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Síntesis I Medio.

Independencia de América y Chile.

Antecedentes externos de la Independencia hispanoamericana: conjunto de factores que desde el exterior


influenciaron el proceso emancipador de Hispanoamérica, es decir, que tienen su origen fuera del marco del Imperio
español. Dentro de estos, es posible considerar

a. La influencia intelectual de la Ilustración: el movimiento ilustrado surgido en Francia durante el siglo XVIII
significó el desarrollo de nuevas ideas políticas, económicas y sociales de gran impacto en el contexto europeo y
americano. Entre estas ideas destacan el concepto de soberanía popular de Rousseau, la teoría de la división de
poderes públicos de Montesquieu, y el principio del constitucionalismo, que planteaba que los gobernantes debían
limitar su poder según lo establecido en un pacto o Constitución. Estas y otras ideas llegaron a América, pese a la
estricta censura que la Corona hacía de libros y publicaciones provenientes del resto de Europa, y fueron lentamente
permeando en la mentalidad de la elite criolla colonial.

b. La Revolución francesa: los hechos ocurridos en Francia entre 1789 y 1799 significaron un giro político
radical dado que se intentó materializar las ideas ilustradas, terminando con el sistema monárquico absolutista y
creando una República, en la que existen derechos individuales de carácter universal, como los contenidos en la
Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Estos acontecimientos fueron seguidos atentamente por la
aristocracia de las colonias americanas, generando sentimientos de rechazo y admiración entre españoles y criollos.

c. La Independencia de Estados Unidos: este proceso tuvo una repercusión directa sobre los criollos, quienes
fueron testigos de cómo las colonias de Norteamérica se libraban exitosamente de la dominación inglesa. La
importancia política de este hecho radica en que por primera vez era puesto en práctica un régimen republicano
fundado en una Constitución (1776): el ejemplo de Estados Unidos como nación independiente, influiría desde el
comienzo en el proceso emancipador hispanoamericano.

Antecedentes internos de la Independencia hispanoamericana: dentro del Imperio español también se encuentran
factores detonantes de la independencia de las colonias:

a. La crisis monárquica española: la Corona entró en un proceso de decadencia económica bajo el reinado de
Carlos IV y el de su hijo, Fernando VII, que sería agravada con la invasión de Napoleón a España en 1808. Este hecho
significó el cautiverio del rey Fernando en Bayona y el reemplazo del monarca por José Bonaparte, hermano de
Napoleón, despertando la resistencia de los españoles frente a esta usurpación por parte de los franceses. La
ausencia del legítimo gobernante en su cargo es el origen de la formación de Juntas de Gobierno en España y
América, estas últimas integradas por españoles y criollos que ejercerían funciones gubernamentales en ausencia del
rey. Este antecedente se entiende también como un factor coyuntural, ya que la invasión napoleónica y la ausencia
del legítimo rey español fue un factor común con el que se dio inicio al proceso emancipador en Hispanoamérica.

b. Intereses políticos y económicos de los criollos: un aspecto clave fue la toma de conciencia por parte de la
aristocracia criolla de sus diferencias con la elite peninsular. El sentido de pertenencia, en el caso de los criollos
chilenos, se fue acentuando gracias a su creciente influencia social, económica y política, basada en el control de la
haciendas y en un rol activo en la administración y el gobierno. Sin embargo, el espíritu reformista del siglo XVIII
llevaría a los criollos a aspirar a cambios mucho más profundos, objetivo reforzado por el progresivo desarrollo de
una conciencia nacional. En lo sucesivo, estos elementos configurarían que este grupo liderara desde un comienzo el
proceso emancipador.

• Panorámica de la Independencia hispanoamericana: desde una perspectiva general, la independencia de las


colonias americanas de España tiene elementos comunes y diferenciadores, los que se enumeran a continuación:

a. Aspectos comunes: dentro de estos destaca el desarrollo de un movimiento juntista en América a


