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EL CLIS DEL SOL

No es cuento, es una historia que sale de mi pluma como ha ido brotando de los labios de ñor
Cornelio Cacheda, que es un buen amigo de tantos como tengo por esos campos de Dios. Me la
refirió hará cinco meses, y tanto me sorprendió la maravilla el no comunicarla para que los
sabios y los observadores estudien el caso con el detenimiento que se merece. Podría tal vez
entrar en un análisis serio del asunto, pero me reservo para cuando haya oído las opiniones de
mis lectores. Va, pues, monda y lironda, la consabida maravilla.

Nor Cornelio vino a verme y trajo consigo un par de niñas de dos años y medio de edad, como
nacidas de una sola "camada" como él dice, llamadas María de los Dolores y María del Pilar,
ambas rubias como una espiga, blancas y rosadas como durazno maduro y lindas como si
fueran "imágenes", según la expresión de ñor Cornelio. Contrastaban la belleza infantil de las
gemelas con la sincera incorrección de los rasgos fisionómicos de ñor Cornelio, feo si los hay,
moreno subido y tosco hasta lo sucio de las uñas y lo rajado de los talones. Naturalmente se me
ocurrió en el acto preguntarle por el progenitor feliz de aquel par de boquirrubias. El viejo se
chilló de orgullo, retorció la jetaza de pejibaye rayado, se limpió las babas con el revés de la
peluda mano y contestó:

—¡Pos yo soy el tata, más que sea feo el decilo! No se parecen a yo, pero es que la mama no es
tan pior, y pal gran poder de mi Dios no hay nada imposible.
—Pero dígame, ñor Cornelio, ¿su mujer es rubia, o alguno de los abuelos era así como las
chiquitas?
—No, señor; en toda la familia no ha habido ninguno gato ni canelo; todos hemos sido acholaos.
—Y entonces, ¿cómo se explica usted que las niñas hayan nacido con ese pelo y esos colores?

El viejo soltó una estrepitosa carcajada, se enjarró y me lanzó una mirada de soberano desdén.

—¿De qué se ríe, ñor Cornelio?
—¿Pos no había de rirme, don Magón, cuando veo que un probe inorante como yo, un
campiruso pion, sabe más que un hombre como usté que todos dicen qu'es tan sabido, tan leído
y que hasta hace leyes onde el Presidente con los menistros?
—A ver, explíqueme eso.
—Hora verá lo que jue.

Nor Cornelio sacó de las alforjas un buen pedazo de sobado, dio un trozo a cada chiquilla,
arrimó un taburete, en el que se dejó caer satisfecho de su próximo triunfo, se sonó
estrepitosamente las narices, tapando cada una de las ventanas con el índice respectivo,
restregó con la planta de la pataza derecha limpiando el piso, se enjugó con el revés de la
chaqueta y principió su explicación en estos términos:

—Usté sabe que hora en marzo hizo tres años que hubo un clis de sol en que se oscureció el sol
en todo el medio; bueno, pues, como unos veinte días antes Lina, mi mujer, salió habelitada de
esas chiquillas. Dende ese entonces le cogió un desasosiego tan grande que aquello era cajeta:
no había cómo atajala, se salía de la casa de día y de noche, siempre ispiando pal cielo; se iba

