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O B R A S C O M P L E T A S DE

I.UIS GONZÁLEZ Y GONZÁLFZ

T O M O I

El oficio de historiar

E L OFICIO DE HISTORIAR

OTROS GAJES DEL OFICIO

Clío
México, 1995
preferencia en el repertorio de los temas históricos del México de
nuestros días.*' Desde los años cuarenta, la partícula del mundo his-
tórico llamada historiografía ha sido una de las más cultivadas en
nuestro medio, en parte por el patrocinio del Instituto Panamericano Preguntas del
de Geografía e Historia al proyecto de historiar la historiografía de
cada uno de los países de este continente, y sobre todo, por la pervi- historiador a lo histórico
vencia del seminario de Edmundo O'Gorman que estudia y revive a
los cronistas e historiadores de la Nueva España.'"
Según el maestro Arnáiz y Freg, que gustaba de las frases brillan-
tes y aforísticas, en el mundo histórico documentado no hay nada
tan sublime n i tan vulgar que no pueda ser abierto por el bisturí del La elección del campo de estudio
historiador. Desde 1940, los temas de interés para los historiadores
se han ampliado sin cesar. Pese al gran número de colegas que figu- suele ser la segunda toma de decisiones de un vocado a las antigua-
ran en los directorios de profesionistas, hoy la mies es más copiosa llas. La primera fue la elección, generalmente misteriosa, de la carre-
y variada. ra. Si se les pregunta a los historiadores por qué escogieron el oficio
de historiar, muy pocos responden lúcidamente y sin titubeos. No
falta quien diga que lo hizo para divertirse, en plan de hobby. Vivían
H . Galbraith, el ilustre maestro de Oxford, dice para salir del paso:
" M i afición provino de una mera inferioridad física."' Cario Cipolla
culpa de su carrera a un excelente profesor de historia de la econo-
mía.^ El noruego George Rudé escribe: "Creo que fue la lectura de
Marx, y probablemente también la de Lenin, la que me condujo a la
historia."^ L.P. Curtís Jr. aclara: "Para alguien como yo, nacido en el
hogar de un historiador [...] no tiene mayor objeto explicar exacta-
mente cuándo, cómo y por qué me decidí por la carrera de historia...
No puedo recordar una época de m i infancia y juventud que no estu-
viese cargada de recuerdos."* A la mayoría de los historiadores no
les gusta psicoanalizarse y descubrir qué experiencias infantiles o ado-
*' L. González y González, "Historia de la historia", en op. cit., pp. 46-78.
™ En el artículo de L. González y González no constan las siguientes historias de
la historia mexicana: Isaac Barrera, Historiografía del Ecuador, México, IPGH, 1956; ' Vivían Hunter Galbraith, "Reflexiones", en L.P. Curtís, comp.. El taller del histo-
George Baudot, Utopía e historia en México, Madrid, Espasa-Calpe, 1983; Efraim riador, trad. de Juan José Utrilla, México, F C E , 1975, p. 44.
Cardozo, Historiografía paraguaya, México, IPGH, 1959; Germán Carrera Damas, His- ' Cario M. Cipolla, "Fortuna plus homini tjuam consilium valet", en L.P. Curtís, op.
toria de la historiografía venezolana, Caracas, l U , 1961; Francisco Esteve Barba, Histo- cit., pp. 89-90.
riografía indiana, Madrid, Grados, 1964; Elsa Goveia, A Study on the Historiography of ^ George Frederíck Ellíot Rudé, " E l rostro cambiante de la multitud", en L.P.
the British West Indies, México, IPGH, 1956; José Manuel Pérez Cabrera, Historiografía Curtís, op. cit., p. 207.
de Cuba, México, IPGH, 1962; Catts Pressoir, Historiographie d'Haiti, México, IPGH, ' L.P. Curtís, Jr., "De las imágenes y la imaginación en historia", en L.P. Curtís,
y José Honorio Rodríguez, Historiografía del Brasil, México, IPGH, 1962. op. cit., p. 263.

