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Asertividad, Inhibición, Agresividad

Las habilidades sociales son una


serie de conductas que podemos observar y verificar. Son también pensamientos y
emociones. Nos ayudan a relacionarnos con el mundo de modo satisfactorio: esto es,
logran que respetemos a los demás y a su vez hacen que los demás nos respeten. De
este modo, buscamos nuestro propio interés sin dejarnos pisar pero teniendo en cuenta
los intereses y sentimientos de los que interactúan con nosotros.
La asertividad busca que tomemos las riendas de nuestro ser y
desarrollemos nuestra autoestima
¿Por qué deberíamos conceder mucha importancia a las habilidades sociales? En
primer lugar, porque estar en el mundo significa relacionarse con otros de modo
constante. Si nuestras relaciones con los demás son buenas se convierten en una
fuente de bienestar. Por el contrario, si son malas pueden convertirse en causa
de estres y de un profundo malestar. Precisamente, la forma de medir si nuestras
relaciones interpersonales son malas es si tenemos déficits de habilidades sociales.
Según Elia Roca, las personas con un déficit de habilidades sociales tienen mayor
propensión a padecer alteraciones psicológicas como la ansiedad o la depresión, así
como ciertas enfermedades psicosomáticas. Si somos socialmente hábiles nos
sentiremos bien, nuestra autoestima aumentará y conseguiremos aquello que queremos
sin graves consecuencias para nosotros ni para nuestro entorno.
Las habilidades sociales se expresan a través de tres estilos de
comunicación: asertividad y conductas no asertivas, que son la inhibición y
la agresividad. La definición que da Elia Roca de la asertividad en su libro Cómo
mejorar tus habilidades sociales es “una actitud de autoafirmación y defensa de nuestros
derechos personales, que incluye la expresión de nuestros sentimientos, preferencias,
necesidades y opiniones, en forma adecuada; respetando, al mismo tiempo, los de los
demás”. La asertividad dice a los demás (y a nosotros mismos) cuál es nuestro lugar en
el mundo, qué barrera no dejamos franquear y qué derechos propios defendemos.
Asimismo, la asertividad incluye nuestras opiniones personales, nuestras expresiones
de desagrado ante algo o alguna situación y qué es lo que realmente necesitamos.
Siempre teniendo en cuenta el principio de que “mi libertad termina allí donde empieza
la del otro”. No se trata de imponer nuestros gustos ni conseguir lo que queremos a
cualquier precio. Tampoco pretende la asertividad un control o manipulación de los
demás. Lo que busca es que tomemos las riendas de nuestro ser y desarrollemos
nuestra autoestima, expresándonos ante los demás como realmente somos.
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características de la persona asertiva:

 Se conoce a sí misma. Es consciente de qué siente y de lo que desea.

1. Se acepta de modo incondicional. Esto es, se quiere porque sí, sin depender de
la volubilidad de sus logros o de la aceptación de los demás.

1. Acepta sus limitaciones pero al mismo tiempo trata constantemente de


desarrollar sus potencialidades.

1. Se respeta a sí misma y a los demás. Sabe expresar y defender sus derechos


reconociendo al mismo tiempo los de los demás.

1. Dentro de lo posible, elige a las personas que le rodean y, de un modo amable y


respetuoso, determina quiénes son sus amigos y quiénes no.

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Así pues, la asertividad tiene muchas consecuencias positivas. Entre otras cosas,
facilita la comunicación y hace que nuestros mensajes sean más claros y no tiendan a
malinterpretarse; convierte nuestras relaciones personales en algo más satisfactorio;
mejora nuestra autoestima y aumenta las posibilidades de conseguir aquello que
deseamos, lo cual revertirá en más autoestima.
La inhibición se caracteriza por una adaptación excesiva a lo que nos
imponen o esperan de nosotros
El reverso de esta forma tan positiva de comunicarnos son las conductas no-asertivas:
la inhibición y la agresividad. La inhibición está caracterizada por actitudes sumisas,
pasivas, retraídas, que tienden a adaptarse de modo excesivo a lo que los demás nos
imponen o esperan de nosotros, sin tener en cuenta los propios intereses, sentimientos,
la expresión de nuestras opiniones o deseos o el establecimiento de unos derechos ante
los demás.
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Características de las personas inhibidas

1. No saben expresar aquello que realmente sienten y quieren. Esperan que los
demás lo adivinen y se sienten mal si necesitan algo y no encuentran una
respuesta en los otros.

