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Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado”

Decanato de Agronomía
Programa Ingeniería Agroindustrial
Departamento de Gerencia y Estudios Generales

Estrategias Cognitivas y Metacognitivas (Morles, 1991)


Material elaborado con fines didácticos para la asignatura Lenguaje
Instrumental y Comunicación

Elaborada por: Prof. Msc. Ivy


Escalona de Orellana

Este investigador (Morles, ob. cit.) asegura que al lector se le puede


entrenar en prácticas de estrategias cognitivas que le permitan procesar la
información que obtiene a través del texto, y que ha comprobado a través de
sus investigaciones, que la comprensión puede mejorarse significativamente si
se ejercitan tres grandes grupos de estrategias. Algunas estrategias pueden
resultar más efectivas para algunos lectores que para otros, así como unas
son más apropiadas para ciertas lecturas que para otras, lo importante es guiar
el lector para la toma de decisiones en la selección y aplicación de las mismas,
de manera que a medida de que más las ejercite, se conviertan en actividades
cotidianas para él y cree sus propias estrategias que le hagan más efectiva su
comprensión lectora.

A) Estrategias cognitivas para procesar la información:

Son actividades mentales conscientes o no, que realiza el lector para


transformar la manera como está presentada la información en el texto, con la
finalidad de que le resulte más comprensible, interpretable y trascendental. En
otras palabras, el lector reordena la estructura del texto e inclusive, transforma
su lenguaje para comprenderlo a cabalidad. Las estrategias para procesar la
información, están subdivididas a su vez, en otras cinco estrategias:
1) Estrategias de organización:

En palabras de Morles (1991):

Son operaciones mentales que lleva a cabo el lector


para dar a los componentes de la información
(eventos, detalles, proposiciones, ideas, conceptos, etc.) un
orden alternativo con el propósito de hacerla más significativa. En este
sentido, el lector tratará de organizar la información siguiendo un orden
distinto que pudiera ser, según el caso, cronológico, espacial,
jerárquico, inductivo, deductivo, causa-efecto, etc. (p. 263).

En este sentido, para el desarrollo de las estrategias de organización, se


propone que una vez leído determinado texto, el docente asigne la tarea de
reescribirlo, atendiendo a cierto criterio de ordenación previamente
seleccionado. El criterio de ordenación (los especificados en la cita: de tiempo,
de causa-efecto, por importancia, entre otros) debe seleccionarse de acuerdo
a las características de la lectura, específicamente considerando su estructura
interna, y preferiblemente, los estudiantes deben participar en la selección de
ese orden.

2) Estrategias de elaboración:

El lector crea nuevos elementos que le ayuden a hacer más significativo el


texto, como ejemplos, causas, consecuencias, analogías, imágenes, que se
asocien con la información presentada. El docente puede promover estas
estrategias asignando paráfrasis, incentivando a la realización de comentarios,
y formulando preguntas que propicien la elaboración de tales esquemas de
conocimientos.

3) Estrategias de focalización

Morles (1991) explica estas estrategias a través de la siguiente cita:


Son aquellas estrategias que emplea el lector para precisar el
significado de la información contenida en un texto escrito. Cuando la
manera como está escrito un texto dificulta, en alguna medida, su
comprensión ya sea porque se presta a la ambigüedad o porque implica
el uso de una cantidad mayor de palabras, oraciones, proposiciones,
ejemplos o material redundante del que un lector habría requerido, éste
debe aplicar estrategias que le permitan precisar su significado (p. 265).

De esta manera, es conveniente desarrollar actividades de aula que


impliquen la ubicación de información específica en el texto, tales como,
responder a preguntas específicas, formular la idea principal, responder a
propósitos trazados, comprobar hipótesis, precisar estilo del escritor, identificar
argumentos, entre otros.

4) Estrategias de integración:

Permiten unir en un todo las diferentes partes del texto,


e incorporarlas a los esquemas de conocimiento que previamente poseía el
lector sobre el tema tratado. En este sentido, se pueden agrupar las
interpretaciones parciales que se van formulando durante la lectura, para crear
una sola interpretación, de forma que se obtenga una visión global de escrito,
que incluya tanto los datos previos como lo recientemente aprendido.

