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HISTORIA

Unidad temática 5
Guerra fría

2014
Unidad temática 5: La guerra fría
Esta unidad temática aborda las relaciones entre el Este y el Oeste desde 1945. Se propone
promover una perspectiva internacional y la comprensión de los orígenes, el desarrollo y los efectos
de la guerra fría –un conflicto que dominó el panorama global desde el final de la segunda guerra
mundial hasta el principio de la década de 1990–. Es necesario considerar la rivalidad entre las
superpotencias y los acontecimientos en todas las áreas afectadas por las políticas de la guerra fría,
tales como las áreas de influencia, las guerras en las que algunos países actuaron como
representantes de las potencias, las alianzas y las intervenciones en los países en vías de desarrollo.

Áreas de estudio

Orígenes de la guerra fría


•Diferencias ideológicas

•Suspicacias y temores mutuos

•De aliados de guerra a enemigos de posguerra

Naturaleza de la guerra fría

• Oposición ideológica

•Superpotencias y áreas de influencia

•Alianzas y diplomacia en la guerra fría

Evolución e impacto de la guerra fría


• Propagación mundial de la guerra fría desde sus orígenes en Europa

•Políticas de la guerra fría: de contención, de riesgo inminente o “al borde del abismo”, de
coexistencia pacífica, de distensión

• Rol de las Naciones Unidas y el movimiento de países no alineados

• Rol e importancia de los líderes

• Carrera armamentista, proliferación y limitación de armas

• Impacto social, cultural y económico

Fin de la guerra fría


• Desintegración de la Unión Soviética: problemas internos y presiones externas
• Pérdida del control soviético sobre Europa central y del este

Orígenes de la guerra fría:

Algunos historiadores remontan el origen de la Guerra Fría a la Revolución rusa de 1917, al crear el
primer Estado socialista, alternativo al modelo capitalista dominante.

Más aceptación tiene la tesis de su incubación durante la II Guerra Mundial, cuando la URSS y EE
UU luchaban juntos contra el Eje, y su desarrollo tras la victoria de 1945. Las relaciones entre
Estados Unidos y la Unión Soviética -con estructuras sociopolíticas antagónicas y una misma
voluntad de expansión- entraban en un proceso de deterioro.

En febrero de 1946 el funcionario de la embajada de Estados


Unidos en Moscú,George F. Kennan, envió el “largo telegrama”.
Alertaba de la necesidad de preparar una política
de “contención” frente a los soviéticos, ante la intransigencia de su
política exterior. En julio de 1947 amplió esa idea en la
revistaForeign Affairs. Fue la base para la “doctrina Truman”,
cuando la adoptó el presidente de los EE UU y la materializó en
iniciativas concretas.

La URSS respondió resucitando la III Internacional con el nombre


de Kominform(Oficina Internacional de Información) en septiembre
de 1947, para coordinar a los partidos comunistas bajo el liderazgo de Moscú. Andrëi Jdanov fue
su primer ideólogo. Se estaban dibujando los frentes ideológicos de la Guerra Fría.

La Gran Alianza que había derrotado al Eje en una cruenta guerra de casi seis años se rompió en el
corto plazo de unos meses. La guerra fría entre Estados Unidos y el bloque que dirigirá y la URSS y sus
aliados marcará la escena internacional por casi medio siglo.

La efímera concordia

La ruptura no fue sin embargo inmediata ni inevitable. Roosevelt había soñado en Yalta un mundo
en el que las dos superpotencias que surgían de la guerra, los EE.UU. y la URSS, pudiera colaborar
pese a representar sistemas económicos, políticos e ideológicos tan diferentes. Stalin necesitaba la
cooperación de las otras grandes potencias para reconstruir su país y contaba con la colaboración
norteamericana para la cuestión de las reparaciones alemanas.

Además, el espíritu general de los pueblos europeos era de un profundo anhelo de renovación y
justicia social. El triunfo de los laboristas de Atlee en el Reino Unido y el que los comunistas obtuvieran
más del 25% de los votos en Francia e Italia o el 38% en Checoslovaquia mostraban a las claras la
popularidad de las fuerzas de izquierda que en las zonas ocupadas por los nazis habían llevado el
peso de la resistencia.

Por un momento se pensó que la colaboración era posible. El mejor lo constituía Checoslovaquia:
tras las elecciones de 1946, el presidente de la República, Edvard Benes, representante de la mejor
tradición liberal y demócrata europea, formaba un gobierno de unión nacional en el que un tercio
de los ministros eran comunistas.
Las potencias vencedoras mantuvieron también por poco tiempo diversas acciones comunes:
los Juicios de Nüremberg que significaron el juicio y condena de los altos dignatarios nazis acusados
de crímenes contra la humanidad o los tratados de paz de París firmados en 1947 con los antiguos
aliados de Alemania e Italia son ejemplos de ello.

1946: el creciente enfrentamiento

El ambiente enrarecido que ya se había empezado a respirar en laConferencia de Potsdam terminó


por aflorar claramente en 1946.

En enero se produjo un primer encontronazo en la ONU cuando la delegación iraní protestó por la
prolongación de la ocupación soviética de sus provincias septentrionales, continuación que violaba
un acuerdo firmado por los Aliados durante la guerra. La dura reacción norteamericana consiguió
que la URSS se retirara a los pocos meses.

En febrero, además de descubrirse una red de espías soviéticos en Canadá, Stalin pronunció un
duro discurso en Moscú en el que no dudó en afirmar que el capitalismo y el comunismo eran
"incompatibles" y que la URSS debía prepararse para un período de rearme.

Dos semanas después, George Kennan, experto en asuntos soviéticos del Departamento de Estado
norteamericano, envió un telegrama a Washington. Este telegrama de dieciséis páginas contenía
un análisis demoledor: la Unión Soviética era un estado irrevocablemente hostil a Occidente que
continuaría con su política expansionista.

El 5 de marzo de 1946, Churchill visitó los EE.UU. y pronunció un célebre discurso en la universidad de
Fulton, en el estado de Missouri. El veterano político británico consagró la expresión "telón de acero"
para referirse a la frontera que separaba a la Europa dominada por el ejército soviético del resto.

Como una réplica al telegrama de Kennan, el embajador soviético en Washington, Nikolai Novikov,
envió también un largo telegrama a Moscú en septiembre. En él afirmaba que los EE.UU. buscaban
dominar el mundo y estaban preparando una guerra para ello. Los telegramas de los enviados
diplomáticos eran una buena prueba del creciente deterioro de las relaciones entre los antiguos
aliados.

El año 1946 supuso el fin del entendimiento entre los aliados. Aunque los partidos comunistas
occidentales participaban aún en gabinetes de coalición en países como Francia y como Italia, dos
cruentas guerras civiles enfrentaban a comunistas y conservadores en Grecia y China, y la tensión
entre las administraciones de ocupación occidentales y soviética en Alemania era creciente.

1947: El año de la ruptura

El año 1947 marca el fin definitivo de la antigua alianza. En un Europa en la que la reconstrucción no
ha comenzado aún, el hambre y el descontento social son el contexto en el que crece y crece la
desconfianza entre antiguos Aliados. Mientras los países occidentales desconfían del expansionismo
soviético en las zonas donde el Ejército Rojo se ha asentado, los soviéticos se quejan de que los
occidentales no envían a la URSS la parte correspondiente de las reparaciones que debían
extraerse en sus zonas de ocupación, dificultando la recuperación de una URSS en ruinas.
El año se inició con una clara violación soviética de los acuerdos deYalta en lo referido a Polonia.
Las elecciones se celebraron en enero tuvieron lugar en un ambiente de falta de libertad y
arbitrariedad que permitió el triunfo de los candidatos comunistas.

