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CATEDRA: HERRERO LUIS

Sentencias definitivas
Recursos y demandas ante la CSJN
MARTEL JAZMIN NOEMI
01/01/2018

SENTENCIA DEFINITIVA: Es aquella que le pone fin al juicio, en ella el Juez


decide sobre el fondo de la causa. En otras palabras la Sentencia Definitiva,
son aquellas que dicta el Juez al final del juicio y ponen fin al proceso,
acogiendo o rechazando la pretensión del demandante.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó la Acordada Nº 4/2007 mediante
la cual aprobó un Reglamento en el que se establecieron una serie de requisitos
que deberán cumplir los escritos judiciales mediante los cuales los litigantes
interpongan el recurso extraordinario y, en caso de denegatoria del mismo, el
recurso de queja.

El Reglamento entrará en vigencia el primer día hábil posterior a la feria judicial de


invierno del año 2007.
Si bien el Reglamento contiene una serie de requisitos meramente formales que
deben contener los escritos mediante los cuales se interpone el recurso
extraordinario y el recurso de queja, la inobservancia de alguno de ellos puede
conducir –según el propio Reglamento– a que la Corte desestime la presentación
con la sola mención de la norma reglamentaria pertinente.
De los diversos requisitos contemplados en el Reglamento pueden destacarse los
siguientes:
a. Se estableció una extensión máxima para el recurso extraordinario y para el
recurso de queja por denegación del recurso extraordinario. El primero no podrá
exceder de cuarenta páginas mientras que el segundo deberá contar, como
máximo, con diez páginas. Con relación al recurso de queja por recurso
extraordinario denegado, el Reglamento precisa que la única finalidad del recurso
es rebatir los fundamentos que dan sustento a la denegatoria del recurso
extraordinario. Si bien este criterio había sido establecido en distintos precedentes
de la CSJN, el Reglamento viene a dar certeza sobre la finalidad del recurso de
queja.
b. Junto con el recurso extraordinario o el de queja, el presentante deberá
acompañar –por separado y en hoja aparte- una carátula en la que deberá
consignar información general para facilitar la identificación del expediente. Pero
adicionalmente, la carátula deberá contener, en el caso del recurso extraordinario:
(i) una mención clara y concisa de las cuestiones planteadas como de índole
federal; (ii) una simple cita de las normas involucradas en tales cuestiones y de los
precedentes de la Corte sobre el tema si los hubiere; y (iii) una sintética indicación
de cuál es la declaración sobre el punto debatido que el recurrente procura obtener
del Tribunal. El Reglamento establece que no se considerará ninguna de las
cuestiones que no hayan sido consignadas en la carátula.
c. Se especifican las copias que el recurrente debe acompañar junto con el
recurso de queja por extraordinario denegado.
d. Se establece la obligación de transcribir en el texto del escrito o en un anexo
por separado, todas las normas jurídicas citadas en la presentación que no estén
publicadas en el Boletín Oficial indicando, además, su período de vigencia.
e. Se consigna que las citas de fallos de la Corte deberán ir acompañadas de la
mención del tomo y la página de su publicación en la colección oficial.
El Reglamento puede aparecer como un simple catálogo de formalidades que los
litigantes deberán comenzar a cumplir una vez concluido el receso invernal. Sin
embargo, y sin perjuicio de la jurisprudencia que finalmente se establezca con
relación a dicho Reglamento, será de suma importancia verificar su cumplimiento
para evitar que recursos extraordinarios o recursos de queja sean rechazados –sin
más- por cuestiones puramente formales.
NORMAS Se acerca la fecha de entrada en vigencia de la Acordada 4/2007 del Máximo
Tribunal de Justicia y muchos profesionales del derecho se siguen preguntado de qué
manera influirá la misma en la clásica e “informal” presentación del memorial.

Antes de entrar en el análisis de la misma, conviene repasar algunos conceptos básicos en


torno al recurso extraordinario federal.

En principio cabe recordar que la Constitución Nacional, siguiendo el modelo


norteamericano, adoptó para la Corte Suprema de Justicia Nacional el control de
constitucionalidad en última instancia y, en el mismo año en que se instaló la Corte por
primera vez, 26/8/1863, se sancionó la Ley 48 que regula el REF por los arts. 14, 15 y 16.
Si bien con posterioridad se sancionaron diversas leyes(1) que vinieron a complementar lo
dispuesto por la Ley 48, lo cierto es que esta competencia de excepción (art. 117, parte 1°,
CN) que tiene la Corte la convierte en intérprete final y definitivo de la Constitución
Nacional, no constituyendo una tercera o cuarta instancia de los pleitos ideal para corregir
cualquier injusticia o error que pueda existir en un fallo.

Lo cierto es que con la Acordada 4/2007, el Máximo Tribunal intenta regresar a los
orígenes de este recurso, intentando enderezar un largo camino que venía
desnaturalizándolo en lo cual las distintas creaciones pretorianas tuvieron un rol
fundamental, vale recordar que la aparición de la cuestión federal por arbitrariedad de
sentencia (2) en 1909 fue el primer paso para llegar al colapso actual que vive la Corte
Suprema. Es decir, aquella competencia que en un primer momento se amplió y que luego
se quiso reducir a través de la creación legal del certiori negativo, o más recientemente
con la Acordada 2/2007(3), ahora se verá aún más restringida o mejor dicho, más
especializada tanto desde el lado de los profesionales como de la Corte en si misma que
busca cumplir con el cometido asignado originalmente (4), delimitando su jurisdicción
constitucional.

Sabemos que para la procedencia del Recurso Extraordinario Federal es necesario el


cumplimiento de ciertos requisitos clasificados por la doctrina en comunes, propios y
formales, algunos de ellos contenidos en la Ley 48, en el CPCCN y otros de creación
pretoriana de la Corte.

Por la acordada 4/2007, 16/03/2007, la CSJN catalogó los requisitos de admisibilidad


formal del Recurso Extraordinario Federal y del Recurso de Queja, teniendo en cuenta los
reiterados precedentes de dicho tribunal, haciendo uso de su atribución legal (art. 18 de la
Ley 48) de dictar reglamentos necesarios para la mejor administración de justicia.

Por el artículo primero del reglamento se establece la extensión máxima de los escritos,
tanto el de interposición del recurso como el de contestación del traslado previsto en el 257
CPCCN, fijándose la misma en 40 páginas de 26 renglones y con letra de tamaño no
menor a 12. En el caso de la Queja (art. 4), la cantidad de páginas se reduce a 10,
manteniéndose el resto de las condiciones.

Actualmente, hasta tanto entre en vigencia la Acordada (5), como no existe límite material
en este sentido, los abogados podemos confeccionar el memorial según nuestro libre
arbitrio lo que, como señala Bianchi (6), ha tornado difícil examinar cada recurso
extraordinario escrito según la libre creación de cada parte, contribuyéndose así a la
demora y lentitud en la circulación de los expedientes por las distintas secretarías de la
Corte.
Ambos recursos (arts. 2 y 5) deberán estar acompañados por una carátula cuyo modelo
proporciona el reglamento. Para el caso del Recurso Extraordinario Federal se deberá
indicar: a) expediente (nro. de causa y carátula); b) los tribunales intervinientes (el de
origen y el que dictó la resolución recurrida, debiéndose consignar si intervinieron otros
tribunales); c) los datos del presentante (tomo, folio, domicilio constituido, si actúa como
apoderado, los nombres de los representados); d) la fecha de notificación del
pronunciamiento; e) la individualización de la decisión contra la cual se interpone el
recurso, f) la mención clara y concisa de las cuestiones federales planteadas, con cita de
las normas involucradas y de los precedentes de la Corte sobre el tema, si los hubiere;
como así también qué decisión se pretende del tribunal, aclarando que no se considerará
ninguna cuestión que no haya sido incluida aquí y g) la cita de las normas legales que
confieren jurisdicción a la Corte para intervenir en el caso.

A su vez, establece un orden en la redacción del memorial “en capítulos sucesivos y sin
incurrir en reiteraciones innecesarias” (art. 3), debiéndose respetar el siguiente: 1ro)
Demostración que la decisión apelada proviene del Superior Tribunal de la causa y que es
definitiva o equiparable; 2do.) Relato claro y preciso de todas las circunstancias relevantes
del caso relacionadas con las cuestiones federales invocadas, con indicación de cuándo
se presentaron por primera vez dichas cuestiones, cómo se introdujeron y mantuvieron con
posterioridad; 3ro.) Demostración del gravamen; 4to) Refutación de todos y cada uno de
los fundamentos de la decisión que se apela en relación a las cuestiones federales
planteadas; 5to) Demostración de la relación directa e inmediata entre las normas
federales invocadas, lo debatido y lo resuelto en el caso, y que la decisión que se apela es
contraria al derecho invocado por el apelante con fundamento en aquéllas.

Si bien, exige la autosuficiencia del escrito (art. 10) de manera que permita la comprensión
del caso sometido a consideración de los jueces y prohíbe la remisión a lo expuesto en
actuaciones anteriores como las enunciaciones genéricas y esquemáticas, deja aclarado
que cuando se realicen citas de fallos de la Corte, se deberá indicar el tomo y la página de
su publicación en la colección oficial, salvo que aún no estuvieran publicados, en cuyo
caso se deberá indicar su fecha y carátula del expediente en el que fueron dictados (art.
9), es decir, ya no podrán transcribirse los extensos fallos en los que intentábamos
demostrar al Tribunal el paralelismo de la cuestión planteada con otras resueltas por el
mismo. A la vez, admite que se acompañen como anexo separado – lo que también puede
hacerse dentro del escrito – todas las normas jurídicas citadas que no estén publicadas en
el B.O indicando también su período de vigencia. (art. 8)

Por el art. 11 parece consagrarse el “certiorari positivo”, pues si bien en caso de


incumplimiento o cumplimiento deficiente de algunos de los recaudos exigidos, la Corte
desestimará la apelación con la sola mención de la norma reglamentaria y las actuaciones
serán inoficiosas, renglón seguido establece “salvo que, según su sana discreción, el
incumplimiento no constituya un obstáculo insalvable para la admisibilidad de la pretensión
recursiva”.

La diferencia con el certiorari negativo es que dicho poder discrecional fue otorgado
legalmente (Ley 23.774) en tanto aquí el certiorari positivo está habilitado en cabeza de la
Corte por la misma Corte que se atribuye la posibilidad de admitir la procedencia del
recurso cuando el incumplimiento no constituya un obstáculo insalvable.

Por último, el art. 12 establece que dicho régimen no se aplicará a los recursos
interpuestos in forma pauperis.

Esta excepción encuentra apoyatura en las mismas palabras de la Corte que emite la
Acordada “con arreglo a reiterados y conocidos precedentes” y, dichos recursos siempre
importaron una disminución de las exigencias formales y de fundamentación, según el
concepto desarrollado por la Corte en 1868(7).
La doctrina (8) al entrar en el análisis de la presente acordada pone de manifiesto posibles
enfrentamientos futuros entre lo dispuesto por la misma y la doctrina sentada en los
precedentes de la Corte, así por ejemplo surge el interrogante en torno a lo establecido en
el artículo 2 inc. f) (“…no se considerará ninguna cuestión que no haya sido incluida aquí)
¿qué ocurrirá con el control de constitucionalidad de oficio?; o bien cuando el artículo 11
determina que el no cumplimiento o cumplimiento deficiente implicará desestimar la
pretensión ¿se podrá rechazar la admisibilidad de un REF por excederse en la cantidad de
páginas o renglones fijados en el reglamento, o porque la cita del fallo es inexacta? ¿Y la
doctrina del exceso ritual manifiesto?. Se observa también que el reglamento no contempla
disposición alguna que se refiera a la arbitrariedad de sentencia y a la gravedad
institucional ¿se hará extensivo a ellas el reglamento?.

Por mi parte, considero un acierto la reglamentación analizada frente al colapso que vive
nuestro Máximo Tribunal fruto de los múltiples recursos que ingresan por arbitrariedad de
sentencia, gravedad institucional y los extensos escritos que elaboramos los profesionales.

Circunstancias como estas han llevado a desnaturalizar el Recurso Extraordinario Federal


e impedido a la Corte erigirse en una suerte de Corte Constitucional, cuando es evidente
que es el fin que persigue a través de esta acordada.

Coincido plenamente con la apreciación realizada por Walter F. Carnota (9) en tanto que la
minuciosidad de la reglamentación encarada que pauta la forma y contenido que debe
tener el memorial recursivo procura brindar un estándar uniforme a la presentación, facilitar
su lectura y acotar la jurisdicción de la Corte a la cuestión federal en si misma.

Además, esto llevará a la formación de abogados especialistas en la materia, quienes


contarán con un mayor tecnicismo que logrará convertir el actual círculo vicioso en
virtuoso, pues la Corte entenderá así en las cuestiones que son de su competencia y
resolverá en consecuencia en tiempo razonable.

Concluyo citando a Hughes (ex Presidente de la Corte Norteamericana) quien en su obra


“La Suprema Corte de Estados Unidos” dice que “la excesiva o desmesurada amplificación
de la jurisdicción de la Corte puede deparar un debilitamiento de su poder real”, es decir,
que hay una relación inversamente proporcional entre la amplitud de la competencia y la
magnitud del poder. Afirmando que “Tal vez el factor decisivo en la historia de la Corte de
los Estados Unidos es la reducción progresiva de su jurisdicción”.

Es requisito de procedencia del R.E. que el pronunciamiento apelado revista


el carácter de sentencia definitiva, entendiéndose por tal la que pone fin al
pleito o hace imposible su continuación, así como también la que causa un
gravamen de imposible o insuficiente reparación ulterior (CS - 23/7/81 -
"Madariaga Anchorena, Carlos J. c/ Gobierno Nacional y otro" - Fallos 303-
1040).

