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Colegio Gimnasio Campestre San Sebastián

NOMBRE: ______________________________________ GRADO: DÉCIMO


AREA: FILOSOFÍA FECHA: SEPTIEMBRE - OCTUBRE PERIODO: CUARTO
TEMA: El naturalismo. El esteticismo. El interaccionismo.
DOCENTE: Vida Patricia Durán González
COMPETENCIAS: INTERPRETATIVA – ARGUMENTATIVA – PROPOSITIVA
DBA LC 1: Asume una posición crítica y propositiva frente a los medios de
comunicación masiva para analizar su influencia en la sociedad actual.
DBA LC 2: Planea la producción de textos audiovisuales en los que articula
elementos verbales y no verbales de la comunicación para desarrollar un tema o
una historia.
DBA LC 6: Comprende diversos tipos de texto, asumiendo una actitud crítica y
argumentando sus puntos de vista frente a lo leído.
DBA LC 7: Produce textos orales como ponencias, comentarios, relatorías o entrevistas,
atendiendo a la progresión temática, a los interlocutores, al propósito y a la situación
comunicativa.

Guía 4

Como recuerda Unamuno en Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en


los pueblos, la diferencia específica entre el hombre y el animal habría que buscarla,
posiblemente, más en el ámbito de los sentimientos que en el ámbito de la
racionalidad. El hombre es, ante todo, un animal de sentimientos y, entre ellos, tiene
una especial relevancia el sentimiento estético. La esfera de lo “estético” coincide
con la esfera de lo sensible y con el sentimiento de placer y displacer que produce
en la persona la contemplación de los objetos bellos de la Naturaleza y del arte.
Para una exacta comprensión de la riqueza de lo sensible en el quehacer humano,
conviene distinguir claramente entre los tres modos mediante los que el ser humano
puede acceder al sentimiento estético: como creador, como contemplador y como
pensador o crítico, siendo esta última, posiblemente, la actitud que más coincide
con la reflexión filosófica, si bien lo más deseable sería aunar las tres perspectivas
en nuestras consideraciones sobre la belleza y el arte.
Fue Baumgarten quien puso las bases filosóficas de la reflexión sobre la belleza.
Según Baumgarten, la estética no puede reducirse a las reglas para producir la obra
de arte, o al análisis de sus efectos psicológicos. La estética “es una ciencia del
conocimiento sensible” y, por lo tanto, “una gnoseología inferior”, puesto que se
ocupa de una “facultad cognoscitiva inferior”. Dado que “existe esta facultad inferior
y abarca el campo de la perfección del conocimiento sensible, es preciso indagar y
establecer escrupulosamente sus leyes.
El hombre no se reduce al conocimiento o, mejor dicho, el conocimiento no es sólo
científico, ya que hay también conocimiento de lo sensible: este conocimiento es
autónomo y no es un escalón inferior e instrumental para el conocimiento científico.
La estética es la ciencia de las representaciones claras y confusas, donde perceptio
confusa equivale etimológicamente a aquella percepción es la que se da un
“confluir” de elementos, y en la que no podemos separar cada uno de los elementos
de la totalidad global, y donde no podemos indicar aisladamente los elementos y
seguirlos por separado. La intuición estética es un conocimiento autónomo de lo
sensible, entendido en un sentido global. Es un ver, intuir, saber, conocer que, y no
por qué.
La palabra “estética” hace referencia al saber acerca del comportamiento humano
sensible, del comportamiento relativo a las emociones y a los sentimientos, y de
aquello que lo determina. Lo que determina el sentir del hombre es lo bello. De
acuerdo con ello, la estética es la consideración del estado del sentimiento del
hombre en su relación con lo bello, es la consideración de lo bello en la medida en
que está referido al estado sentimental del hombre. Pero lo bello puede pertenecer
o bien a la naturaleza o bien al arte. Puesto que el arte, en la medida en que
constituye las “bellas” artes, produce a su manera lo bello, la meditación sobre él se
convierte en estética. En referencia al saber acerca del arte y a la pregunta por el
arte, la estética es, pues, aquella meditación sobre el arte en la que la relación
sentimental del hombre respecto de lo bello expuesto en él proporciona el ámbito
decisivo para su determinación y fundamentación y constituye su comienzo y su fin.
A la hora de caracterizar la esencia de la estética, Heidegger distingue cuatro