año de su fallecimento. las sacan en la procesión arrimadas al Nazareno y al Santo Sepulcro.. con que una noche me dispertó tarde de la noche y m'hizo ir a buscarle cojoyos de cirgüelo macho. Pa no cansalo con el cuento. —Bien. ¿Usté conoce a un mestro italiano que hizo la torre de la iglesia de la villa: un hombre gato. cuando nació el mayor jue lo mesmo. don Magón. pa los días de la Semana Santa. pero nunca la llegué a ver tan desasosegada como con estas chiquitas. —Pa qué engañalo. Fundó con otros escritores el periódico El País. como l'iba diciendo. No le niego que a yo se m'hizo cuesta arriba el velas tan canelas y tan gatas. Interrumpí a ñor Cornelio temeroso de que el panegírico no tuviera fin.. le cogió por ver pal cielo día y noche. —Pos él jue el que m'explicó la cosa del clis de sol. pa la Nochebuena las mudan con muy bonitos vestidos y las ponen en el portal junto a las Tres Divinas. gu bien su papel de a peso gu otra buena regalía. Ya ha tenido sus buenos pleitos con curtidas del vecindario por las malvadas gatas. y siempre con aquel capricho y aquel mal que no había descanso ni más remedio que dejala a gusto. a la quebrada. El cuento "El clis del sol" —que se puede leer más abajo— muestra característica que tuvo el pueblo costarricense campesino. Le truje los cojoyos. muy blanco y muy macizo que come en casa dende hace cuatro años? —No. ñor Cornelio. y siempre les dan su medio escudo. al charralillo del cerco. La mestra me las quiere y les cuece la ropa. y el día del clis de sol. Costa Rica 1866-1936. Manuel González Zeledón (Magón). Fue embajador de Costa Rica en Washington desde 1932 hasta 1936. . Ella había sido siempre muy antojada en todos los partos. ¡Bendito sea mi Dios que las jue a sacar pa su servicio de un tata tan feo como yo.! Lina hasta que está culeca con sus chiquillas. el Cura me las pide pa paralas con naguas de puros linoses y antejuelas en el altar pal Corpus y. Pior era que juera a nacer la criatura con la boca abierta. al solar. el Político les da sus cincos. Y todos los costos son de bolsa de los mantenedores. y me sorprende que usted lo hubiera adivinado sin tener ninguna instrucción. pero dende entonces parece que hubieran traído la bendición de Dios. ¿pero idiái? —¿Idiái qué? ¿Pos no ve que jue por haber ispiao la mama el clis de sol por lo que son canelas? ¿Usté no sabía eso? —No lo sabía. En 1953 la Asamblea Legislativa de Costa Rica lo designó como Benemérito de las Letras Patrias. Comenzó su carrera en el periódico La Patria. Yo no juí el que adevinó el busiles. Pos hora verá. pelo colorao. y dionde que aguanta que no se las alabancén. es qu'estuvo ispiando el sol en el breñalillo del cerco dende buena mañana. Vea. así siguió hasta que nacieron las muchachitas estas. qu'estaba yo en la montaña apiando un palo pa un eleje. y lo hice volver al carril abandonado. endespués otros antojos.