Si bien las decisiones recaídas en juicios ejecutivos y de apremio no


constituyen, en principio, sentencia definitiva, cabe hacer excepción cuando
resulta manifiesta de los autos la inexistencia de deuda exigible. (CS -
11/7/1996 - "Dirección Gral. Impositiva c/ Silberman S.A." - L.L. 1996-E, 13,
con nota de Paulina Albrecht.).

Si bien es cierto que las sentencias recaídas en juicios ejecutivos no son, en


principio, susceptibles de recurso extraordinario, por no revestir el carácter de
sentencias definitivas, ello no resulta óbice decisivo para invalidar lo resuelto
cuando el tribunal provocó con su decisión un agravio de imposible o
insuficiente reparación ulterior, lo que sucede al haberse frustrado la
interposición de defensa conducente -y admisible dentro de la limitada
cognición de proceso- de modo que la cuestión no podría hacerse valer
nuevamente en el juicio ordinario posterior. (CS - 30/4/1996 - "Creditar S.A.
c/ Carfagna, Daniel O." - L.L. 1996-E, 215).

La sentencia en un juicio de ejecución fiscal no es, en principio, definitiva a


los fines de la procedencia del recurso extraordinario. Como excepción a
dicha regla corresponde indicar los casos en los que el Fisco recurrente no
dispondrá de otra oportunidad para hacer valer sus derechos, siendo que el
agravio que le provoca afecta de manera directa al interés de la comunidad.
(CS - 2/11/1995 - "Estado Nacional -D.G.I.- c/ Cura, Graciela Argentina" -
Rep. L.L. 1996, Tº II, pag. 2032, nº 63).

Es equiparable a sentencia definitiva, a los fines del recurso extraordinario, la


resolución que ordena que el sumario administrativo instruido por el Banco
Central de la República Argentina contra quienes se desempeñaron como
consejeros y síndicos de la entidad financiera concursada sea evaluado por el
juez de la quiebra, pues el agravio que ocasiona a la autoridad monetaria, al
impedir ejercer las facultades que le otorgan los arts. 41 y 42 de la ley 21.526,
no podrá ser ulteriormente reparado. (CS - 13/2/1996 - "Rigo, Roberto A. en :
Jalil A. Fuhad c/ Banco Central s/ fuero de atracción en : Banco Boreal,
quiebra" - L.L. 1996-E, 107).

Las decisiones en materia de los llamados juicios políticos en la esfera


provincial, cuyo trámite se efectúa ante órganos ajenos a los poderes judiciales
locales, configuran una cuestión justiciable en la que le compete intervenir a
la Corte Suprema de Justicia por vía del recurso extraordinario cuando se
acredita la violación del debido proceso. (CJ San Juan - 26/12/1994 - "A.T.E.
San Juan; Secretario General Sanchez, Héctor" - E.D. 162-176).

Es equiparable a sentencia definitiva la decisión que rechazó "in limine" el


recurso interpuesto por el Ministerio de Cultura y Educación contra una
resolución del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires. (SC -
30/4/1996 - "Estado Nacional -Poder Ejecutivo- c/ Universidad de Buenos
Aires" - L.L. 1996-D, 90).
La calificación de una querella como calumniosa no constituye sentencia
definitiva en los términos del art. 14 de la ley 48, si la tutela de los derechos
constitucionales que se invocan se pueden hacer efectivos en otro proceso.
(CS - 28/4/1992 - "Ríos Seoane, Francisco" - L.L. 1992-D, 647, caso nº 8212).

En la medida en que la resolución recurrida remite la decisión de las


cuestiones referidas a la filiación y tenencia de la menor al fuero civil, el
recurso extraordinario no se dirige contra una sentencia definitiva o
equiparable a tal. (CS - 20/8/1991 - "A., L.J." - L.L.1992-A, 123).

No reviste carácter de sentencia definitiva, en los términos del art. 14 de la ley


48, la sentencia que confirma la declaración de incompetencia del Tribunal
Fiscal de la Nación, para resolver sobre la impugnación de la actora de una
resolución de la D.G.I., rechazando la transferencia a favor para el pago de
obligaciones tributarias, ya que se dejó a salvo el derecho de replantear su
disconformidad con el rechazo de la transferencia de su crédito por las vías
procesales pertinentes. (CNFed. Contenciosoadministrativo, Sala III -
22/10/1991 - "Forestal Futaleufú S.A." - L.L. 1992-C, 587).

Los arts. 14 de la ley 48 y 6º de la ley 4055 limitan la admisibilidad del


recurso extraordinario federal a las sentencias definitivas. La sentencia
interlocutoria no reviste el mencionado carácter toda vez que no dirime el
pleito ni impide al recurrente la tutela judicial de sus derechos ni priva al
interesado de una ulterior garantía jurisdiccional. (CNCiv. Sala F - 19/3/1984
- L.L. 1985-A, 606 [36.741-S]).

Las decisiones que deniegan el beneficio excarcelatorio, en tanto restringen la


libertad del imputado con anterioridad al fallo final de la causa, ocasionando
un perjuicio que podría resultar de imposible reparación ulterior, deben
equipararse a las sentencias definitivas en los términos del art. 14 de la ley 48,
de modo que resultan recurribles por vía del recurso extraordinario siempre
que además se encuentre involucrada en el caso alguna cuestión federal. (CS -
23/4/1983 - "Cacciatore, Osvaldo A." - L.L. 1985-C, 133).

Las decisiones recaídas en los juicios ejecutivos y de apremio no son, en


principio, susceptibles del recurso extraordinario intentado; pues no revisten el
carácter de sentencia definitiva en los términos del art. 14 de la ley 48,
recaudo que no obvia aunque se invoque arbitrariedad o violación de garantías
constitucionales en especial si la recurrente cuenta con la vía del juicio
ordinario para obtener el reconocimiento de sus derechos y no demuestra la
existencia de un gravamen de imposible o insuficiente reparación ulterior. (CS
- 10/4/1984 - "Banco de la Nación c/ Real, Armando y otra" - L.L. 1985-A,
623, caso nº 5353). (CS - 20/11/1984 - "Meckel S.A. c/ Dyksztein, Jose y
otro" - L.L. 1985-C, 660, caso nº 5451). (CS - 13/12/1984 - "Caja de
Seguridad Social para Odontólogos de la Provincia de Buenos Aires c/
Pochak, Clara " - L.L. 1985-C, 660, caso nº 5449).

Los pronunciamientos dictados en los interdictos posesorios, ya sea que los


admitan o los rechacen, no son, como principio, susceptibles de recurso
extraordinario, por no revestir el carácter de sentencias definitivas en los
términos del art. 14 de la ley 48, aunque se invoquen las cláusulas
constitucionales y la doctrina de arbitrariedad. (CS - 18/12/1984 - "Schulman,
Chain, suc. c/ Negrelli, Sebastián y otros" - L.L. 1985-C-660, Nº 5454).

No constituye la sentencia definitiva a que se refiere el art. 14 de la ley 48 la


decisión que ordenó la exclusión del hogar del demandado en un juicio de
divorcio, en razón del carácter cautelar y provisorio de la medida objeto de
dicho pronunciamiento. (CS - 12/4/1984 - "F. de B., M.E. c/ B.M." - L.L.
1985-A, 624, caso nº 5359)

Los pronunciamientos referentes a medidas cautelares, sea que las decreten,


levanten o modifiquen, no contituyen sentencia definitiva a los fines de la
apelación federal, y la invocación de haberse violado garantías
constitucionales o de ser arbitrario lo decidido al respecto, no suple la
ausencia del mencionado requisito cuando no ocurren circusntancias que
autoricen a hacer excepción a aquella regla general. (CS - 12/6/1984 -
"Garrido, Fernando C. c/ Mangiacavalli, Carlois J. y otros" - L.L. 1985-A,
623, caso nº 5357). (CS - 24/5/84 - "Milrud, Mario I. c/ The American Rubber
Co. S.R.L." - L.L. 1985-A, 623, caso nº 5358).

Debe dejarse sin efecto la sentencia que deniega un pedido de no innovar,


tendiente a impedir la celebración de las elecciones de delegados congresales
y de una asamblea nacional extraordinaria de éstos, en una asociación
profesional de trabajadores, dados los particulares caracteres que inviste un
proceso de este tipo, así como la gravitación que ejecen sobre él los órganos
de fiscalización, son indicio seguro para presumir que la eventual invalidez
que recaiga sobre alguno de los pasos ya cumplidos, sólo excepcionalmente
hará retroceder en términos suficientes el estado de cosas al momento anterior
al hecho descalificado, al cual, aun anulado, no ha de desconocérsele, en
principio, capacidad para determinar el futuro comportamiento de los sujetos
actuantes. (CS - 20/12/1984 - "Albornoz, Evaristo I. c/ Gobierno nacional -
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación" - L.L. 1985-B, 212).

Procede formalmente el recurso extraordinario contra la acordada 42/84 de la


Cámara Federal de Apelaciones, que en ejercicio de atribuciones conferidas
por el art. 10 de la ley 23.049, resolvió asumir el conocimiento del proceso
instruído hasta ese momento por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas
en cumplimiento del decreto 158/83 del Poder Ejecutivo Nacional. Ello así,
pues la condición de que exista sentencia definitiva, o decisión equiparable a
ella, que pueda ser objeto de la apelación reglada por el art. 14 de la ley 48, se
da en el caso, teniendo en cuenta la jurisprudencia de la Corte Suprema según
la cual lo decidido con anterioridad al pronunciamiento final del juicio reviste
aquél carácter cuando sella definitivamente la suerte de una pretensión hecha
valer en él. (C - 27/12/1984 - "Videla,Jorge R." - L.L. 1985-A, 360).

Las resoluciones que rechazan la recusación de los jueces de la causa no


constituyen la sentencia definitiva a que se refiere el art. 14 de la ley 48. (CS -
14/6/1984 - "Gobierno Nacional c/ N.N. y/u otro" - L.L. 1985-A-628, Nº
5388).

Es improcedente el remedio federal intentado contra pronunciamientos que


decretan nulidades de carácter procesal, pues ellos no constituyen sentencias
definitivas en los términos del art. 14 de la ley 48, ya que no ponen fin al
pleito ni hacen imposible su continuación ni causan un gravamen irreparable
al apelante, y la invocación de la tacha de arbitrariedad o de garantías
constitucionales no suple la ausencia de ese requisito propio de la apelación.
(CS - 10/5/1984 - "Moyano, Froilán c/ Issa de Jorge Saravia, Carmen y otro" -
L.L. 1985-A, 450).

La decisión que rechaza el pedido de caducidad de la instancia no constituye


sentencia definitiva en los términos del art. 14 de la ley 48, dado que la
necesidad de continuar actuando en el proceso no ocasiona perjuicio
irreparable ni resulta admisible el remedio federal para cubrir agravios futuros
e inciertos. Además la excepción admitida por la Corte Suprema a dicha
doctrina se refiere a juicios llegados por vía del recurso ordinario de apelación
en supuestos en que, a raíz de admitirse la caducidad, pudiera haberse operado
la prescripción de la acción correspondiente pero no es aplicable como cuando
en autos, lo recurrido es precisamente lo contrario, vale decir el rechazo de la
perención alegada.(CS - 19/6/1984 - "Compañía Swift de la Plata S.A." - L.L.
1985-A, 624, caso nº 5361).

Las decisiones que fijan el trámite que corresponde imprimir a la causa no


constituyen sentencias definitivas en los términos deel art. 14 de la ley 48. En
atención al carácter meramente hipotético que reviste el gravamen que alega
el apelante -posibilidad de condena- y el cual, de materializarse, resulta
recurrible en oportunidad de fallarse definitivamente la causa, el quejoso no
demuestra que la resolución impugnada le cause un perjuicio de imposible
reparación ulterior que justifique preterir la citada doctrina. (CS - 31/7/1984 -
"Massera, Eduardo E." - L.L. 1985-A, 597).

El art. 31 de la Constitución Nacional establece que: "Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su
consecuencia se dicten por el Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son la ley suprema de
la Nación ...". La finalidad esencial del recurso extraordinario es, precisamente, asegurar esa supremacía
de la Constitución, las leyes dictadas por el Congreso y los Tratados. El control constitucional es ejercido,
en principio, por el conjunto del Poder Judicial, es decir por todos los jueces de cualquier categoría y fuero,
ya que todos pueden interpretar y aplicar la Constitución y leyes de la Nación, cuando así corresponda en la
causas en las que les toque intervenir. Pero, en definitiva, será la Corte Suprema de la Nación quien tendrá
la interpretación final, a través de este recurso. El objetivo es, como ya se dijo, mantener la supremacía de
la Constitución Nacional y fijar, además, la interpretación que corresponde dar a sus cláusulas así como
también a las normas contenidas en las leyes federales y en los tratados celebrados con las naciones
extranjeras. Como señalan Fenochietto-Arazi: "Se impone, por tanto, mantener la supremacía de los
preceptos constitucionales y asegurar una uniforme interpretación de ellos. El medio para lograrlo es el
recurso extraordinario ante la CSJN, que permite a nuestro más alto tribunal una última y
única interpretación final de la Constitución Nacional". Decimos que se trata de un recurso
"extraordinario" en razón de lo restringido de su objeto, ya que sólo es admisible en los supuestos
establecidos en el art. 14 de la ley 48 (la actual admisión del recurso en aquellos casos de "sentencias
arbitrarias", si bien amplió los casos en los que se admite el mismo, no le ha hecho perder el carácter de
"extraordinario", ya que también en este supuesto sigue siendo sumamente restringida la intervención de
la Corte, que se limita a actuar en aquellos casos de gravedad extrema). Se trata, por otro lado, de
cuestiones "de derecho", quedando las cuestiones de hecho, en principio, excluidas del mismo (Más
adelante veremos algunas de las excepciones que puede reconocer este principio). De modo tal que la
jurisdicción de la Corte queda limitada a establecer la interpretación que corresponde dar a la cláusula
constitucional o legal involucrada, o a determinar si alguna ley o decreto resulta violatoria de la
Constitución, sin entrar en el análisis de las restantes cuestiones de la causa. Reiteramos que la admisión
de la doctrina de la "arbitrariedad" ha ampliado en cierto modo estos parámetros, pero en cualquier caso
no ha desnaturalizado el objetivo final del recurso, que es el de hacer privar la Constitución y los derechos y
garantías que de la misma derivan.
La Corte Suprema, a lo largo de innumerables fallos ha ido delineando los requisitos que debe llenar el
recurso extraordinario. La doctrina ha sistematizado esos recaudos agrupándolos en tres categorías:
requisitos comunes, requisitos propios y requisitos formales.

