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Luengo Almena, Juan Luis (2011):

“Narrativa contemporánea de Narrativa contemporánea de aventuras


aventuras y educación literaria en la
adolescencia”, Ocnos, 7, 57-71. ISSN:
1885-446X.
y educación literaria en la adolescencia
Contemporary adventure narrative and Juan Luis Luengo Almena
litterary education in adolescence Universidad de Córdoba (España)

PALABRAS CLAVE: RESUMEN: ABSTRACT:


Educación literaria, novela de Al artículo pretende poner de manifiesto la Article aims to highlight the current status of
aventuras, formación lectora, situación actual de la narrativa juvenil contempo- youth in contemporary Spanish narrative of travel
intervención didáctica. ránea española de viajes y aventuras, así como su and adventure, and its value in the reader training
puesta en valor en la formación lectora de los estu- secondary students. Literary analysis of these novels
KEYWORDS: diantes de Secundaria. El análisis literario de estas and narrative history of this subgenre, and the
Literary education, adventure novelas y de los antecedentes de este subgénero establishment of a literary canon to date we provide
tales, reading training, educational narrativo, y el establecimiento de un canon literario the basis to define a poetics of adventure novels.
intervention. actualizado nos proporcionan las bases para definir
una poética de la novela de aventuras.

0. Introducción primeras hipótesis de trabajo están en la


Las páginas que siguen tienen su base base de nuestra labor investigadora.
en una investigación de mayor aliento1;
por ello, nos limitaremos a presentar 1. Objetivos
los hechos y reflexiones más significa- Con el trabajo que aquí presentamos se
tivas, en la esperanza de que la consulta pretende cubrir estos cuatro objetivos:
del trabajo fundamental pueda com- 1. Actualizar los estudios acerca
pletar los perfiles de interés que aquí de los conceptos clave de
queden esbozados. «aventura», «héroe» y «viaje»,
Es oportuno partir de unas preguntas tanto desde el punto de vista
preliminares que, a manera de hipó- literario como a través de una
tesis, concretan nuestra investigación: perspectiva filosófica; profundizar
¿Existe en la actualidad una novelística en ellos para llegar al esbozo de
de aventuras para destinatarios jóvenes una provisional Poética de la novela
que sea heredera de la tradición litera- de aventuras.
ria de género, y con la que establezca un 2. Elaborar un catálogo crítico
diálogo intertextual pleno? ¿Es posible justificado que recoja una
relacionar los constituyentes literario- selección de novelas juveniles
filosóficos de la narración clásica de de viajes y aventuras escritas en
aventuras con las actuales novelas español, publicadas en el último
juveniles de la misma modalidad sub- decenio del siglo pasado.
genérica? ¿Puede elaborarse una poética 3. Establecer unos criterios
* Fecha de recepción: 26/01/2011
de la novela de aventuras? Y, por otra específicos útiles para el análisis
Fecha de aceptación: 29/03/2011
parte: ¿sería posible establecer un canon literario de estas novelas juveniles,
1
Se trata de la Tesis Doctoral de- literario suficientemente amplio, consti- a partir de los enfoques de la
fendida en la Universidad de Córdoba tuido por obras de considerable entidad narratología y de la estética de la
(España) con el título completo de artística, susceptible de ser disfrutado recepción.
La narrativa juvenil contemporá-
nea española de viajes y aventuras.
literariamente por los adolescentes y 4. Contribuir a la producción de
Programa de Intervención Didáctica en abordado didácticamente en Secun- conocimiento educativo que
Secundaria. daria? Estas preguntas, convertidas en conduzca de modo indirecto,
si es posible, al incremento de con intensidad a todo su alrededor,
los índices de lectura gozosa y por más que fracasen sus empeños. En nº 7. 2011
autónoma entre los adolescentes. palabras de Rosales, «la aventura será
aquí metáfora; o hablando con más
2. Metodologías propiedad: alegoría, suma de metáforas
La variada naturaleza de tales objeti- y símbolos que construyen una imagen 58
vos exige igualmente una metodología completa del vivir» (2002:10).
distinta, según los ámbitos de trata- De la novela de aventuras podría
miento. En este sentido, para el estudio decirse lo mismo que del propósito de
de los rasgos teóricos y filosóficos hemos Don Quijote: el combate de la melanco-
empleado una metodología analítica de lía, que es el enemigo letal que anida en
índole literaria en la que no ha estado lo más profundo de cada uno. Es lo que
ausente la visión filosófico-antropo- aniquila desde dentro, sin colaboración
lógica de la literatura. La metodología ninguna de mano ajena, cuando el indi-
comparatista y la histórico-literaria viduo se enajena de cordura. Si el héroe
nos han servido para poner en contacto huye de la trivialidad, si lo que lo carac-
las obras que conforman la clasicidad teriza es la libertad y lo que lo condena
del género con las producciones con- es la necesidad, la verdadera locura con-
temporáneas de viajes y aventuras para sistiría en dejar de cabalgar y echarse a
jóvenes. La perspectiva intertextual morir. Así ocurre en el último capítulo
se ha empleado al poner en relación de la segunda parte de El Quijote, cuando
los elementos hipertextuales, los dis- Sancho interviene ante su señor agoni-
cursos metaliterarios y los paratextos, zante, con aquellas palabras de aliento y
todos ellos vinculados con las narra- de aprendizaje:
ciones que conforman nuestro corpus. No se muera vuesa merced, señor
mío, sino tome mi consejo y viva
muchos años; porque la mayor locura
3. Reflexión sobre tres
que puede hacer en esta vida un hombre
conceptos fundamentales: es dejarse morir, sin más ni más, sin
aventura, héroe, viaje que nadie le mate, ni otras manos le
Comenzamos por ajustar los tres acaben sino las de la melancolía.
pilares conceptuales del tipo de narra- Y todo ese afán se hace aprendizaje
ción que nos ocupa. Indentificamos la en la densidad de la acción. Así pues,
aventura con un singular proceso de el proyecto del que se embarca en la
crecimiento en la acción inserto en la aventura no estriba en convertirse en
densidad; se define con nitidez frente inmortal sino en vivir como si mere-
a su opuesto: la vacuidad de la vida ciese la inmortalidad.
normal o vida rutinaria. La aventura El tesoro que hay que alcanzar,
es un aprendizaje en la acción que se aunque tenga existencia exterior, es
opone, por principio, a la muerte. La en realidad la figuración del propio
aventura niega la muerte y elige una tesoro, el que llevamos dentro. (…)
empresa, un propósito ineluctable, que La novela de aventuras no ha muerto:
hace deambular al sujeto heroico por ha cambiado de Dharma. Y seguirá
viva porque no tiene límites la bús-
ámbitos ajenos como si fuese inacce-
queda del tesoro, la de nuestro nombre
sible a la muerte y a la melancolía. El propio, sea porque lo hemos perdido
viaje de aventura es la acción misma y el o porque no ha surgido todavía el que
aprendizaje en ella; la densidad del afán de verdad nos corresponde. Este es el
espesa la dilación de su transcurso. El texto que nos narra; el que no nos deja
protagonista de la novela –igual que morir (Merlino 1989: 13).
los héroes de las clásicas narraciones El vacío existente en lo que podemos
de viaje y aventura– actúa y hace actuar llamar la vida rutinaria es lo que la
aventura llena mediante la acción y el frecuente de un modo u otro la pérdida
nº 7. 2011 tiempo densos. La aventura es el mundo de un símbolo precioso o el encuentro
de la plenitud del tiempo. En la aven- con el tesoro pretendido.
tura reside el tiempo pleno, y el tiempo Es bueno vivir, o imaginar vivir, en
lleno no es otra cosa que la densidad la vecindad de un tesoro. Ayuda a ver
59 crónica incompatible con la trivialidad detrás de las apariencias, a conside-
rar el mundo como un lugar abierto,
y con la rutina; en la aventura, pues, el
lleno de secretos que tenemos que