semejanza de la Junta Central establecida en Sevilla, con objeto de administrar las colonias a nombre del rey,
amparándose en principios políticos derivados de la legislación indiana. Gran parte de las colonias se organizaron en
Juntas, como la de Caracas y Montevideo (1808) o la de Buenos Aires (1810). Otros elementos comunes son el
protagonismo de las elites criollas, en su mayoría terratenientes, que lideraron el proceso desde su inicio y serían sus
beneficiarias desde el punto de vista político y económico; el crecimiento gradual de la conciencia independentista,
ya que esta no se dio de forma inmediata, sino que transitó desde una lealtad absoluta hacia el monarca hacia un
ánimo separatista, el que luego fue generalizado debido a la resistencia española y a la conformación de juntas
reformistas; por último, destaca la colaboración militar entre los movimientos independentistas, siendo claros
ejemplos la coordinación entre Argentina y Chile bajo la dirección de San Martín y O’Higgins, o entre Venezuela y
Colombia, bajo el liderazgo de Simón Bolívar.
b. Aspectos diferenciadores: las particularidades del proceso de independencia surgen de los hechos
puntuales ocurridos en cada colonia. Las etapas clásicas de Patria Vieja, Reconquista y Patria Nueva solo ocurrieron
en Colombia, Venezuela y Chile, en tanto que en Argentina y México no existió reconquista española. Además de
enfrentarse a la metrópoli, en México los patriotas lidiaron con levantamientos de origen campesino e indígena, y en
Uruguay se debió luchar contra argentinos y brasileños, sucesivamente. Por otra parte, Perú debió ser liberado desde
el exterior ya que fue el bastión de la resistencia española y no tuvo un movimiento patriótico interno. En general,
todos los movimientos independentistas concluyeron en un régimen político republicano (como en Chile, Uruguay o
Venezuela), sin embargo, algunos condujeron a la instalación de monarquías constitucionales de corta duración como
en México o a situaciones de guerra civil, como en el caso argentino.

• Etapas de la Independencia de Chile: la historiografía tradicional divide el proceso de Independencia nacional en las
siguientes etapas:

Patria Vieja (1810-1814) Comprende desde la formación de la Primera Junta de Gobierno hasta el desastre de
Rancagua. Este periodo representa un intento de los criollos por gobernar en forma autónoma el país, aunque en un
comienzo el sentimiento generalizado es de respeto y fidelidad hacia la autoridad del monarca español. Sin embargo,
la creación del primer Congreso Nacional (1811), el gobierno de José Miguel Carrera, la dictación de medidas como la
Libertad de Comercio o la promulgación del primer Reglamento Constitucional (1812) son ejemplos del espíritu
reformista de los criollos, que buscaban dejar atrás el pasado colonial.

Reconquista (1814-1817) Este periodo ha sido caracterizado como una etapa reaccionaria en la que los realistas
españoles triunfantes sobre el ejército patriota, buscaron restaurar el orden colonial. Abarca desde el denominado
desastre de Rancagua hasta la batalla de Chacabuco. Los gobiernos de Mariano Osorio y Casimiro Marcó del Pont
restablecieron la antigua institucionalidad política, suprimieron todas las reformas realizadas y reprimieron a los
criollos exaltados y reformistas que participaron políticamente en el periodo de la Patria Vieja.

Patria Nueva (1817-1823) Se inicia con el triunfo patriota de Chacabuco y se extiende hasta la abdicación del director
supremo Bernardo O’Higgins. Es la etapa de consolidación militar y política de la emancipación. En paralelo con los
esfuerzos bélicos (la batalla de Maipú y la Expedición Libertadora del Perú), el gobierno de O’Higgins se ocupó de
organizar económicamente un país golpeado por la guerra; reactivando los intercambios comerciales y
reestructurando las finanzas públicas. Su administración también se propuso realizar cambios a nivel social (fin a la
segregación legal de los indígenas y a la esclavitud africana, supresión de escudos y títulos de nobleza, disminución
de la influencia de la Iglesia) y a nivel político (la creación de constituciones como la de 1818 y 1822).
Consecuencias de la Independencia de Chile: el legado del proceso emancipador se manifiesta en los siguientes
aspectos:

a. Consolidación de la República: los hechos ocurridos entre 1810 y 1818 pusieron término a la dominación colonial
monárquica y significaron la instalación de un nuevo régimen político: la República. Las ideas liberales y republicanas
se fueron afianzando en la mentalidad de los patriotas criollos, quienes tuvieron por objetivo desde entonces, la
creación en Chile de una República fundada en principios como la igualdad y la soberanía popular, con base en una
Constitución. Si bien una organización política estable no se alcanzaría hasta décadas posteriores, durante la etapa de
la emancipación nacional se establecieron los cimientos políticos del Estado chileno y se crearon las instituciones
fundamentales de un régimen republicano.

b. Crisis económica: todas las actividades económicas resultaron fuertemente afectadas por el desenvolvimiento
bélico de la Independencia, especialmente en el Valle Central de Chile. La agricultura y la ganadería fueron las más
perjudicadas a raíz de los daños ocurridos en las haciendas (saqueos y destrucción, puesto que fueron escenario de
algunos combates), la escasez de mano de obra y, tras el fin de la Independencia, también el aumento del bandidaje
rural. El comercio también se vio afectado debido al cierre de los puertos peruanos y la inseguridad general
ocasionada por la guerra, lo que tuvo un impacto en las finanzas públicas y contribuyó al endeudamiento del Estado.
Esta situación se prolongaría durante los decenios posteriores, decadencia económica que solo sería superada en la
década de 1830.

c. Conservación de la estructura social colonial: a pesar de los esfuerzos del régimen de O’Higgins por promover una
mayor igualdad, la estructura de la sociedad colonial se mantuvo en gran parte debido a la persistencia de las
diferencias entre los distintos grupos y por la conservación de su marcado carácter rural. Además, instituciones
fundamentales de origen colonial, como los mayorazgos y el inquilinaje no fueron suprimidas, mientras que la
influencia de la aristocracia sobre los sectores medios y populares tampoco sufrió variaciones.
Aprendizaje Político.

