** a sus hijos. la de los dioses.

Com ti observa Knox.n/> cit. es menester que el prim ero de los dos personajes de los que se ha revesti­ do al principio se invierta hasta coincidir con el segundo. cn la oposición entre las dos primeras sílabas y la tercera.71 Toda la tragedia de Edi­ po está. l)«.s. tripous.». Para Oi-dipous. 70. Pero al situarle al frente del Estado csutble- 65. Pero esta respuesta sólo es un sa­ ber en apariencia. «que subiere» una conjugación fant j*¿tc. el Pie hinchado ex­ pulsado de su patria. 68. se dirige ya cn cierta forma sobre sí mismo. 116 M IT O Y ΊΚ Λ Ο .ihéis dónde está íidip©?»..» &par­ tir del nom bre del héroe ciue no sa1>e —com o le dijo Tirusius— quién es <4l3-4l41.67 al que su pie aísla de los humanos cn la es­ peranza vana de escapar a los oráculos. 58-59. marginado.i verdad.8-1. 1H 1. //·. le establece sobre el trono en lugar de los reyes legítimos. El saber de Edipo. ¡i quienes Hdipo "excluyo" en su búsqueda de l.»» . el misterio sólo es uno en apariencia: se trata con toda certeza de él.t d e un verbo “conocer domíc". I oscuro canto».C IA A N T IC U A . de Edipo tirano/* País: «el pie»... ¡b:. lo cual d.οχο υ .Mperseguido por la maldición del pic terrible” por haber infringido las leyes sagradas de elevado pie70 c incapaz en adelante de sacar el pie de los males en los que se ha preci­ pitado al elevarse hasta la cúspide del poder. ¿qué es Edipo? La pseudorrespuesta de Edipo le abre de par en par las puertas de Tebas..»: ίΐάΟοιμ’ ο χ ο υ · ΟϊδΟτου . pregunta la siniestra cantora. marca impuesta desde el nacimiento a aquel cuyo desti­ no es term inar como ha empezado.105 y 397: véase también 43. • 67. Λ su l!c^:ld.son l. tres.866.cl mensajero de C o­ n oto pregunta: «¿S.Λ CRT. Λ1 sapientísimo dueño de Tebas. pues. ¿Cuál es el ser.45 Y este saber entroniza cn Tebas al héroe extranjero. El doble senti­ do de Oidipons se encuentra en el interior del nom bre mismo. l h ./r«/»-w rJ5ü5-1506. 71. los tres versos 924· 926 concluyen con el nom bre de üdipu y con el adverbio inrci rogativo hopou. 87Jj.ε Ο ΐΛ CN Ι. como contenida cn el juego al que se presta el enigma de su nombre. cuando descifra el enigma de la Esfinge. pjps. 66. que protege la Buena F or­ tuna. semejante al animal sal­ vaje al que su pie hace huir. «Ritos violentos juraos de palühr. 69. Oída: «yo sé». que es a la vez dipous. parece oponerse radicalmente el niño maldito.i irónica risa de los dioses.i»./. L 4 ( > 8. se trata del hombre. -179 y si#. escribe Knox. totrJpous? («dos. fíJipoK cy. Pero para que Edipo sepa realmente quién es. cuatro pies»). formad. enmascara el verdadero problema: ¿qué es entonces el hombre?. una % de las palabras clave en boca de Edipo triunfante. 182-18-1. tórJ.L-Π*. véase Kno*.

al principio de la tragedia. llega a ser el criminal mancillado al que se debe expulsar como un pharm ahh. abominable mácula. . que al final del drama se invierte para proyectarse en una figura contraria: en el último escalón de la decadencia aparece Edipo-pie hin­ chado. si­ tuado por encima de los demás hombres.i Fortuna de la ciu d ad /’ no se pierde de principio a fin de la pie- /. antaño rechazado. El aspecto cuasi divino de la maievStuosa figura que avanza sobre el umbral de su palacio. Siguiendo el eje cuyo vértice y base respectivamente ocupan el rey divino y el pkarmakós os. del hom bre trágico. su verdadera identidad de parricida c incestuoso. Penetrar en su propio misterio es para Edipo reconocer en el extranjero que reina en Tebas a) hijo del pais. sino como el hijo legítimo del rey. se salve. dueño incontestado de la justicia. por un favor sobrenatural. en su comentario al icrso 16. de fijarle en el trono queen adelante ocupará no como un tirano extranjero. hace de él un monstruo que hay que ex­ pulsar para siempre de la ciudad. con vuestros ramos co­ ronados de cintas?». La expresión de la que se sirve el sacerdote de Zeus: «Nos ves aquí reunidos junto a tus altares» aparece tanto más cargada de sen­ tido cuanto que el propio Edipo se pregunta: «¿Por qué estáis ahí pos· irados en una actitud ritual de súplica hacia mí. no ha escapado a los comentaristas. A M lU G tT D A D Π IN V LK SlO N ce. El rey divino. la Huen. iS . en lugar de integrar definitivamente a Edipo en la patria que es la suya. en efecto. arrancarle del mundo humano. para que la ciudad. Ya el antiguo escoliasta observaba. como se realiza la serie de inversio­ nes que afectan al personaje de Edipo y hacen del héroe el «paradigma» del hom bre ambiguo. el personaje de Edipo el Sa· bio. pura otra vez. 7* I h J . disimulándosela.i Incluso después de haberse revelado la doble mancilla de Edipo. concentrando en sí toda la impureza del mundo. . un chivo expiatorio. el »oro no deja de celebrar como su salvador a aquel al que llama «mi rey» 7? i-Jif-oRn·. purificador y salvador d e su pueblo. Esta veneración hacia un hombre situado más alto que el ser humano porque ha salvado a la ciudad «con la ayuda de un que se ha revelado. Venerado como igual a un dios. como la Tycbc. tal es. portador entre sus manos de la salvación de toda la ciudad. que los suplicantes van a los altares de la casa real como a los »k* un dios. Esta identificación. *>2.

La reina le dirige entonces esta última advertencia: «iDesventurado..1 1 8 M IT O Y T R A U U H A LN LA ίΊΚΓ. ib ij. a decir verdad. Ironía de las palabras: Edipo no es el hijo de la Tyckc\ co­ mo lo ha predicho Tiresias. El mensajero de Corinto llega entonces: anuncia que Edipo no es el hi­ jo de aquellos a los que cree sus padres.7* es su víctima. . implora a Edipo que no siga con la investi­ gación. 7*1. Yocasta.. hijo de esclavos hasta la tercera generación. con un esclavo./... es comprensible la ilusión de Edipo y del coro.Γ. la cual. y la «inversión» se produce en sentido contrarío. de la Buena Fortuna. |U*rpí)v kcti μ ίγα ν. gracias a ti he po­ dido recuperar el aliento y el descanso»/* Pero justamente en el momento crucial del drama. /¿'x.. 442. en el que el des­ tino de Edipo pende de un hilo. 78. Edipo se proclama hijo de la Tycbc. El ni­ ño expósito puede ser un desecho del que alguien quiere librarse. I h J . 76. para quien desde ahora todo está claro. ha transformado al niño expósito y contrahecho en el sabio due­ ño de Tobas. iHJ. ojalá nunca sepas quién eres?».77 es decir. 1062 106). I y que se ha «erguido como una corro contra la muerte»/’4 En el m o­ mento mismo en el que evoca los crímenes inexpiables del desventura­ do. convirtiendo ai gran Edipo en lo más pequeño que existe. el anuncio del mensajero hace nacer una loca esperanza que el corazón com parte y que expresa gozosamente en su canto. IUSJ. Sin embargo. En su alma abatida. 1200-1201. sin embargo. él mismo lo recoció de manos de un pastor en el Citerón. Pero también esta vez el tirano de Tebas se equivoca sobre el sentido de lo que es Edipo. ul igual a un dios en un igual a nada. Éste se niega.í’ Es en ­ tonces precisamente cuando Edipo se yergue. ib ij. Í2 l9 y sig s. de «pequeño» que era le ha hecho «grande». el coro concluye: «Y. es un niño expósito. ¿Cuál es entonces la situación? Se sabe ya que Edipo es quizás el asesi­ no de Layo: la simetría de los oráculos emitidos por un lado a Edipo y p or otro a Layo y a Yocasta hace más abrum adora todavía la angustia que acongojaba el corazón de los protagonistas y de los nobles tebanos. invirtiendo su situación en el curso de los años. 75. 77.ΙΑ A N T U H 'A .. es cuando la polaridad entro el estatu­ to d e semidiós y el de chivo expiatorio se revela con mayor claridad. Cree que la reina tem e que se divulgue el bajo origen de «niño expósito» y que su matrimonio se revele como una unión desigual con un don n a­ die.

es sin duda. 344-359). es el hijo de sus obras a! mismo tiempo que de la Buena Fortuna. vencedor de la pruel·. 1169. Véase Platón. Como el héroe. el excluido se revela como elegido.. co· mo él. de las ninfas del Citerón. Las Trvy. vivirá no ya como un ciudadano ordinario. L. . Esta m adre se llama Krjtcia. porque es hijo de algún dios. I l>44. INVERSION I . Reina no por l. de I Termes o de Dioniso. Com prendidas las leyes matrimoniales reconocidas com o normas por la ciu- «Uil Kn «(Manages de tyrans». recordando que el pn-ttigio del tirano procede del pasado cn muchos aspectos y que su desmesura tiene imHleJmtn la leyenda. 568 b. se califica por el poder de sus actos. 1968.» <|nr le es Impuesta desde su nacimiento.*1Según la exacta observación de B. de la tiranía igual a la divinidad» cn tanto que es jwder absoluto de hacer todo lo que quiere. por sus hazañas. observa que «cn P cnandrn se ha repetido el tema mítico del in- • · «i<>con I j madre». al margen de la descendencia legítima. Véase M arie D elcourt. Jm Rcpul’f c j . sino por las suyas propias. L uaen Ffbvrc.·3 Esta imagen mítica del héroe expuesto y salvado.. la comparación de la tiranía con el po* der de los dioses (esos dioses que se definen a los ojos de los griegos co­ mo «los más fuertes». de permitirse todo. d o nde se desarrolla este terna am pliam ente y se señala bien su lugar en el mi­ li* ilc Edipu. das las leyendas griegas de héroes. Por tanto.*4 "9. se prolonga en el siglo V. A M H K ílX D A D Γ.'0Vuelto triunfante a la patria que le expulsó. 81. W . París-Licja. •Hi. . páfis. ] m onstruo deforme o vil esclavo. rechazado y vuelto como vencedor. )f>0 bd. reinando sobre sus súbditos a la manera de un dios en me­ dio de los hombres. Salvado de la muerte. El poder supremo que ha sa­ bido conquistar al margen de las normas ordinarias le sitúa. por encima de los demás hombres y de las leyes. de Pan o de Apolo. E J.i virtud de su sangre. «los más poderosos») es un lugar común de la li­ teratura de los siglos V y IV. investido de poderes sobrenaturales. como imagina el co­ ro. en una cierta representación del tyrannos. 10SÓ-U09. R cpxM w . si Edipo fue rechazado ul ’ nacer.ittjr. un tanto transformada. págs. O cJípe cu L· Ic^endc <íu cotiqucrjnt. 195*1. Eurípides^ y Platón” coinciden a l hablar de Iií τυ ρ α ν ν ίς ισόθεος. sino como due­ ño absoluto. para el bien y para el mal.poR ry. G crnct. el tirano accede a la realeza por una vía indirecta. París. Pero también puede ser un hvim· d> destino excepcional. separado de su csrirpe humana. Knox. 41-53 iAnthro· de h Crccc antique. Por eso el rema de la exposición figura en casi to. que quiere decir soberanía. H4.

a t.*' Los dos pharmakoi.. cuando fueron ex ­ pulsados los Alcmeónidas. que portaban collares de higos secos (negros o blancos 85. pi^s. Marte Delcoiirt. 1%8. Esterilidad. como en otras ciudades griegas. h. que se manifiesta según el esquema tradicional por agotamiento de las fuentes de !a fecundi­ dad: la tierra. 86..os. «Es costumbre de Atenas. con los cu· m uñim os de Kanuabuck. complementaria y opuesta (su aspecto de chi­ vo expiatorio) no ha sido tan nítidamente subrayada por los comenta­ ristas. 534 ÍDckkcr)..-ues. es arrojado de Tobas como se expulsa al homo piacularis a fin de «alejar la mancilla». 5. véase l Ieiiquio. G ucptn. pijj'i. las mujeres ya no dan a luz. op. su ágos> a fin de expulsar • el mal a través de él. al termino de la tragedia. declarados im puros y sacrilegos. es. 120 M I T O Y T R A C n > l A L N l.70-71. 3 eüos pasajes. de descubrir al crim inal que es la mácula de la ciudad. es lo que se produjo en Atenas.*7 Pero también existe en Atenas. Uevar en procesión dos pharmakoicon vistas a la p u ­ rificación.4 1 K ¡ΐφκ-l en el que los atenienses «purifican ta ciudad*. 1 La otra faz de Edipo. otro para las mujeres. s.i subrayado tas relaciones entre el rito de ta exposición y el del chivo expijtorio. enfermedad. pues. im partido en la École des I Ijuics Études. o¡>. refiere I le- ladio de Bizancio. ενα γείς i κ α ί αλιτήριοι.A C W . d i. Amsterdam.” Pero es Louis G ernet quien ha sabido establecer '·· de manera precisa la relación del tema trágico con el ritual ateniense del pharmakós'*' («chivo expiatorio»). Tebas sufre de un loimós. i'hc Tragic Paradox. 89. Tó άγος έλ α ύ νειν. 30-37.i .1. un rito anual que intentaba eliminar periódicamente las faltas acumuladas en el curso del año transcurrido. ν también 1121. . lino para los hombres.126-127. 89 ysijjs. mientras que una pestilencia diezma a los vivos. pij?. el 6 del mes Targelión. los rebaños. D:Nío :ccj. 1. «plaga». el rito tendría su origen en el asesinato impío cometido por los atenienses en la persona de Androgeo el cretense: para expulsar el loi- ' más desencadenado por el crimen se instituyó la costumbre de una p u ­ rificación constante mediante los pharmakoi. Focio. |· 16 de Tarnelión. » 87. ς*ρμακυί. C I A A N T I C U A . en el siglo Vil. P. sq. «peste».úii nos dice Dtó#cncs I¿tercio (2 . Como se sabe. Hemos visto que Edipo. dí:i del nacimiento de Sócr. véase el verso 1426. Sobre Edipo df. Tuctdtde*. Se trata. véaic ultor. 88. para expiar el asesinato impío de Quilón. muerte son sentidos con el mismo poder m ancillados un miasma que ha d e­ sordenado todo el curso normal de la vida. En un curso inédito.»” Según la le­ yenda. c.656 >· 921.. La ceremonia tenía lugar el prim er día de la fiesta de las Targelias. I Icrádoto.

94. por el dedo de la divinidad. v. páp. 7ctes. escribe que los ate·· rnfUM-s mantenían.‘. . justos.! 133: Suud. 729.t d o s y ilcígraciadus (literalmente: aquellos que han sido mal­ tratados por la natwaler. *152.í.icido.9. citando λ tstro. ir. D ckourt.. que son como la buena moneda de la ciudad. j. p. L is 730. Al térm ino del año.793. d t.i¡o origen y malhechores. entre los kahoürgoi. a JE n . s. κ ρα δίης νόμος. Cabjfícrat. CvvanvM StJi. re­ cién llegados. pbaúloi. l ^ s rjtu s. La imagen del pharmakós viene también con toda naturalidad a la mente de Lisias cuando quiere d e­ nunciar a los jueces la repugnante villanía de un personaje como Ando- cides. para servirles de pharmskoi. de­ gradados. w'dsc M. se les golpeaba en el sexo con cebollas albarranas.** luego se expulsaban.sil¡:»: Petronms m S cnnis. 93. op. Aristófanes.OWm. «ραρμακΰς: Zcti». 115). C abjU eroi.nra expulsar la hambruna. op d t. 90. LC-cjitdr: [‘str. 3. ChiUa¿est V. 10. seres J ^ u J . 4 i·. Harpoetación. «jvipfirt- κούς. I-ucto.i. se escogía al más vil de iodos (aworphóterou) como kútharniós y phárma· kna de la ciudad enferma. En Marsella.” ¿Cómo se elegían los pbarmakoí? Todo hace pensar que se los reclutaba entre la hez de la población. hijos de pordioseros. borrachos. Ganaba con ello un año de vida. sacrilego. ) l . impío. carne de horca a quienes sus fechorías. Mas. lil escoliasta a Aristófanes. su baja condición. afirma que sa· i tilii'jhan. pordioseros. eran ejecutados por lapidación. en sus desgracias. dt. Λ ευκώίης. 91. sus ocupaciones viles y repugnantes. r. su fealdad física.91 En Léucade se tomaba para la purificación a un condenado a muerte. prudentes. L aclando l’l. Zetes.73G. n. . ] 121 &egún el sexo al que representaban). eran paseados por toda la ciudad. higueras y otras plan- ras salvajes.3. Cfa'iijJct.. el escoliasta a Lai rji:j t . Aristófanes. «extranjeros. 750-73*1 . a los que la ciudad no hubiera escogido fácilmente al azar ni siquiera como pbiirvuikoí»*2 Zctes. a gcnics totalmente áycvvei? « a l Α χρήστους.“p. denunciante y traidor. quemado su cadáver y sus cenizas Jis* persadas.*). Focio. v.: I k*sic]UÍo. Bcr&k. se le paseaba alrededor de la ciudad con unas execraciones solemnes para que sobre él recaye­ ran todas las faltas de la comunidad. V. Escobos ¡i Aristófanes. το ΰςςχχύλ ο υς καί παρίχ τή ς ςνύσεως ε χ ιβ ο υ - λπ«>μι*ν<>υς. opone a los ciudadanos bien nacidos. la escoria de la sociedad. observa que. A M H I C Ü U M U K IN V lIR S tO X [ . 70. mantenido a ex­ pensas del erario público. quizás incluso. un pobre diablo se ofrecía por la curación de todos. t!e l>.o/i. I tipo* rt/Uti'. 2. citando los fragmentos del poeta 1liponacte. -1 y 5. en Las ranas. cuando un íoimós se abatía sobre la ciudad. buenos y hon­ rados. expulsado de ciudad en ciudad y como marcado. . 10. designaban como seres inferiores. 92.if’ü. las malas piezas de cobre..57. al menos al principio. T h e b .

Sobre SiosojiM iv. y su procesión otoñal. διποτα'μπειν y tos ritos de expulsion. el siete del mes de la primavera. en ambos casos se trata de una pjasperm íj. su procesión consagraba el final de la 95. Hcsíquio. Kn O. París. día dedicado a Apolo. .. οι δ£ οτι M i l λοιμού.irca el fin de la estación <Jcl vera­ nó. Ateneo. Sobre el circsiúnc. R n u c J t'i étuJcs ¿recyuer. 728: o i Jttv "jáp tpam v ό τι λ ιμ ο ύ . Lustacio . Caum i t·/ Cnuntcs. <¡J //. 1055. KopiiOaíia.Λ G H f . 717 d. para apartar la hambruna. 22. 18.7: úffoxposTty λιμού. 106. s. cn el mito. s. 7. tras !j querella (jue ha enfrentado a Crcon· te con Edipo. 1285. A ttache Veste. IX* igual modo. Canv. véase Eusiacio. Je. *>7. la procesión primaveral d d cim iótu· corresponde a la partida de Tcseo (Plutarco.. 19)2.Mairc. H. d u ­ rante la fiesta de las O scufam s. una galleta y una vasija llena de semillas de todas las especies. θίφγήλια. Qujcst. 5-7>.'* Las Targelias atenienses contenían un segundo elemento.. s. de una masa cocida d e todas las semillas d e los frutos de la tierra.. 1939. I lesiquio. págs. v. en Samos.t»cpsi6u. Acompañada de cantos y de una petición de regalos.. v.4SI. 62.. lil mes Pyjncpsiun m. Bulletin épigraphique.ofrcnda ritual del pyJntott (AtcniO.. y L.iJ. 1055: El.d Corifeo. ViJ. al regreso del iui«nu> héroe UbiJ. 729.Ν Ι. así cuino el mes Tkjr& tian (o el mes inmediatamente anterior.1 y 2). Se consagraban a la divinidad las primi­ cias de los frutos de la tierra en forma de t b J r ^ /o s . ίίΛΟδιοπομχτΙσΟαι. ΕίρΓσιώνη. (le la apópempus. SUtuniihuin) señala su comiendo.1 2 2 Μ Π Ο Υ TR . 1283. los κο μ π αΐα . la kopú en Tebas tienen valor de renuevo primaveral.a J ll.530. Schol. R . 22. Sebol. Piautos.¡ de tcsco. A risinpb. t·. los colga­ ban de las puertas de las casas privadas. 198-201 y 224-226. r. Qibjtlcros.tíJ i!. Detibner. vol. 114 n¡ Eustacio. de pequeños frascos de aceite y νίηοΛ* Diversos jovcndtos pascaban a través de la ciudad estos «árboles de mayo». La. págs.U A A K T JU U A .. εύ ίο μ π υ ς. >12*313 y 347 y sigS. Λ ιακύνιον: Plutarco.** El eiresiñne cn el Ática. 108. Contra Andócídes. 96. πρδς α π ο τρ ο πή ν λιμ ού. Los depositaban cn el umbral del templo de Apolo.V C ID IA Γ. Plutarco. de pasteles. Délos y Rodas.in-. Artucph. liberarla de la mácula.. 648 b) el día siete del mes de oto- ño responde λ la ofrenda del tbJrgclos. 98. A la expul­ sión del pb ú rn :a kó s asociaban otro ritual que se desarrollaba el 7 del mis­ mo mes. Aristopb.». desea que este ultimo siga siendo «el feliz guía» de la ciudad. vca. Véase L.5f/. aJO Jys.. 4: «τήν πυλιν κ*αϋαίραν >cai άπυδιοΓομηείσθαι καί ^ α ρ μ α κ ύ ν ά π οηίμ π κιν. Ví J j de Tcscv.c n 696.· SouJ j . páp. ramo de olivo o de laurel con cintas de lana. Sckni Aristophanes. Robert. Listas emplea un vocabulario religioso. IV49. Piouíos. 1055 y C¿b*:!!cros. I Condenar a Andócídes «es purificar ía ciudad. Ms¿ri}w. 9.. i .·46 Pero el dem ento central de la fiesta era la procesión del eirvaiwtü. adornado de frutos. En el calendario religioso.. PlouUn. el cúpofttfHis será el objeto d e Us pompa:j . expulsar el ¡ibarm akos». Sobre este punto la invention será también completa: el conductor ser» reconductdo. el viresiórte miutvrnÍ3 también en el mes Py. n" 45.sc Eustacio. lierlín. 22.

κ α ί τ ή ν ΐκ ε τ η ρ ία ν ( κ ά λ υ υ ν Ο ά ρ γ η λ α ν » . a los animales y a las plantas cuctcrij e by^icu: cuando. α ί cbpou.6 . se llama a veces com o el thdr%c!as.. OjHjueic. 728*729. . si la tierra y los hombres se han vuelto puros. Λ y 18. 1 ! e s i < { i i i o . la «sequedad»). aparece asociada a m enudo con la auchm h. P h u to t.c qt\. desecado jn>r el bambre. de la abundancia. V tJj Je Tetro. despidiendo aquellas que se han como marchitado durante el año.« mc '»n I . 1 2 8 3 . y el escoliasta. lie· \ad«>en procesión como un p h jrn u k ó r y como él. el eirá¡om· simboliza el retorno al buen orden de las esta* i iones. ι·. « v* ¿¿or. en ta snx de Inuós (el h»u>s. por el contrario. 2 2 . muerte que debe precisamente expiar la expulsión de pharmakór. Γυετηρία. escribe que. 729 a (Koster). están «unidas a tos ramos». V iJ j J e T r u n . 1053-1051: «1. «ila divinidad asolaba el país hiriéndolo con la esterilidad y tas enfermedades. C úbjihrui. cuando las estaciones com portan en su orden {relacio­ nes J e lo soco y lo húmedo. El h r n ó i manifiesta un <Icsarrc£lo d e las estaciones lo bastante cercano al de las conductas humanas para que lo segundo pueda entrañar también lo primero: e! rito del pkjrtwxkós realiza la expul· tiún del desorden humano.a menor chispa la batía prenderse como un rircíüinc viejo». aportan a los hom ­ bres. 22. Ο σ ρ γ ή λ ι α .CI las primicias de todo ti­ po que decoran el circsionv conmemoraban el fin de la apkoría.1'"*1 Pero el renuevo que simboliza el circsionv sólo puede producirse si todas las faltas del grupo han sido eliminadas. Hiponuctc. E n s u c io . . de la salud. Debe relacionarse el acostamiento del ramo primaveral con «1 desecamiento de ta rim a y d e los hombres. ím : i ) a d t in v » . El importante papel del circsiór. 1: después del asesinato de An· ι!ι<γι*ο. ] 1 2} vieja estación e inauguraba el joven uño nuevo bajo el signo del don. Plutarco. las enfermedades n u ­ merosas que alcanzan tam o a los animales como a las plantas. I.l?J 99. en el que lo sustituye aquel que ha hecho reverdecer el año nuevo. cuya cxpulstójt-drsea. aparece con toda claridad en el rito ateniense. te quería ver ξη ρ δς Χιμά). existe H b m («desmesura») en sus relaciones mutuas. 10 2 . latinado siete veces en sus partes- 101. Cakjlleras. Platón. es la ann/uú lo que se excluye. surgen los luitnni. a J II. la «ham bruna». 100. observa que las estaciones. talismán de fertilidad. 188 jib. En ambos casos. El escoliasta a Aristófanes. El t'ircsiúHt·. . Véase 15. Véase también A u s p jf. y ando sus ríos». « . Como recuerda Plutarco. de (o caliente y ta frío) una justa medida. las Targelias explica que Hesiquio glose Θάργηλος: íj Ικετηρία porque tanto en su forma como en su fun­ ción. ύ γίειη «prosperidad·· y «salud*.6-7. VW. a m i h c . la este­ rilidad que hería el suelo del Ática en castigo por el asesinato de Andro­ geo. el circsiütx no es nada más que un «ramo de suplicante»." Esta necesidad del grupo social de revigorizar las fuerzas de la fecundidad de las que depende su vida. al maldecir a su enemigo Búpalo. j .. v éa · μ * ta m b ié n IH u ta rc o . Véase Aristófanes. El vircsi'ónc sigue colgado de las puertas de las casas donde se marchita y se soca hasta el día de las Targelias.

como un treno. I. Dcubner.M Diebl. cuando todo flo­ rece y brota pero no se puede com er hasta la saciedad». Λ. el dios Jes respondió que debían entonar unos péanes en la primavera d urante sesenta días».101 Este pean catártico. 868 y 915 y si# v Véase L..1958. 5613 ·· 137 Ed. Uer^k . Los Siete. los que al inicio del drama de Sófocles pasean en pro­ cesión hasta las puertas del palacio real los representantes de la juven­ tud tebana. sin» tam bién en los trenos. esos ramos de suplicantes coro- nados de lana. según el escoliasta. 391: «Pciíu: el him no que se canta para hacer ce­ sar los males o para que no liquid». >7. 125 y 105. p . Es el pean mezclado con llantos del que habla la tragedia.CIA A N T JG U A . Aristóxcnes de Tarentu. fr. d t. I50-J51. en el umbral del estío. antes del ini­ cio de las cosechas. cuyo recuerdo han conservado sobre todo los pi· tagóricos. Victor. L A n tiq tsité cfasiique. melodía plañidera. navegación. 10-1. 2. agrupados por edades. Scut. L. /{'¿jrxcttón. Pero sabemos por un escoliasta de la UtaJa que existe otro tipo de pean. IWcbcrcbci tu r í j ehn-stttmaihic de Ptaelut. 1. IOJ. Scveryns. véase Alemán. pági. El pean es normalmente un canto aleare de victoria y de ac­ ción de gracias. v . op. Este canto puriO- cador es practicado en un momento muy preciso del calendario religio­ so. y los depositan ante el altar de Apolo para conjurar el tornos que abrum a a la ciudad.itie. Ir. sino un corte del tiem po que señal λ a la vez el renuevo d e los productos del suelo y el asolam iento de Lis reservas humanas en esc momento critico d d engarce de un «ñu aerícola con el otro. . la primavera. ad Ilú J . V ilt dt>Ρι· t J í . 110. guerra. que consultaron c) oráculo para conocer el m edio de cu rar la locura de sus mujeres. es ese cambio del año que representa la estación de la primavera cuando.* * Situadas en mayo.íp . 7. Sobre el valor de la primavera. La música primitiva no se ejecutaba solamente en los banquetes y en Id danza. 117. «N ote su r un fragm ent d e Stcsicliure». 1938. Edipo K rj’t 5 >■ 186.12 4 M i r o Y T iU O Q D IA KN I A (lltC. Yámblieo. no una estación com o Jas domas. el que se canta para «hacer cesar los males o para que no lleguen». O tra indicación permite definir con mayor precisión el escenario ritual que evoca la prim era escena de la tragedia. Wehrli: «Λ los habitantes de Locres y Hc^to. 645: Cocforas. Véase tam bién Esquilo. Ocl. 2}-29. 10. En dos ocasiones" ’ se re» cuerda que la ciudad resuena con los «péanes mezclados con llantos y gemidos».: listcsícoro. Tam bién era estim ada en la época de los pitagóricos. D eljttc. se abre el período de las empresas hu­ manas: cosechas. niños y jóvenes.i terrera. invierno. t. Se opone al treno» canto de duelo. otoño l. t Son precisamente esos biketeriai. las Targeltas pertenecen a ese complejo de fiestas primaverales. aparece también. y una cuarta. fase. fr. q u e la llamaban purificación (κώΟ αρσις).: «<Ze«sl lia hecho tres las esta­ ciones: verano. o r .

