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GUÍA DEL CLIENTE EN TERAPIA

psicología humanista

JORGE HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ


© Jorge Hernández, 2013

© por la presente edición: Kit-book, 2013


C/Mallorca, 144, 1.º, 2.ª
08036, Barcelona
Tel.: 934.518.936
Fax: 933.238.362
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Correo electrónico: kit@kit-book.net

Diseño de cubierta: Jorge Hernández


Diseño interior: Kit-book

Registro: B-2529-13
ISBN Rústica: 978-84-941313-8-7
ISBN Ebook: 978-84-941313-9-4
Depósito legal: B-15485-2013
Printed by Publidisa

«Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, electrónico
o mecánico, sin el consentimiento por escrito del autor».
Dedicatoria

A Josep Lluís Camino Roca, por su inestimable orientación y


admirable ayuda. Para mí es un ejemplo a seguir como ser humano y
profesional.
AGRADECIMIENTOS

A todos mis clientes, en especial a los que dan su testimonio en


este libro: Marta, Patricia, Sara y Carlos.
Margarita por su valiosa ayuda y apoyo incondicional.
A mis queridos hijos Isaac y Sergi.
Raúl Yuste, por sus enseñanzas y orientación.
Lluís Camino y Lole Navarro, por su amistad y apoyo.
Joaquín Arias, por su corrección y estructuración.
A mis amigos con todo el cariño: Esther, Anna, Gloria, Amalia,
Xavi, Paco, Tere, Albert, Neus, Jaume, Antonio, Pepe y Gloria.
A mis amigos reencontrados de la adolescencia: Paco, Juan, Lui-
sa, Javier, David, Josep, Manel y Loly.
A mi familia de Alicante y Barcelona que forman mi unidad
familiar.
ÍNDICE

Prólogo ............................................................................................... 13

1. Introducción .................................................................................. 19
1.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 19

2. Observación y aprendizaje del cliente sobre los


conceptos terapéuticos..................................................... 27
2.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 27
2.2. Resumen ............................................................................. 39

3. La compasión y el amor en el ámbito terapéutico ................. 45


3.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 45
3.1.1. El tú y el yo.................................................................. 45
3.1.2. La compasión con uno mismo y con
los demás.......................................................................... 46
3.1.3. Necesidades, deseos y compasión................................ 46
3.1.4. Consideraciones sobre el alma .................................... 48
3.1.5. La compasión y el amor en el trabajo
terapéutico ....................................................................... 49
3.1.6. Lo que pensamos, sentimos, decimos
y hacemos ........................................................................ 51
3.1.7. El perdón como expresión del amor ........................... 52

4. Con qué expectativa vendrá el cliente


a la consulta terapéutica .................................................. 57
4.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 57
4.1.1. El self como protagonista ............................................ 58
4.1.2. El alma ......................................................................... 59
4.2. El sentir de Marta y sus reflexiones .................................. 59
4.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones ................................ 61
4.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ..................................... 62
5. La demanda terapéutica .............................................................. 65
5.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 65
5.1.1. Motivo de consulta y demanda terapéutica................ 65
5.1.2. Preguntas iníciales de la demanda .............................. 66
5.1.3. Ampliando la información de la demanda.................. 67
5.2. El sentir de Marta y sus reflexiones .................................. 71
5.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones ................................ 72
5.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ..................................... 73

/DFRQÀDQ]D\ODDFHSWDFLyQ....................................................... 77
6.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 77
6.2. El sentir de Marta y sus reflexiones .................................. 80
6.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones ................................ 81
6.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ..................................... 82

7. Descubriendo las emociones y las polaridades ..................... 85


7.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 85
7.2. El sentir de Marta y sus reflexiones .................................. 87
7.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones ................................ 88
7.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ..................................... 89

8. Las resistencias al cambio........................................................... 93


8.1. Mi sentir y mis reflexiones ................................................ 93
8.1.1. El concepto de resistencia............................................ 93
8.1.2. Aceptación de la resistencia......................................... 93
8.1.3. El acercamiento............................................................ 94
8.1.4. El tú, el yo y el nosotros
en la resistencia al cambio............................................... 94
8.2. El sentir de Marta y sus reflexiones .................................. 97
8.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones ................................ 99
8.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ..................................... 99

9. Conciencia cuerpo – mente....................................................... 103


9.1. Mi sentir y mis reflexiones .............................................. 103
9.1.1. Preguntas que ayudan a tomar conciencia ............... 104
9.1.2. Ejercicio de puching y expresiones
de vocales ....................................................................... 104
9.1.3. Las polaridades en la toma de
conciencia cuerpo-mente............................................... 105
9.2. El sentir de Marta y sus reflexiones ................................ 106
9.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones .............................. 107
9.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ................................... 107

10. El Punto Medio..........................................................................111


10.1. Mi sentir y mis reflexiones............................................ 111
10.2. El sentir de Marta y sus reflexiones .............................. 113
10.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones ............................ 115
10.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ................................. 116

11. La creatividad.............................................................................119
11.1. Mi sentir y mis reflexiones ............................................ 119
11.1.1. Las tareas en la terapia creativa .............................. 121
11.1.2. Los mandalas. Significado y uso.............................. 122
11.1.3. El humazen. Significado y uso ................................ 122
11.1.4. El significado de la palabra humazen...................... 123
11.1.5. Un breve recorrido por el humazen........................ 125
11.1.5.1. Objetivos del humazen................................... 126
11.1.6. El mandala en el área terapéutica ........................... 129
11.1.7. El mandala y sus arquetipos.................................... 131
11.1.8. Rituales .................................................................... 132
11.1.9. Los ejercicios de funciones intelectivas................... 132
11.1.10. Trabajando la creatividad terapéutica
con Sara............................................................... 133

/DÀQDOL]DFLyQ........................................................................... 143
12.1. Mi sentir y mis reflexiones ............................................ 143
12.2. El sentir de Marta y sus reflexiones .............................. 145
12.3. El sentir de Patricia y sus reflexiones ............................ 146
12.4. El sentir de Sara y sus reflexiones ................................. 147

Bibliografía...................................................................................... 149
PRÓLOGO,

Varias características sobresalen en el autor y su obra. Primero me


centraré en la personalidad del autor, para luego extenderme a la obra
como una prolongación de la misma.
Personalidad. Se desprende de su escrito y de su conducta, al pre-
sentarse como persona y como terapeuta en unidad, Jorge Hernández
es franco, auténtico, sincero, entregado; en fin, un amigo que hace de
terapeuta y por eso inspira confianza. ¿Qué más puede pedirse de un
terapeuta que se presenta por sí mismo? Y esa «Guía» lo es también
de él, pasando del tú al nosotros.
El estilo de cada terapeuta debe estar de acuerdo con su persona-
lidad, debe haberse trabajado como él lo ha hecho, durante muchos
años y en diferentes escuelas, de donde ha conseguido esa facilidad
para reflexionar sobre autores tan dispares como: Popper, Wittgens-
tein, Maslow, Wertheimer, Köler, Koffka, Rogers, Jung, Frankl, Perls,
interpretándolos a la perfección y pudiendo hacerlos asequibles a sus
lectores. Estos maestros confieren a su obra una categoría académica
y de seguridad científica. Se nota que el autor ha pasado largas horas
en las bibliotecas universitarias, y para él escribir no representa una
labor ardua sino una vivencia de la que no puede prescindir.
Hemos de resaltar la gran originalidad de Hernández: pensar una
Guía, un báculo, una senda para conducir al cliente necesitado de una
ayuda terapéutica y de cambio, que puede hallarse muy desorienta-
do, es un logro que hacía tiempo estaba esperando este territorio de
ayuda, a la vez que mostrar, desde el punto de vista del cliente, lo que
él espera de una terapia y cómo puede conseguirlo, en la elección del
terapeuta adecuado. El cliente de la psicoterapia para Hernández ya
no es una persona pasiva, «el paciente», que se acomoda a una línea
psicológica dada, sino un agente activo, capaz de creación en su propia
autonomía, de su propio estar bien, que compartirá la labor con el

13
Jorge Hernández

terapeuta, eso sí, pero sin perder su propio criterio, sus puntos de vista
y su responsabilidad.
Resaltar las expectativas del cliente ante la primera entrevista es
una investigación inédita. Señalar la importancia de la comunicación
no verbal y respetar el ritmo del proceso del cliente, su marcha, sus
pautas, sin apremiar ni retrasar. En esta primera entrevista se establece
un contrato de cooperación y coherencia, de autenticidad y empatía.
Este contrato verbal resulta de suma importancia para compartir auto-
ridad y responsabilidad, por ejemplo: ¿qué esperas de la terapia? ¿cuál
es mi parte en ella? Lo tiene muy claro Hernández, desde el primer
momento transmitir seguridad y protección y que el cliente asuma la
parte que a él le corresponde hacer.
Obra de madurez. Jorge Hernández ha llegado a este ensayo a través
de otros estudios, entre los que se halla Humazen, su particular terapia
orientada a trabajar las emociones. Esta obra que comentamos la supe-
ra por la importancia que otorga al dominio del lenguaje terapéutico y
su envoltura que es el afecto, su vehículo, la ternura de la palabra, que
puede «deconstruir» y también construir. La palabra es vida. Incluso
puede percibirse la palabra silenciosa de una pausa terapéutica. En este
aspecto se reflejan sus estudios de patología y terapéutica del lenguaje,
en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo.
En la exposición de las demandas del terapeuta (cap. 5) expone el sen-
tir y las reflexiones del propio terapeuta sobre su labor, lo que hoy en
día señalamos como investigación-acción de la propia praxis profesional,
teniendo en cuenta a las otras personas, aunque no se hallan materializa-
das en la consulta, y, lo que considero aún más importante, la sociedad en
que se vive, sus crisis, sus circunstancias actuales y sus valores.
Siguiendo la línea humanista se da una doble coherencia entre vida
y obra. Este neohumanismo se basa en la filosofía unitaria de la Fe-
nomenología y el Existencialismo, donde se aborda con parsimonia el
problema del tiempo y la vida. Creo que pueden resumirse en tres las
notas principales de este método terapéutico, aunque no únicas, carac-
terísticas individualizadoras que dotan de originalidad a esta obra:
La primera es el uso de la pregunta desde el estado del yo adulto al
estado del yo adulto (del yo al tú). La pregunta es estar construyendo

14
Guía del cliente en terapia psicología humanista

un camino. La pregunta es el camino de la sabiduría. La pregunta es la


piedad del pensar. Sin pregunta no hay diálogo.
La segunda es dar permisos para descubrirse, para manifestarse tal
como se es. Hemos recibido muchos mandatos en nuestra vida, muchas
imposiciones, ya es hora de recibir permisos y darnos permisos para
ser un poco como somos y permitirnos aquel pequeño ensueño al que
todos tenemos derecho en la vida. El permiso representa un estímulo
con carga emotiva (puede ser un silencio) que facilita la expresión es-
pontánea de la persona.
La tercera nota característica es la protección, a la que ya he hecho
referencia. El cliente necesita verse protegido, aunque no agobiado por
un exceso de preocupación ansiosa del propio terapeuta. La protección
se establece en una relación igualitaria, no autoritaria ni directiva, sino
democrática, de igual a igual, evitando el fomento de una dependencia
simbiótica de un terapeuta y su terapia y de la permanencia en una
minoría de edad culpable y cómoda, peligro que conllevan la mayor
parte de terapias que no establecen en su contrato inicial un pronóstico
de temporalidad y unos criterios de alta.
Finalmente, pienso que es un libro definitivo en la formación del
terapeuta y primordial en el acercamiento e inicio de una psicoterapia.
He aprendido mucho. ¡Gracias Jorge Hernández! Estoy seguro de que
esta pequeña gran obra será de provecho para todos tus lectores.
Barcelona, 26/4/2013

Josep Lluís Camino Roca


Doctor en Psicología
Presidente de l’Associació Catalana d’Anàlisi Transaccional (ACAT).

15
1. INTRODUCCIÓN

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«La felicidad se extiende sólo hasta los límites de nuestra
conciencia.»1

Carl Gustav Jung (1875–1961)


Psiquíatra y Psicólogo

1. http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/carl-jung.html
1. INTRODUCCIÓN

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

Este libro es el resultado del trabajo realizado en la consulta tera-


péutica con tres clientes, Marta, Patricia y Sara, y de mi propia expe-
riencia como terapeuta. En cada tema expreso Mi sentir, así como El
sentir de Marta, El sentir de Patricia y El sentir de Sara para que el
lector pueda identificar quién es el que está opinando en cada momen-
to. Las clientas Marta y Sara ya habían finalizado la terapia hacía un
año cuando aceptaron expresar su sentir y sus reflexiones en este libro
con sus propios nombres. Patricia finalizo hace cinco años una terapia
sobre el duelo de un familiar. Actualmente está haciendo terapia sobre
una perdida emocional. Su nombre es el de un seudónimo con el fin de
preservar su anonimato.
Cada uno expresa abiertamente lo que experimenta y piensa en las
diferentes fases que se dan en una terapia. El planteamiento de profun-
dizar y escribir con los clientes sobre las vivencias terapéuticas tiene
como objetivo que el lector no experimentado en esta área pueda obte-
ner más información y aproximarse más al conocimiento terapéutico,
desde una línea humanista y muy cercana a la psicología gestáltica.
El tema 2, Observación y aprendizaje del cliente sobre algunos
conceptos terapéuticos, es una parte esencial de este libro, pues en él
se analiza la importancia del significado de las palabras que son utili-
zadas en este ámbito, pero que son desconocidas habitualmente por los
clientes. Tiene como propósito comunicar el principio de la realidad de
cada cliente, desde una observación fenomenológica, donde el cliente
experimenta una ampliación de conciencia sobre los conceptos tera-
péuticos y sus usos. Tanto en este tema 2, como en el 3 y el 11, no se
expresa la opinión de los clientes, ya que estos la dan posteriormente
en otros contenidos.

19
Jorge Hernández

El tema 3, La compasión y el amor en el ámbito terapéutico,


constituye la otra parte esencial de este libro, como si fueran los ci-
mientos de un edificio, donde se ubican el sentimiento y el camino
hacia la unidad.
El tema 4, Expectativas iníciales del cliente, antes de iniciar la
primera visita terapéutica, trata de lo que uno espera encontrarse en
su primera visita con el terapeuta, un momento fundamental que, en la
mayoría de los casos, puede determinar la continuidad del cliente. Aquí
es donde se empiezan a dar las opiniones de todos los participantes en
este libro.
El tema 5, La demanda terapéutica por parte del cliente, habla
sobre el motivo de la visita, por el cual se establecen los objetivos a
conseguir por parte del cliente.
El tema 6 explora cómo se darían /DFRQÀDQ]D\ODDFHSWDFLyQPX-
tua, mediante una aproximación inicial donde se establecen los buenos
vínculos entre un terapeuta y un cliente.
En el tema 7 se analiza la implicación de cada cliente en el esclareci-
miento de las Emociones y sus polaridades.
A continuación, en el tema 8 se explora cómo se dan las Resis-
tencias al cambio, es decir, las dificultades que suele tener el cliente
para superar y modificar sus bloqueos en el tratamiento terapéutico.
Aunque suene paradójico, se suele ir a terapia con la voluntad de
mejorar una dificultad pero, a pesar de este deseo, surgen resistencias
al cambio. Expresado de otra manera, este capítulo ayuda a averiguar
cuáles son los elementos de nuestro propio boicot, qué es lo que nos
impiden mejorar.
En el tema 9, Conciencia cuerpo-mente, se explora el grado de vin-
culación entre cuerpo y mente, así como la disgregación que tiene cada
persona.
El tema 10 trata un término algo abstracto para las personas que es-
tán fuera del ámbito terapéutico, como es el Punto Medio, factor poco
conocido por la mayoría de las personas no profesionales y que repre-
senta un concepto que teóricamente habla de regular las emociones y
sentimientos, pero que en la práctica cuesta mucho consolidar.

20
Introducción

El tema 11, La creatividad, habla de la necesidad de modificar nue-


vas conductas, nuevas maneras. Se trata de conseguir los objetivos de
la demanda terapéutica, donde la transformación necesita de la creati-
vidad; añadir algo nuevo a una situación inconclusa.
Y para concluir un área que muchas veces no se contempla con la
disposición adecuada, el tema 12 se centra en /DÀQDOL]DFLyQWHUDSpX-
tica, o el momento en el que se cierra una etapa terapéutica, que tiene
mucha similitud con la finalización de muchos acontecimientos de la
vida, y que exige una revisión de los aspectos transferenciales.
En este libro me expreso como persona y terapeuta, intento ser el
mismo de siempre, tanto fuera como dentro de la consulta. No quiero
mostrarme distinto, ya que si lo hiciera me sentiría incomodo y actua-
ría sin ser consecuente con mis valores de vida. Las reflexiones escritas
en cada tema implican mi manera de sentir y hacer. También tengo que
decir en este punto que mi forma de actuar no resta vigilancia, puesto
que centra mi foco de atención en la sesión y mantiene al máximo toda
mi energía y disponibilidad en el momento que trabajo con un cliente.
Si tengo un día en el que estoy bajo de energía, reflexiono para que mi
conciencia pueda regularlo y vivirlo con predisposición en el contexto
de la sesión terapéutica; a pesar de ello, no siempre lo consigo. También
tengo días de buen humor y no tan buenos. Decir la verdad al cliente
de cómo están los ánimos por parte del terapeuta implica, al mismo
tiempo, ser persona y terapeuta. Pienso que si tengo el total control de
mi interior, no estoy enseñando la parte opuesta que sería el suavizar
el control. Es saludable que el cliente pueda observar que el terapeuta
no está anclado en una parte de la polaridad. Como dije antes, mi dis-
ponibilidad está al máximo con el cliente, pero el cliente tiene que ver
el lado humano y, en consecuencia, ver algo de lo que hay dentro de mí,
ver que soy una persona más. Puedo tener el lapsus de no estar presen-
te en algunos momentos de la visita, pero en estos casos hay que hacer
lo mismo que se hace en la meditación. Cuando la mente se distrae,
porque le precede todo un discurso de pensamientos fuera del contexto,
es cuando resulta conveniente volver a centrarse en una conciencia del
aquí y ahora para vivenciar el trabajo con el cliente.
Cada cliente escribe sus comentarios con su manera de percibir y
de actuar en las diferentes situaciones que se dan en este libro, com-
portando incomparables motivaciones, con cargas afectivas y distintos

21
Jorge Hernández

sentimientos. Esas actitudes impulsan las experiencias del pasado con


sus creencias, que forman el historial cognitivo de cada uno. Las acti-
tudes corporales de los clientes son difíciles de expresar, pero el estilo
gramatical sin tamizar puede aportar algo de luz en pro de la transpa-
rencia terapéutica. Cada palabra expresada por cada cliente tiene un
significado distinto, ya que el uso que se le da conlleva una determina-
da energía para curarse. Cada cliente busca unos objetivos para aportar
sentido a su vida existencial, soportando en esa exploración de su inte-
rior la incertidumbre, las dudas y el vacío existencial.
Las opiniones son el sentir de cada uno, y en ellas se pueden apreciar
los diferentes tipos de lenguaje utilizados, con el léxico y la semántica
que cada persona tiene. Las experiencias expresadas implican ser más
transparentes; pero no siempre es fácil despojarse de los miedos y de-
jarlos a un lado. Debo destacar aquí el coraje de los clientes, ya que
están abriendo sus corazones y es algo de agradecer, puesto que implica
exponer ante los lectores parte de su vida privada.
¿Quiénes somos?, ¿qué queremos ser? son preguntas que pueden
surgir al leer este libro. Cuando una persona viene a un asesoramiento,
implícitamente lleva consigo estas cuestiones internas, aunque explíci-
tamente no las exprese al terapeuta. El cliente también tiene otro tipo
de preguntas por las cuales muestra sus dificultades, sus vivencias no
concluidas, sus bloqueos y necesidades, etc. A su vez el terapeuta puede
hacerse las mismas cuestiones y averiguar cómo puede implicarse él
como profesional y persona. Esta es mi manera de adquirir un apren-
dizaje, sobre todo para que la creatividad me pueda proporcionar más
herramientas para un mejor asesoramiento. Mi experiencia como te-
rapeuta es también mi experiencia como persona; no las puedo desvin-
cular. En un asesoramiento, indudablemente tienes que llevar y ofrecer
lo mejor de tu modo profesional y lo mejor de tu estilo personal. No
somos robots del control. Es en ese estado cuando se puede ofrecer una
mejor creatividad y, en consecuencia, mejorar la realidad del cliente.
Hay determinadas experiencias vividas por el cliente en el contexto
terapéutico que no tienen su fruto hasta pasada la finalización de la
misma, cuando la vuelta a la realidad diaria implica un nuevo reto de
seguir la rutina ya conocida o transformarla con las experiencias vivi-
das en la terapia. La experiencia terapéutica, una vez terminada, puede
implicar en el futuro una referencia para ser considerada: en alguna

22
Introducción

medida, la terapia no deja de ser un paréntesis para deliberar qué es lo


que ocurre en la vida de uno.
Aprendo mucho con cada cliente y agradezco la confianza que
muestran al querer trabajar conmigo. Como prioridad en mi trabajo, se
encuentra la atención a las necesidades del cliente, centrando las viven-
cias terapéuticas en el aquí y el ahora, tan expresados en Gestalt, pero
coexistiendo con un «tiempo atemporal», donde se pueden incorporar
las experiencias del pasado que arrastramos hasta nuestro presente.
Todo ello sin dejar las expectativas que tenemos del futuro, que, sin
pretenderlo, estará determinado por nuestras esperanzas e ilusiones en
cada momento.
Nadie es el propietario de las palabras, nadie tiene la exclusividad
de los conceptos que se dan en un libro. Todo libro es el eco de otros
libros, de otras ideas, de los cuales se pueden crear y producir nuevas
opiniones y con suerte nuevos conocimientos. Creo firmemente que
los significados de las palabras expresadas en este libro por mis clientes
y por mí mismo pueden aportar una aproximación a las experiencias
que se dan en ambos lados: «tú cliente, yo terapeuta», pero también «tú
persona, yo persona», desde una base humanista.
Los pensamientos expresados en este libro no pretenden dar con-
sejos. El lector puede leer unas experiencias y desde ellas puede entre-
lazar los conocimientos para extraer y mejorar su realidad en el área
terapéutica o la posibilidad de observar y aproximarse si no se tiene
experiencia o información de los procesos terapéuticos.

23
2. OBSERVACIÓN Y APRENDIZAJE DEL CLIENTE
SOBRE LOS CONCEPTOS TERAPÉUTICOS

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo»2

Ludwig Wittgenstein (1889–1951)


Filósofo, matemático, lingüista, y lógico

2. Ludwig Wittgenstein, Tractatus lógico-philosophicus, 5.6, 1922


2. OBSERVACIÓN Y APRENDIZAJE DEL CLIENTE SOBRE LOS
CONCEPTOS TERAPÉUTICOS

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

En este tema se trata de que el cliente pueda instruirse en el co-


nocimiento del significado de algunas palabras de uso terapéutico,
con el objetivo de aplicarlas a su vida privada. Su fundamento epis-
temológico se centra en la palabra: «hermenéutica» que procede del
griego y que significa «(saber) descifrar e interpretar un mensaje o
un texto». Esta tiene que ser una acción explicativa e interpretativa
o, dicho de otra forma, concebir lo que se debe entender. La relación
de las palabras «explicativo e interpretativo» con el área terapéutica
estaría en la manera que un terapeuta «explica» el concepto terapéu-
tico y como el cliente lo «interpreta» con su realidad personal. En la
interpretación intervienen algunas variables desde el conocimiento
cognitivo, cuya recepción de la información puede implicar la nece-
sidad de una reflexión y de su posterior experimentación. Debemos
tener en cuenta que la gran mayoría de palabras terapéuticas invo-
lucran un aprendizaje y una transformación del «yo». Es abrirse a lo
que aún desconocemos de nuestro no-yo. Y con toda seguridad habrá
una confrontación con nosotros mismos, si es que queremos modifi-
car algo de nuestro interior.
Veremos más adelante en este libro que los clientes expresan de
qué manera asimilan los conceptos terapéuticos. Como es natural,
cada persona es distinta y su grado de asimilación depende de estas
variables que hemos comentado.
Después de varios años de trabajo con este enunciado, e interac-
tuándolo con mis clientes, considero concluyente y esencial aplicarlo
como herramienta terapéutica. Su aplicación pasaría por una estruc-
tura de diálogo, donde la comprensión tiene que permanecer abierta

27
Jorge Hernández

para ampliar conocimientos y corregirlos dependiendo del uso que le


da cada cliente a la palabra.
Para un mejor entendimiento, sería interesante hacer una compara-
ción de los conceptos entre dos áreas de la psicología. El Análisis Tran-
saccional aplica una metodología sencilla en la que sus conceptos bási-
cos se expresan en un lenguaje que carece de los tecnicismos abstractos
predominantes en otras teorías psicológicas.
La metodología de la psicología gestáltica no es complicada, pero
tampoco es sencilla, sobre todo en algunos conceptos. Y aunque algu-
nas significaciones son trabajadas y experimentadas en las sesiones te-
rapéuticas, hay otras que no. A muchos clientes les iría mejor integrar
el significado de los conceptos como medida previa a las experiencias o
complementarlo posteriormente a las experiencias con la explicación y
comprensión de dichas concepciones.
Pongamos un ejemplo con las dos tablas sobre las palabras utiliza-
das: la tabla nº 1 se refiere al Análisis Transaccional y la tabla nº 2 a la
Psicología Gestáltica. Luego tú, como lector, debes comparar cuál de
las dos líneas de psicología te resulta más familiar y menos abstracta
respecto a los conceptos que predominan en cada una de ellas.
Tabla nº 1 Análisis Transaccional

s Padre – Adulto – Niño


s Estados del Yo: Padre – Adulto – Niño
s Reconocimiento
s Estimulación sensorial
s Hambre de estimulación sensorial
s Caricias: caricias negativas – caricias positivas
s Transacción
s Guion: mensajes, órdenes, prohibiciones, permisos, atribuciones,
procedimientos

28
Observación y aprendizaje del cliente sobre los conceptos terapéuticos

Tabla nº 2. Psicología Gestáltica

s Autoconcepto
s Figura y Fondo
s Darse cuenta
s Polaridades
s Punto 0 o punto medio
s Vacío fértil y vacío estéril
s Neurosis en Gestalt
s Mecanismos neuróticos
s Proyección – Confluencia – Retroflexión – Deflexión - Pro-
flexión y Egotismo
s Experiencias inconclusas
s Creatividad

¿Qué tal? Es normal que se den más conceptos abstractos en la Psi-


cología Gestáltica. Aunque no es imprescindible conocer los conceptos
para realizar la terapia, resultaría beneficioso saber el significado de
estas palabras.
Paul Watzlawick comenta que hay dos tipos de lenguaje. Uno es
«objetivo, definidor, cerebral, lógico, analítico; es el lenguaje de la razón,
de la ciencia, de la interpretación y la explicación y, por consiguiente, el
lenguaje de la mayoría de las terapias»3; y el otro «no es el lenguaje de
la definición. Podría designársele tal vez como el lenguaje de la imagen,
de la metáfora, del pars pro toto, acaso del símbolo y, en cualquier caso,
el lenguaje de la totalidad (no de la descomposición analítica).»4
Menciono esta reseña porque existen algunas terapias donde el te-
rapeuta aprende a utilizar el lenguaje del cliente y no en sentido con-

3. Paul Watzlawick, El lenguaje del cambio, Editorial Herder, 1994, p. 18.


4. Paul Watzlawick, El lenguaje del cambio, Editorial Herder, 1994, p. 19.

29
Jorge Hernández

trario, como es la hipnosis, los sueños, los mándalas, el humazen y


seguramente alguna otra terapia que desconozco. Este libro no tiene
como finalidad analizar los diferentes tipos de terapia, pero es necesario
tener en cuenta este aspecto para observarlo desde la perspectiva del
lenguaje. También hay que mencionar la comunicación no verbal como
complemento expresivo al lenguaje verbal, ya que aunque no es una
terapia es un medio. Todas estas terapias pueden utilizar un tipo de len-
guaje muy diferente, ya que el cliente puede recurrir, dependiendo del
tipo de terapia, a un lenguaje con signos, símbolos, dibujos, palabras,
frases, colores, etc. Este tipo de lenguaje emerge sin apenas censura por
parte del consciente, pudiéndose establecer un tipo de comunicación
más directa desde el inconsciente al consciente. Los resultados que sur-
gen del cliente implican que es el terapeuta el que tiene que adaptarse
a las expresiones.
Para Wittgenstein, el estudio del lenguaje es un método para llegar
al conocimiento de la realidad propuesta. La proposición mediante el
lenguaje expresa lo que yo sé, pero al mismo tiempo implica lo que
tengo que conocer y contrastarlo experimentalmente. Es aquí donde la
labor del terapeuta es necesaria para que el cliente adquiera el conoci-
miento y experimente (o a la inversa, dependiendo del aprendizaje).
Es obvio que si desconocemos la conceptualización de algunas pala-
bras no podremos manejar las aportaciones que se hacen de su conte-
nido. Como se habrá podido observar en el anexo nº 2, algunas palabras
mencionadas no son muy conocidas en nuestra vida diaria.
Para utilizar estos conceptos hay que ser un buen conocedor de su
significado, y en especial cuando se tiene como finalidad un uso te-
rapéutico. Como bien dice Wittgenstein, «Los límites de mi lenguaje
son los límites de mi mundo.»5 Para ampliar el conocimiento de mi
mundo, necesito hacerlo a través de un lenguaje que contenga nuevas
palabras.
Resulta beneficioso fijarse en cómo se realiza el proceso del enten-
dimiento del cliente desde un concepto terapéutico hasta la decisión de
disponer de su uso, y también de situar sus límites. Para que sea más
comprensible, lo explicaré en primer lugar con un concepto que se uti-
liza en Gestalt y, posteriormente, con un ejemplo de experimentación.
5. Ludwig Wittgenstein, Tractatus lógico-philosophicus, 5, 1922.

