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02/08/2010

Adiós al zurriago

La agenda diplomática del Presidente electo es hasta ahora un acierto,


que contrasta con el camorrero analfabetismo diplomático de Uribe.

La agenda diplomática que empieza a perfilar el Presidente electo es


hasta ahora un total acierto que contrasta con el ridículo ejercicio
internacional del insulto y la falta de tacto que tuvimos que padecer
durante los últimos ocho años de camorrero analfabetismo diplomático.
En ese período, Colombia se convirtió en la oveja negra del vecindario,
experta en casar peleas innecesarias y víctima económica y comercial de
la iracundia de su Jefe de Estado.

Álvaro Uribe nunca manejó el concepto de diplomacia. Lo que denominó


“estilo frentero” no fue otra cosa que la negación sistemática de las
formas institucionales forjadas por años de historia de relaciones entre
los Estados modernos, básicamente con el imperioso objetivo de evitar
guerras. ¿Se imaginan ustedes una reunión del Consejo de Seguridad de
la ONU bien “frentera”, donde todos se dijeran valientes verdades? Por
supuesto: al día siguiente ya habría estallado la Tercera Guerra Mundial.

Antes de la segunda vuelta presidencial, algunos pensamos que


teniendo en cuenta la rivalidad entre Hugo Chávez y Juan Manuel
Santos, un gobierno de este último representaría una amenaza aún peor
que Uribe para las deterioradas relaciones bilaterales. Es justo advertir
que esa hipótesis fue desvirtuada por los recientes gestos del Presidente
electo.

Sin haberse posesionado, Juan Manuel Santos ya empezó a recuperar la


noción de diplomacia para Colombia. Primero reivindicó a la doctora
Holguín, destinándola a dirigir la cartera diplomática después de que
tuvo la dignidad de renunciar a una embajada cuando el gobierno de
Uribe redujo la Cancillería a caja menor de favores políticos. Luego, con
su gira por Europa, mostró que sus ambiciones en materia internacional
son grandes. En desarrollo de las mismas, inició gestiones para
incorporar el país al grupo de élite económica de la OCDE.

Además, desde el momento de su elección, Santos ha querido bajarle la


temperatura a las deterioradas relaciones con Ecuador y Venezuela,
invitando al diálogo y a su ceremonia de posesión a sus respectivos
presidentes. Sin embargo, la ira que estas muestras de buena voluntad
produjeron en el actual gobierno no tardó en manifestarse. En forma
irresponsable e inoportuna, se exhiben “nuevas pruebas” de una verdad
vieja: que Venezuela es la retaguardia de las FARC. Por fortuna, a pesar
de las provocaciones de su antiguo (y ahora resentido) mentor, Santos
guarda silencio y se niega, en forma absolutamente inteligente, a
exacerbar los ánimos de un conflicto que no es el suyo.

Por su parte, los uribistas irrestrictos (increíble, pero aún existen) arden
en ira santa sintonizados con su líder en las arengas para sabotear la
incipiente diplomacia y ubicar al gobierno entrante en posición de
enemistad fronteriza. Nueva muestra de que Uribe pone su arrogancia
por encima de los intereses nacionales.

Y es que lo que el señor Presidente llama posiciones “hipócritas” y


“melifluas” es, justamente, lo que necesita el país. Algo realmente
elemental para quien entiende algo de diplomacia puesto que ella es en
buena medida eso: la institucionalización internacional de la hipocresía
entre Estados. La “canalización”, si se quiere, de la ira y arrogancia de
sus jefes mediante el diálogo, para evitar baños masivos de sangre.

Que Hugo Chávez es el peor vecino concebible, todos lo sabemos. Que


tiene en la ruina a su país, que no ahorra beligerancias para oxigenar a
punta de miedo su precaria popularidad y que simpatiza con la guerrilla
colombiana, también es una verdad a gritos. Pero, igualmente, es el
Presidente democráticamente elegido de la hermana república, nuestro
principal socio comercial en la región.

