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“Antidepresivos – Preguntas que

siempre te hiciste y nadie te


respondió”
Por El Dr. Alberto Soler Montagud
Intentaré responder a estas y a otras muchas cuestiones a través de este artículo que decidí
escribir después de dar una clase de psicofarmacología a un grupo de psicólogos. Fueron
muchas las cuestiones que me plantearon, y se me ocurrió responderlas en un lenguaje
dirigido sobre todo a la población general (en especial a aquellos que toman antidepresivos
o pueden tomarlos en algún momento de sus vidas), pero también a quienes se inician en la
psicoterapia o están en fase de formación.

1-¿Qué son los antidepresivos?

Los antidepresivos son un grupo de medicamentos utilizados sobre todo para tratar la
depresión. Y si digo ‘sobre todo’ es porque su uso, en algunas ocasiones, nos ha ido
descubriendo su utilidad para tratar otros procesos más allá de la depresión, por ejemplo los
trastornos de ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, los trastornos alimentarios, etc.

2-¿Cómo actúan los antidepresivos?

Los antidepresivos ejercen su acción al intervenir en el mecanismo por el que las células
cerebrales (llamadas ‘neuronas’) intercambian información entre si a través de unas
moléculas que conocemos con el nombre neurotransmisores.

Los neurotransmisores son unas biomoléculas que actúan como mensajeros químicos que
posibilitan la intercomunicación de dos neuronas entre si, pero también entre una neurona y
una célula muscular o una glándula.
Entre las neuronas se encuentra el llamado ‘espacio intersináptico’. Para que pueda haber
comunicación entre dos neuronas, la que emite la información (neurona presináptica) libera
a ese espacio unas vesículas que contienen neurotransmisores. Por su parte, la neurona que
recibe la información (neurona postsináptica) posee unos receptores encargados de recibir a
los neurotransmisores y poder descifrar el mensaje que les transmite. A este mecanismo de
trasvase de información se le conoce como impulso nervioso o ‘sinapsis’.

Los medicamentos antidepresivos ejercen su acción sobre los neurotransmisores


(concretamente serotonina, noradrenalina, dopamina, y también la melatonina) ayudando a
restablecer la correcta regulación de los mismos y permitiendo así que se atenúen los
síntomas de la depresión.

3-¿Cómo se desencadena una depresión?

La medicina aun no ha identificado con exactitud cuáles son los mecanismos que explican
la aparición de una depresión, no obstante, todo apunta a que el origen de la misma sea
multifactorial.

Es decir, en la génesis de la depresión intervienen diversos factores que abarcan desde los
biológicos y psicológicos hasta la predisposición genética individual de cada persona.

Estos factores no son excluyentes entre si. Pueden intervenir varios a la vez y, por ejemplo,
encontrarnos con una depresión en la que además de los factores biológicos relacionados
con los neurotransmisores, exista el agravante de un divorcio (factor social-familiar), un
trastorno de personalidad que predisponga a la melancolía (factor psicológico), y también
ciertos antecedentes familiares depresivos (factor genético).

Cuantos más factores concurran en una persona, más vulnerable será ésta a padecer una
depresión.

Siempre hay que informar al paciente

Nunca me ha parecido adecuado recetar una pastilla a un paciente y despedirme de él sin


ofrecerle una explicación. Quien sufre una enfermedad —y aun más si es una depresión—
tiene derecho a conocer qué se le prescribe, por qué, cómo va actuar en su organismo y que
efectos secundarios pueden surgir como consecuencia del tratamiento.

Es por ello que siempre ofrezco una pequeña “lección de psicofarmacología” a los
pacientes a quienes prescribo un antidepresivo. Me ocupa sólo unos minutos, pero con ello
consigo una excelente colaboración del paciente y una reducción en el riesgo de abandono
terapéutico que tan frecuentemente se asocia a los psicofármacos, debido sobre todo al
estigma social que recae sobre los trastornos mentales.

Los neurotransmisores

De un modo adecuado fácilmente comprensible para el paciente, le explico que en la


depresión hay una disminución de ciertos neurotransmisores que se encuentran en el
espacio interneuronal, unos neurotransmisores que tienen la misión de transmitir
información de una neurona a otra.

