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EVALUACIÓN

PSICOLÓGICA
La Evaluación Psicológica en los
campos aplicados de la psicología
• LA EVALUACIÓN PSICOLÓGICA EN LOS
CAMPOS APLICADOS DE LA PSICOLOGÍA

La evaluación, según las características de su procedimiento, puede dividirse en evaluaciones


de tipo psicométrico y evaluaciones no tipificadas.

Las evaluaciones psicométricas son aquellas cuya pretensión es medir aspectos psicológicos,
adjudicando un valor numérico a sus propiedades de manera tal que dicha objetivación
permita la comparación de los resultados de los sujetos y poblaciones entre sí.

Por otra parte, las evaluaciones no tipificadas no se encuentran cobijadas con normas o
baremos para la comparación de la población normativa, aunque cuentan con
procedimientos estipulados para la obtención y registro de información. Los instrumentos de
este tipo de evaluación son: la observación, la entrevista y la encuesta.

Tanto las unas como las otras se han puesto a disposición de los diversos campos aplicados
de la psicología, fortaleciendo el cuerpo científico de la disciplina, a tal punto que,
actualmente, los resultados de evaluaciones psicológicas tienen injerencia en diversos
procesos de la vida social, personal e institucional.

En el campo organizacional, durante el proceso de selección, el objetivo es revelar datos


sobre el perfil laboral del candidato, en relación con las exigencias del cargo al que se aspira.
Así mismo, definir todos los datos de su historia personal, académica y laboral, que sirvan de
base para el establecimiento de factores de riesgo frente a la deserción, el incumplimiento
de normatividad y el bajo desempeño laboral.

La psicología ha permeado el contexto educativo, en gran parte con su aporte a los procesos
evaluativos, en los que la psicología evolutiva y la psicología del aprendizaje han consolidado
un campo evaluativo para la psicología escolar, para la comprensión de las problemáticas
relacionadas con el complejo proceso de enseñanza–aprendizaje, teniendo en cuenta tanto
los procesos metodológicos como evaluativos y los contextos familiar, social y educativo.

En el campo forense, la evaluación psicológica ha tenido un papel protagónico en la


delimitación de los perfiles psicológicos de acuerdo con el tipo de petición hecha por el
sistema judicial, bien sea para soportar elementos probatorios, de culpabilidad o de
inocencia, o para determinar niveles de indulgencia por inimputabilidad.

En el campo clínico, donde la evaluación psicológica tiene sus raíces arraigadas y mayor

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tradición de uso y aplicación disciplinar, el objetivo es determinar las características de los
sujetos, utilizando las herramientas de la psicología diferencial para poder establecer con
cierta objetividad el diagnóstico, la intervención y el pronóstico de intervención
psicoterapéutica.

Estos campos aplicados, que han representado en la historia de la psicología un escenario de


uso de sus métodos evaluativos, serán explicados más ampliamente a continuación.

Evaluación en el campo organizacional

Comprender, predecir y controlar el comportamiento en el espacio laboral, es el principal


objetivo de la evaluación en el campo organizacional. Su tarea es ayudar a las organizaciones
a mejorar el desempeño y bienestar de los empleados. Frente a este objetivo, durante las
últimas décadas se ha rescatado y potenciado la importancia de abordar fenómenos
psicológicos como la motivación, la emotividad, las actitudes, los valores y el
comportamiento.

La psicología organizacional es un campo aplicado que ha tomado mucha fuerza en las


últimas décadas, con el fortalecimiento de los departamentos de talento humano de las
empresas, impactando el desarrollo y crecimiento de las organizaciones.

Entre las funciones principales encontramos la selección, evaluación, contratación,


capacitación y el bienestar del personal.

En el tema que compete a esta unidad, nos centraremos en resaltar el uso de los
instrumentos evaluativos de la psicología en el proceso de selección.

Una de las tareas importantes de la psicología organizacional es definir el perfil de éxito para
un determinado rol, evaluando diferentes candidatos opcionados para el perfil. Los aspectos
a medir son, en general: el perfil cognitivo, los rasgos de personalidad y el grado destrezas o
aptitudes de los aspirantes.

Para determinar el perfil cognitivo y de conocimientos, generalmente, se utilizan


instrumentos para determinar habilidades cognitivas del aspirante. Por otro lado, las
organizaciones, dependiendo del nivel del cargo y las funciones, estipulan pruebas de
conocimientos específicos relacionados con aspectos técnicos y profesionales de la actividad
a desarrollar.