Y lo dejó. cuyo producto iba guardando despreocupadamente en un hoyo del rancho. en realidad. Pashaca se sabía el indio más sin oficio del valle. Se carcajeaba—. ende que le entró asaber qué. para que jugaran los cipotes de la María Elena. —¿Qué quiere mama? —¡ Ques nicesario que tioficiés en algo. se puso a la cola de un arado y empujó. que son los llanos que topan al cielo.. Enseguiditas contó mil hallazgos de botijas. Un día entró Ulogio Isho con un cuenterete. Como en esos días se murió la Petrona Pulunto. como el agua del charco cuando el sol comienza a ispiar detrás de lo del ductor Martínez. el cuero era un cuero tirado en un rancho. —¡Qué feyo este baboso! —llegó diciendo. el rancho era un rancho tirado en una ladera. donde aró. puya el silencio con sus gritos destemplados. allí donde los demás llevan la frente. les ayudaba a los otros. por no tener tierra cedida.. En las aradas se incuentran catizumbadas. Pero a los dos días llegó el anciano Bashuto. Para ello. y a lo mucho encogía la pata. Tras la reja iban arando sus ojos. que se asombraba del milagro que hiciera de José el más laborioso colono.. les mandaba descansar y se . También se hallan botijas llenas dioro. Comió majonchos robados. Tenía el sapo un collar de pelotitas y tres hoyos: uno en la boca y dos en los ojos. por fuerza. que parecía como si entre los borbollos de tierra hubiera ido dejando sembrada el alma. Se había hecho no sólo trabajador. y se decidió a buscar botijas. Ninguno de los colonos se sentía con hígado suficiente para llevar a cabo una labor como la de José. de lo dicho. allí por fuerza la incontraría tarde o temprano. —¿Cómo es eso. que las horas coloradas le hallaban siempre sudoroso. dejaba las cáscaras. sin resultados nutritivos. parado en los ganchos de la ceiba. tenía huaca. Por fuerza también tenía Pashaca que cosechar. Y Pashaca sembraba. así se hacía de grande su obsesión. aró. y vomitan plata y oro. Pa que nacieran perezas. Tan grande como él se hacía. que se había hallado arando. Lo que él buscaba sin desmayo era una botija y siendo como se decía que las enterraban en las aradas. sino hasta generoso. le había parado del cuero y lo había empujado a las laderas de los cerros. La ambición más que el hambre. se propuso hacer pisto. se fue sin darse cuenta de que. y por fuerza que cobrar el grano abundante de su cosecha. El patrón. caspeaba ávido la tierra negra. que hacen “¡plocosh!” cuando la reja las topa. Trabajaba sin trabajar —por lo menos sin darse cuenta— y trabajaba tanto. siempre mirando al suelo con tanta atención. con la mano en la mancera y los ojos en el surco. En cuanto tenía un día de no poder arar. ¡meramente el tuerto Cande!. Cuando se fue. bostezando.. José levantó la boca y la llevó caminando por la vecindad. de los agüelos de nosotros. Y así fue como José Pashaca llegó a ser el indio más holgazán y a la vez el más laborioso de todos los del lugar.” Pero José Pashaca no se daba cuenta de que. Piojo de las lomas. ya tás indio entero! —¡Agüén!. y se fue en humo.. al ver de los vecinos. hasta la hora en que el guas ronco y lúgubre.Cuento LA BOTIJA de SALVADOR SALAZAR ARRUÉ (SALARRUÉ) [1899-1975] José Pashaca era un cuerpo tirado en un cuero. ño Bashuto? Bashuto se prendió al puro con toda la fuerza de sus arrugas. Él buscaba las botijas llenas de bambas doradas. porque el patrón exigía los censos. Pashaca se peleaba las lomas. Él no trabajaba. para que éste cayera sobre la botija como un trapo de amor y ocultamiento. Petrona Pulunto era la nana de aquella boca: —¡Hijo: abrí los ojos. José Pashaca se dignó arrugar el pellejo que tenía entre los ojos. Algo se regeneró el holgazán: de dormir pasó a estar triste. Era un como sapo de piedra. que el indio soñador de tesoros rascaba con el ojo presto a dar aviso en el corazón. dábale con gusto y sin medida luengas tierras. desde la gritería de los gallos que se tragan las estrellas. todos los cuales “él bía presenciado con estos ojos”. y en viendo el sapo dijo: —Estas cositas son obra denantes. Ya tendrá una buena huaca.. porque eso sí. “Es el hombre de jierro —decían—. por siacaso. ya hasta la color de que los tenés se me olvidó! José Pashaca pujaba.

pero luego seguía con brío su tarea. “Dende que bía finado la Petrona.. Y lo hacía bien. Y así fue. a la hora en que se verdeja el cielo y en que los ríos se hacen rayas blancas en los llanos. “voltiando a ver al indio embruecado. lo tapó bien tapado. contra el cielo claro. dejó ir liadas en un suspiro estas palabras: —¡Vaya. su huaca. borró todo rastro de tierra removida. aunque no querrás. babosada! —pensaba el indio sin darse por vencido—: Y tei de topar.quedaba arando por ellos. Se lo avisó un desmayo con calentura. los bueyes se fueron parando. pa que no se diga que ya nuai botijas en las aradas!. haciendo juerzas de tripas.. salió sigiloso llevando. Un día.” Una noche. y alzando sus brazos de bejuco hacia las estrellas. los surcos de su reja iban siempre pegaditos. así mihaya de tronchar en los surcos. José Pashaca se dio cuenta de que ya no había botijas. no lo del encuentro. chachados y projundos. y así se estuvo haciendo un hoyo con la cuma. No quiso que naide lo cuidara. sino lo de la tronchada. y resollando el viento oscuro”. . vivía íngrimo en su rancho. Se agachaba detrás de los matochos cuando otiba ruidos. Los hallaron negros. —¡Onde te metes. que daban gusto. en un cántaro viejo. rendido. como si la reja se hubiera enredado en el raizal de la sombra. Metió en el hoyo el cántaro. José Pashaca se puso malo. Se quejaba a ratos. se dobló en la mancera.

