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Animales transgénicos La ingeniería genética para la obtención de animales transgénicos tiene

un gran potencial en la cría de animales de granja, con fines de mejorar la calidad de la carne o
la leche, la resistencia a enfermedades, etc., Otra vertiente es la destinada a la industria
farmacéutica. En este caso se utilizan los animales transgénicos como bioreactores para la
producción de proteínas en su sangre, o en la leche, que pueden ser utilizados como fármacos.
Una nueva vertiente que encierra cierto interés es la de la modificación genética de animales,
como cerdos u otros, con genes humanos, proceso denominado “humanización”, para su
utilización en xenotransplantes. También se utiliza esta tecnología para la obtención de los
llamados ratones “knockout”, que tienen anulado (noqueado) algún gen determinado, con el
fin de estudiar sus efectos en el fenotipo. Esto es muy interesante como método de
experimentación en biomedicina.

Son aquellos animales, en los cuales se les introduce un gen que no les pertenece.
Este gen que no pertenece al genoma de dicha especie se llama trasgén. Para ello
se emplea la tecnología del ADN recombinante, básica de la biología molecular y
de la biotecnología. Para ello se requiere clonación y manipulación del genoma
mediante diferentes técnicas para que el trasgén sea expresado en el nuevo
organismo.

Transgénesis por microinyección de zigotos

Desde que en 1982 se obtuviera un ratón transgénico, la producción de animales transgénicas


es cada vez más cotidiana, existiendo ya animales transgénicos de las siguientes
especies: ratón, rata, conejo, cerdo, vaca, cabra y oveja.
La técnica se realiza, fundamentalmente por microinyección y se realiza de la siguiente forma:

 En la primera fase, se aislan un número grande de óvulos fertilizados. Se consigue


sometiendo a las hembras a un tratamiento hormonal para provocar
una superovulación.
La fertilización puede hacerse in vitro o in vivo.
 En la segunda fase, los zigotos obtenidos se manipulan uno a uno y con una
micropipeta a modo de aguja, se introduce una solución que contiene ADN.
 En la tercera fase, estos óvulos son reimplantados en hembras que actuarán como
nodrizas permitiendo la gestación hasta término.

Por último, tras el destete de los recién nacidos, éstos se chequean, para ver si ha ocurrido la
incorporación del transgén.

Los animales modificados genéticamente pueden ser utilizados para obtener modelos de
enfermedades humanas, en los que poder analizar, de forma más directa y efectiva, los
mecanismos moleculares de la enfermedad y el efecto de nuevas terapias. El ratón es un
buen modelo animal puesto que el 99% de los genes humanos tiene homología con los
murinos, y la organización de ambos genomas está altamente relacionada. Sin embargo,
la anatomía, fisiología y ciclo de vida del ratón difieren significativamente de los humanos,
por lo que los modelos murinos no siempre reproducen el fenotipo de la enfermedad
humana. Como ejemplo, se puede citar la fibrosis quística, enfermedad autosómica
recesiva para la que no existe un tratamiento curativo. En este caso, a pesar de existir
diversos modelos en ratón con mutaciones precisas en el gen, responsable de la fibrosis
quística, en ninguno de ellos se observa la forma pulmonar o pancreática de la
enfermedad, responsable de la elevada mortalidad en la especia humana. Por este
motivo, se ha impulsado el desarrollo de modelos de la enfermedad en otras especies
animales, como oveja, cerdo o hurón. Las enfermedades neurodegenerativas son también
objeto de gran interés. Por ejemplo, Jacobsen et al. (2010) han generado un modelo de
la enfermedad de Hungtington en oveja con el que se espera poder profundizar en el
estudio de esta enfermedad. Otro modelo, en el que hay puestas muchas expectativas en
relación con el desarrollo de nuevas terapias, es el establecido en cerdos miniatura para
la enfermedad de Alzheimer. Un campo de investigación en el que también se están
empleando animales transgénicos como modelo es el de las enfermedades metabólicas.
De este modo, se han utilizado cerdos y conejos transgénicos para el estudio de la
arterioesclerosis (Al-Mashhadi et al., 2013) y otros desórdenes del metabolismo lipídico.
También se ha generado un modelo para el estudio de la homeostasis de la glucosa y la
secreción de insulina: se trata de cerdos transgénicos en los que se ha alterado la función
de la incretina GIP (polipéptido inhibidor gástrico) (Renner et al., 2010). Recientemente, se
ha publicado la obtención de cerdos miniatura modificados genéticamente para el
estudio de trastornos de los ritmos circadianos (Liu et al., 2013).