Para determinar los rasgos de la personalidad del aspirante, se recurre a pruebas


psicométricas introspectivas o proyectivas validadas dentro de la psicología (por ejemplo,
Eros, SED, Alpha, Wartegg, PIPG, Rorschach, Escala Tennessee, Dibujo de la figura humana,
CAT, 16PF, Kuder, IP, CMT e IPP, estas últimas cuatro con exploración mayormente de

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intereses, preferencia y motivación frente a ocupaciones específicas), sumadas a los datos
cualitativos obtenidos de los procesos de entrevista y observación del evaluador.

Los test introspectivos arrojan información acerca de rasgos diferenciales de la personalidad


y miden grados de funcionalidad social, estabilidad emocional, autonomía, sistema de
autoconcepto y autoestima, valores y juicio moral, flexibilidad y tolerancia, y situaciones
novedosas o conflictivas.

Por otro lado, los test proyectivos recurren a la puesta en escena de situaciones o reactivos
que generen respuestas abiertas y espontáneas sujetas a la interpretación del evaluador, que
pudieran reflejar rasgos de la emocionalidad y la personalidad, no evidentes o explícitas en el
discurso.

Finalmente, para determinar las habilidades, destrezas o aptitudes específicas, de orden


técnico o profesional, relacionados directamente con lo exigido por el cargo, se aplican los
test psicotécnicos como, por ejemplo, HTP, Ztest, Raven, MMPI, Test Desiderativo, entre
otros. A nivel general, se explora la aptitud verbal, aptitud numérica, aptitud espacial,
razonamiento abstracto, atención, memoria, comprensión y velocidad; a nivel específico, se
suministran instrumentos de pregunta abierta o cerrada, o también pruebas de desempeño
práctico, en relación directa con la actividad que se desempeñaría.

Si bien hemos nombrado la aplicación de pruebas y test para la exploración y


establecimiento del perfil del aspirante, se cuenta con otras herramientas tales como la
entrevista y el assessment center o dinámicas de grupo.

La entrevista busca confrontar al aspirante bajo un modelo de entrevista estructurada o


semiestructurada, en la que se debe contrastar la información reportada en su hoja de vida,
además de representar una oportunidad de definir unos rasgos explícitos de la personalidad
y auscultar factores de riesgo o de vulnerabilidad para ser profundizados en lo restante del
proceso de selección.

Por otro lado, el assessment center, como estrategia de exploración del aspirante en su
desempeño en una dinámica de grupo, es un método de selección mediante el que se intenta
identificar competencias requeridas para mandos medios y altos, y predecir su
comportamiento en trabajos colectivos, bajo presión y exposición.

Por último, es importante hablar del campo del marketing, donde la psicología del
consumidor ha tomado especial fuerza con los temas de globalización y consumo. Aunque
se ha venido consolidando como una disciplina académica y un campo aplicado
independiente de la psicología, aún se encuentra bajo los dominios de la psicología
organizacional. Sin embargo, es importante mencionar que la psicología del consumidor
también ha recurrido al uso de la evaluación psicológica para soportar investigaciones de

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mercado y garantizar la efectividad de sus propuestas de marketing. En este campo se
realizan estudios individuales y colectivos de procesos sensoperceptivos, comportamiento
en la toma de decisiones de las personas, estudios de motivación y tendencia de reacción y
perfiles de personalidad en relación específica con determinadas variables.

Evaluación en el campo educativo

La evaluación en el contexto educativo ha sido definida como un proceso inherente al


currículo y la evaluación psicológica ha entrado a ser su interlocutor en la medida que, desde
su formulación, cada vez más responde a un modelo contemporáneo de la educación. El
currículo plantea la necesidad de adecuar el sistema educativo a las necesidades del alumno,
lo que de manera directa ha requerido que se establezca con claridad el perfil de los
estudiantes, sobre todo de aquellos que parecieran no responder a la media esperada o
acostumbrada a nivel intelectual o comportamental.

Para estos casos, es imprescindible la intervención del psicólogo en la aplicación de


estrategias evaluativas que permitan establecer los aspectos deficitarios del desarrollo
comunicativo, psicomotor, social, emocional o intelectivo, para poder establecer no sólo sus
necesidades de intervención terapéutica, sino también para formular las
adaptaciones escolares requeridas a nivel de contenidos y metodología.

Para responder y establecer alguna impresión diagnóstica de aquellos casos reportados por
padres o maestros, bien sea por la sospecha de detección de habilidades excepcionales o por
la lentificación o disfuncionalidad de habilidades de pensamiento o ejecución, se establecen:

- Escalas que permitan, de manera general, establecer en términos de Coeficiente


Intelectual un rango comparativo del promedio general obtenido por el paciente en
relación con los resultados esperados para la población en sus mismas condiciones
etarias y culturales.
- De manera adicional se debe recurrir a instrumentos que permitan evaluar los factores
asociados a dicho coeficiente intelectual general, como por ejemplo: memoria, atención,
velocidad de pensamiento, organización perceptual y comprensión.