La Doctrina Truman

En febrero de 1947 una alarmante nota del gobierno británico llegó a Washington. En ella se
informaba a Truman y a su nuevo Secretario de Estado, George Marshall, de que el gobierno de
Londres era incapaz de continuar apoyando al gobierno conservador de Atenas en su lucha contra
las guerrillas comunistas griegas. También comunicaba que la nota que Gran Bretaña era incapaz
de seguir ayudando financieramente a Turquía.

Los norteamericanos reaccionaron vivamente a esta nueva amenaza. Conscientes de que las zonas
bajo dominio soviético eran "irrecuperables", optan por implicarse activamente en la defensa del sur
y del oeste del continente. En un discurso pronunciado el 12 de marzo en el Congreso, Truman no
solo demandó la aprobación de una ayuda de 400 millones de dólares para Grecia y Turquía, sino
que se sentó una verdadera doctrina de política exterior, la Doctrina Truman. Afirmando que EE.UU.
ayudaría a cualquier gobierno que hiciera frente a la amenaza comunista, el presidente
norteamericano proclama la voluntad de su país de aplicar una política de contención del
comunismo ("containment").

Esta nueva voluntad estadounidense tenía su principal desafío en Europa occidental. Aquí la
recuperación tras la devastación de la guerra estaba siendo muy lenta o inexistente lo que
favorecía la agitación y la propaganda comunista. Francia e Italia tenían poderosos partidos
comunistas que podrían ser la base de la expansión soviética al occidente del continente. El nuevo
ambiente de enfrentamiento provocó la expulsión de los ministros comunistasque participaban en
gobiernos de coalición en París, Roma y Bruselas en el período de marzo a mayo de 1947.

El Plan Marshall

Esta medida no era, sin embargo, suficiente. Para contener al comunismo era necesario poner las
condiciones económicos que impidieran su expansión. Así, el 5 de junio de 1947 en un discurso en la
universidad de Harvard, el secretario de estado, George Marshall, anunció el Programa de
Recuperación Europeo (European Recovery Program), conocido popularmente como el Plan
Marshall.

Se trataba de un masivo programa de generosa ayuda económica para Europa. Aunque el Plan
servía claramente a los intereses diplomáticos y de potencia de EE.UU., lo que Churchill calificó,
quizá exageradamente, como "el acto menos sórdido de la historia", supuso una extraordinaria
inyección de ayuda económica que permitió la acelerada recuperación de Europa occidental.

Washington ofreció la ayuda a todos los países europeos, aunque determinó que para recibirla era
necesario crear mecanismos de colaboración económica entre los beneficiarios. Este hecho
precipitó la negativa de Stalin a aceptar el Plan, forzando a los países que habían caído bajo su
esfera de influencia a rechazar la ayuda. El Plan Marshall vino a dividir a Europa en dos: la
occidental que va a iniciar un rápido crecimiento económico y la oriental, sometida a la URSS, y que
va a tener grandes dificultades de desarrollo. La excepción a esta regla fue la España de Franco, a
la que se negó la ayuda por el carácter fascista de su régimen político.
A la vez que EE.UU. lanzaba estaba masiva operación de ayuda, la administración de Truman creó
los instrumentos institucionales de la guerra fría al aprobar en julio de 1947 la Ley de Seguridad
Nacional por la que se creaban la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional.

La respuesta soviética

La URSS, que había obligado al gobierno checoslovaco a renunciar alPlan Marshall tras haberlo
aceptado, reaccionó en septiembre de 1947 creando la Kominform (Oficina de Información de los
Partidos Comunistas y Obreros). Este organismo tenía como finalidad coordinar y armonizar las
políticas de los partidos comunistas europeos.

En la reunión constitutiva de la Kominform, el representante soviético, Andrei Jdanov, emite lo que se


ha venido en conocer como la Doctrina Jdanov: en ella se constata la división del mundo en dos
bloques y la necesidad de que los países de lo que el denominó el "campo antifascista y
democrático" siguieran el liderazgo de Moscú.

Naturaleza de la guerra fría

La alianza de la Unión Soviética con Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia en la II Guerra
Mundial era un pacto circunstancial. La convivencia prolongada entre los regímenes comunistas y
democráticos se hacía imposible.
El ataque alemán al territorio soviético, en el verano de 1941, provocó un giro de la diplomacia
stalinista hacia Gran Bretaña. Tuvo un marcado acento utilitarista: Londres fue requerida por Stalin
para que el ejército británico abriese un frente occidental. Esto fue imposible; pero sí consiguió
transigencia ante las anexiones a la Unión Soviética, de los territorios de Polonia oriental en 1939 y de
los Estados Bálticos en 1940.
Las victorias del ejército soviético se combinaron con una diplomacia, cargada de ambigüedades,
que trataba de tranquilizar a británicos y norteamericanos. Moscú garantizaba ante sus aliados la
libre determinación de aquellos territorios de los que expulsara a los germanos. La intención real era
muy distinta. Después de Yalta (1945), Stalin, Renunciando a la ambivalencia, se negó a la
celebración de elecciones libres en Polonia. Churchill, tras este hecho, llegaba al claro
convencimiento de que el término democracia tenía una lectura radicalmente distinta para las
democracias occidentales y para el bloque soviético. Su idea de unos Estados Unidos de Europa se
mostraba inviable. Fue el primero en prever la inmediata política de bloques y sus riesgos inherentes.
Características:
 La estructuración de un sistema bipolar rígido, en el que no cabían las posiciones intermedias, que
alineaba a dos bloques de países agrupados en torno a dos potencias imperiales, Estados Unidos y
la Unión Soviética. El mundo de la posguerra había sido preparado para contemplar la hegemonía
de los tres grandes, pero el agotamiento del Reino Unido y los graves problemas que le acarreó su
proceso descolonizador, le forzaron a descargar paulatinamente sus responsabilidades
internacionales en los norteamericanos, que se convirtieron así en los gendarmes occidentales
frente al bloque soviético.
 La tensión permanente entre los dos polos, motivada por la búsqueda del equilibrio estratégico en
un mundo profundamente alterado por la II Guerra Mundial y sometido a continuos cambios en la
posguerra. La necesidad de una reafirmación permanente del liderazgo de las dos superpotencias,
el forzado alineamiento de las demás naciones y el continuo rearme militar e ideológico son las
consecuencias más importantes de la búsqueda del equilibrio, que halla en la carrera nuclear su
máxima expresión.
 Una política de riesgos calculados destinada en un primer momento a la contención de los avances
del adversario y luego a disuadirle de cualquier acto hostil pero evitando provocar
un conflicto de carácter mundial. Esta política condujo a la continua aparición de puntos calientes.
 Corea, Berlín, Cuba, etc.-, donde los bloques midieron sus fuerzas, dispuestos a reconstruir el "status
quo" por la vía de la negociación, en cuanto a la asunción de riesgos fuera excesiva para ambos.
La incertidumbre ante las intenciones y la capacidad de resistencia del adversario forzaban a un
continuo incremento de la capacidad ofensiva de los bloques; ya que el último riesgo a asumir,
presente siempre en los planes de los Estados Mayores, sería la Tercera Guerra Mundial.
 El papel asignado a la Organización de las Naciones Unidas como foro de discusión entre los
bloques, último recurso ante la crisis y escenario de la propaganda de los adversarios. Pese a los
efectos negativos del veto, el "directorio mundial" que representaban los miembros permanentes del
Consejo de Seguridad y el creciente protagonismo de la Asamblea General y del Secretario,
convirtieron a la ONU en una vital plataforma de diálogo en unos años en los que
el lenguaje internacional aparecía cargado de connotaciones bélicas.

Existe en la comunidad historiográfica cierto acuerdo en que la Guerra Fría, como conflicto que
enfrentó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos de América durante la
segunda mitad del siglo XX, comenzó poco después de acabar la Segunda Guerra Mundial. Pero
¿qué ocurrió para que este enfrentamiento fraguara?

