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SACRAMENTOS DE INICIACIÓN CRISTIANA

Como hemos hablado ya en otro contexto, la liturgia toma conceptos antropológicos (Misterio
celebrado por el hombre). Uno de ellos lo encontramos claramente en el concepto de Iniciación.

Llamamos “iniciación” al proceso por el cual uno se integra a un grupo, esto es, no sólo ser
aceptado por quienes ya forman parte del grupo, sino también hacerse esencialmente según las
características de ese grupo, conforme con el modelo de ese grupo. Para ello hay varias condiciones:
 Considerar al grupo al que se integra como un IDEAL extraordinario, de modo que justifique
cualquier clase de sacrificio, de esfuerzo (no me importa pasar por lo que sea con tal de
llegar a ser parte de ese grupo), porque lo que se obtiene al pertenecer a él es realmente
grande.
 Es un proceso de cambio profundo. Marie-Madeleine DAVY dice que ese cambio tan
profundo sólo podemos compararlo con la muerte. Entonces, todo proceso de iniciación
es un proceso de muerte. Pues implica estar dispuesto morir a lo que he sido hasta ahora
para que surja alguien nuevo, y así yo pueda beneficiarme de ese grupo. No es una simple
adaptación, o un cambio superficial, sino una verdadera transformación de la persona.
 Implica una transformación absoluta de la escala de valores, de modo que considere malo
lo que antes consideraba bueno y viceversa. Es un cambio de cosmovisión; y este cambio se
da a través de una serie de acciones o pasos que tienen una doble función: 1) Son un
momento de prueba (proceso personalizado, que determino si sigo avanzando o no en el
proceso). 2) Al mismo tiempo esas acciones son espacios de capacitación para que yo pueda
vivir esos cambios que se van dando en mi vida.
 La iniciación se realiza a través de ‘ritos’ (entendido antropológicamente). Las pruebas y los
pasos es por donde se va dando la muerte iniciática de la que resulta un nuevo ser.
 Se requiere la presencia de un líder iniciático que encarna el ideal que se quiere alcanzar y
sirve de acompañamiento y motivación en el proceso de trasformación.
 Al final la integración en el grupo es tan fuerte que se llega a ejercer un papel protagónico
dentro del grupo. No se realiza una integración ‘como uno más del montón’.

¿Qué es lo particular de la Iniciación Cristiana?

 Tiene una referencia fundamental a Cristo. No se trata de un “club de amigos”. El


que está siendo iniciado tiene que tener claro que su objetivo fundamental es la
configuración con Cristo.

 Se trata de un proceso esencialmente impulsado por la gracia: el ser humano


responde con generosidad, pero es Dios quien toma la iniciativa, y es Dios quien va
marcando el ritmo y dinamiza el proceso con la fuerza de su Espíritu para que la
persona pueda ir dando los pasos que debe.

LECTURA DE LA TRADITIO APOSTOLICA

Unidad de la Iniciación Cristiana.

En la misma TA encontramos elementos que nos hablan de la unidad en los


sacramentos de la IC que se vivían en la Iglesia Primitiva. Encontramos toda la IC en una
sola celebración, bajo la presidencia del Obispo y en una diversificación ministerial. Está el
obispo, el presbítero interviene, el diácono acompaña el gesto. Esto nos permite entender la
IC como una sola celebración presidida por el Obispo, donde se da el gesto del agua, el gesto
de la Eucaristía, los gestos post-bautismales; realizadas por los distintos ministerios, pero
todo bajo la presidencia del obispo.

La unidad inicial de la iniciación cristiana se empieza a perder por elementos


circunstanciales. Por ejemplo, se atestigua el bautismo de un tal Novaciano, un pagano de la
época del papa Cornelio (251-253) que estaba haciendo su proceso de iniciación y cayó
enfermo. Al caer enfermo y estar en peligro de muerte, y no tener cerca a un obispo que le
diera los sacramentos de iniciación, Novaciano es bautizado por un presbítero. Luego,
Novaciano se recupera y se le ofrece que el obispo llegue a completar en él los ritos (unción)
que hacían falta. Novaciano se niega a recibir esos ritos post-bautismales que estaban en
manos del obispo. Ante esto, el papa va a preguntarse si Novaciano recibió o no el Espíritu
Santo porque se negó a recibir la unción post-bautismal.