Tendencias políticas de la aristocracia: desde la abdicación de Bernardo O’Higgins al cargo de Director Supremo de
Chile en 1823, al interior de la aristocracia chilena comenzaron a desarrollarse las primeras posturas políticas más o
menos organizadas. Si bien durante el periodo independentista se produjeron divisiones en la elite, estas se
relacionaron con situaciones coyunturales o simpatías personales, pero una vez consolidada la Independencia, estas
diferencias pasaron a ser de carácter ideológico, dado que giraban en torno a la forma en que debía organizarse el
Estado y las instituciones republicanas. Dentro de las tendencias liberales destacan grupos como los:

a. Pipiolos: corresponden al sector de la aristocracia que promovía reformas liberales. Defendían las ideas heredadas
de la Ilustración, entre ellas, la división de poderes y las libertades y derechos públicos y ciudadanos. Los grandes
representantes de este grupo fueron Ramón Freire y Francisco Antonio Pinto como gobernantes, y también
intelectuales como José Joaquín de Mora, principal redactor de la Constitución de 1828, que buscaría aplicar dichos
principios a la realidad nacional.

b. Federales: este grupo político proponía que Chile debía ser organizado bajo los principios del federalismo,
inspirándose en el modelo político de Estados Unidos. De este modo, promovían que el Estado tuviera una estructura
descentralizada y favoreciera la autonomía política y económica de las provincias, sustentándose en el poder local de
las aristocracias terratenientes. Este sector, consolidado en el Congreso Nacional en 1826, promovió la dictación de
las Leyes Federales bajo el liderazgo de José Miguel Infante, las que intentaron sin éxito la implementación de este
modelo en la realidad nacional.

Dentro de las tendencias conservadoras destacan grupos como los:

a. Pelucones: fueron el principal grupo conservador del periodo, compuesto por miembros de la antigua aristocracia
criolla terrateniente. Fueron partidarios de un régimen político centralizado que promoviera reformas moderadas,
con participación restringida y una autoridad fuerte, además de defender la influencia de la Iglesia católica en la
sociedad y su unión con el Estado; en este sentido, fueron partidarios de conservar aspectos fundamentales del
legado político colonial. Entre sus principales representantes se cuenta a Juan Egaña, redactor de la Constitución de
1823, de carácter conservador y considerada por sus opositores como “moralista” debido a que establecía un estricto
control sobre el comportamiento de los ciudadanos.

b. O’higginistas: este sector, fundamentalmente compuesto por todos aquellos cercanos a Bernardo O’Higgins,
aspiraba al retorno al poder del ex Director Supremo en el exilio. Defendían un gobierno fuerte y centralizado, que
acabara con lo que ellos consideraban, el desorden imperante. Entre sus representantes más importantes estaban
José Joaquín Prieto y Manuel Bulnes, militares que luego de 1831 ocuparían la Presidencia de la República en forma
sucesiva.

c. Estanqueros: grupo de comerciantes que participó en el llamado contrato del Estanco, que consistió en un
monopolio de la venta del tabaco, naipes y licores otorgado por el Estado para subsanar la compleja situación
económica en que se encontraba la hacienda pública, con el objeto de pagar el préstamo que Chile había solicitado a
la banca británica. El fracaso de este negocio a causa del contrabando y la mala administración, llevó a que los líderes
de esta empresa, Diego Portales y José Manuel Cea, entre otros, se involucraran activamente en política
promoviendo la instalación de un gobierno fuerte y autoritario que restableciera el orden.

• Visiones historiográficas del periodo: el debate entre los historiadores sobre el periodo posterior a la renuncia de
O’Higgins ha sido intenso y, en general, existen dos visiones resumidas a continuación:

a. Anarquía: algunos plantean que el rasgo principal en este periodo es el desorden general, debido a la inestabilidad
política y el vacío institucional (“brevísimo periodo caótico”, según Mario Góngora) en que se encontraba el país.
Entre los factores de esta inestabilidad se encuentran la existencia de gobiernos de corta duración, las conspiraciones
políticas, el caudillismo militar y la prolongada situación de crisis y estancamiento económico heredado desde la
Independencia que, entre otras cosas, provocó un aumento del bandidaje rural. Otro aspecto de esta visión está
dado por la sucesión de ensayos constitucionales de distinta orientación política, los que constituirían una de las
razones detrás de la anarquía y la incapacidad para organizar políticamente el país.