Nadie adivinó el increíble escenario al que asistimos en este momento,


con Uribe convertido en el jefe prematuro de la oposición a Santos. Lo
cual, por lo demás, no era tan difícil de prever dado que la “unidad
nacional” resultaba a todas luces incompatible con un Presidente cuya
vocación es dividir. Pero, al contrario de lo que pronosticó el columnista
Felipe Zuleta, esto no ocurrió en virtud de la traición del último (no se
puede considerar “traición” la mera actitud de conducirse con acierto)
sino del desespero del primero al darse cuenta de lo que no creía
posible: el hecho de que en dos semanas ya no tendrá el poder ni
siquiera por interpuesta persona, pues se equivocó al elegir su candidato
a títere. Situación cuyas consecuencias resultan angustiantes ahora que
empezaron a aparecer, por boca del ex director de inteligencia del DAS,
Fernando Tabares, las pruebas que comprometen directamente al
saliente mandatario con las chuzadas.
Hay una película que todos los partidarios de la “diplomacia uribista”
(menudo oxímoron) deberían ver para interiorizar y entender por fin el
juego de la diplomacia. Se llama “Siete años en el Tíbet” y trae una cita
inolvidable: "Cuando no tienes fuerzas para pelear, debes abrazar a tu
enemigo. Con los brazos ocupados, no puede usar un arma".

Columna publicada en Razón Publica

Publicado por José Fernando Flórez en lunes, agosto 02, 20100


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Etiquetas: Diplomacia, Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe

16/07/2010
Democracia y unidad nacional
No se debe confundir el espíritu conciliador con la ausencia de crítica: el
primero es deseable mientras que la segunda nefasta para la
democracia.
El término “democracia” es el más trajinado e importante de la ciencia
política contemporánea. A comienzos de los noventa, consolidada la
aspiración democrática global con la caída del muro de Berlín y la
expansión de la “tercera oleada de democratización”, nadie parecía
controvertir su futuro promisorio. Un autor de importancia, Francis
Fukuyama, rezumaba un optimismo tal, que lo llevó a postular, en un
libro célebre, ‘El fin de la historia’, como el resultado de un consenso
mundial en torno a la democracia liberal y el capitalismo como modelos
óptimos de desarrollo político y económico.

Sin embargo, al menos en el aspecto político, el balance actual


contradice todos los pronósticos. El último reporte de FreedomHouse,
organismo encargado de medir los niveles globales de democracia,
arroja que hoy sólo el 60 por ciento de los países del mundo son
democráticos y una buena parte de este porcentaje son democracias
“fachada” que esconden gobiernos despóticos.

En la clasificación que hace FreedomHouse, se establecen tres rangos


para los países: libres, parcialmente libres y no libres. Como es de
esperar, Colombia permanece anquilosada dentro de los estados
“parcialmente libres” desde que se empezó a ilustrar con mapas la
medición en 2002. ¿Por qué? 


Porque los indicadores de la democracia moderna no se reducen al


hecho mayoritario electoral. El concepto de democracia es complejo e
incluye, además de la realización de elecciones periódicas y pacíficas
para elegir representantes por un tiempo limitado, otras exigencias que
hacen referencia ya no sólo a los derechos políticos sino además a las
libertades civiles, los límites al poder elegido por la mayoría y el respeto
de las minorías. 



Sin pretensión de exhaustividad, un país que hoy se diga seriamente


democrático debe cumplir al menos las siguientes condiciones: respeto
del principio de alternancia en el poder, de modo que se limite en el
tiempo su ejercicio por un solo partido o persona; separación y equilibrio
de los poderes públicos, que se garantiza mediante el sistema de pesos
y contrapesos diseñado constitucionalmente para evitar su
concentración; libertad de prensa, para propiciar la producción de
información imparcial que neutralice la manipulación mediática a la que
espontáneamente tienden el establecimiento, sus patrocinadores
económicos y la lógica misma del mercado de los medios masivos de
comunicación; y, especialmente, derecho de oposición y crítica.

La oposición resulta fundamental para la democracia porque no es


posible construir consensos legítimos en un ambiente de unanimismo
donde todos los actores políticos se confunden en un solo partido y no
hay quién ejerza la crítica.“Que el poder controle al poder”, la divisa
fundamental de Montesquieu, supone para su realización la existencia
de fuerzas contrapuestas entre sus titulares. 


Si algo caracteriza a la democracia como forma superior de gobierno es


la apertura de canales pacíficos para la manifestación del disenso y la
inconformidad. Es lo que le permite garantizar mejor que cualquier otra
estructura de gobierno niveles sustanciales de participación, libertad y
pluralismo para que los agentes democráticos puedan expresar, en
forma significativa, sus opiniones y preferencias. La esencia de la
democracia no es eliminar la contradicción ni el conflicto sino
transmutarlos en acuerdos y consensos que se construyen, justamente,
a partir del disenso. 