Suelo ayudarme con un dibujo para informarles que las neuronas no establecen entre si un
contacto físico como si fueran dos cables eléctricos que al tocarse encienden una bombilla,
pues su comunicación tiene lugar a través de unos mensajeros (los neurotransmisores) que
viajan de neurona a otra para llevar una determinada información.

Aprovecho entonces para añadir que en en la depresión hay menos neurotransmisores, la


correcta comunicación neuronal no es la adecuada, y es justo ahí donde intervienen los
antidepresivos impidiendo la recaptación y haciendo que la depresión mejore.

La recaptación

La neuronas tienen una predisposición innata a recuperar —o recaptar— los


neurotransmisores que previamente han liberado al espacio interneuronal.

La recaptación es una especie de mecanismo de ahorro que fuerza a los neurotransmisores a


regresar a su neurona de origen, es decir, los ‘recapta’. El resultado es una disminución de
su presencia en el espacio intersináptico y una deficiente transmisión de la información que
contienen.
Para entender mejor este mecanismo, invito a mis pacientes a que imaginen un camión (le
llamaríamos el “camión recaptador”) cuya misión sería acudir al espacio intersináptico,
cargar con todos los neurotransmisores que pueda, y llevarlos de regreso a sus neuronas de
origen.

En esto consiste la recaptación, y el resultado de la misma es que cuantos menos


neurotransmisores haya en el espacio intersináptico, mayor será el riesgo de sufrir una
depresión.

4- ¿Cómo actúa un antidepresivo?

Los antidepresivos más utilizados en la práctica médica son los ISRS (inhibidores
selectivos de la recaptación de serotonina), y su mecanismo de acción consiste en inhibir la
recaptación de los neurotransmisores (en concreto la serotonina) descrita en el apartado
anterior.

Para entender esta inhibición, volvamos al camión e imaginemos que alguien le pincha las
ruedas y le avería el motor que acciona la carga del volquete impidiendo que se lleve a los
neurotransmisores. Esto mismo es lo que hacen los antidepresivos mas utilizados: inhibir
la recaptación de un neurotransmisor llamado ‘serotonina’, y la consecuencia de ello es que
aumenta la presencia y la biodisponibilidad de serotonina en el espacio intersináptico, y con
ello, el riesgo de depresión disminuye, o la depresión mejora si ya se hubiera instaurado.

Existen otros mecanismos de acción utilizados por otros antidepresivos, no obstante, el


empleado por los de uso más frecuente es el que acabamos de describir.

5- ¿Cuántos tipos de antidepresivos hay?

Ofreceré una clasificación orientativa e intencionadamente incompleta debido a la gran


variedad de antidepresivos existentes.

Cada uno de ellos tiene su mecanismo de acción, sus indicaciones propias, sus efectos
secundarios más característicos y, en suma, unas singularidades que los hacen distintos
entre sí.
La indicación terapéutica de cada antidepresivo variará según la edad del paciente, el sexo,
el tipo de depresión, los síntomas predominantes, la tolerancia de cada cual a los efectos
secundarios, las enfermedades concomitantes y también que la medicación que esté
tomando el paciente tenga alguna contraindicación con un antidepresivo.

Agruparemos los antidepresivos en cuatro apartados.

Tricíclicos o heterocíclicos

Amitriptilina, Clomipramina, Imipramina, Desipramina, Doxepina, Nortriptilina.

Los antidepresivos tricíclicos (también llamados clásicos) son los que más años llevan
utilizándose. Si bien tuvieron gran auge en la segunda década del pasado siglo, su uso se
redujo tras la aparición de los modernos ISRS.

Los tricíclicos son muy efectivos, pero suelen producir unos efectos colaterales
relativamente frecuentes y molestos.

Actualmente sólo utilizamos estos antidepresivos cuando los pacientes no responden a los
más modernos e inocuos.

Los tricíclicos producen un alto número de efectos secundarios como boca seca,
somnolencia, visión borrosa, taquicardia, retención de orina, mareos. También aumento de
peso y disfunción sexual. Tienen una toxicidad aguda muy alta. Hay una gran demora entre
el inicio del tratamiento y la aparición del efecto antidepresivo y suele haber muchos casos
refractarios al tratamiento.

ISRS —Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina—

Citalopram, Escitalopram, Fluoxetina, Sertralina, Paroxetina, Fluvoxamina.