tiempo se adensa y se transforma en penetrar. También a creer en la inmi-
riesgo. En la aventura, además, sobre- nencia. Que la verdadera vida está
viene la suspensión de las condiciones aquí, sólo que oculta, y que debemos
de normalidad. Estas condiciones, que realizar el esfuerzo de alcanzarla.
son necesarias para la vida provechosa Porque es a eso precisamente a lo
y productiva en la sociedad normal –y que nos enseñan los tesoros, a con-
que se instala fundamentalmente en templar el mundo como un dios que
durmiera. Es el viejo sueño de los
las certezas–, se diluyen en la gestión
alquimistas. Una búsqueda que tiene
que el héroe-protagonista hace de su dos sentidos por una parte perfec-
riesgo. cionar la obra de la naturaleza, por
Así, el tiempo denso, el de la pasión otra hacernos a nosotros mismo. Los
o el del riesgo, no se percibe con las tesoros son la señal de que esa obra
dimensiones de normalidad. El ins- ya se ha cumplido, y nos ayudan a
tante tenso, la hora larga, el día con contemplar el mundo bajo especie de
espesor crónico logran del trance aven- eternidad. ¿Por qué habría de impor-
turero la consistencia de una ucronía tarnos que, a pesar de todo, no los
encontremos nunca? (Martín Garzo
ganada para el héroe, puesto que ese
2001:42-43).
tiempo no se mide, sino que se padece.
El héroe, por tanto, es acción, forma
El instante denso interpela al héroe parte consustancial de la acción y del con-
obligándolo a desentenderse de toda cepto de acción aventurera. Al héroe no
idea de mensurabilidad. El tiempo de se le describe: se le narra. El protagonista
la aventura pertenece en mucho mayor de las narraciones de viajes y aventuras
grado al que lo gestiona, en contraste suele aspirar a la excelencia de la virtud
con el tiempo de la vida rutinaria, productora de acciones ejemplares. El
al que pertenecemos todos y del que protagonista de este tipo de narraciones
somos parte cualquiera de nosotros; el es la excelencia en acción. Es el único
tiempo de la aventura hace apasionada que, radicalmente, necesita culminar la
la posesión del momento. hazaña, encontrar el tesoro o rendir viaje.
Es casi un axioma que las personas En ello se diferencia de otros personajes
siempre se han sentido atraídas por o actantes de la narración.
los relatos en que se cuentan historias La residencia fundacional del héroe de
de tesoros; tesoros ocultos, a menudo aventura es el viaje, es decir, la expatria-
durante siglos, que emergen a la luz ción –literal o ritual–. Donde se halle un
trastornando a quienes tienen la fortuna espacio para la aventura, allí se impon-
o la fatalidad de tropezar con ellos, o drá la figura del héroe; y es en el espacio
han sabido conquistarlo tras insufri- de riesgo donde únicamente puede
bles trabajos. Es, igualmente, una razón desarrollarse la búsqueda esencial:
contrastada que pocos sujetos se mues- la independencia. Ser independiente
tran insensibles a este tipo de historias, implica autofundarse. Para conseguirlo
porque el anhelo de los tesoros parece es imprescindible extrañarse del hogar
formar parte de la ensoñación humana, materno o de la vida preñada de segu-
y porque es muy posible que no haya ridades, desafiar al proyecto de periplo
historia que merezca la pena que no y padecer la intemperie. Por definición,
el viaje es ante todo un desafío para sí produce, al contrario, la emergencia
mismo en el conocimiento de la otredad. de una intensidad a prueba de todo nº 7. 2011
El viaje, por tanto, es el ámbito natural sometimiento: el esfuerzo máximo, la
de la aventura. Pero en la aventura el sorpresa ineluctable y el empuje sober-
viaje, que es casi siempre consustancial, bio.
se convierte en proceso de conocimiento La omnipresencia de la muerte como 60
con fuertes dosis iniciáticas. Todo activadora de la acción separa signifi-
viaje es, en sí mismo, un hallazgo, un cativamente el ludismo de la aventura,
encuentro con lo desconocido, un acon- puesto que el juego presenta apenas
tecimiento propicio para la ensoñación una ritualización de la acción agónica
de quien aspira a traspasar la realidad con las timideces que aconseja la vida
inmediata e ir más allá, encarando rutinaria. El juego se exhibe como vir-
con osadía lo que está “por venir”. La tualmente exento de pérdidas, libre de
etimología de aventura así lo insinúa; derrota; en todo caso no pone en desafío
recuérdese el contacto que tiene el ni la vida ni la muerte del que juega.
término aventura con el verbo latino A diferencia del juego, la aventura no
advenire. El rasgo itinerante revela que propende al símbolo, sino al acto. El
el viaje es el sustrato para el crecimiento jugador no es agonista –entiéndase
personal y la zona para el descubri- en su aquilatado valor etimológico–
miento de/con lo distinto. ni camina apegado al riesgo como lo
El menor conocimiento del entorno hace el sujeto heroico. La muerte, con
en el que se aloja provisionalmente certeza inveterada, gira siempre alre-
el héroe trae consigo una superior dedor del aventurero, quien no aspira
abolición de las condiciones de norma- a encontrarla, sino a zafarse de ella
lidad. Por esa razón la aventura es más para cubrirse de gloria y de vida. «En
factible en ámbitos ajenos al protago- verdad, el aventurero no se juega la
nista de la acción; no es fácil hallar la vida, pues esta es precisamente lo que
acción agónica al calor del hogar, sino pretende ganar de modo reafirmado y
al contrario, en mundos exóticos. Allí merecido: se juega la muerte» (Savater
es donde prospera la aventura y así nos 1983:116).
lo confirma también la historia lite- Joseph Campbell sotenía que el prota-
raria de narraciones de viaje. Cuanto gonista de la aventura pasa siempre por
más remoto se presente el mundo de un descenso a los infiernos, –trasunto
referencias, mayores serán las proba- de una vuelta al útero materno– y, más
bilidades de un trance aventurero. La tarde, por un renacimiento en el fulgor
imprevisibilidad –agotadora e insu- de la proeza (2006:95-107). Decidida-
perable para individuos desafectos a mente, el tránsito atribulado por una
lo heroico– es uno de los obstáculos cueva, más o menos simbolizada, consti-
que salva el héroe a cada paso. Zonas tuye el obligado paso hazañoso de quien,
ignotas, tierras indómitas, reaccio- por el sacrificio de la aventura, aspira
nes extrañas y demás elementos de a la acción de excelencia. Pero antes
violencia indefinida constituyen la necesita abandonar el orden muelle de la
topografía del héroe, que no son otra vida rutinaria, que caracteriza su patria
cosa que causa de grandes recompen- natal –o su casa paterna– para sufrir el
sas en forma de tesoros o de gravosos caos que impera en el reino de la aven-
castigos en los que la muerte merodea, tura. Ese abandono no es otra cosa que
siempre con su poliédrica apariencia. la batalla contra los padres, puesto que
Bajo tales circunstancias no hay lugar ellos simbolizan el obstáculo que se
para la moderación ni tampoco para opone al héroe cuando decide salir de su
el morigerado disfrute del tiempo. Se casa para autofundarse.
El viaje de aventura realizado por con que las sociedades modernas han
nº 7. 2011 un héroe de aventura contiene esen- ido definiéndose a sí mismas, más por
cialmente, también, el rasgo de la aproximación que por diferenciación.
incertidumbre hipertrofiada. El viaje
sustancial es el camino incierto, sin meta 4. Desde allá hasta aquí:
61 definida, precisamente porque el viaje hacia un corpus de novela
de aventura es la conquista de un espacio juvenil contemporánea
vacío. Con esta base más filosófica que lite-
En todo viaje aventurero subyace raria aseguramos la perspectiva amplia
siempre una pulsión colonizadora, en a fin de indagar en las fuentes literarias
un sentido o en otro. La aventura es un con una perspectiva más discriminada.
reflejo de la voluntad de dominio colo- Pero para hallar las marcas caracte-
nizador sobre los espacios novelescos. rizadoras de la narración literaria de
En la novela juvenil actual, ese rasgo aventuras hay que pasar necesaria-
de colonización se ritualiza y adquiere mente por Homero, Apolonio de Rodas,