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lescentes los condujeron al estudio de las acciones humanas del pa- mundo, los historiadores se topan con la prohibición más o menos
sado. Por lo demás no hace mucha falta saber por qué se optó por la velada de salirse del contorno espacio-temporal de su país. De los
carrera de historiador para escribir buenos libros de historia. cuatro centenares de estudiosos mexicanos de hoy, sólo trece dicen
Tampoco es necesaria la conciencia de por qué se escogen de por tener una especialidad que rebasa las fronteras de México o no cae
vida una o más especialidades dentro del anchísimo mundo de la dentro de éstas. A los patrocinadores les desagrada invertir en la in-
afición histórica. Quizá la tendencia natural de la mayoría de los his- vestigación de asuntos exóticos y a los patrocinados les resulta có-
toriadores es la de conocer y dar a conocer todo lo histórico, pero modo el estudio de la historia doméstica.
únicamente el insensato se empeña en la indagación y la escritura Generalmente la mies escogida como especialización no es toda la
del conjunto de las acciones humanas. Marrou solía decirle al discí- actividad humana de un continente o de un país. El buen especialista
pulo: "Tú no eres Dios: no te olvides de que eres tan sólo vm hom- acota un espacio breve y un periodo corto. A los historiadores de
bre."' Ningún bípedo de la especie humana pervive lo suficiente y casa se les sugiere que trabajen de por vida en una de las tres épocas
posee la capacidad retentiva para saber todo acerca del pasado de los canónicas de la historia de México: la prehispánica, la colonial o la
hombres. El oficio enciclopédico n i es posible ni está de moda. Quie- independiente. Ésta se ve con especial ternura. Sobre todo se privile-
nes compilan directorios de historiadores por países ponen el nom- gia a quienes se especializan en el movimiento emancipatorio, la refor-
bre, el grado de estudios, la especialidad, la calle, la población y el ma liberal y la revolución mexicana. En esta época de profesionalismo
teléfono de cada historiador. Sin embargo, no son pocos los opuestos y especialidad, el estudioso no satisface a preguntones y mecenas si
al profesionalismo y son muchos los enemigos de la especialización. se hmita a decir: mi título es de la Facultad de Filosofía y Letras y mi
Únicamente si se es rico y se vive fuera de los institutos de alta cultu- especialidad la historia de México en la época independiente. Se pre-
ra se puede cambiar de oficio varias veces y recorrer distintos cam- gunta también por la clase de hechos históricos que interesan. Por
pos de estudio. Incluso, cabe la posibilidad de convertirse en aprendiz regla general, ser especialista quiere decir ocuparse únicamente de
de todo y oficial de nada. un país, una época y un tipo de historia; por ejemplo, historia políti-
ca, o económica, o social, o de las ideas, o de las mentalidades, o del
Casi siempre el investigador de la historia se ve obligado a esco-
arte, o de la ciencia. A muy pocos sabios se les perdona, y sólo en la
ger como campo de estudio sólo un momento de la procesión de las
tercera edad, el vagabundeo por distintos terrenos. A los jóvenes,
naciones y de los imperios; sólo especializado recibe ayuda de una
quizá con razón, se procura confinarlos en la especialidad escogida
universidad o del poderoso o de un mecenas privado. Sólo se puede
libremente o impuesta por las instituciones de alta cultura. Un buen
deambular con pasaporte y únicamente en una partícula del cemen-
número de neófitos se deja mangonear por los caciques de la cultu-
terio de los hombres. Ningún patrocinador admite n i le gusta soco-
ra, y en vez de rebelarse, asumen resignada y aun jolgoriosamente
rrer a quienes no tienen oficio ni especialidad. En los países del primer
las riendas.
mundo, los practicantes de la investigación histórica eligen a su pla-
cer y conveniencia su campo de estudio. Yanquis, franceses, británi- Hay quienes son más papistas que el papa. Les parece poco el res-
cos, alemanes y suecos pueden declararse especialistas en cualquier tringirse a un país, un periodo, una faceta social y un tipo de aconte-
nación del mundo sin pérdida de la protección del gobierno de su cimientos, y acotan como campo de estudio una parcelita ejidal, un
patria y de las fundaciones transnacionales. En los países del tercer minifundio. Don Ramón Iglesia se buriaba de los superespecializados
y solía aducir como sujeto de sus burias a un investigador alemán
sumido de por vida en el estudio de los sarcófagos romanos del si-
* tlenri-Irénée Marrou, El conocimiento histórico, tr. de J.M. García de la Mora,
Barcelona, Labor, 1968, p. 46. glo m. Algunos compatriotas se dicen especialistas en desarrollo ur-

