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Para Richard…

Espero se encuentre bien…me alegra mucho hacerle llegar una parte de uno de mis
cuentos titulado: El loco le agradecería si le diera una leidita y una revisadita a la
ortografía…le anexe además una lista de una parte de mis cuentos y una pequeña
introducción. Es el primero de la colección .

Gracias.

INDICE

1. -EL LOCO X (PÁG. 2 - 16 )


2. -PASEO DE ÁNGEL ( 38 - 45 )
3. LA CALLE X (45 - 58 )
4. LA LOMA (39 – 42)
5. AMOR EN EL TRÓPICO X (43 - 44)
6. LA PINCHE (45 - 67)
7. EL COMPADRE TUNINO (68 - 74) --
8. CALOR HUMANO X ( 73-76)
9. ME HAN ROBADO HOMBRE (77- 78)
10. LA ISLA DEL CARACOL (79-83)
11. - LA CERCA BLANCA (84- 91)
12. UN NIÑO VIEJO (92 – 71)
13. CANGREJO PRISIONERO (72-75)
14. CUANDO EL INVIERNO LLEGA. (76- 77)
15. - INVIERNO X (78-81)
16. - EL CERRO BRUJO (82- 84)
17. - A CUIDAR LA MILPA (85)
18. LAGUNA AGRADECIDA (86- 88 )
19. - LA NIÑA Y LA CASA (89 - 90)
20. El HOMBRE LLUVIA
21. LA ROSA GIGANTE
22. LA CALLE
23. EL TESORO DEL RÍO PLATA X
24. – EL ARBOL DE MUÑECAS
25. ARBOL ENGREIDO
26. EL CRIMEN X
Presentación

Pequeño Paraíso, es una colección de cuentos con sabor a campo y a gente sencilla,
trabajadora con deseos de hacer crecer y mejorar este paraíso tropical en el que
vivimos. A pesar de lo hermoso que es este lugar, cada día se deteriora más por el
crecimiento poblacional, el desarrollo económico, tecnológico y social que aunque tiene
muchas ventajas y beneficios para la población en general, también tiene muchas
desventajas que afectan principalmente nuestros recursos naturales. Cada día vemos
como desaparecen ante nuestros ojos los bosques, los suelos fértiles, las fuentes de
agua por el uso inadecuado y la falta de conciencia.

Pequeño Paraíso, surge inicialmente por amor a las vivencias y a las personas que su
momento formaron parte de mi vida. El hecho de escribirlas es una forma de no
echarlas al olvido. Estos cuentos están basados en las vivencias de un personaje
principal, que representa a un inmigrante que viaja del pacifico de nuestro país,
(Nicaragua) hacia la región Atlántica en busca de una mejor vida y dejar atrás un
pasado que lo atormenta. El encuentra refugio en un lugar místico y verde donde
llueve mucho y puede estar rodeado de plantas frondosas y animales silvestres (Nueva
Guinea). Él logra sobrevivir gracias a que se alimenta de la cantidad de frutas y agua
pura que encuentra en el campo y a la generosidad de las personas del lugar, que es
una característica propia de la gente del campo de nuestro municipio.

El personaje principal está rodeado de una serie de personajes secundarios (hombres,


mujeres, niños, niñas y animales silvestres) y sus vivencias están mescladas con la
fantasía y la realidad. Algunos de los cuentos contienes mensajes positivos en cuanto a
la buena convivencia, la solidaridad y el cuido al medio ambiente. En otros se ven
reflejados la falta de valores, que no benefician en nada, si queremos que este
municipio sea mejor cada día. En otros de los cuentos se refleja el amor y el desamor,
vivido desde una realidad muy propia de las personas del campo, pero sobre todo
refleja principalmente la cultura propia de nuestra tierra. Ciertos lugares y personajes
que se mencionan en los cuentos son reales y algunos de ellos aún viven. Otros ya no
están con nosotros, pero todos y todas formamos parte de una realidad y tenemos una
responsabilidad en común con nuestros semejantes principalmente con las futuras
generaciones.

