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precapitalistas: la aparcería y el arrendamiento.

El contrato de aparcería es un acuerdo mediante el cual el propie-


tario cede el cultivo de tierra a un agricultor (aparcero) a cambio de recibir de éste una parte de la cosecha
obtenida (existen aparcerías al tercio, al cuarto, etc.). Inicialmente, el propietario aportaba en este contrato parte
del capital de explotación (abonos, insecticidas, etc.). Gracias a este contrato se repobló el país de viña y olivar.
Actualmente este sistema está en recesión, ya que ha sido asimilado por el contrato de arrendamiento.
El contrato de arrendamiento consiste en que el cultivador (arrendatario) ha de pagar una cantidad fija por
campaña al propietario (arrendador).
Al considerar que los dos tipos de contrato son
prácticamente iguales y que la existencia de una serie
de productos, especialmente los hortofrutícolas, son
muy difíciles de partir, la legislación actual (Ley de
Arrendamientos rústicos) ha promocionado los con-
tratos de arrendamiento y ha hecho disminuir los de
aparcería.
El 58% de la superficie total cultivada en el Es-
tado Español se rige actualmente mediante contratos
de cultivo. Sólo el 42% restante es pues explotado
directamente por sus propietarios. Además, gran par-
te de este 42% de tierra cultivada está trabajada por
jornaleros fijos o eventuales de las grandes fincas lati-
fundistas. (Cuadro nº 1)
Un problema básico en la agricultura del Estado Español es el de las dimensiones de las explotaciones
agrícolas; en la actualidad existen nada menos que dos millones y medio de «explotacione agrarias». Esto repre-
senta unas 8 hectáreas de media por explotación, con el agravante de que este cálculo no aporta una información
significativa por el hecho de existir grandes latifundios con miles de hectáreas y minifundios que no llegan a la
media hectárea.
Como puede obsenarse en el cuadro nº 2 entre
1962 y 1972 la superficie labrada de las explotaciones
hasta 50 hectáreas ha disminuido, en estos diez años
han desaparecido alrededor de 223.000 explotaciones
de menos de 1 hectárea, debido a la falta de rentabili-
dad de las explotaciones de estas dimensiones.
Al no poder aumentar la dimensión de sus explo-
taciones porque el precio especulativo de la tierra no
está a la altura de sus posibilidades financieras, milla-
res y millares de pequeños agricultores se han visto
obligados a emigrar en busca de mejores horizontes.
Por el contrario, ha aumentado considerablemen-
te el número de explotaciones a partir de 50 Has. pro-
duciéndose una concentración de la propiedad. Este
incremento de superficie de las grandes fincas ha lle-
vado consigo la expulsión de los aparceros y la necesi-
dad de aumentar el número de jornaleros que trabajan estas grandes fincas.
También existe un problema de reparto de la tierra, ya que actualmente el 93% de las explotaciones sólo
totalizan el 40% de la tierra cultivada mientras que 7% de las explotaciones restantes ocupa 60% de la superficie
trabajada.

LAS CLASES SOCIALES EN EL CAMPO

A fin de poder realizar una reforma agraria adecuada, es necesario conocer también la importancia cuantita-