Dos interpretaciones se disputan las preferencias de los expertos. La primera afirma que,
geoestratégicamente, Estados Unidos y Rusia estaban destinados a chocar tarde o temprano por el
dominio del mundo. Esta interpretación tiene apoyo en la predicción que hizo Alexis de Tocqueville
en La democracia en América, publicado entre 1835 y 1840, mucho antes de la revolución
bolchevique. Escribió el autor francés:

Hay hoy en la Tierra dos grandes pueblos que, habiendo partido de puntos diferentes, parecen
avanzar sobre un mismo fin. Son los rusos y los angloamericanos. Los dos han crecido en la
oscuridad, y mientras las miradas de los hombres estaban ocupadas en otra parte se colocaron de
golpe en la primera fila de las naciones, y el mundo conoció al mismo tiempo su crecimiento y su
grandeza. Todos los demás pueblos parecen haber llegado, poco más o menos, a los límites que fijó
la Naturaleza, y no tener ahora otra cosa que conservar. Aquellos, en cambio, están en crecimiento.
Rusia es, de todas las naciones europeas, aquella cuya población aumenta proporcionalmente de
modo más rápido. Para alcanzar su fin, el pueblo norteamericano descansa en el interés personal y
deja obrar, sin dirigirlas, la fuerza y la razón de los individuos. El ruso concentra de alguna manera en
un hombre todo el poder de la sociedad. El uno tiene como principal medio de acción la libertad;
el otro la servidumbre. Su punto de partida es diferente, sus caminos son diversos; sin embargo, los
dos parecen llamados por un secreto designio de la Providencia a tener en sus manos los destinos
de la mitad del mundo.

Sin embargo, la Guerra Fría fue en esencia un conflicto ideológico, no entre una democracia y un
régimen autárquico, que era en lo que pensaba Tocqueville, sino entre una democracia capitalista
y un régimen comunista. Esta es la segunda interpretación. La victoria del comunismo en Rusia la
llevó a enfrentarse con la gran potencia capitalista. Sin la revolución no hubiera sido posible el
enfrentamiento.

Tuviera o no razón Tocqueville en lo de que Rusia y América estaban predestinadas a enfrentarse,


con revolución comunista o sin ella, o quienes opinan que sin bolchevismo no hubiera habido
Guerra Fría, el caso es que los beligerantes fueron un país comunista y una democracia occidental,
y que la lucha estuvo marcada por profundas diferencias ideológicas. Fue así porque Rusia era un
país comunista, y si no lo hubiera sido el conflicto con los Estados Unidos, de darse, habría sido
diferente a la Guerra Fría. Por lo tanto, donde primero hay que ir a buscar los orígenes es en la
revolución de octubre de 1917.

La revolución rusa es hija de la Primera Guerra Mundial. Fueron los alemanes quienes sacaron a
Lenin de Suiza y lo enviaron a San Petersburgo, en una especie de guerra bacteriológica en la que
la munición fue el bacilo del comunismo; y las derrotas en el frente y la crisis desencadenada por el
conflicto bélico, el caldo de cultivo necesario para que la revolución fructificara. Los bolcheviques
se hicieron con el poder, entre otras cosas, porque prometieron la paz. Los alemanes necesitaban
que Rusia la firmara para poder así trasladar las tropas del frente oriental al occidental. Lenin
cumplió con su compromiso con la ayuda de Trotsky, y el fin de las hostilidades entre la Alemania
guillermina y la nueva Rusia comunista se firmó en Brest-Litovsk el 3 de marzo de 1918.

La firma de una paz separada irritó profundamente a las potencias


occidentales, incluidos los Estados Unidos, que habían entrado en
guerra casi un año antes. Como el acuerdo con Alemania no impidió
que la guerra civil continuara en Rusia, las potencias aliadas decidieron
intervenir en ella para apoyar al Ejército Blanco, la alianza zarista que
peleó contra los bolcheviques hasta 1920. Los blancos habían
prometido meter de nuevo a Rusia en la guerra contra Alemania si
lograban desalojar del poder a los comunistas: motivo suficiente para
que los aliados les ayudaran. Así que, desde el principio, Francia y Gran
Bretaña y, por supuesto, los Estados Unidos mostraron su aversión hacia
el régimen bolchevique interviniendo en los asuntos internos rusos en favor de sus enemigos. Podría
afirmarse que tal intervención no estuvo motivada por oposición ideological alguna, sino por
razones estratégicas: para lograr poner al frente del gobierno ruso a partidarios de continuar la
lucha contra Alemania. Pero lo cierto es que, acabado el conflicto y llegado el armisticio del 11 de
noviembre de 1918, la guerra civil rusa prosiguió, y las potencias occidentales siguieron apoyando a
los blancos contra los bolcheviques.

Las potencias occidentales, pues, temían el comunismo, y siguieron combatiéndolo por exclusivos
motivos ideológicos y sin claras razones estratégicas una vez terminada la Gran Guerra. Sin
embargo, su voluntad de lucha no fue la misma tras el armisticio. La ausencia de un claro objetivo y
el que no fuera posible percibir obvios intereses nacionales en juego motivó que los aliados se
retiraran de la guerra rusa, facilitando así que el Ejército Rojo derrotara al Blanco. Desde 1920, los
comunistas tuvieron todo el control de Rusia.

La política exterior de Lenin y Trotsky estaba muy condicionada ideológicamente. Creían


esencialmente dos cosas: que la revolución comunista era inminente e inevitable en todo el mundo
y que, de no ser así, el régimen comunista no podría sobrevivir en Rusia, porque las potencias
capitalistas acabarían con él. La intervención occidental en la guerra civil aun después de firmado
el armisticio era una demostración de que estaban en lo cierto. En cuanto a la inevitabilidad de la
revolución, simplemente confiaban en que Marx tuviera razón. Respecto de su inmediatez,
pensaban que el éxito en Rusia no podía más que ser el prólogo de sucesivos éxitos en el resto del
mundo.

Los demás países no terminaban de contagiarse del ejemplo ruso, y los líderes comunistas, aun
cuando seguían convencidos de la inevitabilidad de la revolución, observaron que no se
propagaba con la rapidez suficiente. Decidieron entonces que convenía darle algún empujoncito,
para no dar lugar a que las potencias occidentales se pusieran de acuerdo en terminar con su
dictadura. En 1919 nació la Comintern, con el propósito declarado de exportar la revolución
comunista a todo el mundo.

En la tradición occidental de las relaciones internacionales, estaba perfectamente admitido en


tiempo de guerra intervenir en los asuntos internos del país enemigo con el fin de desestabilizarlo. Eso
es precisamente lo que hizo Alemania con la Rusia zarista. En cambio, afirmar el propósito de
desestabilizar políticamente a otros países en tiempos de paz resultaba una agresión inaudita que
despertó múltiples recelos.

Lenin siempre confió en que la revolución mundial estallara más pronto que tarde, y estaba
convencido de que Alemania sería la primera en seguir a Rusia, gracias a la crisis provocada por su
derrota en la Gran Guerra. Pero la revolución mundial no estalló... y ni siquiera Alemania se volvió
comunista. En 1923, los mandos del régimen recayeron en Stalin, que tenía una visión mucho menos
determinista del futuro de la Rusia comunista. El georgiano inventó el concepto desocialismo en un
solo país, reflejo de la fórmula para lograr la supervivencia de la Rusia comunista en un mundo hostil,
a la espera del estallido de la revolución universal predicha por Marx.