Requisitos comunes
Son aquellos requisitos que deben existir para la procedencia, en general, de cualquier recurso judicial: a)
Actuación anterior de un tribunal de justicia; b) Existencia de un juicio o proceso; c) Existencia de una
cuestión justiciable; d) Existencia de gravamen; e) Subsistencia de todos los requisitos al momento de
fallar. A) En primer término, se requiere que haya existido la actuación previa de un tribunal judicial. Es
decir que la sentencia que se impugna debe emanar de un órgano del Poder Judicial, sea nacional o
provincial. También se ha reconocido igual carácter a las sentencias de los tribunales superiores militares
(art. 6º, ley 4055). Excepcionalmente, puede proceder contra una resolución dictada por un funcionario
administrativo, en aquellos casos en que éste desempeñe funciones de naturaleza judicial, es decir, aquellas
que en el orden normal de las instituciones se encuentran encomendadas a los jueces. Esta posibilidad está
contemplada en el art. 257 del Código Procesal: "El recurso extraordinario se interpondrá por escrito ante
el juez, tribunal u organismo administrativo que dictó la resolución que lo motiva ...". Se encuentran
excluidas, en cambio, las resoluciones dictadas por los tribunales arbitrales, cuando esta jurisdicción ha
sido libremente pactada por las partes (Fallos 302-1280). B) La sentencia impugnada debe haber sido
dictada como culminación de un "juicio" o "proceso". Es decir, "debe ser consecuencia de una actividad
jurisdiccional, producto de una contienda entre justiciables; cuestión instruida y decidida de conformidad
con las reglas fijadas en los ordenamientos procesales" (Fenochietto-Arazi). C) Debe tratarse de una
"cuestión justiciable", es decir aquélla que en el orden normal de las instituciones corresponde decidir a los
jueces en el ejercicio de su específica función judicial. Quedan así excluidas aquellas cuestiones cuya
decisión corresponde a otros poderes del Estado (celebrar tratados de límites; fijar el valor de la moneda;
cuestiones concernientes a la promoción y calificación del personal militar; decisiones de las Universidades
en el orden disciplinario, administrativo o docente; etc.). Tampoco se consideran cuestiones justiciables las
"consultas" y las "resoluciones normativas de carácter general". Queda excluido, asimismo, el análisis de
cuestiones académicas o abstractas. D) La sentencia que se impugna debe causar gravamenal apelante y el
mismo debe ser actual, no siendo suficiente la alegación de un perjuicio hipotético o potencial. E)
Finalmente, todos estos recaudos (en particular el gravamen o perjuicio) deben persistir al momento en
que la Corte debe dictar sentencia. De lo contrario se caería en lo que se ha definido como "actuación
inoficiosa". Es decir que, por ej., si la norma cuestionada como inconstitucional ha sido derogada para ese
entonces, la Corte no debe expedirse. Del mismo modo si la ley cuestionada suspendía los derechos del
justiciable por un determinado lapso de tiempo y el mismo se ha cumplido con anterioridad al dictado del
fallo. O si el arresto impugnado ha cesado antes de la sentencia (Fallos 303-543). Como ya señaláramos
precedentemente, están excluidas del recurso las "declaraciones abstractas", de allí que el gravamen o
perjuicio deba existir y mantenerse al momento de dictar sentencia.

Requisitos propios
Son los requisitos específicos del recurso extraordinario: A) Existencia de cuestión federal; B) Relación
directa e inmediata de la cuestión federal con la cuestión debatida; C) Decisión contraria al derecho federal
invocado; D) El recurso debe estar interpuesto contra una sentencia definitiva; E) Dicha sentencia debe
haber sido dictada por el superior tribunal de la causa. A) El primer requisito para la procedencia del
recurso es que en el caso se encuentre en debate una "cuestión federal". Se considera cuestión federal
aquella que versa sobre la interpretación de la Constitución, leyes federales, tratados o actos federales de
autoridades nacionales, así como también los conflictos que puedan surgir entre la Constitución Nacional y
leyes nacionales o provinciales, o conflictos entre normas nacionales o locales con respecto a otra norma
federal preeminente. Como principio, se trata de cuestiones de derecho. Excepcionalmente, puede entrarse
en el análisis de los hechos de la causa, cuando éstos están íntimamente vinculados a la cuestión federal y
la misma no puede ser resuelta en forma independiente. Otra excepción está dada por los casos de
"sentencias arbitrarias" como veremos más adelante. De modo tal que si en la causa se discuten sólo
cuestiones de hecho, o el resultado del pleito puede ser decidido en base a normas locales o de derecho
común, la cuestión es ajena al recurso federal. Existen tres clases de cuestiones federales: "Simples";
"Complejas directas" y "Complejas indirectas". Cuestión federal simple: Es aquella que versa sobre
la inteligencia de alguna cláusula de la Constitución Nacional, o de leyes federales, tratados o de
una autoridad o comisión ejercida en nombre de la Nación (ley 48, art. 14, incs. 3º y 1º). Nos encontramos
así en el terreno de la interpretación o la determinación del alcance que corresponde dar a una
determinada norma, sin que exista en el caso conflicto entre distintas normas. Si bien el art. 14 de la ley 48
habla de la interpretación de una "ley del Congreso", corresponde aclarar que no todas las leyes
sancionadas por el mismo revisten el carácter de "federales". Sólo la interpretación de éstas últimas
habilita la instancia extraordinaria. Cabe recordar que el Congreso puede sancionar tres tipos diferentes de
leyes: a) Las "comunes", es decir los códigos Civil, Comercial, Penal, de Minería y del Trabajo y Seguridad
Social (art. 75, inc. 12 C.N. -antes: art. 67, inc. 11-), así como las leyes que integran, modifican o amplían el
contenido de los mismos. Por lo tanto, las cuestiones regidas por estos códigos o sus leyes
complementarias quedan excluidas del recurso federal. b) Leyes "locales" , o sea aquellas que fueron
sancionadas para ser aplicadas en el territorio de la Capital Federal (art.75, inc. 30 -antes: art. 67, inc. 14-),
así como también las que en su oportunidad se dictaron para el Territorio Nacional de Tierra del
Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, también ajenas al recurso extraordinario. c) Leyes "federales"
que serían, por exclusión, las restantes leyes dictadas por el Congreso. Sólo la interpretación de este último
tipo habilita la apertura del recurso. La reglamentación que se efectúe de las mismas habilita también la
instancia. También la interpretación de las normas contenidas en los tratados internacionales es cuestión
federal. En cierto momento la Corte Suprema hizo excepción a tal principio cuando éstos trataban materias
propias del derecho "común" (cuestiones civiles, comerciales, procesales, etc.), pero tal posición ha sido
abandonada en la actualidad, considerándose que la interpretación de los tratados internacionales siempre
suscita cuestión federal (LL 1996-C, 501).
Por último, también existirá cuestión federal simple cuando se trate de la interpretación de actos no
normativos emanados de autoridades federales mediante los cuales se constituye, reconoce, modifica o
extingue algún derecho (según los términos del art. 14, ley 48, cuando se trate de "autoridad ejercida en
nombre de la Nación" o "comisión ejercida en nombre de la autoridad nacional"). La doctrina incluye
dentro de este supuesto la interpretación de las propias sentencias dictadas por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación (Palacio; Fassi-Yañez). Cuestión federal compleja directa. Se presenta en aquellos
casos en que una norma o acto (sea nacional o provincial) es cuestionada por ser contraria a la
Constitución Nacional. Dentro de este supuesto cabe distinguir los casos según que la norma impugnada
sea o no federal. En el primer supuesto la Corte debe efectuar la interpretación de la norma cuestionada y
decidir si la misma es incompatible con la cláusula constitucional. Si existe posibilidad de armonizar
ambas normas a través de una exégesis razonable, no se declarará la inconstitucionalidad. En cambio,
cuando se trata de normas no federales, la Corte debe atenerse a la interpretación que de las mismas hayan
hecho los tribunales locales, debiendo resolver solamente si esa interpretación es o no compatible con el
precepto constitucional invocado (Palacio). Cuestión federal compleja indirecta. En este caso debe
resolverse la inconstitucionalidad de una norma por ser incompatible con otra que, conforme el art. 31 de
la Constitución, tenga carácter preeminente. Por ej., conflicto entre una ley provincial y una ley federal. B)
El segundo de los requisitos propios del recurso extraordinario exige que la cuestión federal planteada
tenga relación directa e inmediata con el tema debatido en la causa. Es decir, que la misma no pueda
fallarse sin resolver dicha cuestión federal. Por lo tanto, no basta la mera invocación de cláusulas
constitucionales o normas federales, si la decisión del caso no depende específicamente de la
interpretación que se les dé a las mismas, pudiendo ser resuelto conforme normas de derecho común o
local. El art. 15 de la ley 48, específicamente establece: "Cuando se entable el recurso de apelación que
autoriza el artículo anterior, deberá deducirse la queja con arreglo a lo prescripto en él, de tal modo que
su fundamentoaparezca de los autos y tenga una relación directa e inmediata a las cuestiones de
validez de los artículos de la Constitución, leyes, tratados o comisiones en disputa, ... ". Corresponde al
recurrente, por lo tanto, demostrar claramente la relación existente entre la materia del juicio y la cuestión
federal invocada. C) El tercer requisito dispone que la resolución cuestionada haya sido contraria al
derecho federal invocado. Es decir, que se haya declarado la invalidez de un tratado, o de una ley o
autoridad nacional en la que el peticionante fundaba su derecho (art. 14, inc. 1º). O que la interpretación
dada a alguna cláusula de la Constitución o de un tratado o ley federal haya sido contraria a la validez del
título, derecho, privilegio o exención fundado en dicha cláusula (art. 14, inc. 3º). Por último, en los casos de
conflictos entre una ley o autoridad provincial y la Constitución o la legislación federal, será procedente el
recurso si la decisión fuera a favor de la validez de la ley o autoridad provincial (art. 14, inc. 2º), pero no en
el caso contrario. D) La resolución cuestionada debe ser una sentencia definitiva. Se consideran tales
aquellas que ponen fin a la litis o las que impiden su continuación. También las que causan agravios de
imposible o insuficiente reparación ulterior (Fallos 303-1040). No encuadran en esta categoría aquellas
resoluciones que sólo tienen carácter de cosa juzgada formal, como las sentencias dictadas en casos
de alimentos o en juicios ejecutivos (excepto en lo referente a aquellas cuestiones que ya no pueden ser
materia del juicio ordinario posterior). Tampoco habilitan la instancia extraordinaria las sentencias
referentes a medidas cautelares, o las que resuelven incidentes o las que declaran la caducidad de la
instancia. E) El último requisito es que la decisión recurrida haya sido dictada por el superior tribunal de
la causa, entendiéndose por tal a aquél cuyo fallo es insusceptible de ser revisado por otro tribunal en el
orden local (Palacio). En tal sentido dispone el art. 14 de la ley 48: " ... sólo podrá apelarse a la Corte
Suprema de las sentencias definitivas pronunciadas por los tribunales superiores de provincia en los casos
siguientes ...". La Corte Suprema en el caso "Strada, Juan" definió con precisión el concepto: "Tribunal
superior de provincia, según el art. 14 de la ley 48, es el órgano judicial erigido como supremo por la
Constitución de la provincia, salvo que sea incompetente en el caso, circunstancia que no podrá extraerse
del carácter constitucional federal de la materia que aquél suscite. En los supuestos en que por razones
diversas de esta última naturaleza, el órgano judicial máximo de la provincia carezca de aptitud
jurisdiccional, aquella calidad la tendrá en cuenta el tribunal inferior habilitado para resolver el litigio por
una sentencia que, dentro del régimen procesal respectivo, no sea susceptible de ser revisada por otro o,
incluso, por el mismo. Consecuentemente, los litigantes deben alcanzar a ese término final, mediante la
consunción, en la forma pertinente, de las instancias locales, a efectos de satisfacer el recaudo examinado
(...) Cuando las partes consideren que las vías previas previstas en el ordenamiento local quedan, para el
caso concreto, terminadas con la intervención de las instancias inferiores de la justicia provincial, deberán
exponer las razones pertinentes al interponer el recurso extraordinario federal, cuya concesión o
denegación habrá de fundamentar, también en este aspecto, el tribunal de la causa".