En 1848. metían a Henry Brown en una caja de madera forrada con un paño grueso de un metro de largo. con unas pocas galletas y una cantimplora de agua. Así que. abandonó su lucha. El 23 de marzo de 1849. el profesor Cleveland y Lewis Thompson abrían la caja en Filadelfia… ¿Cómo están ustedes. cuando Nancy estaba embarazada de su cuarto hijo. Después de varios meses lamentando la pérdida de su familia. decidió que conseguiría la libertad costase lo que costase… ya nada tenía que perder. uno en Richmond para enviar el paquete y otro en Filadelfia para recibirlo. Samuel Alexander Smith intentó liberar más esclavos de Richmond con un nuevo envío a Filadelfia el 8 de mayo de 1849. tras la aprobación de la Fugitive Slave Act (Ley de Esclavos Fugitivos) y el temor a ser devuelto a su antiguo amo en Virginia. como “productos textiles“. Henry recibió la noticia de que su mujer y sus tres hijos habían sido vendidos a un comerciante de esclavos. señores? – dijo Brown. y con el permiso de sus respectivos amos. pero en 1850. líder de la Sociedad en Filadelfia. Fueron 27 horas penosas en carreta. contactó con Samuel Alexander Smith. Antes del amanecer del 25 de marzo. a través de James Caesar Anthony. salió corriendo para suplicarle al amo que no lo hiciese… Impotente. ferrocarril y barco de vapor en las que además tuvo que sufrir la dejadez de los transportistas al no respetar “este lado hacia arriba“. obtuvieron el permiso para casarse. Henry “Box” (caja) Brown Debido al éxito de aquel brillante plan. Formó una nueva familia y se dedicó a otros menesteres menos altruistas. Su vida transcurría sin pena ni gloria hasta que conoció a Nancy. Después de un breve noviazgo. detenido y condenado a 6 años de prisión. En aquel momento lo bautizaron como Henry “Box” Brown. un antiguo esclavo que había conseguido la libertad. pero fue descubierto. EL ESCLAVO QUE CONSIGUIÓ LA LIBERTAD ENVIÁNDOSE A SÍ MISMO POR CORREO En 1830. cuando tenía 15 años. el esclavo Henry Brown fue enviado a Richmond (Virginia) para trabajar en una plantación de tabaco. . casi uno de alto y medio de ancho.partían hacia Carolina del Norte. huyó a Londres donde siguió con la lucha abolicionista. Henry pagó a Samuel 86 dólares para que se encargarse de todos los preparativos y le encargó contactar con Philadelphia Anti-Slavery Society (Sociedad Antiesclavista de Filadelfia) para que alguno de sus miembros aceptase el envío. una esclava de una plantación adyacente. Tras algunos problemas financieros y las críticas por no hacer nada por recuperar a su familia. William Still. Samuel Alexander Smith enviaba la caja a través de Adams Express Company a James Miller McKim. un simpatizante de la causa abolicionista en Richmond. Henry “Box” Brown se convirtió en un icono del abolicionismo participando incluso en convenciones y mítines. Necesitaba la ayuda de dos cómplices más. Dentro de sus limitadas posibilidades fueron años de felicidad junto a sus tres hijos. sólo pudo contemplar cómo 350 esclavos encadenados -entre los que estaban Nancy y sus hijos. James Miller McKim. Ideó un plan brillante: se enviaría a sí mismo en una caja por correo postal a Filadelfia.