b. Aprendizaje político: otro conjunto de historiadores considera que durante este corto periodo se produce la
“fundación de un nuevo orden” (Alfredo Jocelyn-Holt), siendo la “fisionomía anárquica más aparente que real”, como
apunta Sergio Villalobos. Los fundamentos de esta postura se encuentran en la consolidación de las ideas ilustradas y
liberales en un sector importante de la aristocracia nacional, lo que queda de manifiesto en la confianza generalizada
en la ley como instrumento para la organización del Estado, y en el desarrollo del debate político, de la mano del
surgimiento de distintas tendencias ideológicas promovidas por intelectuales. Sin embargo, siguiendo lo señalado por
Cristián Gazmuri, hay que considerar que estas diferencias surgidas entre la elite eran más de orden cultural que
político, dado que las ideas republicanas apuntaban a distanciarse del pasado colonial. En síntesis, se trató de un
periodo de “ensayo-error” que fue clave en la consolidación de un nuevo orden institucional para Chile, como el
surgido después de 1830.

• Guerra Civil de 1829-1830: fue el enfrentamiento bélico desarrollado entre pipiolos y pelucones que pone fin a este
periodo. Bajo el pretexto de una irregularidad en la elección de Vicepresidente del Congreso, se iniciaron los
enfrentamientos bélicos entre el general Prieto por el bando conservador y el general Freire por el bando liberal. En
las batallas de Ochagavía (1829) y Lircay (1830) se consagró el triunfo de los conservadores dirigidos por Prieto; al
mismo tiempo que eran anulados los actos del Congreso liberal de 1829, se designaba al pelucón Francisco Ruiz Tagle
como Presidente y Diego Portales asumía dos de los tres ministerios del gobierno. Esta victoria sería determinante
para la consolidación de la llamada República Conservadora (1831-1861).

Portales y la constitución del 33

Pensamiento conservador: conjunto de principios políticos surgidos a partir de las ideas fundamentales de los
pelucones (centralización administrativa, participación ciudadana restringida, unión entre la Iglesia y el Estado) a las
que se agrega la influencia del pensamiento de Diego Portales, personaje clave en la consolidación del
conservadurismo nacional. El ministro Portales tenía una visión pragmática de la política y señalaba que Chile debía
ser organizado bajo un Estado fuerte y centralizado, fundado en la autoridad de un poder impersonal abstracto,
superior a los partidos, a los caudillos militares y a las personalidades políticas (o sea, a los intereses particulares),
que impusiera orden y disciplina a la nación; esta última idea, remite a la autoridad que los monarcas hispánicos
ejercían durante el periodo colonial. Además, señalaba que una vez consolidado este sistema autoritario, sería capaz
de “liberalizarse a sí mismo” (Collier y Sater), es decir, devendría en un sistema liberal capaz de otorgar libertades
públicas y ampliar la participación democrática. En la práctica institucional, estas ideas y principios significaron el
predominio del Poder Ejecutivo con amplias atribuciones sobre el Congreso, la administración pública, el Poder
Judicial y las Fuerzas Armadas, situación que se mantuvo durante todo el periodo de la República Conservadora.

• Constitución de 1833: la llamada “solución portaliana” fue materializada en una carta fundamental, que reemplazó
a la de 1828 y cuyos lineamientos principales tienen su origen en la Convención Conservadora de 1830. La
Constitución promulgada en 1833, redactada por Mariano Egaña y Manuel José Gandarillas, tuvo un carácter
marcadamente presidencialista y centralista: el Presidente ejercía el poder con una reducida fiscalización y nombraba
directamente a los principales funcionarios públicos (altos mandos militares, miembros de la Corte Suprema,
intendentes, gobernadores, delegados, alcaldes, entre otros), concentrando en sus manos las principales decisiones
del Estado; era elegido por votación indirecta, es decir, a través de un colegio de electores escogidos por los
ciudadanos. Entre sus disposiciones principales destacan: la fijación expresa de los límites del Estado, el
establecimiento de la religión católica como la oficial del Estado, el sufragio censitario y la ciudadanía restringida al
cumplimiento de requisitos (solo varones mayores de 25 años, que sepan leer y escribir, con una renta determinada),
la duración de 5 años del periodo presidencial con reelección inmediata y las facultades extraordinarias de
Presidente. Otras disposiciones dicen relación con el Poder Legislativo, que sería un Congreso bicameral con un
Senado electo en forma indirecta y una Cámara de Diputados elegida por voto popular, cuyas facultades incluían la
aprobación del presupuesto de la nación y la dictación de las llamadas leyes periódicas.