la forma literaria de una suerte de Heliodoro, Jenofonte de Éfeso y por
colonización de espacios aptos para la Caritón de Afrodisias. En todas ellas
narración de esfuerzos personales de se rastrean con nitidez los conceptos
filiación heroica. básicos de héroe, aventura y viaje que
Dentro de la literatura «aventu- acabamos de indicar. Hay que transitar
resca», el viaje, en suma, se convierte también por la épica medieval y la nove-
en una enunciación en sí mismo. El lística española de los Siglos de Oro. A
discurso mismo se transmuta en un lo largo de todos ellos se van trazando
viaje iniciático. Tras la lectura de una las concepciones que nutren los rasgos
narración de aventuras clásica, ya nada de la posterior novela de aventuras, la
es lo mismo. Ni el héroe será el mismo que bien podríamos denominar como
2
Muy lejos de cualquier exhaus- para el lector, ni el lector será el mismo la «clasicidad del género». Con este
tividad conviene apuntar algunos de antes. El componente iniciático de la término nos referimos a la modalidad
de los títulos que engrosan el canon novela de aventuras, mediante la enun- subgenérica que se produce alrededor
de la modalidad genérica de aven-
turas: James Fenimore Cooper, El
ciación discursiva del viaje, transforma del lapso cronológico que va de comien-
último mohicano (1826); Robert Louis el proceso mismo de recepción lite- zos del siglo XVIII (Swift, Defoe) hasta
Stevenson, La isla del tesoro (1883); raria. El viaje de aventura contiene un la primera mitad de siglo XX. Hablamos
Walter Scott, Rob Roy (1817), Ivanhoe componente de éxodo, de una huida, de de ese corpus literario que ha alimen-
(1819); Jules Verne, Viaje al centro de
expatriación o de «migración agonal» tado el imaginario lector de muchas
la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna
(1885), Los hijos del capitán Grant que acendra aún más el proceso iniciá- generaciones2 y que contiene una buena
(1867-68), Cinco semanas en globo tico y transformador del lector joven. El parte de la enciclopedia lecto-cultural
(1863) y Miguel Strogoff (1876); Mark viaje es la enunciación discursiva de la de muchos lectores habituales en nues-
Twain Las aventuras de Tom Sawyer aventura. tros días.
(1876), Las aventuras de Huckleberry
Finn (1884); Alexandre Dumas, El
La novela de viajes y aventuras es, en Sin embargo, la novela juvenil
conde de Montecristo (1844-45) y fin, una ritualización de lo iniciático contemporánea española de viajes y
Los tres mosqueteros (1844); Emilio con todas sus marcas bien definidas. Y aventuras no es hija directa de las obras
Salgari, El corsario negro (1899); E. R. conviene ahora insistir en el recono- decimonónicas que conforman la cla-
Burroughs, Tarzán (1914-36); Rudyard
cido carácter iniciático que tienen para sicidad del género. Habría sido un salto
Kipling, El libro de la selva (1894); Jack
London, Colmillo Blanco (1906), El lobo los jóvenes lectores las narraciones excesivo sin que hubiera mediado un
de mar (1904); Herman Melville, Moby de esta naturaleza. El componente de cuerpo evolucionado de piezas narrati-
Dick (1851); Joseph Conrad, El negro contacto entre culturas ha estado en vas en el siglo XX con clara propensión
del “Narcisus” (1897); James Milton, la base de las narraciones viajeras de por la búsqueda deliberada de un des-
Horizontes perdidos (1934); Geoffrey
Trease, Robin Hood (1934); Kenneth
naturaleza literaria; y en ese contacto tinatario juvenil. Este enlace estaba por
Anderson La llamada del tigre (1922) y han podido ir apreciándose las muta- determinar. Nosotros lo denominamos
La pantera negra del Sivanipalli (1923). ciones en la percepción de la otredad «antecedentes cercanos de la narra-
tiva juvenil contemporánea española y aventuras. Para ello hay que leer una
de viajes y aventuras», y los hemos considerable cantidad de narraciones nº 7. 2011
encontrado en un buen número obras juveniles contemporáneas y tratar de
difundidas hacia mediados del siglo XX, descubrir qué rasgos las emparentan
que tuvieron una proyección lectora en con las que se consideran clásicas del
ámbitos, si no escolares, sí muy próxi- género. De su confrontación habrá 62
mos a la difusión juvenil o adolescente; de resultar un cuerpo de rasgos defi-
obras, por cierto, no siempre de carácter nitorios del subgénero que estamos
literario. Algunos ejemplos de ello son estudiando. Así pues, tras la preceptiva
los referentes que a continuación se lectura de alrededor de dos centenares
enuncian: de ellas, puede extraerse un mínimo de 3
A propósito de las historias con sus-
a. Referentes contemporáneos de cuarenta, que son las que constituyen tancia temática marina, Cf. Garralón
sustancia robinsoniana: Arms- el corpus literario de nuestra investi- (1989)
tron Sperry (Esto es coraje, 1940), gación 4.
Scout O’Dell (La isla de los delfines La difusión de esta modalidad sub-
4
ALCALÁ, X. (1993). Contra el
viento. Madrid: SM. ARNÁIZ, J. (1999).
azules, 1960), Michel Tournier genérica se ha incrementado en las
Rosa de Estambul. Madrid: Espasa.
(Viernes o la vida salvaje, 1971). colecciones editoriales juveniles, hasta BANDERA, C. de la (1998). Cuba linda y
b. Referentes novelísticos de viajes el punto de que desde mediados del perdida. Barcelona: Magisterio Casals.
marinos3: Paula Fox (Que bailen decenio finisecular se encuentra un BOIX, A. (1998). El sello de Salomón.
Madrid: SM. CALLEJA, S. (1998). La
los esclavos, 1974), Peter Carter (El número cada vez más significativo de
isla de los Esclavos Felices. Madrid:
‘Sentinels’, 1980). novelas para jóvenes en las que el tenor Espasa. CASTAÑO BALLESTEROS, I.
c. Referentes no literarios de viajes predominante es la temática de viajes y (1998). Magallanes y Elcano; audacia
de aventura: Joshua Slocum aventuras. Es a partir de 1994 cuando sin medios. Barcelona: Magisterio
(Navegando en solitario alrededor del se alcanza el porcentaje que ronda Casals. DELAM, H. (1995). La maldición
del brujo-leopardo. Madrid: Bruño.
mundo, 1905), Thor Heyerdahl (La el 15% de novelas de aventuras para
DELAM, H. (1997). La selva prohibida.
expedición Kon-Tiki, 1971). jóvenes dentro del panorama editorial Madrid: Bruño. DELAM, H. (1999).
d. Referentes literarios del español en las colecciones específica- Likindú. Madrid: Bruño. DOCAVO, N.
‘remotismo’ novelesco: Herbert mente juveniles; y ese porcentaje se (1997). De vuelta a la cueva. Madrid:
Kauffman (Luna Roja y Tiempo mantiene en diferente grado, según SM. DOMENE, F. (1999). Ana y el mis-
terio de la tierra Mu. Madrid, Anaya.
Cálido, 1958), Alberto Manzi las editoriales. Sea como fuere, no deja DOMENE, F. (1992). La última aventura.
(Orzowei, 1973), Cecil Bodker de constituir una proporción menor Madrid: Anaya. DOMÍNGUEZ, C. (1992).
(Leopardo, 1973), René Guillot (El dentro del panorama temático predo- Bencomo. Madrid. ESPIDO FREIRE, L.
príncipe de la jungla, 1956) minante: la psicoliteratura. (2001). La última batalla de Vincavec.
Madrid: SM. KRAHN, F. (1994). El otro
e. Referentes del ecologismo en las La dimensión aventurera está en la
techo del mundo. Barcelona: Edebé.
novelas de aventura: Hans Radau narración misma, en la prueba heroica LALANA, F. (2000). Almogávar sin
(Pequeño Zorro, el Gran Cazador, que desarrolla el actante protagónico, y querer. Barcelona: Magisterio Casals.
1961), Jean Craighead George no siempre en el resultado –con que se LATORRE, J. M. (1995). Una sombra
(Julie y los lobos, 1972). resuelve, a su favor o en su perjuicio, el blanca. Madrid: Bruño. LATORRE, J.
M. (2000). La incógnita del volcán.
Con muestras como estas, el «tejido desenlace de la trama–. Puede pensarse Barcelona: Edebé. LOPE, M. de (1995).
de aventuras», es decir, el texto aven- que, si la narración de viajes y aventuras El libro de piel de tiburón. Madrid:
turero aparece sin suturas hasta llegar ha de ser ante todo la exhibición de la Alfaguara. MADRID, J. (1996). Los ca-
al corpus concreto que establecemos rebeldía de un personaje especialmente ñones de Durango. Madrid: Alfaguara.
