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Sttefanye & Aria

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Mona
Nayari
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Nelly Vanessa
Nelshia
Olivera
rosaluce
yiany
Aria

Sttefanye y Nanis

Aria
C
razy Rich Asians es la novela debut escandalosamente divertida sobre
tres familias chinas super ricas y de pedigrí, y los cotilleos, las
puñaladas por la espalda y las maquinaciones que ocurren cuando el
heredero de una de las fortunas más grandes de Asia lleva a casa a su novia CNA
(China Nacida en América) a la boda de la temporada.
Cuando Rachel Chu acepta pasar el verano en Singapur con su novio,
Nicholas Young, se imagina una casa familiar humilde, largos recorridos para
explorar la isla, y tiempo de calidad con el hombre con el que algún día podría
casarse. Lo que no sabe es que la casa familiar de Nick parece un palacio, que
viajará en más aviones privados que autos, y con uno de los solteros más elegibles
de Asia de su brazo, Rachel bien podría llevar una diana en la espalda.
Iniciada en un mundo de esplendor dinástico más allá de la imaginación,
Rachel conoce a Astrid, la chica-it de la sociedad de Singapur; Eddie cuya familia
prácticamente vive en las páginas de las revistas de sociedad de Hong Kong; y
Eleanor, la formidable madre de Nick, una mujer que tiene sentimientos muy
fuertes sobre con quién debería —o no debería— casarse su hijo.
Divertida, adictiva y llena de asombrosa opulencia, Crazy Rich Asians es un
vistazo desde dentro a la Jet Set de Asia; la representación perfecta del choque
entre el dinero viejo y el nuevo; entre los chinos de ultramar y chinos continentales;
y una novela fabulosa sobre ser joven, estar enamorado y ser gloriosamente,
locamente rico.
N
icholas Young se dejó caer en el asiento más cercano en el lobby del
hotel, agotado del vuelo de dieciséis horas desde Singapur, el viaje en
tren desde el aeropuerto de Heathrow, y caminar penosamente por las
calles empapadas de lluvia. Su prima Astrid Leong se estremeció estoicamente
junto a él, y todo porque su madre, Felicity, su dai gu cheh o “gran tía” en cantonés,
dijo que era un pecado tomar un taxi nueve cuadras y los obligó a todos a caminar
desde la estación de metro Piccadilly.
Cualquier otra persona en la escena podría haber notado al niño de ocho años
inusualmente compuesto y a una chica con mechón etéreo sentada en silencio en
una esquina, pero todo lo que Reginald Ormsby vio desde su escritorio con vista al
vestíbulo, era a dos pequeños niños chinos que manchaban el damasco sentados
con su abrigo empapado. Y solo empeoró a partir de ahí. Tres mujeres chinas que
estaban cerca, se secaban frenéticamente a sí mismas con pañuelos, mientras un
adolescente se deslizaba violentamente a través del vestíbulo, sus tenis dejando
huellas de barro en el tablero de ajedrez de mármol blanco y negro.
Ormsby bajó corriendo la mezzanina, sabiendo que podía despachar más
eficazmente a los extranjeros que sus recepcionistas.
—Buenas noches, soy el gerente general. ¿Puedo ayudarlos? —dijo
lentamente, sobre-enunciando cada palabra.
—Sí, buenas noches, tenemos una reserva —respondió la mujer en perfecto
inglés.
Ormsby la miró sorprendido.
—¿Bajo qué nombre?
—Eleanor Young y familia.
Ormsby se congeló, reconoció el nombre, sobre todo porque Young había
reservado la suite Lancaster. ¿Pero quién podría haber imaginado que “Eleanor
Young” resultaría ser china, y cómo diablos terminó aquí? El Dorchester o el Ritz
podrían permitirse a este tipo de personas, pero este era el Calthorpe, propiedad de
la Calthorpe Cavendish Gores desde el reinado de Jorge IV, y era para todos los
efectos como un club privado para el tipo de familias que aparecía en el Debrett’s o
en el Almanach de Gotha. Ormsby consideró a las desaliñadas mujeres y a los
niños que goteaban. La marquesa viuda de Uckfield se quedaría todo el fin de
semana, y no podía imaginar qué haría con esas personas cuando aparecieran en el
desayuno de mañana. Tomó una decisión rápida.
—Lo siento muchísimo, pero no puedo encontrar una reserva con ese nombre.
—¿Está seguro? —preguntó Eleanor con sorpresa.
—Mucho. —Ormsby sonrió forzado.
Felicity Leong se unió a su cuñada en la recepción.
—¿Hay algún problema? —preguntó con impaciencia, ansiosa por llegar a la
habitación para secarse el cabello.
—Alamak1, no pueden encontrar nuestra reserva. —Suspiró Eleanor.
—¿Por qué? ¿Quizás lo reservaste con otro nombre? —inquirió Felicity.
—No, lah. ¿Por qué debería hacer eso? Siempre he reservado a mi nombre —
respondió Eleanor, irritada. ¿Por qué Felicity siempre suponía que era
incompetente? Se volvió hacia el gerente—. Señor, ¿puede verificar nuevamente?
Confirmé nuestra reserva hace solo dos días. Se supone que debemos estar en su
suite más grande.
—Sí, sé que reservó la suite Lancaster, pero no puedo encontrar su nombre en
ninguna parte —insistió Ormsby.
—Disculpe, pero si sabe que reservamos la suite Lancaster, ¿por qué no
tenemos la habitación? —preguntó Felicity, confundida.
Maldito infierno. Ormsby maldijo su propio error.
—No, no, entendieron mal. Lo que quise decir es que podrían haber pensado
que habían reservado la suite Lancaster, pero ciertamente no puedo encontrar
ningún registro de eso. —Se dio la vuelta por un momento, fingiendo hurgar en
otro papeleo.
Felicity se inclinó encima del pulido mostrador de roble y acercó la libreta de
cuero hacia ella, hojeando las páginas.
—¡Mire! Aquí mismo dice “Señora Eleanor Young, suite Lancaster por cuatro
noches. ¿Ve esto?
—¡Señora! ¡Eso es PRIVADO! —gruñó enojado Ormsby, mirando a sus dos
empleados subalternos, quienes vieron incómodos a su gerente.
Felicity miró al hombre calvo con el rostro enrojecido; la situación se hizo
evidente de repente. No veía esta clase de burla desde que era una niña que crecía
en los últimos días del Singapur colonial, y pensó que este tipo de racismo ofensivo
había dejado de existir.
—Señor —dijo cortésmente, pero con firmeza—, este hotel fue muy
recomendado por la señora Mince, la esposa del obispo Anglicano de Singapur, y
claramente vimos nuestro nombre en su libro de registro. No sé qué tipo de asunto
divertido está pasando, pero recorrimos un largo camino y nuestros hijos están
cansados y con frío. Insisto en que honre nuestra reserva.
Ormsby estaba enojado. ¿Cómo se atrevía esta mujer china con la
Thatcheresque permanente y el absurdo acento “inglés” a hablarle de esa manera?

1El argot malayo utiliza para expresar sorpresa o exasperación como “Oh mi Dios” u “Oh mi
Señor”. Alamak y lah son las dos palabras de la jerga más utilizados en Singapur. (Lah es un sufijo
que puede usarse al final de cualquier frase para enfatizarla, pero no hay una buena explicación de
por qué las personas lo usan, lah).
—Me temo que simplemente no tenemos nada disponible —dijo.
—¿Me está diciendo que no quedan habitaciones en todo este hotel? —dijo
incrédula Eleanor.
—Sí —respondió secamente.
—¿A dónde se supone que debemos ir a esta hora? —preguntó Eleanor.
—¿Quizás a algún lugar de Chinatown? —Ormsby arrugó su nariz. Estos
extranjeros habían desperdiciado suficiente de su tiempo.
Felicity regresó a donde estaba su hermana menor, Alexandra Cheng,
cuidando el equipaje.
—¡Finalmente! No puedo esperar a tomar un baño caliente —dijo Alexandra
con entusiasmo.
—En realidad, ¡este odioso hombre se niega a darnos nuestra habitación! —
dijo Felicity, sin intentar ocultar su ira.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Alexandra, completamente confundida.
—Creo que tiene algo que ver con que seamos chinas —dijo Felicity, como si
no acabara de creer sus propias palabras.
—¡Gum suey ah!2 —exclamó Alexandra—. Déjame hablar con él. Al vivir en
Hong Kong, tengo más experiencia en tratar con estos tipos.
—Alix, no te preocupes. ¡Es un típico ang mor gau sai!3 —exclamó Eleanor.
—Aun así, ¿no se supone que es uno de los mejores hoteles de Londres?
¿Cómo pueden salirse con la suya con ese tipo de comportamiento? —preguntó
Alexandra.
—¡Exactamente! —prosiguió Felicity—. Los ingleses son normalmente tan
amables, nunca me han tratado así en todos mis años viniendo aquí.
Eleanor asintió, aunque en privado sintió que Felicity era parcialmente
culpable de este fiasco. Si Felicity no fuera tan giam siap4 y les hubiera permitido
tomar un taxi desde Heathrow, se habrían visto mucho menos despeinados. (Por
supuesto, no ayudaba que su cuñada siempre se viera tan aburrida, tenía que
vestirse bien cuando viajara con ellos, desde ese viaje a Tailandia cuando todo el
mundo las confundió con sus doncellas).
Edison Cheng, el hijo de Alexandra de doce años, se acercó a las damas con
indiferencia, bebiendo un refresco de un vaso alto.
—¡Aiyah, Eddie! ¿De dónde sacaste eso? —exclamó Alexandra.
—Del barman, por supuesto.

2 “¡Qué mal!” en cantonés.
3 Una expresión coloquial de Hokkien que se traduce como “pelirrojo” (ang mor); y “mierda
de perro” (gau sai). Utilizado en referencia a todos los occidentales, que por lo general se acorta a un
simple “ang mor”.
4 Hokkien para “tacaño”, “miserable”. (La mayoría de los habitantes de Singapur hablan

inglés, pero es una práctica común mezclarlo con palabras en malayo, hindú y varios dialectos
chinos para formar un dialecto local conocido como “Singlish”).
—¿Cómo pagaste?
—No lo hice. Le dije que lo cargara a nuestra suite —respondió Eddie
alegremente—. ¿Podemos subir ahora? Me muero de hambre y quiero ordenar
servicio a la habitación.
Felicity negó con desaprobación, los niños de Hong Kong eran notoriamente
mimados, pero este sobrino de ella era incorregible. Menos mal que estaban allí
para meterlo en el internado, donde tendría algo de sentido común, duchas frías
por la mañana y tostadas rancias con Bovril era lo que necesitaba.
—No, no, ya no nos quedaremos aquí. Ve a ver a Nicky y Astrid mientras
decidimos qué hacer —lo instruyó Felicity.
Eddie se acercó a sus primos más pequeños, reanudando el juego que habían
comenzado en el avión.
—¡Fuera del sofá! Recuerden, soy el presidente, así que soy quien me siento —
ordenó—. Aquí, Nicky, sostén mi vaso mientras bebo de la pajita. Astrid, eres mi
secretaria ejecutiva, así que necesitas masajear mis hombros.
—No sé por qué llegaste a presidente, mientras que Nicky es el vicepresidente
y yo tengo que ser la secretaria —protestó Astrid.
—¿Ya no expliqué eso? Soy el presidente, porque tengo cuatro años más que
ustedes. Eres la secretaria ejecutiva, porque eres la chica. Necesito una chica para
masajear mis hombros y ayudar a elegir joyas para todas mis amantes. El padre de
mi mejor amigo Leo, Ming Kah-Ching, es el tercer hombre más rico de Hong Kong,
y eso es lo que hace su secretaria ejecutiva.
—Eddie, si quieres que sea tu vicepresidente, debería hacer algo más
importante que sostener tu vaso —argumentó Nick—. No hemos decidido qué hace
nuestra compañía.
—Decidí hacer limusinas personalizadas, como Rolls-Royces y Jags —dijo
Eddie.
—¿No podemos hacer algo más emocionante, como una máquina del tiempo?
—preguntó Nick.
—Bueno, estas son limusinas ultra especiales con características como
jacuzzis, compartimentos secretos y asientos eyectores a lo James Bond —dijo
Eddie, saltando del sofá de forma tan repentina que le quitó el vaso de la mano a
Nick. La Coca-Cola se derramó por todas partes, y el sonido del cristal rompiéndose
atravesó el vestíbulo. El botones, el conserje y los recepcionistas miraron a los
niños. Alexandra se precipitó hacia allí, sacudiendo un dedo con consternación.
—¡Eddie! ¡Mira lo que hiciste!
—No fue mi culpa, Nicky fue quien lo dejó caer —comenzó Eddie.
—¡Pero es tu vaso, y lo quitaste de mi mano! —se defendió Nick.
Ormsby se acercó a Felicity y a Eleanor.
—Me temo que tendré que pedirles que se vayan del lugar.
—¿Podemos usar su teléfono? —suplicó Eleanor.
—Creo que los niños han hecho suficiente daño por una noche, ¿no? —vaciló
él.
Todavía lloviznaba, y el grupo se acurrucó bajo un toldo a rayas verdes y
blancas en Brook Street mientras Felicity permanecía en una cabina telefónica
llamando frenéticamente a otros hoteles.
—Dai gu cheh luce como un soldado en una garita en ese puesto rojo —
observó Nick, bastante emocionado por el extraño giro de los acontecimientos—.
Mami, ¿qué vamos a hacer si no podemos encontrar un lugar para quedarnos esta
noche? Tal vez podamos dormir en Hyde Park. Hay un increíble sauce llorón en
Hyde Park llamado el árbol al revés, y sus ramas cuelgan tan bajas que es casi como
una cueva. Todos podemos dormir debajo y estar protegidos...
—¡No hables tonterías! Nadie dormirá en el parque. Dai gu cheh está
llamando a otros hoteles en este momento —dijo Eleanor, pensando que su hijo se
estaba haciendo demasiado precoz para su propio bien.
—¡Oh, quiero dormir en el parque! —chilló Astrid encantada—. Nicky,
¿recuerdas cómo nos mudamos a esa gran cama de hierro en la casa de Ah Ma y
dormimos bajo las estrellas una noche?
—Bueno, puedes dormir en el loong kau5 por lo que a mí respecta, pero
tomaré la gran suite real, donde pueda pedir sándwiches con champaña y caviar —
dijo Eddie.
—No seas ridículo, Eddie. ¿Cuándo alguna vez comiste caviar? —preguntó su
madre.
—En casa de Leo. Su mayordomo siempre nos sirve caviar con pequeños
triángulos de pan tostado. Y siempre es beluga iraní, porque la madre de Leo dice
que el caviar iraní es el mejor —declaró Eddie.
—Connie Ming diría algo así —murmuró Alexandra en voz baja, contenta de
que su hijo finalmente estuviera lejos de la influencia de esa familia.
Dentro de la cabina telefónica, Felicity estaba tratando de explicarle la
situación a su esposo por una conexión a Singapur.
—¡Qué tonterías, lah! ¡Deberías haber pedido la habitación! —Harry Leong se
enojó—. Siempre eres demasiado cortés, esas personas de servicio deben ser
puestas en su lugar. ¿Les dijiste quiénes somos? Voy a llamar al ministro de
comercio e inversión ahora mismo.
—Vamos, Harry, no estás ayudando. Ya llamé a más de diez hoteles. ¿Quién
sabía que hoy era el día de la Commonwealth? Cada VIP está en la ciudad y todo el
mundo está reservado. La pobre Astrid está empapada. Necesitamos encontrar un
lugar para esta noche antes de que tu hija enfurezca.
—¿Intentaste llamar a tu primo Leonard? Tal vez podrías tomar un tren
directo a Surrey —sugirió Harry.
—Lo hice. No está, fue a una caza mayor en Escocia todo el fin de semana.

5 “Bien” en cantonés.
—¡Qué desastre! —Harry suspiró—. Déjame llamar a Tommy Toh en la
embajada de Singapur. Estoy seguro de que podrán resolver las cosas. ¿Cuál es el
nombre de ese maldito hotel racista?
—El Calthorpe —respondió Felicity.
—Alamak, ¿ese es el lugar de Rupert Calthorpe-algo-algo? —preguntó Harry,
de repente animándose.
—No tengo idea.
—¿Dónde está ubicado?
—Está en Mayfair, cerca de Bond Street. En realidad, es un hotel bastante
hermoso, si no fuera por ese horrible gerente.
—¡Sí, creo que ese es! Jugué golf con Rupert, el cual es su nombre y con
algunos otros británicos el mes pasado en California, y recuerdo que me contó todo
sobre su lugar. Felicity, tengo una idea. Voy a llamar a este tipo Rupert. Solo
quédate ahí y te devolveré la llamada.
Ormsby miró con incredulidad cuando los tres niños chinos irrumpieron por
la puerta principal otra vez, apenas una hora después de haberlos desalojado a
todos.
—Eddie, me tomaré un trago. Si quieres uno, ve a buscarlo tú mismo —le dijo
Nick firmemente a su primo mientras caminaba hacia la sala.
—Recuerda lo que dijo tu mamá. Es demasiado tarde para que bebamos Coca
Cola —advirtió Astrid mientras saltaba por el vestíbulo, tratando de alcanzar a los
chicos.
—Bien, entonces, conseguiré un ron y Coca Cola —dijo Eddie descaradamente.
—Qué en la tierra verde de Dios… —gritó Ormsby, atravesando el vestíbulo
para interceptar a los niños. Antes de que pudiera alcanzarlos, de repente vio a lord
Rupert Calthorpe-Cavendish-Gore, acompañando a las mujeres chinas al vestíbulo,
aparentemente en medio de un tour.
—Y mi abuelo trajo a René Lalique en 1918 para hacer los murales de vidrio
que ven aquí en el gran salón. Valga decir que Lutyens, que supervisó la
restauración, no aprobó estos art nouveau flourishes. —Las mujeres se rieron
educadamente.
El personal rápidamente se cuadró, sorprendido de ver al viejo señor, que no
había puesto un pie dentro del hotel en años. Lord Rupert se volvió hacia el gerente
del hotel.
—Ah, Wormsby, ¿no es así?
—Sí, mi señor —dijo, demasiado aturdido para corregir a su jefe.
—¿Le gustaría tener algunas habitaciones preparadas para la encantadora
señora Young, la señora Leong y la señora Cheng?
—Pero, señor, yo solo… —intentó protestar Ormsby.
—Y Wormsby —continuó lord Rupert despectivamente—, le estoy
encomendando que informe al personal de un anuncio muy importante, a partir de
esta noche, la larga historia de mi familia como guardianes de Calthorpe llegó a su
fin.
Ormsby lo miró con incredulidad.
—Milord, ciertamente hay un error...
—No, no hay ningún error en absoluto. Vendí el Calthorpe hace un rato, con
cerradura, caldo y barril. ¿Puedo presentarle a la nueva dueña, la señora Felicity
Leong?
—¿QUÉ?
—Sí, el esposo de la señora Leong, Harry Leong, un hombre maravilloso con
un golpe de brazo derecho letal, a quien conocí en Pebble Beach, me llamó y me
hizo una oferta maravillosa. Ahora puedo dedicar todo mi tiempo a la pesca con
mosca en Eleuthera sin tener que preocuparme sobre este montón gótico.
Ormsby miró a las mujeres con la boca abierta.
—Damas, ¿por qué no nos unimos a sus adorables niños en el Long Bar para
brindar? —dijo lord Rupert alegremente.
—Eso sería maravilloso —respondió Eleanor—. Pero primero, Felicity, ¿no hay
algo que quieras decirle a este hombre?
Felicity se volvió hacia Ormsby, ahora pareciendo a punto de desmayarse.
—Oh, sí, casi lo olvido —comenzó con una sonrisa—. Me temo que tendré que
pedirle que se vaya del lugar.
—¿E
stás seguro de esto? —preguntó Rachel de nuevo, soplando
suavemente la superficie de su humeante taza de té.
Estaban sentados en su mesa habitual junto a la ventana
en Tea & Sympathy, y Nick la acababa de invitar a pasar el verano con él en Asia.
—Rachel, me encantaría que vinieras —le aseguró Nick—. No planeabas
enseñar este verano, entonces ¿cuál es tu preocupación? ¿Crees que no serás capaz
de manejar el calor y la humedad?
—No, no es eso. Sé que vas a estar muy ocupado con todos tus deberes de
padrino, y no quisiera distraerte —dijo Rachel.
—¿Cuál distracción? La boda de Colin solo se llevará a cabo durante la
primera semana en Singapur, y luego podremos pasar el resto del verano
simplemente deambulando por Asia. Vamos, déjame mostrarte dónde crecí. Quiero
llevarte a todos mis lugares favoritos.
—¿Me mostrarás la cueva sagrada donde perdiste tu virginidad? —bromeó
Rachel, arqueando una ceja juguetonamente.
—¡Definitivamente! ¡Incluso podemos escenificar una recreación! —Nick rió,
untando mermelada y crema cuajada en un bollo todavía caliente del horno—. ¿Y
no vive en Singapur una buena amiga tuya?
—Sí, Peik Lin, mi mejor amiga de la universidad —dijo Rachel—. Ha estado
intentando hacer que vaya a visitarla durante años.
—Razón de más. Rachel, ¡te va a encantar, y solo sé que vas a morir con la
comida! ¿Te das cuenta de que Singapur es el país del planeta más obsesionado con
la comida?
—Bueno, solo viendo la forma en que adulas todo lo que comes, pensé que era
más o menos el deporte nacional.
—¿Recuerdas el artículo del New Yorker de Calvin Trillin acerca de la comida
callejera en Singapur? Te llevaré a todos los lugares locales a los que incluso él no
sabe nada. —Nick dio otro mordisco a su bollo esponjoso y continuó con su boca
llena—. Sé lo mucho que amas estos bollos. Solo espera a que pruebes los de mi Ah
Ma…
—¿Tu Ah Ma hornea bollos? —Rachel trató de imaginar a una tradicional
abuela china preparando esta confección esencialmente inglesa.
—Bueno, no los hornea ella exactamente, pero tiene los mejores bollos del
mundo, ya lo verás —dijo Nick, volviéndose reflexivamente para asegurarse de que
nadie en el acogedor lugar lo hubiera escuchado. No quería convertirse en una
persona non grata en su café favorito por haber jurado lealtad a otro bollo sin tener
cuidado, aunque fueran los de su abuela.
En una mesa vecina, la chica acurrucada detrás de un soporte de tres niveles
lleno con bocadillos, estaba cada vez más emocionada por la conversación que
escuchaba. Sospechaba que podría ser él, pero ahora tenía una confirmación
absoluta. Era Nicholas Young. A pesar de que solo tenía quince años en ese
momento, Celine Lim nunca olvidó el día en que Nicholas pasó frente a su mesa en
Pulau Club6 y mostró su devastadora sonrisa a su hermana Charlotte.
—¿Es ese uno de los hermanos Leong? —había preguntado su madre.
—No, ese es Nicholas Young, un primo de los Leong —respondió Charlotte.
—¿El hijo de Philip Young? Aiyah, ¿cuándo creció de esa manera? ¡Es tan
guapo ahora! —exclamó la señora Lim.
—Acaba de regresar de Oxford. Doble especialización en historia y derecho —
agregó Charlotte, anticipando la próxima pregunta de su madre.
—¿Por qué no te levantas y hablas con él? —dijo emocionada la señora Lim.
—¿Por qué debería molestarme, cuando apartas a todos los hombres que se
atreven a acercarse? —respondió Charlotte cortante.
—¡Alamak, niña estúpida! Solo estoy tratando de protegerte de los cazadores
de fortuna. Este sería afortunado de tenerte. ¡A este puedes cheong!
Celine no podía creer que su madre realmente estuviera alentando a su
hermana mayor a tomar a este chico. Miró fijamente con curiosidad a Nicholas,
que ahora se reía animadamente con sus amigos en una mesa bajo un toldo azul y
blanco junto a la piscina. Incluso desde lejos, se destacaba en alto relieve. A
diferencia de los otros tipos con sus cortes de cabello típicos de la barbería india,
Nicholas tenía un cabello negro perfectamente despeinado, cincelados rasgos como
los ídolos pop cantoneses y pestañas increíblemente gruesas. Era el tipo más lindo
y soñador que hubiera visto en la vida.
—Charlotte, ¿por qué no vas y lo invitas a tu recaudación de fondos del
sábado? —continuó su madre.
—Basta, mamá. —Charlotte sonrió entre dientes—. Sé lo que estoy haciendo.
Al final resultó que Charlotte no sabía lo que estaba haciendo, ya que Nicholas
nunca apareció en su recaudación de fondos, para la eterna decepción de su madre.
Pero esa tarde, en Pulau Club, dejó una marca tan indeleble en la memoria
adolescente de Celine que seis años después y al otro lado del planeta, todavía lo
reconocía.
—Hannah, déjame hacerte una foto con ese delicioso pudín de caramelo toffee
—dijo Celine, sacando su teléfono con cámara. Lo apuntó en dirección de su amiga,
pero subrepticiamente movió la lente hacia Nicholas. Tomó la foto e
inmediatamente se la envió por correo electrónico a su hermana, que ahora vivía en
Atherton, California. Su teléfono sonó unos minutos después.

6 Club de campo más prestigioso de Singapur (las membresías son prácticamente más

difíciles de obtener que un título de caballero).
BigSis: ¡OH DIOS MÍO! ¡ESE ES NICK YOUNG! ¿DÓNDE ESTÁS?
Celine Lim: T & S.
BigSis: ¿Quién es la chica con la que está?
Celine Lim: Novia, creo. Se ve CNA7.
BigSis: Mmm... ¿ves un anillo?
Celine Lim: Sin anillo.
BigSis: ¡¡¡Espía para mí, por favor!!!
Celine Lim: ¡¡¡Me debes un gran favor!!!
Nick miró por la ventana del café, maravillándose ante la gente con perros
diminutos desfilando por este tramo de Greenwich Avenue como si fuera una
pasarela para las razas más de moda en la ciudad. Hace un año, los bulldogs
franceses estaban en todo su apogeo, pero ahora parecía que los sabuesos grises
italianos estaban a la altura de los francesitos. Volvió a mirar a Rachel, reanudando
su campaña.
—Lo mejor de comenzar en Singapur es que es la base perfecta. Malasia está
justo al otro lado del puente, y es un salto rápido a Hong Kong, Camboya,
Tailandia. Incluso podemos irnos de isla en isla en Indonesia...
—Todo suena increíble, pero diez semanas... No sé si deseo estar fuera tanto
tiempo —reflexionó Rachel. Podía sentir el entusiasmo de Nick, y la idea de visitar
Asia de nuevo la llenaba de emoción. Había pasado un año enseñando en Chengdu
entre la universidad y la escuela de posgrado, pero no pudo permitirse el lujo de
viajar a ningún lugar más allá de las fronteras de China en ese momento. Como
economista, sin duda sabía lo suficiente sobre Singapur, esta pequeña e intrigante
isla en la punta de la Península Malaya, que se había transformado en unas pocas
décadas de un remanso colonial británico al país con la mayor concentración
mundial de millonarios. Sería fascinante ver el lugar de cerca, especialmente con
Nick como su guía.
Aun así, algo sobre este viaje hacía que Rachel se sintiera un poco aprensiva, y
no podía evitar pensar en las implicaciones más profundas. Nick lo hacía parecer
tan espontáneo, pero conociéndolo, estaba segura de que había pensado mucho
más en ello de lo que dejaba ver. Habían estado juntos durante casi dos años, y
ahora la invitaba a un largo viaje para visitar su ciudad natal, para nada menos que
asistir a la boda de su mejor amigo. ¿Esto significaba lo que pensaba?
Rachel miró dentro de su taza de té, deseando poder adivinar algo de las hojas
dispersas reunidas en el fondo del profundo Assam dorado. Nunca había sido el
tipo de chica que añoraba los finales de cuento de hadas. Al tener veintinueve años
estaba, según los estándares chinos, bastante dentro del territorio de solterona, y
aunque sus entrometidos parientes intentaban constantemente presentarle a
alguien, pasó la mayor parte de sus veintes concentrada en terminar la escuela de
posgrado, terminando su disertación, y comenzando su carrera académica. Esta
invitación sorpresa, sin embargo, provocó un instinto vestigial dentro de ella.

7 China nacida en América.
Quiere llevarme a casa. Quiere que conozca a su familia. El romanticismo
largamente dormido en ella estaba despertando, y sabía que solo había una
respuesta para dar.
—Tendré que consultar con mi decano para ver cuándo me necesitan de
regreso, pero ¿sabes qué? ¡Hagámoslo! —declaró Rachel. Nick se inclinó sobre la
mesa y la besó con júbilo.
Minutos más tarde, antes de que la propia Rachel supiera con certeza sus
planes para el verano, los detalles de su conversación ya habían empezado a
extenderse por todas partes, dando vueltas por el mundo como un virus desatado.
Después de que Celine Lim (estudiante de la Escuela de Diseño Parsons) le enviara
un correo electrónico a su hermana Charlotte Lim (recientemente comprometida
con el capitalista de riesgo Henry Chiu) en California, Charlotte llamó a su mejor
amiga Daphne Ma (la hija más joven de sir Benedict Ma) en Singapur y sin aliento
la puso al tanto. Daphne envió un mensaje de texto a ocho amigas, entre ellas
Carmen Kwek (nieta de Robert “Sugar King” Kwek) en Shanghái, cuya prima
Amelia Kwek, había ido a Oxford con Nicholas Young.
Amelia simplemente tuvo que enviar un mensaje a su amiga Justina Wei (la
heredera de Instant Noodle) en Hong Kong y Justina, cuya oficina en Hutchison
Whampoa estaba justo al otro lado del pasillo de Roderick Liang (de los Liang de
Liang Finance Group), quien simplemente tuvo que interrumpir su conferencia
telefónica para compartir esta jugosa noticia. Roderick, a su vez, llamó por Skype a
su novia Lauren Lee, quien estaba de vacaciones en el Royal Mansour en
Marrakech con su abuela la señora Lee Yong Chien (no se necesitaban
presentaciones) y su tía Patsy Teoh (Miss Taiwán 1979, ahora la ex esposa del
magnate de las telecomunicaciones Dickson Teoh).
Patsy hizo una llamada junto a la piscina a Jacqueline Ling (nieta del
filántropo Ling Yin Chao) en Londres, sabiendo muy bien que Jacqueline tendría
una línea directa con Cassandra Shang (prima segunda de Nicholas Young), que
pasaba cada primavera en la vasta propiedad de su familia en Surrey. Y así, este
exótico flujo de chisme se extendió rápidamente a través de las redes levantinas del
jet set asiático, y en unas pocas horas, casi todos en este exclusivo círculo sabían
que Nicholas Young llevaría a una chica a casa en Singapur.
Y, ¡alamak! Esta era una gran noticia.
T
odo el mundo sabía que dato’8 Tai Lui hizo su primera fortuna de la
forma sucia al tumbar al Banco Loong Ha a principios de los años
ochenta, pero en las dos décadas siguientes, los esfuerzos de su esposa,
datin Carol Tai, en nombre de las correctas organizaciones benéficas, hicieron del
apellido Tai uno de respetabilidad. Todos los jueves, por ejemplo, la datin tenía un
almuerzo de estudio bíblico para sus amigas más cercanas en su habitación, y
Eleanor Young estaba segura de asistir.
La palaciega habitación de Carol no estaba realmente en la enorme estructura
de vidrio y acero en la que todos vivían a lo largo de Kheam Hock Road apodada la
“Casa Star Trek”. En cambio, con el asesoramiento del equipo de seguridad de su
marido, el dormitorio estaba escondido en el pabellón de la piscina, una fortaleza
de travertino blanco que se extendía por la piscina como un Taj Mahal
posmoderno. Para llegar allí, o bien tenías que seguir el sendero que serpenteaba a
lo largo de los jardines de rocas de coral o tomar el atajo a través del ala de servicio.
Eleanor siempre prefería la ruta más rápida, ya que asiduamente evitaba el sol para
mantener su tez de porcelana blanca, y también, como vieja amiga de Carol, se
consideraba exenta de los trámites de espera en la puerta principal, siendo
anunciada por el mayordomo, y todas esas tonterías.
Además, Eleanor disfrutaba al pasar por las cocinas. Los viejos amahs en
cuclillas sobre las esmaltadas calderas dobles siempre abrían las tapas para que
Eleanor pudiera oler las hierbas medicinales siendo elaboradas para el marido de
Carol (“el viagra natural” como la llamaba), y el pescado eviscerado en la cocina del
patio adularía lo joven que todavía se veía la señora Young para tener sesenta, con
su cabello peinado a la moda, con su barbilla y rostro sin arrugas (antes de debatir
con furia, en el momento en que estaba fuera del alcance del oído, lo que debe
haber pagado por los nuevos y costosos procedimientos cosméticos de la joven
señora).
Para cuando Eleanor llegaba a la habitación de Carol, la magistrada del
estudio de la Biblia, Daisy Foo, Lorena Lim y Nadine Shaw, ya estarían reunidas y
esperando. Aquí, protegidas del fuerte calor ecuatorial, estas viejas amigas
conversaban lánguidamente en la habitación, analizando los versículos de la Biblia
asignados en sus guías de estudio. El lugar de honor en la cama dinástica Qing

8 Un título honorífico de gran prestigio en Malasia (similar a un caballero británico) conferido
por un gobernante real hereditario de uno de los nueve estados malayos. El título es utilizado a
menudo por la realeza de Malasia para recompensar a poderosos hombres de negocios, políticos y
filántropos en Malasia, Singapur e Indonesia, y algunas personas pasan décadas peleando solo para
obtener el título. La esposa de un dato se llama datin.
Huanghuali9 de Carol se reservaba siempre para Eleanor, porque, aunque esta era
la casa de Carol y era la única casada con el multimillonario financiero, Carol
todavía le hacía esa deferencia. Esta era la manera en que las cosas habían sido
desde su infancia como vecinas que crecieron en Serangoon Road, ya que, viniendo
de una familia de habla china, Carol se había sentido siempre inferior a Eleanor,
quien se crio hablando inglés primero. (Las otras también se inclinaban ante ella,
porque incluso entre estas damas extremadamente bien casadas, Eleanor las había
vencido a todas al convertirse en la señora de Philip Young).
El almuerzo de hoy comenzó con codorniz y estofados sobre fideos estirados a
mano, y Daisy (casada con el magnate Q. T. Foo pero nacida como Wong, de los
Ipoh Wong) luchó para separar los fideos con almidón mientras trataba de
encontrar 1º de Timoteo en su Biblia Rey James. Con su permanente ondulada y
sus gafas de lectura sin montura en la punta de la nariz, parecía la directora de una
escuela para chicas. A los sesenta y cuatro años, era la más antigua de las damas, y
a pesar de que todas las demás estaban en la New American Standard, Daisy
siempre insistía en leer su versión, diciendo:
—Fui a la escuela del convento y me enseñaron las monjas, ya saben, por lo
que siempre será el rey James para mí. —Pequeñas gotas de caldo de ajo salpicaron
la página similar a una tela, pero consiguió mantener el buen libro abierto con una
mano mientras con destreza maniobraba sus palillos de marfil con la otra.
Nadine, mientras tanto, estaba ocupada hojeando su Biblia, el último número
de Singapur Tattle. Todos los meses no veía la hora de ver cuántas fotos de su hija
Francesca, la celebrada “Shaw Foods”, aparecían en la revista “Soirées”. La propia
Nadine era un elemento fijo en las páginas sociales, ¿qué tal su maquillaje al estilo
Kabuki, sus joyas del tamaño de una fruta tropical y su cabello excesivamente
despeinado?
—¡Aiyah, Carol, Tattle dedicó dos páginas completas a tu gala de moda de
Christian Helpers! —exclamó Nadine.
—¿Ya? No me di cuenta de que saldría tan rápido —comentó Carol. A
diferencia de Nadine, siempre tenía un poco de vergüenza de encontrarse en las
revistas, a pesar de que los editores adulaban constantemente sus “clásicas miradas
de cantatriz de Shanghái”. Carol simplemente se sentía obligada a asistir a algunas
galas de caridad todas las semanas como cualquier buena cristiana nacida debía, y
porque su esposo no dejaba de recordarle que la madre Teresa fue buena para los
negocios.
Nadine examinó las brillantes páginas arriba y abajo.
—Lena Teck realmente ganó peso desde su crucero por el Mediterráneo, ¿no?
Deben ser esos bufés de todo lo que puedas comer, siempre sientes que tienes que
comer más para obtener el valor de tu dinero. Ella es muy cuidadosa, todas esas
mujeres Teck terminan con tobillos gordos.

9 Literalmente “pera de floración amarilla” un tipo extremadamente raro de palo de rosa
ahora prácticamente extinguido. En las últimas décadas, los muebles Huanghuali se han vuelto
muy buscados por los coleccionistas más exigentes. Después de todo, va también con mediados de
siglo moderno.
—No creo que le importe lo gordo que tenga los tobillos. ¿Sabes cuánto heredó
cuando murió su padre? Escuché que ella y sus cinco hermanos obtuvieron
setecientos millones —dijo Lorena desde su chaise longue.
—¿Eso es todo? Pensé que Lena tenía al menos mil millones —resopló
Nadine—. Oye, qué extraño, Elle, ¿cómo es que no hay ni una foto de tu bonita
sobrina Astrid? Recuerdo a todos los fotógrafos pululando alrededor de ella ese día.
—Esos fotógrafos estaban perdiendo el tiempo. Las imágenes de Astrid nunca
se publican en ningún lado. Su madre hizo un trato con todos los editores de las
revistas cuando era adolescente —explicó Eleanor.
—¿Por qué haría eso?
—¿Ya no conoces la familia de mi esposo? Preferirían morir que aparecer en la
impresión —dijo Eleanor.
—¿Qué? ¿Se han vuelto demasiado grandiosos como para mezclarse con otros
singapurenses? —dijo Nadine indignada.
—Aiyah, Nadine, hay una gran diferencia entre ser grandiosos y ser discretos
—comentó Margarita, a sabiendas de que familias como los Leong y los Young
vigilaban su intimidad hasta el punto de la obsesión.
—Grandioso o no, creo que Astrid es maravillosa —intervino Carol—. Sabes,
se supone que no debo decirlo, pero Astrid escribió el cheque más grande en la
recaudación de fondos. E insistió en que lo mantuviera en el anonimato. Pero su
donación fue lo que hizo de la gala de este año un éxito sin precedentes.
Eleanor miró a la muy nueva criada china continental entrar en la habitación,
preguntándose si sería otra de las chicas que el dato había elegido a dedo de esa
“bolsa de trabajo” que frecuentaba en Suzhou, la ciudad conocida por tener a las
mujeres más bellas de China.
—¿Qué tenemos hoy? —le preguntó a Carol, mientras la doncella colocaba un
voluminoso y familiar cofre de madreperla junto a la cama.
—Oh, quería mostrarte lo que compré en mi viaje a Birmania.
Eleanor abrió la tapa del cofre y comenzó a sacar metódicamente las bandejas
apiladas de terciopelo negro. Una de sus partes favoritas del estudio bíblico de los
jueves era analizar las últimas adquisiciones de Carol. Pronto la cama estaba llena
de bandejas que contenían una deslumbrante colección de joyas.
—¡Qué intrincadas cruces! ¡No me di cuenta de que hicieran un buen trabajo
de instalación en Birmania!
—No, no, estas cruces son de Harry Winston —la corrigió Carol—. Los rubíes
son de Birmania.
Lorena se levantó de su almuerzo y se dirigió directamente a la cama,
sosteniendo uno de los rubíes del tamaño de un lichi a la luz.
—Aiyah, tienes que tener cuidado en Birmania, porque muchos de sus rubíes
son tratados de forma sintética para aumentar el enrojecimiento. —Siendo la
esposa de Lawrence Lim (de la joyería Lims L'Orient), Lorena podía hablar sobre
este tema con autoridad.
—Pensé que los rubíes de Birmania se suponía que eran los mejores —
comentó Eleanor.
—Señoras, deben dejar de llamarla Birmania. Hace más de veinte años que se
llama Myanmar —corrigió Daisy.
—¡Alamak! ¡Suenas como Nicky, siempre corrigiéndome! —dijo Eleanor.
—Oye, hablando de Nick, ¿cuándo viene de Nueva York? ¿No es el padrino en
la boda de Colin Khoo? —preguntó Daisy.
—Sí, sí. Pero ya conoces a mi hijo. ¡Siempre soy la última en saber algo! —se
quejó Eleanor.
—¿No se quedará contigo?
—Por supuesto. Siempre se queda con nosotros primero, antes de dirigirse a
la de la Vieja Señora —dijo Eleanor, usando el apodo para su suegra.
—Bien —continuó Daisy, bajando un poco la voz—, ¿qué crees que hará la
Vieja Señora con su invitada?
—¿Qué quieres decir? ¿Cuál invitada? —preguntó Eleanor.
—La... la que él traerá... a la boda —respondió Daisy lentamente, mirando a
las otras damas maliciosamente, sabiendo que todas sabían a quién se estaba
refiriendo.
—¿De qué estás hablando? ¿A quién traerá? —dijo Eleanor, un poco
confundida.
—¡A su última novia, lah! —reveló Lorena.
—¡No hay tal cosa! De ninguna manera Nicky tiene novia —insistió Eleanor.
—¿Por qué es tan difícil para ti creer que tu hijo tiene novia? —preguntó
Lorena. Siempre había encontrado a Nick como el joven más desesperado de su
generación, y con todo ese dinero Young, era tan lamentable que Tiffany, su hija sin
recursos, nunca lograra atraerlo.
—¿Pero seguramente has oído hablar de esa chica? La de Nueva York —dijo
Daisy en un susurro, saboreando haberle dado la noticia a Eleanor.
—¿Una chica americana? Nicky no se atrevería a hacer tal cosa. ¡Daisy, tu
información siempre es ta pah kay10!
—¿Qué quieres decir? ¡Mis noticias no son ta pah kay, provienen de la fuente
más confiable! De todos modos, escuché que es china —ofreció Daisy.
—¿En serio? ¿Cómo se llama, y de dónde es? Daisy, si me dices que es de
China Continental, creo que voy a tener un ataque cerebral —advirtió Eleanor.
—Escuché que es de Taiwán —dijo Daisy con cuidado.
—¡Dios mío, espero que no sea una de esos tornados taiwaneses! —Se rió
Nadine.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Eleanor.

10 “No exacto” en malayo.
—Ya sabes lo famosas que pueden ser las chicas taiwanesas. Saltan sin
experiencia, los hombres caen sobre sus cabezas, y antes de que te des cuenta, ya
no están, antes de absorber hasta el último dólar, como un tornado —explicó
Nadine—. Conozco a tantas personas que han caído presas, piensa en el hijo de la
señora K. Tang, Gerald, cuya esposa lo limpió y se fue con todas las reliquias de la
familia Tang. O la pobre Annie Sim, que perdió a su marido con la cantante de
Taipei.
En este momento, el esposo de Carol entró a la habitación.
—Hola, hola, señoras. ¿Cómo está Jesús hoy? —dijo, fumando su puro y
arremolinándose en su armario de Hennessy, viéndose cada centímetro grande de
la caricatura de un magnate asiático.
—¡Hola, dato! —dijeron las damas al unísono, y se apresuraron a colocarse en
posiciones más decorosas.
—Dato, ¡Daisy aquí está tratando de darme un infarto! ¡Les está diciendo a
todas que Nicky tiene una nueva novia taiwanesa! —exclamó Eleanor.
—Relájate, Lealea. Las chicas taiwanesas son adorables, realmente saben
cómo cuidar a un hombre, y tal vez sea más encantadora que todas las chicas
mimadas e inmaduras con las que intentas emparejarlo. —El dato sonrió—. De
todos modos —continuó, bajando la voz de repente—, si fuera tú, estaría menos
preocupada por el joven Nicholas, y más preocupada por Sina Land en este
momento.
—¿Por qué? ¿Qué le está pasando a Sina Land? —preguntó Eleanor.
—Sina Land toh tuew. Va a colapsar —declaró el dato con una sonrisa.
—Pero Sina Land es de primera línea. ¿Cómo puede ser eso? Mi hermano
incluso me dijo que tenían todos esos nuevos proyectos en el oeste de China —
argumentó Lorena.
—El gobierno chino, me asegura mi fuente, se ha retirado de ese enorme
nuevo desarrollo en Xinjiang. Acabo de descargar mis acciones y estoy corto de cien
mil acciones cada hora hasta que cierre el mercado. —Con eso, el dato expulsó una
gran bocanada de humo de su Cohiba y presionó un botón al lado de la cama. La
vasta pared de vidrio que daba a la resplandeciente piscina comenzó a inclinarse
cuarenta y cinco grados como una enorme puerta de garaje en voladizo, y el dato
salió al jardín hacia la casa principal.
Durante unos segundos, la habitación se silenció por completo. Casi se podía
escuchar las ruedas en la cabeza de cada mujer girando a toda marcha. Daisy de
repente saltó de su silla, derramando la bandeja de fideos en el piso.
—¡Rápido, rápido! ¿Dónde está mi bolso? ¡Tengo que llamar a mi agente!
Eleanor y Lorena también lucharon por sus celulares. Nadine tenía a su
corredor de bolsa en la marcación rápida y ya estaba gritando a su teléfono:
—¡Avienta todo! SINA LAND. Sí. ¡Tíralo todo! ¡Acabo de oír por la boca del
caballo que ya no está!
Lorena estaba en el otro extremo de la cama, acunando su teléfono cerca de su
boca.
—Desmond, no me importa, por favor comienza a cortarlo ahora.
Daisy comenzó a hiperventilar.
—¡Sum Toong, ah!11 ¡Estoy perdiendo millones a cada segundo! ¿Dónde está
mi maldito corredor? ¡No me digas que ese imbécil todavía está almorzando!
Carol con calma tomó el panel de pantalla táctil junto a su mesita de noche.
—¿Pueden, por favor, entrar y limpiar un derrame? —Luego cerró los ojos,
levantó los brazos en el aire y comenzó a rezar en voz alta—: Oh Jesús, nuestro
señor personal y salvador, bendito sea tu nombre. Venimos a ti pidiendo
humildemente tu perdón hoy, ya que todas pecamos contra ti. Gracias por
derramar tus bendiciones sobre nosotras. Gracias Señor Jesús por la comunión
que compartimos hoy, por la nutritiva comida que disfrutamos, por el poder de tu
santa palabra. Por favor, cuida a la hermana Eleanor, a la hermana Lorena, a la
hermana Daisy y a la hermana Nadine, mientras intentan vender sus acciones de
Sina Land...
Carol abrió los ojos por un momento, notando con satisfacción que Eleanor al
menos estaba rezando con ella. Pero, por supuesto, no podía saber que detrás de
esos ojos serenos, Eleanor rezaba por algo completamente distinto. ¡Una chica
taiwanesa! Por favor, Dios, que no sea cierto.

11 “Mi corazón duele” en cantonés.
S
ería justo después de la hora de la cena en Cupertino, y las noches en que
no estaba en casa de Nick, se convertía en la costumbre de Rachel llamar
a su madre justo cuando se estaba metiendo en la cama.
—¿Adivina quién acaba de cerrar el trato en la casa grande de Laurel Glen
Drive? ―alardeó Kerry Chu emocionada en mandarín tan pronto como contestó el
teléfono.
—¡Vaya, mamá, felicitaciones! ¿No es esa tu tercera venta este mes? —
preguntó Rachel.
—¡Sí! ¡Rompí el récord de la oficina del año pasado! Como ves, supe que tomé
la decisión correcta al unirme a Mimi Shen en la oficina de Los Altos —dijo Kerry
con satisfacción.
—Vas a ser Agente Inmobiliario del Año nuevamente, solo lo sé —respondió
Rachel, volviendo a esponjar la almohada bajo su cabeza—. Bueno, también tengo
algunas noticias emocionantes... Nick me invitó a ir con él a Asia este verano.
—¿Lo hizo? —comentó Kerry, bajando un poco la voz.
—Mamá, no empieces a tener ninguna idea —advirtió Rachel, sabiendo que el
tono de su madre estaba muy bien.
—¡Hiyah! ¿Cuáles ideas? Cuando trajiste a Nick a casa el último Día de Acción
de Gracias, todos los que los vieron a ustedes, tortolitos, dijeron que eran el uno
para el otro. Ahora es su turno de presentarte a su familia. ¿Crees que se te va a
proponer? —dijo Kerry, sin poder contenerse.
—Mamá, nunca hemos hablado sobre matrimonio —dijo Rachel, tratando de
minimizarlo. Tan emocionada como ella por todas las posibilidades que se cernían
con el viaje, no iba a alentar a su madre por el momento. Su madre ya estaba
demasiado interesada en su felicidad, y no quería ilusionarla... demasiado.
Aun así, Kerry estaba llena de expectación.
—Hija, conozco a los hombres como Nick. Él puede actuar como erudito
bohemio todo lo que quiera, pero sé que en el fondo es del tipo que quiere casarse.
Quiere establecerse y tener muchos hijos, por lo que no hay más tiempo que perder.
—¡Mamá, solo detente!
—Además, ¿cuántas noches a la semana pasas en su casa? Me sorprende que
aún no se hayan mudado juntos.
—Eres la única madre china que conozco que en realidad está alentando a su
hija a que se mude con un chico. —Rachel rió.
—¡Soy la única madre china con una hija soltera que tiene casi treinta años!
¿Sabes cuántas preguntas recibo casi todos los días? Me estoy cansando de
defenderte. Porque, incluso ayer, me encontré con Min Chung en el café de Peet.
“Sé que querías que tu hija se estableciera primero en su carrera, pero ¿no es hora
de que la chica se case?”, me preguntó. Sabes que su hija Jessica está
comprometida con el chico número siete en Facebook, ¿verdad?
—Sí, sí, sí. Sé toda la historia. En lugar de un anillo de compromiso, él le
otorgó una beca a su nombre en Stanford —dijo Rachel en un tono aburrido.
—Y ella no es tan bonita como tú —dijo Kerry indignada—. Todos tus tíos y
tías se rindieron contigo hace mucho tiempo, pero siempre supe que estabas
esperando el correcto. Por supuesto, tenías que elegir un profesor como tú. Al
menos sus hijos obtendrán un descuento en la matrícula, esa es la única forma en
que los dos pueden permitirse llevarlos a la universidad.
—Hablando de tíos y tías, prométeme que no irás a contarles a todos de
inmediato. ¿Por favor? —suplicó Rachel.
—¡Hiyah! Bien, bien. Sé que siempre eres muy cautelosa, y no quieres
decepcionarte, pero sé en mi corazón lo que va a pasar —dijo su madre
alegremente.
—Bueno, hasta que pase algo, no tiene sentido sacarle gran importancia —
insistió Rachel.
—Entonces ¿dónde te quedarás en Singapur?
—En la casa de sus padres, supongo.
—¿Viven en una casa o en un apartamento? —preguntó Kerry.
—No tengo idea.
—¡Debes saber estas cosas!
—¿Por qué eso importa? ¿Vas a intentar venderles una casa en Singapur?
—Te diré por qué es importante, ¿sabes cuáles serán los arreglos para dormir?
—¿Arreglos para dormir? ¿De qué estás hablando, mamá?
—Hiyah, ¿sabes si estarás en la habitación de invitados o compartiendo una
cama con él?
—Nunca se me ocurrió…
—Hija, eso es lo más importante. No debes asumir que los padres de Nick van
a ser tan liberales como yo. Vas a Singapur, y esos singapurenses chinos son los
más tensos de todos los chinos, ¿sabes? No quiero que sus padres piensen que no te
crie adecuadamente.
Rachel suspiró. Sabía que su madre tenía buenas intenciones, pero como de
costumbre, había logrado estresarla con detalles que Rachel nunca hubiera
imaginado.
—Ahora, debemos planear lo que llevarás como regalo para los padres de
Nick —continuó Kerry con entusiasmo—. Averigua qué le gusta beber al padre de
Nick. ¿Escocés? ¿Vodka? ¿Whisky? Tengo muchas botellas sobrantes de Johnny
Walker Red de la fiesta de Navidad en la oficina, puedo enviarte una.
—Mamá, no voy a comprar una botella de alcohol para que puede llegar allí.
Déjame pensar en el regalo perfecto para llevárselos desde américa.
—¡Oh, sé exactamente lo que le vas a regalar a la madre de Nick! Deberías ir a
Macy's y comprarle uno de esos bonitos compactos en polvo de oro de Esteé
Lauder. Están teniendo una oferta especial en este momento, y viene con un regalo
gratis; una bolsa de cuero de aspecto costoso con lápiz labial y muestras de perfume
y crema para los ojos. Confía en mí, cada mujer asiática ama esos regalos gratis...
—No te preocupes, mamá, me ocuparé de eso.
N
ick estaba repantigado en su abollado sofá de cuero clasificando
papeles cuando Rachel casualmente lo sacó a colación.
—Así que, ¿cuál es la historia cuando nos quedemos en casa de
tus padres? ¿Vamos a compartir habitación, o estarán escandalizados?
Nick inclinó su cabeza.
—Mmm. Supongo que estaremos bien en la misma habitación…
—¿Supones o sabes?
—No te preocupes, una vez que lleguemos todo será ordenado.
Ordenado. Normalmente Rachel encontraba las frases británicas de Nick muy
encantadoras, pero en este caso era un poco frustrante. Sintiendo su inquietud,
Nick se levantó, caminó hacia donde estaba sentada, y besó la cima de su cabeza
suavemente.
—Relájate, mis padres no son el tipo de personas que ponen atención a los
acuerdos de dormir.
Rachel se preguntó si eso era en verdad cierto. Intentó volver a leer el sitio
web de asesoramiento de viajes del Departamento de Estado del Sureste de Asia.
Mientras estaba sentada ahí en el brillo de la laptop, Nick no pudo evitar
maravillarse de lo hermosa que su novia lucía incluso al final de un largo día.
¿Cómo consiguió ser tan afortunado? Todo sobre ella… desde la piel de rocío de
recién llegada de una carrera matutina por la playa, al cabello negro obsidiana que
se detenía justo sobre su clavícula… transmitían una natural, una belleza sin
complicación tan diferente de las chicas listas para la alfombra roja con las que
había crecido.
Ahora Rachel estaba ausentemente frotando su labio superior con su dedo
índice de ida y vuelta, su ceño ligeramente fruncido. Nick conocía bien ese gesto.
¿De qué se estaba preocupando? Desde que había invitado a Rachel a Asia hacía
unos días, las preguntas habían estado acumulándose constantemente. ¿Dónde se
estaban quedando? ¿Qué regalo debería llevar a sus padres? ¿Qué les había dicho
Nick de ella? Nick deseó poder detener esa brillante mente analítica suya de pensar
mucho cada aspecto del viaje. Estaba comenzando a ver que Astrid había tenido
razón. Astrid no era solo su prima, era su confidente más cercana, y él había
tanteado primero la idea de invitar a Rachel a Singapur durante su conversación
telefónica hacía una semana.
—Primero que nada, sabes que estarás instantáneamente escalando las cosas
al siguiente nivel, ¿cierto? ¿Es eso lo que en verdad quieres? —preguntó Astrid sin
rodeos.
—No. Bueno… tal vez. Son solo unas vacaciones de verano.
—Vamos, Nicky, esto no son “solo vacaciones de verano”. Así no es como las
mujeres piensan, y lo sabes. Han estado saliendo en serio por casi dos años ahora.
Tienes treinta y dos, y hasta ahora nunca has traído a nadie a casa. Esto es grande.
Todos van a asumir que vas a…
—Por favor —advirtió Nick—. No digas la palabra con c.
—Mira… sabes que eso es precisamente lo que estará en la mente de todos.
Más que nada, puedo garantizar que está en la mente de Rachel.
Nick suspiró. ¿Por qué todo tenía que ser tan lleno de significado? Esto
siempre pasaba cuando pedía la perspectiva femenina. Tal vez llamar a Astrid fue
una mala idea. Ella era mayor que él por solo seis meses, pero a veces se ponía
demasiado en el modo hermana mayor. Él prefería al caprichoso, que el diablo
tenga cuidado a lado de Astrid.
—Solo quiero mostrarle a Rachel mi parte del mundo, eso es todo, sin
ataduras —intentó explicar—. Y supongo que una parte de mí quiere ver cómo
reaccionará a eso.
—Por “eso” te refieres a nuestra familia —dijo Astrid.
—No, no es solo nuestra familia. Mis amigos, la isla, todo. ¿No puedo ir de
vacaciones con mi novia sin que se convierta en un incidente diplomático?
Astrid se detuvo un momento, tratando de evaluar la situación. Esto era lo
más serio que su primo había sido con alguien. Incluso si no estaba listo para
admitírselo a sí mismo, sabía que, en un nivel subconsciente, al menos, estaba
dando el siguiente paso crucial en el camino al altar. Pero ese paso necesitaba ser
manejado con extremo cuidado. ¿Estaba Nick verdaderamente preparado para
todas las minas que estaría poniendo? Podía ser bastante inconsciente de las
complejidades del mundo en que había nacido. Tal vez siempre había sido
escudado por su abuela, desde que era la manzana de su ojo. O tal vez Nick solo
había pasado demasiados años viviendo fuera de Asia. En su mundo, tú no traías a
alguna chica desconocida a casa sin anunciar.
—Sabes que creo que Rachel es adorable. En verdad lo creo. Pero si la invitas
a venir a casa contigo, cambiará las cosas entre ustedes, ya sea que te guste o no.
Ahora, no estoy preocupada sobre si su relación puede manejarlo, sé que puede. Mi
preocupación es más sobre cómo reaccionarán todos. Sabes lo pequeña que es la
isla. Sabes cómo las cosas pueden ponerse con… —La voz de Astrid de repente calló
por un pito agudo de una sirena de policía.
—Ese fue un ruido extraño. ¿En dónde estás ahora? —preguntó Nick.
—En la calle —respondió Astrid.
—¿En Singapur?
—No, en París.
—¿Qué? ¿París? —Nick estaba confundido.
—Síp, estoy en la rue de Berri12, y dos patrullas acaban de pasar.
—Pensé que estabas en Singapur. Siento llamar tan tarde… pensé que era de
mañana para ti.
—No, no, está bien. Es solo la una y media. Solo voy caminando de regreso al
hotel.
—¿Está Michael contigo?
—No, está en China por trabajo.
—¿Qué estás haciendo en París?
—Es solo mi viaje anual de primavera, ya sabes.
—Oh, cierto. —Nick recordó que Astrid pasaba cada abril en París por sus
accesorios de alta costura. Él se había reunido con ella ahí antes, y todavía podía
recordar la fascinación y aburrimiento que sintió sentado en el estudio de Yves
Saint Laurent en la avenida Marceau, mirando a tres costureras zumbar alrededor
de Astrid mientras se paraba como en posición Zen, envuelta en una aireada
confección por lo que parecieron diez horas, tomando Coca Cola dietética para
luchar contra su jet lag. Ella lo miraba como a una figura de una pintura del
periodo barroco, una infanta española sumiéndose a un arcaico ritual de costura
sacado directamente del siglo diecisiete. (Fue una “temporada particularmente no
inspirada” le dijo Astrid, y estaba comprando “solo” doce piezas esa primavera,
gastando más de un millón de euros). Nick ni siquiera quería imaginar cuánto
dinero debía estar gastando en este viaje con nadie ahí para frenarla.
—Extraño París. Han sido años desde que he ido. ¿Recuerdas nuestro loco
viaje con Eddie? —dijo.
—¡Aiyoh13!, ¡por favor no me lo recuerdes! ¡Esa es la última vez que
compartiré una suite con ese granuja! —Astrid se estremeció, pensando que nunca
sería capaz de borrar la imagen de su primo de Hong Kong con esa desnudista
amputada y esos profiteroles.
—¿Estás quedándote en el pent-house en la calle George V?
—Como siempre.
—Eres una criatura de hábito. Sería súper fácil asesinarte.
—¿Por qué no lo intentas?
—Bueno, la próxima vez que estés en París, déjame saber. Podría solo
sorprenderte y saltar al ataque con mi kit especial de asesino.
—¿Vas a noquearme, ponerme en una bañera, y verter ácido sobre mí?
—No, para ti habría una solución mucho más elegante.
—Bueno, ven por mí. Estaré aquí hasta principios de mayo. ¿No tienes pronto
algún tipo de vacaciones de primavera? ¿Por qué no traes a Rachel a París por un
fin de semana largo?

12 Avenida en París.
13 ¡Dios mío! En cantonés.
—Ojalá pudiera. Las vacaciones de primavera fueron el mes pasado, y
nosotros los profesores adjuntos, sub asociados, no conseguimos días extras de
vacaciones. Pero Rachel y yo tenemos todo el verano libre, lo cual es la razón por la
que quiero llevarla a casa conmigo.
Astrid suspiró.
—Sabes lo que pasará al minuto que aterrices en el Aeropuerto Changi con esa
chica del brazo, ¿cierto? Sabes lo brutal que fue para Michael cuando comenzamos
a salir en público. Eso fue hace cinco años, y todavía está acostumbrándose. ¿En
verdad crees que Rachel está lista para eso? ¿Tú estás listo para eso?
Nick guardó silencio. Estaba tomando todo lo que Astrid tenía que decir, pero
en su mente ya estaba decidido. Estaba listo. Estaba absolutamente enamorado de
pies a cabeza de Rachel, y era tiempo de mostrarla al mundo entero.
—Nicky, ¿qué tanto sabe ella? —preguntó Astrid.
—¿Sobre qué?
—Sobre nuestra familia.
—No mucho. Eres la única que la ha conocido. Cree que tienes un gran gusto
en zapatos y que tu esposo te consiente demasiado. Eso es todo.
—Probablemente quieras prepararla un poco —dijo Astrid con una risa.
—¿Para qué hay que prepararla? —preguntó Nick alegremente.
—Escucha, Nicky —dijo Astrid, su tono volviéndose serio—. No puedes solo
lanzar a Rachel a lo profundo así. Necesitas prepararla, ¿me escuchas?
C
ada primero de mayo, los L’Herme-Pierre, una de las mejores familias
banqueras de Francia, darían el Le Bal du Muguet, un suntuoso baile
que era el resaltar de la temporada social de primavera. Este año,
cuando Astrid entró al pasadizo arqueado dirigiéndose al esplendido hôtel
particulier de los L’Herme-Pierre en Île Saint-Louis, le fue entregada una delicada
flor de primavera por un lacayo con una librea negra con dorado.
—Es después de Carlos IX, sabe. Él presentaría lilas del valle a todas las
damas en Fontainebleau cada día de mayo —le explicó una mujer usando una tiara
mientras emergían al patio donde cientos de diminutos globos de aire caliente del
siglo dieciocho flotaban entre los topiarios14.
Astrid apenas tuvo tiempo de tomar la deliciosa vista cuando la vizcondesa
Nathalie de L´Herme-Pierre se abalanzó sobre ella.
—Estoy tan contenta de que viniste —dijo Nathalie, saludando a Astrid con
cuatro besos en las mejillas—. Mi Dios, ¿es eso lino? ¡Solo tú podrías salirte con la
tuya usando un simple vestido de lino para un baile, Astrid! —La anfitriona rió,
admirando los delicados pliegues griegos de la túnica amarilla de Astrid—. Espera
un minuto… ¿es un Madame Grès original? —preguntó Nathalie, dándose cuenta
que había visto un vestido similar en el Musée Galliera.
—De su primera temporada —respondió Astrid, casi avergonzada de haber
sido descubierta.
—Pero por supuesto. Mi Dios, Astrid, te has superado otra vez. ¿Cómo diablos
pusiste tus manos en uno de los primeros Grès? —preguntó Nathalie asombrada.
Recuperándose, susurró—: Espero que no te importe, pero tengo que ponerte junto
a Grégoire. Está siendo una bestia esta noche, mientras que piensa que todavía
estoy follando al croata. Eres la única persona en quien puedo confiar a su lado en
la cena. Pero al menos tendrás a Louis a tu izquierda.
—No te preocupes por mí. Siempre disfruto ponerme al día con tu esposo, y
será un placer sentarme junto a Louis… acabo de ver su nueva película el otro día.
—¿No fue un aburrimiento pretensioso? Odié el blanco y negro, pero al menos
Louis lucía comestible sin sus ropas. Como sea, gracias por ser mi salvadora. ¿Estás
segura de que tienes que irte mañana? —preguntó la anfitriona con un mohín.
—¡Me he ido por casi un mes! Tengo miedo de que mi hijo olvide quién soy si
me quedo un día más —respondió Astrid mientras era acompañada al gran
vestíbulo, donde la suegra de Nathalie, la condesa Isabelle de L´Herme-Pierre,
presidía la línea de recepción.

14 Arbustos en forma de animales, etc.
Isabelle dejó salir un pequeño jadeo cuando vio a Astrid.
—Astrid, ¡quelle surprise15!
—Bueno, no estaba segura si sería capaz de asistir hasta el último minuto —
dijo Astrid disculpándose, sonriendo a la gran dama de aspecto rígido junto a la
condesa Isabelle. La mujer no sonrió de vuelta. Más bien, inclinó su cabeza tan
ligeramente como evaluando cada centímetro de Astrid, los aretes de esmeraldas
gigantes pegados a sus orejas oscilando precariamente.
—Astrid Leong, permíteme presentarte a mi querida amiga la baronesa Marie-
Hélène de la Durée.
La baronesa asintió cortante, antes de girar de vuelta a la condesa y reasumir
su conversación. Tan pronto como Astrid se había movido, Marie-Hélène le dijo a
Isabelle, sotto voce16:
—¿Notaste el collar que estaba usando? Lo vi en JAR la semana pasada. Es
increíble lo que esas chicas pueden conseguir en sus manos hoy en día. Dime,
Isabelle, ¿a quién le pertenece ella?
—Marie-Hélène, Astrid no es una mujer mantenida. Hemos conocido a su
familia por años.
—¿Oh? ¿Quiénes son su familia? —preguntó Marie-Hélène en asombro.
—Los Leong son una familia china de Singapur.
—Ah sí, he escuchado que los chinos se están volviendo bastantes ricos estos
días. De hecho, leí que ahora hay más millonarios en Asia que en toda Europa.
¿Quién lo hubiera imaginado?
—No, no, me temo que estás malentendiendo. La gente de Astrid ha sido rica
por generaciones. Su padre es uno de los más grandes clientes de Laurent —
susurró Isabelle.
—Mi querida, ¿estás contando todos mis secretos otra vez? —El conde
Laurent de L’Herme-Pierre remarcó mientras se unía a su esposa en la línea de
recepción.
—Para nada. Meramente ilustrando a Marie-Hélêne sobre los Leong —
respondió Isabelle, sacudiendo una mota de pelusa de la solapa del traje de su
marido.
—Ah, los Leong. ¿Por qué? ¿Está aquí esta noche la encantadora Astrid?
—Acabas de perderla. Pero no te preocupes, tienes toda la noche para comerla
con los ojos a través del comedor —bromeó Isabelle, explicando a Marie-Hélène—.
Ambos, mi marido y mi hijo, han estado obsesionados con Astrid por años.
—Bueno, ¿por qué no? Una chica como Astrid solo existe para alimentar la
obsesión —remarcó Laurent. Isabelle golpeó el brazo de su esposo en indignación
fingida.

15 “Qué sorpresa” en francés.
16 “En voz baja” en italiano
—Laurent, dime, ¿cómo es posible que esos chinos hayan sido ricos por
generaciones? —inquirió Marie-Hélène—. Pensé que eran todos comunistas sin
dinero en pequeños y monótonos uniformes Mao no hasta hace mucho.
—Bueno, primero que nada, debes entender que hay dos tipos de chinos.
Están los chinos de la China Continental, quienes hicieron sus fortunas en la
década pasada como todos los rusos, pero entonces están los Chinos de Ultramar.
Esos son los que dejaron China mucho antes que los comunistas llegaran, en
muchos casos hace cientos de años, y se esparcieron por el resto de Asia,
acumulando tranquilamente grandes fortunas con el tiempo. Si miras en todos los
países del sudeste asiático; especialmente Tailandia, Indonesia, Malasia, verás que
virtualmente todo el comercio es controlado por los Chinos de Ultramar. Como los
Liem en Indonesia, los Tan en las Filipinas, los Leong en…
Su esposa lo interrumpió.
—Déjame decir esto: Visitamos a la familia de Astrid hace unos años. No
puedes imaginar lo asombrosamente ricos que son esas personas, Marie-Hélène.
Las casas, los sirvientes, el estilo en que viven. Hace a los Arnault17 lucir como
campesinos. Hay más, me han dicho que Astrid es una heredera doble, hay incluso
una fortuna más enorme por parte de su madre.
—¿Es así? —dijo Marie-Hélène con asombro, mirando a través de la
habitación a la chica con renovado interés—. Bueno, ella es más bien
soignée18 ―concedió.
—Oh, es increíblemente elegante, una de las pocas de su generación que lo
hace bien —decretó la condesa—. François-Marie me dice que Astrid tiene una
colección de costura que rivaliza con la de Sheikha de Qatar 19. Ella nunca asiste a
los espectáculos, porque detesta ser fotografiada, pero va directo a los talleres y
toma docenas de vestidos cada temporada como si fueran macarrones.
Astrid estaba en el salón admirando el retrato de Balthus por encima de la
chimenea cuando alguien detrás de ella dijo:
—Esa es la madre de Laurent, sabes. —Era la baronesa Marie-Hélène de la
Durée, esta vez intentando una sonrisa en su apretadamente tirada cara.
—Pensé que podría serlo —respondió Astrid.
—Chérie20. Debo decirte lo mucho que adoro tu collar. De hecho, lo había
admirado en lo de Monsieur Rosenthal hace unas semanas, pero tristemente, me
informó que ya estaba apartado —dijo efusivamente la baronesa—. Puedo ver ahora
que estabas claramente destinada a usarlo.
—Gracias, pero tienes los aretes más magníficos —respondió Astrid
dulcemente, más bien divertida por el repentino gesto de la mujer.

17 La familia de Bernard Arnault, considerado el hombre más rico de Francia y el cuarto a
nivel mundial por la revista Forbes.
18 Elegante en francés.
19 Sheikha Mozah bint Nasser Al Missed es la consorte de Sheikh Hamad bin Khalifa Al Thani,

ex Emir del Estado de Qatar.
20 Querida en francés.
—Isabelle me dice que eres de Singapur. He escuchado mucho acerca de tu
país, en cómo se convierte en la Suiza de Asia. Mi nieta está haciendo un viaje a
Asia este verano. ¿Quizás serías lo suficientemente amable para darle algún
consejo?
—Por supuesto —dijo Astrid educadamente, pensando para sí, vaya, solo
tomó cinco minutos para que esta dama fuera de presumida a aduladora.
Era bastante decepcionante, en realidad. París era su escape, y aquí se
esforzaba por ser invisible, por ser solo otra de las incontables turistas asiáticas
abarrotando ansiosamente las boutiques a lo largo de Faubourg-Saint-Honoré. Era
este lujo de anonimato lo que la hacía amar la Ciudad de las Luces. Pero vivir aquí
hace varios años cambió todo eso. Sus padres, preocupados de que estaba viviendo
sola en una ciudad extranjera sin una chaperona apropiada, cometieron el error de
alertar amigos en París, como los L’Herme-Pierre. La palabra se había esparcido, y
de repente ella ya no era solo la jeune fille21, rentando un piso en el Marais. Era la
hija de Harry Leong, o la nieta de Shang Su Yi. Era taaaan frustrante. Por
supuesto, debería haberse acostumbrado a eso para ahora, a la gente hablando de
ella tan pronto como dejaba la habitación. Había estado pasando prácticamente
desde el día en que nació.
Para entender por qué, uno tenía primero que considerar lo obvio… su
asombrosa belleza. Astrid no era atractiva en el típico estilo de estrella de ojos
almendrados de Hong Kong, no era del tipo de impecable doncella celestial. Uno
podía decir que los ojos de Astrid eran demasiado separados, su mandíbula; muy
similar a la de los hombres del lado de su madre, era demasiado prominente para
una chica. Sin embargo, de algún modo, con su delicada nariz, sus labios llenos,
y largo cabello naturalmente ondulado, todo venía junto para formar una
inexplicablemente seductora visión. Ella era siempre esa chica detenida en la calle
por los buscadores de modelos, aunque su madre los rechazaba bruscamente.
Astrid no iba a estar modelando para nadie, y ciertamente no por dinero. Tales
cosas estaban muy por debajo de ella.
Y ese era el otro detalle más esencial acerca de Astrid, había nacido en el
escalón superior de la riqueza asiática… un círculo reservado y enrarecido de
familias virtualmente desconocidas por los foráneos que poseían fortunas
inmensurables. Para comenzar, su padre proveniente de los Penang Leong, una
venerable familia de los Chinos del Estrecho22 que tenía un monopolio sobre la
industria del aceite de palma. Pero añadiendo incluso más atractivo, su madre era
la hija mayor de sir James Young y la incluso más imperial Shang Su Yi. La tía de

21 Muchacha o jovencita en francés.
22 También conocidos como los Peranakans, son los descendientes de chinos de finales del
siglo quince y el dieciséis que inmigraron a la región de Malasia durante la era colonial. Fueron la
élite de Singapur, educados en inglés y más leales a los británicos que a China. A menudo se casaban
con los nativos de Malasia, los Chinos del Estrecho crearon una cultura única que es un híbrido de
las influencias China, Malasia, inglesa, Holanda e India. La cocina Peranakan, durante mucho
tiempo fue la piedra angular de las cocinas de Singapur y Malasia, y se ha convertido en furor de los
amantes de la comida en el Oeste, aunque los visitantes asiáticos quedan estupefactos por los
precios extravagantes en los restaurantes de moda.
Astrid, Catherine, se había casado con un príncipe Thai menor. Otra estaba casada
con el renombrado cardiólogo de Hong Kong, Malcolm Cheng.
Uno podía ir por horas diagramando todos los enlaces de la dinastía en el
árbol genealógico de Astrid, pero desde cualquier ángulo que lo vieras, el pedigrí de
Astrid era nada más que extraordinario. Y mientras Astrid tomaba su lugar en la
mesa de banquete iluminada por velas en la gran galería de los L’Herme-Pierre,
rodeada por el reluciente Louis XV Sèvres y los Picasso del período rosa, no podía
haber sospechado lo extraordinaria que la vida estaba a punto de convertirse.
L
a mayoría de las personas que pasan por el edificio achaparrado de
color café grisáceo en una ocupada intersección de Causeway Bay
probablemente asumirían que era algún tipo de oficina de salud del
gobierno, pero la Asociación Atlética China era en realidad uno de los clubs
privados más exclusivos de Hong Kong. A pesar de su más bien superficial nombre,
era la primera instalación deportiva fundada en china en la ex colonia de la Corona
Inglesa. Se jactaba del legendario magnate de los juegos de azar Stanley Lo como su
honorable presidente, y su membresía restrictiva tenía una lista de espera de ocho
años abierta solo a las familias más establecidas.
Las habitaciones públicas de la AAC eran todavía firmemente atrincheradas a
la decoración de finales de los setenta de cromo y cuero, desde que los miembros
votaron para gastar todo el dinero en mejorar las instalaciones deportivas. Solo el
aclamado restaurant había sido renovado en los últimos años en un lujoso comedor
con paredes de brocado rosa pálido y ventanas con vistas a las canchas de tenis
principales. Las mesas redondas estaban estratégicamente alineadas así todos
estarían sentados con una vista a la puerta principal del comedor, permitiendo a
sus estimados miembros hacer una gran entrada en sus atuendos deportivos y
hacer de las comidas un excelente deporte para los espectadores.
Cada tarde de domingo, la familia Cheng vendría junta sin falta para el
almuerzo en la AAC. Sin importar lo ocupada o frenética que la semana haya sido,
todos sabían que el dim sum23 del domingo en la Casa Club, como lo llamaban, era
asistencia obligatoria para todos los miembros de la familia que estaban en la
ciudad. El doctor Malcolm Cheng era el cirujano de corazón más estimado. Tan
preciadas eran sus hábiles manos que era famoso por siempre usar guantes de piel
de cordero, hechos especialmente para él por Dunhill, para proteger sus preciosas
manos cuando sea que se aventurara a salir en público, y tomaba medidas
adicionales para salvaguardarlas del desgaste de conducir, optando en su lugar por
tener chófer para su Rolls-Royce Silver Spirit.
Eso era algo que su esposa bien educada, la primera Alexandra “Alix” Young
de Singapur, sentía era demasiado ostentoso, así que prefería llamar a un taxi
cuando era posible y dejar a su esposo el uso exclusivo de su auto y conductor.
“Después de todo”, ella era entusiasta de decir, “él está salvando vidas cada día y yo
soy solo una ama de casa”. Este auto desprecio era el comportamiento estándar de
Alexandra, incluso aunque ella era la verdadera arquitecta de su fortuna.