La obtención de proteínas recombinantes de interés farmacéutico ha sido la principal


aplicación de los animales de granja transgénicos. Los costes de producción de
biomoléculas en bacterias no son elevados, pero las proteínas que requieren
modificaciones post-traduccionales (glicosilaciones, principalmente) deben ser
sintetizadas en sistemas celulares de mamíferos para obtener biomoléculas activas. Sin
embargo, estos sistemas son extremadamente caros, lo que despertó, desde el primer
momento, el interés por utilizar los animales de granja transgénicos como “biorreactores”,
ya que se estima que, aplicando el concepto de biopharming, los costes de producción
podrían reducirse a la octava parte (Dyck et al., 2003). Entre las numerosas proteínas
humanas expresadas en la glándula mamaria de animales de granja transgénicos se
pueden citar desde la - antitripsina en oveja (primer ejemplo en 1991), a la albúmina sérica
humana en vacas (Moghaddassi et al., 2014), entre otros.
En la actualidad, dos medicamentos producidos en la leche de animales transgénicos
cuentan ya con autorización para su comercialización: ATryn (obtenido en cabras
transgénicas, y utilizado para el tratamiento de tromboembolias en pacientes con
deficiencia hereditaria de antitrombina) y Ruconest (producido en conejos transgénicos,
y que se emplea para el tratamiento del angioedema hereditario).

Además de en la leche, las proteínas recombinantes pueden ser producidas en una gran
variedad de fluidos biológicos tales como la sangre, orina, saliva, fluido seminal o el suero.
El otro método de producción a gran escala es el huevo. Los avances en transgénesis
aviar, derivados del empleo de vectores lentivirales, han permitido la obtención de aves
transgénicas que sintetizan en el oviducto proteínas de interés farmacéutico, como el
interferón-β, que se incorporan a la clara del huevo (Kwon et al., 2010)

Actualmente, la necesidad de órganos humanos para trasplantes no es cubierta por las


donaciones, por lo que una fuente alternativa de órganos podría reducir la distancia
entre la oferta y la demanda. Por esta razón se trabaja en optimizar la donación de
órganos de animales hacia seres humanos (xenotrasplantes).

La investigación se ha centrado, principalmente, en el cerdo, ya que su anatomía y


fisiología es compatible con la humana, y presenta ciclos reproductivos cortos y camadas
numerosas. Los mayores obstáculos para el éxito de los xenotrasplantes son de tipo
inmunológico: la reacción hiperaguda de rechazo (HAR), minutos después del trasplante,
y el rechazo vascular agudo (AVR), en los días siguientes. La HAR es desencadenada por
la presencia del disacárido galactosa- α (1,3) galactosa. La síntesis de este epitopo en la
superficie celular está catalizada por la enzima α (1,3) galactosil transferasa, la cual está
presente en todos los mamíferos y monos del nuevo mundo, y ausente en la especie
humana y monos del viejo mundo. Por este motivo, se han realizado numerosos estudios
para conseguir la inactivación de este gen, obteniéndose animales en los que los dos
alelos están inactivados (cerdos genoprivos). Sin embargo, y aunque bioprótesis
derivadas de estos animales estén dando resultados satisfactorios, todavía existen
problemas inmunológicos por resolver para poder trasplantar experimentalmente
órganos de los cerdos GalT-KO (Bottino et al., 2014). En combinación con las
investigaciones descritas, se están abordando estrategias para controlar el AVR.