I0 :> y s ip . I Ino y otro se presentan como individuos responsables de la salud co­ lativa del grupo. Tr. O. dice contra su voluntad la verdad: por ser él mismo. 110.1.AipaR<-y\ 1*126. de la que depende la fecundidad déla tierra. que 1c confieren su aspecto de e te r n a reuniendo en él. es la persona del rey. En H om ero y Hesíodo. I h J .. estos dos personajes parecen simétricos y en ciertos aspectos intercambiables. al que Creonte da inmediatamente su verdadero nombre llamándole Miasma™ es precisamente el suyo propio. el á*os de la ciudad. de las mujeres./. El autor trá­ gico presta a esta inversión en la naturaleza de Edipo un alcance gene­ ral: el héroe es el modelo de la condición humana.of. //vi. Estaba inserí.!. ios.\t. Porque vuestro dolor sólo alcanza a cada uno de vosotros en cuanto es únicamente el mismo. El poeta le ha prestado únicamente una significación nueva haciendo de ella el símbolo del hom bre y de su ambigüedad fundamental. l « \ T K S t Ú N ( „ . en su justicia soberana. Pero. 225 y s¡j*s. xüuse p jy . UW. Λ.>-<./ u en la práctica religiosa y en el pensamienio social de los griegos. pero mi persona í/>*>r/v) gime a la vez por la ciudad. ese mal. sin quererlo.1* Desde sus primeras palabras se define a sí mismo. Pero Sófocles no ha tenido que inventar esa polaridad entre el rey y el chivo expiatorio. V.Μ)ϊl<· ί ΐ I ' f>Λ 1> Γ. de fonna explícita. las dos facetas de Edipo.2 ' Edipo se equivoca.· ties escoge la pareja tyrúnno&pkarmakós para ilustrar lo que hemos de­ nominado el tema de la inversión. como en una fór­ mula de doble sentido. //·. como el ágos. la mácula que hay que expulsar. Si Sófo. R iy divino-pharmahüs: tales son. por mí y por Y algo más adelan­ te: «Sufro la desgracia de todos estos hombres más que si fuera la mía pro­ pia».μ. y7. «que todos vosotros sufrís y padeciendo así no hay ninguno que sufra tanto como yo../. iodo prospera en su ciudad. irreprocha­ ble. J listos detalles debían sugerir a los espectadores de la tragedia tanto más fácilmente la cercanía con el ritual ateniense cuanto que Edipo era presen· Jado.:. « toda la ciudad la que H>6. 107. pues. al equivocarse. dice a los suplicantes. en su oposición. Si se muestra. 59-6-1. y nadie más. que la tragedia sitúa en el seno mismo del personaje edípico. n.n si se extravía. vastago »le Zeus.. dos figuras inversas una de la otra. I lo n iero . 120 de este volumen.. en cuanto miasma. es porque. de los rebaños. - . <. ar>rytwm. en términos que evocan al personaje que actúa de chivo expiatorio: «Sé bten». Edipo lleva efectivamente el peso ikr toda la desgracia que abnmia a sus conciudadanos.: I lo íix lo . 85.

como al círcsióac. Atamante y E n o d o exigen así. las prohibí· ciones sexuales se levantan.igi. falta. l paga por la falla de uno solo. Soikta. es que su poder de soberano se halla en cierto modo trastocado. El Cronida hace caer sobre todos la des­ gracia. pero al revés. Farncll.Comment. Sobre el doble aspecto d d pharniakói. el más feo. 112. 1Itftiodo. las mujeres cambian sus vestidos con los hombres.. T rjbjfot. s. el sacrificio de su h i­ jo. 10. el más criminal. O xford. 7 (Hcrp. v. Star. su virtud. Licurgo. galleta consagrada de mázam («harina amasada»). T h v b . cuando se abate so· '* bre un pueblo la cólera divina. la tierra permanece estéril. El rey descarga sobre un individuo. su justicia se ha hecho crimen. si en el curso de la procesión se le adorna. su ejecución ritual o. p. 5.ícido. aJ. queso. de soberano a la in­ versa.“2 El horrible personaje que debe encarnar la mácula es mantenido a costa del Estado. fr. Su mácula es una calificación religiosa que puede ser 111. 57: Lactancia Pl. los rebaños v no se reproducen ya. Las leyendas de ·. con collares de higos y de ramos y se le golpea en las partes se­ x u a le s con cebollas albarranas. todo lo que su personaje puede com portar de negativo. φ α ρ μ α κ υύς: Iliponactc. L. semejante a esos soberanos de carnaval a los que se corona durante el tiempo de una fiesta. el robo se vuelve lícito. Cults o f tkc Greek States.k).s. en su defecto. dueño de la fecundidad.2B0-281. es porque posee la virtud bienhechora de la fertilidad. 238 y j>ij.79$: «t I pu b ü n t uitnftibsn tífci'Jtur p:t· río rd w o l'is . Tal es el pbarmakós: doble del rey. En la Atenas clásica el rito de las Targelias deja translucir incluso. Scrvius. ciertos rasgos que evocan la figura de) soberano. Si es el dueño de la fecundidad y ésta se agota. Pero terminada la fiesta. Pero también ocurre que la comunidad delega en un miembro de ella el cuidado de asumir ese papel de rey indigno. el más ri­ dículo. para expulsar el loimóSy la lapi­ dación del rey. el antirrey es expulsa­ do o ejecutado» arrastrando consigo todo el desorden que encarna y de que al mismo tiempo purga a la comunidad. 113.1" Por eso la solución normal. es la de sacrificar al rey. entonces d trono debe ser ocupado por el más vil.4. cn el personaje de) pbarmakós. 126 M IT O Y T K A C E D IA CN LA G K I T t A Λ Ν Τ Η ίΙίΑ . los esclavos asumen el papel de los amos. véase R. alimentado con platos especialmente puros: frutas. que es como su imagen inver­ tida. limos y loiwós. cuando el orden está patas arriba y las jerarquías sociales invertidas. ham bruna y peste juntas: los hombres mueren. 1907. el mejor (áristos) se ha convertido en el peor (kakislos). At·». las mujeres cesan de dar a luz.

115. véase Itlifxot. sino como la flor de la juventud ate­ niense. L O u rjc h m c áíbátien.11* Es pronunciado por la asamblea al margen de los tribunales sin que haya mediado denuncia pública ni siquiera acusación formulada contra nadie. . y se* llún unas reglas contrarias a los procedimientos ordinarios de la vida fwlíiica y del derecho. Carcopino. dueño de la fecundidad. Estos dos jóvenes aparecen no como desechos de la sociedad.'O strjasw o. Ateneo. Diógenes LuTcto. > r· όοχρακιαμός. Λ Ια versión de Hela­ dio de Bizancio que hemos citado se opone la de Diógenes Laercio y la de Ateneo:111en la época en que Epiménides purificaba a Atenas del loi- rt/ós causado por el asesinato de Quilón. como es sabido. un purificador. para el p er­ sonaje del rey. l.V » L [ S V r R S I Ú N [ . Según Zctcs. Como en Edipo. J.i i<i« de |j relación entre 1a mMiwción del ostracismo y d i. a apartar al ciudadano que. Una primera sesión preparatoria decidía a mano alzada si l W. C nldírini.110. 1. Por lo demás. Fu m ·. Fundo* naba todos los años. un hermoso adolescente. como hemos visto ya. I ·*|ί IXltem os a 1. no hay ya sitio. uno de los cuales se llamaba Cratino. ] 127 utilizada en sentido benéfico. Gircoj»:m>. Cuando se instituye el ostracis­ mo ateniense.i. París. El ostracismo tiende. algunos de los valores religiosos propios del antiguo M>bcrano. La simetría del pbarwúkós y del rey legendario —asumiendo el pri· mero por debajo un papel análogo al que desempeña el segundo por arriba— ilustra quizá una institución como el ostracismo. su á¿os («mancilla») l u ­ ce de él un katharmós. tcxRK cóm odamente reunidos en h obra d e Λ. corra el riesgo de acceder a b tiranía. la ambigüedad del personaje queda marcada hasta en los relatos etiológi- eos que pretenden explicar ln fundación del rito. 116.m En el marco de la ciudad griega. . cuyo carác­ ter» en muchos aspectos extraño.m M /r . ομορφότερος: según Ateneo. s v ¿ξο β τρ α νιυμ ό ς. 1935. Se encontrarán los princi· l ■*{<··. Cosmo. A M M tíO L D . Cratino era por el contrario μείρ ά κ ιο ν εύμορφον. a finales del siglo vt.G cnct ]. la explicación no puede dar cuenta de ciertos rasgos arcaicos de la institución. un kathársios. habrían donado voluntariamente su persona para purificar la tierra que les había alimentado. μιΟίστααϋοΐί ΐ ή ς π ό ίχ ο κ . ha su brayado/. en principio. El ostracismo es una condena que apunta a «apar­ tar de la ciudad» a un ciudadano mediante un exilio temporal de diez mu*. sin duda entre la sexta y (a octava pritanía. . 602 ed. Pero bajo esta forma completamente positiva. es la figura del tirano la que hereda. dos jóvenes. se escogía para pbartuakós a un ser particularmente feo. habiéndose elevado demasiado alto. transponiéndolos.

ίΊΑ A N T IC U A . 119. ocasión de manifestarse bajo la forma más espontánea y unánime (se necesitaban por lo menos 6. de orden religioso.iyo resplan­ deciente. 9-10 (Kdrr. El navio A r g o se negó a llevarle como a los demás pasajeros debido a su ex­ cesivo peso».i c a b c /j de Ij ciudad. en virtud y en capacidad política. άνδρών δ ’έκ μεγάλω ν π όλις ολλυται». Si los voluntes se declaraban favorables al ostracismo. hacía aquel que pone en peligro a todo el grupo. Y Aristóteles concluye que en este punto ocurre como en ias artes y las ciencias: «Un maestro de coro no admitiría entre sus can­ tores a aquel. Λ 17. si no su superioridad misma que le elevaba por encima del común y su excesiva suerte que amenazaba con atraer sobre la ciudad la venganza divina? Iíl temor de la tiranía se confunde con una aprensión más pro­ funda. «Tal ser. Se cele­ braba tal sesión en el Agora y no. véam e los versos >80 y sips. será naturalmente como un dios en­ tre los hombres. que los griegos llaman p b th ó t¡ o ili' (a la vez envidia y desconfianza religiosa respecto al que sube demasiado alto.» «Por eso».ir el sentimiento popular. tampoco se proponía ningún nombre. . no había ni acusación ni defensa. fttlilic j. en la Pnyx.1 de l.Α Ο Κ Γ. Para proceder al voto propiamente dicho. I se utilizaba. j>ara c! año en curso cl procedimiento del ostracismo.o de cerámica el nombre por el elegido.onds).000 votantes) al margen de to· do derecho o justificación racional. ¿Que se reprochaba al ostracisado. o no.i cmd. Al hacerlo. Como escribe Solón: «Una ciudad perece por sus hombres de­ masiado grandes.td>>: Solón.cuya voz superara en fuerza y belleza al resto del coro». la asamblea se reu­ nía de nuevo en sesión extraordinaria algún tiempo más (arde. o triunla demasiado)."* Los párrafos que Aristóteles dedica al ostracismo son característicos a este r e s p e c to . dice.128 Μ Π 'Ο V Ί Ί ίΛ Ο ί η ΐΛ Γ Ν 1.S i u n ser. 0 1 » έ rvese en F. Io d o estaba organizado para d. D e los hombres demasiado grandes viene la pérdid. como de ordinario.1284 .inizo. no se producía ningún debate. 3. han seguido el ejemplo del mito: los Argonautas abandonaron a Heracles por un motivo análogo. «D e Lis nubes se abaten la nieve yol nf. cada participante inscribía sobre un tro?. Esta vez tampoco había debate.t3 bI3. Iil voto se producía sin que se apelara a ninguna disposición razonable fuera política o jurídica. «los estados democráti­ cos han instituido el ostracismo. n o podría ponérsele en pie de igualdad con los de­ más ciudadanos. 118. Ll trueno sale del r. supera el nivel común.dipo Rey la presencia del ivma d d phtbanor respecto a aquel que c s ü a ). fr. añade Aristóteles. en efccto. N o se pronunciaba ningún nombre.

·*ai»!ó^.: . Y el filósofo vuelve sobre la mivma idea algo más adelante cuando anota que el que no puede vivir en »nmnnidad «no forma parte para nada de la ciudad y es. 1. Cuando tunda el ostracismo.1255 a 2-2‘λ Para definir al ser degradado. por un lado.»> K'íiefo.ϋ ι:ι> Λ ΐ) ι: i n v i r s i O n [. heroica y divina cn suma |. un \cr por encima de la humanidad.ouis G cm et observaba que..» polaridad y Ij sim etría del phjnfuikás y del ostracisado. 7. por consiguien- u·.1145 a 15 y sips. Los Λ w. J. <em padres llegaron a un acuerdo y consiguieron que el ostracismo recayera sobre ·.I n i u.nl. es como «una ficha aislada cn el juego de las da­ mas» (ütc Ttfp α ζν ξ ών ώσπερ έν πεττοΐς). más poderoso que el hombre. como observaba Louis C ornet.121 Éste es precisa­ 120. d os· in· ΐΊίίΟ n o se volvió u aplicar. pues. ¡nu | . que se encuentra por naturaleza ¿polis es o bien phaft- /«».. que utiliza el escoliasta para caracterizar til pbjrtnskús.i oposición bestia brma-licroc o dios.tcos. lin fa del pham akós expulsa lo que es más vil y encarna el mal que la ame­ naza por a b a j o . a lo divino y a lo heroico. derjagojio d e baja estofa. los atenienses rechazaron i iU-Mrmpfe esa institución.. En una conferencia pronunciada cn febrero d e 1958 en el Centro de Estudios . ςχχΰλος. Adopta la medida propia «Je lo humano cn oposición. jxneraJratm e odiado y Jes- p»«.( bestialidad no es menos rara entre les hombres».tialiJ. el ■k I p ljrw a k o i y el del ostracisado. un Lidió». I-1. no podría baccrsc otra cosa mejor que ha· 14-h ik'M ttod sobrehumana.. El hombre. Lo que la ciudad realiza así espontáneamente en el juego de sus insti- l«dones. continúa Aristóteles. ibiades. · ’ !'· I. véase Eíícj a N kw zjco . E n el 417 había dos personajes de prim er p!atx>. i-'tK-s. . V o h i t c j .min al estado opuesto a la bos. un subhombre o bien κρείχτων ή άνθρωπος. es por naturaleza un animal po­ lítico: aquel.1. Λ λ ΐΒ κ . Si es raro encontrar un hombre Λ. Aristóteles ■*■ι ·ί ·-ΐ vi Mismo térmmo. ostracisado pero. un ser degradado. . que según todas las probabilidades iban a ser designados por el voto. una especie de cortocircuito.] 1 2 9 ^Cómo podría adm itir la ciudad cn su seno a aquel que. como lidi* po. y por olio. Tul fue el caso durante la última puesta en prJcii· . Nietas y Al. H ipcrbo’o. pues.i vuel­ to isótbeos? («igual a un dios»).<> de las ¡nstitu- .|. Tal hom- biL··. en el jucj.t! i t t f r x k n t t t h r c . Aristóteles lo expresa de forma plenamente refleja y consciente <(i su teoría política. En la persona del ostracisado la ciudad expulsa lo que cn ella es demasiado elevado y encarna el mal que puede venirle de lo alto. se ha producido a veces. la ciudad crea una institución cuyo papel os simétrico e inverso del ritual de las Tragedias. aún inédita. 1 . «ha lanzado su flecha más lejos que cualquier otro» y que se h. aterrados pn resta perdida do dirección que subraya a Ij • ■I. una bestia bruta o bien un dios (ή θηρίον ή θεός)». a lo bestial y monstruoso.t misma en relación al más acá y al más allá. * ■!<·! ostracismo co Arenas. P o r este doble y complementario rechazo se delimita i'H. entre los tíos polos opuestos. escribe. i lipétboío fue. u«Jo..

delimitadas por L:¿>linea». Se ll.. que delimita I-.uk“>(fóh'is) ¡<l. 122.ís que se enfrentaban ursas a oirav>. y al mismo tiempo. igual a un dios. bestia bruta arrojada a la soledad salvaje de las montañas. en el juer. listos dos crímenes constituyen. piezas normales que tiúhxan los dures {véase J. semejante e igual. liii l:i fórmula de Aristóteles que hemos citado conforme . ha mezclado las posiciones y las piezas: a partir de ese m om ento está hiera de juego. c o lo ca d a como en las damas {patentáisr). solamente una oposición entre diylts. c j a a n t i g u a . Sefjún PtMux ( 9 . TutlL'rd.15 posiciones y los movimientos resp etivos de las ficluis.tl.:s delimitadas p or lincas que no cruzan entre si. Í. París.te juej:o en el qsie se desplanan muchas fichas es un ta­ blero provino d e casillas.i ta traducción usual «coico una piezj aislad λ en cl jucfto d e d.1" Al volverse culpable. Snctonv: Des te rin a injurieux Des jcn x «r<vr.i::ia al tablero £. por relación a las demás.9-HJ. que queda asi definido: por encima y por debajo de lo humano. un ataque a las reglas fundamentales del juego de damas.·. héroe más poderoso que el hombre. Trélieux. en su doble y contradictorio aspecto. En efecto. «Ια ptUii es también un tipo de ¡uej-o de dados en e] que los adversarios se com ea las fiehjs. en elec­ to. seguido de in­ cesto. en el que cada pieza se sitúa. se instala en el lugar qtie había ocupado su padre. de reprecomar el orden de la pólss. pj¿. Pero la observación de Aristóteles va aún más lejos. 1958.-í/ñ. ]\ίβ.l.'«· tic ph.\ c jk i . Al com eter el parricidio. .i$ casi­ llas delimitados de este ruodu. y fu fto t u pcunS. N o sin ingenio se ll. 1957. j mente el estatuto de Edipo. en cjsíII.$. Iidipo lia revuel­ to el tablero. se identifica a la vez con Layo (como m arido de Yocasta) y con sus propios hijos (de los que es a! mismo tiem po padre y herm ano). /<<v . es susceptible.im. Antes incluso de conocer nada sobre su verdadero origen. «Sur le sens Jl*s adjectif& ρίζ\κ^ y rcpí^uyo^». ««.dica. es porque.· tolo*:e. confunde en Yocasta a la madre y a la esposa. m h o v τ κ λ ο ι : μ λ j : s: j . el dam ero. en un lugar definido so­ bre el casillero de la ciudad. 89). para definir al individuo ¡ipfsít·.:nvj$>». se reitere a las damas. y perros (kynci).. com o su propio nom bre ir. en la csie^oria tie Ins jueces que los j'ricj'os dcsiftoa· han eun el verbo pesxeúan* babij uik» al <pic denominaban páíts. con sus com ­ puestos.ib:i cii:.1. Nos permite com prender el papel que desempeñan el parricidio y el incesto en la inversión que hace coincidir en la persona de Edipo» al ser a la vez igual a un dios e igual a nada. Scpíin Suctcm o (RCpi π αιβιώ ν. pero que e) intérprete debe tener plenamente en cuenca. Y lo hace mediante un juego verbal que está centrado en las palabras hof/:ós e isas. 16). Sófocles subraya esta equivalencia. esta identificación de lo que debe quedar distinto y separado con una insistencia que ha s o r­ prendido a veces a ios m odernos. ficha desparejada. mezclando así las tres generaciones de la estirpe. a las fichas kfftss». Véase . oo se el.o ^rie^o. a las ficJi. Si Aristóteles. 15*1·! 55.

ir-. De h e­ lio./. c o m o T irc sw s y C re ó m e ..·.ís b en o r q n c b vir- .mo ha sido sembrado. I-ÍV V éase 1256· 1257: U Ü 5.1-5 Pero es Tiresias quien confiere a este vocabu- I ii ii» de igualdad todo su peso trágico cuando se dirige a Edipo en es. M 9 S -H 9 9 .k m . oiro •nido: nacido de la misma semilla. en el lenguaje ordinario. allí donde él mis- i>mi hie inseminado y de esos mismos surcos. de la madre y · •f· l.e s q u e C r e o n te « n o h ag a q u e •1 ί acias i.mii.'-' En su boca esta p. pero en el verso 460 Tiresias toma de nuevo el rmino para otorgarle so verdadero valor: anuncia a Edipo que éste ■-miliará ser al mismo tiempo el asesino de su padre y su bomósporos. de esos surcos «iguales». 260.d e vicio en un anim al. I· i >'luenido sus hijos.K S to u Í.a t e n su Uiij'í». lid ip o r e s p o n d e ta m b ié n « n o ig u alm en te» (81U). ώ ν Λ ρ I..· v.IJ? Porque el tirano isótbeos no acepta. . Edipo. ho y poseedor cíe una esposa bowósporoti. que forman una sola familia. pariente de igual linaje.ina. ) . Yocasln es una esposa. no esposa sino ma- di . 6>Ü.’i’v V éase 425. v é an se los v e rse s 6 1 .i:' Entre los dioses. S o b re esta « ntM tiuaU ljtf» d e ticlspo e n re la ció n c o n lo* d e m o s re b a ñ o s. sin medida com ún. se encuentra finalmente «v**. como tampoco lo i· 1. la asimilación.ila- lu.’** Howóspuros tiene.j i··. re iv in d ic a n í r a u e a él cl d e re c h o a u n a iftiwl K i.. hacen de él un ··. sin saberlo. es de igual linaje ramo de Layo como de Yo* • . 1* la bestia feroz. •i coscmbiadoi·.i. en Yocasta. es decir.·Κ )Ϊ·Ί0 9 . VJ:¡íORiy. sin igualdad con los demás l"*mbrex y que. 1209-1212..iiió n .μ β κ »1'π >λ π i: ix v r. io ia lm e m e d e c r o ta d o .il a nada. la p ciíccciú n de aquélla « e n e m. 579 y 5 8 1. λ .i esposa hacen a Edipo igual a sí mismo.. Y e l d e se o final 1 t.t quiere decir que él insemma a la misma mujer que Layo ha inse- •m udo antes que él.>tia!cn a la s su y as» ( í 507). bijus qu.1*'· La identificación de Edipo con su 1*1 ■¡¡no padre y con sus hijos. cuyo surco ha producido en una doble cosecha al padre y a los hi* i· Kdipo ha inseminado a aquella que le engendró. La equivalencia entre E dípo y sus hijos se expresa en una serie •l<· imágenes brutales: el padre ha inseminado a los hijos allí donde él Mii-. términos: vendrán los males que «te harán igual a ti mismo ha- • ■•’mime igual a rus hijos». I Λ·ϊ <·N o p o d ría hablarse de virtu d a p ro p o sito d e la divinidad com o tam p o co po- 1 i h tillar::.· e x p re s a E d ip o . 5-14. un ser ¿polis. « κ ά κ τ ώ ν ισ ω ν έ κ τ ι^ σ α Ο ’ ν μ ΰ ς . el incesto no 12\. Al g o lp e q u e L iy o le . algu· > I In·» c u a le s. creyéndose igual a un dios. las reglas del juego que fundam entan la ciudad l. //· .1 M l I dipo se define en su relación con Lüyo como com partidor cid mismo ! .17.

ni hijo. la s p a l a b r a s d e l c o r o .n Dión Crisostomo refiere la irónica observa­ ción de Diogenes repecto a Edipo: «Edipo se lamenta de ser a la vez el padre y el hermano de sus hijos.Knox.T i r a n o : p e r o lo s c r í t i c a s q u e d i t i ^ e a ! a bybrh d e l t i r a n o a p a r e c e n c o m p le t¡:m e n - i c f u e r a d ·-· l u ^ a r c n e l c a s o d e E d i p o . MciJtvorfosii. Dión Crtsóstomn.. L o s s e n ­ tim ie n to s d e v e n e ra c ió n c u a s i re lig io s a r e s p e c to λ a q u e l s e r s u p r a b u m a n o s e tr a n s f o r ­ m a n e n h o r r o r c n e l m o m e n to m is in o e n el q u e lid ip n s e re v e la c o m o e l q u e h a p o d id o a n t e r io r m e n te c o m e te r u n c r im e n y q u e e h o r a p a r e c e n o p r e s ta r fe a io s o r á c u l o s d iv i­ n o s . como lo ha­ cen los animales salvajes!».? P orque en ellos no hay ni hermano. véase B.ίμ. « está prohibido: C rono y Zeus lian atacado y destronado a su padre. 324-331. ni padre. 132. 1J O . ni es­ posa. i m . i a c t i t u d n e g a t i v a f e s p e c t o a E d i p o . 3S6-387. 7 . Rt'ptíMffii* 569 b. ni ningún pajaro». Véase también 10. unirse con quien 1c plazca: «D ue­ ño de hacer iodo como un dios enire los hom bres». ?. 29. por en­ cima de las leyes por exceso de poder: están por debajo de ellas. N o están. por falta de lógpst «razón».i clase distinta que el vicio». mientras que «el discurso sirve para expresar lo útil y lo perjudicial. ρ. Com o ellos. Como las piezas aisladas en e! juego de las damas. t . viven sin re­ n a l y la maldad del animal es de uo. y de otras nociones murales... q u e s e r t a e l ú l t i m o .1253 a 10-IK. d . Los animales no tienen más que vox. como los dioses. a Nte. 129. «. E n e s te c a s o . Eí. '. El palabra y razón. o¡>.. pe­ ro de eso los gallos no se indignan. es lo que hace del hombre el único animal «políii- eo». y es ü com untdjd de esos sentimientos lo que engendra Ij familia y la ciudad»». y cn consecuencia también lo justo y In in juito: porque el carác­ ter propio del hom brr cn relación a los demás animales es ser el único cn tener el senti­ m iento de (o justo y de (o injusto. c n a p r o v e c h a r s e d e s u s itu a c ió n p a r a « lo g r a r b e n e fic io s in ju s to s » (# 89) . ID c h e c h o . p o r e j e m p l o . e l s e c u n d o UÁxinon U563. lis te e s e l c o n te x to c n e l q u e d e b e m o s c o m p r e n d e r . VoUticj. c n n u e s tra n p jm o n .2>le compara con un hom bre que por la virtud de un anillo mágico fuera libre de infringir im punem ente las reglas más sagradas: matar a quien quiera. . ni marido. Aristóteles.9U ) .t J p e r s o n a d e E d t p o .1145 u 25.132 m it o y ruAorniA i : n j. s i n o asu s itu a c ió n « a p a rto » e n h c t u d . a citrxiA a n ’t k . cil. 13!. 10.·! c o r o a d o p t a t i n . l h . véase también Ovidio. e l ñótht'tn ( « i p i a l a u n d io s » ) n o a p a re c e y j c o m o e l g u ía e n el c u a l p u e d e u n o c o n f i a r . u n a m n q u e p u e d e a t r e v e r s e a tu d o . E s e l ú n i c o m o m e n t o c n e l q u e <. s i n o c o m o u n a c r i a t u r a s i n f r e n o n i le y . d e l q u e se h a p ro p u e s to in te rp re ta c io n e s m u y d i v e r s a s . ni los perros. 360 c . 206. p e rm itirs e to d o . el tirano puede creer que iodo le esrá permitido: Platón le llama «parricida».1 c o n c i e r n e o n a . Aristóteles. 1 .” 0 Los animales salvajes tam poco tienen que respetar Jas prohibiciones en las que se apoya la sociedad tie los hombres. el marido y el hijo de su esposa.M cncfrón debía unirse euu su madre.'I.

a m m í .. 56). Kr:iÍ(t^í. ni la igualdad. un hom* Ι·ΐί* en forma de enigma. cuya solución pensaba li.jt d e E u ríp id e s: ί Λ λ ά σ ο π δ ΐ' (¿ υ η ν μ ύ ν ο ν . Edipo.1» por la Tierra.ΐίΊ:ι nn radica en b diferencia que le sep.tos pies.i!k I¿ciü.. la ar.i.·Γ. Última inversión trágica: es su victoria sobre la Esfinge lo que hace de Edipo no la respuesta que ha sabido adivinar..><u el incesto y el parricidio. preguntaba la talin- ge.sm de 1. e s u n i n c e s t o . de i:i que. Edipo se esfuerza por integrarse en )a e. pero un enigma esia vez sin respuesta. .» reñí d e Layo pone de relieve el sentim iento de inadecuación tie Edipo.ís. por el aire..s- ·■· >n introducirse en el honorable linaje de les reyes tebanos» [op.omia («falta de ley»}. Ai principio <!e l. s e d e fin e • m i i sia d o d e « c o n fu sió n » d o n d e to d o está e n re d a d o y m ez cla d o al azar. el descifrador de rnigmas. l · ·Ι'indam ente arraigado. el enigma del hombre comporta. 25S-26S): como escribe Ii. I ' I 1. s i n o un ser confuso y caótico.v ? . Edipo se revela. al término ele la tragedia. que «cambia su naturaleza» n i lugar de conservarla plenamente d istin ta . para hacerle aparecer a él mismo como un monstruo.i her encontrado en su orgullo de «sabio». pero una soht· »ión que se vuelve contra el vencedor del monstruo.. Knux: «El apisonante ν senúenvidioso recital de 11 . cit. el hom bre do «. Y al identificarse a la 1 vez con sus hijos jóvenes y con su anciano padre. de todos aquellos que \ . rechazado de lo lumuiu» . E u rip id e s. k s j ó n [. 2 0 1. se nos dice. J W V éase el a rg u m e n to d e i u i i F < v .··. ¡'t\U'. J. el ser de voz única que tiene dos. tres y cuatro pies? La pregunta presentaba confundidas y mezcladas las tres edades que e! hombre re­ corre sucesivamente y que no puede conocer más que una iras otra: ñi­ ño cuando camina a cuatro patas.stirpc de I I . Pero • . sino en sie i · *i >m jid aaell. i H . borra las fronteras que deben mantener al padre ñgurosamen* le separado de los hijos y del abuelo.| glas.. 1'7-1-11.!.» estirpe legitima. se siente demasiado . en cuestione» d e nacimiento (. ayudándose con su bastón. páp. por las aguas. excluido de la ciudad.i i V r a a u n e n e s c c a s o s u d c s u r a c i a n o s e d e b e ¡i u n a d i s t a n c i a d e m a s i a d o p r a o - 1 · iv * j u a j p r o x i m i d a d d e m a s i a d o e s t r e c h a . id·.111 en la u m lir n-u ¡I. ü i : i >a d p.1’4 Fuera de juego.. no un hombre como los demás.F o rm u la d a por la Usfin- vy. d é l o s e ó n y t i j 'c s . SttphcjHívi. a l a ¡ u s e n c i a t o t a l d e d i f e r e n c i a e n t r e l a s ‘.ido (véanse los ver- . sino la pre­ gunta misma que le ha sido planteada. adulto cuando se sostiene firme sobre sus dos piernas.¿ la> «150.a b e s tia lid a d n o im p lica s u b m e rg e a u se n c ia d e ló£os y d e /:th:or. para que cada generación humana ncupe en la sucesión del tiempo y en el orden de la ciudad el lugar que lf corresponde. Edipo intenta en su di. Edipo se inquieta también por su bajo origen que le harta indigno de V < ! . i> tico a! ser monstruoso que evocaba el enigma. pues. viejo. ¿Cuál es. una solución. S u n u i r u n u n i o e s p e o r q u e u n a u n i ó n d e s i g u a l . véase Es· i ‘ ·. i n v f .t tragedia.?)ej. como extranjera. el único. .. sin conocer ni la diferencia.

la estructura polar de lo sobrehumano y de lo subhumano apunta a distinguir mejor en sus rasgos específicos el campo de la vida humana definida por el conjunto de ios h ó m o í («le­ yes») que la caracterizan. Por el contrario. de noción. Y como este personaje es el modelo del hombre. la contesta y la cuestiona. Este modelo no aparece en par­ te alguna en forma de imagen. que le­ jos de presentar un reflejo de ella. en las instituciones y en la teoría política de los antiguos. enigmático. como hemos intentado. el que tenía para los griegos del siglo V.A C R C C I A A N T I G U A . Pero esta forma tiene en la tragedia un contenido. I De* nuestro análisis de Edipo Rey podemos extraer algunas conclu­ siones. ¿De dón- . sino comprender los contrasentidos que ha favore- { cido o. fijar sin equívoco su • estatuto. existe un modelo que la tragedia pone en prác­ tica en todos los planos en los que se desarrolla: en la lengua. Segundo punto: si la oposición complementaria con la que juega Sófocles entre el tyrannos y el pharmakós se halla presente. quiere llevar hasta el final la in- . Su verdadera grandeza consiste en eso mismo que expresa su ¡ naturaleza de enigma: la interrogación. su sentido auténtico. Finalmente. ¿ha­ ce algo más la tragedia que reflejar una estructura ya vigente en la so­ ciedad y en el pensamiento común? Creemos. El más acá y el más allá sólo se corresponden como dos lineas que esbozan nítidam ente las fronteras en cuyo in te­ rior se encuentra el hombre incluido. 134 M I T O V T R A G E D I A K K I. mediante procesos estilísticos múltiples. Lo más difícil no es restituir a la trage- i dia. más bien. paradigma del hom bre doble. o como complejo de senti­ m ientos. Es un puro esquema operatorio de inversión. cómo se ha prestado a tanto contrasentido. sin consistencia ni dominio que le sea propio. por el contrario. sin punto de engarce fijo. se borra cualquier límite que permitiría circunscribir la vida humana. el hom bre se descubre a sí mismo como . Uti­ lizando ei rostro de Edipo. en Sófocles. una regla de lógica ambigua. oscilando entre igual a un dios c igual j a nada. la regla se encarna en él trueque total que transforma al rey divino en chivo expiatorio. Porque en la práctica y en la teoría sociales. Cuando. en la estructura del relato dramático en el que reconocimiento y peripecia coinciden. del hombre transmutado. vestigación sobre lo que es. en la persona misma del héroe. como nos ha parecido. en el tema del destino de Edipo. so- ' brehumano y subhumano se reúnen y confunden en el mismo persona­ je. En primer lugar. a la manera de Edipo. último punto. sin esencia definida.

se com prende que el relato dramático siga abierto a interpretaciones diversas y que Edipo Rey haya podido car­ garse de un sentido nuevo a medida que.DAD B INV11HS1ÓN I . el problem a de la ambigüedad en el hombre se ha desplazado y el enigma de la existencia humana ha cambiado de terre­ no y se ha formulado en térm inos distintos a los de los trágicos griegos.-3 135 de procede esa relativa maleabilidad de la obra de arte. a través de la historia del pen­ samiento occidental. . que al mismo tiempo constituye su juventud y su perennidad? Si el resorte verdadero de la tragedia es en úitímo térm ino esta forma de inversión que actúa como un esquema lógico. . A.MBKiOr.