Es importante que todo resultado, bien sea cualitativo o cuantitativo, redunde en


planificaciones y orientaciones de orden psicoeducativo. Es decir, que a partir de la detección
de excepcionalidades por exceso o defecto, se realicen adecuadas orientaciones de remisión,
de intervención y de modificación de prácticas metodológicas en el aula.

Dentro del contexto escolar, en la educación media, la evaluación para la orientación


profesional y vocacional representa un campo aplicado para la psicología. Utilizando las
mismas técnicas y estratégicas evaluativas expuestas en este medio para el campo

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organizacional (establecimiento de un perfil cognitivo, de personalidad y de destrezas o
aptitudes), se apoya al estudiante en la identificación de sus recursos personales para la
construcción de su proyecto de vida ocupacional.

La evaluación enfocada en la orientación vocacional y profesional es bastante efectiva en


función de la demanda, las necesidades y la problemática que se quiera abordar por parte del
psicólogo educativo. Lo ideal es que el profesional analice detalladamente las variables
psicológicas que puedan influir en el comportamiento del estudiante evaluado, dentro del
contexto educativo, para así llegar a un diagnóstico que permita una adecuada elección y
toma de decisión vocacional. En esta etapa es necesario que el profesional plantee la
descripción e identificación de la situación para establecer hipótesis explicativas y así emitir
las hipótesis que mejorarán la situación evaluada. Dentro de esta etapa, las herramientas
psicológicas de evaluación más utilizadas son la observación en distintas modalidades
(sistemática, auto-observación y no estructurada), la entrevista psicológica y los test
psicológicos.

Evaluación psicológica en el campo forense

Los profesionales del Derecho y de la ley trabajan con individuos y es la Psicología la


disciplina que estudia la conducta humana y los factores que la dirigen (cogniciones, sesgos
cognitivos, emociones, pasiones, estereotipos, prejuicios, influencia del ambiente, etc.), por
eso, deben trabajar en conjunto.

Si se habla de Psicología jurídica, se entiende que son las aportaciones que se hacen en el
ámbito forense, policial, de investigación militar, criminal y de prevención, victimización,
juvenil y resolución de conflictos. Se ejerce influencia en la determinación de aspectos
clínicos, en la dimensión social (regulación y control social) por lo que el legislador debe
tener en cuenta la mente y conducta humana. Si se habla de Psicología judicial, se entiende
como la aplicación de la Psicología social (la cual estudia los comportamientos psicosociales
de las personas o grupos relacionados), establecidos y controlados por el derecho en sus
diversas vertientes, así como aquellos procesos psicosociales que guían o facilitan los actos y
las regulaciones jurídicas1. Toca temas como la testificación, la psicología de sectas, el acoso
laboral (mobbing), la violencia de género, el abuso sexual, la protección de menores y la
psicología del terrorismo, entre otros. Si bien el Derecho regula, la Psicología analiza para
determinar la edad de responsabilidad penal, o la función social del castigo o los estímulos
sociales que generan determinada conducta, entre otros aspectos.

La interrelación entre el Derecho y la Psicología se evidencia, por ejemplo, cuando en un


juicio se debe recurrir a un psicólogo para aclarar qué podría considerarse “sentido común”

1PIÑEROS Carlos. Sobre una definición de psicología jurídica. En: http://psicologiajuridica.org/psj73.html


Consultado el 25 de septiembre de 2013.

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o cuando un testimonio se cuestiona por “sugestionabilidad de los testigos”, “inexactitud de
los recuerdos de los testigos”, por “huellas de la emoción” o porque no hay “confiabilidad
del interrogatorio” o, peor aún, se pone en tela de juicio un fallo por “sugestiones en el
tribunal”. También se evidencia al hacer peritazgos en violencia familiar o intervenir por
efectos psicológicos de la prisión en los reclusos.

En los testimonios, los psicólogos deben analizar el modo como se percibe el acontecimiento,
cómo se conserva en la memoria, cómo se evoca, cómo quiere expresarlo el testigo y,
además, cómo puede expresarlo.

Los reportes obtenidos a partir de procesos de evaluación psicológica pueden ser utilizados
para procesos de peritaje de seguros o judicial (bien sea civil o penal). Dichos procesos
evaluativos pueden ser ordenados por los tribunales de justicia para sumar elementos
probatorios de la culpabilidad o no de un enjuiciamiento, o también para determinar sus
competencias mentales e intelectuales para participar en juicios y audiencias.

Desde un punto de vista de lo psicopatológico, manuales como el DSMIV o la CIE10 aportan


elementos para delimitar perfiles de desórdenes o trastornos mentales que pueden
desarrollar conductas heteroagresivas que suponen un riesgo contra el prójimo o contra el
patrimonio y bienes de la comunidad.