Requisitos de forma, tiempo y lugar


El recurso extraordinario debe ser interpuesto por escrito ante el juez, tribunal u organismo administrativo
que dictó la resolución que lo motiva, dentro del plazo de diez días contados desde la notificación. El
escrito de interposición deberá fundarse en los términos prescriptos en el art. 15 de la ley 48 (art. 257,
Código Procesal). La cuestión federal debe haber sido introducida oportunamente en el pleito. Esto quiere
decir que el planteo constitucional debe haberse efectuado en la primera oportunidad posible.
Normalmente esto sucede en los escritos iniciales del proceso (demanda, reconvención y contestación de
ambas). Si la cuestión federal surgiera en el trámite del juicio, deberá plantearse en la primera oportunidad
procesal válida (habitualmente en los alegatos o en la expresión de agravios contra la sentencia de primera
instancia). La introducción de la misma debe ser clara y en términos inequívocos. Debe, además, fundarse
la relación existente entre la misma y el tema en debate en el pleito. No sólo debe ser introducida
oportunamente, sino que debe ser mantenida expresamente en todas las instancias del juicio. El
fundamento de este requerimiento está dado por la necesidad de brindar la oportunidad a los jueces de la
causa de expedirse sobre la cuestión federal en debate. Se ha dicho, así, que "la cuestión federal debe ser
planteada en la primera oportunidad posible y sostenida en todas las instancias, desde que tanto la
aceptación como el rechazo de las pretensiones debatidas en juicio, constituyen hechos previsibles. La
finalidad de tal reserva es conferir a los jueces de la causa oportunidad para ponderar la cuestión y juzgar
la relación existente en su posible dimensión y el derecho constitucional cuya eventual valoración se
invoca" (LL 1992-E, 502). Sólo sería admisible la cuestión federal introducida en el mismo escrito de
interposición del recurso extraordinario, en el caso de tratarse de una sentencia definitiva "arbitraria", ya
que tal circunstancia no sería previsible. Pero la arbitrariedad debería surgir de esta última sentencia, ya
que si la misma sólo se remitiera a los argumentos de la de primera instancia confirmándola, la
introducción de la cuestión federal resultaría tardía. El escrito en que se interpone el recurso debe
estar fundado, debiendo ser autónomo. Esto quiere decir que debe bastarse a sí mismo, sin efectuar
remisiones a otros escritos u otras constancias del juicio.
En suma, debe contener el examen de todos los elementos necesarios para poder determinar la
procedencia del recurso. Tres pautas esenciales ha establecido la Corte Suprema para delinear este carácter
autónomo del escrito de apelación: a) debe contener un relato de los hechos relevantes de la causa; b) debe
efectuar mención precisa de las cuestiones federales en debate y de su vinculación con el resultado de la
causa; c) debe efectuar una crítica concreta y razonada de todos los argumentos utilizados en la sentencia
cuestionada. Debe, además, incorporar todos los elementos que permitan determinar la admisibilidad y
procedencia del recurso, como ya dijeramos antes. Deberá, por lo tanto, justificar: personería del apelante;
existencia deinterés jurídico concreto en el mismo; oportuna introducción de la cuestión
federal; mantenimiento de la misma en todas las instancias; que se está impugnando una sentencia
definitiva emitida por el superior tribunal de la causa; cumplimiento de los plazos procesales. Otro
requisito es que el recurso sea interpuesto en forma incondicional. Ha sido rechazado cuando se lo ha
interpuesto en forma condicional o subsidiaria en relación al resultado de otro recurso. El plazo de
presentación reviste carácter perentorio y no se interrumpe ni suspende por la deducción de
otros recursosdeclarados inadmisibles (Fallos 303-1146). El plazo de gracia establecido en el art. 124,
3º párrafo del Código Procesal, es también aplicable al recurso extraordinario.
Trámite
El art. 257 del Código Procesal Nacional establece que del escrito en que se interpuso el recurso
extraordinario se dará traslado a las partes interesadas por diez días. Dicho traslado debe ser notificado
personalmente o por cédula. Es decir, que la sustanciación del recurso se efectúa ante el mismo tribunal
que dictó la sentencia recurrida. Dicho tribunal, una vez contestado el traslado o vencido el plazo para
hacerlo deberá expedirse sobre la admisibilidad del recurso. Si lo concede, la resolución respectiva debe
notificarse a las partes por cédula o personalmente y, dentro de los cinco días de la última notificación,
debe remitir los antecedentes a la Corte Suprema (art. 257, Cód. Proc.). La recepción del expediente por la
Corte implicará el llamamiento de autos (art. 280, Cód. Proc.). Una vez analizada por la Corte la
admisibilidad del recurso (es decir, si ha sido bien concedido por el tribunal a quo), corresponde expedirse
sobre el fondo del recurso. Si estima que el mismo no es procedente, confirmará la sentencia recurrida. En
aquellos casos en que su decisión revoque el fallo impugnado, puede la Corte efectuar una declaración
sobre la forma de resolver el punto cuestionado y devolver (reenviar) la causa a fin de que se pronuncie
nueva sentencia, o puede directamente dictar el fallo correspondiente, expidiéndose sobre el fondo de las
cuestiones planteadas (art. 16, ley 48). Obviamente, en este último supuesto no hay reenvío de la causa. La
ley 23.774 introdujo una modificación en el art. 280 del Código Procesal, en virtud de la cual la Corte
podrá, según su sana discreción, y con la sola invocación de dicha norma, rechazar el recurso
extraordinario por falta de agravio federal suficiente o cuando las cuestiones planteadas resultaren
insustanciales o carentes de trascendencia.
QUEJA

Si la presentación del recurso extraordinario fuera rechazada por el superior tribunal de la causa, el
interesado podrá recurrir directamente en queja ante la Corte Suprema. El plazo para presentar la misma
es de cinco días, con la ampliación que corresponda por razón de la distancia, de acuerdo con lo dispuesto
en el art. 158 del Cód. Procesal (arts. 285 y 282, 2º párrafo, C.P.). La queja debe presentarse por escrito y,
nuevamente, se requiere que la misma cuente con fundamentación autónoma, es decir que debe bastarse a
sí misma. Por lo tanto, deberá efectuarse un relato sucinto de los hechos de la causa, enunciar la cuestión
federal involucrada en el caso y su vinculación con el resultado del pleito, así como la crítica razonada de la
sentencia dictada y de los argumentos en que se basó la denegación del recurso extraordinario. Deberá,
además, efectuarse un depósito en el banco de depósitos judiciales a la orden de la Corte Suprema de
Justicia (art. 286, C.P.). Si el recurrente omitiere este depósito o lo efectuare en forma insuficiente, se le
hará saber que debe integrarlo en el plazo de cinco días. En caso de incumplimiento la queja será
desestimada. La Corte podrá rechazar la queja sin más trámite, exigir la presentación de copias o, si fuera
necesaria, la remisión del expediente (art. 285, C.P.). Dicho artículo habilita también a la Corte a rechazar
el recurso en los supuestos y forma previstos en el art. 280, párrafo segundo del Código Procesal ("... según
su sana discreción, y con la sola invocación de esta norma, podrá rechazar el recurso extraordinario, por
falta de agravio federal suficiente o cuando las cuestiones planteadas resultaren insuficientes o carentes de
trascendencia"). En el supuesto de que la queja fuere declarada procedente y se revocare la sentencia, será
de aplicación el art. 16 de la ley 48 (art. 285, C.P.), es decir, que puede la Corte efectuar una declaratoria
sobre el punto disputado y devolver la causa para que se dicte nueva sentencia o, directamente, resolver el
fondo del asunto. Declarada admisible la queja, el depósito efectuado será devuelto al interesado. Si fuere
desestimada o si se declarase la caducidad de instancia, el depósito se perderá y las sumas así recaudadas
serán destinadas a la dotación de las bibliotecas de los tribunales nacionales de todo el país (art. 287, C.P.).
VI - SENTENCIAS ARBITRARIAS
Los supuestos enumerados en los tres incisos del art. 14 de la ley 48 no cubren todos los casos en que la
Corte Suprema puede habilitar la instancia extraordinaria. A través de los años este Tribunal ha efectuado
el desarrollo pretoriano de la teoría de las "sentencias arbitrarias". La Corte ha ampliado el marco de este
recurso, creando un ámbito de excepción. Ha quedado definido, de este modo, un ámbito "normal" de
aplicación del recurso (supuestos del art. 14 de la ley 48) y un ámbito "excepcional", constituido por
aquellos casos en los que nos encontramos ante una sentencia arbitraria (Carrió-Carrió). Y en este
ámbito excepcional, puede la Corte entrar en la revisión de una serie de cuestiones que en el
ámbito normal están vedadas (cuestiones de hecho o de prueba, cuestiones regidas por el derecho común o
local, etc.). No se ha logrado hasta ahora dar una definición de sentencia arbitrariaabarcadora de todos los
supuestos posibles. En líneas generales cabe consignar que son aquellas sentencias que presentan defectos
de tal gravedad y entidad, que no pueden ser calificadas genuinamente como sentencias, aunque hayan
sido suscriptas por un juez o tribunal. Como ha dicho la Corte Suprema son aquéllas que presentan
"omisiones y desaciertos de gravedad extrema en que, a causa de ellos, las sentencias quedan descalificadas
como actos judiciales" (Fallos 302-1191). Se requiere, en general, un apartamiento inequívoco de la
solución normativa prevista para el caso o una decisiva carencia de fundamentación (Fallos 300-535). Se
ha señalado (Carrió-Carrió), que esta extensión del ámbito de aplicación del recurso extraordinario tiene
los siguientes fundamentos constitucionales:
1) La garantía de la propiedad. Atento disponer el art. 17 de la Constitución Nacional que ningún habitante
de la Nación podrá ser privado de su propiedad sin una sentencia fundada en ley, se ha decidido que no se
cumple con este requisito si la supuesta "sentencia" está simplemente fundada en la voluntad del juez.
2) Adecuado servicio de administración de justicia y 3) Garantía de la defensa en juicio (art. 18 CN). No se
cumpliría con estos imperativos constitucionales si no se corrigieran aquellas sentencias que presentan
gruesas anomalías, pronunciamientos que no satisfacen los requerimientos mínimos del debido proceso e
importan, por ello, una frustración de la garantía de la defensa en juicio. De todos modos, no debe
olvidarse que esta extensión del ámbito de aplicación del recurso extraordinario tiene
carácter excepcional y absolutamente restringido. No se ha creado una tercera instancia normal, ni se
revisan por este medio los errores que puedan presentar las sentencias, ni las divergencias del apelante con
la doctrina sentada en las mismas. Siempre sigue siendo el ámbito del recurso extraordinario, un ámbito de
excepción, donde deben encontrarse en peligro la vigencia de los principios constitucionales o donde sea
estrictamente necesario uniformar la interpretación dada a los mismos.
CAUSALES: Diversos son los supuestos en los que la Corte ha aplicado el concepto de sentencia arbitraria.
Veremos algunas de las causales de mayor importancia: Omitir pronunciarse sobre cuestiones
oportunamente planteadas: En principio, la determinación de las cuestiones comprendidas en la litis y
el alcance de las peticiones de las partes, es materia de derecho común reservada a los jueces de la causa.
Sin embargo, la Corte ha descalificado aquellas sentencias en las que se omitió toda consideración sobre
cuestiones oportunamente planteadas por las partes yconducentes para la solución del litigio. Se ha dicho,
así, que "si bien los magistrados ordinarios no se encuentran obligados a analizar pormenorizadamente
todas las articulaciones de las partes, deben dar cuenta de las razones por las que no lo hacen cuando ellas,
prima facie, son aptas para variar el resultado del juicio. Y si tales requisitos no aparecen cumplidos por el
a quo respecto de las defensas cuya omisión de tratamiento se le imputa, no obstante que es manifiesto que
tales cuestiones revestían importancia decisiva para el pronunciamiento, es procedente el recurso
extraordinario interpuesto" (ED 99-283). "Las sentencias que omiten considerar y decidir cuestiones
oportunamente propuestas por las partes y conducentes para la solución del litigio carecen de validez como
actos jurisdiccionales y deben ser dejadas sin efecto" (Fallos 303-944). Omitir la consideración
de pruebas decisivas para la solución del pleito: Las cuestiones referentes a la selección de las
pruebas y su interpretación y evaluación por los jueces son, por principio, ajenas a la órbita del recurso
extraordinario. Sin embargo, el mismo ha sido considerado viable en aquellos supuestos en que se ha
omitido toda consideración sobre pruebas evidentemente decisivas para la solución del caso, o cuando se
las ha interpretado de manera caprichosa. Por ejemplo, se ha hecho excepción a la regla general cuando se
ha prescindido de la casi totalidad de las declaraciones de los testigos del hecho y se ha tomado, aislada y
parcialmente, sin dar razón alguna, los dichos de uno de ellos (LL 1992-C, 589, nº 7774). O cuando se ha
omitido valorar un peritaje médico sin expresar concretamente las razones que autorizaron
esa actitud frente a la seriedad del informe y su incidencia en la solución de la causa (LL 1981-A, 510, nº
5001). También cuando la sentencia ha descalificado toda la prueba testimonial en virtud de las
contradicciones en que incurrió uno de los testigos, omitiendo analizar los dichos coincidentes de otros
cuatro testigos (Fallos 304-1097). El apelante no sólo debe enunciar cuáles han sido las pruebas cuyo
análisis se omitió, sino que también deberá acreditar la aptitud de las mismas para modificar el resultado
del pleito.
Prescindir del texto legal aplicable: También han sido revocadas, por arbitrarias, sentencias que
omitían aplicar la norma jurídica que obviamente regía el caso, sin dar al respecto razón valedera alguna.
Se ha presentado con alguna frecuencia en casos de regulación de honorarios, donde se prescindió de
aplicar las reglas del arancel respectivo, sin dar fundamento alguno. También se han dado casos en los que
las sentencias revocadas habían efectuado una interpretación que equivalía, en los hechos, a la
prescindencia del texto legal, sin que hubiera mediado debate y declaración de inconstitucionalidad. Se
dijo que la exégesis de la norma, aún con la finalidad de adecuarla a los principios y garantías
constitucionales, debe practicarse sin violencia de su letra y de su espíritu (LL 1986-A, 366).
Fundamentación dogmática o sólo aparente: Reiteradamente ha señalado la Corte que las
sentencias deben ser fundadas, es decir que deben ser una derivación razonada del derecho vigente, con
relación a los hechos comprobados de la causa, y no un producto de la mera voluntad del juez. Han sido
descalificadas, por lo tanto, aquellas sentencias en que no se efectúa un concreto análisis del derecho
aplicable y de las constancias probatorias de la causa, limitándose el sentenciante a dar alguna pauta
meramente dogmática para fundar el fallo. También se ha dicho que, en estos casos, las sentencias sólo
cuentan con fundamentación aparente. Así, se dejó sin efecto un fallo en cuanto determinó las
indemnizaciones de cada uno de los accionantes basado sólo en la afirmación dogmática de que se
calcularon teniendo en cuenta las circunstancias personales de cada actor de acuerdo a las cartaspoderes
obrantes en autos, sin dar ninguna otra razón de por qué se llegó a cada una de las sumas estimadas como
resarcitorias del daño acústico causado (Fallos 304-269). Es condición de validez de las sentencias
judiciales que ellas sean fundadas y que constituyan, por tanto, derivación razonada del derecho aplicable,
con referencia a los hechos comprobados de la causa, exigencia que no cumple el fallo impugnado en
cuanto se apoya en una afirmación dogmática para resolver un punto controvertido de derecho, sin
analizar las circunstancias concretas del caso y las específicas de la legislación aplicables ni las
argumentaciones de los afectados por las medidas impugnadas. ( LL 1980-A, 641 [35.410-S] ). Otras
causales: Han sido consideradas sentencias arbitrarias, también, aquellas que se pronuncian sobre
cuestiones no planteadas; o cuando los jueces se arrogan el papel de legisladores; cuando se fundan en
normas derogadas o no vigentes; cuando invocan prueba inexistente; cuando son auto-contradictorias;
cuando incurren en excesos rituales; etc.
La sentencia, en el derecho procesal civil, es un acto del juez, mediante el cual se concede o no lo
solicitado en la demanda. La sentencia es la terminación normal del proceso, que se producen en la fase
final.