23 Es una comida cantonesa liviana que se suele servir con té. Se come en algún momento

entre la mañana y las primeras horas de la tarde. Contiene combinaciones de carnes, vegetales,
mariscos y frutas. Se suele servir en pequeñas canastas o platos, dependiendo del tipo de dim sum.
Como una aburrida esposa de doctor, Alexandra comenzó a canalizar cada
centavo de las considerables ganancias de su esposo en propiedades justo cuando la
alta inmobiliaria en Hong Kong estaba despegando. Descubrió que tenía un talento
sobrenatural para sincronizar el mercado, por lo que comenzó en los días de la
recesión petrolera de los setentas, a través de la ola de pánico de los comunistas a
mediados de los ochentas y la crisis financiera asiática en 1997, Alexandra estaba
siempre comprando propiedades cuando llegaban al fondo y vendiéndolas en su
punto máximo. Para la mitad de la primera década del nuevo siglo, con la
propiedad de Hong Kong ganando más dinero por metro cuadrado que en
cualquier otro lugar del mundo, los Cheng se encontraron en una de las carteras
inmobiliarias privadas más grandes de la isla.
Los almuerzos del domingo les daban a Malcolm y a su esposa una
oportunidad de inspeccionar a sus hijos y nietos en una base semanal, y era un
deber que asumieron con total seriedad. A pesar de todas las ventajas con que los
chicos Cheng habían crecido, Malcolm y Alexandra estaban constantemente
preocupados por ellos. (De hecho, Alexandra era la que más se preocupaba).
Su hijo menor, Alistair “el desesperado”, era el mimado que acababa de
terminar la Universidad de Sídney y ahora estaba haciendo algo en la industria
cinematográfica de Hong Kong. Recientemente se había involucrado con Kitty
Pong, una estrella de telenovelas que afirmaba ser de “una buena familia
taiwanesa”, incluso aunque todos los demás en la familia Cheng lo dudaban, ya que
su mandarín hablado adquiría un distintivo acento del norte de China en lugar de
las inflexiones más cursis del mandarín taiwanés.
Su hija, Cecilia “el caballito” había desarrollado una pasión por la doma a
temprana edad y estaba constantemente tratando con su temperamental caballo o
su temperamental esposo, Tony, un comerciante de productos básicos australiano,
a quien Malcolm y Alexandra en secreto apodaron “el Convicto”. Una “madre a
tiempo completo”, Cecilia actualmente pasaba más tiempo en el circuito
internacional ecuestre que criando a su hijo, Jake. (Debido a todas las horas que
pasó con sus criadas filipinas, Jake hablaba tagalo con fluidez; también podía hacer
una brillante impresión de “A mi manera” de Sinatra).
Y luego estaba Eddie, su primogénito. Aparentemente, Edison Cheng era “el
perfecto”. Pasó por Cambridge Judge Business School con distinción, hizo una
temporada en Cazenove en Londres, y era ahora una estrella en ascenso en el
mundo de la banca privada de Hong Kong. Se había casado con Fiona Tung, que
provenía de una familia políticamente conectada, y tenían tres hijos muy
estudiosos y bien portados. Pero en privado, Alexandra estaba más preocupada por
Eddie. En los últimos años, había estado pasando demasiado tiempo con estos
dudosos billonarios de China Continental, volando por toda Asia cada semana para
asistir a fiestas, y ella estaba preocupada de cómo esto podría estar afectando su
salud y su vida familiar.
El almuerzo de hoy era especialmente importante desde que Alexandra quería
planear la logística del viaje familiar del próximo mes a Singapur para la boda de
Khoo. Era la primera vez que la familia completa; padres, hijos, nietos, sirvientes y
niñeras incluidos, estaban viajando juntos, y Alexandra quería asegurarse de que
todo saliera perfecto. A la una en punto, la familia comenzó a filtrarse de todas las
esquinas: Malcolm de un partido de tenis doble mixto; Alexandra de la iglesia con
Cecilia, Tony y Jake; Fiona y sus hijos de sus tutorías de fin de semana; y Alistair de
rodar de la cama hacía quince minutos.
Eddie fue el último en llegar, y como siempre estaba al teléfono, llegando a la
mesa e ignorando a todos, charlando fuertemente en cantonés con su audífono
Bluetooth. Cuando finalmente terminó su llamada, destelló a su familia con una
sonrisa auto satisfecha.
—¡Está todo arreglado! Acabo de hablar con Leo, y quiere que usemos su jet
familiar —declaró Eddie, refiriéndose a su mejor amigo Leo Ming.
—¿Así volar todos a Singapur? —preguntó Alexandra, un poco confundida.
—¡Sí, por supuesto!
Fiona levantó una inmediata objeción.
—No estoy segura de que sea buena idea. Primero, en verdad no creo que toda
la familia deba estar viajando junta en el mismo avión. ¿Qué pasaría si hay un
accidente? Segundo, no deberíamos estarle pidiendo un favor a Leo.
—Sabía que ibas a decir eso, Fi —comenzó Eddie—. Por eso es que vine con
este plan: Papá y mamá deberían ir un día antes con Alistair; Cecilia, Tony y Jake
pueden volar con nosotros al día siguiente, y al final del día, las niñeras pueden
traer a nuestros hijos.
—Eso es indignante. ¿Cómo puedes incluso pensar en aprovecharte del avión
de Leo así? —exclamó Fiona.
—Fi, es mi mejor amigo y no podría importarle menos cómo usemos el avión
—replicó Eddie.
—¿Qué tipo de jet es? ¿Un Gulfstream? ¿Un Falcon? —preguntó Tony.
Cecilia enterró sus uñas en el brazo de su esposo, molesta por su afán, e
interrumpió.
—¿Por qué tus hijos vuelan por separado mientras que mi hijo viaja con
nosotros?
—¿Qué hay de Kitty? Ella también está viniendo —preguntó en voz baja
Alistair.
Todos en la mesa miraron a Alistair con horror.
—¡Nay chee seen, ah!24 —espetó Eddie.
Alistair estaba indignado.
—Ya confirmé por ella. Y Colin me dijo que no podía esperar por conocerla.
Es una gran estrella, y yo…
—En los Nuevos Territorios tal vez un par de idiotas mirando novelas de
mierda podrían saber quién es, pero créeme, nadie en Singapur ha escuchado de
ella —espetó Eddie.

24 ¡Estás loco! en cantonés.
—Eso no es cierto, ella es una de las estrellas en ascenso más rápido de Asia. Y
eso no viene al caso… quiero que todos nuestros parientes en Singapur la conozcan
—dijo Alistair.
Alexandra consideró las implicaciones de su declaración en silencio, pero
decidió elegir sus batallas una a la vez.
—Fiona tiene razón. ¡No podemos posiblemente tomar prestado el avión de la
familia Ming por días seguidos! De hecho, creo que luciría demasiado inapropiado
de nosotros volar en un avión privado en absoluto. Quiero decir, ¿quién nos
creemos que somos?
—¡Papá es uno de los cirujanos cardiólogos más famosos del mundo! ¡Tú eres
de la realeza de Singapur! ¿Qué está mal con volar en un avión privado? —gritó
Eddie en frustración, sus manos gesticulando tan salvaje que casi golpea al mesero
detrás de él, quien estaba a punto de colocar una enorme pila de bambú humeante
en la mesa.
—¡Tío Eddie, cuidado! ¡Hay comida detrás de ti! —gritó su sobrino Jake.
Eddie miró alrededor por un segundo y continuó con su diatriba.
—¿Por qué eres siempre así, mamá? ¿Por qué siempre te compartas tan
provincial? ¡Eres asquerosamente rica! ¿Por qué no puedes ser un poco menos
tacaña por una vez y tener más sentido de tu propia valía? —Sus tres hijos
levantaron la mirada momentáneamente de sus libros de ejercicios de
matemáticas. Estaban acostumbrados a sus rabietas en casa, pero raramente lo
habían visto tan molesto en frente de Gong Gong y Ah Ma25. Fiona tiró de su
manga, susurrando:
—¡Baja la voz! Por favor no hables acerca de dinero frente a los niños.
Su madre negó calmadamente.
—Eddie, esto no tiene nada que ver con auto valía. Solo siento que este tipo de
extravagancia es completamente innecesaria. Y no soy de la realeza de Singapur.
Singapur no tiene realeza. Qué cosa más ridícula por decir.
—Esto es tan típico de ti, Eddie. Solo quieres que todos en Singapur sepan que
volaste en un avión de Ming Kah-Ching —intervino Cecilia, alcanzando uno de los
rollizos panecillos de cerdo asado—. Si fuera tu propio avión, eso sería una cosa,
pero tener la audacia de pedir prestado un avión para tres viajes en dos días es solo
inaudito. Personalmente preferiría pagar por mis propios boletos.
—Kitty vuela en privados todo el tiempo —dijo Alistair, aunque nadie en la
mesa le prestó atención.
—Bueno, deberíamos conseguir nuestro propio jet. Lo he estado diciendo por
años. Papá, prácticamente pasas la mitad del mes en la clínica de Beijing, y desde
que planeo expandir mi presencia a China en una gran medida el próximo año… —
comenzó Eddie.
—Eddie, tengo que estar de acuerdo con tu madre y hermana en esto.
Simplemente no quiero estar en deuda con la familia Ming en esta forma —dijo

25 Abuelo y abuela en cantonés.
finalmente Malcolm. Mientras que disfrutaba volar en privado, no podía soportar
la idea de pedir prestado el jet de los Ming.
—¿Por qué sigo tratando de hacer tantos favores a esta ingrata familia? —
resopló Eddie con disgusto—. Bien, todos hacen lo que quieren. Apriétense en la
clase económica de las Aerolíneas Chinas por lo que me importa. Mi familia y yo
tomaremos el avión de Leo. Y es un Bombardier Global Express. Es enorme, de
vanguardia. Hay incluso un Matisse en la cabina. Va a ser increíble.
Fiona le dio una mirada de desaprobación, pero él la miró tan fuerte que se
retractó de cualquier objeción. Eddie empujó unos pocos rollos de camarón cheong
fun, se levantó, y anunció imperiosamente:
—Me voy. ¡Tengo clientes importantes que atender!
Y con eso, Eddie salió furioso, dejando una familia más que aliviada a su paso.
Tony, con la boca llena de comida, susurró a Cecilia:
—Veamos a toda su familia sumergirse en el Mar del Sur de China en el avión
de lujo de Leo Ming.
Tanto como lo intentó, Cecilia no pudo sofocar su risa.
L
uego de unos cuantos días de llamadas telefónicas estratégicamente
colocadas, Eleanor finalmente descubrió el origen del inquietante
rumor que involucraba a su hijo. Daisy confesó haberlo escuchado de
Rebecca Tang, la mejor amiga de su nuera, quien a su vez reveló que lo había
escuchado de su hermano Moses Tang, quien había estado en Cambridge con
Leonard Shang. Y Moses tuvo este reporte para Eleonor.
—Estuve en Londres por una conferencia. En el último minuto, Leonard me
invitó a cenar en su finca en Surrey. ¿Ha estado allí, señora Young? ¡Aiyoh, qué
lugar! No me di cuenta que fue diseñado por Gabriel-Hippolyte Destailleur, el
arquitecto que construyó la casa señorial Waddesdon para los Rothschilds ingleses.
En todo caso, estábamos cenando con todos estos ang mor26, VIP y
MPS27 visitando desde Singapur, y como es usual, Cassandra Shang estaba en la
corte. Y luego de la nada, Cassandra dice fuertemente desde el otro lado de la mesa
a tu cuñada Victoria Young, “Nunca creerías lo que escuché… Nicky ha estado
saliendo con una chica taiwanesa en Nueva York, y ¡ahora está trayéndola a
Singapur para la boda de Khoo!” y Victoria dijo: “¿Estás segura? ¿Taiwanesa? Dios
santo, ¿se habrá enamorado de una busca fortunas?” y luego Cassandra dijo algo
como: “Bueno, podría no ser tan malo como piensas. Sé de muy buena fuente que
ella es una de las chicas Chu. Sabes, de los Chu de Plásticos Taipéi. No es
exactamente dinero viejo, pero al menos ellos son una de las familias más sólidas
en Taiwán”.
Si hubiese sido cualquier otra persona, Eleanor lo hubiera descartado como
nada más que frívolas pláticas entre los parientes aburridos de su esposo. Pero esto
vino de Cassandra, quien usualmente estaba en lo cierto. No se había ganado el
apodo de “Radio Uno Asia” por nada. Eleanor se preguntó cómo Cassandra obtuvo
esta última primicia. El primo segundo de boca grande de Nicky era la última
persona en la que confiaría. Cassandra debió haber conseguido la información de
uno de sus espías en Nueva York. Tenía espías en todos lados, todos esperando sah
kah28a ella al pasarle un chisme caliente.
No fue una sorpresa para Eleanor que su hijo quizás tuviera una nueva novia.
Lo que la sorprendió (o, mejor dicho, le molestó) fue el hecho que hasta ahora se
estaba enterando. Cualquier persona podía ver que él era un blanco primordial, y
con el paso de los años hubo muchas chicas que Nick pensó que había mantenido

26 Esta vez, ang mor es usado como referencia a los políticos británicos, más probable,
conservadores.
27 Miembros del Parlamento de Singapur.
28 Versión china de la conocida práctica como “suck up”, en la que se trata de complacer o ser

de verdadera utilidad para alguien importante.
ocultas de su madre. Todas ellas habían sido sin importancia a los ojos de Eleanor,
ya que sabía que su hijo no estaba listo para casarse todavía. Pero esta vez era
diferente.
Eleonor tenía una antigua teoría acerca de los hombres. Realmente creía que,
para la mayoría de los hombres, toda esa charla de “estar enamorado” o “encontrar
la indicada” eran absolutas tonterías. El matrimonio era puramente un asunto de
tiempo, y cuando un hombre estaba finalmente listo para asentarse, cualquier chica
que estuviera allí en ese momento sería la indicada. Había visto la teoría ser
probada una y otra vez; ciertamente había atrapado a Philip Young en el momento
preciso y adecuado. Todos los hombres en ese clan tendían a casarse en sus
tempranos treinta, y Nicky ya estaba listo para el desplume. Si alguien en Nueva
York ya sabía tanto acerca de la relación de Nicky, y si de hecho estaba trayendo a
esta chica a casa para asistir a la boda de su mejor amigo, las cosas tenían que ser
serias. Lo suficientemente serias que él a propósito no había mencionado su
existencia. Lo suficientemente serio para descarrilar los planes meticulosamente
elaborados de Eleanor.
El sol poniéndose reflejaba sus rayos a través de las ventanas de suelo a techo
en el recientemente terminado pent-house en Cairnhill Road, bañando la sala de
estar en forma de atrio en un profundo resplandor naranja. Eleanor contempló el
cielo de la tarde, admirando las columnatas de edificios agrupándose alrededor de
Scotts Road y amplias vistas que se extendían desde el río Singapur hasta Keppel
Shipyard, el puerto comercial más activo del mundo. Incluso después de treinta y
cuatro años de matrimonio, no daba por sentado todo lo que significaba para ella
estar sentada aquí con una de las vistas más codiciadas de la isla.
Para Eleanor, cada persona ocupaba un espacio específico en el
elaboradamente construido universo social en su mente. Como la mayoría de las
mujeres de su multitud, Eleanor podía conocer a cualquier asiático en cualquier
parte del mundo, por ejemplo el dim sum en el Royal China en Londres, o de
compras en el departamento de lencería de David Jones en Sídney, y en menos de
treinta segundos descubrir sus nombre y dónde vivían, ella implementaría su
algoritmo social y calcularía con precisión dónde se encontraban en su constelación
basado en quién era su familia, con quién más estaban emparentados, cuál podría
ser su valor neto aproximado, cómo se derivaba la fortuna, y qué escándalos
familiares pudieron haber ocurrido en los últimos cincuenta años.
Los Chu de Plásticos Taipéi eran de dinero muy nuevo, hecho en los años
setenta y ochenta, probablemente. Sabiendo cerca a nada de esta familia, ponía a
Eleanor particularmente ansiosa. ¿Cuán establecidos estaban en la sociedad de
Taipéi? ¿Quiénes exactamente eran los padres de esta chica, y cuánto dinero ella
heredaría? Necesitaba saber con quién se estaba enfrentando. Eran las 6:45 a.m. en
Nueva York. Gran momento para despertar a Nicky. Levantó el teléfono con una
mano, y con la otra mantuvo a un brazo de distancia la tarjeta de llamada de
descuento29 de larga distancia que siempre usaba, entrecerrando los ojos para ver

29 Utilizadas en las familias de viejo dinero chino que odian desperdiciar dinero en llamadas

de larga distancia, agua embotellada, habitaciones de hotel y volar en avión en cualquier otra clase
que no sea económica.
la serie de pequeños números. Marcó una serie complicada de códigos y esperó por
varias señales de pitido antes de finalmente introducir el número de teléfono. El
teléfono sonó cuatro veces antes que el contestador de voz de Nicky tomara la
llamada: Hola, no puedo atender al teléfono ahora mismo, así que deja un
mensaje y te llamaré de vuelta tan pronto pueda.
Eleanor siempre estaba un poco sorprendida cada vez que escuchaba el
acento “americano” de su hijo. Prefería mucho más el normal inglés de la reina al
que volvería cuando estuviera de vuelta en Singapur. Habló indecisamente en el
teléfono:
—Nicky, ¿dónde estás? Llámame esta noche y déjame saber la información de
tu vuelo, lah. Todos en el mundo excepto yo, saben cuándo estás viniendo a casa.
También, ¿vas a quedarte primero con nosotros o con Ah Ma? Por favor llámame
de vuelta. Pero no llames esta noche si es después de medianoche. Voy a tomar un
Ambien30 ahora, así que no puedo ser perturbada por al menos ocho horas.
Bajó el teléfono, y luego casi de inmediato lo levantó de nuevo; esta vez
marcando un número de celular.
—¿Astrid, ah? ¿Eres tú?
—Oh, hola, tía Elle —dijo Astrid.
—¿Estás bien? Suenas un poco graciosa.
—No, estoy bien, solo estaba dormida —dijo Astrid, aclarando su garganta.
—Oh. ¿Por qué estás durmiendo tan temprano? ¿Estás enferma?
—No, estoy en París, tía Elle.
—Alamak, ¡olvidé que estabas lejos! Lamento haberte despertado, lah. ¿Cómo
está París?
—Precioso.
—¿Haciendo muchas compras?
—No demasiadas —respondió Astrid tan pacientemente como era posible.
¿Acaso su tía realmente solo había llamado para hablar de compras?
—¿Todavía tienen esas filas en Louis Vuitton en la que hacen esperar a todos
los clientes asiáticos?
—No estoy segura. No he estado dentro de Louis Vuitton en décadas, tía Elle.
—Bien por ti. Esas filas son terribles, y solo permiten que los asiáticos
compren un solo artículo. Me recuerda a la ocupación japonesa, cuando forzaron a
todos los chinos a esperar en fila por trozos de comida podrida.
—Sí, pero más o menos puedo entender por qué necesitan esas reglas, tía Elle.
Deberías ver a los turistas asiáticos comprando todos los artículos lujosos, no solo
en Louis Vuitton. Están por todas partes, comprando todo lo que está a la vista. Si
hay una etiqueta de diseñador, ellos lo quieren. Es absolutamente loco. Y sabes que

30 Es un sedante (o hipnótico) que afecta químicos en el cerebro que pueden estar

desequilibrados en las personas con problemas de insomnio.
algunos de ellos solo traen las cosas de vuelta a casa para revenderlas con una
ganancia.
—Sí, lah, son esos turistas recién desembarcados los que nos dan una mala
reputación. ¡Pero he estado comprando en París desde los años setenta, nunca
esperaría en ninguna fila y que me digan qué comprar! De cualquier manera,
Astrid, quería preguntarte… ¿has hablado con Nicky recientemente?
Astrid hizo una pausa por un momento.
—Uh, me llamó hace un par de semanas.
—¿Te dijo cuándo vendría a Singapur?
—No, no mencionó una fecha exacta. Pero estoy segura que estará allí un par
de días antes de la boda de Colin, ¿no lo crees?
—Sabes, lah, ¡Nicky no me dice nada! —Eleanor hizo una pausa, y luego
continuó cuidadosamente—. Oye, estoy pensando en hacerle a él y a su novia una
fiesta sorpresa. Solo una pequeña fiesta en el nuevo apartamento, para darle la
bienvenida a Singapur. ¿Crees que es una buena idea?
—Seguro, tía Elle. Creo que eso les encantaría. —Astrid estaba bastante
sorprendida de que su tía estuviera siendo tan amable dándole la bienvenida a
Rachel. Nick realmente debió haber hecho trabajar su encanto horas extras.
—Pero realmente no sé lo que le gustaría, así que no sé cómo planear esta
fiesta adecuadamente. ¿Puedes darme algunas ideas? ¿La conociste cuando
estuviste en Nueva York el año pasado?
—Sí.
Eleanor estaba a punto de estallar en silencio. Astrid estuvo en Nueva York el
pasado marzo, lo que significaba que esta chica había estado en la escena por al
menos un año ahora.
—¿Cómo es ella? ¿Es muy taiwanesa? —preguntó.
—¿Taiwanesa? Para nada. Parece completamente americanizada para mí —
ofreció Astrid, antes de lamentar lo que acababa de decir.
Qué horrible, pensó Eleanor. Siempre había encontrado a las chicas asiáticas
con acento americano bastante ridículas. Todas sonaban como si estuvieran
fingiéndolo, tratando de sonar tan ang mor.
—Entonces, aunque la familia es de Taiwán, ¿ella fue criada en Estados
Unidos?
—Ni siquiera sabía que ella era de Taiwán, para decir verdad.
—¿En serio? ¿No habla de su familia en Taipéi?
—Para nada. —¿A qué quería llegar la tía Elle? Astrid supo que su tía estaba
entrometiéndose, así que sintió como si tuviera que presentar a Rachel de la mejor
manera posible—. Ella es muy inteligente y talentosa, tía Elle. Creo que te agradará.
—Oh, entonces es del tipo inteligente, como Nicky.
—Sí, definitivamente. Me han dicho que es uno de los mejores profesores en
su campo.
Eleanor estaba desconcertada. ¡Una profesora! ¡Nicky estaba saliendo con
una profesora! ¿Oh, mi, acaso esta mujer era mayor que él?
—Nicky no me dijo cuál era su especialidad.
—Oh, desarrollo económico.
Una astuta, y calculadora mujer mayor. Alamak. Esto estaba sonando cada
vez peor.
—¿Ella fue a la Universidad de Nueva York? —continuó Eleanor.
—No, ella fue a Stanford, en California.
—Sí, sí, conozco Stanford —dijo Eleanor, sonando poco impresionada. Es esa
escuela en California para esas personas que no pueden ingresar a Harvard.
—Es una escuela de primera, tía Elle —dijo Astrid, sabiendo exactamente lo
que su tía estaba pensando.
—Bueno, supongo que si estás forzada a ir a una universidad americana…
—Vamos, tía Elle. Stanford es una gran universidad para todos. Creo que
también fue a Northwestern para su maestría. Rachel es muy inteligente y capaz, y
completamente práctica y realista. Creo que te agradará mucho.
—Oh, estoy segura que lo hará —contestó Eleanor. Entonces, su nombre era
Rachel. Eleanor hizo una pausa. Solo necesitaba una pieza más de información, el
correcto deletreo del apellido de la chica. ¿Pero cómo iba a conseguirlo sin que
Astrid sospechara? De repente tuvo una idea—. Creo que voy a conseguir uno de
esos lindos pasteles de Awfully Chocalate y poner su nombre en él. ¿Sabes cómo se
deletrea su apellido? ¿Es C-H-U, C-H-O-O, o C-H-I-U?
—Creo que es C-H-U.
—Gracias. Has sido de gran ayuda —dijo Eleanor. Más de lo que nunca
sabrás.
—Por supuesto, tía Elle. Hazme saber si hay algo más que pueda hacer para
ayudarte con la fiesta. No puedo esperar a ver tu espectacular nuevo apartamento.
—Oh, ¿todavía no lo has visto? Creí que tu madre compró una unidad aquí
también.
—Quizás lo haya hecho, pero no lo he visto. No puedo seguirles el ritmo a mis
padres con sus malabarismos de propiedad.
—Claro, por supuesto. Tus padres tienen tantas propiedades alrededor del
mundo, a diferencia de tu pobre tío Phillip y yo. Nosotros solo tenemos la casa en
Sídney y este pequeño casillero.
—Oh, estoy segura que es todo menos pequeño, tía Elle. ¿No se supone que
sea el más lujoso condominio alguna vez construido en Singapur? —Astrid se
preguntó por millonésima vez por qué todos sus parientes constantemente trataban
de superarse los unos a los otros en proclamar su pobreza.
—No, lah. Es solo un simple apartamento, nada como la casa de tu padre. De
cualquier manera, lamento haberte despertado. ¿Necesitas algo para volver a
dormir? Yo tomo cincuenta miligramos de amitriptyline31 cada noche, y luego unos
diez miligramos extras de Ambien si realmente quiero dormir toda la noche. A
veces añado una Lunesta32 , y si eso no funciona, saco el Valium33…
—Estaré bien, tía Elle.
—Está bien, entonces, ¡adiosito! —Con eso, Eleanor terminó la llamada. Su
apuesta había dado frutos. Esos dos primos eran tan unidos como para compartir
secretos. ¿Por qué no había pensado en llamar a Astrid antes?

31 Antidepresivo tricíclico. Utilizado para tratar síntomas de la depresión. Ayuda a dormir
mejor a las personas.
32 Sedante utilizado para tratar personas con problemas para dormir.
33Conocido también como diazepan; tiene propiedades ansiolíticas, miorrelajantes,

anticonvulsionantes y sedantes.
N
ick lo planteó tan despreocupadamente, mientras ordenaba la ropa el
domingo por la tarde antes de su gran viaje. Aparentemente, los
padres de Nick acababan de ser informados de que Rachel iría con él a
Singapur. Y oh, por cierto, ellos también acababan de ser informados de su
existencia.
—No entiendo muy bien... ¿quieres decir que tus padres no sabían de mí en
todo este tiempo? —preguntó Rachel sorprendida.
—Sí. Quiero decir, no, no lo hacían. Pero necesitas saber que esto no tiene
absolutamente nada que ver contigo… —comenzó Nick.
—Bueno, es un poco difícil no tomarlo como algo personal.
—Por favor no lo hagas. Lo siento si parece de esa manera. Es solo que... —
Nick tragó nerviosamente—. Es solo que siempre he tratado de mantener límites
claros entre mi vida personal y mi vida familiar, eso es todo.
—¿Pero no debería tu vida personal ser la misma que tu vida familiar?
—No en mi caso. Rachel, sabes cuán controladores pueden ser los padres
chinos.
—Bueno, sí, pero aun así no me impediría contarle a mi madre algo tan
importante como que tengo novio. Quiero decir, mi madre sabía de ti cinco
minutos después de nuestra primera cita, y estabas cenando con ella, disfrutando
de su sopa de melón, dos meses después.
—Bueno, tienes algo muy especial con tu madre, y lo sabes. No es tan fácil
para la mayoría de las demás personas. Y con mis padres, es solo que... —Nick hizo
una pausa, luchando por encontrar las palabras correctas—. Simplemente somos
diferentes. Somos mucho más formales entre nosotros, y realmente no hablamos
de nuestras vidas emocionales en absoluto.
—¿Qué? ¿Son fríos y emocionalmente cerrados o algo así? ¿Vivieron la Gran
Depresión?
Nick se rió, negando.
—No, nada de eso. Simplemente creo que lo entenderás cuando los conozcas.
Rachel no sabía qué pensar. A veces Nick podía ser tan críptico, y su
explicación no tenía sentido para ella. Aun así, no quería reaccionar de forma
exagerada.
—¿Algo más que quieras decirme acerca de tu familia antes de subir a un
avión y pasar todo el verano contigo?
—No. Realmente no. Bueno... —Nick hizo una pausa por un momento,
tratando de decidir si debería mencionar la situación del alojamiento. Sabía que
había arruinado las cosas olímpicamente con su madre. Había esperado
demasiado, y cuando llamó para dar a conocer las noticias oficiales acerca de su
relación con Rachel, su madre se había quedado en silencio. Ominosamente
silenciosa. Todo lo que preguntó fue:
—Entonces, ¿dónde te quedarás tú, y dónde se alojará ella? —De repente,
Nick se dio cuenta de que no sería una buena idea que ambos se quedaran con sus
padres, no al principio, al menos. Tampoco sería apropiado que Rachel se quedara
en la casa de su abuela sin su explícita invitación. Podrían quedarse con una de sus
tías o tíos, pero eso podría incitar la ira de su madre y crear una guerra interna
dentro de su familia.
Sin estar seguro de cómo salir de este atolladero, Nick buscó consejo en su tía
abuela, que siempre era tan buena en resolver este tipo de asuntos. La tía abuela
Rosemary le aconsejó que primero reservara en un hotel, pero enfatizó que debía
hacer los arreglos para presentarles a Rachel a sus padres el día de su llegada.
—El primer día. No esperes hasta el día siguiente —advirtió. Tal vez debería
invitar a sus padres a una comida con Rachel, para que pudieran reunirse en
territorio neutral. Un lugar discreto como el Club Colonial, y mejor para almorzar
en lugar de cenar—. Todos están más relajados a la hora del almuerzo —aconsejó.
Nick debía dirigirse a la casa de su abuela y pedir permiso formalmente para
invitar a Rachel a la cena del viernes por la noche que Ah Ma ofrecía para la familia
menos cercana. Solo después de que Rachel hubiera sido recibida correctamente en
la cena del viernes por la noche, se debería abordar el tema de dónde podrían
quedarse.
—Por supuesto que tu abuela te acogerá, una vez que conozca a Rachel. Pero
si todo sale mal, te invitaré a que te quedes conmigo, y entonces nadie podrá decir
nada —le aseguró la tía abuela Rosemary.
Nick decidió ocultarle estos delicados arreglos a Rachel. No quería darle
ninguna excusa para que cancelara el viaje. Quería que Rachel estuviera preparada
para conocer a su familia, pero también quería que creara sus propias impresiones
cuando llegara el momento. Aun así, Astrid tenía razón. Rachel necesitaba una
especie de manual acerca de su familia. ¿Pero cómo podía explicarle de su familia,
especialmente cuando había sido condicionado toda su vida para nunca hablar de
ellos?
Nick se sentó en el suelo, apoyado contra la pared de ladrillo a la vista y puso
las manos en sus rodillas.
—Bueno, probablemente deberías saber que vengo de una familia muy
grande.
—Pensaba que eras hijo único.
—Sí, pero tengo muchos familiares, y conocerás a muchos de ellos. Hay tres
ramas entre casados, y para los de afuera, puede parecer un poco abrumador al
principio. —Deseó no haber usado la palabra afuera tan pronto como la dijo, pero
Rachel pareció no darse cuenta, por lo que continuó—. Es como cualquier gran
familia. Tengo tíos ruidosos, tías excéntricas, primos detestables, el paquete
completo. Pero estoy seguro de que te divertirás conociéndolos. Conociste a Astrid,
y te gustó, ¿verdad?
—Astrid es increíble.
—Bueno, ella te adora. Todos te adorarán, Rachel. Simplemente lo sé.
Rachel se quedó sentada en silencio en la cama junto a la pila de toallas aún
calientes de la secadora, tratando de absorber todo lo que Nick había dicho. Esto
era lo máximo que había hablado acerca de su familia, y la hacía sentir un poco más
segura. Todavía no podía entender el problema con sus padres, pero tenía que
admitir que había visto su parte justa de familias distantes, especialmente entre sus
amigos asiáticos. Ya en la escuela secundaria, había soportado comidas lúgubres en
los comedores con iluminación fluorescente de sus compañeros de clase, cenas en
las que no se intercambiaban más de cinco palabras entre padres e hijos. Había
notado las reacciones atónitas de sus amigos cada vez que abrazaba a su madre de
golpe o decía “Te amo” al final de una llamada telefónica. Y hace varios años, le
habían enviado por correo electrónico una lista cómica titulada “Las veinte
maneras que se puede decir que tienes padres asiáticos”. Número uno en la lista:
Tus padres nunca, nunca te llaman “solo para saludar”. No entendía muchos de
los chistes en la lista, ya que su propia experiencia al crecer había sido
completamente diferente.
—Somos muy afortunadas, ¿sabes? No muchas madres e hijas tienen lo que
nosotras tenemos —dijo Kerry cuando hablaron por teléfono esa misma tarde.
—Me doy cuenta de eso, mamá. Sé que es diferente porque fuiste madre
soltera, y me llevabas a todas partes —reflexionó Rachel. Cuando era niña, parecía
que cada año, más o menos, su madre respondía a un anuncio clasificado en World
Journal, el periódico chino-estadounidense, y se iban a un nuevo trabajo en algún
restaurante chino al azar en alguna ciudad al azar. Imágenes de todas esas
pequeñas habitaciones de pensión y camas improvisadas en ciudades como East
Lansing, Phoenix y Tallahassee pasaron por su cabeza.
—No puedes esperar que otras familias sean como nosotras. Era tan joven
cuando te tuve, con diecinueve, que pudimos ser como hermanas. No seas muy
dura con Nick. Es triste decirlo, pero nunca fui muy cercana a mis padres tampoco.
En China, no había tiempo para ser cercano, mi madre y mi padre trabajaban de la
mañana a la noche, los siete días de la semana, y yo estaba en la escuela todo el
tiempo.
—Aun así, ¿cómo puede ocultar algo tan importante como esto a sus padres?
No es como si Nick y yo solo hubiéramos estado saliendo por un par de meses.
—Hija, una vez más estás juzgando la situación con tus ojos estadounidenses.
Tienes que mirar esto a la manera china. En Asia, hay un momento adecuado para
todo, una etiqueta adecuada. Como dije antes, debes darte cuenta de que estas
familias Chinas de Ultramar pueden ser incluso más tradicionales que nosotros, los
chinos de China continental. No sabes nada acerca de los antecedentes de Nick. ¿Se
te ha ocurrido que podrían ser bastante pobres? No todos son ricos en Asia, ¿sabes?
Tal vez Nick tiene el deber de trabajar duro y enviar dinero a su familia, y no lo
aprobarían si pensaran que estuvo malgastando dinero en novias. O tal vez no
quería que su familia supiera que ustedes se pasan la mitad de la semana viviendo
juntos. Podrían ser budistas devotos, ¿sabes?
—Es justamente eso, mamá. Me doy cuenta de que Nick sabe todo lo que hay
que saber d mí, de nosotras, pero no sé casi nada de su familia.
—No tengas miedo, hija. Conoces a Nick. Sabes que es un hombre decente, y
aunque puede que te haya mantenido en secreto por un tiempo, ahora está
haciendo las cosas de la manera honorable. Finalmente, se siente listo para
presentarte a su familia, como es debido, y eso es lo más importante —dijo Kerry.
Rachel yacía en la cama, calmada como siempre por los suaves tonos en
mandarín de su madre. Quizás estaba siendo demasiado dura con Nick. Había
dejado que sus inseguridades la dominaran, y su reacción instintiva fue suponer
que Nick esperó tanto para contarle a sus padres porque de alguna manera estaba
avergonzado de ella. ¿Pero podría ser al revés? ¿Que él estaba avergonzado de
ellos? Rachel recordó lo que su amiga de Singapur, Peik Lin, le había dicho cuando
hablaron por Skype y le anunció con entusiasmo que estaba saliendo con uno de
sus compatriotas. Peik Lin provenía de una de las familias más ricas de la isla, y
nunca había oído hablar de los Young.
—Obviamente, si proviene de una familia rica o prominente, los
conoceríamos. Young no es un nombre muy común aquí, ¿estás segura de que no
son coreanos?
—Sí, estoy segura que son de Singapur. Pero sabes que no me importa cuánto
dinero tengan.
—Sí, ese es el problema contigo —se quejó Peik Lin—. Bueno, estoy segura de
que, si pasó la prueba de Rachel Chu, su familia es perfectamente normal.
A
strid llegó a casa después de su breve estancia en París a última hora de
la tarde, lo suficientemente temprano para darle su baño a Cassian de
tres años de edad mientras Evangeline, su au pair34 francesa, veía con
desaprobación (Maman estaba restregando su cabello demasiado fuerte, y
desperdiciando demasiado champú de bebé). Luego de arropar a Cassian en la
cama y leerle Bonsoir Lune35, Astrid terminó el ritual de desempacar con cuidado
sus nuevas adquisiciones de alta costura y esconderlas en el dormitorio vacío, antes
que Michael llegara a casa. (Era cuidadosa de nunca dejar que su esposo viera la
extensión completa de sus compras cada temporada). El pobre Michael parecía tan
estresado por el trabajo últimamente. Todas las personas en el mundo tecnológico
parecían trabajar largas horas, y Michael y su compañero en Cloud Nine Solutions
estaban intentando con todas sus fuerzas conseguir que la empresa despegara. Él
estaba viajando a China cada semana de por medio estos días para supervisar
nuevos proyectos, y ella sabía que él estaría cansado esta noche, ya que había ido a
trabajar directamente desde el aeropuerto. Quería que todo fuera perfecto para él
cuando atravesara la puerta.
Astrid entró a la cocina para hablar con su cocinero acerca del menú, y decidió
que debería acomodar la cena en el balcón esta noche. Encendió algunas velas
aromáticas de higo y albaricoque, y colocó una botella del nuevo Sauternes36 que
había traído de Francia en el refrigerador de vinos. Michael tenía una debilidad
cuando se trataba de vinos, y había tomado un gusto por los Sauternes de cosechas
tardías. Sabía que le encantaría esta botella, la cual había sido especialmente
recomendada por Manuel, el brillante sommelier37 en Taillevent.
Para la mayoría de singapurenses, parecería que Astrid estaba dispuesta para
una agradable noche en casa. Pero para sus amigos y familia, la actual situación
doméstica de Astrid era una desconcertante. ¿Por qué se estaba apareciendo en la
cocina y hablando con cocineros, desempacando maletas por sí sola, o
preocupándose por la carga de trabajo de su esposo? Esto ciertamente no era como
todos hubieran imaginado que fuera la vida de Astrid. Astrid Leong estaba
destinada a ser la mujer con una casa grande. Su ama de llaves principal debería
estar anticipando cada una de sus necesidades, mientras ella debería estar
vistiéndose para salir con su poderoso e influyente esposo a cualquiera de las
fiestas exclusivas siendo dadas en la isla esa noche. Pero Astrid siempre
desconcertaba las expectaciones de todos.

34Palabra francesa para denominar a la persona acogida temporalmente por una familia a
cambio de trabajo auxiliar, como cuido de los niños. Generalmente son estudiantes.
35 Buenas noches Luna de Margaret Wise Brown es un libro ilustrado para niños.
36 Vino dulce francés de la región de Sauternes (Burdeos).
37 Experto que sugiere a la clientela de grandes restaurants el vino apropiado para la ocasión.
Para el pequeño grupo de chicas creciendo en el medio más selecto de
Singapur, la vida seguía un orden prescrito: Empezando a los seis años de edad
cuando eran enlistada en la Escuela de Niñas Metodistas (ENM), Escuela de Niñas
Chinas de Singapur (ENCS), o el Convento del Santo Infante Jesús (CSIJ). Las
horas luego de la escuela, eran consumidas por un equipo de tutores preparándote
para la avalancha de exámenes semanales (usualmente en literatura clásica
mandarín, cálculo multivariable, y biología molecular), seguidos de los fines de
semana por el piano, violín, flauta, ballet o equitación, y algún tipo de actividad de
experiencias juveniles cristianas. Si lo hacías lo bastante bien, entrabas a la
Universidad Nacional de Singapur (UNS) y si no lo hacías, serías enviada al
extranjero hacia Inglaterra (las universidades americanas eran estimadas como
deficientes). Las únicas especialidades aceptables eran medicina o leyes (a menos
que fueras realmente tonto, en cuyo caso te acomodabas en contabilidad).
Luego de la graduación con honores (algo menos que eso traería vergüenza a
tu familia), practicabas tu vocación (por no más de tres años) antes de casarte con
un chico de una familia adecuada a la edad de veinticinco años (veintiocho si fuiste
a la escuela de medicina). En este punto, dejabas de lado tu carrera para tener hijos
(tres o más eran oficialmente fomentados por el gobierno para una mujer de
recursos, y al menos dos deberían ser niños), y la vida consistiría en una gentil
rotación de galas, clubes de campo, grupos de estudio Bíblico, trabajo voluntario
ligero, puente contractual, mah-jongg38, viajar y pasar tiempo con tus nietos
(docenas y docenas, esperanzadoramente) hasta tu muerte tranquila y sin
incidentes.
Astrid cambió todo esto. No era una rebelde, porque llamarla una, implicaría
que estaba rompiendo las reglas. Astrid simplemente hizo sus propias reglas, y a
través de la confluencia de sus particulares circunstancias, un ingreso privado
substancial, padres sobre indulgentes y su propio conocimiento y experiencia, cada
movimiento que hacía se volvía una plática sin aliento y escrutada dentro de su
círculo claustrofóbico.
En sus días de niñez, Astrid siempre desaparecía de Singapur durante las
vacaciones escolares, y aunque Felicity había entrenado a su hija a nunca jactarse
de sus viajes, una compañera de clases que fue invitada, descubrió una foto
enmarcada de Astrid a horcajadas en un caballo blanco en una finca palaciega en el
fondo. Así empezó el rumor de que el tío de Astrid era dueño de un castillo en
Francia, donde ella pasaba sus vacaciones montando un semental blanco. (De
hecho, era una finca en Inglaterra, el semental era un pony, y la compañera de
escuela nunca fue invitada de nuevo).
En sus años de adolescencia, la cháchara se expandió aún más fervientemente
cuando Celeste Ting, cuya hija estaba en el mismo grupo que Astrid de Actividades
Juveniles Metodistas, recogió una copia de Point de Vue en el aeropuerto de
Charles de Gaulle, y vio una foto de Astrid, tomada por un paparazzi, haciendo
bolas de cañón fuera de un yate en Porto Ercole con una joven princesa europea.
Astrid regresó de las vacaciones escolares ese año con un precoz y sofisticado

38 Juego de mesa de origen chino que tiene como objetivo eliminar todas las piezas o fichas

del tablero. Generalmente jugado por cuatros personas.
sentido del estilo. Mientras las otras chicas en su entorno se volvían locas por vestir
marcas de diseñador de la cabeza a los pies, Astrid fue la primera en juntar una
clásica chaqueta Saint Laurent Le Smoking con unos shorts batik39 de tres dólares
comprados a un vendedor de playa en Bali, la primera en usar ropa de los seis
Antwerp40, y la primera en traer a casa un par de tacones rojos de algún zapatero
parisino llamado Christian. Sus compañeras de clases en la escuela de Chicas
Metodistas se esforzaron en imitar cada uno de sus atuendos, mientras sus
hermanos le ponían a Astrid el apodo de “La Diosa” y la instalaban como el objetivo
principal de sus fantasías masturbadoras.
Luego de famosa y descaradamente reprobar cada uno de sus niveles A41
(¿cómo podía concentrarse en sus estudios cuando estaba viajando
internacionalmente todo el tiempo?), Astrid fue enviada a una escuela preparatoria
en Londres para cursos de revisión. Todos sabían la historia de cómo Charlie Wu
de dieciocho años de edad, el hijo mayor de un técnico multimillonario, Wu Hao
Lian, le dio una despedida llorosa en el aeropuerto Changi, y prontamente abordó
su propio jet, y le ordenó al piloto que llevara su avión a Heathrow. Cuando Astrid
llegó, estaba atónita de encontrar un encaprichado Charlie esperándola en la puerta
de llegada con trecientas rosas rojas. Fueron inseparables por los siguientes años, y
los padres de Charlie compraron un apartamento para él en Knightsbridge (por el
bien de las apariencias), incluso cuando expertamente sospechaban que Charlie y
Astrid estaban probablemente “viviendo en pecado” en su cuarto privado en el
Hotel Calthorpe.
A la edad de veintidós años, Charlie le propuso matrimonio en un telesilla en
Verbier, y aunque Astrid aceptó, ella supuestamente rehusó el solitario diamante
de treinta y nueve quilates que él le presentó, siendo demasiado vulgar y
arrojándolo por encima de la ladera (Charlie ni siquiera intentó buscar el anillo).
Singapur social estaba excitado por las inminentes nupcias, mientras sus padres
estaban horrorizados ante el prospecto de estar conectados con una familia sin
ningún linaje particular y tan desvergonzado nuevo dinero. Pero todo vino a un
sorpresivo final nueve días antes de la más fastuosa boda que Asia hubiera antes
visto cuando Charlie y Astrid fueron vistos teniendo una discusión a gritos a plena
luz del día. Astrid, fue famosamente dicho, “lo descartó como descartó ese
diamante fuera de Wendy en la calle Orchad, tirándole un Frosty42 en su cara”, y se
fue a París el día siguiente.
Sus padres apoyaron la idea de Astrid de tener un “periodo de enfriamiento”
lejos, pero por más que intentaba mantener un perfil bajo, Astrid sin esfuerzo
encantó le tout París con su ardiente belleza. De vuelta en Singapur, las chismosas
lenguas continuaron: Astrid estaba haciendo un espectáculo de sí misma.

39 Es una técnica de teñido, donde se aplica capas de cera sobre las regiones de la tela que no

desean teñir.
40 Se refiere a un grupo de diseñadores de moda que se graduaron en la Antwerps Royal

Academy of Fine Arts entre 1980 y 1981.
41 Un examen que toman los estudiantes de secundaria, de cuyos resultados dependen los

estudios posteriores. Singapur toma una versión más difícil que el estándar internacional y los
estudiantes llegan a tomar hasta cinco niveles A (tres es el minino en Inglaterra).
42 Firma de postres lácteos congelados por los restaurantes de comida rápida Wendy.
Supuestamente fue vista en la primera fila en el espectáculo de Valentino, sentada
entre Joan Collins y la princesa Rosario de Bulgaria. Se dijo que estaba teniendo
largos, e íntimos almuerzos en Le Voltaire con un playboy filósofo casado. Y quizás
más sensacionalmente, se rumoreaba que había estado involucrada con uno de los
hijos de Aga Khan y estaba preparándose para convertirse al islam para que
pudieran casarse. (El obispo de Singapur dijo que había volado a París en un
momento para intervenir).
Todos esos rumores se volvieron nulos cuando Astrid sorprendió a todos de
nuevo al anunciar que estaba comprometida con Michael Teo. La primera pregunta
en los labios de todos fue “¿Michael quién?”. Él era completamente desconocido, el
hijo de maestros de escuelas que venía de un vecindario de media clase de Toa
Payoh. Al principio, sus padres estaban horrorizados e intrigados de cómo ella
pudo haber contactado con alguien con “ese tipo de trasfondo”, pero al final, se
dieron cuenta que Astrid había hecho algo así como una atrapada, había elegido a
un ferozmente atractivo hombre de las Fuerzas Armadas del Comando Elite quien
era un erudito Merito Nacional y un especialista entrenado en Caltech en sistemas
de computadoras. Pudo haber sido mucho peor.
La pareja se casó en una muy privada, y muy pequeña ceremonia (solo
trescientos invitados en la casa de su abuela) que les ganó un anuncio de cincuenta
y una palabras sin fotografías en el Straits Times, aunque hubo reportes anónimos
que sir Paul McCartney voló para darle una serenata a la novia en una ceremonia
que fue “exquisita a más no creer”. Dentro de un año, Michael dejó su trabajo
militar para iniciar su propia firma tecnológica, y la pareja tuvo su primer hijo, un
niño llamado Cassian. En este capullo de felicidad doméstica, uno hubiera pensado
que todas las historias que envolvían a Astrid se calmarían. Pero las historias no
estaban a punto de terminar.
Un poco después de las nueve, Michael llegó a casa, y Astrid se apresuró hacia
la puerta, saludándolo con un largo abrazo. Habían estado casados por más de
cuatro años ahora, pero la vista de él todavía le enviaba una chispa eléctrica,
especialmente después de haber estado separados por un tiempo. Era tan
asombrosamente atractivo, especialmente hoy con su barba incipiente y la camisa
arrugada en la que ella quería enterrar su rostro, secretamente; amaba la forma en
que olía después de un largo día.
Tuvieron una ligera cena al vapor completa con el pescado tropical en una
salsa de jengibre y vino, y una cazuela de pollo y arroz; y luego recostados en el
sofá, un poco ebria por las dos botellas de vino que habían acabado. Astrid
continuó relatando sus aventuras en París mientras Michael miraba fijamente
como un zombi al canal de deportes en silencio.
—¿Compraste varios de esos vestidos de miles de dólares esta vez? —
preguntó Michael.
—No… solo uno o dos —dijo Astrid tranquilamente, preguntándose qué
pasaría si alguna vez se diera cuenta que era más adecuado decir que eran
doscientos mil dólares por vestido.
—Eres tan mal mentirosa —gruñó Michael. Astrid acomodó su cabeza en su
pecho, lentamente acariciando su pierna izquierda. Ella acarició con las puntas de
sus dedos en una línea continua. Trazando su pantorrilla hasta la curva de su
rodilla y a lo largo del frente de su muslo. Lo sintió endurecerse contra su nuca, y
continuó acariciando su pierna en un gentil y continuo ritmo, acercándose, y más
cerca de las suaves partes del interior de sus muslos. Cuando Michael no pudo
soportarlo más, la levantó en un movimiento abrupto y la cargó hacia la habitación.
Luego de una frenética sesión de hacer el amor, Michael salió de la cama y se
dirigió hacia la ducha. Astrid yació en su lado de la cama, delirantemente cansada.
El sexo de rencuentro siempre era el mejor. Su iPhone dejó salir un suave sonido.
¿Quién podría estarle enviando mensajes de texto a esta hora? Alcanzó el teléfono,
entrecerrando los ojos ante el radiante resplandor de la pantalla. Decía:
TE EXTRAÑO DENTRO DE MÍ.
No tenía ningún sentido en lo absoluto. ¿Quién me enviaría esto?, se
preguntó Astrid, viendo media divertida al número desconocido. Parecía un
numero de Hong Kong, ¿acaso era una de las bromas de Eddie? Miró de nuevo el
mensaje de texto, de repente dándose cuenta que estaba sosteniendo el teléfono de
su esposo.
F
ue el espejo en el armario lo que lo hizo. El armario en el flamante ático
triple de Leo Ming en el distrito Huangpu realmente puso a Eddie al
borde. Desde que Shanghái se convirtió en la capital de la fiesta de Asia,
Leo había pasado más tiempo aquí con su última amante, una estrella nacida en
Beijing cuyo contrato tenía que “comprar” a través de una compañía de cine chino a
costa de diecinueve millones (un millón por cada año de su vida). Leo y Eddie
habían volado con Lowe por el día para inspeccionar el nuevo súper-apartamento
de lujo de Leo, y estaban de pie en un hangar armario de seiscientos metros
cuadrados, que contaba con la pared entera de ventanas de piso a techo, armarios
Makassar de ébano, y bancos de puertas con espejos que se abrían
automáticamente para revelar los bastidores con forro de cedro.
—Todo está controlado por el clima —señaló Leo—. Los armarios en este
extremo se mantienen a doce grados específicamente para mi cachemira italiana,
pata de gallo y pieles. Pero las vitrinas de calzado se mantienen a veintiún grados,
lo que es óptimo para el cuero, y la humedad se regula a una temperatura constante
de treinta y cinco por ciento, para que mis Berlutis y Corthays no suden. Tienes que
tratar bien a estos bebés, ¿hei mai43?
Eddie asintió, pensando que era hora de rehacer su propio armario.
—Ahora voy a mostrarte la pieza de resistencia —dijo Leo, pronunciando
“pieza” como “paz”. Con broche de oro, deslizó el pulgar por un panel de espejos y
su superficie al instante se transformó en una pantalla de alta definición que
proyectaba la imagen de tamaño natural de un modelo masculino con traje de
doble botonadura. Encima de su hombro derecho flotaban las marcas de cada
prenda de vestir, seguidas por las fechas y lugares donde el atuendo previamente
había sido usado. Leo movió un dedo frente a la pantalla como si estuviera pasando
una página, y el hombre apareció con pantalón de pana y suéter de punto—. Hay
una cámara incorporada en este espejo que toma una foto de ti y la almacena para
que puedas ver cada cosa que hayas usado, organizado por fecha y lugar. ¡De esa
forma nunca repetirás un atuendo!
Eddie se miró en el espejo con asombro.
—Oh, ya he visto eso antes —dijo de manera poco convincente cuando el
imbécil comenzó a refunfuñar por sus venas. Sintió el repentino impulso de
empujar el hinchado rostro de su amigo en la pared del prístino espejo. Una vez
más, Leo estaba mostrando otro brillante juguete nuevo que jodidamente no
merecía. Era así desde que eran pequeños. Cuando Leo cumplió siete años, su
padre le regaló una bicicleta de titanio diseñada a medida para su regordeta figura

43 ¿No es así? en cantonés.
por antiguos ingenieros de la NASA (fue robada en tres días). A los dieciséis años,
cuando Leo aspiraba a convertirse en cantante de hip-hop, su padre le construyó un
estudio de grabación con todos los avances técnicos y financió su primer disco (el
CD todavía se puede encontrar en eBay). Luego, en 1999, financió el lanzamiento
de Internet de Leo, que logró perder más de novecientos millones de dólares y
alcanzar el apogeo del boom de Internet. Y ahora esto, la última de una
innumerable colección de casas disponibles en todo el mundo, por su adorado
padre. Sí, Leo Ming, miembro del Lucky Sperm Club de Hong Kong, recibió todo lo
que le entregaron en un plato con incrustaciones de diamantes. Era solo la suerte
de Eddie haber nacido de padres que nunca le dieron un centavo.
En lo que es posiblemente la ciudad más materialista en la tierra, una ciudad
donde el mantra clave es prestigio, las lenguas Waggers en los círculos más
prestigiosos del cotilleo de Hong Kong de acuerdo en que Edison Chen vivía una
vida envidiable. Reconocían que Eddie nació en una familia de prestigio (a pesar de
que su linaje Cheng Frankly era un poco común), había asistido a todas las escuelas
de prestigio (nada superior o Cambridge, bueno... excepto Oxford), y ahora
trabajaba para la mayoría en el prestigioso Banco de Inversiones de Hong Kong
(aunque era una pena que no siguiera los pasos de su padre y se convirtiera en
médico). A los treinta y seis años, Eddie todavía conservaba sus rasgos juveniles
(estaba un poco gordo, pero no importaba; le daba un aspecto próspero); había
elegido bien al casarse con Fiona Tung (dinero viejo de Hong Kong, pero lo que es
una pena, es el escándalo de la manipulación en que su padre se había metido con
el continuo dato Tai Toh Lui); y sus hijos, Constantine, Agustine y Kalliste, eran
siempre tan bien vestidos y de buen comportamiento (excepto el hijo más joven,
que era un poco autista o algo).
Edison y Fiona vivían en el ático dúplex de Triumph Towers, uno de los más
buscados después de los edificios altos en Victoria Peak (cinco dormitorios, seis
baños, más de mil doscientos metros cuadrados, sin incluir la terraza de doscientos
metros cuadrados), donde empleaban a dos sirvientas filipinas y a dos de China
Continental (las chinas eran las mejores en la limpieza, mientras las filipinas eran
geniales con los niños). Su apartamento estaba lleno de Biedermeier, decorado por
la máxima y celebrada austríaca-alemana en Hong Kong, Kaspar von Morgenlatte
para evocar Habsburgo, recientemente había sido presentado en Hong Kong Tattle
(Eddie fue fotografiado acicalándose en la parte inferior de su escalera de caracol
de mármol en una chaqueta tirolesa de color verde bosque, con el cabello peinado
hacia atrás, mientras que Fiona se extendía a sus pies, incómoda, llevando un
vestido de color burdeos por Oscar de la Renta).
En el garaje de su edificio, poseían cinco plazas de estacionamiento (valorados
en doscientos cincuenta mil cada uno), donde su flota consistía en un Bentley
Continental GT (el auto de lunes a viernes de Eddie), un Aston Martin Vanquish
(auto de fin de semana de Eddie), un Volvo S40 (el auto de Fiona), y un Mercedes
S550 (el auto familiar), y un Porsche Cayenne (el vehículo familiar deportivo). En
Aberdeen Marina, estaba su yate de veinte metros, Kaiser. Luego estaba el
condominio de vacaciones en Whistler, Columbia Británica (el único lugar para ser
visto esquiando, ya que había comida cantonesa semi-decente a una hora de
distancia en Vancouver).
Eddie era miembro de la Asociación Atlética China, del Club de Golf de Hong
Kong, del Club Chino, del Club de Hong Kong, del Club de Cricket, del Club de la
Dinastía, del Club América, del Club Jockey, del Club de Yates Royal Hong Kong, y
demasiados clubes de cenas privados para contarlos. Como la mayoría de clase alta
hongkoneses, Eddie también poseía lo que fue quizás la última tarjeta de miembro
de las tarjetas residenciales canadiense permanentes para su familia entera (un
refugio seguro en caso de que los poderes fácticos en Beijing nunca sacaran un
nuevo Tiananmen). Coleccionaba relojes, y ahora poseía más de setenta de los
relojes más estimados (todos suizos, por supuesto, a excepción de unos pocos
Cartiers de época), que instaló en una consola de visualización de arce de diseño
personalizado en su camarín privado (su esposa no tenía su propio vestidor). Había
hecho que la lista de los “Más Invitados” de Hong Kong Tattle fuera por cuatro
años seguidos, lo que correspondía a un hombre de su estado, que ya había pasado
por tres amantes desde que se casó con Fiona hace trece años.
A pesar de esta vergüenza de riqueza, Eddie se sentía extremadamente
privado en comparación con la mayoría de sus amigos. No tenía una casa en Peak.
No tenía su propio avión. No tenía un equipo de tiempo completo para su yate, que
era demasiado pequeño para alojar cómodamente a más de diez invitados. No tenía
Rothkos o Pollocks o los otros artistas estadounidenses muertos que uno tenía para
colgar en la pared para ser considerado como verdaderamente rico en estos días. Y
a diferencia de Leo, los padres de Eddie eran del tipo pasado de moda que desde el
momento en que Eddie se graduó, insistían que aprendiera a vivir de sus ganancias.
Era tan malditamente injusto. Sus padres estaban cargados, y su madre
estaba dispuesta a heredar otro paquete obsceno de su abuela de Singapur si alguna
vez pateaba el cubo. (Ah Ma ya había sufrido dos ataques al corazón en la década
pasada, pero ahora tenía un desfibrilador y podría seguir marcando por solo Dios
sabe cuánto tiempo). Por desgracia, sus padres también estaban rosas de salud, de
manera que cuando se hincaran y el dinero se dividiera entre su perra hermana, su
hermano bueno para nada y él, no sería suficiente. Eddie siempre estaba tratando
de estimar que sus padres no valían nada, la mayoría de lo cual se derivaba de la
información que sus amigos de bienes raíces le filtraron. Se convirtió en una
obsesión suya, y mantenía una hoja de cálculo en la computadora de su casa,
actualizándola diligentemente todas las semanas según las valoraciones de la
propiedad y luego calculando su posible futura participación. No importaba cómo
manejara los números, se dio cuenta de que probablemente nunca estaría en la lista
de Fortune Asia de los “Diez Más Ricos de Hong Kong” por la forma en que sus
padres estaban lidiando con las cosas.
Pero entonces, sus padres siempre fueron muy egoístas. Claro, lo criaron y
pagaron por su educación y le compraron su primer apartamento, pero fallaron a la
hora de lo que era realmente importante, no sabían cómo hacer alarde de su
riqueza correctamente. Su padre, a pesar de su fama y celebrada habilidad, había
crecido en la clase media, con un sólido gusto de clase media. Era lo bastante feliz
siendo el respetado, conducido médico en ese vergonzosamente obsoleto Rolls-
Royce, llevando ese oxidado reloj Audemars Piguet, y yendo a sus clubes. Y luego
estaba su madre. Era tan barata, contando sus centavos siempre. Podría haber sido
una de las reinas de la sociedad si tan solo jugara con su bagaje aristocrático, usara
algunos vestidos de diseñador o se mudara de ese apartamento en los niveles
medios. Ese maldito piso.
Eddie odiaba ir a la casa de sus padres. Odiaba el vestíbulo, con sus pisos de
granito de aspecto barato de Mongolia y la vieja guardia de seguridad que alguna
vez comió apestoso tofu de una bolsa de plástico. Dentro del piso, odiaba el sofá
seccionado de cuero de color melocotón y las consolas lacadas en blanco
(compradas cuando el viejo Lane Crawford en Queen Road tuvo una venta de
liquidación a mediados de la década de 1980), las piedras de cristal en la parte
inferior de cada florero de flores artificiales, la colección al azar de las pinturas de
caligrafía china (todos regalos de los pacientes de su padre) el conjunto de las
paredes, y los honores médicos y las placas se alineaban en el estante de arriba
alrededor del perímetro de la sala de estar.
Había pasado junto a su antigua habitación, la que le habían obligado a
compartir con su hermanito, con dos camas gemelas de temática náutica y una
unidad de pared de color azul marino de Ikea, que seguía allí después de todos
estos años. Por encima de todo, el gran retrato enmarcado color nuez se asomaba
desde detrás de la televisión de pantalla grande, siempre burlándose de él con su
telón de fondo de estudio de humo marrón y con FOTO ESTUDIO SAMMY dorado
en relieve en la esquina inferior derecha. Odiaba cómo se veía en esa fotografía, a
los diecinueve años, acababa de regresar de su primer año en Cambridge, con el
cabello ligero hasta los hombros, vestido con una chaqueta de Paul Smith Tweed
que pensaba que era muy genial en ese momento, su codo bajaba con soltura en el
hombro de su madre.
¿Y cómo podía su madre, nacida en una familia de tan exquisita crianza,
carecer por completo de sabor? Con los años, le había empezado a rogar que lo re-
decorara o se mudara, pero se había negado, alegando que: “Nunca podría
separarme de todos los recuerdos felices de mis hijos creciendo aquí”. ¿Cuáles
recuerdos felices? Sus únicos recuerdos eran de una infancia demasiado
avergonzado como para invitar a amigos a su casa (a menos que supiera que vivían
en edificios con menos prestigio), y la adolescencia la pasó en el estrecho baño,
masturbándose prácticamente debajo del lavabo del cuarto de baño de medio
metro contra la puerta todas las veces (no había cerradura).
Mientras Eddie estaba de pie en el nuevo armario de Leo en Shanghái,
mirando hacia las ventanas de techo a piso, al distrito Financiero Pudong brillando
a través del río como Xanadu, juró que un día tendría un armario tan increíble,
haría que éste pareciera una pequeña pocilga. Hasta entonces, todavía tenía una
cosa que incluso el nuevo dinero de Leo no podía comprar: Una gran invitación en
relieve a la boda de Colin Khoo en Singapur.
—E
stás bromeando, ¿verdad? —dijo Rachel, pensando que Nick
estaba haciendo una broma cuando la guio a la alfombra roja
acolchonada del mostrador de Singapur Airlines de primera
clase en el JFK.
Nick le regaló una sonrisa conspiradora, saboreando su reacción.
—Pensé que, si ibas a viajar media parte del mundo conmigo, al menos
debería de hacerlo lo más cómodo posible.
—¡Pero esto debe de costar una fortuna! No tuviste que vender un riñón,
¿verdad?
—No te preocupes, tengo como un millón de millas guardadas de viajero
frecuente.
Aun así, Rachel no podía dejar de sentirse un poco culpable por los millones
de millas de viajero frecuente que debió de haber sacrificado Nick para esos
boletos. ¿Quién todavía viaja en primera clase? La segunda sorpresa para Rachel
llegó cuando abordaron el enorme Airbus A380 de dos pisos y fueron propiamente
bienvenidos por una hermosa azafata que parecía haber sido materializada de un
anuncio de una revista de viajes.
—Señor Young, señorita Chu, bienvenidos a bordo. Por favor permítanme
mostrarles su suite. —La azafata los guio por un pasillo en un elegante y largo
vestido ajustado44 llevándolos a la sección delantera del avión, que consistía en
doce suites privadas.
Rachel se sintió como si estuviera entrando a un cuarto de proyección de un
lujoso loft de TriBeCa. La cabina consistía en dos de los más grandes sillones que
había visto, tapizados a mano en piel Paltrona Frau, dos enormes pantallas planas
colocadas de lado a lado, y un closet de tamaño completo ingeniosamente oculto
detrás de un panel de nogal quemado. Una cobija de casimir de Givenchy estaba
artísticamente colocada encima de los asientos, siendo claro que eran para
acurrucarse y acomodarse.
La azafata señaló los cocteles que los esperaban.
—¿Un aperitivo antes de despegar? Señor Young, su usual gin y tonic.
Señorita Chu, un Kir Royal45 para que se prepare. —Le dio a Rachel una larga copa
con burbujeante bebida fría que parecía haber sido servida hace tan solo unos
segundos. Por supuesto ya conocían su coctel favorito—. ¿Les gustaría disfrutar los

44 Diseñado por Pierre Balmain, el uniforme característico usado por las azafatas del vuelo de

Singapur Airlines estaba inspirado por Malay kebaya (inspirado en muchos trajes de viajeros).
45 Famoso coctel francés elaborado con crema de casis y champan o vino espumoso.
sillones hasta la cena, o preferirían que convirtiéramos su suite en una habitación
justo después del despegue?
—Creo que disfrutaremos la habitación por un momento —respondió Nick.
Tan pronto la azafata estuvo a distancia del oído, Rachel declaró:
—Jesús Santo, ¡he vivido en departamentos más pequeños que esto!
—Espero que no te moleste los daños, esto es considerado de poca altura en
estándares asiáticos de hospitalidad —bromeó Nick.
—Uh… creo que puedo soportarlo. —Rachel se acurrucó en su costoso sillón y
comenzó a pasar los canales—. Está bien, existen más canales de los que puedo
contar. ¿Vas a ver uno de tus desolados thrillers de crimen suecos? Oh, El Paciente
Inglés. Quiero ver eso. Espera un minuto. ¿Es malo ver una película de un avión
que se estrella mientras estás volando?
—Ese era un avión de solo una plaza, ¿y no fue disparado por los nazis? Creo
que está bien —dijo Nick, colocando su mano en la de ella.
El enorme avión comenzó a andar, y Rachel miró por la ventana a los aviones
alineados en la pista, luces parpadeando en sus alas, cada uno esperando su turno
para salir a espacio aéreo.
—Sabes, finalmente me estoy dando cuenta que estamos haciendo este viaje.
—¿Emocionada?
—Solo un poco. Creo que dormir en una cama en un avión probablemente sea
la parte más emocionante.
—Ya todo es cuesta abajo desde aquí, ¿verdad?
—Definitivamente. Ha sido cuesta abajo desde el día en que nos conocimos —
dijo Rachel con un guiño, entrelazando sus dedos con los de Nick.
CIUDAD DE NUEVA YORK, OTOÑO 2008
Para que quede claro, Rachel Chu no sintió la electricidad cuando posó la
mirada en Nicholas Young en el jardín de La Lanterna di Vittorio. Seguro, él era
terriblemente apuesto, pero nunca había sido atraída por hombres apuestos,
especialmente menos con los que tenían casi acento británico. Pasó los primeros
minutos observándolo, preguntándose en qué la había metido Sylvia esta vez.
Cuando Sylvia Wong-Swartz, una colega de Rachel en la universidad de Nueva
York del departamento de economía, entró esa mañana al departamento de su
facultad y declaró:
—Rachel, acabo de pasar la mañana con tu futuro esposo. —Ella tomó su
declaración como otro de los tontos planes de Sylvia, y no se molestó en mirar por
encima de su portátil—. No, de verdad, he encontrado a tu futuro esposo. Él estaba
en la reunión del gobierno estudiantil conmigo. Es la tercera vez que lo he visto, y
estoy convencida que él es el indicado para ti.
—Así que mi futuro esposo, ¿es un estudiante? Gracias… sabes lo mucho que
me gusta la cárcel.
—No, no… él es el brillante nuevo profesor del departamento de historia.
También es el consejero de la facultad para la Organización de Historia.
—Sabes que los profesores no son mi tipo. Especialmente los del
departamento de historia.
—Sí, pero este chico es diferente, te lo digo. Es el chico más impresivo que he
conocido en años. Es encantador. Y es SEXY. Iría detrás de él si no estuviera ya
casada.
—¿Cuál es su nombre? Quizás ya lo conozco.
—Nicholas Young. Acaba de iniciar el semestre, un transferido de Oxford.
—¿Británico? —Rachel alzó la mirada, su curiosidad ganando.
—No, no. —Sylvia bajó sus archivos y tomó asiento, inhalando
profundamente—. Está bien. Voy a decirte algo, pero antes que lo rechaces,
prométeme que vas a escucharme.
Rachel no podía esperar para que soltara el zapato. ¿Qué fabuloso detalle
disfuncional omitió Sylvia?
—Él es… asiático.
—Por Dios, Sylvia. —Rachel puso los ojos en blanco, regresando su atención a
la pantalla de su computadora.
—¡Sabía que ibas a reaccionar así! Escúchame. El chico es el paquete
completo, lo juro…
—Estoy segura —dijo Rachel, lleno de sarcasmo.
—Él tiene el más seductivo, y mínimo acento británico. Y se viste increíble.
Hoy tenía la chaqueta más perfecta, ajustada en los lugares correctos…
—No. Estoy. Interesada. Sylvia.
—Y se ve un poco como ese actor japonés de esas películas… Wong Kar.
—¿Es japonés o chino?
—¿Eso importa? Cada chico asiático que mira en tu dirección, les das tu
famosa mirada Rachel Chu anti asiáticos, y ellos se alejan antes de que puedas
darles una oportunidad.
—¡No lo hago!
—¡Sí, sí lo haces! Te he visto hacerlo muchas veces. ¿Recuerdas al chico que
conocimos en el almuerzo de Yanira el fin de semana pasado?
—Fui perfectamente amable con él.
—Lo trataste como si tuviera “HERPES” tatuado en su frente. En realidad,
¡eres la que más odia a los asiáticos que he conocido!
—¿Qué quieres decir? No estoy auto odiando. ¿Qué hay de ti? Eres la que se
casó con un chico blanco.
—Mark no es blanco, es judío… ¡Eso es básicamente asiático! Pero ese no es el
punto, al menos yo salí con muchos chicos asiáticos.
—Bueno, yo también.
—¿Cuándo has salido realmente con un asiático? —Sylvia arqueó sus cejas en
sorpresa.
—Sylvia, no tienes idea con cuántos chicos asiáticos he salido con los años.
Veamos, estaba el estudiante de MIT de física cuántica que estaba más interesado
en tenerme como su chica de limpieza las veinticuatro horas, el idiota de
fraternidad taiwanés que sus pectorales eran más grandes que mi pecho, el MBA46
de Harvard Chuppie 47que estaba obsesionado con Gordon Gekko. ¿Debería de
seguir?
—Estoy segura de que no fueron tan malos como los haces parecer.
—Bueno, fue lo suficientemente malo para instituir la política de “no chicos
asiáticos” por cinco años —insistió Rachel.
Sylvia suspiró.
—Admítelo. La verdadera razón por la que tratas a los hombres asiáticos de la
manera en que lo haces, es porque ellos representan el tipo de hombre que tu
familia desea que lleves a casa, y simplemente te estás rebelando al rehusarte a
salir con uno.
—Estás tan perdida. —Rachel se rió, negando.
—Es eso, o al haber crecido en la minoría racial en estados unidos, sientes que
el último acto de asimilación es casarte con la raza dominante. Que es por lo que
solo has salido con WASP48 o basura europea.
—¿Alguna vez has estado en Cupertino, donde pasé mi adolescencia? Porque
podrías ver que los asiáticos eran la raza dominante en Cupertino. Deja de
proyectar tus problemas en mí.
—Bueno, acepta mi reto e intenta ser ciega de color solo una vez más.
—Está bien, te voy a probar lo equivocada que estás. ¿Cómo te gustaría que
me presentara a ese encantador asiático de Oxford?
—No tienes que hacerlo. Ya lo he arreglado, vamos a tomar un café con él en
La Lanterna después del trabajo —agregó Sylvia alegremente.
Para cuando la tosca mesera de Estonia en La Lanterna llegó a tomar la orden
de Nicholas, Sylvia había susurrado furiosamente al oído de Rachel.
—Oye, ¿te has vuelto muda o algo? ¡Suficiente con el congelante de asiáticos!
Rachel decidió seguir la corriente y unirse a la conversación, pero demasiado
pronto fue claro que Nicholas no tenía idea que esto era una cita planeada, más
perturbador, parecía más interesado en su colega. Él estaba fascinado en los
antecedentes educativos, y la llenaba de preguntas de cómo estaba organizado el
departamento de economía. Sylvia se bañó de resplandor con sus atenciones,
46 Título masters en negocios y administración.
47 Chino + yuppie (un estereotipo estadounidense, un profesional de clase media bien pagado
que trabaja en la ciudad y tiene un estilo de vida lujoso) = Chuppie.
48 Un americano blanco de clase media o alta protestante, considerado un miembro poderoso

de la sociedad.
riendo coquetamente y girando su cabello con sus dedos mientras hablaba. Rachel
lo miró. ¿Este tipo está completamente perdido? ¿Qué no ve el anillo de boda de
Sylvia?
Fue tan solo veinte minutos después que Rachel fue capaz de dejar sus
prejuicios y consideró la situación en mano. Era verdad… en los años recientes, no
les había dado oportunidades a los chicos asiáticos. Su madre incluso había dicho:
“Rachel, sé que es difícil para ti el comunicarte propiamente con hombres asiáticos,
desde que nunca conociste a tu padre”. Rachel encontraba este tipo de análisis
demasiado simple. Si solo fuera tan fácil.
Para Rachel, el problema prácticamente inició cuando le llegó la pubertad.
Comenzó a notar un fenómeno que ocurría cuando un asiático del sexo opuesto
entraba a la habitación. El hombre asiático sería perfectamente agradable y normal
con las otras chicas, pero el tratamiento especial sería reservado para ella.
Primero, estaba el escaneo visual, el chico evaluaría sus atributos físicos de la
manera más descarada, analizando cada parte de su cuerpo de una manera
diferente en la que un chico no asiático haría. ¿Qué tan grandes eran sus ojos?
¿Qué tan brillante y lacio era su cabello? ¿Su párpado doble era natural, o se había
hecho cirugía? ¿Qué tan clara era su piel? ¿Tendría acento? ¿Y qué tan alta era
realmente sin tacones? (Con metro setenta, Rachel estaba del lado alto, y los chicos
asiáticos escaparían antes de salir con una chica más alta).
Si lograba pasar el primer escaneo, la verdadera prueba iniciaría. Sus amigas
asiáticas conocían este examen. Lo llamaban el “SAT”. Los hombres asiáticos
iniciarían un no tan cubierto interrogatorio, centrado en las aptitudes sociales,
académicas y de talento de la mujer asiática, en orden de determinar si era un
posible material “de esposa y madre de sus hijos”. Esto sucedía mientras los
hombres asiáticos no tan sutilmente ostentaban sus propios resultados del SAT;
cuántas generaciones de su familia habían estado en América; qué clase de
doctores eran sus padres; cuántos instrumentos musicales tocaban; el número de
campos de tenis a los que iban; becas de escuelas en la liga Ivy que habían
rechazado; qué modelo de BMW, Audi, o Lexus conducían; y el número
aproximado de años antes de que se convirtieran en (elige una) director ejecutivo,
director financiero, director de tecnología, socio principal de la firma, o jefe
cirujano.
Rachel se había acostumbrado tanto a pasar esos SAT que la ausencia esta
noche era desconcertante. Este chico no parecía tener el mismo modus operandi, y
tampoco estaba diciendo nombre. Era desconcertante, y no sabía cómo tratar con
él. Él solo estaba disfrutando su café irlandés, absorbiendo la atmósfera, y siendo
perfectamente encantador. Sentado en el jardín cerrado, iluminado por coloridas
sombras de lámparas, Rachel lentamente comenzó a ver, en una luz totalmente
diferente, a la persona que su amiga estaba tan emocionada para que conociera.
No podía estar segura de qué era, pero había algo curiosamente exótico en
Nicholas Young. Iniciando, su levemente deslavada chaqueta de lona, su camisa
blanca de lino, y sus deslavados jeans negros eran un recordatorio de alguna clase
de aventurero que acababa de estar en el occidente del Sahara. Luego estaba ese
ingenioso auto desprecio, la clase que todos los chicos británicos bien educados
eran conocidos. Pero debajo de eso, había masculinidad y una relajada persona que
estaba resultando infeccioso. Rachel se encontró siendo jalada a su conversación, y
antes que se diera cuenta, estaban charlando como viejos amigos.
En cierto momento, Sylvia se levantó de la mesa y anunció que era tiempo que
se fuera a casa, antes de que su esposo se muriera de hambre. Rachel y Nick
decidieron quedarse para tomar otra bebida. Lo que llevó a otra. Lo que los llevó a
cenar en el bistró a la vuelta de la esquina. Lo que los llevó a un helado en Father
Demo Square. Lo que los llevó a caminar por el Washington Square Park, (desde
que Nick insistió en guiarla de regreso a su departamento). Él es el caballero
perfecto, pensó Rachel, mientras caminaban por la fuente y un rubio guitarrista
con rastas, tocaba una triste balada.
Y tú estabas parada junto a mí, amo el paso del tiempo, cantó el chico.
—¿No es Talking Heads? —preguntó Nick—. Escucha…
—Dios mío, ¡realmente lo es! Él está cantando “This Must Be The Place” —dijo
Rachel sorprendida. Amaba que Nick conociera la canción tan bien que reconociera
la versión degradada.
—No es tan malo —dijo Nick, sacando su cartera para darle algunos dólares en
la funda abierta de la guitarra del chico.
Rachel notó que Nick estaba murmurando la canción. Él estaba ganando
puntos extra ahora, pensó, y luego se dio cuenta que Sylvia había tenido razón,
este era el chico con el que acababa de pasar seis horas charlando, que conocía la
letra de su canción favorita, este chico que estaba junto a ella era el primer hombre
que podría realmente imaginar como esposo.
—¡P
or fin, la pareja dorada! —proclamó Mavis Oon cuando
Astrid y Michael hicieron su entrada en el comedor formal
del Club Colonial. Con Michael en su traje azul de Richard
James, y Astrid con un vestido de gasa de seda de color caqui, hacían una pareja
extremadamente llamativa, y la sala onduló con la habitual emoción silenciosa de
las damas, que escudriñaron encubiertamente a Astrid, desde el cabello hasta los
talones, y los hombres, que miraban a Michael con una mezcla de envidia y burla.
—Aiyah, Astrid, ¿por qué tan tarde? —regañó Felicity Leong a su hija cuando
llegó a la larga mesa del banquete junto a la pared de los trofeos donde los
miembros de la familia Leong y sus invitados de honor de Kuala Lumpur; el tan
sri49 Gordon Oon y la puan sri Mavis Oon, ya estaban sentados.
—Lo siento mucho. El vuelo de Michael desde China se retrasó —se disculpó
Astrid—. ¿Espero que no hayan esperado por nosotros para ordenar? La comida
siempre lleva años aquí.
—Astrid, ven, ven, déjame mirarte —ordenó Mavis. La dama imperiosa, que
fácilmente podría haber ganado un concurso de semejanza con Imelda Marcos con
sus mejillas pintadas de rojo y su moño grueso, le dio una palmadita en el rostro a
Astrid como si fuera una niña pequeña y se lanzó a su efusiva charla de siempre—.
Aiyah, no has envejecido ni un poquito desde la última vez que te vi, ¿cómo está el
pequeño Cassian? ¿Cuándo vas a tener otro? No esperes demasiado tiempo lah,
necesitas una niña ahora, sabes que mi nieta de diez años, Bella, te adora
absolutamente desde su último viaje a Singapur, siempre está diciendo: “Ah Ma,
cuando sea grande quiero ser como Astrid”, le pregunté por qué y me dijo: “¡Porque
siempre se viste como una estrella de cine y Michael es un gran galán!” —Todos en
la mesa rieron.
—Sí, ¡no nos gustaría a todos tener el presupuesto de vestimenta de Astrid y el
paquete de ocho abdominales de Michael! —bromeó Alexander, el hermano de
Astrid.
Harry Leong levantó la vista de su menú y, al ver a Michael, le hizo señas para
que se acercara. Con su cabello plateado y su bronceado oscuro, Harry era una
presencia leonina en la cabecera de la mesa y, como siempre, Michael se acercó a su
suegro sin temor alguno. Harry le entregó un gran sobre acolchado.
—Aquí está mi MacBook Air. Hay algo mal con la conexión Wifi.