El más moderno ISRS es la Vilazodona (aun no comercializado en España) y aunque se


publicita como el único que no disminuye el apetito sexual como sus predecesores, todo
apunta a que es un ISRS más que pocas novedades aporta.

Actualmente el ISRS más utilizado es Escitalopram y el que menos, la Fluvoxamina.


Los efectos secundarios de los ISRS son menos intensos y frecuentes que con los
tricíclicos, pero deben ser tenidos en cuenta aunque en la mayoría de los casos sean leves y
sólo se manifiesten al inicio del tratamiento y desaparezcan en un par de semanas.

Los efectos secundarios más frecuentes de los ISRS son las náuseas, vómitos, cefalea,
somnolencia (o insomnio), diarrea (o estreñimiento), todos ellos generalmente leves,
pasajeros y circunscritos al inicio del tratamiento. Otros efectos colaterales son la
disfunción sexual (retardo del orgasmo, disminución del deseo sexual) y ligero aumento de
peso (no en todos). Se ha descrito un aumento de riesgo suicida en pacientes jóvenes (18-
24 años) tratados con ISRS.

Inhibidores duales —Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y


noradrenalina—

Venlafaxina, Duloxetina, Desvenlafaxina.

Junto con los ISRS son los antidepresivos más utilizados en nuestro medio.

Los efectos secundarios más frecuentes de los inhibidores duales son la náuseas, vómitos,
pérdida de apetito, estreñimiento, cefalea, disminución de la líbido, disfunción eréctil,
dificultad para llegar al orgasmo, visión borrosa, bostezos, boca seca sudoración, mareo,
ansiedad. Posible incremento de la tensión arterial en algunos pacientes.

Otros antidepresivos mucho menos utilizados son:

La Agomelatina (es un agonista de los receptores de la melatonina); Reboxetina (actúa


sobre la recaptación de noradrelina); Mirtazapina (produce mucha somnolencia y aumento
de peso); Bupropion (fármaco inhibidor de la recaptación de dopamina y noradrenalina;
tiene propiedades psicoestimulantes; además de ser antidepresivo está indicado en el
tratamiento de deshabituación tabáquica).

Ya por último están los IMAO, actualmente apenas utilizados por sus muchas
incompatibilidades y elevadísimos efectos secundarios.

Respecto a los efectos secundarios de los antidepresivos en general, volveremos a incidir en


el apartado-8 de este artículo.
6- ¿Cuáles son los antidepresivos más utilizados?

Los antidepresivos más utilizados actualmente son los que inhiben la recaptación de
serotonina.

Se les conoce como ‘Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina’ (ISRS) y el


más popular de ellos (y el primero en aparecer —en 1974— y por tanto el más conocido)
es la Fluoxetina (Prozac®).

Tras este conocido fármaco se fueron sintetizando nuevas moléculas, cada una de las cuales
ha intentado superar en beneficios a los ISRS precedentes.

Los ISRS más utilizados son Fluoxetina, Citalopram, Escitalopram, Sertralina, Paroxetina
y, con mucha menos frecuencia, la Fluvoxamina

Aunque todos los ISRS son muy similares, algunos de ellos muestran mayor efectividad en
determinados tipos de patologías que otros. De hecho los hay activadores, neutros e
inhibidores.

Informe de la Agencia Española del Medicamento

Según un estudio publicado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos


Sanitarios (AEMPS) que analiza el consumo desde el año 2000, existe en España un mayor
consumo de ISRS respecto a otros antidepresivos y de ellos el más utilizado es el
Escitalopram.

También concluye el informe que la sucesiva aparición de nuevas moléculas antidepresivas


—Duloxetina (2006), Agomelatina (2009)—, son un reflejo del mayor conocimiento de los
mecanismos neurofisiológicos que explican la depresión.

Como ya ha sido expuesto, las bases biológicas de la depresión se explican


tradicionalmente por un déficit de ciertos neurotransmisores (serotonina, noradrenalina,
dopamina…), una circunstancia que nos permite clasificar a los antidepresivos según sobre
qué neurotransmisores actúen y a través de que mecanismo lo hagan.
Todos los estudios acerca del uso de antidepresivos en España coinciden en la tendencia al
alza en el consumo de los ISRS, y entre ellos el Escitalopram.

