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El Día de la Bandera se conmemora cada año en el Perú el 7 de junio, en el aniversario de la batalla

de Arica. Este homenaje a la Bandera del Perú fue establecido por Decreto Supremo del 30 de abril
de 1924; aunque ya antes, por Decreto Supremo de 8 de noviembre de 1905 se había decretado el
juramento de fidelidad a la Bandera que debían hacer los conscriptos en forma pública y solemne.
Aunque no es considerado día feriado, los organismos estatales, así como colegios públicos y
privados, realizan ese día las ceremonias correspondientes; en Lima la ceremonia principal se realiza
ante el monumento al héroe Francisco Bolognesi en la plaza de su nombre, con la presencia de altas
autoridades del gobierno y del ejército.

La Batalla de Arica fue un enfrentamiento militar entre las tropas peruanas y chilenas que se realizó
el 7 de junio de 1880 en la ciudad de Arica y que formó parte de la Guerra del Pacífico, iniciada en
abril de 1879. Es uno de los más sangrientos capítulo de la historia del Perú.

El Ejército peruano-boliviano había sido derrotado por los chilenos en la batalla del Alto de la Alianza
(Tacna) el 26 de mayo de 1880.

A los pocos días, los invasores chilenos rodearon la zona peruana de Arica. Al enterarse de esto,
Francisco Bolognesi aceptó la misión de defenderla con su vida.

Los chilenos le pidieron a las fuerzas peruanas que se rindieran, pues señalaron que su resistencia
sería inútil, pero Bolognesi dio una respuesta enérgica y firme:

“Tengo deberes sagrados, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”. Rechazando así la oferta
chilena.

Los chilenos sumaban unos seis mil hombres, mientras que los peruanos menos de dos mil. El 7 de
junio de 1880, a las 5:30 de la mañana empezó la batalla cuando el regimiento chileno atacó el
fuerte Ciudadela de Arica.

Aquí se produjo un sanguinario choque, en el que se perdió cientos de vidas. Después de una heroica
resistencia en el Cerro Gordo y el sector norte de la ciudad, los sobrevivientes de todos los frentes
se juntaron en la cima del morro.

En esta zona murieron peleando los valientes y atrevidos Guillermo Moore, Alfonso Ugarte (se tiró
del caballo con la bandera peruana para protegerla y evitar que caiga en manos enemigas) y
Francisco Bolognesi.

Al final, la escuadra chilena tomó el morro e izó su bandera. Desde aquel día Arica quedó en poder
chileno, lo que fue legalizado con los tratados de 1883 y 1929.

Pese a la derrota, cada 7 de junio se recuerda a los valerosos hombres que no se rindieron y, por el
contrario, defendieron con honor y convicción nuestro país.

FRANCISCO BOLOGNESI

Nació en Lima el 4 de noviembre de 1816. Participó en diversos enfrentamientos con el objetivo de


defender a la patria. Al estallar la guerra con Chile, se le encargó la comandancia general de Arica.
Cumpliendo su deber con el país, Francisco Bolognesi murió luchando en la Batalla de Arica, el 7 de
junio de 1880.
Hijo del compositor italiano Andrés Bolognesi y de Juana Cervantes, nació en Lima el 4 de noviembre
de 1816, según consta en su partida de bautismo. A la edad de ocho años se trasladó con su familia
a Arequipa donde cursó estudios en el Seminario Conciliar de San Jerónimo. Luego trabajó como
tenedor de libros (contador) de una empresa (1832-1840) e incursionó en el negocio muy rentable
de la cascarilla y la coca, viajando para tal fin a las montañas de Carabaya (Puno). En 1853 ingresó
en el ejército, durante la amenaza de guerra entre el Perú y Bolivia. Se especializó en artillería. Poco
después, se sumó a la revolución liberal de 1854 encabezada por Ramón Castilla contra el gobierno
de José Rufino Echenique. Se mantuvo leal al gobierno de Castilla durante la guerra civil de 1856-
1858 y participó en la toma de Arequipa. Fue ascendido a coronel y enseguida participó en
la campaña de Ecuador (1859-1860), siendo enviado luego a Europa para adquirir armamento para
el ejército y cañones para los fuertes del Callao. En 1868 asumió como Comandante General de
Artillería. Al estallar en 1879 la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, se hallaba ya retirado del
servicio, pero solicitó su readmisión y fue destinado como Jefe de la 3º División en el Sur, al frente
de la cual se destacó en las batallas de San Francisco y Tarapacá. Al replegarse los restos del ejército
peruano hacia Tacna, se le confió la defensa de la plaza de Aricacon 2000 hombres, la misma que
fue sitiada por fuerzas chilenas muy superiores en número y poderío de fuego. Cuando el mando
adversario, a través del mayor Juan de la Cruz Salvo, le solicitó su rendición, se negó dando su
célebre respuesta: «Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último
cartucho». Sus oficiales y subordinados le acompañaron resueltamente en su decisión. El 7 de junio
de 1880 se libró la batalla final, donde, en sangrienta lucha cuerpo a cuerpo, cumplió su promesa y
murió heroicamente: una bala le impactó el corazón en tanto que un culatazo le destrozó el cráneo.