MALLORQUÍ, C. (1997). El último
para nuestra investigación. Partiendo dotado para la acción transgresora,
trabajo del señor Luna. Barcelona:
de ese material previo de lectura, desde habría –desde ese estricto punto de Edebé. MALLORQUÍ, C. (1999). La
los clásicos griegos hasta mediados del vista– muchas obras clásicas, preten- cruz de Eldorado. Barcelona: Edebé.
siglo pasado, ya es posible concebir didamente de aventuras, difícilmente MALLORQUÍ, C. (1998). La fraternidad
la indagación y la selección de piezas inscribibles en la clasificación5. Sin de Eihwaz. Barcelona: Edebé. MARTÍN,
A. (1994). El amigo Malaspina. Madrid:
narrativas contemporáneas que con- embargo, nadie se atreverá a desalo- Anaya. MARTÍNEZ GIL, F. (1996).
genien con el espíritu y con las formas jar La Odisea de su puesto originario La isla soñada. Madrid: Alfaguara.
genéricas de una novelística de viajes como relato clásico de aventuras; como MARTÍNEZ MENCHÉN, A. (1993). La
tampoco –contrariamente– resulta rerlo– a sobrevivir para luego vencer, son
nº 7. 2011 cómodo instalar a la Commedia de Dante las que no se dejan morir en la memoria.
Alighieri en la modalidad de aventuras, Varían los rasgos del héroe, la suti-
por más que toda ella sea también un leza y eficacia de sus armas, la lealtad
aventurado viaje por espacios ilusorios de sus compañeros, el detalle de su
63 en los que la geografía se erige en arqui- paisaje, la calaña de sus enemigos:
permanecen su hazaña y su victo-
tectura integral del mundo y por más
ria. Y esa victoria puede ser leída de
que el viaje constituya un permanente muchas maneras, es fundamental-
encuentro con lo desconocido, circuns- mente ambigua porque la vida que en
tancia propicia para las ensoñaciones de ella se afirma es irreductiblemente
quien quiere aspirar a traspasar la rea- múltiple. Incluso puede hallar por
lidad inmediata. Por esto Mario Merlino fin lo posible en el gesto mismo de la
(1989:9), mediante su argumentación, muerte (Savater 1998:150-151).
se proponía destruir: A estos relatos nos estamos refiriendo.
1.- El prejuicio que ha descalificado Sin concederles la altura arquetípica de
el marbete novela de aventuras, usado los clásicos del género –Defoe, Steven-
como medio de subestimar el género, son, Melville, Conrad– todas las obras
de colocarlo por debajo de la gran aquí seleccionadas participan de los
literatura (y la literatura –algunos rasgos subgenéricos de la modalidad
necios no lo saben todavía– no se que tratamos. Es conveniente, ahora,
anda con pequeñeces), por conside-
que pasemos revista a los elementos que
rar que lo que entretiene es malo y lo
que instruye y hace pensar es bueno. las caracterizan.
2.- El error que consiste en ocultar
espada y la rosa. Madrid: Alfaguara. el hecho de que la aventura (y el acon- 5. Notas para poética de la novela
MENÉNDEZ, E. (1990). La expedición
tecimiento, diría Yuri Lotman) es la juvenil contemporánea de aventuras
perdida. Barcelona: Magisterio Casals.
MOLINA, I. (1997). El señor del Cero.
unidad mínima necesaria para que A nadie escapa la labilidad existente
Madrid: Alfaguara. MUÑOZ PUELLES, V. haya argumento y, por lo tanto, suce- en todo intento caracterizador de este
(1998). La isla de las sombras perdidas. sión narrativa. tipo de narraciones. Es una ambigüe-
Madrid: Bruño. OLAIZOLA, J. L. (1998): 3.- La pretensión de delimitar el dad genérica que más procede de la
Camino de Etiopía. Madrid: Espasa. género, calificándolo de especial- fragilidad de sus límites que de la con-
PUERTO, C. (1996). Las huellas del mente apto como lectura para jóvenes,
misterio. Barcelona: Everest. ROMEU, sistencia de sus núcleos esenciales.
lo que ha originado adaptaciones
C. (1998). Tristán en Egipto. Madrid: Parasitaria para algunos, engen-
ñoñas, cuando no guías de lectura
SM. TEIXIDOR, E. (1995). Corazón dradora para otros. Sublime en el
simplificadoras y hasta moralistas,
de roble. Madrid: SM. VELASCO, J. Quijote o en la Odisea, irrelevante y
L. (1996). Atrapado en la oscuridad.
como si leer fuese cosa de catecismo
absurda en la narrativa de quiosco.
Madrid: Bruño. VELASCO, J. L. (1993). (1989:9).
Renovadora para la novela misma en
El guardián del paraíso. Madrid: SM. Si decidiéramos sintetizar el contenido Robinson Crusoe o en el Lazarillo,
VELASCO, José Luis y MORALES, C. esencial de las novelas de aventuras, su monótona e iterativa en el espectro
(1999). La medalla de ámbar. Madrid: formidable mensaje filoheroico, podría- inagotable que parte de esos mismos
Espasa. VIDAL, C. (1999). El perro de
Gudrum. Madrid: Espasa. VIDAL, C.
mos indicar que se trata de una hallazgos (Bardavío 1977:13).
(2000). Los tres días del gladiador. inquebrantable vocación de indepen- Pero es cierto que existen unos rasgos
Madrid: SM. VILLALOBOS, F. (2000). dencia, de arrojo y de generosidad. Las identificadores del subgénero que hemos
La escarapela blanca. Madrid: SM. novelas contemporáneas que determi- podido contrastar en nuestra investi-
VILLANES, C. (1992). La otra orilla.
namos como base de nuestro trabajo gación, y que mantienen en estrecho
Madrid: Anaya.
acumulan las mismas propensiones que contacto los hitos literarios de incon-
5
El de Ulises, por ejemplo, quedaría delata la clasicidad del género: ilustrar testable filiación «aventuresca» con las
fuera de esa caracterización, puesto los sueños adolescentes, perfilar el vigor obras contemporáneas de destinatario
que lo que él pretende es regresar a su de sus tendencias y acompañarlos en el juvenil. Las mentes de los adolescentes se
hogar y abrazar las cualidades rasas
que lo devuelvan a la serena molicie
despertar a la conciencia autónoma de nutren de fascinación, se alimentan de la
del hombre rutinario, de la que se vio sujeto. Precisamente por ser relatos que hipertrofia vital ajena; y, con frecuencia,
forzado a salir. enseñan –de algún modo, y sin que- ajena a lo cotidiano. La aventura está el
núcleo germinal de cuanto se ha narrado fascinada de los adolescentes se man-
siempre; el punto de apoyo crucial tenga encendida la llama del asombro nº 7. 2011
para ese empuje hacia dentro que es la por la acción de aventura.
introspección del ser humano fascinado. Esta novela reasume algunos de los
Aventura, héroe y viaje son conceptos sentidos fundacionales del género, pero
indisociables en el devenir de la textura lo hace recontextualizando un espacio 64
literaria de filiación épico-narrativa. cada vez menos idóneo para lo inespe-
El proceso de aquilatamiento temático rado y con la promesa menos clara de un
y estructural de la novela de aventuras ha combate aventurero. Los viejos rasgos
recibido ajustes por parte de algunos6; del relato de viajes y aventuras apare-
6
Salvador Vázquez de Parga (1999
sin embargo, hay un acuerdo general cen ahora ritualizados y ciertamente
y 2003) se ha esforzado en acotar el
tácito, del que ya hemos dado cuenta, ofrecen una lectura de menor encono, campo de la novela de aventuras. Su
relativo a situar una determinada emer- pero también éticamente más evolucio- tendencia se resume en la eliminación
sión de títulos, sobre todo en el siglo nada. Las actuales novelas de viaje, por de la temática netamente mitológica,
XIX, como tiempo de plenitud para este ejemplo, ponen la geografía humana al en la exclusión de las narraciones
épicas y de todas aquellas historias
subgénero temático-literario. Pero el servicio de la búsqueda de «lo otro» con en las que las acciones del héroe se
mundo cambia, lo inconcebible ayer el transparente objetivo de redescubrir fundan con un ideal colectivo; asimis-
es habitual hoy, lo añejo actualiza sus «lo nuestro». Lo que la antigua desidia mo, rechaza aquellas obras en que lo
formas, los rostros agrios de la aventura intelectual eurocentrista de novelas fantástico supera con creces los datos
de la realidad inmediata o histórica.
con aristas suavizan formas y presenta clásicas de aventura nos presentaba
faces presentables y «aggiornadas». como «lo distinto», la moderna narra- 7
Sigue valiendo el término acuñado