5) Estrategias de verificación:

Según Morles (1991), con el uso de estas estrategias: “el lector busca
determinar hasta qué punto las interpretaciones parciales hechas a lo largo de
la lectura son coherentes entre sí, con la lógica, las opiniones autorizadas y los
esquemas de conocimiento del lector que se relacionen con el tema objeto de
la lectura” (p. 266).
Así, el lector determina si el texto o sus interpretaciones presentaron
incongruencias, si pudo superar sus dificultades, si sus predicciones o
hipótesis pueden ser comprobadas, si ignoró algún elemento importante del
texto. Para promover estas estrategias, el docente puede solicitar la evaluación
de la consistencia interna del texto, la elaboración de un resumen y su
comparación con las interpretaciones parciales, la determinación de las
incoherencias halladas en el resumen, entre otras.

B) Estrategias cognitivas para resolver problemas de


procesamiento de la información:

Cuando se lee, es común enfrentarse con dificultades que


no permiten que el procesamiento de la información se dé con la
mayor efectividad; Collins y Smith (citados por Morles, 1991) afirman que estos
problemas se originan en alguna de las siguientes fuentes: comprensión de
vocabulario, comprensión de oraciones, comprensión de relaciones entre
oraciones y comprensión global del texto. Para resolverlos, se han ideado
estrategias clasificadas en dos grupos: generales y específicas. Entre las
primeras se tienen:

… releer todo el texto o la parte en la cual se ubica el problema hasta


lograr su resolución, continuar leyendo en búsqueda de más información
que permita dar una solución al problema encontrado, parafrasear la parte
del texto que presenta el problema (repetir esa parte del texto usando
palabras, frases u oraciones diferentes), generar imágenes mentales
relacionadas con la parte del texto que presenta el problema, formular
hipótesis sobre lo que se supone significa esa parte del texto y continuar
leyendo tratando de comprobar la certeza de la hipótesis formulada,
pensar en analogías (en situaciones equivalentes a la expresada en el
texto, pero de más fácil interpretación, por ejemplo, si el texto describe el
aparato circulatorio, pensar en el acueducto de una ciudad), etc. (Morles,
1991, s/p)

A estas estrategias se le han denominado generales, porque comúnmente


son aplicadas consciente o inconscientemente por los lectores expertos, y
tienen la capacidad de resolver simultáneamente dos o más problemas. Es
importante promover estas estrategias en el aula de clases, y propiciar
discusiones para que los estudiantes comenten si en alguna oportunidad
habían hecho uso de cualquiera de esas estrategias; de esa manera, pueden
comprobar la ayuda que verdaderamente ofrecen y la importancia de llevarlas
a cabo consciente y espontáneamente.
En cuanto a las estrategias específicas, se dirigen a resolver problemas
concretos que se presentan en la comprensión de la lectura, a continuación se
presentan las reseñadas por Morles (1991):
a) Establecer el significado de palabras desconocidas, es conveniente
llevar a cabo esta estrategia infiriendo los significados de la terminología
con lo que se encuentra antes y después en el texto, también se puede
deducir con la estructura interna de la palabra o formulando hipótesis y
continuar la lectura hasta poder comprobarla.
b) Precisar las ideas principales de un texto, lo que se puede llevar a cabo
suprimiendo detalles, información redundante o explicativa, ejemplos,
entre otros.
c) Encontrar una interpretación apropiada a una oración, lo que se
consigue a través de la relectura, la paráfrasis y generando imágenes
visuales relacionadas con el contenido.
d) Identificar los antecedentes de palabras y frases, para lo que conviene
ejercitar a los estudiantes en los mecanismos de cohesión como la
sinonimia, las sustituciones por proformas, el uso de los conectores,
entre otros.

