de lo que puede ser nuestra experiencia inmediata. Más que reemplazarse entre sí, se complementan.

No es posible volver a casa
Profesor de literatura en Estados Unidos, De Piérola acaba de obtener un nuevo galardón literario: El premio Copé de Cuento.
JOSÉ GABRIEL CHUECA
La apacible tarde en la cual un aficionado a los crucigramas, absorto en sus pensamientos, descubre la amenaza de muerte que sobre él cierne su propio lápiz es la entrada a “Lápices”, cuento con el que José de Piérola (Lima, 1961) obtuvo el Premio de la IX Bienal de Cuento organizada por PetroPerú. Piérola, obtuvo menciones honrosas en El Cuento de las 1000 Palabras de 1998 y de 1999. En 1998 obtuvo con “En el vientre de la noche” el XII Premio Internacional de Cuentos Max Aub, convocado en España, y en el 2000 quedó tercero en El Cuento de las 2000 Palabras. Actualmente trabaja en la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, donde se dedica a la investigación literaria andina. ¿Por qué a pesar de los premios su obra sigue inédita? Primero, porque recién empecé a escribir en serio en el año 97. Y porque, como es natural, es difícil para un escritor desconocido empezar a publicar. Sin embargo, espero encontrar pronto un editor que quiera trabajar con los dos libros que tengo terminados. “En el vientre de la noche” relata la ejecución de un terrorista por un soldado, y “Humo azul” (que puede leerse en Internet en el portal de “Caretas”) es de ciencia ficción. ¿Cómo decide el género de sus historias? Creo que cada historia elige el suyo. Los géneros son sólo una forma de agrupar a ciertos autores o épocas para entenderlos mejor. Para mí, más que géneros, éstos son modos de escritura elegidos para relacionarse con el mundo. Lo interesante, creo, es que como la condición humana no es uniforme, ni universal, ni permanente, estos modos de escritura nos permiten ver un poco más allá

¿Le interesa especialmente la ciencia ficción? Me interesaba, porque no me gusta la que sólo explora posibilidades tecnológicas. La ciencia ficción resulta interesante cuando altera ciertas reglas que asumimos como universales con el fin de iluminar algún aspecto de la naturaleza humana. Espero que “Humo azul” caiga dentro de esa categoría. Pero mi trabajo principal está más cerca de “En el vientre de la noche”, por ejemplo, que es parte de un volumen de nueve cuentos donde también he incluido “Variaciones sobre un tema de Nabokov”, cuento que resultó finalista en el Copé hace dos años. ¿Y “Lápices”? “Lápices” es un cuento con el que he tratado de explorar ese terreno ambiguo que existe entre dos formas de ver la realidad. Ya desde que Nabokov dijo que se debía usar la palabra realidad entre comillas han sido muchos los que han reconocido que gran parte de la realidad es una construcción que depende de la epistemología que la organiza; sin embargo, seguimos pensando en absolutos. No es el tema del cuento, pero me interesa mucho el punto en que pierden validez los valores absolutos de nuestra cultura, los intersticios por donde podemos adivinar realidades completamente diferentes. Estar fuera del país es una experiencia que enriquece el imaginario personal. Por supuesto, de cualquier escritor. La distancia es necesaria para adquirir una perspectiva que es imposible desde dentro. Nadie jamás había imaginado que nuestro planeta fuera tan hermoso, suspendido en el negro intenso del espacio, hasta que los primeros astronautas se alejaron lo suficiente. La inmigración cambia la naturaleza de las personas, rompe un centro que ya no se puede reconstruir jamás. En ese sentido, como decía Wolfe, no se puede volver a casa.
© El Comercio (Lima Perú - 27 de Marzo de 2001)