Hombres en venta Virginia. vámonos. Algunos ancianos fueron vendidos por entre trece y veinticinco dólares. a quienes se les dijo que no los venderían. Respondió: “Son los que me quedan de ocho. ¡Ay!. Elwood Harvey . Se escucharon algunas bromas vulgares acerca del color de su piel y alguien ofreció doscientos dólares. Tenía el cabello castaño y lacio.” A otros tres los vendieron al Sur y jamás volvió a verlos o a saber de ellos. Nos fuimos. y de que jamás volverían a ver a sus familiares y amigos. Virginia. pero el público opinó que “como primera oferta. con un dolor frenético. A un muchacho blanco de alrededor de quince años se le obligó a subir a la tribuna. Uno de mis acompañantes me dio un golpecito en el hombro y me dijo: “Ven. la empujaron con rudeza y cerraron la puerta detrás de ella. Nuestro cochero en Petersburg tenía dos hijos que pertenecían a la finca: hijos pequeños. Se anunció que no había ninguna garantía de sanidad por lo que los compradores mismos debían examinarlos. pero se detuvo. gritó y ya no se movió. y de repente presenciamos una subasta pública de esclavos. ponerse de pie para ser objeto del escarnio de brutales tiranos. Enseguida se llamó a una mujer por su nombre. Temeroso de llorar frente a tantos extraños que no mostraban ningún signo de compasión o misericordia. y en su semblante no se percibía ningún rasgo negro. y escucharlos hablar sobre sus enfermedades y su inutilidad. El encargado de la subasta se paró frente al pórtico de la casa y alineó a los “hombres y muchachos” para inspeccionarlos en el patio. la cifra no es suficiente por un muchacho negro tan capaz”. cuya atención ahora estaba centrada en ellos. van a llevarse a mi… ” Su voz se perdió. mudos de desesperación. no aguanto más”. Los reunieron frente a los barracones. Los niños se escondieron detrás de los árboles y las barracas. Antes de ser vendido. Otros dijeron que un negro blanco no valía los problemas que iba a ocasionar. mi muchacho. Resultaba doloroso ver a los viejos. alzó los brazos. gritó llorando: “Mi hijo. el efecto fue de una agonía indescriptible. En ningún momento se interrumpió la venta y nadie entre los asistentes pareció sentirse afectado por la escena. Se pagaron doscientos cincuenta dólares por él. por temor a que los compraran los traficantes de esclavos del mercado del sur. y los hombres permanecieron de pie. y después a la multitud de compradores. Cuando por fin cayeron en cuenta de la horrible certeza de su venta. a la vista de la multitud ahí congregada. la madre del joven salió apresuradamente de la casa al pórtico y. Le pregunté si era peor que vender a gente negra. doblados por años de arduo trabajo y sufrimiento. Varios comentaron que “no lo aceptaría ni regalado”. Él obtuvo la promesa de que no los venderían. Un hombre afirmó que estaba mal vender a gente blanca. diciembre de 1846 Asistimos a la venta de un terreno y otras propiedades cerca de Petersburg. el pobre muchacho se enjugó las lágrimas con las mangas. Le preguntamos si eran sus únicos hijos. Después de liquidar la propiedad se escuchó la estrepitosa voz del subastador: “¡Traigan a los negros!” Una sombra de desconcierto y de temor invadió su rostro al tiempo que se miraban unos a otros. Ella le dio a su hijo un último abrazo desesperado antes de dejarlo a cargo de una anciana y de manera mecánica se apresuró a obedecer el llamado. No respondió. Las mujeres levantaron a sus bebés de un tirón y corrieron a sus chozas dando gritos. el tono de su piel era exactamente el mismo que el del resto de las personas de tez blanca. Durante la subasta los gritos y lamentos provenientes de los barracones me partieron el corazón.