Capítulo 6

Caza y sacrificio
en la Orestíada de Esquilo*

I.a Orctfíada se übre cun I3 aparición de la antorcha que desde la Tro*
. j destruida trae a Micenas el «día en plena noche», «en invierno un re-
h u n o del verano»,' pero que presagia en realidad episodios inversos res·

l't iio a s u apariencia; se cierra con una procesión nocturna «a la claridad
tU- antorchas resplandecientes»2 (φέγγει λαμπώδων σελασφόρων), cuyo
m plandornocs fahtz e n esta ocasión, sino que ilumina u n universo recon*
• iludo... lo cual no significa, por supuesto, un universo del que han desa-
jMiccido las tensiones. Λ costa de la acción trágica, el desorden deja sitio al
«»i«!cn entre los dioses, jóvenes y viejos, cuya disputa es evocada desde el
j'<meipio del Agamenón bajo la forma del conflicto de las Uránidas,1que se

*| Primera piililtc.nción: Farota dei Pass,Ho, Ι2ιΛ 1% 9. pip*. *101-425. Este estudio
1. ¡Ίΐι" v ü c sjrrn lb comunicacioncs presentados en el seminario J e J. P. Vcrrunt en 1a
1 ·4 < · l ' í u t u | i K · des H j m i c s Étudcs y en el coloquio sobre el «Momento de Esquilo» or*
!«·>·. B:cvrcs en junio de 1969 por M- G ilbert Kühn. Doy las gracias a los parti-
• por sus observaciones.I
I Λτ.ι*\\'κΰΜ.22, 522 y% 9.
i u~:¿!tuL'i, 1022: vt’.ase um h icn ?τυριδώπτω λσ μ π ά δκ 1Ü41-1042.
\ A ;¿ m - K w t. I W M 7 5 .

138 M IT O V T K A C tL M A LN LA O K I.C IA A N I K iU A . 1

enfrentan ante el tribunal de Atenas lo mismo que los hombres. Sin em­
bargo, de principio a fin de la trilogía parecen correr dos temas: el del sa­
crificio y el de la caza. Las Euménidcs concluyen con una llamada del
cortejo al lamento ritual que profieren las mujeres cuando el animal sa­
crificial es abatido, Ια όλυλυγή:* «Y ahora proferid el lamento ritual en
respuesta a nuestro canto (όλολύξατε νϋ ν έπΐ μολιταΐς}». Pero la pri­
mera imagen sacrificial aparece en el v. 65 del A gam enón, en el que se
compara la entrada en combate con el sacrificio introductorio del matri­
monio, las προτέλεια. Inmediatamente después aparece el lema del sa­
crificio que los dioses no aceptan, o, como se ha dicho, el «sacrificio im­
puro». «Alimenta tu fuego, madera por debajo, aceite por encima, nada
aplacará la inflexible cólera de las ofrendas que la llama no quiere.»’
No menos presente está la imagen de la caza: el presagio que subya-
ce al Agamenón entero, y, más allá de la pieza, el pasado, el presente y el
futuro de los Atridas, aparece representado en una escena de caza ani­
mal, en la que dos águilas devoran una liebre preñada. Las Euménidcs,
por su parte, evocan una caza del hombre, cuya pieza es Orestcs y las
Erinias, las perras. Estas «imágenes» de caza han sido recocidas en una
útil monografía, en la que. sin embargo, el análisis no supera el nivel tri-
vialmente literario/· En cuanto al tema del sacrificio — cuya im portan­
cia había escapado por completo a un investigador como E. Fraenkel
que habla simplemente de una «transposición del lenguaje ritual desti­
nada a provocar un efecto siniestro»— ’ ha sido objeto en el curso de los
últimos años de trabajos mucho más profundos, ya se trate, con Froma
I. Zeitlin, de averiguar su significado a través de la trilogía·1o, de forma
más ambiciosa y a veces más discutible, de unir el estudio del sacrificio
al de la tragedia griega entera, como hacen W. Burkert y J. P. Guopin^

4. V.uncnidci. 10-43, 1047.
5. Agamenón, 68-71.
6. J. Dumortier, Les 1ruges djtts h p o ésie d'Hscbylc. París, 1935; véanse las pá^s.
71*87; 88-100; 101-111- 134-155. etc. El tema del sacrificio aparece, por el contrariu,
cxcremadair.cnic descuidad»; véanse las páR*. 217-220.
7. Artshyiu*. A&imrmnmi edited w ith a commentary by E. Fraenkel, O xford, 1950,
ill, p.íg. 65).
8. F, I. Zeitlin, «The M oiif o f the C orrupted Sacrifico in Acschylus' Oresieia»,
Trans, a nd Pmc. o f the A m cr Phil. Asioc., nu 9 6 ,1% 5, p.ifts. 463 -50S; *Po(script to Sa­
crificial Imagery ir» ihc Oresteta (Ag.. 1235-12)7}», ibid., n"97, 196G, págs. 645-653.
9. W. Buíkcri. «G reek Tragedy and Sacrificial Riiusl». Greek, R o n jn and Byzan-
tine Studies, ηΛ7, !% 6 , págs. 87· 122; J. P. G uépin, The Trj¿ic Parsdttx. \fyib and Ritual

i :A’¿ A V S A C K U -'lU O l'.S Ι.Λ Ο Κ Ο Π Λ Ι λ » J>i: l l.l>

Dicho esto, nadie parcce haber cuido en la cuenta hasta ahora de
c|uc existe un lazo entre caza y sacrificio, de que los dos temas están en
la Orcstiada no simplemente entrelazados, sino directamente super­
puestos, y que vale la pena en estas condiciones estudiarlos ¡untos.13
Son los mismos personajes, Agamenón y Orestes, los que son sucesiva­
mente cazadores y cazados, sacrificadores y sacrificados (o amenazados
con serlo). En el presagio de la liebre preñada devorada por las águilas,
1.» caza es la imagen de un sacrificio monstruoso, el de lfigenia.
Dominio todavía relativamente poco explorado, la caza griega evo­
ca, sin embargo, todo un mundo de representaciones. Es, anee todo,
una actividad social que se diferencia en función de las etapas de la
vida. Así, he podido distinguir, y oponer, caza efébica y caza bopiítica,
<Λ6Λ artera y caza heroica." Pero también es algo más: en un grandísi­
mo número de textos trágicos, filosóficos o mitográficos, la caza es una
de las expresiones del paso de la naturaleza a la cultura. Quizá por este
motivo coincide con la guerra. Pongamos tan sólo un ejemplo: en el mi­
to del Protagoras de P la tó n ,c u a n d o el Sofista describe el mundo hu­
mano antes de la invención de la política, dice: «Los humanos vivieron
primero dispersos y no existía ninguna ciudad. P or eso eran destrui­
dos por ios animales, siempre y en todas partes más fuertes que ellos,
v mi industria, suficiente para alimentarlos, seguía im potente para la
jaierra contra los animales salvajes (προς δέ tb v τών θηρίων πόλεμον

η <.><τΧ’ Amsterdam, 19íi8. l¿Me último libro es riquísimo, p e ro j. P. Guépin
I <tlm.i realizado una obra más itiil to;Lv.ia si se hubiera dedicado menos ¿I imposible
i-*ti:dio d e los orí-ene^ rituales (sobre todo dionisíacos) de 1.» tragedia. El resultado es
■pii*. id describir la tragedia como «fiesta de la cosecha y de la vendimia» (páps. 195·
iml>, om ite describir lo que es la tragedia para inreiuar explicar aquello en lo que se
«<>ui ierre» con lo que apenas si pasa más allá de las hipótesis ya amiguas de J. E. I larri-
•■•n y de F. M. Com ford.
10. J, P. G u ép in ha p rese n tid a ei in terés de un e ilu d io d e este tipo; véase op. cit.,
! ·/.>. 2 -IJ2 especialm ente; dice inclusa (pag. 26): « N atu ralm ente, las m etáforas d c c a -
. i ’λμι ex trem ad am en te com unes en p riep a an ticu o , especialm ente en las esferas del
jn u ir y de la guerra. Una m era enum eración tic tales m etáforas nu no* serviría de ayu-
alii Pero a veces sentim os q u e existe b p retensión de ex p resar al^o más, u n a alusión ri-
II>*1*. (lita numerosos textos que pueden referirse efectivamente a una caza ritual.
11. Véase P. Vídal-Naquct, «Le Chasseur nuir et l'origine de Icphébic athcnicn-
»·· ·. AnujU's E. S. C . 1968, páfis. 947-964, aparecida también en inglés en los Proccc-
■"'>,·i t>(the Qivtbr:Jzc Pki!o!o¿iejl Society, n” 194.1968. pips. 49-64.
12. Véase >22 b.

veos© Tb. como ha sostenido K. K. Rudhardt. Politice 1. «/■. Tcojfmij* 535-5 5Λ. y J. A uno y otro lado del altar sobre el q u ese realiza el sacrificio «olím­ pico» se hallan presentes — siguiendo el mito referido por Hesíodo «en los tiempos en los que se resolvía la disputa de los dioses y los mortales en Mecone»— 17 los habitantes del cielo y los huéspedes de la tierra. antes de convertirse en ceremonias de sacrificadores. 1966. es decir. 17. En estas circunstancias. Vcnse lo q u c c l mismo dice sobre ello. de una relación de filiación. 223 -22*1- 16. sin tubU r del anticuo y siempre útil volumen de P. íSi-S-J. ¿Se trata. 1967. pjgs. Stengel. Co!e.i p. pero que siempre practicó la caza1* y al que esta actividad continuaba proporcionando en abundancia mitos y representaciones sociales. . P bytloM ui fu r f\-icr io n <lcr MiikU. 14. 34-36. P or discutible que sea ese estudio. en un pueblo que no era esencialmen· te cazador. Porque no poseían todavía el arte político. en la que los ritos sacrificiales derivan lejanamente de los ritos de cazadores prehistóricos tal como todavía hoy se practican especialmente en Siberia?14Para probar históricamen­ te su tesis.15 Aun su­ poniendo demostrados estos hechos. O pfcrknuchc ¿er Gñcckcn. Bjsilca. he utilizado también ampliamente J. las relaciones no son menos estrechas. Lcipzifc-Berlín. K. Rcchcrcf.140 M I T O Y T K A C r . del que la guerra es una parte».ib o n j.h Entre Ja caza y el sacrificio. entre los dos m andos de que disponían los griegos para procurarse la alimentación a base de carne. «Gricchischc O pfcrbrüuclic». a su vez. véase l. O s. no por ello dej» de proporcionar un prodigioso repertorio de hechos e ideas y es el trabajo m is im por­ tante sobre el sacrificio entre los griefios. 92-9}. incluso al historiador —sobre todo al que no es un mero aficionado a lo antiguo— se le impone el estudio sin­ crónico. El mito de 13. Meuli debe admitir que los ritos de cazadores. Notions fondjm cntahs ¿ c h p c n sc c rdt- fjcu sc i t artes ccnuitutift du culíe dans L¡ Crece cümí^ hc. 1910. d i. I ένδεής). sobre este tema en la literatura fifics* de los «orígenes» d e 1a civilización. Meuli. proccóía de una civilización cazadora. 185-2R8. pjj!S. 263. pij*s.ifc. 195R. 115 y 123*126.rs sur ¡e i ocsb-ulaircdes lacrificcs en grcc.i. a los otros la carne salada. Aristóteles. A los unos van los huesos y el humo. 15.6-J-65. D I A >'. Meuli.N J A G R E C I A A N T I C U A . Aix-Gap.. Meuli trata también la cuestión muy brevemente. Ginebra. se com prende mal cómo habrían de informamos sobre las relaciones entre caza y sacrificio entre los grie­ gos de la época clásica. IV4Ó. atravesaron una doble eta­ pa histórica: la civilización aerícola de los griegos debió suceder a una pastoril que. lint re los estudios recientes sobre este lem.1256 b 23. Dctnocritut and theSourccs o f Grcrk Artkropc!a?y> Ann Arbor. K. Asimismo. es decir.

3. Schoí. La función de la caza es al mismo tiempo complementaria y opues­ ta a la del sacrificio. El acto sacrificial es un acto culinario. 1 lampe. lilwno. En una palabra: define las relaciones del hombre con la naturaleza salvaje. I Or }hsi. 1. 5..i i<Hti|’dr¿ción con el arte contem poráneo.. Di? 67ctehniisc H«»>:cn u n J J¡c M J r u m t witter Xctt. El resultado es un desastre. ¿ü. por otra parte. 1ÍS. U 6 . S i. agotados sus víveres. 591. Phjcn. fr.·. 160. deciden sacrificar los bueyes del Sol. 12.2 8 . Así queda trazado el destino del hombre de la edad de hierro. D e/X h/tnatliJ. mientras son «juzgados»31 cada uno de sus «asesinos».8. Pero el vínculo entre el sacrificio y el mundo de ios campos cultivados es mucho más fundamenta] de lo que podría sugerir una fiesta que podemos estar tentados a considerar mar­ ginal. ' Ί. Odisea. l'Jijno.STlADA 03'. es decir. en el plano del mito. tiene por contrapartida «la raza. en honor de Zeus Po- lieo en Atenas. y par. p¿»í.w y a la vez el detentador de un ar­ te (tcchnc) que no poseen precisamente ni el león ni el lobo. en lugar de la cebada. para * 1 « tU: U tradición. Eso es lo que expresa -—entre otros cien textos— el mito de Prometeo.S Q tlI. el animal sacrificado por ex­ celencia es el buey de labor. /!. (h ú m e la . les faltan precisamente los productos del campo. »*Us <1c D jm asco. en vez de vino para las li­ baciones.14: Varrón.. S . Este sacrificio —que en última instancia es un crimen y que. 30y jips. 2 I I'ju u n ijs. cuyos gra­ nos se tostaban. agua. Kliano. íi. . Véanse algunos ejemplos m is abajo en páft. y la devoradora sexualidad.» un «repertorio y vm. 2. desde el sacerdote al cuchillo sacrificial. l ’rjc/. Berlín.. Htinío.1' procedente de Zeus. Ihid. l íe aquí un bello ejemplo arcaico: cuando los compañeros de Uli- ses.O 141 Prometeo aparece estrechamente ligado al de Pandora: la posesión del fuego necesario para la comida sacrificial. 10. Vea'xSchnl. sobre iodo pjgs. Estos textos desbordan ampliamente el •mtn>lo griego. 6. iV.. 12. o el artero. Porfirio. 8. Dcuhncr. l‘H2. £1 cazador es el animal predador. \v. A ttiv k e Vate. R. el león o el águila. cuando el animal sacrificado relleno de paja es uncido a un arado.. 1952. D ercrusitcj. \ar.vvc L. 2 .a. >53. toman el follaje de un roble. Ti:binj. serpiente o lobo — en H om ero la mayor parte de las imágenes de caza son de animales— . >4·. C A Z A V SACPJJ JC K ) LN LA ORI. Ara». algunos textos declaran prohibido—*' es dramatizado en la ceremonia de las «Bufonías». lin t. para la comida a secas. i Jacoby. «Las carnes asadas y las cru­ 18. la ralea maldi­ ta de (as mujeres». 10).. 1)2. ese la­ brador al que sólo los trabajos de los campos pueden salvar. tal como lo comenta el Protagoras de Platón.28. J.

12. p¿g<¡. como en el mito de Ifigenia. 197-202. 356·}%. 329-333. «The Ot-ven o f the Eagles und ιΗ οήϋος o í Agamem­ non*. Anr. al reemplazar en cierto modo el salva­ jismo de la víctima al del acto. 1969.. pigs. todo está mucho más velado/7 12. incluido en Qpfcrkr&Kke. de Ronuíly. 105· 159. 2 4 .2S8-1. el sacrificio de un animal cazado aparece como el sus­ tituto de un sacrificio humano. Las Bacantes de Eurí­ pides ofrece una descripción sobrecogedora de la homofagia {despeda­ zamiento de la carne cruda) dinnisíaca» acto en el que caza y sacrificio se confunden. j . Sóío después de la redacción de estas pininas h e tenido conocimiento del ex ­ celente estudio d e j . sino más sencilla­ mente hacer hincapié en las líneas de fuerza de las tres piezas. Stengel. N o es ahora mi propósito enum erar todos los pasajes de la Orcsl/a* da donde se trata de sacrificio... térm ino a término. «Ü ker die Wild und Fi. C . Rente d a t'iuJcs g r c r .2S9.. y el propio Uliscs la indica: la caza y la p esca/4 Considerada globalmente. 26.págt. a veces. Una relation. en efecto. divinidades de la naturaleza salvaje como Artemis y Dioniso. Peradotto. demos­ trando que se oponen. 94-100. I. IJ$H7. S.142 M IT O Y T R A G C D IA Γ Ν LA G K I X l A A N T I C U A . ibid. p . . en la zona opues­ ta del sacrificio olímpico clásico.i terre et d u sacrifice ctans l'Odysséc». hhrmcs. Púrt’s. véase también Le Tattps djrts h irj£edie greeque. Perneo será la víctima de tal caza sacrificial. 237·263. caza y. sin embargo. véase sobre este p unto mi artículo «Valcurs rcli^icuscs ct mythiqiics d e l. 25.:J Con mucha frecuencia. p ig . dado que el animal sacrificado debe estar v iv o ) y en las líneas generales estaba vin­ culado a divinidades rebeldes a la ciudad. 1967. J. 23. entre estos dominios opuestos existen zonas de inter­ ferencia que aprovecha precisamente la tragedia.7* pero precisamente porque estamos al principio de la pieza. Sin embargo. pesca. 22. páfis.. Phoenix. Abramos el discurso con el coro que sigue inmediatamente al para­ dos del Agamenón^ y con la evocación del presagio que se manifestó a los aqueos en Aúlide. pue­ de decirse que el poeta «agrupa ahí en un iodo [. Véase Agamenón. la caza se sitúa. 1970.] el pasado más leja­ no y el futuro que ha de seguir». n°23. 73-74. 1971. O J ttc j. 27. Sabemos que el sacrificio de animales cazadores era un fenómeno raro (se explica fácilmente.íp . y « i 'j . Más aún que de la gran escena de Casandra. en cierta manera. que debería ser completada sobre iodo cor» una investigación ar­ queológica precisa. I das mugían en (orno a los asadores». lia sido efectuada p o r P.schopfer der Gricclicii».aUs E.22 La alternativa a este sacrificio im­ pío existía.. 95.

>1.). 3. bajo una forma apenas abstracta. la más segura de las aves. cuya hembra concibe mientras está preñada. 30. 17. a su vez.·” expresión técnica que se encuentra en otras par- tcs. véase el com entario d e Π. «el águila.J ...^mtiíteles. pág. Vocabulario de la caza y vocabulario del sacrificio están aquí estre­ chamente mezclados. para robar un tierno cordero o una liebre que se mete en una madriguera» (κτωκα λαγωόν).. 24. Cinegética. 14. 32. 32. Cincgcttsa. A¡iitKCfíón. del lado del brazo que blande la lanza.. véase el artículo citado m is arriba d c J . 22. La liebre había «fracasado en su última carrera» (λοίσθιων δρόμων).cTi Alies. animal típico de la caza.. ti a la vista.310..u.674*677. pips.11 antítesis del león y del águila. . que estos tomarán Troya. véase también 17.i . a través de las nubes tenebrosas. dará lugar a otras catástrofes: «DispucM. y A rrim o.·' I··.!.»-' De este modo se anuncia. la venganza tai­ mada de Clitemnestra. también. 244. y también. cspccÍ3lmeme en HidurvÍi.K}1 lay que insistir en la liebre. que Artemis. C A Z A V S A C R t N C I O E N L A Ο Κ Γ ί Τ Μ ί λ Ι t)l l ··■ -I MI «Dos reyes de los pájaros se aparecen a los reyes de la* n·* · · »»m» completamente negro (κελαινός).1 0 . IÍ ú J j . La Cólera que recuerda y quiere vengar a un niño (μίμνεί / γαρ φοβερί* π α λ ίνο ρ το ς / οίκονόμ ος δ ο λ ία μνάμων Μ ήνις τεκνόποινος}. 6v κ α ί περκνόν 28. 67-70. 21*252-253. Es. como «el águila de al­ to vuelo que va hacia la llanura. 11. di­ ce H eródoto. pm. otro de lomo blanco. pues grande es la necesidad que tiene la naturaleza de estas víctimas.1 abarse un día terrible.315-316. la más fuerte y. / / A . 151-155. a la vez.».2. I-W nkcl.» Calcante deduce inmediat. κ^ιιΐ tada por el crimen de la liebre. el águila cazadora. Para otras referencias y id identificación zoológica de estas «jtm ljt lia blanca y la ncfira). la más rápida de las aves» (αίετοϋ ο ιμ α τ’ έχω ν μ έλα νο ς το ύ θη ρ η τή ρ ο ς / 6 ς θ' ά μ α κ ά ρ - τισ τό ς τε κ α ί ώ κισ τος πετεηνών). donde es MencUo d objeto de la comparación. el μ ε λ α ν ά ετο ς κ α ί λαγ&κρόνος de .. 14 de la edición Bitdc. 5. Sobre la liebre en el cuUo de Artemis. p4g. Ik U L 120. 9 . una adm inistradora pérfida guarda la casa. el único. φ » lu lm fracasado en su última carrera. cerca del palacio. evocan la « p ri­ mera carrera» del animal acosado.mum« «|<i« las águilas son los atridas. La relación ha sido esiablecid. H om ero evoca a Aquiles: «Tiene el impulso del águi­ la negra. IOS. Jenofonte.. Peradotto. ile ró d o to .i sobre todo por P.. 29.. lo que. el cazador som­ brío que se llama el Negro»’2 {μόρφνον θ η ρ η τή ρ ’. exigirá un rescace mucho más vdlh»u {íftgcnia). devorando con toda su fuerza a una liebre preñad. Ap. M j- ¡mn. 9..

Véase Cwc£cticJ. que «no exige a su vez mi sacrifi­ cio* (Muzon). Radke. -10. 1936. 357-360. 38. lo que significa al mismo tiempo «tras sacrificar antes de su presentación. una vez interpretado. Die beJcuíun* tier Víassen undder Scbu'jrzcn Farbe im Kult and Brsueh der Gnechcn und Rütucrn. Los elementos favora­ bles son perfectamente claros.H lX lA Λ Ν Ί IG L 'A . una de ellas tiene el lo­ mo blanco. Calcante lo expresa en tér­ minos claros. 3-1. .ΜLa caza de águilas es.14. Las águilas aparecen «del lado del brazo que blande ía lanza». IV3‘>. Véase C*.144 M IT O Y T K A G K D IA l : S L A C . a la desgraciada liebre con su camada».1* ¿Podemos precisar mejor que Calcante la significación del presagio? El adivino mismo subraya su carácter ambivalente. p jg . el espectador de Esquilo debía evocar la famosa escena en la que Calcante interpreta el presagio proporcionado por una se r­ piente devorando a ocho pajarillos y a su m adre.9 que será cogida en una red de la que ni un niño ni un hombre adulto podrán evadirse. Aunque el símbolo sea muy diferente. Berlín. Pero en I lomcro el presagio. 27 y sips. Véase Agjwentj/}.). En un sentido. al frente de las tropas».. es decir. caza real y desleal. 37. sin com ídj artificial·. «o:ro sacrificio» mJs. 39. 15 de la edición Budé. Pero n o se trata de una caza cualquiera. 150. 1Ί3. 5. A&wtfíuitt. que invade el dominio de Artemis. que expresa la cólera de Artemis contra los «perros alados de su padre» (α ύ ΐά το κ ο ν π ρ 6 λ ό χ ο υ μογερϊχν π ΐά κ α θυο μ ένο ισ ιν). remito a W. sobre todo. es un sacrificio que todo lo consume. sobre todo p ágs. Para una dem ostración detallad. del lado derecho.15y. es perfectamente transparente y no ocurro lo mismo con Esquilo.40 esa Troya cuya 33. la liebre preñada es Troya. pig. pobre ser acurruca­ do. B. Arnbif>uiíy in Greek Tragedy. obra maestra de la ambigüedad esquilcanu. 36.J ha in ­ dicado cómo un reglamento de caza consignado por Jenofonte reco­ mienda a los «deportistas» dejar las crías a la diosa: tfcc μ£ν ούν λ ία ν νεογνίχ ol φ ιλ ο κ υ ν η ^ τ α ι ά φ ιά σ ι rfj θε(χ. O xford. lo cual anuncia la conquista de Troya tros nueve años de com bate {Um J j . Vcase Mazon. esa identidad queda afirmada en el extraordinario verso 136. convertida luego en piedra. a la vez.‘ La caza de águilas es un éxito. y «tras sacrificar a su propia hija. I κ α λ ίο υ σ ιν ). 301 >329). Stanford.*7es decir. Pero esta caza es también un sacrificio. 1£1 sacrificio es α δ α ΐϊο ς . temiendo que Artemis exija «otro sacrificio monstruoso. cuya víctima sea toda para ella» (θ υ σ ία ν έτέραν ά νο μ ο ν t i v ’ ά δ α ι- τον). 2 . El comentario d e F racnkd es m udo a este pro· pútito. A¿J!ner¡ón> 116. P. color religiosamente benéfico... Mazon. 35.

durante el tiempo d e su retiro ritual. 201 -202. más tarde. Las águilas son los atridas.·0 Agamenón es también un león:*' victima de las águilas bajo la forma de liebre preñada. Véase la brillante demostración d e Κ. del estu­ dio de W. sólo es •'negro» provisionalmente. Ifi- genia sacrificada porsu padre. τόνθ’άπ^τεισεν/ιίλεον νεαροΐςέπιθύσα ς. tal acto no necesita figurar porque. ha indicado en que K udo se había guardado Esquito de recordar (as tradiciones según Us cuales los Atci- das habrían violado un recinto reservado a Artcmis o matado un animal a ella consa- (futkt. pero el primero a quien se nombra. lil cazador negro efébtco. la benevolente (εϋφρων ót Καλά. otras crías distintas a las de la liebre habían si­ do sacrificadas y devoradas durante el impío festín que evoca la gran es­ cena de Casandra. Véase la pág.i. pigs. aqui se nata de algo distinto: Agamenón es un cazador maldito. de lo que podemos obtener. como hemos visto. .41 Artcmis sólo interviene porque Agamenón. 140-143. 82. en la óptica trágice. que constituye e! ob[cto d e mi estudio citado más *»tiha. W. 717-736) hay que re­ conocer no sólo a París. ί*raenkc! {op. cazador sombrío consagrado definitivamente a la desgracia 47 no 41. Clitemnestra dirá que es «el terrible genio vengador de Atrco» el que ha «inmolado esta víctima adulta para vendar a los niños». 1502-1503. u na alusión a la leyen­ da di· L· salvación de ílígenia transportada a Taúridc por la diosa. Knox. 17-25. II. «The Lion in the H ouse».1961. 97-98). 44. M. π ρ ο ώ ρ ω ν Ά ρ ττμ ιν. 46. en el verso 14!. Agamenón. Agamenón. víctima de Artemis como hija del león. por otra pan e. d i. 42. Ι£.c n sum. 1 n tanto que «trida. bajo la forma del águila» ha entrado ya en el mundo de lo salvaje” y mucho an­ tes de la escena de Áulide. CUuical 47. el águi­ la negra. 78-88. y según toda verosimilitud 827-82Λ.4" La liebre pue­ de identificarse también con los niños asesinados. Ifigenia será siempre la víctima de su pudre. págs. verso 140). aunque en todo m om ento siga siendo libre d e no «-'(η. que prueba sin ningún género de dudas que en la fa- mota imagen del cachorro do león que va creciendo {A/ramcnón. 43. |μ#5. Al principio nos sentimos tentados de ver. Véase por lo menos A^anu'KÓn. 147 de « t e volumen. 45. extiende su peligrosa protección «tanto sobre los débi­ les retoños de los Icones feroces como sobre las tiernas criaturas de todos los animales de los campos». Diosa de la natura­ leza salvaje cuyo nombre pone Calcante en primer lugar cuando propone el sacrificio de Ifigenia. «W hy is Artemis angry?». salvo algunos matices.. 1259. D e hecho. Ártcmis la bella. S etrata. American Journal o f Pbih!o¿y. 1957. CAZA y SACRIFICIO KNLA ÜRESTUDA Di: JISQUILO H5 captura será una caza/11 Pero la liebre también es. es ya culpable. ¿N o está acaso Arte· tm< •conm ovida de piedad» {134)? P ero ningún texto de Esquilo perm ite afirmarlo. sino al hijo mismo de Atrco. W hallon. 47. Agamenón.

