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La escuela en la ciudad activa

Juanma Murua
María de la Fuensanta Morillo

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La escuela en la ciudad activa

Juan Manuel Murua


Economista urbano. Consultor independiente.

María de la Fuensanta Morillo


Fundación Educación Alternativa, Sagrado Corazón.

RESUMEN
Desde la Salud Pública se reconoce que la im portancia de los
entornos y los ám bitos en los que vivim os las personas, son piezas
claves a la hora de fom entar hábitos de vida saludables.
Bajo esta consideración, surgió el concepto de “ciudad activa” para
definir a las ciudades que continuam ente generan entornos a favor
de la actividad física y la vida activa de su población.
En las últim as décadas, el modelo de desarrollo urbanístico y de
gestión seguido por nuestras ciudades, ha llegado a considerar al
espacio urbano com o un “entorno peligroso” para el desarrollo del
juego de los niños, relegando a la infancia a un papel secundario;
lo que lleva a la creación de espacios concretos y específicos para
su realización, reduciendo así, su autonom ía dentro de la ciudad.
La escuela es un ám bito clave en la promoción de hábitos
saludables, entre ellos el de la práctica de actividad física entre
niños y niñas.
La ciudad activa trabaja para cam biar esta situación, perm itiendo
que la población infantil disfrute de sus calles y plazas,
apoyándose en num erosos estudios que dem uestran la correlación
existente entre, el juego espontáneo de calle y los niveles m ás
elevados de actividad física.

Palabras clave: actividad física, ciudad, urbanismo, movilidad,


espacio público

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1. INTRODUCCIÓN

Numerosos organismos nacionales e internacionales han elaborado multitud de trabajos


de investigación y propuestas, para definir el concepto de ciudad activa y, proponer
enfoques y medidas que orienten a las ciudades, en el camino de la promoción de
estilos de vida más saludables y, la facilitación de la vida activa de sus habitantes.
Niñas y niños en edad escolar, conforman uno de los grupos objetivos más importantes
en el establecimiento de políticas de actividad física. De ahí, que uno de los ámbitos que
cobra mayor importancia en el fomento de estilos de vida más activos, sea la escuela.
Los hábitos adquiridos en la infancia se mantienen con mayor facilidad a lo largo de la
vida.
Existe numerosa literatura escrita sobre escuelas activas, centros escolares que
atribuyen a la actividad física un importante papel dentro del programa escolar, de su
modelo educativo general e incluso, la toman como prioridad a la hora de diseñar los
diferentes espacios de sus instalaciones. Con este artículo no se pretende ahondar más
en esas cuestiones. Por el contrario, se plantean propuestas significativas que sitúan a la
escuela dentro de un proyecto de ciudad activa.
Las propuestas planteadas tratan de ofrecer algunas ideas, para que los centros
escolares fortalezcan su papel de agente social de primer orden, en el ámbito local que
le corresponde.
Es necesario reconocer que, tras esta declaración de intenciones, nos encontramos con
una realidad mucho más compleja. La gran mayoría de las cuestiones que atañan a los
menores, tienden a encauzarse a través de los centros educativos, lo que supone, no en
pocas ocasiones, una saturación por exceso de trabajo y responsabilidades. Por este
motivo, no se plantea que la educación y la facilitación de la actividad física en el grupo
de menores de edad en un proyecto de ciudad activa sea exclusivamente educativo, lo
que no haría si no ahondar en los desequilibrios y la saturación del centro.
Tal y como proponen los conceptos de ciudad activa y las dinámicas de trabajo
transversal y colaborativo que deben guiar su implantación, son numerosos los actores
institucionales y sociales que deben trabajar coordinadamente para crear entornos más
propicios para la actividad física de niños y niñas.
Al salir de ámbito propiamente escolar y plantear el papel de la escuela en la ciudad
activa, tratamos de situar en el centro de la propuesta el modelo de ciudad y el rol de la
escuela en la misma. En este sentido, los proyectos aluden al conjunto de la ciudad y a
las áreas de gestión local competentes que deben participar en el diseño y gestión de
los entornos físico y social de la misma. Además de las áreas de la administración local,
también deberán formar parte los diferentes agentes sociales de la ciudad y que
participan de distintos modos en la experiencia y la educación de niños y niñas. Dentro
de este grupo, la escuela juega un papel destacado.
De entre los numerosos trabajos relacionados con las ciudades activas, tomamos como
referencia la Guía Ciudad +ACTIVA (Murua, 2015), editada por la Dirección de Deportes
de la Junta de Castilla-La Mancha, ya que entendemos que se adapta a la realidad de
las ciudades españolas y las necesidades de su población escolar.