1. No se atreven a decir que no a determinadas peticiones y, si lo hacen, se


sienten culpables.

1. Permiten que los demás las involucren en situaciones que les desagradan.

1. Piensan que tienen la necesidad de que todos les aprecien. Si dejaran de


plegarse a la aprobación de los demás creen que todos les dejarían de querer y
se hundirían.

1. Dan demasiadas explicaciones de aquello que hacen o dejan de hacer.

1. No afrontan los conflictos porque tienen miedo de expresar sus sentimientos y


deseos. A veces, los han reprimido tanto que no saben ni qué desean en
realidad.

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Las consecuencias negativas de esta inhibición son muchas. Las personas inhibidas
tienen baja autoestima, puesto que llegan a negar sus cualidades o potencialidades. Lo
hacen porque no se creen capaces de conseguir nada que esté más allá de la visión
que tienen de sí mismas. Suelen entablar relaciones personales insatisfactorias, puesto
que siempre tienen miedo al rechazo y a decepcionar, con lo que acaban viviendo la
vida de otros. Suelen experimentar de modo habitual emociones
desagradables: frustración, ira, inseguridad, insatisfacción, ansiedad,
depresión, culpabilidad…El hecho de que no puedan expresarlas hace que se
cronifiquen y que vivan con un constante desasosiego, favorecedor de algunas
enfermedades.
Las personas agresivas ven como se deterioran sus relaciones con el
mundo
Por último, nos encontramos con otra conducta no-asertiva, la agresividad. Al contrario
que la inhibición, esta consiste en no respetar los derechos, sentimientos y fines de los
demás. La agresividad extrema incluye también conductas de ofensa, provocación o
ataque.
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Características de las personas agresivas

1. Expresan sus emociones y opiniones pero lo hacen de un modo hostil o


amenazante.

1. Para ellas, cualquier conflicto o desavenencia es una batalla. Creen que ceder o
negociar es lo mismo que perder.
1. Creen en la imposición o en la violencia para resolver conflictos. Su lema
es ordeno y mando.

1. Confunden agresividad con sinceridad y coherencia personal. Creen que son


válidos ante los demás porque dicen siempre lo que piensan. ¿Cuántas veces
no habremos oído algo parecido a esto: “tengo que decirte algo: estás muy
gordo/a. Yo es que soy muy sincero/a”.

Esta conducta agresiva puede llegar a ser física pero habitualmente es verbal. Se
expresa en forma de amenazas, comentarios hostiles o bien de modo indirecto a través
de comentarios sarcásticos. Puede ir acompañada de una mímica hostil, elevado tono
de voz, etc. Los problemas derivados de la misma para la persona agredida son
evidentes. Esta experimentará sentimientos de frustración y de autoestima.
Asimismo, la persona agresiva también experimenta a menudo sentimientos de
descontrol, enfado, odio y baja autoestima. La persona agresiva verá también como se
deterioran sus relaciones con el mundo, favoreciendo relaciones basadas en el
resentimiento y la venganza o abonando día a día el surco del aislamiento. También
puede ver afectada su salud física, ya que la agresividad y la ira facilitan o agravan los
problemas cardíacos o circulatorios. En su forma más extrema, este tipo de conductas
desembocan en actos de violencia como el maltrato familiar.
Si haciendo un examen de nuestras conductas creemos que nos estamos relacionando
con el mundo de un modo no-asertivo o si nos lo ha dicho nuestro entorno, no
deberíamos dudar en recurrir al apoyo psicologico. La terapia cognitivo
conductualpuede ayudarnos a enraizarnos correctamente en el mundo y a conseguir
tener asertividad. El filósofo Jean-Paul Sartre dejo escrito aquello de que “El infierno son
los otros”. Tratemos de avanzar por ese infierno con el menor número de quemaduras
posibles y abrasando a los demás lo menos posible.
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