30
Observación y aprendizaje del cliente sobre los conceptos terapéuticos

El autoconcepto en terapia gestáltica según Francisco Peñarrubia


dice:
«El autoconcepto consiste en seleccionar interesadamente algu-
nos aspectos de nuestra personalidad, identificarnos con ellos y
mostrarnos así de limitados y previsibles ante el mundo. Aunque
la foto resultante es parcial y pobre, la enrolamos como identi-
dad; «Soy esto y no aquello»; paralelamente imponemos dicha
foto a la percepción del mundo: «Reconocemos tales rasgos, pero
no sus opuestos», como una especie de acuerdo en la ceguera.»6
Por ejemplo a un nivel experimental, Josep Zinker habla de «Au-
toconcepto saludable. En este caso la persona tiene conciencia de las
muchas fuerzas que se oponen en su interior. Desea verse a sí misma
en una multitud de formas «contradictorias». Experimenta relaciones
entre una diversidad de partes internas.»7
Josep Zinker propone experimentar las polaridades que no te son co-
nocidas. Por ejemplo, una persona que es bastante vergonzosa tendría
que experimentar su polaridad, que podría ser la desvergüenza. Una
persona insensible tendría que experimentar la ternura. «La persona
saludable conoce la mayoría de las polaridades que contiene, incluso
aquellos sentimientos y pensamientos que la sociedad reprueba; y es
capaz de aceptarse tal y como es.»8
Para entender lo que significa experimentar el «autoconcepto», an-
tes se tendrá que indagar ¿qué es lo que tú, lector, entiendes por «auto-
concepto»?; y entrar en su significado para completar su conceptualiza-
ción, aún más cuando es desconocido totalmente. Imagínate que estás
trabajando terapéuticamente y decides experimentar su utilización.
Indudablemente implicará tu apertura mental, emocional y corporal.
Volviendo a Wittgenstein, respecto a los juegos del lenguaje, dice:
«Los juegos del lenguaje están más bien ahí como objetos de compa-
ración que deben arrojar luz sobre las condiciones de nuestro lenguaje
por vía de semejanza y desemejanza.»9 En este caso, se trataría de jugar
6. Francisco Peñarubia, Terapia Gestalt, Alianza Editorial, 2002, p. 107.
7. Josep Zinker, El proceso creativo en la terapia gestáltica, Paidós, 2002, p. 159.
8. Josep Zinker, El proceso creativo en la terapia gestáltica, Paidós, 2002, p. 161.
9. Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, Editorial Crítica, 1988, nº
130.

31
Jorge Hernández

con nuestro «autoconcepto saludable», que supondría experimentar las


formas contradictorias de uno mismo y observar las similitudes y dis-
paridades que se dan.
Para observar la amplitud del conocimiento del concepto, tengo
que mencionar las leyes de la figura–fondo y el concepto de gestalt
inconclusa.
Cuando una necesidad se está experimentando, la ley del cierre se
establece, es el impulso de la persona a cerrar esa figura donde la per-
cepción queda fijada en ella, y todo lo demás queda como fondo. Si no
se satisface la figura, queda lo que se llama en Gestalt «experiencias in-
conclusas»; y esa figura que emergió del fondo volverá en su retroceso
a sumergirse en el fondo. Por ejemplo: si nos encontramos ante una en-
trevista de trabajo y el entrevistador nos hace muchas preguntas, pero
hay una que no le respondemos, podríamos quedarnos fijados obsesi-
vamente en ella. Ocurrirá, casi con toda seguridad, que cuando salga-
mos no habrá manera de evaluar el conjunto de la entrevista y nuestra
mente quedará fijada en que no respondimos una sola pregunta. Si nos
rechazaran en el proceso de selección, seguramente pensaríamos que
esa pregunta fue el motivo por el que no obtuvimos el trabajo. Nuestra
mente quedaría así enganchada, en una situación inconclusa. Para ce-
rrar este tema y que no permanezca como algo inconcluso, estaría bien
preguntar cuál es el motivo verdadero por el que se nos ha rechazado.
En Gestalt, esa pregunta que nos hace el entrevistador y a la que
le damos más transcendencia comunicativa se llamaría figura. El resto
de preguntas y todo lo demás sería el fondo. Su relación metafórica
con los fenómenos perceptivos de los psicólogos Wertheimer, junto
con Wolfgang, Köhler y Kurt Koffka , Kurt Lewin, se indicaría en la
siguiente:
La figura es un elemento que existe en un es-
pacio o campo destacándose en su interrelación
con otras unidades.
Hay una clara tendencia a ver la copa en blan-
co o a ver las dos personas en color negro mirán-
dose.

Figura nº 1

32
Observación y aprendizaje del cliente sobre los conceptos terapéuticos

Fondo es todo aquello que no es figura. Es la parte del campo que


contiene elementos interrelacionados que no son el centro de atención.
El fondo soporta y encuadra a la figura. Las preguntas de la entrevista
que no tienen tanta importancia serían el fondo, equivalente a las dos
personas en negro, y la pregunta de la entrevista a la que no damos
respuesta sería la figura, la copa de color blanco. Puede ocurrir también
lo contrario: que focalicemos como figura las dos personas en negro en
primer lugar. Entonces la figura equivaldría a la pregunta sin respuesta,
y el fondo a la copa (la entrevista con el resto de las preguntas).
Volviendo a la observación y aprendizaje del cliente sobre algu-
nos conceptos terapéuticos, habría que decir que si el cliente amplía
su lenguaje con palabras relacionadas con la tabla nº 2, estará dando
más amplitud al conocimiento de la figura. John M. Heaton dice:
«Una representación perspicua produce un cambio en la Gestalt al
resaltar un nuevo aspecto de nuestro uso de las palabras»10, y si-
gue diciendo «La perspicuidad no significa prolijidad y no requiere
un vocabulario técnico. Significa el esclarecimiento de las relaciones
que se encuentran en estado de confusión.»11 Si ampliamos el co-
nocimiento de una palabra desconocida (ver tabla nº 2), estaremos
ampliando nuestra visión, nuestro campo de conciencia, ya que la
palabra desconocida pero luego aprendida nos dará una perspectiva
más ampliada en nuestro conocimiento, que nos permitirá posterior-
mente poderla experimentar.
En la adquisición de la conceptualización de algunas palabras tera-
péuticas, estaría el «desconocimiento» por un lado de algunos concep-
tos en el área terapéutica y, en contrapartida, la adquisición del «co-
nocimiento». Si estamos ampliando la información (por ejemplo, la
palabra que antes hablábamos: «Autoconcepto»), tendremos que expe-
rimentar la palabra y conocer en qué medida sigo siendo yo, y también
la posibilidad de que la palabra adquirida pueda transformar mi yo en
la medida en que la uso.
En el uso que le doy a la palabra terapéutica estaría también el cómo
me doy cuenta y tomo conciencia al relacionar mi vivencia con el ver-
dadero significado que pretende el autor de la palabra. De esta mane-
ra amplío conscientemente mi comprensión. Sería como decirse a uno
10. John M. Heaton, Wittgenstein y el psicoanálisis, Gedisa Editorial, 2004, p. 39.
11. John M. Heaton, Wittgenstein y el psicoanálisis, Gedisa Editorial, 2004, p. 39.

33
Jorge Hernández

mismo: «Me doy cuenta», o bien, «ahora mi experimentación con esta


palabra amplía mi conocimiento.»
Francisco Peñarrubia dice sobre esta conexión:
«¿Son diferentes los medios y el fin, las técnicas de focalización y
la conciencia?, ¿qué es entonces el «darse cuenta»? La espiritua-
lidad oriental diría «la iluminación» (satori), las tradiciones cha-
mánicas hablan de «conocimiento» (el hombre que «ve», la per-
sona de conocimiento). La gestalt no diferencia tanto los medios
y el fin: concibe el darse cuenta como el proceso de restauración
de la salud, entendiendo que la neurosis es un oscurecimiento
de la capacidad de percibir (a sí mismo, al mundo…) y el camino
corrector es ir saneando esta ceguera.»12
Esto implica una concentración en el entendimiento de la palabra y
en observar qué uso le da cada uno a los conceptos planteados por los
autores: hay que focalizar poco a poco, por un lado el entendimiento, su
uso, su experimentación; y, por otro, la acción de darse cuenta.
La figura nº 2 nos permite percibir que para ver la cara, tenemos que
tener en cuenta los pétalos, la flor, las hojas y unas bayas.
Wittgenstein dice: «El uso de esta palabra
bajo circunstancias de nuestra vida ordinaria
nos es, naturalmente, muy bien conocido. Pero
el papel que juega la palabra en nuestra vida,
y con ello el juego del lenguaje en que la em-
pleamos, serían difíciles de describir incluso a
grandes rasgos.»13
Wittgenstein sobre todo indica que el uso
del lenguaje implica desarrollar mejor nuestra
manera de actuar y de comportarse, pues no
deja de ser un estilo de interactuar en la vida.
La correspondencia de lo que dice Wittgenstein
Figura nº 2 con el «darse cuenta» estaría en la toma de con-
ciencia de nuestro lenguaje cognitivo, la am-
pliación de la información de la palabra, el uso
12. Francisco Peñarrubia, Terapia Gestalt, Alianza Editorial, 2002, p. 96.
13. Ludwing Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, Editorial Crítica, 1988, p. 155.

34
Observación y aprendizaje del cliente sobre los conceptos terapéuticos

que se le estaba dando y el que se le pueda dar en un «aquí y ahora».


En definitiva, ser más consciente del uso que le damos a los conceptos,
sobre todo en el ámbito terapéutico. En un artículo publicado por Josep
Lluís Camino, se dice: «La significación del lenguaje se encuentra en
sus usos. Pero los usos del lenguaje son múltiples y variados; por eso
no hay solamente un lenguaje sino lenguajes y éstos son formas de
vida, éste es su poder.»14
El terapeuta debe informar al cliente sobre estos conceptos, expli-
cándole sus contenidos para, posteriormente, proporcionarle mediante
escritos las concepciones de algunas palabras que se consideren que
están vinculadas con el tipo de terapia. Después, la experimentación
tiene que efectuarse tanto dentro de las sesiones terapéuticas como en
el entorno del cliente. La observación y el aprendizaje deben darse en
la interacción con el terapeuta, quien tiene que aplicar el feedback para
que el cliente pueda asimilarlo. Más adelante comentaremos el proce-
so de feedback como integrador de los conceptos. Como consecuencia,
cada cliente alcanzará un nivel de conciencia entre la palabra y su uso.
Por lo tanto, nunca se podrán generalizar los resultados. Lo importante
es que resulte de utilidad con cada cliente.
Hablar de «polaridades» o del «Punto Medio», por poner algunos
ejemplos de la psicología Gestalt, es hablar de conceptos que, fuera del
núcleo terapéutico, no son usados de manera habitual. Suenan, como
dice mi clienta Marta, a conceptos abstractos. Al principio no se sabe
muy bien qué hacer con este tipo de concepciones. Se tarda un tiem-
po en asimilar su significado y aplicar estos conceptos a nuestra vida
diaria. Incluso, con frecuencia, se empieza a asimilar e identificar el
Punto Medio una vez que se deja la terapia. En primer lugar, hay que
obtener información lo antes posible ante este tipo de conceptualiza-
ciones, para pasar posteriormente a su reflexión y su utilización. Por
eso, según mi criterio, debemos explicar a los clientes estos conceptos
tantas veces como sea necesario para que puedan experimentarlos en
su vida diaria.
La epistemología se ocupa de la teoría del conocimiento, pero hay
dos concepciones distintas formuladas, respectivamente, por Karl Po-
pper y Jean Piaget. Para K. Popper, la epistemología estudia los mani-
14. Josep Lluís Camino Roca, Juegos de poder y psicológicos, http://www.berne-
comunicacion.net/pdf/berne20.pdf

35
Jorge Hernández

fiestos de la ciencia y de su justificación por medio de una metodolo-


gía lógica que ignora al observador que adquiere el conocimiento. Por
el contrario, Piaget se interesa por el individuo como observador.
Epistemología científica o epistemología fenomenológica. Las
dos tienen como finalidad descubrir el conocimiento científico. Pero
mientras que la científica estudia las dificultades y las incidencias
históricas, sociológicas y psicológicas justificándolas con una objeti-
vidad lógica, en la epistemología fenomenológica el mundo se perci-
be sólo a través de nuestra conciencia, excluyendo todo lo externo a
nuestra experiencia inmediata. En este caso, nuestra conciencia juega
un rol activo. Bert Hellinger comenta que en la epistemología feno-
menológica «la mirada está dispuesta a asimilar simultáneamente lo
mucho que ante ella se extiende. Entregándonos a este movimiento,
por ejemplo, ante un paisaje, o una tarea, o un problema, nos damos
cuenta de cómo nuestra mirada a la vez se llena y se vacía.»15 La epis-
temología fenomenológica resulta útil para que el cliente pueda ob-
servar su afectación y conocer la metodología sobre el aprendizaje de
algunos conceptos terapéuticos. Según Husserl, la fenomenología es
la ciencia que trata de descubrir las estructuras esenciales de la con-
ciencia. En este caso, se trata de la comprensión de cómo cada cliente
percibe el fenómeno de los diferentes conceptos en su mente y en la
aplicación de estos conceptos en su vida cotidiana.
En el trabajo de la compresión del cliente sobre las palabras te-
rapéuticas, estaría el proceso de feedback o retroalimentación, que
constituye la información que recoge el emisor (en este caso, el tera-
peuta), a través de los resultados que causa su mensaje en el receptor
(el cliente).
Es importante experimentar el feedback entre terapeuta y cliente,
pues de este concepto poco utilizado dependerá el éxito de la com-
prensión y aplicación de los conceptos terapéuticos. Cada cliente de-
cidirá el límite de los sucesivos feedback.
Las siguientes preguntas de la tabla nº 3 tienen que situar al lector
en un punto de partida desde donde, posteriormente y dependien-
do de la integración y expectativas de los conceptos, podrá observar
cómo inciden en las experiencias que se puedan realizar. Sobre todo,
15. Bert Hellinger, Órdenes del amor, Editorial Herder, 2001, p. 14.

36
Observación y aprendizaje del cliente sobre los conceptos terapéuticos

es importante la interactuación con un terapeuta, donde hay que co-


municar y compartir las observaciones, el humor, las expectaciones,
cómo fluyen las emociones y sentimientos ante la experimentación
de estos conceptos, aclaraciones, demostraciones y confrontaciones,
etc. Con todo lo expuesto y más, se efectuaría la retroalimentación o
feedback.

Tabla nº 3

s ¿Qué significado le das a las concepciones de algunas palabras


terapéuticas?
s ¿De qué manera experimentas estos conceptos en tu vida dia-
ria?
s ¿Dónde lo aplicas, en qué contextos?
s ¿Cómo lo aplicas?
Las palabras pueden ser las que figuran en la tabla nº 2 o bien
otras. El qué, el dónde o el cómo de la tabla nº 3 implicará adentrarnos
en el conocimiento del significado de las palabras y en cómo podre-
mos usarlas. Según Wittgenstein, preguntar por el significado de una
palabra o frase corresponde a preguntar cómo se utiliza, y es precisa-
mente la manera de utilizarla lo que resuelve si una persona ha com-
prendido o no su significado. Wittgenstein comenta: «No se puede
adivinar cómo funciona una palabra. Hay que examinar su aplicación
y aprender de ello. Pero la dificultad es remover el prejuicio que se
opone a este aprendizaje.»16
Mi experiencia hasta la fecha me ha indicado que algunos clientes
tienen alguna idea sobre algunos conceptos, aunque no llegan a usar-
los en su vida; pero muchos no conocen su significado ni los utilizan.
Otros clientes que proceden de otras terapias poseen conocimientos
y aprendizaje, aunque también me encuentro con algunos que no los
tienen asimilados y, por tanto, hacen un uso fragmentado de ellos.
El uso de estos conceptos terapéuticos en la vida del cliente implica
tener en cuenta lo que dice Husserl cuando habla de que el objetivo
16. Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, Editorial Crítica, 1988, p. 267.

37
Jorge Hernández

es fundamentar la ciencia en la conciencia, sobre todo basándose en


las vivencias que se implican en la conciencia. Lo que se trata en la
fenomenología es percibir todo lo que se da en el conjunto de una
experiencia.
Volviendo a la pregunta ¿qué significado le das a las concepciones
de algunas palabras terapéuticas?, la respuesta representará en qué
medida puedes entrelazar tus conocimientos con lo que puedas leer,
mediante los diferentes feedbacks, las preguntas y respuestas que se
den entre cliente y terapeuta, y, por último, experimentar los con-
ceptos aprendidos y vuelta a un feedback hasta que dé un resultado
óptimo para el cliente. De todo ello, seguro que saldrá una amplia-
ción de conocimiento. Es necesario señalar aquí que el límite de la
adquisición de conocimiento lo tiene que marcar el cliente, nunca el
terapeuta.
Posteriormente, una vez adquirido el conocimiento de algunos
conceptos terapéuticos, habría que tener en cuenta lo que implica la
fenomenología de Husserl como método, donde surge el concepto
«epojé». Javier San Martín afirmó en una ponencia que «La epojé es
para Husserl el primer paso del filósofo que comienza y que quiere
volver a las cosas mismas, para que aquello que es se pueda mostrar
tal como es.»17 La palabra «epojé», procede del griego «epokhé», que
etimológicamente significa suspender. Aplicado a la teoría de Husserl,
hace referencia al hecho de suspender el juicio, hallándose la persona
en una actitud totalmente neutra para recibir lo que se le presenta.
Implica que la conciencia estacione o paralice todos los valores, todos
los supuestos condicionales, y de esta manera reciba las experiencias
con un potencial que sería similar a lo que hoy la física cuántica in-
cluye en su paradigma: un mundo lleno de posibilidades. En este libro
se dan ideas parejas entre los clientes, y otras que implican sus pro-
pias aperturas naturales al uso de los conceptos terapéuticos. Con el
término «epojé», consistiría en experimentar de una manera natural
el propio uso de ese concepto.

17. Javier San Martín, Epojé y ensimismamiento. El comienzo de la filosofía.


http://www.o-p-o.net/essays/SanMartinArticleSpanish.pdf, p.3

38
Observación y aprendizaje del cliente sobre los conceptos terapéuticos

2.2. Resumen

Cuando se crea una palabra cuya conceptualización es terapéuti-


ca, esta trata de captar la esencia de su propósito y es explicada de una
manera intelectual. Posteriormente, los clientes intentan entender los
argumentos de la significación terapéutica. Pero como se podrá leer en
los diferentes contenidos del libro, los clientes comentan lo abstracto y
difícil que les resulta entender dichos conceptos. Para que no se queden
atrapados en el concepto, sería necesario determinar una metodología
específica para cada persona. Inicialmente estaría bien preguntarse: ¿En-
tiendo el concepto? Este puede ser alguno de los que se exponen en este
libro o bien otros que figuren en la literatura de la filosofía terapéutica.
Una vez que el cliente comprenda en alguna medida el propósito de la
palabra con ayuda del terapeuta, el siguiente paso sería preguntarse:
s ¿Qué hago con el concepto terapéutico?
s ¿Qué vinculación tienen la palabra con el uso que le puedo dar
con mi cuerpo, sentimientos, emociones y mente?
La consecuencia anhelada sería el autoconocimiento de mi pensa-
miento y de mi lenguaje interior. Por otra parte se tendría que explorar
con la imaginación cada palabra terapéutica para poderla utilizar con
nuevos usos diseñados para mí. Y por último, ¿cómo incorporo todo
este proceso expuesto en mí interior para superar en alguna medida
mis dificultades, mis bloqueos, mis situaciones inconclusas, etc.?
Para que el cliente no pierda la esperanza de entender esos con-
ceptos terapéuticos, se tendría que pasar a la acción con la implicación
experimental del uso de la palabra. Para ello, el terapeuta debe invitar
al cliente a utilizar el concepto mientras hace terapia, con propues-
tas de creaciones conjuntas, realizadas entre terapeuta y cliente, que
experimenten dicho concepto. Las creaciones actuarían como juegos o
ejercicios destinados a sentir y pensar el uso de cada palabra.
También tengo que recomendar que el cliente tenga la constancia
de continuar con este uso más allá de la finalización de la terapia, ya
que es de vital importancia seguir en solitario, continuar imaginando y
creando los usos de las palabras terapéuticas en sus diferentes contex-
tos para superar las resistencias al cambio. Se trataría así de utilizar el

39
Jorge Hernández

concepto, implicándolo a nuestras vivencias habituales y sobreponién-


donos a los perjuicios empíricos.
Wittgenstein comenta: «“¿Pero acaso no debo saber cómo sería si
yo sintiera dolor?” No podemos dejar de pensar que la utilización de
una oración consiste en que uno se imagine algo con cada palabra.»18
La cuestión es imaginar y darle el uso a la palabra terapéutica, apli-
cando lo que uno necesita, y no sentirse atrapado por su significado.
Los conceptos terapéuticos no se resuelven sólo con la razón; la
parte intelectual implica una pequeña área, que tendría que seguir
el camino del uso mediante la utilización también de nuestras áreas
corporal y emocional, donde el uso de la palabra radicaría en lo que
ocurre cuando la vivenciamos más allá de su significado. Si explora-
mos en nuestro interior podemos encontrar palabras que nos dará el
cuerpo, que nos proporcionarán nuestros sentimientos y también las
que nos dará nuestro intelecto.
Expongo un ejemplo de una vivencia de un cliente que actual-
mente está en terapia y que citaré bajo seudónimo. El ejercicio fue
específico para el uso de la palabra «resistencia».
En primer lugar, Carlos dibujó en un mandala figura nº 3 su resis-
tencia interior a cambiar su estado de ansiedad, dándole una forma
humana. Se expresó así de una forma muy difusa mediante dos figu-
ras y una frase que decía: «¿Que hay alguien ahí?».

Figura nº 3. Mandala de Carlos

18. L. Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, cita 449.

40
Observación y aprendizaje del cliente sobre los conceptos terapéuticos

Posteriormente, en otra sesión, realizamos un juego o ejercicio para


el uso de la misma palabra que el mandala: «resistencia a modificar su
ansiedad». La experimentación implicaba sus áreas corporal, emocional
y mental. Mientras yo le tomaba una foto, Carlos escenificó de una ma-
nera estática una postura corporal sobre el concepto de su resistencia
interior a cambiar la ansiedad (similar a las estatuas estáticas humanas
que actúan en la Rambla de Barcelona). Después, hicimos otra foto con
otra postura en la que escenificaba su voluntad consciente de superar el
concepto de resistencia. Carlos fue más allá de la conceptualización de
la palabra «resistencia» y le dio un uso para su experimentación, lo que
le facilitó el camino hacia la comprensión de su dificultad. Carlos, al ver
las dos fotografías juntas, pudo decir de una de ellas: «Mi resistencia
interior, que está situada en la sombra, siente miedo y pide ayuda»; y,
de la otra: «La otra parte de mi voluntad, que es más consciente, ofrece
ayuda, se sonríe y acepta al personaje del inconsciente.» Así, implicó
el juego del lenguaje y su uso con su realidad interna, sobre todo, para
sentirlos en sus áreas corporal y emocional. De esta manera, su área
racional tuvo que dejar más espacio para estas otras dos áreas. Su man-
dala, el humazen, sus posturas corporales, las fotos y las expresiones
de su sentir crearon dos oraciones que ampliaban de esta manera el
significado de la palabra «resistencia».

Figura nº 4. Humazen de Carlos.

La creatividad de Carlos hizo que transformara el diseño original


del humazen (ver en página 129 figura nº6). Y el uso que le dio, le per-
mitió hacer una síntesis del pasado, presente y futuro de su resistencia
a cambiar el estado de ansiedad. A esta ansiedad y a su resistencia a
modificarla le dio el nombre de: «el oscuro pasajero».