Los trastornos generalmente asociados a dichos elementos del estado psicológico que
pueden servir como elementos probatorios de la culpabilidad, son aquellos que
comprometen el control de los impulsos y la antinormatividad, como por ejemplo, los
trastornos afectivos, los trastornos de la imagen corporal, la adicción a sustancias
psicoactivas, las adicciones conductuales como la ludopatía, la piromanía o la cleptomanía,
los trastornos de la personalidad como el cuadro bipolar, o los cuadros clínicos sindromáticos
como el TDAH o el autismo.

Otro aspecto importante que arroja el proceso de evaluación es detectar factores de riesgo
en la historia del enjuiciado que, sin representar un diagnóstico de base, sí pudiera aumentar
la probabilidad de presentar comportamientos disruptivos o asociales, como por ejemplo,
abuso sexual en la infancia, antecedentes de maltrato o explotación, condiciones de
modelamiento de sus cuidadores que pudieran haber enseñado conductas inadecuadas.

El diagnóstico del trastorno psicopatológico, mediante la utilización de determinados


instrumentos psicométricos, pueden ser puestos al servicio del sistema judicial a efectos de
considerar lo que legal y jurídicamente se habla de inimputabilidad o la atenuación de la
lógica, para demostrar, o bien una abolición, o una disminución de la pena.

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Evaluación psicológica en el campo clínico

El objetivo principal de la evaluación psicológica aplicada al campo de la psicología clínica es


establecer el estado de la salud mental y el nivel cognitivo de una persona.

La evaluación contiene una fase inicial de socialización, de consentimiento informado y


diligenciamiento de apertura de historia clínica, en donde se recaban los datos principales de
la anamnesis del resultado. Contando con el motivo de consulta se indaga de manera
especial los posibles antecedentes, consecuentes y factores de mantenimiento relacionados
con él.

Posteriormente, se deben recaudar elementos de orden bien sea psicométrico o cualitativo,


mediante, por ejemplo, entrevistas, observación, test, escalas o pruebas, para la valoración
de procesos y dimensiones relevantes según el motivo de consulta. También, puede incluir
pruebas neuropsicológicas para evaluar, establecer, localizar y medir alguna irregularidad
psico-orgánica.

Finalmente, llega el proceso de intervención terapéutica, que no es tema inherente al


módulo que nos convoca; sin embargo, es importante nombrar que su curso y éxito
dependen en gran medida de la calidad de la información que se haya recolectado en la fase
de evaluación, ya que es ésta la que delimita el diagnóstico o impresión diagnóstica, que de
no ser preciso implicará bajo impacto del proceso terapéutico por la no correspondencia
entre los procesos intervenidos y las necesidades de intervención.

La evaluación de los problemas psicológicos es un requisito básico para su tratamiento y no


hay posibilidad de intervención exitosa si el proceso de valoración no ha sido el adecuado.

La evaluación clínica ha sido conceptuada desde diferentes perspectivas, que parten de


presupuestos distintos para entender y abordar las atipicidades de la psique y el
comportamiento humanos. Sin embargo, de manera general la psicología cuenta con
principios o criterios que han sido unificados y normalizados a nivel internacional, por
ejemplo, DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), CIE
(Clasificación Internacional de la Enfermedad), CIF (Clasificación Internacional del
Funcionamiento), ICD-10 (Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales), entre otros.
Son estos, entonces, criterios generales y globales que orientan los procesos de evaluación,
mientras que las técnicas dependen del modelo teórico y metodológico en el que sea
formado el evaluador.

Al finalizar todo proceso de evaluación, el paciente tiene el derecho de conocer los


resultados del proceso mediante un reporte, generalmente escrito, del proceso. El informe
psicológico clínico es un elemento imprescindible del proceso de valoración, debe tener las
propiedades de confidencialidad y cientificidad del profesional frente a su paciente o su tutor

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legal, y debe contener con suficiencia y veracidad los resultados del proceso de evaluación
psicológica.

Pérez, Muñoz, Ausín (2003), propone diez principios para garantizar la fiabilidad del registro
escrito: poseer la cualificación adecuada, respetar la dignidad, libertad, autonomía e
intimidad del cliente, respetar y cumplir el derecho y el deber de informar al cliente,
organizar los contenidos del informe, describir los instrumentos empleados y facilitar la
comprensión de los datos, incluir el proceso de evaluación las hipótesis formuladas y
justificar las conclusiones, cuidar el estilo, mantener la confidencialidad y el secreto
profesional, solicitar el consentimiento informado y proteger los documentos. Estas
sugerencias para la emisión del informe de la evaluación clínica se soportan en las
consideraciones y disposiciones establecidas en el Código Deontológico del Psicólogo.

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