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JESÚS

y
MARÍA

MIRADA A LA VIDA

La vida sigue su curso; el universo sigue


girando y ofreciendo su inmensidad, hasta el
punto de que cada día nos sorprende y nos
maravilla. Y las personas, dentro de ese
mundo, sin saber exactamente ni el hacia
dónde, ni el para qué de toda esta
maravillosa realidad. Pero en lo profundo
del ser humano, surgen los interrogantes
que le inquietan profundamente. ¿Dónde y
cómo terminará este mundo? ¿Y los hombres
y mujeres que caminamos por él? ¿No tendrá
todo esto algún objetivo, que se nos escapa?

Los seguidores de Jesús afirmamos que caminamos de la mano de


Dios. ¡Todo un atrevimiento ante tantos avances de la ciencia! Y es que
la convicción creyente es que a Dios le importan nuestras idas y
venidas, nuestras “historias”, nuestro origen y nuestro futuro. Aún
más: ahí está la afirmación profunda y vital: hemos sido creados a
“imagen y semejanza” del mismo Dios. Esto es, la SEMILLA del
mismo Dios anida en lo más profundo de todo ser humano. Misterio
sorprendente, pero profundamente hermoso esta confesión del corazón
creyente.

Y porque la historia camina de este modo, en NAZARET, un pueblecito


de Palestina, vive una joven mujer: MARÍA. En apariencia, en nada se
distingue del resto de las muchachas de su entorno. Como era “normal”
en aquella cultura, recibió de sus padres la gozosa fe de sus antepasados,
donde la acción de Dios en favor de su pueblo es una convicción
profunda. Y ella, como parte integrante de ese pueblo, está abierta a
esa historia de actuación de Dios.

Tan es así, que la tradición cristiana nos ha presentado a María, desde


niña, ofrecida a ese Dios en el templo de Jerusalén. Y es que las
PROMESAS de un Salvador estaban muy vivas en lo más profundo
del corazón creyente judío. ¿Cuándo se realizarían esas promesas?

Pues Dios va a actuar y ha escogido a esta joven judía, María, para


realizar las maravillas que su inmenso corazón ha “soñado” para la
humanidad. No; Dios no se ha olvidado de nosotros. Así, de una
manera sencilla y silenciosa, lo recoge la historia sagrada de los
creyentes. Nos acercamos a ella.

A LA LUZ DEL EVANGELIO

EVANGELIO: Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una


ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con
un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se
llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era


aquél. El ángel le dijo:
- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por
nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor
Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de
Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:


- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te
cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se
llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar
de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que
llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».

María contestó:
- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra».

Y la dejó el ángel.

HOY Y AQUÍ

Hay un dato gozoso y positivo en las convicciones de la fe cristiana: el


Espíritu de Dios no empequeñece a las personas, sino que las
agranda, las plenifica. Por eso, el ENCUENTRO de María con Jesús
es de una plenitud absoluta: las entrañas de María dan vida al Dios
que quiere hacerse presente entre los hombres. ¡Maravilloso! La
criatura acoge al Creador y le posibilita, desde su ser maternal, hacerse
hombre y presente en medio de la humanidad. María hace posible que
Dios sea tan “pequeño”, y Dios hace posible que María sea tan “grande”.

Y como en todo encuentro, cuando está impregnado y envuelto por el


amor, une e iguala a los encontrados, esto mismo sucede en este
encuentro de madre e hijo, entre Jesús y María. Desde el silencio más
absoluto; desde la “normalidad” más total; pero así de real y concreto.

Pues este Dios también quiere hacerse presente en cada uno de


nosotros; quiere formar parte viva y real de nuestro ser, de nuestra
vida entera, de nuestra historia personal. ¡Realmente hermoso, de
nuevo, lo que se nos ofrece! De ahí que desde nuestro Bautismo está
plenamente presente en lo más profundo de nuestro ser. Es la SEMILLA
anidada en nosotros. Es necesario que yo tome conciencia de este
hecho; el no hacerlo me puede llevar al sin-sentido de toda mi vida.

Le sucedió a María: se mira hacia ella misma y no se siente capaz de


dar un sí. ¡Ella tan pequeña y necesitada, y los proyectos de Dios tan
inmensos! Pero es ahí donde se le ofrece el don del Espíritu, y entonces
el SÍ a su Dios es pleno y total, de una disponibilidad sin límites.
¡Hermosa la de la joven judía y qué grande su corazón!

Ahí está su gran lección para nosotros: también, en nuestro caminar,


tenemos oportunidades reales de ENCONTRARNOS con JESÚS;
algo que puede transformar desde dentro nuestra historia. Ese
encuentro conllevará un Sí que nos empuja a caminar. Eso sí, no
apoyándonos en las propias fuerzas, sino en Aquél que nos ama desde
siempre y para siempre. Con los ojos puestos en Él, somos llamados a
vivir y a caminar.

ORACIÓN

¡Qué grande eres, Dios Padre nuestro!


¡Cuántas maravillas has obrado en favor nuestro!
No somos capaces de entender y de abarcar
cuanto has proyectado para nuestro bienestar y plenitud.
Por eso, admirados por cuanto descubrimos,
te damos gracias y te adoramos
desde lo más profundo de nuestro ser,
y nos ofrecemos a lo que Tú dispongas para nosotros.
Cuenta con nosotros para lo que nos necesites,
porque estamos dispuestos para servir en tu proyecto de vida.
Nos ponemos entre tus manos, Padre,
como María, la madre de Jesús.

PLEGARIA

CRIATURA DE ENCUENTRO

María, ayúdame a ser criatura de encuentro.


Convénceme para que me deje alcanzar por Dios,
para que me sepa entregar a Él.
Corta con la fuerza de tu amor
mi absurda huida.
Hazme comprender que sólo hay una pobreza
sin esperanza para el hombre:
ser pobre de Dios.

Que haya en mí suficiente silencio


para escuchar su Palabra.
Que sepa revelarme ante las esclavitudes
de los compromisos, del trabajo,
de los horarios, del ambiente,
para hallar el tiempo necesario
para hablarle y escucharle en oración.

Convénceme de esta verdad:


sólo el que encuentra a Dios
es capaz de encontrar realmente a los hombres.
Sólo quien habla con Dios
tiene algo que comunicar a los demás.
Sólo quien ha visto a Dios
no defrauda a los hermanos.

CANTO

ME QUEDÉ SIN VOZ

Me quedé sin voz con qué cantar,


y mi alma vacía, dormía en sequedad.
Y pensé para mí, me pondré en sus manos,
manos de Madre, me dejaré en su amor.

Y TÚ, MARÍA
HAZME MÚSICA DE DIOS.
Y TÚ, MARÍA,
ANIMA TÚ LAS CUERDAS DE MI ALMA.
¡ALELUYA! ¡AMÉN! (bis)

María, acompaña tú mi caminar,


yo solo no puedo, ayúdame a andar.
Y pensé para mí, me pondré en sus manos,
manos de Madre, me dejaré en su amor.

(Grupo KAIROI – Disco: “María, música de Dios”)