41
Jorge Hernández

En el humazen, Carlos dibuja en el mandala del pasado su oscuro


pasajero bastante amenazante; en el presente lo dibuja menos amena-
zante; y en el futuro él lleva a su oscuro pasajero a horcajadas en su
espalda aceptándolo y comprendiendo su conflicto.
Otro ejemplo es el de Marta, a quien el concepto del «punto me-
dio» le sirvió para constatar dos planteamientos opuestos y ampliarlos
con una experiencia nueva. La palabra clave para ella fue «decantarse»,
sobre la que comenta: «El error fue pensar que el punto medio era el
final del camino. Porque en realidad es el camino mismo». En este caso,
decidió averiguar y experimentar con el concepto: «Y cuando acabé la
terapia, de pronto, como suelen ocurrir en estas, me di cuenta de que lo
importante es buscar, razonar y encontrar las polaridades para que el
punto medio llegue por sí solo. No por gracia divina: es que entiendo
entre qué dos aguas te encuentras; puedes lograr averiguar lo que no
quieres y lo que sí, y decidir hacia dónde te quieres decantar, y enton-
ces el punto medio va llegando.» Para Marta el concepto original del
«punto medio» la llevó con su uso a otra palabra: «decantarse», por la
cual ella jugó con el lenguaje, lo que facilitó que entendiera su verda-
dero significado y su solución ante su dificultad.
Después de experimentar el «punto medio», Sara afirma: «Cuando
entro en el «punto medio», siento que puedo entrar en paz conmigo
misma y estar más sosegada con mi entorno. (...) Entendí y fui capaz de
dar la ‘bienvenida’ a mis emociones». Sara, al experimentar el concepto
«punto medio», implicó otras palabras que para ella le ampliaban más
el significado, como fueron: «bienvenida», «sosegada» y «entorno».
Por otro lado, Patricia argumentó el concepto «punto medio» me-
diante una experimentación con el humazen: «Pinté un humazen con
la polaridad ‘extremos-punto medio’. Los extremos los coloqué en el
pasado; el punto medio, en el futuro, donde quiero estar. En el presente,
puse la coexistencia de la polaridad, contemplando y aceptando la exis-
tencia del punto medio». Para entender este concepto del punto medio,
aplicó otro concepto como es la polaridad en terapia y se encontró en
este proceso de reconocer emocionalmente, puesto que racionalmente
ya lo entendía. Actualmente, Patricia está trabajando con juegos y ejer-
cicios destinados a entender su lenguaje emocional con los conceptos
polaridades, resistencias y punto medio.

42
3. LA COMPASIÓN Y EL AMOR
EN EL ÁMBITO TERAPÉUTICO

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«El amor es la meta más elevada y esencial a la que puede aspirar el
ser humano..la plenitud de la vida humana está el amor y se realiza
a través de él»19

Viktor Frankl (1905–1997)


Neurólogo y Psiquiatra

19. http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/viktor-frankl.html
3. LA COMPASIÓN Y EL AMOR EN EL ÁMBITO TERAPÉUTICO

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3.1.1. El tú y el yo

Desde un planteamiento muy cercano a la psicología humanista,


quiero exponer las experiencias sobre la compasión y el amor en el
ámbito terapéutico. A partir de la interactuación entre cliente y tera-
peuta, todas las demarcaciones que hemos construido tienen que em-
pezar a ser reflexionadas para que se vayan disolviendo, con la inten-
ción de hacer emerger el verdadero sentir de nuestra alma y lograr la
evolución espiritual en el ámbito terapéutico. Para desarrollarla, es de
vital importancia la unidad del tú y del yo. Si expongo el «tú y el yo»,
indudablemente lo traslado a la relación «tú cliente- yo terapeuta».
Dicho trato es más explícito, ya que el «tú persona – yo persona» en
la mayoría del trabajo terapéutico queda más implícito dentro de esa
relación profesional. Y aunque muchos profesionales quieran obviarla,
la relación personal se da siempre, aunque sea en alguna medida. Hay
que tener en cuenta que, cuando comunicamos, la expresión no verbal
concurre al mismo tiempo que la expresión verbal. Los gestos que se
dan en el área corporal no los podemos disfrazar con palabras, ya que
reflejan los sentimientos y las emociones que experimentamos en el
momento en que se está interactuando y, por tanto, son difíciles de ma-
nipular. Como consecuencia, tanto el terapeuta como el cliente estarán
expresando un lenguaje que queda más implícito. Cuando estamos di-
ciendo algo verbalmente, al mismo tiempo se está dando otro lenguaje
que es el corporal. La comunicación verbal necesita ser congruente con
la comunicación no verbal y viceversa. Si hay incongruencia no se en-
tenderá. Para que la comunicación total resulte comprensible y sincera,
tiene que ser coherente.

45
Jorge Hernández

3.1.2. La compasión con uno mismo y con los demás

Si hablamos de espiritualidad en la psicoterapia, hay que hablar de


su verdadero núcleo: la compasión. Para entender qué es la compasión
es necesario conceptualizarla en un ámbito muy amplio. En primer
lugar, debemos tomar conciencia de nuestras necesidades corpora-
les, emocionales, conductuales y mentales, para pasar posteriormente
a transcenderlas. El zen afirma que para sentir compasión tiene que
haber ausencia de deseo. Por este motivo, las necesidades deben estar
cubiertas para que el deseo desaparezca y podamos empezar a sentir la
compasión en nuestro corazón.
Desde mi punto de vista la compasión incluiría la solidaridad, la
empatía y el amor. La compasión no implica sentir lástima, puesto que,
de ser así, la dignidad del ser humano podría quedar afectada.
El psicoterapeuta inglés Paul Gilbert, director de la institución
Compassion Mind Foundation, está estudiando científicamente el po-
der de la compasión desde los puntos de vista de la neurociencia y el
budismo. Mediante el trabajo de la compasión se puede construir redes
neuronales vinculadas a la autorregulación de estados de tranquilidad,
seguridad y calidez. A través de resonancias magnéticas, la Compas-
sion Mind Foundation ha verificado que durante la meditación es po-
sible llegar a estados de «compasión pura» (ser algo así como «uno
con el universo»)20 y que en esos trances se activan zonas del cerebro
prefrontal izquierdo, que contiene redes neuronales vinculadas con la
empatía, el amor maternal y una mayor conexión entre pensamientos
y sentimientos, al mismo tiempo que se aquieta la actividad del lóbulo
prefrontal derecho, conectado con estados de ánimo más negativos.

3.1.3. Las necesidades, deseos y compasión

Abraham Maslow, en su obra Una teoría sobre la motivación hu-


mana (1943), formula una jerarquía de las necesidades humanas. Las
primeras son las necesidades básicas, como son respirar, beber agua,
alimentarse, tener una temperatura corporal adecuada, dormir, des-
cansar, evitar el dolor, tener relaciones sexuales, vestirse y cobijarse,
sobre todo cuando hay inclemencias climatológicas.
20. Gilbert, Compassion Mind Foundation (www.compassionatemind.co.uk)

46
La compasión y el amor en el ámbito terapéutico

Maslow indica que el ser humano tiende a satisfacer sus necesidades


en sentido ascendente en la pirámide:21

Figura nº 5

Así pues, la compasión implicaría ser solidario con las necesidades


más elementales del ser humano, como la alimentación, vestirse y
cobijarse, pero también comporta algo más: la empatía y el propor-
cionar amor hacia las dolencias de uno mismo y de los otros.
Si hiciéramos una comparación con el organismo, la alimentación
de nuestra alma significaría que nuestras experiencias conflictivas
del pasado se suavizan mediante el amor. Existen alimentos emocio-
nales negativos que, sin darnos cuenta, van creando neuropéptidos,
que es la molécula química que comunica el cerebro con el cuerpo.
Estos mensajes enviados por los neuropéptidos son nuestros alimen-
tos emocionales. La neurociencia nos dice que podemos crear adiccio-
nes emocionales, pero también afirma que podemos aprender nuevas
creencias o actitudes.
Al igual que necesitamos alimentos para nuestro cuerpo, también
nuestra alma necesita del amor y de la compasión, que son sus ali-
mentos.
Respecto al vestir, en nuestra alma equivaldría al calor que po-
demos dar y recibir con nuestro amor compasivo mediante acciones
solidarias, palabras copartícipes y el recogimiento en una amabilidad
espiritual.
Y en cuanto al cobijarse, implicaría ofrecer un espacio seguro donde
poder recogerse, expresar los sentimientos dolorosos y obtener la aten-
ción y comprensión de la empatía, sobre todo para mitigar el dolor.
21. A. Maslow, Motivación y personalidad, Ediciones Díaz de Santos, 1987.

47
Jorge Hernández

Para poder trascender a la compasión, habría que cubrir las nece-


sidades primarias, que son comer, vestir y cobijarse. Si estas no están
cubiertas, poca disponibilidad se puede tener para atender a los de-
más. Por otro lado, hay que ser consciente de que después de las ne-
cesidades primarias incorporamos otras necesidades que no son tanto
de supervivencia, pero que constituyen un segundo orden a tener
en cuenta: serían la necesidad social, de seguridad, de autoestima y
de autorrealización. Todas ellas son también necesarias para el ser
humano.
En ocasiones, algunas necesidades se mezclan con el marketing.
Por ejemplo, beber es una necesidad de primer orden pero muchas
veces bebemos Coca-Cola, tónica, vino, etc., y al final se mezclan ne-
cesidades básicas con otras que no son tan necesarias. Puede ocurrir
que estemos con objetivos de falsas necesidades, donde los deseos
nunca encuentran satisfacción y donde no queda mucho espacio para
la compasión. Es decir, que motivación y necesidad están íntimamen-
te implicadas por una estimulación dada por el marketing, lo que, en
consecuencia, puede afectar de forma negativa al comportamiento del
consumidor. Con esta variable y otras de carácter social, el yo tiende a
no sentirse satisfecho en cuanto a cumplir sus deseos, incrementando
siempre sus necesidades, impidiendo en gran medida llegar al tú y
al yo como unidad. Después de tener cubiertas nuestras necesidades
primarias, tendríamos que incorporar la compasión, aunque sea en
una pequeña medida, ya que es el deseo del alma y se encuentra, so-
bre todo en occidente, bastante olvidada.

3.1.4. Consideraciones sobre el alma

En una etapa de mi vida, mientras yo estaba como cliente trabajando


mis conflictos emocionales con un terapeuta, le comenté que yo busca-
ba la conexión con la espiritualidad dentro de mi ser. Y él me preguntó
qué era lo que yo entendía por espiritualidad. No tuve respuesta en ese
momento, pero fue con el paso del tiempo y tras la meditación cuando
surgió algo que siempre tuve en lo más profundo de mí ser y de lo que
ya no me acordaba: la espiritualidad siempre se expande cuando sale de
mi interior, y mi sentimiento tiene como brújula la unidad.

48
La compasión y el amor en el ámbito terapéutico

Quisiera exponer algo que leí un el libro de Joan Garriga sobre el


alma como campos de resonancia. Dice: «No considero el Alma como
un asunto personal o individual. No es algo de nuestra propiedad ni un
atributo de identidad. Más bien se trata de un campo de resonancias
en el que todo está conectado con todo y todos estamos conectados con
todos.»22 Para mi proceso de evolución espiritual es de vital importan-
cia la unidad del tú y del yo, donde todas las demarcaciones que hemos
construido se empiezan a diluir, emerge el verdadero sentir de nuestra
alma y la sanación surge por esas resonancias que habitualmente tene-
mos con nuestras personas más queridas, pero que en el área terapéu-
tica no las utilizamos tanto.
Cuando leía a Krishnamurti en mis años de adolescencia, me sen-
tía interesado cuando hablaba de que nuestro pensamiento es frag-
mentario y que por lo tanto no se puede unificar. Creo que puede
resultar difícil, pero es posible equilibrar este pensamiento cuando
meditamos diariamente, puesto que a través de la meditación debe
encontrarse en nuestra alma la compasión. Así, el individuo no debe
volverse compasivo, sino serlo.
La compasión es algo que suele quedar fuera de la mesa de traba-
jo entre un terapeuta y su cliente. Desde mi punto de vista, la com-
pasión es comprender y dar solución a los conflictos de los demás.
¿Somos meros espectadores y visitantes de los conflictos ajenos o
por el contrario dignificamos el gran valor del ser humano, sintien-
do la compasión como una acción saludable en la que implicamos el
verdadero sentimiento de unidad?

3.1.5. La compasión y el amor en el trabajo terapéutico

La compasión está estrechamente enlazada al genuino amor. No tie-


ne que estar vinculada a la pena, sino a la ternura, la comprensión, la
aceptación y también al perdón. Existen circunstancias en las que un
cliente no tiene la posibilidad de que le pidan perdón sobre las agresio-
nes ocurridas en el pasado. En estos casos, es posible mitigar el dolor
del alma de esa persona. Luis, un terapeuta y amigo, me comentó un
día la posibilidad que tiene un terapeuta para poder reproducir un ri-

22. Joan Garriga Bacardi, Vivir en el alma, Rigden Edit, S. L. 2009, p. 54.

49
Jorge Hernández

tual o un acto mediante el cual el cliente pueda obtener las disculpas


correspondientes en el nombre de esa persona que la agredió, o bien
trabajar el perdón con trabajos terapéuticos para llegar al amor. Todo
esto no sirve de nada si no lo implicamos y lo sentimos desde el cora-
zón, tanto terapeuta, como cliente. Desde hace unos años trabajo con
clientes para superar las pérdidas emocionales y, desde mi experien-
cia, tengo que afirmar que siempre es necesario implicar el perdón y
el amor, puesto que son sentimientos indispensables para superar la
pena, el dolor, la rabia y la tristeza.
El doctor Viktor Frankl, psiquiatra y psicoterapeuta, explica en su
libro El hombre en busca de sentido su experiencia en el campo de
concentración de Auschwitz, donde se produjo la mayor experiencia
del exterminio. Nadie como él para juzgar nuestra condición humana
sabia y compasivamente. En un apartado de su libro habla del sentido
del amor y afirma: «El amor es el único camino para arribar a lo más
profundo de la personalidad de un hombre. Nadie es conocedor de la
esencia de otro humano si no lo ama.» 23 La lectura de la experiencia
relatada en este libro me causó un gran impacto en mi labor terapéu-
tica, pues me sorprendió para bien que ante las manifestaciones del
mal vividas en Auschwitz, Frankl adoptara una actitud de búsqueda
de la vida en él y en los demás.
Si queremos trabajar desde el alma, los paradigmas establecidos
en occidente dejan poco espacio para estas cuestiones en los procesos
terapéuticos. Carl Rogers comenta:
«cuando el consejero percibe y acepta al cliente tal cual es,
cuando deja de lado toda evaluación y entra en el marco de re-
ferencia perceptual del mismo, lo libera para que explore nue-
vamente su vida y su experiencia, lo libera para percibir en esa
experiencia nuevos significados y nuevas metas.»24
La compasión es aceptar los fallos, las experiencias de todo tipo
con sus inmoralidades y moralidades, con sus impurezas y purezas.
La compasión se tiene que expandir desde el alma hacia una unidad,
no hay que sentirla hacía una persona concreta.

23. Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido, Herder, 2004, p. 134.


24. Carl Rogers, Psicoterapia centrada en el cliente, Paidós, 2001, p 55.

50
La compasión y el amor en el ámbito terapéutico

Para finalizar este tema quisiera comentar que el denominador co-


mún para sanar en todas las terapias es el amor. El amor es el antídoto
del miedo y hay que tener en cuenta que la mayoría de conflictos es-
tán vinculados a los temores. Un cliente cuando va a terapia es porque
quiere cambiar, pero trae consigo sus resistencias. Las resistencias para
hacer el cambio y sentirse mejor están amparadas en las amenazas y
el miedo que uno siente ante su posible modificación, ya que resulta
algo desconocido y su aprendizaje conflictivo hasta ese momento fue
tomado para poder sobrevivir. Para cambiar tienen que tener en cuenta
varias variables que comento en este libro. Pero una de ellas es el miedo
y qué mejor que el apoyo cariñoso y cálido como base para iniciar el
proceso terapéutico. Una sonrisa de afecto del terapeuta al cliente, una
mirada de ternura.
Bernie Siegel, médico que trabajó muchos años con enfermedades
degenerativas y reconocido divulgador en la enseñanza del uso de la
fuerza del amor, decía:
«Todos tenemos nuestra propia manera de expresar amor; si la
descubrimos, viviremos más tiempo, gozaremos de mejor salud,
disfrutaremos más de la vida y recibiremos también más amor
de los otros. A causa de eso, los terapeutas deben ayudar a sus
pacientes a redescubrir sus propios e individuales caminos de
amor.»25

3.1.6. Lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos

El terapeuta en primer lugar, y después el cliente por mediación del


trabajo con este, tiene que descubrir las congruencias e incongruencias
que se dan entre la comunicación verbal y no verbal que tiene lugar
entre ellos. Lo comento porque el amor tiene que ser expresado por
nuestra mente y cuerpo, y a su vez tiene que venir de la mano de la
congruencia, que es concretamente lo que pensamos, sentimos, deci-
mos y hacemos. Se trata de experimentar en el área terapéutica, para
que luego el cliente pueda utilizar estas referencias para su vida.

25. Bernie Siegel, «El Amor es el que Sana» Love & Healing. Revista Alcione,
nº 16.

51
Jorge Hernández

3.1.7. El perdón como expresión del amor

El perdón forma parte del amor, y no deja de ser algo que se da


sin condiciones. Este concepto debe ser tratado desde una perspectiva
terapéutica y no religiosa, sobre todo para liberarnos mentalmente de
sentimientos y de emociones negativas. Es hacer el camino de la sa-
nación, es quitarnos de encima la agitación que produce la rabia o el
resentimiento y el enfado perpetuo de nuestro interior. Lo único que
hacen estos sentimientos negativos es dejarnos una cicatriz abierta.
Así, en lugar de liberar esa energía hacia el exterior, la implicamos ha-
cia dentro, donde seguramente producirá una agitación como energía
nociva. Si somos conscientes, podemos trabajar el perdón y la manera
de extraerlo podría ser mediante el ejercicio del «puching-sonidos», co-
mentado en este libro cuando se habla de la conciencia cuerpo-mente,
tema 9, como ejercicio liberador. Si nos liberamos de la rabia, la paz
entrará en nuestro ser.
Una persona puede perdonar y, sin embargo, no reconciliarse. Un
cliente me comentó que no era ningún santo, que podía perdonar a un
familiar suyo, pero que tenía un límite. Desde hacía años se encontraba
en un bucle en el que cualquier agresión por parte de ese familiar re-
cibía un acto instantáneo de perdón por su parte. No había una actitud
de reconciliarse y de avenirse por parte del agresor.
Esta idea queda más clara en el caso de una esposa maltratada con-
tinuamente por su marido. La mujer puede perdonar a su compañero,
pero no reconciliarse ni tampoco aceptar las acciones violentas de este.
La persona ofensora tampoco queda exenta de sus responsabilidades
y de cumplir el dictamen de un juicio. Para reconciliarse tiene que darse
un respeto mutuo, y es recomendable que sea supervisado por un tera-
peuta sistémico antes de un acercamiento.
En otro grado de ofensas encontraríamos a los abusadores emocio-
nales, que entrarían en el área de los daños que provocan los agresores
a los atacados cuando estos no son conscientes del daño y del engaño
al que están siendo sometidos. Estos agresores tergiversan los hechos
para quedar ellos como víctimas y lograr que el agredido se sienta cul-
pable. Claro está que hay educaciones que implican unas creencias mal
adaptadas, que envuelven una perturbación cognitiva sobre la culpa-

52
La compasión y el amor en el ámbito terapéutico

bilidad, dejando mucho campo libre al agresor, ya que se aprovechan


manipulando sus agresiones hasta provocar el sentimiento de culpabi-
lidad del agredido. La reestructuración cognitiva enseña a desmentir
esta distorsión y aprender el procesamiento de la información errónea
de la culpabilidad. Es de vital importancia aprender en primer lugar
nuevos modelos que hagan ver que la percepción de la culpabilidad es
errónea, ya que si no es así la persona podría reconciliarse con el agre-
sor y, en casos graves, esto resultaría muy perjudicial para el agredido.
La culpabilidad puede implicar también el complejo de mártir, que no
es ni más ni menos que adoptar una actitud de víctima, buscando el
«sufrimiento» como una adicción emocional.
Existen pocos trabajos sobre el perdón en psicoterapia, pero no se
puede eludir a este tema sin mencionar al doctor Robert Enright, psi-
cólogo y profesor de Psicología de la Educación en la Universidad de
Wisconsin. Durante una conferencia en Roma dijo:
«Cuando una persona perdona, abandona el dolor de lo que ocu-
rrió, se da cuenta de que es más fuerte de lo que pensaba, de que
es capaz de levantarse y afrontar de otro modo el problema, de
afrontarlo con compasión. Eso hace a las personas más fuertes.
(...) Si estamos verdaderamente decididos a reducir el resenti-
miento, nos quitaremos de encima parte del enfado. La psicología
muestra cómo, aunque sólo reduzcamos un poco el resentimien-
to, mejora enormemente la salud mental.» 26
De estas reflexiones dadas por Robert Enright se puede extraer que
si la persona dañada toma conciencia de emociones como el enfado, la
rabia, etc., y de lo que estas pueden acarrear, y está dispuesta al perdón,
puede iniciar un proceso de cicatrización que deje de lado la venganza
y le permita entender el verdadero sentido del perdón: «Uno de los
motivos para perdonar es liberarnos de los efectos que puede producir
el resentimiento». Con la compasión entramos en el campo del amor.

26. Robert Enright , «Perdonar es bueno para la salud», Rome Reports, 4/03/2011

53
4. CON QUÉ EXPECTATIVA VENDRÁ EL CLIENTE A
LA CONSULTA TERAPÉUTICA

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcan-
zable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la
oportunidad.»27
Víctor Hugo (1802 – 1885)
Poeta, dramaturgo y escritor

27. http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/victor-hugo.html
4. ¿CON QUÉ EXPECTATIVA VENDRÁ EL CLIENTE A LA
PRIMERA ENTREVISTA TERAPÉUTICA?

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

Los clientes vendrán a la primera visita terapéutica condicionados


por pensamientos cognitivos basados en sus experiencias o en infor-
maciones recibidas por amigos o conocidos sobre lo que es la terapia.
Esto implicará una acometida sobre los registros guardados en el pasa-
do con las conjeturas sobre el futuro. Con la información recibida del
pasado, y sin ser consciente, podrán darse ciertos condicionantes tantos
antes de entrar como durante la primera entrevista.
Como se podrá observar más adelante en la lectura de los comenta-
rios de los clientes, se involucran en las entrevistas muchas emociones,
sensaciones y expectativas. Desde los nervios a lo desconocido hasta
los estereotipos sociales como podrían ser, por ejemplo, asociar que la
locura es igual que ir a terapia, lo que implicaría que lo demás pensasen
que el cliente está loco. Este estereotipo es usado en un sentido nega-
tivo, ya que son creencias ilógicas que limitan la transformación y la
evolución personal.
Otro factor que se suele dar al inicio de la entrevista es el grado de
confianza que se espera obtener del terapeuta para explicar sus dudas
existenciales, sus incertidumbres ante una situación concreta, etc. El
cliente siente la necesidad de que se le proporcione un buen trato basa-
do en el respeto, que no sea juzgado. Demanda así una seguridad, una
protección.
La mayoría de los clientes, como se podrá apreciar en la lectura de
sus experiencias, vienen con el deseo de sosegar su interior. Por este
motivo, la empatía por parte del terapeuta tiene que ser tanto explícita
como implícita. La explícita equivaldrá a lo que dice el terapeuta ante
esta concepción de la empatía y la implícita será también lo que dice

57
Jorge Hernández

el terapeuta mediante la comunicación no verbal. La congruencia del


terapeuta viene de la mano de la transparencia y la autenticidad. Todo
lo que se diga verbalmente tiene que venir acompañado de la expresión
no verbal, es decir, de la expresión corporal.
El terapeuta debe defender la supervivencia emocional del cliente
que se pone en sus manos, pues este abre y expone sus mecanismos de
defensa. La reflexión interna del cliente podría darse consciente o in-
conscientemente de la siguiente manera: ¿Estoy en peligro al abrir mi
corazón? La polaridad contacto–retirada tiene que ser bien tratada por
parte del terapeuta. Su respeto hacia el cliente pasará por decir que es
importante respetar su ritmo para extraer sus incertidumbres de una
manera armoniosa, que le hará encontrarse cómodo y que su sentir
será recibido con cariño, porque es en ese momento cuando se puede
engrandecer o reducir la empatía. Claro está que el terapeuta tiene que
sentirlo, ya que si no resultará incongruente.
Pensará el cliente en algún rol que tenga que tener el terapeuta an-
tes de interactuar con él. El primer contacto es crucial para implicar la
honestidad y el ser uno mismo; por ambas partes, pero sobre todo por
la del terapeuta. Para mí cada cliente es un mundo por descubrir, es un
ser único.

4.1.1. El self como protagonista

Quisiera comentar aquí el concepto del «self», que podríamos tra-


ducir del inglés como «ser por sí mismo», como se suele llamar en psi-
cología de la Gestalt. Este self sí lo implicáramos con la creatividad en
permanente formación antes de empezar la sesión para que, posterior-
mente en los sucesivos encuentros, dé al cliente una transformación
más genuina. ¿Por qué digo en permanente formación? Principalmente
porque el terapeuta puede aprender del cliente al mismo tiempo que
este aprende del terapeuta. El motivo es que cada persona es un ser
único, y es por ello por lo que el tú y el yo tienen que tener siempre su
protagonismo. Si no fuera así, estaríamos implicándonos en los proce-
sos terapéuticos de la rutina, donde podemos cubrir con un tupido velo
la realidad que trae el cliente y la otra realidad que se dará sin lugar
a dudas en el preencuentro terapéutico, sobre todo para resolver las

58
¿Con qué expectativa vendrá el cliente a la primera entrevista terapéutica?

dificultades que se vayan presentando. De esta manera no caeremos en


el alineamiento.

4.1.2. El alma

También hay que mostrar al cliente nuestra alma. Cuando comento


el significado que el alma tiene para mí, hago especial hincapié en que,
desde mi punto de vista, no tiene nada que ver con aspectos religio-
sos. También es importante en este punto implicar que la veracidad
de palabra tenga su máximo exponente. Me refiero a que cuando uno
habla de su alma tiene que seguirla e incorporarla a sus experiencias
de vida. Algunos dicen que todos pertenecemos al Alma, algo de mi ser
me lleva por ese camino, pero entonces tenemos que ser consecuentes
al trabajar y aprender al mismo tiempo que el tú y el yo forman una
unidad cuando deciden interactuar. En todas las áreas son importantes,
pero en la terapéutica tienen más relevancia, ya que implican que las
personas puedan mejorar y sosegarse interiormente.
Mi padre me comentaba que hay que mostrar el alma ante los de-
más, pues es la esencia del ser que lleva cada uno dentro de sí. El alma
tiene que llevar amor, donde cualquier polaridad pueda fluctuar con
ella; rabia-amor, odio-amor, celos-amor, miedo-amor, etc. Todas las de-
marcaciones que se den tienen que regularse con amor.

(OVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

¿Con qué expectativa vendrá el cliente a la primera entrevista


terapéutica?

El primer día que vas al terapeuta estás nervioso/a. Te sudan las ma-
nos. De camino a la consulta te vas repitiendo que no estás tan loco como
creen tus amigos, porque eso es lo que deben creer, por la cara que pu-
sieron, cuando les dijiste que ibas a ir a un terapeuta. Y sobre todo, crees
que no vas a tardar dos o tres años, ni mucho menos, como te ha dicho al-
guien o el propio terapeuta para que la terapia sea eficaz o empiece a dar
sus frutos. Piensas que tú irás más rápido, que serás más inteligente y
lo entenderás todo a la primera, que el terapeuta con un par de historias

59
Jorge Hernández

que le cuentes va a saber lo que te pasa y te va a hacer una lista de cosas


que tienes que hacer a partir del momento en que salgas por su puerta
y que ya nunca, nunca, necesitarás volver. Que eres más listo/a que los
demás y no te gastarás un dineral porque en un par de sesiones, esto, lo
arreglas. Porque, en el fondo, no estás tan mal.
Porque tú no estás loco o loca, sólo que hay algo que, ahora o nunca
ha funcionado y ya no puedes seguir así. No sabes muy bien lo que es,
o sí, pero en cualquier caso te das cuenta de que no vas bien. Por fin, has
decidido que necesitas a alguien para que te quite esa pesadilla que se
repite en tu cabeza y te domina la vida. Eso que no te deja vivir o avanzar
y que te colapsa o te paraliza. Eso que no sabes muy bien definir, pero
que te oprime.
Tienes miedo. Piensas que te vas a sentar frente a una persona que
no conoces o casi y que te tendrás que ir desnudando poco a poco… pri-
mero los pensamientos, un poco de tus miserias, unos cuantos secretos,
seguramente los más recónditos y vergonzosos, tus sentimientos… y
todo eso de una forma inteligible, cuando no te lo puedes explicar un
poco ordenadamente ni a ti. Te da la sensación de que vas a vomitar una
serie de frases inconexas y sin sentido, y de que no habrá manera de que
te entienda, que tendrá que ser muy bueno o buena para saber lo que te
pasa en realidad. Entonces empiezas a pensar que sólo le vas a contar lo
que quieras, un poco de aquí y un poquito de allí, sin profundizar.
Te da vergüenza. Primero, tener que acudir al terapeuta porque te
sientes que en cierto modo has fracasado por no haberlo podido resolver
por ti mismo/a. Segundo, ¿y si me pongo a llorar?, ¿y si se me nota que
estoy nervioso o nerviosa?, ¿cómo me atreveré a mostrar mis emociones
si hasta ahora me ha ido tan y tan bien escondiéndolas?
Todo eso, camino de la consulta. Cuando llegas, es otra cosa. De pron-
to se te hace un nudo en el estómago cuando le das la mano porque sabes
que se va a dar cuenta de que te está sudando y va a descubrir en una
fracción de segundo que estás nervioso o nerviosa y que tienes miedo.
Que no se note, que no se note, te dices. Pero ya se la has dado, y si lo ha
notado ya da igual.
Cierras los ojos y respiras, si te acuerdas, y te vas diciendo que va a
ir bien. Que todo va a ir bien. Que lo haces para mejorar, para ser mejor

60
¿Con qué expectativa vendrá el cliente a la primera entrevista terapéutica?

persona, para arreglar lo que no va bien, que lo necesitas, pero lo que


quieres en realidad es girarte y echar a correr en dirección contraria y
no volver allí jamás, una vocecita inoportuna, repentinamente, te dice
que tú estás bien, haciéndote dudar de por qué estás allí.
Das un paso más, porque muchas personas te han contado sus his-
torias y experiencias y te han dicho lo bien que les ha ido hacer terapia,
y de pronto recuerdas aquella chica que no te explicó nada, pero que
tú sabes que la hizo, y sin saberlo ya le habías notado tú que estaba
mucho mejor.
Te sientas y, como ya no hay remedio, lo que más deseas es poder
empezar a confiar pronto en tu terapeuta para que esa sensación de
duda desaparezca y puedas dejar de sudar y te puedas relajar un po-
quito y no te dé tanta vergüenza explicarle según qué cosas. De pronto
tienes prisa y quieres atreverte a explicárselo todo para que te ayude a
ordenarlo y a entenderlo, para aprender a vivir de una manera distinta
a como lo venías haciendo hasta ese momento. Cuesta, pero lo consi-
gues; y así unos cuantos días. Los que cada cual necesite.

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

¿Con qué expectativa vendrá el cliente a la primera entrevista


terapéutica?

El preámbulo es personalmente importante... desánimo «locuno» du-


radero.... repetición de situaciones, de errores, de desazones, alarma or-
gánica... vía crucis terapéutico (singinmornings, infiltraos bieninteciona-
dos, chalaos, místicos, careros...). Probemos uno más... hay alicientes...
Expectativa: me van a ayudar a encajar las piezas del puzle... el puzle
es complejo... desliar «los pensaemociones», sosegar mi diálogo inte-
rior, darle guion, ordenar el caos, aceptar el caos, festejar el caos... esca-
lada de crecimiento.
El día D: observas Sensaciones energéticas, escuchas, interés, pre-
guntas... no hay avisos... Bueno, sigamos pedaleando que parece que
se ve el llano allá a lo lejos, y ahí apareces tú... alentando, centrando,
concretando, convergiendo, apretando, conduciendo, comentando, in-

61
Jorge Hernández

dicando, orientando... y tocando los cojones con el puto punto medio


que, como es medio punto, no hay quien lo encuentre.

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

¿Con qué expectativa vendrá el cliente a la primera entrevista


terapéutica?

En el momento que aceptas y entiendes tu necesidad de acudir a


un terapeuta, sientes cierto nerviosismo y preocupación, puesto que te
adentras en el terreno de alguien totalmente desconocido para ti, con
el que deberás sincerarte y poner al descubierto tus creencias, legados,
emociones y vivencias. Desconfías del trato que se les puedan dar, equi-
vocadas o no, son tuyas, te pertenecen, las guardas en lo más profundo
de tu ser. Esa pesada carga la has ido elaborando a lo largo de tu vida
y la llevas tan celosamente guardada que temes sentirte despojado de
ella. Te preguntas: ¿Cómo podré confiar y depositar mi delicado equi-
paje en manos de un desconocido?, ¿lo tratará con el respeto y cuidados
que crees se merecen?, ¿cómo será el acercamiento? Temes ser juzgado
e incomprendido, deseas resolver tus conflictos, pero al mismo tiempo
dudas de tus posibilidades y capacidades, te sientes angustiado, necesi-
tas de una persona que te guíe y haga posible una corriente de mutua
confianza, y de un lugar en el que te sientas seguro y protegido.

62
5. LA DEMANDA TERAPÉUTICA

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«Si se llega a un punto determinado, ya no hay regreso posible. Hay
que alcanzar ese punto.»28

Kafka, Franz (1883 – 1924)


Escritor

28. http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/viktor-frankl.html
5. DEMANDA TERAPÉUTICA

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

5.1.1. Motivo de consulta y demanda terapéutica

En muchos casos el motivo de la consulta viene acompañado por


una descripción de síntomas corporales, de estar pasando una época de
malestar, de sentirse estresado, cansado. O bien los síntomas son los
propios de estar deprimido, de que hay tristeza, o malestar en su vida,
etc. Pueden ser motivos manifiestos, mediante los que el cliente deter-
mina dónde siente dolores, o bien la persona explica conductas suyas
en las que observa o le dicen que algo no funciona bien. En muchos
casos, sólo mediante la descripción de los síntomas se puede establecer
una demanda terapéutica; no sabe muy bien qué decir y qué tiene que
hacer. Por ello, el terapeuta debe averiguar cuál es la demanda implíci-
ta, indagar cuál es la necesidad subjetiva del cliente.
Es importante establecer la demanda por parte del cliente para cons-
tituir un compromiso de trabajo que implique la toma de conciencia
de querer trabajar con un profesional, de querer arreglar su problema.
Se hace así explícito lo implícito. No obstante, en el supuesto de que el
cliente no pueda hacer la demanda, propondría lo que dice Josep Lluís
Camino:
«Bueno, usted no puede decirme claramente lo que quiere, pero,
según mi experiencia, cuando alguien va a un terapeuta es por-
que lo necesita, de modo que veremos si al ir trabajando podemos
descubrir dónde está realmente el problema, y si hay algo especí-
fico que yo pueda ofrecerle.»29

29. Josep Lluís Camino Roca, El análisis transaccional en psicoterapia y educa-


ción, Editorial CCS, 2013, p. 71.

65
Jorge Hernández

5.1.2. Preguntas iníciales de la demanda

Tabla nº 4

Se puede partir de las siguientes preguntas o bien de otras similares


por parte del terapeuta hacia su cliente:
s ¿Tienes alguna preocupación?
s ¿Qué significa esta preocupación para ti?
s ¿Puede describir los inconvenientes en los contextos donde se
producen las conductas relevantes?
s ¿Te suele ocurrir con alguna persona determinada?
s ¿Los efectos se producen con todas las personas?
s ¿Desde cuándo te ocurre?
s ¿Con qué frecuencia te ocurre?
s ¿Has intentado alguna solución para resolverlo?
s Si lo afrontaras, ¿qué pasaría?
s ¿Qué factores lo mejoran?
s ¿Qué factores lo empeoran?
s ¿Qué tipo de sentimientos sueles tener cuando tienes esta pre-
ocupación?
s ¿Qué conducta tienes?
s ¿Qué piensas en esos momentos?
s ¿Puedes evaluar del 1 al 10 la intensidad de tu preocupación o
malestar?
Con la tabla nº 4, focalizamos la amplitud de la preocupación del
cliente y la motivación de venir a la consulta. Cuando de la tabla nº 4
no se obtienen respuestas, una buena opción es que el cliente nos haga
una metáfora de su malestar. Mediante las metáforas estamos desper-
tando la imaginación y la creatividad, y el cliente se vuelve más activo,

66
Demanda terapéutica

ya que se siente más liberado para explicarse de la manera más adecua-


da. El cliente, ante un trabajo metafórico, va a recordar y mantener la
imagen en su conciencia por mucho más tiempo, pudiendo reflexionar
más adelante sobre ella durante su trabajo terapéutico. Muchos clien-
tes que tienen grandes resistencias para hablar de su interior, cuando
se les plantea que hagan una metáfora sobre lo que les inquieta, sue-
len ser capaces en un 90 % de los casos de expresar su preocupación,
ya que ven su malestar con mucha más distancia. Es como hacer que
otra persona hable en su nombre, siendo esa persona el negociador que
mediara entre él y su conflicto. El negociador es la metáfora y, por este
motivo, no supone una amenaza para las resistencias del cliente.
La formulación de la metáfora debería responder a la pregunta:
¿Cómo te describirías a ti mismo ante el motivo
de tu preocupación?
Se le tendría que dar un tiempo al cliente para reflexionar y realizar
su metáfora. Sería recomendable que entre la petición y la respuesta
medie el tiempo de la primera visita y la siguiente. La respuesta dará
una nueva dimensión, ya que su vinculación con la demanda que se
halla muy soterrada empezará a ser más explícita. Para ello es reco-
mendable que el terapeuta esté muy familiarizado con el trabajo te-
rapéutico de las metáforas, para analizar y observar la estrategia del
cliente para la comprensión y el cambio.

5.1.3. Ampliando la información de la demanda

También resulta beneficioso obtener del cliente una respuesta a las


cuestiones planteadas en la tabla nº 5. Es aconsejable que se la lleve a su
casa para responderlas y traerlas en la siguiente sesión. Esta tabla pue-
de ayudar al cliente a la planificación de sus objetivos y a profundizar
en los valores que les da a cada apartado.
Tabla nº 5. ¿Qué es lo que quieres?

s Uno relacionado en el área laboral


s Uno relacionado con tu salud

67
Jorge Hernández

s Uno relacionado con tu área económica


s Uno relacionado con el desarrollo personal
s Uno relacionado con tus relaciones
s Uno relacionado con tu crecimiento espiritual
s Uno relacionado con tu área lúdica

Los valores implican la esencia por la cual genera la acción de cada


área. Por ejemplo, habría que hacerse la pregunta: ¿Qué obtienes rea-
lizando esto…………….en el área laboral? (Y así en todas las áreas).

Si el cliente responde: :
Quiero en el área laboral que me respeten y obtener libertad en
mi departamento,

Entonces, los valores serían el respeto y libertad.


Hay que invitar al cliente a que pueda responder, pero también a
que pueda contar sus experiencias en cada una de las áreas de la tabla
nº 5. De esta manera expresará su filosofía de vida, con sus creencias,
sus ideales y sus razones.
Una pregunta muy útil para conocer la globalidad de la persona es:
Si consigues los propósitos en un área, ¿de qué manera queda-
rán afectadas las demás?

Por ejemplo, si consigues la demanda en tu área lúdica, ¿las demás


áreas quedarán afectadas o guardarán un equilibrio?
Y de esta manera, se tendrán que tener en cuenta todas las áreas
entre ellas. Es necesario establecer un orden de prioridades en las dife-
rentes áreas:
¿Qué resultados son los más necesarios?

También en esta tabla nº 5 hay que tener en cuenta la siguiente


pregunta:

68
Demanda terapéutica

Por cada área que consigas, ¿puede haber consecuencias para


otras personas?

No se puede establecer que las demandas tengan unos resultados


inminentes o bien a muy largo plazo. Para ello, hay que establecer un
punto medio donde el tiempo, los recursos y la capacidad del cliente
entren en una valoración coherente.
Otro aspecto a tener en cuenta son los valores que se les da a cada
área. Estos valores dependen de muchas variables, pero hay que des-
tacar los que se fundamentan en una sociedad. Cada sociedad implica
una pedagogía y unas normas por las cuales se rigen sus leyes. Los
valores pueden ser sociales o individuales, y también dependerán del
estilo de los políticos que estén en el poder. Si en el poder no hay ética
ni solidaridad, por ejemplo, y el cliente se encuentra con carencia de
valores, en un nivel individual existirá la oportunidad de restablecer
estos valores.
Somos libres de amar, de ser solidarios, éticos, honestos, creativos,
respetuosos. Podemos ser gestores de nuestro entorno más inmediato
con valores llenos de esperanza y no lamentarse de que la sociedad y la
política carezcan de unos principios donde el alma no tiene su espacio
para reclamar unos valores más humanos.
Tanto cliente como terapeuta tendrán que saber cómo obtendrán
los resultados óptimos de las demandas del cliente. Para ello, se deberá
estimar un tiempo, por ejemplo, de tres, seis meses, etc. Una vez es-
tablecido el plazo, se tendrán que efectuar evaluaciones periódicas, en
medio del proceso y al final. Si se decide que para obtener los resulta-
dos se necesitan seis meses, será conveniente realizar una evaluación a
los tres meses para saber si hay que corregir el método, las técnicas, el
tiempo, o bien otras variables.
Para saber si se progresa en las demandas, se tendrá que realizar un
feedback de cómo se siente el cliente, y para ello se deberán responder
las siguientes preguntas:
s Exactamente, ¿qué verás, oirás o sentirás cuando alcances la
demanda? Tabla nº 4, página 66, si se puede focalizar la pre-
ocupación, con más facilidad se podrá realizar la tabla nº 5.
Página 67.

69
Jorge Hernández

s Valorar por parte del cliente en cada evaluación, el tanto por


ciento del resultado que se ha alcanzado. Si la preocupación o
malestar (tabla nº 4, página 66) estaba en un 8 de intensidad,
observar si se mantiene, si aumenta o disminuye.
s ¿Qué recursos se disponen? Es el terapeuta el que tiene que pro-
porcionar una variante de ejercicios para ofrecerlos al servicio
del cliente.

Tanto cliente como terapeuta necesitan viajar en un tándem para


llegar a un destino final. Para plantear este período terapéutico tienen
que realizarse unas cuestiones iníciales. En la tabla nº 4 expuse una
propuesta de preguntas que ayudan al cliente a establecer más claridad
en la demanda del objetivo, sobre las que se sentarán las bases para el
trabajo terapéutico. La segunda parte de preguntas (tabla nº 5, página
67) implica la ampliación de la demanda, pero también aporta mayor
claridad sobre cómo se encuentran las diferentes áreas de su vida.
Es importante preguntarle con qué frecuencia vendrá a la consulta,
ya que de esta manera se podrá establecer una fecha para realizar una
revisión de sus progresos, obstáculos y recaídas, si las hubiera. Así se
pueden desarrollar unas estrategias de afrontamiento. Las frecuencias
de las visitas son vitales para observar las posibilidades económicas del
cliente y las necesidades psicológicas, y si estas últimas son acordes a
las frecuencias o bien si se necesita más tiempo de visitas. No es lo mis-
mo asistir semanalmente que cada quince días o una vez al mes.
En la ampliación de preguntas y con todos sus ítems, el cliente podrá
evaluar más adelante como está, en su presente, en las diferentes áreas
de su vida, y si en algunas de ellas hay déficit. También resulta útil ob-
servar que todas las áreas están interconectadas, y que el trabajo de un
cliente en un área específica puede llevarle a mejorar el conjunto. No
obstante es necesario pedir que los objetivos deseados en las diferentes
áreas no vayan más allá de un año.
Posteriormente hay que valorar por parte del terapeuta si se hace
cargo del trabajo con los objetivos de la demanda. Si la respuesta es
positiva, es necesario explicar al cliente en qué consistirá el trabajo y
hacer contrato por escrito o verbal con los objetivos acordados.

70
Demanda terapéutica

Finalmente, habría que preguntar al cliente: ¿qué ocurriría si ya


hubieras alcanzado tus objetivos? Y también cómo, dónde, cuándo y
con quién. Con estas últimas preguntas se puede determinar lo que
necesitará el cliente para ir reconociendo sus progresos y hacerle los
feedbacks pertinentes.
Toda esta estructura de preguntas con sus respectivos anexos tiene
como fin mejorar y establecer las pautas de la conversación entre clien-
te y terapeuta. Sin embargo, no es adecuado formalizarla como una
entrevista donde todo el tiempo se formule una batería de preguntas.
Las respuestas del cliente, desde mi punto de vista, no hay que re-
configurarlas a la teoría general del terapeuta. Las creencias del cliente
hay que adaptarlas a las opciones que posee el terapeuta, puesto que
cada cliente representa un mundo por descubrir y es posible que en
muchos casos se tenga que configurar un nuevo ejercicio donde la crea-
tividad pueda dar pasos a diferentes alternativas para cada cliente. No
todos los clientes estarán dispuestos a seguir un camino determinado,
con toda seguridad habrá que efectuar para muchos de ellos un camino
especial. Se trataría de adecuar el enfoque de la terapia al mapa que
posee el cliente. En Programación Neurolingüística se le llama de esta
manera al «mapa» que es dado por la percepción del cliente. Este mapa
mental viene determinado por los filtros personales que cada uno va
experimentado en su vida y conformando su propia realidad, siendo
diferente al de cualquier otra persona, ya que está condicionado por
la educación, las experiencias, la cultura, las creencias, la relación con
nuestros padres, etc. Las personas no experimentamos la realidad tal y
como es, todo viene dado a través de nuestra percepción e interpreta-
ción.

(QVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

La demanda terapéutica

La primera vez que me preguntaste qué esperaba de la terapia, qué


es lo que estaba buscando, yo no supe muy bien qué contestar. No lo
supe definir de una forma concreta, es decir, que no supe discernir si
mi área laboral era en ese momento lo que pensaba que me estaba

71
Jorge Hernández

amargando la vida, o era mi salud, o mi estancado desarrollo personal


y espiritual. Era un poco de todo, supongo. Mi sensación era que nada
a mi alrededor funcionaba como debía (trabajo, pareja, familia, salud,
yo misma), y luego, poco a poco, a base de sesiones, comprendí que no
era lo de mi alrededor, sino que la que no funcionaba bien, por decirlo
de alguna manera, era yo.
De lo único que era consciente, pero me daba miedo decirlo tan
claramente, era de que tenía la sensación de no saber vivir. Pero de
momento iba echándole la culpa a los demás y a las cosas que me ro-
deaban. Yo te dije que lo que buscaba en la terapia era conseguir sere-
nidad. Y luego tú con el tiempo me dijiste que lo que realmente estaba
buscando era dar sentido existencial a mi vida y, cuando me dijiste eso,
lo entendí todo plenamente. Era verdad, mi sensación era real, no sabía
vivir y estaba buscando otra manera, porque la que estaba utilizando
me estaba haciendo daño.
Es muy importante entender qué te ocurre y por qué vas a terapia.
Si tienes un batiburrillo de cosas o son varias, es difícil priorizar, no sa-
bes lo que va delante y detrás, es decir, que no sabes qué es causa y qué
es consecuencia. Al principio te parece que son sólo unas cuantas cosas
lo que no funcionan y, cuando vas indagando y descubriendo, te das
cuenta de que es todo un poco lo que está implicado, todas las facetas se
pueden mejorar o modificar, o no, según la elección, y te ayuda a des-
cubrir otras facetas de la vida que parecían dormidas o muertas. Poco a
poco, con la terapia, lo vas descubriendo y vas ordenando, vas sabiendo
qué es causa y qué es consecuencia y sólo así consigues abrir el camino
para buscar una solución o resignarte a que eso sea así, si decides que
no lo quieres cambiar. Pero puedes elegir, que es lo importante.

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

La demanda terapéutica

Eso creía, que tenía una demanda clara…. Pero en el transcurso de


las sesiones surgen relaciones con otros asuntos y empieza la sensa-
ción centrífuga confusiva…. Tengo muchos frentes a trabajar, caos,
colapso…

72
Demanda terapéutica

Respecto al área de salud, sí hay conocimiento de las repercusiones


de los traumas o shocks o disgustos antiguos y nuevos… Respecto a
las otras áreas, hay pinceladas de conciencia… Recuerdo que lo social
cayó en el vacío absoluto cuando atravesaba el duelo por la muerte de
mi madre, las «amistades» se alejan de la tristeza ajena.

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

La demanda terapéutica

Tras sufrir la pérdida de un ser querido, y en este caso no fue una


pérdida física, día a día se fueron apoderando de mí la tristeza, la rabia,
el rencor..., empequeñecí, cerrando mi alma y mi mente. Me negué a
mí misma y sólo veía ante mí oscuridad y una enorme pena, tan grande
y profunda que presionaba mi pecho y garganta con tal fuerza que al
respirar en profundidad me causaba dolor, un dolor punzante y agudo.
Perdí la confianza en la esencia humana, me sentía traicionada, vacía
y sola.
Al darme cuenta de que en realidad me estaba perdiendo a mí mis-
ma, supe que necesitaba ayuda.
Durante este proceso de duelo, pude descubrir que aún guardaba
arraigado y triste en lo más profundo de mi ser otro proceso abierto y
sangrante que condicionaba muchos aspectos de mi vida: ese proceso
era el fallecimiento de mi padre cuando yo era pequeña.

73
6. LA CONFIANZA Y LA ACEPTACIÓN

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«cuando el consejero percibe y acepta al cliente tal cual es, cuando
deja de lado toda evaluación y entra en el marco de referencia per-
ceptual del mismo, lo libera para que explore nuevamente su vida
y su experiencia, lo libera para percibir en esa experiencia nuevos
significados y nuevas metas.»30

Carl Rogers (1902 – 1987)


Psicólogo

30. Carl R. Rogers, Psicoterapia centrada en el cliente, Editorial Paidós, 2001, p.


55
6. LA CONFIANZA Y LA ACEPTACIÓN

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

En este tema se comenta la confianza en uno mismo como requi-


sito para establecer confianza con los demás. También se indica que,
para tener confianza y abrirse, no hay que establecer juicios por parte
del terapeuta.
Debemos respetar, dignificar y honrar la mochila de las experiencias
de los clientes, con sus inconveniencias y coherencias, ya que fueron
sus vivencias y sus mecanismos de defensa los que les hicieron so-
brevivir en su pasado hasta llegar a su presente. Es muy respetable su
pasado y su presente. Hay que dignificar el «yo» de lo que fueron, de
lo que quieren ser y de lo que actualmente son. Aunque en su presente
tengan contrariedades, discrepancias, incongruencias, paradojas, debe-
mos tener en cuenta que, por supuesto, en el otro platillo de su balanza
están sus congruencias, su buen hacer, sus aciertos, etc. Ese es el legado
de sus experiencias, que quedan involucradas con sus costumbres y sus
modos de hacer.
Con todo esto y mucho más, los clientes hacen su carta de presen-
tación ante un desconocido terapeuta que, desde mi sentir, tiene que
honrarle desde el instante que el cliente explica su vida y la abre con
la confianza que espera obtener de una inexplorada terapia. No deja de
ser un salto al vacío, y desde ese salto hay que sentir hacia el cliente un
respeto, un reconocimiento y agradecerle poner en el conocimiento del
terapeuta parte de su existencia. Presento aquí la letra de una canción
de Sandra Mihanovich sobre honrar la vida. En la última parte de la
canción habla sobre «merecer la vida más allá del mal de las caídas» y
dar la «bienvenida a la verdad y a la libertad.»31 El motivo de exponer la
31. http://www.sandramihanovich.com/discos/menuhonrar.html. En 2009, las
exitosas versiones de las canciones de Eladia Blázquez se editaron en un CD
titulado Honrar la vida, cantado por Sandra Mihanovich.

77
Jorge Hernández

canción Honrar la vida es que se puede interpretar como una metáfora


de honrar al cliente, con sus diferentes analogías.
Letra de la canción Honrar la vida. Sandra Mihanovich:
No, permanecer y transcurrir no es perdurar,
no es existir, ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia, sin saber, adormecida.
Merecer la vida no es callar y consentir
tantas injusticias repetidas.
Es una virtud, es dignidad,
y es la actitud de identidad más definida.
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir honrar la vida.
No, permanecer y transcurrir no siempre
quiere sugerir honrar la vida.
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad enceguecida...
Merecer la vida
es erguirse vertical más allá del mal de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad la bienvenida.