La sentencia del juez se caracteriza por dos cosas, es acto del juez, de su voluntad y también
es manifestación del pensamiento del juez sobre los hechos que se le plantean. Hay que tomar
la base de la sentencia a raíz de ambas características, ya que en realidad es ambas cosas, es
tanto acto de voluntad como acto de pensamiento, ya que el juez emite la sentencia por el
Estado, es decir, es la voz de la ley a la hora de declarar las sentencias. Sin embargo, la
sentencia es diferente de cualquier orden del Estado, las principales diferencias son, los
caracteres de la ejecución de la sentencia y cosa juzgada. Se regula en los Art. 434 a Art.
517 LEC.
Son sentencias las que deciden la pretensión que se ha planteado en el pleito, sea en primera
o segunda instancia.

- Existen diversos tipos de sentencia que son:


a) Estimatoria o desestimatoria: no se debe distinguir entre la sentencia estimatoria o no, ya
que, las sentencias son respuesta a una pretensión que se le plantea, es un acto del juez en el
que se absuelve o se condena al demandado (Art. 218 LEC) . Se habla sin embargo de
estimatorias o no, dependiendo del resultado al que se llegue para cada parte del proceso.
b) Definitiva o firme: Art. 207 ,Art. 245 Ley de Enjuiciamiento Civil. Se diferencia entre la
sentencia firme y la definitiva porque, la firme es la que no admite ningún tipo de recurso contra
ella, ponen fin a la primera instancia deciden los recursos interpuestos frente a ellas. Y por otro
lado la sentencia definitiva es aquélla contra la que no cabe recurso alguno bien por no
preverlo la ley, bien porque, estando previsto, ha transcurrido el plazo legalmente fijado sin que
ninguna de las partes lo haya presentado.
c) Declarativa y de condena: la sentencia declarativa es la que consigue seguridad y certeza,
reconoce una situación, mientras que la de condena es la que hace posible que se pueda
ejecutar una actividad condenatoria.
Debido a la existencia de las sentencias condenatorias, se permite que en las sentencias se
establezcan las bases para la ejecución de la pena o el pago de la condena.
d) Declarativas, constitutivas y ejecutivas: serán de uno u de otro tipo dependiendo de la
pretensión que se trate en el proceso.

- Características de la sentencia:
1. La sentencia es acto final, que pone fin al proceso. Su forma está condicionada por el
proceso del que se trate, es decir, dependerá del contenido, la demanda y el tipo de proceso
del que se trate, por tanto, es correlativa a la demanda.
2. Es congruente, éste es el principal carácter de la sentencia. La congruencia, (Art. 218 LEC),
significa que es necesario que el juez resuelva el proceso sobre lo que se le ha solicitado, es
decir debe tratar, sobre lo que se ha solicitado en la demanda. Esto tiene su base en que, la
sentencia debe basarse siempre en lo que en la demanda se pida, no puede extralimitarse de
lo que se le haya solicitado y por otra parte, a su vez, una sentencia debe tratar sobre lo que se
ha pedido en la demanda, sobre todo aquello que se ha expuesto en la demanda y no puede
dejar nada de lo que se le solicite sin resolver. En ese caso, se podría producir el silencio
judicial, lo que supondría una negación del derecho a obtener protección jurídica, la cual viene
consagrada constitucionalmente en el Art. 24 de nuestra norma suprema.
3. Es precisa, ya que debe ser concreta sobre los hechos que se le han cuestionado, los
cuales deben obtener con la sentencia una respuesta firme.
4. Y se caracteriza por la claridad, ya que, debe ser la sentencia expuesta de forma sencilla y
con que todos puedan entenderla. Debe ser además de esta forma para no causar
incertidumbre ni confusión, sino todo lo contrario.

- La motivación de la sentencia:
Una sentencia es un juicio lógico, por lo que tiene que tener una explicación lo
suficientemente fuerte en la que apoyarse. En el Art. 102 CE, se establece que la sentencia
debe ser lo suficientemente motivada. El juez de esta forma queda sometido a la Ley, (Art.
117 CE) ya que debe emitir las sentencias tal y como se le exige en ésta y debe hacerse para
garantizar la seguridad jurídica. Según el Tribunal Constitucional, las sentencias que sean
arbitrarias, irrazonables, afectan al derecho a obtener una sentencia fundamentada en el
derecho.
La motivación consiste en encuadrar el hecho en el derecho correspondiente, es decir,
hacer una explicación de los hechos que han ocurrido desde dentro del derecho. Esta
explicación se hace, cogiendo de una norma el supuesto de hecho, aplicándolo al supuesto del
caso y determinando a continuación la consecuencia jurídica.
La operación de la motivación es bastante complicada, ya que el juez debe hacer una
actividad mental sobre la justificación y la aplicación de una norma, algo que no siempre es
sencillo, ya que, a veces no es sencillo encontrarla o porque, no siempre se empieza por la
exposición del hecho y después la consecuencia, a veces es al revés. También debe el juez
fijarse en los antecedentes, otro ejemplos de sentencias, la doctrina, etc. Una labor muy amplia
que hace complejo el establecimiento de la sentencia.
Para hacer esta actividad de motivación de la sentencia, el juez debe:
1. Hacerlo correlativamente a lo que se le pide en el supuesto, es decir, solamente aplicará el
derecho que se le pide y no el que él crea conveniente.
2. En caso de que se le pida la aplicación de un derecho que no está en la obligación de
saberlo, entonces lo único que debe hacer es, determinar la existencia de ese
derecho simplemente, pero no tiene que entrar a conocerlo.
3. Puede que, en la norma jurídica que debe aplicar, no se determine concretamente cuál es la
consecuencia, por ello, puede que, el juez sea el que deba elegir la consecuencia. Para esta
actividad deberá seguir los principios de equidad, conveniencia y oportunidad.
Una vez hechos estos pasos, se hará el encuadre de los hechos en la norma y se dará una
explicación, lo extensa que se necesite para que quede los suficientemente claro y conciso.
En caso de falta de motivación de la decisión del juez, la sentencia se considerará
arbitraria, ya que no estará razonada tal y como exige la Ley, es decir, estará irrazonada. Se
deben cumplir los pasos que se han explicado, si se salta alguno de ellos no se podrá
considerar una sentencia razonada, se considerará contraria a la Constitución. Lo que se
pretende con esto es que se evite que se emitan sentencias que no sean motivadas, es decir,
se restringe en parte la arbitrariedad de los jueces para que se sometan a la legalidad.

- La estructura de la sentencia:
La estructura de la sentencia se determina el Art. 248, según éste se establece que, las
sentencias se formularán con un encabezamiento, párrafos separados y numerados en los
que se determinarán, los antecedentes de hecho, los hechos probados y los fundamentos
de derecho. Finalmente se establecerá el fallo y la firma del juez, magistrado o magistrados
que las dicten. Se desarrolla la estructura en el Art. 209 y siguientes de la LEC.
1. En el encabezamiento se debe expresar, el lugar y la fecha en la que se ha dictado, el
nombre del juez, los nombres domicilios y profesiones de las partes y los nombres de los
procuradores y letrados que hayan intervenido (Art. 208,Art. 209).
2. Los antecedentes de hecho deben narrarse tal y como han acontecido, los pasos que han
ocurrido para que se formara el objeto del proceso. Debe además indicarse qué hechos se
tienen por probados y los motivos.
3. Los fundamentos de derecho se expresarán también en párrafos separados expresando la
causa por la que se aplican esas normas. Se concreta el hecho dentro de las normas que se
aplican (Art. 209).
4. El fallo, en el que se explicará todo aquello que sea necesario para que la sentencia
esté lo suficientemente motivada, explicada y justificada. En caso de ser una sentencia de
condena se establecerá con concreción cual es dicha condena, por ejemplo si la condena es
de pagar una cantidad de dinero, se explicará perfectamente la cantidad y la forma de pago, la
persona a la que se debe pagar, el lugar, el plazo de tiempo, etc. Se determinará si se estima o
no la pretensión. Después de fallo aparecerán las firmas del juez, magistrado o magistrados.

- Efectos de la sentencia:
El principal efecto que produce la sentencia y el más importante es el de cosa juzgada.
La cosa juzgada es material y formal:

 La cosa juzgada formal ocurre cuando, transcurren los plazos necesarios para que
se pueda recurriruna sentencia, en ese caso se produce la cosa juzgada formal o
preclusión (Art. 207 LEC).

Como consecuencia de la preclusión aparecen las sentencias firmas.

 La cosa juzgada material, llamada también simplemente cosa juzgada, consiste en el


efecto que se produce a partir de una sentencia firme, es decir, la invariabilidad de la
sentencia y su permanencia y eficacia en el tiempo. Solo las sentencias firmes
producen el efecto de la cosa juzgada (Art. 221 LEC ). Es necesario que se trate de
una sentencia firme porque es el tipo de sentencia que no permite que sea impugnada.
Es necesario que sea de ese tipo porque, en otro caso, si puede ser impugnada, no
puede producir efectos de cosa juzgada, porque todavía podría variar.

Tampoco producen efectos de cosa juzgada las sentencias constitutivas, ni las que se dictan
en los expedientes de jurisdicción voluntaria.
La cosa juzgada es de gran importancia en el sistema de derecho procesal civil, es el principal
efecto que producen las sentencias, ya que, este efecto es el que da eficacia y permanencia en
el tiempo a las sentencias. Esto quiere decir que, una sentencia no puede ser contradicha
por nadie en el futuro, lo que da seguridad jurídica y certeza al sistema procesal civil.
El origen de la cosa juzgada se sitúa en el antiguo Derecho Romano, en donde se preveía en
el proceso la “exceptio rei iudicatae e traditae”, la excepción de cosa juzgada y tramitada, que
evitaba que se repitiese una demanda sobre el objeto que ya había sido juzgado. Con esta
excepción se podía paralizar una acción que tratase sobre el mismo objeto que ya se había
tratado en otro proceso anterior.
La cosa juzgada se concreta hoy en día en el principio “non bis in idem”, es decir, que no
se puede juzgar dos veces por lo mismo (Art. 222 LEC). La cosa juzgada es por tanto, una
consecuencia de la sentencia que hace que el juez se deba atener a lo que ya ha sido juzgado.