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2. EL CONCEPTO DE CIUDAD ACTIVA

En el año 1986, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pone en marcha el programa


“Healthy Cities” (Ciudades Saludables), bajo el marco de la doctrina de promoción de la
salud de la Carta de Ottawa (OMS, 1986). Este programa recoge la necesidad de
reorientar los servicios y recursos sanitarios hacia la promoción de la salud y, por otro
lado, a compartir el poder con otros ámbitos y disciplinas así como, con la propia
población.
El concepto de Ciudades Saludables supone un importante avance en la concepción de
los factores y modos de trabajo en las políticas de salud, ofreciendo “un nuevo marco
para afrontar la crisis de los sistemas locales de salud, que sin abandonar los
instrumentos útiles técnicos y de gestión, propone utilizar la cooperación intersectorial y
la participación comunitaria como estrategias para un mayor control de las ciudades,
sobre su propia salud y la de la ciudad”(Spagnolo y Costa, 1991)
Tres son las líneas fundamentales introducidas por el programa Ciudades Saludables a
la hora de establecer las políticas públicas en materia de salud:
• Promoción. La promoción de la salud se establece como la base fundamental
de la salud pública.
• Entornos. Se pasa de seguir un modelo conductual, más centrado en la
responsabilidad individual de cada persona, a adoptar un modelo
socioecólogico, en el que se reconoce la importancia de los entornos que
afectan directamente a la salud de las personas. Cuando varios de los
determinantes afectan conjuntamente a una persona, pueden afectar
negativamente a su salud.
• Equidad. Se reconoce que los factores del entorno no afectan por igual a toda
la población. Existe un gradiente social de salud que discurre desde la cúspide
hasta la base del espectro socioeconómico, lo que implica que en todas las
sociedades se produzca el fenómeno del empeoramiento de los niveles de
salud a medida que se desciende en la escala social. Promocionar la salud y
fomentar la equidad supone tener en cuenta las necesidades de los grupos más
desfavorecidos, sin descuidar las acciones universales (Ministerio de Sanidad y
Política Social, 2010).
El concepto de ciudades activas surge dentro de este marco de Ciudades Saludables,
entendiéndose que para que una ciudad facilite la salud de toda su población, la
actividad física es un factor clave en la misma.
Tal y como se entiende a la ciudad activa, se plantea desde una perspectiva dinámica,
entendiéndose como aquella ciudad que continuamente crea y mejora oportunidades en
los entornos construidos y sociales, amplía los recursos de la comunidad para que toda
la ciudadanía pueda ser físicamente activa en su día a día. “Conoce y fomenta el valor de
la vida activa, la actividad física y el deporte. Proporciona oportunidades para la
actividad física y una vida activa para todas las personas” (Edwards y Tsouros, 2008).
Un proyecto de ciudad activa es, por tanto, un proceso, no un resultado, lo que implica
un grado trabajo y compromiso constantes, encaminados a facilitar la práctica de
actividad física en sus entornos físico y social.

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3. LOS ENTORNOS Y LOS ÁMBITOS EN LA CIUDAD ACTIVA

Durante muchos años las políticas de salud y promoción de la actividad física han
seguido un marco conductual, siendo responsabilidad individual (Kelly et al., 2007) de
cada persona la adopción de hábitos de vida saludable. En este sentido, era muy
habitual considerar que las personas que no hacían actividad física, era porque no
querían. Muchas de las actuaciones orientadas a la promoción de la vida activa se
centraban en la comunicación y la promoción de estilos de vida activos, tratando de
convencer de los beneficios de su práctica a través de numerosos canales, por medio
diferentes mensajes y ampliando la oferta existente para que resultase atractiva para el
mayor número posible de personas.
Sin embargo, la Salud Pública ha demostrado que la salud, la enfermedad y los hábitos
saludables de vida están claramente vinculados con una serie de factores sociales,
económicos, medioambientales o estructurales, además de los individuales (Ministerio
de Sanidad y Politica Social, 2010). Los comportamientos de práctica de actividad física
y de inactividad física se entienden condicionados por una compleja red de factores que
determinan que una persona, un grupo o una comunidad sean o no más activos
físicamente (Sallis et al., 2006). No basta, por tanto, con políticas y programas de
educación y promoción de la actividad física entre la ciudadanía si los ambientes en los
que viven y se relacionan no facilitan la toma de decisiones en este sentido.
Esta forma de entender los condicionantes de la salud ha dado lugar a la adopción del
modelo socio-ecológico (Dahlgren & Whitehead, 1992). La aplicación de este modelo a
la promoción de la actividad física ha generado distintas referencias en las dos últimas
décadas que pueden servir de orientación para establecer qué factores están actuando
como condicionantes de actividad física y la conducta sedentaria (Richard, 2011)