La calidez y la aceptación son dos aspectos que tienen que ir de la


mano para que los clientes puedan extraer de su interior las emociones
o sentimientos en conflicto, y de esta manera iniciar la exploración. La
supervivencia tanto física como psicológica es algo que se encuentra
muy arraigado en nuestro inconsciente. Por tal motivo, es difícil que
vayas a abrir tu corazón ante una persona con la que tengas frialdad y
que no te acepte de entrada.
Aceptarse implica ser consciente de cómo eres con tus incongruen-
cias, para que posteriormente puedas realizar un proceso de transfor-
mación. En esta área implica que por parte del terapeuta pueda sentir
y decir explícitamente: «Bienvenido/a con tus disconformidades, con-
trariedades, etc., emocionales, ya que es algo que tuviste que hacer en
tu pasado para poder sobrevivir.» Es de vital importancia sentirlo en

78
La confianza y la aceptación

nuestro interior, para que se den también expresiones implícitas des-


de el primer momento. La calidez acompañada de la aceptación, si
se obtiene inicialmente por parte del terapeuta, implicará saltar el
obstáculo de las amenazas que el cliente siente para implicarse en un
proceso terapéutico.
Si el cliente se encuentra inicialmente en la consulta es porque aún
no está preparado para la transformación y viene con su mochila llena
de formas de pensar y de actuar. Aunque el cliente quiera modificar algo
de su interior, tiene antes que encontrar unos medios donde inicialmen-
te confluya, y donde, posteriormente, pueda darse el reto. Carl R. Ro-
gers tenía bastante predisposición a los sentimientos de interés, calidez,
tolerancia, amabilidad y comprensión, y afirmaba: «Sólo cuando acepto
todas estas actitudes como un hecho, como una parte de mí, mi relación
con la otra persona llega a ser lo que es y puede crecer y cambiar más
fácilmente.»32 Manifiestamente, Rogers dice que es importante estar al
tanto del límite de las resistencias y de la tolerancia. Sin darse cuenta, un
terapeuta puede modelar a un cliente y que el cambio vaya más allá de lo
que se pretendía cuando vino por primera vez a la consulta. Otra cosa se-
ría aceptar el cambio. Hay que respetar el motivo por el cual el cliente va
al terapeuta y pretende restablecer o modificar aspectos de su interior.
No deja de ser un reto por parte de un cliente cuando decide ir a
terapia querer restaurar su bienestar sin saber muy bien qué le ocurre.
Esto implica una verdadera confrontación. El cliente tiene que hallarse
en la consulta con una sensación de seguridad para poder hacer poste-
riormente su transformación. Frederick S. Perls comenta que el primer
paso es darse cuenta de lo que proyectas al exterior para que después
puedas reconocer que lo que estás proyectando pertenece a tu propia
personalidad. Perls asegura también que resulta vital obtener una asi-
milación y, en consecuencia, una curación. El concepto de asimilación
se puede entender mejor a través de la siguiente comparación: cuando
comemos, tenemos que digerir lo que hemos comido, es decir, almacenar
lo que necesitamos y expulsar el resto. Para digerir emocionalmente las
confusiones que tenemos en nuestro interior o asimilarlas, se necesita en
primer lugar dejar que transcurra cierto tiempo entre nuestra forma de
actuar, aunque sea equivocada, y el descubrimiento de lo que tenemos
que modificar. Esta es una confrontación que llega después de un reto

32. Carl Rogers, Psicoterapia centrada en el cliente, Paidós, 2001, p.55

79
Jorge Hernández

personal y que puede ser vivida tanto por el terapeuta como por el
cliente. Si es por el terapeuta, previamente se tiene que haber creado en
el tiempo y en el espacio de la visita un marco de seguridad y de con-
fianza para que el cliente pueda dejar fluir lo que hay en su interior.

(OVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

/DFRQÀDQ]D\ODDFHSWDFLyQ

Un tema difícil de abordar. Prueba de ello es el tiempo que he tarda-


do, una eternidad, en enfrentarme con el papel en blanco. En mi mente
iba dándole vueltas y no sabía cómo explicarlo. Supongo que lo más
sencillo es diciendo que yo no creía merecer la confianza de alguien
que no me conocía apenas, ni su cariño; pero allí, a medida que trans-
currían las sesiones, allí estaba y allí lo encontré. Y cuando entendí que
confiaba en mí, empecé a confiar plenamente en él y eso me lo llevé
bien envuelto en el bolsillo y lo he ido desenvolviendo cuando más lo
he necesitado.
El primer día me dijo que la confianza mutua era muy importante
y así lo pensé yo, porque si no confías en él o en ella, ¿cómo vas a ser
capaz de contarle según qué cosas? Él me la iba dando, pero tengo que
reconocer que a mí me costó dársela y entregarle la mía. Pero eso no es
sólo una cuestión del terapeuta, que también. Cuando él se abre y se da
con sinceridad, y sin juzgar, y sientes que te escucha, ya pasa a ser cosa
tuya, según lo cerrado o cerrada que estés, según lo que tú creas que te
lo mereces. Dependerá de tu inseguridad. En definitiva: de ti.
Al principio tragas saliva y le explicas cosas escuetamente, pensando
que él ya entenderá, así no te tienes que explayar mucho. A medida que
vas confiando, te expresas más y todo es más sencillo. Si sientes que no
te juzga como apuntaba antes, que te acepta tal cual eres, que te ayuda a
comprender lo que te está pasando, ya no te pones tan nervioso cuando
se acerca la siguiente cita.
Es como desnudarse la primera vez delante de alguien y tener que
desnudarse más veces. A medida que van pasando los días, si el tera-
peuta lo hace bien, llega un día que no es que te guste, pero no le das
importancia porque sabes que no te va a mirar el físico, sabes que va

80
La confianza y la aceptación

a mirar por dentro, y te desnudas sintiéndote cómodo o cómoda. Y te


tiras a la piscina sin flotador, y llega a ser un baño reconfortante.

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

/DFRQÀDQ]D\ODDFHSWDFLyQ

Como dije, las experiencias terapéuticas anteriores sirvieron para


desarrollar una percepción sobre qué no me estimula. La frialdad en el
trato me aleja, me tensiona, me lleva a la ruptura.
Un terapeuta que el segundo día te abronca por algo que no te ha
explicado se equivoca de sistema, al menos conmigo. No quiero que me
riñan, busco que me comprendan y me ayuden a que yo me compren-
da, me acepte.
Un terapeuta que opina que lo que te pasa son niñerías (que no
aceptas la realidad y que adoptas una postura muy infantil) te ofende,
y no quieres seguir en su terapia.
Un terapeuta que cobra una fortuna y del que no percibes segui-
miento está pendiente de sus necesidades y no de las tuyas, no genera
confianza alguna.
Palabras, gestos, miradas, la escucha, el espacio, la luz, detalles como
pañuelos, agua o café... brindan una sensación interior de confianza.
Esta confianza es la que permite avanzar, trabajar. Es perceptivo, emo-
cional y no tanto racional. La calidez en el trato me acerca, me genera
confianza, me estimula a seguir.
Escuchar que lo que has hecho hasta ahora para sobrevivir no es
criticable, sino que conviene contemplarlo desde el valor de la supervi-
vencia, confiere tranquilidad al alma. No hay juicios, no hay crítica; se
diluyen los reproches, y ayuda a aceptarse a uno mismo.
La constancia, la coherencia, la repetición del terapeuta van pene-
trando en el alma, dan calma y abren el espacio para que se produzcan
cambios.

81
Jorge Hernández

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

/DFRQÀDQ]D\ODDFHSWDFLyQ

Una vez iniciado el primer contacto, valoras todas las im-


presiones y reproduces en tu mente aquellos detalles que de-
terminan y ponen de manifiesto que la persona con la que
acabas de contactar ha entrado en tu vida y tú en la suya.
Desde el momento en que se abre la puerta de la consulta y aparece
tras ella el terapeuta, se inicia una comunicación, un primer contacto,
él con su mano firme y segura te invita a penetrar en una zona de
confidencialidad y seguridad (en ese momento no lo sabes, pero lo irás
descubriendo).
Su rostro amable y su mirada cálida te proporcionan la seguridad
necesaria para seguir adelante, como un niño que da su primer paso
extendiendo los brazos, buscando apoyo para dar el segundo. Entonces
se establece el contacto verbal y te invita a compartir con él el motivo
de tu visita. Te sientes como un invitado de honor en la casa de un
desconocido que te ofrece ternura y tranquilidad, algo que contrasta
con los nerviosos pensamientos que danzan en tu mente. Sientes en la
garganta un nudo que dificulta tu respiración, es más fuerte el latido de
tu corazón que el sonido de tu temblorosa voz.
Una vez consigues articular la primera palabra, una descarga de
energía pone tu cuerpo en tal tensión que ciertos espasmos nerviosos
y sudoración se ponen de manifiesto, pero nuevamente el terapeuta a
través de su actitud pausada, atenta y muy respetuosa, te proporcio-
na confianza y aplomo para resquebrajar el muro que creías infran-
queable; y con discreción y prudencia empiezas a deshacer el pesado
equipaje que llevas contigo, tomas conciencia de que ya has iniciado el
viaje; el rumbo lo has marcado tú, pero ya no estás solo, el terapeuta se
ha convertido en tu compañero y te guiará a través de ti mismo, pro-
porcionándote las herramientas necesarias para que puedas construir
ventanas y puertas en ese muro que dejará de ser oscuro y opaco.

82
7. DESCUBRIENDO LAS EMOCIONES
Y LAS POLARIDADES

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«La humildad tiene dos polos: lo verdadero y lo bello.»33

Victor Hugo
Poeta , dramaturgo, escritor. (1802–1885)

33. http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/victor-hugo.html
7. DESCUBRIENDO LAS EMOCIONES Y LAS POLARIDADES

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

Hay polaridades arquetípicas, culturales de cada país, y también de


cada persona. Como dice Graciela Cohen:
«hay polaridades que podemos calificar de arquetípicas (por
ejemplo, lo bueno se opone a lo malo), es necesario vivenciarlo
para descubrir otras posibilidades: lo bueno puede oponerse a lo
feo, lo malo puede oponerse a lo justo. Con el trabajo de Opues-
tos, cada uno puede ir encontrando dentro de sí cuáles son sus
polaridades, independientemente de lo esperado.»34
La terapia abre un espacio para el aprendizaje de esta área tan gran-
de, donde, como diría José García Lozano, hay polaridades «múltiples y
sencillas, explícitas e implícitas, fusionadas y disociadas.»35
Debemos ir adquiriendo información sobre este tema para que pos-
teriormente nuestra mente pueda conseguir un espacio mental que po-
damos utilizar. Es en esta área donde podemos ir observando nuestra
sombra. Ya que si sólo conocemos una parte de la polaridad, no habrá
posibilidad de diálogo entre ambas partes. Si siempre sientes resenti-
miento, será necesario identificar cuál es su polaridad para regular los
desajustes y prestar atención a si hay déficit o exceso sobre el contacto-
retirada.
¿Quién soy yo? Ante esta pregunta, solemos responder con los roles
y actitudes que son familiares para nosotros: la parte que mostramos
a la sociedad y la parte de lo que creemos que no somos. Esta última
se guarda en nuestro inconsciente. Si no somos conscientes de ellas,

34. Graciela Cohen, Un camino real, Editorial Luz de Luna, 2001.


35. J. G. Lozano, «Polaridades, naturaleza mental y psicoterapia». Revista de
Terapia Gestalt , nº 27, 2007.

85
Jorge Hernández

suelen salir como proyecciones hacia los demás: lo que no puede ser
percibido en sí mismo se suele ver en otra persona, principalmente en la
pareja. Quien nunca se enfada suele ver mejor y ser más consciente de
la rabia en otra persona, en cambio no sabe, o tiene dificultades, para ver
la suya.
Aquello que nos puede fascinar en una pareja tarde o temprano recae
en reproches en lo opuesto. Por ejemplo: lo que te gusta de una pareja y
puede atraerte inicialmente, como podría ser la formalidad y la seguridad,
más tarde o más temprano puede llevarte a censurar estos aspectos por la
falta de espontaneidad y de autoridad u opresión, respectivamente.
La identificación proyectiva, que consiste en proyectar los aspectos
negados de nuestra propia experiencia interna sobre otra persona, re-
sulta muy compleja y demoledora. Tomar conciencia y ser responsable
de nuestras polaridades es una manera de sanar. Descubrir las polarida-
des que están en nosotros puede dar más transparencia a nuestra propia
sombra. Así pues, es bastante probable que lo que te perturba de otra
persona sea un aspecto que tengas que observar en ti mismo. En defini-
tiva, se trataría de desbloquear la resistencia a la conciencia de unidad.
¿Somos aquello pero no su opuesto? Siempre se puede aprender de la
conciencia de unidad, y no de su segmentación.
Por ejemplo, algo que subyace en nuestro interior y que es muy dado
en nuestra cultura occidental es la polaridad resentimiento-aprecio. Esta
polaridad no es incompatible con aquello que podamos sentir hacia una
misma persona. Si hay resentimientos habrá que ser consciente para ob-
servar en qué medida desarrollamos con esa persona nuestro contacto-
retirada, y observar su vinculación con otra polaridad déficit o exceso.
Puede que una retirada a tiempo nos ayude a que no se produzca
un exceso de rabia hacia esa persona. También habría que observar si
realizamos un contacto excesivo, o bien otras variantes. Como se puede
apreciar, las polaridades contacto-retirada y déficit–exceso nos pueden
ampliar la conciencia para concluir algo que arrastramos de nuestro pa-
sado con los resentimientos y regularlo en alguna medida más con el
aprecio, si es que no dejamos entrar al amor. Por lo menos, al tomar más
conciencia, paramos las seguidas retroalimentaciones que hacemos con
nuestra rabia, que al final se convierte en resentimiento.

86
Descubriendo las emociones y las polaridades

Veámoslo con un ejemplo: Sitúo mi conciencia en lo ocurrido en el


pasado con esa polaridad conflictiva resentimiento-aprecio con Rosario
y observo qué vinculaciones e implicaciones tiene con las polaridades
contacto-retirada y déficit-exceso. En un futuro me puedo plantear
experimentar en las vivencias con esa persona un déficit o un exceso
en el contacto y la retirada, y tomar conciencia de sí en el pasado me
he estrellado con un exceso de contacto donde la rabia alimentaba el
resentimiento. Podré retirarme antes, y en mi retirada puedo instau-
rar mi autorregulación con la polaridad resentimiento-aprecio. O bien
exponiendo otra variable: si en el pasado tengo exceso de retirada, es
decir, que me retiro porque me satura la verborrea de esa persona, pue-
do plantearme decirle en un futuro lo que me molesta y si hay algún
término medio donde podamos confluir. Se trataría así de analizar si
sigo retirándome de su presencia, con la consecuencia posible de perder
una amistad, o seguir creando posibilidades, puesto que el fracaso no
existe, es algo que creamos nosotros.
¿Qué tipo de polaridades muestro al cliente? ¿Mi área profesional
o personal? Inicialmente solemos sacar la parte más profesional, que
resulta ser el rol del terapeuta, pero no nos debemos confundir: la parte
más personal también sale, lo que ocurre, es que lo hace de una manera
muy implícita a través de nuestra forma de saludar, nuestro respirar,
nuestro tono de voz, nuestro gran surtido de gestos inconfundibles,
nuestra escucha, nuestra empatía, nuestra mirada...

(OVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

Descubriendo las emociones y las polaridades

No, yo no descubrí la polaridad resentimiento-aprecio en la tera-


pia. Esa polaridad la he descubierto después. Casi recientemente. He
descubierto también, al menos para mí, que está íntimamente ligada a
la de contacto-retirada. Ambas van de la mano y se acompañan nece-
sariamente.
A mí la polaridad que me costó más y la que se me planteaba más a
menudo era el miedo-coraje o el miedo con cualquier otra cosa. Aun-
que socialmente o por concepto no fueran polaridades. Para mí, el mie-

87
Jorge Hernández

do cuajaba con cualquier otra cosa o se oponía, según se mire. Todo


me servía de polaridad para oponerla al miedo.
Contacto y retirada eran conceptos abstractos para mí. El miedo
era intangible pero lo sentía. También he descubierto que el contacto-
retirada va con cualquier otra polaridad, porque hace de puerta de
entrada o de salida. Respecto al miedo, ayuda a enfrentarse o no. A
meterse de pleno o salir huyendo. O a seguir huyendo.
Dificultades: Para mí, establecer polaridades era muy costoso. Yo
buscaba el punto medio y me olvidaba del camino al andar. Hasta que
de pronto, o poco a poco, entendí o descubrí que buscando polarida-
des, mis polaridades, en algún problema o tema controvertido era más
sencillo encontrar el punto medio, porque el camino ya lo empezabas
a construir. El camino para llegar a la meta. Al punto medio.
Eran conceptos muy abstractos para mí y no siempre somos capa-
ces de admitir según que combinación de polaridades se te ocurren,
porque escapan de lo socialmente aceptado o de los conceptos comu-
nes. Cada uno debe buscar y encontrar sus propias polaridades, pero
bien es cierto que contacto-retirada es fundamental y al final te la
encuentras en el camino.

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

Descubriendo las emociones y las polaridades

Antes de hacer terapia había leído a Hermes Trimegisto, que habla-


ba del principio de polaridad… Lo novedoso en la terapia ha sido su
integración y contemplación, así como la personalización de las polari-
dades y el Punto Medio
La polaridad contacto-retirada aún la siento con incomodidad, pues
me veo excesiva en el contacto y resentida en la retirada. No obstante,
voy aprendiendo y aceptando la coexistencia de las polaridades.

88
Descubriendo las emociones y las polaridades

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

Descubriendo las emociones y las polaridades

Resentimiento: Soledad y tristeza.


Se estremece mi alma y mi cuerpo al evocar su recuerdo, fui presa
de sus dañinas garras durante demasiado tiempo, causó en todo mí ser
profundas heridas, deformando y empequeñeciendo mi alma, consu-
miendo mi cuerpo.
Poderosa emoción que hizo descubrir en mí lo que más detesto y me
enseñó mis propias vilezas y miserias.
Cuesta reconocerlo y, más aún, aceptarlo en uno mismo, pero ese
fuego destructor pierde fuerza y protagonismo si con la ayuda de tu te-
rapeuta consigues darle la «bienvenida» para poder también reconocer
y acoger al «perdón», primero para ti mismo (como ser humano tienes
derecho a sentir todo aquello que implica ser hombre o mujer, desde las
emociones más ruines a las más veneradas), y así será mucho más fácil
hacerlo extensible a los demás.
Rencor-perdón: libertad y expansión
Elixir mágico que te envuelve con el manto de la consideración, que
te aporta sosiego. Permite a tu alma llenarse de la verdadera brisa que
llega fresca como el alegre mar y madura como las majestuosas mon-
tañas.
Las cicatrices que me dejó el rencor me recuerdan que gracias a ellas
también conocí el perdón, y que necesito de ambos para reconocer y
conducir mi vida con equilibrio y madurez.

89
8. LAS RESISTENCIAS AL CAMBIO

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«Cambie permaneciendo igual.»36

Paul Watzlawick
Psicólogo y filólogo (1921 – 2007)

36. P. Watzlawick, J. Beavin y D. D. Jackson, Teoría de la comunicación humana,


Herder 1997, p. 223.
8. LAS RESISTENCIAS AL CAMBIO

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

8.1.1. El concepto de resistencia

El concepto de resistencia fue introducido por Freud. Es una reacción


defensiva del cliente antes de hacer consciente el origen del conflicto.
La resistencia implica poner obstáculos intrapersonales al cambio, ya
que el cambio implica modificación. El origen de la resistencia es lo que
está reprimido. En Gestalt implicaría buscar una polaridad que admita
y reconozca en nuestra área consciente la necesidad de continuar para
sobreponerse a la resistencia. Hay que observar cómo nos censuramos,
cómo contactamos y cómo nos retiramos ante la dificultad o bloqueo.

8.1.2. Aceptación de la resistencia

Es normal que cuando se inicia un proceso terapéutico el cliente


muestre ciertos miedos y resistencias mentales al cambio, ya que la
sombra muestra mucha influencia para que el yo no obtenga ese bien-
estar.
Las resistencias son obstáculos que la persona sitúa en su proce-
so terapéutico de una manera inconsciente. No debemos luchar para
arrinconarlos o descartarlos, sino que debemos darle un espacio en
nuestro consciente para que podamos meditarlos e identificarlos, para
pasar posteriormente a transcenderlos con creatividad.
El conflicto interno se mantiene por sostenerlos, y las resistencias
permanecen como aliado del problema. La resistencia al cambio se tie-
ne que ver como un socio que expresa su disconformidad mediante
justificaciones racionales que no derivan en una mejoría. O también
mediante gestos no verbales que expresen las incongruencias de lo que

93
Jorge Hernández

sentimos y que, aunque relacionalmente queramos corregirlos, mues-


tren la existencia de desatinos en el conjunto. Si no somos socios del
acto paradójico, no lo integraremos para transfórmalo en algo nuevo.
La paradoja no llega a buen puerto, porque identificamos algunos apar-
tados que tenemos que arreglar, pero no vemos el conjunto, es decir, las
resistencias de no quererlo modificar.

8.1.3. El acercamiento

Si estoy trabajando un conflicto con mi hermano/a, con mi padre


o madre porque tuvimos un problema en el pasado en el que hubo
y hay mucha dificultad, así como resistencias por arreglarlo, tendré
que experimentar un paso pequeñito y algo nuevo para que haya una
aproximación, sin que el futuro me implique una gran expectativa. De
lo contrario, podría quedarme frustrado por los posibles resultados ad-
versos. Sobre todo, debemos modificar los viejos hábitos por algo nue-
vo. No hay que esperar cambios externos: las modificaciones tienen
que depender de uno mismo, desde el Yo. Cada persona, cada yo, tiene
un ritmo y la temporalización es un aliado para desvanecer las resis-
tencias. Tanto las ganas del terapeuta por mejorar a un cliente como la
imposición de su estrategia pueden bloquear el camino de la sanación.

8.1.4. El tú, el yo y el nosotros en la resistencia al cambio

En este apartado me refiero al tú-cliente y al yo-terapeuta, pero


implicando también el tú-persona y el yo-persona, que daría como re-
sultado un nosotros.
Cuando un cliente habla sobre sus conflictos a su terapeuta utiliza
palabras que conectan con su realidad interna. Lo que suele ocurrir es
que las palabras no están libres y suelen ir acompañadas de connota-
ciones, de no querer cambiar su malestar, y del juicio para indagar la
confusión que se haya implicado. No hay una fórmula concreta para
resolver el conflicto, pero sí que hay elementos que podemos tener en
cuenta a la hora de observarnos, aprender y modificar. Más que libe-
rarnos del conflicto y saber el porqué, debemos comprender qué es lo
que ocurre en él. ¿Qué quieres cambiar? ¿Lidiarás con tus resistencias

94
Las resistencias al cambio

al cambio al observar de ti lo que no te gusta? Cuando surge el conflic-


to es porque hay contradicción. Por lo tanto, esa objeción estará llena
de argumentos de incertidumbre, por un lado, y de razones lógicas,
por otro. Así, es necesario considerar en primer lugar que se acumu-
lan experiencias negativas que se constituyen en hábitos. Descubrir
las evidencias de nuestro malestar es una tarea difícil. Los argumentos
equivocados fueron los que nos permitieron sobrevivir en situaciones
críticas, por lo que hay que tenerlos en cuenta. El terapeuta tiene que
dar la bienvenida a las incongruencias del cliente con amor y con la
autenticidad del corazón. Se trata de hacer una pequeña fisura para
que el cliente observe y decida si se quiere curar. No se puede abrir en
canal una herida emocional, puesto que esto conllevaría la activación
de mecanismos de defensa que saltarían al intentar remover lo que
está escondido. Ante este hecho, el terapeuta tiene que respetar lo que
el cliente trae en su mochila, experiencias del pasado reprimidas y no
resueltas. El reto es un cambio para el futuro, y desde el presente el
terapeuta debe contar con el permiso del cliente para hacer esa pequeña
hendidura y que esta pueda ser observada y cuestionada por el cliente
desde otros parámetros que le proporcione el terapeuta. No se trata
de revivir de la misma manera el acontecimiento del cual surgió una
situación inconclusa. Pero este acontecimiento se puede reconstruir de
muchas formas con el objetivo de proporcionar variables que sirvan al
cliente para hacer una síntesis. Se trata así de constatar y cotejar los
recursos que tuvo esa persona en el pasado con las posibilidades del
ahora, del presente, donde el cliente escogerá la necesidad que más se
aproxime a ese momento de su vida. El terapeuta, por tanto, siempre
será un invitado que honre al anfitrión, al cliente, con sus alternativas.
Ambos aceptan así que se efectuará un trabajo de un tú y un yo, pero
también de un nosotros. Aun así, al final de la terapia, se volverá a un
tú y un yo.
Para que el cliente se sienta abierto y no recurra enseguida a sus re-
sistencias tiene que ser bienvenido por el terapeuta. Así se logrará que
posteriormente pueda haber una transmutación en pro de un bienestar
del Yo. El terapeuta tiene que trabajar para desvanecer en el cliente la
posibilidad de desconfianza, ya que, aunque haya habido inicialmente
aceptación y confianza, esta no se afianza tan rápidamente y requiere
ser consolidada con el tiempo.

95
Jorge Hernández

La resistencia al cambio saldrá disfrazada con réplicas, con contra-


ataques que, inevitablemente, se darán o bien contra el terapeuta o bien
contra otra persona o situación. ¿Sería acertado que el terapeuta diera
un empujoncito al cliente para el cambio? Sí que estaría bien, pero no
resulta tan fácil, ya que debería preguntarse cuándo: ¿antes o después
de que el cliente tome conciencia de sus resistencias? Yo diría que el
cliente tiene que ser consciente y dar su aprobación al empujoncito.
La resistencia provoca mucha persistencia a permanecer igual, por
lo que el nuevo y el antiguo yo tienen que convivir durante un tiempo
antes de que se produzca su transformación. Lo opuesto forma parte
de nuestra naturaleza y debe ser tenido en cuenta, puesto que con esta
polaridad persistencia-cambio obtendremos la comparación y el con-
traste. El empujoncito estaría en que el cliente atrape esa divergencia
como un reto para pasar luego al cambio. Desde mi punto de vista, si el
terapeuta decide confrontar directamente al cliente, previamente tiene
que haber creado un ambiente de confianza y de aceptación con lo que
el cliente trajo en su mochila. Me refiero a que la experiencia de cada
cliente es su manera de sobrevivir en su entorno y de ahí que intente
continuar con ese marco experiencial.
Al confrontar con argumentos distintos a los del cliente, el terapeu-
ta puede traspasar sin pretenderlo la línea de la imposición de ideas,
lo que supondría no entender el marco de referencia del cliente. Otra
cosa es que, mediante ejercicios de interpretación de roles o poniendo
en escenificación sus polaridades, el cliente tome conciencia de lo que
hace y de lo que podría hacer. Sin embargo, este cuestionamiento tiene
que venir dado por el cliente y no por el terapeuta, quien simplemente
le invita a mirarse cara a cara consigo mismo.
Joseph Zinker, cuando se refiere a dar un empujoncito al cliente,
comenta: «Hay diferencia entre impulsar y rechazar, entre alentar e
intimidar, entre enfrentar y disminuir.»37 A continuación, afirma que
el terapeuta «Debe criticar con espíritu de amor antes que con espíritu
punitivo.»38
Como cliente, viví la confrontación como un reto y también me sen-
tí invitado a realizar retos conmigo mismo. El ambiente de seguridad y
37. Joseph Zinker, El proceso creativo en la terapia guestáltica, Paidós, 2002, p. 53
38. Joseph Zinker, El proceso creativo en la terapia guestáltica, Paidós, 2002, p.65

96
Las resistencias al cambio

confianza estaba muy consolidado con mi terapeuta, y mis resistencias,


aunque estaban, se desvanecían poco a poco porque la confrontación
venía acompañada de un espíritu de afecto. Pienso que en el proceso
terapéutico el terapeuta debe decir explícitamente «que el lugar tera-
péutico es un marco seguro y de total confianza». Indudablemente, este
comentario tiene que ir acompañado de la mano de la congruencia del
terapeuta, con su más profundo afecto y respeto hacia el sentir de su
cliente. Es el tono de voz, la empatía y el interior del terapeuta lo que
da credibilidad y transparencia a las premisas explícitas. Todas estas
proposiciones tienen que darse durante todo el proceso del tratamiento
para que el cliente pueda sentirse sostenido y apoyado.

(OVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

Resistencias al cambio

Yo todavía lo estoy. Resistiéndome. Aunque a veces lo entiendo y


lo veo tan claro que siento que estoy a punto de subir otro escalón, al
poco, o de pronto, me parece que me quedé en el escalón de abajo sin
darme cuenta.
Es lo más difícil. Es más fácil vivir con miedo. Quieres, pero no te lo
permites y te convences de que no puedes. Como siempre. Te excusas
en que no lo vas a acabar de hacer, en que no vas a saber, en que no te
vas a atrever. Desconfías de ti misma porque, además de formar parte
ya de ti misma durante toda la vida, confiar implicaría enfrentarte a las
cosas y tal vez descubrir que no era tan difícil o descubrir que sí que
lo era pero que valía la pena o que, intentándolo, no has perecido en el
intento.
Resistencia al cambio. Para empezar a superar las resistencias al
cambio ya tienes que empezar a cambiar. Dejar de vivir con y para el
miedo.
El problema es no ser consciente de la cantidad de cosas que haces
con miedo, y cuando las vas descubriendo es necesario encararte a ti

97
Jorge Hernández

misma para preguntarte si estás dispuesta a hacerlo, si el esfuerzo val-


drá la pena. ¡La inseguridad, las dudas, esas grandes aliadas! Qué más
dará si vas bien vestida para la ocasión si en cuanto abres la boca ya
se sabe si tienes un buen día, si estás a gusto con tu interlocutor o no,
si te quieres ir de allí pitando, si te interesa o no la conversación. Son
los malos presagios y el mal de ojo que te echas a ti misma para no
salir del miedo. Obstáculos que nos ponemos nosotros mismos pero,
insisto, no hay peor ciego que el que no quiere ver, y el problema es
no verlo, no ser consciente.
Yo soy así y así seguiré, que dice la canción, esto es muy difícil,
bla, bla, bla.
Pequeñas cosas: un amigo al que dejas de llamar y te sientes libe-
rado, una comida familiar a la que dices que no porque no te apetece,
una mirada o una sonrisa a lo que antes cerrabas los ojos, permi-
tiéndotelo. A veces nos atrevemos a hacer pequeñas cosas, pequeños
cambios que nos parecen insignificantes y son los que precisamente
nos ayudan a ser conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones,
en definitiva, de nuestra propia realidad. Y a partir de ahí, podremos
modelarla a nuestro gusto, pero la pastillita de la inconsciencia es
muy poderosa.
Hay que vivir cosas para aprender. Si te quedas en casa no apren-
des nada, te encierras en ti misma y en el mundo que tú misma creas,
un mundo lleno de nieblas y de interrogantes que quedan sin resol-
ver, pero un día, el más tonto, sales y pierdes el tren, pagas un mal
café, discutes con un funcionario tras hacer una hora de cola, aspiras
el humo del cigarro del tipo que camina delante de ti y en esos mo-
mentos es cuando realmente te muestras tal cual eres. Como siempre
o con cambios. Sigues siendo tú, pero conociéndote y permitiéndo-
telo. Es como empezar a caminar sin el lastre del miedo porque te
convences de que lo podrás hacer, o sencillamente de que lo puedes
intentar y con eso ya logras empezar a vencer la resistencia. Ya estás
cambiando.

98
Las resistencias al cambio

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

Resistencias al cambio

Le pregunté a la fisioterapeuta por qué hay personas que integran


en su rutina vital costumbres saludables mientras que otras no lo ha-
cen a pesar de conocer las ventajas... Tal vez sea una predisposición
genética, lo cierto es que apenas entre un 5-10% de la población lo
hace... así se explica en parte la proliferación de terapeutas... UYYYY,
¡¡qué miedo!!.
Me hizo reflexionar el «acompañador emocional» respecto al Pun-
to Medio y las resistencias... Al principio no vi ninguna conexión, de
repente, comprendí... Las personas que no integramos en nuestras ru-
tinas vitales hábitos saludables (Punto Medio) a pesar de conocer los
beneficios tenemos predisposición genética a las resistencias que nos
dificultan evolucionar a corto plazo...
Cuando hay dolor sí nos esforzamos, sí creemos, sí practicamos,
pero a la que cede el dolor o bien nos habituamos, caemos de nuevo en
las resistencias.
Relaciono la resistencia con la rebeldía. La rebeldía la veo en par-
te inútil y en parte inevitable. Me gusta más dormir que levantarme
prontito y meditar un ratito. Me gusta más comer chocolate que hacer
dieta de lechuga con tomate.

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

Resistencias al cambio

Las dudas y resistencias me acompañaron durante mucho tiempo,


hasta el día de mi primera cita. Ante la puerta de la consulta del te-
rapeuta y durante esa primera sesión, fui consciente del largo y duro
camino a recorrer, pero la mayor parte de las dudas y resistencias se
empezaron a relajar y rendirse ante un pacto de paz conmigo misma.

99
Jorge Hernández

Entendí que llegó el momento de aparcar las dudas, dejar de escon-


derme detrás del miedo, la autoincapacidad impuesta y el autocastigo
destructivo.
Decidí apostar y arriesgar, dar la cara por y para mí misma.
La confianza que me infundió mi terapeuta me animó y proporcio-
nó el valor para tomar el camino de la resolución, en una sola dirección,
aceptando los cambios y los riesgos que eso implica, abandonar y dejar
atrás viejos resentimientos contaminantes y cegadores, ampliar espa-
cios, vaciar fosas, aceptar el dolor que causa abrir antiguas y añejas he-
ridas y desear intensamente la paz interna que te pueda proporcionar
tu largo y profundo trabajo.
Vi ante mí un arcoíris de colores preciosos, limpios, brillantes y so-
bre todo llenos de ilusión y esperanza. En mis manos estaba impreg-
narme de ellos o simplemente contemplarlos desde la frontera y con-
formarme con anhelarlos.

100
9. CONCIENCIA CUERPO-MENTE

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«Conocí un segundo nacimiento, cuando mi alma y mi cuerpo se
amaron y se casaron.»39

Klalil Gibran
Poeta, pintor y novelista (1883–1931)

39. http://es.wikiquote.org/wiki/Gibran_Jalil_Gibran
9. CONCIENCIA CUERPO-MENTE

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

Es necesario tender puentes entre el área física y la psicológica, para


que el cliente pueda observarse como un todo. El proceso psicológico
expresado verbalmente tiene sus connotaciones complementarias en la
experiencia corporal (o a la inversa). Los ejemplos más significativos
son las tensiones musculares y las respiraciones que establece el clien-
te al hablar de una determinada experiencia. Es importante recuperar,
restaurar y rehabilitar el conocimiento de uno mismo como un todo.
Cuando un cliente explica verbalmente algo significativo y adopta una
postura implícita, alguna tensión, microgestos, etc., es importante ha-
cer un feedback de lo que está ocurriendo, para que el cliente pueda ser
más consciente de sí mismo como un todo, donde cuerpo y mente no
están separados. El terapeuta puede observar cómo percibe el cliente lo
que está interactuando con él en ese momento. Hay un axioma de la
comunicación que dice:
«Es imposible no comunicarse»
Significa que aunque no comuniquemos verbalmente y permanez-
camos inmóviles estaremos comunicando. Todo el cuerpo establece
multitud de comunicaciones. El psicólogo Mehrabian hizo una investi-
gación en el año 1971 sobre la medición de la comunicación. Los resul-
tados obtenidos fueron los siguientes:

103
Jorge Hernández

9.1.1. Preguntas que ayudan a tomar conciencia.

Es necesario que el cliente se sitúe ante sus sentimientos o emo-


ciones. Las siguientes preguntas, que puede plantear el terapeuta,
servirán para que el cliente tome más conciencia de su cuerpo y su
mente:
s ¿Cómo sientes tú cuerpo?
s ¿En qué parte de tu cuerpo sientes este sentimiento o esta
emoción?
Antes, durante y al final de la sesión, ayudan a darse cuenta del
aquí y ahora.

9.1.2. Ejercicio del puching y expresión con vocales

Existen ejercicios terapéuticos de gran utilidad, como por ejemplo


pegar a un puching o un saco de arena. La práctica la descubrí en unos
de los talleres de expresión corporal. Cada alumno tenía que crear
un ejercicio corporal para un compañero, y mi amigo Antonio me
hizo entonces uno de los mejores regalos de mi vida: el ejercicio, que
consistió en pegarle en las palmas de las manos, me incitó a expresar-
me. Posteriormente, lo experimenté por mí mismo con un puching.
Con el tiempo, incrementé el ejercicio de tal manera que al pegar
implicara al mismo tiempo la voz, pronunciando y experimentando
diferentes sonidos de vocales. Para entender esta acción, me remito a
las palabras de Don Campbell, autor de varios libros sobre música y
sanación, que asegura que «Aaaa libera energía e induce la sensación
de espacio.»40 Aconsejo pronunciar diferentes vocales, porque cada
vocal conecta con diferentes partes del cuerpo.
Según la medicina tradicional china, cada vocal está relacionada
con un sistema de órganos vitales, y cada uno de estos se corresponde
con un elemento. Al golpear el puching y expresar una larga letra
«Aaaa» al mismo tiempo, los clientes que experimentaron esta prác-
tica obtuvieron resultados muy satisfactorios.
Resulta aconsejable utilizar guantes de boxeo para evitar hacerse
40. Don Campbell, El efecto Mozart, Editorial URANO, 1998, p. 204.

104
Conciencia cuerpo-mente

daño, pues al golpear el saco estamos dando salida a nuestra rabia, a


nuestros resentimientos y miedos y a otras emociones no tan prima-
rias. Aquí, el terapeuta tiene que motivar y ayudar al cliente a que
exprese alguna vocal, si es que no expresa nada. El sonido de las vocales
conecta y activa la liberación de endorfinas, aliviando el dolor emocio-
nal y estabilizándolo. Es conveniente observar cómo sale el dolor del
cuerpo y probar qué tipos de vocales implican un mejor desahogo.
Podemos vincular los ejercicios de descarga de la rabia a una persona
y su situación. Posteriormente, mediante conversaciones, se podrá ob-
servar la cantidad de energía que sigue retenida y la que se liberó. Para
evaluar la intensidad de la rabia que siente el cliente, se podrá utilizar la
tabla nº 4 página 66. Sobre todo, habrá que observar si la intensidad de
la preocupación o malestar disminuye o se mantiene, y su vinculación
con la rabia. El resultado indicará las pautas a seguir en los posteriores
trabajos. Esta observación de evaluación de la intensidad de la rabia o
resentimiento, aunque es muy subjetiva, ayuda a tomar conciencia de
nuestro cuerpo y mente. Cada persona necesitará recomponer la salida
de sus emociones y requerirá un tiempo específico para darle la dimen-
sión a lo que cada uno necesita.

9.1.3. Las polaridades en la toma de conciencia cuerpo-mente

Al igual que en Gestalt es muy importante identificar las polarida-


des que la persona tiene en conflicto, ocurre lo mismo con el cuerpo y
la mente. Lo más habitual es que haya una escisión entre ambos, sobre
todo cuando se experimentaron en el pasado situaciones inconclusas.
Tomar conciencia y autorregularlas sería el camino, teniendo en cuenta
la persona/organismo como un todo. Todo lo que se expresa verbal-
mente se puede relacionar con lo corporal, y a la inversa.
La toma de conciencia que vincula la mente y el cuerpo ante un
conflicto no es algo inmediato, sino que requiere de un desarrollo pro-
gresivo donde lo más importante es apropiarse de nuestro cuerpo. Cada
persona somatiza de una forma determinada.

105
Jorge Hernández

(OVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

Conciencia cuerpo-mente

La relación cuerpo y mente es, junto con las polaridades, el tema que
a mí personalmente, más me ha costado. Cuando llevas tanto tiempo
haciendo y escenificando una actitud o un comportamiento que no es
realmente lo que te está pidiendo el cuerpo, te acostumbras y luego ni
te das cuenta de que lo haces.
El feedback con el terapeuta es fundamental. Al principio cuando te
lo hace notar, hasta sorprende. ¡Ah! ¿Pero yo hago eso? ¿Me muevo o
me pongo de tal forma? ¿De verdad que lo acabo de hacer? Y piensas
que igual sí, pero que se habrá notado mucho, o que los demás ni se
dan cuenta. Tu terapeuta sí, pero los demás no. Aunque lo realmente
importante aquí, es que TÚ te des cuenta.
Que te lo advierta el terapeuta cuando lo estás haciendo en el mo-
mento va muy bien para ir asumiendo, para ir tomando conciencia; y
así, o poco a poco o de pronto, un día te das cuenta, por ti misma, de
que, efectivamente, lo haces. Y ya no hay vuelta atrás. Cuando has dado
ese paso, depende de lo receptivo que estés, no es que te des siempre
cuenta y se solucione y ya está, es que cuando menos te lo esperes lo
percibirás y podrás ponerle freno si quieres. Otra vez la elección. Lue-
go, es como siempre digo, según tu capacidad de absorción, o de lo que
tengas abierta la mente para querer darte cuenta de todos esos signos
o actitudes y modificarlos. Entender que te hacen daño y te perjudican
es también fundamental; una vez entendido, eso te ayuda mucho más a
detectarlos cuando no estás en terapia. Y luego, lo que estés dispuesta a
dejarte ir y a dejarte llevar. Los ejercicios son un buen ejemplo. En ellos
hay que dejarse ir para que sean efectivos o lo más efectivos posibles y
dejarse llevar. Si funciona, será un decirle al cuerpo que existe y cómo
le está afectando lo que pasa por la mente; y si funciona bien, será una
liberación.
Yo creo que antes, a veces, a ratos, ni respiraba; y ni me daba cuenta.
Ahora no es que no me pase, es que noto cuando me pasa. Y entonces
abro los pulmones y dejo que entre el aire, y noto cómo se va hinchan-
do el diafragma y puedo empezar a pensar de otra manera.

106
Conciencia cuerpo-mente

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

Conciencia cuerpo-mente

Ya sabía de la relación… de lo que sí he tomado conciencia es de


mis resistencias.

Había indicaciones que me hacía el terapeuta y muchas veces me


molestaban esas menciones, pues soy consciente del efecto sobre el
cuerpo y es como si me pusieran sal en las heridas… ¡¡será el orgu-
llo!!
En cambio soy receptiva cuando se me hacen indicaciones de las que
no tengo conciencia, léase el día de los puños cerrados cual boxeador
haciendo puching.

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

Conciencia cuerpo-mente

Durante una sesión de terapia corporal, fui consciente de muchas


cosas, en primer lugar pude palpar la intensidad de mi rabia y la pro-
fundidad de mi tristeza. La rigidez y tensión en mi cuello me oprimía
las palabras, la presión en mi pecho cortaba mi respiración. Fue una ex-
periencia muy intensa. Hasta ese día desconocía, o mejor dicho, no era
consciente de todas las sombras que se fueron forjando en mi interior
y que me acompañaban.

107
10. EL PUNTO MEDIO

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«El presente es el siempre en movimiento punto cero de los opuestos
pasado y futuro. La personalidad bien equilibrada toma en cuenta el
pasado y el futuro sin abandonar el punto cero del presente.»41

Fritz Perls
Médico neuropsiquiatra y psicoanalista (1893–1970)

41. Frederick S. Perls, Yo, hambre y agresión, Los libros del CTP, 2007, p. 147.
10. EL PUNTO MEDIO

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

El punto medio implica estar en medio de algo. Puede darse cuando


una persona no sabe qué hacer ante una situación y se encuentra con-
fundida por el desconocimiento o bien cuando tiene dudas. El punto
medio implica también una posición de neutralidad entre opuestos y
una autorregulación de esa situación.
El Punto Medio exige que el cliente y el lector se familiaricen con la
literatura sobre esta área para poder obtener un conocimiento más am-
plio que dé lugar a su aplicación terapéutica. Esta exigencia se hace más
necesaria sobre todo si es la primera vez que nos enteramos de que esta
conceptualización tiene un significado para el uso terapéutico, puesto
que el concepto así formado constituye un significado muy distinto al
de otras aplicaciones del punto medio, donde los hechos, los procesos o
las situaciones dan lugar a múltiples interpretaciones. No es lo mismo
estar en medio de un camino y no saber qué hacer que entender esa
situación como estar en el ecuador de la vida o ponerte en lugar de un
juez, o un asesor y orientarte en el punto medio para poder arbitrar
una desavenencia. También hay que tener en cuenta la falacia que se
produce cuando implicamos nuestra subjetividad pensando conseguir
el punto medio como lo más cercano a la realidad, y por tanto lo más
correcto y acertado.
La aplicación del punto medio en nuestra vida cotidiana puede re-
sultar extraña, sobre todo cuando se desconocen su significado y su
posible utilización. Es evidente que muchos profesionales de la filosofía
y de la psicología podrán tener una referencia, una noción de este con-
cepto, pero a las personas que pertenecen a otros ámbitos y no poseen
este tipo de formación les resultará más difícil entenderlo y, en conse-
cuencia, poder utilizarlo en su vida.

111
Jorge Hernández

Desde hace unos años he observado el sentido que tiene el concep-


to «Punto Medio» para los clientes y, sobre todo, cómo lo integran en
su terapia y en su vida personal.
Desde mi punto de vista, para obtener información sobre esta área
hay que reflexionar este concepto en silencio, pues el punto medio,
entre otros argumentos, supone entrar en la nada, en el vacío. Nues-
tro pensamiento debe situarse al borde del límite y, como diría Witt-
genstein, hay que ser capaces de pensar desde los dos lados de este
límite. El concepto «Punto Medio» tendría que adquirir una inde-
pendencia semántica que propugne el uso metafórico en cada cliente.
Implicaría la construcción de un concepto más dinámico para su uso.
Desde mis reflexiones sobre este tema, es conveniente expresar otras
proposiciones conceptuales que den otra perspectiva filosófica sobre
el punto medio. En este caso, resultan muy interesantes los puntos
de vista dados por mis clientes, que con una perspectiva particular y
desde su percepción amplían otros esquemas conceptuales, ayudando
al mejor entendimiento.
Es necesario señalar que la autorregulación biológica realiza mul-
titud de tareas constantemente, ya que su experiencia en la evolución
de la vida cuenta con más de cuatro mil millones de años. En cambio,
la autorregulación psicológica posee alrededor de tres millones de
años. Dicha comparación implica que necesitamos un mayor esfuerzo
en el aprendizaje del nivel psicológico, por este motivo el «yo» nece-
sita del punto medio para arbitrar los conflictos emocionales.
Simplificando el concepto del Punto Medio, se podría decir que es
donde nuestra mente racional y nuestra mente creativa tienen que
encontrar la manera de observar las polaridades en un punto, donde
las polaridades en conflicto puedan ser identificadas y definidas con
claridad para que podamos distribuir las divergencias entre ambas.
Posteriormente, al observar con la meditación ambas partes de la po-
laridad, podemos adquirir una capacidad creativa para encontrar la
diferenciación antes de hacer una síntesis y pasar a la acción. Si nos
entrenamos para permanecer atentos al punto medio de la polaridad
en conflicto, nos daremos cuenta de lo que tenemos que desinfor-
marnos de nuestro viejo aprendizaje para, por otro lado, incorporar
un aprendizaje nuevo que nos regule y normalice nuestro conflicto
psicológico.

112
El punto medio

Hay una metáfora que salió en la contraportada de mi libro Humazen


que podría servir como ejemplo al Punto Medio. La persona tiene que
establecer un diálogo entre opuestos para encontrar el Punto Medio.
Metáfora: «Llévame en tu maleta»

Tus emociones solicitan que sus respectivas polaridades las acom-


pañen en tu viaje por la vida.
Y las emociones tienen demostrados motivos para reclamar ese
otro espacio en tu maleta.
¿Qué ocurriría si sólo llevaras encima el coraje?
Pues que en situaciones de peligro no podrías medir el riesgo. Para
eso necesitarías el miedo, que sería su polaridad. Si tienes excesivo
coraje, no podrás medir el riesgo; en cambio con el miedo, podrás te-
ner otro valor para medir el exceso, que sería la precaución.
Pero para recorrer tu viaje por la vida, también necesitas llevarte
conscientemente todas las polaridades que puedas, como control-des-
control, vergüenza-descaro, alegría-tristeza y otras tantas.
Cada uno de nosotros tiene en nuestro cerebro varios sistemas de
opuestos: unos son culturales, por ejemplo el Ying Yang, y otros son
subjetivos de cada persona, lo que implica diferencias a modo indivi-
dual o colectivo. Normalmente utilizamos una parte de la polaridad,
la otra la desterramos al inconsciente.
Por esto, es recomendable llevar en la maleta de viaje tantas pola-
ridades como quieras aprender, ya que te ayudará a identificar cuál es
la polaridad que tienes en conflicto, a adquirir el aprendizaje para au-
torregular las carencias o los excesos, y a encontrar una neutralidad
que transcienda a una perspectiva más ampliada de conciencia.

(OVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

El Punto Medio

Que no lo utilizo mucho o no lo suficientemente, lo prueba lo que


he tardado en enfrentarme a explicarlo; pero esa es otra cuestión, eso es

113
Jorge Hernández

ya un tema de enfrentarme a mis miedos, un poco bastante de procras-


tinación y demás variables que no vienen al caso. Y es que en realidad,
si me paro a pensar, no era tan difícil.
Durante la terapia el punto medio era ese concepto abstracto que se
fue convirtiendo en un objetivo infranqueable. En la meta. Era el fin,
pero siempre olvidaba los medios.
El terapeuta me ayudaba a buscar las polaridades, las que yo quisiera,
las que yo ubicara mejor en la situación dada. No hacía falta que fueran
lógicas, lo cual, al principio me despistaba aún más. Eso es un problema
de abrir un poco más la mente y entender el concepto en su globalidad,
desde arriba, no desde el final, que es adonde yo quería llegar.
En la búsqueda de las polaridades yo no me paraba mucho en ellas.
Yo seguía pensando en el punto medio como si pretendiera que, con
sólo pensar en él, alcanzase por sí solo el equilibrio, como si el proble-
ma fuera a solucionarse sólo con llegar al punto medio, con entender
lo que era eso. Buscaba la raya perfecta, horizontal, en la balanza. En
su justa mitad.
Y cuando acabé la terapia, de pronto, como suelen ocurrir estas co-
sas, me di cuenta de que lo importante no es llegar al punto medio, que
lo realmente importante es buscar, razonar y encontrar las polaridades
para que el punto medio llegue por sí solo. No por gracia divina: es que
entendiendo entre qué dos aguas te encuentras puedes lograr averiguar
lo que no quieres y lo que sí, y decidir hacia dónde te quieres decantar,
y entonces el punto medio va llegando.
Mi terapeuta me dio una herramienta de la que hablamos y volvi-
mos a hablar porque yo le preguntaba una y otra vez, y él se esforza-
ba sin cansarse. Fue un concepto que me costó muchísimo afianzar. Y
como digo, de pronto, hizo un día el clic en mi cabeza y ahora lo que
hago, o me sorprendo haciendo, es buscar las polaridades y cuando las
encuentro bien definidas, de pronto me relajo, porque he encontrado
el quid del problema y no es que se solucione solo, es que de pronto sé
cómo puedo abordarlo. No siempre, pero en muchas situaciones ayuda
a encontrar el camino hacia la meta.
El error fue ese, pensar que el punto medio era el final del camino.
Porque en realidad es el camino mismo, pues en el camino te encuen-

114
El punto medio

tras muchas polaridades en dificultad, pero lo bueno es saber que es


una herramienta que tienes que seguir utilizando para regular. Si no
te la enseñaron, difícilmente se puede aprender. Es lo mismo que un
carpintero que aprendió el oficio y la utilización de diferentes herra-
mientas para trabajar la madera. De igual manera tiene ese uso para
mí: saber que existe el punto medio como herramienta para modelar
mis dificultades.

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

Punto Medio

La imaginación me dice lo siguiente:


Ayer hice zapping y me encontré al pequeño buda: Siddhartha,
tras 6 años de búsqueda de la iluminación a través del ascetismo,
escucha a un músico que le dice a sus alumnos: «si aprietas muy
fuerte la cuerda, esta se romperá, y si lo haces muy flojo, no sonará la
música...». Y así descubrió el camino del medio... el ascetismo es un
extremo, la impulsividad otro extremo... uno debe caminar en la vida
por el camino del medio.
Cuando estoy inmersa en el extremo negativo, donde abunda la
tristeza, el dolor, el llanto, la desesperación, la desolación... me resulta
inalcanzable tanto el extremo opuesto donde debería haber alegría de
vivir, entusiasmo, como el punto medio en el que reside la serenidad,
la perspectiva, el sosiego... No los contemplo, no sé llegar a ellos, no
los integro, ni anclo. Cuando estoy contenta, animada, me resulta
más sencillo contemplar el punto medio. Me creo capaz de integrar el
punto medio, pero al no conocerlo no sé qué debo anclar.
Pinté un humazen con la polaridad extremos-punto medio. Los
extremos en el pasado, el punto medio como futuro, donde quiero
estar. En el presente, la coexistencia de la polaridad, contemplando y
aceptando la existencia del punto medio.
El punto medio lo comprendo racionalmente, emocionalmente es
otro cantar.... no lo reconozco... en cambio los extremos los conozco
y reconozco.

115
Jorge Hernández

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

Punto medio

Recuerdo con mucha ilusión cuando mi terapeuta me hizo ver que


lo que estaba experimentando y explicando en una de las sesiones era
lo más parecido al punto medio.
Cuando entro en el «punto medio», siento que puedo entrar en paz
conmigo misma y estar más sosegada con mi entorno. Siento que soy
observadora de las situaciones y que soy capaz de elegir mi acerca-
miento o no; de esta manera, posteriormente, puedo decidir si entro en
compromiso con la situación y mi implicación.
Entendí y fui capaz de dar la «bienvenida» a mis emociones, fueran
cuales fueran, todas ellas tienen lugar en mí, pero el reto más difícil es
encontrar la medida justa de cada una , compensándolas entre sí, reco-
nociendo las honorables y aceptando las menos gratas. Equilibrándolas
me doy cuenta de que son tan importantes y necesarias tanto las unas
como las otras. Tales descubrimientos durante las sesiones terapéuticas
me llenaban de ilusión y esperanza. El desasosiego y ansiedad fueron
remplazándose por serenidad y seguridad; sentí física y emocionalmen-
te cómo adquiría madurez en todos sus aspectos, me sentí realmente
libre, realmente capaz.
En la vida diaria me resulta difícil, pero no imposible, buscar estabi-
lidad en las situaciones que ponen en peligro mi bienestar. Una de las
reflexiones que me ayuda y que pude descubrir en una de las sesiones
terapéuticas es la de otorgarme a mí y a los demás las mismas «consi-
deraciones», hermosa palabra que me permite ver y sentir con mayor
amplitud y respeto a los demás y a mí misma. Me ha enseñado que
mis puntos de observación no son los únicos a tener en cuenta. Todos
se deben tratar con el mismo respeto y consideración aunque no los
compartas.
La consideración abre puertas y derriba muros, permite acercamien-
to y comprensión, es liberadora: a mí me mostró uno de los caminos
hacia el punto medio.