EL LOCO

Ya no recuerdo o quizá no quiero recordar, por qué en aquellos lejanos días me aleje
de mi tierra que me vio nacer, ésa misma tierra en donde yo había dejado mi ombligo y
muchas otras cosas que en su momento fueron lo más importante en mi vida y así sin
pensarlo mucho y sin volver mi vista atrás durante muchos días, tantos que hasta ya
perdí la cuenta caminé, caminé y camineeee… sin rumbo. Solo sé que me dirigía del
oeste hacia el este, en medio de gentes, pájaros, casas, polvorientos caminos, lomas,
cerros rocosos, cerros chatos o puntiagudos, días soleados, noches con lunas, noches
estrelladas, noches oscuras, vegas de ríos o señas de ellos, quebradas y muchos otros
vericuetos geográficos.

Después de varios días de mi largo, loco, divertido o fascinante viaje, vi que a medida
que avanzaba se me iba cambiando el paisaje. Los caminos ya no eran tan polvorientos
y los cerros y montañas empezaban a pintarse de verde, los ríos y quebradas estaban
más llenos de agua y más limpios y hasta podía ver uno que otro pez saltando en ellos,
los días ya no eran tan soleados y habían pájaros que cantaban otros tipos de cantos y
se vestían de colores distintos. ¡Hasta el aire tenía otro olor y el agua otro sabor! y
aunque este cambio de ambiente me gustaba, todavía no era lo que yo realmente
estaba buscando.

Durante ese largo recorrido de no sé cuántos días con sus noches, me pasaron
muchas canteadas, pero creo que a pesar de lo malo que podía ser cualquier situación
a la que me enfrentara, siempre había algo bueno y aprendía de ello. Recuerdo que
algunas veces al anochecer no tenía un sitio adecuado en donde poder dormir, porque
no encontraba una casa en donde pedir posada o porque no me la daban. Entonces no
me quedaba más remedio que ir tras hacia algunos de los árboles más frondosos para
poder dormir bajo su sombra o sobre sus ramas, pero sobre todo buscaba, aquellos
árboles en donde dormían las garzas veraneras o los zanates y allí me dormía junto a
ellos. Muchas veces nos ayudamos entre sí a cuidarnos. Si las aves se espantaban por
alguna razón, de inmediato me despertaban con sus cantos y aleteos y podría ser un
aviso de que algo se acercaba y debíamos estar alertas, igual hacia yo me dormía con
una rama gruesa y larga entre mis manos para cuidarlas por si acaso de algún zorro u
otro depredador que se atreviese a cazarlas.

Aunque ustedes tal vez no me lo crean y van a pensar de que estoy loco, ¡Muchas
veces escuche que estas hermosas aves me hablaban!, aunque sé que ellas no pueden
decir ni una sola palabra. Así de esa manera conversábamos muy alegremente durante
largas y largas horas, sobre cualquier cosa que quisiéramos. A cualquier lugar que yo
iba, siempre me encontraba con grandes bandadas de ellas, por lo que nunca estuve
tan solo. Me sentía con tanta tranquilidad al estar con estas aves, que camine con
ellas muchos días y hasta sentía que eran como mi familia. Tenía tantas ganas de ser
como ellas, que hasta me salieron unas cuantas plumitas en mi espalda.

Una tarde, en que el silencio y la soledad me acompañaban, igual que siempre me


acerque a un rio que corría con sus aguas muy tranquilas y frescas. Quería disfrutar del
paisaje y a la vez tratar de atrapar un pez para la cena. No logre atrapar un solo pez y
me quede recostado junto al rio por largo rato y así sin darme cuenta, me quede
profundamente dormido en medio del paisaje tan hermoso.

Yo sé que no tarde mucho tiempo así, pero durante ese corto momento tuve un bonito,
extraño y loco sueño en el que yo era un inmenso y limpio rio con el estómago lleno de
peces, tortugas, lagartos y muchas otras especies típicas del trópico. Mientras reía y me
deslizaba lentamente sobre el suave fango adornado con musgosas y lisas rocas las
que me hacían caricias en los pies podía sentir como los niños nadaban en mis aguas
y a los pequeños botes cargando pescadores que silbaban y cantaban
alegremente al son de una hermosa tonada nacida de las vibrantes cuerda de una
guitarra arrojando una y otra vez sus redes dentro de mí . Tenía mis ojos puestos en el
azul del cielo, las esponjadas nubes, las bandadas de pájaros y mariposas que
retozaban sobre mí. Se sentía tan bonito ser un rio, porque tenía el estómago bien lleno
de comida, un inmenso cauce que me servía de cama además podía correr libremente
entre el bosque y las montañas lejanas y ser muy útil a las personas y a los animales
del campo.