La aventura pura –si es que alguna vez tiva de viajes y aventuras nos lo exhibe por el profesor Cervera (1991)
existió el término, el concepto y la reali- como «indistinto». La indistinción
dad– se ha ritualizado. La novela clásica ética entre «lo otro» y «lo nuestro» es
8
Un significativo elenco de obras de
este tenor puede hallarse, por ejemplo,
de viajes y aventuras no se detuvo en el una de las evoluciones cruciales de esta en José María Bardavío (1977: 16-17),
XIX; ya hemos referido su tránsito sin novelística. donde se ensaya una clasificación
interrupción. Aunque sí se reubicado, Sin pretender dejar completa la cues- por géneros, modalidades y países de
haciéndose presente en esa novelística tión en estas líneas, podemos establecer procedencia de sus autores, así como
en Rai Ferrer (1981) que, además de
con destinatario definido: la novela sumariamente una suerte de inventario
un interesante prólogo de Fernando
juvenil contemporánea, fundamental- con los rasgos identificadores, capaz de Savater, contiene una personal relación
mente. Fue, siglos atrás, una literatura compendiar el cúmulo de características del corpus genérico. Basta constatar
«ganada» para los jóvenes7; ahora hay que configuran la modalidad genérica10. las fechas de publicación de todas esas
interesantes muestras de esa misma Cualquier observación atenta advertirá novelas para verificar su ubicación
fundamentalmente decimonónica. Cf.
modalidad concebida y destinada ex en esta lista, más que ausencias impor-
Ferrer y Savater (1989).
principio para jóvenes, en cuyas historias tantes, cualidades o atribuciones propias
se han ido transmutando los rasgos que de otros géneros narrativos; ciertamente 9
Teresa Colomer anotaba hace años
definían el género clásico8. es así –no podría ser de otro modo–, su disolución: “(…) en la literatura
Desde poco antes del último decenio puesto que la narrativa contemporánea infantil y juvenil actual, el género
de la aventura, según estos modelos
del siglo XX hasta ahora, la narra- de aventuras posee contactos necesa- clásicos se produce en muy escasa
tiva juvenil contemporánea ha dejado rios con la novela de viajes y la novela medida. En líneas generales, y entre los
pruebas de que una similar producción histórica, además de con otras modali- años setenta y noventa, han desapa-
sigue vigente y continúa atrapando a dades o cuerpos temáticos cercanos. Sin recido los imaginarios configurados
por piratas, exploradores, bandoleros
los jóvenes lectores de nuestros días. embargo, se da la circunstancia de que la
o náufragos que luchan y recorren
¿Acaso son estos unos malos tiempos copresencia de un número significativo selvas, mares, islas o tierras ignotas.
para la aventura9 y para el viaje de des- de rasgos –en torno al 60% de ellos– Su presencia se reduce, o bien a esce-
cubrimiento? Nosotros sostenemos que habría de conducirnos a la adscripción narios imaginarios y convencionales,
el universo de la comunicación masiva, de tal o cual pieza narrativa dentro de la en los que los personajes se refugian o
juegan imaginativamente, o bien a su
la abundancia de información, el cono- modalidad de aventuras. Con todo, ha de utilización como elementos de género,
cimiento abrumador de lo más lejano y concedérsele el carácter de provisional listos para la parodia humorística y el
lo más ajeno no impide que en la mente hasta tanto no se contraste con otras cla- juego metaliterario”. (1995:24)
sificaciones suficientemente validades Estos son los rasgos caracterizadores
nº 7. 2011 tras una reflexión comparatista e inter- para una eventual poética de las novela de
textual. He aquí, pues, de modo sumario, viajes y aventuras. El compendio parco y
la lista de los rasgos constitutivos del enumerativo no ha de esconder la mul-
subgénero novelístico de aventuras. titud de matices que concurren en cada
65 I. Fuerte presencia de lo una de las referencias; y acaso no sea este
iniciático. el momento para explicitarlos. Podemos
II. Frecuente inclusión de apuntar, no obstante, que en la actuali-
aparato histórico. Abundan dad, y dentro del ámbito de la producción
en el corpus las aventuras literaria con destinatario juvenil, esta
traspasadas por la poética de la submodalidad genérica presenta «relec-
novela histórica. turas» de todos estos rasgos en mayor o
III. Pacto de lectura intertextual. menor proporción11. Las seis primeras
Hay una nítida apelación a características anotadas continúan
los saberes enciclopédicos poseyendo hoy en día similar capacidad
personales o –en otros términos– descriptora para el género: la posibilidad
a la enciclopedia cultural del transformadora –iniciática– que la obra
lector: saberes paralelos de índole literaria ejerce en la formación de los
varia, imprescindibles para la jóvenes, la apelación a saberes diversos
recta recepción. en las exigencias receptivas de los textos,
IV. Desplazamiento en el la frecuente presencia sustancial de lo
espacio como constituyente histórico, el encuentro con espacios
sustancial: viajes hacia lugares humanos y geográficos ajenos o distan-
ajenos a la cotidianeidad del tes, el final favorable a las aspiraciones
protagonista: exotismo, con un del protagonista y el robinsonismo como
fuerte componente itinerante. experiencia de autofundación personal
V. Tendencia a un final positivo del adolescente guardan una estrecha
para el héroe: frecuentemente relación con las marcas clásicas y con-
limitado o ambiguo en su servan en buena medida su naturaleza
percepción del éxito. fundacional. En ellas se ha producido
VI. Rasgo modalizado de relectura y actualización.
supervivencia: robinsonismo, Sin embargo, en las cuatro últimas se
valores de independencia y ha producido dilución. Cuatro rasgos
autogestión. que contribuían a describir con toda
VII. Rasgo de conquista- nitidez la novelística clásica de viajes y
colonización: siempre se halla aventuras se han transformado en sus
algún contenido en el que opuestos. «Conquista», «violencia»,
emergen estos conceptos. «maniqueísmo» y «masculinidad»
VIII. Intervención de la violencia se han convertido, respectivamente, en
(ritualizada o real): fuerte «encuentro», «acogimiento», «inde-
presencia del riesgo. terminación» e «indistinción». Esa
10
En el Cuadro del final, correspon- IX. Cualidades protagónicas: es la interesante línea de investigación
diente al análisis narratológico, podrán
vinculadas a la valentía, la contrastiva que bien podría continuarse
verse con precisión los elementos
sujetos a catálogo y estudio de los que autonomía y la generosidad, más allá de estas páginas. Una pers-
nos hemos valido para las conclu- frente a los contravalores pectiva en literatura comparada puede
siones de este apartado de nuestra del antagonista: cobardía, ofrecer pormenores acerca de esta con-
investigación.
heteronomía y ambición; versión; en ella podríamos descubrir,
11
En otro lugar ya tratamos estos
pervivencia del maniqueísmo. por ejemplo, hasta qué punto la rituali-
aspectos, con matices y aportaciones X. Preponderancia de lo zación de las pulsiones colonizadoras se
diferentes. Cf. Luengo Almena 2010. masculino. han convertido en deseos de encuentro
con lo semejante-distante; o en qué cipalmente en los trabajos de M. Bajtin
medida el riesgo y la violencia física han (1989), G. Genette (1989), T. Todorov; nº 7. 2011
mutado en voluntades de acogimiento y así como en estudios singulares de T.
fusión entre aparentemente distintos; o Albadalejo (1986) y T. Colomer (1998).
cómo los valores maniqueos de protago- a. Modelo de lo ficcional. El concepto
nistas y antagonistas ya no tienen tanto de “mundo posible” tiene especial 66
que ver «lo mío» frente a «lo ajeno», importancia porque la ficción permite
sino con la indeterminación entre las escapar a los criterios de verdad/
polaridades de lo bueno y lo malo; o, falsedad y, por el contrario, apelar a la
también, la manera en que las tradicio- coherencia interna dentro de los tres
nales virtudes viriles que acompañaban modelos establecidos por Albadajejo:
a los héroes de viajes y aventuras están modelo de realidad efectiva, modelo