La política exterior rusa fue virando hacia este planteamiento más


realista desde el momento en que la salud de Lenin comenzó a
flaquear y Trotsky fue perdiendo poder. Un año antes de la muerte de
aquél, los bolcheviques fueron invitados a la Conferencia de Génova,
en un esfuerzo de las potencias occidentales por atraer al nuevo Estado
al concierto de las naciones. La invitación produjo un efecto
inesperado: dio lugar al acercamiento entre las dos potencias más
descontentas con el statu quo. Rusos y alemanes firmaron el 16 de abril de 1922 el Tratado de
Rapallo (una localidad cercana a Génova). No fue más que un convenio de amistad y
cooperación sin apenas contenido, notable sólo por quienes lo suscribieron. Rapallo sacó a ambos
países del aislamiento diplomático. Y de paso sirvió para que la Alemania obligada por Versalles a
estar permanentemente desmilitarizada pudiera formar y entrenar a escondidas a los oficiales de su
ejército en el interior de la Unión Soviética, lejos de los curiosos ojos occidentales.

A finales de ese año 1922, Rusia se convirtió en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A
principios de 1924 moría Lenin. Stalin se hizo con el poder, Trotsky huyó y la política exterior rusa se
transformó definitivamente, perdiendo parte de su ideologizado sesgo para hacerse más realista.
Con todo, los principios del análisis materialista de la historia del marxismo-leninismo continuaron
impregnándola. El realismo estalinista tan sólo los matizó. Lenin creía que Rusia no podría sobrevivir
como único país comunista porque las potencias capitalistas acabarían con él. Stalin creía lo
mismo, pero estaba convencido de que no era tan perentorio que la revolución mundial estallara, y
de que, con habilidad y buenas dosis de hipocresía, el régimen soviético podría sobrevivir lo
suficiente para dar tiempo a que la revolución se extendiera al resto del mundo.

Lenin creía que el contagio sería inmediato... y automático. Stalin no confiaba tanto como su
antecesor en este automatismo. Creía que, a pesar de la inevitabilidad de la revolución, la
obligación de la URSS, a través de la Comintern, era ayudar todo cuanto pudiera a que la Historia
fuera coherente con las creencias comunistas.

Con el nuevo enfoque estalinista, mientras la revolución mundial no llegara, la política exterior
soviética tenía que preocuparse de dos cosas: de que el régimen sobreviviera tanto tiempo como
necesario fuera y de exportar la revolución a cuantos más sitios mejor. Estos dos fines eran en el
fondo contradictorios. La supervivencia de la URSS pasaba por su integración en el concierto de las
naciones. Cuanto más integrada estuviera, mayores posibilidades de sobrevivir tendría. En cambio,
la exportación de la revolución irritaría profundamente a los gobiernos perjudicados y estimularía
precisamente los deseos de acabar con la URSS y de expulsarla de ese mismo concierto, al que
Stalin quería pertenecer por ser considerado su régimen un peligro para la estabilidad de las
naciones de Occidente. Con su habitual cinismo, el hombre hecho de acero (que es lo que significa
el apodoStalin) intentó crear una política exterior que sirviera a estos dos fines simultáneamente.

Stalin había conseguido hacia 1927 entablar relaciones diplomáticas con todos los países
importantes, menos los Estados Unidos. Y en 1932 concluyó pactos de no agresión con Francia e
Italia. A la vez, la Comintern continuó con su actividad de propaganda. Las contradicciones pronto
afloraron. El descubrimiento en Gran Bretaña y en 1924 de una carta de Zinoviev, presidente de la
Comintern, con instrucciones a los comunistas británicos acabó con el Gobierno de los laboristas,
que habían reconocido a la URSS unos meses antes, lo que permitió a los conservadores, rabiosos
anticomunistas, hacerse con el poder.

A pesar de no tener relaciones con la URSS, los Estados Unidos, muy inquietos con el comunismo,
establecieron en Riga, capital de Letonia, un centro de investigación de asuntos soviéticos
dependiente del Departamento de Estado. De este centro y de las personas encargadas de seguir
lo que pasara dentro del gran Estado comunista, en especial Charles Bohlen y George Kennan,
nacieron los que llegaron a ser conocidos como "los axiomas de Riga": según éstos, el régimen
soviético tenía una profunda naturaleza revolucionaria, constituía una amenaza muy seria y los
Estados Unidos debían mantenerse en guardia.

La ambivalente política estaliniana siguió adelante hasta que a principios de 1933 ocurrieron dos
acontecimientos de importancia: llegó Hitler al poder en Alemania y Japón se retiró de la Liga de las
Naciones, tras haber sido condenada por su política imperialista en China. A pesar de que durante
sus primeros años Hitler hizo frecuentes votos por la paz, Stalin no se engañaba acerca de cuáles
serían sus últimos fines, perfectamente descritos en Mein Kampf. Stalin sabía que Hitler ambicionaba
el vasto territorio ruso, el espacio vital en que se asentarían colonos alemanes luego de la expulsión
de la población eslava, colonizarlas con alemanes. La radicalización imperialista del Japón
constituía también una amenaza para Rusia en Extremo Oriente, donde aquél había fundado el
Estado títere de Manchukuo, en Manchuria, territorio limítrofe con Rusia que podía servir de base
para ulteriores expansiones niponas, ahora que Japón no estaba atado por sus compromisos con la
Liga.

Para contener el peligro alemán, Maxim Litvinov, que había sustituido a Chiguerin en el comisariado
de Exteriores en 1930, puso en marcha una política de alianza con las democracias occidentales. La
apuesta de la URSS era un pacto de seguridad colectiva. Francia fue más receptiva que Gran
Bretaña. En 1935 Rusia y Francia firmaron un pacto de mutua asistencia para el caso de un ataque
por parte de Alemania. Gran Bretaña, en cambio, nada quería saber de un país decidido a
encender la revolución comunista en el interior de las islas.

En cuanto a la radicalización del Japón, no sólo preocupó a los rusos,


también a los norteamericanos. El enemigo común hizo que Moscú y
Washington aproximaran posiciones. También ayudó la llegada de
Roosevelt a la Casa Blanca. En 1933 los Estados Unidos reconocieron a
la URSS a cambio de la promesa de ésta de que no haría propaganda
comunista en territorio norteamericano. William Bullit fue el primer
embajador estadounidense en Moscú.

Durante los años que siguieron, el establishment norteamericano se


dividió entre aquellos que veían el comunismo soviético como una amenaza más grave que el
nazismo y aconsejaban forzar una aproximación entre Francia y Alemania para hacerle frente (ésta
era la opinión del propio Bullit) y los que pensaban que el régimen soviético se estaba dulcemente
deslizando a formas más tranquilas, cercanas a la ortodoxia económica, y que la revolución,
motivada por las inmensas diferencias sociales que padeció Rusia, se amansaría una vez elevado el
nivel de vida de la gente corriente, tal y como poco a poco parecía que estaba ocurriendo (ésta
era la opinión de Joseph Davies, embajador en Moscú en 1937-38).

En 1936 estalló la guerra civil española, y la intervención de Stalin a favor del bando republicano
tensó sus relaciones con Francia y, sobre todo, con Gran Bretaña. Stalin rechazó la acusación de
injerencia diciendo que lo hacía para compensar la participación italiana y alemana junto al bando
nacionalista. Sin embargo, lo que le reprochaban los dos gobiernos occidentales no era tanto que
interviniera, que también, sino que lo hiciera para transformar el régimen republicano en uno
comunista. En España fue donde la ambivalente política de Stalin, a la vez conciliadora y subversiva,
se quebró definitivamente.

