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SEMINARIO MAYOR

“NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN”


-DIÓCESIS DE HUACHO-

CURSO: HISTORIA DE LA IGLESIA III

TEMA: LOS PAPAS DEL SIGLO XVIII HASTA 1769.


Resumen del libro: García-Villoslada, R., Historia de la Iglesia, Tomo IV, pp. 85-153.

PROFESOR: P. Lic. Harold Kanashiro Campos

ALUMNO: Beto Andrés Trujillo Vásquez

GRADO: IV de Teología –ciclo VII

FECHA: 5 de julio de 2017

Santa María
Perú
LOS PAPAS DEL SIGLO XVIII HASTA 1769.

1.- SIGLO XVIII: CONTEXTO.

En septiembre de 1700 muere Inocencio XII. Llega a su fin la época del apogeo de la
espiritualidad, de las letras, de la filosofía y la política; el catolicismo francés entraba en crisis;
quedaba atrás el siglo de los Treinta Años y del tratado de Wesfalia.

Comienza el siglo XVIII bajo la enseña de la razón contra la fe, de la filosofía contra la
revelación. La victoria se puso de lado de la revolución, primero intelectualmente, después también
políticamente. Se construyó una filosofía que renunciaba a la metafísica para estudiar lo aparencial y
lo tangible; se edificó una política sin derecho divino, una religión sin misterios, una moral sin
dogmas. Y se puso la esperanza, con ingenuo optimismo, en que la ciencia traería la felicidad al
género humano. Nació la civilización de los derechos: los derechos de la conciencia individual, los
derechos de la crítica, los derechos de la razón, los derechos del hombre y del ciudadano.

Esa revolución se presentó, como una «anti-Iglesia», como un ataque a toda iglesia que
admitiese una revelación divina. Contradictoriamente encontramos a los galicanos, jansenistas y
regalistas colaborando con los filósofos librepensadores si se trata de mermar la autoridad del Papa.

El siglo XVIII es una historia de sufrimientos, de humillaciones, de persecuciones para los


Papas, que culminará en la Revolución francesa de 1789.

2.- CLEMENTE XI (1700-1721).

El 19 de noviembre de 1700 moría Carlos II, rey de España. Era necesaria una elección papal
que influyera en la sucesión al trono real. Resultó elegido Juan Francisco Albini, que se negó ceñir la
tiara. Al final aconsejado por eminentes teólogos, resignado, aceptó la elección el 23 de noviembre y
tomó el nombre de Clemente XI. Tenía 56 años.

Natural de Urbino. Hizo sus estudios en el Colegio Romano. Dominaba las lenguas clásicas con
perfección. Distinguido por todos como orador y poeta. En su fama, eximio en virtudes, conducta
intachable y talento político. Subida era ejemplo de piedad y austeridad. Nombró cardenal a su
sobrino Aníbal Albini en 1711, sin ser criticado de nepotista, porque todos conocían su virtud.
Hombre dedicado a su ministerio. Limosnero de los pobres.