Otro antidepresivo de uso muy frecuente es la Venlafaxina, y más recientemente la


Duloxetina (2004) y Desvenlafxina (2008). Estos tres fármacos pertenecen al grupo de los
inhibidores duales, así denominados porque que actúan sobre dos neurotransmisores
(serotonina y noradrenalina).

Resulta curioso el aumento en el consumo —discreto, pero significativo— de dos


antidepresivos que muchos facultativos prescriben para combatir el insomnio: Mirtazapina
y Trazodona (Deprax®). Este último es un antidepresivo con acción antihistamínica y
sedante que, a pesar de no disponer de indicación autorizada para tratar el insomnio, y a
pesar de llevar comercializado casi medio siglo con muy poca utilización, ha
experimentado en los últimos años un notable incremento de consumo como inductor al
sueño debido a que con gran frecuencia provoca somnolencia como efecto secundario.

En el extremo de los antidepresivos menos utilizados destacan netamente los inhibidores de


la monoamino oxidasa (IMAO). Actualmente este grupo farmacológico es una alternativa
terapéutica excepcional, muy de segunda línea y dirigida casi en exclusiva a tratar a
pacientes con depresión resistente a otros antidepresivos.

7- ¿Cuánto tarda en hacer efecto un antidepresivo?

Los antidepresivos suelen tardar entre 3 ó 4 semanas —en algunos casos puede que hasta
ocho— en producir el efecto terapéutico deseado. Sin embargo, hay pacientes que
empiezan a experimentar mejoría al cabo de pocos días. En general, las respuestas son
variables en función de las características de cada individuo.

Es frecuente que durante el tiempo de latencia que media entre el inicio del tratamiento y la
aparición de los efectos terapéuticos, el médico prescriba de modo temporal otros
medicamentos (con frecuencia, ansiolíticos) que ayuden sintomáticamente hasta que el
antidepresivo haga su efecto.

1-¿Y los efectos secundarios?


Al igual que sucede con otros fármacos, lo medicamentos antidepresivos pueden producir
ciertos efectos secundarios que predisponen a rechazar el tratamiento, no sólo por este
motivo sino también por el estigma social que recae sobre las enfermedades mentales y
sobre los fármacos psiquiátricos.

Es común la leyenda negra de que los medicamentos antidepresivos —y los psicofármacos


en general— originan más problemas de los que resuelven, algo que en tiempos remotos
pudo tener un atisbo de veracidad pero en la actualidad se limita a unas reacciones mínimas
si con los medicamentos utilizados hace cinco o más décadas.

Ni incurriré en el error de minimizar unos efectos secundarios que existen tanto en


psiquiatría como en otras disciplinas médicas. El médico debe tenerlos siempre en cuenta e
informar de ellos a los pacientes transmitiéndoles que aunque se manifiesten antes de que
haga efecto el antidepresivo, la mayoría suelen desaparecer en 10-14 días. Y en el caso de
que no desaparecieran, un cambio de medicación bastaría para soslayar el problema sin
dejar al paciente sin tratamiento.

En la fase inicial del tratamiento es importante establecer una estrecha colaboración entre
médico y paciente, pues es la etapa en la que se dan más abandonos terapéuticos al creer
algunos pacientes que el medicamento les está perjudicando (debido a los efectos
secundarios) o no les hace efecto, cuando lo cierto es que sólo tarda lo normal en comenzar
a actuar. Es necesario que el paciente cuente con la certeza de una disponibilidad telefónica
lo más inmediatamente posible por parte del médico durante estas cruciales primeras
semanas.

Los principales efectos secundarios de los medicamentos antidepresivos ya fueron descritos


en el apartado 6 del artículo anterior. Baste recordar que estos efectos no siempre aparecen,
no son iguales para todos los antidepresivos y varían con la respuesta individual de cada
paciente tratado.

2-¿Aumentan los medicamentos antidepresivos el riesgo de suicidio?

Actualmente no hay un claro consenso sobre si ciertos medicamentos antidepresivos —


como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina(ISRS)— aumentan el riesgo
de suicidio, debido en buena parte a que la mayoría de los trabajos publicados no
concuerdan entre sí.

