You are on page 1of 25
Enrique Bocardo Crespo Editor) EL GIRO CONTEXTUAL CINCO ENSAYOS DE QUENTIN SKINNER, Y SEIS COMENTARIOS RAFAEL DEL AGUILA JOAQUIN ABELLAN PABLO BADILLO O’ FARRELL ENRIQUE BOCARDO CRESPO SANDRA CHAPARRO JOSE M GONZALEZ GARCIA KARI PALONEN sth i il I. SIGNIFICADO Y COMPRENSION EN LA HISTORIA DE LAS IDEAS* 1 La tarea de! historiador de la ideas! consiste en estudiar ¢ inter- pretar el Canon de los textos.clisicos. El valor que tiene escribir esta clase de historia surge del hecho de que los textos clisicos morales, politicos, religiosos, 0 de cualquier otra clase de pensa- miento, coritienen una «sabiduria inmemoriab»? en la forma de «ideas universalesy’. Como resultado de ello, ésperamos aprender y-sacar provecho de la investigacién de esds «elementos eternos», al poseer una relevancia perenné*. Lo que, por su parte, sugiere qué fa mejor manera de acercarse a estos textos debe ser concen- trarnos en lo que cade uno de ellos dice‘ sobre estos «conceptos fandamentalesy® y «los perdurables problemas» de la moral, la politica; la religién y la vida social’:En otras palabras, debemos de estar preparados para leer los textos clisicos «como si hubie- ran sido escritos por un contemporéneon*. De hecho resulta esen- cial considerarlos de esa manera, centrnidonos simplemente en sus argumentos y examinando lo que tienen que decir sobre los problemas perennes. Si en su lugar nos vemos desviados a exami- * Este ensayo es una versiOn més abrevidada y extensamente revisada de un artcu- lo gue originaiamente aparecé bajo el mismo titulo en History and Theory, 8 (2965) 3358, - " Para la confasavariedad de qsaneras en la que esta aparenterenteineludibe frase sea ueado vease Mandelbaum, 1965 * Calin, 1959: x. * Bluhm, 1965: 13. 4 Merk, 1967: 3. 19.199: 32-33 Cf, Murphy, 1951: v sobre ts necexidad de ms Ryan, 1965: 219 sobre fs noceskdad couse en flo que dijo Locks, Frey, 196 * Sobre las cuestiones aperdrabes»y igeremnesy véase Morgenthay, 1958: 1; Sibley, 1958: 133; Strauss y Cropsey, 1963: Prefacio, Sobre las evestonesperennes como fa (nica) garantia de eelevanciay de 1s textos clisicos véase Hacker, 1984; MeCloskey, 1957. Para tna exposicida mas reciente de una posicia similar Vase Bevir, 1994, * Bloom, 1980: 128. {63} 6 EL GIRO CONTEXTUAL nar las condiciones sociales o los contextos intelectuales en los «que surgieron, perderemos de vista su sabidurfa inmemorial y por lo tanto seremos incapaces de apreciar el valor y el propésito de estudiarlos’ Estas son las asunciones que me gustaria cuestionar, crticar y, sies posible, desacreditar en lo que a continuacién sigue. La creen- cia de que cabe esperar interpretar a los tedricos clasicos sobre un cconjunto determinado de «conceptos fundamentales» ha dado lugar, ‘me parece, a una serie de confusiones y absurdos exegéticos que hhan plagado la historia de las ideas durante mucho tiempo. El sen- tido, no obstante, en que esta idea resulta ser confusaes dificil de precisar. Es facil despacharla como un «error fatal», pero.al mismo tiempo es dificil negar que las historias de las diferentes ‘empresas intelectuales hayan estado marcadas por el empleo de un vocabulario relativamente estable y caracteristico''. Incluso en el caso de aceptar la difusa presuposicién de que es solo ea virtud de luna cierta semejanza de parentesco gracias a la cual somos capa- ces de definir y distinguir esas diferentes actividades, ain asi es- tariamos comprometidos a aceptar algunos criterios y reglas de uuso’para que ciertas actuaciones se puedan ejemplificar correcta- mente.y excluir a otras, como ejemplos