49El segundo título honorífico federal más antiguo en Malasia (similar a un duque británico),
otorgado por un gobernante real hereditario de uno de los nueve estados malayos; su esposa se
llama puan sri. (Un tan sri suele ser más rico que un dato, y probablemente haya pasado mucho
más tiempo aguantándose a la realeza malaya).
—¿Cuál es exactamente el problema? ¿No está encontrando las redes
adecuadas, o estás teniendo problemas de inicio de sesión? —preguntó Michael.
Harry ya había vuelto su atención al menú.
—¿Qué? Oh, simplemente no parece funcionar en ningún lado. Eres quien lo
configuró, y no he cambiado ninguna de las configuraciones. Muchas gracias por
echarle un vistazo. Felicity, ¿pedí el costillar de cordero aquí la última vez? ¿Es aquí
donde siempre cocinan demasiado la carne?
Michael obedientemente llevó la computadora portátil con él, y mientras
regresaba a su asiento en el otro extremo de la mesa, el hermano mayor de Astrid,
Henry, lo agarró por la manga de su chaqueta.
—Oye, Mike, odio molestarte con esto, pero ¿puedes pasar por la casa este fin
de semana? Hay algo mal con la Xbox de Zachary. Espero que puedas arreglarlo, es
demasiado mah fan50 para enviarlo a la fábrica en Japón para su reparación.
—Puede que tenga que irme este fin de semana, pero si no, trataré de pasar
por ahí —dijo Michael rotundamente.
—Gracias, gracias —interrumpió Cathleen, la esposa de Henry—. Zachary nos
ha vuelto completamente locos sin su Xbox.
—¿Michael es bueno con los gadgets o algo así? —preguntó Mavis.
—¡Oh, es un genio absoluto, Mavis, un genio! Es el yerno perfecto para tener
cerca, ¡puede arreglar cualquier cosa! —proclamó Harry.
Michael sonrió incómodo cuando Mavis fijó su mirada en él.
—Ahora, ¿por qué creí que estaba en el ejército?
—Tía Mavis, Michael solía trabajar para el Ministerio de Defensa. Ayudó a
programar todos los sistemas de armas de alta tecnología —dijo Astrid.
—Sí, el destino de la defensa balística de nuestro país está en manos de
Michael. Ya sabes, en caso de que nos invadan los doscientos cincuenta millones de
musulmanes que nos rodean por todos lados, podemos pelear por unos diez
minutos. —Se rió entre dientes Alexander.
Michael trató de ocultar su mueca y abrió su pesado menú encuadernado en
cuero. El tema culinario de este mes era “Sabores de Amalfi”, y la mayoría de los
platos estaban en italiano. Vongole. Eso eran almejas, lo sabía. Pero ¿qué diablos
era Paccheri alla Ravello?, y ¿los habría matado incluir una traducción al inglés?
Esto era normal en uno de los clubes deportivos más antiguos de la isla, un lugar
tan pretencioso y pegado a la tradición de la era eduardiana, que a las mujeres ni
siquiera se les permitía echar un vistazo al Bar de Hombres hasta 2007.
Cuando era adolescente, Michael había jugado fútbol todas las semanas en el
Padang, el inmenso campo verde frente al ayuntamiento que se usaba para todos
los desfiles nacionales, y con frecuencia miraba con curiosidad la augusta
estructura victoriana en el extremo este del Padang. Desde el puesto del portero,
pudo ver los candelabros centelleantes, los platos cóncavos plateados sobre

50 “Problemático” en cantonés.
manteles blancos, los camareros con sus chaquetas de esmoquin negro corriendo
de un lado a otro.
Observaba a las personas de aspecto importante disfrutando de sus cenas y se
preguntaba quiénes eran. Anhelaba entrar al club, solo una vez, para poder mirar el
campo de fútbol desde el otro lado de esas ventanas. En un desafío, les había
pedido a algunos de sus amigos que se infiltraran en el club con él. Irían un día
antes del partido de fútbol, cuando todavía estaban vestidos con sus uniformes
escolares de St. Andrew. Podrían pasear casualmente, como si fueran miembros, y
¿quién los detendría de pedir una bebida en el bar? “Ni siquiera sueñes, Teo, ¿no
sabes lo que es este lugar? ¡Es el Club Colonial! Tienes que ser uno de los ang mor,
o tienes que nacer en una de esas familias ultra millonarias para entrar”, comentó
uno de sus amigos.
—Gordon y yo vendimos nuestras membresías del Club Pulau porque me di
cuenta que solo iba allí para comer su helado kacang51. —Michael escuchó a Mavis
decirle a su suegra.
Lo que no daría por volver a estar en el campo con sus amigos ahora mismo.
Podían jugar al fútbol hasta que se pusiera el sol, y luego dirigirse al kopi tiam52
más cercano para tomar cervezas frías y algo de nasi goreng53 o char bee hoon54.
Sería mucho mejor que sentarse ahí con esa corbata que lo ahogaba medio muerto,
comiendo alimentos impronunciables que eran increíblemente caros. No es que
nadie en esta mesa haya notado los precios, los Oon poseían prácticamente la
mitad de Malasia, y en cuanto a Astrid y sus hermanos, Michael nunca había visto a
ninguno de ellos recoger una factura de cena. Todos eran adultos con hijos propios,
pero papá Leong siempre firmaba por todo. (En la familia Teo, ninguno de sus
hermanos o hermanas consideraría dejar que sus padres pagaran la factura).
¿Cuánto tiempo tomaría esta cena? Estaban comiendo al estilo europeo, así
que serían cuatro platos, y eso significaba un plato por hora. Michael miró su menú
de nuevo. ¡Gan ni na!55 Había un estúpido plato de ensalada. ¿Quién oyó hablar de
servir ensalada después del plato principal? Esto significaba cinco platos, porque a
Mavis le gustaban sus postres, aunque todo lo que hacía era quejarse de su gota. Y
luego su suegra se quejaba de sus espolones en el talón, y las damas empezarían
una charla de quejas crónicas de salud, tratando de superarse mutuamente.
Entonces sería el momento para los brindis, esos largos brindis en los que su
suegro brindaría a los Oon por su brillantez al haber nacido en la familia correcta, y
entonces Gordon Oon se daría la vuelta y brindaría por los Leong por su genio en
haber nacido en la familia correcta también. Y entonces Henry Leong junior haría
un brindis por el hijo de Gordon, Gordon junior, el maravilloso tipo que fue
atrapado con la colegiala de quince años en Langkawi el año pasado. Sería un
milagro si la cena terminara antes de las once y media.

51 Un postre malayo hecho de hielo raspado, jarabe de azúcar colorido y una variedad de

ingredientes como frijoles rojos, maíz dulce, gelatina de agar-agar, semilla de palma y helado.
52 “Cafetería” en Hokkien.
53 Arroz frito indonesio, un plato inmensamente popular en Singapur.
54 Fideos fritos, otro favorito local.
55 Un término de Hokkien que podría significar “puta madre” o, como en este caso, “que me

jodan”.
Astrid miró a su marido por encima de la mesa. Aquella postura recta y la
media sonrisa tensa que se obligaba a mostrar mientras hablaba con la esposa del
obispo See Bei Sien era una mirada que conocía bien, la había visto la primera vez
que los invitaron a tomar el té en casa de su abuela, y cuando cenaron con el
presidente en Istana56. Michael claramente deseaba estar en otro lugar ahora
mismo. ¿O era con alguien más? ¿Quién era ese alguien? Desde la noche en que
descubrió ese mensaje de texto, no pudo dejar de hacerse estas preguntas.
***
TE EXTRAÑO DENTRO DE MÍ. Durante los primeros días, Astrid intentó
convencerse que debía haber alguna explicación racional. Fue un error inocente, un
mensaje de texto al número equivocado, una especie de broma o broma privada
que no entendió. El mensaje de texto había sido borrado a la mañana siguiente, y
deseó que simplemente pudiera borrarse de su mente. Pero su mente no lo dejaría
ir. Su vida no podría continuar hasta que resolviera el misterio detrás de estas
palabras. Comenzó a llamar a Michael al trabajo todos los días en momentos
extraños, inventando alguna pregunta tonta o excusa para asegurarse que estaba
donde dijo que estaría. Comenzó a revisar su teléfono en cada oportunidad fugaz,
recorriendo febrilmente todos los mensajes de texto en los preciosos minutos que
estaba lejos de su teléfono. No hubo más mensajes de texto incriminatorios.
¿Estaba cubriendo sus huellas, o solo estaba siendo paranoica? Durante semanas,
había estado analizando cada mirada, cada palabra, cada movimiento de Michael,
buscando alguna señal, alguna evidencia para confirmar lo que no podía decirse a
sí misma. Pero no hubo nada. Todo era aparentemente normal en su hermosa vida.
Hasta esta tarde.
Michael acababa de regresar del aeropuerto, y cuando se quejó de estar
adolorido por haberse metido en un asiento del medio en la última fila no
reclinable de un viejo avión de China Eastern Airlines, Astrid le sugirió que tomara
un baño caliente en la bañera con sales Epsom. Mientras no estaba, Astrid fisgoneó
a través de su equipaje, buscando sin rumbo algo, cualquier cosa. Hurgando en su
billetera, encontró un papel doblado escondido debajo de la solapa de plástico que
contenía su tarjeta de identidad de Singapur. Fue un recibo de la cena de anoche.
Un recibo de Petrus. Por HK57 $ 3,812. Casi el precio de una cena para dos.
¿Qué estaba haciendo su marido cenando en el restaurante francés más
elegante de Hong Kong, cuando se suponía que estaba trabajando en un proyecto
de suministro de nubes en Chongqing, en el sudoeste de China? Y especialmente
este restaurante, el tipo de lugar al que normalmente habría sido llevado pateando
y gritando. No había manera que sus socios con problemas de liquidez aprobaran
este tipo de gasto, incluso para sus principales clientes. (Y, además, ningún cliente
chino querría comer la nouvelle cuisine58 francesa si pudieran evitarlo).

56 “Palacio” en malayo; aquí se refiere a la residencia oficial del presidente de Singapur.
Terminado en 1869 por orden de Sir Harry Saint George Ord, primer gobernador colonial de
Singapur, antes se lo conocía como Casa de Gobierno y ocupa 106 acres de terreno adyacentes al
área de Orchard Road.
57 Dólar de Hong Kong.
58 “Nueva cocina” en francés.
Astrid miró el recibo por un largo tiempo, mirando los audaces trazos de su
firma azul oscuro contra el papel blanco. Lo había firmado con la pluma de Caran
d'Ache que le había regalado en su último cumpleaños. Su corazón latía tan rápido
que parecía salirse de su pecho, y sin embargo, se sentía completamente paralizada.
Imaginó a Michael sentado en la habitación iluminada con velas situada en lo alto
del hotel Island Shangri-La, mirando las luces centelleantes de Victoria Harbour,
disfrutando de una cena romántica con la chica que había enviado el mensaje de
texto. Comenzaron con una espléndida Borgoña de la Côte d'Or y terminaron con el
soufflé de chocolate amargo caliente para dos (con crema de limón helada).
Quiso irrumpir en el baño y sostener el recibo en su rostro mientras estaba
sumergido en la bañera. Quería gritar y arañar su piel. Pero por supuesto, no hizo
tal cosa. Respiró profundamente. Recuperó su compostura. La compostura que se
había arraigado desde el día en que nació. Haría lo sensato. Sabía que no tenía
sentido hacer una escena, y exigir una explicación. Cualquier tipo de explicación
que podría causar incluso el más mínimo daño en su vida de imagen perfecta.
Dobló el recibo cuidadosamente y lo guardó en su escondite, deseando que
desapareciera de su billetera y de su mente. Solo desaparecer.
P
hilip estaba sentado en su silla plegable favorita en el embarcadero que
se extendía frente al jardín de su casa, manteniendo un ojo en el hilo de
pescar que iba directo al agua de la bahía de Watson, y el otro ojo en el
último número de la revista Popular Mechanics. Su celular empezó a vibrar en el
bolsillo de su pantalón de campaña, interrumpiendo la tranquilidad de su mañana.
Sabía que sería su esposa la que llamaba; era prácticamente la única persona que le
llamaba al celular. (Eleanor insistía en que lo mantuviera con él todo el rato, por si
lo necesitaba para una emergencia, aunque dudaba que pudiera ser de ninguna
ayuda cuando pasaba la mayor parte del tiempo aquí en Sídney, mientras que ella
estaba viajando constantemente entre Singapur, Hong Kong, Bangkok, Shanghái, y
Dios sabe dónde más).
Contestó el teléfono e inmediatamente el torrente histérico de su esposa
comenzó.
—Tranquilízate y habla más despacio, lah. No puedo entender ni una palabra
de lo que estás diciendo. Entonces, ¿por qué quieres saltar de un edificio? —
preguntó Philip con su habitual tono lacónico.
—Acabo de recibir el dosier de Rachel Chu de ese investigador privado en
Beverly Hills que Mabel Kwok recomendó. Quieres saber lo que pone. —No era una
pregunta; sonaba más como una amenaza.
—Eh… ¿quién es Rachel Chu? —preguntó Philip.
—¡No seas tan senil, lah! ¿No te acuerdas que te lo dije la semana pasada? ¡Tu
hijo ha estado saliendo con una chica en secreto durante más de un año, y ha
tenido la cara dura de decírnoslo solo unos días antes de traerla a Singapur!
—¿Contrataste a un investigador privado para informarte de esta chica?
—Por supuesto que lo hice. No sabemos nada acerca de ella, y todo el mundo
está hablando ya de ella y Nicky…
Philip miró su caña de pescar, la cual estaba empezando a vibrar en el aire.
Sabía hacia dónde estaba yendo esta conversación, y no quería tener nada que ver
con ello.
—Me temo que no puedo hablar ahora mismo, querida, estoy en mitad de algo
urgente.
—¡Páralo, lah! ¡Esto es urgente! ¡El informe es incluso peor que mi más
terrible pesadilla! Tu estúpida prima Cassandra lo entendió mal; ¡resulta que la
chica no es una de los Chu de la familia de Plásticos en Taipéi!
—Siempre te he dicho que no creas ni una palabra que salga de la boca de
Cassandra. Pero ¿qué diferencia hay?
—¿Qué diferencia? Esta chica es una farsante; está pretendiendo ser una Chu.
—Bueno, si resulta que su apellido es Chu, ¿cómo la puedes acusar de
pretender ser una Chu? —dijo Philip con una risita.
—Aiyah, ¡no me contradigas! Te diré por qué ha sido una farsante. Al
principio, el investigador privado me dijo que ella era una CNA, pero después de
ahondar más, descubrió que no es una auténtica China Nacida Americana. Nació
en la China Continental y llegó a América cuando tenía seis meses.
—¿Y?
—¿Me has oído? ¡China Continental!
Philip estaba desconcertado.
—¿Al final no descienden todas las familias del territorio Chino Continental?
¿De dónde preferirías que fuera? ¿De Islandia?
—¡No te hagas el gracioso conmigo! Su familia viene de alguna aldea ulu-ulu59
en China de la que nadie ha oído hablar. El investigador cree que probablemente
eran de clase obrera. En otras palabras, ¡son CAMPESINOS!
—Creo que, si te remontas lo suficiente, querida, todas nuestras familias
fueron campesinos. Y no sabes que, ¿en la China antigua, los campesinos eran de
hecho una clase venerada? Ellos eran el pilar de la economía, y…
—¡Deja de decir tonterías, lah! Todavía no has oído lo peor; esta chica llegó a
América de bebé con su madre. Pero ¿dónde estaba el padre? No hay registros del
padre, así que debían de estar divorciados. ¿Puedes creerlo? Alamak, ¡una niña de
alguna familia ulu divorciada! ¡Voy a tiao lau60! —Suspiró Eleanor
dramáticamente.
—¿Qué hay de malo con eso? Hay muchas personas estos días que vienen de
hogares divididos y tienen matrimonios felices. Solo mira la tasa de divorcio aquí
en Australia. —Philip estaba tratando de razonar con su esposa.
Eleanor suspiró profundamente.
—Todos esos australianos descienden de criminales, ¿qué esperas?
—Es por eso que eres tan popular aquí, querida —bromeó Philip.
—No estás viendo el panorama general. ¡Esta chica obviamente es una
ladrona de ORO, astuta y engañosa! Sabes tan bien como yo que tu hijo nunca
podrá casarse con alguien así. ¿Te imaginas cómo va a reaccionar tu familia cuando
traiga esa ladrona de oro a casa?
—En realidad, no me importa lo que piensen.
—Pero ¿no ves cómo esto afectará a Nicky? Y, por supuesto, tu madre me va a
culpar por esto, lah. Siempre me culpan por todo. Alamak, seguramente ya sabes
cómo terminará esto.

59 “Remota, “lejos de la civilización” en malayo.
60 “Saltar del edificio” en Hokkien.
Philip suspiró profundamente. Esta era la razón por la que pasaba el mayor
tiempo posible fuera de Singapur.
—Ya le pedí a Lorena Lim que use todos sus contactos en Beijing para
investigar a la familia de la chica en China. Necesitamos saber todo. No quiero
dejar ni una piedra sin remover. Necesitamos estar preparados para todas las
posibilidades —dijo Eleanor.
—¿No crees que estás exagerando?
—¡Absolutamente no! Debemos poner fin a todas estas tonterías antes de que
vaya más lejos. ¿Quieres saber qué piensa Daisy Foo?
—En realidad, no.
—¡Daisy piensa que Nick va a proponerle matrimonio a la chica mientras
estén aquí en Singapur!
—Si no lo ha hecho ya —bromeó Philip.
—¡Alamak! ¿Sabes algo que yo no? Nicky te ha dicho…
—No, no, no, no entres en pánico. Querida, estás dejando que tus tontas
amigas te molesten por nada. Solo necesitas confiar en el buen juicio de nuestro
hijo. Estoy seguro de que esta chica está bien. —El pez estaba jalando realmente
ahora. Tal vez era una barramunda. Podría pedirle a su chef que se lo asara para el
almuerzo. Philip solo quería terminar la llamada.
***
Ese jueves, en el estudio bíblico de Carol Tai, Eleanor decidió que era hora de
llamar a sus tropas de tierra. Mientras las mujeres se sentaban a disfrutar de su
charla bobo chacha y ayudaban a Carol a organizar su colección de perlas negras de
Tahití por color, Eleanor comenzó a lamentarse mientras saboreaba su helado de
pudín de coco y sagú.
—Nicky no se da cuenta de la horrible situación en que nos está poniendo.
Ahora él me dice que ni siquiera se va a quedar en nuestro apartamento cuando
llegue. ¡Se quedará en el Hotel Kingsford con esa chica! ¡Como si él necesitara
esconderla de nosotros! Alamak, ¿cómo es esto posible? —Eleanor suspiró
dramáticamente.
—¡Tan vergonzoso! ¡Compartiendo una habitación de hotel sin ni siquiera
estar casados! ¡Sabes, alguna gente podría pensar que se han fugado y están
viniendo aquí su luna de miel! —instó Nadine Shaw, a pesar de que secretamente le
llenaba de emoción cualquier escandalo potencial que rebajara a esos altaneros
Young por el barro. Ella continuó abanicando a una Eleanor en llamas, y no es que
necesitara que la cebaran más—. ¿Cómo se cree esa muchacha que puede tan solo
presentarse aquí en Singapur del brazo de Nick y atender el evento social del año
sin tu aprobación? Obviamente no tiene idea de cómo funcionan las cosas aquí.
—Aiyah, los chicos de hoy en día no saben cómo comportarse —dijo en voz
baja Daisy Foo, negando—. Mis hijos son exactamente iguales. Tienes suerte de que
Nicky te dijera que estaba trayendo a alguien a casa. Yo nunca esperaría algo así de
mis hijos. ¡Me tengo que enterar por los periódicos qué es lo que están haciendo!
¿Qué se puede hacer, lah? Esto es lo que pasa cuando educas a tus hijos en el
extranjero. Se vuelven demasiado americanizados y aski borak61 cuando regresan.
Pueden imaginar; ¡mi nuera Danielle me obliga a tomar una cita con dos semanas
de adelanto solo para poder ver a mis nietos! Se cree que, porque se graduó en
Amherst, ¡sabe más que yo cómo educar a mis propios nietos!
—¿Mejor que tú? ¡Todo el mundo sabe que esos CNA son descendientes de
todos los campesinos que fueron demasiado estúpidos para sobrevivir en China! —
comentó Nadine.
—Oye, Nadine, no las subestimes. Esas chicas CNA pueden ser tzeen lee
hai62—avisó Lorena Lim—. Ahora que América está en bancarrota, todas esas CNA
quieren venir a Asia y clavar sus garras en nuestros hombres. Son peores que los
tornados taiwaneses porque están americanizadas, son sofisticadas, y lo peor de
todo, con estudios universitarios. ¿Te acuerdas del hijo de la señora Hsu Tsen Ta?
Esa exmujer Ivy con grados en la liga superior le presentó a él a propósito a la chica
que se convirtió en su amante, y luego usó esta tonta excusa para conseguir un
suculento acuerdo de divorcio. Los Hsus tuvieron que vender un montón de
propiedades para pagarle a ella. ¡Así que, sayang63!
—Mi Danielle era kwai kawai64 al principio, tan obediente y modesta —
rememoró Daisy—. Hiyah… el momento en el que el anillo de treinta quilates
estuvo en su dedo, ¡se trasformó en la maldita reina de Sheba! Hoy en día no lleva
nada más que Prada, Prada, Prada, ¿y has visto cómo le hace malgastar dinero a mi
hijo contratando a todo ese equipo de seguridad para acompañarla a donde vaya,
como si fuera una súper estrella? ¿Quién va a querer secuestrarla? ¡Mi hijo y mis
nietos son los que deberían de llevar guardaespaldas, no esa chica con la nariz
plana! ¡Suey doh say65!
—No sé qué haría si mi hijo me trajera una chica como esa —gime Eleanor y
pone una de sus expresiones tristes.
—Venga, venga, Lealea, toma un poco más de bobo chacha —dice Carol,
intentando animar a su amiga Eleonor mientras sirve más postre en el bol—. Nicky
es un buen chico. Deberías de agradecer a Dios que no es como mi Bernard. Ya
hace tiempo que me rendí de intentar que Bernard me escuchara. Su padre le deja
hacer lo que quiera. ¿Qué puedo hacer yo? Su padre solo paga y paga, mientras yo
solo rezo y rezo. La biblia dice que debemos aceptar lo que no podemos cambiar.
Lorena miró a Eleanor, preguntándose si sería el momento indicado para
dejar caer su bomba. Decidió ir por ello.
—Eleanor, me pediste que hiciera una pequeña investigación sobre la familia
Chu de esta chica en China, y no quiero que te emociones mucho, pero acabo de
recibir un mensaje de lo más intrigante.

61 Un término de la jerga malaya que significa “actuar como un presumido o sabelotodo”
(básicamente, un culo pomposo).
62 “Muy agudo” o “peligroso” en Hokkien.
63 “Qué desperdicio” en malayo.
64 “Muy buena” en Hokkien.
65 “¡Es tan fea que podría morir!” en cantonés.
—¿Tan rápido? ¿De qué te has enterado? —se animó Eleanor.
—Bueno, hay alguien que dice tener información sobre Rachel “muy valiosa”
—continuó Lorena.
—Alamak, ¿qué?, ¿qué? —preguntó Eleanor, alarmándose.
—No lo sé exactamente, pero viene de una fuente en Shenzhen —dijo Lorena.
—¿Shenzhen? ¿Han dicho qué tipo de información es?
—Bueno, ellos solo dijeron que era “muy valiosa”, y que no hablarían por
teléfono. Solo te darán la información en persona, y no va a ser barato.
—¿Cómo encontraste a esta gente? —preguntó Eleanor excitada.
—Wah ooh kang tao, mah66 —dijo Lorena misteriosamente—. Creo que
deberías ir a Shenzhen la semana próxima.
—Eso no será posible, Nicky y esa chica estarán aquí —contestó Eleonor.
—Elle, creo que deberías ir precisamente cuando Nicky y esa chica lleguen —
sugirió Daisy—. Piénsalo… ellos ni siquiera se están quedando contigo, así que
tienes la excusa perfecta para no estar aquí. Y si no estás aquí, tienes todas las
ventajas. Le demostrarás a todo el mundo que NO le estás poniendo la alfombra
roja a esta chica, y no pasarás vergüenza si ella se convierte en una auténtica
pesadilla.
—Además, conseguirás algo de información vital —añadió Nadine—. Quizás
ella ya esté casada. Quizás ya tenga un hijo. Quizás esté montando un gran fraude
y…
—Aiyah, necesito Xanax —gimió Eleanor, alcanzando su bolso.
—¡Lorena, deja de asustar a Lealea! —intercedió Carol—. No conocemos la
historia de esta chica, quizás no sea nada. Quizás Dios bendecirá a Eleanor con una
nuera obediente temerosa de Dios. “No juzgues porque serás juzgado”. Mateo 7:1.
Eleanor consideró todo lo que sus amigas habían dicho.
—Daisy, eres siempre tan lista. Lorena, ¿puedo quedarme en tu precioso
apartamento en Shenzhen?
—Por supuesto. Iba a ir contigo. Además, he estado deseando ir a hacer un
maratón de compras a Shenzhen.
—¿Quién más quiere venir a Shenzhen este fin de semana? ¿Carol, te
apuntas? —preguntó Eleanor, esperando que Carol pudiera unirse y así utilizar su
avión.
Carol se alzó de su silla y dijo:
—Lo comprobaré, pero creo que podemos llevarnos el avión si nos
marchamos antes del fin de semana. Sé que mi marido tiene que volar a Beijín para
tomar el control de una empresa de internet llamada Ali Baibai a principios de
semana. Y Bernard se llevará el avión el sábado para ir a la despedida de soltero de
Colin Khoo.

66 “Tengo mis contactos secretos, por supuesto.” en Hokkien.
—¡Vayamos todas a pasar un fin de semana de spa y relax! —declaró Nadine—
. Quiero ir a ese sitio en el que te sumergen los pies en cubos de madera y luego te
los masajean durante una hora.
Eleanor empezaba a estar animada.
—Este es un buen plan. Vamos de compras a Shenzhen hasta que caigamos
agotadas. Dejaremos a Nicky y a su chica que se arreglen solos, y luego regresaré
con mi información valiosa.
—Tu munición valiosa —le corrigió Lorena.
—Jaja, eso es cierto. —Se rió Nadine, metiendo la mano en su bolso y
empezando a enviar un mensaje de texto a su corredor de bolsa—. Oye, Carol, ¿qué
nombre dijiste que tiene esa empresa de internet que dato está planeando adquirir?
E
l avión se inclinó de repente hacia la izquierda, atravesando las nubes
mientras Rachel veía la isla por primera vez. Habían despegado de
Nueva York hacía veintiuna horas, y después de una parada para
reponer en Frankfurt, ahora ella estaba en el sudeste asiático, en el reino que sus
ancestros llamaban Nanyang67 o Mar del Sur. Pero lo poco que pudo ver desde el
avión no se parecía a ninguna tierra romántica envuelta por la niebla; al contrario,
era una densa metrópolis de rascacielos brillantes en el cielo nocturno, y desde dos
mil metros de altura, Rachel pudo sentir la energía pulsante de la que era una de
las capitales financieras más poderosas del mundo.
Mientras las puertas electrónicas de aduanas se abrían para revelar el oasis
tropical que era la Terminal Tres de llegadas, la primera cosa que Nick vio fue a su
amigo Colin Khoo sosteniendo una gran pancarta con PADRINO escrito en ella.
Detrás de él estaba parada una chica cimbreña, excesivamente morena agarrando
un montón de globos plateados.
Nick y Rachel se dirigieron con sus maletas hacia ellos.
—¿Qué están haciendo aquí? —exclamó Nick sorprendido mientras Colin le
daba un fuerte abrazo.
—¡Venga! ¡Por supuesto que tenía que venir a recibir a mi padrino de boda
como corresponde! Esto es servicio completo, hombre —bromeó Colin.
—¡Es mi turno! —declaró la chica a su lado, adelantándose y dándole un
abrazo y un pellizco en la mejilla a Nick. Se giró hacia Rachel, estiró la mano, y
dijo—. Tú debes de ser Rachel. Yo soy Araminta.
—Oh disculpa, déjame hacer una presentación apropiada; Rachel Chu, te
presento a Araminta Lee, la prometida de Colin. Y este, por supuesto, es Colin
Khoo —dijo Nick.
—Encantada de conocerlos finalmente. —Sonrió Rachel, dándoles la mano
vigorosamente. No estaba preparada para esta fiesta de bienvenida, y después de
todas esas horas de avión, solo podía imaginar cómo se vería. Estudió a la feliz
pareja por un momento. La gente se veía siempre muy diferente a las fotos. Colin
era más alto de lo que había imaginado, arrogantemente guapo con pecas oscuras y
un cabello despeinado que lo hacía ver un poco como si fuera un surfista de la
Polinesia. Detrás de sus gafas con montura de alambre, Araminta tenía un precioso
rostro, incluso sin una gota de maquillaje. Su cabello largo y negro estaba recogido

67 No solo se lo confunde con la academia de Singapur donde a los estudiantes se les enseña
en horrores: mandarín, Nanyang es mandarín para “Mar del Sur”. La palabra también se convirtió
en una referencia común para la gran población de inmigrantes étnicos chinos en el sudeste
asiático.
en una cola de caballo que le llegaba a media espalda, y se le veía extremadamente
delgada para su alta constitución. Llevaba lo que parecía ser un pantalón de pijama
a cuadros, un top naranja pálido, y chancletas. A pesar de que probablemente
tendría unos veintitantos años, se le veía más como si fuera una colegiala que como
alguien que estaba a punto de casarse. Formaban una pareja inusualmente exótica,
y Rachel acabó preguntándose cómo se verían sus hijos.
Colin empezó a escribir un mensaje en su teléfono.
—Los choferes han estado dando vueltas durante un rato. Déjame decirles que
estamos listos.
—No puedo creer lo bonito que es este aeropuerto; hace que JFK se vea
anticuado —remarcó Rachel. Se quedó alucinada con la estructura ultra moderna,
las palmeras en el interior, y el inmenso, exótico jardín vertical colgante que
parecía tener la misma longitud que la terminal. Un ligero vapor de agua empezó a
esparcirse por la verde cascada—. ¿Pulverizan todo el muro? Me siento como si
estuviera en algún resort tropical de lujo.
—Este país entero es un resort tropical de lujo —dijo Colin mientras los guiaba
hacia la salida. Esperando, había dos Land Rovers plateados idénticos—. Aquí,
pongan todo el equipaje en este, que va directo al hotel. Nosotros podemos
conducir el otro sin tener que ir apretujados. —El conductor del primer auto salió,
asintió hacia Colin, y fue a unirse al otro conductor, dejando el auto vacío para
ellos. Un poco confusa por el jet-lag, no sabía qué pensar de todo esto y tan solo se
subió en el asiento trasero del SUV.
—¡Qué sorpresa! Creo que nunca me habían recibido en el aeropuerto de esta
manera desde que era un niño —dijo Nick, recordando los días de su niñez cuando
un gran número de familiares se reunían en el aeropuerto. Una visita al aeropuerto
en aquellos días era una experiencia increíble, porque también significaba que su
padre lo llevaría a tomar un helado a Swensen en la vieja terminal. La gente parecía
ir a largos viajes en aquel entonces, y siempre había lágrimas de las mujeres
despidiéndose de los familiares que se iban al extranjero o dándoles la bienvenida a
los niños que pasaban el curso escolar afuera. Incluso escuchó una vez a su primo
mayor, Alex, susurrarle a su padre justo antes de que Harry Leong estuviera a
punto de subir al avión “Asegúrate de comprarme el último número de Penthouse
cuando se detengan en Los Ángeles”.
Colin se acomodó tras el volante y empezó a ajustar los retrovisores para ver
bien.
—¿A dónde? ¿Directos al hotel, o a comer?
—Definitivamente podría comer algo —dijo Nick. Se giró para mirar a Rachel,
sabiendo que ella probablemente querría ir directa al hotel y colapsar en la cama—.
¿Te encuentras bien, Rachel?
—Estupendamente —contestó ella—. De hecho, yo también tengo un poco de
hambre.
—Es la hora del desayuno en Nueva York, es por eso —acordó Colin.
—¿Han tenido un buen vuelo? ¿Vieron muchas películas? —preguntó
Araminta.
—Rachel fue compañera de Colin Firth —anunció Nick.
Araminta gritó.
—Oh Dios mío... ¡me encanta! ¡Él siempre será el único señor Darcy para mí!
—De acuerdo, creo que ahora sí que podemos ser amigas —declaró
Rachel. Miró por la ventanilla, alucinada por las ondeantes palmeras y la profusión
de buganvillas que se alineaban a ambos lados de la iluminada carretera. Eran casi
las diez de la noche, pero todo en esta ciudad se veía artificialmente brillante; casi,
efervescente.
—Nicky, ¿a dónde deberíamos llevar a Rachel para su primera comida local?
—preguntó Colin.
—Mmm… ¿deberíamos darle la bienvenida con un festín de arroz con pollo
Hainanese en el Chatterbox? ¿O deberíamos ir directamente por cangrejo con chili
al East Coast? —preguntó Nick, sintiéndose excitado y hambriento a la vez; había
más de cien lugares para comer que quería que Rachel probara ahora mismo.
—¿Qué les parece comer algo de satay? —sugirió Rachel—. Nick siempre me
está diciendo que no podré decir que he comido un satay decente hasta que lo haya
comido en Singapur.
—Eso lo soluciona todo; vamos a ir a Lau Pa Sat —anunció Colin—. Rachel,
vas a poder experimentar tu primer auténtico centro de vendedores ambulantes. Y
ellos tienen el mejor satay.
—¿Tú crees? Me gusta más ese lugar en Sembawang —dijo Araminta.
—¡NOOOO! ¿De qué estás hablando, lah? El tipo que viene del Club Satay es
el que sigue en Lau Pa Sat —dijo Colin insistentemente.
—Estás equivocado —replicó Araminta firmemente—. El tipo del Club Satay
original se trasladó a Sembawang.
—¡Mentiras! Ese era su primo. ¡Un impostor! —Colin estaba convencido.
—Personalmente, a mí siempre me ha gustado el satay en Newton —los
interrumpió Nick.
—¿Newton? Has perdido la cabeza, Nicky. Newton es solo para expatriados y
turistas; ya no queda allí ningún buen puesto de satay —dijo Colin.
—Bienvenida a Singapur, Rachel; donde discutir sobre comida es el
pasatiempo nacional —declaró Araminta—. Este es probablemente el único país en
el mundo en el que dos hombres adultos pueden liarse a puñetazos discutiendo qué
puesto de comida callejero de hassta qué centro comercial tiene la mejor
interpretación de algún plato de fideos fritos. ¡Es como una competición de a ver
quién la tiene más larga!
Rachel se rió. Araminta y Colin eran tan normales y con los pies en la tierra, le
cayeron bien los dos al instante.
Pronto estuvieron en la carretera que iba a Robinson, en el corazón del
distrito financiero. Rodeado por las sombras de las torres gigantes estaba Lau Pa
Sat, o el “viejo mercado” en dialecto Hokkien; un pabellón octogonal a cielo abierto
que albergaba una colmena de puestos de comida. Caminando desde el
estacionamiento que había al cruzar la calle, Rachel podía oler ya los deliciosos
aromas llenos de especias flotando en el fragante ambiente. Mientras entraban en
el mercado de puestos de comida, Nick se giró hacia Rachel y le dijo:
—Esta es la estructura Victoriana más antigua en todo el sudeste asiático.
Rachel se quedó embobada mirando los arcos con filigranas de hierro que
irradiaban a través de los techos abovedados.
—Da la sensación de estar dentro de una catedral —dijo ella.
—Donde las masas vienen a rendir culto a la comida —bromeó Nick.
Por supuesto, a pesar de ser más de las diez, el lugar estaba abarrotado por
cientos de comensales fervientes. Filas y filas de comida iluminada brillantemente
ofrecían la mayor colección de platos bajo el mismo techo que Rachel había
presenciado toda su vida. Mientras daban una vuelta, mirando en varios de los
puestos donde los hombres y mujeres cocinaban sus manjares frenéticamente,
Rachel asentía completamente alucinada.
—Hay tanto que absorber, que no sé por dónde empezar.
—Tan solo señala lo que te llame la atención y lo pediré —se ofreció Colin—.
Lo bonito de los puestos callejeros es que cada vendedor vende básicamente un
solo plato, así que ya sean albóndigas de cerdo o sopa con bolas de pescado, ellos se
han pasado la vida perfeccionándolo.
—Más de una vida. Muchas de las personas en los puestos son segunda y
tercera generación, cocinando la vieja receta familiar —interrumpió Nick.
Unos minutos más tarde, los cuatro estaban sentados justo afuera del
mercado central bajo un gran árbol tachonado de luces amarillas, cada centímetro
de la mesa estaba cubierto por coloridos platos de plástico llenos con los mejores
platos de comida callejera de Singapur. Estaba el famoso char kuay teow, una
tortilla con ostras llamada orh luak, ensalada rojak que era malaya rebosando con
trozos de piña y pepino, fideos estilo Hokkien con una salsa espesa de ajo, un pastel
de pescado ahumado servido en hojas de cocotero llamado otah otah, y un centenar
de palitos de pollo y ternera satay.
Rachel nunca había visto un festín como este.
—¡Esto es una locura! Cada plato se ve como si viniera de una parte diferente
de Asia.
—Eso es Singapur para ti; el auténtico origen de la cocina de fusión —se jactó
Nick—. Ya sabes, fue por todos esos barcos que pasaban desde Europa, Oriente
Medio, e India en el siglo diecinueve, todos esos increíbles sabores y texturas se
mezclaron.
Mientras Rachel probaba el char kuay teow, sus ojos se abrieron sorprendida
por el fantástico sabor de los fideos de arroz fritos con marisco, huevo, y brotes de
soja cocinados con una espesa salsa de soja.
—¿Por qué nunca sabe así en casa?
—Te tiene que gustar ese sabor a wok requemado —remarcó Nick.
—Apuesto a que te gusta este —dijo Araminta, pasándole un plato a Rachel de
roti paratha. Rachel arrancó un pedazo de la corteza dorada y la sumergió en la
espesa salsa.
—Mmmmm… ¡divino!
Luego fue el momento para el satay. Rachel mordió uno de los suculentos
palitos de pollo, saboreando el dulzor ahumado cuidadosamente. El resto la miraba
atentamente.
—De acuerdo, Nick, tenías razón. Nunca había comido un satay decente hasta
ahora.
—Y pensar que dudaste de mí. —Negó Nick con una sonrisa.
—¡No puedo creer que estemos comiendo como cerdos a estas horas! —Se rió
Rachel, agarrando otro palito de satay.
—Acostúmbrate a ello. Sé que probablemente se irán directos a la cama, pero
tenemos que mantenerlos despiertos unas horas más para que se ajusten mejor al
cambio horario —dijo Colin.
—Aiyah, Colin solo quiere monopolizar a Nick lo máximo posible —declaró
Araminta—. Estos dos son inseparables cuando Nick está en la ciudad.
—Oye, tengo que aprovechar el tiempo al máximo, especialmente ahora que
su queridísima mamita está fuera —dijo Colin defendiéndose—. Rachel… estás de
suerte, por no tener que lidiar con la madre de Nick desde el momento que has
llegado.
—Colin, no empieces a asustarla —le reprendió Nick.
—Oh Nick, casi lo olvido, me crucé con tu madre el otro día en el Club
Churchill, —empezó a decir Araminta—. Ella me agarró del brazo y me dijo,
“¡Aramintaaaaa! Aiyoh, ¡estás demasiado morena! Será mejor que pares de tomar
tanto el sol, ¡sino el día de tu boda estarás tan negra que la gente se pensará que
eres malaya!
Todos empezaron a carcajearse, excepto Rachel.
—Estaba bromeando, ¿espero?
—Por supuesto que no. La madre de Nick no bromea —dijo Araminta, que
continuó riéndose.
—Rachel, lo entenderás una vez conozcas a la madre de Nick. La quiero como
si fuera mi madre, pero es muy particular —explicó Colin, intentando
tranquilizarla—. De todas maneras, es perfecto que tus padres se hayan ido, Nick,
porque este fin de semana tu presencia es requerida en mi despedida de soltero.
—Rachel, tú tienes que venir a mi despedida de soltera —declaró Araminta—.
¡Vamos a demostrarles a los chicos cómo se hace de verdad!
—Por supuesto —dijo Rachel, brindando con su cerveza con Araminta.
Nick miró a su novia, encantado de que les hubiera caído tan bien a sus
amigos sin ningún esfuerzo. Seguía casi sin poder creer que ella estuviera aquí con
él, y de que tuvieran todo el verano por delante de ellos.
—Bienvenida a Singapur, Rachel —declaró él, alegremente alzando su botella
de cerveza Tiger para brindar. Rachel miró a los brillantes ojos de Nick. Nunca lo
había visto tan feliz como se le veía esta noche, y se preguntaba cómo había sido
posible que le hubiera preocupado venir a este viaje.
—¿Cómo se siente estar aquí? —preguntó Colin.
—Bueno —meditó Rachel—, hace una hora aterrizamos en el aeropuerto más
increíble y moderno que he visto nunca, y ahora estoy sentada bajo estos árboles
tropicales en un mercado callejero de comida del siglo diecinueve, disfrutando de
un glorioso festín. ¡No me quiero ir!
Nick sonrió abiertamente, sin darse cuenta de la mirada que le estaba dando
Araminta a Colin.
C
ada vez que Astrid sentía la necesidad de un re-có-ge-me, visitaba a su
amigo Stephen. Stephen tenía una pequeña joyería en uno de los niveles
superiores del centro comercial Paragon, escondido de todas las demás
boutiques de lujo en un pasillo trasero. Si bien carecía de la visibilidad de los
joyeros locales de alto perfil como L'Orient o Larry Jewelry, con sus relucientes
tiendas con insignia, Stephen Chia Jewels era muy apreciado por los coleccionistas
más exigentes de la isla.
Sin ignorar su ojo estudiado por las gemas espectaculares, pero lo que
Stephen realmente ofrecía era absoluta discreción. Era el tipo de operación de
nicho en la que, por ejemplo, una dama de la sociedad necesitada de una rápida
inyección de efectivo para pagar los llamados mal gastos de su imbécil hijo, podría
ir a deshacerse de algunas joyas de herencia sin que nadie lo descubriera, o donde
una “muy importante pieza” a punto de salir de la cuadra en Ginebra o Nueva York
podría ser trasladada para su inspección privada por un cliente VIP, lejos de los
ojos de los chismosos empleados de la casa de subastas. Se decía que la tienda de
Stephen era una de las favoritas de las esposas de los jeques del Golfo Pérsico, los
sultanes y los oligarcas chinos de Indonesia, que no querían ser vistos comprando
joyas por un valor de millones de dólares en las boutiques de Orchard Road.
La tienda consistía en una sala frontal muy pequeña, bastante austera, donde
tres vitrinas del imperio francés mostraban una pequeña colección de piezas de
precio moderado, principalmente de artistas emergentes de Europa. La puerta con
espejos detrás del escritorio Boulle, sin embargo, ocultaba un vestíbulo donde se
abría otra puerta de seguridad para revelar un estrecho pasillo con habitaciones
individuales. Era aquí donde a Astrid le gustaba esconderse, en el salón privado
perfumado de nardos, cubierto de terciopelo azul pálido, con su lujoso sofá
Récamier donde podía acurrucarse, beber un refresco con limón y cotillear con
Stephen mientras él entraba y salía de la habitación con bandejas y bandejas de
gloriosas gemas.
Stephen y Astrid se conocieron hace años en París, cuando entró en la joyería
de la rue de la Paix donde él estaba haciendo su aprendizaje. En aquel entonces, era
muy raro encontrarse con una adolescente de Singapur interesada en los camafeos
del siglo XVIII como lo era ver a un joven chino detrás del mostrador en
una joaillier68 tan distinguida como Mellerio dits Meller, por lo que se estableció
un vínculo inmediato. Astrid estaba agradecida de encontrar a alguien en París que
entendiera sus exigentes gustos y estuviera dispuesto a satisfacer su caprichosa
búsqueda de piezas raras que podrían haber pertenecido alguna vez a la princesa de
Lamballe. Stephen, sin embargo, supo de inmediato que esta niña tenía que ser hija

68 Joyería en Francés.
de algún pez gordo, aunque le tomó otros tres años de cuidadoso cultivo averiguar
exactamente quién era ella.
Al igual que muchos de los mejores joyeros del mundo, desde Gianni Bulgari
hasta Laurence Graff, Stephen a lo largo de los años había perfeccionado sus
habilidades para estar perfectamente en sintonía con los caprichos de los ricos. Se
había convertido en un consumado adivino de los asiáticos multimillonarios, y se
había convertido en un experto en el reconocimiento de los múltiples estados de
ánimo de Astrid. Podía decir, simplemente al observar sus reacciones a los tipos de
piezas que le presentaría, qué clase de día tenía. Hoy estaba viendo un lado de
Astrid del que nunca había sido testigo en quince años de conocerla. Algo estaba
claramente mal, y su estado de ánimo había empeorado dramáticamente mientras
le mostraba una nueva serie de pulseras de Carnet.
—¿No son estas las pulseras más intrincadamente detalladas que hayas visto?
Parece que podrían haberse inspirado en los dibujos botánicos de Alexander von
Humboldt. Hablando de pulseras, ¿te gustó la pulsera de dijes que tu marido te
compró?
Astrid miró a Stephen, confundida por su pregunta.
—¿La pulsera de dijes?
—Sí, la que Michael te compró por tu cumpleaños el mes pasado. Espera un
momento, ¿no sabías que él me la compró?
Astrid desvió la mirada, no queriendo parecer sorprendida. No había recibido
ningún tipo de regalo de su marido. Su cumpleaños no era hasta agosto, y Michael
sabía que no era buena idea comprar sus joyas. Podía sentir toda la sangre correr
hacia su rostro.
—Oh, sí, lo olvidé… es adorable —dijo a la ligera—. ¿Le ayudaste a elegirla?
—Sí. Él vino una noche, todo de prisa. Le costó mucho tomar una decisión,
creo que temía que no te gustara.
—Bueno, por supuesto que sí. Muchas gracias por ayudarlo —dijo Astrid,
manteniendo su rostro completamente calmado. Oh Dios oh Dios oh Dios. ¿Era
Michael lo suficientemente estúpido como para comprar joyas para otras
personas a su amigo cercano Stephen Chia?
Stephen deseó no haber mencionado la pulsera. Sospechaba que a Astrid no le
había impresionado el regalo de su marido. A decir verdad, no estaba seguro de que
Astrid usara algo tan cotidiano como una pulsera con dijes de ositos de peluche
multicolores, pero era una de las cosas menos costosas que tenía en la tienda, y
sabía que Michael, un típico marido despistado, estaba haciendo un gran esfuerzo
para encontrar algo dentro de su presupuesto. Era un gesto realmente dulce. Pero
ahora, a los veinte minutos de estar en su tienda, Astrid ya había comprado un
diamante azul de tres quilates extremadamente raro en una larga fila de diamantes
que acababa de llegar de Amberes, unos gemelos art déco que habían pertenecido a
Clark Gable, un brazalete de eslabones de platino y diamantes vintage Cartier
firmado, y estaba considerando seriamente un fantástico par de pendientes de
VBH. Era una pieza que él había traído para mostrarla por pura necedad, y nunca
se imaginó que ella estaría interesada.
—Las piedras en forma de pera son kunzitas que pesan cuarenta y nueve
quilates, y estos discos brillantes son diamantes de hielo de veintitrés quilates. Un
tratamiento muy original. ¿Estás pensando en usar algo nuevo para la boda de
Khoo el próximo fin de semana? —preguntó, tratando de hacer una conversación
con su compradora inusualmente enfocada.
—Umm... tal vez —respondió Astrid, mirándose al espejo y escudriñando las
multi coloridas piedras preciosas que colgaban de los enormes aretes, y que
rozaban sus hombros. La pieza le recordaba a un atrapasueños nativos-americano.
—Lucen tan dramáticos, ¿cierto? Muy Millicent Rogers, creo. ¿Qué tipo de
vestido planeas usar?
—No lo he decidido todavía —dijo, casi mascullando para sí misma.
Realmente no estaba mirando los pendientes. En su mente, todo lo que podía
imaginar era una joya de su marido colgando de la muñeca de otra mujer. Primero
vino el mensaje de texto. Luego el recibo de Petrus. Ahora había una pulsera de
dijes caros. La tercera es la vencida.
—Bueno, creo que te gustaría ir con algo absolutamente simple si usas estos
aretes —agregó Stephen. Estaba un poco preocupado. La chica no estaba siendo
ella misma hoy. Por lo general, entraba tranquilamente y pasaban la primera hora
charlando y comiendo las deliciosas tartas caseras de piña que siempre traía antes
de sacar cualquier cosa para mostrarle. Después de una hora más o menos de mirar
las piezas, ella le entregó una.
—Bien, voy a pensar en esta —dijo antes de despedirse con un beso. Ella no
era el tipo de cliente que gastaba un millón de dólares en diez minutos.
Y, sin embargo, Stephen siempre atesoraba sus visitas. Amaba su dulce
naturaleza, sus modales impecables y su total falta de pretensiones. Era tan
refrescante, no como el tipo de damas con las que generalmente tenía que lidiar, los
egos que requerían caricias constantes. Le gustaba recordar a Astrid y sus locos
días de juventud en París, y admiraba la originalidad de su gusto. Ella se
preocupaba por la calidad de las piedras, por supuesto, pero nunca se preocupaba
menos por el tamaño y nunca estuvo interesada en las piezas ostentosas. ¿Por qué
iba a necesitar serlo, cuando su madre ya tenía una de las colecciones de joyas más
grandes de Singapur, mientras que su abuela Shang Su Yi poseía un tesoro de joyas
tan legendarias que solo las había escuchado mencionar de algunos susurros?
“Los jades de la dinastía Ming como nunca antes habías visto, joyas de los
zares que Shang Loong Ma astutamente compró a las grandes duquesas que
huyeron a Shanghái durante la Revolución Bolchevique. Espera a las mujeres
ancianas mueran… tu amiga Astrid es la nieta favorita, y heredará algunas de las
piezas más inigualables del mundo”, le dijo el aclamado historiador de arte Huang
Peng Fan, una de las pocas personas que había sido testigo del esplendor de la
colección Shang.
—¿Sabes qué? Compraré estos pendientes también —declaró Astrid,
poniéndose de pie y alisando su falda corta plisada.
—¿Te vas ya? ¿No quieres una bebida? —preguntó Stephen sorprendido.
—No, gracias, hoy no. Creo que necesito apurarme. Muchos recados. ¿Te
importa si me llevo los gemelos ahora? Prometo que los fondos se transferirán a tu
cuenta para el final del día.
—Querida, no seas tonta, puedes tener todo ahora. Déjame traerte unas lindas
cajas. —Stephen salió de la habitación, pensando que la última vez que Astrid había
sido tan impulsiva fue después de su ruptura con Charlie Wu. Mmm... ¿Hubo
problemas en el paraíso?
Astrid regresó a su auto en el estacionamiento del centro comercial. Abrió la
puerta, entró y colocó el bolso de compras de pergamino negro y crema, sutilmente
grabado con un STEPHEN CHIA JEWELS en el asiento del acompañante a su lado.
Se sentó en el auto sin aire, que se estaba volviendo cada vez más sofocante. Podía
sentir su corazón latir tan rápido. Acababa de comprar un anillo de diamantes de
trescientos cincuenta mil dólares que no le gustaba mucho, un brazalete de
veintiocho mil dólares que le gustaba bastante, y un par de pendientes de
setecientos ochenta y cuatro mil dólares que la hacían lucir como Pocahontas. Por
primera vez en semanas, se sintió condenadamente fantástica.
Luego recordó los gemelos. Rebuscó en la bolsa, buscando la caja que
contenía los gemelos art déco que había comprado para Michael. Estaban en una
caja vintage de terciopelo azul, y miró fijamente el par de pequeños gemelos de
plata y cobalto sujetos a un forro de raso que se había manchado hace tiempo con
manchas de color amarillo pálido.
Éstos habían rozado una vez las muñecas de Clark Gable, pensó Astrid. El
magnífico y romántico Clark Gable. ¿No se había casado varias veces?
Seguramente debió haber enamorado a muchas mujeres en su tiempo.
Seguramente debe haber engañado a sus esposas, incluso a Carole Lombard.
¿Cómo podría alguien querer engañar a una mujer tan hermosa como Carole
Lombard? Pero tarde o temprano, sucede. Todos los hombres hacen trampa. Esto
es Asia. Cada hombre tiene amantes, novias. Es una cosa normal. Una cosa de
estatus. Acostúmbrate a eso. El bisabuelo tenía docenas de concubinas. El tío
Freddie tenía toda otra familia en Taiwán. ¿Y cuántas amantes tiene mi primo
Eddie ahora? He perdido la cuenta.
Nada tenía sentido. Los chicos solo necesitan una emoción barata, un polvo
rápido. Necesitan ir de caza. Es una cosa primordial. Ellos necesitan diseminar su
semilla. Necesitan poner su pene dentro de las cosas. TE EXTRAÑO DENTRO DE
MÍ. No, no, no. No era nada serio. Probablemente es alguna chica que conoció en
su viaje de trabajo. Una cena elegante. Sexo de una noche. Y le compró una
pulsera. Una estúpida pulsera de dijes. Tan cliché. Al menos era discreto. Al
menos fue y se la folló en Hong Kong, no en Singapur. Muchas esposas tienen que
aguantar mucho más. Pienso en algunos de mis amigos. Pienso en lo que Fiona
Tung tiene que pasar con Eddie. La humillación. Soy afortunada. Soy tan
suertuda. No seas tan burgués.
Es solo una aventura. No hagas de esto un gran problema. Recuerda, tener
postura. Tener postura. Grace Kelly se acostó con Clark Gable mientras filmaban
Mogambo. Michael es tan guapo como Clark Gable. Y ahora tendrá los gemelos
de Gable. Y él los amará. No eran demasiado caros. No se enojará. Me amará. Él
todavía me quiere. No ha estado tan distante. Solo está estresado. Toda esa
presión por el trabajo. Cumpliremos de casados cinco años este octubre. Oh Dios
mío. Ni siquiera cinco años y ya está engañándome. Ya no se siente atraído por
mí. Me estoy volviendo demasiado vieja para él. Está cansado de mí. Pobre
Cassian. ¿Qué le va a pasar a Cassian? Mi vida se acabó. Todo se acabó. Esto no
está sucediendo. No puedo creer que esto esté sucediendo. A mí.
R
achel miró el reloj y pensó que solo había dormido unas cinco horas,
pero ya era de día y estaba demasiado emocionada para volver a
dormirse. Nick roncaba suavemente a su lado. Miró alrededor de la
habitación, preguntándose cuánto le costaría este hotel a Nick por noche. Era una
elegante suite decorada en discreta madera clara, el único estallido de color
proveniente de las orquídeas fucsias en la mesa de la consola contra la pared de
espejos. Rachel se levantó de la cama, se puso un par de zapatillas de felpa y se
metió silenciosamente en el baño para echarse un poco de agua en el rostro. Luego
se acercó a la ventana y echó un vistazo por las cortinas.
Afuera había un jardín perfectamente cuidado con una piscina grande y
acogedora con sillas de playa. Un hombre con un uniforme blanco y verde azulado
caminaba alrededor de la piscina con una larga pértiga y red, pescando
meditativamente las hojas sueltas que se habían asentado en la superficie del agua
durante la noche. El jardín estaba ubicado en un cuadrángulo de habitaciones junto
a la piscina, y más allá de la serenidad de la estructura victoriana de poca altura se
alzaba un grupo de edificios de gran altura, recordándole que estaban en el corazón
del moderno barrio de Orchard Road en Singapur. Rachel ya podía sentir el calor
de la madrugada penetrando a través de las ventanas de doble panel. Cerró las
cortinas y fue a la sala de estar a buscar su computadora portátil. Después de
iniciar sesión, comenzó a redactar un correo electrónico a su amiga Peik Lin.
Segundos después, apareció un mensaje instantáneo en su pantalla.
GohPL: ¡Estás despierta! ¿Estás realmente aquí?
Yo: ¡Claro que sí!
GohPL: ¡¡¡¡Yuppiii!!!!
Yo: ¡Ni siquiera son las 7 y ya está TAN CALIENTE!
GohPL: ¡Esto no es nada! ¿Se están quedando con los @padres de
Nick?
Yo: No. Estamos en @Hotel Kingsford.
GohPL: Bien. Muy central. Pero, ¿por qué están en un hotel?
Yo: Los padres de Nick están fuera de la ciudad, y él quería estar en un hotel
durante la semana de la boda.
GohPL: ...
Yo: Pero en secreto, creo que no quería aparecer en la casa de sus padres en
la primera noche. ¡Jajaja!
GohPL: Chico inteligente. Entonces, ¿puedo verte hoy?
Yo: Hoy es genial. Nick está ocupado ayudando al novio.
GohPL: ¿Es el organizador de bodas? ¡Jajaja! ¿Nos encontramos
al mediodía en su @lobby?
Yo: Perfecto. ¡No puedo esperar para verte!
GohPL: XOXO
Al mediodía, Goh Peik Lin subió caminando por la amplia escalera del Hotel
Kingsford, y las cabezas se volvieron cuando entró en el gran vestíbulo. Con su
nariz ancha, su rostro redondo y sus ojos un tanto turbios, no era una belleza
delirante de origen natural, pero era una de esas chicas que realmente sabía cómo
sacar el máximo provecho de lo que tenía. Y lo que tenía era un cuerpo voluptuoso
y la confianza para llevar a cabo opciones de moda audaces. Hoy llevaba puesto un
vestido blanco suelto muy corto que insinuaba sus curvas y un par de sandalias de
gladiador de oro con tiras. Su largo cabello negro estaba recogido en una cola de
caballo alta y apretada y gafas de sol con montura dorada le sujetaban la frente
como una diadema. En los lóbulos de sus orejas tenía unos solitarios de diamante
de tres quilates, y en la muñeca un grueso reloj de oro y diamantes. Terminaba el
look con una bolsa de malla de oro, arrojada casualmente sobre su hombro. Parecía
que estaba lista para el club de playa en Saint-Tropez.
—¡Peik Lin! —gritó Rachel, corriendo hacia ella con los brazos extendidos.
Peik Lin chilló fuertemente al verla, y las amigas se abrazaron con fuerza—.
¡Mírate! ¡Te ves genial! —exclamó Rachel, antes de girarse para presentar a Nick.
—Encantada de conocerte —dijo Peik Lin sorprendentemente alto para su
pequeño cuerpo. Miró a Nick—. Así que, se necesitó a un chico local finalmente
para sacarla de allí.
—Me alegro de estar al servicio —dijo Nick.
—Sé que estás jugando al planificador de bodas hoy, pero ¿cuándo podré
hacer mi informe de la CIA sobre ti? Es mejor que prometas que te veré pronto —
dijo Peik Lin.
—Lo prometo. —Nick se rió y le dio un beso de despedida a Rachel.
Tan pronto como estuvo fuera del alcance del oído, Peik Lin se volvió hacia
Rachel y arqueó las cejas.
—Bueno, es bien parecido. No es de extrañar que consiguiera que dejaras de
trabajar y tomaras unas vacaciones por una vez en tu vida.
Rachel solo se rió.
—Realmente, ¡no tienes derecho a cazar furtivamente a una de nuestras
especies en peligro de extinción! Tan alto, tan en forma y ese acento, normalmente
encuentro que los chicos de Singapur con elegantes acentos ingleses son
increíblemente pretenciosos, pero para él solo funciona.
Mientras caminaban por el largo tramo de escaleras alfombradas de rojo,
Rachel preguntó:
—¿A dónde vamos a almorzar?
—Mis padres te han invitado a nuestra casa. Están tan emocionados de verte,
y creo que disfrutarás de la cocina casera tradicional.
—¡Eso suena genial! Pero si voy a ver a tus padres, ¿debería cambiarme? —
preguntó Rachel. Llevaba una blusa blanca de algodón con un pantalón caqui.
—Oh, estás bien. Mis padres son muy informales y saben que estás de viaje.
Las esperaba en la entrada un gran BMW metálico dorado con vidrios
polarizados. El conductor salió rápidamente y les abrió la puerta. Cuando el
automóvil salió de los terrenos del hotel y giró hacia una calle concurrida, Peik Lin
comenzó a señalar los lugares de interés.
—Esta es la famosa central de turismo de Orchard Road. Es nuestra versión
de la Quinta Avenida.
—Es la Quinta Avenida con esteroides... ¡Nunca había visto tantas boutiques y
centros comerciales, alineados tan lejos como puede ver la vista!
—Sí, pero prefiero las compras en Nueva York o Los Ángeles.
—Siempre lo hiciste, Peik Lin —bromeó Rachel, recordando las frecuentes
compras de su amiga cuando se suponía que debía estar en clase.
Rachel siempre supo que Peik Lin provenía de una familia adinerada. Se
conocieron durante la orientación de primer año en Stanford, y Peik Lin era la
chica que se presentaba a clases a las 8:00 a.m. como si acabara de salir de una
juerga de compras en Rodeo Drive69. Como estudiante internacional recién llegada
de Singapur, una de las primeras cosas que hizo fue comprarse un Porsche 911
convertible, alegando que, dado que los Porsche eran una ganga en Estados Unidos
“era un absoluto delito no tener uno”. Pronto encontró Palo Alto demasiado
provinciano, y en cada oportunidad intentaba convencer a Rachel para que se
saltara la clase y manejara hasta San Francisco con ella (el Neiman Marcus era
mucho mejor que el único Centro Comercial de Stanford). Fue generosa hasta el
extremo, y Rachel pasó la mayor parte de sus años universitarios con regalos,
disfrutando comidas gloriosas en destinos culinarios como Chez Panisse y Post
Ranch Inn70, y yendo en viajes de fin de semana a lo largo de la costa de California,
cortesía de la práctica tarjeta negra American Express de Peik Lin.
Parte del encanto de Peik Lin era que no se disculpaba por ser rica, era
completamente descarada cuando se trataba de gastar dinero o hablar de ello.
Cuando la revista Fortune Asia hizo un perfil de portada en la empresa de
construcción y desarrollo de su familia, orgullosamente le envió a Rachel un enlace
al artículo. Lanzó fiestas lujosas atendidas por Plumed Horse 71 en la casa de la
ciudad que alquilaba fuera del campus. En Stanford, esto no la convirtió
exactamente en la chica más popular del campus. El grupo de la Costa Este la
ignoró, y los tipos discretos del área de la Bahía la encontraron demasiado
California del Sur. Rachel siempre pensó que Peik Lin habría encajado mejor en
Princeton o Brown, pero estaba contenta de que el destino la hubiera enviado en
69 Es un área de tres cuadras en Beverly Hills, conocida como un distrito donde pueden verse
las boutiques y tiendas más caras del mundo.
70 Restaurantes de más de 4 estrellas.
71 Restaurante de alta cocina.
esa dirección. Habiendo crecido en circunstancias mucho más modestas, Rachel
estaba intrigada por esta chica que gastaba dinero y que, aunque era
asquerosamente rica, nunca fue una snob al respecto.
—¿Te ha contado Nick acerca de la locura de bienes raíces aquí en Singapur?
—preguntó Peik Lin mientras el automóvil rodeaba Newton Circus.
—No.
—El mercado está realmente caliente en este momento, todas las propiedades
cambian de izquierda a derecha. Prácticamente se ha convertido en el deporte
nacional. ¿Ves ese edificio en construcción a la izquierda? Acabo de comprar dos
pisos nuevos allí la semana pasada. Los obtuve a un precio interno de 2.1 cada uno.
—¿Te refieres a 2.1 millones? —preguntó Rachel. Siempre le llevaba un tiempo
acostumbrarse a la forma en que Peik Lin hablaba de dinero, los números
simplemente parecían tan irreales.
—Sí, por supuesto. Los obtuve al precio interno, ya que nuestra empresa hizo
la construcción. Los apartamentos en realidad valen tres millones, y para cuando el
edificio esté terminado a fin de año puedo vender cada uno de ellos por 3.5,
fácilmente cuatro millones.
—Ahora, ¿por qué los precios subirían tan rápido? ¿No es eso una señal de
que el mercado está en una burbuja especulativa? —inquirió Rachel.
—No estamos en una burbuja porque la demanda es real. Todos los IAVN
quieren estar en bienes raíces en estos días.
—Uhm, ¿qué son Iaven? —preguntó Rachel.
—Oh, lo siento, olvidé que no estás en la jerga. IAVN significa “individuos de
alto valor neto”. A los habitantes de Singapur nos gusta abreviar todo.
—Sí, me he dado cuenta de eso.
—Como sabrás, ha habido una explosión de IAVN desde China Continental, y
ellos son los que realmente están elevando los precios. Se están congregando aquí
en masa, comprando propiedades con bolsas de golf llenas de dinero en efectivo.
—¿De verdad? Pensé que era al revés. ¿No quieren todos mudarse a China a
trabajar?
—Algunos, sí, pero todos los chinos súper ricos quieren estar aquí. Somos el
país más estable de la región, y los habitantes de China Continental sienten que su
dinero está mucho más seguro aquí que en Shanghái o incluso en Suiza.
En este punto, el automóvil se desvió de la vía principal y se dirigió a un
vecindario de casas apretadas.
—Así que en realidad hay casas en Singapur —dijo Rachel.
—Muy pocas. Solo alrededor del cinco por ciento de nosotros tenemos la
suerte de vivir en casas. Este barrio es en realidad uno de los primeros desarrollos
de estilo suburbano en Singapur, que comenzó en los años setenta, y mi familia
ayudó a construirlo —explicó Peik Lin.
El auto pasó junto a una alta pared blanca, de la cual se asomaban altos y
espesos matorrales de buganvillas. Había una gran placa de oro grabada en la
pared, VILLA D'ORO, y cuando el auto se detuvo en la entrada, un par de
ornamentadas puertas doradas se abrieron para revelar una imponente fachada
que tenía un parecido no tan accidental con el Petit Trianon en Versalles, excepto
que la casa en sí ocupaba la mayor parte del terreno, y el pórtico delantero estaba
dominado por una enorme fuente de mármol de cuatro niveles con un cisne dorado
que echaba agua desde su largo pico hacia arriba.
—Bienvenida a mi casa —dijo Peik Lin.
—¡Dios mío, Peik Lin! —Rachel abrió la boca con asombro—. ¿Es aquí donde
creciste?
—Esta era la propiedad, pero mis padres derribaron la antigua casa y
construyeron esta mansión hace unos seis años.
—No es de extrañar que pensaras que tu casa en Palo Alto era tan estrecha.
—Sabes, cuando estaba creciendo, pensé que todos vivían así. En los Estados
Unidos, esta casa probablemente valga solo unos tres millones. ¿Puedes adivinar
cuánto vale aquí?
—Ni siquiera intentaré adivinar.
—Treinta millones, fácil. Y eso es solo por la tierra, la casa en sí misma sería
demolida.
—Bueno, solo puedo imaginar qué tan valiosa debe ser la tierra en una isla
con, ¿cuánto, cuatro millones de personas?
—Más como cinco millones ahora.
La puerta principal del tamaño de una catedral fue abierta por una chica
indonesia vestida con un traje de mucama francesa en blanco y negro. Rachel se
encontró de pie en un vestíbulo de entrada circular con pisos de mármol blanco y
rosa radiando en un patrón de rayos de sol. A la derecha, una enorme escalera con
balaustradas doradas serpenteaba hacia los pisos superiores. Toda la pared curva
que subía la escalera era una réplica del fresco de The Swing de Fragonard, excepto
que esta recreación fue explotada para llenar una rotonda de doce metros.
—Un equipo de artistas de Praga acamparon durante tres meses para pintar el
fresco —dijo Peik Lin mientras conducía a Rachel por un corto tramo de escaleras
hacia la sala formal—. Esta es la recreación de mi madre del Salón de los Espejos en
Versalles. Prepárate —advirtió.
Rachel subió los escalones y entró en la habitación, sus ojos se abrieron un
poco. Aparte de los sofás de brocado de terciopelo rojo, cada objeto en la cavernosa
sala formal parecía estar hecho de oro. El techo abovedado estaba compuesto de
capas sobre capas de láminas de oro. Las consolas barrocas eran de oro dorado. Los
espejos venecianos y los candelabros que bordeaban las paredes eran dorados. Las
borlas elaboradas en las cortinas de damasco dorado eran aún un tono más
profundo de oro. Incluso las baratijas diseminadas por todas las superficies
disponibles eran doradas. Rachel estaba completamente estupefacta.
Para hacer las cosas aún más surrealistas, el centro de la habitación estaba
dominado por un enorme estanque ovalado y acuario hundido en el suelo de
mármol con motas doradas. El estanque estaba muy iluminado, y por un segundo
Rachel pensó que podía distinguir tiburones bebé nadando en el agua burbujeante.
Antes de que pudiera procesar la escena por completo, tres pekineses de pelo
dorado entraron corriendo en la habitación, sus agudos ladridos haciendo eco
ruidosamente contra el mármol.
La madre de Peik Lin, una mujer bajita y regordeta de poco más de cincuenta
años, con un ondulado permanente hasta los hombros, entró en la habitación.
Vestía una ajustada blusa de seda rosa que se estiraba contra su amplio escote,
ceñida con una cadena de cabezas de medusa doradas interconectadas y un
ajustado pantalón negro. Lo único incongruente del atuendo era el par de zapatillas
rosadas acolchadas en sus pies.
—¡Astor, Trump, Vanderbilt, naw-tee, naw-tee chicos, dejen de ladrar! —
amonestó—. ¡Rachel Chu! ¡Wel-kum, wel-kum! —exclamó con su pesado acento
chino. Rachel se encontró aplastada en un abrazo carnoso, el aroma embriagador
de Eau d'Hadrien llenándole la nariz—. ¡Aiyah! Hace cuanto que no te veo. Bien
kar ah nee swee, ¡ah! —exclamó en Hokkien, tomando las dos manos de Rachel.
—Ella piensa que te has vuelto muy bonita —tradujo Peik Lin, sabiendo que
Rachel solo hablaba mandarín.
—Gracias, señora Goh. Es muy agradable verla de nuevo —dijo Rachel,
sintiéndose bastante abrumada. Nunca sabía qué decir cuando alguien elogiaba su
apariencia.
—¿Qué? —dijo la mujer con fingido horror—. No me llames señora Goh. ¡La
señora Goh es mi hooo-rriii-blee sueee-graaa! Llámame tía Neena.
—Está bien, tía Neena.
—Ven, ven a la coo-cina. Tiempo de Makan. —Clavó sus uñas de bronce en la
muñeca de Rachel, guiándola por un largo pasillo de columnas de mármol hacia el
comedor. Rachel no pudo evitar notar el enorme diamante canario que brillaba en
su mano como una yema de huevo traslúcida, y el par de solitarios de tres quilates
en sus orejas, idénticos a los de Peik Lin. De tal madre, tal hija, tal vez
consiguieron una oferta de dos por uno.
El comedor señorial era algo así como un respiro después del infierno rococó
de la sala de estar, con sus paredes de madera y ventanas con vistas al césped
donde una gran piscina ovalada estaba rodeada de esculturas griegas. Rachel
rápidamente registró dos versiones de la Venus de Milo, una en mármol blanco,
otra en oro, por supuesto. Había una gran mesa de comedor redonda para ubicar
cómodamente a dieciocho personas con un pesado mantel de encaje Battenberg, y
sillas de respaldo alto Louis Quatorze que, afortunadamente, estaban tapizadas en
un brocado azul real. Reunida en el comedor estaba toda la familia Goh.
—Rachel, recuerdas a mi padre. Este es mi hermano Peik Wing y su esposa,
Sheryl, y mi hermano menor, Peik Ting, a quien llamamos P.T. Y estas son mis
sobrinas Alyssa y Camylla. —Todos le dieron la mano a Rachel, que no pudo evitar
darse cuenta de que ninguno de ellos tenía más de metro y medio de estatura. Los
hermanos tenían una tez mucho más oscura que Peik Lin, pero todos compartían
las mismas características élficas. Ambos vestían trajes casi idénticos de camisas de
vestir azul pálido y pantalones grises oscuros, como si se hubiesen adherido
exactamente a un manual empresarial de cómo vestirse para los viernes casuales.
Sheryl, que era mucho más pálida, sobresalía del resto de la familia. Llevaba una
camiseta sin mangas color rosa y una falda corta de mezclilla, parecía bastante
agotada mientras se ocupaba de sus dos hijas pequeñas, que estaban siendo
alimentadas con McNuggets de pollo, las cajas de papel colocadas en pesados
platos de Limoges bordeados de oro junto con los paquetes de caramelos
agridulces.
El padre de Peik Lin hizo un gesto a Rachel para que se sentara a su lado. Era
un hombre rechoncho y con el pecho en forma de barril, pantalón caqui y una
camisa roja de Ralph Lauren, del tipo con el logotipo de jugador de polo de gran
tamaño en azul marino bordado en el frente. Su ropa, unida a su baja estatura, lo
hacían parecer incongruentemente juvenil para un hombre de unos cincuenta años.
En su pequeña muñeca había un reloj grueso de Franck Muller, y también llevaba
un par de zapatillas acolchadas sobre los calcetines.
—¡Rachel Chu, mucho tiempo sin verte! Estamos muy agradecidos por toda la
ayuda que le brindaste a Peik Lin en sus días en la universidad. Sin ti, ella habría
sido un caso perdido en Stanford —dijo.
—¡Oh, eso no es verdad! Peik Lin fue de gran ayuda para mí. Me siento muy
honrada de haber sido invitada a su... increíble... casa para almorzar, señor Goh —
dijo Rachel gentilmente.
—Tío Wye Mun, por favor llámame tío Wye Mun —dijo.
Tres doncellas entraron, añadiendo platos de comida humeante a una mesa ya
cargada de platos. Rachel contó un total de trece platos diferentes distribuidos
sobre la mesa.
—De acuerdo, todo el mundo a ziak, ziak72. No te detengas en ce-ree-moh-
nias, Rachel Chu, este es un almuerzo simple, comida simple, lah —dijo Neena.
Rachel miró hacia las fuentes que parecían todo menos simples—. Nuestra nueva
cocinera es de Ipoh, así que hoy estás tomando unos platos tí-pii-cos de Malasia y
platos de Singapur —continuó Neena, sirviendo una porción de carne al curry
Rendang en el plato con montura de oro de Rachel.
—Mamá, hemos terminado de comer. ¿Podemos ir a la sala de juegos ahora?
—preguntó una de las niñas a Sheryl.
—No has terminado. Todavía veo algunos Nuggets de pollo —dijo su madre.
Neena miró y regañó:
—¡Aiyoooooh, terminen todo en su plato, chicas! ¿No saben que hay niños
muriendo de hambre en América?
Rachel les sonrió a las chicas con sus adorables colas de caballo gemelas y
dijo:

72 “Comer” en Hokkien.
—Estoy tan feliz de conocer a toda la familia por fin. ¿Nadie tiene que trabajar
hoy?
—Esta es la ventaja de trabajar para tu propia empresa, podemos tomar largas
pausas para almorzar —dijo P.T.
—Oye, no mucho tiempo —gruñó jovialmente Wye Mun.
—Entonces todos sus hijos trabajan para su empresa, señor Goh... quiero
decir, ¿tío Wye Mun? —preguntó Rachel.
—Sí, Sí. Este es un verdadero negocio familiar. Mi padre todavía está activo
como presidente, y soy el director ejecutivo. Todos mis hijos tienen diferentes roles
de gestión. Peik Wing es el vicepresidente a cargo del desarrollo del proyecto, P.T.
es vicepresidente a cargo de la construcción, y Peik Lin es vicepresidenta a cargo de
nuevos negocios. Por supuesto, también tenemos alrededor de seis mil empleados a
tiempo completo entre todas nuestras oficinas.
—¿Y dónde están sus oficinas? —inquirió Rachel.
—Nuestros centros principales están en Singapur, Hong Kong, Beijing y
Chongqing, pero estamos comenzando oficinas satélites en Hanoi, y muy pronto,
en Yangon.
—Parece que estás impulsando todas las regiones de alto crecimiento —
comentó Rachel, impresionada.
—Seguro, seguro —dijo Wye Mun—. Aiyah, eres tan inteligente, Peik Lin me
dijo que te está yendo muy bien en NYU. ¿Estás soltera? P.T., P.T., ¿por qué no le
estás prestando más atención a Rachel? ¡Podemos agregar un miembro más de la
familia a la nómina! —Todos en la mesa se rieron.
—Papá, eres tan olvidadizo. Te dije que estaba aquí con su novio —reprendió
Peik Lin.
—¿Ang mor, lah? —preguntó, mirando a Peik Lin.
—No, un muchacho de Singapur. Lo conocí hoy temprano —dijo Peik Lin.
—Aiyaaaah, ¿por qué no está aquí? —amonestó Neena.
—Nick quería conocerte, pero tuvo que ayudar a su amigo con algunos
recados de último minuto. Estamos realmente aquí para la boda de su amigo. Va a
ser el padrino —explicó Rachel.
—¿Quién se va a casar? —preguntó Wye Mun.
—Su nombre es Colin Khoo —respondió Rachel.
Todos bruscamente dejaron de comer y la miraron fijamente.
—¿Colin Khoo... y Araminta Lee? —preguntó Sheryl, tratando de aclarar.
—Sí —dijo Rachel sorprendida—. ¿Los conoces?
Neena golpeó con los palillos la mesa y miró a Rachel.
—¿Qué? ¿Vas a la boda de COLIN KHOO? —chilló, su boca llena de comida.
—Sí, sí... ¿ustedes también van?
—¡Rachel! No me dijiste que vendrías a la boda de Colin Khoo —dijo Peik Lin
en un tono bajo.
—Uhm, no preguntaste —dijo incómoda Rachel—. No entiendo... ¿hay algún
problema? —De repente temió que los Goh pudieran ser enemigos mortales de los
Khoo.
—¡Nooooo! —exclamó Peik Lin, repentinamente muy emocionada—. ¿No lo
sabes? ¡Es la boda del año! ¡Ha sido cubierta en cada canal, en cada revista y en
alrededor de un millón de blogs!
—¿Por qué? ¿Son famosos? —preguntó Rachel, completamente
desconcertada.
—¡AH-LA-MAAAK73! ¡Colin Khoo es el nieto de Khoo Teck Fong! ¡Viene de
una de las familias más riii-cas en el mundo! Y Araminta Lee, es la super modelo
hija de Peter Lee, uno de los hombres más rii-cos de China, y Annabel Lee, la reina
de los hoteles de lujo. ¡Esto es como un matriii-monio real! —dijo Neena
efusivamente.
—No tenía idea —dijo Rachel con asombro—. Me acabo de encontrar con ellos
anoche.
—¿Los conociste? ¿Conociste a Araminta Lee? ¿Es tan hermosa en persona?
¿Qué llevaba puesto? —preguntó Sheryl, aparentemente deslumbrada.
—Era muy bonita, sí. Pero tan sencilla, literalmente estaba vistiendo un
pijama cuando la conocí. Parecía una colegiala. ¿Es euroasiática?
—No. Pero su madre es de Xinjiang, por lo que tiene sangre uigur, es lo que
dicen —dijo Neena.
—¡Araminta es nuestro ícono de la moda más famoso! Ha modelado para
todas las revistas, y fue una de las modelos favoritas de Alexander McQueen —
continuó Sheryl sin aliento.
—Es un bombón total —intervino P.T.
—¿Cuándo la conociste? —preguntó Peik Lin.
—Estaba con Colin. Nos recogieron en el aeropuerto.
—¡Te recogieron en el aeropuerto! —exclamó P.T. incrédulo, riendo
histéricamente—. ¿Hubo un ejército de guardaespaldas?
—De ningún modo. Vinieron en un SUV. En realidad, había dos SUV. Uno
llevó el equipaje directamente al hotel. No es de extrañar —recordó Rachel.
—¡Rachel, la familia de Colin Khoo es propietaria del Hotel Kingsford! Es por
eso que te quedas allí —dijo Peik Lin, golpeando su brazo con entusiasmo.
Rachel no sabía qué decir. Se encontró divertida y un poco avergonzada por
toda la emoción.
—¿Tu novio es el padrino de Colin Khoo? ¿Cuál es su nombre? —exigió el
padre de Peik Lin.