logrando la indistinción entre sexos. El ficcional verosímil y modelo ficcional no
periplo de la novela juvenil contempo- verosímil. La novela juvenil de aventuras
ránea de viajes y aventuras migra desde tiende a la segunda de estas modalidades.
su lejano punto de origen, conformado b. Marco espacial. El espacio de
por «lo otro», hasta la con-fusión con aventuras es el soporte de la acción y
«lo nuestro», rindiendo curso en las el medio en el que actúa la sustancia
intersecciones de aquello que nos une aventurera. La importancia de esta
y dejando fuera aquello que nos separa. instancia literario-discursiva fue en su
Solo hay cruce de secciones que jamás día motivo de especial detenimiento
existe fuera del cruce de culturas. El en las observaciones del Bajtin (1989)
viaje y la aventura es el fin, el medio y el a propósito del concepto de cronotopo.
mensaje; el viaje es el cruce de caminos. En nuestro caso, la discriminación
La literatura lo enseña y demuestra que más significativa para la descripción de
el centro del círculo coincide con aquel espacios narrativos de aventura es la que
punto en el que más confluencias se distingue: espacio único frente espacio
producen; ese preciso lugar radica en plural; espacio dominado frente a
el corazón del ser humano, que halla lo espacio indómito; espacio cerrado frente
verdaderamente suyo en la congregación a espacio abierto y espacio próximo
con lo otro. La novela juvenil contempo- frente a espacio remoto. Son los segundos
ránea de aventuras transita ese camino elementos de cada par los que coinciden
cordial. mayoritariamente con las narraciones
de viaje y aventura. A pesar de ello, se
6. Elementos para el análisis dan algunos casos en que alguno de esos
literario del corpus rasgos queda diluido en función de las
Hemos seleccionado diez elementos condiciones de la historia.
de descripción y estudio narratológico c. Marco temporal. En este aspecto
susceptibles de caracterizar adecuada- nos interesa la cualidad del tiempo de la
mente cada una de las cuarenta novelas fábula –en la acepción narratológica de
juveniles que constituyen nuestro Lotman–; es decir, la proximidad o la
corpus literario12. Sometiendo cada lejanía de los ambientes que se narran en
obra al escrutinio de las variables, que ella. Contemplamos tres posibilidades
a continuación indicaremos, se está en la descripción (tiempo antiguo,
en disposición de aglutinar los rasgos tiempo actual y tiempo indeterminado).
recurrentes en las novelas de aventuras Contrariamente a lo que pudiera
que contribuyen a la identificación de parecer, la novela contemporánea de
las peculiaridades de nuestra modali- aventuras no recurre sistemáticamente 12
Para la lista en cuestión, Cf. nuestra
dad narrativa. Las referencias teóricas a ubicaciones cronológicas antiguas, nota 3; para la remitirse a la investiga-
de nuestro método están basadas prin- ni se prodiga en marcos históricos ción matriz, Cf. nota 1.
alejados de la contemporaneidad. Este narrativa o bien se limita a ofrecer una
nº 7. 2011 es uno de los datos que más difiere de linealidad crónica en el planteamiento
las percepciones apresuradas que suelen de las acciones que configuran el relato.
dedicársele a este subgénero. La novela Las mencionadas distorsiones son las
juvenil contemporánea de aventuras de encargadas de la ruptura de la linealidad
67 filiación clásica no es subsidiaria de la del relato, de manera que se habla
novela histórica, por más contactos que de tiempo retrospectivo o analepsis
pueda tener con ella. En nuestro estudio – introducción de acciones anteriores al
hemos constatado solo alrededor de momento de la narración–, la prolepsis
un 15% de novelas con predominio o anticipación –introducción de acciones
temporal instalado en lo histórico. posteriores al momento de la narración–
d. Desenlace. Estas narraciones de y el tratamiento simultáneo del tiempo o
acción, viaje y aventura poseen una contrapunto –intercalación sucesiva de
propensión hacia los finales notablemente acontecimientos que suceden al mismo
definidos y desenlaces positivos para tiempo en distinto lugar–. En nuestras
el héroe. Pero las narraciones juveniles observaciones hemos podido constatar
actuales comparten con las clásicas la que en la moderna novela de aventuras
naturaleza de sus desenlaces, pero matizan para adolescentes no se abusa de los
la tendencia hacia los finales abiertos y discursos lineales, sino que caben en ella
no estrictamente positivos. A pesar de la algunos elementos más habituales en las
subjetividad con que pueda ser recibida narraciones sin destinatario definido o
por los jóvenes lectores cualquiera de adultos, como la analepsis combinada y la
estas narraciones, consideramos útil superposición de distintos tratamientos
establecer estos ítems –positivo frente a en el tiempo narrativo.
negativo y definido frente a indefinido– f. Personajes protagónicos. Las cuatro
para la caracterización. variablesqueentendemosmásreveladoras
e. Tiempo narrativo. Genette (1998) para la descripción de este aspecto de
indicaba que hay cinco movimientos nuestro subgénero son el sexo, la edad
esenciales que regulan el ritmo narrativo (joven-adulto-combinado), la dedicación
de cualquier relato: elipsis, sumario, escena, (determinada-indeterminada) y los
pausa y digresión reflexiva. Todorov (1988) valores. La mayoritaria propensión
hablaba de tiempo del relato (o tiempo protagónica masculina de la novela
de los personajes) y de tiempo de lectura clásica de aventuras era algo que
(o tiempo de la recepción). Todos esos quisimos matizar confrontándolo con
conceptos nos ayudan a evaluar los rasgos las actuales historias. A pesar de que ya
predominantes del uso temporal en los no está basculada hacia lo masculino,
relatos juveniles de aventuras en virtud de esta variable no llega al igualitarismo
la mayor o menor dificultad de recepción porcentual; siguen predominando los
narrativa. En tal sentido, por ejemplo, protagonistas varones, aunque cada
en esta novelística contemporánea vez más se intercala el coprotagonismo
son muy escasas las presencias de femenino en este tipo de historias. El
digresión narrativa, por lo que contiene factor de la edad de los protagonistas es un
de enlentecimiento de la acción, así dato que se ha venido inscribiendo en la
como de las distorsiones o acronías de misma caracterización del subgénero; sin
las que hablaba Barthes (2002). Por embargo, no faltan ejemplos en que ello
lo que a nosotros respecta, interesa no es así. Aun predominando los caso en
comprobar si el marco cronológico que en que eso es así, no es la exclusividad
interno del relato es líneal o discrónico, de ese rasgo su nota más definitoria.
es decir, si la novela juvenil asume un Lo cierto es que abunda en el corpus
determinado volumen de complejidad el coprotagonismo de figuras adultas,
lo que, por cierto, era ya característica descripción hemos seguido a Genette (1989
propia de los relatos iniciáticos. Cosa y 1993), cuando habla de focalización cero, nº 7. 2011
parecida ocurre con la dedicación de focalización interna y focalización externa.
los protagonistas. Con la identificación La voz como instancia narrativa o como
de esta variable se puede acceder a procedimiento de enunciación en el que se
conocimiento de la caracterización sitúa en narrador, ofrece dos posibilidades: 68
más frecuente de los protagonistas en la heterodiegesis y la homodiegesis;
términos de vinculación con la empresa hemos considerado instrumentalmente
aventurera: si el protagonista asume como suficiente estas distinciones para el
sujeto la gestión de las acciones o si estas trabajo de descripción sumaria del corpus,
sin que procedan de la determinación de aunque estamos muy al tanto de la excesiva
su empeño: hasta qué punto los personajes simplicidad que entrañaría abordar el
principales revelan un protagonismo estudio de la voz narrativa de una obra
directo o un protagonismo diferido13. Y concreta con estas herramientas simples.
en última instancia, la variable de los Los matices, también aquí, resultarían