Figura1: Modelo de determinantes de salud de Dahlgren y Whitehead (1992)

Fuente: Evans et al (2001)

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Cuando hablamos del entorno físico, nos referimos pues al entorno construido y natural,
en el que se desarrolla la vida de las personas. El diseño de una ciudad, sus calles,
parques y plazas, los patios, los espacios naturales a los que se tiene acceso, todas
estas cuestiones se demuestran muy relevantes a la hora de tratar de explicar los niveles
de actividad física de la población.
El entorno social se refiere al conjunto de factores socieconómicos que afectan al
comportamiento de las personas y a su capacidad de acceso a la actividad física. Así, el
apoyo o aislamiento de las redes sociales, las normas de la comunidad, los
antecedentes culturales o el nivel socioeconómico de la comunidad pueden actuar
también como inhibidores o aumentadores de la actividad física y la conducta
sedentaria.
Asimismo, los condicionantes deben ser adaptados a comportamientos particulares y
grupos de población. En este caso, niños, niñas y adolescentes realizan diferentes
actividades físicas en ambientes diferentes a los adultos mayores, por lo que las
estrategias de intervención deben adaptarse a cada segmento de población.

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4. LA CIUDAD COMO PROBLEMA PARA UNA INFANCIA ACTIVA

En los últimos años se observa un creciente interés por conocer cómo influye el entorno
urbano sobre la calidad de vida de niños y niñas y el cambio de hábitos que supone,
especialmente en los niveles de práctica de actividad física. Las investigaciones
muestran una importante disminución de los niveles de juego y movilidad activos entre
los menores. Hillman, Adams y Whitelegg (1990) mostraron un fenómeno preocupante:
niños y niñas estaban desapareciendo de las calles de las ciudades. Entre los años
setenta y noventa del siglo pasado, se percibe una importante reducción en los niveles
de autonomía de los menores en las calles, tanto en el desarrollo de sus juegos, en el
tiempo y disfrute de los espacios públicos como en sus trayectos cotidianos.
El modelo urbanístico dominante de las últimas décadas modifica en gran medida la
forma de las ciudades y los usos del espacio público. Al contrario que en el modelo
tradicional de ciudad mediterránea, en la actualidad, el urbanismo se basa en una
segregación funcional, esto es una división del territorio en unidades monofuncionales:
residenciales, comerciales, industriales, equipamientos… Este modelo ha impuesto una
hegemonía del vehículo privado como medio de transporte, lo que lleva a dedicar gran
parte del espacio público al tránsito, reduciendo notablemente los espacios para la
convivencia, el disfrute y el juego.
Hace tres décadas lo normal era acudir al colegio andando o en bicicleta, jugar, correr y
saltar en la calle. En la actualidad, las calles se han convertido en escenarios poco
adecuados para este tipo de prácticas lo que ha llevado a una situación paradójica: en la
época en que más recursos e instalaciones deportivas hay, menores son los niveles de
actividad física entre la población infantil.
En este sentido, el proyecto de ciudad activa contempla el hecho de que los menores
recuperen el uso del espacio público para el disfrute, a la vez que, les permita moverse
con seguridad y autonomía por las calles. Sobre la base de esta idea, el proyecto de
Francesco Tonucci, “La ciudad de los niños” (Tonucci, 1997) cobra especial relevancia a
la hora de plantear un entorno urbano que facilita la actividad física en edad infantil.
La escuela en un proyecto de ciudad activa juega evidentemente un papel educativo, ya
que transformar los hábitos de actividad física requiere de un trabajo enormemente
instructivo, además del trabajo específico en materia de educación física, deporte
escolar y pautas dentro del recinto escolar. Sin embargo, la escuela también puede ser
un importante aliado de las administraciones y la sociedad en su conjunto, para crear las
condiciones para que niñas y niños puedan volver a disfrutar del espacio público como
lugar de juego activo.

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5. EL PAPEL DE LA ESCUELA EN LA CIUDAD ACTIVA

Tal como se comenta al comienzo del texto, con este artículo no se trata de dar
orientaciones para que las escuelas promuevan la actividad física dentro de sus
funciones educativas, su programa deportivo escolar o sus instalaciones. El objetivo es
el de formular algunas intervenciones, en las que los centros escolares pueden participar
de un modo efectivo dentro de un proyecto de ciudad activa, más concretamente en el
proyecto Ciudad +ACTIVA , como el propuesto por la Junta de Castilla-La Mancha.