RESEÑA HISTORICA

1. . 1 Síntesis historia del derecho procesal. La evolución de la ciencia procesal. Resumen: uno de
los fines del derecho es la paz social, pero tal objeto únicamente se obtiene si las controversias
propias de la vida en comunidad son resueltas sin violencia, por los mismos sujetos o por un
órgano resolutor de conflictos, aplicando un determinado procedimiento, guiado por un tercero
imparcial con la capacidad de sentenciar. La historia presenta diferentes etapas evolutivas en el
logro de la solución de las dificultades intersubjetivas, pasando desde la justicia por mano propia,
hasta el proceso, pero éste último mecanismo no ha estado exento de un importante y nutritivo
recorrido de aprendizaje, el cual se sintetiza aquí con fines docentes, para los alumnos que se
inician en el estudio de la ciencia procesal. Miguel Ángel Moraga Mejías, abogado, magister en
derecho de empresas, profesor de cátedra de derecho procesal. El derecho mismo, y el derecho
procesal en particular, encuentran como uno de sus fines comunes la paz social, la tranquilidad
del grupo de individuos que coexisten, y en este sentido podemos observar que desde tiempos
primitivos el ser humano se ha visto en la necesidad de solucionar los conflictos que surgen
entre los hombres, o entre éstos y grupos mayores. Históricamente han existido tres formas de
solución de controversias, la autotutela, la autocomposición y finalmente el proceso. La
autotutela es la forma de solución de conflictos más primitiva, y dice relación con la justicia por
propia mano, así quien se sentía afectado por un hecho o acción de otro,
2. 2. 2 tomaba una iniciativa directa, pero en realidad el conflicto no se resolvía, sino que prevalecía
el deseo del más fuerte. Es de advertir que no existe en esta forma un tercero imparcial. En
nuestros días sólo excepcionalmente se acepta como autodefensa, por ejemplo en el numeral 4
del artículo 10 del Código Penal que permite la legítima defensa, o en el caso del artículo 942 del
Código Civil al facultar al dueño para el corte de las raíces que ingresan a su predio. La
autocomposición refleja un estado mayor de avance en la estructura de la comunidad, pues las
partes convienen en resolver su disputa pacíficamente, ya sea mediante un acuerdo entre ellas,
o bien, poniéndola en manos de un tercero imparcial al que se obligan para respetar su decisión.
Ejemplos de soluciones acordadas sólo entre las partes son la transacción, la negociación, y el
avenimiento; y de resoluciones guiadas por un tercero lo son la mediación y la conciliación. En la
actualidad este sistema es ampliamente promovido, a efectos de liberar a los tribunales de su
gran carga jurisdiccional, es más, no sólo se promueve sino que en muchos casos es obligatoria,
incluso como requisito de admisibilidad de una demanda. Pero no es ilimitado su uso, sino que
se prohíbe muchas veces en resguardo del bien común o del interés social, como en los casos
criminales. El proceso representa el sistema de solución de controversias más evolucionado,
pues somete el conflicto al juicio de un tercero imparcial, el cual ajustado a determinadas reglas
y leyes, establecidas en forma previa, pone fin al litigio mediante una Sentencia definitiva. Por
muchos siglos fueron indiferentes los vocablos proceso y procedimiento, pero en la actualidad la
ciencia procesalista los distingue, reservándose para el primero un concepto más amplio y
totalitario, en tanto procedimiento tiene más bien una idea de protocolo o secuencia particular
para resolver la acción específica intentada. Los orígenes del proceso se remontan por cierto a
Roma, recordemos que el proceso civil atravesó en aquella civilización por dos períodos, el ordo
iudiciorum privatorum, y el de la extraordinaria cognitio, el primero se subdivide en dos épocas, la
de las legis actiones, y la del procedimiento formulario. Estas dos últimas épocas se caracterizan
por la división del procedimiento en dos etapas, in iure, y apud iudicem o in iudicio.
3. 3. 3 La primera etapa, in iure, se efectuaba ante un magistrado que ejercía los poderes de la
jurisdicción, pero careciendo de facultad decisoria, la segunda etapa en cambio, in iudicio, se
celebraba ante un juez privado, iudex unus, que era designado por las partes, quien debe
resolver la controversia, aunque carecía de imperium para hacer cumplir la decisión. Las legis
actiones, se caracterizaban por fórmulas orales solemnes y gestos simbólicos que debían
cumplirse con estricta sujeción a la lex. Gayo presenta cinco acciones, sacramentum, iudis
postulatio, condictio, manus iniectio y pgnoris capio. Las tres primeras perseguían el
reconocimiento de un derecho, actualmente denominado proceso de cognición o de
conocimiento; las dos últimas eran acciones que pretendían el cumplimiento forzoso, hoy
acciones ejecutivas. La etapa in iure, culminaba con la litis contestatio, acto de trueque de
fórmulas y en presencia de testigos, que fijaba el asunto litigioso, que habría de someterse ahora
al iudex. Ambas etapas eran exclusivamente orales. En el año 130 a.J.C. se promulga la Lex
Aebutia, la cual autorizó al pretor peregrino el uso de una instrucción escrita, la fórmula, dejando
vigente ambos sistemas a opción de los litigantes. En la época de Augusto, se dicta la Lex Julia
iudiciorum privatorum, quedando únicamente vigente el procedimiento formulario. La fórmula
constaba de una parte ordinaria y una extraordinaria. Las primeras eran la demonstratio que
contiene la enunciación de los hechos que motivan el litigio, la intentio que condensaba la
pretensión, la audiodicatio propia de las acciones divisorias, la condemnatio que autorizaba al
juez a condenar o absolver. Las segundas o accesorias eran la praescriptio, y la exceptio. En la
etapa in iudicio, se dictaba la sentencia, pero era precedida de una exposición de las partes, la
producción de prueba, lo que era valorado por libre convicción del juez, el actor tiene la carga de
la prueba, y al reo la carga de las excepciones. No cabían recursos sobre las sentencias, pero sí
podía intentarse una acción de nulidad y la restitutio in integrum.
4. 4. 4 Si no había cumplimiento voluntario, podía pedirse la ejecución mediante la actio iudicati. En
la época de Diocleciano, se implanta la Extraordinaria cognitio, desaparece la escisión del
procedimiento en dos etapas, y el proceso pasa a desarrollarse ante un juez único, la demanda
se presenta ahora por escrito (libellus conventionis), la contestación también pasa a ser por
escrito (libellus contradictionis), desaparece el impulso de parte y es oficioso, se debilita la
publicidad y la oralidad. La Sentencia se extiende por escrito, y ahora proceden recursos, la
Appelatio, la Suplicattio y Restitutio in integrum. La historia que sigue es bien conocida,
finalmente el imperio romano desaparece, perdemos el derecho en un lamentable fenómeno
involutivo de la civilización. En el proceso germánico observamos que para ellos el procedimiento
constituyó un reflejo de la lucha entre particulares, el cual se desarrolla ante las asambleas
populares, limitándose el juez a dirigir formalmente el debate, y a proclamar la sentencia dictada
a propuesta de una comisión de miembros peritos en derecho, más adelante durante el período
franco en los siglos V a XII de nuestra era, aparecen los jueces permanentes especiales
(scabini). El proceso se desarrollaba a grandes rasgos de la siguiente manera: citado el
demandado por el propio demandante, y constituido el tribunal, el demandado podía allanarse o
negar. Si negaba, la asamblea dictaba la Sentencia Probatoria, tras la cual el demandado debía
justificarse. Las pruebas no tenían precisamente por objeto causar convicción judicial, sino
provocar el juicio de la divinidad, tras el juramento de purificación prestado por conjuradores
miembros de la asamblea, y los juicios de Dios, como pruebas de fuego, o hierro candente,
ordalías, duelo, entre otras. En el período franco y feudal, se atenúan las ordalías, se da más
injerencia al órgano jurisdiccional, aparece la citación oficial del demandado, se admite la prueba
documental y la testimonial, más otros avances procesales para la época. Tras la invasión de los
bárbaros penetra en Italia el derecho germánico, desplazando el derecho romano de la época
imperial, pero a partir del siglo XI comienza a resurgir el proceso romano, tras el estudio de las
fuentes del derecho, más ciertas exigencias
5. 5. 5 mercantiles, y también debido al crecimiento de la Iglesia que se valía de un procedimiento
judicial modelado por el romano. Nace entonces un tipo especial de proceso, denominado
proceso común, romano-canónico o itálico canónico, que es el resultado de la evidente
penetración germánica en el proceso romano, lo que se produjo básicamente porque los
glosadores, post-glosadores y comentadores que trabajaban en la elaboración científica del
proceso romano, estuvieron dispuestos a desinterpretar los difíciles textos romanos,
adaptándolos a instituciones procesales más arraigadas a sus costumbres; también fue causa, el
hecho de que el derecho canónico acogió numerosas instituciones germánicas; y las
instituciones procesales de los estatutos municipales junto a las constituciones de los príncipes
eran dominados por elementos germánicos. Dicho proceso común recibía tal denominación
porque regía en tanto no fuera derogado por ley especial, y se caracterizaba por el Principio de
orden consecutivo, lo que permitía dividir el proceso en estadios, etapas y serie de actos
semejantes, la demanda era escrita, y el demandado podía defenderse previamente a la
discusión de fondo. Después de la Litis contestatio, se prestaba el juramento de malicia por el
cual se certificaba la buena fe del litigante y fijaba los términos del litigio, había absolución de
posiciones y toda prueba era producida con el máximo de formalidad, continuaba con el terminus
ad concludendum (últimas alegaciones), seguía la citatio ad sentenciam, y la Sentencia era
pública y oral, pudiendo ser atacada por la appellatio y por la querella nullitatis, más las vías
extraordinarias restitutio in integrum, la supplicatio ad principem y la revisio. Este proceso, en
virtud de la costumbre de documentarlo mediante actas, terminó por ser exclusivamente escrito.
Chiovenda observa que si bien los principios fundamentales del proceso común eran romanos
como el objeto de la prueba y la sentencia, se puede apreciar la influencia germánica en la
querella nullitatis (recurso de casación), la prueba legal, la división del proceso en dos estadios
(antes y después de la contestación), y la división del procedimiento en una serie de fases
preclusivas.
6. 6. 6 En el año 1306 por la Clementina Saepe contingent, tras la excesiva lentitud del proceso
común, se incorpora el proceso sumario, regido por los principios de concentración y oralidad,
ampliándosele los poderes al juez para la dirección del proceso. Junto a él, nace también una
serie de nuevos procesos determinados y especiales, que son el origen de los actuales
procedimientos ejecutivos. A partir del siglo XIV mediante el fenómeno de la recepción, el
proceso común pasa de Italia al resto de Europa operando de distinta manera en cada país, en
Alemania se denominó proceso cameral; en 1781 se sanciona el Corpus iuris fridericianum
iniciándose el movimiento reformador hacia la simplificación del proceso. En España la recepción
se produce a partir de la Baja Edad Media, recogiéndose sus principios en la tercera de las Siete
Partidas de Alfonso El Sabio en 1258, en ésta tercera partida se trata de los procedimientos
civiles, de los requisitos para ser juez, de la prohibición de ser abogado para las mujeres y los
menores de diecisiete años, extendiéndose también a otras materias no procesales, como el
derecho de propiedad por ejemplo. Durante la Edad Moderna los ordenamientos procesales que
se van sucediendo se mantienen fieles a ese tipo de procesos, así ocurrió con el Ordenamiento
de Montalvo (1480), las Ordenanzas de Madrid (1499), las Leyes de Toro (1505), la Nueva
Recopilación (1567), y la Novísima Recopilación (1805). En Francia se desenvolvió un tipo
especial de proceso que reconoce las bases romano- canónicas con elementos consuetudinarios
germánicos, presenta notas diferenciadoras del resto de Europa. Pero una vez ya producida la
revolución francesa se intenta una radical transformación del proceso, pero fracasa el intento, y
en 1800 se reestablece la Ordenanza de 1667, caracterizada por la sencillez del proceso, su
oralidad y publicidad. El 1° de enero del año 1807 se dictó en Francia el Code de Procédure
Civile, el cual estuvo vigente en Italia durante la ocupación francesa, modelando al resto, como el
de Nápoles de 1819, o Modena de 1852.
7. 7. 7 En 1865 proclamado el reino de Italia, se dicta el Código de Procedimiento Civil, influido
substancialmente por el francés. Pero el ministro de justicia Dino Grandi, los profesores
Carnelutti, Rendenti y Calamandrei más el magistrado de la Corte de Casación Leopoldo
Conforti, redactaron un nuevo Codice di procedura civile, el que entró en vigor en 1942. La
influencia decisiva del código francés, alcanzó también a Alemania durante el siglo XIX, como
ocurrió con el Reglamento Procesal Civil de Hannover en 1850, con las Ordenanzas de Baden
en 1864 y Würtemberg en 1868, y en la Zivilprozessordnung de 1877 que es la base del derecho
procesal vigente hoy en Alemania. A partir de la Constitución española de 1812 se sancionan en
la península Ibérica diversos ordenamientos procesales, pero la codificación íntegra se
concretaría en el año 1855 al sancionarse la Ley de Enjuiciamiento Civil, substituida en 1881 por
otra del mismo nombre. Descubierto el nuevo mundo, España dicta las Leyes de Indias a través
de las cuales se aplicaría en América la ley procesal vigente en dicho reino. Durante la colonia
aparece un profuso conjunto normativo, el cual fue sistematizado en 1680 al promulgarse la
Recopilación de indias. La justicia de primera instancia era administrada en lo civil y criminal por
los alcaldes designados por el cabildo. Los gobernadores podían conocer de las apelaciones
contra las resoluciones de los alcaldes, y era tribunal superior la Real Audiencia. Esta estructura
coexistía con el tribunal de la Inquisición. En Chile no existió el tribunal de la Inquisición, cuyas
materias eran derivadas a Lima, y en 1567 se creó la Real Audiencia con asiento en Concepción,
la cual duró siete años, siendo en 1609 reestablecida definitivamente en Santiago hasta la
independencia. En 1811 fue reemplazada por el gobierno nacional por el Tribunal de
Apelaciones que duró hasta la reconquista en 1814. La Constitución de 1818 la reestableció con
el nombre de Cámara de Apelaciones, creando al mismo tiempo el Supremo Tribunal Judicatario
génesis de nuestra Corte Suprema. Y la Constitución de 1823 le cambió el nombre a la Cámara
de Apelaciones por el de Corte de Apelaciones. En la actualidad existen diecisiete Cortes de
Apelaciones y una Corte Suprema.
8. 8. 8 En 1837 don Diego Portales, intentando poner a tono las antiguas leyes coloniales,
básicamente la Recopilación de las leyes de los reinos de las indias, las Siete partidas y otras,
hizo promulgar diversas normativas, entre las cuales se encontraban las Leyes Marianas
referidas a algunos tipos de tramitaciones judiciales, como juicios ejecutivos, implicancias,
recusaciones y recursos de nulidad. En 1852 se le encargó a Andrés Bello la redacción del
Código de Enjuiciamiento Civil, pero debió excusarse dado el tiempo que le tomaba la redacción
del Código Civil, por lo que el encargo pasó en 1856 a don Antonio Varas, pero en 1858 también
se excusó señalando que sin haber claridad sobre la estructura del poder judicial no podía
continuar. Así las cosas llegado 1861 y sin encargo del gobierno, don Florentino González
publicó el Proyecto de Código de Enjuiciamiento Civil para la República de Chile. Este texto por
encargo del gobierno, pasó al estudio de don Francisco Vargas Fontecilla y posteriormente a don
Joaquín Blest Gana. En 1875 se publicaba la necesaria Ley sobre Organización y Atribuciones
de los Tribunales de Justicia (antecedente del Código Orgánico de Tribunales). Un par de años
antes en 1873 se creaba una Comisión informante del Código de Enjuiciamiento, la que operó
por diez largos años, así en 1884 el comisionado don José Bernardo Lira presenta el Proyecto
de Código dividido en cuatro libros, el cual fue conocido como Proyecto de 1884. Con el material
obtenido se publica el Prontuario de los juicios o Tratado de los procedimientos judiciales y
administrativos, de don José Bernardo Lira, no obstante ser una obra privada, se le manejó como
un verdadero código procesal de gran utilidad. En 1888 el gobierno designa una nueva comisión
para dar término definitivo al mentado código, resultando de esta comisión el Proyecto de Código
de Procedimiento Civil, enviado al Senado en 1893, donde pasó a una Comisión Mixta la que
laboró por dos años, tras lo cual el Código de Procedimiento Civil comenzó a regir en 1903. Es
importante destacar que el derecho procesal como ciencia, nace en el siglo XIX, al momento en
que los autores alemanes comenzaron con el estudio del proceso, como un
9. 9. 9 instituto desligado del derecho civil, puesto que hasta esa época se estudiaba dentro de las
fuentes del derecho civil, caracterizado por su perfil privatista. En Alemania comienza entonces
la noción separatista del proceso respecto del derecho civil, sobre todo al estudiar la acción
dentro de la teoría del proceso. En la primera mitad del siglo XIX nació en Francia la polémica
sobre la acción, entre los autores Coffeniers y Blandeu. En el año 1856 se publica en Alemania
la obra La acción del derecho romano desde el punto de vista moderno, de Windscheid. En 1857
se edita en Düsseldorf la famosa discusión entre B. Windscheid y T. Müther, sobre el concepto
de acción que había definido el jurista romano Celso, traducido más tarde en 1954 al italiano por
la Editorial Sausomi. Se comenzaba a afirmar entonces que la acción no emanaba de los
particulares, sino del Estado. Así las personas cuando se ven afectadas, pueden alegar, porque
poseen la facultad de recurrir a los tribunales, y esa facultad es la acción. Idea que dio origen a
la Escuela publicista del derecho, la acción es independiente al derecho subjetivo material. Otras
tantas aristas también son motivo de estudio, como el derecho a la defensa, el debido proceso,
los efectos de la rebeldía en juicio, los vehículos de la nulidad procesal, los foros
competenciales, las cargas dinámicas en la prueba, el verdadero rol del juez, etc. Como vemos,
el derecho procesal ha tenido un devenir histórico ligado a los cambios de cada era, al
surgimiento del Estado moderno, y también al actual fenómeno de globalización y de
digitalización. También es destacable que si bien cada nación ha consolidado sus cuerpos
normativos procesales, existen institutos internacionales que dictan códigos modelos para
determinadas regiones del mundo. Hoy también se encuentran regulados en distintos tratados
internacionales, diferentes procedimientos de resolución de controversias entre Estados, entre
particulares y Estados, y entre particulares de diferentes Estados.
10. 10. 10 Surgen especializaciones procesales en diversas materias del quehacer jurídico, incluso
hasta nacen nuevas áreas completamente novedosas, como el derecho procesal constitucional.

