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LA NATURALEZA DEL HOMBRE Y EL LLAMADO A LA SANTIDAD

SUPERIOR AL UNIVERSO ENTERO


Por importante que se lo que nos rodea, nada lo es tanto como la persona. El ser humano es muy superior a cualquier
animal o vegetal. Hay animales más fuertes y más veloces, pero ninguno es comparable a lo que es el hombre o mujer.
El Concilio Vaticano II lo resume así: “No se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material. Por su
interioridad es superior al universo entero”.

DOTADO DE INTELIGENCIA
El ser humano es capaz de pensar, de comunicarse, de inventar. Crea arte, levanta monumentos, fabrica sofisticados
instrumentos tecnológicos.
En el desarrollo de su capacidad mental el hombre ha domesticado parte de la naturaleza y ha multiplicado su potencia
creando nuevas fuentes de energía, viajando por el espacio, sondeándolas entrañas de la tierra.
Pero, además, el ser humano es capaz de reflexionar sobre si mismo, sobre su vida y sus actos. Busca las causas de lo que le
acontece y analiza sus consecuencias. Así ha logrado entender lo que sucede fuera y dentro de sí.

LA SANTIDAD
“¿Qué es la santidad? Es precisamente la alegría de hacer la voluntad de Dios.
El hombre experimenta esta alegría por medio de una constante acción profunda sobre sí mismo, por medio de la fidelidad
a la ley divina, a los mandamientos del Evangelio. E incluso con renuncias”. (Juan Pablo II, Homilía, 18.1.1981).
La esencia de la santidad está en la caridad o amor de Dios y al prójimo por Dios. A estos dos amores redujo Jesús la ley y los
profetas, y los inculcó como máximos mandamientos. (cf Lc 10, 25-28)

TODOS LOS FIELES SON LLAMADOS A LA SANTIDAD


Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Y San Pablo dice a los
tesalonicenses: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1 Ts 4, 3). La santidad es vida de gracia, opuesta al
pecado.
La “llamada universal a la santidad” no es una sugerencia, sino un mandato de Jesucristo: “Tienes obligación de santificarte.
– Tú también. - ¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor:
Sed perfectos, como mi Padre celestial es perfecto” (Camino, n 39). “Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de
vida, son llamados a la plenitud de vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40).

LA NATURALEZA DEL HOMBRE Y EL LLAMADO A LA SANTIDAD

SUPERIOR AL UNIVERSO ENTERO


Por importante que se lo que nos rodea, nada lo es tanto como la persona. El ser humano es muy superior a cualquier
animal o vegetal. Hay animales más fuertes y más veloces, pero ninguno es comparable a lo que es el hombre o mujer.
El Concilio Vaticano II lo resume así: “No se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material. Por su
interioridad es superior al universo entero”.

DOTADO DE INTELIGENCIA
El ser humano es capaz de pensar, de comunicarse, de inventar. Crea arte, levanta monumentos, fabrica sofisticados
instrumentos tecnológicos.
En el desarrollo de su capacidad mental el hombre ha domesticado parte de la naturaleza y ha multiplicado su potencia
creando nuevas fuentes de energía, viajando por el espacio, sondeándolas entrañas de la tierra.
Pero, además, el ser humano es capaz de reflexionar sobre sí mismo, sobre su vida y sus actos. Busca las causas de lo que le
acontece y analiza sus consecuencias. Así ha logrado entender lo que sucede fuera y dentro de sí.

LA SANTIDAD
“¿Qué es la santidad? Es precisamente la alegría de hacer la voluntad de Dios.
El hombre experimenta esta alegría por medio de una constante acción profunda sobre sí mismo, por medio de la fidelidad
a la ley divina, a los mandamientos del Evangelio. E incluso con renuncias”. (Juan Pablo II, Homilía, 18.1.1981).
La esencia de la santidad está en la caridad o amor de Dios y al prójimo por Dios. A estos dos amores redujo Jesús la ley y los
profetas, y los inculcó como máximos mandamientos. (cf Lc 10, 25-28)

TODOS LOS FIELES SON LLAMADOS A LA SANTIDAD


Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Y San Pablo dice a los
tesalonicenses: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1 Ts 4, 3). La santidad es vida de gracia, opuesta al
pecado.
La “llamada universal a la santidad” no es una sugerencia, sino un mandato de Jesucristo: “Tienes obligación de santificarte.
– Tú también. - ¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor:
Sed perfectos, como mi Padre celestial es perfecto” (Camino, n 39). “Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de
vida, son llamados a la plenitud de vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40).