La participación en una Mesa Local Activa


La Mesa Local Activa se trata de un grupo de trabajo con capacidad operativa, que se
encarga de elaborar estrategias, diseñar propuestas, realizar contactos, involucrar
agentes y otras tareas necesarias para la puesta en marcha del proyecto.
Las propuestas generales de la Mesa (planes, estrategias o programas de calado) se
trasladan a una Comisión de Dirección, que la dota de legitimidad. Dicha comisión se
conforma por políticos y técnicos de diferentes áreas municipales, (Deporte, Educación,
Juventud, Salud, Urbanismo, Movilidad, Medio Ambiente, Servicios Sociales…), agentes
relevantes en la promoción de la actividad física en el municipio y personas reconocidas
en sus respectivos ámbitos.
La aportación de los centros escolares en esta Mesa es fundamental, principalmente en
lo relativo a las estrategias y propuestas orientados a la población en edad escolar;
entrando en cuestiones relacionadas con la movilidad, el diseño de espacios urbanos,
las evaluaciones de los niveles de actividad física en estas edades o el diseño de
actividades que fomentan la vida activa más allá de las actividades deportivas
habituales.
Cuestión destacable de la participación de la escuela en La Mesa es, la de tomarla
como punto de encuentro y colaboración con otros agentes sociales para la puesta en
marcha de proyectos compartidos.
En definitiva, la escuela, los profesionales de la educación que en ella trabajan, son pieza
fundamental a la hora de decidir el modelo de ciudad en la que se desea vivir. Participar
en la Mesa Local Activa supone aportar un punto de vista importante, el de la
perspectiva de los menores a la hora de diseñar y gestionar una ciudad.
El hecho de participar en la Mesa puede entenderse como una vía de asignar la
responsabilidad de que niños y niñas alcancen niveles suficientes de actividad física,
entre todos los agentes realmente implicados. En la actualidad, debido a la excesiva
"sectorialización" de responsabilidades de la gestión pública, el problema de la falta de
actividad física y del sedentarismo parece recaer casi exclusivamente en las escuelas. La
Mesa supone reasignar esta responsabilidad, reconociendo a la escuela como un pilar
importante dentro de estas políticas, pero no como responsable único.

La movilidad y la escuela
El modelo de movilidad urbana se está mostrando como una de las claves
fundamentales para entender los altos niveles de inactividad física. Resulta necesario un
cambio en las políticas de planificación y transporte que favorezcan la actividad física
(EHN, 2008)

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En este sentido, los proyectos de camino escolar es una buena herramienta a para
fomentar la movilidad activa entre niños y niñas. Promover el camino a pie o en bicicleta
hasta las escuelas, muestra importantes efectos en el incremento de los niveles de
actividad física en los más jóvenes, pero también presenta importantes efectos positivos
en la movilidad urbana y por supuesto, supone un paso hacia cambio cultural y social
profundo que visibiliza e integra la infancia en la vida pública de nuevo (Román & Solís,
2010).
Esta iniciativa se plantea desde un punto de vista integrador, donde la colaboración de
la escuela con las áreas municipales responsables, con agentes económicos y sociales
del municipio, se orientan hacia el desarrollo de la autonomía de niños y niñas en el
espacio público. Los proyectos como el "bus a pie o pedibus", desarrollados bajo el
control y seguridad adulta, pueden lograr el objetivo de actividad física; pero limitan el
resto de objetivos educativos y sociales que pueden alcanzarse (Fundación Cristina
Enea, 2012). De este modo, la autonomía, tanto en los desplazamientos como en el
juego, podrá extenderse más allá de los viajes a la escuela y con ella, la actividad física
en el espacio urbano.

La escuela como espacio público y el espacio público como escuela


La extensión física de la escuela, los espacios que la configuran, son lugares muy
interesantes dentro del espacio público de una ciudad activa. La apertura de campos
deportivos y lugares de juego fuera del horario escolar para uso y disfrute del resto de la
ciudadanía, debe ser contemplada y trabajada desde la Mesa Local Activa (Murua,
2015.
Esta puesta a disposición de los espacios de la escuela para la ciudadanía, consolida la
relación de ésta con el municipio, reforzando el papel del centro escolar como agente
social esencial en la ciudad activa.
Las dificultades, necesidades y costes de esta apertura se asumen desde la Mesa
Local. Cuestiones como la seguridad, la supervisión o el mantenimiento de estos
espacios escolares abiertos al público, pasan así a considerarse espacio público y
pueden realizarse mediante una colaboración entre el centro y las áreas municipales
correspondientes.
Por otra parte, especial importancia toma el diseño de estos espacios de la escuela y de
otros espacios públicos para el juego activo. Un diseño estético adecuado puede
favorecer en gran medida la realización de actividad física por parte de niños y niñas
(Iturrioz et al., 2014).
Las distintas superficies, de las zonas destinadas al juego, se convierten en otro factor
clave a la hora de que niños y niñas sean más activos. Henriette Bondo Andersen y su
equipo (2015) observaron que los niños practicaban más ejercicio en las zonas con
hierba o áreas de juegos. Los patios de cemento, en cambio, incitaban a una mayor
pasividad.