116
11. LA CREATIVIDAD

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«La creatividad no consiste en una nueva manera, sino en una nue-
va visión.»42

Edith Wharton
Escritora y diseñadora (1862-1937)

42. http://www.frasesypensamientos.com.ar/frases-de-creatividad.html
11. LA CREATIVIDAD EN LA TERAPIA

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

La creatividad es una de las partes más sanadoras que se puede dar


en la terapia. Después de las primeras visitas y sin demorarlo mucho,
hay que ir preparando el camino para que el cliente sienta su capacidad
creadora. Existen bastantes herramientas ya inventadas que se pueden
utilizar para el desarrollo de la misma, y otras que se pueden crear
especialmente para los clientes. Desde la metáfora de la portada del
libro, podría tener aquí un sinfín de analogías en el área creadora. El
cliente tiene que creer que, en el tándem, él puede conducir por nue-
vos caminos que le lleven a un nuevo destino. Se le pide al cliente que
deje fluir su fantasía, su curiosidad, que deje sus posibles miedos y que
se arriesgue a crear desde lo ya conocido por él hasta algo totalmente
nuevo, desde escenificar un rol distinto en el ámbito familiar a escribir
una historia o un cuento de lo que podría ser y aún no es.
La creatividad es difícil de definir, ya que no se puede predecir cuán-
do ocurrirá, y sus mecanismos para que se produzca una agudeza ge-
nial y una intuición creadora resultan bastante inexplicables.
No deja de ser una paradoja, ya que hay que descrear lo ya conocido
y crear algo nuevo. Todo lo ya conocido por uno mismo tiene sus pro-
pias estructuras mentales de desarrollo, pero para crear hay que dar un
paso más allá y dejar lo que conocemos para adentrarse en algo nuevo.
Si tuviera una definición única, seguiría una rutina, pero no la tiene. Si
la creatividad tuviera una conceptualización muy bien definida, sería
un método infalible y muy seguro, pero no lo es. Debemos implicar
inicialmente la curiosidad para pasar luego a un riesgo, e inmediata-
mente ir más allá y traspasar los límites conocidos. La creatividad im-
plicaría curiosidad por hacer algo nuevo, arriesgarse a transgredir los
límites de lo ya conocido, traspasar la barrera de la autocensura y, por

119
Jorge Hernández

último, alegría. Fijémonos en los niños: cuando están creando lo viven


con alegría, es un placer, es algo que los adultos tienen que recuperar.
En el ámbito de la terapia, el espíritu creativo obliga a ser aventu-
rero. El cliente tiene que hacer un viaje hacia su interior y explorar
en él, haciendo uso de su creatividad, para transformar su sanación. El
terapeuta es su acompañante, pero no por eso deja de ser en parte un
aventurero que lleva consigo sus conocimientos y su experiencia crea-
tiva al servicio del cliente. También expongo otro factor que comenta
Joseph Zinker: «la creatividad es un acto de valentía. Establece: Estoy
dispuesto a arriesgarme al ridículo y al fracaso para poder experimen-
tar este día con novedad y frescura.»43
Por lo tanto, en la terapia es importante la unión del tú y el yo: «tú
cliente, yo terapeuta», pero también, «tú persona, yo persona». Tanto
terapeuta como cliente tienen que tener esta disposición para trabajar
en la creatividad. El terapeuta tiene que estar más involucrado con esta
predisposición, ya que si el cliente no tiene la experiencia para crear, se
le tiene que pedir permiso para motivarlo con ejercicios de experimen-
tación creativa. Como dice Joseph Zinker: «El cliente vive en forma
constante el dilema existencial de sentirse desgarrado entre el doloroso
bienestar de su integridad presente y su necesidad de cambiar.»44 La
creatividad centrada en la terapia es un espacio entre el terapeuta y el
cliente, entre el inconsciente y el consciente, es donde se encuentra la
posibilidad de establecer unas posibilidades creativas en el marco tera-
péutico.
La creatividad no tiene un tiempo lineal, está más vinculada a la
atemporalidad, está más centrada en un aquí y ahora, donde la creación
siempre está en un punto medio; y en ese punto medio se encuentra la
nada y el más allá, el vacío estéril y el vacío fértil. Como dice Francisco
Peñarrubia cuando habla de la nada: «Una nada donde no hay cosas
pero sí conciencia»45, y es en esa nada donde la conciencia nos puede
llevar a encontrar el vacío fértil, donde esa creatividad también se en-
cuentra entre lo que podemos crear en el presente y hacer algo nuevo
de lo que ya ocurrió en nuestro pasado. Esta acción implicaría descrear,
pero inevitablemente el futuro quedará implicado con algo nuevo. Todo
43. Josep Zinker, El proceso creativo en la terapia guestáltica, Paidós, 2002, p. 11.
44. Joseph Zinker, El proceso creativo en la terapia guestáltica, Paidós, 2002, p. 25.
45. Francisco Peñarrubia, Terapia Gestalt, Alianza Editorial, 2002, p. 109.

120
La creatividad en la terapia

ello hay que hacerlo en un presente, con todo el potencial de nuestro


deseo interior, con toda nuestra energía al 100 % en ese destino y con
toda nuestra conciencia. Si hablamos de conciencia, esta tendrá que lle-
var lo que antes mencionaba: curiosidad, riesgo, ser transgresor de los
límites, estar libre de la autocensura de nuestro ego y llevar un espíritu
alegre y aventurero.
La meditación nos puede entrenar para encontrar ese vacío fértil
que antes mencionaba. Las personas que no están familiarizadas con
estos términos tienen que, poco a poco, habituarse a su utilización. Si
no tenemos la información sobre estos conceptos, no podremos poner-
los a nuestro servicio. Son nuevos espacios mentales donde podemos
empezar a pensar que somos creativos, ya que si no nos creemos esa
posibilidad, se establecerá un bucle de no conexión. Debemos darnos
permiso para crear y no enjuiciarnos antes de tiempo. Los límites es
algo donde nuestra sociedad y nuestros políticos nos domestican para
canalizarnos en una rutina pasiva. Pero más allá de una implicación so-
cial, está en primer lugar nuestra extensión personal, que es donde no
depende de nadie y donde nuestra creatividad puede y debe sintonizar
con nuestro ser. El maestro zen Bankei Yotaku dijo: «Todas las cosas
se resuelven en lo no nacido»46, representa el inicio de todo y sólo se
puede acceder a ella por medio de la experiencia. Todos podemos optar
a ella, ya que lo «no nacido» es algo que tenemos desde que nacemos
y que podemos utilizar. Lo no nacido es estar en continua creatividad.
La iluminación consiste en conectar con nuestro interior. El principal
inconveniente es nuestro «ego», conectar con nuestra autotransforma-
ción. Para superar el ego y entrar en la verdadera intuición debemos
descartar los dualismos: se trata de desterrar nuestra forma habitual de
procesar el pensamiento. El apego que establecemos es nuestra mayor
dificultad para encontrar la iluminación.

11.1.1. Las tareas en la terapia creativa

Son los ejercicios que el terapeuta propone al cliente dentro de las


sesiones y también las tareas que se dan fuera, o sea, en su vida cotidia-
na. Estas se tienen que realizar entre sesión y sesión.

46. Bankei Yotaku, Zen de los maestros, EDAF, 2004, p.123.

121
Jorge Hernández

Estos trabajos tienen la finalidad de entrenar las dificultades y de


esta manera lograr modificar algunos aspectos de la conducta, ampliar
la conciencia, en los ámbitos emocionales y mentales. Como dice Jose-
ph Zinker hablando de la psicología gestáltica: «es un permiso para ser
exuberante, para experimentar alegría, para jugar con nuestras más
bellas posibilidades.»47 Aunque la experimentación sea amenazante,
debemos observarla como una preparación y un aprendizaje para que
la amenaza se desvanezca y regular lo que emerge de nuestro interior.
Hay multitud de técnicas, pero si no encontramos la más adecuada
podemos crearla con los recursos internos que todos tenemos. Expongo
algunos ejercicios, que son con los que más trabajo.

/RVPDQGDODV6LJQLÀFDGR\XVR

Mandala significa «círculo» en sánscrito; es lo que contiene, la esen-


cia del ser. El círculo, una vez elaborado, carece de principio y fin. El
mandala ha sido usado principalmente por diferentes religiones para
su uso espiritual, sobre todo en oriente. También es utilizado para me-
ditar con la finalidad de sosegar la mente como medio de concentración
o como autoconocimiento. En el ámbito terapéutico, C. G. Jung observó
que los mandalas son la expresión interna del ser humano, y comentó:
«Tienen entonces el objeto de ordenar la confusión, sin que este pro-
pósito fuera en cada caso consciente para el paciente.»48 Al realizar un
mandala, estamos experimentando y estamos liberando parte de nues-
tro interior. En definitiva, estamos sanando de una manera tranquila, y
es donde nuestras resistencias al cambio apenas oponen oposición.

(OKXPD]HQ6LJQLÀFDGR\XVR

El humazen es una herramienta de trabajo donde los mandalas son


su principal elemento. Hace más de nueve años que lo creé y, con per-
miso de mis clientes, los utilizamos en su terapia, obteniendo unos re-
sultados óptimos.

47. Joseph Zinker, El proceso creativo en la terapia guestáltica, Paidós, 2002.


48. C. G.Jung, Formaciones de lo inconsciente, Paidós, 1992, p.111.

122
La creatividad en la terapia

6LJQLÀFDGRGHODSDODEUDKXPD]HQ

La palabra humazen es el acrónimo de Humanista, Unificación,


Mandala y Zen.
s Humanista
A pesar de que la filosofía humazénica se basa en el hecho de no
tener una doctrina exclusiva, el humazen se inspira básicamente en la
psicología humanista. Algunas de las particularidades de la psicología
humanista vinculadas con la metodología humazénica son:
1. Centrarse en las experiencias subjetivas
2. Considerar cada ser humano como único
3. Considerar esencial la creatividad
4. Relación de la conciencia con el «yo»
5. Ampliación de conciencia
6. El concepto holístico cuerpo-mente
7. Equilibrio de las polaridades del ser humano
La inclusión en el humazen de la letra h se debe a la importancia
que en la terapia humanista, marco teórico básico de este proyecto,
tiene que tomar como centrales las experiencias subjetivas internas
del ser humano en un sentido amplio y ver en la conducta manifies-
ta un reflejo de éstas. La psicología humanista potencia la toma de
conciencia del ser humano desde una vertiente más existencial, desde
las experiencias subjetivas que nos permiten obtener mayor cono-
cimiento de nuestro interior. Al elaborar un humazen, trasladamos
estas experiencias y nos abrimos a la posibilidad de ampliar nuestra
conciencia.
s 8QLÀFDFLyQ
8QLÀFDFLyQGHOWLHPSROLQHDO\DWHPSRUDO

En el trabajo con el humazen se reúnen pasado, presente y futuro.


Al elaborarlo, reparamos el pasado y sus experiencias negativas, a
través de observar las creencias perjudiciales que en ese momento se

123
Jorge Hernández

formaron y que siguen actuando como patrones de nuestra conduc-


ta en el presente, a la vez que se proyectan en el futuro en nuestra
concepción del tiempo lineal. Esta reparación se da gracias a que no
vemos el pasado, el presente y el futuro como cosas distintas, sino
como un todo. Se trata de recomponer un puzle en el que todas las
piezas de nuestro interior, es decir, el inconsciente y el consciente,
tengan mayor proximidad hacia la unidad. Aunque en el punto de
partida del humazen el presente, el pasado y el futuro están separa-
dos, la finalidad del trabajo es unir e integrar en la meditación estos
tres tiempos.
Otro aspecto a tener en cuenta sobre los mandalas del pasado, pre-
sente y futuro dentro del humazen es que se pueden elaborar sin
ningún orden lineal.
8QLÀFDFLyQGHODGXDOLGDG\QRGXDOLGDG

Una vez unificados el tiempo lineal y el atemporal, el paso siguien-


te es la unificación y autorregulación de dualidad y no dualidad. El
hecho de tener estructurado el pensamiento en conceptos duales hace
que nos concibamos como algo separado, individual. Aceptar la no
dualidad nos permite entender que interior y exterior están vincula-
dos desde los primeros instantes de nuestra existencia hasta la muer-
te. La conciencia que se aferra a un yo separado del resto de los seres
humanos por miedo a perder su identidad estanca su mente.
s Mandala
El eje de la confección y meditación del humazen se centra princi-
palmente en la experiencia con los mandalas. Antes de llegar a conce-
bir el humazen trabajé varios años con mandalas, tanto a nivel perso-
nal, como profesional, con clientes.
Al realizar un mandala activamos, sin darnos cuenta, una acción
terapéutica a través de la comunicación que establecemos entre el in-
consciente y el consciente de nuestras experiencias pasadas, muchas
de ellas bloqueadas. En muchas ocasiones es conveniente realizar va-
rios mándalas antes de iniciarse en la práctica del humazen.

124
La creatividad en la terapia

s Zen
El origen de la palabra zen proviene del sánscrito dhyana. Al intro-
ducirse el budismo en China se transcribió como Ch´an, y posterior-
mente en Japón se denominó zen.
El zen tiene sus orígenes en Buda y se fundamenta en su experiencia
personal. Según cuenta la leyenda, Buda se sentía muy interesado por la
dualidad del nacimiento y la muerte. Durante un tiempo buscó la solu-
ción en los filósofos y en la razón, sin obtener ninguna respuesta satis-
factoria. Un día se quedó ensimismado observando la naturaleza y en ese
momento despertó de la inconsciencia para pasar al estado de conciencia.
En ese instante obtuvo el conocimiento de sujeto y objeto. La respuesta
a la pregunta que formulaba hacía un tiempo sobre la dualidad entre
vida y muerte la tenía dentro de sí, y no fuera. La interpretación de esta
iluminación, es que el yo y el no-yo se combinan para unificarse.
Si comprendemos bien esta enseñanza, las preguntas que formu-
lamos por cuestiones propias tienen que estar dirigidas hacia nuestro
interior y no hacia el exterior.
La experiencia con la meditación zen desbloquea el ego y permite
que conectemos conscientemente con la fuente primigenia de la vida.
El objetivo del zen es la sanación, ya que da claridad mental a la igno-
rancia que nace de nuestra percepción errónea de la realidad.
Nuestros errores cognitivos son los que en mayor medida tenemos
que trabajar en el humazen. Al procesar nuestra información dualista
en un marco no dualista, implicamos todos los elementos en una uni-
dad equilibrada.

11.1.5. Un breve recorrido por el humazen

Antes que nada es importante que sepas que con el humazen puedes
explorar sentimientos y emociones con los que tengas dificultades.
En el trabajo con el humazen hay dos partes: la primera, de elabo-
ración del mismo; y la segunda, de meditación. En ambos procesos, se
anotan los pensamientos y emociones que emergen del inconsciente y
del consciente.

125
Jorge Hernández

En el proceso de construcción del humazen (véase figura nº 6. Pági-


na 129), hay que dar nombre al sentimiento o a la emoción que quieras
trabajar y, posteriormente, encontrar su polaridad. Todo ello hay que
plasmarlo en su parte central, llamada mandala del presente. En los
mandalas del pasado o del futuro (situados a la izquierda y a la derecha
del mandala del presente respectivamente) tienes que dibujar o escribir
cualquier aspecto que emerja: dibujos, símbolos, letras, etc.
En el área del presente encontrarás, también, el indicador de las po-
laridades (IdP), unas circunferencias pequeñas situadas en el mandala
del presente, en la parte inferior, donde que hay que colorear o som-
brear con lápiz, en función de la intensidad con la que hayas sentido la
emoción en conflicto y su polaridad. En la parte superior, se describe
un mensaje de adaptación y en ella tienes que escribir la palabra cuya
emoción se está trabajando y también su polaridad, para que el enun-
ciado quede completado.
Una vez concluidas las anteriores áreas, hay una fase de meditación.
Y, posteriormente, realizados estos dos procesos, puede ampliarse la
conciencia del darse cuenta, con lo que se consigue un mayor conoci-
miento de lo que nos rodea y de las percepciones.
Todas las meditaciones tienen que reflejarse en el área del punto
medio, rellenándola con lápiz de color o rotulador.

11.1.5.1. Objetivos del humazen

Uno de los objetivos principales del humazen es encontrar las creen-


cias negativas que tenemos cada uno de nosotros, en mayor o en menor
medida. Todos adquirimos filtros que condicionan nuestra forma de
percibir la vida, sobre todo los que nos proporciona nuestro entorno:
desde la familia y la escuela, hasta los amigos, las circunstancias polí-
ticas o la religión.
Todo ello hace que cada uno se construya su propio mapa de la vida,
un mapa que sin duda se aleja en muchos aspectos de otros mapas de
otras personas, ya que las interpretaciones cognitivas de quien los ela-
bora son distintas a las nuestras.

126
La creatividad en la terapia

Otro de los objetivos principales es la toma de conciencia de las pola-


ridades. El pensamiento dualista, especialmente el occidental, nos sitúa
polarizadamente en lo bueno o en lo malo, dentro o fuera, en la vida o
en la muerte... Sin ser muy conscientes de ello, cada uno de nosotros
escoge un polo y destierra el otro a la sombra. Cuando esto sucede y
excluimos del pensamiento una parte de la polaridad, la posibilidad de
conflicto puede acentuarse, pues al enviar la parte rechazada al incons-
ciente queda fuera de nuestro control consciente.
A esta polaridad que queda en el inconsciente la denominamos
«polaridad en conflicto». El humazen trata de identificarla, para pasar
posteriormente a su autorregulación por mediación de sucesivas me-
ditaciones.
Hay que añadir a este tema que, cuando nos referimos a polaridades, la
gran mayoría de las veces pensamos en las establecidas por nuestra cultu-
ra. Existen, sin embargo, otro tipo de polaridades, como son las generadas
por cada individuo. A este respecto, José García Lozano comenta:
«No hay polaridades únicas, absolutas, estándares, sino asocia-
ciones subjetivas de oposición, lo que implica sustanciales dife-
rencias en el modo individual y colectivo de experimentar los
polos por separado y sus grados.
Además de esta interpretación subjetiva y experiencial de los
pensamientos, las emociones y las percepciones sensoriales, están
los propios límites de nuestras vivencias, aquello que realmente
escapa a nuestras capacidades o a nuestro desarrollo actual de
aprehensión mental, emocional y sensitiva. Existen polaridades
múltiples y sencillas, explicitas e implícitas, fusionadas y diso-
ciadas, de una etapa y de un modo de estar en la vida. En última
instancia, la psicoterapia pretende agrandar esos límites desde la
integración.»49
Cada persona tiene un intrincado mapa de polaridades. Mediante
la elaboración del humazen en primer lugar y, posteriormente, con su
meditación, podemos llevar a cabo la exploración de este mapa. Lo más
saludable es saber qué partes de las polaridades son las menos conoci-
49. José García Lozano, «Polaridades, naturaleza mental y psicoterapia», Revista
de Terapia Gestalt: 25 años haciendo Terapia Gestalt, Asociación Española de
Terapia Gestalt, nº 27, 2007.

127
Jorge Hernández

das por uno mismo, y experimentar y reconocer con el humazen las


zonas ocultas, es decir, sus opuestas. A menudo no nos gusta observar
algunas partes de las polaridades, como por ejemplo la rigidez, la tor-
peza, la indiferencia o la insensibilidad. Sin embargo, todos estos son
aspectos normales que forman parte de nosotros.
Las meditaciones y anotaciones que surjan de la meditación nos
permitirán observar nuestra realidad interior.
Otro objetivo de este trabajo, muy relacionado con las polaridades,
es la conciencia de la atemporalidad. Estamos acostumbrados al tiempo
lineal tanto en un plano teórico como experimental. Ken Wilber co-
menta, haciendo mención a San Dionisio: «lo esencial de la intuición
mística, pues los sabios iluminados de todos los tiempos y de todas las
latitudes coinciden en que la conciencia de unidad no es temporal, no
se da en el tiempo, sino en que es intemporal y eterna.»50
Estimo oportuno exponer unas consideraciones en este objetivo: Si
soy consciente de la polaridad que estoy meditando en el humazen
puedo ampliar mi autorregulación en un «aquí y ahora», adquiero la
conciencia de las vivencias afines del pasado así como las expectati-
vas de futuro relacionadas con este hecho, y puedo integrar un nuevo
adiestramiento sobre el aprendizaje atemporal.
Para obtener un aprendizaje en terapia humazénica en el área de lo
temporal y atemporal, y especialmente en lo referente a lo atempo-
ral, se requiere paciencia. Caminar en círculo sobre uno mismo, símil
de nuestra parte atemporal, requiere un alto grado de observación de
nuestro interior y que la conciencia vaya extendiéndose. En este mo-
vimiento circular no hay separación entre pasado, presente y futuro.
El tiempo lineal, caminar en línea recta, es lo que hacemos cada día.
Continuamente trazamos flechas hacia delante, y en este movimiento
no hay una retroalimentación del conjunto.
El trabajo con el humazen te ayudará a identificar cuál es la polari-
dad que tienes en conflicto, a adquirir el aprendizaje para autorregular
las carencias o los excesos de las emociones, y a encontrar una neutra-
lidad que transcienda a una perspectiva más ampliada de conciencia
Trabajar con el humazen te implicará una recapitulación de tu pasado,

50. Ken Wilber, La conciencia sin fronteras, Kairós, 2006, p.87.

128
La creatividad en la terapia

una supervisión de las expectativas de tu futuro, dando como resultado


la posibilidad de que arriesgues algún cambio en tu presente, de que
te responsabilices y desbloquees tu área emocional o sentimental. Así
mismo es una forma de entrenamiento de tu inteligencia emocional
y por lo tanto supone un proceso de autoconocimiento, de autoayuda,
además de terapéutica.
Te animo a que lo experimentes el humazen a través de la página
web: www.humazen.net , en el artículo: Ejercicio creativo con el hu-
mazen, del 16 de abril del 2013, puedes realizar un ejercicio de tus
sentimientos o emociones de una manera gratuita.

Reconozco y acepto ……….……………………..….…….coexistiendo y aprendiendo … ……………………

ahora ahora ahora

pasado presente futuro

Humazen.com C

Figura nº 6

11.1.6. El mandala en el área terapéutica

En el área terapéutica podemos proyectar fundamentalmente


nuestra sombra. Si relacionamos el simbolismo del círculo o mandala
con el ser humano podríamos decir que el punto central se puede aso-
ciar al ser y al espacio que lo rodea, representa el entorno en el cual
ese yo o ser actúa. Con el mandala podemos ir consiguiendo la recon-

129
Jorge Hernández

ciliación de los opuestos, por ejemplo; la comunicación entre incons-


ciente y el consciente, entre el pasado y el futuro. Otras polaridades
que pueden trabajarse para ser más armónicas serían las emociones
y los sentimientos: estas polaridades tendrían que realizarse con los
planteamientos de mi anterior libro, Humazen, ya que uno de los ob-
jetivos principales es encontrar las creencias negativas que tenemos
de nuestro pensamiento cognitivo dadas por las experiencias de nues-
tro pasado, al igual que prestar atención a las expectativas del futuro
y a la toma de conciencia de las polaridades en conflicto en un aquí y
ahora. Al tener un pensamiento dualista, nos sitúa polarizadamente
en lo bueno o en lo malo, emitiendo juicios de nuestras emociones.
Sin ser muy conscientes de ello, cada uno de nosotros escoge un polo
y destierra el otro a la sombra. Con el entrenamiento del humazen,
regularemos las polaridades en conflicto, estableciendo una armonía.
El mandala que yo aplico en terapia no tiene ninguna finalidad
artística ni busca resultar atrayente. Lo comento porque hay clientes
que al principio de los trabajos con los mandalas se esfuerzan para que
se vean artísticos, estéticos, simpáticos, atractivos. Hay que insistir al
cliente en que esa manera de elaborarlos no es la más adecuada para
el autoconocimiento. No obstante, suele transcurrir un tiempo para
que las resistencias al cambio empiecen a declinar y poder así extraer
lo que hay en el interior de cada persona. Las imágenes que el cliente
puede desarrollar dentro un mandala resultan de gran importancia,
pues son una válvula de escape para las presiones emocionales no re-
sueltas. Estamos liberando lo que se guarda en nuestro inconsciente,
dando unas claves para que el consciente pueda observar y, aunque no
le demos una interpretación, estamos caminando dentro de un área
creativa: no sabemos muy bien qué estamos haciendo, pero al final
saldrá algo de nuestro interior, saldrá una expresión nueva. No hay
nunca un mandala que salga igual que otro que hayamos hecho con
anterioridad.
Posteriormente, con la meditación y con entrenamiento se podrá
percibir la comunicación que hay entre el inconsciente y el conscien-
te, y darse cuenta de las vivencias bloqueadas con su verdadero sig-
nificado.

