www.correoperu.com.

pe

Martes 31 de mayo del 2005

Genealogía del ajedrez
A pesar de ser un lector precoz, José de Piérola tardaría muchos años en tomar la decisión de escribir. Y cuando lo hizo, empezó a obtener una serie de premios (aquí y en el exterior) que lo han situado en un lugar de preferencia en la escena literaria local. Shatranj: juego de reyes (Norma, 2005) es la confirmación de su buen pulso narrativo. Correo: Sin ánimo de menospreciar la literatura juvenil, ¿concebiste inicialmente esta novela para ese público? José de Piérola: En un principio no la veía como una novela de literatura juvenil, incluso ahora veo que puede ser leída por cualquier persona. La génesis de la novela se encuentra en una conversación con una amiga venezolana que derivó en el tema del ajedrez. Hice incluso un primer borrador a manera de cuento. Hasta que me reuní con Rubén Silva, de Norma, a quien le pareció un proyecto interesante y me alentó a escribir la novela. Y me dio algo que es muy bueno para la creación: un plazo (risas). Y en el proceso de escritura :: José de Piérola él vio que podía funcionar publica Shatranj, novela que recrea el en la colección juvenil Zoorigen del juego de na libre. los reyes C: La novela funciona también para un público

adulto dada su permeabilidad para permitir diferentes lecturas. JDP: Yo lo asumí como un reto doble. Por un lado, tratar de lograr la atención del lector joven, con una gran inteligencia y una mente muy ágil; y, por otro lado, también la del adulto. Eso me ha permitido conectar tres cosas: la invención del ajedrez, una historia de amor y el mostrarle al lector qué pasa cuando una sociedad empieza a cambiar drásticamente. Cuando hay tantos cambios, qué posibilidades hay para una mujer joven, por ejemplo. C: En cuanto a la estructura, se trata de una novela en la que aparecen “enigmas” que se resuelven progresivamente. JDP: Eso fue lo más difícil, porque te habrás dado cuenta de que la novela por sí misma podría parecer un cuento de Las Mil y Una Noches. Cómo traer esa novela al siglo XX, para empezar, y luego, cómo hacer que se lea de una manera diferente. C: Mediante un narrador... JDP: Claro, pero no tenía a Sherezada, entonces necesitaba alguien que nos cuente la historia. Y el personaje que cuenta la historia, que es el maestro librero, la cuenta desde fuera. Entonces, cosas que para él son misteriosas en un principio, él mismo las va resolviendo después. El lector comparte con él no sólo su inteligencia, sino el hecho de no saber hacia dónde están yendo las cosas. Fue una felicidad para mí encontrar ese personaje como narrador, que en un inicio no estaba. C: Tu obra está alejada de ese realismo dominante en nuestra literatura, y desmarcada también de esa sombra que debe significar Vargas Llosa... JDP: Yo creo que en el Perú hemos tenido la buena suerte de contar con un autor tan importante como Vargas Llosa, pero también la mala suerte, porque de alguna manera crea una especie de grávida que impide que la literatura se desarrolle más, se abra, que se amplíe el espectro de las formas para abordar las historias. Eso de que “si tú no escribes así, entonces no entras al canon” es empobrecedor. Carlos M. Sotomayor