73 Állah Máak: Dios sea contigo
—Nicholas Young —respondió Rachel.
—Nicholas Young... ¿qué edad tiene?
—Treinta y dos.
—Eso es un año más que Peik Wing —dijo Neena. Levantó la vista hacia el
techo, como si hurgara en su agenda mental para ver si podía recordar a Nicholas
Young.
—Peik Wing, ¿alguna vez oíste hablar de Nicholas Young? —preguntó Wye
Mun a su hijo mayor.
—No. ¿Sabes a qué escuela fue? —preguntó Peik Wing a Rachel.
—Balliol College, Oxford —respondió, vacilante. No estaba segura de por qué
estaban repentinamente tan interesados en cada detalle.
—No, no, me refiero a qué escuela primaria —dijo Peik Wing.
—Escuela elemental —aclaró Peik Lin.
—Oh, no tengo idea.
—Nicholas Young... suena como un chico de ACS74 —intervino P.T—. Todos
esos chicos de ACS tienen nombres cristianos.
—Colin Khoo fue a ACS. Papá, ya intenté comprobar a Nick cuando Rachel
comenzó a salir con él, pero nadie que yo conozca ha oído hablar de él —agregó
Peik Lin.
—Nick y Colin fueron juntos a la escuela primaria. Han sido mejores amigos
desde la infancia —dijo Rachel.
—¿Cuál es el nombre de su padre? —preguntó Wye Mun.
—No lo sé.
—Bueno, si averiguas los nombres de los padres, podemos decirte si proviene
de una buena familia o no —dijo Wye Mun.
—Alamaaaaak, por supuesto es de buena familia, si es el mejor amigo de
Colin Khoo —dijo Neena—. Young... Young... Sheryl, ¿no hay un ginecólogo
llamado Richard Young? ¿El que practica con el doctor Toh?

74 Entre la parte superior de la cultura de Singapur, solo importan dos escuelas para niños:

Anglo-Chinese School (ACS) y Raffles Institution (RI). Ambos se clasifican constantemente entre las
mejores escuelas del mundo y han disfrutado de una rivalidad larga y acalorada. RI, establecida en
1823, es conocida por atraer a la gente inteligente, mientras que ACS, establecida en 1886, es
popular entre el conjunto más de moda y percibida un poco como un caldo de cultivo para los snobs.
Gran parte de esto tiene que ver con el artículo de 1980 en la Nación del domingo titulado “Los
pequeños horrores de la ACS”, que expuso el esnobismo desenfrenado entre sus estudiantes
mimados. Esto llevó a un director avergonzado a anunciar a los estudiantes aturdidos (incluyendo
este autor) a la mañana siguiente durante la asamblea que, en lo sucesivo, a los choferes ya no les
permitían dejar a los estudiantes en la entrada principal. (Tenían que caminar por el corto camino
de entrada, a menos que lloviera). Relojes caros, anteojos, estilográficas, carteras, cajas de lápices,
artículos de papelería, peines, artilugios electrónicos, cómics y cualquier otro artículo de lujo
también se prohibiría en la propiedad de la escuela. (Pero a los pocos meses, Lincoln Lee comenzó a
usar calcetines Fila nuevamente y nadie pareció darse cuenta).
—No, no, el padre de Nick es un ingeniero. Creo que trabaja en Australia parte
del año —ofreció Rachel.
—Bueno, mira si puedes descubrir más sobre su formación y te podremos
ayudar —dijo finalmente Wye Mun.
—Oh, realmente no tienen que hacer eso. No es importante para mí de qué
familia proviene —dijo Rachel.
—Tonterías, ¡lah! ¡Por supuesto que es importante! —Wye Mun se mantuvo
firme—. Si es singapurense, ¡tengo la responsabilidad de asegurarme de que sea lo
suficientemente bueno para ti!
T
al vez por nostalgia, a Nick y Colin les gustaba encontrarse en la
cafetería de su antiguo alma mater en Barker Road. Ubicada en el
complejo deportivo entre la piscina principal y las canchas de
básquetbol, la cafetería Anglo-Chinese School sirvió una variopinta selección de
platos tailandeses y singapurenses, además de rarezas como los pasteles de carne
británicos, a los que Nick adoraba. Antes, cuando los dos estaban en el equipo de
natación, siempre tomaban un bocado después de la práctica en la “tienda de
compras”, como lo llamaban. Los cocineros originales se habían retirado hace
tiempo, el legendario mee siam ya no estaba en el menú, y la cafetería en sí no
estaba ni siquiera en el espacio original, ya que hace tiempo que había sido
derribada durante la remodelación del centro deportivo. Pero para Nick y Colin,
todavía era el lugar para encontrarse cada vez que ambos estaban en la ciudad.
Colin ya había ordenado su almuerzo cuando Nick llegó.
—Siento llegar tarde —dijo Nick, dándole unas palmaditas en la espalda
mientras llegaba a la mesa—. Tuve que pasarme por casa de mi abuela.
Colin no levantó la vista de su plato de pollo frito, por lo que Nick continuó:
—Entonces ¿qué más tenemos que hacer hoy? Los esmóquines son de
Londres, y estoy esperando escuchar de algunas personas de último minuto acerca
del ensayo de la próxima semana.
Colin cerró los ojos e hizo una mueca.
—¿Podemos hablar de algo además de esta maldita boda?
—Bien. ¿De qué quieres hablar? —preguntó Nick con calma, al darse cuenta
de que Colin estaba en uno de sus días. El alegre y vitalista Colin de la noche
anterior había desaparecido.
Colin no respondió.
—¿Dormiste algo anoche? —preguntó Nick.
Colin permaneció en silencio. No había nadie más en el lugar, y los únicos
sonidos eran ocasionales gritos apagados de los jugadores en la cancha de
baloncesto de al lado y el traqueteo de los platos que se lavaban cada vez que el
camarero entraba y salía de la cocina. Nick se recostó en su asiento, esperando
pacientemente a que Colin diera el siguiente paso.
Para las páginas de la sociedad, Colin era conocido como el soltero
multimillonario de Asia. Famoso no solo por ser el heredero de una de las grandes
fortunas de Asia, sino también como uno de los mejores nadadores de Singapur en
sus días universitarios. Fue célebre por su aspecto exótico y su estilo elegante, su
serie de romances con estrellas locales y su colección de arte contemporáneo en
constante expansión.
Sin embargo, con Nick, Colin tenía la libertad de ser su verdadero yo. Nick,
que lo había conocido desde la infancia, era probablemente la única persona en el
planeta a la que no le importaba su dinero, y lo más importante, el único que estuvo
allí durante lo que ambos llamaron “los años de la guerra”. Por debajo de la amplia
sonrisa y la personalidad carismática, Colin luchó con un trastorno de ansiedad
grave y una depresión paralizante, y Nick fue una de las pocas personas a quienes
se les permitió presenciar este lado de él. Era como si Colin reprimiera todo su
dolor y angustia durante meses, desatándolo con Nick cada vez que estaba en la
ciudad. Para cualquier otra persona, esto habría sido una situación intolerable,
pero Nick ya estaba tan acostumbrado a esto, que casi no recordaba un momento
en el que Colin no estuviera oscilando entre los más altos y los más bajos de los
mínimos. Esto era solo un requisito previo para ser el mejor amigo de Colin.
El camarero, un adolescente sudoroso con una camiseta de fútbol que no
parecía lo suficientemente mayor como para aprobar leyes sobre el trabajo infantil,
se acercó a la mesa para tomar la orden de Nick.
—Tomaré el pastel de curry de ternera, por favor. Y una Coca, hielo extra.
Colin finalmente rompió su silencio.
—Como siempre, pastel de curry de ternera y Coca Cola, hielo extra. Nunca
cambias, ¿verdad?
—¿Que te puedo decir? Sé lo que me gusta —dijo Nick simplemente.
—Aunque siempre te gusta exactamente lo mismo, siempre puedes cambiar
de opinión cuando lo desees. Esa es la diferencia entre nosotros, todavía tienes
opciones.
—Vamos, eso no es verdad. Puedes elegir.
—Nicky, no he estado en posición de hacer una sola elección desde que nací, y
lo sabes —dijo Colin con naturalidad—. Es algo bueno que realmente quiera
casarme con Araminta. Simplemente no sé cómo voy a superar la producción de
Broadway, eso es todo. Tengo esta fantasía perversa de secuestrarla, saltar en un
avión y casarme con ella en una pequeña capilla de veinticuatro horas en medio de
Nevada.
—¿Entonces por qué no hacerlo? La boda no será hasta la próxima semana,
pero si ya eres tan miserable, ¿por qué no cancelarla?
—Sabes que esta fusión ha sido coreografiada hasta el más mínimo detalle, y
así es como va a ser. Es bueno para los negocios, y todo lo que sea bueno para los
negocios es bueno para la familia —dijo Colin amargamente—. De todos modos, no
quiero detenerme más en lo inevitable. Vamos a hablar de anoche. ¿Cómo estuve?
¿Suficientemente alegre para Rachel, espero?
—Rachel te amó. Fue una agradable sorpresa ser recibida así, pero ya sabes,
nunca tienes que montar un espectáculo para ella.
—¿No? ¿Qué le has contado de mí? —preguntó Colin con cautela.
—No le he dicho nada, además del hecho de que una vez tuviste una obsesión
enfermiza con Kristin Scott Thomas.
Colin se rió. Nick se sintió aliviado; era una señal de que las nubes se estaban
disipando.
—No le dijiste cómo traté de acechar a Kristin en París, ¿verdad?
—Eh, no. No iba a darle más oportunidades para que abandonara este viaje al
darle una idea completa de mis extraños amigos.
—Hablando de raro, ¿podrías creer lo agradable que Araminta fue con
Rachel?
—Creo que estás subestimando la capacidad de Araminta para ser amable.
—Bueno, ya sabes cómo es ella normalmente con gente nueva. Pero creo que
quiere mantenerte de su lado. Y pudo ver que me gustó Rachel al instante.
—Estoy tan contento. —Nick sonrió.
—Para ser sincero, pensé que podría estar un poco celoso de ella al principio,
pero creo que es genial. No es pegajosa, y es tan refrescantemente... americana. Te
das cuenta de que todo el mundo está hablando de ti y Rachel, ¿verdad? Todos ya
están haciendo apuestas para la fecha de la boda.
Nick suspiró.
—Colin, no estoy pensando en mi boda en este momento. Estoy pensando en
la tuya. Solo trato de vivir aquí y ahora.
—Hablando del aquí y el ahora, ¿cuándo le presentarás a Rachel a tu abuela?
—Estaba pensando esta noche. Es por eso que fui a ver a mi abuela, para
invitar a Rachel a cenar.
—Voy a decir una pequeña oración —bromeó Colin mientras terminaba su
última ala de pollo. Sabía lo trascendental que era para la famosa abuela de Nick
invitar a un extraño virtual a su casa—. Te das cuenta de que todo va a cambiar en
el momento en que llevas a Rachel a esa casa, ¿no?
—Es curioso, Astrid dijo lo mismo. Sabes, Rachel no espera nada, nunca me
ha presionado en lo que respecta al matrimonio. De hecho, nunca lo hemos
discutido.
—No, no, eso no es lo que quiero decir —trató de aclarar Colin—. Es solo que
ustedes han estado viviendo esta fantasía idílica, esta simple “joven amante en la
vida de Greenwich Village”. Hasta ahora, has sido el tipo que está luchando por
obtener la tenencia. ¿No crees que se llevará una sorpresa esta noche?
—¿Qué quieres decir? Estoy luchando para obtener la tenencia, y no veo cómo
Rachel conociendo a mi abuela cambiará las cosas.
—Vamos, Nicky, no seas ingenuo. En el momento en que entre en esa casa,
afectará su relación. No estoy diciendo que necesariamente las cosas vayan a ser
malas, pero se perderá una inocencia. No podrás volver a la forma en que estaban
antes, eso es seguro. No importa qué, siempre serás transformado a sus ojos, como
todas mis ex novias en el momento en que descubrieron que yo era ese Colin Khoo.
Solo estoy tratando de prepararte un poco.
Nick reflexionó sobre lo que Colin acababa de decir por un tiempo.
—Creo que estás equivocado, Colin. En primer lugar, nuestras situaciones son
completamente diferentes. Mi familia no es como la tuya. Has sido preparado
desde el primer día para ser el futuro director ejecutivo de la Organización Khoo,
pero no existe nada por el estilo en mi familia. Ni siquiera tenemos una empresa
familiar. Y sí, podría tener primos adinerados y todo eso, pero sabes que mi
situación no es como la de ellos. No soy como Astrid, que heredó el dinero de su tía
abuela o mis primos Shang.
Colin negó.
—Nicky, Nicky, es por eso que te amo. Eres la única persona en toda Asia que
no se da cuenta de lo rico que es, o debería decir, lo rico que será algún día. Aquí,
entrega tu billetera.
Nick estaba perplejo, pero sacó su billetera de cuero marrón del bolsillo
trasero y se la dio a Colin.
—Verás que tengo unos cincuenta dólares adentro.
Colin sacó la licencia de conducir del estado de Nueva York de Nick y la
sostuvo frente a su rostro.
—Dime lo que dice esto.
Nick puso los ojos en blanco, pero siguió el juego.
—Nicholas A. Young.
—Sí, eso es. YOUNG. Ahora, de toda tu familia, ¿hay otros primos hombres
con este apellido?
—No.
—Exactamente mi punto. Además de tu padre, eres el único joven que queda
en la línea. Eres el heredero aparente, ya sea que elijas creerlo o no. Además, tu
abuela te adora. Y todos saben que tu abuela controla las fortunas de Shang y
Young.
Nick negó, en parte por la incredulidad ante la presunción de Colin, pero más
porque hablar de esas cosas, incluso con su mejor amigo, lo hacía sentir incómodo.
Era algo que había sido condicionado en él desde una edad temprana. (Aún podía
recordar el momento en que tenía siete años, que volvía a casa de la escuela y le
preguntaba a su abuela a la hora del té: “Mi compañero de clase, Bernard Tai, dice
que su padre es muy rico y que nosotros también somos muy ricos. ¿Es cierto?”. Su
tía Victoria, inmersa en su London Times, repentinamente dejó el periódico y se
dirigió a él. “Nicky, los niños con modales adecuados nunca hacen preguntas como
esas. Nunca le preguntas a la gente si son ricos o si hablan sobre asuntos con
respecto al dinero. No somos ricos, simplemente somos adinerados. Ahora,
discúlpate con tu Ag Ma).
Colin continuó.
—¿Por qué crees que mi abuelo, que trata a todos tan despectivamente, te
trata como un príncipe visitante cada vez que te ve?
—Y pensé que a tu abuelo simplemente le caía bien.
—Mi abuelo es un idiota. Solo le importa el poder y el prestigio y la expansión
del jodido imperio Khoo. Es por eso que animó todo esto con Araminta para
empezar, y es por eso que siempre ha dictado quién podría ser amigo. Incluso
cuando éramos niños, recuerdo que él decía: “Sé amable con ese Nicholas.
Recuerda, no somos nada comparados con los Young”.
—Creo que tu abuelo se está volviendo senil. De todos modos, toda esta
tontería de la herencia es realmente irrelevante, porque, como pronto verás, Rachel
no es el tipo de chica que se preocupa por nada de eso. Ella puede ser una
economista, pero es la persona menos materialista que conozco.
—Bueno, entonces, te deseo lo mejor. Pero ¿te das cuenta de que incluso en el
aquí y el ahora, las fuerzas oscuras están trabajando en tu contra?
—¿Qué es esto, Harry Potter? —Nick soltó una risita—. Así es como sonaste.
Sí, soy consciente de que incluso ahora, las fuerzas oscuras están tratando de
sabotearme, como dices. Como Astrid ya me lo advirtió, mi madre
inexplicablemente decidió ir a China justo cuando llegué, y tuve que enlistar a mi
tía abuela para persuadir a mi abuela de invitar a Rachel esta noche. ¿Pero sabes
qué? Realmente no me importa nada.
—No creo que sea tu madre de la que tengas que preocuparte.
—Entonces, ¿de quién debería estar preocupado, exactamente? Dime quién
está lo suficientemente aburrido como para perder el tiempo tratando de arruinar
mi relación, ¿y por qué?
—Prácticamente todas las chicas en edad de contraer matrimonio en la isla y
sus madres.
Nick se rió.
—Espera un minuto, ¿por qué yo? ¿No eres el soltero más codiciado de Asia?
—Estoy fuera. Todo el mundo sabe que nada en el mundo va a detener a
Araminta de caminar por ese pasillo la próxima semana. Por la presente te paso la
corona. —Colin se rió, dobló su servilleta de papel en una pirámide y la colocó en la
cabeza de Nick—. Ahora eres un hombre marcado.
D
espués que terminaron de almorzar, Neena insistió en darle a Rachel
un recorrido completo por la otra ala de Villa d'Oro (que, como es
lógico, estaba decorada con el estilo barroco que Rachel había tenido
una muestra antes). Neena también mostró con orgullo su jardín de rosas y la
escultura de Canova que habían instalado allí recientemente (afortunadamente
perdonó el tratamiento de oro). Con la gira finalizada, Peik Lin sugirió que
regresaran al hotel para relajarse con el té de la tarde, ya que Rachel todavía se
sentía un poco trastornada por el jet-lag.
—Su hotel sirve un té excelente, con un fabuloso nyonya kueh75.
—Pero todavía estoy llena del almuerzo —protestó Rachel.
—Bueno, tendrás que acostumbrarte al horario de comidas singapurense.
Aquí comemos cinco veces al día: Desayuno, almuerzo, té, cena y cena a altas horas
de la noche.
—Dios, voy a subir tanto de peso mientras estoy aquí.
—No, no lo harás. ¡Esa es la única cosa buena de este calor, lo sudarás todo!
—Puede que tengas razón sobre eso, no sé cómo lidian con este clima —dijo
Rachel—. Tomaré té, pero encontremos el lugar más frío dentro.
Se acomodaron en el café de la terraza, que tenía una vista a la piscina, pero
estaba bendecido con aire acondicionado. Los camareros elegantemente
uniformados pasaron junto a ellas con bandejas con una selección de pasteles de té,
pastelillos y delicias nyonya.
—Mmm... tienes que probar este kueh —dijo Peik Lin, colocando una
rebanada de flan glutinoso de coco y crema en el plato de Rachel. Rachel dio un
mordisco y descubrió que la yuxtaposición de flan sutilmente dulce con arroz
pegajoso casi salado era sorprendentemente adictiva. Miró a su alrededor, al jardín
bucólico, la mayoría de las tumbonas ahora ocupadas por los invitados que
dormían bajo el sol de la tarde.
—Todavía no puedo creer que la familia de Colin sea dueña de este hotel —
dijo Rachel, tomando otro bocado del kueh.
—Créelo, Rachel. Y poseen mucho más, hoteles en todo el mundo,
propiedades comerciales, bancos, compañías mineras. La lista sigue y sigue.

75 Pasteles de Peranakan. Estos kuehs o pasteles adictivos, delicadamente perfumados y

coloridos, usualmente hechos de harina de arroz y el distintivo aroma de hojas de pandan, son un
plato de primera necesidad amado en Singapur.
—Colin parece tan modesto. Quiero decir, fuimos a uno de esos mercados de
comida al aire libre para cenar.
—No hay nada de inusual en eso. Todos aquí aman los vendedores
ambulantes. Recuerda, esto es Asia, y las primeras impresiones pueden ser
engañosas. Ya sabes cómo la mayoría de los asiáticos acumulan su dinero. Los ricos
son aún más extremos. Muchas de las personas más ricas aquí hacen un esfuerzo
por no sobresalir, y la mayoría de las veces, uno nunca sabría que estaba al lado de
un multimillonario.
—No tomes esto por el camino equivocado, pero tu familia parece disfrutar de
su riqueza.
—Mi abuelo vino de China y comenzó como albañil. Es un hombre artífice de
su propio éxito, y ha inculcado la misma ética de “trabajar duro, jugar duro” en
todos nosotros. Pero vamos, no estamos en la misma liga que los Khoo. Los Khoo
son locamente ricos. Siempre están en la parte superior de la Lista de Asiáticos
Ricos de Forbes. Y sabes que eso es solo la punta del iceberg con estas familias.
Forbes solo informa sobre los activos que pueden verificar, y estos asiáticos ricos
son tan reservados con sus posesiones. Las familias más ricas son siempre más
ricas en miles de millones de lo que Forbes estima.
Una penetrante melodía electrónica comenzó a tocar.
—¿Qué es ese sonido? —preguntó Rachel, antes de darse cuenta de que era su
nuevo teléfono celular de Singapur.
Era Nick llamando.
—Hola —respondió ella con una sonrisa.
—¡Hola! ¿Estás pasando una agradable tarde poniéndote al día con tu amiga?
—Absolutamente. Estamos de vuelta en el hotel disfrutando del té. ¿Qué
piensas hacer?
—Estoy parado aquí mirando a Colin en ropa interior.
—¿QUÉ dijiste?
Nick se rió.
—Estoy en la casa de Colin. Los esmóquines acaban de llegar y le pedimos al
sastre que haga algunos ajustes finales.
—Oh. ¿Cómo se ve el tuyo? ¿Es azul pálido con volantes?
—Quisieras. No, son todos diamantes de imitación con ribetes dorados. Oye,
me olvidé por completo de decírtelo, pero mi abuela siempre reúne a la familia para
cenar el viernes por la noche. Sé que todavía tienes un jet lag, pero ¿crees que
podrías estar lista para ir?
—Oh, vaya. ¿Cena en casa de tu abuela?
Peik Lin ladeó la cabeza hacia Rachel.
—¿Quién va a estar allí? —preguntó Rachel.
—Probablemente solo un puñado de parientes. La mayoría de mi familia
todavía está fuera del país. Pero Astrid estará allí.
Rachel estaba un poco insegura.
—Uhm, ¿qué piensas? ¿Te gustaría que vaya, o preferirías pasar un tiempo a
solas con tu familia?
—Por supuesto que no. Me encantaría que vinieras, pero solo si estás
preparada, sé que es con muy poco tiempo de antelación.
Rachel miró a Peik Lin, deliberando. ¿Estaba lista para conocer a la familia?
—¡Di que sí! —dijo Peik Lin ansiosamente.
—Me encantaría ir. ¿A qué hora debemos estar allí?
—Las siete y media está bien. Aquí está la cosa... Estoy en la casa de Colin en
Sentosa Cove. El tráfico de los viernes por la noche va a ser horrible cuando regrese
a la ciudad, así que es mucho más fácil para mí encontrarte allí. ¿Te importaría
tomar un taxi a casa de mi abuela? Te daré la dirección, y estaré en la puerta
esperándote cuando llegues.
—¿Tomar un taxi?
Peik Lin negó, murmurando:
—Te llevaré.
—Está bien, solo dime dónde está —dijo Rachel.
—Tyersall Park.
—Tyersall Park. —Lo anotó en un papel de su bolso—. ¿Así es? ¿Cuál es el
número?
—No hay número. Busca dos pilares blancos y dile al conductor que es
saliendo de Tyersall Avenue, justo detrás de los Jardines Botánicos. Llámame si
tienes problemas para encontrarlo.
—Está bien, nos vemos en aproximadamente una hora.
Tan pronto como Rachel colgó, Peik Lin le arrebató el trozo de papel.
—Veamos dónde vive la abuela. —Escudriñó la dirección—. No hay número,
por lo que Tyersall Park debe ser un complejo de apartamentos. Mmm... pensé que
conocía cada condominio en la isla. Nunca he oído hablar de Tyersall Avenue. Creo
que probablemente es en algún lugar de la costa oeste.
—Nick dijo que estaba justo al lado de los Jardines Botánicos.
—¿De verdad? Eso está muy cerca. De todos modos, mi conductor puede
resolverlo. Tenemos cosas mucho más importantes con las que lidiar, como lo que
vas a ponerte.
—¡Oh Dios, no tengo idea!
—Bueno, quieres ser informal, pero también quieres causar una buena
impresión, ¿no? ¿Estarán Colin y Araminta esta noche?
—No lo creo. Dijo que era solo su familia.
—Dios, ojalá supiera más sobre la familia de Nick.
—Ustedes los singapurenses me matan. ¡Todo esto por husmear!
—Tienes que entender. Esta es una ciudad grande, todos están siempre en los
asuntos de todos. Además, debes admitir que se ha vuelto mucho más intrigante
ahora que sabemos que es el mejor amigo de Colin. De todos modos, ¡debes verte
fabulosa esta noche!
—Mmm... no sé. No quiero causar una impresión errónea, como que soy de
mucho mantenimiento o algo así.
—Rachel, créeme, nadie te acusará de ser un gran mantenimiento. Reconozco
la blusa que llevas puesta, la compraste en la universidad, ¿verdad? Muéstrame qué
más trajiste. Es la primera vez que conoces a la familia, así que tenemos que ser
realmente estratégicas al respecto.
—Peik Lin, ¡estás comenzando a estresarme! Estoy segura que su familia
estará bien, y no les importará lo que llevo puesto, siempre y cuando no aparezca
desnuda.
Después de múltiples cambios de vestuario supervisados por Peik Lin, Rachel
decidió usar lo que había estado planeando usar en primer lugar, un largo vestido
de lino color chocolate sin mangas con botones en la parte delantera, un simple
cinturón ceñido hecho de la misma tela, y un par de sandalias de tacón bajo. Se
puso un gracioso brazalete de plata que le envolvió la muñeca varias veces y lució la
única joya costosa que poseía, unos solitarios de perlas Mikimoto que le había
regalado su madre cuando obtuvo su doctorado.
—Te ves un poco como Katharine Hepburn en un safari —dijo Peik Lin—.
Elegante, apropiada, pero sin esforzarse demasiado.
—¿Cabello recogido? —preguntó Rachel.
—Solo déjalo suelto. Es un poco más sexy —respondió Peik Lin—. Vamos,
vámonos o llegarás tarde.
Las chicas pronto se encontraron dando vueltas a lo largo de las frondosas
carreteras detrás de los Jardines Botánicos, en busca de la avenida Tyersall. El
conductor dijo que había pasado por la calle antes, pero ahora parecía no poder
encontrarla.
—Es extraño que la calle no aparezca en el GPS —dijo Peik Lin—. Esta es un
área muy confusa porque es uno de los pocos barrios con estas calles estrechas.
El vecindario tomó por sorpresa a Rachel por completo, ya que era la primera
vez que había visto casas tan grandes y viejas en extensos jardines.
—La mayoría de estos nombres de calles suenan tan británicos. Napier Road,
Cluny Road, Gallop Road... —comentó Rachel.
—Bueno, aquí es donde vivieron todos los funcionarios coloniales británicos;
no es realmente una zona residencial. La mayoría de estas casas son propiedad del
gobierno y muchas son embajadas, como ese gigante gris con las columnas de allí,
esa es la embajada rusa. Ya sabes, la abuela de Nick debe vivir en un complejo de
viviendas del gobierno, es por eso que nunca he oído hablar de él.
De repente, el conductor redujo la velocidad y viró a la izquierda en una
bifurcación de la carretera, bajando por un camino aún más angosto.
—Mira, esta es Tyersall Avenue, por lo que el edificio debe estar al final de
este camino —dijo Peik Lin. Grandes árboles con antiguos troncos serpenteantes se
elevaron a ambos lados de la carretera, cubiertos por la densa vegetación de
helechos pertenecientes a la selva tropical que una vez cubrió la isla. El camino
comenzó a inclinarse y curvarse hacia la derecha, y de repente notaron dos pilares
hexagonales blancos que enmarcaban una puerta baja de hierro pintada de gris
pálido. Escondido en un lado de la carretera, casi oculto por el follaje salvaje, había
un cartel oxidado que decía TYERSALL PARK.
—Nunca he estado en esta calle en mi vida. Es tan extraño tener apartamentos
aquí —fue todo lo que Peik Lin pudo decir—. ¿Qué hacemos ahora? ¿Quieres llamar
a Nick?
Antes que Rachel pudiera responder, un guardia indio con una barba de
aspecto feroz, vestido con uniforme verde oliva brillante y un turbante voluminoso,
apareció en las puertas. El conductor de Peik Lin lentamente se inclinó hacia
adelante, bajando la ventana cuando el hombre se acercó. El guardia se asomó al
automóvil y dijo en perfecto inglés británico:
—¿Señorita Rachel Chu?
—Sí, soy yo —respondió Rachel, saludando desde el asiento trasero.
—Bienvenida, señorita Chu —dijo el guardia con una sonrisa—. Siga por la
carretera y manténgase a la derecha —instruyó al conductor antes de que
procediera a abrir las puertas.
—Alamak, ¿sabes quién era ese hombre? —dijo el conductor malayo de Peik
Lin, dándose la vuelta con una expresión ligeramente sorprendida.
—¿Quién? —preguntó Peik Lin.
—¡Ese era un gurkha! Son los soldados más mortales del mundo. Solía verlos
todo el tiempo en Brunei. El sultán de Brunei solo usa gurkhas como su fuerza de
protección privada. ¿Qué está haciendo un gurkha aquí? —El auto continuó por la
carretera y terminó en una pequeña colina, a ambos lados del camino de entrada
una densa pared de setos recortados.
Cuando apareció una curva suave, encontraron otra puerta. Esta vez era una
puerta de acero reforzado, con una moderna caseta de vigilancia adjunta. Rachel
pudo ver a otros dos guardias gurkha mirando por la ventana mientras la
imponente puerta giraba silenciosamente a un lado, revelando otro largo camino de
entrada, este pavimentado en grava. A medida que el automóvil avanzaba, sus
neumáticos crujían contra los guijarros grises sueltos, la espesa vegetación dio paso
a una hermosa avenida de altas palmeras que dividía las onduladas zonas verdes.
Había tal vez treinta palmeras perfectamente alineadas a lo largo de ambos lados
del camino de entrada, y alguien había colocado cuidadosamente faroles
rectangulares altos, iluminados con velas bajo cada palma, como brillantes
centinelas a la cabeza.
Cuando el automóvil se dirigía al camino de entrada, Rachel miró con
asombro las lámparas parpadeantes y los inmensos jardines bien cuidados que la
rodeaban.
—¿Qué parque es este? —le preguntó a Peik Lin.
—No tengo idea.
—¿Todo esto es un desarrollo de vivienda? Parece que estamos entrando en
un complejo Club Med76.
—No estoy segura. Nunca he visto un lugar como este en todo Singapur. Ni
siquiera parece que aún estemos en Singapur —dijo Peik Lin asombrada. Todo el
paisaje le recordó las majestuosas haciendas que había visitado en Inglaterra, como
Chatsworth o el Palacio de Blenheim. Cuando el auto dobló una última curva,
Rachel soltó un grito ahogado, agarrando el brazo de Peik Lin. En la distancia, una
gran casa había aparecido, bien iluminada. A medida que se acercaban, la
enormidad del lugar se hizo evidente. No era una casa. Era más como un palacio. El
camino de entrada estaba lleno de automóviles, casi todos grandes y europeos:
Mercedes, Jaguares, Citroën, Rolls-Royce, muchos de ellos con medallones
diplomáticos y banderas. Un grupo de choferes merodeaba en círculo detrás de los
autos, fumando. Esperando junto a las enormes puertas de entrada con una camisa
de lino blanco y pantalón marrón, el cabello perfectamente alborotado y las manos
metidas en los bolsillos, Nick permanecía de pie.
—Siento que estoy soñando. Esto no puede ser real —dijo Peik Lin.
—Oh, Peik Lin, ¿quiénes son estas personas? —preguntó Rachel nerviosa.
Por primera vez en su vida, Peik Lin no sabía qué decir. Miró a Rachel con
una repentina intensidad, y luego dijo, casi en un susurro:
—No tengo idea de quiénes son estas personas. Pero puedo decirte una cosa,
estas personas son más ricas que Dios.

76 Es una compañía privada francesa especializada en vacaciones premium con todo incluido.
C
assian estaba siendo vestido con su nuevo traje de marinero azul
prusiano cuando Astrid recibió una llamada de su esposo.
—Tengo que trabajar hasta tarde y no llegaré a tiempo para la cena
con Ah Ma.
—¿En serio? Michael, has trabajado hasta tarde todas las noches esta semana
—dijo Astrid, tratando de mantener un tono neutro.
—Todo el equipo se queda hasta tarde.
—¿En un viernes por la noche? —No pretendía revelar ningún indicio de
duda, pero las palabras salieron antes de que pudiera contenerse. Ahora que tenía
sus ojos abiertos de par en par, las señales estaban todas allí: Había cancelado casi
todas las ocasiones familiares durante los últimos meses.
—Sí. Ya te lo he dicho antes, así es como sucede cuando se inicia una empresa
—agregó Michael cautelosamente.
Astrid quería hacer notar su engaño.
—Bueno, ¿por qué no te unes a nosotros a la hora que salgas del trabajo?
Probablemente sea una velada larga. Las flores de tan-hua de Ah Ma florecerán
esta noche y ha invitado a algunas personas.
—Mayor razón para no estar allí. Voy a estar demasiado cansado.
—Vamos, va a ser una ocasión especial. Sabes que es de muy buena suerte
presenciar el florecimiento de las flores y será muy divertido —dijo Astrid,
luchando por mantener el tono ligero.
—Estuve allí la última vez que florecieron hace tres años y simplemente no
creo que pueda lidiar con una gran multitud esta noche.
—Oh, no creo que vaya a ser una gran multitud.
—Siempre dices eso y luego llegamos allí y resulta ser una cena informal para
cincuenta y un personas, y algunos malditos miembros del parlamento, o hay
alguna otra distracción secundaria —se quejó Michael.
—Eso no es cierto.
—Vamos, lah, sabes que es cierto. La última vez tuvimos que escuchar un
recital completo de piano por ese tipo de Ling Ling.
—Michael, es Lang Lang, y probablemente seas la única persona en el mundo
que no aprecia un concierto privado de uno de los mejores pianistas del mundo.
—Bueno, fue malditamente lay-chay77, especialmente un viernes por la noche
cuando estoy agotado por la larga semana.
Astrid decidió que no valía la pena presionarlo más. Obviamente tenía mil
excusas listas para no estar en la cena. ¿Qué estaba haciendo realmente? ¿De
repente la puta de los mensajes de texto estaba en la ciudad de Hong Kong? ¿Iba a
pasar el rato con ella?
—Está bien, le diré al cocinero que te haga algo cuando llegues a casa. ¿Qué
tienes ganas de comer? —ofreció alegremente.
—No, no, no te molestes. Estoy seguro de que ordenaremos comida aquí.
Una historia creíble. Astrid colgó el teléfono de mala gana. ¿De dónde iba a
ordenar la comida? ¿Del servicio a la habitación en algún hotel barato en
Geylang? No había forma de que pudiera encontrarse con esta chica en un hotel
decente, alguien podría reconocerlo. Recordó un momento no hace mucho tiempo
cuando Michael se disculparía tan dulcemente por perderse una ocasión familiar.
Diría cosas reconfortantes como: “Cariño, lo siento muchísimo por no poder asistir.
¿Estás segura de que estarás bien yendo por tu cuenta?”. Pero ese lado más amable
de él se había disipado. ¿Cuándo exactamente sucedió eso? ¿Y por qué le había
llevado tanto tiempo darse cuenta de las señales?
Desde ese día en Stephen Chia Jewels, Astrid había experimentado una
especie de catarsis. De alguna manera perversa, se sentía aliviada de tener pruebas
de la infidelidad de su esposo. Era la incertidumbre de todo, las sospechas a capa y
espada, lo que la había estado matando. Ahora podía, como podría decir un
psicólogo, “aprender a aceptar y adaptarse”. Podría concentrarse en el panorama
general. Tarde o temprano la aventura habría terminado y la vida seguiría, como lo
hacía para los millones de esposas quienes soportaban tranquilamente las
infidelidades de sus maridos desde tiempos inmemoriales.
No habría necesidad de peleas, ni confrontaciones histéricas. Eso sería
demasiado cliché, a pesar de que cada una de las tonterías que había hecho su
esposo podría haber salido directamente de uno de esos cuestionarios de “¿Mi
marido me está engañando?” de alguna cursi revista femenina: ¿Ha estado su
marido yendo a más viajes de negocios últimamente? Sí. ¿Están haciendo el amor
con menor frecuencia? Sí. ¿Su esposo ha incurrido en gastos misteriosos sin
explicación? Doble sí. Podría añadir una nueva línea al cuestionario: ¿Su marido
recibe mensajes de texto a altas horas de la noche de alguna chica declarando que
extraña su gruesa polla? SÍ.
La cabeza de Astrid estaba empezando a girar de nuevo. Podía sentir su
presión arterial elevándose. Necesitaba sentarse por un momento y tomar algunas
respiraciones profundas. ¿Por qué había faltado a yoga toda la semana, cuando
necesitaba tan desesperadamente liberar la tensión que se había ido acumulando?
Detente. Detente. Detente. Necesitaba sacar esto de su mente y solo vivir en el
momento. Justo ahora, necesitaba prepararse para la fiesta de Ah Ma.

77 Tedioso en dialecto Hokkien.
Astrid notó su reflejo en la mesa de café de cristal y decidió cambiar su
atuendo. Llevaba puesto un viejo favorito, un vestido de túnica de gasa negra de
Ann Demeulemeester, pero esta noche sintió que necesitaba subir el volumen. No
iba a permitir que la ausencia de Michael arruinara su noche. No iba a pasar un
segundo más pensando en dónde podría estar yendo o qué podría o no estar
haciendo. Estaba decidida a que esta sería una noche mágica de flores silvestres
floreciendo bajo las estrellas y que solo pasarían cosas buenas. Siempre sucedían
cosas buenas en casa de Ah Ma.
Entró en el dormitorio de invitados, que básicamente se había convertido en
un armario extra para su exceso de ropa (y esto ni siquiera incluía las habitaciones
y más habitaciones de ropa que todavía tenía en casa de sus padres). El espacio
estaba lleno de estantes metálicos movedizos sobre los que se habían organizado
meticulosamente bolsas de ropa por temporada y por color y Astrid tuvo que mover
uno de los estantes al pasillo para poder meterse cómodamente en la habitación.
Este apartamento era demasiado pequeño para la familia de tres (cuatro si
contabas a la niñera, Evangeline, que dormía en la habitación de Cassian), pero se
había adaptado de la mejor manera por el bien de su marido.
La mayoría de los amigos de Astrid se habrían horrorizado por completo al
descubrir las condiciones en las que vivía. Para la mayoría de los singapurenses, un
espacioso condominio de ciento ochenta y cinco metros cuadrados y tres
habitaciones con dos baños y medio y un balcón privado en el Distrito Nueve sería
un lujo apreciado, pero para Astrid, que había crecido en un lugar tan suntuoso
como la casa señorial de su padre en Nassim Road, el bungalow de playa
modernista de fin de semana en Tanah Merah, la vasta plantación familiar en
Kuantan y la propiedad de su abuela en Tyersall Park, era totalmente insondable.
Como regalo de bodas, su padre había planeado encargar a un prometedor
arquitecto brasileño que construyera una casa en Bukit Timah para los recién
casados, en un terreno que ya había sido cedido a Astrid, pero Michael no aceptó
nada de eso. Era un hombre orgulloso e insistió en vivir en un lugar que pudiera
permitirse comprar.
—Soy capaz de mantener a su hija y a nuestra futura familia —le había
informado a su atónito futuro suegro, quien, en lugar de quedarse impresionado
por el gesto, lo encontró bastante temerario.
¿Cómo se iba a permitir este tipo el lugar al que su hija estaba acostumbrada
con su salario? Los escasos ahorros de Michael apenas les permitieron pagar un
piso privado y Harry encontró inconcebible que su hija pudiera vivir en viviendas
subsidiadas por el gobierno. ¿Por qué no podrían, al menos mudarse a una de las
casas o apartamentos de lujo que ella ya tenía? Pero Michael insistió en que él y su
esposa comenzarían su vida en territorio neutral. Al final, se llegó a un compromiso
y Michael acordó permitir que tanto Astrid como su padre se decidieran por algo en
lo que pudiera hacer el pago inicial. El monto combinado les permitió una hipoteca
fija de treinta años en este condominio en un complejo de apartamentos de la
década de los ochenta cerca de Clemenceau Avenue.
Mientras Astrid examinaba los estantes, de repente, más bien cómicamente,
se le ocurrió que simplemente el dinero que había gastado en los atuendos de alta
costura en esta habitación podría haber pagado por una casa tres veces más grande
que ésta. Se preguntó qué pensaría Michael si realmente supiera cuántas
propiedades ya tenía ella. Los padres de Astrid les compraron casas a sus hijos de la
manera en que otros padres podrían comprarles a los suyos, sus barras de
caramelo. A lo largo de los años, le habían comprado tantas casas que cuando se
convirtió en la señora Michael Teo, ya poseía una asombrosa cartera inmobiliaria.
Estaba el bungalow frente a Dunearn Road, la casa de Clementi y el adosado de
Chancery Lane, una hilera de tiendas históricas de Peranakan en Emerald Hill,
dejadas por una tía abuela del lado Leong y muchos otros condominios de lujo
diseminados por toda la isla.
Y eso era solo en Singapur. Tenía terrenos en Malasia; un apartamento en
Londres que Charlie Wu había comprado en secreto para ella; una casa en el
exclusivo Point Piper de Sídney y otra en Diamond Head, Honolulu; y
recientemente, su madre había mencionado elegir un pent-house en alguna torre
nueva en Shanghái bajo su nombre. (“Vi el espejo especial de la computadora en el
armario que recuerda todo lo que te hayas puesto e inmediatamente supe que este
lugar era para ti”, le había informado Felicity de manera entusiasmada).
Francamente, Astrid ni siquiera se molestó en tratar de recordarlo todo; había
demasiadas propiedades para hacer un seguimiento.
De todos modos, todo carecía de sentido, dado que, además de las tiendas en
Emerald Hill y el piso de Londres, ninguna de las propiedades era realmente de
ella, aún. Todo era parte de la estrategia de sucesión de riqueza de sus padres y
Astrid sabía que mientras sus padres estuvieran vivos, no tendría control real sobre
las propiedades, aunque se beneficiaba de los ingresos derivados de ellas. Dos veces
al año, cuando la familia se sentaba con sus gerentes de negocios en Leong
Holdings, se daba cuenta de que sus cuentas personales siempre aumentaban su
valor, a veces hasta un grado absurdo, sin importar en cuántos vestidos de alta
costura hubiera derrochado la temporada anterior.
Entonces ¿qué debería ponerse? Tal vez era hora de sacar uno de sus últimos
premios traídos de París. Iba a ponerse su nueva blusa campesina Alexis Mabille
bordada con el pantalón pitillo Lanvin color gris perla y sus nuevos pendientes
VBH. Lo que pasaba con esos pendientes era que se veían tan exagerados que todos
pensarían que eran de bisutería. De hecho, opacarían todo el atuendo. Sí, merecía
lucir así de bien. Y ahora tal vez también debería cambiar el atuendo de Cassian
para complementar el de ella.
—Evangeline, Evangeline —gritó—. Quiero cambiar la ropa de Cassian. Vamos
a ponerle ese jersey gris oscuro de Marie-Chantal.
C
uando el auto de Peik Lin se acercó al porche de Tyersall Park, Nick
bajó los escalones de la entrada hacia ellas.
—Me preocupaba que te hubieras perdido —dijo, abriendo la
puerta del auto.
—En realidad, nos perdimos un poco —respondió Rachel, saliendo del auto y
mirando la majestuosa fachada frente a ella. Su estómago se sentía como si hubiera
sido retorcido en una presa y se alisó nerviosamente los pliegues de su vestido—.
¿Realmente llegué tarde?
—No, está bien. Lo siento, ¿mis instrucciones fueron confusas? —preguntó
Nick, mirando el auto y sonriendo a Peik Lin—. Peik Lin, muchas gracias por traer
a Rachel.
—Por supuesto —murmuró Peik Lin, aún bastante aturdida por su entorno.
Anhelaba salir del auto y explorar esta colosal propiedad, pero algo le dijo que
permaneciera en su asiento. Se detuvo un momento, pensando que Nick podría
invitarla a tomar algo, pero no parecía haber ninguna invitación en el futuro.
Finalmente dijo tan despreocupadamente como le fue posible—. Vaya, qué lugar,
¿es de tu abuela?
—Sí —respondió Nick.
—¿Ha vivido aquí mucho tiempo? —Peik Lin no pudo resistirse a tratar de
averiguar más mientras estiraba el cuello, tratando de ver mejor.
—Desde que era una niña pequeña —dijo Nick.
La respuesta de Nick sorprendió a Peik Lin, ya que supuso que la casa habría
pertenecido a su abuelo. Ahora lo que realmente quería preguntar era: ¿Quién
demonios es tu abuela? Pero no quería arriesgarse a parecer demasiado
entrometida.
—Bueno, que la pasen genial —dijo Peik Lin, guiñándole un ojo a Rachel y
gesticulando con la boca las palabras ¡Llámame más tarde! Rachel le dio a su
amiga una sonrisa rápida.
—Buenas noches, y llega a casa segura —dijo Nick, dando palmaditas en el
techo del auto.
Mientras el auto de Peik Lin se alejaba, Nick se giró hacia Rachel, luciendo un
poco avergonzado.
—Espero que esté bien... pero no es solo la familia. Mi abuela decidió tener
una pequeña fiesta, todo arreglado a último minuto, al parecer, porque sus flores
de tan hua van a florecer esta noche.
—¿Celebrará una fiesta porque sus flores están floreciendo? —preguntó
Rachel, sin entender del todo.
—Bueno, estas son flores muy raras que florecen con muy poca frecuencia, a
veces una vez cada década, a veces incluso pasa mucho más tiempo que eso. Solo
florecen por la noche, y todo solo dura unas horas. Es algo que vale la pena
presenciar.
—Suena genial, pero ahora me siento realmente desarreglada para la ocasión
—dijo Rachel pensativa, mirando la flota de limusinas que se alineaban en el
camino de entrada.
—Para nada, te ves absolutamente perfecta —le dijo Nick. Podía sentir su
inquietud e intentó tranquilizarla, colocando su mano sobre la parte baja de su
espalda y guiándola hacia las puertas de entrada. Rachel sintió la cálida e irradiante
energía de su musculoso brazo y al instante se sintió mejor. Su caballero de
brillante armadura estaba a su lado, y todo estaría bien.
Cuando entraron en la casa, lo primero que llamó la atención de Rachel
fueron los deslumbrantes mosaicos en el gran vestíbulo. Permaneció paralizada
durante unos momentos por el intrincado patrón negro, azul y coral antes de darse
cuenta de que no estaban solos. Un hombre hindú alto y delgado estaba en silencio
en el medio del vestíbulo junto a una mesa circular de piedra con macetas de
enormes orquídeas phalaenopsis blancas y moradas. El hombre se inclinó
ceremoniosamente hacia Rachel y le ofreció un cuenco de plata martillada lleno de
agua y pétalos de rosas rosa pálido.
—Para que se refresque, señorita —dijo.
—¿Bebo esto? —le susurró Rachel a Nick.
—No, no, es para lavarse las manos —instruyó Nick.
Rachel sumergió sus dedos en el agua perfumada antes de limpiarlos con la
suave tela de felpa que se le ofreció, sintiéndose atemorizada (y un poco tonta) por
el ritual.
—Todos están arriba en la sala de estar —dijo Nick, guiándola hacia la
escalera de piedra tallada. Rachel vio algo por el rabillo del ojo y soltó un jadeo. Al
lado de la escalera acechaba un enorme tigre—. Está embalsamado, Rachel. —Nick
se rió. El tigre estaba de pie como si estuviera a punto de saltar, con la boca abierta
en un gruñido feroz.
—Lo siento, parecía tan real —dijo Rachel, recuperándose.
—Era real. Es un tigre nativo de Singapur. Solían vagar por esta área hasta
finales del siglo XIX, pero fueron cazados hasta la extinción. Mi bisabuelo le
disparó a este cuando se metió a la casa y se escondió debajo de la mesa de billar, o
eso dice la historia.
—Pobre chico —dijo Rachel, extendiendo la mano para acariciar la cabeza del
tigre con cautela. Su pelaje se sentía sorprendentemente quebradizo, como si un
pedazo pudiera caerse en cualquier momento.
—Solía asustarme muchísimo cuando era pequeño. Nunca me atreví a
acercarme al vestíbulo por la noche, y tuve sueños de que cobraba vida y me
atacaba mientras dormía —dijo Nick.
—¿Creciste aquí? —preguntó Rachel sorprendida.
—Sí, hasta que tuve siete años.
—Nunca me dijiste que vivías en un palacio.
—Esto no es un palacio. Es solo una casa grande.
—Nick, de donde vengo, este es un palacio —dijo Rachel, mirando la cúpula de
hierro fundido y vidrio que se elevaba sobre ellos. Mientras subían las escaleras, el
murmullo de la charla de la fiesta y las teclas del piano flotaban hacia ellos. Cuando
llegaron al rellano del segundo piso, Rachel casi tuvo que frotarse los ojos con
incredulidad. Dulce Jesús. Se sintió momentáneamente mareada, como si hubiera
sido transportada en el tiempo a otra época, al gran salón de un transatlántico de
los años veinte en la ruta de Venecia a Estambul, tal vez.
La “sala de estar”, como Nick la llamaba modestamente, era una galería que
corría a lo largo de todo el extremo norte de la casa, con divanes art decó, sillones
de mimbre y otomanas agrupadas casualmente en íntimas áreas de asientos. Una
hilera de altas puertas de plantación se abría hacia la terraza envolvente, invitando
a la vista de los verdes parques y el aroma del jazmín en la habitación, mientras
que, en el otro extremo, un joven con esmoquin tocaba el piano de cola
Bösendorfer. Mientras Nick la conducía al sitio, Rachel se encontró reflexivamente
tratando de ignorar su entorno, aunque lo único que quería era estudiar cada
detalle exquisito, las palmeras exóticas en macetas enormes de dragones Qian-long
que surtían el espacio, las lámparas matizadas en escarlata de cristal opalino que
arrojaban un resplandor ámbar sobre las superficies de teca laqueada, las paredes
con filigranas de plata y lapislázuli que brillaban mientras se movía por la
habitación.
Cada objeto parecía estar imbuido de una pátina de elegancia intemporal,
como si hubiera estado allí por más de cien años, y Rachel no se atrevía a tocar
nada. Los glamorosos invitados, sin embargo, parecían completamente cómodos
descansando en los pufs de seda shantung o mezclándose en la galería mientras un
séquito de sirvientes con guantes blancos y uniformes de batik color verde oliva
circulaban con bandejas de cócteles.
—Aquí viene la madre de Astrid —murmuró Nick. Antes de que Rachel tuviera
un momento para recuperarse, una dama de aspecto majestuoso se acercó a ellos,
moviendo un dedo hacia Nick.
—Nicky, chico travieso, ¿por qué no nos dijiste que habías vuelto? ¡Pensamos
que no vendrías hasta la próxima semana, y te perdiste la cena de cumpleaños del
tío Harry en Command House! —La mujer parecía una matrona china de mediana
edad, pero hablaba con el tipo de acento inglés recortado directamente de una
película de Merchant Ivory. Rachel no pudo evitar notar que su cabello negro, con
una fuerte permanente, se parecía al de la reina de Inglaterra.
—Lo siento, pensé que tú y el tío Harry estarían en Londres en esta época del
año. Dai gu cheh, esta es mi novia Rachel Chu. Rachel, esta es mi tía Felicity Leong.
Felicity asintió hacia Rachel, audazmente la miró de arriba abajo.
—Encantada de conocerte —dijo Rachel, tratando de no ser desconcertada por
su mirada de halcón.
—Sí, por supuesto —dijo Felicity, volviéndose rápidamente hacia Nick y
preguntando, casi severamente—. ¿Sabes cuándo llega tu papá?
—Ni idea —respondió—. ¿Ya está Astrid aquí?
—¡Aiyah, sabes que esa chica siempre llega tarde! —En ese momento, su tía se
dio cuenta de que una anciana hindú vestida con un sari dorado y azul pavo real era
ayudada a subir las escaleras—. Querida señora Singh, ¿cuándo regresó de
Udaipur? —chilló, abalanzándose sobre la mujer mientras Nick guiaba a Rachel
fuera del camino.
—¿Quién es esa señora? —preguntó Rachel.
—Esa es la señora Singh, una amiga de la familia que solía vivir más abajo en
esta calle. Es la hija de un maharajá, y una de las personas más fascinantes que
conozco. Era una gran amiga de Nehru. Te la presentaré más tarde, cuando mi tía
no nos esté respirando en nuestro cuello.
—Su sari es absolutamente impresionante —comentó Rachel, mirando las
elaboradas puntadas doradas.
—Sí, ¿verdad? He oído que lleva todos sus saris a Nueva Delhi para que los
limpien especialmente —dijo Nick mientras trataba de acompañar a Rachel hacia la
barra, inconscientemente, dirigiéndose directamente al camino de una pareja de
mediana edad muy elegante. El hombre tenía un copete de cabello negro ondulado
con Bryl y espesas gafas de carey de gran tamaño, mientras que su esposa llevaba
un clásico traje de Chanel rojo y blanco con botones de oro—. Tío Dickie, tía Nancy,
conozcan a mi novia Rachel Chu —dijo Nick—. Rachel, este es mi tío y su esposa,
del lado T'sien de la familia —explicó.
—Oh, Rachel, he conocido a tu abuelo en Taipéi... Chu Yang Chung, ¿verdad?
—preguntó el tío Dickie.
—Eh... en realidad, no. Mi familia no es de Taipéi —tartamudeó Rachel.
—Oh. ¿De dónde son, entonces?
—Guangdong originalmente, y hoy en día California.
El tío Dickie parecía un poco desconcertado, mientras que su esposa bien
peinada le agarró el brazo con fuerza y continuó.
—Oh, conocemos California muy bien. El norte de California, en realidad.
—Sí, de ahí es de donde soy —respondió cortésmente Rachel.
—Ah, bueno, entonces, ¿debes conocer a los Getty? Ann es una gran amiga
mía —dijo Nancy.
—Uh, ¿te refieres a la familia de Getty Oil?
—¿Hay alguna otra? —preguntó Nancy, perpleja.
—Rachel es de Cupertino, no de San Francisco, tía Nancy. Y es por eso que
tengo que presentarle a Francis Leong por allá, quien sé que irá a Stanford este
otoño —interrumpió Nick, moviendo rápidamente a Rachel. Los siguientes treinta
minutos se convirtieron en un borrón de saludos sin parar, mientras Rachel fue
presentada a una variedad de familiares y amigos. Había muchas tías, tíos y
primos, y estaba el distinguido aunque diminuto embajador tailandés, y había un
hombre al que Nick había presentado como el sultán de un impronunciable estado
malayo, junto con sus dos esposas con pañuelos de cabeza elaboradamente
enjoyados.
Todo este tiempo, Rachel había notado a una mujer que parecía llamar la
atención de la habitación. Era muy delgada y de aspecto aristocrático, con el cabello
blanco como la nieve y una postura recta como una baqueta, vestida con un largo
cheongsam de seda blanca con ribetes de color morado oscuro a lo largo del cuello,
las mangas y el dobladillo. La mayoría de los invitados orbitaban alrededor de ella
rindiendo tributo, y cuando por fin se acercó a ellos, Rachel notó por primera vez el
parecido de Nick con ella. Nick le había informado a Rachel que, aunque su abuela
hablaba inglés perfectamente, prefería hablar en chino y hablaba con fluidez cuatro
dialectos: Mandarín, cantonés, Hokkien y Teochew. Rachel decidió saludarla en
mandarín, el único dialecto que hablaba, pero antes de que Nick pudiera hacer las
presentaciones adecuadas, inclinó la cabeza nerviosamente hacia la majestuosa
dama y dijo:
—Es un gran placer conocerle. Gracias por invitarme a su hermosa casa.
La mujer la miró con curiosidad y respondió lentamente en mandarín:
—Es un placer conocerte también, pero estás equivocada, esta no es mi casa.
—Rachel, esta es mi tía abuela Rosemary —explicó Nick apresuradamente.
—Y tendrás que perdonarme, mi mandarín está bastante oxidado —agregó la
tía abuela Rosemary en su inglés de Vanessa Redgrave.
—Oh, lo siento mucho —dijo Rachel, sus mejillas ruborizadas de un rojo
brillante. Podía sentir todos los ojos en la habitación sobre ella, divertidos por su
paso en falso.
—No hay necesidad de disculparse. —La tía abuela Rosemary sonrió con
gracia—. Nick me ha contado bastante sobre ti, y estaba ansiosa por conocerte.
—¿En serio? —dijo Rachel, todavía nerviosa.
Nick rodeó a Rachel con un brazo y dijo:
—Ven a conocer a mi abuela. —Atravesaron la habitación y, en el sofá más
cercano a la galería, flanqueada por un hombre de anteojos elegantemente vestido
con un traje de lino blanco y una dama sorprendentemente hermosa, estaba
sentada una mujer encogida. Shang Su Yi tenía el cabello gris acero sujetado por
una diadema de marfil, y estaba vestida simplemente con una blusa de seda de
color rosa, pantalones de color crema a medida y mocasines marrones. Era más
vieja y más frágil de lo que Rachel había esperado, y aunque sus rasgos estaban
parcialmente oscurecidos por un grueso par de lentes bifocales oscurecidos, su
semblante de realeza era inconfundible. De pie, completamente inmóviles detrás de
la abuela de Nick, había dos damas con inmaculados vestidos a juego de seda
iridiscente.
Nick se dirigió a su abuela en cantonés.
—Ah Ma, me gustaría que conozcas a mi amiga Rachel Chu, de Estados
Unidos.
—¡Encantada de conocerte! —espetó Rachel en inglés, olvidando por completo
su mandarín.
La abuela de Nick miró a Rachel por un momento.
—Gracias por venir —respondió vacilante, en inglés, antes de girarse
rápidamente para reanudar su conversación en Hokkien con la dama a su lado. El
hombre del traje de lino blanco le sonrió rápidamente a Rachel, pero también se
dio vuelta. Las dos damas envueltas en seda miraron inescrutablemente a Rachel, y
ella les sonrió tensamente.
—Vamos a conseguir un ponche —dijo Nick, guiando a Rachel hacia una mesa
donde un camarero uniformado con guantes blancos de algodón estaba sirviendo
ponche de un enorme tazón de fuente de vidrio veneciano.
—¡Dios mío, ese fue el momento más incómodo de mi vida! Creo que
realmente molesté a tu abuela —susurró Rachel.
—Disparates. Ella estaba en medio de otra conversación, eso es todo —dijo
Nick con dulzura.
—¿Quiénes eran esas dos mujeres con vestidos de seda que se yerguen como
estatuas detrás de ella? —preguntó Rachel.
—Oh, esas son las doncellas de dama.
—¿Disculpa?
—Las doncellas de dama. Nunca se van de su lado.
—¿Como damas de honor? Se ven tan elegantes.
—Sí, son de Tailandia y fueron entrenadas para servir en la corte real.
—¿Es esto algo común en Singapur? ¿Importar a sirvientas para la realeza de
Tailandia? —preguntó Rachel incrédula.
—No lo creo. Este servicio fue un regalo especial de por vida para mi abuela.
—¿Un regalo? ¿De quién?
—El rey de Tailandia. Aunque fue el anterior, no Bhumibol, el rey actual. ¿O
fue el anterior? De todos modos, aparentemente fue un gran amigo de mi abuela.
Decretó que solo debe ser atendida por damas entrenadas en la corte. Así que ha
habido una rotación constante desde que mi abuela era una mujer joven.
—Oh —dijo Rachel, estupefacta. Tomó el vaso de ponche de Nick y notó que el
fino grabado en la cristalería veneciana combinaba perfectamente con el intrincado
diseño de grecas en el techo. Se apoyó en el respaldo de un sofá para apoyarse, de
repente se sintió abrumada. Había demasiado para asimilar, el ejército de
sirvientes con guantes blancos revoloteando, la confusión de rostros nuevos, la
opulencia alucinante. ¿Quién sabía que la familia de Nick resultaría ser estas
personas grandiosas? ¿Y por qué no la preparó para todo esto un poco más?
Rachel sintió un suave toque en su hombro. Se giró para ver a la prima de
Nick sosteniendo a un niño soñoliento.
—¡Astrid! —exclamó, encantada de ver un rostro amigo por fin. Astrid estaba
adornada con el atuendo más chic que Rachel hubiera visto alguna vez, muy
diferente de como la recordaba en Nueva York. Entonces esta era Astrid en su
hábitat natural.
—¡Hola, hola! —dijo Astrid alegremente—. Cassian, esta es la tía Rachel. ¿Di
hola a la tía Rachel? —Astrid hizo un gesto. El niño miró a Rachel por un momento,
antes de hundir la cabeza tímidamente en el hombro de su madre.
—¡Ven, déjame sacar a este chico grande de tus manos! —Nick sonrió,
sacando a un Cassian que se retorcía en los brazos de Astrid, y luego hábilmente le
dio un vaso de ponche.
—Gracias, Nicky —dijo Astrid mientras se giraba hacia Rachel—. ¿Qué te ha
parecido Singapur hasta ahora? ¿Pasándola bien?
—¡Un gran momento! Aunque esta noche ha sido un poco... abrumador.
—Solo puedo imaginarme —dijo Astrid con un brillo de astucia en sus ojos.
—No, no estoy segura de que puedas —dijo Rachel.
Una melodía sonó por la habitación. Rachel se volvió y vio a una anciana con
un top de cheongsam blanco y pantalones de seda negros tocando un pequeño
xilófono plateado junto a la escalera78.
—Ah, el gong de la cena —dijo Astrid—. Ven, vamos a comer.
—Astrid, ¿cómo es que parece que siempre llegas justo cuando la comida está
lista? —comentó Nick.
—¡Pastel de choco! —murmuró el pequeño Cassian.
—No, Cassian, ya has comido tu postre —respondió Astrid con firmeza.
La multitud comenzó a hacer una línea recta hacia la escalera, pasando a la
mujer con el xilófono. Cuando se acercaron a ella, Nick le dio a la mujer un fuerte
abrazo de oso e intercambió algunas palabras en cantonés.
—Esta es Ling Cheh, la mujer que prácticamente me crió desde el nacimiento
—explicó—. Ella ha estado con nuestra familia desde 1948.
—Wah, no gor nuay pang yau gum laeng, ¡ah! ¡Faai di git fun! —comentó
Ling Cheh, agarrando la mano de Rachel suavemente. Nick sonrió, ruborizándose