hechos fundamentales en la historia de la estética:
1) El gran arte griego carece de una meditación pensante conceptual que le
corresponda, meditación que no tendría que ser sinónimo de estética; la razón de
ello, según Heidegger, es que los griegos tenían «un saber tan claro y
originariamente desarrollado y una tal pasión por el saber que en esa claridad del
saber no precisaban “estética” alguna.
2) La estética sólo comienza entre los griegos en el instante en que el gran arte, y
también la gran filosofía que se desarrolla en paralelo, se encaminan hacia su final.
En esa época, la época de Platón y Aristóteles, se acuñan los conceptos básicos
que jalonarán el horizonte de la pregunta sobre el arte. Se trata, en primer lugar, de
la pareja de conceptos materia-forma. Esta distinción tiene su origen en la
concepción del ente fundada por Platón, que lo considera en referencia a su
aspecto, idea. El arte empieza a considerarse como techné. Los griegos designan
el arte y la artesanía con la misma palabra, techné, y, correspondiente, tanto al
artesano como al artista con el término técnico.
3) Al comienzo de la época moderna, el hombre y su libre saber acerca de sí mismo
y de su posición en medio del ente se convierte en el lugar en el que se decide cómo
ha de experimentarse, determinarse y configurarse el ente. El retroceso hacia el
estado en que se encuentra el hombre, hacia el modo en el que el hombre mismo
se halla respecto del ente y de sí, conlleva que la libre toma de posición del hombre
mismo, el modo en el que se encuentra y siente las cosas, su “gusto”, se convierta
en tribunal que juzga sobre el ente. En la metafísica esto se muestra en que la
certeza de todo ser y toda verdad se funda en la autoconciencia del yo
individual: ego cogito ergo sum. El encontrarse-a-sí-mismo en el propio estado,
el cogito me cogitare, proporciona también el primer “objeto” asegurado en su ser.
Yo mismo y mis estados constituimos lo que es en un sentido primero y auténtico;
en referencia a este ente cierto y de acuerdo con él se medirá todo lo demás que
aspire a ser tratado como ente. Mis estados, el modo en el que me encuentro ante
algo contribuye esencialmente a determinar cómo encuentro las cosas y todo lo que
me sale al encuentro. La meditación sobre el arte se traslada ahora de una manera
acentuada y exclusiva al estado sentimental del hombre. La estética queda
destinada a ser el campo de la sensibilidad y el “sentimiento”.
4) Con Wagner empieza a concebirse el arte como “obra de arte total”. Las artes no
deben seguir realizándose independientemente una de otra, sino que deben unirse
en una obra. La obra debe ser, además, la celebración de la comunidad del pueblo:
“la” religión. Para ello, las artes determinantes son la poesía y la música. El propósito
era que la música fuera un medio para hacer valer el drama, convirtiéndose, en la
forma de la ópera, en el auténtico arte.
Al mismo tiempo, en el siglo XIX el saber acerca del arte se transforma en la
experiencia e investigación de los meros hechos de la historia del arte; este saber
es ejercido ahora como disciplina profesional. La estética se convierte en una
psicología que trabaja con medios científico-naturales; es decir, los estados
sentimentales son sometidos por sí mismos a experimentación, observación y
medida en cuanto hechos que suceden.
1. La experiencia estética
Llamamos experiencia estética al encuentro que el ser humano tiene con la belleza.
Encuentro que no consiste en asimilar, integrar o almacenar la belleza que nos
proporciona la naturaleza o el arte, sino en participar en el mundo natural y en el
mundo artístico. Esta participación es posible porque el sentir estético es un sentir
abierto a la naturaleza y al arte. Conocer la belleza no es almacenar impresiones
sobre naturalezas u objetos bellos, sino participar en su descubrimiento y creación.
Cuando salimos de un concierto o contemplamos una flor, decimos que hemos
tenido una experiencia estética, porque estamos afectados por la interpretación a la
que hemos asistido o los colores que hemos observado. El sentir estético es el que
hace posible esta afección, que posee un carácter experiencial, y no puramente
conceptual. Porque, a pesar de que juzguemos intelectualmente la calidad del
concierto o de la flor, no ha sido sólo nuestro intelecto el destinatario de esos
objetos, sino que ha sido toda nuestra persona la que se ha visto afectada por ellos.