Son muchos los estudios que no atribuyen a los medicamentos antidepresivos inducción al
suicidio, debido en parte a que la depresión cursa muchas veces con ideación suicida.
Incluso, hay también estudios que hablan de una disminución de las tasas de suicidio en los
pacientes depresivos tratados con antidepresivos respecto a quienes no los toman. El
binomio antidepresivos/suicido es responsable de una polémica que se ha convertido en
clásica y que recientemente se ha reactivado después de que los medios de comunicación
alarmaran de la posible relación entre paroxetina suicidio infanto-juvenil.

Un estudio de la FDA terminó recomendando que los envases de estos medicamentos


contuvieran una información impresa sobre el posible riesgo suicida sobre todo en
pacientes jóvenes de 18 a 24 años.

A título personal quiero dejar constancia de que, sin desmentir ni confirmar la veracidad de
esta polémica, soy enemigo de fomentar alarmas infundadas pero también de ocultar
riesgos. Cuando se realiza un estudio clínico con una muestra de pacientes y se extrapolan
los resultados al conjunto de la población, hay que actuar con un rigor metodológio
exquisito. Puede ser aventurado y tendencioso extraer conclusiones aplicables a millones de
personas de todo el mundo a partir de un estudio que haya dado positivo en una muestra de
un centenar de pacientes.

Suele suceder que la información médica que se difunde en los medios (prensa, radio y
televisión, tantas veces sensacionalistas) no tiene en cuenta que los estudios científicos
están sometidos a sesgos e influencia de factores que pueden restar fiabilidad y rigor
científico al resultado final.

Todo paciente tiene derecho a una información no sesgada sobe la medicación que se le
prescribe y ese es el único objetivo que me ha impulsado a escribir este artículo.

3-¿Por qué me han recetado un medicamento antidepresivo si tengo ansiedad y no


depresión?
A muchos pacientes les extraña que habiendo sido diagnosticados de ansiedad se les recete
un antidepresivo. El fundamento de esta pauta radica en que algunos modernos
antidepresivos (como sucede con los ISRS), además de ser útiles en la depresión son
eficaces en el tratamiento de los trastornos de pánico, el trastorno de ansiedad generalizada,
la fobia social, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), y, obviamente, también en la
ansiedad que tantas veces se asocia a la depresión.

Pero, ¿cómo se debe tratar la ansiedad?

Farmacológicamente hay varias vías para abordar el tratamiento de la ansiedad: en primer


lugar los ansiolíticos (como medicación específica), también los antidepresivos (según
acabamos de exponer), y finalmente otros grupos de medicamentos entre los que destaca la
hidroxicina y la gabapentina.

Los ansiolíticos

Aunque los ansiolíticos son los fármacos que más rápidamente actúan contra la ansiedad,
sólo deben utilizarse en la fase aguda, en las crisis de ansiedad o en los ataques de pánico,
así como también durante las primeras semanas que siguen a la prescripción de un ISRS
siendo que estos tardan unas tres semanas en actuar y el paciente necesita aliviar su
ansiedad en ese periodo.

El efecto de los ansiolíticos, aunque rápido es también fugaz y requiere varias tomas al día
(por lo general tres veces) para mantener controlada la ansiedad. Esta pauta detratamiento
continuocon ansiolíticos no está exenta de inconvenientes y es desaconsejable mantenerla
más allá del tiempo imprescindible (hasta que el ISRS actúe) por el riesgo de generar
dependencia ytolerancia.

Los ansiolíticos más utilizados son las benzodiacepinas, entre las que destacan el
Alprazolam, Loracepam, Diacepam y Cloracepam entre otros.

Los principales efectos adversos de las benzodiacepinas son la somnolencia, las


alteraciones en la atención, la concentración y la memoria. El deterioro de estas funciones
cognitivas suele ser transitorio y sólo se manifiesta mientras se toma el medicamento. Otro
inconveniente del consumo prolongado de benzodiacepinas es la dependencia (adicción) y
la tolerancia (cada vez se necesita más dosis para obtener el mismo efecto).

Los medicamentos antidepresivos

Algunos medicamentos antidepresivos —los ISRS— se emplean para tratar los trastornos
de angustia, pánico y ansiedad generalizada (es decir, en pacientes que no necesariamente
tienen una depresión). El fundamento es que la serotonina parece ser el principal
neurotransmisor (aunque hay otros) implicado en los trastornos de ansiedad.