de una cierta actividad. De otra manera no tendremos medios —por no decir nada sobre la justificacién— para delinear y hablar de, por ejemplo, la historia del pensamiento ético o politico, como historias de actividades que se puedan reconocer de alguna manera. Es de hecho Ia verdad, y no lo absurdo, de reivindicar que todas esas actividades deben de tener algunos conceptos caracteristicos lo que parece ser el origen principal de la confusién, Porque si tuviera gue haber al menos alguna similitud de parentesco que conecte todas las instancias de alguna de esas actividades, que necesitamos en primer lugar com- prender para reconocer la misma actividad, resultaré imposible reconocer dicha actividad, 0 algin ejemplo de ella, sin tener algu- ‘nas preconcepcignes Sobre lo que esperamos encontra. La relevancia de este dilema para la historia de las ideas —y en especial a la hora de reivindicar que todos los historiadores debe- ian de centrarse en Io que los textos elisicos dicen sobre los temas ° Hacker, 1984; Bluhm, 1965: 13. “*Maclnyre, 1966: 2 "= Vaase Wolin 1961: 11-17 sobre el vocabulrio del filosofa politica (QUENTIN SKINNER 6 canénicos— aparece ahora con claridad. Jamds sera posible estu- diar lo que algin escritor haya dicho (especialmente en una cultu- 1a ajena) sin poner en juego nuestras propias expectativas y pre- juicios sobre lo que debe de estar diciendo. Es éste un dilema familiar para los psicélogos como un factor determinante de la configuracién mental del obsérvador. Por nuestra experiencia pasa- da «estamos configurados para percibir ciertos detalles de una ‘manera determinada», y cuando este marco de referencia se ha establecido, «el proceso consiste en estar preparado para percibir 6 reaccionar de una eierta maneray". EI dilema que resulta se puede ‘eminciar, nara mis propésitos presentes, en la forma de la propo- sicién en la que los modelos y preconcepciones, en cuyos térmi- nos inevitablemente organizamos y ajustamos nuestras io- nes y pensamientos, tenderdn por ellas mismas a actuar como determinantes de lo que pensamos y percibimos. Debemos de cla- i entender, y sélo podemos clasificar lo que no nos es familiar en términos de lo que es familiar 10, ee ee ae ee oecee gro perpe resulta ser que nuestras propias expectativas sobre lo que alguien esta diciendo o haciendo determinaran entendamos que el agen- teat haienn al qe no haba acentado 0 inc no pra aceptar— como explicacién de lo que esté haciendo. Esta noci6n de la prioridad de los paradigmas ha sido ya explo- ada fructiferamente en la historia del arte", donde ha producido una historia esencialmente historicista sobre e| desarrollo del ilu- sionismo para obtener un lugar como contenido hist6rico en el des- pliegue cambiante de las intenciones y convenciones. Mas recien- teméife, una exploracién anéloga no ha sido menos fructifera én la historia de la ciencia'S, Aqui intentaré aplicar un conjunto simi- "Allport, 1955 epeciiment as pina 239.240, **Qae eso debe redo una sor eves en trminos de moss rte ‘losis eimereaes (ide une lo dems enerament Dunn, 1980: 13-28 ** Vease Gombrch, 1962: expeialmete 57-78 cays noc J eparaigman sop ‘oo. Gombrch también hn acd elevate pga alo Cane exe a ‘no hay también una voluntad» (p. 15). " Véase Khun, 1962 especimerte 43-51 donde desarolaanocién dea pir dad de los paradigms. Cia compare insstencia en Calling, 1940 especial tmeate 11-48, de que el pensaniento de cuir periods ogania de acuerdo con onc de premporcione bolus at un anise vloso dela fers de ‘Khun desu impliacioocs pase hisoriadrintlectua, vate Holi set, 1985: 105-129.