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banístico de León, economía lacustre de Chalco, etnohistoria de Tlal- ble de resolver, original y del gusto del historiador.* Un asunto es de
pujahua, tenencia de la tierra en México en 1792, población de Celaya garra si sirve para el esclarecimiento de una dificultad gorda del pre-
en 1770,1775 y 1808 y otros minifundios, quizá porque confunden el sente o de un enigma que muchos quisieran ver descifrado. Un asun-
ingreso en una especialidad con la to es viable si se dispone de fuentes, de tiempo, de aptitudes y demás
recursos que permitan estudiarlo a fondo. Un asunto es original si
llena una laguna del conocimiento, si se aparta de lo ya trabajado por
selección de tema otros historiadores, si se aleja del manidísimo tema de los gobernan-
tes y sus argucias y de los milites y sus matanzas. Un tema histórico
para un libro o un artículo de asunto histórico; para monografías his- es del gusto de quien lo investiga cuando nace de esa vaga entidad
tóricas que son el fruto habitual y más frecuente de los estudiosos del que es la gana. Quizá el mejor criterio para escoger el problema de
pasado. Las historias generales del mundo, de un continente, de un estudio sea el del gusto propio. El campo más rendidor es el que en
país, de un sector social o de una rama del bullicio del hombre no son un momento dado despierta nuestra curiosidad, nos divierte y nos
frutos comunes y corrientes, constituyen la excepción, no la regla, apasiona. En el momento de elegir tarea deben consultarse los gustos
dentro de la república de Clío. Los neófitos y los aficionados casi siem- íntimos y la aptitud que se tiene para satisfacerlos.
pre se ven compelidos a escoger para su obligada tesis o una obra En la práctica, entre el estudiante y el tema se interponen los maes-
digna de atención, un tema monográfico, el estudio de un aspecto, tros, que si lúcidos y honorables, le ayudan al alumno a saber lo que
de una parcela espacio-temporal de cortas dimensiones. éste quiere y no le ensartan tema ajeno a su real gana^jNo pocos maes-
Lord Acton recomendaba: "Estudiad problemas, no periodos." tros presionan al pasante a que investigue el tema del consejero, ya
La recomendación es hermosa pero sin adentro. Para el historiador para poder ayudarlo mejor, ya para servirse del fruto del trabajo del
todo periodo o asunto elegido es un problema. Cualquier proceso pasante. Fuera de los profesores deshonestos y aprovechados, los
de búsqueda se inicia con la selección de u n enigma considerado demás o no quieren comprometerse con un tema tan delicado como
interesante, ya por estar de moda, ya por novedoso, ora por contro- es el de escoger tema, o dicen vaguedades:
vertido, ora por ser de fácil resolución. Se puede escoger una tarea —Procura seleccionar un asunto que no sea ni muy vasto ni muy
por un hecho tan casual como el hallazgo de un conjunto de pape- breve y que no rebase tu capacidad.
les viejos o porque alguien esté en disposición de cubrir los gastos o —Escoge de acuerdo con tu odio personal o tu simpatía un perso-
por órdenes de algún maestro o por simple curiosidad. Para no po- naje o un acontecimiento. Tus pasiones deben ser las consejeras.
cos, la selección de un tema es tan arbitraria y emotiva como una —Elige problema de acuerdo con los métodos y los aparatos cuya
selección amorosa. Unos escogen un aspecto de la conducta huma- eficacia quieres demostrar.
na porque esperan con su estudio la mejoría del hombre, y otros —Analiza la vida y la obra de algún historiador que te guste.
eligen una rareza de sus muertos por mera diversión. En las socie- —Ve qué documentos nunca vistos has encontrado y de ellos ex-
dades libres la selección de tema responde a mil cosas, no obedece a prime el argumento de tu tesis.
ninguna regla. —El asunto que asumas debe ser comprobable documentalmente,
Marrou anota: "La riqueza del conocimiento histórico dependerá y recurre a documentos asequibles, al alcance de tu mano.
directamente de la inteligencia y la ingeniosidad con las que se plan-
teen las cuestiones iniciales", entre ellas la de escoger un argumento ' H.I. Marrou, op. cit., p. 52; Umberto Eco, Cómo se hace una tesis. Técnicas y proce-
apropiado, una pregunta inteligente, un problema importante, posi- dimientos de investigación, estudio y escritura, Barcelona, Gedisa, 1986, pp. 27-36.