78 Estas “amahs en blanco y negro”, hoy en día grupo en rápida desaparición en Singapur, son
empleados domésticos profesionales que provienen de China. Por lo general eran solteronas
confirmadas que tomaban votos de castidad y pasaban toda su vida cuidando a las familias a las que
servían. (Muy a menudo, fueron ellas quienes realmente criaron a los niños). Eran conocidas por su
uniforme característico de blusa blanca y pantalón negro, y su largo cabello que siempre lo recogían
en un moño en la nuca.
un poco. Rachel no entendía el cantonés, así que simplemente sonrió, mientras
Astrid traducía rápidamente.
—Ling Cheh acaba de molestar a Nick por lo bonita que es su amiga. —
Mientras bajaban las escaleras, le susurró a Rachel—: ¡También le ordenó que se
case contigo pronto! —Rachel simplemente se rió.
En el invernadero se había organizado una cena buffet, una habitación de
forma elíptica con paredes pintadas con frescos que parecían desde la distancia una
escena oriental soñadora y apagada. En una inspección más cercana, Rachel notó
que, aunque el mural evocaba paisajes montañosos chinos clásicos, los detalles
parecían ser puro Hieronymus Bosch, con extrañas y espeluznantes flores trepando
por las paredes y fénix iridiscentes y otras criaturas fantásticas escondidas en las
sombras. Tres enormes mesas redondas relucían con platos plateados, y puertas
arqueadas se abrían a una terraza curvada con columnas donde las mesas blancas
de hierro forjado iluminadas con votivas altas esperaban a los comensales. Cassian
continuó retorciéndose en los brazos de Nick, gimiendo aún más fuerte:
—¡Quiero tarta de chocolate!
—Creo que lo que realmente quiere es D-O-R-M-I-R —comentó su madre.
Intentó alejar a su hijo de Nick, pero el niño comenzó a gemir.
—Siento venir un ataque de llanto. Llevémoslo al cuarto de niños —ofreció
Nick—. Rachel, ¿por qué no empiezas? Volveremos en un minuto.
Rachel se maravilló de la gran variedad de comida que había sido preparada.
Una mesa estaba llena de delicias tailandesas, otra de cocina malaya y la última con
platos chinos clásicos. Como de costumbre, estaba un poco perdida cuando se
enfrentó a un enorme buffet. Decidió comenzar con una cocina a la vez y comenzó
en la mesa china con una pequeña porción de fideos E-fu y vieiras con salsa de
jengibre. Encontró una bandeja de obleas doradas de aspecto exótico dobladas en
pequeños sombreros.
—¿Qué demonios son estos? —se preguntó en voz alta.
—Eso es kueh pie tee, un plato de nyonya. Pequeñas tartas llenas de jícama,
zanahorias y camarones. Prueba uno —dijo una voz detrás de ella. Rachel miró a su
alrededor y vio al apuesto hombre del traje de lino blanco que había estado sentado
al lado de la abuela de Nick. Hizo una reverencia cortés y se presentó—. Nunca nos
presentamos adecuadamente. Soy Oliver T'sien, el primo de Nick. —Un nuevo
pariente chino con acento británico, pero sonaba incluso más afectado que el resto.
—Encantada de conocerte. Soy Rachel...
—Sí, lo sé. Rachel Chu, de Cupertino, Palo Alto, Chicago y Manhattan. Ya ves,
tu reputación te precede.
—¿Sí? —preguntó Rachel, tratando de no sonar demasiado sorprendida.
—Ciertamente lo hace, y debo decir que eres mucho más atractiva de lo que
me hicieron creer.
—En serio, ¿quién?
—Oh, ya sabes, la galería de susurros. ¿No sabes cuánto han estado moviendo
las lenguas desde que llegaste? —dijo con picardía.
—No tenía idea —dijo Rachel un poco inquieta, saliendo a la terraza con su
plato, buscando a Nick o Astrid, pero sin verlos en ninguna parte. Advirtió que una
de las tías de Nick, la dama del traje de Chanel, la miraba expectante.
—Ahí están Dickie y Nancy —dijo Oliver—. No mires ahora, creo que te están
señalando con la mano. Dios nos ayude. Comencemos nuestra propia mesa, ¿de
acuerdo? —Antes de que Rachel pudiera responder, Oliver tomó el plato de su
mano y lo acercó a una mesa en el otro extremo de la terraza.
—¿Por qué los estás evitando? —preguntó Rachel.
—No los estoy evitando. Te estoy ayudando a ti a evitarlos. Me lo puedes
agradecer después.
—¿Por qué? —preguntó Rachel.
—Bueno, en primer lugar, son unos insoportables que conocen a gente
importante, siempre hablando sobre su último crucero en el yate de Rupert y
Wendi o su almuerzo con alguien de la realeza europea derrocado, y segundo, no
están exactamente en tu equipo.
—¿Qué equipo? No me di cuenta de que estaba en ningún equipo.
—Bueno, te guste o no, lo estás, y Dickie y Nancy están aquí esta noche
precisamente para espiar para la oposición.
—¿Espionaje?
—Sí. Pretenden destrozarte como a un cadáver podrido y servirte como
amuse-bouche la próxima vez que te inviten a cenar en los Home Counties.
Rachel no tenía idea de qué hacer con su declaración extravagante. Este
Oliver parecía un personaje sacado de una obra de Oscar Wilde.
—No estoy segura de entender —dijo finalmente.
—No te preocupes, lo harás. Solo dale otra semana, te daré un estudio rápido.
Rachel evaluó a Oliver por un minuto. Parecía tener unos treinta y cinco años,
cabello corto y meticulosamente peinado y gafas redondas de carey que solo
acentuaban su rostro alargado.
—Entonces ¿cómo estás relacionado con Nick? —preguntó ella—. Parece que
hay muchas ramas diferentes de la familia.
—Es realmente bastante simple, en realidad. Hay tres ramas: los T'sien, los
Young y los Shang. El abuelo de Nick, James Young y mi abuela Rosemary T'sien
son hermanos. La conociste esta noche, ¿si recuerdas? La confundiste con la abuela
de Nick.
—Sí, por supuesto. Pero eso significaría que tú y Nick son primos segundos.
—Correcto. Pero aquí en Singapur, dado que abundan las familias extensas,
todos decimos que somos “primos” para evitar confusiones. Nada de esa basura de
“primos terceros segunda generación”.
—Así que Dickie y Nancy son tu tío y tu tía.
—Correcto. Dickie es el hermano mayor de mi padre. Pero sabes que, en
Singapur, cualquier persona a la que te presenten que sea una generación mayor
debes llamarle “tío o tía”, a pesar de que podrían no estar relacionados en absoluto.
Se lo considera educado.
—Bueno, ¿no deberías llamar a tus parientes “tío Dickie” y “tía Nancy”?
—Técnicamente, sí, pero personalmente creo que se deben ganar el título
honorífico. Dickie y Nancy nunca han dado un carajo por mí, así que ¿por qué
debería molestarme?
Rachel alzó las cejas.
—Bueno, gracias por el curso intensivo de los T'sien. Ahora, ¿qué hay de la
tercera rama?
—Ah sí, los Shang.
—No creo que haya conocido a ninguno de ellos todavía.
—Bueno, ninguno de ellos está aquí, por supuesto. Se supone que nunca
debemos hablar de ellos, pero los Shang imperiales huyen a sus grandes haciendas
en Inglaterra cada abril y permanecen hasta septiembre, para evitar los meses más
calurosos. Pero no te preocupes, creo que mi prima Cassandra Shang volverá para
la boda de la próxima semana, por lo que tendrás la oportunidad de disfrutar de su
incandescencia.
Rachel sonrió ante su florido comentario, este Oliver era espectacular
—¿Y cómo están relacionados exactamente?
—Aquí es donde se pone interesante. Presta atención. Así que la hija mayor de
mi abuela, la tía Mabel T'sien, fue obligada a casarse con Alfred Shang, el hermano
menor de la abuela de Nick.
—¿Obligada a casarse? ¿Eso quiere decir que fue un matrimonio arreglado?
—Sí, mucho, planeado por mi abuelo T'sien Tsai Tay y el bisabuelo de Nick,
Shang Loong Ma. Lo bueno es que realmente se querían. Pero fue un golpe
maestro, porque unió estratégicamente a los T'sien, los Shang y los Young.
—¿Para qué? —preguntó Rachel.
—Oh vamos, Rachel, no finjas ser ingenua conmigo. Por el dinero, por
supuesto. Unió tres fortunas familiares y mantuvo todo cuidadosamente cerrado.
—¿Quién está encerrado? ¿Finalmente te van a encerrar, Ollie? —dijo Nick,
mientras se acercaba a la mesa con Astrid.
—Todavía no han podido acusarme, Nicholas —replicó Oliver. Se volvió hacia
Astrid y sus ojos se agrandaron—. ¡Santa María Madre de Tilda Swinton, mira esos
pendientes! ¿Dónde los conseguiste?
—Stephen Chia... son VBH —dijo Astrid, sabiendo que él querría saber quién
era el diseñador.
—Por supuesto que lo son. Solo Bruce podría haber soñado algo así. Debieron
haber costado al menos medio millón de dólares. No hubiera pensado que eran de
tu estilo, pero te quedan fabulosos. Mmm... aún puedes sorprenderme después de
todos estos años.
—Sabes que lo intento, Ollie, lo intento.
Rachel miró con renovada admiración los pendientes. Realmente Oliver dijo
¿medio millón de dólares?
—¿Cómo está Cassian? —preguntó ella.
—Al principio fue un poco difícil, pero ahora dormirá hasta el amanecer —
respondió Astrid.
—¿Y dónde está ese errante esposo tuyo, Astrid? ¿El señor Ojos Seductores?
—preguntó Oliver.
—Michael está trabajando hasta tarde esta noche.
—Qué pena. Esa compañía suya realmente lo mantiene trabajando duro, ¿no?
Parece que ha pasado mucho tiempo desde que vi a Michael. Empiezo a tomarlo de
forma muy personal. Aunque el otro día podría haber jurado que lo vi caminando
por Wyndham Street en Hong Kong con un niño pequeño. Al principio pensé que
eran Michael y Cassian, pero luego el niño pequeño se dio vuelta y no era tan lindo
como Cassian, así que sabía que tenía que estar alucinando.
—Obviamente —dijo Astrid con la mayor calma posible, sintiéndose como si
acabara de recibir un puñetazo en el estómago—. ¿Estabas en Hong Kong antes de
esto, Ollie? —preguntó, su cerebro tratando furiosamente de determinar si Oliver
había estado en Hong Kong al mismo tiempo que el último “viaje de negocios” de
Michael.
—Estuve allí la semana pasada. He estado yendo y viniendo desde Hong
Kong, Shanghái y Beijing durante el último mes para trabajar.
Se suponía que Michael estaba en Shenzhen entonces. Podría haber tomado
un tren fácilmente a Hong Kong, pensó Astrid.
—Oliver es el experto en arte y antigüedades asiáticas de Christie en Londres
—explicó Nick a Rachel.
—Sí, excepto que ya no es muy eficiente para mí estar en Londres. El mercado
de arte asiático se está calentando como no tienes idea.
—Escuché que cada nuevo multimillonario chino está tratando de conseguir
un Warhol en estos días —comentó Nick.
—Bueno, sí, sin duda hay bastantes aspirantes a Saatchis, pero me estoy
ocupando más de los que intentan comprar de vuelta las grandes antigüedades de
los coleccionistas europeos y estadounidenses. O, como les gusta decir, cosas
robadas por los demonios extranjeros —dijo Oliver.
—No fue realmente robado, ¿verdad? —preguntó Nick.
—Robado, contrabandeado, vendido por filisteos, ¿no es todo lo mismo? Ya
sea que los chinos quieran admitirlo o no, los verdaderos conocedores de arte
asiático estuvieron fuera de China durante gran parte del siglo pasado, así que ahí
terminaron muchas de las piezas con calidad de museo: en Europa y América. La
demanda estaba allí. Los chinos adinerados realmente no apreciaron lo que tenían.
Con la excepción de unas pocas familias, nadie se molestó en recolectar arte y
antigüedades chinas, de todos modos, no con un discernimiento real. Querían ser
modernos y sofisticados, lo que significaba emular a los europeos. Por qué, incluso
en esta casa hay probablemente más art decó francés que piezas chinas. Gracias a
Dios hay algunas piezas Ruhlmann firmadas fabulosas, pero si lo piensas, es una
pena que tu bisabuelo se volviera loco por el art decó cuando podría haber estado
comprando todos los tesoros imperiales que salían de China.
—¿Te refieres a las antigüedades que estaban en la Ciudad Prohibida? —
preguntó Rachel.
—¡Por supuesto! ¿Sabías que, en 1913, la familia imperial de China intentó
vender toda su colección al banquero J. P. Morgan? —dijo Oliver.
—¡Vamos! —Rachel estaba incrédula.
—Es verdad. La familia estaba tan desesperada, que estaban dispuestos a
dejar todo por cuatro millones de dólares. Todos los tesoros invaluables, recogidos
en un lapso de cinco siglos. Es una historia bastante sensacional: Morgan recibió la
oferta por telegrama, pero murió pocos días después. La intervención divina fue lo
único que evitó que los tesoros más irremplazables de China terminaran en la Gran
Manzana.
—Imagínense si eso realmente hubiera sucedido —comentó Nick, negó.
—Sí. Sería una pérdida mayor que el hecho de que Elgin Marbles fuera al
Museo Británico. Pero afortunadamente la marea ha cambiado. Los Chinos
Continentales finalmente están interesados en volver a comprar su propio
patrimonio, y solo quieren lo mejor —dijo Oliver—. Lo que me recuerda, Astrid,
¿sigues buscando más Huanghuali? Porque sé de una importante mesa de
rompecabezas de la dinastía Han que se subastará la próxima semana en Hong
Kong. —Oliver se volvió hacia Astrid, notando que tenía una mirada distante en su
rostro—. ¿Tierra a Astrid?
—Oh... lo siento, me distraje por un momento —dijo Astrid, de repente
nerviosa—. ¿Estabas diciendo algo sobre Hong Kong?
W
ye Mun y Neena Goh estaban recostadas en sillones de cuero de
color verde azulado en su sala de proyecciones en Villa d'Oro,
comiendo semillas de sandía saladas y viendo una telenovela
coreana, cuando Peik Lin irrumpió en la habitación.
—¡Silencia el televisor! ¡Silencia el televisor! —exigió.
—¿Qué pasa? ¿Qué pasa? —preguntó Neena alarmada.
—¡No vas a creer de dónde vengo!
—¿De dónde? —preguntó Wye Mun, un poco molesto porque su hija lo había
interrumpido durante un momento crucial de su programa favorito.
—Acabo de llegar de la casa de la abuela de Nicholas Young.
—¿Y?
—Deberías haber visto el tamaño del lugar.
—Dua geng choo, ¿ah?79 —dijo Wye Mun.
—Dua ni siquiera comienza a describirlo. La casa era enorme, pero deberías
haber visto la tierra. ¿Sabes que hay una enorme propiedad privada justo al lado de
los Jardines Botánicos?
—¿Al lado de los Jardines Botánicos?
—Sí. Fuera de Gallop Road. Está en una calle de la que nunca había oído,
llamada Tyersall Avenue.
—¿Cerca de esas viejas casas de madera? —preguntó Neena.
—Sí, pero esta no era una de las casas coloniales. La arquitectura era muy
inusual, una especie de orientalista, y los jardines eran increíbles; probablemente
alrededor de cincuenta acres o más.
—¡Mierda, lah! —dijo Wye Mun.
—Papá, te lo estoy diciendo; la propiedad era inmensa. Era como el Istana. La
entrada en sí misma continuaba por kilómetros.
—¡No puede ser! Dos o tres acres puedo creer, pero ¿cincuenta? No hay tal
cosa, lah.
—Era al menos cincuenta acres, probablemente más. Pensé que estaba
soñando. Pensé que estaba en otro país.
—Lu leem ziew, ¿ah?80 —Neena miró a su hija preocupada. Peik Lin la ignoró.

79 “Casa grande” en Hokkien.
—Muéstrame —dijo Wye Mun, su interés despertado—. Veámoslo en Google
Earth. —Se acercaron al escritorio de la computadora en la esquina, detuvieron el
programa y Peik Lin comenzó a buscar el lugar. Mientras se acercaban a la pantalla
topográfica, inmediatamente notó algo extraño en la imagen del satélite.
—Mira, papá… ¡todo este parche está vacío! Crees que es parte de los Jardines
Botánicos, pero no lo es. Aquí es donde está la casa. Pero ¿por qué no hay
imágenes? ¡No aparece en Google Earth en absoluto! Y mi GPS tampoco pudo
encontrar la dirección.
Wye Mun miró la pantalla. El lugar que su hija afirmó haber visto era
literalmente un agujero negro en el mapa. No existía oficialmente. Qué extraño.
—¿Quién es la familia de este tipo? —preguntó.
—No lo sé. Pero había muchos autos VIP en la entrada. Vi bastantes placas
diplomáticas. Viejos Rolls-Royces, Daimlers antiguos, ese tipo de automóvil. Estas
personas deben estar cargadas más allá de la creencia. ¿Quién crees que son?
—No puedo pensar en nadie específicamente que viva en esta área. —Wye
Mun pasó el cursor por el perímetro de la zona oscurecida. Su familia había estado
en el negocio de desarrollo inmobiliario y construcción en Singapur durante más de
cuarenta años, pero nunca había visto algo como esto—. Wah, esto es de primera,
tierra de primera… justo en el medio de la isla. El valor sería incalculable. ¡No
puede ser una propiedad, lah!
—Sí lo es, papá. Lo vi con mis propios ojos. Y supuestamente la abuela de Nick
creció allí. Es su casa.
—Haz que Rachel averigüe el nombre de la abuela. Y el abuelo. Necesitamos
saber quiénes son estas personas. ¿Cómo puede una persona poseer tanta tierra
privada en una de las ciudades más pobladas del mundo?
—Wah, parece que Rachel Chu ha golpeado al premio gordo. ¡Espero que se
case con este tipo! —intervino Neena desde su sillón reclinable.
—Aiyah, ¿a quién le importa Rachel Chu? ¡Peik Lin, tú ve tras él! —declaró
Wye Mun.
Peik Lin sonrió abiertamente a su padre y comenzó a enviar mensajes de texto
a Rachel.
Wye Mun le dio unas palmaditas en el hombro a su esposa.
—Ven, llama al chofer. Vamos a dar una vuelta hacia Tyersall Road. Quiero
ver este lugar por mí mismo.
Decidieron tomar el Audi SUV en un esfuerzo por ser lo más discretos posible.
—Mira, creo que aquí es donde realmente comienza la propiedad —señaló
Peik Lin al doblar por la curvada carretera densamente arbolada—. Creo que todo
esto en el lado izquierdo es el límite sur de la tierra. —Cuando llegaron a las puertas
de hierro gris, Wye Mun hizo que el chofer detuviera el auto por un minuto. El
lugar parecía completamente desierto—. Mira, no pensarías que hay algo aquí.

80 “¿Has estado bebiendo?” en Hokkien.
Parece una sección antigua de los Jardines Botánicos. Hay otra casa de guardia más
adelante en esta carretera, una de alta tecnología tripulada por guardias gurkha —
explicó Peik Lin. Wye Mun bajó la mirada por el camino sin iluminar y cubierto de
vegetación, completamente fascinado. Era uno de los principales promotores
inmobiliarios de Singapur, y conocía cada centímetro cuadrado de tierra en la isla.
O al menos él pensó que sí.
—¡L
os tan huas están floreciendo! —anunció Ling Cheh
entusiasmando a todos en la terraza. Cuando los invitados
comenzaron a regresar por el conservatorio, Nick llevó a
Rachel a un lado.
—Ven, tomemos un atajo —dijo. Rachel lo siguió por una puerta lateral, y
recorrieron un largo pasillo, dejando atrás muchas habitaciones oscuras en las que
anhelaba asomarse. Cuando Nick la condujo a través de un arco al final del pasillo,
la mandíbula de Rachel cayó en incredulidad.
Ya no estaban en Singapur. Era como si hubieran tropezado con un claustro
secreto en lo profundo de un palacio moro. El vasto patio estaba cerrado por todos
lados, pero completamente abierto al cielo. Columnas elaboradamente talladas
revestían las arcadas alrededor de su perímetro, y una fuente andaluza sobresalía
de la pared de piedra, escupiendo un chorro de agua de una flor de loto esculpida
en cuarzo rosa. En lo alto, cientos de linternas de cobre habían sido
meticulosamente colgadas por el patio desde la pasarela del segundo piso, cada una
parpadeando a la luz de las velas.
—Quería mostrarte este lugar mientras aún estaba vacío —dijo Nick en voz
baja, tirando de Rachel en un abrazo.
—Pellízcame, por favor. ¿Algo de esto es real? —susurró Rachel mientras
miraba a Nick a los ojos.
—Este lugar es muy real. Tú eres el sueño —respondió Nick mientras la
besaba profundamente.
Algunos invitados comenzaron a entrar, interrumpiendo el hechizo por el que
habían estado momentáneamente dominados.
—¡Vamos, es hora de postre! —dijo Nick, frotándose las manos con
anticipación.
A lo largo de una de los pasillos se extendían largas mesas para banquetes que
mostraban una maravillosa selección de postres. Había elaborados pasteles,
soufflés y pudines, había goreng pisang81 rociado con jarabe dorado de Lyle,
nyonya kuehs de todos los colores del arcoíris y samovares altos y pulidos con
diferentes elixires humeantes. Servidores con toques blancos estaban de pie detrás
de cada mesa, listos para repartir los manjares.

81Buñuelos de plátano fritos en masa, un manjar malayo. Algunos de los mejores goreng
pisang solían encontrarse en el comedor escolar de la escuela anglo-china y con frecuencia los
usaban los maestros (especialmente la señora. Lau, mi maestra de chino) como recompensa por las
buenas calificaciones. Debido a esto, toda una generación de niños singapurenses de un cierto
entorno social ha llegado a considerar el aperitivo como uno de sus mejores alimentos.
—Dime que así no es como tu familia come todos los días —dijo Rachel con
asombro.
—Bueno, esta noche fueron las sobras de la noche —dijo Nick inexpresivo.
Rachel le dio un codazo en las costillas juguetonamente.
—¡Ay! Y estaba a punto de ofrecerte una tajada de la mejor tarta de chiffon de
chocolate del mundo.
—¡Acabo de atiborrarme con dieciocho tipos diferentes de fideos! No podría
comer postre —gimió Rachel, presionando su palma contra su estómago
momentáneamente. Caminó hacia el centro del patio, donde las sillas estaban
dispuestas alrededor de un espejo de agua. En el centro de la piscina había enormes
urnas de terracota que contenían las tan cuidadosamente cultivadas tan huas.
Rachel nunca había visto una especie de flora tan exótica. El enmarañado bosque
de plantas crecía en una gran profusión de grandes hojas flexibles del color del jade
oscuro. Largos tallos brotaban de los bordes de las hojas, curvando hasta formar
enormes bulbos. Los pálidos pétalos rojizos se enroscaban con fuerza como
delicados dedos agarrados a un melocotón blanco y sedoso. Oliver estaba de pie
junto a las flores, examinando de cerca uno de los bulbos.
—¿Cómo puedes saber que están a punto de florecer? —le preguntó Rachel.
—¿Ves cuán hinchados se han vuelto, y cómo la blancura de los bulbos se
asoma a través de estos tentáculos rojos? En una hora, los verás abiertos por
completo. Ya sabes, se considera muy auspicioso presenciar tan huas floreciendo
en la noche.
—¿De verdad?
—Sí, de verdad. Florecen tan raramente y de manera impredecible, y todo
sucede tan rápido. Es un evento único en la vida para la mayoría de la gente, así
que diría que tienes mucha suerte de estar aquí esta noche.
Mientras Rachel paseaba por el estanque, notó a Nick debajo de una galería
conversando atentamente con la llamativa dama que había estado sentada al lado
de la abuela de Nick.
—¿Quién es esa mujer hablando con Nick? Estuviste con ella antes —preguntó
Rachel.
—Oh, esa es Jacqueline Ling. Una vieja amiga de la familia.
—Parece una estrella de cine —comentó Rachel.
—Sí, ¿verdad? Siempre he pensado que Jacqueline parece una Catherine
Deneuve, china, solo que más bella.
—¡Sí se parece a Catherine Deneuve!
—Y envejece mejor también.
—Bueno, no es tan vieja. ¿Cuánto tiene, unos cuarenta años?
—Intenta agregar veinte años a eso.
—¡Estás bromeando! —dijo Rachel, mirando con asombro la figura de
bailarina de Jacqueline, mostrada con gran ventaja por la blusa halter de color
amarillo pálido y los pantalones palazzo que llevaba con un par de tacones de aguja
plateados.
—Siempre he pensado que es una lástima que no haya hecho más consigo
misma que desarmar a los hombres con su aspecto —comentó Oliver.
—¿Es eso lo que ha hecho?
—Enviudó una vez, casi se casó con un marqués británico, y desde entonces
ha sido la compañera de un magnate noruego. Hay una historia que escuché de
niño: La belleza de Jacqueline era tan legendaria que cuando visitó Hong Kong por
primera vez en los años sesenta, su llegada atrajo a una multitud de espectadores,
como si fuera Elizabeth Taylor. Todos los hombres estaban clamando por
proponerle matrimonio, y las peleas estallaron en la terminal. Apareció en los
periódicos, aparentemente.
—Todo por su belleza.
—Sí, y su línea de sangre. Es la nieta de Ling Yin Chao.
—¿Quién es ese?
—Era uno de los filántropos más venerados de Asia. Construyó escuelas en
toda China. No es que Jacqueline esté siguiendo sus pasos, a menos que consideres
sus donaciones en ayuda a Manolo Blahnik.
Rachel se rió, cuando los dos notaron que Jacqueline tenía una mano en la
parte superior del brazo de Nick, acariciándola suavemente.
—No te preocupes, coquetea con todos —bromeó Oliver—. ¿Quieres otra pieza
de chismes jugosos?
—Por favor.
—Me dijeron que la abuela de Nick quería mucho a Jacqueline para el padre
de Nick. Pero no tuvo éxito.
—¿Él no se dejó influir por su aspecto?
—Bueno, él ya tenía otra belleza en sus manos, la madre de Nick. Todavía no
conoces a la tía Elle, ¿verdad?
—No, se fue por el fin de semana.
—Mmm, qué interesante. Nunca se va cuando Nicholas está en la ciudad —
dijo Oliver, dándose la vuelta para asegurarse que no había nadie al alcance de su
oído antes de inclinarse más cerca—. Caminaría cuidadosamente alrededor de
Eleanor Young si fuera tú. Ella mantiene una corte rival —dijo misteriosamente
antes de caminar hacia la mesa de cócteles.
***
Nick estaba de pie en un extremo de los postres, preguntándose qué debía
comer primero: El goreng pisang con helado, el manjar blanco con salsa de mango
o el pastel de chiffon de chocolate.
—¡Oh, el chiffon de chocolate de tu cocinera! ¡Esta es la razón por la que vine
esta noche! —Jacqueline pasó sus dedos a través de sus rizos hasta los hombros y
luego rozó su mano suavemente contra su brazo—. Entonces dime, ¿por qué no has
estado llamando a Amanda? Solo la has visto un puñado de veces desde que se
mudó a Nueva York.
—Intentamos reunirnos un par de veces esta primavera, pero siempre está
ocupada. ¿No está saliendo con un tipo de fondos de inversión de renombre?
—No es serio; ese hombre es del doble de su edad.
—Bueno, veo sus fotos en los periódicos todo el tiempo.
—Ese es solo el problema. Eso tiene que parar. Es tan indecoroso. Quiero que
mi hija se mezcle con gente de calidad, no con la llamada jet set asiática en Nueva
York. Todos esos pretendientes están montando los faldones de Amanda, ella es
demasiado ingenua para ver eso.
—Oh, no creo que Mandy sea tan ingenua.
—Necesita una compañía adecuada, Nicky. Gar gee nang82. Quiero que cuides
de ella. ¿Prometes hacer eso por mí?
—Por supuesto. Hablé con ella el mes pasado y me dijo que estaba demasiado
ocupada para venir a la boda de Colin.
—Sí, es una lástima, ¿verdad?
—La llamaré cuando regrese a Nueva York. Pero creo que soy demasiado
aburrido para Amanda en estos días.
—No, no, se beneficiaría de pasar más tiempo contigo, eran tan cercano antes.
Ahora cuéntame sobre esta encantadora chica que trajiste a casa para conocer a tu
abuela. Veo que ya se ganó a Oliver. Será mejor que le digas que tenga cuidado con
él, es un chismoso, ese.
***
Astrid y Rachel estaban sentadas junto a la fuente de loto, viendo a una dama
vestida con túnicas de seda color albaricoque tocar un guqin, la cítara tradicional
china. Rachel quedó fascinada por la velocidad hipnótica de las largas uñas rojas de
la dama que rasgaban con gracia de las cuerdas, mientras Astrid trataba
desesperadamente de dejar de obsesionarse con lo que Oliver había dicho antes.
¿Podría haber visto realmente a Michael caminando con un niño pequeño en Hong
Kong? Nick se dejó caer en la silla junto a ella, equilibrando hábilmente dos
humeantes tazas de té con una mano y sosteniendo un plato de pastel de chiffon a
medio comer con la otra. Le pasó la taza con té de lychee a Astrid, sabiendo que era
su favorito, y le ofreció un pastel a Rachel.
—Tienes que probar esto, es uno de los éxitos más importantes de nuestra
cocinera Ah Ching.
—Alamak, Nicky, consíguele un trozo propio —regañó Astrid, saliéndose
temporalmente de su trance.
—Está bien, Astrid. Voy a comer la mayor parte del suyo, como siempre —
explicó Rachel con una sonrisa. Probó el pastel, y sus ojos se abrieron al instante.

82 “El mismo tipo” o “nuestra propia gente”, generalmente se usa para referirse a asociaciones

familiares o de clanes en Hokkien.
Era la combinación perfecta de chocolate y crema, con una ligereza aireada en la
boca—. Mmm. Me gusta que no sea demasiado dulce.
—Es por eso que nunca puedo comer otros pasteles de chocolate. Siempre son
demasiado dulces, densos o tienen demasiado glaseado —dijo Nick.
Rachel se acercó para otro bocado.
—Solo consigue la receta y trataré de hacerlo en casa.
Astrid arqueó sus cejas.
—Puedes intentarlo, Rachel, pero créeme, mi cocinero lo ha intentado, y
nunca sale tan bien. Sospecho que Ah Ching está reteniendo algún ingrediente
secreto.
Mientras estaban sentados en el patio, los pétalos rojos apretados de los tan
huas se desplegaron como una película en cámara lenta para revelar una profusión
de pétalos blancos y plumosos que seguían expandiéndose en un explosivo patrón
de rayos de sol.
—¡No puedo creer lo grandes que se están poniendo estas flores! —comentó
Rachel emocionada.
—Siempre me recuerda a un cisne revolviendo sus alas, a punto de tomar
vuelo —comentó Astrid.
—O tal vez a punto de entrar en modo ataque —agregó Nick—. Los cisnes
pueden volverse realmente agresivos.
—Mis cisnes nunca fueron agresivos —dijo la tía abuela Rosemary mientras se
acercaba, escuchando el comentario de Nick—. ¿No recuerdas alimentar a los
cisnes en mi estanque cuando eras pequeño?
—Recuerdo haber tenido miedo de ellos en realidad —respondió Nick—.
Rompía pedacitos de pan, los arrojaba al agua y luego corría para cubrirme.
—Nicky era un poco cobarde —bromeó Astrid.
—¿Lo era? —preguntó Rachel sorprendida.
—Bueno, era muy pequeño. Durante mucho tiempo, todos temieron que
nunca creciera, yo era mucho más alta que él. Y luego, de repente, se estiró —dijo
Astrid.
—Oye, Astrid, deja de hablar de mi vergüenza secreta —dijo Nick con una
mueca fruncida.
—Nicky, no tienes nada de qué avergonzarte. Después de todo, has crecido
hasta ser el espécimen más fuerte, estoy segura que Rachel estaría de acuerdo —
dijo la tía abuela Rosemary. Todas las mujeres se rieron.
Mientras las flores continuaban transformándose ante sus ojos, Rachel se
sentó a sorber té de lychee de una taza de porcelana roja, fascinada por todo lo que
la rodeaba. Observó al sultán tomar fotos de sus dos esposas frente a las flores, sus
kebayas bordadas con joyas que reflejaban fragmentos de luz cada vez que el flash
de la cámara se disparaba. Observó el grupo de hombres sentados en círculo con el
padre de Astrid, que estaba absorto en un acalorado debate político, y miró a Nick,
que ahora estaba agachado junto a su abuela. Le conmovió ver lo cariñoso que Nick
parecía ser con su abuela, sosteniendo las manos de la anciana mientras le
susurraba al oído.
—¿Tu amiga está pasando un buen rato esta noche? —le preguntó Su Yi a su
nieto en cantonés.
—Sí, Ah Ma. Está pasando un buen rato. Gracias por invitarla.
—Parece ser la comidilla de la ciudad. Todo el mundo está tratando
delicadamente de preguntarme sobre ella o tratando de contarme cosas sobre ella.
—¿De verdad? ¿Qué han estado diciendo?
—Algunos se preguntan cuáles son sus intenciones. Tu prima Cassandra
incluso me llamó desde Inglaterra, nerviosa.
Nick estaba sorprendido.
—¿Cómo sabe Cassandra de Rachel?
—Aiyah, ¡solo los fantasmas saben de dónde sacó su información! Pero está
muy preocupada por ti. Piensa que vas a quedarte atrapado.
—¿Atrapado? Estoy de vacaciones con Rachel, Ah Ma. No hay nada de qué
preocuparse —dijo Nick a la defensiva, molesto porque Cassandra había estado
chismorreando sobre él.
—Eso es exactamente lo que le dije. Le dije que eres un buen chico y que
nunca harías nada sin mi bendición. Cassandra debe aburrirse en el campo inglés.
Está dejando que su imaginación corra tan salvaje como sus tontos caballos.
—Te gustaría que trajera a Rachel, Ah Ma, ¿para que puedas conocerla mejor?
—se aventuró Nick.
—Sabes que no seré capaz de soportar todas las miradas si eso sucede. ¿Por
qué no vienen los dos a quedarse la próxima semana? Es muy tonto quedarse en un
hotel cuando tu habitación te está esperando aquí mismo.
Nick estaba encantado de escuchar estas palabras de su abuela. Tenía su sello
de aprobación ahora.
—Eso sería maravilloso, Ah Ma.
***
En una esquina de la oscura sala de billar, Jacqueline estaba en medio de una
acalorada conversación telefónica con su hija, Amanda, en Nueva York.
—¡Deja de poner excusas! Me importa un comino lo que le dijiste a la prensa.
Haz lo que tienes que hacer, pero solo asegúrate de estar de vuelta la próxima
semana —dijo enojada.
Jacqueline terminó su llamada, mirando por la ventana a la terraza iluminada
por la luna.
—Sé que estás allí, Oliver —dijo bruscamente, sin darse la vuelta. Oliver salió
de la oscura entrada y se acercó lentamente—. Puedo olerte desde un kilómetro de
distancia. Tienes que dejar la Blenheim Bouquet, no eres el príncipe de Gales.
Oliver arqueó sus cejas.
—¡Estamos irritables! De todos modos, es bastante claro para mí que Nicholas
está completamente enamorado. ¿No crees que es un poco tarde para Amanda?
—No, en absoluto —respondió Jacqueline, reorganizando cuidadosamente su
cabello—. Como has dicho a menudo, el tiempo lo es todo.
—Estaba hablando de invertir en arte.
—Mi hija es una exquisita obra de arte, ¿no es así? Pertenece solo a la mejor
colección.
—Una colección de la que no has podido formar parte.
—Vete al diablo, Oliver.
—Chez toi ou chez moi83? —Oliver arqueó una ceja maliciosamente mientras
salía de la habitación.
***
En el patio Andaluz, Rachel permitió que sus ojos se cerraran por un
momento. Los rasgueos de la cítara china crearon una melodía perfecta con las
tranquilas aguas, y las flores, a su vez, pareciendo coreografiar su floración con los
sonidos melifluos. Cada vez que soplaba una brisa, las lámparas de cobre colgadas
contra el cielo de la tarde, se balanceaban como cientos de esferas resplandecientes
a la deriva de un océano oscuro. Rachel sintió que flotaba junto a ellos en un sueño
sibarítico, y se preguntó si la vida de Nicholas siempre sería así. Pronto, las tan
huas comenzaron a marchitarse veloz y misteriosamente como habían florecido,
llenando el aire de la noche con un aroma embriagador mientras se marchitaban en
pétalos gastados y sin vida.

83 ¿Tu casa o la mía?
C
ada vez que las fiestas de su abuela iban hasta tarde, Astrid
normalmente optaba por pasar la noche en Tyersall Park. Prefería no
despertar a Cassian si dormía profundamente, y se dirigía a la
habitación (justo enfrente de la de Nick) que había sido reservada para sus
frecuentes visitas desde que era una niña pequeña. Su adorada abuela había creado
un emporio encantado para ella, encargando caprichosos muebles tallados a mano
en Italia y paredes pintadas con escenas de su cuento de hadas favorito: “Las Doce
Princesas Bailarinas”. Astrid todavía amaba las noches ocasionales que pasaba en
este dormitorio de la infancia, mimada por las muñecas más fantásticas, animales
de peluche y juegos de té que el dinero podría comprar.
Esta noche, sin embargo, Astrid estaba decidida a llegar a casa. A pesar que ya
era pasada la medianoche, tomó a Cassian en sus brazos, lo abrochó en su asiento
infantil y se dirigió a su departamento. Estaba desesperada por saber si Michael
había regresado “del trabajo”. Se estaba engañando a sí misma al pensar que podía
mirar hacia otro lado mientras Michael continuaba. No era como esas esposas. No
iba a ser una víctima, como la esposa de Eddie, Fiona. Todas estas semanas de
especulación e incertidumbre se habían convertido en un peso aplastante para ella,
y tenía que resolver este problema de una vez por todas. Necesitaba ver a su esposo
con sus propios ojos. Necesitaba olerlo. Necesitaba saber si realmente había otra
mujer. Aunque, si era brutalmente honesta consigo misma, había sabido la verdad
desde que esas cuatro simples palabras aparecieron en la pantalla de su iPhone.
Este era el precio que tuvo que pagar por enamorarse de Michael. Era un hombre al
que todas las mujeres consideraban irresistible.

SINGAPUR, 2004
La primera vez que Astrid vio a Michael, estaba en un speedo de camuflaje.
Ver a alguien mayor de diez años en una de estas hamacas de plátano solía ser
repelente a la sensibilidad estética de Astrid, pero cuando Michael se pavoneaba
por la pasarela con su speedo de Custo Barcelona, con su brazo alrededor de una
chica amazónica vestida en un traje de baño negro de Rosa Char y un collar de
esmeraldas, Astrid estuvo paralizada.
Había sido arrastrada al Churchill Club para un desfile de moda de caridad
organizado por uno de sus primos Leong y había permanecido aburrida durante
todo el proceso. Para alguien acostumbrado a un asiento de primera fila en los
elaborados escenarios de Jean Paul Gaultier, esta pasarela construida a toda prisa
iluminada con geles amarillos, hojas de palma falsas y luces estroboscópicas
parpadeantes parecía un teatro comunitario sin fondos.
Pero luego apareció Michael, y de repente todo entró en cámara lenta. Era
más alto y más grande que la mayoría de los hombres asiáticos, con un hermoso
bronceado marrón oscuro que no era del tipo que se podía rociar en un salón. Su
corte de estilo militar severo servía para acentuar una nariz de halcón que parecía
tan incongruente con el resto de su rostro, adquiriendo una cualidad abiertamente
sexual. Luego estaban esos ojos penetrantes y profundos y los abdominales de tabla
de lavar ondulando a lo largo de su delgado torso. Solo estuvo en la pista por menos
de treinta segundos, pero inmediatamente lo reconoció unas semanas más tarde en
la fiesta de cumpleaños de Andy Ong, a pesar que estaba completamente vestido
con una camiseta con cuello en V y jeans grises desteñidos.
Esta vez fue Michael quien la notó primero. Estaba apoyado contra una repisa
en el fondo del jardín en el bungalow de Ong con Andy y algunos amigos cuando
Astrid apareció en la terraza con un largo vestido de lino blanco con delicados
recortes de encaje. Aquí hay una chica que no pertenece a esta fiesta, pensó para sí
mismo. La chica pronto vio al chico del cumpleaños y se dirigió directamente hacia
ellos, dándole un gran abrazo a Andy. Los chicos a su alrededor lo miraban
boquiabiertos.
—¡Muchas felicidades! —exclamó, entregándole un pequeño regalo
exquisitamente envuelto en tela de seda morada.
—¡Aiyah, Astrid, un sai lah84! —dijo Andy.
—Es solo un pequeño detalle que pensé que te gustaría de París, eso es todo.
—¿Así que sacaste esa ciudad totalmente de tu sistema? ¿Volviste para
siempre?
—No estoy segura todavía —dijo Astrid con cuidado.
Los muchachos estaban compitiendo por la posición, así que, aunque estaba
reticente, Andy sintió que sería grosero no presentarlos.
—Astrid, permíteme presentarte a Lee Shen Wei, Michael Teo y Terence Tan.
Todos amigos del ejército.
Astrid sonrió dulcemente a todos antes de fijar su mirada en Michael.
—Si no me equivoco, te he visto en un speedo —dijo.
Los chicos estaban igual de sorprendidos y desconcertados por su declaración.
Michael solo negó y se rió.
—Eh… ¿de qué está hablando? —preguntó Shen Wei.
Astrid miró el torso esculpido de Michael, que era claramente evidente a pesar
de su camiseta suelta.
—Sí, fuiste tú, ¿no? ¿En el desfile de moda de Churchill Club para beneficiar a
los jóvenes adictos a las compras?
—Michael, ¿modelaste en un desfile de modas? —dijo Shen Wei con
incredulidad.

84 “Realmente no tenías que hacerlo” en cantonés.
—¿En un speedo? —agregó Terence.
—Fue por caridad. ¡Me llevaron a rastras! —balbuceó Michael, su rostro se
puso roja como la remolacha.
—Entonces ¿no modelas profesionalmente? —preguntó Astrid.
Todos comenzaron a reír.
—¡Sí lo hace! ¡Lo hace! Es Michael Zoolander —dijo Andy carcajeándose.
—No, hablo en serio —insistió Astrid—. Si alguna vez quieres modelar
profesionalmente, conozco un par de agencias en París a las que les encantaría
representarte.
Michael tan solo la miró, sin saber cómo responder. Había una palpable
tensión en el aire, y ninguno de los chicos supo qué decir.
—Escucha, estoy muriendo del hambre, y creo que tengo un poco de ese
delicioso mee rebus85 en la casa —dijo Astrid, dándole a Andy un beso en la mejilla
antes de caminar de regreso a la casa.
—Bien, laeng tsai86, ¿qué estás esperando? Obviamente le gustas —dijo Shen
Wei a Michael.
—No quieras aumentar tus esperanzas, Teo, pero ella es intocable —advirtió
Andy.
—¿Qué quieres decir con intocable? —preguntó Shen Wei.
—Astrid no tiene citas en nuestra estratosfera. ¿Sabes con quién casi se casó?
Charlie Wu, el hijo del multimillonario de la tecnología Wu Hao Lian. Estuvieron
comprometidos, pero luego ella terminó el compromiso a último minuto porque su
familia sintió que él no era lo suficientemente bueno —dijo Andy.
—Bueno, Teo aquí va a probarte que estás equivocado. Mike, esa fue una
invitación abierta si alguna vez he visto alguna. ¡No seas tan kiasu87, hombre! —
exclamó Shen Wei.
***
Michael no sabía qué pensar de la chica sentada frente a él. En primer lugar,
esta cita ni siquiera debería estar sucediendo. Astrid no era su tipo. Esta era la clase
de chica a la que vería de compras en una de esas boutiques costosas en Orchard
Road o sentada en el café del vestíbulo de un hotel lujoso tomando un doble
descafeinado macchiato con su novio banquero. Ni siquiera estaba seguro por qué
la había invitado a salir. No era su estilo perseguir a las chicas de una manera tan
obvia. Toda su vida, nunca había necesitado perseguir a las mujeres. Siempre se
habían entregado libremente a él, comenzando con la novia de su hermano mayor
cuando tenía catorce años. Técnicamente, Astrid había dado el primer paso, por lo
que no le importaba ir tras ella. La charla de Andy acerca de que ella estaba “fuera
de su alcance” realmente le molestaba, y pensó que sería divertido acostarse con
ella, solo para restregárselo en la cara a Andy.
85 Fideos de huevo malayo en una salsa de curry picante-dulce.
86 “Chico bonito” en cantonés.
87 “Miedo a perder” en Hokkien.
Michael nunca esperó que dijera que sí a la cita, pero allí estaban, apenas una
semana después, sentados en un restaurante de Dempsey Hill con votivas de cristal
azul cobalto en cada mesa (el lugar moderno lleno de ang mors que odiaba) sin
mucho que decirse el uno al otro. No tenían nada en común, excepto por el hecho
que ambos conocían a Andy. Ella no tenía trabajo, y como todo trabajo estaba
clasificado, no podían hablar de eso. Había estado viviendo en París durante los
últimos años, por lo que no estaba en contacto con Singapur. Demonios, ni siquiera
parecía una verdadera singapurense, con su acento inglés y sus gestos.
Sin embargo, no pudo evitar sentirse increíblemente atraído por ella. Era
completamente opuesta al tipo de chicas con las que normalmente salía. A pesar
que sabía que provenía de una familia rica, no llevaba ropa de marca ni joyas. Ni
siquiera parecía estar usando maquillaje, y aun así se veía sexy. Esta chica no era
tan seow chieh88, como le habían hecho creer, e incluso lo desafió a un juego de
billar después de la cena.
Resultó ser bastante letal para el billar, y eso la hizo aún más sexy. Pero
obviamente esta no era la clase de chica con la que podría tener una aventura
casual. Se sintió casi avergonzado, pero lo único que quería era seguir mirándola a
los ojos. No podía tener suficiente de eso. Estaba seguro que perdió el juego en
parte porque estaba demasiado distraído con ella. Al final de la cita, la acompañó
hasta su auto (sorprendentemente, solo un Acura) y mantuvo la puerta abierta
mientras subía, convencido que nunca la volvería a ver.
Astrid yacía en la cama más tarde esa noche, tratando de leer el último tomo
de Bernard-Henri Lévy, pero no tuvo suerte concentrándose. No podía dejar de
pensar en su desastrosa cita con Michael. El pobre tipo realmente no sabía mucho
de conversación, y era irremediablemente poco sofisticado. Imagínate. Los chicos
que se veían así obviamente no tenían que esforzarse para impresionar a una
mujer. Había algo en él, sin embargo, algo que lo imbuía de una belleza que parecía
casi salvaje. Era simplemente el espécimen de masculinidad más perfecto que
había visto en su vida, y desencadenó una respuesta fisiológica en ella que no se dio
cuenta que poseía.
Apagó la lámpara de su mesita de noche y se quedó tumbada en la oscuridad
bajo el dosel de su cama de herencia Peranakan, deseando que Michael pudiera leer
su mente en este mismo momento. Quería que se disfrazara de camuflaje nocturno
y escalara las paredes de la casa de su padre, evadiendo a los guardias de la casa de
vigilancia y a los pastores alemanes de patrulla. Quería que subiera al árbol de
guayabas por su ventana y entrara a su habitación sin hacer ruido. Quería que él
permaneciera al pie de su cama por un momento, nada más que una sombra negra.
Entonces quería que le arrancara la ropa, cubriera su boca con su mano terrosa y la
atacara sin parar hasta el amanecer.
Tenía veintisiete años y, por primera vez en su vida, Astrid se dio cuenta de lo
que realmente se sentía desear sexualmente a un hombre. Tomó su teléfono celular
y, antes que pudiera detenerse, marcó el número de Michael. Contestó después de
dos timbres, y Astrid pudo oír que estaba en una especie de bar ruidoso. Colgó

88 “Remilgado” o “alto mantenimiento” en mandarín.
inmediatamente. Quince segundos después, sonó su teléfono. Lo dejó sonar unas
cinco veces antes de responder.
—¿Por qué me llamaste y colgaste? —dijo Michael con voz tranquila y baja.
—No te llamé. Mi teléfono debe haber marcado accidentalmente tu número
mientras estaba en mi bolso —dijo Astrid con indiferencia.
—Ajá.
Hubo una larga pausa, antes que Michael añadiera casualmente.
—Estoy en Harry's Bar ahora, pero voy a ir al Hotel Ladyhill y registrarme en
una habitación. Ladyhill está bastante cerca de ti, ¿verdad?
Astrid se sorprendió por su audacia. ¿Quién demonios se creía que era? Sintió
que su rostro se ponía caliente y quería colgar nuevamente. En cambio, se encontró
encendiendo la lámpara de su mesita de noche.
—Envíame el número de habitación —dijo simplemente.

SINGAPUR, 2010
Astrid condujo a lo largo de las serpenteantes curvas de Cluny Road, su
cabeza nadando en pensamientos. Al comienzo de la noche en Tyersall Park, había
albergado la fantasía que su marido estaba en un hotel de una estrella dedicado a
un tórrido romance con la vagabunda de Hong Kong. Incluso mientras estaba en
piloto automático conversacional con su familia, se imaginó a sí misma
encontrando a Michael y la vagabunda en su pequeña habitación sórdida y
arrojándoles todos los objetos disponibles. La lámpara. La jarra de agua. La
cafetera de plástico barata.
Sin embargo, después del comentario de Oliver, una fantasía más oscura
comenzó a consumirla. Ahora estaba convencida que Oliver no había cometido un
error, y que efectivamente era su marido al que había visto en Hong Kong. Michael
era demasiado distintivo como para ser confundido con alguien más, y Oliver, que
era a la vez intrigante y diplomático, obviamente le enviaba un mensaje codificado.
¿Pero quién era el niño pequeño? ¿Podría Michael haber engendrado a otro niño?
Cuando Astrid dobló a la derecha en Dalvey Road, casi no se dio cuenta de la
camioneta que estaba estacionada a pocos metros, donde un equipo de
construcción nocturno estaba arreglando una farola. Uno de los trabajadores de
repente abrió la puerta del camión, y antes que Astrid pudiera siquiera jadear, se
desvió bruscamente hacia la derecha. El parabrisas se hizo añicos, y lo último que
vio antes de perder el conocimiento fue el complejo sistema de raíces de un antiguo
baniano.
C
uando Rachel despertó la mañana después de la fiesta de tan hua, Nick
estaba hablando suavemente por teléfono en la sala de estar de su suite.
Cuando su visión se enfocó lentamente, se quedó allí tumbada en
silencio, mirando a Nick y tratando de asimilar todo lo que había sucedido en las
últimas veinticuatro horas. Anoche había sido mágica y, sin embargo, no pudo
evitar sentir una creciente sensación de inquietud. Era como si hubiera tropezado
con una cámara secreta y hubiera descubierto que su novio había estado viviendo
una doble vida. La vida ordinaria que compartían como dos jóvenes profesores
universitarios en Nueva York no se parecía en nada a la vida de esplendor imperial
que Nick parecía llevar allí, y Rachel no sabía cómo conciliar los dos.
Rachel no era en absoluto una ingenua en el reino de la riqueza. Después de
sus primeras luchas, Kerry Chu se había puesto de pie y obtuvo su licencia en
bienes raíces justo cuando Silicon Valley estaba entrando en el auge de Internet. La
infancia dickensiana de Rachel fue reemplazada por años de adolescencia
creciendo en la acomodada área de la Bahía. Fue a la escuela en dos de las mejores
universidades del país —Stanford y Northwestern— donde conoció a personas
como Peik Lin y otros tipos de fondos fiduciarios. Ahora vivía en la ciudad más
costosa de Estados Unidos, donde se mezclaba con la élite académica. Sin embargo,
nada de esto preparó a Rachel para sus primeras setenta y dos horas en Asia. Las
exhibiciones de riqueza aquí eran tan extremas, no se parecía a nada de lo que
había presenciado jamás, y ni por un momento habría imaginado que su novio
podría ser parte de este mundo.
El estilo de vida de Nick en Nueva York podría describirse como modesto, si
no francamente frugal. Él alquilaba un acogedor estudio alcoba en Morton Street
que no parecía contener nada de valor aparte de su laptop, bicicleta y pilas de
libros. Se vestía de manera particular pero casualmente, y Rachel (que no tiene
ninguna referencia para la ropa masculina británica a medida) nunca se dio cuenta
de lo mucho que costaban esas chaquetas arrugadas con las etiquetas Huntsman o
Anderson & Sheppard. Por otra parte, los únicos derroches que había sabido que
Nick hacía eran los productos caros en el Union Square Greenmarket y buenos
asientos para un concierto si una gran banda llegaba a la ciudad.
Pero ahora todo estaba empezando a tener sentido. Siempre había habido una
cierta calidad para Nick, una cualidad que Rachel era incapaz de articular incluso
para sí misma, pero que lo diferenciaba de cualquiera que hubiera conocido. La
forma en que interactuaba con la gente. La forma en que se apoyaba en una pared.
Siempre se sentía cómodo desvaneciéndose en el fondo, pero de esa manera, se
destacaba. Ella lo había atribuido a su aspecto y su formidable intelecto. Alguien
tan bendecido como Nick no tenía nada que probar. Pero ahora sabía que había
más. Este era un niño que había crecido en un lugar como Tyersall Park. Todo lo
demás en el mundo palidecía en comparación. Rachel deseaba saber más sobre su
niñez, sobre su intimidante abuela, sobre la gente que había conocido la noche
anterior, pero ella no quería comenzar la mañana acribillándolo con un millón de
preguntas, no cuando tenía todo el verano para descubrir este nuevo mundo.
—Hola, Bella Durmiente —dijo Nick, terminando su llamada y notando que
Rachel estaba despierta. Le encantaba la forma en que ella se veía cuando apenas
se despertaba, con su largo cabello tan despeinado y seductor, y la sonrisa
soñolienta y dichosa que siempre daba cuando abría los ojos por primera vez.
—¿Qué hora es? —preguntó Rachel, estirando los brazos por encima de la
cabecera acolchada.
—Son como las nueve y media —dijo, avanzando a zancadas y deslizándose
bajo las sábanas, envolviendo sus brazos alrededor de ella por detrás, y tirando de
su cuerpo contra el suyo—. ¡Tiempo de cucharear! —declaró juguetonamente,
besando su nuca varias veces. Rachel se giró para mirarlo y comenzó a trazar una
línea desde su frente hasta su barbilla.
—¿Alguna vez alguien te dijo...? —comenzó ella.
—¿... que tengo el perfil más perfecto? —dijo Nick, terminando su pregunta
con una carcajada—. Solo escucho eso todos los días de mi hermosa novia, que está
claramente trastornada. ¿Dormiste bien?
—Como un tronco. Anoche realmente me dejó molida.
—Estoy tan orgulloso de ti. Sé que debe haber sido agotador tener que conocer
a tanta gente, pero realmente les encantaste a todos.
—Argh. Eso es lo que tú dices. No creo que tu tía en el traje Chanel pensara lo
mismo. O tu tío Harry… debería haber pasado todo un año estudiando la historia
de Singapur, la política y el arte…
—Vamos, nadie esperaba que fueras una estudiosa de los asuntos del sudeste
asiático. Todos disfrutaron conocerte.
—¿Incluso tu abuela?
—¡Definitivamente! De hecho, ella nos invitó a quedarnos la próxima semana.
—¿En serio? —dijo Rachel—. ¿Nos vamos a quedar en Tyersall Park?
—¡Por supuesto! Le agradaste y quiere conocerte mejor.
Rachel negó.
—No puedo creer que haya causado algún tipo de impresión en ella.
Nick tomó un mechón de cabello que le colgaba de la frente y lo colocó
suavemente detrás de la oreja.
—En primer lugar, debes darte cuenta de que mi abuela es extremadamente
tímida, y algunas veces se muestra distante, pero es una astuta observadora de las
personas. En segundo, no necesitas causar ningún tipo de impresión en ella. Solo
ser tú misma es suficiente.
Basado en lo que ella había obtenido de todos los demás, no estaba tan segura
de eso, pero decidió no preocuparse por el momento. Se quedaron entrelazados en
la cama, escuchando el sonido de las salpicaduras de agua y los niños chillando
mientras se lanzaban en balas de cañón en la piscina. Nick se sentó de repente.
—¿Sabes lo que aún no hemos hecho? No hemos ordenado servicio de
habitación. ¡Sabes que esa es una de las cosas que más me gusta de alojarme en un
hotel! Vamos, veamos cuán bueno es su desayuno.
—¡Me lees la mente! Oye, ¿la familia de Colin es realmente dueña de este
hotel? —preguntó Rachel, recogiendo el menú encuadernado en cuero al lado de la
cama.
—Sí, sí. ¿Te lo dijo Colin?
—No, Peik Lin lo hizo. Ayer mencioné que íbamos a la boda de Colin, y toda
su familia estuvo a punto de sufrir un ataque.
—¿Por qué? —preguntó Nick, momentáneamente perplejo.
—Estaban muy emocionados, eso es todo. No me dijiste que la boda de Colin
iba a ser tan importante.
—No pensé que iba a ser así.
—Aparentemente es noticia de primera plana en todos los periódicos y
revistas de Asia.
—Uno pensaría que los periódicos tendrían mejores cosas para escribir, con
todo lo que está sucediendo en el mundo.
—Vamos, nada se vende como una gran boda lujosa.
Nick suspiró, rodó sobre su espalda y miró el techo con vigas de madera.
—Colin está muy estresado. Estoy realmente preocupado por él. Una gran
boda es lo último que quería, pero supongo que era inevitable. Araminta y su
madre simplemente se hicieron cargo, y por lo que escuché, va a ser toda una
producción.
—Bueno, afortunadamente solo puedo sentarme en la audiencia. —Sonrió
Rachel.
—Puedes, pero estaré allí en medio del circo de tres pistas. Eso me recuerda
que Bernard Tai está organizando la despedida de soltero, y parece que ha
planeado toda la extravagancia. Todos nos vamos a reunir en el aeropuerto y vamos
a algún destino secreto. ¿Te importaría terriblemente si te abandonara por un par
de días? —preguntó Nick, acariciando su brazo ligeramente.
—No te preocupes por mí; cumple con tu deber. Yo voy a explorar un poco por
mi cuenta, y Astrid y Peik Lin se ofrecieron a mostrarme los alrededores este fin de
semana.
—Bueno, aquí hay otra opción; Araminta llamó esta mañana, y realmente
quiere que vayas a su despedida de soltera esta tarde.
Rachel frunció sus labios por un momento.
—¿No crees que ella solo estaba siendo cortés? Quiero decir, nos acabamos de
conocer. ¿No sería raro si aparezco en una fiesta con sus amigos cercanos?
—No lo mires así. Colin es mi mejor amigo, y Araminta es una gran mariposa
social. Creo que va a ser un gran grupo de chicas, así que será divertido para ti.
¿Por qué no la llamas y hablas de ello?
—Está bien, pero vamos a pedir algunos de esos waffles belgas con
mantequilla de arce primero.
L
orena Lim estaba hablando por celular en mandarín cuando Eleanor
entró en la sala de desayunos. Se sentó frente a Lorena, contemplando
por la ventana de este nido de anguilas el paisaje sumido en la bruma
matinal. A cada una de sus visitas, tenía la impresión de que la ciudad había
duplicado en tamaño89. Pero como un adolescente desgarbado en medio de una
etapa de crecimiento, muchos de los edificios apresuradamente erigidos; apenas de
una década de antigüedad, ya estaban siendo derribados para dejar espacio a
rutilantes torres, como en la que Lorena venía de comprar un departamento.
Rutilante, cierto, pero que carecía dolorosamente de buen gusto. Por ejemplo,
cada superficie en esta sala de desayuno estaba cubierta de mármol de un tono
anaranjado particularmente pútrido. ¿Por qué estos desarrolladores del Continente
estaban obsesionados con el mármol? Mientras Eleanor intentaba imaginar las
encimeras en un Silestone neutral, una doncella colocó un cuenco de sopa de
pescado humeantes delante de ella.
—No, no quiero caldo. ¿Puedes traerme algunas tostadas con mermelada?
La doncella no pareció comprender el intento de Eleanor en mandarín.
Lorena terminó su llamada, apagó su teléfono y dijo:
—Aiyah, Eleanor, estás en China. Al menos prueba un poco de esta deliciosa
sopa.
—Lo siento, no puedo comer pescado a primera hora de la mañana; estoy
acostumbrada a mis tostadas —insistió Eleanor.
—¡Mírate! Te quejas de que tu hijo está demasiado occidentalizado y, sin
embargo, ni siquiera puede disfrutar de un típico desayuno chino.
—He estado casada con un Young por muchos años —dijo simplemente
Eleanor.
Lorena negó.

89 Lo que era antes un tranquilo pueblo de pescadores en la costa de Guangdong, ahora es una

metrópoli atestada de rascacielos, gigantescos centros comerciales y contaminación endémica, en
otras palabras, la versión asiática de Tijuana. Shenzhen se ha convertido en una escapada barata
favorita para sus vecinos más adinerados. Los turistas de Singapur y Hong Kong, en particular,
disfrutan de la emoción de deleitarse con exquisiteces gourmet como abulón y sopa de aleta de
tiburón, ir de compras hasta la medianoche en sótanos llenos de ganga de productos de diseño
falsos o disfrutar de un tratamiento de spa hedonista, todo por una fracción de lo que tendrían que
pagarlo en casa.
—Acabo de hablar con mi lobang90. Esta noche vamos a encontrarnos con él
en la recepción del Ritz-Carlton a las ocho, y nos acompañará a ver a la persona que
tiene información privilegiada sobre Rachel Chu.
Carol Tai entró en la sala del desayuno en una exuberante bata de color lila.
—¿Quiénes son estas personas con quien quieres que se encuentre Eleanor?
¿Estás segura de que no es peligroso?
—Aiyah, no te preocupes. Toda irá bien.
—Bueno y ¿qué hacemos hasta entonces? Creo que Daisy y Nadine quieren ir
a ese enorme centro comercial junto a la estación de tren —dijo Eleanor.
—Estás hablando de Luohu. Tengo un lugar aún mejor para ir primero. Pero
debe seguir siendo un secreto, ¿de acuerdo? —susurró Carol en un tono de
conspiración.
Después de que las damas hubieran desayunado y se hubieran embellecido
para el día, Carol llevó al grupo a uno de los muchos edificios de oficinas anónimos
en el centro de Shenzhen. Un joven larguirucho parando en la entrada del edificio,
que parecía estar tecleando frenéticamente en su celular, levantó la vista cuando
vio salir una bandada de mujeres de dos Mercedes último modelo.
—¿Eres Jerry? —preguntó Carol en mandarín. Ella entrecerró los ojos hacia el
chico en el abrasador sol del mediodía, notando que estaba jugando un juego de
computadora en su celular.
El joven examinó al grupo de mujeres por un minuto, asegurándose de que no
fueran policías encubiertos. Sí, obviamente eran un grupo de esposas ricas y, a
juzgar por la forma en que se veían, eran de Singapur. Las singapurenses se vestían
cada una con su propio estilo heteróclito y usaban menos joyas ya que siempre
tenían mucho miedo de ser robadas. Las mujeres de Hong Kong tendían a vestirse
todas igual y a lucir diamantes enormes, mientras que las damas japonesas con sus
gorras de viseras y sus riñoneras se veían como si estuvieran en el camino hacia el
campo de golf. Les dio una enorme sonrisa y dijo:
—¡Sí, soy Jerry! Bienvenidas, señoras, bienvenidas. Síganme por favor.
Las condujo a través de las puertas de cristal ahumado del edificio, por un
largo pasillo y por una puerta trasera. De repente, volvieron a salir al aire libre en
una calle lateral, frente a la cual se alzaba una torre de oficinas más pequeña que
parecía estar todavía en construcción o a punto de ser condenada. El vestíbulo
estaba completamente oscuro, su única fuente de luz provenía de la puerta que
Jerry sostenía medio abierta.
—Tengan cuidado, por favor —advirtió, mientras las conducía a través del
espacio oscuro cubierto de cajas llenas de baldosas de granito, madera
contrachapada y equipos de construcción.
—¿Estás segura de que esto no es peligroso, Carol? No hubiera usado mis
nuevos tacones de Roger Vivier si hubiera sabido que veníamos a un lugar como

90 “Contacto” en jerga malaya
este —se quejó Nadine con nerviosismo. Ella se sentía como si en cualquier
momento fuera a tropezar con algo.
—Créeme, Nadine, nada va a pasar. Me lo agradecerás en un minuto —
respondió Carol con calma.
Una puerta finalmente conducía a un vestíbulo de ascensores débilmente
iluminado, y Jerry dio varias veces al botón de llamada del ascensor descompuesto.
Finalmente, llegó el elevador de servicio. Las mujeres se apretujaron,
acurrucándose juntas para evitar rozar accidentalmente las paredes polvorientas.
En el piso diecisiete, el ascensor se abrió para revelar un vestíbulo iluminado con
fluorescentes. Había dos puertas dobles de acero en cada extremo del espacio, y
Eleanor no pudo evitar notar dos juegos de cámaras de circuito cerrado instaladas
en el techo. Una chica muy flaca de poco más de veinte años salió de una de las
puertas.
—Hola, hola —dijo en inglés, con una inclinación de cabeza a las damas. Ella
las inspeccionó brevemente, y luego dijo en un tono sorprendentemente severo y
entrecortado—: Por favor, apaguen el teléfono, no cámaras aquí. —Se movió hacia
un intercomunicador, por el que habló en un ritmo trepidante en dialecto que
ninguna de ellas podía comprender, y un conjunto de cerraduras se abrieron
ruidosamente.
Las mujeres entraron por la puerta y se encontraron abruptamente en una
boutique suntuosamente diseñada. El suelo era de mármol rosado pulido, las
paredes tapizadas en tela de muaré de color rosa pálido, y desde donde se
encontraban, podían ver por el pasillo el interior de algunos de los salones de
muestras adyacentes. Cada habitación estaba dedicada a una marca de lujo
diferente, con vitrinas del piso al techo completamente llenas con los bolsos y
accesorios más actuales. Los tesoros de diseño parecían brillar bajo los focos
halógenos cuidadosamente posicionados, y los compradores bien vestidos llenaban
cada sala de exposición, examinando con atención la mercancía.
—Este lugar es conocido por las mejores falsificaciones —declaró Carol.
—¡Jesús santo! —gritó Nadine con entusiasmo, mientras que Carol la
fulminaba con la mirada por usar el nombre del Señor en vano.
—Italia de este lado, francés del otro lado. ¿Qué quiere? —preguntó la chica
flaca.
—¿Tienes alguna cartera de Goyard? —preguntó Lorena.
—¡Hiyah! Sí, sí, todos quieren Goya ahora. Aquí mejores Goyas —dijo,
guiando a Lorena a uno de los mostradores. Detrás del mostrador se hallaban
hileras e hileras de bolsos Goyard; el último grito de la temporada en todos los
colores posible e imaginables, y una pareja de suizos estaba de pie en el medio de la
sala probando las ruedas de una maleta.
Daisy susurró al oído de Eleanor.
—Mira, las únicas personas que hacen compras aquí son turistas como
nosotros. En estos días, los Continentales solo quieren lo auténtico.
—Bueno, por una vez, estoy de acuerdo con los Continentales. Nunca entendí
por qué alguien querría un bolso de diseñador falso. ¿Cuál es el sentido de
pretender llevar uno si no puedes pagarlo? —Eleanor puso cara de asco.
—Aiyah, Eleanor, si tú o yo llevamos uno de estos, ¿quién alguna vez pensaría
que son falsos? —dijo Carol—. Todos saben que podemos permitirnos el auténtico.
—Bueno, estos son absolutamente idénticos a los originales. Ni siquiera las
personas que trabajan en Goyard serían capaz de hacer la diferencia —dijo Lorena,
negando con incredulidad—. Solo mira las costuras, el trabajo del cuero, la
etiqueta.
—Se ven así de auténticos porque prácticamente son auténticos, Lorena —
explicó Carol—. Esto es lo que llaman “verdaderas falsificaciones”. Las fábricas
chinas son las que trabajan el cuero para todas las marcas de lujo. Digamos que la
compañía hace un pedido de diez mil unidades, pero en realidad hacen doce mil
unidades. Entonces pueden vender los dos mil restantes en el mercado negro como
“falsificaciones”, a pesar de que están hechas con el mismo cuero que las
auténticas.
—Oigan, señoras, ¡guei doh say, ah91! Esto no es una ganga en absoluto —
exclamó Daisy, examinando una de las etiquetas de precio.
—Aun así, es una ganga. En Singapur este bolso costaría cuatro mil
quinientos. Aquí son quinientos, y se ve exactamente igual —dijo Lorena, sintiendo
la textura distintiva de la cartera.
—¡Dios mío, quiero uno de cada color! —chilló Nadine—. ¡Vi este bolso en la
“It List” del British Tatler el mes pasado!
—Apuesto a que Francesca también querría algunos de estos bolsos —dijo
Lorena.
—Ah no, nunca me atreveré a comprar nada para esa quisquillosa hija mía:
Francesca solo lleva originales, y tienen que ser de la próxima temporada —
respondió Nadine.
Eleanor se aventuró a la habitación contigua, donde se amontonaban los
estantes cargados de ropa. Revisó un traje chaqueta falso de Chanel, negando con
desaprobación ante los botones dorados con las C entrelazadas en las mangas de la
chaqueta. Ella siempre había sentido que usar un vestido de diseñador con un corte
tan estricto, como varias de las mujeres de su edad y entorno social, solo
subrayaban la edad. El estilo de Eleanor era deliberado, prefería la ropa más juvenil
y de moda que encontraba en las boutiques de Hong Kong, París o a donde fuera
que viajara, ya que con esto lograba tres objetivos: Siempre llevar algo distintivo
que nadie más llevaba en Singapur, gastar mucho menos dinero en ropa que el
resto de sus amigas, y parecer una década más joven que la edad que tenía. Volvió a
poner la chaqueta del traje Chanel en su perchero y entró en lo que parecía ser una
habitación dedicada a Hermès, encontrándose nariz con nariz con nada menos que
Jacqueline Ling. Hablado de desafiar la edad, ésta de aquí debió haber hecho un
pacto con el diablo.