Entre las tareas que tuvo que solucionar e influir se cuentan: 1) la guerra de sucesión en
España, en la que la corana, francesa, holandesa e inglesa se entrometieron, asignando en 1698 el
reino de hispano en favor del niño José Fernando (hijo del elector bávaro); pero muerto el electo,
España debería caer en manos de Carlos, hijo del Emperador. Frente a esas tentativas extranjeras el
moribundo Carlos II, nombró como sucesor a Felipe de Borbón, hijo de Luis XIV y de la infanta
española María Teresa de Habsburgo. Esa decisión disgustó al emperador Leopoldo I, que reclamaba
iguales derechos para su hijo. Inicia una guerra entre el emperador y el reino español (apoyado por
Francia). Ingleses y franceses declaran la guerra a España y Francia el 15 de mayo de 1702. El
archiduque toma buena parte de España y se declara su rey con el nombre de Carlos III, pero su
victoria duró poco. La difícil situación en que se hallaban los franco-españoles cambia en forma
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decisiva con la victoria de Almansa (25 de abril de 1707), que Felipe V tuvo que agradecer al duque
de Berwick, inglés al servicio de Francia, y al obispo de Cartagena, Luis Belluga, que se presentó en
lo más recio de la pelea al frente de sus batallones. La relación de España con la santa Sede se pone
tensa, porque el Papa, forzado por fuerzas austríacos que habían tomado Milán y Nápoles, había
reconocido como rey de España a Carlos III; Felipe V, expulsa a al Nuncio el 22 de febrero de 1709.
El Papa sufre muchas injusticias en los estados pontificios por parte del emperador. Por su parte, el
destino de España se decide en la batalla de Villaviciosa (Guadalajara) el 10 de diciembre de 1710.
En abril de 1711 muere el emperador. El hermano menor del difunto, abandona la guerra y toma el
trono con el nombre Carlos VI. Por fin, toda esta contienda acaba con el tratado de UTRECHT (1712),
aunque el emperador no quiso unirse a la causa de la paz, solo lo haría con la paz de RASTADT (6
de marzo de 1714). La causa de España fue tratada por un plenipotenciario francés con gran daño
para el reino hispano, a la que Felipe V tuvo que resignarse. Los tratados de Utrecht siguieron la línea
de política internacional marcada en Westfalia sesenta y cinco años antes: equilibrio europeo,
evitando la preponderancia excesiva de una potencia.

2) vicisitudes diversas en el pontificado. Mucho tuvo que padecer Clemente XI durante la


guerra y después de ella por los sentimientos regalistas, que se iban acentuando en todas las cortes
católicas. Tras la paz de Utrech, Victor Amadeo II tenía poder sobre el reino de Sicilia, pero le fue
arrebatada por España en 1718. Pero, es de recordar el mal gobierno de Amadeo II, que se valía de la
“monarchia sicula” (que el Papa revocó el 20 de febrero de 1715) para violentar inmunidades y
jurisdicciones eclesiásticas. Por lo pronto, tras las segundas nupcias con la princesa de Parma por
parte de Felipe V, las políticas sociales mejoraron.

3) Clemente X, tuvo que verlas también con el rebrotar del jansenismo en Francia. Prohibió
la lectura de las Reflexiones morales, del P. Quesnel, con la bula Unigenitus.

4) amenaza de los turcos, que declararon la guerra a los venecianos en 1714 y surcaba ya el
mediterráneo. El Papa intentó unir a los príncipes cristianos en una cruzada, escribiendo al Emperador
Carlos VI, al rey Augusto de Polonia y Eugenio de Saboya. Este último en nombre del emperador se
pone frente a 200. 000 otomanos con tan solo 60.000, pero con una victoria memorable el 5 de agosto
de 1716. La batalla final terminó de Belgrado, forzó a la paz de Passarowitz (1718). El Papa colaboró
con recursos financieros y militares.

5) frente a los ritos malabares, de las que había llegado muchas quejas a la Sede Romana el
Papa, mandó que se estudiará. Mandó al patriarca de Antioquía, Maillard de Tournon, el cual condenó
los ritos malabares, como resabiados de paganismo, y luego hizo lo mismo con los ritos chinos. El
Papa, quizá sin gran acierto, lo aprobó en la Ex illa die del 19 de marzo de 1715. En 1719, envió un
nuevo legado con el fin de suavizar los decretos anteriores, pero las disputas continuaron. Por su
parte, se puede afirmar que Clemente XI cuidó mucho las misiones e hizo un tanto por ellas: avance
en Asia, Filipinas y Hispanoamérica.

6) En Roma y en sus Estados pontificios se interesó por la ciencia, la literatura y el arte,


enriqueció la Biblioteca Vaticana con preciosos manuscritos orientales y comunicó impulso y fervor
a las labores arqueológicas.

Murió el 19 de marzo (fiesta de san José) de 1721, habiendo recibido solemnemente el viático
y habiendo pedido perdón a todos sus cercanos.