Me pareció que estaba masticando una rana. Seguí deslizando la mano. cuando estaba en la balsa con la gaviota capturada. La sustancia negra y viscosa en los dedos me produjo una sensación de repugnancia. Pero cuando ya la tuve entre las manos. Lo primero que traté de hacer fue desplumarla. La cabeza. A la primera vuelta sentí que se le destrozaron los huesos del cuello. de tal modo que la carne se desprendía con las plumas ensangrentadas. Aquello parecía un asesinato. La lavé dentro de la balsa. Es fácil decir que después de cinco días de hambre uno es capaz de comer cualquier cosa. Tuve lástima. Era excesivamente liviana y los huesos tan frágiles que podían despedazarse con los dedos. pero estaban adheridas a la piel. como a una gallina. tratando de cazar una de las gaviotas que seguían el barco. A la segunda vuelta sentí su sangre. Pero como es miope y voraz. Le agarré fuertemente la cabeza al animal y empecé a torcerle el pescuezo. Aterrorizado. salté al interior de la balsa y me dispuse a devorarla. estaba seguro de que si llegaba a capturarla me la comería viva. pero no me hacía daño. chorreándome por entre los dedos. El chorro de sangre en la balsa soliviantó a los peces. la agarré por un ala. de las palabras del jefe de armas. se desprendió del cuerpo y quedó latiendo en mi mano. como si las estuviera oyendo. me dijo: "No seas infame. Era demasiado frágil. Las gaviotas tienen afinado el instinto de conservación en tierra firme. un marinero experimentado. tuve un momento de vacilación. cuando se voltea panza arriba arrastra todo lo que encuentre a su paso. traté de desplumarla cuidadosamente. Bruscamente. con un intenso olor a pescado crudo y a sarna. cuando sentí la palpitación de su cuerpo caliente. En el mar son animales confiados. En ese instante. las palabras del jefe de armas resonaban en mis oídos. de sus vísceras azules. Me llevé a la boca una hilaza de muslo. le eché la cabeza de la gaviota y vi. La despresé de un solo tirón y la presencia de sus rosados intestinos. enloquecido por el olor de la sangre. El jefe de armas del destructor. delicada y blanca. Yo la estaba viendo en mi muslo. puede cortar de un mordisco una lámina de acero. cuando vi sus redondos y brillantes ojos pardos. a pocos centímetros de la borda. La gaviota para el marinero es como ver tierra. Era simple. aún palpitante. Tengo la impresión de que en ese momento el tiburón trató de embestir la balsa. Pero no contaba con la fragilidad de su piel. Cuando esperaba que se posara en mi muslo. Estaba hambriento y la misma idea de la sangre del animal me exaltaba la sed. Quitándole las plumas empezó a deshacérseme entre las manos. la tremenda rebatiña de aquellos animales enormes que se disputaban una cabeza de gaviota. dispuesto a darle muerte y despresarla. Pero por muy hambriento que uno esté siente asco de un revoltijo de plumas de sangre caliente. más pequeña que un huevo. con cierto método. A pesar de que llevaba cinco días sin comer. arrojé el . Yo estaba tan inmóvil que probablemente aquella gaviota pequeña y juguetona que se posó en mi muslo creyó que estaba muerto. Me picoteaba el pantalón. Pero a cien millas de la costa es distinto. tiene que voltearse para comer. en el instante preciso en que la gaviota se dio cuenta del peligro y trató de levantar el vuelo. pero no pudo tragarlo. viva y caliente. No es digno de un marinero matar una gaviota". un tiburón. Pero en aquel momento el hambre era más fuerte que todo. LOS DESESPERADOS RECURSOS DE UN HAMBRIENTO (Fragmento perteneciente al libro: "Historia de un náufrago") GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ANTES DE LEER: ¿Imaginas sobre qué tratará el texto? ¿En qué lugar o ambiente se desarrollarán los hechos? Si uno se acuesta en una plaza con la esperanza de capturar una gaviota. Como sus mandíbulas están colocadas debajo del cuerpo. me revolvió el estómago. Al principio. puede estarse allí toda la vida sin lograrlo. Trataba de arrancarle las plumas. La blanca y brillante panza de un tiburón pasó rozando la borda. Sin poder disimular la repugnancia. Cierta vez estaba yo en cubierta con una carabina. Yo me acordaba de aquel momento. sin quitarle las plumas.