San Jerónimo: la disociación del bautismo se está dando en lugares en donde el obispo
no podía llegar, sobre todo en espacios rurales. Surge de esta manera una nueva necesidad:
que los presbíteros sean aquellos que prolongan el ministerio del obispo, allí donde él no
puede llegar; realizan el bautismo, y la unción queda para el momento en que el obispo pueda
visitarles.

En occidente, cuando el territorio es grande, la IC se desdobla en la diversidad de


ministerios. Se permite que los presbíteros y diáconos bauticen pero el obispo reserva para sí
la unción post-bautismal. Así se mantiene el vínculo con el obispo. En oriente, la solución es
que el presbítero también confirme. Ahí el vínculo se mantiene por el hecho de que sólo el
obispo consagra el Crisma. Son dos modos distintos de responder ante esta necesidad.
La confirmación no llegó a ser autónoma para compensar el bautismo recibido en la
niñez. Ese argumento no existió durante la edad media. Es el renacimiento el que hace que,
con toda la importancia que se da a la subjetividad, se empiece a hablar de la necesidad de
conciencia personal asociado al tema de la confirmación.

A la luz de esto encontramos por primera vez del concilio de Trento que se dice en 17.
4 que no conviene administrar este sacramento a quien no tiene uso de razón.

En los siglos XVII-XVIII la confirmación se sitúa hacia los 10 o 12 años en el norte de


Europa.

El rito de confirmación comenzó a verse como el modo de responder “pastoralmente”


al surgimiento de una nueva etapa en el desarrollo humano: la juventud. Al irse alargando el
proceso de formación para asumir responsabilidades directas en la vida matrimonial y social,
era necesario acompañar de alguna manera a los jóvenes. Esto termina haciendo que la
confirmación sea entendida, no sólo como sacramento para hacer profesión personal, sino
también como una respuesta pastoral a la juventud.

Finalmente, a inicios del siglo XX una decisión del Magisterio involuntariamente


provocó la inversión de los sacramentos. En 1910 san Pío X establece la posibilidad de dar
la comunión a los niños en “edad de discreción” (7 años). Lo hace a partir del supuesto de
que en el sur de Europa la edad para recibir la confirmación seguía siendo anterior a la edad
de discreción, porque la práctica renacentista no se había extendido de manera absoluta. Sin
embargo, en el norte de Europa sí. Al mezclarse las prácticas del norte y del sur, la primera
comunión queda antes de la confirmación. Por lo tanto, se pasa del orden Bautismo-
Confirmación-Eucaristía al orden Bautismo-Eucaristía-Confirmación. Esta inversión no es
cualquier cosa, pues la IC encuentra su plenitud en la Eucaristía.

EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO


El agua es sólo el medio de que se sirve el Espíritu. El agua no es una cuestión mágica. Lo
importante es que estamos en una acción sacramental, pero finalmente quien actúa es el
Señor. Si se emplea el agua es por la doble dimensión de vida y de muerte que ella posee. El
agua es lugar donde se encuentra la muerte pero también es principio de vida. Por eso ha sido
asociada a la acción sacramental por medio de la cual los cristianos nos hacemos partícipes
de la muerte y resurrección de Cristo. El agua entra perfectamente dentro del simbolismo
pascual porque en su naturaleza, ella es capaz de matar y de dar vida. Es, sin embargo, la
acción del Espíritu Santo la que hace que esas dos virtudes naturales del agua se conviertan
en medio de asociación a la muerte y resurrección de Cristo. El uso del agua no es accidental,
no es un signo cualquiera. Hay realmente una comprensión simbólica de por medio, tal y
como se hacía en la teología sacramental de la época apostólica.
Sea cual sea el camino que Dios use para la salvación de los hombres, ése es siempre
un camino de cristificación. La Cristificación es el ser trasformados plenamente en imagen
de Jesucristo. Para esta trasformación el bautismo es el camino ordinario, para los que tienen
posibilidad de conocer el evangelio. Para aquellos que no tienen ninguna posibilidad, Dios
tiene caminos extraordinarios. A lo cual habría que agregar que dado este panorama ninguno
de nosotros puede juzgar el camino de Cristificación que una persona está llevando.

La gracia sacramental que se da en el momento del bautismo despliega sus efectos a lo


largo de todo el proceso bautismal. Los sacramentos de la IC son el momento culminante, el
cual está todo dinamizado por la fuerza del Espíritu.

Para diferenciar: En el bautismo se da la gracia (redención objetiva). Luego está el


proceso de asimilación, de apropiación de esta gracia. Hay que entender los sacramentos en
clave dinámica, donde en la medida que me voy apropiando los voy haciendo presente en mi
vida.