Esta interpretación no es ccntr. vosotros que no habéis oído más que nuestros males. seguido especial­ mente por Thom son y p o r j. op. Fraenkei cita ( II. pág.i. reclamando —y obteniendo— justicia por sus crias ro­ badas.i- dicJoria con I. En su comentario. 51. 980-981: 'ΊδεσΟε S’ ούτε.146 mito v tkagi. es discretamente anunciado por d heraldo en los versos 674-679. atribuido así implícitamente a Mcnelao. •19. por Melena raptada. 511-519). recuerda. El prcbJema ha sido mejor pían toado por F.. 49-54.. la cohardi. Mcnelao es el héroe supervivien­ te del drama satírico que remataba la pieza. estas águilas son también buitres (α(γΐ)ΐαοί) a los que al principio de la pieza pinta el Corifeo girando por encima de su territorio desierto. Como Fraenkei. d i . el buitre. Agamenón. en sus ediciones del /l£JW<v/ó. E. J. el μελάγκτρω ν de los manuscritos Tr. 50. el Proteo* ’ Pero para compli­ car más la tarea d d intérprete. contem plad por último la tram pa. págs. Respecto a la traducción a d ­ vertim os que δεσ μ όν tiene todas las posibilidades de ser aqut un nom bre apuesto. cit.o un adjetivo. piensa que el velo mismo es «una maquinación de negro cuerno». W.i del bestiario de Esquilo para la interpretación de la obra («Los repetidos símbolos ani­ males de la Or*sií¿d& representan la contrapartida esquifas de la ironía dramática sofn dea» . Conservo. Los cuernos van. «Con · tem plad.10 ¿Carece -absolutamente de impor­ tancia esia oposición? ¿Ha empleado Esquilo dos palabras para designar al mismo pájaro? Es lo que generalmente se ha sostenido. . op. 1938. Traduzco asi a pesar de Fraenkei (<>/>. págs.mo blanco» por la δειλ ία . sin embargo. 2-1-25. a un «toro de negros cuernos»?*8 El color blanco. V y M {antes de la corrección) y no adopto la co­ rrección d e Μ μ ελά γκ ίρω ι.i tram pa de un velo ha prendido al toro de cuernos negros. s:n embargo. lo cual resulta bastante extraño y explica que μηχα νήμ α τα exija un adjetivo c. Fracnke) traduce: «W ith black contrivance o í the horned one».a . el águila puede haber sido el ave de la venganza.igs.ma i:s la orxctA anticua. Así W. tb v ta ú p o v ¿v π ίκ λ ο ισ ιν /μ ε λ ά γ χ ε ρ ω ν λ ε φ ο ύ σ α μ η χ α ν ή μ α χ ι / rin u M : «Ινη l. pág. .»que nosotros defendemos aquí: en favor de esta recordemos que el feliz d e­ senlace del destino de M end jo » que ha desaparecido en la tem pestad del retorno. refutable: véase Cut:fo r. SO). junto con Mazon. Zcitlin. H eadhm y G . C uépin.51 y es cierto que a •18. O xford.v. cuando menos. r. P. que ha visto. 1957. 482-483. Concluye en el mismo sentido: «La diferencia genérica entre el buitre y el águila carecen aquí de importancia. Dcnniston y D. Ag:. The Orcstcíj o f A euhylas. Thomson. en el transcurso de la pieza. n i. lo golpea» {1126 1128). 171-173. 16. que para él el asunto termina bien. F. Por üu parte. τώ ν δ 'έχ ή κ ο ο ι κακώ ν / tb μ η χ ά ν η μ α . D. G . es decir. T k e M c tif . el de h rapacidad» íibt'J. 81). pi{?. Page. pág.. con toda claridad la im pcrunci. δεσ μόν άΟλίω jtcxxpi. 67) varios textos que caracterizan al águila «de lc. ¿No es comparado éste.t?:c)iú>¡. p. H. mejor con un loro que con una artim aña o ιιη velo. W halíon. pues. I. Cambridge. el lazo que apretó a mi desventurado padre». estos ¡nitores coueucrdan μελαγκτίρ»? con μ η χ β ν ή μ α τι. i puede ser más que e! héroe del drama. sin duda..i lift cativo: esta observación es.

i oposición -*y λ veccs la confusión— cntrc c! buitre y cl águila.t 6. que es el asesinato de Ifigenia. el águila de las alturas el que sea ptv-. Sobre l. 1972 ívc. véame I· ·■»testos reunidos p n r j.iclcico a Marcel Dcticnnu. «Vultur».ιιΙ. la podredumbre está muy presente en la obra.. I Icurpon. por el contrario. Hli.” En cierta sentido. comp. exclama la adivi­ na: «Este palacio hiede a crimen y a sangre derramada. sucede a otras y entraña otras.1UI <' veces se confundieron his dos aves. C AZA Y S A C M H C K ) 1Λ’ 1. 3.1 3 1 2 . V. Afir. esta «contradicción» uno de los resortes de la pieza? Después de todo. cast.α palabra a! i« «M ■'S l\n stt m em oru de licenciatura sobre ios temas de C32a cn los vasos áticos d e los ··#!»*■. I Af. U·** l IW.il.\\ A .. La guerra misma de Troya es una caza. M y V (l96S j.Secncoiitrjrán todas Jas referencias deseables cn D'Arcy V . 5?. *>*>.ipathtíis:<ipoi*!o5 me ha sc íia h d o d último texto d u d o . 445*56) (trad. 4. —Se diría el aliento que sale de una tumba. dr. y que mucre ¡il contacto con los aromas?. En la gran escena de Casandra.'* De cualquier modo. véanse las figuras 1 y 2 (pigs. en este punto. contrariamente al áj'inl. fiibiil.$. un importante clcnco que • *|t io publique alj'/m mi m iras u n to . i-l ijiu· t¡- clame justicia” ¿No es el buitre el animal que. <. Par. IX. U 'id . 8*1. Antonina Liberal.stos casadores no son extraños. Vtít/ilis P. 6 9 4 6 9 5 . —Dices que hue­ le a las ofrendas quemadas sobre el hogar. a los que las jarras áticas representan y oponen a los caza­ dores efébicos desnudos. / I fisH gem it:.u ¿No es. H . D'Arcy W. por el hedor de los cadáveres. Esopo. Véase C .íf. De A neapin. 12. M jzon. A (¡{usury o f Greek Birds.hl>i realizando una acción horrible. y el animal innoble. Ή . 1936. 5*6 y 26. como subiere inm ediatam ente des- *>2. Como quiere P..5* Pero. a t . Revue des etudes tatinvs.A hm S chnapp lia recocido. 1936. 1933) estaba entonces cn preparación. \Jr<its. el carronero. cuyo libro Les ¡árdins μ . toda la pieza va a mostrarnos cómo este sacrificio impuro. y el coro evoca «esos innu­ merables cazadores armados de escudo (πολύα νδροί τε φεράστηδες κυναγοί) que se lanzan tras la huella borrosa de la nave [de H elena]»/5 í . . U 0 9 . . Ί-1. —Tú le prestas un perfume que nada tiene de incienso». Ak.í¿. μιιγ. .5 Vcase D 'A rc y 'λ Thom pson. sucede a otros y entraña otros.i.ιι que sea el animal noble. real. 1 .i iii.Λ OKrVJ7/U). Thompson. haberme ihtstrndocn este pumo. Thompson..1 I M .ual que el festín de las águilas.5*6: Dionisio. Tres • *Mts>s. París.tnse l:»s p.i exu oposición..rno. es atraído por lo putrefacto. op.i.rcSL\ por ejemplo. e . esa caza monstruosa. 184-185).: L ot jjrJm cs Je Adonis.” son simplemente idénticos a esos nu­ merosos cazadores equipados como hoplkas o que ponan por lo menos el escudo. op. O xford. p. al ir.uc traduce de esta forma añadiendo ιιη.

|>jg. un άσκιδηστρόφ ος λεώς. J41>. estas tres palabras <Jel verso 826 han sido. <¡p. y Thom son. seguido por Mazan y Fraenkel. 6S. Toda I.&25.» tra­ dición situaba 1 j conquista de Troya durante Ij noche. y. Para unos. com o quiere el escoliasta d e T. incluso metafóri­ co. 537. las Pléyades se ponen bacía las diez d e la noche. The O ratela c f A cichylus. Thomson y Dcnniston-Pajjc (p-ij*. 338-344. con Fraenkil. Praga. I pues la parábola del cachorro de león. p. í>srpKÓtb)¿ (822) es una corrección de Knyscr. estos últimos autores. saltando de noche. que marcaba tradieionalmcnte el principio de la mala estación. «la Lima y las Plé­ yades se han puesto. Del m undo d e la batalla Ouáckv) vamos a pasar al de la caza animal. que otro saltando ai principio de la atacíón invernal. F. δ ύ σ ις designa. Si se adopta. desde el Renacimiento. 52 (Itergk): & δ υ κ ε jifcv a Σ τλ 6 ν α *c«i Π λη ιά & ς.657-660). opinando incluso.. pero esos gue­ rreros combaten de n o ch e/5 cosa contraria a la moral grieya de la bata· 59. siguiendo el movimiento del relato.i pues­ ta nocturna de esta constelación y Fraenlcel recuerda que en el momento de las grandes fiestas die «iliacas (finales de marzo).. χ ίφ π α γ ώ ς se debe asimismo a utta corrección. la puesta heUaca de las Pléyades (14 de no­ viembre). que ). Agamenón. una tummeiylatz («palestra») de la eru ­ dición. Así razonan. O tros estiman que δύ β ις designa simplemente l. salvaje e impía. es medianoche*.Ν L A C K C C 1 A A N T I G U A . A¿a:nenón. una «tropa de escudos ágiles». 17. Esta indica­ ción concertaría bastante bien con la tempestad descrita por ci heraldo en los versos 650 y sij. m a m más. a los hábitos alimentarios del Icón.Μ sin comparación posible con el rapto de Helena. 62. 6 1. 63. con la peligrosa peripecia que representa en realidad la conquista d e Troya y la vuelta d e A & n c m in . «H acíala puesta d é la s Pléyades».i indicación es puramente gratuita. Thomson y Denniston-Piigc la corrccción de H eath. Wilamowitz.148 M I T O Y T H A G E D I A Γ. los versos 822-823 habrán do traducirse: «H em os obtenido el pafio (crpa£á|iec0(c> d e los raptos ίχ& ρ - 3 βγ6 ς) presuntuosos». liemos d e confesar que. matiz menos.l heraldo 1c dice al term i­ nar en su discurso de llegada: «Los priámidas han pagado dos veces sus falcas». 60. fr.s.'0 Agamenón lo dirá más claramente todavía al describir la toma de Tro­ ya: la venganza ha sido ΰπερκότω ς. 3&0- 382. imaginamos m ucho más fácilmente a un Icón. simbólicamente. ha aportado un er^umento de peso a esta tesis trayendo un testo de Safo..*2 los que la conquistan.” Clitemnestra lo había sugerido cínicamente: una guerra que no res­ peta a los dioses de los vencidos sería peligrosa para los vencedores.σ μψ ΐ Π λ ίώ δ ω ν δύα ιν. adoptada por M a­ zan en lugar del imposible ύ κ φ κ ΰ ιο υ ς de los manuscritos. Son precisamente hoplitas. jateen δ ΐ νύ>α£ς. N o obstante. . estos cazadores hoplídcos no se com portan como talcs.ífis. que conocía bien H om ero {lliaJa. Sin que se» necesario apelar. 'urífpKÓJiOU^. cil. se puede encontrar lo esencial de la discusión en Fraenkel. IhiJ. como bacc Fraenkel. 1966.

C A Z A Y S A C R I l ' J C I O Γ:Ν Ι .Λ Ο Μ Ο ί ϊ ί Λ Ο Λ l»i: I s n r i l ι i

lia. La tropa, hija del caballo, es «el monstruo devorador tic Λ i r 1’ *· *
que salta v, «a! igual que un Icón cruel, se ha hartado de lamer l;i ·
real».** La guerra repite, pues, el asesinato de la liebre, siendo cf li mi,
otro animal real, el que reemplaza a las águilas. La gran escena de i '.λ
sandra y el asesinato de Agamenón repetirán, a su vez» el sacrificio di·
Ifigenía y la guerra y muerte de los hijos de Tiestes. Apenas necesitamos
recordar que, también aquí, el vocabulario es constantemente el del sa­
crificio'6 y la caza. Casandra es una perra de caza.67 Agamenón es un
hombre degollado en un sacrificio tanto más monstruoso cuanto que va
acompañado de juramentos y del grito ritual de la Erinia familiar,'1 y a
la vez un animal preso en la red, acosado antes de ser m atado," víctima

64. ‘Α ργείον δά κ ος. ϊπ κ ο υ ν ε ο σ σ ό ς (824-825). Δ άκος (véase δάκνω , morder* es
emplead π «ídem is por Esquilo para designar a Ja Esfinge que figura en el escudo de Par-
tenopeo {Ij >s Siete. 558), o los m enstruos marinos {Prometeo, 585).
65. A^ji.'jctíón, ΰ27·Κ28.
66. Para los detalles de los textos ruc remito a los artículos, ya citados, de I‘. I.
Zcillín.
67. A r j/ f/ e n ó tt, W 9 3 -I0 9 4 . Π Μ - Π 8 5 .
6K. Véanse los versos 10% . 1117-1118 (el grito ritual), 14)1 (fes juramentos). No
u e o , como Γ. I. Zcitlin {The motif.... p ig . 477), que « to s juramento» se refieran ül pa·
» d o . CUlemncstra es muy consciente del carácter m onstruoso del sacrilegio que acaba
■!i* cometer, puesto que ella misma considera incluso un supcrsacrik p n derram ar una
M u d an sobre un cadáver.é.Ttoríí'vSctv νεκρφ ( 1595>, lo cual no forma parte, como ella
ιη;·,ιη:ι dice, de lo vjuu avoviene hacer (ττρέηοντα). fcsta expresión debe com prenderse
|**ir referencia a las libaciones derramadas sobre una víctima antes d e su ejecución y sin
diui.i tiimhicn a las que acompañaban a la victoria; véase D. W. Lucas, « Έ π ισ τ^νδειν
vi κρφ», á\"jtt:enün, 1393-1)98; Proe. o f the Canfcr Phil. Sac.. 195.1969, p.ty,s. 60-68.
*r,\.i demostración acepto en los puntos esenciales.
(i9. Imágenes d e Iλ red y d e la tram pa de caza: pura Casandra, 1048, para Apanie·
«■<*«, 1115,1375,1382 (red marina) y 1611. El tema de la red. del «vestido traicionero»,
>■>o nt* anterior a Esquilo? Ningún texto literario permite responder :i esta cuestión. Lo
•1>η· se refiere a los docum entos iconográficos es objeto d e una enconada discusión.
I W rmeulc, que lia publicado recientemente una magnífica crátera del musco d e IJos-
><>o i-n l.t que Clitem neitra envuelve a su esposo en una tela mientras Existo lo mata
■· I he líoston Orestía K rat c r», / l w ericen ju:<n:¿{o f Ar<rb.Ms!o¿y, ιΓ 7 0 .1966, páps. I -22);
‘ · jh ’ \ 1 M e tie r. «Bulletin jirclicolojy<|ue, Céramiquc». R eate de r ¿tudcs jw.ywt’í. n“ 8 1,
I *·*!, pjj'.s. 165· 166. se apoya precisamente sobre esc silencio de 1.» fuentes literarias
I d.ibir este docum ento después d e la representación de la O re s tú J j (45$). O tros
«·Ί>·ιπ y sobre todo Μ. I. tes, que acaba d e abordar el conjunto del problema
■-1 hmij^its on the Oresteia before Aiscliylos» , }iuUetin de corm pondjtiee kell¿n;,-¡:u\
·> '»l . |*W>9. pá}¡s. 224-260). piensan tfue li.iy por lo menos un testimonio anterior sobre
-••i i-iii.iv de (iortina drl secundo cuarto d d sip.ln vn U‘íj:uras9 y 10. p-i^s. 228-229 del

150 M IT O V T K A C ir n tA i : \ i.a c r h c i a a n t ic u a , i

simultánea de la leona Cüicm ncstra y del Icón-cobarde, Existo, que es
también un lobo — animal a la vqz cruel y artero para los griegos— .ía
Es también el sacrificador sacrificado/1y esta caza-sacríficio repite, a
su vez, el crimen original; aquel que tom a la forma horrible de un sa-
orificio hum ano acom pañado de un juram ento, y de algo peor que un
sacrificio humano, puesto que es una ο ίκ ε ία βορά ,Γ-’ una comida fa­
miliar, el resultado de un canibalismo doméstico.7*Lo crudo y lo cocí*

estudio de Davies). que representará el asc&inato de Agamenón. Según esta interpreta­
ción, C litcm ncstrj golpearía mientras Egísto tendería una red por encima de f.i cabeza
del rey, pero la existencia misma de esta red parece sujeta a dudas. En cuanto a la crá­
tera de Uoston. debemos añadir que Μ. I. Davies la data eo los años cn torno al 470,
apoyándose sobre todo cn el hecho de que es Egisto quien, contrariam ente a lo que
ocurre cn la pieza de Esquilo, desempeña el papel principal {loe, d i., pig. 258).
70. Egístu león-cobarde, 122-4; Egisto lobo com pañero d e 1a leona, 1258-1259. El
lobo de los griegos era a Ij vez pérfido y feroz, mientras que la astucia no es, desde lue­
go, el raspo que lo caracteriza en nuestra propia cultura. «El lobo pasa por ser, fu n ­
dam entalm ente, un animal astuto», como escribía precisamente O . Keller, T biereJei
dassischcn Atirrlbum s...»Innsbruck, 1837, pág. 162; véase, p o r ejemplo, Aristóteles,
H. A. , 1, 1 , 4KB b, donde los lobos son situados entre los animales » la vc2, fcvvalíx κ α ί
ά γ ρ ια κ α ί έκ ίβ ο υ λ α («η la vez valientes, salvajes c insidiosos»), y Aristófanes de Bi-
zancio, Epítome, 1 .11 (Lambros): xtt fit έπ ίβ ο υ λ α κ α ί έ :η θ ε ΐικ ίι ώ ς λύκος, «los an i­
males insidiosos y em prendedores, como el lobo». Sobre la utilización de esta astucia
deJ loba en ciertos fitoí, véase L. <>crnet, «Dolon le loup», M rltfiget F. Curnottl, Bru­
selas, 1936, págs. 189*208, reproducidas en A m b w p o lo fje <íe ¡a C ri:e anti./uc, París,
1968, pigs. 15*1-172.
71. La expresión cétchre καΟεΐν Tbv ¿ p r e v i a «al culpable el castigo» (/líjw e -
non. 1564), que Ldi C oi-fow O O ) recoge bajo la forma δ ρ ά σ α ν τι r.a ü tív , juega qui/a
cn Esquilu con c( doble sentido de ερδω, «realizar* y «sacrificar».
72. El padre se lleva a la boca Us visceras de sus lujos (122 i ); sobre el papel d e las
cantes cortadas y de las σ π λ ά γχ να cn el juram ento, véase J. Rudhardt, op. d i., pág. 203.
73. Β ορά, novtcn ectionis, de βιβ ρώ σ κω (véase Cham rainc, ü iilio m isire ciymo-
hgjquc, s. *.·.), «devorar», designa, propiam ente hablando, el pastn del animal. Esta
palabra sólo se emplea por lo general para el alimento hum ana cuando los hom bres es­
tán reducidos al estado salvaje o son com parados con los animales; véanse los ejemplos
reunidos por Ch. P. Segal, p¿gs. 297*299 de su estudio «Eurípides, H ippolytus, 103-
12: Tragic Irony and Tragic Justice», H e m e s, ηΛ97,1969, pigs. 297-305, No sé por
qué Segal ha quitado f u e r a a su dem ostración al escribir (pág. 297): «El sustantivo
β ο ρ ά puede emplearse para la comida humana ordinaria», Los ejemplos citados cn la
nota no van desde luego en este sentido; Esquilo, Persas, 490: se trata de la alimenta­
ción de los soldados persas ham brientos, por tanto, reducidos al estado animal; Sófo­
cles, Filocictes, 274 y 305. dos ejemplos adm irables de la alimentación d e un hombre
asilvestrado; H cródoío, I, 119, 15, trata del festín canibalcsco ofrecido i) I larpa^ón

C AZA y S A C K iriC lO ΠΝ LA ORL'SrtADA 111. LM.ii ll » ' 111

do,7-1 la caza y el sacrificio se unen precisamente en el pum o i u «ju* «*l
hombre no es más que un animal. La ο ίκ τία βορά es, en sunu. *I . qm
váleme del incesto.
H echo notable y que confirma, según creo, el análisis p rm d * ur«
mientras que, en el Agamenón, la captura del ser humano que s i - i . j v i
orificado es descrita con metáforas de caza, la ejecución misma » u u
cada, la mayoría de las veces, con metáforas de animales domésticos.
Ifigenia es, sucesivamente, cabritillo y oveja;7’ Agamenón, al que (Ίί·
temnestra había descrito como el perro del establo/0al igual que ella es
la p e rra /7 es capturado en una red, pero abatido como un toro.TAEs
otra forma de expresar el sacrilegio, puesto que los animales domésti­
cos, precisamente las víctimas normales del sacrificio, deben indicar
con una señal su asentimiento,7’ lo que es exactamente lo contrario a

por Astiagcs. ejemplo paralelo al de h OrcUúJj·, Id.. 2 . 6?, 15. se refiere a los alim en­
tos dados por los egipcios a los íd., 13,16, 15: el fuego es com parado a un
animal que devora sus alimentos; Eurípides» O wsfi’S, 189: el héroe, enloquecido, es d e ­
cir, salvaje, no tiene «¿quiera πόθον βοράς, que yo traduciría, el deseo de l.i besiia de
satisfacerse. Un ejemplo puede prestarse a equívoco: Sófocles, EdipoRtry, 1463-1464,
texto por lo demás difícil que algunos han propuesto enm endar y que ha suscitado in ­
terpretaciones muy diversas (véase J. C. Kamerbeck. The P hys υ/SvphocIcs, jv, Com·
m enfjry, Leiden, 1967. p ig . 262). Edipo, después de haber dicho a Creóm e que sus h i­
jos. por ser hom bres, no corrían peligro de carecer de lo necesario para la vida (τού
βίου] evoca a sus hijas, α ΐν ο ϋ π ο δ ’ ήμή χ ω ρ ίς εστάΟπ β ο ρ ά ς’ / τρ ά χ εζ α ν ε υ τοΰδ
ά ν δ ρ ό ς «para quienes jamás mi mesa se ha puesto sin alimento y sin que yo este p re ­
stente». ¿N o com para aquí Edipo, implícitamente, a sus hijas con animales familiares
que ^abarcan el mismo alimento que el? Cuando, en el Htpóft/o, 952, Teseo habla del
α ψ ύ χ ο υ β ο ρ ά ς de su hijo, sugiere claram ente que, bajo sus modales d e vegetariano,
C f * un caníbal y un incestuoso.
74- Recordemos que los hijos de Tiestos fueron osados; véase A aanrnctt, 1097.
75. Vféasc Agamenón, 232.1415.
76. ¡b:J., 896.
77. / bid., í>07. £1 vigilante nocturno también es com parado con un perro (3).
78. Agjntcr.ón. 1126,
79. Aristófanes. La Paz, 960. y Escolios; Porfirio, De Aks!¡nc>ti¡J,2,^ iTcof r3sío );
Ilutaren, QujrH. Coai‘ , 8, 8, 279 a y sigs.; De Dcfcct. O r jc , 435 b: Sytlogc', 1025,20;
v-fiitc K. Meuli, lo ca l-, pig. 267. Agamenón nos da su asentimiento, por supuesto; es
lu-iuiu t r o veces (1384-1386), mientras que, por el contrario, se pretendía abatir al an i­
ma! de un golpe, y sin dolor (K. Meuli. ib ij., p ig . 268). J. P. G uépin, op. d i., p.íg. 39,
i uinjura l j m uerte de Agamenón con el sacrificio de las Rufonús. Esta asimilación me
p«rrce indefendible. N o hay en 1j inmolación del animal doméstico por excelencia ni 1j
«t>mhra de ima caza previa.

152 M IT O Y T R A O I D I A C N Ι.Λ G K I X t A A N T I O U A , 1

una m uerte medíame tram pa. Las Bacantes de Eurípides proporciona
quizá un interesante pum o de comparación. Cuando Agave vuelve de su
caza, trayendo la cabeza de su hijo Fénico,69se imagina al principio que
trae de la montaña la hiedra de Dioniso, «afortunada caza», μ ακάριον
Θήραν; luego un cachorro de león sin red, hazaña cinegética real; final*
mente, antes de descubrir la verdad, un novillo νέος μ ό σ χο ς, velludo
sin embargo como un animal salvaje: ώ στε θήρ αγραυλος,8* y Agave
elogia a Baquio, el hábil cazador, el gran montero mayor, ϋ ν α ς ά γ ρ εύ ς”
La habilidad de Dioniso ha consistido precisamente cn hacer que Agave
cacc a su hijo, permitiendo que luego lo trate como animal doméstico,
sin saber precisamente hasta qué punió le era próximo. Lo que Agave
hace inconscientemente, los cazadores sacrificadores del Agamenón lo
ejecutan conscientemente. Este animal salvaje que inmolan como un ani­
mal doméstico es lo que tienen más próximo, su hija, su marido.
El Agamenón llega así a un vuelco total, a una inversión de los valo­
res: la hembra ha matado a su macho,w y el desorden se ha instalado en la
ciudad, el sacrificio ha sido un antisacrificio, una caza pervertida. Sin du-
da, el último verso pronunciado por la reina evoca el restablecimiento del
orden, pero este orden falaz, viciado, será destruido en Las Coi-joras.
En un estudio reciente del prim er estásimo de Las Coc/oras, la se­
ñorita Λ. Lebeck ha mostrado que la segunda pieza de la trilogía no só­
lo tenía la misma estructura fundamental que el Agamenón,u sino que
constituía su exacta contrapartida.*1 Donde una víctima es recibida por
su asesino, un asesino es recibido po r su víctima; la mujer que le acoge
engaña al hombre que vuelve, en el primer caso, mientras que. en el se­
gundo, es el hombre que vuelve el que engaña a la mujer que le acoge,
Todo esto es verdad hasta en los detalles: Las Covforas es con relación
al Agamenón una auténtica fuga reflejada en un espejo. Sin embargo,
entre las dos piezas hay una diferencia fundamental, como ha sido bien

SO. £1 refoto del mensajero hace alternar fos imágenes de caz¿ y J e sacrificio; véa» ■
se los \-crsoi 1 IOS, 1114, ] 142, 1146. Espero tlcdiejr próxim am ente un estudio a este
doble tem a cn el Hipólito y las fljcjhícs.
81. & /« * * « . 1188.
82. I b t l , 1192.
8 J. AfritnenMt, 1231.
84. Véase Λ. Lesley, «Die O rcstic des AiscJiylos», Hcrtrtcs, n” 66, ÍV>1, J90-
214, sobre todo pigs. 207-208.
85. Λ, Lebeck. «The first siasimon o f AcschyUis' Chocphnri: Myih and M irnn
itiujjc», Cíimk j i Pb;!t>!tizy. n” 57.1967, pif/s. 182 185.

lh iJ . p¿rs. ni siquiera en boca de la reina. 935-VJ6. y con un pesado castigo». «Ojalá pueda. 261. U i C o c fo w . Sobre cJ sentido d e θυτήρ. 106. equivAlcntc poco más o meaos » Ούων. en el combate* Cuando Electra y su hermano invocan a su padre muerto dicen: ElXCTRA: Acuérdate de la red de sus nuevos ardides. El asesinato de Agamenón apenas es más que una abominable tram­ pa. CtMndo el coro resume el drama d s los airídas al final de U pieza (1065*1076). a los banquetes y a los sacrifi­ cios.umniJiri.. divinidad infernal. Lo pri­ mero está totalmente justificado: «Ella.. Ih u L 545 354. pj^s.el urco de Ur^o alcance de Ij am pona jjucraTa». 145-146. traduce: «Donde estuviste tú prisionero». •H. Zcitlin. O w /orjs. 460 y 627 628 en los que Apo!o cxpiicj que Clitem* i»m ij no lij u!iit/J(k> siquiera «-. el d e Agamenón.2 55. en boca de Orestes. “ 4. L ü C<K¡urji. I.i. es. Retrospectivamente las cosas cambian también.'0 ha sido para Zeus un tb y te r ? ' un sacrifi­ cador.4' lo segundo no se menciona en ninguna parte. *>2. (o cual no refleja h «•w^ren *k* oazj. pero ello no es un sacrilegio. por completo. mas no la dcClitemnestra. vé. ‘H. 87. 8S.’2Zeus no tendrá más hecatombes si Agamenón no es vengado. 4>0. 8'J. lan­ zar a plena voz d lamento sagrado sobre d hombre degollado. ejecuta la or­ den del oráculo. 385-33$. L . OR1ISTES: Cepo sin bronce por d que fu iste capturado (έΟηρεύΟης). sobre la mu­ jer inmolada.1" Agamenón se convierte en un sacrificador puro.»se J. véase V. C j- o t.. quien paga a la vez las faltas de la guerra de Troya y el sacrificio de Iftgenia. 4W-485. padre mío. por anticipación. P. Orestes deplora que su padre no haya muerto. c! ani- hjfiin de Clitemnestra. sin embargo. y el coro de cautivos exclama: Έφυμνήσοει "jdvoiTó μοι τπ>κώ / εντ’όλολυ^μβν άνδρός / θεινομένου γυναίκας τ' /όλλυμενας. w limita a tres «tormentas»: c) asc&íiiuiu de los hijos de 'Uestes..1” El reino de Orestes se asocia. ha termina­ do por herir a los Priámidas. objeto de una libación a la ürinia.1 86. por fin. su tumba es un altar (bowós) como el que se alza a los dioses celestes. T kctnaiif. la Justicia.»*' La sangre de Eglsto.A Ο Κ Γ Λ Τ ίλ Ο Α D r E S Q U IL O 153 observado:** d tema del «sacrificio viciado» se halla al borde de la de­ saparición. como un guerrero. Orestes no sacrifica monstruosamente a su madre. C A Z A V S A C R r n C I O | : n I. Agame­ nón no es ya el guerrero preso en la trampa y abatido por la espalda.4.. i hi. ha llegado. El motivo no desaparece..

op. al efebo. lt:l. 104.lc’ Este rizo descubierto por Electra y sus compañeras deja ai je­ fe del coro vacilante: ¿se trata de un hom bre o de un joven? Efectiva­ mente. Dali. lo que es más fundamental. ¡bil. ογρευμ α θηρός. 7. 1015. «l-c Chasseur noir». loe. 102. 97.. Cl. desde el principio de la pieza Orcstcs aparece con esa ambivalencia que caracteriza (he tratado de demostrar· lo en otro lugar)1'·0 al prchoplita. lo que permite prever su absolu­ ción ambigua en las Eumónidcs. n. 9K]. 101.. ibid. cuando define la red misma como una trampa para animales. d i. esta ofrenda funeraria1^1 (pentbeterion) repite —el propio héroe lo dice— IWla que Orestes adolescente había hecho al río ínaco en agradecimiento por la educación (ihrepteriou) re· cibida.. 99. I A este «cepo sin bronce» vuelve el poeta en varias ocasiones cuan­ do Orcstcs evoca la maquinación (n¡cchár. «l. do sixiéme discours d ’lseo». aunque propiam ente hablando no sea un sa- criticador. Leitres. Véase mí artículo ya citado. Sobre la ofrenda de cabello en pcncral. véa­ se J. AJculi.f' d e que fue victima su padre. 1. L ts Corforjt. πατροκτόνον θ’ ύ φ α σ μ α ’8 Estas observaciones me llevan a estudiar el personaje central de Las Cot/oraS) O restes quien. a t. pero es el velo mismo quien es declara­ do asesino.’ágc correspondan! au sacrifice du κούρειυν ct les donnves lüstoriqucí. Al final de Las Coc/oras el coro no sa­ be si representa al salvador o al desastre: σω τήρ’ / ή μόρον ειπο)/* Pe* ro. pápv )5B·>94. 10). 1073-1074.cma)'. un rizo de pelo. 98. El prim er gesto de Orcstcs es ofrecer sobre la tumba de su padre. que ha teñido con la sangre de Agamenón el velo que sirvió como trampa del rey. puede confundirse a Orcstcs con Electra. Lo que sorprende inmediata­ mente en Orestes. roy. véase P.: sobre los aspectos femeninas de la efebía.. m . al aprendiz de hombre y de gue­ rrero que utiliza ardides antes de adquirir la moral de la batalla.!WEl signo de reconocimiento entre el hermano y la hermana es un tejido antigua­ ré.Ν* L A C R l X t A A N T I G U A . IbiJ. en señal de duelo. 1955. AnnaU'S E S C .154 M IT O Y Ϊ Ι Ι Λ ϋ Κ Ι Μ Λ Γ. es su carácter doble: no hablo aquí sólo del hecho de que sea a la vez culpable e inocente. Labarbe. 169 y sig*. 205. su doble. ü íj J. pá/j. Justo en ese momento hace mención brevemente de la espada de Egisto. 6. sobre Ja tonsura de esbeltos del eíebo.. véanse las indicaciones y la bibliografía fccogubs p o r K. páfcs. 959-960. . Vtdal-Naijuct. 1968.. tícíg. 100.. h is C w /orjs. sí es un cazador y un guerrero.