El tema de la oposición resulta crucial en medio de la propuesta de


Unidad Nacional, tan de moda por estos días en el país aunque de
ascendente hispánico. La famosa “unidad” en torno al ganador de turno
es tan vieja como la política misma.“Pero, si son los mismos perros con
distintos collares”, fue la frase pronunciada por Fernando VII cuando
descubrió, al recuperar el trono tres años después de la revolución
liberal de 1820, que los soldados voluntarios ahora “realistas” que lo
apoyaban eran los mismos que conformaron las milicias populares
revolucionarias que se le sublevaron. Posteriormente, los Pactos de la
Moncloa facilitaron la unión de los principales partidos políticos que le
permitió a España hacer la transición hacia la democracia en forma
pacífica tras la caída del franquismo. De manera que los pactos de
unidad nacional, en el principal referente europeo, admiten una
valoración histórica tanto negativa como positiva. 



Además, las propuestas de unanimismo tienen un aire familiar en


nuestra propia historia política desde el Frente Nacional (1958-1974),
cuyo balance es igualmente ambivalente: este acuerdo sirvió para frenar
el baño de sangre bipartidista que inundaba el país para la época pero
también para institucionalizar la exclusión, eliminando a las minorías del
escenario político durante más de tres lustros. 


En el último número de Foreign Policy aparece la lista de los peores
tiranos del planeta (The Worst of the Worst, se titula el artículo de
George Ayittey). Son 23 dictadores entre los que Hugo Chávez, para
citar el único ejemplo latinoamericano de la lista, figura en el puesto 18.
Curiosamente, la nota distintiva de todos estos héroes nacionales que se
instalan indefinidamente en el poder es que (cuando no apelan a la
tortura y el genocidio) espían o, de alguna otra manera, se las arreglan
para neutralizar o acabar definitivamente con la oposición. 



Es muy temprano para saber en qué se traducirá concretamente la


propuesta de unidad nacional del nuevo gobierno en términos de
independencia de las demás fuerzas políticas. El pronóstico más
pesimista apuntaría a la conformación de un régimen de partido
dominante al estilo del antiguo PRI mexicano. Sin embargo, esta visión
resulta exagerada pues los alcances reales del pacto dependerán del
manejo que le den a la “unidad” tanto quien la convoca como quienes
responden al llamado.



No se debe confundir el espíritu conciliador con la ausencia de crítica: el
primero es deseable mientras que la segunda nefasta para la
democracia. La aproximación de Petro para comenzar conversaciones
programáticas con el nuevo gobierno y el camino escogido por el Partido
Verde de “independencia deliberativa” son muestras de madurez
democrática antes que de oportunismo político. Ambas admiten una
lectura por el momento positiva como signos del inicio de un diálogo
constructivo que resulta saludable para el sistema político.



Es de recordar que el pasado 26 de marzo Colombia logró escapar a un
gobierno continuo de 12 años del mismo hombre (que habría sido el
más largo de la historia democrática del país), gracias a un fallo
histórico de la Corte Constitucional que salvaguardó el principio de
alternancia en el poder y salvó la democracia. 



El gobierno entrante hasta ahora ha dado varias muestras de ser


plausiblemente diferente del saliente: respetuoso de la independencia
del poder judicial, tecnocrático en lugar de clientelista en la designación
de altos funcionarios, conciliador antes que incendiario frente a sus
rivales. Al menos en lo concerniente a la forma, el estilo de gobierno
que empieza a desplegar Juan Manuel Santos enhorabuena desvirtúa la
hipótesis del continuismo.
Columna publicada en SEMANA on line:
http://www.semana.com/noticias-opinion-on-line/democracia-unidad-
nacional/141505.aspx

Publicado por José Fernando Flórez en viernes, julio 16, 20102


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Etiquetas: Democracia, Foreign Policy, Freedom House, Juan Manuel


Santos, Política, Unidad Nacional

05/07/2010
Reflexiones intempestivas 8

8.
Explorar un tono, encontrar una voz, forjar un estilo. Los peldaños del
escritor.

Publicado por José Fernando Flórez en lunes, julio 05, 20102


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Etiquetas: Reflexiones intempestivas

24/06/2010
La derrota verde, el triunfo naranja
Quienes apoyamos la candidatura del Partido Verde salimos a votar en
segunda vuelta por nuestro candidato a sabiendas de que, después de la
enorme cantidad de errores estratégicos (en especial de marketing
político) que propiciaron el desastroso resultado de la primera, era muy
poco probable remontar la amplia diferencia que alcanzó su triunfador.
Y, según lo esperado, perdimos en las urnas. Fuimos tres millones y
medio de colombianos pero estuvimos lejos de ser la mayoría. ¿Por qué?