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—Evita las materias controvertidas, salvo que quieras estar en el Stone escribe:
ajo y en el relajo de los congresos.
—No te pongas a sacudir el polvo a los santones de la patria, pues Es peligroso para la profesión la creencia, cada vez más difundida
les puedes tumbar algo de su oropel y sufrir persecución. entre los estudiantes de posgrado, de que sólo lo cuantificabie es
—No es brillante, pero puede ser útil compilar de manera orgánica digno de investigación, pues es una actitud que reduce drástica-
las opiniones de varios textos sobre un asunto muy llevado y traído. mente la temática de la historia de que los pioneros de la tuteva
—Cuídate de seleccionar un argumento muy visto, máxime si ha historia se proponían liberar a la profesión.^
sido investigado por algún copetudo.
—Apártate de una cuestión del todo virgen, que te puede hacer Ta! vez no sea conveniente estar siempre al día. Los trabajos hoy
quedar en ridículo. aplaudidos por las academias se vuelven obsoletos rápidamente.
—Ten presente que la investigación que no aporta nada al tema Quizá convenga partir de un problema del aquí y ahora. Cada hoy,
estudiado sólo te sirve a ti, no a los demás. cada sociedad, tiene preguntas para los antepasados. Nadie le repro-
—Investiga algo sobre el comercio exterior u otro tema económico chará al historiador que tome una pregunta de ésas para contestaría,
de los que ahora visten mucho. pero si no se pregunta se expone a que le digan: "Cuando no se sabe
—Haz la historia de tu familia, que probablemente nadie ha lo que se busca tampoco se sabe lo que se encuentra."
hecho. Bauer dice: "El comienzo de todo trabajo se parece mucho a la ini-
—Revisa la contribución de un héroe epónimo de calles, jardines y ciación de un viaje de aventuras."' Como quiera, hay que escoger el
pueblos, y no te faltarán mecenas. asunto de la aventura después de estudios y búsquedas a fondo y
—Métete con la trayectoria de un individuo jamás biografiado, que una vez escogido, definir cuanto antes el objeto del tema. Antes de
sí documentable. incursionar en el cementerio de los seres humanos es conveniente
—Si te gustan las matemáticas y no te aburren las retahilas de nú- definir lo que se busca "mediante la exposición de los objetivos, el
meros, escoge un tema caro a la historia cuantitativa. contenido y el procedimiento".' Seleccionado el tema, se procede al
—Reúne en libro el número de criaturas, casados, migrantes y deslinde. Simultáneamente se precisan los extremos cronológicos con
muertos al través de los siglos en una villa con archivo parroquial en prudencia, sin dogmatismo, y se visita a ios competidores. Es impor-
buen estado de conservación. tante el deslinde cuidadoso del objeto de estudio, pero no menos ne-
—Están de moda los estudios acerca del modo de comer, de hacer cesario es prestar atención a quienes han emprendido la resolución
el amor, de enfermarse y de morir en este o aquel país y en tal o cual de un problema igual o semejante al propio. La consulta de lo ya
siglo. resuelto sobre el asunto o
—Escoge algo que sea noticia por mucho tiempo y en hartos luga-
res o algo que truene y brille.
—Son muy bien pagados los temas relativos a las revoluciones
mexicanas, juarista e insurgente. " Lawrence Stone, El pnsnilo 1/ el presente, tr. de L. Aldrete, México, FCE, 1986,
—Asegúrate publicidad y buen salario escogiendo un asunto pro- p. 54.
'Guillermo Bauer, btlroducciún al estudio de la historia. Ir, de Luis, G. de Val-
pio de la celebración centenaria en puerta. Ahora promete mucho el
deavellano, Barcelona, Bosch, 1957, p. 517.
quinto centenario del encuentro en América de abarroteros de Euro- ' Ario Garza Merendó, Manual de lécniins de invesligaeión para estudiantes de cien-
pa y ceramistas de acá. cias sociales, México, El Colegio de México, 1981, p. 45.