91 “Cuesta el ojo de la cara” en cantonés.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Eleanor con sorpresa. Jacqueline era
una de sus personas menos favoritas, pero ni siquiera ella hubiera imaginado que
Jacqueline podría llevar una falsificación de diseñador.
—Acabo de desembarcar del avión y una amiga insistió en que viniera y
compré uno de estos bolsos de cuero de avestruz para ella —dijo Jacqueline, un
poco nerviosa al ser vista por Eleanor en un lugar como este—. ¿Cuánto tiempo
llevas aquí? No es de extrañar que no te haya visto en Tyersall Park anoche.
—Estoy aquí para un fin de semana de spa con algunas amigas. Así qué,
¿estabas en casa de mi suegra para la cena del viernes por la noche? —preguntó
Eleanor, no del todo sorprendida. Jacqueline siempre intentaba hacer la pelota a la
abuela de Nicky cuando visitaba Singapur.
—Sí, Su Yi decidió hacer una pequeña fiesta en el último minuto porque sus
tan huas estaban a punto de brotar. Ella tenía bastantes personas más. Vi a tu
Nicky... y conocí a la chica.
—Bueno, ¿qué te pareció ella? —preguntó Eleanor con impaciencia.
—Oh, ¿todavía no la has conocido? —Jacqueline pensó que Eleanor
seguramente querría evaluar a la intrusa lo antes posible—. Ya sabes, es la típica
chica ABC. Demasiado segura de sí misma y demasiado familiar. Nunca hubiera
pensado que Nicky buscaría a alguien así.
—Solo están saliendo, lah —dijo Eleanor un poco a la defensiva.
—No estaría tan segura de eso si fuera tú. Esta chica ya es la mejor amiga de
Astrid y Oliver, y deberías haber visto la forma en que estaba mirando boquiabierta
a todo lo que rodeaba la casa —dijo Jacqueline, a pesar de que no había
presenciado nada por el estilo.
Eleanor quedó desconcertada por el comentario de Jacqueline, pero pronto
cayó en la cuenta de que, al menos en este punto, sus intereses estaban
singularmente alineados.
—¿Cómo está tu Mandy en estos días? Escuché que está saliendo con un
banquero judío que le dobla la edad.
—Oh, sabes que eso realmente es solo un rumor barato —respondió
rápidamente Jacqueline—. La prensa de allí está tan fascinada con ella, y tratan de
vincularla con todos los hombres elegibles de Nueva York. De todos modos, puedes
preguntarle a Amanda tú misma, volverá para la boda de Khoo.
Eleanor pareció sorprendida. Araminta Lee y Amanda Ling eran archirrivales,
y hace dos meses, Amanda había causado un pequeño escándalo cuando dijo en
Straits Times que “no entendía todo el alboroto de la boda de los Khoo, ella estaba
demasiado ocupada para apresurarse en volver a Singapur para la boda de
cualquier trepador social”92.
En ese momento, Carol y Nadine entraron a la habitación de Hermès. Nadine
reconoció a Jacqueline inmediatamente, habiéndola visto desde lejos hace muchos

92 Los Khoo y los Ling también están relacionados por matrimonio.
años en la gala de estreno de una película. Aquí estaba su oportunidad de ser
presentada.
—Mírate, Elle, siempre encontrándote con personas que conoces dondequiera
que vayas —dijo alegremente.
Carol, que estaba mucho más interesada en los bolsos falsos Kelly de Hermès,
les sonrió desde el otro lado de la habitación, pero continuó de compras, mientras
Nadine se dirigía hacia las damas. Jacqueline miró a la mujer que venía hacia ella,
sorprendida por la enorme cantidad de maquillaje que estaba usando. Dios mío,
esta era esa horrible mujer Shaw, cuyas fotos siempre estaban en las páginas de
sociedad, emperifollada con su hija, igualmente vulgar. Y Carol Tai era la esposa de
ese multimillonario delincuente. Por supuesto que Eleanor estaría mezclándose con
esa gente.
—Jacqueline, encantada de conocerte —dijo Nadine efusivamente,
extendiendo su mano.
—Bueno, debo irme —le dijo Jacqueline a Eleanor, sin hacer contacto visual
con Nadine y caminando ágilmente hacia la salida antes de que la mujer pudiera
reclamar una presentación adecuada.
Cuando Jacqueline salió de la habitación, Nadine comenzó a chillar.
—¡Nunca me dijiste que conocías a Jacqueline Ling! ¡Vaya, ella todavía se ve
impresionante! ¿Qué edad debe tener ahora? ¿Crees que tuvo un estiramiento
facial?
—Alamak, ¡no me preguntes esas cosas a mí, Nadine! ¿Cómo quieres que lo
sepa? —dijo Eleanor sintiéndose irritada.
—Pareces conocerla bastante bien.
—Conozco a Jacqueline desde hace años. Incluso hice un viaje a Hong Kong
con ella hace mucho tiempo, donde no podía dejar de darse en espectáculo, y todos
esos hombres idiotas siguiéndonos a todas partes, proclamando su amor por ella.
Fue una pesadilla.
Nadine quería seguir hablando de Jacqueline, pero la mente de Eleanor ya
estaba en otra parte. Así que Amanda había cambiado de idea y estaba volviendo a
casa para la boda de Colin después de todo. Qué interesante. Por mucho que
detestara a Jacqueline, tenía que admitir que Amanda sería un excelente partido
para Nicky. Las estrellas empezaban a alinearse, y apenas podía esperar a ver qué
datos le esperaban con el informante secreto de Lorena esta noche.
E
l primer indicio de que la despedida de soltera de Araminta no sería un
asunto ordinario ocurrió cuando el taxi de Rachel la dejó en la
Terminal Jet Quay CIP, que servía a la multitud del jet privado. El
segundo indicio vino cuando Rachel entró en el elegante salón y se encontró cara a
cara con veinte chicas que parecían haber pasado las pasadas cuatro horas
arreglando su cabello y maquillaje. Rachel pensó que su atuendo; un top azul
marino con túnica azul combinado con una falda de mezclilla blanca era bastante
lindo, pero ahora parecía un poco desgastado en comparación con las chicas en sus
conjuntos recién salidos de la pasarela. No se veía a Araminta por ninguna parte,
así que Rachel se limitó a sonreírles a todas mientras fragmentos de la
conversación se le venían a la mente.
—Busqué por el mundo ese bolso, e incluso L'Eclaireur en París no pudo
conseguirlo...
—Es un apartamento de tres habitaciones en ese antiguo complejo en
Thompson Road. Tengo la intuición de que será en bloque y que voy a triplicar mi
dinero...
—Dios mío, encontré el mejor lugar nuevo para cangrejo de chile, no vas a
creer dónde...
—Me gustan más las suites de Lanesborough que las de Claridge, pero en
realidad, el Calthorpe es donde quieres estar...
—Tonterías, ¡lah! Signboard Seafood todavía tiene el mejor cangrejo de
chile...
—Eso no es cachemira, ¿sabes? Es vicuña bebé...
—¿Oíste que Swee Lin vendió su Four Seasons por siete punto cinco
millones? Una joven pareja de China Continental lo pagó en efectivo...
Sí, definitivamente este no era su ambiente. De repente, una chica demasiado
bronceada con extensiones falsas de cabello rubio entró al salón gritando:
—¡Araminta acaba de levantarse! —La sala se silenció cuando todos estiraron
el cuello hacia la puerta corrediza de vidrio. Rachel apenas reconoció a la chica que
entró. En lugar de la colegiala con pantalones de pijama de hace unas noches, había
una mujer con un mono color oro mate con botas doradas de tacón de aguja y el
cabello ondulado de color marrón oscuro amontonado en una colmena suelta. Con
una ligera capa de maquillaje aplicado con destreza, sus rasgos de chica se
transformaron en los de una supermodelo.
—¡Rachel, estoy tan contenta de que lo hayas logrado! —dijo emocionada
Araminta, dándole un gran abrazo—. Ven conmigo —dijo, tomando a Rachel de la
mano y llevándola al centro de la habitación—. ¡Hola a todas! Lo primero es lo
primero, quiero presentarles a mi fabulosa nueva amiga Rachel Chu. Está de visita
desde Nueva York, como invitada del padrino de Colin, Nicholas Young. Por favor,
denle una cálida bienvenida. —Todas las miradas estaban puestas en Rachel, que se
ruborizó un poco y no pudo hacer otra cosa que sonreírle educadamente a la
multitud reunida que ahora diseccionaba cada centímetro de ella. Araminta
continuó—: Todas son mis mejores amigas, así que quería darles un regalo especial.
—Hizo una pausa para lograr el efecto—. ¡Hoy nos dirigiremos al complejo de islas
privadas de mi madre en el este de Indonesia! —Hubo boqueadas de asombro por
parte de la multitud—. Esta noche bailaremos en la playa, disfrutaremos de la
deliciosa cocina baja en calorías y nos consentiremos tontamente con tratamientos
de spa todo el fin de semana. Vamos, chicas, ¡empecemos esta fiesta!
Antes de que Rachel pudiera procesar completamente lo que Araminta había
dicho, se les invitó a subir a bordo de un Boeing 737-700 personalizado, donde se
encontró con un espacio dramáticamente elegante con sofás de cuero cosidos a
máquina y mesas de consola color verde brillante.
—¡Araminta, esto es demasiado! ¿Este es el nuevo avión de tu padre? —
preguntó incrédula una de las chicas.
—En realidad, es de mi madre. Comprado de un oligarca en Moscú que
necesitaba bajar su perfil y esconderse, por lo que escuché.
—Bueno, esperemos que nadie tire este avión por error, entonces —bromeó la
chica.
—No, no, hicimos que lo re pintaran. Solía ser azul cobalto y, por supuesto, mi
madre tuvo que hacer su cambio de imagen de Zen. La repintaron tres veces antes
de quedar satisfecha con el tono correcto de blanco glaciar.
Rachel entró en la siguiente cabina y se encontró con dos chicas charlando
animadamente.
—¡Te dije que era ella!
—No es para nada lo que esperaba. Quiero decir, se supone que su familia es
una de las más ricas de Taiwán, y aparece luciendo como...
Al notar a Rachel, las chicas se callaron bruscamente y le sonrieron
tímidamente antes de huir por el pasillo. Rachel no había prestado atención a su
intercambio, estaba demasiado distraída con las bancas de cuero gris paloma y las
hermosas lámparas de níquel pulido que se extendían desde el techo. Una pared
estaba bordeada por un banco de televisores de pantalla plana, mientras que la otra
consistía en estantes plateados colgados con las últimas revistas de moda.
Araminta entró a la cabina, llevando a algunas chicas en una gira.
—Aquí está la biblioteca con barra oblicua. ¿No les encanta lo acogedora que
es? Ahora permítanme mostrarles mi espacio favorito en el avión, ¡el estudio de
yoga! —Rachel siguió al grupo hasta la habitación contigua, en total incredulidad
de que hubiera gente lo suficientemente rica como para instalar un estudio de yoga
ayurvédico de vanguardia con incrustaciones en las paredes de guijarros y pisos de
pino con calefacción en su jet privado.
Un grupo de chicas entró chillando de risa.
—¡Alamak, Francesca, ya arrinconé a ese afectuoso mayordomo italiano y me
apoderé del dormitorio principal! —exclamó la chica excesivamente bronceada con
su acento de sonsonete.
Araminta frunció el ceño con disgusto.
—Wandi, dile que el dormitorio está fuera de los límites, y también Gianluca.
—Tal vez todos deberíamos estar exaltados con el club de un kilómetro con
estos sementales italianos —dijo una de las chicas risueñas.
—¿Quién necesita ser incluido? He sido miembro desde que tenía trece años
—se jactó Wandi, echándose hacia atrás su cabello con mechas rubias.
Rachel, sin palabras, decidió abrocharse el cinturón del sillón más cercano y
prepararse para el despegue. La chica de aspecto recatado que estaba sentada a su
lado sonrió.
—Te acostumbrarás a Wandi. Es una Meggaharto, ¿sabes? No creo que
necesites que te cuente cómo es esa familia. Por cierto, soy Parker Yeo. ¡Conozco a
tu prima Vivian! —dijo.
—Lo siento, pero no tengo una prima llamada Vivian —respondió Rachel
entretenida.
—¿No eres Rachel Chu?
—Sí.
—¿No es tu prima Vivian Chu? ¿Tu familia no es propietaria de Taipei
Plastics?
—Dios, no —dijo Rachel, tratando de no poner los ojos en blanco—. Mi familia
es originaria de China.
—Oh, lo siento, mi error. Entonces ¿qué hace tu familia?
—Uh, mi madre es agente de bienes raíces en el área de Palo Alto. ¿Quiénes
son estas personas de Taipei Plastics de las que todos siguen hablando?
Parker simplemente sonrió.
—Te lo diré, pero discúlpame por un momento. —Se desabrochó el cinturón
de seguridad y se dirigió hacia la cabina trasera. Era la última vez que Rachel la
vería durante todo el vuelo—. Chicas, ¡tengo la primicia de todas las primicias! —
Parker irrumpió con las chicas abarrotadas en la cabina principal—. Estaba sentada
al lado de esa chica, Rachel Chu, ¿y adivina qué? ¡No está relacionada con los
Taipei Chus! ¡Ni siquiera ha oído hablar de ellos!
Francesca Shaw, descansando en medio de la cama, le dirigió a Parker una
mirada fulminante.
—¿Eso es todo? Podría haberte dicho eso hace meses. Mi madre es la mejor
amiga de la madre de Nicky Young, y sé lo suficiente sobre Rachel Chu para hundir
un barco.
—Vamos, lah, ¡danos toda la suciedad! —suplicó Wandi, saltando arriba y
abajo en la cama con anticipación.
***
Después de un aterrizaje dramático en una pista peligrosamente corta, Rachel
se encontró en un elegante catamarán blanco, la salada brisa del océano azotaba su
cabello mientras se dirigían hacia una de las islas más remotas. El agua era de un
tono casi cegador de color turquesa, interrumpida por pequeñas islas que caían
sobre la tranquila superficie aquí y allá como trozos de crema fresca. Pronto el
catamarán dobló bruscamente hacia una de las islas más grandes y, a medida que
se acercaban, apareció una llamativa serie de edificios de madera con doseles
ondulantes.
Este era el paraíso ideado por la madre hotelera de Araminta, Annabel Lee,
que no escatimó en gastos para crear el retiro definitivo de acuerdo con su exigente
visión de lo que debe ser el lujo moderno y elegante. La isla, en realidad solo un
escupitajo de coral de un cuarto de kilómetro de longitud, consistía en treinta villas
construidas sobre pilotes que se extendían sobre los arrecifes de coral poco
profundos. Cuando el bote se detuvo en el embarcadero, una fila de camareros
vestidos con uniformes de color azafrán permanecieron de pie, rígidos, sosteniendo
las bandejas de mojitos de Lucite.
Primero ayudaron a Araminta a salir del bote, y cuando todas las chicas se
reunieron en el muelle con cócteles en la mano, anunció:
—¡Bienvenidas a Samsara! En sánscrito, la palabra significa “fluir”, pasar por
estados de existencia. Mi madre quería crear un lugar especial donde pudieras
experimentar el renacimiento, donde pudieras pasar a través de diferentes niveles
de dicha. Entonces esta isla es nuestra, y espero que encuentren su felicidad
conmigo este fin de semana. Pero primero, organicé una juerga de compras en la
boutique del complejo. Chicas, como un regalo de mi madre, cada una de ustedes
puede escoger cinco conjuntos nuevos. Y para hacer esto un poco más divertido, y
también porque no quiero perderme los cócteles al atardecer, haremos de esto un
desafío. Les doy solo veinte minutos para comprar. ¡Tomen lo que puedan, porque
en veinte minutos, la boutique se cerrará! —Las chicas gritaron emocionadas y
comenzaron a correr locamente por el embarcadero.
Con sus suaves paredes barnizadas de nácar, los suelos de teca javaneses y las
ventanas que daban a una laguna, la Colección Samsara era normalmente un
refugio de civilizada tranquilidad. Hoy era como Pamplona durante el encierro de
toros mientras las chicas cargaban y saqueaban el lugar en busca de atuendos que
se superaran entre sí. Un forcejeo fashionista estalló cuando comenzaron a romper
la las piezas más codiciadas.
—¡Lauren, suelta esta falda Collette Dinnigan antes de que la rompas en
pedazos!
—¡Wandi, perra, vi a Tomas Maier primero y nunca te quedará con tus
nuevos pechos!
—¡Parker, deja esas sandalias Pierre Hardy o te arrancaré los ojos con estos
tacones de aguja de Nicholas Kirkwood!
Araminta se sentó en un mostrador saboreando la escena, añadiendo más
tensión a su pequeño juego al gritar el tiempo restante a intervalos de un minuto.
Rachel intentó alejarse del alboroto, refugiándose en un estante que el resto de las
chicas ignoraba, probablemente porque no había ninguna etiqueta reconocible
rápidamente en ninguna de las prendas. Francesca estaba parada en un estante
cercano revisando la ropa como si estuviera examinando fotos médicas de
deformidades genitales.
—Esto es imposible. ¿Quiénes son todos estos diseñadores sin nombre? —le
gritó a Araminta.
—¿Qué quieres decir con “sin nombre”? Alexis Mabille, Thakoon, Isabel
Marant, mi madre selecciona personalmente a los mejores diseñadores para esta
boutique —dijo Araminta a la defensiva.
Francesca echó hacia atrás sus largos y ondulados rizos negros y olfateó.
—Sabes que solo uso a seis diseñadores: Chanel, Dior, Valentino, Etro, mi
querida amiga Stella McCartney y Brunello Cucinelli para los fines de semana en el
campo. Ojalá me hubieras dicho que vendríamos aquí, Araminta. Podría haber
traído mi última vestimenta de Chanel. Compré toda la colección de esta
temporada en el beneficio de la moda Christian Helpers de Carol Tai.
—Bueno, supongo que tendrás que vivir en una casucha durante dos noches
sin tu Chanel —replicó Araminta. Le dirigió a Rachel un guiño de conspiración y
susurró—: Cuando conocí a Francesca en la escuela dominical, tenía rostro redondo
y era regordeta y llevaba ropa usada. Su abuelo era un famoso avaro y toda la
familia vivía hacinada en una vieja tienda de Emerald Hill.
—Eso es difícil de imaginar —dijo Rachel, mirando el maquillaje
perfectamente ejecutado de Francesca y el vestido con volantes de color verde
esmeralda.
—Bueno, su abuelo tuvo un masivo ataque y entró en coma, y sus padres
finalmente obtuvieron el control de todo el dinero. Casi de la noche a la mañana,
Francesca se puso pómulos nuevos y un vestuario de París; no creerás lo rápido que
ella y su madre se transformaron. Hablando de rápido, los minutos se están
acabando, Rachel, ¡deberías ir de compras!
A pesar de que Araminta había invitado a todas a elegir cinco piezas, Rachel
no se sentía cómoda aprovechándose de su generosidad. Escogió una bonita blusa
de lino blanco con pequeños volantes a lo largo de las mangas y se encontró con un
par de vestidos de cóctel veraniegos hechos con la batista de seda más liviana, que
le recordaban los simples vestidos de turno que llevaba Jacqueline Kennedy en los
años sesenta.
Mientras Rachel se probaba la blusa blanca en el vestidor, escuchó a dos
chicas en el siguiente vestidor conversando.
—¿Viste lo que llevaba? ¿De dónde sacó esa túnica de aspecto tan barato, de
Mango?
—¿Cómo puedes esperar que tenga estilo? ¿Crees que lo consigue leyendo
American Vogue? Jajaja.
—En realidad, Francesca dice que ni siquiera es ABC, ¡nació en China
Continental!
—¡Lo sabía! Tiene la misma mirada desesperada que todos mis sirvientes.
—¡Bien, aquí hay una posibilidad de que consiga ropa decente por fin!
—Solo mira, ¡con todo ese dinero de Young va a mejorar bastante rápido!
—Ya veremos, todo el dinero del mundo no puede comprarte gusto si no
naciste con él.
Rachel de pronto se dio cuenta que las chicas estaban hablando de ella.
Sacudida, salió precipitadamente del camerino, casi chocando contra Araminta.
—¿Estás bien? —preguntó Araminta.
Rachel se recuperó rápidamente.
—Sí, sí, solo tratando de no quedar atrapada en el pánico, eso es todo.
—¡Es el pánico lo que lo hace tan divertido! Veamos qué encontraste —dijo
emocionada Araminta—. Oh, ¡tienes un gran ojo! Esos son realizados por un
diseñador javanés que pinta a mano todos los vestidos.
—Son muy encantadores. Déjame pagar por esto. No puedo aceptar la
generosidad de tu madre. Quiero decir, ni siquiera me conoce —dijo Rachel.
—¡Disparates! Son tuyos. Y mi madre está deseando conocerte.
—Bueno, tengo que dárselo, creó una gran tienda. Todo es tan único que me
recuerda la forma en que se viste la prima de Nick.
—¡Ah, Astrid Leong! “La Diosa”, como solíamos llamarla.
—¿En serio? —Rachel se rió.
—Sí. Todos la adorábamos absolutamente cuando éramos colegialas; siempre
se veía tan fabulosa, tan elegante sin esfuerzo.
—Se veía increíble anoche —reflexionó Rachel.
—Oh, ¿la viste anoche? Dime exactamente qué llevaba puesto —preguntó
Araminta ansiosamente.
—Tenía una blusa blanca sin mangas con los paneles de encaje más
delicadamente bordados que he visto en mi vida, y un par de pantalones de seda
gris de Audrey Hepburn.
—¿Diseñados por...? —insistió Araminta.
—No tengo idea. Pero, oh, lo que realmente se destacaba eran estos
pendientes que se parecían a los espejuelos que tenía, parecían atrapa sueños
navajos, excepto que estaban hechos completamente de gemas preciosas.
—¡Qué fabuloso! Desearía saber quién diseñó esos —dijo Araminta
atentamente.
Rachel sonrió, cuando un lindo par de sandalias en el fondo de un armario
balinés de repente llamó su atención. Perfectos para la playa, pensó, acercándose
para ver mejor. Eran un poco demasiado grandes, así que Rachel regresó a su
sección, solo para descubrir que dos de sus atuendos; la blusa blanca y uno de los
vestidos de seda pintados a mano, habían desaparecido.
—Oye, ¿qué pasó con mi…? —comenzó a preguntar.
—¡Se acabó el tiempo, chicas! ¡La boutique ahora está cerrada! —declaró
Araminta.
Aliviada de que la juerga de compras finalmente hubiera terminado, Rachel
fue en busca de su habitación. Su tarjeta decía “Villa no. 14” así que siguió las
indicaciones hacia el embarcadero central que serpenteaba en medio del arrecife de
coral. La villa era un búngalo de madera ornamentada con paredes de coral pálido
y muebles blancos y aireados. En la parte posterior, un conjunto de puertas de
pantalla de madera se abría a una cubierta con escalones que conducían
directamente al mar.
Rachel se sentó al borde de los escalones y metió los dedos de los pies en el
agua. Era absolutamente genial y tan superficial que podía hundir los pies en la
arena blanca y acolchada. Apenas podía creer dónde estaba. ¿Cuánto costaría este
búngalo por noche? Siempre se preguntó si tendría la suerte de visitar un complejo
como este una vez en su vida, para su luna de miel, tal vez, pero nunca esperó
encontrarse aquí para una despedida de soltera. De repente, echaba de menos a
Nick, y deseó que pudiera estar aquí para compartir este paraíso privado con ella.
Fue por él que repentinamente había sido empujada a este estilo de vida jet-set, y
se preguntó dónde podría estar en este mismo momento. Si las chicas fueron a un
centro turístico en la isla en el Océano Índico, ¿a qué parte del mundo se fueron los
chicos?
—P
or favor, dime que no montaremos uno de esos. —Mehmet
Sabançi hizo una mueca hacia Nick mientras bajaban del avión
y veía la flota de Rolls-Royce Phantoms estirados y blancos que
los esperaban.
—Oh, este es el típico Bernard. —Nick sonrió, preguntándose qué era
Mehmet, un estudioso de clásicos que provenía de una de las familias más patricias
de Estambul, cuando vio a Bernard Tai salir de una limusina con un blazer a rayas
verde menta, ascot anaranjado de Paisley, y mocasines de gamuza amarilla. El
único hijo de dato Tai Toh Lui, Bernard era famoso por sus “valientes declaraciones
de vestuario” (como lo describió tan diplomáticamente Singapur Tattle) y por ser
el mayor bon vivant de Asia, siempre organizando fiestas salvajes en cualquier
resort de jet-set de louche. La moda de ese año, siempre con los DJ más modernos,
las bebidas más espectaculares, las chicas más atractivas y, en muchos susurros, las
mejores drogas.
—¡Negros en Macao! —Bernard se alegró, levantando su estilo de rapero de
brazos.
—¡B. Tai! ¡No puedo creer que nos hayas hecho volar en esa vieja lata de
sardinas! Tu G5 tuvo un tiempo de escalada en el que podría haberme dejado
crecer la barba. Deberíamos haber tomado el Falcon 7X de mi familia —se quejó
Evan Fung (de Fung Electronics Fungs).
—¡Mi padre está esperando que el G650 se ponga en servicio, y luego podrás
besarme el trasero, Fungus! —replicó Bernard.
Roderick Liang (del Liang Finance Group Liangs) intervino:
—Soy un hombre de Bombardier. Nuestro Global 6000 tiene una cabina tan
grande, que puedes hacer volteretas por el pasillo.
—¿Podrían ah guahs93 dejar de comparar el tamaño de sus aviones e irnos a
los casinos, por favor? —intervino Johnny Pang (su madre es una Aw, de esas Aws).
—Bueno, muchachos, agárrense las pelotas, porque tengo un regalo especial
para todos —declaró Bernard.
Nick trepó con cansancio a uno de los autos tipo tanque, esperando que el fin
de semana de soltero de Colin transcurriera sin incidentes. Colin había estado
nervioso toda la semana, y dirigiéndose a la capital de apuestas del mundo con un
grupo de muchachos alimentados con testosterona y whisky era una receta para el
desastre.

93 El equivalente Singlish de “marica” o “hada” en Hokkien.
—Esta no era la reunión de Oxford que esperaba —le dijo Mehmet a Nick en
voz baja.
—Bueno, aparte de su primo Lionel y de nosotros, no creo que Colin conozca a
nadie aquí tampoco —comentó Nick con ironía, mirando a algunos de los otros
pasajeros. La alineación de los principitos de Pekín y los mocosos de los fondos
fiduciarios taiwaneses eran definitivamente más gente de Bernard.
Mientras el convoy de Rolls-Royces pasaba a toda velocidad por la carretera
costera que bordeaba la isla, gigantescas vallas publicitarias que mostraban los
nombres de los casinos podían verse a kilómetros de distancia. Pronto aparecieron
los complejos de juegos como pequeñas montañas, enormes bloques de vidrio y
concreto que palpitaban con colores espeluznantes en la neblina de media tarde.
—Es como Las Vegas, excepto que tiene vista al mar —dijo Mehmet con
asombro.
—Las Vegas es la piscina de niños. Aquí es donde los verdaderos grandes
jugadores vienen a jugar —comentó Evan94.
Mientras los Rolls pasaban por las estrechas callejuelas de Felicidade en el
casco antiguo de Macao, Nick admiró las coloridas filas de las tiendas portuguesas
del siglo XIX, pensando que este podría ser un buen lugar para traer a Rachel
después de la boda de Colin. Las limusinas finalmente se detuvieron frente a una
fila de tiendas sucias en la rua de Alfandega. Bernard llevó al grupo a lo que parecía
ser un viejo boticario chino con vitrinas de vidrio rayado que vendían raíz de
ginseng, nidos de aves comestibles, aletas de tiburón secas, colmillos de
rinoceronte falsos y todo tipo de curiosidades herbales. Unas cuantas ancianas
estaban sentadas frente a un pequeño televisor, viendo una telenovela cantonesa,
mientras un delgado chino como un tren con una desteñida camisa hawaiana se
apoyaba en el respaldo mirando al grupo con expresión aburrida.
Bernard miró al hombre y preguntó descaradamente:
—Estoy aquí para comprar ginseng royal jelly.
—¿De qué tipo quiere? —dijo el tipo desinteresadamente.
—Príncipe de la Paz.
—¿Qué tamaño de tarro?
—De dos kilos.
—Déjeme ver si tenemos algo. Sígame —dijo el hombre, su voz cambió
repentinamente a un acento australiano bastante inesperado. El grupo lo siguió
hacia la parte trasera de la tienda y a través de un oscuro almacén forrado de piso a
techo con hileras de cajas de cartón prolijamente apiladas. Cada caja tenía el sello
“China Ginseng para Exportación Únicamente”. El hombre empujó ligeramente
una pila de anchas cajas en la esquina, y toda la sección pareció desplomarse hacia
atrás sin esfuerzo, revelando un largo pasadizo que brillaba con luces LED de color

94 Con 1.500 millones de ansiosos jugadores en el continente, los ingresos anuales por juegos

de azar de Macao superan los $20 mil millones, es decir, tres veces más de lo que recibe Las Vegas
cada año. (Celine Dion, ¿dónde estás?).
azul cobalto—. Justo aquí —dijo. Mientras los chicos vagaban por el pasillo, el
rugido amortiguado se hizo cada vez más fuerte, y al final del pasillo, las puertas de
cristal ahumado se abrieron automáticamente para revelar una vista asombrosa.
El espacio, que se asemejaba a una especie de gimnasio cubierto con gradas a
ambos lados de un pozo hundido, estaba repleto solo con una bulliciosa multitud
vitoreando. A pesar de que no podían ver más allá de la audiencia, podían escuchar
los gruñidos de perros que se cuajaban de sangre en la carne del otro.
—¡Bienvenidos a la arena de peleas de perros más grande del mundo! —
anunció Bernard con orgullo—. Aquí solo usan los mastines de Presa Canario, son
cien veces más despiadados que los pitbulls. ¡Esto será un maldito shiok95,
hombres!
—¿Dónde hacemos las apuestas? —preguntó Johnny con entusiasmo.
—Eh... ¿no es esto ilegal? —preguntó Lionel, mirando nerviosamente la jaula
de combate principal. Nick podía decir que Lionel quería apartar la mirada, pero se
sentía curioso ante la escena de dos enormes perros, todos músculos, nervios y
colmillos, rodando ferozmente en un pozo manchado con su propia sangre.
—¡Por supuesto que es ilegal! —respondió Bernard.
—No sé sobre esto, Bernard. Colin y yo no podemos arriesgarnos a ser
atrapados en una pelea de perros ilegal justo antes de la boda —continuó Lionel.
—¡Eres un típico singapurense! ¡Qué miedo de todo! No seas tan jodidamente
aburrido —dijo Bernard despectivamente.
—Ese no es el punto, Bernard. Esto es simplemente cruel —intervino Nick.
—Alamak, ¿eres miembro de Greenpeace? ¡Eres testigo de una gran tradición
deportiva! Estos perros han sido criados durante siglos en las Islas Canarias para
no hacer nada más que pelear —dijo Bernard resoplando, entrecerrando los ojos.
El canto de la multitud se hizo ensordecedor cuando el partido llegó a su
espeluznante clímax. Ambos perros se habían agarrado fuertemente a la garganta
del otro, encerrados en una llave de choque, y Nick pudo ver que la piel alrededor
de la garganta del perro marrón estaba medio arrancada, aleteando contra el hocico
del otro perro.
—Bueno, ya he visto suficiente. —Hizo una mueca, dándole la espalda a la
pelea.
—Vamos, lah. ¡Esta es una FIESTA DE DESPEDIDA DE SOLTERO! No te
metas en mi diversión, Nickyboy —gritó Bernard sobre el canto. Uno de los perros
lanzó un agudo chillido cuando el otro mastín se incrustó en la parte blanda de su
vientre.
—No hay nada de divertido en esto —dijo Mehmet con firmeza, con náuseas
ante la vista de la fresca sangre caliente que salpicaba por todas partes.

95 Término de argot malayo usado para denotar una experiencia que es sorprendente o algo

(generalmente comida) que es fuera de este mundo.
—Ay, bhai singh96, ¿no hay una tradición de mierda de cabras en tu país? ¿No
creen que la vagina de las cabras es lo más parecido a la verdadera vagina? —
replicó Bernard.
La mandíbula de Nick se tensó, pero Mehmet solo se rió.
—Parece que estás hablando por experiencia.
Bernard ensanchó su nariz, tratando de averiguar si debería sentirse
insultado.
—Bernard, ¿por qué no te quedas? Aquellos que no quieran estar aquí pueden
ir al hotel primero, y todos podremos vernos más tarde —sugirió Colin, tratando de
interpretar al diplomático.
—Suena bien.
—Está bien, entonces, llevaré al grupo al hotel y nos encontraremos en…
—¡Wah lan97! ¿Organicé esto especialmente para ti, y no te vas a quedar? —
Bernard sonaba frustrado.
—Eh... para ser honesto, tampoco me importa esto —dijo Colin, tratando de
parecer culpable.
Bernard hizo una pausa por un momento, supremamente en conflicto. Quería
disfrutar de las peleas de perros, pero al mismo tiempo quería que todos
presenciaran los profusos besos que recibiría de la gerencia del hotel desde el
momento en que llegaran al complejo.
—Kay lah, es tu fiesta —murmuró Bernard malhumorado.
***
El suntuoso vestíbulo del Wynn Macao contaba con un gran mural dorado en
el techo que mostraba animales del zodíaco chino, y al menos la mitad del grupo
reunido se sintió aliviado de que fuera un lugar donde los animales estaban
cubiertos de oro de veintidós quilates en lugar de sangre. En la recepción, Bernard
estaba teniendo uno de los ajustes clásicos por los que era famoso en todo el
mundo.
—¿Qué mierda? Soy un VVIP aquí, y reservé la suite más cara de este hotel
hace casi una semana. ¿Cómo no puede estar lista? —dijo Bernard enfurecido al
gerente.
—Me disculpo, señor Tai. La hora de salida del Penthouse Presidencial es a las
cuatro en punto, por lo que los huéspedes anteriores aún no han desocupado la
habitación. Pero tan pronto como lo hagan, tendremos la suite atendida y
entregada para usted en un santiamén —dijo el gerente.
—¿Quiénes son esos bastardos? ¡Apuesto a que son Hongkies! ¡Esos ya ya98
Hongkies siempre piensan que son dueños del mundo!

96 Indulgencia racial para una persona sij, utilizada en este caso para referirse a cualquiera de
los orígenes de Oriente Medio.
97 Ese término extremadamente popular y versátil se puede usar (dependiendo del tono) para

transmitir cualquier cosa, desde “oh vaya” hasta “oh mierda” en Hokkien.
El gerente nunca borró su sonrisa durante la diatriba de Bernard. No quería
hacer nada para poner en peligro el negocio del hijo de dato Tai Toh Lui, el chico
era un perdedor tan brillante en las mesas de bacará.
—Algunas de las suites de gran salón reservadas para su fiesta están listas.
Permítame acompañarlo allí con algunas botellas de su Cristal favorito.
—¡No voy a ensuciar el pie de mi Tod en uno de esos agujeros de rata! Quiero
mi dúplex o nada —dijo Bernard petulantemente.
—Bernard, ¿por qué no visitamos el casino primero? —sugirió tranquilamente
Colin—. Es lo que hubiéramos hecho de todas formas.
—Iré al casino, pero ustedes necesitan darnos el mejor salón de juego privado
VVIP en este momento —le exigió Bernard al gerente.
—Por supuesto, por supuesto. Siempre tenemos nuestro salón de juego más
exclusivo disponible para usted, señor Tai —dijo el gerente con destreza.
En ese momento, Alistair Cheng entró al vestíbulo, luciendo un poco
desaliñado.
—¡Alistair, estoy tan feliz que nos hayas encontrado! —lo saludó Colin con
entusiasmo.
—Te dije que no sería un problema. Hong Kong está a solo treinta minutos en
hidroplano, y conozco Macao como la palma de mi mano. Solía faltar a la escuela y
venir aquí todo el tiempo con mis compañeros de clase —dijo Alistair. Vio a Nick y
se acercó para darle un abrazo.
—Aiyoh, qué dulce. ¿Este es tu novio, Nickyboy? —dijo Bernard
burlonamente.
—Alistair es mi primo —respondió Nick.
—Así que jugaron con los penes de los demás mientras crecían —se burló
Bernard, riéndose de su propia broma.
Nick lo ignoró, preguntándose cómo era posible que Bernard no hubiera
cambiado ni un poco desde que estaban en la primaria. Se volvió hacia su primo y
le dijo:
—Oye, pensé que vendrías a visitarme a Nueva York esta primavera. ¿Qué
pasó?
—Una chica pasó, Nick.
—¿De verdad? ¿Quién es la afortunada?
—Su nombre es Kitty. Es una actriz increíblemente talentosa de Taiwán. La
conocerás la próxima semana. La llevaré a la boda de Colin.
—Vaya, no puedo esperar a conocer a la chica que finalmente le robó el
corazón al rompecorazones —bromeó Nick. Alistair tenía solo veintiséis años, pero
su atractivo aspecto y su relajado carácter lo habían hecho famoso por dejar un
rastro de corazones rotos en toda la Cuenca del Pacífico. (Aparte de ex novias en

98 Una jerga de Singlish de origen javanés que significa “arrogante”, “presumido”.
Hong Kong, Singapur, Tailandia, Taipéi, Shanghái y una aventura de verano en
Vancouver, cuando la hija de un diplomático en su universidad en Sídney se
obsesionó tanto con él que intentó tomar una sobredosis con Benadryl solo para
llamar su atención).
—Oye, me enteré de que trajiste a tu novia a Singapur también —dijo Alistair.
—La palabra viaja rápido, ¿no?
—Mi madre lo escuchó de Radio One Asia.
—Sabes, estoy empezando a sospechar que Cassandra me tiene bajo vigilancia
—dijo Nick irónicamente.
El grupo entró en el extenso casino donde las mesas de juego parecían brillar
con una luz dorada y melocotón. Colin cruzó la opulenta alfombra con dibujos de
anémonas de mar y se acercó a la mesa de espera de Texas.
—Colin, los salones VIP están en esta dirección —dijo Bernard, tratando de
guiar a Colin hacia los suntuosos salones reservados para los grandes apostadores.
—Pero es más divertido jugar al póquer de cinco dólares —argumentó Colin.
—¡No, no, somos magnates, hombre! Creé toda esa escena con el gerente solo
para poder tener la mejor sala VIP. ¿Por qué querrías mezclarte con todos estos
malolientes de Continentales aquí? —dijo Bernard.
—Déjame jugar un par de rondas aquí y luego iremos a la sala VIP, ¿de
acuerdo? —suplicó Colin.
—Me reuniré contigo, Colin —dijo Alistair, deslizándose en un asiento.
Bernard sonrió con fuerza, luciendo como un rabioso terrier de Boston.
—Iré a nuestra sala VIP. No puedo jugar en estas mesas para niños, solo me
pongo duro cuando apuesto al menos treinta mil por mano —dijo con un
resoplido—. ¿Quién está conmigo? —La mayoría del séquito de Bernard se separó
de él, con excepción de Nick, Mehmet y Lionel. La cara de Colin se nubló.
Nick tomó el otro asiento al lado de Colin.
—Tengo que advertirles, chicos, dos años en Nueva York me convirtieron en
un gran jugador de cartas. Prepárense para ser educados por el maestro... Colin,
¿me recuerdas qué juego es este? —dijo, tratando de aligerar el estado de ánimo.
Cuando el crupier comenzó a colocar hábilmente las cartas sobre la mesa, Nick se
enfureció silenciosamente. Bernard siempre había sido un alborotador. ¿Por qué
las cosas deberían ser diferente este fin de semana?

SINGAPUR, 1986
Todo sucedió tan rápido, que lo siguiente que Nick recordó fue la sensación de
frío y húmedo barriendo contra su cuello y uno extraño rostro que lo miraba. Piel
oscura, pecas, una mata de cabello castaño oscuro.
—¿Estás bien? —preguntó el chico oscuro.
—Creo que sí —dijo Nick, su visión volvió a concentrarse. Toda su espalda
estaba empapada en agua fangosa de ser empujado a la zanja. Se levantó
lentamente y miró a su alrededor para ver a Bernard viéndolo con rostro de asco,
con los brazos cruzados como un anciano enojado.
—¡Voy a decirle a tu madre que me golpeaste! —le gritó Bernard al muchacho.
—Y voy a decirle a tu madre que eres un matón. Además, no te pegué,
simplemente te empujé —respondió el niño.
—¡No era asunto tuyo! ¡Estoy tratando de enseñarle a este pequeño cobarde
una lección! —gruñó Bernard.
—Vi la forma en que lo empujaste a la zanja. Podrías haberlo lastimado
realmente. ¿Por qué no escoges a alguien de tu tamaño? —respondió el chico con
calma, no menos intimidado por Bernard.
En ese momento, una limusina Mercedes de color dorado metálico se detuvo
en la entrada de la escuela. Bernard miró el automóvil brevemente, y luego se
volvió hacia Nick.
—Esto no ha terminado. Prepárate para la segunda parte mañana. ¡Realmente
los voy a hum tum99! —Se metió en el asiento trasero del auto, dio un portazo y se
fue.
El chico que había venido al rescate de Nick lo miró y dijo:
—¿Estás bien? Tu codo está sangrando.
Nick bajó la mirada y notó el rasguño sangriento en su codo derecho. No
estaba seguro de qué hacer al respecto. En cualquier momento, uno de sus padres
podría llegar a recogerlo, y si resultaba ser su madre, sabía que se pondría a gan
cheong100 si lo veía sangrando así. El niño sacó un pañuelo blanco perfectamente
doblado de su bolsillo y se lo dio a Nick.
—Ten, usa esto —dijo.
Nick tomó el pañuelo de su salvador y lo sostuvo contra su codo. Había visto a
ese chico cerca. Colin Khoo. Había sido transferido en este semestre, y era difícil
pasarlo por alto, con su piel de caramelo oscuro y cabello ondulado con la extraña
raya marrón clara en el frente. No estaban en la misma clase, pero Nick había
notado durante la educación física que el niño había practicado natación solo con el
entrenador Lee.
—¿Qué hiciste para enojar tanto a Bernard? —preguntó Colin.
Nick nunca había escuchado a alguien usar el término “enojar” antes, pero
sabía lo que significaba.
—Lo atrapé tratando de hacer trampa en mi examen de matemáticas, así que
le dije a la señorita Ng. Se metió en problemas y lo enviaron a la oficina del vice
director Chia, así que ahora quiere pelear.
—Bernard intenta pelear con todos —dijo Colin.

99 Argot malayo que significa golpear, pegar o, básicamente, patear el trasero de alguien.
100 “Pánico”, “ansioso” en cantonés.
—¿Eres buen amigo de él? —preguntó Nick con cuidado.
—Realmente no. Su padre hace negocios con mi familia, así que me dicen que
debo ser amable con él —dijo Colin—. Pero, a decir verdad, no puedo soportarlo.
Nick sonrió.
—¡Uf! ¡Por un segundo, pensé que Bernard realmente tenía un amigo!
Colin se rió.
—¿Es cierto que eres de América? —preguntó Nick.
—Nací aquí, pero me mudé a Los Ángeles cuando tenía dos años.
—¿Cómo es L.A.? ¿Vivías en Hollywood? —preguntó Nick. Nunca había
conocido a alguien de su edad que hubiera vivido en América.
—No en Hollywood. Pero no estábamos muy lejos, vivíamos en Bel Air.
—Me gustaría visitar Universal Studios. ¿Alguna vez viste estrellas de cine
famosas?
—Todo el tiempo. No es gran cosa cuando vives allí. —Colin miró a Nick,
como si lo evaluara por un momento, antes de continuar—. Voy a decirte algo, pero
primero debes jurar que no se lo contarás a nadie.
—Bueno. Claro —respondió Nick seriamente.
—Di, “lo juro”.
—Lo juro.
—¿Has oído hablar de Sylvester Stallone?
—¡Por supuesto!
—Era mi vecino —dijo Colin, casi en un susurro.
—Vamos, eso es una mierda —dijo Nick.
—No te estoy engañando. Es la verdad. Tengo una foto firmada de Stallone en
mi habitación —dijo Colin.
Nick saltó la barandilla de metal frente a la zanja, equilibrándose ágilmente
sobre la delgada barandilla mientras se movía adelante y atrás como un
equilibrista.
—¿Por qué estás aquí tan tarde? —inquirió Colin.
—Siempre me quedo tarde. Mis padres están muy ocupados, a veces se
olvidan de recogerme. ¿Por qué estás aquí?
—Tuve que tomar una prueba especial en mandarín. No piensan que soy lo
suficientemente bueno, a pesar de que tomé clases todos los días en Los Ángeles.
—Yo también soy malo en mandarín. Es mi materia menos favorita.
—Únete al club —dijo Colin, saltando la barandilla con él. En ese momento,
un gran auto negro vendimia se detuvo. Acomodada en el asiento trasero estaba la
mujer más curiosa que Nick había visto nunca. Era corpulenta con el mentón doble
más inmenso, probablemente de unos sesenta años, vestida completamente de
negro con un sombrero negro y un velo negro sobre el rostro, que estaba
empolvado en un extremo tono blanco. Parecía una aparición sacada de una
película muda.
—Aquí está mi viaje —dijo Colin con entusiasmo—. Hasta luego. —El chofer
uniformado salió y abrió la puerta para Colin.
Nick notó que la puerta del automóvil se abría frente a la puerta, como solían
hacer otros automóviles, hacia afuera desde el extremo más cercano a la puerta del
conductor. Colin se subió junto a la mujer, que se inclinó para besarlo en la mejilla.
Miró por la ventana a Nick, claramente avergonzado de que Nick hubiera sido
testigo de esa escena. La mujer señaló a Nick, hablando con Colin mientras el auto
se detenía. Un momento después, Colin saltó del automóvil de nuevo.
—Mi abuela quiere saber si necesitas que te lleven a casa —preguntó Colin.
—No, no, mis padres están en camino —respondió Nick. La abuela de Colin
bajó la ventanilla e hizo un gesto hacia Nick para que se acercara. Nick se acercó
vacilante. La anciana parecía bastante aterradora.
—Son casi las siete en punto. ¿Quién vendrá a buscarte? —preguntó con
preocupación, notando que ya estaba oscureciendo.
—Probablemente mi papá —dijo Nick.
—Bueno, es demasiado tarde para que estés esperando aquí solo. ¿Cuál es el
nombre de tu padre?
—Philip Young.
—¡Dios mío, el muchacho de Philip Young-James! ¿Sir James Young es tu
abuelo?
—Sí, lo es.
—Conozco a tu familia muy bien. Conozco a todas tus tías: Victoria, Felicity,
Alix, y Harry Leong es tu tío. ¡Porque, somos prácticamente familiares! Soy
Winifred Khoo. ¿No vives en Tyersall Park?
—Mis padres y yo nos mudamos a Tudor Close el año pasado —respondió
Nick.
—Eso es muy cercano a nosotros. Vivimos en Berrima Road. Vamos, déjame
llamar a tus padres solo para asegurarme de que está en camino —dijo, alcanzando
el teléfono del automóvil en la consola frente a ella—. ¿Sabes tu número de
teléfono, querido?
La abuela de Colin hizo un trabajo rápido, y pronto descubrió por la doncella
que la señora Young había viajado inesperadamente a Suiza esa tarde, mientras que
el señor Young estaba detenido en una emergencia laboral.
—Por favor, llame al señor Young al trabajo y dígale que Winifred Khoo
enviará al maestro Nicholas a casa —dijo.
Antes de que Nick supiera lo que estaba sucediendo, se encontró dentro del
Bentley Mark VI, intercalado entre Colin y la dama bien acolchada en el sombrero
negro con velo.
—¿Sabías que tu madre se iría hoy? —preguntó Winifred.
—No, pero hace eso mucho —respondió Nick en voz baja.
¡Esa Eleanor Young! ¡Tan irresponsable! Cómo pudo Shang Su Yi permitir
que su hijo se casara con una de esas chicas Sung, nunca lo entenderé, pensó
Winifred. Se volvió hacia el niño y le sonrió.
—¡Qué casualidad! Estoy tan feliz de que tú y Colin sean amigos.
—Nos acabamos de conocer —interrumpió Colin.
—¡Colin, no seas grosero! Nicholas es un compañero tuyo, y conocemos a su
familia desde hace mucho tiempo. Por supuesto que son amigos. —Miró a Nick, le
dio su sonrisa de goma de mascar y continuó—: Colin ha hecho tan pocos amigos
desde que regresó a Singapur, y está bastante solo, así que debemos hacer arreglos
para que jueguen juntos.
Colin y Nick estaban completamente avergonzados, pero a su manera
bastante aliviados. Colin estaba asombrado de lo amigable que era su abuela, que
normalmente desaprobaba la idea, con Nick, especialmente porque previamente
había prohibido a los invitados en su casa. Recientemente había tratado de invitar a
un niño de St. Andrew después de un baño y se había sentido decepcionado cuando
su abuela le dijo:
—Colin, no podemos tener a nadie más, ya sabes. Debemos saber quién es su
familia primero. Esto no es como California, debes tener mucho cuidado con el tipo
de personas con las que te relacionas aquí.
En cuanto a Nick, estaba contento de que lo llevaran a casa y estaba
emocionado de que pronto descubriera si Colin realmente tenía una foto
autografiada de Rambo.
E
ddie se sentó en la alfombra estampada con flores de lis de su
camerino, desenvolviendo cuidadosamente el esmoquin que acababa
de llegar de Italia, y que había encargado especialmente para la boda de
Colin. Tomó un cuidado especial en quitar la pegatina en relieve del papel de regalo
que cubría la gran caja de la prenda, ya que le gustaba guardar todas las pegatinas y
etiquetas de su ropa de diseño en su álbum de cuero Smythson, y lentamente bajó
la bolsa de la prenda y la sacó de su caja.
Lo primero que hizo fue probarse el pantalón azul medianoche. Maldición,
¡estaba demasiado apretado! Trató de apretar el botón en la cintura, pero no
importaba cuánto metiera el estómago, la maldita cosa no se cerraba. Se quitó el
pantalón con un bufido, y escudriñó la etiqueta cosida en el forro. Leyó “90” lo que
parecía correcto, ya que su cintura tenía noventa y seis milímetros. ¿Pudo haber
engordado tanto en solo tres meses? De ninguna manera. Esos jodidos italianos
debieron haber estropeado las medidas. Tan malditamente típico. Hacían cosas
hermosas, pero siempre había algún problema, como el Lamborghini que alguna
vez tuvo. Gracias a Dios que se deshizo de esa pila de estiércol de vaca y compró el
Aston Martin. Llamaría a Felix a Caraceni a primera hora de la mañana y le daría
un nuevo significado a imbécil. Necesitaba arreglar esto antes de irse a Singapur la
próxima semana.
Estaba de pie junto a la pared de espejos con nada más que su camisa de
vestir blanca, calcetines negros y calzoncillos blancos, y se puso cautelosamente la
chaqueta de esmoquin de doble botonadura. Gracias a Dios, al menos la chaqueta
le quedaba bien. Se abrochó el botón superior de la chaqueta y, para su
consternación, notó que la tela se apretaba un poco contra su vientre.
Caminó hacia el sistema de intercomunicación, presionó un botón y gritó:
—¡Fi! ¡Fi! ¡Ven a mi camerino ahora! —Un momento después, Fiona entró en
la habitación, vestida solo con un slip negro y sus zapatillas acolchadas—. Fi, ¿esta
chaqueta está demasiado apretada? —preguntó, abrochándose la chaqueta de
nuevo y moviendo los codos como un ganso batiendo sus alas para así probar las
mangas.
—Deja de mover los brazos y te lo diré —dijo ella.
Él bajó los brazos, pero siguió cambiando su peso de un pie al otro, esperando
impacientemente su veredicto.
—Definitivamente está demasiado apretada —dijo—. Solo mira la parte de
atrás. Está tirando de la costura central. Engordaste, Eddie.
—¡Basura! Apenas gané unos kilos en los pasados meses, y definitivamente no
desde que tomaron mis medidas para este traje en marzo.
Fiona solo se quedó allí, sin querer discutir con él sobre lo obvio.
—¿Están listos los niños para la inspección? —preguntó Eddie.
—Estoy tratando de vestirlos ahora mismo.
—Diles que tienen cinco minutos más. Russell Wing vendrá a las tres para
tomarnos algunas fotos familiares con la ropa de la boda. El Orange Daily podría
hacer una función sobre la familia que asistirá a la boda.
—¡No me dijiste que Russell vendría hoy!
—Me acabo de acordar. Lo llamé ayer. No puedes esperar que lo recuerde todo
cuando tengo asuntos mucho más importantes en mi mente, ¿verdad?
—Pero necesitas darme más tiempo para preparar una sesión de fotos. ¿No
recuerdas lo que sucedió la última vez cuando nos fotografiaron en el Hong Kong
Tattle?
—Bueno, te lo estoy diciendo ahora. Así que deja de perder el tiempo y ve a
prepararte.
Constantine, Augustine y Kalliste se pararon obedientemente en línea recta en
medio de la sala de estar formal y hundida, todos vestidos con sus nuevos trajes
Ralph Lauren Kids. Eddie se tumbó en el lujoso sofá de terciopelo de brocado,
inspeccionando a cada uno de sus hijos, mientras Fiona, la doncella china, y una de
las niñeras filipinas se paseaban cerca.
—Augustine, creo que deberías ponerte tus mocasines Gucci con ese atuendo
y no esos mocasines Bally.
—¿Cuáles? —preguntó Augustine, su pequeña voz casi como un susurro.
—¿Qué? ¡Habla! —dijo Eddie.
—¿Cuáles me pongo? —preguntó Augustine de nuevo, no mucho más fuerte.
—Señor, ¿qué par de mocasines Gucci? Tiene dos —intervino Laarni, la niñera
filipina.
—Los borgoñas con la banda roja y verde, por supuesto —dijo Eddie, dándole
a su hijo de seis años una mirada fulminante—. ¿Nay chee seen, ah? No se puede
pensar en serio sobre usar zapatos negros con pantalones caqui, ¿verdad? —lo
regañó Eddie. El rostro de Augustine enrojeció, casi llorando—. Está bien, eso
cubre la ceremonia de té. Ahora, ve y cámbiate a tu traje para la boda. Date prisa, te
daré cinco minutos. —Fiona, la niñera y la doncella rápidamente llevaron a los
niños a sus habitaciones.
Diez minutos más tarde, cuando Fiona bajó por la escalera de caracol con un
vestido minimalista gris sin hombros con una manga asimétrica, Eddie apenas
podía creer lo que veía.
—¿Yau moh gau chor?101 ¿Qué demonios es eso?
—¿Qué quieres decir? —preguntó Fiona.
—¡Ese vestido! ¡Parece que estás de luto!

101 ¿Cometiste un error?, en cantonés.
—Es Jil Sander. Me encanta. Te mostré una foto y lo aprobaste.
—No recuerdo haber visto una foto de ese vestido. Nunca lo hubiera
aprobado. Pareces una viuda solterona.
—No hay tal cosa como una viuda solterona, Eddie. Las solteronas no están
casadas —dijo Fiona secamente.
—No me importa. ¿Cómo puedes verte como la muerte calentada cuando el
resto de nosotros nos vemos tan bien? Ve qué bonitos y coloridos se ven tus hijos —
dijo él, haciendo un gesto a los niños, que se encogieron de miedo por la vergüenza.
—Llevaré mi collar de diamantes y jade con él, y los pendientes art decó de
jade.
—Todavía se verá como si fueras a un funeral. Iremos a la boda del año, con
reyes y reinas y algunas de las personas más ricas del mundo y todos mis parientes.
No quiero que la gente piense que no puedo permitirme comprarle a mi esposa un
vestido adecuado.
—En primer lugar, Eddie, lo compré con mi propio dinero, ya que nunca
pagas por mi ropa. Y este es uno de los vestidos más caros que jamás haya
comprado.
—Bueno, no parece suficientemente caro.
—Eddie, siempre te estás contradiciendo —dijo Fiona—. Primero me dices que
quieres que me vista más caro como tu prima Astrid, pero luego criticas todo lo que
compro.
—Bueno, te critico cuando llevas algo que parece tan barato. Es una desgracia
para mí. Es una desgracia para tus hijos.
Fiona negó con exasperación.
—No tienes idea de lo que parece barato, Eddie. Como ese esmoquin brillante
que llevas puesto. Eso parece barato. Especialmente cuando puedo ver los
pasadores de seguridad con los pantalones puestos.
—Disparates. Este esmoquin costó seis mil euros. Todos pueden ver qué tan
cara es la tela y qué tan bien adaptado está, especialmente cuando lo arreglan
correctamente. Los pines son temporales. Me abotonaré la chaqueta para las fotos
y nadie los verá.
El timbre hizo un sonido elaborado y sinfín.
—Ese debe ser Russell Wing. Kalliste, quítate las gafas. Fi, ve y cámbiate el
vestido, ahora.
—¿Por qué no vas a mi armario y escoges lo que quieres que use? —dijo Fiona,
sin querer discutir más con él.
En ese momento, el fotógrafo de celebridades Russell Wing ingresó a la sala
de estar.
—¡Mírate, Chengs! ¡Wah, chum laeng, ¡ah!102 —dijo.

102 ¡Qué hermoso!, en cantonés.
—Hola, Russell —dijo Eddie, sonriendo ampliamente—. Gracias, gracias, ¡solo
nos vemos elegantes para ti!
—¡Fiona, te ves impresionante con ese vestido! ¿No es Run af Simons de Jil
Sander, de la próxima temporada? ¿Cómo diablos lo tienes en tus manos? Acabo de
fotografiar a Maggie Cheung con este vestido la semana pasada para Vogue China.
Fiona no dijo nada.
—Oh, siempre me aseguro de que mi esposa tenga lo mejor, Russell. Ven, ven,
toma un poco de tu coñac favorito antes de comenzar. Um sai hak hei103 —dijo
Eddie alegremente. Se volvió hacia Fiona y dijo—. Cariño, ¿dónde están tus
diamantes? Ve y ponte tu hermoso collar Art Decó de diamantes y jade y luego
Russell podrá comenzar su sesión fotográfica. No queremos tomar demasiado
tiempo de él, ¿verdad?
Mientras Russell tomaba algunas de las fotos finales de la familia Cheng
posando frente a la enorme escultura de bronce de un semental Lipizzan en el
vestíbulo, otro pensamiento preocupante entró en la cabeza de Eddie. Tan pronto
como Russell salió por la puerta con su equipo de cámara y una botella de regalo de
Camus Coñac, Eddie llamó a su hermana Cecilia.
—Cecilia, ¿qué colores usarán Tony y tú en el baile de bodas de Colin?
—¿Nay gong mut sí?104
—El color de tu vestido, Cecilia. El que usarás para el baile.
—¿El color de mi vestido? ¿Cómo debería saberlo? La boda está a una semana
de distancia. No he empezado a pensar en lo que me voy a poner, Eddie.
—¿No compraste un vestido nuevo para la boda? —Eddie estaba incrédulo.
—No, ¿por qué debería hacerlo?
—¡No puedo creerlo! ¿Qué va a ponerse Tony?
—Probablemente use su traje azul oscuro. El que siempre usa...
—¿No llevará esmoquin?
—No. No es como si fuera su boda, Eddie.
—La invitación dice corbata blanca, Cecilia.
—Es Singapur, Eddie, y nadie se toma esas cosas en serio. Los hombres
singapurenses no tienen estilo, y te garantizo que la mitad de los hombres ni
siquiera vestirán trajes, todos usarán esas espantosas camisas de batik sin elástico.
—Creo que estás equivocada, Cecilia. Es la boda de Colin Khoo y Araminta
Lee, toda la alta sociedad estará allí y todos estarán vestidos para impresionar.
—Bueno, adelante, Eddie.
Maldita sea, pensó Eddie. Toda su familia iba a aparecerse luciendo como
campesinos. Tan malditamente típico. Se preguntó si podría convencer a Colin de
que cambiara de asiento para no tener que estar cerca de sus padres y hermanos.
103 No hay necesidad de ser cortés, en cantonés.
104 ¿Qué estás diciendo? O, mejor aún: ¿De qué demonios estás hablando?, en cantonés.
—¿Sabes lo que mamá y papá estarán usando?
—Lo creas o no, Eddie, no lo sé.
—Bueno, todavía tenemos que coordinar los colores como una familia, Cecilia.
Habrá mucha prensa allí, y quiero asegurarme de que no choquemos. Solo
asegúrate de no llevar nada gris en el evento principal. Fiona lleva un vestido gris
de Jil Sander. Y llevará un vestido Lanvin lavanda profunda a la cena de ensayo, y
un Carolina Herrera, de color champán, a la ceremonia de la iglesia. ¿Puedes
llamar a mamá y decírselo?
—Claro, Eddie.
—¿Necesitas que te envíe el esquema de colores otra vez?
—Por supuesto. Lo que sea. Tengo que irme ahora, Eddie. Jake tiene otra
hemorragia nasal.
—Oh, casi lo olvido. ¿Qué se va a poner Jake? Mis chicos llevarán esmóquines
Ralph Lauren con faja de color púrpura oscuro...
—Eddie, realmente tengo que irme. No te preocupes, Jake no va a usar
esmoquin. Tendré suerte si consigo que se meta la camisa.
—Espera, espera, antes de irte, ¿ya hablaste con Alistair? No piensa traer a esa
Kitty Pong, ¿o sí?
—Demasiado tarde. Alistair se fue ayer.
—¿Qué? Nadie me dijo que planeaba irse antes.
—Siempre planea irse el viernes, Eddie. Si te mantuvieras con nosotros más
en contacto, lo sabrías.
—¿Pero por qué fue a Singapur tan pronto?
—No se fue a Singapur. Se fue a Macao para la despedida de soltero de Colin.
—¿QUÉÉÉÉ? ¿La despedida de soltero de Colin es este fin de semana? ¿Quién
demonios invitó a Alistair a su despedida de soltero?
—¿Realmente necesitas que responda a eso?
—¡Pero Colin es MI mejor amigo! —gritó Eddie, la presión crecía en su cabeza.
Y luego sintió una extraña corriente de aire desde atrás. Sus pantalones se habían
abierto por el trasero.
L
as solteras disfrutaban de una cena al atardecer en una larga mesa
situada bajo un pabellón de ondeante seda naranja en la prístina arena
blanca, rodeada de faroles plateados. Con el atardecer transformando
las suaves olas en una espuma esmeralda, podría haber sido una sesión de fotos
tomada directamente del Condé Nast Traveler, excepto que la conversación de la
cena ponía un impedimento a esa ilusión. Mientras se servía el primer plato de
lechuga mantecosa con corazones de palma en un aderezo de leche de coco, el
grupo de chicas a la izquierda de Rachel estaba ocupado atravesando el corazón del
novio de otra chica.
—¿Entonces dices que acaba de ser nombrado vicepresidente senior? Pero él
está en el bando minorista, no en el de la banca de inversión, ¿verdad? Hablé con
mi novio Roderick, y piensa que Simon probablemente gane entre seis y
ochocientos mil de salario base, si tiene suerte. Y no recibe millones en bonos como
los banqueros de inversiones —resopló Lauren Lee.
—El otro problema es su familia. Simon ni siquiera es el hermano mayor. Es el
segundo más joven de cinco —dio cátedra Parker Yeo—. Mis padres conocen muy
bien a los Ting, y déjenme decirles que, por muy respetados que sean, no son lo que
ustedes o yo consideraríamos ricos; mi madre dice que quizás tienen doscientos
millones, como máximo. Dividan eso cinco veces y tendrán suerte si Simon obtiene
cuarenta mil al final del día. Y eso no será por muuuucho tiempo; sus padres aún
son muy jóvenes. ¿Su padre no volverá a postularse para el parlamento?
—Solo queremos lo mejor para ti, Isabel —dijo Lauren, dándole palmaditas a
su mano con simpatía.
—Pero... pero realmente creo que lo amo… —tartamudeó Isabel.
Francesca Shaw intervino.
—Isabel, voy a decírtelo tal como es, porque todas aquí están perdiendo el
tiempo siendo corteses. No puedes permitirte el lujo de enamorarte de Simon.
Déjame desglosarlo por ti. Seamos generosas y supongamos que Simon está
ganando unos míseros ochocientos mil al año. Después de impuestos y CPF 105, su
sueldo neto es de solo alrededor de medio millón. ¿Dónde vas a vivir con esa