Cuando en 1938 Gran Bretaña y Francia abandonaron a Checoslovaquia en las garras de Hitler,
Stalin se convenció de que era imposible llegar a un acuerdo con ellas para frenar al nazismo. En
especial, le desilusionó la actitud de Francia, después de que se comprometiera a intervenir
militarmente en favor de Checoslovaquia si París hacía lo propio. Tal negativa le hizo dudar de que
Francia hiciera honor a sus compromisos en el caso de verse Rusia atacada por Alemania. Alcanzó
la convicción de que, como al principio de los años veinte, la URSS estaba diplomáticamente
aislada, con la diferencia de que ahora al frente de Alemania había un gobernante que reclamaba
para su pueblo buena parte del territorio de la URSS. Para Stalin, había llegado el momento de
cambiar de política. Cesó a Litvinov como comisario de Exteriores y nombró a Molotov.

Cuando Ribbentrop se acercó a los rusos para proponerles un pacto de no agresión por orden de
Hitler, Stalin estaba muy inclinado a aceptarla. El 23 de agosto de 1939 ambas potencias firmaron un
tratado de no agresión, conocido como el pacto Ribbentrop-Molotov. Las razones de Hitler para
suscribirlo son conocidas, pero no está de más recordarlas: estaba decidido a ir a la guerra, pero no
quería cometer los errores que sus compatriotas habían cometido en la anterior; uno de ellos fue el
luchar en dos frentes a la vez. Siendo como era imposible garantizarse la neutralidad de Francia si
atacaba a Rusia, decidió buscar la neutralidad de Rusia hasta haber vencido en Occidente.

Por su parte, Stalin se vio abocado a suscribir el pacto porque Múnich le había puesto en el peor de
los escenarios. Por primera vez desde que terminó la guerra civil rusa parecía posible una alianza de
todas las potencias capitalistas, fascistas y no fascistas, para acabar con la URSS (y, en efecto, esto
era lo que el muy influyente embajador norteamericano en Londres, Joseph C. Kennedy, padre del
presidente asesinado en 1963, creía que debía hacerse). El georgiano, como buen marxista-
leninista, pensaba que el imperialismo haría que las potencias capitalistas se enfrentaran unas a
otras. El enfrentamiento era pues inevitable, y favorecería los intereses de la URSS... siempre que
fuera capaz de sobrevivir. Porque el que las potencias capitalistas estuvieran predestinadas a
matarse entre ellas no impedía que antes se pusieran de acuerdo en liquidar el comunismo, que
irritaba por igual a todas. El pacto de no agresión Ribbentrop-Molotov ofrecía cierta garantía de
que ese enfrentamiento al que estaban abocadas las potencias capitalistas ocurriría antes de que
se pusieran de acuerdo en destruir la Unión Soviética. Todo lo cual no excluía que Rusia tuviera que
enfrentarse, tras esa guerra, a las potencias capitalistas que salieran vencedoras. Naturalmente,
consciente de que ese sería el final de la historia, la URSS emprendió un enérgico rearme para la
lucha que se avecinaba.

El pacto tenía para Stalin además el aliciente del reparto


con Alemania del territorio polaco. Hay que tener en
cuenta que en 1920, en plena guerra civil, Rusia había
tenido que ceder a Polonia una considerable franja de
territorio, tras una invasión de Ucrania por parte de fuerzas
polacas. En 1939, Stalin estaba ansioso de recuperar lo
perdido. Repartida Polonia y aquietado el frente oriental
por el pacto de no agresión con la URSS, Hitler pudo
acometer la siguiente fase de su plan: acabar con
Francia. En la primavera de 1940, y tras unas semanas de combate, el Hexágono cayó, y ya no
constituiría un peligro para el flanco occidental alemán. Quedaba, sin embargo, Gran Bretaña.
Hitler siempre se sintió capaz de llegar a un acuerdo con los ingleses, a los que consideraba una
raza hermana. Carecía de ambiciones sobre su imperio y creía que el británico, de naturaleza
marítima, y el alemán que se proponía construir, de naturaleza continental, podían perfectamente
convivir en paz. Hubo ingleses que también lo creyeron, como Lord Halifax. Churchill, en cambio, se
mantuvo fiel al axioma tradicional de la política inglesa: no permitir que ninguna potencia dominara
el continente europeo.

Muy a su pesar, pues, el Führer tuvo que ponerse manos a la obra e intentar doblegar al obstinado
reino del otro lado del Canal de La Mancha. Cuando se acercó la siguiente primavera, la de 1941,
decidió que no le era indispensable derrotar a Gran Bretaña para atacar a Rusia, que era su
objetivo bélico primordial. Las islas británicas no estaban en condiciones de abrirle un frente
occidental que le obligara a distraer tropas de las estepas. Así que, el 22 de junio de 1941, Alemania
invadió Rusia.

Stalin se vio sorprendido, no por la invasión en sí, sino por el hecho de que se produjera antes de la
derrota británica. La resistencia de Churchill le hizo calcular que podría tener un año más para
prepararse. No fue así. Sin embargo, la supervivencia británica y la entrada en guerra de los Estados
Unidos fueron esenciales para la derrota alemana, tanto por la apertura de nuevos frentes (Italia,
Francia) como por cuestiones relacionadas con el suministro de armamento y toda clase de
enseres.

Cuando, tras Stalingrado y Kursk, empezó a ser obvio que los aliados ganarían la guerra, Roosevelt,
Churchill y Stalin comenzaron a diseñar el mundo de posguerra, primero en Teherán (finales de
1943), luego en Yalta (principios de 1945) y finalmente en Potsdam (verano de 1945). En estas tres
conferencias se confeccionó el tablero y se repartieron las piezas con las que se combatiría la
Guerra Fría. Ésta sería el momento, según Stalin, en el que, una vez vencidas las potencias fascistas,
la URSS tendría que enfrentarse a las capitalistas, sus antiguas aliadas en la guerra contra Alemania.