'14 Orestes será a la vez hoplita y ar­ 105.113 Cuando el coro.1* Y Clítemnestra se hace su eco: δόλοις όλούμεθ' ώσπερ ούν έκ τε ίν α - μεν.9-16-947. Sobre el arco palim cno de los escitas. Así. C AZA V SA C R IFIC IO Γ. «Ha venido aquel que. el coro triunfa: έμολε δ ’ ώ μέλει κ ρ υπταδίου μ ά χ α ς / δολιάιρριον ποίνά.Ν t. iu iiC o r fu r jt. 110.888. Londres. Snodgrass. «Vamos a perecer por la astucia tal como hemos matado». i b a . Pl. de cujvjtura inversa. ... Orestes se muestra «envolviendo (a su adversario) con un bronce ágil (ποδώκει π ερ ίβ ο λ ω ν χά λ κ ευ μ ά · τι)» . sabe mediante la astucia acabar el castigo». ραμ. 157-158. en cierto sentido. luchando en la sombra. I H .■» «4· bica donde la astucia ocupa un lu¿»ar. 107.. 115. I b a . θήρείον γραφήν. describe un guerre­ ro armado con el arco escita palíntono.. 109. /*Λ/. Arm s and A m o u rs o f /l-r ( in t'k. 726.1” Ores- tes debe usar una persuasión artera (πειθώ δ ο λ ία )" 3 y una vez realiza­ do el crimen."^ Es precisamente «na especie /. 158 |f»|. evoca lo que será el vengador ideal.-*.1™Al adversario se le envuelve con la red. Sevthi. pero se le combate con el bronce.1" Pero el empleo mismo de la palabra máchenos lo adviene: no se trata de un ardid cualquiera.i*tarthers ¡n A n h jic A ttic (Ironinj’a.í>i<¡. llama­ mos con el nombre que le compete. 2) 2. como es Dike contra Dike. mortales. V··». HfT*r í/ít ctuJct grccqtu'S. Íjxs Cor/ow. F. i i? f mente bordado por Elecrra. Este combate es.. describiendo juu adelantado el asesinato de Existo. Justicia». esta vez legítimo. 1965.11’ y al mismo tiempo con la espada «en la que hoja y puño no son más que uno. «que des­ pués d e haber inmolado por la astucia a un héroe reverenciado. y b docum entación iconográfica recocida por M. 106. véase Λ. sean ellos [Clítemnestra y Egisto] atrapados y perezcan cn la misma red». thsJ. una máche («lucha»): es Ares contra Ares. *48-951. 111. y Λ. L.A ORIiSTÍADA DIJ I M j U l . p. 82. 11¿.issan. lbU . i b d . ¡biJ. ** La ambivalencia del comportamiento guerrero de Orestes impln .y 576. al prin­ cipio de la pieza. El co· ro prosigue: «Ha tocado su brazo en la batalla (έθιγε δ ’έν μ ά χα χερός έτητυμω ς) la hija de Zeus.461.t cn la pieza muchas expresiones sobrecogedoras. dice Orestes. para combatir más de cerca». que representaba una escena de \ hhhW·* salvajes. aquella a la que nosotros. . l% 7 . IV! J. 108. que hay que tender hacia atrás.1"7 Pero los aspectos arte­ ros de esta lucha son chocantes: «Es preciso». 556-557.

4 8 i. Orcstcs. pero invertida: no son ya los buitres los que claman vcngflnzu contra el robo de sus pequeños. pues. flerjclts. jk to no ha deducido todas Ijs consecuencias posibles de su observación. Fchlinji. «ΝυΚΤύς π α ΐ& ς α η α ΐ& ς.. En su estudio. 117. έκθρακοω τω θείς δ 1έγώ / ια είνω ν ιν «Soy yo."9 Pero la relación con su madre es reversible. IbtJ. Zeitlin. Esta interpretación me convendría admirablemente. La docum entation reunida por Μ. De Electra se dice simplemente que tiene un corazón de lobo. pjps. comparada a UscíIj. p a p . I quero.1El coro dirá.» 249-251. «por ardides que no lo son». anJPmc. era leona. es una serpiente.E s o ocurre con Efectra. I. Vi' F.117 lo cual la sitúa d d lado de la astucia y del disimulo. no sólo en el sueño famoso de su madre que !e imagi· na agarrado de esta forma a su seno. 30). 994. «The Ser­ pent at the Brcast>.4 2 1.. piR..i:< Pero Orestes 115.ls sino.. ¡biJ.litcnin<rsira y O rcsies asu­ men unn respecto al otro d papel de serpiente» (pig. véase tembién la figura l Ipájj. n" 89. The \ U ittf. Véase F. Jbi¿. resumiendo iodo. 184 de este volumen). Vos permitiría re­ novar d tema.1" la ver­ dadera serpiente es ella y Orestes serpiente es también una de las crías abandonadas del águila que gimen de hambre «porque no están en edad de llevar al nido la caza p a t e r n a » .119. 155-164. Las Caefaros. Whallon ha visto perfectamente esta reversibilidad: *C.1958. el texto fundamental pertenece a Eurípides. El combate d d águila y la serpiente —del que no es preciso recordar que opone un animal noble a un ser situado en la cate- ./. 2 7 » . 271-275. 955. 246-249. LasC ocforjs. por su parte. una sola voz (1235). Trj»s. son los aguiluchos los que están privados de sus padres.1968· l% 9 . Clitemnestra es también una serpiente. 122. quo hi victoria de Orestes. serpien­ te que puede caminar en los dos sentidos. Sobre esta expresión y ateas semejantes. o más bien la del oráculo. E n d A£jrncK(iu.156 M IT O Y T R A C r . 549-550. 116. Hermes. conver­ tido en serpiente. 121. 123. Assoc·. I A A N T I C U A . vaca y. Este autor im crprcra d e n o s vasos com o una iniciación a la caza com- partida a efebos por arqueros escitas (véase pág. Eumcnidcs 1034 und das sogennante Oxymoron in der TnigÜdic». A C R I X . n4’9 0 .lfc Pero es el estudio del bestiario de Las Cocforas lo que culmina la de­ mostración. Para la oposición entre arquero y hoplita.11. . sobretodo. por su parte. véase D. o f ¡he Amcr. Las Cocfarjs. Phil. eí que la m atará». 118. 120. 527-534.άμ<?ίσβαΐνα. 142-155. P. Lu imagen que abre el Agamenón reaparece. /&. 154. según la definición que el da de sí mismo.. pig.’**Es la víbora que se ha apoderado de Jas crías del águila.U J A L N t .1. 124.1 es «murena o víbora». ha sido obtenida (ά δόλοις δόλοις).

cierto. H.ígs. es acompañado por los atenienses: «Los hijos de Hefcsto le abren su camino. Témis (el orden) y Febo al otro.t 1050. 9. 12. en forma más o menos enmascarada. 125. Las serpientes. El relato de la Pitia. A titáot. 5.':*aquel mismo que «corta de un golpe afortunado la cabeza de las dos serpientes». ¡¿sCcxforas. Kel)rr. Es. 127. con otro espíritu. en respuesta a Clitemnesira que tr. iltaJa. J963-1964.1117Clitemnesrra y Egis­ to. 128. n° 5. pues. en el prólogo de la pieza.op. 344-352.200-209. ρ-ίμν 293 -325 (pnra el mundo pre· ciHTomano.. el doble Ares». A Study in (he Migration n i Symbols». estaba constantemente presente en las dos primeras piezas de la trilo­ gía.ititu!c.j.1. Λ . Aristóteles. Junp. liumcmJcs. 247 -481. y las hechos reunidos pnr O. cazador y guerrero. de Délos al Parnaso. El último titular. 507 -312).. 13-14. «Ad!er und Sc]\Lin>*e>». 928.1 . tiene el apoyo de Zeus. alternando el orden de sucesión. el de loe «arquetipos» de C .urkcr. d(„ p. Al l. Orcstcs volverá a ser en las Eumcnidcs pieza de caza amenazada con el sacrificio. l(W?. 1. Joum jl o f the Vibrburg l>. I h l .O 157 es u m bícn el animal real adulto. pif. en realidad. Sólo aparentemente dejamos el mundo de los hombres para ver en­ frentarse a los dioses. ik:J. 130. reaparecen en la cabeza de las Erinias. -ISS b)— es un topot del arte y de Ij lircrjtura griegos (véanse. 12<>. de la que he tratado de mostrar que. véanse Ias pip. naturaleza salvaje y civi­ lización. ofrece un relato de los orígenes de Delfos que es propio de Esquilo: el de una sucesión que fue «sin violencia (ούδέ πρϊ>ς β ία ν)» 1*1y en la que no tiene lugar el asesi­ nato de Pitón. Las divinidades dueñas del lugar se dividen en dos gru­ pos entrelazados: la Tierra y su hija Febe a un lado.<:. del hom bre y de la ciudad de lo que en última instancia va a tratarse.'™ La invocación dirigida luego por la Pitia a gnrú do I05 ά \ΐλ ε ό θ ε ρ α κ ο ύ ρ β ο υ λ α . Febo.Ν L A O R !A T t A ¡> .6 0 9 a).t O il I M > i :i l. amansan para él el suelo salvaje (χ θ ό ν α /ά ν ή μ ε ρ ο ν τιθέντες ήμερωμένην)». de la* « ser» no Ubres c insidiosas» (Aristóteles. En las Eumcnidcs va a salir a plena luz y desembocar en el mundo de lo político la oposición entre la naturaleza salvaje y la civilización. serpiente y león. pero.ua a su hijo de serpiente125 el coro declara: «Ha llegado a la morada de Agamenón el doble león.. 126. por ejemplo.1959. UvJ. «Ea$!c end Serpent.1*' El destino de Orcstcs no está. zanjado: personaje doble. ri*2. C A Z A Y S A C R I F I C I O Γ. ih J . que se encuentran también co muchas otras coltorjs: vüasc el estudio {divulgación «rthicíosu de ¡dios vuelos) de l t Wmkower. .

Son s e r p ie n te s . El salvajismo que era una parte de los personajes de Agamenón. ttíJ . Así ¿ίη ρ ρ ο ίζεϊν en el v.1*7 Una j vez más Esquilo utiliza el vocabulario técnico de la caza. 25-26. ·' 132. las «Ninfas del antro coricio. / .. eso es lo que era también el ejército 131. cn los versos 193 y siguientes: «En e! antro de un león bebedor de sangre (λέοντος αίματορρόφου) es donde les conviene vi­ vir. G uépin. P. ibid. como es debido.11' el que conduce a las Bacantes al comba­ te (¿στρατήγησεν) y el que cn Pcnteo preparó la muerte de una liebre:"4 es la muerte misma lo que las Erínins preparan a Orestcs.. ctt. Palas Pronea de un lado. asilo de los pá­ jaros». 252. por tamo. se halla en ellas sin mezcla. 135. Negar su existencia sería negar una parte de la realidad.l>¿ el río Plisto y Poseidón. pero no por ello deja de subsistir. el ruidoso — «Me libro mucho de olvidarlo (ούδ1άμ νημ ονώ )»— . con una apelación a Zeus garante de un orden nuevo agrupa a los dioses. J las divinidades y que concluye.sctttljdo p o r J. 139. 128. que estremece el suelo. . Se nos advier­ te desde el principio de la pieza: el m undo de lo salvaje puede ser in­ tegrado. en dos categorías. El Orestes cazador de Las Coéforas se ha convertido. 111-112. lituncniJcs.. ibid. 140. pág. S u carácter puramente animal es fuertemente subrayado. en ca­ za. dominado por Zeus. la transición puede hacerse sin violencias — y eso es lo que realiza el proceso de Atenas—·. que sifinifiea exactamente «Janzar el β π ιο que deja sueltos a los perros». 2) 1. op. cn lugar de venir a este templo fatídico a comunicar su mácula a otro». 327-32S. P untu. 132.1* una liebre cuyo sacrificio pagará por la muerte de Cliiemnestra. m 1 )). 2 4 . M I. IkiJ. Ifti*. 134. 424. 1 58 Í.15* Las Erinias son cazadoras. del mismo Orestes.. Un león bebedor de sangre. 136. cierta­ mente por Apolo. / * . y del otro. abriendo la serie que cierra Zeus.1” retiro también de Dioniso «Bromios». evidentemente también. LumcrtrJfS.ÍÍT O V T R A G L 'Ü I A Γ Ν U G R I . Clítemnestra. . Es un pavo que escapa a la red.s o n también pe­ r r a s .C l A A N T I G U A .. 24. es un Dioniso cazador. 137. El Dioniso que se invoca aquí no nos resulta cn modo alguno indife­ rente.1*"*pero cazadoras puramente animales.1” pavo acurrucado (καταπτακών). J J . 138. 22-23.

ΜΙ De forma completamente natural el simbolismo de ios colot i %»m» curre a expresar esa realidad.Sobre « Μ noción. corno tü dicos. hom bre o animal»: ουδέ θ ή ρ . íhJ. J. 106-109. brota del suelu.W ." Estas divinidades reciben sacrificios que las definen no menos clara­ mente. 142.. pij^s. Zetilin.-i.Λ O K I . véase K. antes de destrocar a Perneo. los hijos viejos de un antiguo pasado al que i· 4. y el pran re b lo del insisíc en !a sobrsedjd d e los ireí t/jw s encontrados en el Cicerón: ο υ χ (¡Τνίομ/νπ. pero comen hombres.. páft. 144. aún no degollada en el al­ tar. sin que nada proceda de la agricultura. C A Z A V S A C R I F I C I O J ! V 1 . Esos «hijos d é la noche»1" que tu» uum cen más que los velos negros.. 201*210..I ' · 1 U >· M f de Agamenón durante la conquista de Troya.. E u n é n iM . op. Mculi. 181-183. Uft.M' Composición característica: no se trata más que de productos «natura­ les».1*5 cuyo odio es igualmente negro. S32. IbiJ.'ffw. Π1 iVru el vino de Eurípides. 148. 143.S T M ü . 142. ¡hiJ. (686·637).. son «las vu*.. Véase K I. i .1*2 El antisacrificio es designado esta vez por lo que es.l I » . IMV. La sombra de Clitemnestra les recuerda sus ofrendas: «¿No ha­ béis chupado1·**con frecuencia de mis ofrendas. completamente viva. so­ brios brebajes tranquilizantes (νη φ άλια μειλί>μστα)? ¿No he ofrecido de noche más de una víctima para vuestras comidas sagradas.. y las ofrendas son consu­ midas en un sacrificio que todo lo aniquila. lo «natural» es también lo crudo. *>„ lo so más allá del salvajismo y de la animalidad.”0 Las Erinias se mantienen en los dos extremos: lo «puro»."’ non amenazados por la serpiente alada. k. «y no. »· · «Imi cheadas. ItiJ . 486. víctima engorda­ da para mis sacrificios.Al<>. lo mismo en A rm íc /ioh . UurrtcniJes* 6S-70. sobre el altar Cüir έσχάρςί πυρός) a una hora ignorada délos demás dioses?».ebrias de vino*. libaciones sin vino. rit. 147. poc las flechas blancas de Apolo.lw Las Klim**» »*.151las Ba­ cantes de Eurípides se nutren de la leche y lu miel que surgen del suelo y devoran la carne cruda del chivo. >70. The Motif.. sin la parodia que evocaba el crimen de Agamenón. V* !4l>. « dios. No beben vino. me proporcionarás mi festín». MU >05. 351. IV . Así» aunque cerca del vino.. M5. ¿ λ τ ί ς α ν (106): Ijm itln m is que «sorbido» (Mazon). . Las diosas de la noche se dirigen también a Orcstcs: «Tú.

proporcionar a mi sed una ofrenda roja sacada de tus miembros». 691.*'* Un pelanas rojo es una imagen sobrecogedora de la m ons­ truosidad. σ έβας. protectoras del crecimiento. Vénnse um ljién los versos 937-948. en la medida en que se constituye en frontera: «El fuego que consume los jóvenes brotes no franqueará vuestras fronteras». 855.l037. El peíanos es una ofrenda puramente vegetal. debes. 940-941. 158. 161. 157.16*’ en el exterior de la ciudad.1’·' el pastor de plantas. FjiwcniJt'i. La transformación de las Erinias en Eumcnidcs no cambiará su na­ turaleza. φόβος. Divinidades de la noche. Véanse los versos 525-526 y 696.9 2 . se m udan en protectoras d e la vegetación. έρυθρ6ν πελανόν. íluwcm Jcs. Es un peíanos lo que Electra ofrece sobre la tum ba de Aga­ m enón. ¡Que la semilla humana sea también protegida!». 162.v' Divinidades de la sangre y de lo salvaje. el jardinero que rotura el suelo para eliminar las malas hierbas. 160. 159. 911. las impuras: τ<5>ν δυσσεβούντω ν δ 'έ κ φ ο - ρ ω τέρ α π έλο ις.1161 que el temor. 155.S35.m Pero desde entonces. L u C w /o rj\.A Ο Κ Γ . 163. Una ofrenda roja. 156.”7 De una forma sorprendente.160 M IT O Y T R A G E D I A K N I. se pasa del vocabulario de la caaa al de la agricultura y la ganadería. «ni anarquía./. 1006. Eumcnidcs. siga existiendo junto al respeto. Íb¿J:. sus ofrendas sacrificiales: sus σ φ ά για ”4 y sus 6\)(7fol.. Ibid.'1" Pero lo «salvaje» sigue existiendo en el interior de la ciudad porque Atenea acepta sobre sí el «programa» de las Erinias. Las cazadoras toman asiento. 154.. 910. masa o líquido. 907-900.*w Atenea exige a las Eumcnidcs que se comporten como el <ριτυ- π ο ιμ ή ν. de los cultivos de la crianza de animales y de hom ­ bres: «Que la rica fecundidad del suelo y de los rebaños no se canse ja­ más de hacer próspera mi ciudad. /¿V. se convierten en objeto de lu fiesta noc­ turna que remata la trilogía. Reciben normalmente sus víctimas dego­ lladas. ni despotismo».ίΠ Λ A N T I C U A . .1t'. «esas agujas ensangrentadas 153. I Pero la expresión más sorprendente se encuentra en los versos 264-265: «Eres tú quien completamente vivo. tienen derecho a las pri­ micias. £6pa.t El furor. «ofrendas de nacimiento e himeneo».. a cambio.

»·»ινΐ4 7tώ ς ix v tc p c w x ς«*. |M . expresa la prohibición del incesto: O p v i- ·»■· .1” La parte de cada cual en los diferentes tipos de sacrificio queda re ­ culada.A O R £ 5 7 / / iD . «Desprecia los combates entre p j- 11 h *(»· Ij pajarerj». σπλάγχνω ν βλάβας / \·έ<ύν. «59*860. IM . /*¿A.ών («^Qucda puro el pájaro que come carne de seme· . C A Z A V S A C R i r i C I O Γ Ν I. La interpretación de P. Mazon. αίματηρίχς θ ηγά νας. 226. E S Q U IL O 161 que a solan las jóvenes entrañas».'Μese mundo de Ja animalidad debe reservarse para la guerra extranjera: «N o llamo combates a los que enfrentan entre sí a pájaros de la misma pajarera {ένοικ(ου δ 'ο ρ ν ιθ ο ς ού λέγω μάχην)».l D r. t>66. me parccc insxacta. Esta imagen debe relacionarse ccn aquella l · 114 que rl D Jiu o de L is Suplicantes.

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aparecido tamhicn cn ingles en los PffKCcJi’n ¿í o f ihe Cewktidgp Ph'Iv- ioRicaiS tM ty . . 1%8. El combate singular y frontal que oponía el «negro» (Melante) al «rubio» (Janto) sólo era ganado por el primero. páfis. Ann. Pero el relato criológíco de la fiesta de las Apaturias. Remito a este artículo para Jos detalles d e Li demostración. 1971. pigs. canicm sn Jom e *qui con resumir sus principales condusinnes. n" 194. páftv 49-64. G23-63ti. 1968. gracias a una tram pa divina o humana. durante la cual los efebos sacri­ ficaban. que accedía así al trono de Atenas. Intenté entonces resaltar lo que puede llamarse la paradoja de la efebía ateniense. Ja del combate de la falange contra la falange.tlcs E S C . combate leal y solidario: «N o abandonaré a mi compañero de fila». «Le Chasseur notr ct l'originc de l'éphébie atbcnknnc». en el seno de la fratría.' El efebo. 947-964. C . su cabellera» nos lanzaba a un universo completamente diferente: el de la astucia. 1. la úpáté. Esta paradoja era en realidad la de la efebía * Prflncra versión: An>u!ci f í S . promete someterse a la moral colectiva de los hoplitas. cuando presta su famoso juramento. Capítulo 7 El Filocietes de Sófocles y la efebía El trabajo siguiente* desearía aportar un complemento y una ilus­ tración a una investigación anterior.

disponemos desde hace poco de una síntesis de A. La bibliografía sobre este tema lia sido dominad. Caíame. El juram ento de los efebos atenienses —del que por lo demás nos gustaría saber en qué mo­ mento de la efebía se prestaba. La traJicíón antigua es estrictam ente contradictoria: Licurgo. realizada en solitario o en pequeños grupos. la argucia. BreJich. del combate homéri­ co. véase sobre este ú l­ tim o libro C. liorna. 3. Pólux sitúa tanto la inscripción cu el registro del dem o (in . 175. como lo hace. la a p á té Pero. el agronómos. 172-177. 1969. 1971. y C h .. esra prueba se dramatizaba en una caza. Couroí ct Courétes. la misma indicación en una glosa de Ulpiano {Scholia aJ Dcwoslb. 785-792. pJ^s.· durante m ucho tiempo p a r el libro ile 11.1971. 43K. $u modo normal de combate no es el enfrentamiento hoplítico. Soutvinou. rT 11. Paidcs e Parthvnoi. Es el peri- poíos. Llllc y Paris. a la vez. con mucha frecuencia. Cabe referir todo ello a un esquema iniciático de tipo bastante clásico. U sístrjlj.. Sobre la casa en las iniciaciones griegas.2 El efebo se opone al hoplita por la localización espacial de sus actividades guerreras y. A menos que se pierda en la maleza. a su modo. 7-47. cuyo tcsiim cniu es evidentemente el más directo. Brclich. Jeanmairc. A tnbjts·. pero sólo válido para su propio tiempo. QuaJcrrti Urbinati <t$ Cultura Classics.164 M IT O Y T R A G E D IA EN LA G R E C IA A N T IG U A . análogo a la «prueba en el campo» que conocen tantas sociedades «primitivas». este derecho a la astu­ cia está estrictamente localizado en el espacio y en el tiempo. sino la emboscada. nocturna o no. op.5 al principio o al fin de los dos años de 2. en Orjtorcs Attiei. cit. de guerrero. con el derecho propio de los jóvenes de emplear la astucia. «Phílulogic ct anthropologic structural·:: a propos d 'u n livrc re­ cent d ’Angelo Brclich». 11. 4. por la naturaleza de los combates en los que participa. en el sentido propio del término. pág. es preciso que el joven vuelva. 637). 198-199. El estudio de la mitología griega mostraba además que. pips. es decir. D idot. 17. véase A. menciona el juram ento que prestan «todos los ciudadanos cuando se les inscribe en el registro del demo y se convierten en efebos» {Contra Lcocraics. 5. The Journal c f i IcllenieSiuJics. por supuesto. el efebo de Las Leyes de Platón. El efebo (o el cripto lacedemonio) se halla ligado a una zona fronteriza. pigs. aquel que da vueltas alrededor de una ciudad sín penetrar en ella. como le ocurre al Melanión de la canción de Lisístrata4— el «cazador negro» que había dado su título a nuestro es­ tudio anterior— . la del conjunto de ritos y procedimientos por los que el joven griego simbolizaba el paso del es­ tado de infancia al de adulto. sobre todo africanas. ηΛ9 1 . Por el contrarío. t entera y. más allá de esa institución ateniense. 1939. Institucionalmcnte es el huésped de los fortines de la frontera (los oúreia cretenses). 76). heredero.

6. las viñas. para Atenas. Sobre la obra de Jenofonte como testigo de esta evolución. las higueras» es significativa entre todas. Pelekidis (Htstoirede l'épkebic atti^ue.ocn:rw ur sóuh. la anteúl­ tima de las siete tragedias conservadas de Sófocles.» de una fuente más an­ tigua que Licurgo. sino exactamente de l n «nm* i rio. 161-181. P. Vemant (eomp ) . v i a »i i kía «servido militar» que comportaba ral institution en el ΜμΙο ι V i» · 1m bla ni de astucia ni de zona fronteriza.105. en Μ.J. cuando el mercenario sustituye poco a poco al soldado-ciudadano. los o-im um. D ebo el haber com prendido la importancia capital de esta distinción a la ense­ ñanza de L. para ilustrar ciertos aspectos del Fihctcles. P rttb lc ffic i d e i t t e r r e e n C r e c e a n e ie n n e . pips. v. representada en el 409 antes de Cristo. sino de lí­ mites que circunscriben físicamente la cf)óra propiamente dicha. 7. en una fecha en la que la guerra del Peloponcso to­ maba. N o se trata aquí — ¿es necesario precisarlo?— de desvelar no se sabe qué «secreto» del fa'loctctes que habría escapado a los com entaristas de la pieza. Es más que dudoso que tales «secretos» existan. en realidad. Es. el n¡. un cariz trágico. publicada en 1972. véase mi estudio «La tradition de 1‘boplitc ai* hcm en».. sino el cultivado de los campos. Schnapp. un juramento de hoplitas. 1962. este esquema ideal se ha visto enorm e­ mente zarandeado por la historia. pjgs. Las formas de combate que habían sido durante mucho tiempo patrimonio de los jóvenes. περίΛΰλοΟ. Pata un esbozo de esta evolución. Roben en la École des H autes Études (1963*1964).). Parré y La H a­ ya. los triaos. No se trata aquí de la esebatiá. este esquema me parece que sirve. pág.7 Tal como acabo de resumirlo. sobre iodo. el vocablo rurplnoXoi que designa a h vez 3 los efebos y a los soldados pertenecientes al cuerpo de patrulleros (Pe· lekidis. i. 1968. los olivos. eit'. C. Kl c í i h i j n » de actividad del futuro hopJita será no el espacio indeciso de las fionu· ras. La famosa íiii<h4i i.·.is zonas disputadas donde se enfrentan Melanto y Janto y muchos otros héroes o grupos de ellos de la fábula o de la historia griegas. I. de los combatientes de la noche. op. por su naturaleza. las tie­ rras de cultivo. de es. p jgs. . de los prehopli- tas. se imponen poco a poco a todos durante la G uerra del Peloponcso y más aún en el siglo IV. París. N o obstante..«. véase la contribución de Λ. 35-47) está atestiguado en una fecha mucho más antigua que la p j- Libra έφ ηβοι y no hay que excluir totalmente que Pólux depend. con la que se concluye: «Los límites de la patria.li. La mención de los «límites de la patria» no debe inducir a error. P r c k ¡ e » : e i d e b g u e r r e e n C r e c e e n e ie n n e . 111) se in­ clina p o r aceptar las palabras d e Licurgo. 17*1-179. Pero la comparación entre una obra lite­ cua! es manifiestamente falso) como cí juramento al termino d d servicio efébico (8. Finley (comp.6 P or supuesto.

1 *1-146. 1. cn Λ . L es C tuJes ciassiques. 217-218. Fiehn. A rcb . C on . 3*9: sobre el F iioctctes de E uríp id e s. 1968.. vénnsc la figuru ill (p íg . para los C an toi ciprios. s. K s lo que dicc (j Pequeña líh c h . I I . JO. Η. cois. n " 15. veasttih id . 9. 57*61.Í£s. J ou an . I . véase tam bién p jg . A m Just. 718-725). cit.hrcsiom athic d e P roclot. véase también T u rk in Roschcr.. véase M .1 8 S 1 . 1879. R c c b a r h c s sur h C.W ebster. Jouan. 1 % 3 . Resum en de la PoyucrlJ liú d a . págs. 1967. a c h i l c i a a n t i c u a . I V . 18Λ) y vi apéndice. ‘f h c Tra· g e d ic s o f Eurípides* Lo n d re s. 2. París. Evocada brevemente en la 1liado (2. Florencia. L a ex po sición de con ju nto m ás com pleta d e 1λ tradición sig u e sie n d o la d e L. v «Philoktet». págs. tratada en la Peque· ña ¡liada y en los Canias ciprios? objeto. S o b r e la trilogía de Ij q ue form aba parte el F iloctetes d e E sq u ilo .166 M IT O y Τ Η Λ Ο ΐ. ! l m ito d i F tlo ttete n e lh le tte r a tu rj c h u ic a c n c tl'a ric f t g u r j t j . L i o rigin a lid a d de Sófocles cn relación a su s antecesores y a la tradición mítica ha sid o c o ­ rrectamente definida p o r !i. 97*156 <sobre to d o p.. ioc. A rc k e o to g ij C h u ic a . K heim seh cs M u seum . T ad dci.509. págs. 2311-2343. I I I . a fa vez histórica y es­ tructural de la obra. n. . F. n"3 2 . El adivino Heleno. véase F. y la ex po sición apoyada.1 .. «Philoktctes». cojo y con un olor es­ pantoso. « II m ito d i Filottete c d un e p i­ so d io della vita del B u d d h a» .1 9 6 4 . Λ . S o b re lo s pro ble m as planteados p o r u n vaso d e l m usco d e S i ­ racusa." En la pieza de Esquilo —como en la de Eurí­ pides representada al mismo tiempo que Medca cn el 431— el papel esencial cn el regreso de Fiioctctes junto a los soldados del ejército gríc· 8. 1963. * D i e In trige ¡m A u ib a u von S o p h o k le s’ Phi- loktct». M ila n i. ü. N . 1898.η ΐΛ i : n j. 17. 1938. s. q ue su m ism o autor com pletó: « N u o v i m onum entí di Filottctc e consideration! gcncroli in proposito». 202. Sevcryns. R . cap­ turado por Uliscs. pág. cn la com p aración con los m o nu m e ntos Figurados. antes de Sófocles» de tragedias perdidas de Esquilo y Eurípides/' la leyenda de Filoctetcs” no imponía a Sófocles más que un esquema extremadam ente simple: relegado a Lemnos tras haber sido herido por una serpiente. de form a a veces im p ru ­ dente. L ex ico n . págs. París. 198-218. 52 y 59. pero no se ha realizado n in gu n a e x po sición de síntesis al res­ pecto: para una b ib liografía reciente. ha revelado que sólo su presencia y la de su arco ase­ gurarían la toma de Troya. n "5 3 . 8 3 . C uripidc e l les légen des des chants eypriens. pero poseedor del arco infalible de Heracles. <·. 1966. F. de T. « L e “T en ncs” (? ) de E sq u ifo y fa leyenda de Fiioctctes». p jg s. Schlcsinger. L a docu m entación ico no gráfica se ha in cre ­ m entado desde entonces. pifi· 8 9 . Fiioctctes p er­ manece exilado durante diez años hasta el día en el que una expedición griega le devuelve a Troya. págs. p ig s .500-2. Resu m en y com p aración de las tres tragedias en D ió n C risó sto m o . 97-109). j raria tan profundamente inscriia en la liturgia cívica como una tragedia griega y un esquema institucional es un método que ha superado ya ia prueba y que puede facilitar una lectura nueva. 249*289. donde será curado. 308-317.