105 Central Provident Fund, un plan de ahorro obligatorio que los ciudadanos de Singapur

contribuyen cada mes para financiar su jubilación, atención médica y vivienda. Es un poco como el
programa de Seguridad Social de EE. UU., Excepto que el CPF no se irá a la quiebra en el corto
plazo. Los titulares de cuentas de CPF ganan un promedio del cinco por ciento de interés por año, y
el gobierno también periódicamente obsequia a sus ciudadanos con bonos y acciones especiales,
convirtiendo a Singapur en el único país del mundo que da dividendos a todos sus ciudadanos
cuando la economía funciona bien. (Ahora sabes por qué ese compañero de Facebook se convirtió
en singapurense).
cantidad de dinero? Piensa en ello, tienes que dividir un millón de dólares por
habitación, y necesitas al menos tres habitaciones, por lo que estás hablando de
tres mil para un departamento en Bukit Timah. Eso es ciento cincuenta mil al año
en impuestos a la propiedad e hipoteca.
»Luego digamos que tienes dos hijos y quieres enviarlos a las escuelas
adecuadas. A treinta mil al año por cada uno en concepto de matrícula escolar, es
decir, sesenta mil, más veinte mil al año para cada uno para tutores. Eso es cien mil
al año solo en escolarización. Criadas y niñeras, dos sirvientas indonesias o de Sri
Lanka te costarán otros treinta mil, a menos que quieras que una de ellas sea una
au pair sueca o francesa, entonces estás hablando de ochenta mil al año dedicados
a ayuda. Ahora, ¿qué vamos a hacer con tu propio mantenimiento? Por lo menos,
necesitarás diez nuevos conjuntos por temporada, para que no te avergüences de
ser vista en público. Gracias a Dios que Singapur solo tiene dos temporadas,
caliente y más caliente, así que digamos que, para ser prácticos, solo gastarás
cuatro mil por cada atuendo. Eso es ochenta mil al año para guardarropa. Echaré
otros veinte mil para un buen bolso y algunos pares de zapatos nuevos cada
temporada.
»Y luego está tu mantenimiento básico, cabello, tratamientos faciales,
manicura, pedicura, cera brasileña, cera de cejas, masajes, quiropráctico,
acupuntura, Pilates, yoga, fusión central, entrenador personal. Eso son otros
cuarenta mil al año. Ya hemos gastado cuatrocientos setenta mil del salario de
Simon, lo que deja solo treinta mil para todo lo demás. ¿Cómo vas a poner comida
sobre la mesa y vestir a tus bebés con eso? ¿Cómo te vas a ir a un resort de Aman
dos veces al año? ¡Y ni siquiera hemos tomado en cuenta tus cuotas de membresía
en Churchill Club y Pulau Club! ¿No lo ves? Es imposible que te cases con Simon.
No nos preocuparíamos si tuvieras tu propio dinero, pero conoces tu situación. El
reloj corre en tu bonita cara. Es hora de reducir tus pérdidas y dejar que Lauren te
presente a uno de esos multimillonarios elegibles de Beijing antes de que sea
demasiado tarde.
Isabel quedó reducida a un charco de lágrimas.
Rachel no podía creer lo que acababa de oír, esta multitud hacía que las chicas
del Upper East Side parecieran menonitas. Trató de volver su atención a la comida.
El segundo plato acababa de ser servido: Una langosta sorprendentemente sabrosa
y una tarrina de jalea de lima calamansi. Desafortunadamente, las chicas a su
derecha parecían estar obsesionándose ruidosamente en una pareja llamada
Alistair y Kitty.
—Aiyah, no entiendo lo que él ve en ella —lamentó Chloé Ho—. Con el acento
falso, los pechos falsos y todo falso.
—Sé exactamente lo que él ve en ella. ¡Él ve esos pechos falsos, y eso es todo lo
que necesita ver! —se burló Parker.
—Serena Oh me dijo que se encontró con ellos en Lung King Heen la semana
pasada, y Kitty iba de Gucci, de pies a cabeza. Monedero Gucci, halter top Gucci,
mini-shorts de satén Gucci y botas de pitón Gucci —dijo Chloé—. Ella mantuvo
puestas sus gafas de sol Gucci durante toda la cena, y aparentemente incluso lo
besó en la mesa con sus gafas de sol puestas.
—Alamaaaaak, ¡qué ordinaria puedes volverte! —siseó Wandi, acariciando
su tiara de diamante y aguamarina.
Parker repentinamente se dirigió a Rachel desde el otro lado de la mesa.
—Espera un minuto, ¿los has conocido ya?
—¿A quién? —preguntó Rachel, ya que estaba tratando de desconectar a las
chicas en lugar de escuchar sus salaces cotilleos.
—¡Alistair y Kitty!
—Lo siento, no estaba realmente siguiendo... ¿quiénes son?
Francesca miró a Rachel y dijo:
—Parker, no pierdas tu tiempo, es obvio que Rachel no conoce a nadie.
Rachel no entendía por qué Francesca estaba siendo tan fría con ella. Decidió
ignorar el comentario y tomó un sorbo de su Pinot Gris.
—Entonces Rachel, cuéntanos cómo conociste a Nicholas Young —preguntó
Lauren en voz alta.
—Bueno, no es una historia muy emocionante. Los dos enseñamos en la
Universidad de Nueva York, y fuimos presentados por un colega mío —respondió
Rachel, notando que todos los ojos en la mesa estaban fijos en ella.
—Oh, ¿quién es el colega? ¿Un singapurense? —preguntó Lauren.
—No, ella es chino-americana, Sylvia Wong-Swartz.
—¿Cómo conocía a Nicholas? —preguntó Parker.
—Uh, se conocieron en algún comité.
—¿Entonces ella no lo conocía muy bien? —continuó Parker.
—No, no lo creo —respondió Rachel, preguntándose a dónde estaban llegando
estas chicas—. ¿Por qué el interés en Sylvia?
—Oh, también me encanta juntar a mis amigos, así que sentía curiosidad por
saber qué fue lo que motivó a tu amiga para que los juntara a ustedes dos, eso es
todo. —Parker sonrió.
—Bueno, Sylvia es una buena amiga, y siempre estaba tratando de juntarme
con alguien. Ella simplemente pensó que Nick era lindo y todo un prospecto... —
comenzó Rachel, lamentando al instante la elección de sus palabras.
—Claro que suena como si ella hubiera hecho su tarea con eso, ¿no? —dijo
Francesca con una risa aguda.
Después de la cena, mientras las chicas se dirigían a la carpa discoteca
precariamente erigida en un embarcadero, Rachel se dirigió sola al bar de la playa,
un pintoresco mirador que daba a una ensenada aislada. Estaba vacío, excepto por
el camarero alto y fornido que sonrió ampliamente cuando ella entró.
—Signorina, ¿puedo prepararle algo especial? —preguntó con un acento casi
cómicamente seductor. Demonios, ¿la madre de Araminta solo contrataba
italianos apuestos?
—Realmente he estado anhelando una cerveza. ¿Tienes cerveza?
—Por supuesto. Veamos, tenemos Corona, Duvel, Moretti, Red Stripe y mi
favorito personal, Lion Stout.
—Esa es una de la que nunca he oído hablar.
—Es de Sri Lanka. Es cremosa y agridulce, con una rica cabeza bronceada.
Rachel no pudo evitar reírse. Parecía que se estaba describiendo a sí mismo.
—Bueno, si es tu favorita, entonces tengo que probarla.
Mientras vertía la cerveza en un vaso alto y esmerilado, una chica a la que
Rachel no había notado previamente, entró al bar y se deslizó en el taburete junto a
ella.
—¡Gracias a Dios que hay alguien más aquí que bebe cerveza! Estoy tan harta
de todos esos meticulosos cócteles bajos en calorías —dijo la chica. Era china, pero
hablaba con acento australiano.
—Brindo por eso —respondió Rachel, inclinando su vaso hacia la chica. La
chica pidió una Corona, y agarró la botella del barman antes de que pudiera
verterla en un vaso. Parecía personalmente herido cuando ella inclinó la cabeza
hacia atrás y bebió su cerveza a tragos llenos.
—Rachel, ¿no es así?
—Así es. Pero si estás buscando a la taiwanesa Rachel Chu, tienes a la chica
equivocada —respondió Rachel de manera preventiva.
La chica sonrió con curiosidad, un poco desconcertada por la respuesta de
Rachel.
—Soy la prima de Astrid, Sophie. Ella me dijo que cuidara de ti.
—Ah, hola —dijo Rachel, desarmada por la sonrisa amigable de Sophie y sus
profundos hoyuelos. A diferencia de las otras chicas que lucían las últimas modas
del complejo, ella vestía sencillamente con una camisa de algodón sin mangas y
pantalones cortos de color caqui. Tenía un práctico corte de cabello corto y no
llevaba maquillaje ni joyas, a excepción de un Swatch de plástico en la muñeca.
—¿Estabas en el avión con nosotras? —preguntó Rachel, tratando de
recordarla.
—No, no, volé sola y acabo de llegar hace poco.
—¿Tienes tu propio avión también?
—No, me temo que no. —Sophie se rió—. Soy la afortunada que voló en clase
económica con Garuda Airlines. Tenía que hacer algunas rondas en el hospital, así
que no pude escapar hasta más tarde esta tarde.
—¿Eres enfermera?
—Cirujana pediátrica.
Una vez más, a Rachel se le recordó que uno nunca podría juzgar un libro por
su portada, especialmente en Asia.
—¿Así que eres la prima de Astrid y Nick?
—No, solo de Astrid, por el lado de Leong. Su padre es el hermano de mi
madre. Pero por supuesto conozco a Nick, todos crecimos juntos. Y tú creciste en
los Estados Unidos, ¿verdad? ¿Dónde vivías?
—Pasé mis años de adolescencia en California, pero he vivido en doce estados
diferentes. Nos mudábamos bastante cuando era más joven.
—¿Por qué se mudaban tanto?
—Mi madre trabajaba en restaurantes chinos.
—¿Qué hacía?
—Por lo general, comenzaba como anfitriona o mesera, pero siempre lograba
ser promovida rápidamente.
—¿Así que te llevaba a todas partes con ella? —preguntó Sophie,
genuinamente fascinada.
—Sí, vivimos la vida gitana hasta mi adolescencia, cuando nos establecimos en
California.
—¿Fue solitario para ti?
—Bueno, era todo lo que conocía, así que me parecía normal. Llegué a conocer
muy bien las salas traseras de los restaurantes suburbanos, y era mayormente un
ratón de biblioteca.
—¿Y qué hay de tu padre?
—Murió poco después de que yo naciera.
—Oh, lo siento —dijo Sophie rápidamente, lamentando haber preguntado.
—Está bien, nunca lo conocí. —Rachel sonrió, tratando de tranquilizarla—. Y,
de todos modos, no fue del todo malo. Mi madre aprobó la escuela nocturna,
obtuvo un título universitario y ha sido una exitosa agente de bienes raíces durante
muchos años.
—Eso es increíble —dijo Sophie.
—No realmente. En realidad, somos una de las muchas “historias clichés de
éxito de inmigrantes asiáticos” que a los políticos les encanta sacar a relucir cada
cuatro años durante sus convenciones.
Sophie se rió entre dientes.
—Puedo ver por qué le gustas a Nick, los dos tienen el mismo ingenio.
Rachel sonrió, mirando hacia la carpa discoteca en el embarcadero.
—¿Te estoy reteniendo de la fiesta de baile? Escuché que Araminta hizo volar
a un famoso DJ de Ibiza —dijo Sophie.
—Estoy disfrutando esto, en realidad. Es la primera conversación real que he
tenido en todo el día.
Sophie miró a las chicas, la mayoría de las cuales ahora se retorcían
salvajemente con varios de los camareros italianos ante la vibrante música disco
eurotrance, y se encogió de hombros.
—Bueno, con esta multitud, no puedo decir que estoy sorprendida.
—¿Esas no son tus amigas?
—Unas pocas, pero a la mayoría de estas chicas no las conozco. Las reconozco,
por supuesto.
—¿Quiénes son? ¿Algunas de ellas son famosas?
—En sus propias mentes, tal vez. Estas son las chicas más sociales, del tipo
que siempre aparecen en las revistas, asistiendo a todas las galas de caridad. Una
multitud demasiado glamorosa para mí. Lo siento, pero trabajo turnos de doce
horas y no tengo tiempo para ir a fiestas de beneficios en hoteles. Primero tengo
que beneficiar a mis pacientes.
Rachel se rió.
—Hablando de eso —agregó Sophie—, he estado despierta desde las cinco, así
que voy a ir a la habitación ahora.
—Creo que yo también —dijo Rachel.
Bajaron por el embarcadero hacia sus bungalós.
—Estoy en la villa al final de esta pasarela si necesitas algo —dijo Sophie.
—Buenas noches —dijo Rachel—. Ha sido encantador hablar contigo.
—Del mismo modo —dijo Sophie, mostrando su profunda sonrisa con
hoyuelos.
Rachel entró en su villa, felizmente regresando a un poco de paz y
tranquilidad después de un día agotador. Ninguna de las luces estaba encendida en
la suite, pero la brillante luz plateada de la luna brillaba a través de las puertas de
pantalla abiertas, proyectando ondulaciones serpenteantes a lo largo de las
paredes. El mar estaba tan quieto que el sonido del agua lamiendo lentamente los
zancos de madera tenía un efecto hipnótico. Era el escenario perfecto para un baño
nocturno en el océano, algo que nunca había hecho. Rachel caminó hacia el
dormitorio en busca de su bikini. Al pasar junto al tocador, notó que el bolso de
cuero que había dejado colgando de la silla parecía estar goteando con algún tipo
de líquido. Caminó hacia el bolso y vio que estaba completamente empapado, con
agua amarronada que goteaba de la esquina hacia un gran charco en el suelo de la
habitación. ¿Qué demonios había pasado? Encendió la lámpara junto a la mesa y
abrió la solapa delantera de su bolso. Gritó, sacudiéndose hacia atrás horrorizada y
derribando la lámpara de la mesa.
Su bolsa estaba llena de un pez grande que había sido gravemente mutilado,
con sangre saliendo de sus branquias. Violentamente garabateadas en el espejo del
tocador sobre la silla con sangre de pescado, estaban las palabras:
¡ATRAPA ESTO, ZORRA CAZA FORTUNAS!
—¿T
reinta mil yuanes? ¡Eso es ridículo! —dijo furiosamente
Eleanor al hombre de la chaqueta gris de poliéster sentado
frente a ella en el salón frente al lobby del Ritz-Carlton. El
hombre miró a su alrededor para asegurarse de que el estallido de Eleanor no
estaba atrayendo demasiada atención.
—Créame, valdrá la pena su dinero —dijo el hombre tranquilamente en
mandarín.
—Señor Wong, ¿cómo podemos estar seguros de que su información tiene
algún valor cuando ni siquiera sabemos qué es exactamente? —preguntó Lorena.
—Escuche, su hermano le explicó al señor Tin cuál era la situación, y el señor
Tin y yo tenemos historia; he trabajado para él durante más de veinte años. Somos
los mejores en este tipo de cosas. Ahora, no estoy seguro de qué es exactamente lo
que está planeando, y no quiero saberlo, pero puedo asegurarle que esta
información será extremadamente beneficiosa para quien la posea —dijo el señor
Wong con confianza. Lorena tradujo su respuesta para Eleanor.
—¿Quién se cree que somos? No hay ningún tipo de información que valga
treinta mil yuanes para mí. ¿Cree que estoy hecha de dinero? —Eleanor estaba
indignada.
—¿Qué tal quince mil? —preguntó Lorena.
—Está bien, para usted, veinte mil —contrarrestó el señor Wong.
—Quince mil, y esa es nuestra última oferta —insistió Lorena de nuevo.
—De acuerdo, diecisiete mil quinientos, pero esa es mi última oferta —dijo el
hombre, frustrado por todas las negociaciones. El señor Tin le había dicho que
estas mujeres eran millonarias.
—No, diez mil, o me voy —declaró Eleanor de repente en mandarín. El
hombre la fulminó con la mirada como si ella hubiera insultado a todos sus
antepasados. Él negó consternado—. Lorena, he terminado con esta extorsión —
resopló Eleanor, levantándose de su sillón de terciopelo rojo. Lorena también se
puso de pie, y ambas mujeres comenzaron a caminar fuera del salón hacia el
vestíbulo del atrio de tres pisos, donde había un súbito embotellamiento de
hombres con esmoquin y mujeres vestidas de negro, blanco y rojo—. Debe ser una
especie de gran función ocurriendo —señaló Eleanor, escudriñando a una mujer
resplandeciente con diamantes alrededor de su cuello.
—Shenzhen no es Shanghái, eso seguro; todas estas mujeres están vestidas
con la moda de hace tres años —observó Lorena irónicamente mientras intentaba
atravesar la multitud—. Eleanor, creo que esta vez has ido demasiado lejos con tus
tácticas de negociación. Creo que hemos perdido a este tipo.
—¡Lorena, créeme, sigue caminando y no te voltees! —instruyó Eleanor.
Justo cuando las damas llegaban a la entrada principal del hotel, el señor
Wong repentinamente salió corriendo del salón.
—Está bien, está bien, diez mil —dijo sin aliento. Eleanor sonrió triunfante
mientras seguía al hombre hacia la mesa.
El señor Wong hizo una llamada telefónica rápida en su celular, y luego les
dijo a las damas:
—De acuerdo, mi informante estará aquí muy pronto. Hasta entonces, ¿qué
les gustaría beber a las damas?
Lorena se sorprendió un poco al oír esto; había supuesto que las llevarían a
otro lugar para encontrarse con el informante.
—¿Es seguro reunirse aquí?
—¿Por qué no? ¡Este es uno de los mejores hoteles en Shenzhen!
—Quiero decir, es tan público.
—No se preocupe, verá que todo estará bien —dijo el señor Wong, agarrando
un puñado de nueces de macadamia del cuenco de plata sobre la mesa.
Unos minutos después, un hombre entró al bar, caminando con temor hacia
su mesa. Eleanor podía decir solo por mirar que él era de algún área rural y que era
la primera vez que había puesto un pie en un hotel tan elegante como este. Vestía
un polo a rayas y un pantalón de vestir mal ajustado, y llevaba un maletín metálico
plateado. A Lorena le pareció que él acababa de recoger el maletín hace una hora en
uno de esos puestos baratos de equipaje en la estación de tren, para parecer más
profesional. Miró nerviosamente a las mujeres mientras se acercaba a la mesa. El
señor Wong tuvo un breve intercambio con él en un dialecto que ninguna de las dos
podía entender, y el hombre dejó su maletín sobre la mesa de granito. Jugueteó con
la combinación e hizo clic en las cerraduras de cada lado al unísono antes de abrir
la tapa del maletín ceremoniosamente.
El hombre sacó tres artículos del maletín y los colocó sobre la mesa frente a
las damas. Había una pequeña caja de papel rectangular, un sobre manila y una
fotocopia de un recorte de periódico. Lorena abrió el sobre manila y sacó un pedazo
de papel amarillento, mientras Eleanor abría la caja. Ella lo miró y luego miró el
pedazo de papel que Lorena sostenía. Ella solo leía mandarín muy básico, por lo
que quedó desconcertada por eso.
—¿Qué significa todo esto?
—Solo dame un minuto para terminar, Elle —dijo Lorena, escaneando el
último documento de arriba abajo—. Oh, Dios mío, Elle —exclamó, de repente
mirando fijamente al señor Wong y al informante—. ¿Está seguro de que esto es
completamente exacto? Habrá un gran problema para todos ustedes si no es así.
—Juro por la vida de mi hijo primogénito —respondió vacilante el hombre.
—¿Qué es? ¿Qué es? —preguntó Eleanor con urgencia, casi incapaz de
contenerse.
Lorena le susurró al oído derecho de Eleanor. Sus ojos se agrandaron, y ella
miró al señor Wong.
—Señor Wong, le daré treinta mil yuanes en efectivo si usted puede llevarme
en este momento —ordenó Eleanor.
S
ophie se estaba salpicando un poco de agua en la cara cuando oyó un
urgente golpeteo. Fue a la puerta y encontró a Rachel de pie allí, con los
labios blancos y todo su cuerpo temblando.
—¿Qué pasa? ¿Tienes frío? —preguntó Sophie.
—Yo... creo... creo que estoy conmocionada —tartamudeó Rachel.
—¿QUÉ? ¿Qué pasó?
—Mi habitación... No puedo describirlo. Ve a ver por ti misma —dijo Rachel
aturdida.
—¿Estás bien? ¿Debo pedir ayuda?
—No, no, estaré bien. Solo estoy temblando involuntariamente.
Sophie se puso inmediatamente en modo médico y agarró la muñeca de
Rachel.
—Tu pulso está un poco elevado —señaló. Agarró la manta de cachemira en su
diván y se lo dio a Rachel—. Siéntate. Toma respiraciones largas y lentas. Envuelve
esto a tu alrededor y espera aquí —instruyó.
Unos minutos más tarde, Sophie regresó a la villa, ardiendo de ira.
—¡No puedo creerlo! ¡Esto es indignante!
Rachel asintió lentamente, habiéndose calmado un poco en este punto.
—¿Puedes llamar a la seguridad del hotel por mí?
—¡Por supuesto! —Sophie se dirigió al teléfono y escaneó la lista, buscando el
botón correcto para presionar. Se volvió hacia Rachel y la miró pensativa—. En
realidad, me pregunto si es la mejor idea llamar a seguridad. ¿Qué podrían hacer
exactamente?
—¡Podemos descubrir quién hizo esto! Hay cámaras de seguridad por
doquier, y seguramente deben tener imágenes de quién entró en mi habitación —
dijo Rachel.
—Bueno... ¿qué lograría eso realmente? —Se aventuró Sophie—. Escúchame
por un segundo... Nadie ha cometido ningún crimen real. Quiero decir, me siento
mal por los peces, y ciertamente fue traumatizante para ti, pero si lo piensas bien,
esto fue solo una broma desagradable. Estamos en una isla. Sabemos que tiene que
ser una de estas chicas, o tal vez incluso un grupo de ellas. ¿Realmente te importa
quién lo hizo? ¿Vas a enfrentarte a alguien y hacer una escena? Solo intentan
meterse contigo; ¿por qué darles más combustible? Estoy segura de que ahora
están en la playa esperando que te pongas histérica y arruines la despedida de
soltera de Araminta. Querían provocarte.
Rachel consideró lo que Sophie había dicho por un momento.
—Sabes, tienes razón. Estoy segura de que estas chicas solo están muriendo
por algún drama para poder hablar de ello en Singapur. —Se levantó del sofá y
caminó alrededor de la habitación, sin estar muy segura de qué hacer a
continuación—. Pero debe haber algo que podamos hacer.
—No hacer nada a veces puede ser la forma más efectiva de acción —comentó
Sophie—. Si no haces nada, estarás enviando un mensaje claro: Que eres más fuerte
de lo que creen que eres. Sin mencionar mucho más elegante. Piénsalo.
Rachel reflexionó durante unos minutos y decidió que Sophie tenía razón.
—¿Alguna vez alguien te dijo lo brillante que eres, Sophie? —dijo con un
suspiro.
Sophie sonrió.
—Aquí, vi un té de verveine en el baño. Déjame hacer algunos. Calmará
nuestros nervios.
Con cálidas tazas de té en sus regazos, Rachel y Sophie se sentaron en un par
de tumbonas en la terraza. La luna colgaba como un gigantesco gong en el cielo,
iluminando el océano tan intensamente que Rachel podía ver los pequeños
cardúmenes de peces brillando mientras se lanzaban alrededor de los muelles de
madera del bungalow.
Sophie miró intensamente a Rachel.
—No estabas preparada para nada de esto, ¿o sí? Astrid fue muy perspicaz
cuando me pidió que cuidara de ti. Ella estaba un poco preocupada de que te
colaras con esta multitud en particular.
—Astrid es tan dulce. Supongo que nunca esperé encontrar este tipo de
maldad, eso es todo. ¡La forma en que estas chicas actúan es como si Nick fuera el
último hombre en toda Asia! Mira, lo entiendo ahora; la familia de él es rica, se le
considera un buen partido. ¿Pero no se supone que Singapur está llena de otras
familias ricas como la suya?
Sophie suspiró con simpatía.
—En primer lugar, Nick es tan extraordinariamente guapo, la mayoría de
estas chicas se han enamorado locamente de él desde la infancia. Luego debes
entender algo de su familia. Hay una cierta mística que los rodea porque son tan
intensamente privados. La mayoría de las personas ni siquiera se dan cuenta de
que existen, pero para el pequeño círculo de familias antiguas que lo hacen,
inspiran un nivel de fascinación que es difícil de describir. Nick es el vástago de este
noble clan, y para algunas de estas chicas, eso es todo lo que importa. Es posible
que no sepan nada de él, pero todas están compitiendo por convertirse en la señora
Nicholas Young.
Rachel lo tomó todo en silencio. Parecía que Sophie estaba hablando de un
personaje de ficción, alguien que no se parecía al hombre que conocía y del que se
había enamorado. Era como si ella fuera la Bella Durmiente; sola, pero nunca pidió
que la despertara un príncipe.
—Sabes, Nick me ha contado muy poco sobre su familia. Todavía no sé mucho
sobre ellos —reflexionó Rachel.
—Así es como fue criado Nick. Estoy segura de que desde muy pequeño le
enseñaron a nunca hablar sobre su familia, dónde vivía, ese tipo de cosas. Él fue
criado en un ambiente tan enclaustrado. ¿Te imaginas crecer en esa casa sin otros
niños alrededor; nadie más que tus padres, abuelos y todos esos sirvientes?
Recuerdo haber ido allí de niña, y Nick siempre parecía tan agradecido cuando
había otros niños con quienes jugar.
Rachel contempló a la luna. De repente, la figura en forma de conejo en la
luna le recordó a Nick, un niño pequeño atrapado en ese brillante palacio solo.
—¿Quieres saber la parte más loca de todo esto?
—Dime.
—Solo vine para unas vacaciones de verano. Todo el mundo aquí supone que
Nick y yo somos un hecho, que vamos a salir corriendo y atar el nudo mañana o
algo así. Nadie sabe que el matrimonio es algo que nunca siquiera hemos discutido.
—¿De verdad, no lo han hecho? —preguntó Sophie sorprendida—. ¿Pero
nunca lo has pensado? ¿No quieres casarte con Nick?
—Para ser completamente honesta, Nick es el primer hombre con el que he
salido con quien podría imaginar estar casada. Pero no me criaron para creer que
se suponía que el matrimonio era el objetivo de mi vida. Mi madre quería que
obtuviera la mejor educación primero. Ella nunca quiso que terminase teniendo
que lavar platos en un restaurante.
—Ese no es el caso aquí. No importa cuán avanzado nos hayamos convertido,
todavía hay una enorme presión para que las chicas se casen. Aquí, no importa qué
tan exitosa sea una mujer profesionalmente. Ella no se considera completa hasta
que esté casada y tenga hijos. ¿Por qué crees que Araminta está tan ansiosa por
casarse?
—Entonces ¿crees que Araminta no debería casarse?
—Bueno, esa es una pregunta difícil de responder. Quiero decir, ella está a
punto de convertirse en mi cuñada.
Rachel miró a Sophie con sorpresa.
—Espera un minuto... ¿Colin es tu hermano?
—Sí. —Sophie soltó una risita—. Pensé que ya lo sabías desde el principio.
Rachel la miró con renovado asombro.
—No tenía idea. Creí que eras la prima de Astrid. Entonces... ¿los Khoo están
relacionados con los Leong?
—Sí, por supuesto. Mi madre nació como un Leong. Ella era la hermana de
Harry Leong.
Rachel notó que Sophie usaba el tiempo pasado para hablar de su madre.
—¿Tu madre ya no está?
—Ella falleció cuando éramos niños. Tuvo un ataque al corazón.
—Oh —dijo Rachel, dándose cuenta de por qué sentía una conexión con la
chica que había conocido horas antes—. No te lo tomes a mal, pero entiendo ahora
por qué eres tan diferente de las otras chicas.
Sophie sonrió.
—Crecer con solo un padre; especialmente en un lugar donde todos hacen
todo lo posible para presentar una familia perfecta, realmente te diferencia.
Siempre fui la niña cuya madre murió demasiado joven. Pero sabes, tenía sus
ventajas. Me permitió alejarme de la sartén. Después de que mi madre murió, me
enviaron a la escuela en Australia, y me quedé allí durante toda la universidad.
Supongo que eso es lo que me hace un poco diferente.
—Muy diferente —corrigió Rachel. Pensó en otra cosa que hacía que le
gustara Sophie. Su franqueza y completa falta de pretensiones le recordaban tanto
a Nick. Rachel miró detenidamente a la luna, y esta vez, el conejo ya no se veía tan
solo.
E
n el momento en que los hombres de seguridad de Harry Leong con
trajes de Armani entraron en su habitación del hospital e hicieron la
habitual inspección, Astrid supo que había sido descubierta. Minutos
más tarde, sus padres se precipitaron en la habitación en una rabieta.
—Astrid, ¿estás bien? ¿Cómo está Cassian? ¿Dónde está? —preguntó su
madre con ansiedad.
—Estoy bien, estoy bien. Michael está con Cassian en la sala de niños,
firmando sus formularios de liberación.
El padre de Astrid observó a la anciana china a unos pocos metros de
distancia frotando vigorosamente Bálsamo de Tigre en su tobillo.
—¿Por qué te trajeron a un hospital público, y por qué demonios no tienes tu
propia habitación? Les diré que te muevan de inmediato —susurró Harry irritado.
—Está bien, papá. Tuve una ligera conmoción cerebral, por lo que solo me
pusieron en esta sala para monitorizarme. Como dije, estamos a punto de ser
liberados. ¿Cómo sabías que estaba aquí? —exigió Astrid, sin molestarse en ocultar
su molestia.
—¡Aiyoh, has estado en el hospital durante dos días sin decírnoslos, y todo lo
que importa es cómo nos dimos cuenta! —Suspiró Felicity.
—No te pongas tan kan cheong, mamá. No pasó nada.
—¿No pasó nada? Cassandra llamó a las siete de esta mañana desde
Inglaterra. ¡Nos dio un susto de muerte, haciendo que sonase como si fueras la
princesa Diana en ese túnel en París! —se lamentó Felicity.
—Alégrate de que no llamó al Straits Times —añadió Harry.
Astrid puso sus ojos en blanco. Radio Uno de Asia había atacado de nuevo.
¿Cómo demonios supo Cassandra de su accidente? Le había dicho específicamente
al conductor de la ambulancia que la llevase al Hospital General —no a uno de los
hospitales privados como el Mount Elizabeth o el Gleneaglesv— para evitar el poder
ser reconocida. Por supuesto, eso no funcionó.
—Eso es todo. Ya no puedes conducir. Te desharás de ese auto japonés pésimo
tuyo y te asignaré a Youssef de ahora en adelante. Puede usar uno de los Vanden
Plas —declaró Harry.
—¡Deja de tratarme como a una niña de seis años, papá! Fue un accidente
menor. Mi conmoción cerebral fue por el air bag, eso es todo.
—El hecho de que tu air bag se activó significa que el accidente fue más grave
de lo que crees. Si no valoras tu vida, haz lo que quieras. Pero no te voy a dejar
poner la vida de mi nieto en peligro. ¿Qué utilidad tiene tener todos estos chóferes
cuando nadie los usa? Youssef llevará a Cassian de ahora en adelante —insistió
Harry.
—Papi, Cassian solo recibió algunos cortes.
—¡Aiyoh, algunos cortes! —Suspiró Felicity, negando con consternación
mientras Michael entraba en la habitación con Cassian—. Oh, Cassian, mi pobre
querido —exclamó, corriendo hacia el chico, que estaba agarrando felizmente un
globo rojo.
—¿Dónde diablos estabas la noche del viernes? —le gritó Harry a su yerno—.
Si hubieras estado haciendo tu deber acompañándola, esto no hubiera ocurrido…
—¡Papi, basta! —intervino Astrid.
—Estuve trabajando hasta tarde, señor —dijo Michael con la mayor calma
posible.
—Trabajando hasta tarde, trabajando hasta tarde. Siempre estás trabajando
hasta tarde estos días, ¿verdad? —murmuró Harry con desprecio.
—Basta, papá, nos vamos ahora. Vamos, Michael, quiero ir a casa —insistió
Astrid, levantándose de la cama.
Cuando llegaron a su casa, Astrid puso en marcha el plan que había pasado
los últimos dos días elaborando. Fue a la cocina y les dio a la cocinera y a la
doncella el día libre. Luego instruyó a Evangeline para que llevase a Cassian a jugar
a la casa de playa en Tanah Merah. Michael fue sorprendido por la repentina ráfaga
de actividad, pero asumió que Astrid solo quería un poco de paz y tranquilidad
durante el resto del día. Tan pronto como todo el mundo estuvo fuera de escena y
Astrid escuchó las puertas del ascensor cerrarse, fijó su mirada en Michael. Estaban
completamente solos ahora, y de repente podía oír los latidos de su corazón
llenando sus tímpanos. Sabía que si no le decía las palabras que había ensayado
cuidadosamente en su cabeza ahora, perdería su valor.
—Michael, quiero que sepas lo que pasó el viernes por la noche —comenzó.
—Ya me lo contaste, Astrid. No importa; estoy contento de que tú y Cassian
estén bien —dijo Michael.
—No, no —dijo Astrid—. Quiero que sepas la razón real por la que tuve el
accidente de auto.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Michael, confundido.
—Estoy hablando de cómo me distraje tanto que casi maté a nuestro hijo —
dijo Astrid, una nota de ira en su voz—. Fue mi culpa. Era demasiado tarde y
demasiado oscuro, especialmente en aquellas calles estrechas alrededor de los
jardines botánicos. No debería haber estado conduciendo, pero lo hice. Y todo lo
que podía pensar era en dónde estabas y lo que estabas haciendo.
—¿Qué quieres decir? Estaba en casa —dijo Michael con la mayor
naturalidad—. ¿Qué te tenía tan preocupada?
Astrid respiró profundo, y antes de poder detenerse, las palabras salieron a
borbotones.
—Sé que piensas que soy una especie de criatura delicada, pero soy mucho
más dura de lo que piensas. Necesito que seas honesto conmigo, completamente
honesto. Vi un mensaje de texto en tu teléfono el mes pasado, Michael. El sucio. Sé
que estuviste en Hong Kong cuando se suponía que estabas en el norte de China;
encontré tu recibo de la cena en el Petrus. Y sé todo acerca de la pulsera que
compraste de Stephen Chia.
Michael se sentó, el color desapareciendo de su rostro. Astrid le vio
desplomarse en el sofá, su lenguaje corporal gritando. Era totalmente culpable.
Sintió una oleada de confianza que la impulsó a hacer la pregunta que nunca se
imaginó que volvería a preguntar:
—¿Has estado… has estado teniendo una aventura?
Michael suspiró y negó casi imperceptiblemente.
—Lo siento mucho. Siento tanto que tú y Cassian resultaran heridos. Tienes
razón; el accidente de auto fue mi culpa.
—Solo cuéntamelo todo, Michael, y yo… trataré de entender —dijo Astrid en
voz baja, sentándose en la otomana frente a él, una calma sobreviniéndola—. No
más mentiras, Michael. Dime, ¿quién es esta mujer que has estado viendo?
Michael no podía decidirse a mirar a su esposa. Sabía que el momento había
llegado de decir lo que había estado luchando por decir durante tanto tiempo.
—Lo siento mucho, Astrid. No quiero causarte más dolor. Me iré.
Astrid lo miró con sorpresa.
—Michael, te pido que me digas lo que pasó. Quiero saberlo todo, así puedo
poner todo esto detrás de nosotros.
Michael se levantó del sofá abruptamente.
—No sé si eso es posible.
—¿Por qué no?
Michael se apartó de Astrid y miró más allá de las puertas correderas de
cristal de la terraza. Se quedó mirando a los árboles que bordeaban Cavenagh
Road, viéndose como gigantes tallos de brócoli espesos desde arriba. Los árboles
marcaban el perímetro de los terrenos que rodeaba Istana, y más allá de eso, Fort
Canning Park, River Valley Road, y luego el río Singapur. Le gustaría tener el poder
de volar por el balcón, para volar hacia el río y lejos de este dolor.
—Yo... yo te he lastimado demasiado, y ahora no sé si puedo evitar lastimarte
aún más —dijo finalmente.
Astrid se quedó en silencio por un momento, tratando de descifrar lo que
quería decir.
—¿Es porque estás enamorado de esta mujer? —preguntó, con los ojos llenos
de lágrimas—. ¿O es porque tuviste otro hijo con ella?
Michael sonrió misteriosamente.
—Qué, ¿tu padre me tiene bajo vigilancia o algo?
—No seas ridículo. Un amigo simplemente te vio en Hong Kong, eso es todo.
¿Quién es el chico? ¿Y quién es esta mujer que has estado viendo?
—Astrid, el niño y la mujer están más allá del caso. Tú y yo... ya no funciona
para nosotros. Realmente nunca ha funcionado. Hemos estado pretendiendo que sí
—dijo Michael enfáticamente, sintiendo que estas eran sus primeras palabras
verdaderamente honestas con ella en un largo tiempo.
Astrid se le quedó mirando, aturdida.
—¿Cómo puedes decir eso?
—Bueno, quieres que sea honesto, así que estoy siendo honesto. Tu padre
tenía razón; no he estado haciendo mi deber como esposo. He estado demasiado
consumido con mi trabajo, trabajando muchísimo para conseguir elevar esta
compañía. Y tú… tú has estado consumida por tus obligaciones familiares y
viajando por todo el mundo cincuenta veces al año. ¿Qué clase de matrimonio
tenemos? No somos felices —declaró Michael.
—No puedo creer lo que estoy oyendo. He sido feliz. Era muy feliz hasta el día
en que descubrí ese maldito mensaje de texto —insistió Astrid, levantándose y
dando vueltas por la habitación.
—¿Estás segura de eso? ¿Segura de que has sido verdaderamente feliz? Creo
que te estás engañando a ti misma, Astrid.
—Veo lo que estás haciendo, Michael. Estás tratando de encontrar una
manera fácil de salir de esto. Estás tratando de culparme, echármelo todo a mí,
cuando tú eres el culpable. Mira, no soy quien rompió nuestros votos
matrimoniales. No soy la infiel —se molestó Astrid, su sorpresa transformándose
en rabia.
—Está bien, soy culpable. Lo admito. Admito que soy un infiel. ¿Feliz ahora?
—No soy feliz, y me llevará algún tiempo, pero aprenderé a lidiar con ello —
dijo Astrid con la mayor naturalidad.
—¡Bueno, no puedo soportarlo más! —gimió Michael—. Así que voy a
empacar.
—¿Qué es eso de empacar? ¿Quién te está pidiendo que te vayas? ¿Crees que
quiero darte una patada fuera de casa solo porque me engañaste? ¿Crees que soy
tan ingenua, que creo que soy la primera mujer cuyo marido ha tenido una
aventura? No me voy a ningún sitio, Michael. Estoy aquí de pie, tratando de
arreglar esto contigo, por el bien de nuestro matrimonio. Por el bien de nuestro
hijo.
—Astrid, ¿cuándo has hecho nada por el bien de tu hijo? Creo que Cassian
estará mucho mejor creciendo con dos padres felices, en lugar de con padres que
están atrapados en un mal matrimonio —sostuvo Michael.
Astrid estaba perpleja. ¿Quién era este hombre de pie frente a ella? ¿Dónde
había adquirido de pronto toda esta psicología barata?
—Es por esa mujer, ¿verdad? Ya veo... no quieres ser ya parte de esta familia.
Quieres vivir con esta... esta puta, ¿verdad? —exclamó.
Michael respiró hondo antes de contestar.
—Sí. No quiero vivir contigo. Y creo que por el bien de ambos debería irme
hoy. —Sabía que, si alguna vez iba a irse, esta era su oportunidad. Empezó a
caminar hacia el dormitorio. ¿Dónde estaba su maleta grande?
Astrid se paró sin poder hacer nada al lado de la puerta de la habitación,
preguntándose qué había sucedido. No era así como se suponía que debía ir.
Observó aturdida cómo Michael comenzaba a agarrar su ropa y la lanzaba al azar a
su maleta Tumi negra. Ella había querido comprarle un equipaje Loewe cuando
estuvieron en Barcelona el año pasado, pero él insistió en algo más barato y
práctico. Ahora tenía la clara sensación de estar atrapada en un sueño. Nada de
esto realmente podía estar sucediendo. La pelea que acababan de tener. El
accidente de auto. El Michael mujeriego. Nada de eso. Su marido realmente no se
iba. No había manera de que se fuera. Esto era solo una pesadilla. Se abrazó,
pellizcándose la carne alrededor de su codo en repetidas ocasiones, obligándose a
despertar.
N
ick pasó sus dedos a lo largo de los lomos encuadernados en cuero
perfectamente dispuestos en la estantería de caoba neoclásica.
Teniente Hornblower. Islas en raudales. Billy Budd. Todos los títulos
de temática náutica. Tomó un volumen de Knut Hamsun del que nunca había oído
hablar, August, y se instaló en uno de los sillones mullidos, esperando que no lo
molestaran durante un tiempo. Abriendo violentamente la rígida cubierta, pudo
decir de inmediato que sus páginas, como la mayoría de las demás aquí,
probablemente nunca habían visto la luz del día. Nada sorprendente, teniendo en
cuenta que esta suntuosa biblioteca estaba escondida en la cubierta inferior de un
yate de 118 metros que ofrecía distracciones como un salón de baile, un salón de
karaoke para el padre de Bernard, una capilla para su madre, un casino, un bar de
sushi con un chef de sushi a tiempo completo de Hokkaido, dos piscinas y una
bolera al aire libre en la cubierta superior que también se convertía en una pasarela
para desfiles de moda.
Nick miró a la puerta con consternación cuando se escucharon pasos que
bajaban por la escalera de caracol justo fuera de la biblioteca. Si hubiera sido más
inteligente, habría cerrado la puerta detrás de él. Para alivio de Nick, fue Mehmet
quien se asomó.
—Nicholas Young ¿por qué no me sorprende encontrarte en la única sala con
inclinación intelectual de toda esta nave? —comentó Mehmet—. ¿Te importa si me
uno? Este parece ser el lugar más tranquilo del barco, y si tengo que escuchar otro
remix de Hôtel Costes, creo que voy a saltar por la borda y nadar hacia la boya más
cercana.
—Eres más que bienvenido. ¿Cómo están los nativos?
—Increíblemente inquietos, diría yo. Salí de la plataforma de la piscina justo
cuando comenzaba el concurso de los helados con frutas y nueces.
—¿Están haciendo sundae? —Nick enarcó una ceja.
—Sí. Sobre una docena de chicas desnudas de Macao.
Nick negó, cansado.
—Traté de rescatar a Colin, pero quedó atrapado. Bernard ungió a Colin como
el Rey Crema Batida.
Mehmet se dejó caer en una silla del club y cerró los ojos.
—Colin debería haberme escuchado y venir a Estambul para una escapada
relajante antes de la boda. Le dije que te invitara también.
—Ahora, eso hubiera sido bueno. —Nick sonrió—. Prefiero estar en el palacio
de verano de tu familia en las orillas del Bósforo que en este barco.
—Sabes, estoy sorprendido de que Colin haya tenido una despedida de soltero
en primer lugar. No me parecía su tipo de cosas.
—No lo es, pero creo que Colin sintió que no podía rechazar a Bernard, ya que
el padre de Bernard es el mayor accionista minoritario de la Organización Khoo —
explicó Nick.
—Bernard está haciendo un buen trabajo, ¿no? Realmente piensa que Colin
disfruta ser parte de la mayor juerga de droga y borrachera que he visto desde las
vacaciones de primavera en Cabo —murmuró Mehmet.
Nick lo miró sorprendido, sin esperar oír nunca esas palabras salir de la boca
de Mehmet. Mehmet abrió un ojo y sonrió.
—Es una broma. Nunca he estado en Cabo; siempre quise decir eso.
—¡Me asustaste por un segundo! —Nick se rió.
En ese momento, Colin entró tambaleándose en la biblioteca y se dejó caer en
la silla más cercana.
—¡Dios, ayúdame! ¡No creo que pueda volver a comer otra cereza al
marrasquino! —gimió, masajeándose las sienes.
—Colin, ¿en verdad te comiste una de las chicas? —preguntó Mehmet con
incredulidad.
—¡Nooo! Araminta me mataría si descubriera que me había comido un helado
con jarabe de chocolate caliente del coñ… eh, entrepierna de alguna chica. Solo
tomé una cereza, y luego le dije a Bernard que realmente necesitaba ir al baño.
—¿De dónde vinieron todas estas chicas en primer lugar? —preguntó
Mehmet.
—Bernard las contrató de ese burdel al que nos obligó a ir anoche —murmuró
Colin con un fuerte dolor de cabeza.
—Sabes, creo que estaba realmente conmocionado cuando rechazamos a las
chicas que nos había conseguido para pasar la noche —comentó Mehmet.
—Pobre bastardo. Hemos arruinado por completo su fin de semana de soltero,
¿no? No queríamos ir a las peleas de perros, no queríamos hacer videos sexuales
con prostitutas, y declinamos su elegante cocaína peruana. —Nick se rió.
Se podían escuchar chillidos desde la cubierta superior, seguidos por gritos de
pánico.
—Me pregunto qué está pasando ahora —dijo Nick. Pero ninguno de ellos
pudo reunir el esfuerzo para salir de las afelpadas sillas del club. El yate comenzó a
desacelerar, y se podía escuchar a varios tripulantes corriendo por las cubiertas
inferiores.
Alistair se precipitó dentro de la habitación balanceando cuidadosamente una
taza blanca y un platillo con lo que parecía ser un capuchino muy espumoso.
—¿Qué son todos esos gritos en la cubierta? —preguntó Colin con un gemido.
Alistair simplemente puso sus ojos en blanco y se sentó en una de las sillas
junto a la mesa de la regencia con forma de tambor.
—Una de las chicas se cayó por la borda durante el concurso de lucha de
aceite. No se preocupen, sus senos son un excelente dispositivo de flotación.
Comenzó a sorber su café, pero luego hizo una mueca.
—El barman australiano me mintió. Me dijo que podía hacer el flat white
perfecto, y esto ni siquiera está cerca. ¡Esto es solo un pésimo café con leche!
—¿Qué es un flat white? —preguntó Mehmet.
—Es una especie de cappuccino que solo hacen en Oz. Usas la leche espumosa
y vaporosa del fondo de la jarra de leche, reteniendo la espuma en la parte superior
de tal manera que consigas esta textura suave y aterciopelada.
—¿Y eso es bueno? —continuó Mehmet, un poco intrigado.
—Oh, es lo mejor. Tenía que tener al menos dos al día en mis días de
universidad en Sídney —dijo Alistair.
—¡Dios, ahora también lo estoy anhelando! —Colin suspiró—. Esta es una
maldita pesadilla. Solo desearía que pudiéramos bajarnos de este bote y tomar una
taza de café decente en alguna parte. Sé que se supone que es uno de los yates
nuevos más geniales del mundo y debería estar muy agradecido, pero francamente,
se siente como una prisión flotante para mí. —Su rostro se ensombreció, y Nick lo
miró con inquietud. Nick podía sentir que Colin se estaba deslizando rápidamente
en uno de sus profundos bajones. Una idea comenzó a tomar forma en su cabeza.
Sacó su teléfono y comenzó a desplazarse a través de sus contactos, inclinándose
hacia Mehmet y susurrándole al oído. Mehmet sonrió y asintió ansiosamente.
—¿Qué están susurrando? —preguntó Alistair, inclinándose curiosamente.
—Acabo de tener una idea. Colin, ¿estás listo para salir de esta despedida de
soltero patéticamente lastimosa? —preguntó Nick.
—No me gustaría nada más, pero no creo que pueda arriesgarme a ofender a
Bernard y, lo que es más importante, a su padre. Quiero decir, Bernard hizo todo lo
posible para entretenernos a lo grande este fin de semana.
—En realidad, Bernard hizo todo lo posible para entretenerse a sí mismo —
replicó Nick—. Mira lo miserable que eres. ¿Cuánto más de esto quieres soportar,
para que los Tai no se ofendan? Es tu último fin de semana como soltero, Colin.
Creo que tengo una estrategia de salida que no ofenderá a nadie. Si puedo hacerlo
realidad, ¿me seguirás la corriente?
—Está bien... ¿por qué no? —dijo Colin un poco inquieto.
—¡Escuchen, escuchen! —vitoreó Alistair.
***
—Rápido, rápido, tenemos una emergencia médica. Necesito que detengas
este bote, y necesito nuestras coordenadas precisas en este momento —exigió Nick
mientras se precipitaba hacia la cabina del piloto del yate.
—¿Cuál es el problema? —preguntó el capitán.
—Mi amigo sufre de pancreatitis aguda. Tenemos un médico abajo, que
piensa que podría haber comenzado a sangrar internamente. Estoy en línea con el
helicóptero de vuelo de rescate de vida —dijo Nick, levantando su teléfono ansioso.
—Espera un minuto, solo espera un minuto; soy el capitán de este barco. Soy
el que decide si pedimos evacuaciones médicas. ¿Quién es el doctor abajo? Déjame
ir a ver al paciente —exigió bruscamente el capitán.
—Capitán, con el debido respeto, no tenemos un momento que perder. Puedes
venir a verlo todo lo que quieras, pero ahora mismo, solo necesito las coordenadas
de ti.
—¿Pero a quién le estás hablando? ¿Al guardacostas de Macao? Este es un
protocolo altamente irregular. Déjame hablar con ellos —farfulló el capitán
confundido.
Nick encendió su acento más condescendientemente elegante de todos sus
años en Balliol, y frunció el ceño al capitán.
—¿Tienes alguna idea de quién es mi amigo? Es Colin Khoo, heredero de una
de las mayores fortunas del planeta.
—¡No seas presumido conmigo, muchacho! —gritó el capitán—. No me
importa quién es tu amigo, hay protocolos de emergencia marítimos que DEBO
SEGUIR, Y…
—Y AHORA MISMO, mi amigo está debajo de la cubierta de tu barco,
posiblemente muriendo de una hemorragia, ¡porque no me dejarás pedir una
evacuación de emergencia! —interrumpió Nick, alzando la voz para que coincidiera
con la del capitán—. ¿Quieres tomar la culpa de esto? Porque lo harás, puedo
garantizar eso. Soy Nicholas Young y mi familia controla uno de los conglomerados
de embarques más grandes del mundo. ¡Por favor, solo dame las jodidas
coordenadas ahora, o te prometo que personalmente me encargaré de que ni
siquiera seas capaz de capitanear un pedazo de espuma de poliestireno después de
hoy!
Veinte minutos más tarde, mientras Bernard se sentaba en el jacuzzi en forma
de diamante en la cubierta superior mientras una chica mitad portuguesa intentaba
tragarse sus dos testículos bajo los chorros de agua burbujeante, un helicóptero
blanco Sikorsky apareció en el cielo y comenzó a descender sobre el helipuerto del
yate. Al principio, pensó que estaba alucinando de todo el alcohol. Entonces vio a
Nick, Mehmet y Alistair salir al helipuerto, sosteniendo una camilla en la que yacía
Colin, envuelto en una de las mantas de seda Etro del yate.
—¿Qué demonios está pasando? —dijo, saliendo del agua, poniéndose su
bañador Vilebrequin y corriendo hacia el helipuerto.
Se encontró con Lionel en el pasillo.
—Justo venía a decírtelo, Colin se siente horriblemente enfermo. Ha estado
doblado en dolor durante la última hora y vomitando incontrolablemente. Creemos
que es intoxicación por alcohol, por toda la bebida en los últimos dos días. Lo
sacaremos del bote y lo llevaremos directo al hospital.
Corrieron hacia el helicóptero, y Bernard miró a Colin, que estaba gimiendo
suavemente, su rostro en una mueca. Alistair se sentó a su lado, secándole la frente
con una toalla húmeda.
—Pero, pero, ¿por qué demonios nadie me lo dijo antes? No tenía idea de que
Colin se sentía tan enfermo. ¡Kan ni na! Ahora tu familia me va a culpar. Y luego va
a llegar a todas las columnas de chismes, en todos los periódicos —se quejó
Bernard, de repente alarmado.
—Nada va a filtrarse. Nada de chismes ni periódicos —dijo Lionel
solemnemente—. Colin no quiere que te culpen, por eso es que tienes que
escucharme ahora, vamos a llevarlo al hospital y no le diremos a nadie en la familia
lo que está pasando. He tenido una intoxicación por alcohol antes, Colin solo
necesita desintoxicarse y rehidratarse. Estará bien en unos días. Tú y los otros
chicos deben seguir fingiendo que no pasa nada y seguir festejando, ¿está bien? No
llames a la familia, no le digas nada a nadie y te veremos de vuelta en Singapur.
—Está bien, está bien. —Bernard asintió rápidamente, sintiéndose aliviado.
Ahora podría volver a su mamada sin sentirse culpable.
Cuando el helicóptero despegó del yate, Nick y Alistair comenzaron a reír
incontrolablemente ante la figura de Bernard, con su bañador holgado
revoloteando sobre sus pálidos y húmedos muslos, mirándolos con perplejidad.
—No creo que se le ocurriera siquiera que no es un helicóptero médico sino
uno alquilado. —Mehmet se rió entre dientes.
—¿A dónde vamos? —preguntó Colin con entusiasmo, arrojando la manta de
cachemir estampada morada y dorada.
—Mehmet y yo hemos alquilado un Cessna Citation X. Está cargado de
combustible y esperándonos en Hong Kong. A partir de ahí, es una sorpresa —dijo
Nick.
—La Citación X. ¿No es ese el avión que vuela a novecientos kilómetros por
hora? —preguntó Alistair.
—Es aún más rápido cuando solo somos cinco personas sin equipaje. —Nick
sonrió.
***
Apenas seis horas más tarde, Nick, Colin, Alistair, Mehmet y Lionel se
encontraron sentados en sillas de lona en el medio del desierto australiano,
disfrutando de la espectacular vista de la roca resplandeciente.
—Siempre quise venir a Ayers Rock. O Uluru, o como sea que lo llamen ahora
—dijo Colin.
—Es tan tranquilo —dijo Mehmet en voz baja—. Este es un lugar muy
espiritual, ¿no? Realmente puedo sentir su energía, incluso desde esta distancia.
—Se considera el sitio más sagrado para las tribus aborígenes —respondió
Nick—. Mi padre me trajo aquí hace años. En aquellos días, todavía se nos permitía
escalar la roca. Dejaron de permitirlo hace unos años.
—Chicos, no puedo agradecerles lo suficiente. Este fue el escape perfecto de
una despedida de soltero muy errónea. Lamento haberlos expuesto a todos a la
mierda de Bernard. Esto es realmente todo lo que esperaba, estar un lugar increíble
con mis mejores amigos.
Un hombre con un polo blanco y pantalones cortos de color caqui se acercó
con una gran bandeja del lujoso eco-resort cercano.
—Bueno, Colin, Alistair, pensé que la única forma de conseguir que los esnobs
de café dejaran de quejarse y quejarse era conseguir un flat white decente, hecho al
cien por cien en Australia —dijo Nick, mientras el camarero dejaba la bandeja en la
tierra rojiza.
Alistair se llevó la taza a la nariz e inhaló profundamente el rico aroma.
—Nick, si no fueras mi primo, te besaría ahora mismo —bromeó.
Colin tomó un largo sorbo de su café, su perfecta espuma aterciopelada
dejando un bigote blanco y espumoso en su labio superior.
—Este tiene que ser el mejor café que he probado en mi vida. Chicos, nunca lo
olvidaré.
Acababa de anochecer, y el cielo estaba cambiando rápidamente de tonos de
naranja quemados a un azul violeta intenso. Los hombres permanecieron en
silencio, mientras el monolito más grande del mundo brillaba y destellaba en mil
sombras indescriptibles de color carmesí.
W
ye Mun se sentó en su escritorio, estudiando la pieza de papel que su
hija le acababa de entregar. El escritorio adornado era una réplica
del que Napoleón había usado en el Tuileries, con una chapa de
madera de satén y patas doradas de cabezas de leones y torsos que descendían en
elaboradas garras. Wye Mun amaba sentarse en su silla Imperial de terciopelo rojo
profundo y frotar sus pies con calcetines contra las doradas y redondeadas garras,
un hábito por el que su esposa constantemente lo regañaba. Hoy, era Peik Lin
quien sustituyó a su madre.
—¡Papá, vas a quitar todo el oro si no dejas de hacer eso!
Wye Mun la ignoró y continuó frotando sus dedos compulsivamente. Miraba
fijamente los nombres que Peik Lin había escrito durante su conversación
telefónica unos días atrás con Rachel: James Young, Rosemary T΄sien, Oliver
T΄sien, Jacqueline Ling. ¿Estaban estas personas detrás de la misteriosa vieja verja
en Tyersall Road? No reconocer ninguno de estos nombres lo molestó más de lo
que estaba dispuesto a admitir. Wye Mun no pudo evitar recordar lo que su padre
siempre decía: “Nunca olvides que somos hainaneses, hijo. Somos los
descendientes de sirvientes y marineros. Siempre tenemos que trabajar más
fuerte para probar nuestro valor”.
Incluso desde una edad temprana, Wye Mun había sido consciente que siendo
hijo de un inmigrante hainanés educado en China lo ponía en desventaja frente a
los aristocráticos terratenientes chinos o los hokkiens que dominaban la industria
bancaria. Su padre había venido a Singapur como un obrero de catorce años y
construyó un negocio de construcción a punto de puro sudor y tenacidad, y cuando
su negocio familiar floreció al pasar de las décadas hacia un muy difundido
imperio, Wye Mun pensó que había igualado el campo de juego. Singapur era una
meritocracia, y quien tuviera un buen desempeño era invitado al círculo de
ganadores. Pero esas personas, esas personas detrás de las puertas eran un
repentino recordatorio que esto no era enteramente su caso.
Con sus hijos todos adultos ahora, era tiempo que la próxima generación
continuara conquistando nuevos territorios. Su hijo mayor, Peik Wing, había hecho
bien en casarse con la hija de un joven MP, una chica cantonesa que fue educada
como cristiana, no menos. P.T. todavía se divertía y disfrutaba de sus formas de
playboy, así que el foco de atención ahora era Peik Lin. De sus tres hijos, Peik Lin
se parecía más a él. Ella era su más astuta, más ambiciosa, y atreviéndose a admitir,
la hija más atractiva. Era la única que se sentía confiada en superarlos a todos y
haría una verdadera y brillante pareja, uniendo a los Goh con una de las familias de
sangre azul de Singapur. Podía sentir que la manera en que su hija hablaba era
porque tramaba algo, y él estaba determinado en ayudarla a cavar más
profundamente.
—Creo que es tiempo de hacerle una visita al doctor Gu —le dijo a su hija.
Doctor Gu era un médico retirado de ochenta años, un excéntrico que vivía
solo en una pequeña y dilapidada casa en el fondo de Dunearn Road. Había nacido
en Xian en una familia de eruditos, pero se mudó a Singapur en su juventud para ir
a la escuela. En el orden natural de como la sociedad de Singapur trabajaba, Wye
Mun y doctor Gu quizás nunca hubieran cruzado caminos si no hubiese sido por la
terquedad exasperante del doctor Gu hace treinta y algo de años atrás.
Goh Developments había estado construyendo un nuevo complejo de casas
adosadas a lo largo de Dunearn Road, y el pequeño lote del doctor Gu era la sola
obstrucción del proyecto interponiéndose en su camino. Sus vecinos habían sido
comprados bajo condiciones extremadamente favorables, pero el doctor Gu se negó
a ceder. Después que todos sus abogados hubieran fallado en sus negociaciones,
Wye Mun condujo hacia la casa por sí mismo, armado con su chequera y
determinado a introducirle algo de sentido común al viejo. En cambio, el brillante y
viejo cascarrabias lo convenció de alterar su esquema entero, y el desarrollo
revisado resultó ser incluso más exitoso, debido a sus recomendaciones. Wye Mun
ahora se encontraba visitando a su nuevo amigo para ofrecerle un trabajo. El doctor
Gu se negó, pero Wye Mun continúo regresando, completamente fascinado por el
conocimiento enciclopédico del doctor Gu de la historia de Singapur, su adecuado
análisis de los mercados financieros, y su maravilloso té Longjing.
Wye Mun y Peik Lin condujeron hacia la casa del doctor Gu, estacionando el
nuevo y brillante Maserati Quattroporte de Wye Mun justamente afuera de la verja
de metal corroída de óxido.
—No puedo creer que todavía viva aquí —dijo Peik Lin, mientras caminaban
por el cemento fracturado del camino de entrada—. ¿No debería estar en un hogar
de retiro ahora?
—Creo que se las arregla bien. Tiene una sirvienta, y también dos hijas, sabes
—dijo Wye Mun.
—Él fue lo suficientemente inteligente de no venderte su casa hacia treinta
años. Este pequeño pedazo de tierra vale más que una fortuna ahora. Es el último
lote sin desarrollo en Dunearn Road, probablemente podamos incluso construir
una muy nueva, y pequeña torre de apartamento aquí —comentó Peik Lin.
—Te digo lah, intenta morir en esta choza. ¿Te conté lo que escuché de mi
corredor de bolsa el señor Oei hace muchos años? Doctor Gu tiene un millón de
acciones de HSBC.
—¿Qué? —Peik Lin le regresó a su padre una mirada sorprendida—. ¿Un
millón de acciones? ¡Eso es más de cincuenta millones en el dólar de ahora!
—Comenzó a comprar acciones de HSBC en los años cuarenta. Escuché este
pequeño chisme hace veinte años atrás, ¿y las acciones se han dividido cuántas
veces desde ese entonces? Te lo digo, el viejo doctor Gu vale ciento de millones
ahora.
Peik Lin observó fijamente con renovada admiración cuando un hombre con
una mata de cabello blanco revoltoso salió cojeando hacia el porche en una camisa
marrón de poliéster de mangas cortas que parecía que había sido confeccionada en
la Habana de antes de Castro y pantalones de pijama verde oscuro.
—¡Goh Wye Mun! Todavía gastando dinero en autos costosos, por lo que veo
—bramó, su voz sorpresivamente robusta para un hombre de su edad.
—¡Saludos, doctor, Gu! ¿Se acuerda de mi hija, Peik Lin? —dijo Wye Mun,
dándole unas palmaditas al viejo hombre en la espalda.
—Aiyah, ¿esta es tu hija? Pensé que esta chica linda debía ser seguramente tu
nueva amante. Sé cómo son todos los magnates de propiedades.
Peik Lin rió.
—Hola, doctor Gu. Mi padre no estuviera aquí de pie si yo fuera su amante.
¡Mi madre lo castraría!
—Oh, pero pensé que ella ya había hecho eso hace un tiempo atrás. —Todos
rieron, mientras el doctor Gu los guiaba hacia unas cuantas sillas de madera
arregladas en su pequeño jardín delantero. Peik Lin notó que el césped estaba
meticulosamente cortado y bordeado. La cerca que enfrentaba Dunearn Road
estaba cubierta en gruesas vides entrelazadas de campanillas, ocultando el pequeño
parche bucólico del tráfico a lo largo de la abarrotada carretera. No hay un solo
lugar como este a lo largo de esta calle entera, pensó Peik Lin.
Una sirviente china ya mayor salió de la casa con una gran bandeja
redondeada de madera. En ella había tazas de té de cerámica, una vieja tetera de
cobre, tres tazas de té de arcilla, y tres pequeñas copas de vidrio. Doctor Gu sostuvo
su brillante tetera en alto sobre las tazas de té y comenzó a verter.
—Me encanta ver al doctor Gu hacer su té ritual —dijo Wye Mun a su hija
suavemente—. Ve cómo vierte el agua desde lo alto. Esto es conocido como xuan hu
gao chong, “lavando desde una olla elevada”. —Luego, doctor Gu, empezó a verter
el té en las otras tres copas, pero en lugar de ofrecerlas a los visitantes, arrojó el
claro té color caramelo dramáticamente de cada copa al césped detrás de él, para la
sorpresa total de Peik Lin. Luego rellenó la tetera con una fresca tanda de agua
caliente—. Ve, Peik Lin, esa fue la primera lavada de las hojas, conocida como hang
yun liu shui, “una hilera de nubes, corriendo agua”. Esta segunda vertida es de una
altura más baja llamada zai zhu qing xuan, “dirige de nuevo la primavera pura” —
continuó Wye Mun.
—Wye Mun, a ella probablemente le importa poco estos viejos proverbios —
dijo doctor Gu, antes de lanzarle una precisa y clínica explicación—. La primera
vertida fue hecha desde una altura tal que la fuerza del agua lave las hojas de
Longjing. El agua caliente también ayuda a aclimatar la temperatura de la tetera y
las tazas. Luego haces la segunda vertida, esta vez más despacio y cerca de la boca
de la olla, para gentilmente coaccionar el sabor fuera de las hojas. Ahora dejamos
en remojo por un rato.
El sonido de chirriantes frenos de camiones justamente al otro lado de la
cerca interrumpió la serenidad del ritual del té del doctor Gu.
—¿Acaso todo ese ruido no le molesta? —preguntó Peik Lin.
—Para nada. Me recuerda que todavía estoy vivo, y que mi audición no está
deteriorándose tan rápido como había planeado —respondió el doctor Gu—. ¡En
ocasiones deseo no tener que oír todas las tonterías que salen de la boca de los
políticos!
—Vamos, lah, doctor Gu, si no fuera por nuestros políticos, ¿pensarías que
serías capaz de disfrutar este hermoso jardín tuyo? Piensa en cómo ellos han
transformado este lugar que era una isla retrasada en uno de los países más
prósperos en el mundo —discutió Wye Mun, siempre a la defensiva cuando algún
ciudadano criticaba al gobierno.
—¡Qué basura! La prosperidad no es nada más que una ilusión. ¿Sabes lo que
mis hijas están haciendo con esta prosperidad? Mi hija mayor inició un instituto de
investigación de delfines. Está determinada a rescatar los delfines blancos del Río
Yangtze de la extinción. ¿Sabes cuán contaminado esta ese río? ¡Ese maldito
mamífero ya está extinto! Los científicos no han sido capaces de localizar a una sola
de esas criaturas por años, pero ella está determinada a encontrarlos. ¿Y mi otra
hija? Compra viejos castillos en Escocia. Ni siquiera los escoceses quieren esos
viejos hoyos desmoronados, pero mi hija lo hace. Gasta millones restaurándolos, y
luego nadie llega a visitarla. Su derrochador hijo, mi único nieto y tocayo, tiene
treinta seis años. ¿Quieres saber lo que hace?
—No… quiero decir, sí —dijo Peik Lin, tratando de reírse.
—Tiene una banda de Rock and Roll en Londres. Ni siquiera como esos
Beatles, que al menos hicieron dinero. Este tiene largo y grasiento cabello, usa
delineador negro, y hace ruidos horribles con aparatos del hogar.
—Bueno, al menos ellos están siendo creativos —dijo educadamente Peik Lin.
—¡Desperdiciando creativamente todo mi dinero duramente ganado! Te lo
digo, esto llamado “prosperidad” va a ser la caída de Asia. Cada nueva generación
se vuelve más perezosa que la anterior. Piensan que pueden hacer una fortuna de la
noche a la mañana solo por deshacerse de propiedades y tener una pista caliente en
la bolsa de valores. ¡Ha! Nada dura para siempre, y cuando este desarrollo termine,
esto jóvenes no sabrán lo que los golpeó.
—Eso es por lo que fuerzo a mis hijos a trabajar para vivir, no van a conseguir
un solo centavo de mí hasta que esté a dos metros bajo tierra —dijo Wye Mun,
guiñándole a su hija.
Doctor Gu echó un vistazo a la tetera, finalmente satisfecho con la infusión.
Vertió el té en las copas de vidrio.
—Ahora esto es llamado long feng cheng xiang, que significa “el dragón y el
fénix predicen buena fortuna” —dijo, colocando una taza de té sobre la más
pequeña taza de vidrio e invirtiendo las copas diestramente, liberando el té en las
copas para beber.
Le presentó la primera copa a Wye Mun, y la segunda copa a Peik Lin. Ella le
agradeció y tomó el primer sorbo. El té era refrescantemente amargo, e intentó no
hacer una mueca mientras lo tragaba.
—Entonces, Wye Mun, ¿qué es lo que realmente te trae hoy aquí?
Seguramente no viniste a escuchar la rabieta de un hombre viejo. —El doctor Gu
observó a Peik Lin—. Tu padre es muy astuto, sabes. Él solo me llama cuando
necesita sacarme algo de información.
—Doctor Gu, tus raíces van profundamente en Singapur. Dime, ¿has oído de
James Young? —preguntó Wye Mun, cortando la persecución.
El doctor Gu levantó su vista de servir el té con un sobresaltó.
—¡James Young! No he oído a nadie decir ese nombre en décadas.
—Entonces, ¿lo conoció? Conocí a su nieto recientemente. Está saliendo con
una buena amiga mía —explicó Peik Lin. Tomó otro sorbo de su té, encontrándose
a sí misma apreciando su sedosa amargura más y más con cada sorbo.
—¿Quiénes son los Young? —preguntó ansiosamente Wye Mun.
—¿Por qué de repente estás tan interesado en estas personas? —preguntó el
doctor Gu.
Wye Mun consideró la pregunta cuidadosamente antes de responder.
—Estamos tratando de ayudar a la amiga de mi hija, ya que va bastante en
serio con este chico. No estoy familiarizado con la familia.
—Por supuesto que no los conociste, Wye Mun. Difícilmente alguien lo hace
en estos días. Tengo que admitir que mi propio conocimiento está bastante
desactualizado.
—Bueno, ¿qué nos puedes decir? —presionó Wye Mun.
El doctor Gu tomó un largo sorbo de su té y se acomodó en una posición más
cómoda.
—Los Young son descendiente, creo, de una larga línea de médicos de la corte
real, que se remonta a la dinastía Tang. James Young, sir James Young, de hecho,
fue el primer neurólogo educado en el occidente en Singapur, entrenado en Oxford.
—¿Hizo su fortuna como médico? —pregunto Wye Mun, bastante
sorprendido.
—¡Para nada! James no era el tipo de persona a quien le importaba hacer una
fortuna. Estaba demasiado ocupado salvando vidas en la Segunda Guerra Mundial,
durante la ocupación japonesa —dijo el doctor Gu, viendo los patrones
entrecruzados de hiedra en sus cercas como si de repente parecieran transformarse
en patrones parecidos a diamantes, recordándole a verja metálica de hace un largo
tiempo atrás.
—¿Así que lo conoció durante la guerra? —preguntó Wye Mun, sacando
abruptamente al doctor Gu de su recuerdo.
—Sí, sí, así es como lo conocí —dijo el doctor Gu lentamente. Dudó por unos
cuantos segundos, antes de continuar—. James Young estaba a cargo de un cuerpo
médico subterráneo en el que brevemente estuve involucrado. Luego de la guerra,
estableció su clínica en la vieja sección de Chinatown, específicamente para servir a
los pobres y ancianos. Escuché que durante años prácticamente no les cobraba
nada a sus pacientes.
—¿Entonces cómo hizo su dinero?
—Ahí vas de nuevo, Wye Mun, siempre persiguiendo el dinero —reprochó el
doctor Gu.
—Bueno, ¿de dónde vino la enorme casa? —preguntó Wye Mun.
—Ah, veo la verdadera naturaleza de tu interés ahora. Debes estar refiriéndote
a la casa en las afueras de Tyersall Road.
—Sí. ¿Ha estado allí? —preguntó Peik Lin.
—Por Dios, no. Solo escuché sobre ella. Como dije, realmente no conocía a
James muy bien; nunca habría sido invitado.
—Dejé a mi amiga fuera de esa casa la semana pasada, y apenas lo podía creer
cuando vi el lugar.
—¡Debes estar bromeando! ¿La casa todavía sigue allí? —dijo el doctor Gu,
viéndose bastante sorprendido.
—Sí —respondió Peik Lin.
—Había pensado que ese lugar hace mucho tiempo había desaparecido. Debo
decir que estoy un poco impresionado que la familia nunca la vendió en todos estos
años.
—Sí, estoy bastante sorprendido que haya una propiedad tan grande en esta
isla —interrumpió Wye Mun.
—¿Por qué deberías estarlo? El área completa detrás de los Jardines
Botánicos solía estar lleno de grandes propiedades. El sultán de Johore tuvo un
palacio por allí llamado Istana Woodneuk que se quemó desde los cimientos hace
muchos años. ¿Dijiste que estuviste la semana pasada? —preguntó el doctor Gu.
—Sí, pero no entré.
—Una lástima. Sería un raro placer ver una de esas casas. Quedan muy pocas,
gracias a todos los brillantes desarrolladores —dijo doctor Gu, viendo en enojo
burlesco a Wye Mun.
—Entonces si James Young nunca hizo dinero, ¿cómo…? —empezó Wue Mun.
—¡Tú no escuchas, Wye Mun! Dije que James Young no estaba interesado en
hacer dinero, pero nunca dije que no tuviera nada. Los Young tienen dinero,
generaciones de dinero. Además, James se casó con Shang Su Yi. Y ella, puedo
decirlo de hecho, viene de una familia tan imposiblemente rica, que haría llorar a
tus ojos, Wye Mun.
—Entonces, ¿quién es ella? —preguntó Wye Mun, su curiosidad elevándose a
un punto de ebullición.
—Está bien, te diré y te callarás de una buena vez. Ella es la hija de Shang
Loong Ma. Nunca habías escuchado ese nombre, tampoco, ¿cierto? Él era un
enormemente rico banquero en Pekín, y antes que la dinastía Qing cayera, él muy
inteligentemente movió su dinero a Singapur, donde hizo una fortuna incluso más
grande en navío y bienes de consumo. El hombre tenía sus tentáculos en cada
negocio importante en la región, controló todas las líneas de navíos desde las
Indias Orientales holandesas hasta Siam, y era la mente maestra detrás de la unión
de los primeros bancos Hokkien en los años treinta.
—Entonces la abuela de Nick heredó todo eso —concluyó Peik Lin.
—Ella y su hermano, Alfred.
—Alfred Shang. Mmm… otro tipo del que nunca he oído —dijo enojado Wye
Mun.
—Bueno, eso no es sorprendente. Se mudó a Inglaterra muchas décadas atrás,
pero todavía es, muy discretamente, una de las figuras más influyentes de Asia.
Wye Mun, tienes que darte cuenta que antes de tu generación de gatos gordos,
hubo una generación anterior de magnates quienes hicieron su fortuna y se
movieron a unas pasturas más verdes. Pensé que la mayoría de los Young se habían
dispersado hace mucho tiempo de Singapur. La última vez que oí alguna noticia,
fue cuando una de las hijas se había casado con alguien de la familia real
tailandesa.
—Se oye como un grupo bastante bien conectado —dijo Peik Lin.
—Oh, sí, efectivamente. La hija mayor, por ejemplo, está casada con Harry
Leong.
—Harry Leong, ¿el tipo que es director del Instituto de Asuntos de la ASEAN?
—Ese solo es un título, Wye Mun. Harry Leong es una de las personas
influyentes que controla importantes posiciones en nuestro gobierno.
—No me sorprende que siempre lo veo en la casilla de primer ministro en las
celebraciones del Día Nacional. Entonces esta familia es cercana al centro del
poder.
—Wye Mun, ellos son el centro del poder —corrigió el doctor Gu, girándose
hacia Peik Lin—. ¿Dices que tu amiga está saliendo con su nieto? Entonces es una
chica afortunada, si se casa y entra a este clan.
—Estaba empezando a pensar la misma cosa —dijo suavemente Peik Lin.
El doctor Gu consideró a Peik Lin seriamente por un momento, y luego vio
directamente hacia sus ojos, diciendo:
—Recuerda, cada tesoro viene con un precio. —Ella atrapó su mirada por un
momento, antes de apartarla.
—Doctor Gu, siempre es bueno verlo. Muchas gracias por toda su ayuda —dijo
Wye Mun, levantándose. Estaba comenzando a tener un dolor de espalda por la
desvencijada silla de madera.
—Y gracias por el maravilloso té —dijo Peik Lin, ayudando al doctor Gu a
levantarse de su asiento.
—¿Alguna vez aceptará mi invitación y vendrá a cenar? Tengo una nueva
cocinera que hace un asombroso Ipoh hor fun106, doctor Gu.
—Tú no eres el único que tiene un buen cocinero, Goh Wye Mun —dijo doctor
Gu irónicamente, caminando con ellos hacia su auto.
Mientras Wye Mun y Peik Lin se unían al tráfico de la tarde en Dunearn Road,
Wye Mun dijo:
—¿Por qué no invitamos a Rachel y su novio a cenar la próxima semana?
Peik Lin asintió.
—Llevémoslos a un lugar con clase, como Min Jiang.
El doctor Gu estuvo de pie por la verja, viendo cómo el auto desaparecía, el sol
se estaba ocultando justamente sobre la cima de los árboles, unos cuantos rayos de
luz penetrando a través de las ramas y resplandeciendo en sus ojos.
Se despertó con un sobresalto en el sol cegador para encontrar sus muñecas
sangrientas atadas apretadamente contra la oxidada valla metálica. Un grupo de
oficiales caminaron cerca, y notó un hombre uniformado mirándolo
decididamente. ¿De alguna manera parecía familiar? El hombre fue a la oficina
del comandante y apuntó directamente hacia él. Maldición a los dioses. Esto era
todo. Él vio hacia ellos, intentando recoger tanto odio como pudo en su expresión.
Quería morir desafiante, con orgullo. El hombre dijo calmadamente, en un inglés
con acento británico.
—Ha habido una equivocación. Ese que está por allá en el medio es solo un
pobre e idiota sirviente. Lo reconozco de la granja de mi amigo, donde cría
cerdos. —Uno de los soldados japoneses tradujo al oficial comandante, quien hizo
una mueca de disgusto antes de gritar unas cuantas órdenes.
Fue liberado, y llevado a arrodillarse frente a los soldados. A través de sus
ojos cansados, de repente reconoció al hombre que lo había señalado. Era el
doctor Young, quien había enseñado en una de sus clases de cirugía cuando
estaba en entrenamiento médico.
—Ve, este no es un hombre de importancia. Ni siquiera merece sus balas.
Déjenlo regresar a la granja donde pueda alimentar a los sucios cerdos —dijo el
doctor Young, antes de caminar fuera con los otros soldados. Mas discusión entre
los soldados sucedió y antes de saber lo que estaba pasando, se encontró ubicado
en un camión de transporte destinado a las granjas de trabajo en Geylang. Meses
después, se encontró con el doctor Young en una reunión en la habitación secreta
escondida detrás de una tienda en Telok Ayer Street. Empezó a agradecerle
profusamente por salvarle su vida, pero el doctor Young lo descartó
rápidamente—. Tonterías, tú hubieras hecho lo mismo por mí. Además, no podía
dejar que ellos mataran a otro doctor. Quedan muy poco de nosotros —dijo
sencillamente.

106 Un manjar de Ipoh, Malasia: fideos de arroz servidos en una sopa clara con gambas, pollo

desmenuzado y chalotas fritas.
Mientras el doctor Gu caminaba lentamente hacia su casa, sintió una
repentina oleada de remordimiento. Deseó no haber dicho tanto sobre los Young.
Wye Mun, como siempre, lo había dirigido hacia las historias sobre el dinero, y
había perdido la oportunidad de decirles la verdadera historia, sobre un hombre
cuya grandeza no tenía nada que ver con la riqueza o el poder.
—¡H
e estado tratando de contactarte por días! ¿Dónde has
estado? ¿Recibiste todos los mensajes que dejé en el hotel?
—le preguntó Kerry a su hija en trepidante mandarín.
—Mamá, lo siento; estuve fuera todo el fin de semana y acabo de regresar —
respondió Rachel, levantando la voz como siempre hacía cuando hablaba con
alguien a larga distancia, aunque podía escuchar a su madre perfectamente bien.
—¿Dónde fuiste?
—Fui a una isla remota en el Océano Índico para una fiesta de despedida de
soltera.
—¿Eh? ¿Fuiste a la India? —preguntó su madre, todavía confundida.
—No, no a la India. Es una ISLA en el OCÉANO ÍNDICO, frente a la costa de
Indonesia. Está a una hora en avión de Singapur.
—¿Tomaste un viaje en avión solo por dos días? Hiyah, ¡qué desperdicio de
dinero!
—Bueno, yo no estaba pagando, y, además, volé en un avión privado.
—¿Volaste en un avión privado? ¿De quién es el avión?
—La novia.
—¡Wah! Tan afortunada, ah. ¿Es la novia muy rica?
—Mamá, esta gente... —comenzó Rachel, antes de bajar la voz
discretamente—. Tanto la novia como el novio provienen de familias muy
adineradas.
—¿En serio? ¿Qué hay de la familia de Nick? ¿Son ricos también? —preguntó
Kerry.
¿Cómo sabía que esta sería la siguiente pregunta de la boca de su madre?
Rachel miró hacia el baño. Nick todavía estaba en la ducha, pero decidió salir
de la habitación de todos modos. Caminó hacia el jardín hacia el lado más tranquilo
y sombreado de la piscina.
—Sí, mamá, Nick proviene de una familia adinerada —dijo Rachel, sentándose
en una de las tumbonas junto a la piscina.
—Sabes, esto es algo que sospeché desde el principio. Él está tan bien
educado. Puedo decirlo solo con ver cómo se comporta durante la cena. Esos
buenos modales, y siempre me ofrece la mejor parte de la carne, como la mejilla de
pescado o la pieza de pato más jugosa.
—Bueno, realmente no importa, mamá, porque parece que todos aquí son
ricos. Creo que todavía estoy en una especie de conmoción cultural, o tal vez es una
conmoción financiera. La forma en que estas personas gastan dinero, las casas, los
aviones y las docenas de mucamas, necesitas verlo con tus propios ojos. Es como si
la recesión no estuviera sucediendo aquí. Todo es ultramoderno y reluciente.
—Eso es todo lo que escucho de amigos que visitan Singapur. Que es limpio,
muy limpio. —Kerry hizo una pausa por un momento, su voz tomando un tono de
preocupación—. Hija, debes tener cuidado.
—¿Qué quieres decir, mamá?
—Sé cómo pueden ser esas familias, y no quieres darles la impresión de que
buscas el dinero de Nick. A partir de ahora, debes ser extremadamente cuidadosa
con la forma en que te presentas.
Demasiado tarde para eso, pensó Rachel.
—Solo estoy siendo yo misma, mamá. No voy a cambiar mi comportamiento.
—Quería contarle a su madre el terrible fin de semana, pero sabía que solo la
preocuparía innecesariamente. Había hecho lo mismo con Nick, compartiendo solo
los detalles más vagos. (Además, habían pasado la mayor parte de la tarde en una
sesión maratónica de hacer el amor, y no había querido estropear su felicidad
poscoital con cualquier historia de terror).
—¿Nick es bueno contigo? —preguntó su madre.
—Por supuesto, mamá. Nick es un amor, como siempre. Él solo está distraído
en este momento con la boda de su amigo. Va a ser la boda más grande que Asia
haya visto en su vida, mamá. Todos los periódicos lo han estado cubriendo.
—¿De verdad? ¿Debo obtener uno de los periódicos chinos cuando vaya a San
Francisco mañana?
—Claro, puedes intentarlo. La novia es Araminta Lee, y el novio es Colin
Khoo. Busca sus nombres.
—¿Cómo son los padres de Nick?
—No lo sé. Me reuniré con ellos esta noche.
—¿Has estado allí por casi una semana y aún no has conocido a sus padres? —
comentó Kerry, con luces de advertencia en la cabeza.
—Estuvieron fuera del país la semana pasada, mamá, y luego nosotros
estuvimos fuera este fin de semana.
—¿Entonces vas a conocer a sus padres hoy?
—Sí, a cenar en su casa.
—¿Pero por qué no te quedas con ellos? —preguntó Kerry, su preocupación
creciendo. Había tantas pequeñas señales que su hija americanizada no entendía.
—Mamá, deja de sobre analizar esto. El amigo de Nick es dueño del hotel, por
lo que nos quedaremos aquí durante el período de la boda para mayor comodidad.
Pero nos mudaremos a la casa de su abuela la próxima semana.
Kerry no compró la explicación de su hija. En su opinión, todavía no tenía
sentido que el único hijo de una familia china se quedara en un hotel con su novia
en vez de en la casa de sus padres. A menos que él estuviera avergonzado de
Rachel. O peor aún, tal vez los padres le habían prohibido que la llevara a casa.
—¿Qué le estás llevando a sus padres? ¿Conseguiste los regalos de Estée
Lauder como te dije?
—No, pensé que sería demasiado personal darle cosméticos a la mamá de
Nick sin siquiera conocerla. Hay una excelente florería en el hotel, y…
—¡No, hija, nunca lleves flores! Especialmente no esos blancos que amas. Las
flores blancas son solo para funerales. Debes llevarles una gran canasta de
mandarinas y dárselas con ambas manos. Y asegúrate de inclinar la cabeza muy
profundamente cuando saludes a su madre y su padre por primera vez. Todos estos
son gestos de respeto.
—Lo sé, mamá. Estás actuando como si tuviera cinco años. ¿Por qué de
repente estás tan preocupada?
—Esta es la primera vez que has sido seria con un hombre chino. Hay tanto
que no sabes acerca de la etiqueta adecuada con estas familias.
—No sabía que podías ser tan anticuada —bromeó Rachel—. Además, la
familia de Nick no parece realmente china en absoluto. Parecen más británicos, en
todo caso.
—No importa. Tú eres china, y todavía necesitas comportarte como una chica
china bien educada —dijo Kerry.
—No te preocupes, mamá. Es solo la cena —dijo Rachel a la ligera, a pesar de
que su ansiedad estaba empezando a aumentar.
C
on su posición privilegiada en la cima de Cairnhill Road, las Residences
at One Cairnhill eran un sorprendente enlace de preservación
arquitectónica y genialidad inmobiliaria. Originalmente casa del
prominente banquero Kar Chin Kee y construida durante el período victoriano
tardío, la casa había sido durante mucho tiempo un punto de referencia. Pero a
medida que los valores de la tierra se dispararon a lo largo de las décadas, todas las
otras grandes casas dieron paso a los desarrolladores y torres de gran altura que
surgieron alrededor de la elegante mansión como gigantescos bambús. Cuando el
gran hombre murió en 2006, se consideró que la casa era demasiado histórica
como para derribarla, pero era demasiado valiosa para permanecer como una sola
residencia. Así que los herederos de Kar Chin decidieron preservar la estructura
original, convirtiéndola en la base de una elegante torre de vidrio de treinta pisos
donde ahora vivían los padres de Nick (cuando estaban en Singapur).
Mientras el taxi subía la colina hacia el imponente pórtico de columnas
corintias, Nick le explicó su historia a Rachel.
—El tío Chin Kee era amigo de mi abuela, así que solíamos visitarlo cada año
nuevo chino, y me hacía recitar un elaborado poema en mandarín. Entonces el
viejo, que apestaba a cigarros, me daba un hong bao107 relleno con quinientos
dólares.
—¡Eso es una locura! —exclamó Rachel—. El mayor hong bao que he tenido
en mi vida fue de cincuenta dólares, y eso fue por este imbécil saliendo con mi
madre que realmente estaba tratando de ganarme. ¿Qué hiciste con todo ese
dinero?
—¿Estás bromeando? Mis padres lo conservaron, por supuesto. Conservaron
todo mi dinero de Año Nuevo; nunca vi un centavo.
Rachel lo miró con horror.
—¡Eso está mal! Los Hong Baos son tan sagrados como los regalos de
Navidad.