Evolución e impacto de la guerra fría

La caída del bloque socialista, y los Estados Unidos como primera potencia mundial.
Las revoluciones de 1989
El proyecto de Gorbachov implicaba la imposibilidad de mantener por la
fuerza a los regímenes de las "democracias populares" tal como se habían
configurado tras las sucesivas intervenciones soviéticas. La perestroika y
la glasnost tuvieron una inmediata consecuencia en los estados satélite de la
Europa del Este.
La forma en que Gorbachov puso en marcha el desmoronamiento del
"imperio soviético" fue simple: no hacer nada para defender los regímenes
del Este europeo. Sin la intervención soviética, estos gobiernos fueron barridos
con extraordinaria facilidad en el corto plazo de unos meses. Gorbachov
Ya en septiembre de 1988, Gorbachov había clausurado el Comité de
Enlace con los países socialistas en el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), una señal de
que el Kremlin abandonaba la Doctrina Breznev.
En diciembre de ese mismo año anunció solemnemente en la Asamblea
General de la ONU un recorte unilateral de más de medio millón de
soldados, de los que la mitad se retirarían con más de cinco mil tanques de
la Europa del Este.
La actitud de Moscú era cada vez más claramente conciliadora hacia la
reforma en las "democracias populares"
Aunque el objetivo de Gorbachov era que estos países aplicaran su
propia perestroika, manteniéndose en el Pacto de Varsovia, muy pronto la
George Bush, padre, realidad desbordó sus esperanzas.
y Gorbachov.
Polonia
Polonia fue el país que inició el proceso revolucionario. Tras una serie de huelgas en el verano de
1988, el gobierno comunista, dirigido por el general Jaruselzski, tuvo que sentarse a negociar con el
sindicato Solidaridad.
Los acuerdos de abril de 1989 significaron el
reconocimiento legal del sindicato y la apertura de un
proceso de transición democrática. El partido
comunista fue duramente derrotado en las elecciones
de junio y no tuvo otro remedio que permitir la
formación de un gobierno presidido por
un Mazowiecki, dirigente de Solidaridad.
Se formaba así el primer gobierno no comunista en
Europa Oriental desde 1945. La rápida
descomposición del régimen comunista, permitió que
Lech Walesa fuera elegido presidente del país en
1990.
Hungría
En Hungría fueron los propios reformadores
comunistas, como Imre Pozsgay, los que desmontaron
con gran celeridad el sistema. Juan Pablo II y Lech Walesa.
Tras expulsar al viejo Janos Kadar en 1988, en la primavera de 1989 se estableció el multipartidismo y
en octubre de ese año el Partido Socialista Obrero Húngaro (nombre oficial del partido comunista)
se disolvía y se aprobaba una constitución democrática. Las elecciones del primavera de 1990
llevaron al poder a fuerzas democráticas anticomunistas.
República Democrática de Alemania
El cambio en Hungría tuvo una enorme repercusión exterior. La
decisión de las autoridades de Budapest de abrir su frontera con
Austria en septiembre de 1989 abrió una "brecha" en el telón de
acero por el que decenas de miles de habitantes de la República
Democrática de Alemania (RDA) huyeron hacia la República
Federal de Alemania (RFA), atravesando Checoslovaquia, Hungría
y Austria.
Al éxodo de la población se le unió pronto una oleada de
manifestaciones a lo largo de toda Alemania Oriental.
El líder de la RDA, Eric Honnecker, que acababa de felicitar
públicamente al embajador chino por la represión en la plaza de
Tiannanmen, se planteó la solución represiva.
Fue en ese momento cuando la actitud de Gorbachov disipó las
Eric Honnecker.
últimas dudas. A fines de octubre de 1989 hubo tres declaraciones
de enorme importancia política:
• El 23 de octubre, ante la proclamación solemne en Budapest de Hungría como república
soberana independiente, Eduard Shevarnadze manifestó que la URSS no debía interferir de ningún
modo en los asuntos de la Europa oriental
• Ese mismo día, Gennadii Gerasimov, portavoz de Gorbachov en asuntos de política exterior,
enunció de manera bastante frívola que la Doctrina Breznev había sido sustituida por la Doctrina
Sinatra. El portavoz se refería a una célebre canción del cantante norteamericano y venía a
proclamar que la URSS permitía que los países del este hicieran las cosas "a su manera" (to do things
their way). Esto significaba que el Kremlin ratificaba los cambios en Polonia y Hungría, y animaba a
los demás países a seguir adelante.
• Por si las cosas no estuviesen suficientemente claras, el día 25
Gorbachov, de viaje en Finlandia, condenó inequívocamente
la Doctrina Breznev.
A partir de aquí los acontecimientos se
precipitaron, Honnecker fue sustituido por un comunista
reformista, Egon Krenz, quién tomó la histórica decisión de abrir
el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.
El rápido derrumbamiento de la RDA abrió un proceso de
negociación entre las cuatro potencias vencedoras de la
segunda guerra mundial y la RFA, dirigida por un canciller,
Helmut Kohl, que era muy consciente de la oportunidad
histórica que se le abría a Alemania.
Finalmente, el denominado Acuerdo 4+2 (EE.UU, Reino Unido,
Francia y la URSS más la RFA y la RDA) posibilitó la reunificación
de Alemania el 3 de octubre de 1990.
Esta reunificación fue más bien una absorción de la antigua
Alemania comunista por la República Federal de Alemania: a
cambio de un compromiso de limitación del poder militar Helmut Koh.l
alemán, del no estacionamiento de tropas de la OTAN en el
territorio de la antigua RDA y de jugosas ayudas económicas, la Alemania reunificada siguió siendo
miembro de la OTAN y de la Comunidad Económica Europea.
El fin de la guerra fría y sus repercusiones en el mundo
El derrumbe de la URSS dejó a los Estados UNidos como la única superpotenciamundial. La victoria
en la guerra fría borró los recuerdos de la derrota en Vietnam. En adelante, Washington podrá
ejercer el papel de"gendarme mundial" sin miedo a la concurrencia de otra superpotencia.
El Oriente Medio
La guerra del Golfo (1990-1991)
Cuando Saddam Hussein invadió el 2 de agosto de 1990 el
pequeño y rico estado de Kuwait para tratar de paliar las
enormes pérdidas ocasionadas por la guerra que había
enfrentado a Irak con Irán no tuvo en cuenta la nueva
situación creada con el fin de la guerra fría.
La ONU, siguiendo las propuestas de EE.UU. condenó la
agresión, decidió sanciones económicas y, finalmente, autorizó
la intervención militar.
La URSS, tradicional aliada de Irak, no tenía fuerza suficiente
para vetar en el Consejo de Seguridad las directrices de la
política norteamericana.
Sadam Hussein.
Así, el presidente Bush padre pudo articular una gran coalición
internacional.
Además de sus aliados tradicionales en la OTAN, la URSS y los nuevos regímenes de Europa oriental,
Egipto y una mayoría de los países árabes, Japón y los nuevos países industrializados de Asia
buscaron la alianza y la amistad con la superpotencia.
El desenlace de la guerra era previsible. Saddam Hussein apenas pudo lanzar algún misil Scud sobre
Israel, en su mayoría interceptados por los misiles antimisiles
norteamericanos Patriot.
Tras un intensísimo bombardeo iniciado el 15 de enero de 1991
cuando concluía el ultimátum lanzado por la ONU, las tropas de
la coalición liberaron con gran facilidad el territorio kuwaití.
Para la sorpresa de muchos, las tropas norteamericanas no
continuaron su camino hacia Bagdad y permitieron que Saddam
continuara en el poder.
El 28 de febrero se acordó un alto el fuego en un conflicto
inacabado que no iba a concluir aquí.
El proceso de paz árabe-israelí
Tras el estallido de la Intifada (revuelta palestina contra la
ocupación israelí) en 1987 en Gaza y Cisjordania, la Organización
para la Liberación de Palestina (OLP) y su líder Yasser Arafat
consiguieron consolidarse en la dirección de la resistencia
palestina.
George Bush, padre.
En ese contexto, se reunió el Consejo Nacional Palestino en Argel
en 1988 y acordó la proclamación de la independencia del Estado Palestino, aceptando el
acuerdo de la ONU de noviembre de 1947 que decidió la partición de Palestina en dos estados, lo
que implicaba el reconocimiento del Estado de Israel.
Gorbachov había recibido a Arafat en abril de 1988 y le había solicitado que tomara en
consideración "los intereses de la seguridad de Israel".
El fin de la guerra fría facilitó que EE.UU. y la URSS convocaran una Conferencia sobre la Paz en
Oriente Próximo en Madrid en octubre de 1991. En la capital de España se abrió un difícil proceso de
paz basado en el principio de "paz por territorios".
Tras arduas negociaciones secretas en Oslo, en septiembre de 1993 se
firmó en Washington la "Declaración de principios sobre los arreglos
provisionales de autonomía" que daba el pistoletazo de salida a un
proceso de paz que desgraciadamente terminará fracasando.
Europa
El fin de la guerra fría provocó en Europa básicamente dos
reacciones contrapuestas:
• En el occidente se acentuaron los procesos de integración. Tras la
Yasser Arafat. firma del Acta Única en 1986, los doce países asociados en la
Comunidad Económica Europea firmaron el Tratado de Maastricht de
1992 que daba nacimiento a la Unión Europea. Tres años después la Unión se ampliaba a Suecia,
Finlandia y Austria.
• Mientras, en la Europa central y oriental el derrumbamiento de los sistemas comunistas y de la
URSS abrió un período de disgregación política. En algún caso fue un proceso pacífico como el
"divorcio amistoso" entre la República Checa y Eslovaquia en 1993, en el caso de Yugoslavia abrió
un proceso desgarrador que trajo de nuevo la guerra a Europa tras un período de paz iniciado en
1945.
• La caída del régimen comunista organizado por Tito despertó los enfrentamientos nacionalistas
entre los pueblos de la Federación Yugoslava. La política ultranacionalista del líder comunista serbio
Slobodan Milosevic produjo la reacción de las otras repúblicas
yugoslavas.
Así en 1991, Eslovenia y Croacia declararon su independencia lo que
provocó una cruenta guerra entre serbios y croatas. La situación se hizo
aún más dramática cuando un año más tarde la guerra se trasladó a la
vecina Bosnia-Hercegovina.
El conflicto étnico entre serbios ortodoxos, croatas católicos y bosnios
musulmanes trajo de nuevo a Europa los fantasmas del nacionalismo
radical y la "limpieza étnica".
Otras zonas del mundo
La situación mundial en los inicios de la década de 1990 era claramente
contradictoria. Josip Bros, "Tito".
Por un lado, conflictos como el árabe-israelí, el del Líbano o el de Camboya entraban
aparentemente en vías de solución y se producían avances espectaculares en el respeto de los
derechos humanos como el fin del régimen del apartheid en Sudáfrica en 1990-1991 y la
convocatoria de las primeras elecciones democráticas y multirraciales en 1994.
Por otro lado, conflictos localizados como la brutal guerra entre las comunidades Hutus y Tutsis en
Ruanda y Burundi (1990-1994) hacen patente las dificultades de la comunidad internacional y la
ONU para instaurar un "nuevo orden mundial" que permitiera avanzar hacia un futuro basado en el
respeto de los derechos humanos, la solidaridad internacional y los valores democráticos.
EE.UU. y el fin de la guerra fría o el Unipolarismo
La perestroika y la democratización final de Rusia pueden ser consideradas como acontecimientos
de primera magnitud en la Historia de la Humanidad y, desde luego, fueron los que supusieron en su
momento una ruptura fundamental con respecto al período inmediatamente anterior.
Pero, al menos en una parte, no se puede llegar a entender lo sucedido en la Unión Soviética sin la
relación mantenida con el mundo occidental y, en especial, con la otra superpotencia, los Estados
Unidos.
Como es lógico, la importancia del final de la guerra fría ha sido extraordinaria en lo que respecta a
la evolución de las relaciones internacionales.
La propia nueva configuración de Europa se vio
decisivamente afectada por la desaparición de un conflicto
que había durado tanto tiempo y también el Tercer Mundo,
el Medio y el Extremo Oriente se vieron afectados por este
acontecimiento. La evolución económica y la cultural
tampoco pueden abordarse sin tener en cuenta los
acontecimientos de 1989-1991 en el Este de Europa o en la
URSS.
Se puede caracterizar la situación del sistema internacional
de la década de los noventa como “unipolar y multipolar”.
Muro de Berlín. Estamos en un mundo unipolar en términos de un poder
hegemónico con supremacía militar-estratégica global, los Estados Unidos.
Estamos en un mundo multipolar en materia económica, debido a que Estados Unidos comparte su
primacía con la Unión Europea y la región de Asia Pacífico liderada por Japón, conformando así lo
que ha dado en llamarse la Tríada económica.
El fin de la Guerra Fría y el abandono del paradigma Este-Oeste nos indicaban dos perspectivas.
Una primera cuestión de orden sistémico estructural y una segunda de índole política.
Con respecto a la primera, se debe señalar que el sistema bipolar diseñado y legitimado en la
Conferencia de Yalta ha desaparecido. Respecto a la segunda que el uso o recurso de amenaza
de utilización de la fuerza como instrumento político seguía vigente. El fin de la Guerra Fría no
indicaba el fin de la Guerra.
En el ámbito de la economía mundial, las transformaciones estructurales
operadas en los países industrializados hacia la especialización y la
concentración de actividades productivas con alto componente científico
y tecnológico ha acelerado la construcción de tres grandes bloques
regionales, polos comerciales o megamercados que giran alrededor de un
centro dinámico. América del Norte alrededor de los Estados Unidos, la
Unión Europea alrededor de Alemania y la región del Sudeste Asiático o
Cuenca del Pacífico con centro en Japón. Ronald Reagan.
El fin de la Guerra Fría, por tanto, es un hecho que no se puede desvincular del proceso de
transformación estructural de las economías centrales.
La alianza triunfante de la Gerra Fría, la OTAN bajo la dirección de los Estados Unidos y en su
articulación con los centros dinámicos de poder del capitalismo global, la Unión Europea y Japón,
ha logrado establecer una nueva agenda internacional denominada “la agenda de los valores
hegemónicos universalmente aceptados”.
Estos valores internacionalmente reconocidos han contribuido al fortalecimiento de las ideas de
globalización e interdependencia, provocando con ello el debilitamiento del valor de la soberanía.
A la par de la democracia, están representados en esta serie de valores hegemónicos
universalmente aceptados, los derechos humanos, el medio ambiente, la lucha contra el terrorismo
y el narcotráfico. Pero hay que tomar en cuenta dos cuestiones.
La primera es que el problema del desarrollo desaparece de los temas de la Agenda Mundial, por
tanto no se ve al desarrollo como un factor de estabilidad de este sistema internacional
interdependiente. La segunda cuestión es que la formulación de los nuevos temas de la Agenda
implican nuevas estrategias de intervención. Nuevas estrategias de intervención que están
representadas bajo el brazo armado de la OTAN.
El impulso no intervencionista se vio reforzado por la desaparición de la amenaza soviética y fue
racionalizado a partir del argumento que la extensión del liberalismo político resultaría de la
extensión del liberalismo económico a escala global.-
Estados Unidos optó por abandonar la intervención directa a cambio de la aplicación de un fuerte
poder de presión, materializado en las distintas agendas, regímenes internacionales y organismos
internacionales en los cuales tenía la mayor proporción de voto de acuerda a sus aportes. El poder
de presión pasó a estar en el lugar del poder activo.