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status quaestionis lectura de libros, revistas, extractos y resúmenes". También debe cui-
darse de los compendios y las panorámicas. Casi siempre la biblio-
debe comenzar con la nómina de los trabajos que se hayan ocupado grafía de índole general es inútil "aun cuando comprenda el periodo
del tema escogido. A la operación de enterarse de lo investigado "en al que pertenece el tema objeto de la investigación", pues sólo resu-
torno del problema que le preocupa" a un historiador en el punto de me "lo ya dicho por otros del punto en cuestión [...] Las amplias sín-
arranque, en vísperas de la salida, Jorge Luis Cassani le llama "mo- tesis, las divulgaciones, las repeticiones, los ensayos y los puntos de
mento bibliográfico".'" No es posible ni deseable partir de cero; hay vista que no pasan de interpretaciones de hechos conocidos se pue-
que evitar el ridículo de proponer como novedad lo ya tan sobado den dejar de lado sin gran inconveniente. Lo mismo cabe decir de las
como una vieja moneda. La gran mayoría de los metodólogos reitera llamadas aproximaciones [...] a no ser que se refieran muy concreta-
la orden: "Todo el que investiga sobre algún tema ha de saber lo he- mente al tema que se investiga."'^
cho por otros sobre el mismo tema." Pocos se explayan en el asunto Los asuntos muy concurridos y relacionados con las celebraciones
del status quaestionis como Federico Suárez en La historia y el método patrias suelen inspirar muchas obras de las cuales la mayoría recoge
de investigación histórica. verborrea sin sentido, y las de buena factura repiten a las clásicas
Quizá no esté de sobra decir las ventajas que tiene el inventario de sobre el tema, salvo pocas excepciones. Así sucede, entre otros casos,
los estudios que antes se han propuesto, con mayor o menor fortuna con la revolución de independencia de México en los albores del si-
y acierto, el aclarar una cuestión, aun a sabiendas de que es muy di- glo XIX y con los héroes y los episodios mayores de esa lucha. Si al-
fícil tener noticia de todos los que anteriormente se han ocupado del guien ha escogido para su investigación el movimiento insurgente
tema que preocupa a tal o cual historiador aquí y ahora. En la hechu- del cura Hidalgo, tendría que dedicar su vida a la lectura de los dis-
ra del inventario, Suárez recomienda un orden cronológico, median- cursos del 16 de septiembre sin obtener quizá ningún provecho apre-
te el cual se descubre la frecuencia con que "los autores se repiten ciable, y debiera disponer de otra vida para leer los trabajos serios y
unos a otros [...] El examen de las distintas contribuciones bibliográ- profundos acerca del Padre de la Patria para probablemente darse
ficas sobre el tema [...] debe hacerse con sentido crítico [...] pero no se cuenta de que la mayoría repite o adjunta poco a lo dicho por los
puede exigir, por ejemplo, que una obra general analice cada cues- cuatro evangelistas de la vida, pasión y muerte del cura de Dolores; a
tión [ . . . ] " " Habrá que cuidarse de no confundir las obras con sus saber: Bustamante, Zavala, Mora y Alamán." En los temas muy con-
autores. La crítica ha de enderezarse contra aquéllas, no contra éstos. trovertidos o manoseados es imposible ser exhaustivo en el examen
No ayuda mucho calificar de conservador o liberal, de reaccionario o del status quaestionis. Tampoco cabe dirimir claramente qué es lo útil
comunista, de ultra en uno u otro sentido a un historiador. Sí es útil y qué es basura.
procurar saber si sus afirmaciones son verdaderas o falsas, profun-
das o superficiales, noticiosas o interpretativas.
" F. Suárez, op. cit., pp. 162-164; Jacques Barzun y Henry F. Cratf, The Modern
El historiador que se preocupa demasiado por estar al día de todo
Researcher, Nueva York, Harcourt, Brace and World, 1957, pp. 61-66.
lo dicho sobre su tema "corre el riesgo de ocupar mucho tiempo en la De las obras clásicas de los autores mencionados hay varias ediciones. Son
recomendables: 1) Lucas Alamán, Historia de Méjico, México, Jus, 1968-1969; 2) Car-
'"Jorge Luis Cassani y A.J. Pérez Amuchástegui, Del epos a la investigación cientí- los María de Bustamante, Cuadro histórico de la revolución de la América mexicana J,
fica, Buenos Aires, Nova, 197], p. 216: " L a primera tarea del historiador consiste en México, Instituto Nacional de Estudios de la Revolución Mexicana, 1985; 3) José
enterarse de cuanto se haya investigado en torno del problema que le preocupa." María Luis Mora, México y sus revoluciones, México, Porrúa, 1950; 4) Lorenzo de
" Federico Suárez, la historia y el método de investigación histórica, Madrid, Rialp, Zavala, Ensayo histórico de las revoluciones de Méjico, desde 1808 hasta 183Ü, París, Imp.
1977, pp. 158-159. de R Dupont et Laguionie, 1831.