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Otros datos: en 1687 se publicó el libro Histoire des oracles, que edificaba la religión con la
superstición; en 1692 vio a la luz el Dictionnaire historique et critique, precursor de la Enciclopedia;
el 24 de junio de 1717, se formaba en Londres la primera “Gran Logia”.

3.- INOCENCIO XIII (1721-1724).

El 31 de marzo comenzó el conclave. Salió elegido Pontífice Miguel Ángel Conti, con el
nombre de Inocencio XIII, el 8 de mayo. Había sido nuncio en Portugal de 1698 a 1709 y obispo de
Viterbo. Contaba con 66 años. Ningún hecho le inmortalizará.

No quiso líos políticos. Concedió al emperador la investidura del reino de Nápoles y Sicilia
(1722), mientras el emperador entregó a Carlos el Borbón, hijo de Felipe V el reino de Parma y
Piacenza, feudos de la Santa Sede. Fue acusado de jansenista; sin embargo, desmintió renovando el
documento Clementino. Mostró antipatía frente a los jesuitas, a causa de las malas informaciones que
le llegaron y la actitud de sus misioneros en China frente a los ritos chinos. El Superior General, P.
Tamburini, preparó una defensa e hizo que los misioneros de China se sometiesen a las ordenanzas
papales. Inocencio XIII murió el 7 de marzo de 1724.

4.- BENEDICTO XIII (1724-1730).

El conclave del 20 al 29 de mayo, eligió como Papa a Francisco Pedro Orsini, que tomó el
nombre de Benedicto XIII. Aceptó, a su pesar el cargo. Tenía la conciencia de no ser apto para regir
la Iglesia. Pertenecía a la O. P. se había dedicado al estudio de la Sagrada Escritura, de los concilios
y de los Anales eclesiásticos. Fue cardenal a los 23 años y a los 26 arzobispo de Manfredonia.
Gobernó el arzobispado de Benevento por 38 años (1686-1724). Incautamente puso las riendas del
gobierno de la Iglesia en manos de personas indignas que él había traído de Benevento, juzgándolas
honestas y probas, pero que le engañaban y traicionaban miserablemente. El principal de estos
indignos era Nicolás Coscia, que defraudó toda la confianza que el Papa había puesto en él; usó cuanto
pudo a su provecho.

Fue de graves consecuencias las excesivas concesiones que hizo al Víctor Amadeo II de
Saboya. Más grave fue el negocio alrededor de la monarchia sícula, que quiso remediar con la Fideli
ac prudenti (1728). En 1725, con ocasión de del Jubileo, decidió organizar un Sínodo en Roma, que
insistió en la reforma del clero, de la formación sacerdotal, la predicación, la catequesis, etc. El Papa
murió el 21 de febrero de 1730.

5.- CLEMENTE XIII (1730-1740).

Después de un periodo largo de conclave (del 6 de marzo hasta el 12 de julio), resultó elegido
Lorenzo Corsini, que tomó el nombre de Clemente XII. Contaba con 78 años y de precaria salud.
Nacido en Florencia estudió humanidades y filosofía en el Colegio Romano, derecho civil y canónico
en Pisa. En pocos años de pontificado se quedó completamente ciego, pero aun así se dedicó con
ahínco a asuntos de gobierno. Entre sus acciones importantes se pueden contar: 1) intentó sanear las
finanzas, que se descubrió ser mal administrada por Coscia; el cual, dimitió su arzobispado y huyó
en 1731 para Nápoles poniéndose bajo el emperador, lo cual indigno al Papa, que le privó de sus
privilegios. Fue desposeído de todos sus beneficios eclesiásticos, se formó una comisión de
cardenales yen 1733 le condenaron a excomunión. Se le exigió dar a los pobres todo cuanto poseía
ilícitamente, dar una multa de 100.000 escudos, perder voz activa y pasiva en el conclave mientras
durara su prisión. Obtuvo la libertad a la muerte de Clemente XII en 1740, y, retirado en Nápoles,
murió en 1755 cargado de oro y vilipendio. 2) el Papa encomendó la revisión del concordato de
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1727 con el rey de Cerdeña. Se descubrió las malas negociaciones, de la que el rey Carlos Manuel no
quiso saber. Se hizo la tensión entre Turín y Roma. 3) firmó un concordato en 1737 con Felipe V,
que pretendía las dos Sicilias para su hijo Carlos, que no satisfizo ni a España y al Papa. El nuncio
Silvio Valenti Gonzaga pudo entrar en España. Por otra parte, el territorio de la Santa Sede fue
violentado en varias ocasiones por Nápoles y España. 4) fue el primer papa que condenó en 1738 la
masonería, con su bula In eminenti, prohibiendo asistir en sus conventículos bajo pena de
excomunión. 5) en la historia de las misiones, envió a los capuchinos al Tibet con letras para el
Dalai-Lama; fundo el seminario de Calabria de rito griego-unido; alentó el patriarcado de Alejandría.
En 1733 fue padrino del convertido Muley-Rahman, sobrino del sultán de Marruecos. 6) Murió el 6
de febrero de 1740, con 79 años.