Porque las elecciones no se ganan con buenas intenciones, ni siquiera


con buenas ideas o con los mejores programas, sino con votos. Y Santos
obtuvo la mayoría de sufragios que, en las democracias
contemporáneas, se consiguen fundamentalmente con maquinaria y un
manejo mediático eficaz que fueron las verdaderas “locomotoras” de su
campaña, en especial el éxito en apostarle a explotar la buena imagen
de Uribe, la confianza que inspira su gobierno en materia de seguridad
y, por supuesto, la destreza del candidato para capitalizar en su
beneficio estos dos ingredientes.

Hasta aquí todo bien, y legítimo. Pero la suma de varios otros factores
negativos e ilegítimos (cuando no ilegales) ya de conocimiento público y
denunciados hasta la saciedad en los medios, también contribuyó a la
derrota de la opción de cambio. En primer lugar, para ponerlo en
términos de Habermas, la contaminación del “espacio público” de
comunicación con información basura propiciada por la campaña de
Santos: por más que él insista en negarlo, no se contratan gurús como
J. J. Rendón, Jack Leslie, James Carville y Ravi Singh para prenderle
velitas a la Virgen. Esta estrategia se vio además potenciada por la
inexperiencia verde para reaccionar enérgica y oportunamente (no
después de la primera vuelta, cuando el mal ya estaba hecho) frente a
la guerra sucia electoral. Y en segundo lugar la intervención ilegal en
política del Presidente a favor del que ungió como su sucesor, sumada al
uso indebido de la maquinaria asistencialista de su gobierno para
favorecer a Santos: quedó demostrada estadísticamente por la
investigación de Global Exchange la correlación entre sus más altas
votaciones con respecto a la media y los municipios donde se
concentran los subsidios de Familias en Acción.

Por el lado de los vencidos tampoco faltaron los límites y las


equivocaciones. En orden de importancia: la ausencia de maquinaria
pues el Verde es un partido joven que apenas está construyendo sus
estructuras; la incapacidad para cristalizar alianzas sin comprometer la
integridad del partido ni privilegiar enemistades personales; las
deficiencias en el manejo de medios y, como dirían en tenis, los “errores
no forzados” o “autogoles”, según afirmó el candidato, al que se vio
varias veces acorralado en los debates, que le impidieron sintonizarse
con el electorado más humilde, de manera paradójica y triste pues era
el que su propuesta buscaba ayudar en forma prioritaria.

Sin embargo, en medio de la derrota electoral hay varios triunfos que


los verdes podemos celebrar. Mockus y Fajardo le dieron a estas
elecciones un estatus ético inédito en la historia de Colombia: por
primera vez dos intelectuales honestos (en lugar de manzanillos o
políticos de oficio, con las ventajas y desventajas que ello entraña)
fueron una opción real de poder presidencial, basada no en el tradicional
clientelismo sino en el voto de opinión a favor de una propuesta
revolucionaria de cultura de la legalidad y lucha contra la corrupción.

La pregunta que surge ahora es qué se puede esperar de la presidencia


de Santos. Su propuesta de “Gobierno de Unidad Nacional”
desconcierta, por decir lo menos, porque resulta ambivalente. Podría
interpretarse como un proyecto de unanimismo acrítico que pretende
coronar la impunidad y la corrupción desbordada que deja el gobierno
de Uribe, eliminando la posibilidad de rectificación en las políticas
fallidas y de oposición (condición necesaria de toda democracia madura)
en una especie de patrioterismo que hace pensar con preocupación en la
célebre frase de Albert Camus: “Amo demasiado a mi país para ser
nacionalista”.

Pero también abre la posibilidad de un distanciamiento del legado


uribista en sus aspectos negativos, que es magno: violación de los
derechos humanos por una política de seguridad centrada en los
resultados y poco exigente con el respeto de la ley; tolerancia frente a la
corrupción de los más altos funcionarios; ataques a la independencia del
poder judicial; alta tasa de desempleo; colapso del sistema de seguridad
social; y lo más alarmante: la dramática situación de los cuatro millones
de desplazados por la violencia que para el gobierno saliente parecieran
no existir.