valores protagónicos; sobre ello, importa necesarios y reveladores. Podemos dejar
determinar las cualidades alrededor de apuntado, no obstante, que la distribución
las cuales se categorizan los sujetos de de la voz narrativa en las novelas
la acción heroica. En la novela clásica seleccionadas tiene una tendencia hacia la
eran los conceptos de «curiosidad» y focalización interna, pero sin menoscabo
«valentía» los que cualificaban a todos de las otras: 20 novelas homodiegéticas,
los protagonistas. La primera, en tanto 12 con perspectiva heterodiegética y 7 con
que afán de conocimiento, deseo de saber, ambos puntos de vista simultaneados como
actitud de búsqueda; es esta cualidad la consecuencia de la complejidad narrativa
que desencadena, finalmente, la gestión con que se concibieron. Asimismo, las
de la aventura. La segunda, el concepto marcas de la diegesis (narrador en 1ª o 3ª
de valentía se relaciona con el esfuerzo, persona) también han de forma parte de
el aliento, el vigor, así como con la acción los elementos de descripción de cada obra;
que excede las trivialidades del modelo en nuestro corpus predomina la tercera
de vida rutinario. Ambos valores están persona del singular, aunque con poca
presentes en todos los protagonistas de diferencia con respecto a la primera.
nuestro corpus literario juvenil, si bien i. Narratario. Para nuestro estudio
en ocasiones son relecturas del arquetipo interesa verificar la presencia o la ausencia
heroico decimonónico. del narratario, así como su cualidad de
g. Personajes antagónicos. Esta variable implícito o explícito. En el ámbito de la
se relaciona directamente con la anterior progresiva complejidad narrativa del
en tanto que se verifican los contravalores discurso narrativo juvenil a la que aludía
correspondientes. El maniqueísmo de las Colomer (1998:265-285), la instancia
novelas clásicas ha dado paso –ya se ha denominada “narratario” evoluciona
dicho– a mayores cotas de indistinción. hacia rasgos de menor explicitud, pero
Podemos anotar que la heteronomía, manteniendo la presencia a toda costa.
la ambición desmedida y las actitudes Podemos confirmar que la preponderancia
13
Acuñamos ambos conceptos para
cobardes son pautas aún frecuentes en esta de un narratario implícito o escasamente
nominar las dos actitudes protagónicas
novela juvenil, aunque, naturalmente, la marcado es un rasgo identificativo de que indicamos, y que podrían ejempli-
explicación de ella está sujeta a matices nuestra modalidad genérica en novelas ficarse en las actitudes de dedicación
concretos de cada obra, difíciles de destinadas a jóvenes de catorce años. de algunos modelos clásicos: Jim
precisar ahora. j. Exigencias de la enunciación Hawkins o el capitán Ahab, para la
dedicación directa; y Robinson Crusoe
h. Focalización. A pesar de la abundancia discursiva. A propósito del grado de o el profesor Aronax para la dedica-
de los estudios sobre esta instancia exigencia narrativa, también hemos ción indeterminada o protagonismo
narrativa, para nuestro trabajo de comprobado una superioridad de diferido.
ella en las novelas contemporáneas tual con discursos audiovisuales, que
nº 7. 2011 de género con respecto a las clásicas favorece el aligeramiento de la consis-
del siglo XIX: poliargumentalidad, tencia descriptiva de estas novelas. El
encastamiento de narraciones interiores, autor deposita la confianza en la enci-
encadenamiento de discursos así como clopedia cultural de los lectores y apela
69 confluencia discursiva de conflictos. constantemente a ella, incluyendo los
Junto a estas frecuentes complejidades, materiales descriptivos del espacio entre
hay –por contra– una clara tendencia al lo consabido del imaginario aventurero.
férreo capitulado predominantemente En otros términos: el autor implícito14
informativo y un promedio de 11,5 páginas ajusta su discurso al del lector implícito15
por capítulo. La recepción de la novela a que será quien dirima las condiciones del
cargo de los jóvenes lectores se compone marco narrativo del relato en virtud de la
también de tendencias a la fragmentación activación de sus conocimientos previos
–incluida la posibilidad de lectura acerca de los espacios y circunstancias
fragmentada, por breves capítulos, sin contenidos en la trama novelesca.
deterioro de su seguimiento– y a la
nítida conducción informada mediante 7. Algunas conclusiones
capítulos bien identificados a través de Los rasgos caracterizadores de la
significativos títulos concretos. modalidad del género, aquellos que
Por otro lado, en novela juvenil con- determinan la adscripción de nuestras
14
Concebimos esta instancia como temporánea de aventuras es de todo novelas al cuerpo de la novelística de
sujeto de la enunciación del discurso
punto insoslayable el tratamiento de aventuras, son determinantes para
novelesco, que transmite mensajes
para la recta interpretación de la
la intertextualidad. Resulta imposi- la elaboración de una poética del
historia, adelanta metanarrativamente ble encontrar una sola de esas novelas subgénero. Pero no lo son menos la coin-
rasgos del discurso, hace comentarios actuales que no se halle íntimamente cidencia de rasgos estructurales que se
sobre los personajes, da informa- relacionada con la vasta enciclope- aglutinan alrededor de las obras que
ciones de tipo erudito abiertamente
dia audiovisual de los lectores de hoy, seleccionamos. Cuarenta novelas juve-
teñidas de ideología. Por ello tiende
a confundirse con el “autor empí-
en particular, los más jóvenes. Dicha niles –seleccionada de entre muchas
rico”, del que debe ser distinguido apelación, por constante y por intensa, más posibles– que pertenecen al ámbito
claramente. Tendría los rasgos del proporciona claves de lectura de de la aventura y el viaje son un material
intervencionismo, la reflexividad y la primer orden y, además, interviene suficiente para constatar su perviven-
superomnisciencia. En otros términos,
en los procesos de creación de per- cia, suficiente para dedicarle estudios
como decía Roland Barthes (2002) el
que habla en el relato no es el que es-
sonajes, ambientes, descripciones y de descripción y caracterización que
cribe la novela, y el que escribe novelas tramas argumentales. En unas oca- iluminen el panorama literario de la
no siempre es el que es. siones para obviarlos –habitual en el recepción juvenil de obras contemporá-
caso de las descripciones–, en otras neas. Asimismo, creemos que también
15
Si damos por buenas las aproxi-
para imitarlos –sobre todo en lo refe- son adecuadas para ensayar una carac-
maciones de Wolfgang Iser (1987),
el lector implícito es la instancia
rente a los ambientes y a los espacios terización narratológica que dé cuenta
inmanente de la recepción del mensaje narrativos–, y en algunas otras, para de la especificidad de su naturaleza,
narrativo configurada a partir del superarlos y actualizarlos –caso de las además de invitar a nuevas investiga-
conjunto de lagunas, vacíos y lugares tramas argumentales y la selección de ciones sobre las peculiaridades de su
de indeterminación que las diferentes
los personajes–. He ahí una influencia recepción entre los adolescentes y sus
técnicas empleadas en la elaboración
del discurso van dejando, así como por
directa a la que se ven sometidos los virtualidades en la confirmación o no
aquellas otras determinaciones de la escritores actuales de novelas juveni- de hábitos lectores.
lectura posible del mismo que subya- les de aventuras; la mediación de los
cen en procedimientos como la ironía, discursos fílmicos ejerce su influencia
la metáfora, la parodia, la elipsis, etc.
determinante en los ámbitos receptivos
Dentro de los posibles receptores del
texto novelesco, esta es la variante
y en los productivos.
más sutil, aunque es la única que se En el seno de la instancia receptiva
da en todos los textos narrativos sin juvenil se produce un diálogo intertex-
excepciones.
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nº 7. 2011
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TÍTULO
nº 7. 2011
AUTOR
EDITORIAL