κ ολιπ κω τώ τη κ α ίρ η το ρ ικ ω τώ τη ο ύ σ α . al fuego de Hcfcsto. 13.t y al que Ulives ha disfrazado.115 en Eurípides. en la interpretación d e P Mazon (colección (¡uilLiumc tyudc). •Sophocles’ Pkiloctctcr. el con­ fidente de Filoctctes. La segunda hipótesis es la ni. Las únicas alusiones son las que el héroe hace al «luego de Lcmnos». no obstante. í . En Sófocles la soledad del héroe es total: vive en «una tierra sin fondeadero y sin habitantes (ο ϋ τ1εϋορμον ο υτ’ οικουμένην)».se acercaba a su miseria». wjason. 5 2 . 15. y eo la que G. es decir. mientras que el Ulises de Esquilo utilizaba ante todo la astucia para apoderarse del arco de Filoctctes. que constituían el coro. modificándola un puco a vcccs. Chuicd Quar­ terly.’1Los lemnios no desempeñan ningún papel y ni si­ quiera se menciona su existencia. P. C/iWical Quarterly. cf dios cojo que había caído sobre la isla (800. puestos en boca del «mercader». Véanse también los versos >00-304. del vigilante (σκοπός. donde ü isla entera apare­ ce com o un medio repulsivo. Sófocles alude a esta tradición en los versos 591*592. El texto es e( de A. Sófocles innova a su ve2 concediendo un papel esencial al jo­ 12. DunxCvil ha visto la transposición de ritos de iniciación {Le Crime Jet i. nueva serie.r $ v l a pi lh ( a 167 go era representado por Ulises.s m : s o t * o a . como Eurípides.. y el v. east. véase su libro LesJarJiusd’Adanh. R and Q * . pigs. Afcal. Uno de los personajes de Eurípides. 1924). personaje tomado de Esquilo. A Study w Myih and Ritual».22l. y VKBurkert. 14.12 En el simple plano de la intriga dramática U originalidad de Sófo­ cles en relación a sus antecesores es doble: Esquilo. mientras que Píndaro» en la p ri­ mera Pttídiy hace buscar a Filoctetes por anónimos «héroes semejantes a dioses».14 El coro está formado por la tripula­ ción del barco griego.i más oratoria» (de las tres): tal era el juicio de Dión.1970. es decir. Tres Cantos. Se ignora si Ulives aparecía acompañado o no en la pieza d e (¿quilo. por así decirio. 692: «N ingún indígena . n" 20.9S6-9S7). «la más política y l. 173*184 (trad. París. n" 1 9 . Collations o f the m anuscripts G . Sófocles no hace uso. UastcrÜn#.is verosímil . Ulises. París. I.1* único presente en el resumen de la Peque­ ña llíada. he tenido en cuenta las últimas puntualkacm nes críticos sobre ) j tradición manuscrita de P. nfaclc"tci. 1983}. es un lemnio. Marccl Deticnne me sugiere que una confrontación entre la pieza de Sófocles >·los mitos «lemnios» podría ser fecunda.Y. 16. P ain tibid.1969. 1972. el personaje de Eurípides triunfaba mediante la persuasión (pcíthú) en el curso de un gran debate que le enfrentaba a los enviados de los troya- nos: tema tan directamente político como pueda pensarse.jd mareen mismo del personaje de l’iloctcles. pero. nueva serie. 57*85. está acompañado de Diomedes.: ijjsjurJinct </r Ada- mr. pigs. l n L o c r n r r . Actor. Hypsipyle and New Fircat Lcmnos. había hecho dialogar a Filoctetes con los habitantes de Lemnos. Por lo demás. 11. Me inspiro. 53.. Pit.ewttk'nm·*. de la riquísima nutolo^ú vinculada a la isla de Lcmnos. páf^· 1-16. 125) que forma parte d e la expedición j?rtej:.

Una posición extraña dentro de esta inmensa bibliografía es la que sostiene I. Johansen. II. cit. 1970. 12-32}. págs. 19. D. Luí - tram. Kitto. a ejemplo de Eurípi­ des. que el «merca­ deo» y Heracles no son otros que Uliscs disfrazado. A. Der Pht- loktet des Sopi>okles. n.1962. El estudio m is com­ pleto sobre la obra es la disertación d eC . P. págv 247-255. 1967. como en el resto de sus obras. por el contrario. p*gt. con razón en líneas generales. Ein Beitrag zar Interpretation des Gricchtschen Ethos. más arriba. en la coherencia del m undo de ios dioses frente a la ignorancia y la ceguera de los hom ­ bres o si. ]a única también en la que el problema planteado se resuelve ex machina por una divinidad. W ebster. su «ortodoxia» en relación con el rcsio de la obra de Sófocles. Sófocles. op. que han subrayado en ella las «ano­ malías» reales o supuestas — a menudo se ha hablado de un «barroco sofocleo»— que han puesto en cuestión. cuya juventud aparece subrayada en todo momento. y la obra postum a de R. Cambridge. 253-302. Form en d Meaning in Drjma. 1964. quien supone. I ven Ncoptólemo. M adrid. la primera tesis. exilado hace diez años y herido. que este desenlace se adap taba estrictamente a la estructura de la pieza. n“ 7 . Ox ford. 87-138. sin em bargo (Unienucbungcn zurrí Dea* ex ntacbitu bei Sophokles uttdEuripides %Francfort. en el mundo de los dioses la opacidad d e la condición humana. el héroe enveje­ cido. n“ 17. no habría proyectado. Tal como se nos présenla. págs. 1967. 169-180. que defiende. L. 9. La mayor parte de la pieza estaá formada por diálogos entre Fílocietes. págs. 1944. 109-129. Bowra. E. o afirmado. «7Tie propitecy o f Hclcnus in S o phodcs' Philoctetcs». The Thenatic Structure c f Soph<tc!es‘ Philoctetes* Cornell.15 tas relaciones entre dioses y hombres han resulta­ do en ella tan singulares que los investigadores se han preguntado si Só­ focles hacía hincapié. von Schelíha. Hinds. Studies ¡ntheDrjrtuucPoflryofSopIxKÜ's.Lviócn. por el contrario. y el adolescente. por ejemplo. Classical Quarterly* nueva serie. hijo de Aquiles: es el a quien Uliscs encarga apode­ rarse por la astucia del arco y de la persona del héroe. Investigaciones sobre la estructura dramática de sus siete tra¿edias y sobre la personalidad de sus ccros. Amsterdam. Dos publicaciones recientes sólo m e han sido accesibles después de h redacción de este estudio: Li edición brevemente comentada d e T. Λ. pigs. véase también 11. 18. Sophocicsn Tragedy. 1958. Véanse las exposiciones antagónicas de C. Musurillo. esta pieza de Sófocles ha intrigado consi­ derablemente a los comentaristas. 1960. Se encontrará Jo cscncbl de 1j bibliografía reciente de Η .. A C K I X I A A N T I G U A . 1956. de la que he podido consultar un microfilm. Fuqua. B. 261*306. Spifa he dem ostrado. Errándonos. Londres. 1970. 17. pígs.168 M I T O V T R A G E D I A E N 1. M. y de II. Schlesingcr. J. The Light and the Djrk- ness.'7Esta pa­ sión tiene muchas motivaciones: el Filoclctcs es la única tragedia con­ servada de un autor griego que no incluye ningún papel femenino. . que n o aborda prácticam ente n in ­ guno de los problemas aquí estudiados.

A abandonar tanto Lemnos como el campo de batalla troyano para regre­ sar en compañía de Filoctetcs a su hogar. véanse las págs. η.’*Hay ahí un contraste brutal con el comportamiento de los héroes sofocleos. 1961. págs· 2IJ-2J2. 25. «Scbicksal urhl p w n ^ im Philoktct dos Sopliokít·:. que termt- ti. A ií. . muchos autores modernos. 247*254. I H .. 1402. deJ mismo autor. citado por I Vt'ilson. pág. me ha parecido siem pre que un cjcmp!o maravilloso es el arrepentimirnto del muchacho. Ll mejor estudio de conjunto es eJd e B . 22.trá por designar la noción crucian. / I m i n . Xhitersiuh. Resulta obvio que incluso aunque empleen un lenguaje «u* elaborado. K. cn la obra de Sófocles. era evidentemente muy fuerte y no han faltado quienes han sucumbido cn ella/1Pero este «psicolo- gismo» ha suscitado también reacciones. por último. de una mutación de un héroe trágico. Fi/acír/rs. vúiu. único en la obra de Só­ focles. C C artón. ηΛ7. fuente casi inevitable de con­ tusión. luego cambia de opi­ nión/·1decidiéndose a decir la verdad/1a devolver el arco22 y. piensan igual. O C J f . StuMt'i tu StifkocltKn T rjzcjy. Con- u<t I j s ¡mcrprciactoni. 269-512.·’5Su explicación de las dificultades del Y tlo c ic ic s y de las mutaciones de sus héroes por las solas leyes de la «téc­ nica dramática» y de la óptica del teatro. ibsJ. *Tyc!in von W ilamowiu-Mocllcndurf. la más resonante de las cuales ha sido la de Tycho von Wilamowitz.·* «psicológicas». Vhiol. 117· 142J.‘ StuJú-i. por ejemplo. 895 y si^s. 1286. Cambridge. con el fin de apoderarse de su arco. «Characterization ir» t m \ k TnyvAyn.! de arrepentimiento. Ll subrayado d e pu- tabrís y cxprcMoncses mío. o al menos lo que los comen­ taristas de tragedias bautizan con ese nombre. ««Die dramatisebe Tcchnik des Sopho- WW». «Second Thoughts in G reek Tragedy»». véanse p i p . dic­ tado por lílises. Tbc U cm ic Tctnpcr. I. El joven Neoptóiemo acepta al principio —a pesar de su repugnancia de hijo de rey. d e su engaño y la devolución de) arco». Alt. 24.V . Londres. 2 ).·». J U 0 Π S Ó r O C L i i S V L A Γ Π .. G n v k Κ'··'7λλ a n j B y u n tin c SluJú's. véase también. esos personajes que se enfren­ tan en bloque tanto al mundo de la ciudad como al de los dioses y a los que la maquinaria divina acaba por quebrar/' La tentación de explicar es­ ta mutación por medio de la «psicología». que no hay por que citar.. pá^s. 1270 por d verbo μ ετα γνώ ναι. 26. 1957. IbtJ. 1966. aunque daba cuenta de ciertos 20.Ν ΐΛ u # De esa disputa no tendré cn cuenta aquí mds que un solo punto real­ mente capital: el F ilo c tc ie s nos ofrece el ejemplo. I96J.*. pá^s. n“ S‘>. 1964 (sobre el l'üoctclcs.. Mass. 111.» a Γ. ft>ur/:ji o f I h-/!i‘nt. liste cam bio es expresado e n d v .·. fiel a su carácter original (phfsis)— engañar a Fiioctctes dirigiéndole un discurso falaz. cl jucz Holmes escribí. T he t t o u n Ja n J theB m v. 21. n” 22. 264.1917: sobre el I'/locM ti. Knox. Pollock cl 2 de octubre tic 1921 estas lincas rrvcJadoras: «Λ propósito de las rams ocasiones cn b s que los anti^um se parteen a no- uttrot. 141-174.

31.ua ei p unto de hacerles im apnar que Li puerra de Troya no había exísiido. es la importancia cada vez mayor que toman en ellas los problemas de localización. O xford.sospechará. FiltKit'iii. expuesto: Π οίαντος υΙόν έςεΟηκ’έ'ιίό reine. En el conjunto de la literatura griega hay pocas evocacio­ nes tan sorprendentes de una naturalc2 a salvaje y de un hombre abando­ nado y asilvestrado. p ig . Un ejemplo claro de lo que puede explicar «la óptica dpi teatro»: en cl v.an:/ (in ri: Trj¿cJ?. uno de los fines del mundo..·* Como c! Jecior . La soledad de Filoctetes se expresa por la palabra ¿re­ mos. y me paicce imposible sv[*i»r a D. lia. CAm/V-·/ Qusrtctiy.s. l% 2 . 5. m is adelante. Th<‘ Heroic. Kouascau. . que se repite hasta seis veces.ΙΛ . 178 28.. Kv38. Fiioactci. lo que permite a Ulives recordárselo al público. y corría d riesgo de perder de paso a los personajes de Sófocles co­ mo héroes trágicos y no sólo como personajes de teatro. en el sentido técnico del término.487 y IGIK. Véase B. nueva itrtc . proporcionar una explicación de con­ junto. Robinson c u j í » · do trata dü hacernos ¡wlmtíif íjue t í espectador atcnirrtse podía creer en o» abandono ' cíeciivo d e l ’iloctetcs al íinal d e la pieza («Topics in Sophocles' M-Hocicics».se* aJ hijo de Pennte». AmtntU. N coptólem o parece «ignorar» que. sin embargo.2 2 8 .11 Más aún. )2 . en aiaU juicrcaso. ¿ su no Ilegal*!.1 mismo aiii culo atribuye. 144.265. Knox. equivocadamente. cualquiera quese. véa^e. pjj'. se^ún d oráculo. U. el propósito de este estudio es hacer pro­ gresar la discusión mediante el rodeo de una comparación entre la «mu­ tación» deJ joven N eoptóitm o y la institución evocada al principio de es­ tas páginas: la iniciación efébica. el Fibcletes y el Edipo en Colono. véanse Jas 45-51). sólo el padre tenía 1 1 ilr rvcln> de expta/rr a un recién nucido.tdo Ph. 114.. )·Ι·56.'7no podría. nn |<A i % ‘λ pigs. ti» un c s m j parecido.: 27. Γ. -171.A N T IG U A . por ejemplo. Jones. Filoctetes ha sido. pero U>s versos 197-200 mucsinut que el hijo tic Aquilas estaba en realidad perfectamente al corriente de ello. 1 detalles. pero esic tipo de investigación sóU» puede dar resultados bastante limitados. 21‘λ 50. la pi>. /£ :J . «Fui yo quien antiguamente expu. lo q u eJ. recuerda Ul»seS.t la libertad que los poetas f. se permite distinguirentre el «personaje tic teatro» y vi “héroe».J70 M IT O Y T R A G E D I A KN L A Ο Κ Κ Γ . Jones lia de­ nominado «una especie de interdependencia entre el hombre y el lu ­ g a r» /' El lugar de la acción es descrito51como escbutiá. Temper. el a rto y Hloctctcs son necesarios p a n la conquista de Troya. llevar Risco­ sas demasiado lejos en la dirección obieíta porT ycbo von Yí'ilamou-it*. una duMe conclusión id ttíocietes. Uno de los rasgos más característicos de las últimas piezas de Sófo­ cles. J. p o r el con truno. 29. Como me ha record.rse^os utilizan respee· ut λ los míios.

pá¿. como un pas­ tor en los cam pos»” Este mundo salvaje está fuertemente subrayado por la puesta misma en escena: donde ésta presenta por rcjjla general la pijer­ ía «leí palacio. t i ft. P. las condicJcncs i|* rsfl· p oubie etludio no me parece <ioe luyan sido cuestionadas en modo alguno por U* · *·{. Ariel.ü.mis conMdcr. Entre esos dos se verán obligados a es­ coger los héroes. M l>a!c. «Seen and Unseen in scenic (Conventions». p. J. C<«ik. A. I*».* A este mundo salvaje se oponen.t i*). La inujicn d e ta exposición reaparece íu it's versos 702-70?..o iiijtií<·π . cí universo de la ciudad representado por los ciudadanos armados. Jones. &¡u ciuhjr^.i».«The l\m erm «i\ o í vffeet i» Sophodcs’ Philuetcte*». 3. l. vive como un Robinsón del m undo anticuo en ). de forma muy nítida. ios H. ScbaH r-.fa fc w . el segundo es el mundo del oíkos («casa»). ΛόνόΥκ μελάΟρων: «Cuando el espumoso vagabundo saf. 2>*0. 96-I0AKv.i. casi.ty tjue suprimir la coma que h mayoría de los editores introducen des· i-·* %»}>· ΰδίτης: véase Λ. m isarrih.*>». M. Op. de los huertos y los campos. 2)3*21·!. p. o c T i . con el recinto de ia casa y con las tic rras cultivadas a su alrededor. pjj.T r j ιμ ·: s ó m o w . lirjtK» de las casas.iví A. W hncr >'*<. ιΓ W. n.· j· it. Π iexio subraya la puerta en escena y el decorado: ό ζό χ α ν Si: μήλ# / ο α ν 6 ς «·■* ttj. Pero será.nv/sde II. es decir.ikh cscribú poc el contrario en 1941: «Filoete· i. Rohsnson.v 41-49.í^s. aparece dibujada (a entradj de una caverna. como rcprosfii tame de un espacio lejano y salvaje.:3 d e estas habjueto- ir· >· 1146· 147). Filoctetcs aparece como enteramente ajeno al mundo de los campos cultivados: «No recolectaba para su alimento ni el grano que nos viene de la tierra sagrada. M ytheclP cuu'c'. ni ninguno de esos otros frutos que nosotros. /. V enunt. 27. es decir. IT. el universo familiar de Filoctetes y de Ncoptólemo.: M ito y f¡?nssn:ien· i i c i I j Credo Art!i¿uJ> Barcelona. loe a i .·* ¡ ih 'ip m c it. los hoplitas.d i.« ¿y .p. sobre todo. Arcfhuw.i desierta de i. donde Füocrctcs es descrito «como un htju abandonado por su t>‘>dru. «No hace cantar una flauta de Pan. e l i t t . formando lo que ha podido denominarse el «triángulo» espa­ cial del Fí/ocfetes:'1 el primero es el campo de batalla troyano. 217. colocado en un lugar que «contrasta. 1956.<.ij.cmno5» *..irómc'i pskoanali· %k*«< . 170.ir o los ríos en cuanto símbolos del otro mundo. la tierra inculca donde vive» lew rebaños. Tal ámbito podrá ser en ciertos casos el m.»sepJj{.*4Tampoco es. el universo pastoril: ού μολιιίχν σνριγγος ϊχ ω ν / ύκ ποιμί)v άγροβάτας.' W . p. no mj'.-J. · i. >. y el co­ ro lo dice explícitamente.·. s y l a m u :U expuesto. otros dos mundos.η Como sij'ue diciendo J. 199». W. 105). · ¡ t i <[in*. esta soledad «o es la de Robinsón Crusoe.íj*. 161·1<ί2 <trad. el espacio extranjero y hostil del α&όχ».

*1Ulises justifica la sentencia de exilio decretada contra él recordando que.10S7. tkiJ. 1.. lamentable existencia la de un hombre que desde hace diez años no ha tenido la alegría de verse escanciar vino».·" El vocabulario que le caracteriza es el que define el salvajismo animal. άττηγριωμένος. Heracles te enseñará (MJOf que está cn realidad vivo.m« v / Ffatolazy. 44. (.. 171. 4 ). i mortales comedores de pan. com o ha observado bien el escoliasta. a im animal salvaje que se acerca v se aleja alternativamente. p. m is arriba. 43. α ύ λ ιο ν (9 3 4 .. lb : l .Y. nota 3.íy. definido también como agrios. V¡tosteles. sin ciudad.172 M iro v & n l a < . la expresión citada está en la páft.w creyendo incluso que su padre había fallecido. I !49>. «no disponía de ninguna mirada fraterna».. el ejército «no podría ya proceder en paz a una libación ni a un sa· orificio». FilocteiCí. 75. asilvestrado (697 \: véase P. Fiioctctes. Véase también en el verso 1321. Hcrrncs. II.4'’ dicho en otros términos. Bij»j. A m u le t F. ¿cómo será posible hacer llamear ofrendas pa­ ra los dioses y ofrecerles libaciones?». 30. Sófocles empica Ia palabra ίιλ φ η σ τα ί que d e­ signa.de el mal es com parado. su alimentación es pasto. véase sobre esta última palabra m i nota. Véanse los versos 173 y 269-266 (άγρί<£ νόσφ ) y el verso 758.Este parentesco es afirmado por el héroe mismo: tb ξ υ ν ο υ σ ία ι i Οηρών ópCÍíov: «OH animales de las montañas. 8 ·9. 1970. 41. (Jopti (274). 709. έρημον. 47. ¿I no cctncya.40 Ulises ha hecho de él un muerto social:«φίλον.2 SO. Sobre el valor d e esta palabra. En el v. l% 6 .s. véase mi estudio «Valeurs relipteuses d e la (erre ci du sacrifice ilans lO dysée». que su presencia hacia imposible el ejercicio del culto cívico. «Tl»e Disease theme in Sophocles». ni compañía (μηθε ξύντροφ ον ομμ’έχων). Fiioctctes asumirá por cuenta propia esta ex­ plicación cuando considere el embarcarse: «Desde el día en que se cm· barque en mi compañía.C. Fiioctctes es propiamente hablando un «asilvestrado». Fiioctctes* 226. Phíioccetcs.. IV65. . n. ή γρίω σ αΐ. ¡Ay. έν ζώ σιν νεκρόν: «Un hombre sin amigos. 150. απολιν.1'1El héroe exiliado no tiene familia. n° 93. pj¿». 40. dor. 43. es en él su parle de salvaje. debido a sus gri­ tos. 284. 101X.4' Como se ha dicho muy bien «ha ad­ quirido por así decir un parentesco con el mundo anima!»*" El mal que le tortura. 279-297. 313). pijis.S. a los comedores tic pan. mis compañeros» (936*9)71. Su m urad3 es una cueva ¡mima). iVcoptolcmus»." >8. «Heracles. el pie de Fiioctctes ο*ϊνΟηρος. cultivamos.. Ih J . la que mejor define su condición.u i:c ia a n t i g u a . "OS·715. 1032-1033. 46. 497. C Avery. un cadáver entre los vivos». los hombros a secas. cn I loniero. véanse también los versos 183185. es decir. «te lias vuebo un salvajo*. ú a p ¿ c ie u tj (βόβκο>ν.'" Es la palabra agrios* salvaje.. 223-235.

CUi Hroi («Vea. arco que. «tiene flechas infalibles que llevan la muerte». «Tlic role o f rbe B o r in the Diilocietcs «4 Si\^hock*s**. 11.irn«crfai · i o: b pal.irítm ente a (Jopó.ihra δοίς designa normalmente una comida humana. til vocabulario es c. 49.” Se ha hecho con frecuencia hincapié en ello: el arco es la contrapartida de la herida: infalibilidad e incurabilidad van a la par. //. <>. Musurillo.s. .i. desven­ turado. Sófocles. 5 J. 955-958. en el límite de la hum a­ nidad y del salvajismo animal. W. !»c. miserablemente». a i:i‘tint λ 173 Filoctetes se encuentra.>.ambien la innovación λ 1«is rapaces d e los versos i 146-1157. l<vM66. Νο. Véase i . 1* . contr. de C. I b iJ . Y alii también algo con lo que hacer fuej. sobre el Füt'Ctrta. por u n ­ ió. exactamente. véase V. 52.ir>1t. 2 4 .” Pero es preciso decirlo más y 48. Véunse también los versos 2S6-2¿¡9.. algunos signos muestran todavía que pertenece a la humanidad. Roma. 51. fatalmente.*1Pero las relacio· nes que mantiene FÜoctetes con los animales.1955 1956-1957» p. Fuqiea. 1i. Fihicttics. >5-36. s y i . j\i£.is J e caza Kj sulo puesta J o manifiesto cu U disertación. véase.‘.4 )). 195B. quien al morir proporcionará comida α la caza que me alimen- taba. Sobre estos hcclins com plem entarios en U tradición mítica. 244.Hi! Es el fuego culinario el que asegura perm anente­ mente la salvación del héroe. «Una copa de madera maciza —obra de obrero de escaso talento— . o καί σώ ζει μ ’ά ε ί / 1' Esia situación límite está simbolizada naturalm ente por la caza. 54. 40W 414. como Ulises recuerda a Neopiólemo al principio de la pie2 a. 297. 2 1 1."¡.l //·<· lUiu\ p.1? El instru­ mento de esa caza es precisamente el arco que I lerades ha legado a Filoctetes.7 1Ü-711 y 1092-1094. 469-4K0. 244 -264. 105.iI t>fVh¡!\>!o?y. •r t . el verbo ςέρ β ω se empica nonerjlm cnte para los ¿mímales. miserable. Iu invenido los vjlores d e l¿s dos pjbbr.Biffts. porejem - |Λ ι. debe pasar su vida. V ilsrm . Λ* llrvUcli. ο π ί .*' Los animales que yo cazaba me cacarán a su vc/. i. 2 3 f-2*5. cit.o». 1960. Ο α ν ώ ν π α ρ ^ ς ω δ α ίΟ ΰ ψ ώ ν Γ ^ ρ β ύ μ η ν (957). debido a la argu­ cia urdida por Ulises. T l'f Uíiftrj.ijis. por el inntrario.í>. sus compañeros y vícti­ mas./</.. m is arriba c iu d j. pues. única actividad que perm i­ te a Fílocteies vivir fuera de la chura. de la ciudad y de los campos cul­ tivados: «Así./tífí. el cazador corre el riesgo de ser cazado: «Mi arco no abatirá ya ni pájaro alado ni fiera de las montañas y soy yo. n " 7-8-9. p-íp. disparando a las presas con sus flechas aladas. Yihtcidcs. «Les M onosindalcs».#ιν//ι* < . son reversibles: cuando está privado de su arco. En la gruta que ocupa. ί ΐ ι . n“ Hl.. I Λ impartiincia de 1js imágenes y J e los tcm.is. Λ Jiiütk.». 50 VtlncMci. mi empleo en el sentido d e «límenlo animal es muy excepción ¿1 UUj J j . ί Έ ί ι>ι: M i i 'o r u . J.

1991). Mustiri- lio.174 M I T O Y T R A t i U H A E N I. 59. 62. H . «Me has quitado la vida al qui­ tarme mi arco». 1030. Me parece absolutamente ridículo. Sopkaíla*. Destino. 1. su obra m uerte» (fr.797-79K . tón ο ύ ν χ ό ς ω ό ν ο μ α (Κ υςεργον fit θά να το ς: «El nombre del arco es vida. 63. . Versión conocida por Servio. autor d e una tentativa de violación cn la persona d e I lera (676-6S5). por ejemplo. pero hace de él un cazador maldito. 266-267. véase K. como lo ve. 61. Dicls). repitámos- 55. 56. 1947. sin bajar ni apartar la mirada.5* Pero el arco es también lo que aísla a Fiioctctes del mundo de los humanos.** pero ésta no le ha mata­ do. 13(ος. siempre firme en su fila»/’ El arco permite a Fiioctctes subsistir. 57.61 es.” No es esta la versión que ha repetido Sófocles: su Fi­ ioctctes es más directamente culpable puesto que ha violado el santua­ rio de Crise. Kitto. 1327* i >28. 60.tg. Francfort. p o r tam o. Λ ejemplo cíe I le- ráclitó. píg. 64.402. que compara su destino al de Ixión./W A cnciJ. 119..40 lista ευ ψ υχία consiste en «aguantar cn su puesto y ver avanzar hacia uno. p. 212 (trad. 48.: So/cdcs.A « R U C I A A N T I C U A . 162-164. Para otros contactos cnirc el Filocletes y los frag­ mentos de U críclho. 1 mejor: el arco es lo que asegura la vicia de Filocictes. Barcelona. lle u d e s . Iwi.. no será ya propiamente hablando un arquero.. 9)1. íi¿o::ctcí. \b i.*'* Pero un arquero no puede ser hoplita y luego se verá que Fiioctctes. siempre en la frontera entre la vida y la muerte. Reinhardt.b <%cnl- pabiltda J» de FÜcictetes es subrayada además por el coro. enteramente falso hacer d e él un übsohi- to inocente. n.111el portavoz de éstos no hace más que traducir la regla moral de su tiempo cuando declara: Ά ν6ρ6ς δ’ελεγχος ο ύ χΐ ΐό ς'ε ύ ψ υ χ ία ς: «El arco no es la prueba de la valentía de un hom­ bre». proclama su muerte. cn el límite entre la humanidad y el salvajismo. FtfoctcU'i. Form attH S\eánin¿.l. Una de las vertientes del mito pretendía que Fiioctctes había sido herido precisamente con una de las flechas del ar- co de Heracles. 58. Es. «Parece una víctima consagrada al dios de los muertos»/* habla de morir. 3. todo un campo de lanzas eri­ zadas. Sófocles juega con las palabra β ιό ς (el arco). tratar de identificar exactamente la especie del animal que ha m ordido a Fiioctctes.. D. 120M 217. K6Ü. IbiJ. a i. cast. Fiioclctcs. β ίο ς (la vida):” Ά πεσχέρηκας τόν βίον τίχ τό ξ ’έλών. 162. Fiioclctcs. como hace 11. pero no puede llegar a ella. En el famoso diálogo del Heracles de Eurípides sobre Jas virtudes respectivas de los arqueros y los hoplítas. I 3 5 . curado. pág. 153 164. ha sido m or­ dido «por una víbora matadora de hombres».

al final de la pie· za. 71. La palabra efebo ha « d o promm* 1 litli. pero algunos comenta· i Utas lian caído perfectamente en la cuenta de )j imitación de Ncop:ó!cn. k l mxKTETM n r sdrocL rs γ l a ι-f ι:ϊϊ(λ lo. Knox. N o creo ijuc haya jid o liccha toda\ ía esta observación. ni 1 jt>vL". I h i l . Piltxtcícs. todos los héroes d e Sófocles son precisamente personajes· Urr. p% .. en mi opinión. 79 y sigs. 69.71 y la prim era intervención del 65. que en el curso de la pieza ha atravesado la iniciación efcbica.*s.cid·». reedeiado en ¡¡tilas uttd HtJpericn. 3 -4. Scliadewaldt en un esjudio célebre. hijo de Aquiles».Ί<·ιηο h:i madurado en hombre f. ahora es un ijni3l d e Filoctetcs»·.\ N coptólem o madura para convenirse en hombre». cincuenta y dos de ellas por Filoctetcs.64 políticamente. en el verso 910 primero. cuando éste invita a Filoctetcs a com batir σ υ ν τφ δ'άνδρί: «con es­ te hombre». «un cadáver entre los v iv o s » . Desde el inicio de la pieza Uliscs recuerda: ώ κρατίστου πατρ6ς Ε λ λ ή ν ω ν τρ α φ ε ίς/ Ά χ ιλ λ ίω ς παΐ: «Hijo del más valiente de los griegos. 1423. que Ncoptólemo ha cambiado de estado. na [3 efebía: üíí M. C. Au-tus. e incluso un hijo para Fi- loctetcs.4’’ Esta simple relación tiende a establecer.« u n cadáver. 1931. un m uerto cívico. después que ha co­ menzado a confesar la argucia por la que había hecho caer en la trampa a Filoctetcs.itc. 11.70 Henri Jeanmairc ha dem ostrado en C o u r o i e t C o u r c lc s que los rela­ tos míticos de las infancias reales servían de paradigma a las adolescen­ cias cfébicas. Div Gricchijcbc Tra^/idic3. Zurich y Stuttgart. Vourvcrw. 66.63 Neoptólcmo es llamado sesenta y ocho veces π α ΐ (niño) -tétevov (hijo mío). aunque la palabra no nunca. 13. 1954. es exactamente un ά τιμ ος. 1963. dos veces. 101H. Com o ha señalado \C. y Ncoptólemo. Weiustocl?. un hombre de edad madura. Op. 34: el autor no hace apenas otra cosa que rvpoíif Jo que por su parte l««b¡a d idin 'Xcirsstoclc snbre cl 1jloetctcs como tragedia cu la educación. *>16-947. Poldctr/. por Κ. la observación puede extenderse más allá d d «snfrtrmcmo». cit. 70. Es realmente la llegada de un hijo de rey lo que se nos cuenta en el V ilo c tc te s . El cálculo ha sido efectuado por H . IbU. 2 3 1· ¿47. páj. casi un niño todavía. Un niño. 141: «Neop· «. 67. «Sophoklcs uiut das [. la sombra un fantasma vano». Gottinga. 1941. En este universo desolado y junto a este hom bre asilvestrado es * donde desembarcan Ulises. 1960. Avery.. pero accidentalmente. í ihxicft'i. 334. más arriba. 2R5. Sofkoklcs* I< y Berlín. p᣻. y una segunda y última vc2 por Heracles. Ahora bien. este niño será calificado como ά νήρ. The Hcwic V m /u r. VP. pág. hombre. un adolescente.o s:n invocar. púg.raeias al fuego d e su ordalía y. pJg. ni parecer. 68. Σο<*οκλ£υυς Φ ιλοκτήτης. aunque anics era el su· U's Jirtado de Uliscs. . I.