El "nuevo pensamiento político" de Gorbachov

Mijaíl Gorbachov fue nombrado Secretario General del PCUS el 11 de marzo de 1985. La situación a
la que se enfrentaba el nuevo líder del Kremlin era en general lamentable: tras largos años de
estancamiento, la economía se hallaba al borde de la bancarrota y la sociedad soviética se
encontraba inmersa en una verdadera crisis moral caracterizada por la falta de compromiso
ideológico y el escepticismo general. Era imposible que la URSS mantuviera por más tiempo la
ficción de "paridad" con los EE.UU.

El desafío de Reagan y su Iniciativa de Defensa Estratégica había hecho conscientes a los dirigentes
soviéticos de sus posibilidades reales de hacer frente a la competencia tecnológica y militar de
EE.UU. Con un gasto de defensa que, según las fuentes, oscilaba entre el 16 y el 28% de su
presupuesto, la URSS necesitaba urgentemente reducir sus gastos militar y enfocar sus inversiones a
paliar sus múltiples carencias y deficiencias de la econmia soviética. Para Gorbachov la necesidad
de un acercamiento a los EE.UU. era evidente y urgente.

La reforma en la política exterior llegó antes que la perestroika(reestructuración) o


la glasnost (transparencia) en la política interna. En julio de 1985, el sempiterno ministro de asuntos
exteriores sovoiético Andrei Gromiko fue sustituido por Eduard Shevarnadze. En octubre, el
telegénico Gorbachov iniciaba lo que algunos denominaron una "ofensiva de encanto" visitando
diversas capitales occidentales. En su primer encuentro con el presidente Reagan en Ginebra en
noviembre de 1985, el líder soviético planteó la necesidad de la distensión y de la reducción de
armamentos nucleares.