Sentencia definitiva
Es aquella que pone fin al proceso, mediante un juicio o fallo del juez que decide
sobre el litigio.

Por medio de la sentencia, el juez crea una norma individual (lex specialis_) que
constituye una nueva fuente reguladora de la situación jurídica controvertida en el
proceso, y que, como manifestación trascendente que es del ejercicio de la función
jurisdiccional, debe ser acatada por las partes y respetada por los terceros.

El efecto natural de toda sentencia, consiste, por consiguiente, en


su obligatoriedad o imperatividad, pues, si así no fuese, es obvio que ella carecería
de objeto y de razón de ser.

Junto a ese efecto natural, existen efectos particulares que resultan del contenido
de la sentencia: quedara así limitada la incertidumbre sobre la existencia, eficacia,
modalidad o interpretación de una relación o estado jurídico, si se trata de
una sentencia meramente declarativa (incluyendo su modalidad constitutiva);
nacerá un título ejecutivo a favor del vencedor, en el supuesto de que el sujeto
pasivo de una sentencia de condena no se avenga a cumplir la prestación que
aquella le impuso, y quedara integrada la correspondiente relación jurídica si se
trata de una sentenciadeterminativa.

Algunos autores consideran que también constituye un efecto de


la sentencia la extinción de la competencia del juez con respecto al objeto del
proceso.

Se trata, sin embargo, de un efecto relativo, pues el juez que dictó


la sentencia tiene atribuciones para conocer del recurso de
aclaratoria, decretar medidas cautelares, decidir los incidentes que tramitan por
separado, etcétera.

En rigor, como observa Podetti, Mas que una extinción de la competencia se trata
de una suspensión parcial y transitoria de ella, que es reasumida por el juez. A los
fines de la ejecución, una vez ejecutoriada la sentencia.

Aparte de los mencionados, la sentencia produce efectos secundarios o indirectos,


a los cuales caracteriza el hecho de ser consecuencia directa de algún
efecto principal o del simple pronunciamiento del fallo. Tales son, por ejemplo,
la facultad de pedir el embargo preventivo (o cualquier otra medida cautelar) en el
caso de obtenerse una sentenciafavorable y la imposición de las costas al vencido.
La sentencia definitiva tiene por función resolver categóricamente la controversia que la
inspira, esa que exige una solución que se reclama desde las entrañas del debido proceso.
Sin embargo, esa forma de resolver la controversia no es arbitraria e irracional, sino que se
orienta y reglamenta por cargas éticas superiores al Derecho, como la idea de justicia y
verdad. La sentencia definitiva nace de las médulas de una construcción racional como lo
es el proceso constitucionalmente configurado, pero su legitimación la obtiene en la
medida que se logra corresponder con los hechos de la realidad extrajudicial. La sentencia
definitiva debe adecuarse a la verdad de los hechos que alcanzan la justicia tras la que
dice ir el Derecho, con auxilio de los sistemas de valoración de la prueba.

Las sentencias en general se dividen en sentencias interlocutorias y sentencias


definitivas. Las sentencias interlocutorias también son conocidas como autos, y tienen la
característica de no resolver directamente el conflicto entre las partes, pues no resuelven
el asunto principal que se discute entre los sujetos de derecho. Las sentencias definitivas,
en cambio, se pronuncian sobre el objeto principal que se discute por los sujetos en
discordia, se interesa por reconocer la veracidad de los hechos que cada individuo alega en
defensa de sus intereses.

Las resoluciones que declaran la caducidad procesal, que aceptan el desistimiento del
proceso o de la pretensión, las que declaran inadmisible o improponible la demanda son
ejemplos de sentencias interlocutorias o autos definitivos. Las formas anormales de
terminar el proceso y algunos equivalentes jurisdiccionales descritos por Carnelutti (como
la conciliación y la transacción), dan lugar a sentencias interlocutorias.

En este tipo de resoluciones el juez no ejerce una actividad racional encaminada a valorar
la prueba que gira en torno a los hechos para aplicar el Derecho, entendiendo que esos
hechos no representan el objeto principal del debate. La sentencia definitiva, al
contrario, si exige que el juez realice esa actividad racional, pues la valoración de la
prueba, el reconocimiento de los hechos y la aplicación del Derecho, se enfoca en el
asunto principal o de fondo que provoca el conflicto de intereses jurídicamente relevantes.

Las sentencias definitivas, como toda categoría del pensamiento, pueden clasificarse de
acuerdo a los criterios que cada autor tome en cuenta. Así, retomando la clasificación que
hace Bailón Valdovinos, se puede decir que: (1) en razón de sus efectos, las sentencias
definitivas pueden ser declarativas, constitutivas y de condena.

Son tres características extraprocesales las que se quieren resaltar. La primera es que la
sentencia definitiva es (1) una forma del lenguaje que transmite un régimen de
pensamiento, (2) un método estandarizador de las conductas humanas y (3) un núcleo
atómico del poder jurídico del Estado.
Para comprender la primera característica hay que tener en cuenta que “el lenguaje es una
cadena de sonidos articulados, pero también es un red de marcas (una escritura), o bien
un juego de gestos (una gestualidad)” (KRISTEVA, J., 1988, p. 9). La sentencia definitiva es
la declaración acústica que hace el juez de la solución que recibe el conflicto sometido a
su conocimiento (declaración de voluntad), pero también es una marca que constata esa
declaración (instrumento dotado de fe pública). El lenguaje se materializa con la
enunciación, escrituración y gesticulación que hacen los individuos con la finalidad de
transmitir un pensamiento. El canal por el cual se comunica un pensamiento es el
lenguaje. El pensamiento se contiene en el lenguaje, porque se transmite por la voz, la
escritura y el gesto.

La sentencia definitiva contiene una forma de pensamiento, y no sólo el pensamiento


derivado del juez, de los actores procesales y, en ocasiones, de la voz pública, sino también
un régimen de pensamiento consolidado en el tiempo por la practica judicial y la
interacción social de los individuos, por medio del cual se dice que algo es legal o ilegal,
necesario o innecesario, útil o inútil, por ejemplo. Este régimen de pensamiento puede
llegar a ser tan dominante que se vincula de forma automática en el sistema de vida de
una comunidad, al punto que el Derecho lo reconoce y lo institucionaliza bajo formas
procesales como la “doctrina legal” y el sistema de precedentes judiciales.

La jurisprudencia, pues, es un régimen de pensamiento consolidado que se produce por el


respeto de las unidades de pensamiento contenidas en las providencia judiciales, entre las
que se incluyen las sentencias definitivas. La sentencia definitiva se construye a través de
la argumentación. Las teorías argumentativas del Derecho, por ejemplo, precisan en este
punto, considerando que el Derecho no es sólo hecho, norma o valor, sino también un
instrumento social para solventar las discrepancias de intereses jurídicamente relevantes.

La segunda característica se complementa con la primera. En la medida que se crea un


régimen de pensamiento consolidado, determinado por el sistema de valores y principios
que orientan el comportamiento de los individuos, se establece un modelo de conducta
que se espera de los mismos. Las sentencias definitivas, en atención al ideal que persigue
la norma jurídica, sirve para estandarizar la interacción de los individuos, ya sea que les
mande, permita o prohíba. Al igual que la norma jurídica, la jurisprudencia contiene un
mínimo ético que estandariza los comportamientos humanos, con la diferencia de que la
primera es un canal de entrada, mientras que la segunda es un canal de salida; al mismo
tiempo que la primera tiene una abstracción general, mientras la segunda alcanza una
coordinación concreta, generalmente con efectos inter-partes.

Las sentencias definitivas con efectos generales, como las derivadas de los tribunales
jerárquicamente superiores, uniforman las expectativas de los individuos, fomentan la
homogenización de los valores y estandarizan las experiencias de los sujetos de derecho.
Este es el papel uniformador o estandarizador de las sentencias definitivas, papel que el
Derecho reconoce bajo la idea de unificar, estabilizar y consolidar la jurisprudencia, y a su
vez, con el fin de dar unidad, coherencia y previsibilidad al ordenamiento jurídico en
general y al sistema judicial en particular, como garantía de seguridad jurídica.

La tercera característica es que las sentencias son microfibras de poder para perpetuar
el status quo, porque la razón de uniformar las expectativas, fomentar la homogenización
de los valores y estandarizar las experiencias de los individuos, no se hace con otro fin
distinto al de conservar el sistema de vida imperante en un lugar y momento histórico. La
diferencia se marca cuando los actores del Estado judicial rompen el molde, cuando
cambian los criterios judiciales intentando cambiar los paradigmas axiológicos que
sustentan la vida en sociedad. Decir que alguien no debe pagar una pena de muerte bajo
suplicio, sino que debe ir a prisión o pagar una cantidad de dinero; o decir que dos
personas del mismo sexo se pueden casar o que la infidelidad no es causa de vida familiar
intolerable, no es más que decir que los valores que inspiran la vida en sociedad han
cambiado o que empiezan a cambiar, es querer modificar todo el lenguaje discursivo que
consolida el régimen de pensamiento judicial.