El autor aclara que las estrategias que sugiere son sólo las más utilizadas,
y a medida que se propicie su ejercitación los estudiantes podrán idear sus
propias actividades que les permitan tomar el control de sus problemas de
comprensión y resolverlos eficazmente. Un lector experto no es quien carece
de estos conflictos, por el contrario, es quien es consciente de ellos y
sabe encontrar las estrategias más apropiadas para solucionarlos.

C) Estrategias Metacognitivas para regular el proceso de


comprensión en la lectura:

En este segmento Morles (1991) introduce el término


metacomprensión, para referirse a la forma como el lector se hace
consciente de su propio proceso de aprendizaje, de sus debilidades, de sus
fortalezas y toma el control sobre su situación para aplicar las estrategias
cognitivas de forma racional y concienzuda. Diversos investigadores que han
consultado a este autor, han denominado a sus estrategias metacognitivas, por
el hecho de que los estudiantes las aplican a partir del autocontrol que ejercen
sobre su proceso de comprensión lectora, luego de que el docente las ha
promovido a través de la ejercitación constante.
No obstante, la expresión estrategias metacognitivas no fue introducida
por Morles (ob. cit.), pero los autores la han utilizado para referirse a la
aplicación práctica de la metacomprensión, a través de las actividades
reseñadas por él mismo. Así explica Morles (ob. cit.) las implicaciones de la
metacomprensión en el lector: “Este estado implica el uso consciente e
intencional de sus conocimientos y habilidades durante el proceso de la
comprensión de la lectura y la auto-regulación del desarrollo de ese proceso”
(pp. 269-270).

a) Ejercicios de planificación:

El docente debe promover el establecimiento de objetivos


de lectura: ¿Qué se quiere lograr con ella?, ¿Cuál información
se desea obtener?, ¿Qué se sabe sobre el tema y que se hará
para ampliar esos conocimientos? Cuando los propósitos de lectura están bien
determinados, la lectura se facilita porque el lector sabe en donde debe prestar
mayor atención a medida que lee y cuál es la información que no resulta
relevante para el logro de sus metas.

b) Ejercicios de ejecución:

Según Morles (1991), estos ejercicios se resumen en tres tipos de


actividades mentales: autosupervisión de las estrategias cognitivas que se
están aplicando; autocomprobación de que el uso de esas estrategias es
apropiado y efectivo; y autoajuste de tales estrategias, si se comprueba que su
aplicación no genera los resultados esperados. Se debe instar constantemente
a los estudiantes a comprobar si están comprendiendo la lectura, si están
logrando los propósitos establecidos y qué estrategias seleccionan para
hacerlo.
2) Ejercicios de evaluación:

El docente debe propiciar la revisión final por parte de los


estudiantes, de los resultados obtenidos a través su lectura, de
manera que verifiquen el logro de sus metas, de sus propósitos, los
aprendizajes obtenidos y la manera como se desarrolló todo el
proceso. Una cita textual resume lo indicado por Morles (1999):

En los ejercicios de evaluación hay que incluir actividades en las


cuales el estudiante evalúe el logro del propósito, los objetivos o las
metas propuestas antes de iniciar la lectura: determinar cuánto
comprendió de la lectura realizada, hasta donde logró el propósito, los
objetivos y las metas (si es que ellos estaban establecidos y precisados) y
cuán buena fue su comprensión (p. 272).

Igualmente, el autor insiste en la importancia de que en cada una de las


estrategias presentadas, el estudiantes se haga consciente de su proceso de
comprensión y aprenda a detectar sus debilidades y fortalezas, de forma que
encuentre las mejores estrategias para superar las primeras y potenciar las
segundas. De la misma manera, es conveniente que el docente aumente
progresivamente la complejidad de los textos y ejercicios, a medida que
compruebe los avances obtenidos, y mantener un proceso de acompañamiento
constante para que el estudiante se sienta orientado y apoyado (no vigilado).
Lo trascendental de estas estrategias, es que buscan la adquisición de
habilidades que se perpetúen en toda la trayectoria académica y profesional del
estudiantado, es decir, se alejan de los contenidos memorísticos que
tradicionalmente sólo sirven para aprobar el curso y son inútiles en
experiencias posteriores.