LA VERDADERA REFORMA FISCAL 2008

Por Juan Fernando Perdomo *

POLÍTICA ANALÍTICA
La REFORMA FISCAL ha sido motivo de miles de entrevistas y encuestas, tanto a políticos, empresarios como a la ciudadanía en general. Lo es por la importancia que tiene por sí misma en cualquier país; lo es porque el resultado de las discusiones públicas y de las deliberaciones en el Congreso en 2001 y 2004 no satisfizo a nadie; lo es, por el rechazo generalizado a la “reforma”. Todos sabemos que la verdadera REFORMA FISCAL INTEGRAL sigue pendiente y tenemos que realizarla. No hay espacio para posposiciones ni pequeñas enmiendas. O la hacemos o muy pronto nos encontraremos como un país sin salida, sin recursos, sin estabilidad económica ni política. Tenemos coincidencias; la primera es que todos estamos de acuerdo en que la actual política fiscal es insuficiente, inequitativa, desalentadora de la inversión. Estamos de acuerdo también en que entre los aspectos más relevantes que limitan la efectividad de la recaudación fiscal en México, destacan: 1. Reducida base de contribuyentes activos 2. Debilidad de los instrumentos de recaudación hacendaria. 3. Complejidad en los procesos de pago. 4. Excesivo centralismo fiscal y costo de recaudación. 5. Alto costo de los procesos de recaudación. 6. Inseguridad jurídica para el contribuyente. 7. Excesiva dependencia de ingresos fiscales del petróleo y sus productos. 8. Desigualdad en el trato fiscal: inequidad. 9. Incapacidad para ampliar la base de contribuyentes. 10. Falta de incentivos fiscales significativos que promuevan la creación de empleos, la reinversión, la actualización tecnológica, la nueva inversión productiva y la inversión en investigación. Necesitamos construir la Reforma no para enmendar la política fiscal sino para crearla de origen. Ya probamos en demasía cambios parciales o misceláneas anuales. Es tiempo de empezar desde el principio, con toda la experiencia acumulada, de los actores de la vida económica, con todos los recursos de los especialistas, con la participación de todas las fuerzas políticas y del gobierno. Necesitamos trabajar con una visión moderna y de largo plazo que envíe a nacionales y extranjeros un claro mensaje de estabilidad y seguridad jurídica. Acabemos con el sobresalto de arcas públicas precarias, de dependencia del petróleo, de la sensación de no saber qué ocurrirá el año próximo y, desde luego, con la costumbre de introducir cambios en un marco legal que requiere una reforma verdadera. Hay que empezar desde el principio. El propósito de la recaudación es indiscutible: lograr que con la participación de todos, el gobierno cuente con los

recursos necesarios para cumplir eficientemente con los servicios que son su responsabilidad y procurar la justa distribución de la riqueza. Entendemos que el gobierno, en su propósito de evitar al máximo las posibilidades de evasión, ha ido incorporando año tras año trámites, requisitos, procedimientos y medidas, para lograr que los causantes aporten al erario lo que les corresponde en función de sus ingresos. Pero tal vez la suma de estos continuos agregados y cambios en las disposiciones fiscales ha propiciado que se pierda el rumbo hasta parecer, más que un sistema de recaudación, un conjunto de obstáculos que dificultan la obligación de pagar impuestos. Más aún, las dificultades económicas actuales presionan al gobierno a extremar sus medidas para incrementar la recaudación, por lo que aumenta el número de auditorías, recargos y multas. Y, estas medidas, sólo son aplicables a quien está registrado y se esfuerza por cumplir con sus obligaciones. Así, sin pretender trivializar el tema, existen dos elementos básicos para hacer más eficiente y justo el sistema fiscal: por una parte, simplificar trámites y procedimientos y, por otra, incrementar el número de contribuyentes incorporando a aquellos que reciben ingresos sin declararlos, aunado a un programa permanente, eficiente y cordial de fiscalización, evitando la corrupción del personal hacendario. Debemos empezar por definir los principios que den sustento y guía a la Reforma. 1°. Confianza en el contribuyente y sencillez: La experiencia internacional señala que es mejor tener pocas reglas generales, fáciles y sencillas de cumplir, con lo que se propicia y motiva la voluntad de pago sin caer en excesos regulatorios. Con este principio se logra: • Aumentar la reducida base de contribuyentes activos. • Propiciar cumplimiento en las obligaciones tributarias. • Reducir los altos costos de administración tributaria. • Disminuir la discrecionalidad, propiciadora de corrupción. 2°. Equidad: El principio de equidad tiene básicamente dos vertientes: • Que todos los integrantes de la población económicamente activa contribuyan, incluyendo a quienes participan en la economía informal. • Que las contribuciones sean en la justa proporción a la capacidad económica de cada contribuyente. Así, más contribuyentes pagan y las tasas impositivas pueden bajar para todos. 3°. Promoción de la Actividad Económica: La política fiscal debe: • Incentivar la inversión productiva; la reinversión; la inversión en investigación; la actualización tecnológica y la creación de empleos. • Fomentar el ahorro interno. • Ampliar deducciones de gastos relacionados con la productividad, tales como los de atención a clientes, de adquisición de automóviles para empresas, y gastos de inversión en capital humano, como colegiaturas, capacitación y becas.

Fortalecer la capacidad y efectividad recaudatoria en los tres niveles de gobierno. 4°. Seguridad Jurídica al Contribuyente: Este principio puede lograrse: • Con mecanismos y formatos claros, que faciliten el pago con un solo formulario para pagos provisionales y un solo renglón de pago para todos los contribuyentes • Con plazos fijos para la revisión fiscal. • Con facilidades para el contribuyente para corregir sus errores. • Con plazo de caducidad y prescripción, sin interrupción ni suspensión. • Con fiscalización óptima, imparcial, transparente y cordial, sin intimidación ni amenazas. • Con la ampliación del espectro recaudador para contar con la posibilidad de pago electrónico a toda empresa que así lo requiera. 5°. Competitividad: Este principio considera la necesidad de tomar en cuenta el entorno internacional para que la Reforma permita al país, y sobre todo a las empresas, competir en mejores condiciones. 6° Inclusión: Incluir a todos los sectores, los que tienen mucho que aportar y que han tenido que hacerlo marginalmente, sin que se consideren realmente sus puntos de vista. Seguramente todos sabemos y podemos más que sólo unos cuantos. No se trata de negar la capacidad de nadie, sólo de considerar la capacidad de todos. La Reforma Fiscal Integral no sólo es deseable y necesaria; también es posible si se entiende que la simplificación y la equidad son herramientas más eficaces que el exceso de regulación y la vigilancia estrecha. Es inaceptable promover la evasión y nadie debe hacer, como tampoco ningún sistema debe desalentar el cumplimiento de las obligaciones fiscales. Que todos aportemos al erario lo que nos corresponde y que lo hagamos con sencillez y oportunidad, con la certeza de que nuestra contribución se traducirá en más servicios y más infraestructura, así como en más confianza y certidumbre en el ejercicio de las tareas de gobierno. Resulta claro que a pesar de tantas diferencias, tenemos coincidencias fundamentales. Empecemos por ellas. (Agradezco a la fracción parlamentaria de Convergencia sus aportaciones) *Juan Fernando Perdomo es egresado del TEC DE MONTERREY. Servidor Público, empresario y Político (jperdomo@infosel.net.mx)