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Empuje de tierra

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EMPUJE DE SUELOS SOBRE MUROS RÍGIDOS

Un aspecto esencial para la comprobación de un muro, con sus condiciones de contorno, es la
estimación de los empujes (activos y pasivos) en función de la configuración del propio muro,
de las características y condiciones del terreno y de las acciones que le afecten según el caso.

En los apartados siguientes se explicarán las diferentes teorías de obtención de empujes
(activos y pasivos) con distintas posibilidades en cuanto a condiciones de contorno así como
Planteamientos específicos según tipologías estructurales varias.

Para definir el empuje de los suelos sobre las estructuras de retención, podemos decir en
forma general, que en ellos se involucran todos los problemas que se le presentan al ingeniero
para determinar las tensiones en la masa del suelo que actúan sobre una estructura.
En este apunte daremos las nociones básicas para poder calcular los empujes laterales de los
suelos contra las estructuras. Como primera medida debemos decir que el tipo de empuje
depende, tanto de la naturaleza del suelo como del tipo de estructura, ya que se trata de un
problema de interacción entre ambos.
La mecánica de suelos se basa en varias teorías para calcular la distribución de tensiones que
se producen en los suelos y sobre las estructuras de retención. Cronológicamente, Coulomb
(1776) fue el primero que estudió la distribución de tensiones sobre muros. Posteriormente,
Rankine (1875) publicó sus experiencias, y por último y ya en el siglo XX se conoce la teoría
de la cuña, debida a varios autores, pero especialmente a Terzaghi.

Teoría de Coulomb:
Otra teoría que tiene aplicación práctica es la de Coulomb, completamente diferente a la de
Rankine en cuanto a su enfoque. En 1776, el ingeniero militar francés Charles-Augustin de
Coulomb introduce una simplificación importante para calcular el empuje: supone que la
superficie de rotura se produce en el suelo, no a través de líneas sino de planos. La falla se
produciría entonces a través de un plano potencial de rotura, lo cual no es cierto de acuerdo a
lo ya explicado, pero permite calcular con rapidez el empuje. Por lo tanto, la teoría de Coulomb
permite calcular problemas en los cuales el paramento no es vertical, y la superficie de relleno
tiene cualquier forma. Introduce la superficie de rotura plana, y estudia el problema como el
equilibrio de una cuña del suelo que falla, limitada de un lado por el paramento, y del otro por
una superficie plana.
La resolución es por tanteos, buscando cual de todas las superficies planas posibles conduce
por ejemplo el empuje activo máximo que constituye el valor más desfavorable.
El lado BC corresponde a la superficie de rotura. Se conoce el peso (W) en magnitud, posición
(centro de gravedad de la cuña) y dirección (vertical).
Que se separa el terreno. El método de Coulomb permite analizar este problema
(estimar, por ejemplo, la profundidad de terreno afectada), pero es más fácil plantearlo
mediante el método de Rankine

La cohesión es, pues, un factor de mejora del comportamiento del terreno, pero si al
final no se acaba desarrollando nos deja del lado de la inseguridad. Dado que con
frecuencia es difícil estimar su efecto de forma adecuada, es habitual despreciarla,
quedando del lado de la seguridad.
Carga arbitraria
Si la carga aplicada en la superficie del terreno no es uniforme (carga variable, carga
puntual,

La ley de empujes no resulta lineal. A pesar de ello, el método de Coulomb, que es de una
potencia significativa, puede aplicarse para estimar los empujes producidos dividiendo el
trasdós en sub tramos (más exactitud a mayor número de divisiones) y obteniendo de este
modo las cuñas de rotura de los sub muros definidos (Figura 7.2.8) y los diferentes centros
de gravedad de las distintas distribuciones de empuje resultantes.

Este procedimiento es largo de realizar y por ello resulta más sencillo utilizar las
distribuciones semiempíricas que se presentan más adelante para estimar los sobre
empujes producidos por cargas exteriores arbitrarias

Acción del agua

El agua, y concretamente las presiones intersticiales que genera, tiene una gran importancia
en la estabilidad de las estructuras de contención. El efecto del agua, en particular tras
periodos de fuertes lluvias, puede generar incrementos significativos de los empujes e
inestabilizar a las estructuras de contención. En general, puede considerarse tres
estrategias distintas en relación con este tema:

Asegurar un buen drenaje en el trasdós a lo largo de la vida útil de la estructura de
contención de forma que las presiones intersticiales no lleguen a generarse.

 Impermeabilizar en superficie en la zona de afección de la estructura de contención
y reconducir al agua de forma que no llegue a introducirse en el terreno.
 Calcular la estructura de contención teniendo en cuenta el posible efecto del agua
en el trasdós.