DESARROLLO Terapia génica. Definición y métodos de aplicación

No existe aún un consenso en relación con la definición exacta de la Terapia Génica; según
Lacadena se puede definir de dos formas: La primera definición considera que este
procedimiento se basa en la administración deliberada de material genético en un paciente con
la intención de corregir un defecto genético específico; mientras que la segunda, considera que
la Terapia Génica es una técnica terapéutica mediante la cual se inserta un gen funcional en las
células de un paciente humano para corregir un defecto genético o para dotar a las células de
una nueva función. La primera definición solo enmarca los protocolos encaminados a corregir
los defectos genéticos de algunas enfermedades monogénicas recesivas; sin embargo, no
incluye una serie de procedimientos que se sale de esta línea y que hoy en día se están
realizando; la segunda definición tiene como desventaja que enmarca la realización de
tratamientos que no son propiamente terapéuticos, pero que se presentan enmascarados como
tal. El traspaso de los límites del concepto de Terapia Génica puede tener una gran trascendencia
social. De ahí que algunos autores opinen que la utilización amplia del concepto puede ser
considerada una forma de hacer más aceptables procedimientos de ingeniería genética humana
que de otro modo podrían contar con una mayor oposición social. En este sentido, Soutullo
considera que resulta más apropiado definir la Terapia Génica como la modificación genética de
células de un paciente para tratar alguna enfermedad. Está claro que este concepto no elimina
de forma radical los problemas antes señalados, pero deja explícito los usos de la Terapia Génica
con fines terapéuticos y deja fuera utilidades preventivas o eugenésicas no propiamente
curativas. El mayor problema de la Terapia Génica tiene como base la existencia de dos tipos de
intervenciones sobre la base de las células que sean blancos del procedimiento: la Terapia
Génica germinal y la Terapia Génica somática. La de tipo germinal tiene como objetivo eliminar
radicalmente las enfermedades que son producidas por defectos en algún gen mediante la
sustitución del gen dañado en el individuo y en su descendencia. Este resultado se alcanza
realizando la modificación genética de las células embrionarias implicadas en la formación de
óvulos y espermatozoides. Este procedimiento no ha sido aplicado en humanos; pero, sin dudas,
la posibilidad de su aplicación constituye un problema de carácter científico y ético, pues existen
limitaciones en relación con la tecnología para la manipulación de este tipo de células y además
esta modificación pasaría a todas las células de la descendencia. Por su parte, en la terapia
somática se modifican las características genéticas de las células que no son germinales; es decir,
las que pertenecen a un tejido adulto por lo que las consecuencias genéticas de este
procedimiento no son transmitidos a la descendencia. En la actualidad, los protocolos clínicos
de Terapia Génica que se han llevado a cabo han sido de terapia somática, la terapia germinal
no está autorizada en ningún país. Aunque, en teoría, la terapia génica podría aplicarse también
a las células germinales, las evidencias apuntan hacia la aplicación de la Terapia Génica somática
durante algunos años. Sin embargo, no cabe duda de que con el progreso de la terapia somática
se obtendrá un dominio más amplio de la misma y esto puede contribuir al desarrollo de la
terapia germinal. Para llevar a cabo la Terapia Génica somática es necesario introducir los
productos génicos en el tejido diana y existen dos formas de alcanzar este objetivo:

1) la Terapia Génica ex vivo, mediante la cual se usan células modificadas genéticamente in vitro
con el sistema de expresión deseado, que portan la información genética deseada y luego se
implantan en el organismo receptor y

2) la Terapia Génica in vivo, que se lleva a cabo por el tratamiento directo de las células
hospederas in situ con vectores, ya sean virales o no virales, que expresan el o los genes de
interés terapéutico.

Ambos tipos de terapia, in vivo y ex vivo, usan vectores, virales o no virales, que expresan el gen
o los genes de interés terapéutico. Los vectores no virales incluyen liposomas, ADN desnudo y
complejos ADN-proteínas, mientras los vectores virales derivan de virus que se atenúan con el
objetivo de prevenir la infección destructiva en los tejidos diana. Los vectores no virales, aunque
se prefieren desde el punto de vista de la bioseguridad, son menos eficientes que los virales. De
ahí que la principal desventaja de la terapia in vivo está dada por el uso, en la mayoría de los
casos, de los vectores virales. El uso de estos sistemas de expresión conlleva a la modificación
funcional de las células infectadas y la evaluación de estas modificaciones son extremadamente
complejas e incompletas cuando las células modificadas son las del organismo hospedero. 6 La
principal inconveniencia que se deriva del uso de vectores virales incluye la seguridad de su
utilización, pues se conoce que estos vectores pueden causar inflamación y toxicidad en el tejido
hospedero. 4 Muchos son los vectores virales que han sido objeto de estudio en el campo de la
Terapia Génica, dentro de ellos los más ampliamente usados para lograr la liberación del
transgén de interés han sido los adenovirales, los adenoasociados, los herpes virus, los retrovirus
y los lentivirus. Cada uno de ellos tiene sus ventajas y desventajas, y aunque no existe aún un
consenso en relación con cuál es el idóneo para su uso en la Terapia Génica, muchos autores
concuerdan en que los vectores adenoasociados y lentivirales son los más convenientes. Una de
las características importantes que se deben de considerar al escoger el tipo de vector viral es
la posibilidad de integrarse al genoma hospedero y, en este caso, la selección depende de los
objetivos que se quieran alcanzar con este procedimiento. Por ejemplo, cuando se utilizan
células como vehículo de liberación de genes que tienen la potencialidad de dividirse, tanto in
vitro como in vivo, resulta beneficioso el uso de vectores virales que se integren al genoma y
con esta característica se logra además una expresión más duradera del gen de interés en el
tejido hospedero.7 Este tipo de vector también es elegible en el caso de que se quieran tratar
células cancerosas con genes, cuyos productos proteicos detengan el crecimiento de las células
afectadas. 8 Si por el contrario, el objetivo está dirigido a realizar una Terapia Génica in vivo en
el tejido cerebral, constituido de manera predominante por células en no división, pueden
utilizarse vectores virales que permanezcan de forma episomal.