608. 75.77 Su interlocutor no le desmiente entonces y. 1364. hijo mío. el autor del Áyax sabía perfecta­ mente que Ulises había heredado efectivamente por algún tiempo las armas de Aquiles. es a las que. W. desde el fondo de las edades.» Releamos ahora el primer diálogo entre Ulises y Neoptólcmo. 76. Sin duda. δ ό λ ιο ς (91. Esta primera hazaña de Neoptólcmo. cuando Ulises invita al joven a contar a Fi· lóeteles que Jas armas de Aquilcs han sido negadas al hijo del héroe y atribuidas a él.71 Recuerda a Neoptólcmo que está de servicio y que le debe obediencia.. Técnicamente Ulises hace alusión al juramento que habían prestado los pretendientes de Helena. . ibU . como el modelo proporcionado por el mito cciológico de las «Apaturia»». Un detalle sugiere incluso que Sófocles hace quiz» alusión al juramen- tco que transformaba al efebo en hoplita: «No estás juramentado (σί> μ£ν. cuan­ do Neoptólcmo ha desvelado toda la superchería. ¡bU. ράμ. τέχν ά α ΰ α ι (SO y 88). Vcjkc d em pico del verbo ύ κ η ρ ετςίν («estar al servido Je») en el verso 15 y d d nom bre ύ^η^ιίτης (53). i A . η!χνι\. en el lugar normal de las iniciaciones cfébicas o crípticas es. 74.L D IA I N 1 .6. 79. ib U . F¡!ocitM %72. 78. vease el empico de las palabra» Α χάτη <11 >6 y 1228).** Desde 72.7* le dice a Neoptólcmo. 1228 y 1282). Ulises invoca b o rd e n recibida antaño para explicar y justificar la «exposición» de Filoctetes en Lemnos. por lo demás.Λ Ι ίΚ Ι Χ Τ Λ A N T IC . M I-142. pe­ ro no es imposible ver ahí una alusión al juramento efébico. Knox. οϋτενορκος)». εμβάλλω μ εν ώ ν ” la alusión se vuelve más clara todavía.7*Como lia visto bien B. ha llega­ do el poder supremo.. 73. 1 7 6 M IT O Y I K iU '. κ λ ά κ ε ιν (55 y 968). 77. 107. 62-64. Ulises. L1 Λ . y cuando Neoptólcmo jura permanecer en su puesto. The Ucrtjtc Temper. Pone en escena a un oficial y a un militar bisoño. una astucia. se trata de la «primera hazaña» de N eoptólcm o/’ Nada indica que éste haya lleva­ do antes las armas. SO. Todo esto sólo es coherente si se admite que N eoptó­ lcmo está efectivamente al principio de su carrera de soldado. ILi vocabulario sigue siendo — incluso aquí— característico. δόλος. 1 coro es para recordar a Neoptólcmo que es el heredero del poder. l l l f i .K 13. Ftlactdi's.. una apáie.** le incita a proferir una mentira. tfo'J. pero ésta es bas­ tante singular: Filoctctes la asume por sí mismo al final de la pieza. desa­ rrollada como hemos visto al margen del espacio cívico. 122..’*' «A tus manos..

tibíeteles.είπ εp ώδ’εχει. (συνΟηρώμεναι) del hombre que le ha cap tu rad o /' Por supuesto» este vocabulario de caza y guerra es met.1 «|·> díame la astucia del arco de Fiioctctes. 11o 7. IbiJ. 54-55. 1005-1007.. 84. 89.im\ · 1 sin el hombro». es importante compn u der lo siguiente: la situación de la efebía era transitoria por deíiim h ·«· por eso Neoptólemo es completamente incapaz de justificar su íh l«» «I otro modo que invocando la obediencia al poder establecido/’ l «»m \> bos podían practicarla άπ(χτη.. 81. IbtJ. 85.. v é jw c l esbozo de A. 54-95. 211 . Ulises envíj un hom bre Γ. D ebo esta expresión α Γ.. desde luego no una ética. S f .ul.’»m 8H.L U L O C T I I T L S U ll S t J l O f I I S \ I \ i I cl principio de la pieza» Ulises empica el lcnj. 839..1966. «’llic I W i 1 ··! «I '* ·* in Sophocles’ Philoctcie.‘ii. curado este arco (Θήραν /τ ή ν δ ' . Neopi«»l· *·. poseer una mitología del em^iirn. 8 a IbtJ.♦ . 1 1 ·■ ··# ’α < ρ α > γίγνοιτΐχν.i|· .ίς νίιτ&σκΌττήν. Podlecki.. (iV Row. .. Jmui». U caza de Ncoptólemo se desarrollará en el plano del lenguaje: U|v Φι λοκ τή του σ ε δει / ψ υχήν όπω ς λόγοισι έκκλ£ψεις λέγων. préstale a 1111 |mi¿ · corto instante — un día como máximo— de desvergüenza. 130. del espionaje m ilitar/' Esta emboscada es tamhi· . ibid. */. «Maestro de n o v icio s» . * I tarde daremos muestras de honestidad.11 1·* c za. 116... I )«. ütsJHyz. *|»n. J . el joven le 1 .840.1 · n .. liste tema del p jp ci del Icnjjíiaje cn el Vttoch'la tiivn \ .M .. « (!ο» m*. //v i. ! t:<Ktc (<■■>.** y Fiioctctes evoca sus manos convenid .U lises rouni· * · modo las cosas diciendo a Ncoptólemo: δ(καιοι δ ’αυΟις ^κΐ|κ/νιη·ρ> θα t ν ϋ ν δ’είς ά ν α ιδ ^ ςή μ έρ α ςμ έρ ο ς β ρ α χ ύ / δός μοι σεα υίον. μ · ι ·< τϋν λοιπόν χρόνον / κέκλησο πάντω ν ευσεβέστατος βροιοιν. «cn cmbcsc. t unos hexámetros de porte oracular: «Lo que veo es qm* li Λ .925. · Ulises ha conseguido convencer a Ncoptólemo p. *· * ! 1 rrolUdo consiJerahlcincuti·.εχο μ εν τόξων) en \ . ' / lóeteles no es The Red Badge 0/ Courage [ Ιλ insignia roja <Λ7 /·.i* M*i 82. j ■. si es así»..sw. «Hay que captm ./.. 86..ii .**’ Cuando Fiioctctes se desvanece. 83.il»nn . palabras es como debes robar el alma de Fiioctctes»/' lenguaje im-titi roso: Ulises rechaza a la ve» el uso de la fuerza y el de la persuasión/ lenguaje de doble sentido como el que utiliza el falso mercader/·' Sí examinamos ahora la metáfora militar. Esta vez.

Filoctctes. 92. cuando en nom bre de Zeus trata de convencer a Filocte* tes a seguirle a Troya.ig. 117. era necesaria para la toma de Troya. Hay otros arqueros como Filoctetes.*6 ¿Es un político puro? Sin duda. incluso mientras engaña a Filoctetes. d e hecho.113*115. PouUloux ha señalado que e« a tradición. Es lo que ha visto perfectamente B. en su versión aristocrática por supuesto. 1055-1062. le propone ser un όμ οιος το ϊς άριστεϋσιν. implícitamente. y su arco puede ser confiado a Tcucro.w La virtud de la hazaña efebica se agota en su realiza­ ción: toda prolongación es imposible. hace hincapié repetida y exclusivamente en una cosa. podemos consta­ tar que el vocabulario militar se relaciona con el utilizado para caracte­ rizar a los sofistas. y no solamente su arco. t ! . 1956. J. pág. 1 % ). lo estaba ya. De Ssluttionc. en una sola cosa: el arco» {The Heroic Temper. Así ο δ ^ ισ μ α (14). Filoctetes. pequeño juego en el que se han divertido m ucho desde el siglo xv m . A ttJró w jcj. p o r ejemplo. cf. «Politics and the PhUoctctcs». Jam eson. ¿No era Neoptólcmo* Pirro el padre de la «pírrica».997. dan 2 a guerrera hoplítica si las hubo?™ Ulises mismo.*2 un miembro de la élite guerrera que se apodera de Troya. D icho esto. Esto aparece tanto en et relato de faíso m ercader (603 621) comn en L· última tenrativa de Neoptólcmo para convencerá Filoctetes a seguirle (1332). Roux. τεχν& σθαι (80). atestiguada explícitam ente por Luciano. H . Alcibíadcs exiliado y vuelto a llamar h a sido asimilado a H loctctcs. Éni¿mes a Dclpbcs. n” 5 1. Filoctctes. p. París. 82-85. p¿BS· 217-227. Pouílloux y G . Sin embargo» lo cierto es que Ulises difícilmente puede proponer esto porque a lo largo de su papel es evidente que escoge no ia άρετή («virtud»). 97. Así. expresa Neoptólcmo su común admiración por el ideal ho* plítico. J.’1 Si se examinan las tres escenas donde aparece Ulises. ú lti­ mam ente Μ. en Eurípides. véanse Jos versos 48. Sófocles voluniariamente hizo de él incluso un po· Utico atcntense. 1135. 94. 126). 96. en el sentido en que el Cleón de Tucídides o los atenienses del Diálogo con los medios son políticos puros. . 975*983 y 1055-J 062- 95.'MUlises no se preocupa más que del arco o piensa transportar a Filoctetes a Troya por la fuerza. «Ulises.1 78 M IT O Y T R A C L D 1 A l-N L A G R E C I A A N T I C U A .** Actúa y habla como si el arco pudiera ser separado del hombre. 93. me parece inútil buscar las «claves» de los personases de S a ín ­ eles. 91. Knox. sino la τέχνη {«industria»). Vi'. P or eso. σοφισΟ ήναι (77). CIjsu cs I Philology.* Termina su amonestación a Neoptólcmo apelando a la 90. I cuanto te quede de vida podrás hacerte llamar el más escrupuloso de los mortales». Λ pesar de que el oráculo pronunciado por Héle- no afirmaba que la presencia voluntaría de Filoctetes.

Ncoptólemo. 1925. c l n i .. al principio de la obra.t:? es llamado hijo de Uliscs. Es la exacta antítesis de Filocte­ tcs. Político puro. Ulises y el héroe herido. Cracovia. 99. Pero la presencia de este úl­ timo cesa de ser necesaria desde el m om ento en que los otros dos hombres se han reintegrado a la vida «normal». í b t J 1257. Dicho esto. a buscar a N coptólem o en su isla 'sr:*K· T.o c r c r c s o z s ó f o c l h s y i. un ápolis («sin patria»). han partido en per­ secución de Neoptólcmo. Ihilleti» deetirmpintdjncebeHcnt-fue.‘Ambassadc ti Sky· f·’*·. Ulises es como Filoctetcs mismo. p ip s. jv p . Uliscs ha desapare­ cido. hace el pa­ pel de m ediador obligatorio. según se ha afirmado. 103-112. 1GI. 370. 100. K. estamos en un universo trágico y no en el de la historia o de la filosofía política.131 P or eso. pero por razones inversas. no asiste a la escena final durante la cual Heracles aporta una so- <>8. Ch. Es posible que Sófocles aluda aquí a su propia tragedia d e los S iy - w t i*n 1a que los tesetdas iban. Trjgxfum cnon iibri tres. lo pierde todo d uran­ te la aventura que describe el Filoctetcs. rey de Atenas. El hijo de Aqui- les. páR?. y para una «rpretcw ación d e esta misma escena sobro un vaso. 11)1. debe obediencia al magistrado que es Ulises. N eoptó­ lcmo. véase 11. in>. pero el joven se convierte en hijo y luego en el com pañero de F ilo c te tc s . «I. 281-290). P o r eso. Ulises sa· le de la polis por exceso de política. más arriba. «al conjunto del ejérci­ to». cuyo nom bre mismo sugiere por demás la juventud. Hrinbardt U:p fit·. hipercivilizado frente a un hom bre salvaje.9* El falso mercader explica por orden suya que los hijos de Tesco. 174) compara con razón las relaciones • 'ιμ λ Ncopiúlemo con las d e Creontc y su hijo I temún en la A n tíg m j. A n tikc u n d Ahcndlattd. 99-Π0. 562. IΛ l% 6 . D u p s . ibid. . «Κ ρέων α π ο λις* . aunque en un sentido haya cumplido su misión. Es otra versión del personaje de Creontc. está ligado a la naturaleza salvaje. U M M . encardinados uno y otro en su paroxismo. 19)4. que va a convocar la asamblea del pueblo. cuando H e­ racles llega para resolver el problem a planteado. Filoctetcs. Zielinski.E n tr e éste y Uliscs. A doptando la terminología que un coro célebre de laAr!tÍ£ona aplica al hombre armado solamente de la téchn<¿y lejos de ser bypstpolis («ciudadano de alto rango»). Funkc. como efebo. 29-50.t-'° dicho de otro modo y en términos políticos.9’ Su última intervención consiste en afirmar que va a dar cuenta ΐ φ δ£ σ υ μ π α ν τι στρατοί.a i:n :a lA 179 vc2 a I lermes. lo que le perm ite entrar en relación con Filoctetcs. Artifoattj. soldado y fruto ciudadano. Vthcielct. no pueden comunicarse. a Nike y a Atenea Polia. pigs.

I Ilición y asegura el retorno de Fiioctctes y de Ncoptólemo al seno de la sociedad. cazador.664. I h \l. 2¿¡0. 1550. Para que Ncoptólemo franquee el paso que separa al efebo del hoplita. Cuando Fiioctctes plantea la cuestión que hallamos en toda tragedia griega. 105. escoge. pifi.18 0 M IT O V T R A C . hlocietes. VilocKU 'S. no cesa de estar presente a lo lar· go de toda la tragedia un personaje completamente distinto. le responde que le ayudará por me* dio de las flechas de Heracles. Hay. de l% 5 . en realidad. ese I ieracles. m atador de bestias feroces."1es preci­ samente el Heracles arquero. no se equivocó. Fiioctctes. un problema que resolver.104 que vuelva a su pfrjisis prim era. En términos militares se llama a esto una deserción y Tycho von Wilamowhz.. un problema propiamen­ te trágico. . Allí fue donde Filoctetes recogió el arco del héroe convertido en dios. el mismo que va a aparecer al final: Heracles. en efecto. 9 5 0 . Aquel escoge. que es rey de Malis.l'D lA 1-M t A G K K C I A A N T I C U A . Op. Todo esto ha sido visto perfectamente por 11. 11 0 . es ó 10-1. Cuando Ncoptólemo se inquieta por saber lo que hará si los Aqucos vienen a asolar su tierra. los valores familiares: π*?μψον π ρ ό ςο ίκ ο υ ς.11' Fiioctctes promete a Ncoptólemo el rcco* nocimiento de su padre. Pero el Heracles que aquí se evoca. a la que ambos se sienten ligados. supone la participación en la guerra.ll^.728 y 14)0. no basta con que se convierta en el mismo. d t. co­ mo sabe bien S ó f o c le s . 1<Y>.’"1 Esta elección de los valores familiares contra los cívicos es tanto más notable cuanto que. 490. 4 5 3 . 1065. luego quédate en Esciros». el sufrimiento y el arco a é! vinculado. τί δράσω: «¿Q ué haré?».0 La moral hoplítica. padre de Fiioctctes.Jj e x p re s ió n se nrpite e n d verso 139ιλ 108. l h ¡ á 136ü. como Amigo* na. En el fondo no hará más que cambiar de Lcmnos. Vilnctctcs. sobre todo."" m ontaña sin duda vecina de su reino. por así decirlo. cit. C . Avcry cn su artim lo.e s definido en muchas ocasiones como el hombre del Uta. «condúcenos a la casa. el lugar de la pira de Heracles. como le invita Fiioctctes. que escribía d u ­ rante la primera guerra mundial. 107. 111.ir<*después de que Ncoptólemo le haya suplicado por última vez ir al campo de batalla. pero que es.ulo ñ u s arriba. 109. Ncoptólemo hace la misma elección.47V. pues.

oye hablar griego. 115. r. por el mérito que adquirirá com batiendo al lado de los demás griegos: «Tú tomarás Troya. pues. vease m. n. 14*2 ( súámv Cjtüv μνημΓία). por primera vez en diez años. Todo griego sabía que Filoctetes había m atado a París en un combate singNiar™con las flechas de Heracles.i. 1429 (ά ρ ισ τά *¿KAa(V»w σ τρατεύματος). m a cn rts d e sftrocits y la i:rr. 220-2)1. a tu padre Peantc. ¿qué dice Heracles al final de la pie­ za? «Partiendo con este hom bre (Neoptólcmo) hacia la ciudad troya- na [.»U 181 χάλκασπις ά νή ρ .J11 La reintegración de Filoctetes al mundo de los hombres. En cuanto a ésta.i. ι α · » » . 8>. //Átrffj. es decir. quizá. reanuda el contacto con el lenguaje. dicc el a su m en de l.J La proposición que Neoptólcmo le ha­ ce1 de dejarse cuidar y curar en Troya es la que luego pondrá en prác­ tica. HiS. ι ω . «el guerrero del broncíneo escudo».111 y el dios introduce al punto una distinción entre lo que ga­ nará el arco y lo que ganará Filoctetes con su valor guerrero personal. el autor de vuestros males».] harás caer bajo mis flechas a Paris. su situación va tam ­ bién a cambiar Su transformación en guerrero con todas sus atribu­ ciones ha concluido. 166. Μ ο ν υ μ α χ ή α α ς Άλεξάνδρω Ktcívct. Sobre ttí c pum o Bowra nene sin duda nljum:) razón frente a Kitto. 19.|3 7 9 .i P ta u riij I fa J j (»/> A i. el plan de los dioses se cumple sin que los actores sean conscientes de ello. en cambio. / ^ .is arriba. 120. a la pira de 1Icracles.. tu país. Pero lo más notable. M2M 426. pjg.. Pero. IKS. sobre la llanura dei lita. y es difícil transcribir esta haza­ ña en términos hoplíticos. Es. en suma. porque el mito era en este punto imperativo. y la parte del botín que entonces obtendrás como premio a tu valentía entre todos nuestros guerreros. En cuanto a Neoptólcm o. la que recibirás del ejército en memoria de mis fle­ chas. Como en todas las piezas de Sófocles. se incoa en realidad desde el momento en el que Filocte- tes. ‘) l‘í ‘)2 0 y l> 7 6 . n. i d s M a . Cuando se inquietaba por el papel del arco en la 112. 119. es constatar cómo Heracles va a con­ vertirse en el heraldo de ese ideal hoplítico constantem ente presente en la pieza. t i U h h s . . la separación de Filoctetes arquero y de Filoctctes hoplita.11^ un I leraclcs hoplita.1:3 Lo que proviene del arco volverá.m lo enviarás a tu palacio. 117. í r U . Digo notable.1” llévala a mi pira». 116. objeto de In hazaña efébica de Neoptólcmo. 114. 115.

el efebo se ha convertido cn hoplita..m pero luego es a una tierra pastoril a la que Fiioctctes dice adiós. Las ninfas reemplazan a los animales salva­ jes. 19-57). voy a saludar a esta tierra. «Sus palabras finales no son una bienve­ nida al m undo de los humanos. que puede ser unas veces la de Caliban y otras la de Ariel. incluso aunque recuer­ da que ha sufrido allí: no es que se haya convertido en «civilizada». de signo. se ha pasudo a la unión de dos hom ­ bres. cn su a tículo. tú por él ». Todo un mundo húmedo surge:. vol. por otra parte excelente {«Nature and the W'orJd 0/ Man in GrceJc Literature». véase Esquilo. Fiioclctcs. Ari'on. «Como dos leones que com ­ parten el mismo destino. el arco no puede sin ti» (ουτ’α ν σ ϋ κείνων χω ρ ίς. sino una última despedida al desierto en el que ha su­ frido.1:4 Es el juram ento que pronuncia el efebo de no abandonar a su com pañero d e fila. Hasta el final definitivo de la obra. σύννομος puede referirse al acompañamiento militar.182 M I T O Y T R A C . el ámbito de las rapaces y las fieras. quien. Segal. Queda. 2. Ulises le había respondido: «No puedes sin el arco. Heracles añade: Α λλ'ώ ς λέοντε συννόμω φ υ λά σ σ ετον / ο ϋ το ς o t κ α ι σ υ τόνδε. M . de dos combatientes. pips. pero que cn esta ocasión no concierne al ejército.. 1434-M35. sino a Filocietcs: «No puedes sin él conquistar la llanura iroyana y él no puede sin ti».5 3 4 . Lemnos es la tierra desierta de hombres. Notemos también el em plea del dual que refuerza el tema de la solidaridad. m orada127 que me has guardado 121. 123.idor dcJ decorado) qi»e en cJ verso 147. 1436· 1437. repite una fórmula análoga. 124. 127. sino que el salvajismo ha cambiado. por así decirlo. p ig . La ¿{ruta de Fiioctctes era definida co­ mo α ο ικ ο ς είσοίκησις. un poco como la isla de La Tempestad de Shakespeare. pero existe un lazo entre él y el hombre». 1 2 5 . T caída de Troya. pero Ij palabra no tim e aquí el mismo valor la Ja vez irónico y desif¡n.1965. IbiJ. como hom bre que se creía destinado a lom ar la ciudnd. véase m is arriba. En la hora cn la que me alejo. 122.L D 1A U N L A C K I X I A A N T I C U A .131 Heracles. a la ciudad. 126. . M is exactamente μέλαθρον. >6. una última mutación: la de la naturaleza misma. π“ 1. ο ϋ τ’έκ εΐν α σ ο υ ). diri­ giéndose esta vez al hijo de Aquiles.:i>«Vamos. la región de la naturaleza salvaje y feroz. «una morada que no lo es». pues. escribe. 115. Adiós. El matiz no hu sido completamente captado por Ch. IjosS íc- /<v354.'^ velad el uno por el otro. 171. palacio. El hom bre salvaje se ha reintegrado.12* De la unión de un hombre y un arco. n .í¿/i. . él p o r ti. sin embargo.

Filoctelei.ίβ. en medio de una gruta delimitada por una arcada roja irregu- larm ente subrayada con líneas negras. A Study o f ihc Rt'3-fi¿ureJ Vjscs o/Pa- i‘fíht. n°7. A ccjJ. pigs. 150-159 y. Ihid.T C S o r . pips.. γ γ . 129. está sentado sobre una piel de leopardo. sin embargo. no aísla ya. más del drama satírico que de la tragedia propia­ m ente dicha. ha sido frecuente­ mente discutido y comentado.'t. el «pintor de Dice». haz que una feliz tra­ vesía me lleve sin naufragio». 7-18. Víase A. Este deseo de ε ν π λ ο ια repite ci (de doble sentido) qu e habí* pronunciado N coptólem o tr3S cJ éxito de su argucia (779-781). S iracusa Desde su descubrimiento en 1915 en la necrópolis de Fusco junto a Siracusa. suelo de Lcmnos que envuelven las olas. Roai3. A p é n d ic e : S o b r e u n vaso d e l m u sl o df. como lo muestra la presencia frecuente de jóvenes sáti­ ros). Marburf. Nuestro vaso he sido dckid. 130. A. n° 10. . Antonia.. 1936. «Vasi figurati con riflcssi <fclla Pittun di Parrasio». Púcuan Pottery. y la fecha (hacia 380-360 antes de Cristo). el vaso. 522-598 (partkn- U nncntc. Pace. Ninfas de los húmedos prados. I452-J461. uno de los más antiguos entre los «pintores de Paestum». r x U L Q C ir . con el pelo enmarañado. 131.1922. 1921. Trendall.1. D. 132* Vcasc U. P átu ra vascotarc con riflessi dcll'arte di Parrasio».D.o. del que aquí reproducimos la cara principal (la otra representa a una ménade sentada entre dos sátiros). Brom* mrr.ltsten zur griaNwhen llcUctsuge2.'"' Con este voto de eáploia. es con el que concluye la pieza. Mon. sino que reúne: «Adiós. 14641465. mientras que amplias manchas 128. Trendall ha podido determinar con toda seguridad el autor. n ° 2 8 . s r t r o c t x s v ι . y tú.imcnie rcpcrtor’m do porF. pigs. η <λ I S3 tanto tiempo. 1%0. cuya obra toda parece comentar escenas trágicas (en un espíritu que de­ riva. osimismo. 329. Ant. Tal es la última inversión del Fi- lúdeles. Es el orden divino d que permite a los hombres conver­ tirse en dueños de la naturaleza salvaje.. «Filottcte a Lcmno. de navegación feliz.0 bajo el signo de Zeus y de las ninfas del mar. y vosotras. varonil estrépito de la ola Ha llegado la hora de abandonaros.M El personaje central ha sido identificado inmediatamente:”2 Filoc· tetes barbudo. Vasev. Tales comentarios no han sido vanos. 542-550).12* En cuanto al mar. páps. fuente y agua de Apolo Licio». Une. ρ.

fase. n ú m e ro 166. 8 .FIGURA 1. E l h o p lita . M .A.V. . V os. Scythian Archers. F. 5. fla n q u e a d o p o r d o s a rq u e ro s escitas.. sale d e caza. Musée du Louvre.1 1 1 H e . L o u v ­ re.4 . Á n fo ­ ra con fig u ras n e g ras (finales d el siglo Vi). F (260) C. F o to C huzeville (L ouvre). Francia". fase. o c u lto en p a rte p o r su e sc u d o (a d o rn a d o c o n u n a tríscele) y ac o m p a ñ a d o p o r su p e rro . 5 4 .

r .

. T ren d all.F i g u r a 3. C rá te ra a c o m p a ñ a d a c o n fig u ras rojas. 204. IV. (F o to d e l M useo.) . €. d el m u se o d e S iracu sa (36319). 8. fase. Italia (Museo Archeologico di Siracusa). D . I.' V. X V II. n° 32. A . C a m p a n ia n . O x fo rd . pág.Vases o f Lucarna. Campania and Sicily. 1967. A. The Red-figured. I.

la clám ide b o rd ad a hacia atrás. se halla encima de una roca. Red-figure Vases. L. sin duda destinada a aliviar sus sufrim ientos. W ebster no acepta tal posib ilidad y m e inclino a darle la razón. C am panian I. P rinceton. que rep resen ta in discutiblem ente (véase C h. 1926. p o r el contrario. A la derecha. en M arg. 244-246) la c ap tu ra de D olón p o r Ulises y D iom edes. Comptes ren- dus de l'Acade'mie des inscriptions et belles-lettres. 134. 58): «D eberíam os entonces su p o n er . aun q u e sem iprofano en la m ateria. p o r su aspecto juvenil. apoyado en un árbol. igual q u e la d e E u ríp id e s. 491) h a h ech o valer que «la im agen hace pen sar más b ien . producto de su últim a caza. o bien al N eoptólem o de Sófocles. Por encim a de él unos pájaros. A la izquierda.). pág. Los vasos testifican que E u ríp id es tenía un coro de m ujeres y utilizaba a A te­ nea com o deus ex machina en vez de H eracles.V. hay un efebo desnudo. que acom pañaba a Ulises en la pieza de Eurípides. P icard .°) q u e la pieza d e S ó fo cles. E L F I L O C T E T E S D E S Ó F O C L E S Y L A E F E B lA 187 blancas m arcan las asperezas de la roca. no p u ed o sino m ara­ villarm e una vez m ás p o r la au dacia con la que ciertos especialistas zanjan cuestiones delicadas que plantean p roblem as tales com o los del paso del teatro al arte figurado. The History o f the Greek and Roman Theater2. Pace. E n líneas generales. n° 31.A. m ientras su tahalí suelto p a­ rece form ar cuerpo en el árbol. 2. 204. Eso su p o n e o l­ vidar: 1. suspendido a su izquierda.135Su pie izquierdo enferm o se apoya sobre aquélla. págs. pág. a m enos. p o r ejem plo. 3.°) que la joven del vaso de Siracusa n o rep resen ta en m o d o alguno a un coro. está vacío.°) que los artistas disponían de otras fuentes que el teatro clásico. A tenea. No sin estu p o r leem os. Los dos p erso ­ najes que em ergen po r encim a de la gruta no plantean ningún proble­ ma. y en su m ano izquierda su arco. Sostiene en su m ano derecha una plum a. tiene su carcaj cerrado (¿con las fle­ chas de Filoctetes?). p o r desgracia. pág.. Rom a. la del Filoctetes de E urípides representa una gran cueva en to rn o al héroe. E. B. P arís.. 1942. lo cual es una sim ple posibilidad.”) q u e nada perm ite hacer de A tenea el deux ex machina de la pieza de E urípides. La prim era hipótesis era la de B. figuras 80-82). con casco y escudo redondo de hoplita. A la izquierda. Bieber. Ulises. 34 y figura 119: «La p in tu ra vascular basada en la p u es­ ta en escena del Filoctetes d e Sófocles p resenta solam ente una gran roca y un único ár­ bol. 1961. en el N eo p tó lem o d e Sófocles». q ue sea n uestro vaso un reflejo de ello. alo jab a al h é ro e en u n a g ru ta.134 Es éste un problem a relativam ente secundario porque es 133. 1941. reconocible p o r su pilos (gorro de m arino) y p o r su barba. p recisa­ m ente. Bajo su brazo izquierdo un ánfora está hundida en el suelo. puede corresponder o a Diom edes. A rias en el fascículo c o rresp o n ­ diente del Corpus Vasorum Antiquorum (C. pág. L. insisto: de su úl­ tim a caza porque su carcaj. 4. 'Γ. el ar­ gum ento qu e utiliza ( Tragedies o f Euripides. Séchan (Études sur la tragédie grec- que dans ses rapports avec la céramique. El argum ento no es decisivo p o rq u e conocem os o tra crátera acam panada de la mism a necrópolis y del m ism o p in to r (Trendall.. M e inspiro aquí en el com entario de P. em pleado p o r Sófocles». en la que este últim o aparece com o un efebo im b erb e y desnudo.