Fluoxetina, Paroxetina, Fluvoxamina, Sertralina, Citalopram y Escitalopramson


antidepresivos ISRS muy útiles en el tratamiento de los trastornos de ansiedad sin crear
dependencia ni tolerancia como las benzodiazepinas.

Tal vez su principal inconveniente sea que su efecto terapéutico tarda entre 2-3 semanas en
manifestarse tras el inicio del tratamiento. Es por ello que durante ese corto periodo es
conveniente asociar una benzodiazepina para mitigar sintomáticamente la ansiedad.

Otros tipos de sustancias como la Hidroxicina o la Gabapentina

La Hidroxicinaes un fármaco antihistamínico que presenta un efecto ansiolítico rápido,


buena tolerabilidad y ausencia del riesgo de habituación y dependencia. No obstante, este
fármaco no se considera de primera elección en el tratamiento de la ansiedad.

La Gabapentina es un antiepiléptico (Lyrica© es la marca más conocida en España) que


además de ser efectivo para tratar las convulsiones, ha demostrado su utilidad para aliviar
ciertos dolores de origen neurálgico. Como tercera indicación destaca su buen resultado en
ciertos trastornos de ansiedad resistentes a otros fármacos. Esta molécula actúa rápidamente
sin producir muchos de los problemas asociados a las benzodiacepinas, pero en algunos
personas produce una gran somnolencia —causa frecuente de abandono del tratamiento—
así como síntomas de síndrome de abstinencia. Algunos trabajos médicos relacionan a la
Gabapentinacon un mayor riesgo suicida.

Hay muchos otros medicamentos indicados para tratar la ansiedad, no obstante esta lista
sólo pretende ser orientativa.
4-¿Durante cuánto tiempo hay que tomar un medicamento antidepresivo?

Los antidepresivos no son medicamentos de uso breve que se pueden abandonar cuando el
paciente mejora, pues el riesgo de recaída está en relación directa con la precocidad de
retirada del fármaco.

Es por ello que una vez desaparecen los síntomas depresivos hay que mantener la
medicación aunque el paciente se sienta bien.

Tras la curación sintomática se debe mantener la medicación entre 6-9 meses después de
experimentar una mejoría completa. Este plazo se alarga a 12 o más meses si la depresión
fue grave y prologada, e incluso a un año y medio o dos si se trata de un segundo episodio
depresivo.

En función del número de episodios que hayan precedido al actual, el tiempo de


mantenimiento de la medicación debe ser mayor en una cuantía que varía según los
distintos protocolos. Consideremos que incluso, en casos graves con crisis depresivas muy
recurrentes, puede ser necesario un tratamiento de por vida para evitar las recaídas.

No obstante —y afortunadamente— lo más frecuente es que los pacientes puedan


abandonar el tratamiento transcurrido un tiempo prudencial y siempre, bajo la supervisión
del médico responsable.

Es importante reseñar que los medicamentos antidepresivos no crean adicción ni


fenómenos de tolerancia como sucede con los ansiolíticos. Por ello, la retirada de los
mismo podrá llevarse a cabo sin mayores problemas si se hace progresivamente
(reduciendo la dosis según los intervalos que el médico indique) para evitar efectos de
retirada como nerviosismo, ansiedad, intranquilidad psicomotriz o la posible reaparición de
los síntomas depresivos.

También es conveniente hacer un escalado progresivo al inicio del tratamiento. Si se


instaura poco a poco partiendo de dosis bajas, se minimizarán los efectos secundarios y se
facilitará la adaptación al fármaco.
Si por algún motivo un paciente decidiera, o se viera en la necesidad de dejar de tomar el
antidepresivo, nunca debe hacerlo de golpe ni sin consultar con su médico la pauta de
retirada.

Como respuesta al estigma que penaliza a los trastornos mentales y a los psicofármacos,
hay que aleccionar al paciente de que tomar un medicamentos antidepresivo no es un signo
de debilidad. Del mismo modo hay que hacerle ver que la cura de la depresión no es sólo
cuestión de fuerza de voluntad como algunos imprudentes bienintencionados preconizan.
La depresión no es un estado de tristeza sin más que se supera con un «debes poner de tu
parte», sino una enfermedadque a nadie debería avergonzar y que muchas veces precisa de
medicamentos para restaurar la salud perdida.

5-¿Pueden utilizarse medicamentos antidepresivos como tratamiento del insomnio?