6.- BENEDICTO XIV (1740-1758).

El 19 de febrero comenzó el conclave que duró hasta el 17 de agosto, de la que resultó elegido
Prospero Lambertini, que escogió el nombre de Benedicto XIV. Natural de Bolonia, había estudiado
en Roma, en el Colegio Clementino, de los PP. Somaseos. Se doctoró en derecho y en teología en la
universidad de la Sapienza. En 1701 era abogado consistorial; en 1708, promotor de la fe. Se
especializó en las normas de la canonización de los santos, escribiendo la famosa De servorum Dei
beatificatione et beatorum canonizatione. En 1712 era canónigo de San Pedro, y al siguiente,
consultor del Santo Oficio; en 1722, canonista de la Penitenciaría; cinco años después, arzobispo de
Ancona. En 1728, nombrado cardenal. Y desde 1731 gobernaba la archidiócesis de Bolonia, su patria.
Entonces preparó su obra De synodo dioecesana. Siendo Papa quiso publicar sus obras científicas,
que le encargó al jesuita Manuel de Azevedo (1713-96), que las editó en 12 tomos.

Fue conocido como el Papa escritor, investigador y humorista. De espíritu siempre conciliador
y tolerante. Frente al enciclopedismo mostró aceptación frente los avances compatibles con la fe.
Frente jansenismo se ubicaba en el llamado “tercer partido”, que hace de medio entre la derecha
extrema y la izquierda. Se cartea con Voltaire, que le dedicó su tragedia Mahomet.

Benedicto XIV quiso condescender con muchos en todo lo lícito, tratando bien a Federico II de
Prusia, aunque fue mal correspondido por éste; ratificó el concordato con Portugal, en la persona de
Juan V, a quien nombró “Rex Fidelissimus” (1748). A Carlos Manuel II, rey de Cerdeña, le concedió
el “vicariato apostólico” en los territorios papales de Piamonte. Firmó el Corcordato con Nápoles en
1741. Firmó Concordato en España (1753), pero esta vez con consecuencias fatales para las finanzas
pontificias. Para muchos, excesivamente contemporizador, con los estados regalistas. Aun de las
larguezas del Papa, los príncipes católicos, siguieron despreciando, desobedeciendo y fomentando
tendencias antirromanas. Su voz no fue escuchada durante la guerra de sucesión de Austria (1740-
48), tras la muerte del emperador Carlos VI, sino por el contrario, devastaron a su querer los estados
pontificios; el tratado de Aquisgrán (1748), fue sus deseos. Fue firme dogmáticamente al jansenismo
por eso exigió la aceptación de la Uingenitus, pero no tuvo reparó en tratar en amistad con los
heterodoxos. El jansenismo echó raíces en Roma, con un cariz antijesuítico. Parece que Benedicto
XIV tenía también ese espíritu antijesuita. No aprobó la postura de los misioneros de la Compañía en
China frente a los ritos chinos y malabares, que los condenó en su Ex quo Singulari (1742) y la
Omnium Sollicitudinum (1744). Poco antes de morir el Papa encomendó al Card. Saldanha, patriarca
de Lisboa, al visita y examen de los jesuitas portugueses a instancias del marqués de Pombal,
Sebastián José de Carvalho, que buscaba razones para la destrucción de la nobleza lusitana y la ruina
de la Compañía de Jesús.