C M A N T I G U A . Por último. L'ambrechts. «Q uestions de ecraniíque it.i propuesto ver alli una ninfa.m Ninguna de las inter­ pretaciones sugeridas es convincente1” y la literatura no menciona por audazm ente que d joven es Ulises rejuvenecido por Atenea» no es válido.<mdres. págs.1 8 8 M iro V TKACCDM Μ ί-Α G K F . y que parece hablar con Ulises. tocando la roca con su diestra. Sin ver ahí i»na contradicción con *» interpretación general. por su parte. 1931. p ig . S. el vaso a los ilustradores de Euripides. 135. «Un m iroir ctrusque inedit el le m ythc de Philocretc». Wuillcumicr. abundaría en mi interpretación y no vacilaría en proponer el nombre d r A p jic («Engaño») para el persónate desconocido. pero haj. una personificación de la isla o de la diosa Bciidis. Setti relaciona también el vaso de Siracusa con la pieza de Eurípides. c) artista ha tenido a bien inform ¡irnos escribiendo el nom bre de PaUmedes que no­ sotros habríamos sido totalmente incapaces de identificar. El com entario del C. n‘‘ 39. Sccban (op. D. y da al mito. 4^1). |. no me atrevo a proponer un nombre para el personaje femenino. En este último obje­ to. d t. puesto que Ulises iba acom pañado precisamente de Diomedes. miembro de la Escuela Francesa d e Roma. Curiosamente en verdad el mismo uutor. en cual­ quier caso. en un libro editado el mismo año. 1968. com o parece quererlo Scui. 214 -22(1).os argumentos em pleados son bastante débiles. 162. pero resulta difícil ver que pinta allí esa diosa. fiulieti» ¿v ("Instituí kiitM ttjuc de Rome. A. p i g s . Pairault. un docum ento descubierto Ju ra n te Jas excavaciones d e C aü ru (Πι runa) asocia en la isla de Lemnos a Filoctetes. Dtonisa. En particular. habría que proceder a una seria revisión de nuestros conocimientos en materia de mitología griega. 136. ha­ ciendo de l. n" >8. Kn efecto.tliotc». Como ha dicho bien P.. tras haber dejado de lado estas hipótesis y la que vería en el personaje femenino a la diosa Peitó (compartera de Afrodita). 1964.o Lt observación siguiente: Mile. II. Así. recoge la primera hipótesis de Pacc. p. Revucarehéol<í*iq:«\ n" ) ) . subraya con toda razón el carácter oratorio del gesto de Atenea. es vano esperar una coincidencia perfecta entre la tradición literaria y la ico­ nográfica. M onuments itlM trjttnf· Trj- gt J y dr:J S iity r P hy. Pace habí. a la joven y al vaso una significación funera­ ria. en un comentario reciente de nuestro vaso («Contribuiocscgctico a un vaso "pes­ taño"».. Por mi parle. quien tam bién ha tra ­ bajado sobre el vaso de Siracusa y ha leido esle estudio en manuscrito. em ite esa misma hipótesis audaz y ¿imbuye. F.i joven una ninfa. si fuera preciso atribuir.m El misterio empieza cuando se tra­ ta de identificar a la joven ricamente vestida y adornada que está a la derecha. 137. Palamcdes y 1lermcs. me escribe que. Setti. piensa más bien en el papel de una seductora que seria tomado en préstamo de una picra desconocida para nosotros. 196?. sin más vacilaciones. cuyo carácter funerario es más que dudoso. V. cosa que nada permitía prever (véase K. 2-18.1·25). es «extraña a todas las repro­ ducciones literarias y artísticas de la escena». pág. S. esta investigadora señala . 1 evidente que nos encontramos aquí jncc un efebo que parece recibir las instrucciones de Atenea guerrera. l.íg. a todos las escenas representadas sobre vasos des­ cubiertos en tumbas una significación crónica y funeraria. 1.

C Ai«¡..itii. vol. Ulises tiene por el «pie «Los vasos Jo la Magna G re d a oírcccn cantidad d e personajes femeninos. no hace intervenir a ninguna mujer. No lleva ningún signo distintivo que señale la divinidad. mientras que los personajes masculinos están desnudos o desvesti­ dos. El efe­ bo es naturalmente imberbe y de cuerpo grácil. Pero los personajes de igual sexo se oponen entre sí como la juventud a la edad adulta. | y fij-ura 625. véase también sobre el vaso de Darío. como los cabellos. J e de- y de fh 'ío rü í con frecuencia misteriosos. su cabellera está ocuha por el tocado: el pilos de Ulises aparece por el contrario echado hacia atrás. En efecto. s O i o c l e s v l a γ .'H ocd i Persian» di l*nnico». A u k a / i o ^ j CU svtJ. U ). por otro lado. Es. Su atavío (piel de pantera. La oposición entre los dos personajes masculinos y los dos femeni­ nos es evidente. ράχν 25 - O k o b re p. El personaje d e A p jlc fij’iira expresam ente en un vaso célebre. El brazo es fuerte. Pero el personaje femenino de la izquierda. páf». las dos están ves­ tidas. el pecho está poco marcado. Borda. ni aparece sobreelevada como A te­ nea. La barba. ι:«. Atenea. en todas las interpretaciones que de él conocemos. seguro que esc personaje sea una diosa. Bérpamo. sólo ofrece o tro ejemplo. 1952. está. casi i ·«ítemporáneo del nuestro. 3252: véase M.νΓ \ . ü c r r r v s d i. la del hopít- ta. cuidadosamente cor­ tada. 27J. por tamo. La parte alta se opone. <t W'Vxr/'i· Apuie. y a menudo se trata de abstracciones IK-rsoniílcatljs». apenas hay necesidad de recordar que el mito de Filoctetes. Bcrmoml MniitJitari. cn modo al­ guno. a la baja mediante la pres- necia o ausencia de armas (el tahalí suelto del efebo adquiere aquí todo su valor).ico> ·!< I j'tm tfr es igualmente muy diferente. Las mujeres llevan brazalete y collar. 1966. y el estilo <histórico irjj'. -19 y Jiy. es difícil no notar las relacio­ nes de simetría y de inversión que se establecen a una y otra parte de la gruta y del hombre salvaje. En cualquier caso no es.n i .π . Tratemos de serías estas oposiciones y estas simetrías. . Iil artículo <*Apatc» de la UttcicioprJia deü'artt' cU í UkJ. . debido λ Ci. una an- i»'t i ha en cada mano) es muy distinto del de nuestra joven. imposible por ahora pronun­ ciarse sobre la identidad del personaje. mostrando la abundancia de la cabellera. la crátera de volutas descubierta en Canusium IApulia) y eo- iu h u Ij bajo ci nombre de «vaso de Darío» (Musen de Ñapóles. Sea como fuere.t i \ Avi di ti. Las observaciones que siguen y que presentamos a título provisio­ nal y precario (siempre puede aparecer un nuevo documento) tratan de ilustrar este vaso por otra vía.i.η Ιλ ahora ningún documento paralelo.ij. muy ¿«ti im rc n Ij pintura . Α . contraria­ mente a la de Filoctetes. según una convención por lo demás clásica. está equi­ pado con las armas que caracterizan la virilidad cumplida. I.

I contrario un carcaj. por el contrario. . Esta oposición viene subrayada. vúase m is arriba. mientras que el lado derecho es el de las técnicas de la astucia y de la seducción femenina. lo cua) quizá sugiera un pa­ rentesco espiritual análogo al descrito por Sófocles.. es la mujer la que está armada como hoplita y a la derecha es el adulto el que representa la astucia. del valor guerrero tradicional. pues. por detalles de la vestimenta: la clámide del efecto está adornada con los mismos motivos que la túnica de Filoctetcs. Aparece. además.e n ­ cuentra aquí quizá su expresión figurada. ρ»κ· 154 y 0. como por el modelado de los senos). Sobre los aspectos «femeninos» del efebo. El drama del efebo. la astucia es incluso doble: la d d ar­ ma y la del acto. mientras que el cin­ turón de la joven ofrece una decoración muy cercana a la del carcaj que sostiene Ulises. joyas de las mujeres. El efebo se mantiene aparte de la gruía y del mundo salvaje.A GHUCIA A N T IG U A . D ebo o t a sugerencia a Maud Sissung.B Se diría. que se convierte en hoplita dando un rodeo por el m undo salvaje y la astucia « f e m e n in a » .. khitótt e kimáíion. que la escena de la izquierda aparece como centrada en las virtudes del hoplita. 104. a la izquierda. 1>8. la joven toca con su mano derecha la pared exterior de la gruta. Los dos personajes jóvenes no sólo se oponen entre sí por su sexo (Ja feminidad del personaje de ja derecha está fuertemente marcada tanto por la riqueza del vestido. 1)V. símbolo de la astucia.1 9 0 M IT O V TR A G E D IA KN 1. Pero la polaridad masculino-femenino invierte en parte esa oposición. un contrapunto discreto a las sime­ trías más visibles: desnudez de los hombres. por tanto. y que Filoctetcs está en el centro de esc debate (άγών). Si se admite que ese carcaj contiene las (lechas de Filoctetcs.

128 Anánké. 109 rancia Anaítios. 61 Agricultura.6 6 . 26. índice analítico y de nombres Aboulía.71.6 5 . 120 Agave. 123n.157-161 Alcibíades. üdikta. 88-90 56-57.71-72 Agamenón.26-27. Véase también Salva­ 62-65. Afrodita. 68 Aflora.156 113 Ákóny akóusios (άκουσιος). Agrios. Alástür. adikema. 29n.58-60.51.. 18. 105. 4 8 .52-58. 66-71. 29 Agros. 59*60. 172.82-85 A my fnon.45-51. Vwíc también Igno­ Anagnorisis (άναγνώρισις). 125 /ígA?o/<j. . 171 A dikcin. 152 Amazona.5 4 . 59. 82-85.171-172 Acto.71-77. 114. acción. 91 Agente. 41n. Véase tarn- Ágos. 20-21. 43. 51.. bien Necesidad 131. je (salvajismo) Véase también Agente Agronómos. 34-35nM35. 32. 21 Alcmcónidas. 138*149. 113. Águila(s). Ambigüedad. Véase también Mancilla Anarquía/despotismo. 160. 125-127. 23*43 65. 68 107. 55.73*74. Acarón. 164 Actor(es). 120.40-42. 129n„ 178n.

32. boúlésis. W. 175 Apodiopompcistbai (ά π ο διο π ο μ . 1 3 8 . 55 Apoto: Autoridad. bía. 72 Bestial. Ártemís.163-165 Anzieu. 35 Á zyx ΐοιζυξ). 122 salvador. 62-63 146n. 129-130 en las Targelias. bestialidad. 128-130 Cabellera. 152 55. I22n. 126 Apátc (άτίάτη). 20. 143-146. Apate. 50. botíléma. boulcuein.6 8 .82 Buitres.142 141 en el Agamenón.192 a u t o y r i u u t f D M κ α ι . 60 Ápolis. y responsabilidad. 43. 144*145 y responsabilidad.34-35 en las Euménidcs. 154. bou¡cusís. 39 y ostracismo. 129-132. 159 y responsabilidad. 115 bién Astucia e incesto. 132 y virginidad..68.. 36-38. Bía 34-35. 87-88 Aroma. D . 143 Bfos (βιος). 1 4 1 . 35. 178 53. 153 187. 28-29n.61 Burkert.73-75. 159 Arco. 104-105 Astucia. 51 Aquiles. Poética. Atychema. 147 Carácter. tbai. animalidad.139. voluntad.188-Í89n. 27 Bou le. baúles· Areópago. 35. 43. Véase también Arquero BorJ($optít). Domos.( 86-93.5 7 . 187-190 Apaturias.60-61.76 .172n. 115 Bacantes.92-93. 52- Arete (αρετή). Canibalismo.7 5 176-177. 23. 122n. y mimesis. 123. 174 Ara.131.138n. 113. 150*151.97.143-145 Anom ía.56 Caos {Chaos). 173n. 31 Buey(es). Atreo. 91 Calcante. Arcome(s).7 0 . 90 Antígona. ArehÚ. Véase también Este­ 160-161 rilidad Átim os (άτιμος). Á te. 141 Aristóteles: Bufonías.164 y pbilia. 146-147. Atridas. cabellos. 3 1 . 168*170. 173-175. 33*. Arquero/hoplita. Véase tam­ Atenea.70-71. Apboría. i Animal.. 28*29n.175-183.101 Atamante. 176 en las Eumcnidcs. véase Animal Apopémpein (άποπέμπειν).179 Autehsoúsion (αυτεξούσιον).145 πεισ θαι).. 156 y acción. 31 Blanco versus negro.163-183 62-66. 163.λ c n r c i A a n t i c u a . Ate. 28-29n.151n. 154-156..129. 155-156.70 Argos. 163-164.

84. 74. 32. 13. 127-129 Culpa. 36-38. Cojera. 26. 173 Cratino. Véase Contrarios (unión de). 35n. Complejo de Edipo. 68-70. 168 Demonio. héroe trági­ Cripto.28. 132n. 26. 104-105 Delfinión. 31. Ciudad 112. 28n. 173 107. 14 Daiwomhi. 14. i 13 y religión. y responsabilidad. 87-90 versus héroe. 173-175. 13.125. y ciudad. 105. 28-29n. 3 4 .28-29n. Véase también (Joro Dtiíwon. l>r-.25.6S. 88-89 100. Comunicación. 120n.104n. 74. 87 Derecha. 70. 31 Clitemnestra. 163-190 72. 42 80. 25-27 Véase también Culpa versus héroe mítico. cojo.131 y derecho. 122 Concursos trágicos.85 Délos. Caris. 85. dudac U n '/ 177.95.137-161 Danaides. 105. 154. 141 Dci/iú.96.8 4 . 164 co.. 41. demoníaco. hH. 145n. /1 instituciones. ( δ α ίμ ω ν ) . 100. Clónicos. M. Cocina.119n. 87-89. ceguera.111. 111 Creontc.. 126 Coro: β Carne (alimentación). 174 y salvajismo. 56 Crudo. Caza. danos. 50. 26. 127 Ciego. 56-58. 36 Culpabilidad.27 Democracia. 43. 140 en el / I T | fH Casandra. 3 8 .104 Ciudad: Crimcn(es).71- Clases de edad. I46n. 144 . 57 Conciencia trágica. Delíos. 159 y justicia. 92-95.41. 157 39. 5S..34·35η„ 35 Cobardía. ·« Ciclo. I Castigo.75. 114 Clístenes. 90 y responsabilidad.. 165. Γ.. deinón (δεινόν).149 en el li d tp t t l \ i t . M. 31-33. Dais ( δ α ίς ) . 157-161 y violencia legítima. Véase también Condición humana. iN IJIC i: A N A L ÍT IC O Y l » .. 137-161. 68. Dánao. 90 26. 83.187 Costumbre Cbáris. 74. 114.21. 100. 35 y justo medio. 89 también Dafmon (xtm ford. M Chora. 79-101 Delcourt. M Carnaval. 1N l’> Η Ιφ Castración.74 versus actor. 12 Crono. 147. 28n.

Erinia(s).. 147n.4 9 . Enigma. 77 Eleccra.7 1 . Las Suplicantes. 39 Estructural. 105.84 Enoclo. 69 Detiennc.82 Epíclera. 6 8 . 142 36 Dioses.27.. 91 Descartes..112 Dioniso: Esquilo. Epopeya.351n.7 0 . 31 EiresiÓne. cidós. 30-32.6 2 . 142 Eidenai. 154-155. 56 bien Fecundidad D w j .95-97 33-35. cstructuralismo. 40. eidotcs. 29. 111-112 Las Eumcnides. 166-167 Existo. 28-29n. 65-66.9 3 .Λ ( Ι Κ Γ Γ . 108.1 1 3 Efebo.4 1 .. .75.7 1 -7 4 . 77 Eleulbc'ríáy 55 y la responsabilidad. 42. 27 en hi Antigona. 61 6 3 . 170 Diopompein (διΰιτομπεϊν). 61 Eremos.82-85. 108 Filoctetes. 35*36.93 Agamenón. efebía. 163. 147. 15. 30-32. cpithymia. Étbos. 19-21.56.58*59.40. 89 Eteocles.84 la Orestiada.Ι Λ A N T I C U A . 122-123. Dikaios (δίκαιος). 61 y responsabilidad. 28n. 52-53. 123. 132 EschaiiJ.8 8 . 36. Euménides.43. 24n. 67. 165. 1 Derecho. 157-161 70-71 Eros versus pbilta. 153.. 166-167 en conflicto. 28-29n.48*51.14. Epbiestbai. 36 Ethélóy 60 Edipo. 59 versas Esquilo.8 4 Diánoia. 31 -3 3 . 126 c individuo.74. 3 9 . 31.82 Epithywcin.. 85 cazador. 91 -93 Diogenes.107 y agente. 20. 50*51 . I22n.75 57. 47*50 Disfraz.158 en Los Siete contra lebas. 37. F¿lóeteles. Véase tam· Dracón. y salvajismo. 167. 160 183 Eurípides: Orestes. 126 versus Sófocles. Μ.57. 152. 25-27. 40-41. 72-73.75. 137-161 lenguaje de los. 4 1 . 167n. 18 y responsabilidad. 138.eme. 4 1 . Epiboulc. 13 Dumczil. 157-161 y responsabilidad.40 65-77.194 M IT O Y Τ Κ Α Ο Π » Α Γ \ Ι. 149. 41. 20. G. 139.187 Espectadores. 34. 35. Erinys..170 Diomedes.69*71 Dissoi lo go i. 120. 153-155 y ar. Dike (justicia).28-29n.154n. Esterilidad. 46 Epiménidcs. 127 Destino. 68-71 Las Bacantes.109.

. Freud.. 160-161 I32n. 14-15.20*21.176 H era. 80 28-30.138 I (exámetro.129n. Filosofía.1 19nM120. Hiponacte.57. 163 Hesíodo. 21. 43 / ickón.5 8 . 145. 24 18.f 15n. 123n. culinario.151-153 tía.. 90 Fraenkei. 96.73.27.24n. Hypsipolis. sacrificial. genos. Fatalidad. Hantartáncim.90 Heracles. 43. 17. 103 y responsabilidad. 15n. 17 bestia. 129 G ea. 139-147 y escultura. 173 123n. 104 Gnome. 89 versus efebo. 142.147. llybris.. Rm 13 Hoplita: G uerra. E. Impiedad. 119. 179-183 Familia: Hcrwclito. 66-67. Véase también Arquero extranjero versus civil o privado. 163-183 Heroica (leyenda.73 Filoctetcs. joven. 47-49 Gcrnet. 43. 1 9 . 164*165 Hierós.59-60 Ignorancia. 64 Ifigcnia. 20 G énero literario. 62 Frontera. 179 Hades. 12. 30n. 139. iS’ DfCC A N A L ÍT IC O Y D E NOMBHf. 99. liomósporont 131 Goossens.82-84 Fratría. 171. 142 127n.24. Gene. 170-171. 87-89 Hipias. 123-124. 2 0 . V.5 6 .152 . 31.95.28n. S. 130 Goldschmidt. 87.. Homofagia. 51*52. 37.180 Hygieia. 91-92 Héroe trágico.140 Fiestas cívicas. 166 Exposición. Hcsiia. oikos (οίκος). 100 Gauthier. 138.106 Hatresi¡. 41. 87-89.115-116 Hiperbolo. 147-149. kamar. 89-90. 167n. 42. 93 Homero.. 18 y phtlía.107. 114 Fuego: Hiketeriai (Ικετηρία).. tradición). 57-60. 12. 33 versus ciudad.56*57 Impuro (sacrificio).38. 79-101 Héxeis. 18-19. 111 Homós. 114 Heleno. hamártcma. L.S Ensebes. ht'knúsion. 67.168 Hcfesto. 36-37 Héroe cultual. 141 H in ch azó n . Homónymía. 123n. 123n.

19. A.113. Lcbcck. 152 Mercenario. 117-118.96- 97. 142-145 Intención. 28 145n. 125. 160 Lointós.130-131 Mélathron (μέλαθρον). 61. 95-96. 46. 120-122. Lyssa. 126 Krülcttiy krJtos.123n„ 124.109.84. 175 127 Juram ento de los efebos. 150. H. 68 Leona. 163-165.104n. Mancilla (mácula). 94 Liebre.125-127 Kant. 127 cura Katbársios.76 cn el Agamenón. 31-32. 126 inconsciente. B. Meuli. Véase también Áte. l Incesto.58. 88.. Véase tam­ Libaciones. Matricida. 150 Isótbeos. 120-122.178n.196 M IT O V T R A G T D t A Γ Ν L A C K U C IA A N T I G U A . 48-49. A. 31 Melanto.. 45*77 Limos (λιμός). I32n.. 122 Μάζα.158-159 Metaítios. 48 Manía. 164 Labdácidus. M. 145. 20. kérdos (κέρδος). 40-41. 114-115. 79-101. I49n. 156n. K„ 140 Lcsky. 182n. Masculino/femenino.182-183 Mcropc. 35 poetas.37 Mechónema. 119n.63 Médico (vocabulario). 31. 1 2 2 .. 46 Leúcade.69. 141.148-150.158 Individuo. 34. 31 176-177 Justicia (divinidad). 163*165 Layo.74-75. 163-165 Lógos. 130 Lobo.123n. 121 Katbarsis. 121 Miasma.103-135 Lírico(s): lo. 159 bién Mancilla . 121 123.» 84. Lyssa. Lyssa. Kakoúrgoi.72. 61. 121.131*132 Locura.. 114. 115 Melanión. 18. Vi'.91 Kopri. 126- Jeanmaire. 84.30 Kerdc. poesía. Matrimonio.65-66 Meyerson. 106. 165 Lcmnos..76n.. 189-190 Knox. 3 8 .47 ísos.. 138. 127 Marsella. 126 Inversión. Í33n. Manía Jan to. Libre arbitrio. 63. 120.60 . 129. 27. 141. 31. 176. 3 1. 113. Véase también Zeus 57-58. 143. 50. 151 Licurgo. 119.34-35. véase Purificación Máscara.. 132 Jardinero. 167-168. 97-98 León.55 130-132. 154 K y rio s. Véase también Lo­ Katbarmós. 34-35. 117.

Perneo. 1 6 7 . o í . 19. 6 ln. 121.117. 34*36. 47*49. 36-37 Orígenes de la tragedia. Pandora. 29n.120*129 Olvido. 38. 27 Virginidad Neurosis. Véase también Loimós 138 Pbarmakós.. Neoptólcmo. y sacrificio. Negro. 27n. oiolygmos. 27n. Véanse también Pcitharcbin.46. Véase también Nestle. J N Ü t C l i A N A L I T I C O Y DF. 69 Necesidad. y religión. 28-29n . . 28*29n. 37 Pace. 20. orgiazein. 54n.57 giasmos. Familia. 43. 32. 79-101 Nephátia. 36. I29n.104 Muertos.69. pbíhs. or- Moral. 53. 138. φίλος) 28* OreJclikos. 31 Peripeteia (περιπέτεια). -os (νηφάλια}. 159-161. 153-161 Pbitypoimén (φιτυποιμήν). 159 Partbénos. 91. (φιλία. véase Blanco Paris. P e á n . Ostracismo. 54.64-67 Parakopá. 36-38. 17 Mujer(es): Oscoforias. 14. Véanse tam ­ O restes.. 95-97 Phtlía. 188n. 45-48 Olímpicos. B. pcitbñ. 104-105.. 109 Ottla.152 N um en.. 142. 134 Pelasgo. 182 Nícias. 5 3 . 31. 141 Panspermia. 177 Ololygü (όλολυγή). 164 Oikos.61n.34..55. 122n. 163-183 Parricidio. 72 Orgé (όργήλ orgia.40 Noús (intelecto). 13. 159 Guerra Persona. en los coros. -oi. 91. -ón. 145n. W.40. orgiástico. véanse Ciudad. 127-130 en Los Siete contra Tebas. 129 O ráculo. Peíto. N O M B R H S 197 Mimesis. 70 Negro.96. 115-116 Pcripolos. 31 Qúreia. 79 Pastoril.. 160 133n. 165 praktikós. 160 . Perro. Λίο/rj. 122n.124 Noche. 53 Peloponeso (Guerra del). 39 Phaülos. culto a los. 164 y krátos. Nomos. 35 Persuasión.36 Pabm edes. Familia 139. 188n. -oi. 42 . bién Uros. 74. Nocturno 35-36. Peíanos (πελανός). 14-15. Peste. perra. peripe­ cia. 37-38. Naturaleza humana. versus Ctónicos.188n. 35 y política. 106n.75 Para¡lía. 39 Órexis.

68-69. Phobos. 5 1-53.9 6 .150n. 34.128 Red.36. 1 0 7 . Razón.107 Pitón. 21.77 Polinices.. 2 7 . véase Espectador Sophrosynv. 148n. 30. 156-157. Ch. sopbron.7 3 . I phóbos. 19 85. 52-54 Phúftos (φόνος).122-127 Platón. 122 Poiesis.8 2 . 64-66. 3 8 . 42. 154-161 Pie (pies).. 130n.79-101 Sófocles. Proboulé. 54n. 139 Snell. W. Protéleia (προτέλεια). 19 Protagoras. 39 Samos. Pitia.3 8 . 75 Reconocimiento. 26. Rivier.69-70 Putrefacto. 105-106 Spkázia (σφάγια). Rhca. 75 Romilly. 160 Primavera. 89 Phrónesis. 35. 53.92 Polis (juego).128 Pirro. 59 Simónides. B.63. 115.117 Política. 17. 28-29n. Λ.57 Rfrjsios.64 Segal. 182 Prónoia. 115-117 Religión. 28*29n. 47-50. 140 Sangre.83-85. 147 Rodas. 81 Edipo a i Colono. 29n.1 7 0 Psicológica. 81.1 4 0 Salvaje (salvajismo). 38. pyánion. 178 Responsabilidad.141 Shakespeare. 34.82-85. 61 Serpicnte(s).160 Proairesis. 21 Público. Písístrato. 12. 43. 21 40-43. 13. 122 Prehistóricos (cazadores)..84- Píndaro. 124.99. 37.95.85. 103 Púrpura (alfombra). 123-124 Sylléptor. 127 Standord.198 M IT O Y T R A G E D IA ΠΝ 1. 157-158 72*73.A C5KF. Suplicante. Filoctctes. 36 Puertas (del Hades). Sacrificio. Sofistas.35-38.75.C1A Λ Ν Ύ ΙΠ Γ Λ . 14.. 35 Pléyades. 65. Psicoanálisis. 25.56η.90-93.57-58. 122-124 Sébas (σέβας). 28 29n. Psicología histórica. interpretación.51. 109 Phthános. 92.137*161 Polis. B. 141. 47*48. 138 Sócrates. suplicación. praxis. 68 ..106 Sueños. 45-51. 141..157-161 Prátteiti.. 158 Prometeo. de. I22n. 14.100-101 Pyancpsidn. 24n. 157 Rey. 160 Purificación. 24n. 32n. 106n.53 Pscpbos. véase Ciudad Salvador..64-66.150n. 96. 31.163-183 Solón. Mme..

26. 90-91 Tbrcptcrian. 28-29n. Yocasta.137 y krátos.159 terror. Trímetro yámbico.151 Trampa.21. 33.. 70 Vaca. Von. 28·29π. 19. 134. 88-89 Tics tes. 167-183 versus Prometeo. 124 Tribunales. 19. 56. Von. 41-43. 28-29n. 87 Tbymós. B. L. 30n. técnica. 35 Uniones libres.113 divino. I49-150n. 127-128 Wilamowitz. 76 Voluntad. Tierra. T. Targelias. Urano.8 2 .T. 35 . Véase tam­ Zeus. Xynaitíd. 155 bién Muerte agoraios. Véase en Etiipo Rey.180 Tirano.143 Técbne{xÉr/yi)). tbárgélos.117-118. Tyran/tos.42. U.7 4 . 68 Treno. 33· Tbysiai (θυσίαι). 60 Virginidad.56-57. 1 3 8 .43 Voto.30-31 Venganza.67 télaos. 28-29n. 156n. 93 y Cronos. 97-99. 42 Zctcin. 28-29n. 115 también Tirano. 178 Vino. 32.84 Tiempo. Tucídides. 75.45-77.. 154 Vlasios. Time.130*131 41. I87n. 20.68-69. 141. 26. 38 W ilamowiu. tiranía justicia de. 146.82. Violencia. I. Í N U J C L A N A L Í T I C O Y ΟΓ.141. 114 Tyche..59. Ulises. 119. 87-89. 156-157 versus areté. 12. R.37-38. I06n. 122-124 Velo. 39.149n. 30 Taima.. 27.119. Terror. 169. S O M D R líS Tántalo. 154 Tebas. 34*35 Tbélo.179 Víbora. 131 Uránidas. 38 Wínningcon-Ingram.34. 13. 68. F. versus humano. Zciilin.. 52 Vocabulario jurídico. R. 160 35.149 Wcbister.65 Toro. 125.

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. Estas investigaciones suponen una constante confrontación entre nuestros conceptos m odernos y las categorías establecidas en las tragedias antiguas. el com prom iso con los propios actos o lo que hoy llamamos la función p sicología de la voluntad? Plantear e sto s problemas es pedir que se entable un diálogo lúcido y verdaderamente histórico entre la intención de aquellos m itos y los hábitos mentales del hombre moderno. El resultado. abre perspectivas nuevas y ennquecedoras. lejos de ser paradójico.Los estudios reunidos en este volumen derivan del encuentro único y pecuitansimo de dos disciplinas: el análisis estructural y el estudio de la tragedia griega en toda su individualidad. ¿Puede el Ecjtpo rey ser estudiado por el psicoanálisis? ¿Como se elaboran en la tragedia d sentido de la responsabilidad.