La postura de Gorbachov iba más allá de un mero repliegue táctico. Consciente de la imposibilidad
de conjugar la guerra fría y la solución de los graves problemas que aquejaban a la economía y la
sociedad soviética, el líder soviético, mediante su principal consejero en política internacional,
Dobrinin, proclamó en el XXVII Congreso del PCUS en 1986 lo que denominó un "nuevo pensamiento
político" (Novy Myshlenie): el nuevo mundo se caracterizaba por la "interdependencia global", en
adelante, había que olvidarse de la lógica de la guerra fría y buscar la cooperación y el consenso
en la dirección de las relaciones internacionales. Se trataba de buscar "una acción recíproca,
constructiva y creador al mismo tiempo (...) para impedir la catástrofe nuclear y para que la
civilización pueda sobrevivir".

La URSS se preparaba para un gran repliegue, tanto en su competencia con los EE.UU. como en los
compromisos internacionales que había ido adquiriendo a lo largo de la guerra fría.

La tendencia apuntada por Gorbachov desde el inicio de su mandato se vio acrecentada por una
serie de acontecimientos que hicieron absolutamente evidente la necesidad de reformas:

 La catástrofe nuclear de Chernobil en Ucrania el 26 de abril de 1986 provocó un escape


radioactivo doscientas veces superior al de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki,
según fuentes de la Organización Mundial de la Salud, y obligó a la evacuación de más de
medio millón de personas. Chernobilincrementó la consciencia general de las carencias y
limitaciones del sistema económico soviético.
 El fracaso y la incompetencia del en otros tiempos poderoso ejército soviético se veía
corroborado en la guerra de Afganistán. La desmoralización que provocaba el "Vietnam
soviético" fue acrecentada por episodios rocambolescos como el aterrizaje en la Plaza Roja
de Moscú de un joven adolescente alemán, Mathias Rust, en mayo de 1987 sin que la
defensa aérea soviética fuera capaz de evitarlo.
 Estos ejemplos de crisis y decadencia tuvieron una resonancia multiplicada en la opinión
pública soviética por la nueva política de glasnost (transparencia) impulsada por Gorbachov.

Fin de la guerra fría


La llegada de Mijaíl Gorbachov al Kremlin fue el elemento clave que desencadenó un rápido
proceso que acabó con la guerra fría. Para aplicar las reformas de laperestroika, Gorbachov
necesitaba una nueva política exterior que pusiera fin a la carrera armamentística acentuada bajo
la presidencia de Reagan. Esta nueva actitud de Moscú implicó el fin de las tensiones del período
anterior. No obstante, fue el fracaso de las reformas de Gorbachov en su país y las revoluciones
democráticas de 1989 las que llevaron al colapso del bloque soviético y al fin de la URSS. La guerra
fría terminaba por la implosión de uno de sus contendientes.

Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de


múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los sistemas comunistas construidos
tras 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras
su victoria contra el nazismo y que muchos no dudaban en denominar "imperio soviético".

La guerra fría, el enfrentamiento que había marcado las relaciones internacionales desde el fin de la
segunda guerra mundial, va a terminar de una forma que nadie se hubiera atrevido a pronosticar
unos años antes, por el derrumbe y desintegración de uno de los contendientes. El fin de la guerra
fría y la desaparición de la Unión Soviética son dos fenómenos paralelos que cambiarán
radicalmente el mundo.

Los historiadores no se ponen de acuerdo en señalar el momento en el que la guerra fría concluyó.
Veamos los principales acontecimientos diplomáticos que jalonaron los años 1989, 1990 y 1991:
 Para muchos, la Cumbre de Malta entre el presidente norteamericano George
Bush y Gorbachov marcó el fin de la guerra fría. Ambos líderes se reunieron en el buque
Máximo Gorki fondeado en las costas de Malta el 2 y 3 de diciembre de 1989. Pocas semanas
después de la caída del Muro de Berlín los dos mandatarios se reunieron para comentar los
vertiginosos cambios que estaba viviendo Europa y proclamaron oficialmente el inicio de una
"nueva era en las relaciones internacionales" y el fin de las tensiones que habían definido a
la guerra fría. Bushafirmó su intención de ayudar a que la URSS se integrara en la comunidad
internacional y pidió a los hombres de negocios norteamericanos que "ayudaran a Mijaíl
Gorbachov". Este proclamó solemnemente que "el mundo terminaba una época de guerra
fría (...) e iniciaba un período de paz prolongada".
 Otros señalan que el fin del conflicto tuvo lugar el 21 de noviembre de 1990, cuando los
EE.UU., la URSS y otros treinta estados participantes en la Conferencia para la Seguridad y la
Cooperación en Europa firmaron la Carta de París, un documento que tenía como principal
finalidad regular las relaciones internacionales tras el fin de la guerra fría. La Cartaincluía un
pacto de no agresión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El presidente Bush manifestó tras
firmar el documento: "Hemos cerrado un capítulo de la historia. La guerra fría ha terminado."
 Sólo dos días antes se había firmado Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa que
suponía una fuerte reducción de tropas y armamento no nuclear en el continente. Tras
entablar negociaciones en Viena en marzo de 1989, se llegó al acuerdo de que ambas
superpotencias debían reducir sus tropas en Europa a 195.000 hombres cada una. Se partía
de la presencia de 600.000 soldados soviéticos y 350.000 norteamericanos.
 El 16 de enero de 1991 la coalición internacional dirigida por EE.UU. inició su ataque para
desalojar a los invasores iraquíes de Kuwait. El apoyo soviético a las sanciones de la ONU que
finalmente llevarían al desencadenamiento de la Guerra del Golfofue acordado en la
cumbre de Helsinki, celebrada el 9 de septiembre anterior entre Bush y Gorbachov. Este
apoyo era un ejemplo palpable del fin del antagonismo y de la supremacía norteamericana.
 El 1 de julio de 1991, tras las revoluciones de 1989 y en pleno proceso de descomposición del
estados soviético, el "Tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua" firmado en
Varsovia en 1955, el Pacto de Varsovia, desapareció. La OTAN quedaba como la única gran
alianza militar en el mundo.
 Finalmente, el 31 de julio de 1991, Bush y Gorbachov firmaban en Moscú el Tratado START I de
reducción de armas estratégicas. Este acuerdo fue rápidamente superado al año siguiente,
el 16 de junio de 1992, por la firma de Bush y el nuevo líder ruso Yeltsin del Tratado START II. Los
dos antiguos contendientes acordaron importantes reducciones en sus arsenales nucleares.

En un proceso enormemente rápido la URSS y los EE.UU. pusieron fin al largo enfrentamiento que
habían iniciado tras el fin de la segunda guerra mundial El orden establecido en Yalta se derrumbó
ante la mirada atónita del mundo en unos pocos meses.

Fuentes

Material para el estudio detallado

• Conferencias celebradas en época de guerra: Yalta y Potsdam

•Políticas estadounidenses y procesos en Europa: doctrina Truman, plan Marshall, OTAN

• Políticas soviéticas, sovietización de Europa central y del este, COMECON, Pacto de Varsovia

•Relaciones chino-soviéticas
• Relaciones chino-norteamericanas

•Alemania (especialmente Berlín, 1945‑1961), Congo (1960‑1964), Afganistán (1979‑1988), Corea,


Cuba, Viet Nam, Oriente Medio

• Castro, Gorbachov, Kennedy, Mao, Reagan, Stalin, Truman

http://www.historiasiglo20.org/GF/1945-47.htm
http://iris.cnice.mec.es/kairos/ensenanzas/bachillerato/mundo/guerrafria_01_00.html
http://www.monografias.com/trabajos3/guefria/guefria.shtml#ixzz3E65I2CU1

http://www.profesorenlinea.cl/universalhistoria/GuerraFriaCaidaURSS.htm

http://www.historiasiglo20.org/FGF/gorbachov.htm

http://www.historiasiglo20.org/FGF/fin.htm