Por lo general el insomnio acompaña muchas veces a la depresión —aunque no


necesariamente—, y cuando lo hace suele ser uno de los primeros síntomas en manifestarse
y uno de los últimos en desaparecer para tortura del paciente.

Aunque hay tratamientos específicos para combatir el insomnio, muchos médicos recurren
a ciertos antidepresivos cuando los inductores al sueño no funcionan. Así, aunque los
antidepresivos no hayan sido aprobados por la FDA como tratamiento para el insomnio, es
frecuente prescribirlos a pacientes con insomnio que no están deprimidos.

Uno de los más populares de estos fármacos es la Trazodona (en España Deprax®), un
antidepresivo de segunda generación del grupo químico de las fenilpiperazinas
caracterizado por ir asociado a un potente efecto ansiolítico e hipnótico, motivo por el que
se recomienda administrarlo por la noche. Prescrito a dosis bajas, sus propiedades sedantes
pueden ayudar a conciliar el sueño, no obstante no es un medicamento de primera elección
para tratar el insomnio y aun menos en pacientes ancianos, pues sus efectos sedativos —
despertar confuso, desorientación— pueden permanecer durante el día siguiente y
predisponer a caídas y accidentes. Una ventaja de estos antidepresivos utilizados para el
insomnio es que es no crean adicción como los ansiolíticos, los inductores del sueño y los
hipnóticos. Siempre que no cree resaca matutina, la trazodonaes una buena elección cuando
previamente ha fallado cualquier intento con otros fármacos.
Otro medicamento antidepresivo utilizado como alternativa para tratar el insomnio es la
Doxepina, tal vez una mejor opción que la trazodona al producir menos somnolencia
matutina.

6-¿Engordan los medicamentos antidepresivos?

El temor a engordar preocupa constante a muchos pacientes —fundamentalmente


mujeres— por la mala fama de producir aumento de peso asociada a los antidepresivos.

Efectivamente, la práctica demuestra que algunas personas que toman antidepresivos


tienden a engordar algunos kilos, pero también es un hecho que algunos de esos fármacos
predisponen a ganar peso más que otros. No obstante, la mayoría de las veces la ganancia
no excesiva y es fácil perder los kilos de más una vez el medicamento haya hecho efecto y
el paciente se encuentre en condiciones de retomar sus actividades, hacer ejercicio y llevar
una dieta equilibrada.

Llama la atención que los estudios médicos no conceden gran importancia a este efecto
secundario y apenas hay trabajos de investigación al respecto.

Los estudios actuales tiende a dilucidar si esa ganancia de peso es debida efectivamente a
los antidepresivos, o si por el contrario habría que atribuirla al sedentarismo y a los cambios
de hábitos y de alimentación inherentes al bajo estado de ánimo de los pacientes
deprimidos.

Según un trabajo de finales de los años 90 realizado por Lawrence Cheskin, director del
Johns Hopkins Wieght Management Center, los fármacos antidepresivos que provocarían
un mayor aumento de peso serían Paroxetina, Sertralina, Amitripilina y Mirtazapina,
mientras que Bupropion y Fluoxetinaserían más neutrales e incluso se relacionarían con una
pérdida de peso. En ese mismo estudio se menciona la tendencia de otros psicofármacos —
en concreto los antipsicóticos-, y sobre todo sobre todo Clozapina y Olanzapina– a disparar
el apetito y provocar aumento de peso.

Aunque muchas teorías intentan explicar esta ganancia de peso (por ejemplo, la hipótesis de
que los antidepresivos alteran el funcionamiento de la glándula tiroidea), se impone adoptar
una postura cauta ya que nada hay confirmado y la opinión más extendida entre los
expertos es que no hay razones para pensar que los antidepresivos hagan engordar.

De este modo, parece ser que la ganancia de peso observada en algunos pacientes dependa
más de factores individuales y de la alteración de los hábitos alimenticios durante la
depresión. También los trastornos emocionales harían entrar al paciente en un bucle donde
la ansiedad (con frecuencia asociada a la depresión) les induciría a comer más, provocando
un aumento de peso y una repercusión en la aceptación de la propia imagen que podría
empeorar la depresión.

Ya para finalizar, no olvidemos tampoco que los desórdenes emocionales suelen ir


asociados a trastornos en el control de impulsos y a dietas inadecuadas.