MODELO FICCIONAL
71 Modelo de realidad efectiva
Modelo de lo ficcional verosímil
M. de lo ficcional no verosímil

MARCO ESPACIAL
Único/Plural
Dominado/Indómito
Abierto/Cerrado
Próximo/Remoto

MARCO TEMPORAL
Antiguo/Actual/Indeterminada

DESENLACE
Positivo/Negativo
Definido/Indefinido

TIEMPO NARRATIVO (INTERNO)


Lineal o Crónico/Discrónico

PERSONAJES PROTAGÓNICOS
Sexo: masculino/femenino
Edad: joven/adulto/combinado
Dedicación: Determinada/Indeterminada
Valores protagónicos:

PERSONAJES ANTAGÓNICOS
Sexo: masculino/femenino
Edad: joven/adulto/combinado
Dedicación: Determinada/Indeterminada
Valores antagónicos:

FOCALIZACIÓN (Narrador...)
Homodiegético/Heterodiegético

NARRATARIO
Implícito/Explícito

NIVEL DE EXIGENCIA EN LA ENUNCIACIÓN


Monoargumental/Poliargumental
Encastamiento
Encadenamiento
Confluencia de conflictos
Promedio pág./cap.
Capitulado informativo/numérico

MARCAS DE DIÉGESIS
1ª/3ª personas
Presente/Pasado

APELACIÓN A ENCICLOPEDIA PERSONAL


Metaliterarios
Histórico-geográficos
Científico-técnicos
Fílmico-televisivos

Cuadro 1: Instrumento para el análisis narratológico de las obras


(Muestra adaptada gráficamente para la ocasión)