La experiencia estética no es algo ajeno a la experiencia ordinaria, ni requiere
menos intensidad que el resto de las experiencias.
La rama de la filosofía que se ocupa de analizar los conceptos y resolver los
problemas que se plantean cuando contemplamos objetos estéticos es la estética.
Preguntas típicas de la estética son: “¿Qué es lo que hace bellas a las cosas?”, o
“¿Existen patrones estéticos?”, o “¿Qué relación hay entre las obras de arte y la
naturaleza?”.
Hay que distinguir entre la filosofía del arte y la estética. La filosofía del arte abarca
un campo más limitado que la estética, porque sólo se ocupa de los conceptos y
problemas que surgen en relación con las obras de arte, excluyendo, por ejemplo,
la experiencia estética de la naturaleza. Sin embargo, la mayor parte de las
cuestiones estéticas se relacionan específicamente con el arte: ¿Qué es la
expresión artística? ¿Existe verdad en las obras de arte? ¿Qué es lo que hace
buena una obra de arte?
2. El concepto de “belleza”
El concepto de “belleza” etimológicamente significa “brillar”, “aparecer”, “ser visto”.
Históricamente no comenzó siendo aplicado a la teoría estética ni a la filosofía del
arte, sino que apareció en el contexto de la metafísica, considera como uno de los
trascendentales del ser. Aquí la belleza era tenida como algo “objetivo”;
posteriormente, con la comprensión de la subjetividad de la experiencia estética y
de la belleza, aparece la relativización del concepto. La belleza es considerada
como una cualidad o una propiedad de las cosas, que hace que los hombres las
contemplen con deleite o satisfacción.
Los tratados de estética suelen abordar el concepto de belleza desde dos ópticas
diferentes. Por un lado se trata de describir cuáles son las características que
poseen determinados objetos que nos llevan a reconocerlos como bellos. Aunque
pueden darse algunas divergencias, siguen gozando de especial consideración las
que ya vinieron definidas en el mundo clásico griego y fueron recogidas por Platón:
orden, medida, proporción, equilibrio, luminosidad... Lo importante en todo caso
radica en el hecho de que se sitúa el análisis de la belleza en las cosas que
consideramos bellas, y desde luego son muy variadas las definiciones. A partir del
siglo XVII se comienza a conceder una importancia considerable al gusto cuando
se trata de hablar de la belleza. Lo importante ya no son las características del
objeto, sino más bien el efecto que la contemplación de ese objeto produce en
nosotros. Se retoma algo que ya estaba presente entre los griegos; la contemplación
de la belleza es sumamente placentera, provoca en nosotros un estado de gozo y
sosiego que no se alcanza en otras experiencias. De ahí se pasa a afirmar que son
bellos aquellos objetos que producen en nosotros el placer.
Hay algunas características recurrentes en los objetos que consideramos bellos.
Cualquier artista puede conocer con cierta facilidad unas reglas elementales de
composición que debe tener en cuenta si quiere que la obra producida muestre un
cierto grado de belleza. Ahora bien, la belleza es también el resultado de un
determinado sentimiento o afecto, lo que concede una especial importancia a la
educación de los sentimientos y del gusto. Será imposible percibir la belleza que
nos rodea si no hemos educado nuestra capacidad de observar el mundo. Al mismo
tiempo, la belleza es algo que nos sale al encuentro, algo que se nos impone con
una fuerza tal que nos obliga a un reconocimiento y provoca en nosotros un
profundo sentimiento de placer. La percepción de la belleza es algo específicamente
humano de tal manera que el momento de la subjetividad es inseparable de la
definición de la belleza. Incluso si hablamos de belleza de la naturaleza, hace falta
un progresivo esfuerzo del ser humano para ir desvelando esa belleza que, en
principio, permanece oculta. Si pasamos a considerar la belleza como resultado de
una obra de arte, el momento de la subjetividad se impone con total claridad: son
los propios seres humanos los que realizan un considerable esfuerzo por sacar a la
luz la belleza que potencialmente está escondida en la realidad.
Las características más significativas que permiten definir la belleza son:
La belleza como trascendental del ser. Toda realidad es una, es verdadera, es
buena y es bella. En la producción y contemplación de la belleza avanzamos un
paso más en la búsqueda y donación de sentido que debe guiar nuestra existencia