Varios millones de campesinos pidiendo limosna en los semáforos de las


ciudades son una vergüenza que el país no puede continuar tolerando.
El principal reto de Santos en materia social será conseguir que las
ventajas obtenidas en el terreno del conflicto gracias a la
desmovilización paramilitar y el asedio a la guerrilla, se traduzcan
además de en la visita tranquila a la finca de los propietarios urbanos,
en la recuperación de las parcelas para nuestros campesinos y el
impulso de su productividad.

La carta de apoyo de César Gaviria al nuevo Presidente apunta a la


hipótesis del desmarque cuando hace énfasis en la necesidad de corregir
los errores crasos cometidos por el gobierno saliente y de escuchar el
sentimiento de insatisfacción por la corrupción que representa la ola
verde. Este apoyo, aunque calificado por Uribe de oportunista (y lo es),
puede interpretarse como la apertura dentro del incipiente “santismo”
de una primera vía hacia una identidad propia marcada por nuevos
derroteros.

Aunque la respuesta de Santos a los “injustificados” reparos de la misiva


de Gaviria y su afirmación en el penúltimo debate televisado de que era
incapaz de criticar la gestión de Álvaro Uribe hacen pensar en un
continuismo incondicional, también pueden leerse como el producto de
la conveniencia preelectoral. Bajo su mandato Juan Manuel Santos
demostrará si es un uribista ciego, como lo sostuvo antes de ganar la
presidencia, o está dispuesto a corregir los errores de su predecesor,
que no son pocos. Mientras la cantidad indiscriminada de apoyos
recogidos en el camino por su campaña apunta a lo primero, su
conocida ambición histórica como estadista, basada en su enorme
capacidad de gerencia, hace pensar lo segundo.

Publicado por José Fernando Flórez en jueves, junio 24, 20100


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Etiquetas: Antanas Mockus, Elecciones presidenciales 2010, Juan Manuel


Santos
23/06/2010
Reflexiones intempestivas 7

Con el determinismo económico que supuso el materialismo


histórico, Marx cayó en la misma trampa que Hegel: el programa
imposible de deducir la realidad a partir del concepto. Será Weber-de
lejos el sociólogo más importante de la historia del conocimiento- el
encargado de advertirlo y a quien le debemos (¡nada menos!) la
reivindicación de las ciencias sociales por el reconocimiento de los
límites de su capacidad explicativa. En la obra de Weber se conjugan,
milagrosamente, la lúcida ambición teleológica (los grandes tópicos: el
contraste entre modernidad y tradición, la racionalización de la historia y
la sociedad) y la brillante modestia epistemológica (los ideales tipo, la
multicausalidad histórica blanda).
La grandeza intelectual supone altas de dosis de irresponsabilidad y
escepticismo.

Publicado por José Fernando Flórez en miércoles, junio 23, 20103


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Etiquetas: Hegel, Marx, Max Weber, Reflexiones intempestivas

21/06/2010
Mensaje de agradecimiento de Antanas Mockus tras perder las
elecciones
Gracias por todo lo que hiciste. Gracias por creer, gracias por confiar,
gracias por actuar de buena fe y por mantener siempre viva la
esperanza. Gracias por soñar que es posible tener un mejor país.
Gracias por seguir creyendo. Tu nos has ayudado a demostrar que
podemos ser mejores personas, y nos has enseñado que podemos ser
mejores políticos. El resultado es impresionante: juntos hemos creado la
segunda fuerza política de Colombia. Hemos logrado hacer de la política
algo admirable e inspirador. Hemos logrado hacer de la acción colectiva
y del proceso de organización del partido lugares de encuentro y de
encanto. Los resultados que obtuvimos en tan poco tiempo demuestran
que somos una opción de gobierno.

Quiero agradecer a Sergio Fajardo, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, a


nuestra bancada en el Congreso, y a todo nuestro equipo. Quiero
reconocerles delante de todo el país su generosidad y apoyo.