En su gobierno cuidó el bienestar de sus súbditos, atendió la mejora de la finanza pontificia,


reformó los tribunales, reglamentó la exportación y el comercio, fomentó la industria y la agricultura,
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restauró los caminos, provee la defensa de la costa, decoró los monumentos, promueve la alta cultura,
aprecia y apoya a los Bolandistas, fundó centros académicos para la liturgia, arqueología y otros, etc.
Instó a los Obispos a hacer visitas pastorales, y llamó a todos a la visita trienal ad limina. Publicó en
1738 una nueva edición del Index. Prohibió e intentó erradicar la masonería en su Providas romana
(1751).

Murió con 83 años después de un sufrimiento de mal de gota y fiebre, el 3 de mayo de 1758,
después de escribir su profesión de fe y haber decretado la canonización del jesuita Francisco de
Jerónimo. Confesó en su lecho que en el concordato con España había sido engañado.

NOTAS SOBRE LOS AÑOS 1700: A lo largo del s. XVIII, no sólo en Roma, sino en toda
Italia, y toda Europa, el sentimiento religioso pierde profundidad y decae; en muchos de los
«ilustrados» se pierde completamente la piedad; la fe se conserva en la mayoría. También entra en
decadencia la moralidad pública. Reina en la ciudad de los papas, más que en otros países, la libertad
de expresión y la crítica de personas y cosas religiosas. De Roma tenemos muchos testimonios de
viajeros que se complacen en relatar irregularidades, escándalos, pecados públicos. Se dibuja un
escenario de crisis económica y pobreza; las fuertes limosnas de los papas aliviaban la excesiva
penuria en tiempos de carestía, de peste, de otras calamidades.

7.- CLEMENTE XIII: UN PAPA PERSEGUIDO Y MALTRATADO.

Tras la muerte del Papa Lambertini, se abrió el conclave el 15 de mayo que duró hasta el 6 de
julio de 1758. Resultó elegido Papa el Card. Carlos Rezzonico, obispo de Padua que quiso llamarse
Clemente XIII. Nacido en Venecia en 1693. Resultó ser la antítesis de su predecesor. Sí, era doctor
en teología y cánones por la universidad de Padua, pero no era de gran talento, aunque no le faltaba
la viveza de ingenio. Los gobernantes que albergaban intereses personales, comenzaron a hacerle
guerra. Comenzó defender los intereses de la Santa Sede, con energía y confiando en Dios. Muerto
el secretario de estado, escogió al Card. Luis Torrigiani, jesuita, que sería su más cercano consejero.