en el mundo.
La belleza como “forma”. El ámbito de la belleza no es el ámbito de las verdades
declarativas, ni algo que podamos expresar. En cualquier producción humana, la
belleza tiene que ver con unas determinadas características que afectan a la forma
en que esa producción se presenta. La disposición de los objetos, las relaciones
que se establecen entre las partes y el todo, el equilibrio armónico entre los
diferentes elementos, estas y otras características son las que definen la belleza de
un objeto.
La belleza: más allá de lo útil. El ámbito de la belleza está abierto a un libre juego
de la creatividad humana. También es cierto que nada añade a la utilidad inmediata
de un objeto el hecho de que, además, sea bello. Sin embargo, los seres humanos
se han esforzado por dotar a todas sus producciones, incluidas las más simples y
cotidianas, de ese plus de belleza conscientes de que, desprovistos de belleza, los
objetos terminan perdiendo su utilidad en un proyecto global de vida dotada de
sentido.
Carácter simbólico de la belleza. Siendo siempre algo particular y concreto, remite
a una totalidad, a una plenitud de sentido. Ante la presencia de algo bello, nos
vemos embarcados en una actividad constante de comprensión en la medida en
que siempre hay en ese objeto algo que se nos manifiesta, pero también algo que
permanece oculto, lo que hace posible que podamos contemplarlo una y otra vez
sin agotar sus posibilidades expresivas.
La belleza: más allá de la temporalidad y la fugacidad. La percepción de la belleza
supone una ruptura en la percepción de la temporalidad y la fugacidad. Al
contemplar un objeto bello, parece como si la temporalidad se suspendiera, como
si dejaran de pasar los momentos e irrumpiera en nuestra vida un fragmento de la
eternidad, o de la plenitud del sentido. Es por eso por lo que la belleza puede ser
considerada como la coronación de los esfuerzos del ser humano por alcanzar una
vida dotada de sentido
3.Lo estético
3.1 Actitudes estéticas y no estéticas
La actitud estética, o la “forma estética de contemplar el mundo”, es generalmente
contrapuesta a la actitud práctica, que sólo se interesa por la utilidad del objeto en
cuestión. Así, quienes se interesan por el arte en razón de algún objetivo profesional
o técnico, están particularmente expuestos a distanciarse de la forma de
contemplación estética propia del que lo hace por simple placer.
La actitud estética es también contrapuesta a la actitud cognoscitiva; no es lo mismo
contemplar una obra de arte por placer, que contemplarla por intereses
cognoscitivos (¿Qué técnica empleó el autor en este cuadro?).
La forma estética de observar es también ajena a la forma personalizada de hacerlo,
en la que el observador, en vez de contemplar el objeto estético para captar lo que
le ofrece, considera la relación de dicho objeto hacia él. La personalización inhibe
cualquier respuesta estética que el espectador pudiera haber tenido en otro caso.
Al contemplar algo estéticamente, respondemos al objeto estético y a lo que puede
ofrecernos, no a su relación con nuestra propia vida.
3.2 Relaciones internas y externas
Cuando contemplamos estéticamente una obra de arte o la naturaleza, nos fijamos
sólo en las relaciones internas, es decir, en el objeto estético y sus propiedades; y
no en su relación con nosotros mismos, ni siquiera en su relación con el artista
creador de él o con nuestro conocimiento de la cultura donde brota. El estado
estético supone una concentración intensa y completa. Se necesita una intensa
conciencia perceptiva; y tanto el objeto estético como sus diversas relaciones
internas han de constituir el único foco de nuestra atención.
3.3 El objeto fenoménico
La atención estética se orienta hacia el objeto fenoménico, no hacia el objeto físico.
Sin la presencia de un objeto físico, como la pintura o el lienzo, no podríamos
naturalmente percibir ningún cuadro; pero la atención debe centrarse sobre las
características percibidas, no sobre las características físicas que hacen posible lo
percibido

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA

Tomado de https://sites.google.com/site/filoparabachillerato/filosofia-i-ciutadania/5-
filosofia-estetica/la-reflexion-estetica-sobre-la-belleza

VALORACIÓN INTEGRAL
CALIFICACION GUÍA FIRMA FIRMA
DESEMPEÑO
CUALITATIVA CUANTITATIVA DOCENTE ACUDIENTE
SUPERIOR
(96 – 100)
ALTO
(86 – 95)
BASICO
(75 – 85)
BAJO
(10 – 74)