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Figura2: Actividad en las zonas de recreo

Fuente: Nuwer (2015)

La participación infantil en el diseño de la ciudad


La participación ciudadana es la herramienta fundamental para el diseño y puesta en
marcha de un proyecto de ciudad activa. Desde esta premisa defiende también la
participación activa de la ciudadanía de menor edad.
El Programa de UNICEF-Comité Español “Ciudades Amigas de la Infancia” promueve
que todos los niños y las niñas tengan voz pública en los 8.164 municipios españoles y
que puedan contribuir a la mejora de su entorno local con sus ideas y propuestas.
En los últimos años, se están dando este tipo de iniciativas en los que niños y niñas
participan en el diseño de los parques de juego públicos. Algunos ejemplos son
iniciativas como Jolasplaza1 en el País Vasco, un proyecto de participación infantil, para
diseñar de forma compartida una zona de juego; Canillejas imagina un parque2, en
Madrid, en el que los menores además de en el diseño participaron en la construcción; o
el proyecto sk8+U3, en Cataluña, en el que un grupo de niños y adolescentes también
participó en el diseño y construcción de una zona de skate.
La participación infantil en el diseño de la ciudad activa aporta ventajas que van más allá
de la adecuación el diseño a las necesidades expresadas directamente por los niños.
Esta participación contribuye a un adecuado desarrollo personal, mejora los procesos
de toma de decisiones y facilita la adquisición de valores democráticos y ciudadanos
desde la infancia.
La escuela y los profesionales de la misma, cobran un protagonismo esencial en el
impulso de estos procesos de participación infantil, en el diseño y gestión de la ciudad
activa.

1
http://www.arkitente.org/es/portugalete/173-jolasplaza
2
http://www.otrohabitat.org/portfolio/canillejas-imagina-un-parque-taller-de-transformacion/
3
http://straddle3.net/constructors/projects/75.es.php

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6. CONCLUSIONES

El papel que la escuela desempeña en un proyecto de ciudad que facilita la vida activa,
va más allá de las actividades deportivas que organiza dentro de su función educativa en
horario escolar y extraescolar.
La escuela es un ámbito muy relevante para las intervenciones de promoción de la
actividad física y, a su vez, agente fundamental a la hora de diseñar e implementar estas
políticas de vida activa.
Esta consideración de la escuela no debe suponer sobrecargar más la lista de funciones
que le son atribuidas. Al contrario, bajo esta premisa, la escuela reduce la excesiva y
casi exclusiva responsabilidad que se le atribuye sobre los niveles de actividad física de
la población escolar. Esta responsabilidad pasa a ser compartida con el resto de
agentes institucionales y sociales de la ciudad.
Para ello, la escuela debe ser reconocida como agente clave dentro de la Mesa Local
Activa, en la cual podrá aportar su experiencia y conocimientos en relación con la
infancia.
La puesta en marcha de proyectos de camino escolar son una gran herramienta para
modificar los hábitos de movilidad de la población en general y de niños y niñas en
particular.
La consideración de la escuela, de algunas de sus instalaciones y áreas, como espacio
público y un diseño adecuado de las mismas orientado a la facilitación del juego activo,
es otra de las líneas de trabajo que se abren desde esta consideración.
Por último, resulta necesario que la ciudad activa se abra a la participación ciudadana y,
por supuesto, a la participación infantil. De este modo la ciudad podrá orientarse a las
necesidades y deseos reales de la ciudadanía más joven.
En definitiva, la ciudad activa no debe limitarse a la simple promoción de la actividad
física. Nada de esto tendría sentido si no se orientase además, a generar un mejor
ambiente para la vida y el desarrollo personal de la ciudadanía. Por este motivo, el papel
de la escuela en la ciudad más activa sobrepasa los límites sectoriales en los que se ha
solido encuadrar. De este modo, podrá lograrse que niños y niñas, además de personas
activas, sean ciudadanos responsables.

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