Era un sueño bonito de esos en el que no deseas despertar, pero cuando cruzaba
sobre unas espumosas cascadas que estaban entre muchas rocas que me
cosquilleaban los pies desperté riéndome y vi que una pequeña guilla con su
gracioso y suave hocico olfateaba mis pies. Me levante muy rápido, porque me asuste,
aunque era solo una pequeña y graciosa bebe guilla y tan gorda como una pelota.
Me quede sentado sobre unas rocas sosteniendo mi cabeza con mis brazos viendo el
correr lento de las aguas del rio y de cómo ellas se pintaban de los bellos colores del
atardecer. Este atardecer no era uno de esos que ocurren todos los días porque estaba
coloreado de algunos de mis colores favoritos, entre los que recuerdo estaban un tono
naranja claro con mezclas de rosa pálido y lila. Yo, ya no tenía ganas de pescar,
tampoco deseos de comer. Yo solo recordaba el loco y divertido sueño y mientras los
grillos me anunciaban que el anochecer se acercaba pensaba en que si hubiese tenido
la opción de escoger que ser en esta vida creo que quizá me hubiese gustado ser
como un rio. Eso sí, me gustaría ser un rio sin basura, sin venenos y contaminantes,
porque ellos matan el alma de los ríos y nuestras fuentes de agua.

Durante mucho tiempo viví así, igual que un loco o un mendigo aunque no lo era
y nunca me paso nada malo, ni siquiera un catarro se me pego. En el desayuno
algunas veces si pasaba cerca de algún potrero o corral en donde estaban ordeñando
vacas sacaba mi guacal, me acercaba a los vaqueros intentaba comprar algo de leche,
pero ellos siempre me regalaban, aunque fuera un poco. Otras veces si llegaba a
alguna casa y pedía que me vendieran algo de comer me regalaban un vaso de pinol,
chicha o café acompañado con tortillas, cuajadas o gallo pinto con crema de leche. La
mayoría de las veces que les preguntaba ¿Cuánto le debo doñita? O ¿Cuánto le debo
muchacha? Me decían: “nada uste, pierda cuidado es solo un bocadito”, entonces yo
con mucha pena, pero muy agradecido disimuladamente les decía: “Dios se lo pague y
que me le dé mucho más de lo que ya tiene”. Cuando me marchaba del lugar de todo
corazón les deseaba todo lo bueno que uno puede desear a personas como ellas y
echaba muchas bendiciones por mi boca mientras me iba por el camino muy contento.

Algunas veces cuando yo no encontraba quien me quisiera vender o regalar un


“bocadito” o eran lugares muy solitarios yo solo respiraba mucho aire puro, comía
guayabas, tomaba agua fresca y limpia de los ojitos de agua que nacían bajo los verdes
y frondosos árboles y las apiñadas y duras rocas. Yo apreciaba encantando como las
mujeres bajaban a diario con sus trastos a traer el precioso líquido. Al medio día
almorzaba con naranjas, mandarinas, toronjas, limones o cualquier otra fruta que me
pudiera encontrar por allí. En la tarde algunas veces ya no comía, porque me
alimentaba viendo los lirios de agua sobre los caudalosos ríos, los alargados y amarillos
colguijes de orquídeas que bailaban sobre los árboles o las diminutas flores azules y
amarillas que bailoteaban con el viento perfumando los amplios y llanos potreros llenos
de vacas blancas, coloradas o ahumadas cuidadas por un temible y pelotudo toro.

Cada día caminaba no con mucha prisa, pero sin detenerme (más que algunos ratos
para tomar breves descansos dependiendo de lo que dijera mi cuerpo) bajo el sofocante
calor y otras veces empapado de agua a causa de los chaparrones que de pronto caían
sin avisarme. Para ser sincero, me daba igual estar mojado o seco, porque si me
mojaba no tardaba mucho en secarme y si me secaba me daba calor y no tardaba
mucho en mojarme. Lo único medio feo que me estaba pasando, es que estaba tan
flaco y pesaba tan poco que casi me llevaba el viento. Cuando llegaba el atardecer,
solo pensaba en descansar y cuando amanecía solo pensaba en caminar, admirar ese
hermoso paisaje que me rodeaba y soñar con encontrar ese lugar que tanto anhelaba.

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