130
La creatividad en la terapia

11.1.7. El mandala y sus arquetipos

El mandala dentro del humazen, además de ser un medio para


trabajar nuestras emociones y sentimientos, también tiene una na-
turaleza muy ancestral. El mandala es un arquetipo de la totalidad
de nuestro yo, en él podemos conectar con los diferentes arqueti-
pos de nuestros ancestros, actuando como «principio organizador»,
de las cuestiones que visualizamos y realizamos en nuestra vida. Los
arquetipos emergen por mediación de nuestros dibujos realizados
en los mandalas. Carecen de forma pero, al extraerlos y visualizar-
los, influyen en quienes los elaboran como un principio ordenador
y reformador sobre las experiencias que han vivido. Si realizamos
los tres mandalas que contiene un humazen, estamos amplificando
aún más nuestros arquetipos, ya que estamos trabajando el pasado,
el presente y el futuro como mándala, todo a la vez. El mandala es
una forma de establecer una comunicación entre inconsciente y el
consciente. Sin querer, saldrá la creación de un lenguaje arquetípico,
donde el simbolismo será uno de sus principales exponentes. Estos
arquetipos aún no están definidos, ya que es el mismo cliente quien
los define por primera vez al realizar el mandala, que constituye una
manera de hacer aflorar lo que es desconocido por nuestro consciente
y encontrar la posibilidad de expresar algo por medio de nuestro in-
consciente. Es, en definitiva, dar salida a nuestro inconsciente más en-
castrado e inexplorado. Jung dice de las imágenes arquetípicas: «Las
imágenes arquetípicas son ya a priori tan significativas que el hom-
bre nunca pregunta qué podrían en rigor significar.»51 Al explorarlo
estamos creando un modo para sanarnos con lo que nos condiciona
de nuestros orígenes. El cliente, al crear a través del mandala, está
conectando con las imágenes primigenias de nuestros ancestros, con
nuestros antepasados, quienes crearon imágenes poderosas que les
daban protección. Jung comenta sobre el mandala lo siguiente: «La
experiencia enseña que el ‘círculo protector’, el mandala, es el viejo
antídoto contra los estados caóticos del espíritu.»52

51. C. G. Jung, Arquétipos e inconsciente colectivo, Paidós, 2004, p. 21.


52. C. G. Jung, Arquétipos e inconsciente colectivo, Paidós, 2004, p.18.

131
Jorge Hernández

11.1.8. Rituales

Con anterioridad hablé de los mándalas y de su utilidad terapéu-


tica, así como de los arquetipos y de su mediación organizadora. Los
rituales pueden ser utilizados para realizar un duelo, una pérdida,
una reparación o la ceremonia de un evento. Se trata de unir las dos
partes: mandalas y rituales, o humazen y rituales para desarrollar
un potencial mayor, para sanar nuestro interior. En este apartado la
creatividad tiene que ser el vínculo conector para que los rituales co-
necten con las raíces antropológicas y den una terapia creativa por
mediación de los mándalas, humazenes o bien otros ejercicios que
tengan un acto simbólico en el que se pueden utilizar escritos, metá-
foras, danzas, música, canciones y elementos como el fuego, la tierra,
el aire, el agua, plantas, flores, fotos y objetos que identifiquen el mo-
tivo del ritual.
Los rituales deberían realizarse en los momentos críticos de nues-
tras vidas o en las etapas de transición. Por ejemplo, si estamos rea-
lizando un duelo tiene que ser pactado con el cliente, ya que habrá
clientes que les sea más fácil hacer un mandala pero no tanto un
humazen o determinados ejercicios.

11.1.9. Los ejercicios de funciones intelectivas

Aunque los trabajos cognitivos no entrarían dentro de los ejerci-


cios creativos, resulta recomendable realizarlos para afianzar el cam-
bio, pues proporcionan una perspectiva global a la hora de hacer las
actuaciones creativas.
De manera simplificada, el trabajo cognitivo consistiría en anotar
en un diario nuestros conflictos, nuestras vivencias frustrantes, todo
aquello que es amenazante o, dicho de otra manera, todo aquello que
no nos gusta. Los registros se tomarían desde la situación donde vivi-
mos esa dificultad, explicando con todo detalle qué es lo que ocurrió.
También hay que anotar la emoción que nos aparece en esa circuns-
tancia, lo que se experimentó en ese momento. El pensamiento auto-
mático que tuvimos y que nos será muy difícil identificar, algo que se
conseguirá con perseverancia y con tiempo. Y por último la conducta
que adoptamos ante ese conflicto.

132
La creatividad en la terapia

Cada persona tiene que descubrir qué tipo de distorsión cognitiva uti-
liza de manera inconsciente. Al anotar y obtener un registro de muchas
vivencias que ocasionan conflictos, podremos distinguir e identificar las
distorsiones que arrastramos del pasado. El terapeuta tiene que dar un
feedback de lo que observa en los registros para que el cliente pueda
aprender a identificar qué ocurre con sus emociones, sus pensamientos
y su conducta. El objetivo es que el cliente aprenda al salir de su bucle,
de sus continuadas actitudes que le llevan a conflictos repetitivos, desde
donde le resulta difícil observarse. Hay una frase que afirma: «No hay
fracaso, tan sólo aprendizaje». Ante este dicho, no hay mejor forma de
transformarse que cuando aprendemos teóricamente y pasamos, inme-
diatamente, a experimentar, es decir, cuando pasamos a la acción. Ante
las anotaciones de nuestras distorsiones o conflictos, tenemos que ver las
alternativas o posibilidades. Aquí empezaría nuestra área creativa.

11.1. 10. Trabajando con la creatividad terapéutica con Sara

Expondré un ejemplo de Sara, en el que se utilizaron los siguientes


materiales: Se hizo una constelación de su árbol genealógico por me-
diación de tarjetas, unos mandalas, un humazen, objetos familiares y
una libreta comprada especialmente para realizar las anotaciones de
todo el proceso del ritual. Tengo que decir que en la libreta se incor-
poraron fotos y se pegaron diferentes mandalas y otros elementos.
Sara vino a la consulta con un malestar interior causado por deter-
minadas personas de su vida, pero también por un malestar existen-
cial motivado esencialmente por su padre, al que apenas conoció de-
bido a que murió cuando ella era muy pequeña. Le planteé crear una
constelación familiar de una manera libre y con tarjetas en las que
escribió los nombres de todo su árbol genealógico. (Hay que tener en
cuenta que la consigna fue de total libertad para colocar a los familia-
res en el lugar que ella quisiera, partiendo de situarse en primer lugar
ella y, después, los demás componentes de su familia).
Como se podrá observar en la figura nº 7, al padre lo situó en un
lado y sin nombre, en lo que ella designó como un mandala vacío.
Los nombres de los demás componentes de la familia figuran en
blanco, para preservar la intimidad familiar de Sara.

133
Jorge Hernández

SARA

O - padre
Soledad
Vacío existencial

Figura nº 7

Sara en todo momento completó el árbol genealógico ignorando


que le saldría esa composición y, sin querer, inició un camino de resta-
blecimiento de la figura paterna con los mandalas que realizó, como se
podrá observar más adelante. Creó un proceso de reconciliación y otro
de sanación interior.
Quisiera referenciar aquí a Alejandro Jodorowsky, ya que habla
del árbol genealógico, vinculado al estado de iluminación cuando dice:
«Dentro de cada uno de sus antepasados hay un Buda dormido; si quiere
despertarse, trabaje para elevar su árbol genealógico entero al nivel de su
Budeidad.»53 El estado de iluminación se emplea como sinónimo de Bu-
deidad. Relacionándolo con Sara, sería donde se implica la sabiduría para
entender la vida de uno mismo y la de su árbol genealógico atemporal.
La actitud de Sara implicaba creatividad en cada paso de su trabajo de
duelo. Tuvo en una parte de su labor algo de animosidad o resentimiento
que, posteriormente, quedó regulado por su benevolencia y amor hacia
todos los componentes de su familia, y en especial a su padre.
Fue descubriendo, sobre todo hacia el final de su duelo, que no hay
mejor forma de sanar que honrando a sus antepasados. Como dice A.
Jodorowsky:
«es esencial honrar a los antepasados, ¡porque forman parte de
nosotros! Honrarlos puede significar varias cosas: conocerlos,
analizarlos, desmontarlos, acusarlos, eliminarlos, darles las gra-

53. Alejandro Jodorowsky, Mis antepasados me duelen, Ed. Obelisco, 2010, p. 31.

134
La creatividad en la terapia

cias, quererlos… para, al final, ver el Buda que hay en cada uno
de ellos.»54
En posteriores sesiones, Sara hizo unas modificaciones en su árbol
genealógico, donde ubicó con más proximidad a su padre; pero primero
tuvo que precipitarse al vacío con bastante coraje y con un espíritu
creativo. Antes de lanzarse al vacío (de una forma metafórica), realizó
un gran esfuerzo y un arriesgado salto mental a algo desconocido. A
Sara le surgieron dos dualidades en sus reflexiones: por un lado, las
ganas de mejorar los espacios de algunos familiares y, sobre todo, de su
padre; y, por otro, sus resistencias demandaban no modificar los espa-
cios que ella determinaba y que emergían de su interior de tal manera
que se negaba a modificar las tarjetas expuestas en su constelación (fi-
gura nº 7).
Pero en un momento determinado se produjo un cambio en su po-
laridad cambio-resistencia. Este fue un planteamiento decisivo para
abandonar el vacío estéril que estaba conformado por su estructura
mental, ya conocida, donde todo le resultaba familiar, y, aunque lo que
ella conocía del pasado eran recuerdos buenos de los acontecimientos
importantes de su vida, también implicaba alguna contradicción y un
desasosiego por la ausencia de su padre en sus vivencias más importan-
tes. Era, como en el dicho popular, más vale malo conocido que bueno
por conocer; era hacer un cambio de ese pasado que se encontraba en el
vacío estéril y pasar al vacío fértil, que sería iniciar algo nuevo, hacer
algo creativo en psicoterapia para modificar el pasado de ese vacío exis-
tencial en el que estaba implicada la ausencia de su padre.
Retomamos aquí la idea que explicaba antes sobre los ingredientes
de la creatividad, es decir, lanzarse al vacío con curiosidad, con coraje,
transgrediendo los límites ya conocidos por ella y traspasar la barre-
ra de la autocensura, que sería el vacío fértil. Menciono este ejemplo
de Sara con el concepto del vacío porque a muchos clientes les resul-
ta muy difícil entenderlo, ya que es un término no muy utilizado en
nuestra vida diaria y, de alguna manera, debemos fomentar su uso en-
tre las personas no profesionales de la terapia, porque considero, desde
mi perspectiva tanto personal como profesional, que su uso tiene un
efecto sanador. Sólo cuando conocemos el significado de las palabras,
54. Alejandro Jodorowsky, Mis antepasados me duelen, E. Obelisco, 2010, p. 31.

135
Jorge Hernández

es cuando podemos usarlas. Wittgenstein afirma que preguntar por


el significado de una palabra o frase corresponde a preguntar cómo
se utiliza, y es la manera de utilizarla lo que resuelve si una persona
ha comprendido o no su significado. Aunque puede resultar obvio
al leerlo, no lo es tanto cuando lo trasladamos a la aplicación de un
concepto en un contexto determinado, con unas circunstancias deter-
minadas, como puede ser la terapia, en la que el resultado terapéutico
del concepto del vacío tiene que demostrar que el concepto aprendido
ha sido comprendido. Creo que no es suficiente con que el terapeuta
conozca y aplique este concepto o bien otros como podría ser el signi-
ficado de las polaridades o del punto medio. También resulta necesario
que el cliente se instruya a través del terapeuta en el conocimiento y
su aplicación. El terapeuta deber observar si las retroalimentaciones
que va haciendo el cliente de estos conceptos dan unos resultados que
mejoran las experiencias inconclusas del pasado. Es demostrar que
le corresponde contrastar empíricamente el concepto, en este caso el
vacío, con las experiencias que el cliente obtiene. Un resultado óptimo
no tiene por qué ser que se cumplan las expectativas del cliente res-
pecto a las necesidades planteadas; puede ser muy saludable y próspe-
ro que el cliente obtenga una nueva óptica de las conceptualizaciones
terapéuticas para hacer un camino de transformación.

PADRE

SARA

Figura nº 8. Árbol genealógico de Sara

Como se podrá observar al contrastar la figura nº7 con la nº 8, se


ha producido una notable modificación del trabajo interior de Sara con
respecto a su padre. Ahora figura en la parte superior como una descen-
dencia familiar donde sigue una cronología.

136
La creatividad en la terapia

Sólo se expone en la constelación (figuras nº 7 y 8) la situación de


Sara y la posición en la que se ubica ahora su padre; los demás compo-
nentes siguen sin salir para preservar la intimidad de Sara.
En la figura nº 8 no salen el sentimiento de soledad y vacío existen-
cial, puesto que ya que se deshizo de esos sentimientos tras el trabajo
global que se hizo en la terapia de duelo.
Antes de la figura nº 8, Sara hizo tres mandalas de su padre en un
tiempo de un mes y medio, como se podrá apreciar en las figuras nº 9,
10 y 11, expuestas en un orden cronológico. Si observamos detenida-
mente las secuencias de los mandalas, se podrá visualizar un acerca-
miento de ella hacia su padre de una manera progresiva. Fue para Sara
un descubrimiento, y en ella se podía apreciar una gran felicidad que
expresaba con su gran sonrisa.

Figura nº 9

&RQVLJQDGDGDDQWHVGHLQLFLDUHQPDQGDODGHODÀJXUDQž

Antes de realizar el siguiente mándala, le planteo a Sara que el títu-


lo sea «Mi padre»; y que trace una línea divisoria justo en medio.
Sara se dibuja de espaldas. Al preguntarle qué es lo que mira, me
dice que detrás del monte se encuentra su padre.

137
Jorge Hernández

Posteriormente en su meditación le surge: Luz, aroma, sonido de


los pájaros, el color plateado de las sardinas. Paz, vida, alegría, resurgir,
esperanza, silencio, sola ante la magnitud, fuerza y seguridad.

Figura nº 10

En el segundo mándala la consigna sigue siendo el mismo enun-


ciado: «Mi padre».

Sara me comenta que el mandala representa el encuentro con su


padre y dice:
«Noche serena, no tengo miedo, sollozo tras despertar de un sueño
y busco refugio en tu regazo, me siento tranquila porque sé que lo
obtendré.
Luna clara, brillante, cielo limpio y estrellado, olor a tierra húmeda.
No me alcanzas pero sé que estas ahí.
Una gran casa, se oyen risas, niños y alegrías. Yo estoy dentro, es la
casa familiar, fuera es un día radiante. Oigo a los animales, parece una
granja y también noto su olor, tu espíritu o tu esencia la presiento, nos
envuelve y protege.»

138
La creatividad en la terapia

En la evolución del primer mandala (figura nº 9) al segundo (figura


nº 10), se podrá apreciar un acercamiento de ella a su padre.

Figura nº 11

El enunciado sigue siendo el mismo: «Mi padre».

Sara en este mándala específica tres polaridades:


¿Amanecer o atardecer?
¿Inicio o fin?
¿Vida o muerte?
Después de conversar con Sara sobre este mandala y los demás (fi-
guras nº 10 y 11), resultaba evidente que aceptaba la integración de sus
raíces familiares y que su psico-genealogía realizada en la figura nº 7,
donde su padre estaba indicado mediante una circunferencia situada en
un lado inferior, implicó posteriormente un cambio en sus meditacio-
nes de todo este trabajo, como se puede apreciar en la figura nº 8.
Al preguntarle a Sara por las polaridades de su mandala (figura nº
11) sobre todo por las de inicio-fin y vida-muerte, la respuesta fue que

139
Jorge Hernández

obtuvo una mayor conciencia y una identificación, diferente de la que


hubo en un inicio en la relación con su padre, aunque este estuviera
fallecido. Nunca antes había integrado a su padre en su vida emocional,
y, aunque apenas lo conoció, ahora lo integra en las raíces en su árbol
genealógico. Su trabajo sobre este duelo se encuentra cerrado con un
«fin», con «una vida y una muerte», que no deja de tener su analogía
con la otra polaridad inicio-fin. Sara necesitaba cerrar un duelo que
nunca hizo con su padre.
Sara en el duelo por su padre escribió bastantes cartas sobre los acon-
tecimientos más importantes de su vida. Esta práctica fue como viajar
a través del tiempo y tener la oportunidad de tener a su padre presente
e incluirlo en su vida. Para Sara supuso una segunda oportunidad en
sus vivencias. Su inconsciente no separa las cartas del presente con las
vivencias ocurridas en el pasado, sino que une las vivencias del pasado
con su sentir en las cartas expresadas del presente. En este caso, muchas
vivencias inconclusas de Sara con su progenitor se fueron cerrando una
a una cuando su padre no estaba presente. Hasta entonces, él había sido
algo parecido a una sombra (o un mandala «O»), pero durante la tera-
pia pasó a ser una esencia emocional y después una esencia de amor.
Tengo que decir que al principio de todo este ritual de duelo le pedí
que me dejara alguna prenda de él para dársela de nuevo al final de
todo el proceso. Este gesto fue una manera de decirle implícitamente
que empezábamos un duelo y que habría un final.
Para cerrar este duelo se hizo un ritual, quemando algunas cartas y
haciendo una ofrenda de flores. Sara trajo ese último día un globo lleno
de gas que soltó al cielo para representar su despedida, una metáfora
que le permitió visualizar el alejamiento.
En ese momento mi corazón me indicaba que la parte profesional
concluía y que era el momento de acompañar a Sara con mucho amor.
Sentí que, en ese instante, yo era un familiar más que la seguía, con
todo cuidado. Fue una experiencia muy estremecedora, donde se podía
apreciar sin ninguna duda su sanación, mostrada allí en su sonrisa de
alegría y en el hecho de que ella era consciente de que, desde hacía un
mes, algo estaba cambiando en ella en positivo.

140
12. LA FINALIZACIÓN

Tú y yo
formamos una unidad terapéutica
«En mi comienzo está mi final.»55

Thomas Stearns Eliot


Poeta, dramaturgo y crítico (1888 –1965)

55. http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/thomas-stearns-eliot.html
12. LA FINALIZACIÓN

0LVHQWLU\PLVUHÁH[LRQHV

Es la hora de evaluar el recorrido que se hizo conjuntamente. Para


que haya una finalización debería haber un acuerdo entre cliente y
terapeuta. Si es el cliente el que decide finalizar sin previo aviso, ha-
bría que invitarle a realizar una sesión de terminación y valorar si
hay evitaciones por parte del cliente. Si es el terapeuta quien lo de-
cide, el fin puede ser debido a varios motivos, como la derivación a
otro profesional por no cubrir las expectativas del cliente en las di-
ferentes revisiones acordadas. Algunas de estas derivaciones pueden
ser a especialistas como los terapeutas sistémicos o sexólogos, o hacia
actividades como las dinámicas de grupo, etc. Sobre todo, estas deri-
vaciones deben estar siempre dirigidas a perfilar más las necesidades
de los objetivos terapéuticos.
Existen también otros motivos, como pueden ser la excesiva atrac-
ción entre ambos o la fascinación. Está ultima no suele ser explicitada
por parte del cliente, pero el terapeuta tiene que velar por lo que ob-
serva, conocido en términos terapéuticos como transferencia, y prestar
atención a las sensaciones y sentimientos del cliente, o lo que es lo mis-
mo, a la contratransferencia. Si se da esta situación, tiene que hacerse
explícita para resolverla en beneficio del cliente.
Pueden producirse también otras finalizaciones que, aunque sean
obvias, hay que tomarlas en consideración, como serían los temas eco-
nómicos, donde el terapeuta puede facilitar acuerdos con el cliente, o
los cambios de residencia, donde le puede recomendar otro terapeuta
de la zona.
¿El cliente consiguió sus objetivos? Habría que evaluar qué tanto
por ciento de su demanda resolvió el cliente, así como lo que gana y
lo que pierde con la finalización. No hay un ideal de finalización, no

143
Jorge Hernández

hay una cura al 100%, como bien expresa Patricia a través de una
metáfora:
«la terapia sería como cuerdas que te han de servir para salir del
pozo, pero que las ha de usar uno mismo cada vez que le pase lo
que le cause perjuicio... y me temo que sea para toda la vida...
como el que tiene tendencia a «engordar», pues ¡hala! no le que-
da otra que vigilar la alimentación todos los días de su vida.»56
El cliente, ante la situación de finalizar la terapia y seguir su propio
crecimiento y evolución sin la ayuda de un profesional, implicará un
nuevo reto, sobre todo en ese nuevo futuro y contexto de su vida. No
obstante, hay que comentarle que en el futuro, si necesitara un trabajo
terapéutico adicional o una terapia de apoyo para momentos puntuales,
podrá seguir contando con nuestros servicios.
Por otra parte, también debemos ofrecer la posibilidad de que si el
cliente requiriere una consulta de apoyo en una situación momentá-
nea, circunstancial, se podría realizar por mediación de las nuevas tec-
nologías, como podría ser WhatsApp, correo electrónico, una llamada
telefónica previamente acordada o una videollamada. Todo ello podría
representar, en otras palabras, un acercamiento más humanitario, un
lado más solidario, un lado más personal del terapeuta. Si anterior-
mente hablábamos de que la compasión terapéutica implicaría las áreas
de la empatía, solidaridad y amor, es congruente seguir manteniendo
estas actitudes más allá de la finalización de la misma. He leído en mu-
chos libros y escuchado por parte de muchos psicólogos cuál es la labor
de la terapia humanista, pero la realidad posterior a veces implica un
distanciamiento, una infranqueable separación del rol establecido entre
el cliente y el terapeuta.
En la sesión final hay que evaluar por parte del cliente y del tera-
peuta los cambios producidos desde la primera sesión. Es una revisión
de la labor realizada. También es necesario hablar del logro consegui-
do en las habilidades del cliente. Como comentaba en el área creativa
un logro óptimo puede ser haber conseguido una nueva óptica para
caminar, con más responsabilidad o con más humor. En definitiva, te-
ner otros parámetros para obtener en el camino de su vida diaria otras
56. Comentario de Patricia, especificado en el punto 12.3. El sentir de Patricia y
sus reflexiones. La finalización, pagina 147.

144
La finalización

posibilidades donde pueda confrontar la referencia terapéutica con sus


ganas de experimentar en el día a día y decidir que lo que no funciona
puede modificarse con acciones distintas a las que se amparan en una
rutina.
La finalización puede ser un aprendizaje para las despedidas en la
vida diaria. Hay personas que les cuesta concluir relaciones. En este
caso el proceso terapéutico se cierra con una despedida entre ambos.
Para el cliente y terapeuta.
Respecto a la terminación para un terapeuta, ese día exige dejar más
de lado la profesión y ser más persona. Se supone que tiene que haber
un equilibrio en toda la terapia. Pero en ese día de la finalización, hay
que tener menos preocupación por tener en el punto de mira el rol
terapéutico. Para mí, ese día suele significar un motivo de alegría por
el trabajo realizado, pero también un duelo, pues no deja de ser un vín-
culo humano que finaliza.

(OVHQWLUGH0DUWD\VXVUHÁH[LRQHV

/DÀQDOL]DFLyQ

El día que sientes que te atreves a quitar las dos ruedecillas de atrás
de la bicicleta, hablar sobre lo que esperabas de la terapia el primer día
resulta impactante. No recordabas haberlo dicho así, pero en el fuero
interno, sí era eso lo que buscabas, y en una fracción de segundo te
viene todo el recorrido realizado: unos días buenos, otros reveladores,
otros costosos, el esfuerzo, los avances, los miedos, las dudas, los ejer-
cicios, el cariño.
Da miedo decidir no continuar. Estás mejor, te sientes más fuerte que
cuando empezaste, ha habido una evolución; eres consciente y la sien-
tes así en tu interior, pero siempre están los miedos de si no me estaré
precipitando, de si quedan más cosas que hacer o que tratar. Siempre
hay más cosas, siempre hay algo que mejorar, siempre habrá algo que
no sabremos o creeremos que no sabremos enfrentar, pero el terapeuta
siempre estará ahí y que te lo haga saber y que te diga que siempre
podrás contar con él resulta muy reconfortante y tranquilizador.

145
Jorge Hernández

Da miedo, pero cuando sientes que necesitas ir sin las dos ruedeci-
llas, hay que probar.

(OVHQWLUGH3DWULFLD\VXVUHÁH[LRQHV

/DÀQDOL]DFLyQ

Ante la pregunta ¿cómo evaluar la evaluación de la terapia al termi-


nar?, Patricia contesta:
¡Ay, que me da la risa! ¡Con eso de evaluar la evaluación me re-
cuerda a los Hermanos Max, la parte contratante de la primera parte
contratada... Ahora mismo diría que sólo sé que no sé nada... matizan-
do: sé que la terapia me facilitó herramientas, pero sigo sin aplicarlas,
y es que los enganches a lo conocido por más malos que sean son muy
cómodos, son como las zapatillas raídas, uno está tan habituado que no
contempla comprarse otras... Si me voy de viaje a las temporadas ante-
riores (sesiones madre y sesiones abuela), lo de terminar me lo encon-
tré sin pretenderlo, fue como llegar a junio, acaban las clases sí o sí.
Viendo con perspectiva las sesiones del pasado y habiendo compro-
bado en carne y hueso cambios en la relación con la abuela (yo con ella,
ella conmigo, la familia con ella, ella con el resto de la familia, entre
otros), veo que el trabajo hecho ha estado muy bien realizado, en mé-
todos, en tempos, dijeras tú, en saltos cuánticos. Los cambios que se han
dado son muy positivos.
Ahora, en este nuevo periodo de terapia, al finalizar cada sesión el
terapeuta me hace un sumario de lo tratado. Me gusta, me viene feno-
menal, antes solía tomar notas para acordarme durante las sesiones,
pero me gusta más este sistema. Como seguimos trabajando otras fa-
cetas, esto me permite realizar de vez en cuando una revisión de lo ya
conseguido.
Mi logros en la terapia... ¡bueno sería mejorar en autoestima…!
Avanzo a ritmo de caracol cojo… En positivo, diré que he dejado de
agobiarme por perder trenes.
La pena inmensa por la muerte de mi madre dejó de dolerme agu-
damente tras la terapia, podría decir que es una cura de la herida que

146
La finalización

había en mi alma, me ayudó a que cicatrizase… En cambio, en cuanto


a malos hábitos mentales, la terapia funciona a un nivel distinto de la
cauterización; más bien la terapia sería como cuerdas que te han de ser-
vir para salir del pozo, pero que las ha de usar uno mismo cada vez que
le pase lo que le cause perjuicio... y me temo que sea para toda la vida...
como el que tiene tendencia a «engordar», pues ¡hala! no le queda otra
que vigilar la alimentación todos los días de su vida.
También quería decir que una persona puede ser que no sufra más
los síntomas iníciales, porque el trabajo realizado a nivel terapéutico
haya sido un acierto; otra puede ser que los haya sustituidos por otros
nuevos síntomas, o por los que quedaban camuflados detrás de los iní-
ciales... En todo caso, es estupendo porque hay cambios...

(OVHQWLUGH6DUD\VXVUHÁH[LRQHV

/DÀQDOL]DFLyQ

Fue pasando el tiempo y día a día, sin apenas darme cuenta, fui ad-
quiriendo y recuperando fortaleza, valor, paz, reconocimiento, perdón,
amor, seguridad.
Una gran persona, con inmensas capacidades para reconducir con
tacto, respeto, calidez, amor y gran profesionalidad, me tendió la mano
cuando fui en busca de ayuda. Esa mano firme que precisa una niña
que se siente perdida en un laberinto, sumida en una profunda pena y
miedo (esa no era otra que yo misma, mi niña a la que durante mucho
tiempo olvidé).
Llega el momento en que el terapeuta considera que ya has recupe-
rado tu esencia, abierto tu alma y asumido lo que llevas dentro de ti,
aceptando y entrando en tus sombras, dándoles la luz y el lugar que les
corresponde.
Mi despedida fue un momento mágico: se llevó a cabo un ritual en-
trañable en el fluían de forma muy intensa emociones llenas de ternu-
ra, calidez, sosiego y esperanza. Me sentí en paz e inmensamente llena
y feliz, jamás lo olvidaré.

147
BIBLIOGRAFÍA

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tos, 1987.
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2010.
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Bert Hellinger, Órdenes del amor, Editorial Herder, 2001.
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