El espíritu antijesuita estaba generalizada, y tuvo que afrontarla el nuevo Papa. El ataque contra
la Compañía venía de los ilustrados, los volterianos, enciclopedistas, galicanos, jansenistas, etc. El
Papa se puso con todo lo que pudo de parte de los jesuitas. El Card. Saldanha, declaró a los jesuitas
de Portugal como reos de negociación comercial ilícita; José Manuel, conde de Atalaya, quitó a los
padres la facultad de confesar y predicar. Pombal, siguió su proyecto de eliminar a la nobleza y a los
jesuitas directores espirituales de muchos nobles y maestros de la juventud portuguesa. El 3 de
septiembre ocurrió el atentado de José I, que fue culpado a los marqueses de Tóvara y a los duques
de Aveiro, que fueron ejecutados brutalmente. Los jesuitas fueron acusados de colaborar en el
atentado del rey. Unos 250 jesuitas fueron encarcelados. El rey, exigido por Pombal, dictó una ley en
1759, que ordenaba exterminar y expulsar a los jesuitas de Portugal y de todos sus reinos, que se
ejecutó en seguida. Después fue expulsado el nuncio. El ejemplo de Portugal no esperó ser imitada:
Francia, en 1762 comenzó la expulsión de los jesuitas, por obra de Luis XV, que en 1764 dio su
aprobación final de supresión total de la Compañía; pero, el ataque no era solo para los jesuitas, sino
para toda la Iglesia y por su causa sufrieron muchos insignes personajes; España no tardó en comenzar
la persecución y expulsión de los jesuitas por influencia francesa e internacional, con desastrosas
consecuencias en la educación en su territorio y en ultramar. En 1759, ingresó en la corte de Madrid
Carlos III, que escogió por confesor a Fr. Joaquín de Eleta, al cual le interesaba solo su congregación
(franciscana); por secretario de Gracia y Justicia a Manuel de Roda, regalista sin escrúpulos, amarrado
con enciclopedistas y otros enemigos de la religión; por presidente del Consejo de Castilla, a D. Pedro
Pablo Abarca de Bolea; por fiscal del Consejo a Moñino… con estos y otros, se ultimará la expulsión
de la Compañía de España y sus dominios, por decreto definitivo de Carlos III el 27 de marzo de
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1767. El Papa, tuvo noticia de la resolución de Carlos III y le escribió con gran tristeza la Inter
acerbissima (1767), que fue totalmente desoído.

La causa principal de la destrucción, aunque se inventaron muchas, puede ser que los jesuitas
hayan llegado a ser una potencia de la Iglesia, que dominaba fuertemente el aspecto cultural, religioso,
pedagógico, etc. La lucha salía de las filas de la increencia, nacidas en el enciclopedismo de Voltaire,
Diderot… que aspiraban ser la nueva potencia ideológica de Europa. En el fondo era una lucha contra
Roma, contra la Iglesia. recordemos que influyó también un tanto la masonería en todo esto. Las
causas sin duda no se deben reducir a intereses nacionales e internacionales, de lo que se trata es de
extirpar para siempre a la Compañía mediante un programa diseñado sistemáticamente, y después a
la Iglesia.

En Nápoles Fernando IV decide también expulsar a los jesuitas, por influencia del realista B.
Tanucci, el 31 de octubre de 1767, ejecutándose el 20 de noviembre.

Clemente XIII censuró en 1768 al duque de Parma, manejado por Guillermo du Tillot, junto a
los reyes de España y Francia. No tardaron en caerle críticas y contumelias de los fuertes. Francia
arrebató a la Santa sede el territorio de Avignon y condado de Vanaissin, Nápoles y las ciudades de
Benevento y Pontecorvo. El 3 de febrero de 1768 el duque Fernando Borbón escribió el decreto de
expulsión de los jesuitas. El 22 de abril Manuel Pinto de Fonseca, maestre de Malta, firmó el mismo
compromiso.

Clemente XIII, entre otros, a pesar de todo lo que sufrió hizo mucho por los más necesitados y
pobres, fomentó la agricultura, mejoró la administración. Instó a los Obispos ser pastores de buena
doctrina y de oración, alertó los peligros ideológicos que se acercaban. El 26 de enero publicó el rezo
propio y misa del Corazón de Jesús. Condenó proposiciones del libro Dectrine chrétienne, de
Mésenghy. Anatemizó L´esprit, la Encyclopédie, etc.

El Papa falleció el 2 de febrero de 1769, atacado repentinamente por una apoplejía. Con él
habían desaparecido los defensores de los jesuitas, y sus enemigos se habían hecho fuerte.
Asistiremos a la lamentable aparición del decreto pontificio Dominus ac Redemptor del Papa
Ganganelli (Clemente XIV) sobre la supresión de la Compañía (21 de julio de 1773). Los jesuitas
tuvieron que dejar la Europa Occidental y refugiarse en Rusia. Quedaran en la historia los nombres
como las de Pombal, de Choiseul y del conde de Aranda, unido al sufrimiento injusto de la Compañía
de Jesús, que tanto bien hizo en favor de la Iglesia y la Gloria de Dios.