Los tribunales superiores que legislan desde la función judicial, que reglamentan los
comportamientos que escapan del legislador, son los mayores protagonistas de este
cambio paradigmático. Además, las sentencias son por excelencia la materia principal del
poder jurídico del Estado con efectos directos y personales, nacen como pequeños
átomos que se insertan en el espíritu de los pueblos, no sólo para prohibir, sino para
orientar. La idea personal es que el poder más eficaz no se centra en “la instancia del no”,
en la prohibición, sino en la orientación, en la capacidad de mostrarle al individuo no lo
que es malo, innecesario o inútil, sino lo que es bueno, necesario o útil. El Estado judicial
también funciona bajo principios de mercadotecnia para convencer a los individuos y
mostrarles una realidad construida y a veces manipulada. Que el culpable sea absuelto y el
inocente sea condenado es un ejemplo de lo anterior.

Resultaría apresurado decir que la finalidad de la sentencia definitiva es la de ponerle fin al


proceso que la inspira, pronunciándose sobre los hechos que integran el objeto del debate
principal; o que tiene una finalidad instrumental, en el sentido que a través de ella el juez
resuelve la pretensión jurídicamente relevante que se persigue. Desde luego que esta es la
finalidad procesal de la sentencia, pero más que eso, la sentencia definitiva tiene otros
fines, como el hecho de crear historia, justificar la realidad – jurídica – y conformar un
sistema de verdad. Cuando un juez dicta una sentencia no sólo aplica el Derecho, sino que
escribe las palabras de él en los muros de la historia, crea un registro público que hará
remembranza de la cultura y desarrollo de un país, así como del nivel de agresividad del
poder jurídico del Estado.
La historicidad de la sentencia es la historicidad del régimen de pensamiento judicial.
Además, por medio de ella se presume la pureza de los valores de una sociedad, con la
que se legitima o ilegitima la vigencia de las normas jurídicas, hasta el punto de revelar el
grado de corrupción o transparencia de la función publica. Condenar al inocente que es
pobre y absolver al culpable que es rico, por ejemplo, es fomentar la justicia de clase bajo
el precio de distorsionar toda idea de justicia. A su vez, la sentencia definitiva es el
contenedor de un discurso de verdad, que captura un pronunciamiento pretérito que goza
de autenticad mientras no sea impugnado.

La sentencia definitiva puede seguir un modelo (1) discursivo o argumentativo, (2)


estratégico o (3) deductivo. El modelo discursivo “según una resolución de mil novecientos
noventa del Tribunal Constitucional Federal de Alemania, tiene la naturaleza de un
discurso en el que se mencionan los argumentos a favor y en contra y finalmente se llega a
una resolución de acuerdo con los mejores (…). Se basa en la construcción de argumentos
y la reducción al absurdo del oponente, sea por las consecuencias prácticas de sus tesis o
por contradecir los puntos de partida inicialmente admitidos. En este modelo el juez se
haya en medio de una competencia, y esta es la que le permite formarse un juicio sobre lo
ocurrido que encuentre solución aplicable” (TAPIA P., J, 2006, p.99).

El modelo estratégico “es aquel donde el juez plantea una solución del conflicto y
establece los medios para llegar a ella examinando los diferentes escenarios posibles”
(TAPIA P., J, 2006, p. 100).

Sin embargo, la sentencia generalmente sigue un modelo deductivo – estructura silogística


–, que se sustenta en una serie de premisas comprobadas que dan lugar a una conclusión
avalada. Las premisas se conforman por los hechos legalmente acreditados con los que se
sostiene el Derecho aplicado.

Se habla, pues, de un sistema de subsunción normativo, en el que los hechos que


sustentan la pretensión deben ser verificados o comprobados para contrastarlos con los
supuestos de hecho que dan lugar a la consecuencia jurídica. Este tipo de sentencias
definitivas se componen generalmente de tres partes: resultandos o parte expositiva,
considerandos o parte argumentativa y fallo o parte dispositiva. La primera contiene la
exposición de hechos que dan lugar a la controversia, la segunda reúne las valoraciones
fácticas y jurídicas del juez (“régimen de pensamiento judicial”) y la tercera establece la
decisión que pone fin al debate según la lógica de las valoraciones judiciales. Así se llega a
una historia, a una realidad y a una verdad según el pensamiento del juez. Este sistema de
verdad es el que se examina en este artículo, ¿cómo se llega a él?, ¿que es verdadero en
términos procesales? o ¿qué tipo de verdad es la que busca el juez?
Sana critica

Los sistemas de valoración de la prueba constituyen el conjunto de abstracciones


reglamentarias más o menos estables que el juez debe tomar en cuenta al momento de
verificar la existencia de los hechos alegados por las partes, con el fin de resolver el
conflicto jurídicamente relevante. Estas abstracciones reglamentarias tienen por finalidad
descubrir o construir la verdad de los argumentos que sostienen las pretensiones del
demandante o las excepciones del demandado. Los sistemas de valoración de la prueba
más destacados han sido el sistema de la íntima convicción, de la prueba tasada y de la
sana critica.

¿Cuál es la verdad que satisface al juez?


El primero deja a discreción del juzgador la potestad de resolver el asunto en litigio,
conforme a las apreciaciones personales que las partes en disputa le producen al
momento de emitir la sentencia. El segundo sujeta al juzgador a las predeterminaciones
que el legislador hace de los hechos como legalmente probados o no (plena o semiplena
prueba), convirtiendo al juez en un dispositivo mecánico que se limitaba a verificar si el
hecho reúne las condiciones descritas en la ley para tenerlo por acreditado o no.
Finalmente, el sistema de la sana crítica otorga al juez un margen de libertad para resolver
el litigio no con su íntima convicción ni con las determinaciones previamente establecidas
– tasadas – por el legislador, sino de acuerdo a un régimen racional sustentado en
principios de la lógica, la psicología y las máximas de la experiencia.

El Derecho Procesal de Familia, bajo la cobertura del Derecho Procesal Civil, reconoce el
sistema de la sana critica para la valoración de la prueba, con excepción de la prueba
documental, cuya valoración se realiza conforma al sistema de la prueba tasada, según lo
disponen los artículos 56 de la Ley Procesal de Familia (LPF) y 416 CPCM.

La sana crítica es un sistema de valoración mixto, porque el juez recurre a reglas de la


lógica y de la psicológica, como disciplinas científicas que le aportan patrones objetivos
para calificar la existencia y veracidad de los hechos alegados en el conflicto; así como a la
experienciapersonal y profesional, como parámetros subjetivos razonados, para ponderar
los hechos singulares que examina. Se trata de un sistema flexible que le impide resolver
por convicción, a la vez que lo rescata de servir mecánicamente a las disposiciones del
legislador.

Las abstracciones reglamentarias de la sana critica en cuanto a los principios de la lógica


son el principio de identidad, el principio de no contradicción, el principio de tercer
excluido y el principio de razón suficiente (MIDON, S. M., 2007, pp. 164-165). El primero
señala que “una cosa, algo, una entidad, es lo que es (“A es A”)”. Así, un carro es un carro,
así como un contrato de compraventa es un contrato de compraventa. Si algo es algo, no
puede ser otro algo, porque existe identidad, una singularidad que da referencia de su
esencia.

El segundo principio explica que “algo no puede ser tanto verdadero como falso al mismo
tiempo y en el mismo modo”. Se dice que es imposible que “A sea B y no sea B”. Así, no es
posible que un “algo” sea un carro y al mismo tiempo no sea un carro, o que “algo” sea un
contrato de compraventa y al mismo tiempo no lo sea.

El principio de tercer excluido o medio excluido, estima que “todo tiene que ser o no ser”
o que una declaración o es verdadera o es falsa. El objetivo del tercer excluido es
reconocer que entre verdadero y falso no existe una tercera posibilidad. Así, se dice que
llueve o no llueve, sin encontrar otra posibilidad; al mismo tiempo que desde el discurso
normativo del binomio hombre-mujer, se puede decir que una persona es hombre o es
mujer, sin reconocer una tercera posibilidad (en la actualidad esto se pone en duda).

Por ultimo, el principio de razón suficiente exige una causa motivada que sostenga la
consecuencia derivada. En otras palabras “todo algo debe tener una razón suficiente que
lo explique” o, si se prefiere, “todo tiene una razón de ser”, un modo de explicar la esencia
de algo que lo hace ser ese algo y no otro. Así, los objetos son atraídos al centro de la
tierra por razón de la gravedad; mientras que el divorcio tiene como razón suficiente,
según la constricción jurídica, la separación de los cónyuges durante uno o más años
consecutivos.

La psicología, a su vez, ofrece sus propios métodos y reglas de evaluación de la conducta


humana, como aquellas que intentan descifrar y explicar los motivos que llevan a los
sujetos a comportarse de determinadas formas. Se examinan, por ejemplo, indicadores de
afectación moral o emocional, a través de entrevistas, diálogos, investigaciones sociales y
más. Se exploran aspectos del pensamiento, como el nivel lógico, coherente u orientado
del mismo; el lenguaje, la percepción sensorial, la abstracción racional y el juicio; en la
mayoría de ocasiones con auxilio de profesionales en la materia, en virtud que
generalmente el juez no tiene conocimientos sobre estos temas.

Por su parte, las máximas de la experiencia se dividen en reglas de la experiencia y


máximas de las experiencias propiamente dichas. Las primeras constituyen un acervo de
conocimientos derivados de la experiencia común de los individuos promedios, como
saber que el fuego consume los cuerpos inflamables; mientras las segundas, o sea las
máximas de la experiencia, constituyen un acervo de conocimientos derivados no de la
experiencia común de los individuos promedios, sino del rol laboral especializado que se
adscribe a determinados individuos, y que por el ejercicio de ese rol especializado logran
identificar, según su experiencia, elementos fácticos que no son conocidos por un
individuo promedio. El juez, probablemente, logre identificar el comportamiento
sospechoso de los testigos, los abogados, las partes u otros actores auxiliares, sin que tal
sospecha sea una referencia acabada.

La sana crítica está enfocada en forjar la convicción del juez sobre los hechos que
sustentan las pretensiones de las partes. Su utilidad es la de crear un sistema de ideas o
creencias coherentes que le garanticen un margen de veracidad sobre los hechos juzgados.
Ahora bien, es acá el punto central de este artículo. ¿Cuál es la verdad que satisface al
juez, una verdad real o una verdad construida? Para estos efectos es necesario un
acercamiento a la idea de verdad.

Existen diferentes teorías de la verdad, pero en esta ocasión se destacarán tres: la teoría
de la coherencia, de la correspondencia y la pragmatista. “Para las teorías de la coherencia
la verdad consiste en las relaciones de coherencia entre un conjunto de creencias (…). Para
las teorías de la correspondencia, la verdad de una proposición consiste, no en sus
relaciones con otras proposiciones, sino en su relación con el mundo, en su
correspondencia con los hechos (…). La teoría pragmatista guarda afinidades tanto con la
teoría de la coherencia y con la de la correspondencia, admitiendo que la verdad de una
creencia deriva de su correspondencia con la realidad, pero insistiendo también en que la
verdad de un creencia se manifiesta por la supervivencia ante la prueba de experiencia, su
coherencia con otras creencias” (HAACK, S., 1982, p. 107).

Existen otras teoría, como la semántica, que se sostiene en la afirmación aristotélica de


que “decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso, mientras que decir de
lo que es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero” (HAACK, S., 1982, p. 109), así
como la teoría de la redundancia.

Sin pretender establecer cuál teoría es la dominante, lo cierto es que el sistema de


valoración de prueba que inspira al juez tiene un carácter pragmático, en la medida que
las creencias que se forma de los hechos juzgados no sólo deben ser coherentes entre sí,
ni sólo tener correspondencia en la realidad, sino que deben ser coherentes dentro de la
construcción procesal y tener correspondencia en la realidad extraprocesal; esto es, al
tiempo que el juez piensa que su creencia de la existencia los hechos es coherente, dicha
creencia se confirma con la prueba producida en correspondencia con la realidad. El juez,
por medio de la sana crítica debe constituirse como un puente, un soporte intermedio
entre la realidad procesal y la extraprocesal, para formar no sólo una verdad construida, ni
una verdad real difícil de dibujar, sino una mezcla de ambas que le den convicción de los
asuntos que deberá juzgar.

¿Cuál es la verdad que satisface al juez? Desearía decir que es una verdad real, una que se
produce en la fidelidad de los más mínimos detalles, pero sucede que no siempre es
posible descubrir la verdad real, por lo que el juez se ve en la necesidad de conformarse
con una verdad construida, que en el fondo quizá no sea verdad, porque la verdad es una y
no otra. Pero por efectos prácticos, el Derecho avala una verdad construida bajo criterios
de razón suficiente, como lo atestiguan las “presunciones” del Derecho o la prueba por
inferencias (como en los casos de infidelidad).

A su vez, el régimen de verdad a veces es fragmentado por el Derecho, como cuando la


verdad se clasifica atendiendo criterios racionales, al punto que se dice que en los
procesos penales se persigue la verdad real, en función del principio de inocencia,
mientras que en los procesos civiles se persigue la verdad construida, una que asegure el
derecho a la protección jurisdiccional.

Sin embargo, atribuir una verdad real a los procesos acusatorios adversativos o una verdad
construida a los procesos dispositivos, no parece ser el mejor discurso de un régimen de
pensamiento judicial, porque como antes se dijo, las sentencias estandarizan los
comportamientos humanos, establecen patrones que orientan la interacción social de
los individuos.

La verdad y la justicia no pueden estar divididas. Por ello, la consideración personal es que
el juez, independientemente de la naturaleza del conflicto, debe ser un soporte
intermedio entre la verdad real (que se corresponde con la realidad extraprocesal) y la
verdad construida (que se corresponde con la coherencia de sus creencias
intraprocesales), apelando a un valoración más pragmática de la verdad y la justicia.

¡Ya hay sentencia! (¿y ahora


qué?)