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Ni hay normas precisas en lo referente a lecturas preparatorias, ni Nadie puede disculparse de no saber a dónde va. "Es, pues, inútil
todos los autores ni todos los temas se pueden regir por los mismos prescribir a los historiadores la elaboración o el uso de teorías o mo-
consejos. Quizá no sea inoportuna la siguiente recomendación: lee y delos: eso es lo que vienen haciendo desde siempre. No podrían obrar
entérate de los aspectos parecidos del problema. Si el tema escogido de otra manera, a menos que no pronunciaran una sola palabra."'"^
es la desamortización ordenada por Juárez de los bienes eclesiásticos Ningún historiador puede arrancar de un vacío de nociones acerca de
y pueblerinos, conviene leer obras que se ocupen de los gobiernos de su objeto. Todos necesitan por lo menos una creencia como punto
marca liberal de distintas naciones. Si se busca revivir la historia del de arranque, que podrá o no convertirse en certidumbre y veridicción.
pueblo donde uno nació, se examina lo escrito por otros autores so- Desde el punto de partida se vislumbra, con mucha o poca clari-
bre sus terruños. Para rodearse de la atmósfera del periodo, el espa- dad, el punto de llegada. Se impone una respuesta provisional a la
cio, la sociedad y los hechos que conforman nuestra trama, habrá pregunta hecha por el investigador al pasado. Quiérase o no, se parte
que leer novelas costumbristas y demás obras literarias relacionadas siempre de una conjetura o hipótesis, es decir, de lo que creemos que
con ella. Si se aspira a escribir sobre la sociedad del sur de Jalisco en es la realidad. Entre el puerto de salida, que es la elección de un pro-
tiempos de la cristiada, no puede dispensarse la lectura de los tres blema, y el levado de anclas se interpone la hipótesis, la conjetura, el
libros de Juan Rulfo y La feria de Juan José Arreóla. El enterarse del ideal, la prefiguración del puerto de llegada. Sobre este asunto no
estado de la cuestión presupone la lectura de una amplia bibliografía hay mayores divergencias entre los metodólogos de las dos mitades
directa e indirecta. Mientras más se lea sobre el asunto y sus alrede- del mundo, entre los que navegan con la bandera del capitalismo y
dores se dará mejor el paso siguiente: la forja de una los militantes socialistas. Topolski, autor de una metodología históri-
ca de primer orden, dice sin titubeos: "Las hipótesis [...] son una cate-
goría general de respuestas directas o indirectas [...] [cabe] llamarlas,
imagen interina del pasado de modo muy general, intentos de respuesta a las preguntas de la
investigación [...] el planteanúento y la comprobación de las hipóte-
que se busca. Casi todos los autores de métodos para hacer historia sis es un procedimiento que acompaña al historiador a través de todo
dicen lo expresado por Marrou en sus justos términos: su trabajo, porque es la verdadera esencia de la búsqueda de contes-
taciones a las preguntas planteadas al pasado por él."'*
Lógicamente, el proceso de elaboración de la historia empieza a
ponerse en marcha [...] por el paso original que es la cuestión plan- En los escritos sobre metodología, el concepto de hipótesis solía
teada [...] pero cuando el entendimiento elabora una pregunta construirse, sobre todo, en relación con la experiencia adquirida
[acerca de un asunto histórico], en seguida [o poco tiempo des- en la ciencia natural. La aproximación complementaria fue aporta-
pués] formula una o varias respuestas posibles. Una interroga- , da por J. Giedymin [...] Tenemos que coincidir con él en que el con-
ción precisa (y sólo las de este carácter son útiles en historia) se cepto de hipótesis en la investigación histórica va mucho más allá
presenta bajo el aspecto de una hipótesis por verificar [...] en el del acercamiento de la ciencia natural, en la que una hipótesis se
punto de partida hay un esfuerzo creador de los historiadores [...] limitaba al procedimiento de explicación. En la investigación
que consiste en la traza o dibujo de una imagen provisional del histórica formulamos hipótesis no sólo cuando buscamos respues-
pasado." Paul Veyne, Cómo se escribe la historia, Madrid, Alianza, 1984, p. 83.
"]erzy Topolski, Metodología de la historia, tr. de María Luisa Rodríguez Tapia,
'* H.I. Marrou, op.cit., pp. 47-49. Madrid, Cátedra, 1982, p. 284.

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