estuve escrutando el horizonte desesperadamente. desesperado. Sin embargo. a todo lo largo de aquella noche transparentada por la luz de la luna -mi sexta noche en el mar. El mar estaba picado y en cada ola me parecía ver la luz de un barco. Hacía dos noches que había perdido las esperanzas de que me rescatara un barco. Pensé que podía improvisar un anzuelo con la hebilla. ocurría algo que me hacía renacer mi esperanza. Sin embargo. ¿en su sexta noche en el mar qué cosa le ocurrió? COMPRENSIÓN DE LECTURA Lee bien las oraciones que siguen y anota lo que comprendes: Me acosté a morir: El mar estaba picado: LECTURA INFERENCIAL  ¿Crees que un ser humano pueda soportar cinco días perdido en el extenso mar azul sin beber y sin comer alimentos? Explica tu respuesta. Un viento fuerte se levantó desde las primeras horas. Cuando oscureció por completo arrojé al agua los restos de la gaviota y me acosté a morir. Estaba anocheciendo y los peces. Pero no tenía nada distinto de las llaves. abandonado a mi suerte en el fondo de la balsa.pedazo que tenía en la boca y permanecí largo rato inmóvil. Desde el día del accidente fue la primera noche. el reloj. sin pensar siquiera en la precaución de amarrarme a los cabos. Pero no tenía ningún elemento de pesca. casi con tanta intensidad y tanta fe como en la primera. Si al menos hubiera tenido un alfiler. Esa noche fue el reflejo de la luna en las olas. mientras yo. Pero mis esfuerzos fueron inútiles. GUÍA DE CONTROL DE LECTURA ¿Qué acontecimiento o experiencia pasada recordó el náufrago antes de dar muerte a la gaviota? ¿Qué parte de la gaviota arrojó el náufrago al mar que produjo una rebatiña entre aquellos animales enormes? Al hombre náufrago siempre le sucedía algo que le hacía renacer la esperanza. Esa noche no vino Jaime Manjarrés. consigue y lee el libro "Historia de un náufrago" de Gabriel García Márquez. Un pedazo de alambre. cada vez que se me derrumbaba el ánimo. apenas con los pies y la cabeza fuera de ella. daban saltos en torno a la balsa. Lo primero que se me ocurrió que aquello que no podía comerme me serviría de carnada.  Con el propósito de completar tu información. la superficie del mar recobra un aspecto espectral. Pensé en el cinturón. con aquel repugnante amasijo de plumas y huesos sangrientos en la mano. La balsa daba tumbos. Creo que esa noche hubiera muerto de agotamiento y desesperación. enloquecidos por el olor de la sangre. Bajo la claridad azul. Estuve solo. Si ahora me encontrara en las mismas circunstancias moriría de desesperación: ahora sé que la ruta por donde navega la balsa no es ruta de ningún barco. yacía exhausto dentro del agua. Mientras preparaba el remo para acostarme oía la sorda guerra de los animales disputándose los huesos que no me había podido comer. Era imposible improvisar un anzuelo con el cinturón. .  ¿El hombre demostró ser fuerte o débil de ánimo y esperanzas? ¿Qué opinas? CREATIVIDAD  ¿Cómo imaginas el final del relato? ¿El hombre muere o logra salvarse?  ¿Cómo imaginas el aspecto físico y espiritual del hombre perdido en el mar sin comer y beber durante cinco largos días? Anota algunas ideas. Pero después de la medianoche hubo un cambio: salió la luna. el anillo y las tres tarjetas del almacén de Mobile.