Gracias a los equipos regionales por su capacidad de integrarse, de


trabajar coordinadamente y de lograr hacer muchísimo con pocos
recursos. A nuestros jóvenes un abrazo especial. Hemos logrado inspirar
y motivar a muchos, muchísimos jóvenes, adolescentes y hasta niños y
niñas. Hemos logrado entusiasmarlos con el Partido Verde y con sus
prácticas democráticas. El apoyo de los jóvenes es una de las cosas que
más orgullo nos hace sentir. La tecnología los ayudó a multiplicarse, a
relacionarse entre desconocidos y a trabajar compartiendo ideales y
persiguiendo fines desinteresados. El apoyo de la juventud es signo de
que representamos las nuevas ideas, las nuevas preocupaciones, es
signo de que somos sensibles a las exigencias del presente y del futuro
y del mundo cada vez más globalizado en que viviremos.
Gracias a todos por preguntar, por debatir, por contradecir, por
exigirnos más y más. Por preguntarnos con toda su alma "¿Y ahora
qué?". Ante esa pregunta la única respuesta posible es: "ahora TODO".

Los verdes continuaremos trabajando sin descanso para legarles a


nuestros hijos una Colombia más igualitaria y respetuosa de la vida y de
los demás derechos reconocidos por la Constitución. El reto que
asumimos es ser opción de gobierno para construir la esperanza en
Colombia. A partir de ahora trabajaremos para tener un partido fuerte y
ganar el mayor número de gobernaciones, alcaldías, y escaños en
asambleas, concejos y juntas administradoras locales.

Tenemos riquezas naturales en todas nuestras regiones, el talento está


en todos los rincones de nuestro país y no hay ninguna razón que nos
impida desarrollar plenamente nuestro potencial. Por eso hemos
repetido una y otra vez, "Si lo soñamos lo logramos". Por eso llevamos
por toda Colombia dos símbolos poderosos, la Constitución y un lápiz.
Ley y educación. Ese es el país que nos merecemos y por el cual
trabajaremos con toda nuestra capacidad.

Un abrazo con todo mi afecto y gratitud,

ANTANAS MOCKUS
Candidato Presidencial
Partido Verde

Publicado por José Fernando Flórez en lunes, junio 21, 20100


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Etiquetas: Antanas Mockus, Elecciones presidenciales 2010

16/06/2010
Santos: el uribista ciego
Fue patético ver en el debate de anoche a Juan Manuel Santos incapaz
de responder con sinceridad a una pregunta que le hizo Darío Arizmendi
sobre qué opinaba de que “el Presidente critique permanentemente las
decisiones de los jueces cuando están en contra de funcionarios o
personas allegadas a su gobierno”. Santos se limitó a contestarle, muy
nervioso por la pregunta, que“si usted cree que me va a poner a mí a
criticar al Presidente Uribe, pierde su tiempo”.

En cuanto a la reacción de Mockus, le faltó ser más enérgico y enfático


en señalar esta actitud oportunista de Santos, que es apenas síntoma
del aire de unanimismo acrítico que reina en el país desde hace ocho
años y cuyo postulado esencial se podría enunciar de la siguiente forma:

Como Uribe ha sido “exitoso” en materia de seguridad (aunque esto


habría que evaluarlo con cabeza fría porque, a pesar de los golpes a la
guerrilla y el rescate de los secuestrados, los “falsos positivos”, las
chuzadas del DAS y la reciente reubicación de Colombia en el ranking
138 -Global Peace Index- de los países más violentos del mundo, si no
refutan al menos matizan esta afirmación), no se le puede criticar
cuando cae en despropósitos como arremeter contra el poder judicial.

Como lo afirmó el otro periodista durante el debate: “el actual gobierno


ha terminado por presentar al poder judicial como un enemigo a
vencer”. Y, mientras esto siga así, el país seguirá desbrozando el camino
día a día hacia una impunidad comparable a la de Venezuela, donde los
jueces son enviados a la cárcel por tener el valor de juzgar a los
miembros corruptos del gobierno (si por Uribe fuera, ya habría
encarcelado a la juez María Stella Jara por condenar al coronel Plazas).
http://www.caracoltv.com/noticias/eleccionespresidenciales2010/campa
nas/video-181133-santos-y-mockus-el-ultimo-cara-a-cara-parte-ii
http://www.visionofhumanity.org/gpi-data/#/2010/scor
http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2010/06/100611_video_e
ntrevista_chavez_bbc_pea.shtml

Publicado por José Fernando Flórez en miércoles, junio 16, 20103


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Etiquetas: Elecciones presidenciales 2010, Juan Manuel Santos,Álvaro


Uribe