107 Mandarín por los pequeños paquetes rojos de dinero que los adultos casados y las

personas de edad avanzada regalan durante el Año Nuevo chino a los niños y jóvenes solteros como
un acto de buena voluntad. Originalmente una moneda simbólica o varios dólares, el hong bao en
los últimos tiempos se ha convertido en un deporte competitivo, ya que los chinos ricos se esfuerzan
por impresionarse unos a otros dando sumas cada vez mayores. En la década de 1980, $20 se
consideraba habitual y $50 era un gran problema. En estos días, $100 se ha convertido en el
mínimo en todas las mejores casas. Dado que se considera de mala educación abrir un hong bao en
presencia del dador, esto ha llevado al fenómeno de niños pequeños corriendo al baño
inmediatamente después de recibir uno para poder ver cuánto han anotado.
—¡No me hagas hablar de lo que hicieron con mis regalos de Navidad! —Se rió
Nick.
Cuando entraron en el ascensor, Rachel inhaló profundamente mientras se
preparaba para encontrarse con los padres de Nick, estos secuestradores de hong
bao, por primera vez.
—Oye, no te olvides de reeespirar —dijo Nick, masajeando sus hombros
suavemente. En el piso treinta, el ascensor se abrió directamente en el vestíbulo del
pent-house y fueron recibidos por un enorme panel de vidrio que enmarcaba una
vista panorámica del distrito comercial de Orchard Road.
—¡Vaya! —susurró Rachel, maravillada por el crepúsculo púrpura oscuro que
se asentaba sobre el horizonte.
Una mujer apareció desde la vuelta de la esquina y dijo:
—Aiyah, Nicky, ¿por qué tienes el cabello tan largo? ¡Te ves como un rufián!
Será mejor que cortes eso antes de la boda de Colin.
—Hola, mamá —dijo Nick simplemente. Rachel todavía se tambaleaba por la
brusquedad de este encuentro cuando Nick continuó—: Mamá, me gustaría que
conozcas a Rachel Chu, mi novia.
—Oh, hola —dijo Eleanor, como si no tuviera idea de quién podría ser la chica.
Así que esta es la chica. Se ve mejor que en la foto del anuario escolar obtenida
por el detective.
—Es un placer conocerla, señora Young —se encontró diciendo Rachel,
aunque su mente todavía estaba tratando de aceptar la idea de que esta mujer
pudiera ser la madre de Nick. Rachel había esperado una gran dama imperiosa con
un rostro blanco empolvado y un permanente apretado, vestida con un traje
pantalón de Hillary Clinton, pero ante ella se encontraba una mujer llamativa con
un top moderno de cuello redondo, mallas negras y bailarinas, luciendo demasiado
joven para tener un hijo de treinta y dos años. Rachel inclinó la cabeza y le presentó
su regalo de mandarinas.
—¡Qué adorable! ¡Aiyah, realmente no deberías haberlo hecho! —respondió
Eleanor amablemente. ¿Por qué demonios trajo mandarinas? ¿Cree que es Año
Nuevo chino? ¿Y por qué se inclina como una estúpida geisha japonesa?—. ¿Has
estado disfrutando de Singapur hasta ahora?
—Sí, mucho —respondió Rachel—. Nick me ha llevado a probar la comida más
fantástica en la calle.
—¿A dónde la llevaste? —Eleanor miró a su hijo con recelo—. Tú mismo eres
prácticamente un turista; no conoces todos los rincones secretos como yo.
—Hemos estado en Lau Pa Sat, Old Airport Road, Holland Village —comenzó
Nick.
—¡Alamak! ¿Qué hay para comer en Holland Village? —exclamó Eleanor.
—¡Mucho! Tuvimos la mejor rojak para el almuerzo —dijo Nick a la defensiva.
—¡Disparates! Todos saben que el único lugar para ir por rojak es ese puesto
en el último piso de Lucky Plaza.
Rachel se rió, sus nervios disipándose rápidamente. La madre de Nick era
muy graciosa. ¿Por qué estaba tan nerviosa?
—Bueno, esto es todo —le dijo Eleanor a su hijo, señalando el espacio.
—No sé de lo que estabas hablando, mamá, el lugar luce perfecto.
—¡Alamak, no sabes cuánto dolor de cabeza me ha causado este piso!
Tuvimos que volver a teñir los pisos seis veces para obtener el acabado correcto. —
Nick y Rachel bajaron la mirada a los hermosos pisos de roble blanco reluciente—.
Y luego, algunos de los muebles personalizados en las habitaciones de invitados
tuvieron que ser rehechos, y las cortinas opacas automáticas en mi habitación no
son lo suficientemente oscuras. He tenido que dormir en una de las habitaciones de
invitados en el otro lado del apartamento durante más de un mes porque las
cortinas están en pedido pendiente desde Francia.
El vestíbulo de entrada se abrió a una gran sala con techos de nueve metros y
un patrón de tragaluces en forma de rejilla que bañaba la habitación de luz. El
espacio se hizo aún más dramático por un pozo oval hundido en el centro, con
elegantes sofás de color naranja de Hermès perfectamente contorneados a ambos
lados del óvalo. Desde el techo, una lámpara de araña de oro esculpido y lágrimas
de vidrio curvado bajaba hasta casi tocar la mesa de café oval flotante. Rachel
apenas podía creer que los padres de Nick vivieran en ese espacio; parecía más el
vestíbulo de un hotel increíblemente moderno. Sonó un teléfono en otra habitación
y una doncella se asomó por la puerta para anunciar:
—Son la señora Foo y la señora Leong.
—Oh, Consuelo, por favor envíalas —dijo Eleanor. Por fin, los refuerzos están
aquí.
Nick miró a su madre con sorpresa.
—¿Invitaste a otras personas? Pensé que íbamos a tener una tranquila cena
familiar.
Eleanor sonrió. Tendríamos, si fuera solo nuestra familia.
—Es solo la multitud regular, lah. El cocinero hizo laksa, y siempre es mejor
tener más personas para eso. Además, todos quieren verte, ¡y no pueden esperar
para conocer a Rachel!
Nick sonrió a Rachel en un intento de ocultar su consternación. Quería que
sus padres le prestaran toda su atención a Rachel, pero su madre siempre daba
sorpresas de último minuto como esta.
—Ve a despertar a tu padre, Nick, está durmiendo la siesta en su cuarto de
entretenimiento por ese pasillo —instruyó Eleanor.
Nick y Rachel caminaron hacia el cuarto de entretenimiento. Los sonidos de
disparos y explosiones podían escucharse desde adentro. Mientras se acercaban a
la puerta abierta, Rachel alcanzó a ver al padre de Nick dormido en un sillón
reclinable ergonómico danés mientras Battlestar Galactica se reproducía en el
televisor de pantalla plana integrado en la pared de roble pulido.
—No lo molestemos —susurró Rachel, pero Nick entró de todos modos.
—Wakey, wakey —dijo en voz baja.
El padre de Nick abrió los ojos y miró a Nick sorprendido.
—Oh hola. ¿Es hora de la cena?
—Sí, papá.
El padre de Nick se levantó de la silla y miró a su alrededor, vio a Rachel
parada tímidamente en la puerta.
—Debes ser Rachel Chu —dijo, alisándose la parte posterior de su cabello.
—Sí —respondió Rachel, entrando a la habitación.
El padre de Nick extendió su mano.
—Philip Young —dijo con una sonrisa, estrechándole la mano con firmeza. A
Rachel le gustó al instante, y al fin pudo ver dónde había sacado su novio su
apariencia. Los grandes ojos de Nick y su boca de elegante forma eran exactamente
como los de su madre, pero la delgada nariz, la prominente mandíbula y el espeso
cabello negro azabache eran inconfundiblemente de su padre.
—¿Cuándo llegaste? —le preguntó Nick a su padre.
—Tomé el vuelo de la mañana desde Sídney. No pensaba venir hasta más
tarde en la semana, pero tu madre insistió en que volara hoy.
—¿Trabaja en Sídney, señor Young? —preguntó Rachel.
—¿Trabajo? No, me mudé a Sídney para no trabajar. Es un lugar demasiado
hermoso para el trabajo. Te distraes con el clima y el mar, las largas caminatas y la
buena pesca.
—Oh, ya veo —dijo Rachel. Notó que su acento era una fusión única de
británico, chino y australiano.
En ese momento, llamaron a la puerta y Astrid se asomó.
—Tengo órdenes estrictas de acorralarlos a todos ustedes —anunció.
—¡Astrid! No sabía que vendrías esta noche —dijo Nick.
—Bueno, tu madre quería que fuera una sorpresa. ¡Sorpresa! —dijo Astrid,
agitando sus dedos y dándole una sonrisa irónica.
Todos regresaron a la sala de estar, donde Nick y Rachel estaban rodeados por
una ráfaga de invitados a la cena. Lorena Lim y Carol Tai estrecharon la mano de
Rachel, mientras que Daisy Foo abrazó a Nick. (No escapó a Rachel que Daisy fue
la primera persona que lo abrazó toda la noche).
—Aiyah, Nicky, ¿por qué has estado escondiendo a tu bella novia por tanto
tiempo? —dijo Daisy, saludando a Rachel con un efusivo abrazo también. Antes que
Rachel pudiera responder, sintió que alguien la agarraba del brazo. Bajó la mirada
al anillo de rubíes del tamaño de una cereza y sus largas uñas pintadas de rojo
antes de mirar sorprendida a una mujer con una sombra de ojos verde azulado y
pintura carmín más pesada que una drag queen.
—Rachel, soy Nadine —dijo la mujer—. He oído mucho sobre ti de parte de mi
hija.
—¿De verdad? ¿Quién es su hija? —preguntó Rachel cortésmente. En ese
momento, escuchó un agudo chillido justo detrás de ella.
—¡Nicky! ¡Te extrañé! —exclamó una distintiva voz. Un escalofrío recorrió a
Rachel. Era Francesca Shaw, saludando a Nick con un fuerte abrazo de oso y un
beso en la mejilla. Antes que pudiera reaccionar, Francesca puso su sonrisa más
grande y se abalanzó sobre Rachel con otro beso de doble mejilla—. ¡Rachel,
encantada de verte tan pronto otra vez!
—¿Estuviste en la despedida de soltera de Araminta? —preguntó Nick.
—Claro que estuve. Todas pasamos un tiempo tan glorioso, ¿verdad, Rachel?
Una isla tan hermosa, ¿y no fue la comida maravillosa? Escuché que disfrutaste
especialmente el pescado.
—Sí, fue toda una experiencia —respondió Rachel lentamente, aturdida por
los comentarios de Francesca. ¿Estaba admitiendo la responsabilidad del pescado
mutilado? Notó que el lápiz labial de Francesca había dejado una marca rojo
brillante en la mejilla de Nick.
—No estoy seguro si recuerdas a mi prima Astrid —le dijo Nick a Francesca.
—¡Por supuesto! —Francesca se apresuró a saludarla con un abrazo. Astrid se
puso rígida, sorprendida por lo familiar que estaba siendo Francesca.
Francesca escudriñó a Astrid de pies a cabeza. Llevaba un vestido georgette de
seda con frente drapeado blanco con adornos azul marino. El corte es tan perfecto,
debe ser de alta costura. ¿Pero quién es el diseñador?
—¡Qué vestido tan fantástico! —dijo Francesca.
—Gracias. Te ves adorable en rojo —respondió Astrid.
—Valentino, por supuesto —respondió Francesca, haciendo una pausa para
esperar a que Astrid revelara al diseñador de su atuendo. Pero Astrid no
correspondió. Sin perder el ritmo, Francesca se volvió hacia la madre de Nick y dijo
efusivamente—: ¡Qué lugar tan fabuloso, tía Elle! Quiero mudarme ahora mismo.
Es todo tan Morris Lapidus, ¡tan Miami Modern! Me da ganas de ponerme un
caftán Pucci y pedir un whisky sour.
—Vaya, Francesca, diste en el clavo —dijo Eleanor con deleite—. Todos, vamos
a hacer algo diferente esta noche, todos vamos a makan en mi pequeña cocina —
anunció mientras conducía a sus invitados a una cocina que a Rachel le parecía
todo menos pequeña.
El espacio cavernoso parecía la idea de un gourmet de lo que podría ser el
cielo, un templo reluciente de mármol Calacatta blanco, superficies de acero
inoxidable y electrodomésticos de última generación. Un chef de uniforme blanco
estaba de pie junto a la estufa vikinga de calidad comercial, ocupado monitoreando
ollas de cobre burbujeantes, mientras tres criadas de la cocina corrían alrededor
haciendo los preparativos finales. En el otro extremo había una alcoba con una
banqueta decorada al estilo art decó.
Mientras tomaban asiento, Carol echó un vistazo al cocinero, que vertía
hábilmente el caldo carmesí en grandes cuencos de barro blanco.
—Vaya, Eleanor, siento que estoy cenando en la mesa del chef de algún
ostentoso restaurante —dijo.
—¿No es divertido? —dijo Eleanor alegremente. Miró a Rachel y dijo—: Nunca
me permitieron poner un pie en la cocina en la casa de mi suegra. ¡Ahora puedo
comer en mi propia cocina y ver cómo se cocinan los alimentos! —Rachel sonrió
divertida. Esa era una mujer que obviamente nunca había preparado una comida
en su vida, pero parecía disfrutar de la novedad de estar dentro de una cocina.
—Bueno, me encanta cocinar. Solo puedo soñar con que algún día tenga una
cocina tan hermosa como la suya, señora Young —dijo Rachel.
Eleanor sonrió graciosamente. Estoy segura que puedes hacerlo con el dinero
de mi hijo.
—Rachel es una cocinera increíble. Sin ella, probablemente estaría comiendo
fideos ramen todas las noches —agregó Nick.
—Eso sería más como tú —comentó Daisy. Miró a Rachel y dijo—: Solía llamar
a Nicky mi “Chico Tallarín”, siempre estaba tan loco por los fideos como un niño.
Lo podíamos llevar a los mejores restaurantes de Singapur, y lo único que quería
era un plato de fideos fritos con salsa extra.
Mientras decía esto, tres doncellas entraron al comedor y colocaron grandes
cuencos humeantes de sopa de fideos laksa frente a cada invitado. Rachel se
maravilló de la hermosa composición del camarón mariposa, pastel de pescado
frito, bocanadas de tofu blando y mitades de huevo duro bellamente dispuestas
sobre los gruesos fideos de arroz y sopa ardiente. Durante unos minutos, la
habitación se sumió en el silencio mientras todos sorbían los distintivos fideos y
saboreaban el rico caldo.
—Puedo probar la leche de coco en la sopa, pero ¿qué le da ese toque
ligeramente agrio y picante? ¿Es Kaffir? —preguntó Rachel.
Presumiendo, pensó Eleanor.
—Buena suposición. Es tamarindo —respondió Daisy. Esta chica no estaba
mintiendo, sabe cómo cocinar.
—Rachel, es tan impresionante que conozcas tu camino alrededor de un
estante de especias —dijo Francesca, su tono falso simulando apenas su desdén.
—Aparentemente no tan bien como tú sabes destripar a un pez —comentó
Rachel.
—¿Ustedes fueron a pescar? —Philip levantó la vista de su laksa con sorpresa.
—Oh, sí, lo hicimos. Una de las chicas incluso atrapó un pez más grande, en
peligro de extinción. Tratamos de convencerla de que lo volviera a poner en el agua,
pero no lo hizo, y terminó mordiéndola con fuerza. Hubo chorros de sangre por
todo el lugar —dijo Francesca, mordiendo la cabeza de su gamba jumbo y
escupiéndola en un lado del tazón.
—¡Le está bien merecido, lah! Nuestros océanos están siendo sobre
explotados, y debemos respetar a todas las criaturas de Dios —declaró Carol.
—Sí, estoy de acuerdo. Ya sabes, cuando solo eres un turista, necesitas
aprender a respetar el entorno en el que estás —dijo Francesca, mirando a Rachel
por una fracción de segundo antes de dirigir su mirada hacia Astrid—. Ahora
Astrid, ¿cuándo puedo conseguir que te unas a uno de mis comités?
—¿Qué tipo de comités? —preguntó Astrid más por cortesía que por
curiosidad.
—Haz tu elección, estoy en las juntas del Museo de Historia de Singapur, el
Museo de Arte Contemporáneo, la Heritage Society, el Club Pulau, el Consejo
Asesor de Artes Culturales en SBC, el comité directivo de la Semana de la Moda de
Singapur, el Zoológico de Singapur, el comité de selección del Museo de Historia
Natural Lee Kong Chian, la Sociedad de Conocedores del Vino, Protección de la
Vida Silvestre, el comité juvenil de Christian Helpers y, por supuesto, la Fundación
Shaw.
—Bueno, mi niño de tres años me mantiene bastante ocupada —comenzó
Astrid.
—Una vez que esté en el jardín de infantes y no tengas nada que hacer,
realmente deberías considerar unirte a una de mis obras de caridad. Puedo ser la
vía rápida a un comité. Creo que serás natural.
—Entonces, Rachel, ¿escuché que enseñas en la NYU con Nick? —interrumpió
Lorena. Esta Francesca me está poniendo de los nervios. Estamos aquí para
interrogar a RACHEL, no a Astrid.
—Sí, así es —respondió Rachel.
—¿Qué departamento? —preguntó Nadine, sabiendo la respuesta, ya que
Eleanor había leído el dossier completo de Rachel Chu a todas las mujeres mientras
recibían masajes de reflexología de una hora en Shenzhen.
—Estoy en el Departamento de Economía y enseño en el nivel de pregrado.
—¿Y cuánto te pagan por año? —inquirió Nadine.
Rachel estaba estupefacta.
—Aiyah, mamá, para los estadounidenses es muy grosero preguntar cuánto
gana alguien —dijo Francesca por fin, claramente deleitada al ver a Rachel
retorcerse.
—Oh, ¿verdad? Tenía curiosidad por saber cuánto podría ganar un profesor
universitario en Estados Unidos —dijo Nadine en su tono más inocente.
—¿Alguna vez considerarías trabajar en Asia? —preguntó Daisy.
Rachel hizo una pausa. Parecía una pregunta bastante cargada, y pensó que el
grupo diseccionaría cualquier respuesta que diera.
—Por supuesto, si surgiera la oportunidad correcta —finalmente respondió.
Las damas intercambiaron miradas furtivas, mientras Philip sorbía su sopa.
Después de la cena, mientras el grupo se dirigía a la sala de estar para tomar
café y postre, Astrid anunció abruptamente que tenía que irse.
—¿Estás bien? —preguntó Nick—. Pareces un poco indispuesta esta noche.
—Estoy bien... acabo de recibir un mensaje de texto de Evangeline que dice
que Cassian está dando un golpe de estado y se niega a dormir, así que es mejor que
salga corriendo. —En realidad, Evangeline le había informado que Michael había
visitado a Cassian. NO LO DEJES IRSE, texteó Astrid frenéticamente.
Nick y Rachel decidieron aprovechar esta oportunidad para hacer una salida,
alegando cansancio de un largo día de viaje.
Tan pronto como el ascensor se cerró, Eleanor anunció:
—¿Viste la forma en que esa chica estaba mirando todo alrededor del piso?
—Cariño, has pasado un año adornando. Por supuesto, la gente va a mirar...
¿no es eso lo que importa? —intervino Philip mientras se servía una gran tajada de
pastel de plátano y chocolate.
—Philip, ese pequeño cerebro economista suyo estaba ocupado calculando el
valor de todo. Podías verla sumar todo con sus grandes ojos saltones. Y todo eso
que dijo acerca de cocinar para Nick. ¡Qué tonterías! ¡Como si eso fuera a
impresionarme, saber que pone sus ásperas manos campesinas sobre toda su
comida!
—Bueno, estás en plena forma esta noche, cariño —dijo Philip—.
Francamente, la encontré muy agradable y sus facciones bastante bonitas. —Tuvo
cuidado de enfatizar la palabra bastante, sabiendo que su esposa se pondría aún
más celosa ante la idea de que otra mujer en sus inmediaciones estuviera
inequívocamente proclamando una belleza.
—Tengo que estar de acuerdo con Philip. Era realmente bonita. Ya sea que
quieras admitirlo, Eleanor, tu hijo al menos tiene buen gusto —dijo Daisy, mientras
escudriñaba a la doncella que le servía café con leche.
—¿De verdad? ¿Crees que es tan bonita como Astrid? —preguntó Eleanor.
—Astrid es una belleza sensual y tempestuosa. Esta es totalmente diferente.
Tiene una belleza más simple, más plácida —observó Daisy.
—¿Pero no crees que tiene un poco de pecho plano? —dijo Eleanor.
Philip suspiró. Simplemente no había victoria con su esposa.
—Bueno, buenas noches a todos. Es hora de mi CSI: Miami —dijo,
levantándose del sofá y caminando en línea recta a su salón de entretenimiento.
Francesca esperó a que doblara la esquina antes de hablar.
—Bueno, por mi parte, creo que tienes toda la razón sobre esta chica, tía Elle.
Pasé todo el fin de semana con Rachel, y vi sus verdaderos colores. En primer
lugar, eligió los vestidos más caros de la boutique del complejo cuando descubrió
que Araminta estaba pagando. Estaba usando uno de ellos esta noche.
—¿Ese sencillo vestido color lila? ¡Alamak, no tiene gusto! —exclamó Nadine.
Francesca continuó su asalto.
—Entonces, pasó todo el día de ayer tomando diferentes clases en el hotel,
yoga, Pilates, Nia, tú nómbralo. Era como si estuviera tratando de evitarnos y
obtener su valor en el spa. Y deberías haberla escuchado en la cena, anunció con
valentía que fue tras Nicky porque es una gran presa. En realidad, creo que sus
palabras exactas fueron “es un PARTIDAZO”.
—¡Tsk, tsk, tsk, te lo puedes imaginar! —dijo Nadine, temblando
abiertamente.
—LeaLea, ¿qué vas a hacer ahora que la has visto? —preguntó Carol.
—Creo que esta chica necesita ser echada de aquí. Todo lo que tienes que
hacer es decir la palabra, tía Elle, y como te dije, sería un placer para mí ayudar —
dijo Francesca, dándole a Eleanor una mirada significativa.
Eleanor tomó unos minutos para responder, revolviendo su cappuccino
descafeinado a propósito. Había estado en pánico durante semanas, pero ahora que
finalmente había conocido a Rachel Chu, una calma sobrenatural se había
apoderado de ella. Podía ver lo que había que hacer, y sabía que tenía que proceder
de forma encubierta. Había sido testigo de primera mano de las cicatrices que la
flagrante interferencia de los padres podía infligir; ¿por qué? Incluso los reunidos
aquí eran un recordatorio de eso, la relación de Daisy con sus hijos era, en el mejor
de los casos, tenue, mientras que la hija mayor de Lorena ya no hablaba con ella
después de migrar a Auckland con su esposo kiwi.
—Gracias, Francesca. Siempre eres tan servicial —dijo finalmente Eleanor—.
Por ahora, no creo que tengamos que hacer nada. Todos deberíamos sentarnos a
observar, porque las cosas se van a poner interesantes.
—Tienes razón, Elle, no hay necesidad de apresurarse a nada. Además,
después de Shenzhen, todas las cartas están en tu mano —dijo alegremente Lorena
mientras quitaba el glaseado de su pastel.
—¿Qué pasó en Shenzhen? —preguntó ansiosamente Francesca.
Eleanor ignoró la pregunta de Francesca y sonrió.
—Puede que ni siquiera tenga que jugar la carta de Shenzhen. No olvidemos,
todos los Young y los Shang están por aterrizar en Singapur para la boda de Khoo.
—¡Oh ho! ¿Quién quiere apostar que ni siquiera dura el fin de semana? —Se
rió Nadine.
—C
olin y yo bajábamos esta pendiente en nuestras bicicletas, con
las manos en el aire, viendo quién podía ir más lejos sin tocar el
manubrio —dijo Nick mientras eran llevados por el camino
largo y serpenteante hacia Tyersall Park. Llegar aquí con Nick era una experiencia
completamente diferente para Rachel a su primera vez con Peik Lin. Para empezar,
la abuela de Nick había enviado un magnífico Daimler vintage para recogerlos, y
esta vez Nick estaba señalando cosas a lo largo del camino—. ¿Ves ese enorme árbol
de rambután? Colin y yo intentamos construir una casa de árbol en él. Pasamos tres
días trabajando en secreto, pero entonces Ah Ma lo descubrió y enfureció. No
quería que nada arruinara su preciosa fruta de rambután y nos obligó a
desmantelarla. Colin estaba tan enojado que decidió derribar tantos rambutanes
como pudo.
Rachel se rió.
—Se metían en bastantes problemas, ¿cierto?
—Sí, siempre nos metíamos en líos. Recuerdo que había un kampong108 cerca
donde nos escabulliríamos para robar a los pollos bebés.
—¡Pequeños granujas! ¿Dónde estaba la supervisión adulta?
—¿Qué supervisión adulta?
El auto se detuvo en la puerta y varios sirvientes salieron por una puerta
lateral para sacar el equipaje del maletero. El mayordomo indio bajó los escalones
de la entrada para saludarlos.
—Buenas tardes, señor Young, señorita Chu. La señora Young los está
esperando para el té. Está en la arboleda de las carambolas.
—Gracias, Sanjit, nos dirigiremos allí ahora —dijo Nick. Guió a Rachel por la
terraza de losas rojas y bajó por un grácil sendero, donde acantos blancos y
coloridos arbustos de hibiscos se mezclaban con espléndidos matorrales de papiro
egipcio.
—Estos jardines son incluso más gloriosos durante el día —comentó Rachel,
pasando sus dedos por la hilera de tallos de papiro que se balanceaban suavemente
con la brisa. Enormes libélulas zumbaban alrededor, sus alas brillaban bajo la luz
del sol.

108Un pueblo malayo tradicional. Singapur estaba disperso con muchas de estas aldeas
indígenas, donde los malayos nativos vivieron cómo sus antepasados lo hicieron durante siglos, en
chozas de madera sin electricidad, ni fontanería. Hoy, gracias a los brillantes desarrolladores, solo
queda un kampong en toda la isla.
—Recuérdame que te muestre el estanque de nenúfares. Tenemos estos
enormes lirios allí, Victoria amazónica, los más grandes del mundo. ¡Prácticamente
puedes tomar el sol sobre ellos!
Mientras se acercaban a la arboleda, una vista muy curiosa esperaba a Rachel:
La abuela de Nick, de noventa y tantos años, estaba en lo alto de una escalera de
madera que se apoyaba precariamente contra el tronco de un alto árbol de
carambolas, buscando meticulosamente dentro de algunas bolsas de plástico. Dos
jardineros parados al pie de la destartalada escalera, sosteniéndolo con firmeza,
mientras un gurkha y las dos doncellas tailandesas miraban plácidamente.
—¡Dulce Jesús, se va a caer de la escalera y se romperá el cuello! —dijo Rachel
alarmada.
—Esto es lo de Ah Ma. No hay forma de detenerla —dijo Nick con una sonrisa.
—Pero ¿qué está haciendo exactamente?
—Inspecciona cada una de las carambolas jóvenes y las envuelve en sus
propias bolsas de plástico. La humedad las ayuda a madurar y las protege de las
aves.
—¿Por qué no deja que uno de los jardineros lo haga?
—Le encanta hacerlo ella misma, también lo hace con sus guayabas.
Rachel miró a la abuela de Nick, inmaculadamente vestida con una bata de
jardinería amarilla plisada y nítida y se maravilló de su destreza. Su Yi miró hacia
abajo, notando que tenía una nueva audiencia y dijo en mandarín:
—Un minuto, solo tengo dos más que hacer.
Cuando la abuela de Nick bajó con seguridad la escalera (para el alivio de
Rachel), el grupo siguió por otro camino que conducía a un formal jardín
amurallado francés donde estaba plantada una profusión de lirios azules africanos
en medio de setos de boj perfectamente cuidados. En el medio del jardín había un
invernadero que parecía haber sido transportado directamente desde la campiña
inglesa.
—Aquí es donde Ah Ma cultiva sus premiados híbridos de orquídeas —
informó Nick a Rachel.
—Vaya —fue todo lo que Rachel pudo decir cuando entró al invernadero.
Cientos de plantas de orquídeas colgaban en diferentes niveles a lo largo del
espacio, su dulzura sutil impregnaba el aire. Rachel nunca había visto tantas
variedades, desde intrincadas orquídeas arañas y vándalas de colores vivos hasta
las magníficas catleyas y las casi sugerentes orquídeas zapatilla. Escondida en el
medio de todo esto, estaba una mesa redonda que parecía haber sido tallada en un
solo bloque de malaquita azul. Su base consistía en cuatro grifos majestuosamente
feroces que miraban en diferentes direcciones, cada uno listo para emprender el
vuelo.
Mientras se acomodaban en las sillas acolchadas de hierro forjado, un trío de
sirvientes apareció como si hubieran sido llamados, con una enorme bandeja
plateada de cinco niveles cargada con deliciosos nyonya kuehs, bocadillos, gelatina
de frutas y mullidos bollos dorados. Un carrito de té fue llevado hacia ellos por una
de las doncellas de la dama tailandesa y Rachel sintió que estaba alucinando
mientras veía a la doncella verter delicadamente té recién hecho de una tetera
intrincadamente tallada con dragones multicolores. Nunca había visto un servicio
de té más suntuoso en su vida.
—Aquí están los famosos bollos de mi abuela —dijo Nick alegremente,
lamiéndose los labios.
Los bollos todavía estaban tibios cuando Rachel rompió uno y lo untó con una
generosa ración de crema cuajada, tal como lo había aprendido de Nick. Estaba a
punto de poner algo de mermelada de fresa en el bollo cuando Su Yi dijo en
mandarín:
—Deberías probarlo con un poco de crema de limón. Mi cocinera la prepara
todos los días. —Rachel no sentía como que estuviera en posición de desafiar a su
anfitriona, así que tomó un poco de crema de limón y le dio el primer mordisco.
Era puro paraíso, la ligera mantecosidad del pastelillo combinada con la decadente
crema y el suave toque de limón dulce hacían para una perfecta alquimia de
sabores.
Rachel suspiró audiblemente.
—Tenías razón, Nick, este es el mejor bollo del planeta.
Nick sonrió triunfante.
—Señora Young, todavía estoy descubriendo la historia de Singapur. ¿Era el té
de la tarde una costumbre en su familia? —preguntó Rachel.
—Bueno, no soy nativa de Singapur. Pasé mi infancia en Pekín y por supuesto
que no seguíamos la costumbre británica allá. Fue cuando mi familia se mudó aquí
que la adoptamos, estos hábitos coloniales. Fue algo que hicimos primero para
nuestros invitados británicos porque no apreciaban mucho la cocina china. Luego,
cuando me casé con el abuelo de Nick, que había pasado muchos años viviendo en
Inglaterra, insistía en tener un adecuado té de la tarde con todos los adornos. Y, por
supuesto, a los niños les encantaba. Supongo que así es como me acostumbré a ello
—respondió Su Yi de forma lenta y deliberada.
Fue solo entonces cuando Rachel se dio cuenta de que la abuela de Nick no
había tocado ninguno de los bollos o bocadillos. En cambio, solo comió un trozo de
nyonya kueh con su té.
—Dime, ¿es verdad que eres profesora de economía? —preguntó Su Yi.
—Sí —respondió Rachel.
—Es bueno que tuvieras la oportunidad de aprender tales cosas en Estados
Unidos. Mi padre era un hombre de negocios, pero nunca quiso que yo aprendiera
sobre asuntos financieros. Siempre dijo que, dentro de cien años, China se
convertiría en la nación más poderosa que jamás hubiera visto el mundo. Y eso es
algo que siempre repetí a mis hijos y nietos. ¿No es así, Nicky?
—Sí, Ah Ma. Es por eso por lo que me hiciste aprender mi mandarín —
confirmó Nick. Ya podía ver hacia dónde se dirigía esta conversación.
—Bueno, estuve en lo cierto al hacer eso, ¿cierto? Tengo la suerte de ver la
previsión de mi padre volverse realidad mientras sigo viva. Rachel, ¿viste la
ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing?
—Sí.
—¿Viste lo magnífica que fue? Nadie en el mundo puede dudar del poderío de
China después de los Juegos Olímpicos.
—No, realmente no pueden —respondió Rachel.
—El futuro está en Asia. El lugar de Nick está aquí, ¿no crees?
Nick sabía que Rachel se dirigía directamente a una emboscada y la
interrumpió antes de que pudiera responder.
—Siempre dije que volvería a Asia, Ah Ma. Pero ahora mismo sigo ganando
una valiosa experiencia en Nueva York.
—Dijiste lo mismo hace seis años cuando quisiste permanecer en Inglaterra
después de tus estudios. Y ahora estás en América. ¿Qué sigue, Australia, como tu
padre? Fue un error enviarte al extranjero en primer lugar. Te has dejado seducir
demasiado por las costumbres occidentales. —Rachel no pudo evitar notar la ironía
en lo que decía la abuela de Nick. Lucía y sonaba como una mujer china en el
sentido más tradicional y sin embargo, allí estaban en un jardín amurallado que
salido directamente del Valle del Loira tomando té inglés por la tarde.
Nick no supo cómo responder. Este era un debate que había tenido con su
abuela durante los últimos años y sabía que nunca ganaría. Empezó a separar las
capas de colores en un trozo de nyonya kueh, pensando que debería excusarse por
un momento. Sería bueno para Rachel tener un tiempo privado con su abuela. Echó
un vistazo a su reloj y dijo:
—Ah, mamá, creo que la tía Alix y su familia llegarán de Hong Kong en
cualquier momento. ¿Por qué no los recibo y los traigo aquí?
Su abuela asintió. Nick le sonrió a Rachel, dándole una mirada de confianza
antes de salir del invernadero.
Su Yi inclinó su cabeza ligeramente hacia la izquierda y una de las doncellas
de la dama tailandesa inmediatamente saltó a su lado, doblándose con un elegante
movimiento sobre sus rodillas para que su oreja estuviera al nivel de la boca de Su
Yi.
—Dígale al jardinero del invernadero que necesita estar cinco grados más
caliente aquí —dijo Su Yi en inglés. Regresó su atención a Rachel—. Dime, ¿de
dónde viene tu gente? —Había una fuerza en su voz que Rachel no había notado
previamente.
—La familia de mi madre vino de Guangdong. La familia de mi padre... nunca
lo supe —respondió Rachel nerviosamente.
—¿Cómo?
—Murió antes de que yo naciera. Y luego vine a Estados Unidos cuando era
una bebé con mi madre.
—¿Y tu madre se volvió a casar?
—No, nunca lo hizo. —Rachel podía sentir a las doncellas de la dama
tailandesa mirando en silencioso juicio.
—Entonces, ¿mantienes a tu madre?
—No, todo lo contrario. Pasó por la universidad en Estados Unidos y ahora es
agente de bienes raíces. Le va bastante bien e incluso pudo apoyarme a través de
mis estudios universitarios —respondió Rachel.
Su Yi guardó silencio por un momento, considerando a la chica ante ella.
Rachel no se atrevió a moverse en absoluto. Finalmente, Su Yi dijo:
—¿Sabías que tengo bastantes hermanos y hermanas? Mi padre tenía muchas
concubinas que le dieron hijos, pero solo una esposa suprema, mi madre. Le dio
seis hijos, pero de todos mis hermanos, solo tres fueron aceptados oficialmente. Yo
y dos de mis hermanos.
—¿Por qué solo ustedes tres? —se atrevió a preguntar Rachel.
—Verás, mi padre creía que tenía un don. Sentía que era capaz de determinar
el futuro completo de una persona basándose en sus rostros... la forma en que
lucían... y eligió mantener solo a los niños que sintió que lo complacerían. También
eligió a mi esposo de esta manera, ¿lo sabías? Dijo: “Este hombre tiene un buen
rostro. Nunca ganará dinero, pero nunca te hará daño”. Tuvo razón en ambos
aspectos. —La abuela de Nick se inclinó más cerca de Rachel y la miró directamente
a los ojos—. Veo tu rostro —dijo en voz baja.
Antes de que Rachel pudiera preguntar qué quería decir, Nick se acercó a la
puerta del invernadero con un grupo de invitados. La puerta se abrió de golpe y un
hombre con una camisa de lino blanco y pantalones de lino naranja brillante se
acercó a la abuela de Nick.
—¡Ah Ma, querida Ah Ma! ¡Cómo te extrañé! —dijo dramáticamente el
hombre en cantonés, cayendo de rodillas y besándole las manos.
—¡Aiyah, Eddie, cha si lang109! —regañó Su Yi, retirando sus manos y
golpeándolo en la cabeza.

109 Frase en Hokkien que se traduce como “deja de molestarme hasta la muerte” utilizada para

regañar a las personas que son ruidosas, molestas o como en el caso de Eddie, ambas.
“D
ios está en los detalles”. La icónica cita de Mies van der Rohe, era el
mantra con el que se guiaba Annabel Lee. Desde las paletas
esculpidas de mango repartidas a los huéspedes descansando junto
a la piscina hasta la ubicación precisa de una flor de camelia en cada almohada de
plumón, el ojo infalible de Annabel para los detalles fue lo que hizo que su cadena
de hoteles de lujo fuera la elección preferida de los viajeros más exigentes. Esta
noche el objeto del escrutinio era su propio reflejo. Llevaba un vestido de color
champán con cuello alto tejido en lino irlandés, e intentaba decidir si lo cubría con
un doble collar de perlas barrocas o un collar de ámbar de largo de ópera. ¿Las
perlas de Nakamura eran demasiado ostentosas? ¿Las cuentas de ámbar serían más
sutiles?
Su marido, Peter, entró en su tocador con pantalón gris oscuro y una camisa
azul claro.
—¿Estás segura de que quieres que me ponga esto? Me veo como un contador
—dijo, pensando que su mayordomo seguramente había cometido un error al
colocar esta ropa.
—Te ves perfecto. Ordené la camisa específicamente para la ocasión de esta
noche. Es una Ede & Ravenscroft, ellos hacen todas las camisas del duque de
Edimburgo. Confía en mí, es mejor no estar bien vestido con esta multitud —dijo
Annabel, dándole un cuidadoso repaso. Aunque había grandes eventos todas las
noches de la semana en el impulso de la boda de Araminta, la fiesta que Harry
Leong había lanzado esta noche en honor a su sobrino Colin Khoo en la legendaria
residencia Leong en Nassim Road, era a la que Annabel secretamente más ansiaba
asistir.
Cuando Peter Lee (originalmente Lee Pei Tan de Harbin) hizo su primera
fortuna en la minería del carbón chino a mediados de los años noventa, él y su
esposa decidieron trasladar a su familia a Singapur, como muchos de los recién
llegados del Continente estaban haciendo. Peter quería maximizar los beneficios de
estar ubicado en el centro de gestión patrimonial preferido de la región, y Annabel
(originalmente An-Liu Bao de Urümqi) quería que su hija pequeña se beneficiara
del sistema de educación de Singapur más occidentalizado y, en su opinión,
superior. (La calidad del aire superior tampoco hacía daño). Además, se había
cansado de la élite de Beijing, de todos los interminables banquetes de doce platos
en habitaciones llenas de réplicas malas de muebles de Luis XIV, y anhelaba
reinventarse en una isla más sofisticada donde las mujeres entendían a Armani y
hablaban un inglés perfecto sin acento. Quería que Araminta creciera hablando un
inglés perfecto sin acento.
Pero en Singapur, Annabel pronto descubrió que más allá de los nombres
atrevidos que la invitaban con entusiasmo a todas las glamorosas galas, ocultaba un
nivel completamente diferente de la sociedad que era impermeable al destello del
dinero, especialmente el dinero de China Continental. Esta gente era más esnob y
más impenetrable que cualquier cosa que hubiera encontrado.
—¿A quién le importan esas viejas familias en alcanfor? Están celosos de que
seamos más ricos, de que realmente sepamos cómo divertirnos —dijo su nueva
amiga Trina Tua (esposa del presidente de Private Equity de TLS, Tua Lao Sai).
Annabel sabía que esto era algo que Trina decía para consolarse de que nunca sería
invitada a las legendarias fiestas de mah-jongg de la señora Lee Yong Chien, donde
las mujeres apuestan con joyas importantes, o echar un vistazo detrás de las altas
puertas de la magnífica casa modernista que el arquitecto Kee Yeap había diseñado
para Rosemary T'sien en Dalvey Road.
Esta noche, finalmente iba a ser invitada. Aunque mantenía sus casas en
Nueva York, Londres, Shanghái y Bali, y aunque Architectural Digest llamó a su
casa diseñada por Edward Tuttle en Singapur “una de las residencias privadas más
espectaculares de Asia”. El latido del corazón de Annabel se aceleró cuando
atravesó las austeras puertas de madera de 11 Nassim Road. Había admirado desde
mucho tiempo la casa desde lejos: Negros y Blancos110, como estos eran tan
extremadamente raros, y este, que había sido continuamente ocupado por la
familia Leong desde los años veinte, era quizás el único que quedaba en la isla
conservando todas sus características originales.
Entrando a través de las puertas de Artes y Oficios, Annabel se empapó
rápidamente en cada detalle de la forma en que vivían estas personas. Mira a toda
esta fila de sirvientes malayos flanqueando el vestíbulo de entrada con chaquetas
blancas almidonadas. ¿Qué están ofreciendo en estas bandejas de peltre
Selangor? Pimm's No. 1 con jugo de piña con gas y hojas de menta fresca. Qué
pintoresco. Debo copiar eso para el nuevo complejo de Sri Lanka. Ah, aquí está
Felicity Leong con un Jacquard de seda hecho a medida, con la pieza más
exquisita de jade lila, y su nuera Cathleen, la experta en derecho constitucional
(esta chica siempre es tan simple, sin una gota de joyería a la vista) nunca
imaginarías que está casada con el hijo mayor de Leong).
Y aquí está Astrid Leong. ¿Cómo fue crecer en esta casa? No es de extrañar
que tenga tan buen gusto, ese vestido azul huevo de petirrojo que lleva puesto en
la portada de la revista francesa Vogue este mes. ¿Quién es este hombre
susurrándole a Astrid al pie de las escaleras? Oh, es su esposo, Michael. Qué
pareja tan impresionante hacen. Y mira este salón, ¡oh solo mira! La simetría... la
escala... la profusión de flores de azahar. Sublime. Necesito flores de azahar en
todos los vestíbulos del hotel la próxima semana.

110 Las exóticas casas en blanco y negro de Singapur son un estilo arquitectónico singular que

no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Combinando características Anglo—Indias con el
movimiento de Artes y Oficios Ingleses, estos bungalós pintados de blanco con detalles de adornos
negros fueron ingeniosamente diseñados para climas tropicales. Originalmente construidas para
albergar familias coloniales adineradas, ahora son extremadamente codiciadas y están disponibles
solo para los locos ricos ($40 millones para empezar, y es posible que tengas que esperar varias
décadas para que muera toda una familia).
Espera un segundo, ¿esa es la cerámica Ru de la dinastía Song del Norte? Sí
lo es. Uno, dos, tres, cuatro, hay tantas piezas. ¡Increíble! Solo esta habitación
debe tener cerámicas por un valor de treinta millones de dólares, desparramadas
como si fueran ceniceros baratos. Y estas sillas de opio de estilo Peranakan, mira
la incrustación de madreperla, nunca he visto un par en tan perfecto estado. Aquí
vienen los Chengs de Hong Kong. Mira lo adorables que son esos niños, todos
vestidos como pequeños modelos de Ralph Lauren.
Nunca Annabel se había sentido más feliz que ahora, cuando por fin respiraba
en este aire enrarecido. La casa se estaba llenando con el tipo de familias
aristocráticas de las que solo había oído hablar a lo largo de los años, familias que
podían rastrear su linaje durante treinta generaciones o más. Como los Young, que
acababan de llegar. Oh mira, Eleanor solo me saludó. Ella es la única que socializa
fuera de la familia. Y aquí está su hijo, Nicholas, otro observador. El mejor amigo
de Colin. Y la chica que sostiene la mano de Nicholas debe ser la Rachel Chu de
quien todos hablan, la que no es de los Chu de Taiwán. Una mirada y podría
haberte dicho eso. Esta niña creció bebiendo leche estadounidense fortificada con
calcio y vitamina D. Pero, aun así, no tiene ninguna oportunidad de atrapar a
Nicholas. Y aquí viene Araminta con todos los Khoo. Luciendo como si ella
perteneciera.
Annabel supo en ese momento que había tomado todas las decisiones
correctas para su hija, inscribirla en el jardín de niños del Lejano Oriente, elegir la
Escuela Metodista de Niñas por sobre la Escuela Americana de Singapur, obligarla
a ir a la Comunidad de Jóvenes en Primeros Metodistas a pesar de que eran
budistas, y llevándola lejos al Cheltenham Ladies College en Inglaterra para un
acabado apropiado. Su hija había crecido como una de estas personas, gente con
educación y gusto. No había un solo diamante de más de quince quilates en esta
multitud, ni un solo Louis Vuitton, nadie mirando por encima del hombro en busca
de peces más grandes. Esta era una reunión familiar, no una oportunidad de
establecer contactos. Estas personas estaban tan completamente a gusto, tan bien
educadas.
***
Afuera, en la terraza del este, Astrid se escondió detrás de la hilera de cipreses
italianos, esperando que Michael llegara a la casa de sus padres. Tan pronto como
lo vio, corrió a la puerta principal para encontrarse con él, para que pareciera que
habían llegado juntos. Después de la ráfaga inicial de saludos, Michael pudo
acorralarla cerca de la escalera.
—¿Está Cassian arriba? —murmuró en voz baja.
—No, no está —dijo Astrid rápidamente antes de ser abrazada por su prima
Cecilia Cheng.
—¿Dónde está? Estuviste ocultándomelo toda la semana —presionó Michael.
—Lo verás pronto —susurró Astrid mientras sonreía a su tía abuela Rosemary.
—Esta fue tu forma de engatusarme para que viniera esta noche, ¿no? —dijo
Michael enojado.
Astrid tomó a Michael de la mano y lo condujo al salón delantero al lado de la
escalera.
—Michael, te prometí que verías a Cassian esta noche, solo sé paciente y
sigamos con la cena.
—Ese no fue el trato. Me voy.
—Michael, no puedes irte. Todavía tenemos que coordinar los planes para la
boda el sábado. La tía Alix está organizando un desayuno antes de la ceremonia de
la iglesia y...
—Astrid, no voy a ir a la boda.
—Oh vamos, no bromees así. Todos van a ir.
—¿Por “todos”, supongo que te estás refiriendo a todos con un billón de
dólares o más? —Michael se enfureció.
Astrid puso los ojos en blanco.
—Vamos, Michael, sé que hemos tenido un desacuerdo, y sé que
probablemente te sientes avergonzado, pero como dije antes, te perdono. No
hagamos un gran problema con esto. Ven a casa.
—No lo entiendes, ¿verdad? No voy a volver a casa. No voy a la boda.
—Pero ¿qué van a decir las personas si no apareces en la boda? —Astrid lo
miró con nerviosismo.
—¡Astrid, no soy el novio! Ni siquiera estoy relacionado con el novio. ¿A quién
le importa una mierda si estoy allí o no?
—No puedes hacerme esto. Todos se darán cuenta, y todos hablarán —suplicó
Astrid, tratando de no entrar en pánico.
—Diles que tuve que volar en el último minuto para el trabajo.
—¿A dónde vas? ¿Vas a volar a Hong Kong para ver a tu amante? —preguntó
Astrid acusadora.
Michael se detuvo un momento. Nunca quiso recurrir a esto, pero sintió que
no le quedaba otra opción.
—Si te hace sentir mejor saberlo, sí, me voy a ver a mi amante. Me voy el
viernes después del trabajo, solo para alejarme de este carnaval. No puedo ver a
estas personas gastar miles de millones de dólares en una boda cuando la mitad del
mundo se muere de hambre.
Astrid lo miró aturdida, tambaleándose por lo que había dicho. En ese
momento, Cathleen, la esposa de su hermano Henry, entró en la habitación.
—Oh, gracias a Dios que estás aquí —le dijo Cathleen a Michael—. Los
cocineros están teniendo un ataque porque un transformador explotó y ese maldito
horno comercial de alta tecnología que pusimos el año pasado no funciona.
Aparentemente ha entrado en modo de autolimpieza, y hay cuatro patos Pekín
asándose allí...
Michael miró a su cuñada.
—Cathleen, tengo una maestría de Caltech, especializada en tecnología de
encriptación. ¡No soy tu maldito manitas! —dijo enfadado, antes de salir furioso de
la habitación.
Cathleen lo miró con incredulidad.
—¿Qué pasa con Michael? Nunca lo había visto así.
—Oh, no te preocupes por él, Cathleen —dijo Astrid, intentando una risa
débil—. Michael está molesto porque acaba de enterarse de que tiene que ir
corriendo a Hong Kong por alguna emergencia laboral. Pobre, tiene miedo de
perderse la boda.
***
Mientras el Daimler llevando a Eddie, Fiona y sus tres hijos se acercaba a las
puertas de 11 Nassim Road, Eddie hizo un último repaso.
—Kalliste, ¿qué vas a hacer cuando comiencen a servir el café y los postres?
—Voy a preguntarle a la tía abuela Felicity si puedo tocar el piano.
—¿Y a qué vas a tocar?
—La partita de Bach, y luego Mendelssohn. ¿Puedo tocar también mi nueva
canción de Lady Gaga?
—Kalliste, te juro por Dios que si tocas cualquiera de esas malditas Lady Gaga
voy a romperte cada uno de tus dedos.
Fiona miró por la ventanilla del auto, ignorando a su marido. Así era él cada
vez que iba a ver a sus parientes de Singapur.
—Augustine, ¿qué te pasa? Abrocha tu chaqueta —instruyó Eddie.
El niño obedeció, abrochándose cuidadosamente los dos botones dorados de
su chaqueta.
—Agustine, cuántas veces te lo he dicho, nunca, JAMÁS abotones el último
botón, ¿me oyes?
—Papá, dijiste que nunca abotonas el último botón de mi chaqueta de tres
botones, pero nunca me dijiste qué hacer cuando solo hay dos botones —dijo el
chico, llorando.
—¿Estás feliz ahora? —le dijo Fiona a su esposo, tomando al niño en su regazo
y suavemente alisando el cabello en su frente.
Eddie la miró molesto.
—Ahora todos escuchen... Constantine, ¿qué vamos a hacer cuando salgamos
del auto?
—Vamos a entrar en formación detrás de ti y mamá —respondió su hijo
mayor.
—¿Y cuál es el orden?
—Augustine va primero, luego Kalliste, luego yo —dijo el chico con voz
aburrida.
—Perfecto. ¡Espera a que todos vean nuestra espléndida entrada! —dijo Eddie
emocionado.
***
Eleanor entró al salón de enfrente detrás de su hijo y su novia, ansiosa por
observar cómo sería recibida la chica. Nick obviamente la había estado preparando:
Rachel vestía ingeniosamente un vestido azul marino de aspecto recatado y sin
joyas, a excepción de pequeños aretes de perlas. Al mirar al salón, Eleanor pudo ver
el extenso clan de su marido, todos agrupados junto a las puertas francesas que
conducían a la terraza. Recordó como si fuera ayer el encuentro con ellos por
primera vez. Fue en la antigua propiedad de T'sien, cerca de Changi, antes de que el
lugar se convirtiera en ese espantoso club de campo al que todos los extranjeros
acudían. Los chicos de T'Sien con sus ojos que desnudaban se tropezaban para
hablar con ella, pero los Shang apenas se dignaron a mirar en su dirección; esos
Shang solo se sentían cómodos hablando con familias que conocían desde hacía al
menos dos generaciones. Pero Nick llevó a la chica directamente a la sartén e
intentó presentar a Rachel a Victoria Young, la más escurridiza de las hermanas de
Philip, y a Cassandra Shang, la chismosa arrogante conocida como Radio One Asia.
Alamak, esto iba a ser bueno.
—Rachel, esta es mi tía Victoria y mi prima Cassandra, que acaba de regresar
de Inglaterra.
Rachel sonrió nerviosamente a las damas. Victoria, con su larga melena hasta
el mentón y su vestido de algodón melocotón ligeramente arrugado, tenía el
aspecto de una excéntrica escultora, mientras que Cassandra, delgada como un
galgo, con su cabello grisáceo dividido severamente en un moño Frida Kahlo
ajustado, vestía un camisón caqui de gran tamaño y un collar africano adornado
con pequeñas jirafas de madera. Victoria estrechó fríamente la mano de Rachel,
mientras que Cassandra mantenía sus delgados brazos cruzados sobre su pecho,
sus labios fruncidos en una apretada sonrisa mientras evaluaba a Rachel de pies a
cabeza. Rachel estaba a punto de preguntar sobre sus vacaciones cuando Victoria,
mirando por encima del hombro, anunció con ese mismo acento inglés recortado
que todas las tías de Nick tenían.
—Oh, aquí vienen Alix y Malcolm. Y están Eddie y Fiona. Santo cielo, mira a
esos niños, ¡todos vestidos así!
—Alix estaba quejándose sobre cuánto dinero gastan Eddie y Fiona en esos
niños. Parece que solo usan ropa de diseño —dijo Cassandra, estirando “diiii-seee-
ño” como si se tratara de una especie de aflicción grotesca.
—¡Gum sai cheen!111 ¿A qué lugar cree Eddie que los está trayendo? Hay
cuarenta grados afuera y están vestidos para un fin de semana de caza en Balmoral
—se burló Victoria.
—Deben estar sudando como cerditos en esas chaquetas de tweed —dijo
Cassandra, negando.

111 “Qué desperdicio de dinero” en cantonés.
Justo en ese momento, Rachel notó que una pareja entraba a la habitación.
Un joven con el cabello alborotado de un ídolo pop coreano, avanzaba pesadamente
hacia ellos con una chica con un vestido de tubo amarillo limón y rayas blancas que
se pegaba a su cuerpo como una envoltura de salchicha.
—Oh, aquí viene mi primo Alistair. Y esa debe ser Kitty, la chica de la que está
locamente enamorado —comentó Nick. Incluso desde el otro lado de la habitación,
las extensiones de cabello de Kitty, las pestañas postizas y el lápiz labial de color
escarchado se destacaban dramáticamente, y cuando se acercaron, Rachel se dio
cuenta de que las rayas blancas del vestido de la chica eran en realidad
transparentes, con sus pezones hinchados claramente visibles.
—Todos, me gustaría que conocieran a mi novia Kitty Pong —dijo
orgullosamente Alistair.
La sala quedó en silencio mientras todos se quedaban boquiabiertos ante esos
pezones color chocolate. Mientras Kitty atraía la atención, Fiona rápidamente
sacaba a sus hijos de la habitación. Eddie miró a su hermano pequeño, furioso
porque su entrada había sido eclipsada. Alistair, emocionado por la repentina
atención, dijo:
—¡Y quiero anunciar que anoche llevé a Kitty a la cima del Monte Faber y le
pedí que se casara conmigo!
—¡Estamos comprometidos! —chilló Kitty, agitando el gran diamante rosa
lechoso en su mano.
Felicity jadeó audiblemente, mirando a su hermana, Alix, por alguna reacción.
Alix miró a la distancia media, sin hacer contacto visual con nadie. Su hijo continuó
tranquilamente.
—Kitty, conoce a mi primo Nicky, mi tía Victoria y mi prima Cassandra. Y tú
debes ser Rachel.
Sin perder un segundo, Victoria y Cassandra se volvieron hacia Rachel,
ignorando a Alistair.
—Ahora, Rachel, ¿me enteré de que eres economista? ¡Qué fascinante! ¿Me
explicas por qué la economía estadounidense parece no poder salir de su
lamentable estado? —preguntó Victoria con voz estridente.
—Es ese tipo Tim Paulson, ¿verdad? —interrumpió Cassandra—. Es un títere
controlado por todos los judíos, ¿no?
—¿U
na tanga de encaje negro? ¿Y realmente podías verla a
través del vestido? —gritó Peik Lin, doblándose de risa en
la banqueta del restaurante que estaba compartiendo con
Rachel.
—¡La tanga, los pezones, todo! ¡Deberías haber visto la expresión en todos sus
rostros! Bien podría haber estado desnuda —dijo Rachel.
Peik Lin se enjuagó las lágrimas de la risa de sus ojos.
—No puedo creer todo lo que te sucedió la semana pasada. Esas chicas. El pez
muerto. La familia de Nick. Solo tú podrías pasar por todo esto.
—¡Oh, Peik Lin, me gustaría que pudieras ver cómo vive la familia de Nick!
Quedarme en Tyersall Park ha sido absolutamente irreal. La habitación en la que
estamos tiene todos estos exquisitos muebles art déco franceses, y siento que viajé
en el tiempo: Los rituales, la decadencia, la elegancia de todo… Quiero decir, debe
haber al menos doce casas de invitados adicionales en la ciudad para la boda, pero
hay tantas mucamas alrededor, todavía tengo una dedicada solo para mí, esta linda
chica de Suzhou. Creo que está un poco enojada porque no la he dejado hacer todos
sus deberes.
—¿Cuáles son sus deberes? —inquirió Peik Lin.
—Bueno, la primera noche me ofreció desnudarme y cepillarme el cabello, lo
que pensé que era un poco espeluznante. Entonces le dije, “No, gracias”. Luego me
preguntó si podía “darme un baño”; me encanta esa frase, ¿verdad? Pero sabes que
prefiero las duchas, a pesar que la bañera con patas se ve increíble. ¡Entonces se
ofrece a darme un masaje con champú en el cuero cabelludo! Soy como, no, no
necesito eso. Solo quiero que salga de la habitación para poder tomar mi baño. En
cambio, la chica se precipita al baño para ajustar los grifos antiguos de la ducha
hasta que la temperatura del agua sea perfecta. Entré y había, como veinte velas
encendidas alrededor de la habitación, ¡para una maldita ducha!
—Alamak, Rachel, ¿por qué no permitiste que hiciera el trabajo? Todo este
mimo real está totalmente malgastado en ti —reprendió Peik Lin.
—No estoy acostumbrada a todo esto, me incomoda que el trabajo de alguien
sea esperarme de pies y manos. Otra cosa: Su servicio de lavandería es increíble.
Todo lo que llevo se lava y plancha dentro de un día de mi uso. Noté que toda mi
ropa olía fresca y maravillosa, así que le pregunté a mi mucama qué tipo de
detergente usaban. ¡Me dijo que todo está planchado con agua de lavanda especial
de Provenza! ¿Puedes imaginar? Y cada mañana nos despierta llevando una
“bandeja de buenos días” a la habitación con té para Nick, hecho de la manera que
le gusta, café hecho como a mí me gusta, y un plato con estas deliciosas galletas:
“Galletas digestivas”, Nick las llama así. Y esto es antes del gran desayuno buffet
que se presenta, y siempre en una parte diferente de la casa. El primer desayuno de
la mañana se sirvió en el invernadero, a la mañana siguiente estaba en la terraza
del segundo piso. Así que incluso ir a desayunar es como un regalo sorprendente
todos los días.
Peik Lin negó con asombro, tomando algunas notas mentales. Era hora de
sacudir las cosas con las criadas perezosas en Villa d'Oro, necesitaban algunas
tareas nuevas. Agua de lavanda en las planchas, para empezar. Y mañana quería
desayunar junto a la piscina.
—Te digo, Peik Lin, entre todos los lugares que Nick me ha llevado y todos los
almuerzos, tés y cenas a los que hemos tenido que asistir, nunca he comido así en
toda mi vida. Sabes, nunca imaginé que podría haber tantos eventos importantes
alrededor de una boda. Nick me advirtió que la fiesta de esta noche es en un bote.
—Sí, leí que va a ser en el nuevo mega yate del dato’ Tai Toh Lui. Cuéntame
sobre los conjuntos que planeas usar este fin de semana —dijo Peik Lin con
entusiasmo.
—Mmm, ¿conjuntos? Solo traje un vestido para la boda.
—¡Rachel, no puedes hablar en serio! ¿No habrá numerosos eventos durante
todo el fin de semana?
—Bueno, está la fiesta de bienvenida esta noche en el yate, la boda mañana
por la mañana, que será seguida por una recepción y un banquete de bodas por la
noche. Y luego hay una ceremonia del té el domingo. Traje este vestido de coctel
blanco y negro de Reiss, así que creo que puedo usarlo todo el día de mañana y…
—Rachel, vas a necesitar al menos tres conjuntos mañana. ¡No se te puede ver
con el mismo vestido de la mañana a la noche! Y todos van a estar ataviados con
joyas y vestidos de gala para el banquete de bodas. Va a ser el evento más grandioso
de la década, habrá grandes celebridades y realeza allí.
—Bueno, no hay forma que pueda competir con eso. —Se encogió de
hombros—. Sabes que la moda nunca ha sido realmente lo mío. Además, ¿qué
puedo hacer al respecto ahora?
—¡Rachel Chu, te llevaré de compras!
—Peik Lin —protestó Rachel—, no quiero correr por un centro comercial en
este instante en el último momento.
—¿Un centro comercial? —Peik Lin la miró con desdén—. ¿Quién dijo algo
acerca de un centro comercial? —Sacó su teléfono y marcó un número en llamada
rápida—. Patric, ¿puedes ponerme en turno? Es una emergencia. Necesitamos
hacer una intervención.
***
El taller de Patric era una antigua tienda de Ann Siang Hill que se había
transformado en un loft agresivamente moderno, y fue allí donde Rachel pronto se
encontró de pie sobre una brillante plataforma circular en nada más que su ropa
interior, un espejo de tres vías detrás de ella y una luz de domo Ingo Maurer
flotando arriba, bañándola con una luz cálida y favorecedora. Sigur Rós sonaba en
el fondo, y Patric (solo Patric), que llevaba una bata de laboratorio blanca sobre una
camisa y una corbata de cuello dramáticamente alto, la observó atentamente, con
los brazos cruzados y un dedo índice en los labios fruncidos.
—Eres muy larga de cintura —pronunció.
—¿Eso es malo? —preguntó Rachel, dándose cuenta por primera vez, de cómo
las concursantes deben sentirse durante la competencia de trajes de baño de un
concurso de belleza.
—¡De ningún modo! Conozco mujeres que matarían por tu torso. Esto
significa que podemos ponerte en algunos de los diseños que normalmente no
cabrían en cuerpos muy pequeños. —Patric se volvió hacia su asistente, un hombre
joven en un mono gris con cabello meticulosamente peinado, y declaró—.
¡Chuaaaaan! Saca el Balenciaga ciruela, el Chloé melocotón, el Giambattista Valli
que acaba de llegar de París, todas las Marchesas, el vintage Givenchy, y ese Jason
Wu con los volantes deconstruidos en el corpiño.
Pronto media docena de asistentes, todos vestidos con ajustadas camisetas
negras y mezclilla negra, zumbaban alrededor del espacio con la urgencia de los
desarmadores de bombas, llenándolo con estantes enrollados repletos de los
vestidos más exquisitos que Rachel había visto jamás.
—¿Supongo que así es como compran todos los súper ricos de Singapur? —
preguntó.
—Los clientes de Patric vienen de todas partes, todos los amantes de la moda
de China Continental, Mongolia e Indonesia que desean las últimas vestimentas y
muchas de las princesas de Brunei obsesionadas con la privacidad. Patric tiene
acceso a los vestidos horas después de haber caminado por las pasarelas —le
informó Peik Lin. Rachel miró a su alrededor con asombro cuando los asistentes
comenzaron a colgar los vestidos en una varilla de titanio que estaba suspendida
dos metros en el aire, rodeando la plataforma como un halo gigante.
—Están trayendo demasiados vestidos —comentó.
—Así es como funciona Patric. Primero necesita ver diferentes estilos y colores
a tu alrededor, luego filtra. No te preocupes, Patric tiene el gusto más impecable;
estudió moda en Central Saint Martins, ¿sabes? Puedes estar segura que los
vestidos que elija no se verán en ninguna otra persona en la boda.
—Esa no es mi preocupación, Peik Lin. Mira, no hay etiquetas de precio en
ningún lugar, eso siempre es una señal peligrosa —susurró Rachel.
—No te preocupes por las etiquetas de precios, Rachel. Tu trabajo es probarte
los vestidos.
—¿Qué quieres decir? Peik Lin, ¡no te dejaré que me compres un vestido!
—¡Silencio! No discutamos sobre esto —dijo Peik Lin mientras sostenía una
blusa de encaje translúcido a la luz.
—Peik Lin, lo digo en serio. Nada de tus trucos aquí —advirtió Rachel
mientras hojeaba otro estante. Un vestido que fue pintado a mano con flores
acuosas azules y plateadas llamó su atención—. Mira, esto es para morirse. ¿Por
qué no pruebo este? —preguntó.
Patric volvió a entrar en la habitación y notó el vestido que Rachel sostenía.
—Espera, espera, espera. ¿Cómo fue que Dries Van Noten entró aquí?
Chuaaaan! —gritó para su sufrido ayudante—. El Dries está reservado para Mandy
Ling, que está en camino en este momento. Su madre me kau peh kau bu112, si dejo
que alguien más lo tenga. —Se volvió hacia Rachel y sonrió disculpándose—. Lo
siento, ese Dries ya está apartado. Ahora, para empezar, vamos a verte en este
número rosa ostra con la falda bonita y de volados.
Rachel pronto se encontró dando vueltas en un impresionante vestido tras
otro y divirtiéndose más de lo que alguna vez pensó posible. Peik Lin simplemente
decía oh y ah por todo lo que ponía, mientras leía en voz alta el último número de
Singapore Tattle:
Espere atascos de aviones privados en el aeropuerto de Changi y cierres de
carreteras en todo el distrito financiero este fin de semana, ya que Singapur
presencia su propia boda real. Araminta Lee se casa con Colin Khoo en la
Primera Iglesia Metodista el sábado al mediodía, con una recepción privada para
seguir en un lugar no revelado. (Se dice que la madre de la novia, Annabel Lee,
planeó hasta el último detalle, gastando más de cuarenta millones en la ocasión).
Aunque la lista de invitados de la crème de la crème ha sido más celosamente
protegida que el programa de armas nucleares de Corea del Norte, no se
sorprendan de ver a la realeza, los jefes de estado y celebridades como Tony
Leung, Gong Li, Takeshi Kaneshiro, Yue-Sai Kan, Rain, Fan BingBing y
Zhang Ziyi presentes. Se rumorea que una de las divas pop más grandes de Asia
se presentará, y los corredores de apuestas apuestan por quién diseñó el vestido de
novia de Araminta. Estén atentos a que los más brillantes de Asia salgan con toda
su fuerza, como los Shaw, los Tai, los Mittal, los Meggaharto, los Hong Kong y
Singapurense Ngs, los Ambani, los David Tang, los L'Orient Lim, los Taipei
Plastics Chus, y muchos otros demasiado fabulosos para mencionar.
Mientras tanto, Patric entraba y salía del vestidor haciendo una declaración
definitiva:
—Esa abertura es demasiado alta, ¡le producirás erecciones a todos los chicos
del coro con ese!
—¡Maravilloso! ¡Fuiste genéticamente diseñado para vestir Alaïa!
—NUNCA, NUNCA uses gasa verde a menos que quieras parecer un bok choy
que fue violado por una pandilla.
—Ahora eso se ve impresionante. Esa falda acampanada sería aún mejor si
llegaras a caballo.
Cada atuendo que Patric seleccionó parecía encajar con Rachel más
bellamente que el anterior. Encontraron el vestido de cóctel perfecto para la cena
de ensayo y un atuendo que podría funcionar para la boda. Justo cuando Rachel
finalmente decidió que, qué demonios, derrocharía en un gran vestido de diseñador

112 Jerga que se traduce como “llora al padre y llora a la madre” en Hokkien.
por primera vez en su vida, Peik Lin pidió que se envolvieran un montón de
vestidos.
—¿Te vas a llevar todas esas cosas para ti? —preguntó Rachel asombrada.
—No, estos son los que se veían mejor, así que los estoy comprando para ti —
respondió Peik Lin mientras intentaba entregar su tarjeta negra American Express
a uno de los asistentes de Patric.
—¡Oh, no, no lo harás! ¡Deja esa tarjeta AMEX! —dijo Rachel severamente,
agarrando la muñeca de Peik Lin—. Vamos, solo necesito un vestido formal para el
baile de bodas. Todavía puedo usar mi vestido blanco y negro para la ceremonia de
la boda.
—Antes que nada, Rachel Chu, no puedes usar un vestido en blanco y negro
para una boda, son colores de luto. ¿Estás segura que eres realmente china? ¿Cómo
no puedes saber eso? Segundo, ¿cuándo fue la última vez que te vi? ¿Con qué
frecuencia puedo mimar a una de mis mejores amigas en todo el mundo? No
puedes privarme de este placer.
Rachel se rió del absurdo encanto de su declaración.
—Peik Lin, aprecio tu generosidad, pero no puedes gastar miles de dólares en
mí. Mira, tengo dinero ahorrado para este viaje, y con mucho gusto pagaré por mi…
—Fantástico. Ve a comprar algunos recuerdos cuando estés en Phuket.
***
En un vestidor en el otro extremo del taller de Patric, dos asistentes apretaron
con cautela el corsé de un vestido escarlata de Alexander McQueen en Amanda
Ling, todavía con jet lag por haber bajado de un avión de Nueva York.
—Tiene que estar más apretado —dijo su madre, Jacqueline, mirando a los
asistentes, cada uno sostenía un lado del cordón de seda dorado con vacilación.
—¡Pero apenas puedo respirar como está! —protestó Amanda.
—Toma respiraciones más pequeñas, entonces.
—Esto no es 1862, mamá. ¡No creo que se suponga que se use con un corsé de
verdad!
—Por supuesto que sí. La perfección llega con el sacrificio, Mandy. Que,
naturalmente, es un concepto del que parece no tienes ninguna comprensión.
Amanda puso los ojos en blanco.
—No empieces de nuevo, mamá. Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Las cosas iban bien en Nueva York hasta que me obligaste a volver por esta locura.
Tenía muchas ganas de deshacerme de la tonta boda de Araminta.
—No sé en qué planeta estás viviendo, pero las cosas no están “bien”. Nicky va
a proponerle matrimonio a esta chica en cualquier momento. ¿Cuál fue el objetivo
de enviarte a Nueva York? Tuviste una misión simple que cumplir, y fallaste
miserablemente.
—No aprecias lo que he logrado por mi cuenta. Ahora soy parte de la sociedad
de Nueva York —declaró orgullosamente Amanda.
—¿A quién le importa un comino eso? ¿Crees que alguien está impresionado
de ver fotos tuyas en Town & Country?
—No se va a casar con ella, mamá. No conoces a Nicky como yo —insistió
Amanda.
—Bueno, por tu bien, espero que tengas razón. No necesito recordarte…
—Sí, sí, lo has dicho durante años. No tienes nada que dejarme, soy la chica,
todo tiene que ir a Teddy —se lamentó Amanda sarcásticamente.
—¡Más apretado! —ordenó Jacqueline a los asistentes.
—¿O
tro puesto de control de seguridad? —se quejó Alexandra
Cheng, mirando por la ventana polarizada a la multitud de
espectadores que se alineaban en Fort Canning Road.
—Alix, hay tantos jefes de estado aquí, por supuesto tienen que asegurar la
ubicación. Ese es el convoy del sultán de Brunei que tenemos por delante, y ¿no se
supone que el viceprimer ministro de China vendrá? —dijo Malcolm Cheng.
—No me sorprendería que los Lees invitaran a todo el Partido Comunista de
China —dijo abruptamente Victoria Young con sorna.
Nick se había ido al amanecer para ayudar a Colin a prepararse para su gran
día, así que Rachel dio un paseo con sus tíos y tías en una de las flotas que salían
del Parque Tyersall.
El Borgoña Daimler finalmente llegó frente a la Primera Iglesia Metodista y el
chófer uniformado abrió la puerta, causando que la multitud apretujada detrás de
las barricadas rugiera con anticipación. Mientras ayudaban a Rachel a salir del
automóvil, cientos de fotógrafos de prensa que colgaban de las gradas de metal
empezaron a alejarse, el sonido de sus frenéticos clics digitales como langostas que
descendían en un campo abierto.
Rachel escuchó a un fotógrafo gritarle a un presentador de noticias parado al
lado.
—¿Quién es esa chica? ¿Es ella alguien? ¿Es ella alguien?
—No, es solo una rica de la comunidad social —respondió el presentador de
noticias—. Pero, mira, ¡aquí vienen Eddie Cheng y Fiona Tung-Cheng!
Eddie y sus hijos salieron del auto directamente detrás de Rachel. Ambos
chicos vestían trajes idénticos a las chaquetas recortadas de color gris pálido de su
padre y lazos de lunares, y flanqueaban a Eddie obedientemente mientras Fiona y
Kalliste lo seguían unos pasos atrás.
—¡Eddie Cheng! ¡Mira para acá, Eddie! ¡Muchachos, por aquí! —gritaron los
fotógrafos. El presentador de noticias empujó un micrófono frente al rostro de
Eddie.
—Señor Cheng, tu familia siempre está en la parte superior de las listas mejor
vestidas, ¡y ciertamente no nos decepcionaste hoy! Dime, ¿a quién llevas?
Eddie hizo una pausa, orgullosamente colocando sus brazos alrededor de los
hombros de sus hijos.
—Constantine, Augustine y yo estamos a la medida de Gieves & Hawkes, y mi
esposa y mi hija están en Carolina Herrera. —Sonrió ampliamente. Los chicos
miraron el brillante sol de la mañana, intentando recordar las instrucciones de su
padre, mirar directamente a la lente de la cámara, chupar las mejillas, girar a la
izquierda, sonreír, girar a la derecha, sonreír, mirar a papá con adoración, sonreír.
—¡Tus nietos se ven tan lindos y bien vestidos! —comentó Rachel a Malcolm.
Malcolm negó burlonamente.
—¡Hiyah! Treinta años he sido un cirujano cardíaco pionero, pero mi hijo es
quien atrae toda la atención, ¡por su ropa ensangrentada!
Rachel sonrió. Estas grandes bodas de celebridades parecían ser sobre la
“ropa sangrienta”, ¿verdad? Llevaba un vestido azul hielo con una chaqueta
ajustada adornada con discos de madreperla a lo largo de la solapa y las mangas. Al
principio se sintió demasiado abrigada cuando vio lo que las tías de Nick llevaban
puestas en Tyersall Park. Alexandra con un vestido verde fangoso que se asemejaba
a los años ochenta Laura Ashley, y Victoria con un vestido geométrico con motivos
geométricos (así mucho para la teoría de Peik Lin) que parecía algo desenterrado
del fondo de un viejo cofre de alcanfor. Pero aquí, entre todos los otros elegantes
invitados a la boda, se dio cuenta de que no tenía nada de qué preocuparse.
Rachel nunca había visto una multitud como esta durante el día, con los
hombres ataviados con trajes de mañana y las mujeres con el estilo de una pulgada
de sus vidas en las últimas apariencias de París y Milán, muchos sombreros
elaborados deportivos o fascinantes extravagantes. Un contingente aún más exótico
de damas llegó con saris iridiscentes, kimonos pintados a mano y kebayas
intrincadamente cosidas. Rachel había estado temiendo la boda en secreto toda la
semana, pero mientras seguía a las tías de Nick por la ladera hacia la iglesia gótica
de ladrillo rojo, se encontró sucumbiendo al aire festivo. Este fue un evento único
en la vida, del tipo de los que probablemente nunca volvería a presenciar.
En las puertas principales, había una fila de acomodadores vestidos con trajes
de mañana y sombreros de copa.
—Bienvenidos a Primera Metodista —dijo un ujier alegremente—. ¿Sus
nombres, por favor?
—¿Para qué? —Victoria frunció el ceño.
—Entonces puedo decirte en qué fila estarás sentada —dijo el joven,
sosteniendo un iPad con una tabla de asientos detallada brillando en su pantalla.
—¡Qué absurdo! Esta es mi iglesia, y me voy a sentar en mi banco regular —
dijo Victoria.
—¿Al menos dime si eres huésped de la novia o el novio? —preguntó el ujier.
—¡Novio, por supuesto! —Victoria resopló, pasando a su lado.
Al entrar a la iglesia por primera vez, Rachel se sorprendió de lo crudamente
moderno que parecía el santuario. Paredes de celosías de hojas de plata se elevaron
hacia los techos de cantería, y filas de sillas minimalistas de madera clara llenaban
el espacio. No se veía una sola flor en ninguna parte, pero no era necesario, porque
suspendidos del techo había miles de jóvenes Aspen, meticulosamente dispuestos
para crear un bosque abovedado flotando justo encima de las cabezas de todos. A
Rachel le pareció impresionante el efecto, pero las tías de Nick estaban
horrorizadas.
—¿Por qué cubrieron el ladrillo rojo y las vidrieras? ¿Qué pasó con todos los
bancos de madera oscura? —preguntó Alexandra, desorientada por la
transformación completa de la iglesia en la que había sido bautizada.
—Aiyah, Alix, ¿no lo ves? ¡Esa mujer, Annabel Lee, ha transformado la iglesia
en uno de sus espantosos vestíbulos de hotel! —Victoria se estremeció.
Los acomodadores dentro de la iglesia se apresuraron en completo pánico, ya
que la mayoría de los ochocientos ochenta y ocho 113 invitados a la boda estaban
ignorando por completo la lista de asientos. Annabel había sido aconsejada sobre el
protocolo de asientos no menos por una autoridad que el editrix en jefe de
Singapur Tattle, Betty Bao, pero incluso Betty no estaba preparada para las
antiguas rivalidades que existían entre las familias de la vieja guardia asiática. Ella
no habría sabido, por ejemplo, que el Hus siempre debería estar sentado frente al
Ohs, o que los Kweks no tolerarían ningún Ngs dentro de un radio de quince
metros.
Como era previsible, Dick y Nancy T'sien habían requisado dos filas cerca del
púlpito y estaban rechazando a cualquiera que no fuera T'sien, Young o Shang (en
raras excepciones, permitían a algunos Leong y Lynn Wyatt). Nancy, con un vestido
rojo de cinabrio y un enorme sombrero a juego con alas de plumas, brotó con
entusiasmo cuando Alexandra y Victoria se acercaron.
—¿No te encanta lo que han hecho? Me recuerda a la Catedral de Sevilla,
donde asistimos a la boda de la hija de la duquesa de Alba con ese guapo torero.
—Pero somos metodistas, Nancy. ¡Esto es un sacrilegio! Siento que estoy en el
medio del bosque de Katyn, y alguien está a punto de dispararme en la parte
posterior de la cabeza —dijo Victoria furiosa.
Rosemary T'sien caminó por el pasillo central escoltada por su nieto Oliver
T'sien y su nieta Cassandra Shang, asintiendo a las personas que conocía en el
camino. Rachel ya podía ver por la nariz arrugada de Cassandra, que no aprobaba
la decoración. Radio One Asia se deslizó entre Victoria y Nancy y se lanzó a las
últimas noticias de última hora:
—Acabo de escuchar que la señora Lee Yong Chien está furiosa. Ella va a
hablar con el obispo justo después del servicio, y tú sabes lo que eso significa, ¡no
más nueva biblioteca!
Oliver, que estaba elegantemente vestido con un traje de seersucker de color
crema, camisa a cuadros azules y corbata amarilla, se deslizó junto a Rachel.
—Quiero sentarme a tu lado, ¡eres la chica mejor vestida que he visto en todo
el día! —declaró, admirando la discreta elegancia del atuendo de Rachel. A medida
que la iglesia continuaba llenándose, los constantes comentarios de Oliver sobre los
invitados VIP que llegaban tenían a Rachel alternativamente hipnotizada y con

113 El número ocho es considerado por los chinos como un número extremadamente

afortunado, ya que tanto en mandarín como en cantonés, suena similar a la palabra prosperidad o
fortuna. Triple-ocho significa triplicar la suerte.
puntadas—. Aquí vienen las sultanas, princesas y perchas surtidos de contingentes
de Malasia. Mmm, parece que alguien se hizo la lipo. Señor, ten piedad, ¿alguna
vez has visto tantos diamantes y guardaespaldas en toda tu vida? No mires ahora,
estoy bastante seguro de que la mujer con el sombrero de campana, es Faye Wong.
Es una cantante y actriz increíble, famosa evasiva: La Greta Garbo de Hong Kong.
Ah, mira a Jacqueline Ling en ese Azzedine Alaïa. En cualquier otra persona, ese
tono de rosa se vería cachondo, pero en ella parece perfecto. ¿Y ves que Peter y
Annabel Lee saludaban con tanta calidez a ese tipo tan delgado y tan peinado? Ese
es el hombre con el que todos quieren hablar. Es el director de China Investment
Corporation, que gestiona el fondo chino de riqueza soberana. Tienen más de
cuatrocientos mil millones en reservas...
En el lado de la novia del pasillo, Daisy Foo negó con asombro.
—Los Lee atraparon a todos, ¿verdad? El presidente y el primer ministro,
todos los altos mandos de Beijing, la señora Lee Yong Chien, incluso Cassandra
Shang voló desde Londres, ¡y los Shang nunca vienen a nada! Diez años atrás, los
Lee recién habían salido del barco desde China continental, y mírenlos ahora; todos
los que están aquí hoy.
—Hablando de cualquiera, mira quién acaba de entrar... ¡Alistair Cheng y
Kitty Pong! —siseó Nadine Shaw.
—Bueno, se ve bastante como una dama en ese vestido de lunares rojo y
blanco, ¿no? —ofreció Carol Tai gentilmente.
—Sí, esa falda con volantes casi parece cubrir sus nalgas —señaló Lorena Lim.
—Alamak, veamos qué sucede cuando intenta sentarse con los Young. ¡Wah,
tan malu114 para ellos! Apuesto a que la echarán de la fila —dijo Nadine con alegría.
Las damas estiraron el cuello para mirar, pero para su decepción, Alistair y su
nueva prometida fueron recibidos cordialmente por sus parientes y acompañados a
la fila.
—No hay tanta suerte, Nadine. Esas personas son demasiado elegantes para
hacer un espectáculo público de eso. Pero apuesto a que están afilando sus
cuchillos en privado. Mientras tanto, esa Rachel Chu se parece a la Santísima
Virgen comparada con ella. ¡Pobre Eleanor, todo su plan es contraproducente!
Daisy suspiró.
—Nada está fallando. Eleanor sabe exactamente lo que está haciendo —dijo
Lorena ominosamente.
En ese momento, Eleanor Young caminó por el pasillo con un traje pantalón
gris metalizado que brillaba sutilmente, claramente deleitándose con la atención
que estaba recibiendo. Ella vio a Rachel y forzó una sonrisa.
—¡Oh hola! ¡Mira, Philip, es Rachel Chu! —En otro vestido de diseñador.
Cada vez que veo a esta chica, lleva algo más caro que la última vez. Dios mío,
debe estar agotando la cuenta del mercado monetario de Nicky—.

114 Vergonzoso.
—¿Tú y Nicky se quedaron despiertos hasta tarde anoche? Apuesto a que
ustedes, los niños, realmente se volvieron locos después de que los viejos amigos
abandonaron el yate del dato, ¿verdad? —preguntó Philip con un guiño.
—No, en absoluto. Nick necesitaba acostarse temprano, así que nos dirigimos
a casa poco después de que te fueras.
Eleanor sonrió con rigidez. ¡La cara de esta chica para llamar "hogar" a
Tyersall Park!
De repente, un silencio cayó sobre la multitud. Rachel pensó al principio que
la ceremonia estaba comenzando, pero cuando miró a la parte posterior de la
iglesia, lo único que vio fue a Astrid llevando a su abuela por el pasillo.
—¡Dios mío, mamá está aquí! —Jadeó Alexandra.
—¿Qué? Debes estar alucinando —respondió Victoria, volteándose incrédula.
Oliver tenía la boca abierta, y cada cabeza del lado del novio de la iglesia
estaba entrenada sobre Astrid y su abuela. Caminando unos pasos discretos detrás
de ellos estaban las ubicuas doncellas de la dama tailandesa y varios gurkhas.
—¿Cuál es el problema? —le susurró Rachel a Oliver.
—No sabes cuán monumental es esto. Su Yi no se ha visto en una función
pública como esta en décadas. Ella no va a los eventos de otras personas, la gente
acude a ella.
Una mujer de pie en el pasillo de repente se inclinó en una profunda
reverencia al ver a la abuela de Nick.
—¿Quién es esa mujer? —preguntó Rachel a Oliver, hipnotizada por el gesto.
—Esa es la esposa del presidente. Ella nació como Wong. Los Wong fueron
salvados por la familia de Su Yi durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que
siempre han hecho todo lo posible para mostrar su respeto.
Rachel miró al primo y a la abuela de Nick con renovada admiración, ambas
tan llamativas como hicieron su majestuosa procesión por el pasillo. Astrid lucía
inmaculadamente elegante con un vestido sin mangas de cuello azul sin mangas de
Majorelle con brazaletes dorados en ambos brazos apilados dramáticamente hasta
los codos. Shang Su Yi resplandecía con un vestido tipo bata de color violeta pálido
que poseía el brillo de gasa más distintivo.
—La abuela de Nick se ve increíble. Ese vestido…
—Ah sí, ese es uno de sus fabulosos vestidos de tela de loto —dijo Oliver.
—¿Como las flores de loto? —preguntó Rachel, para aclarar.
—Sí, desde el tallo de la flor de loto, en realidad. Es un tejido extremadamente
raro que se teje a mano en Myanmar, y normalmente está disponible solo para los
monjes de más alto rango. Me dijeron que se siente increíblemente ligero y tiene
una extraordinaria capacidad para mantenerse fresco en los climas más cálidos.
Cuando se acercaron, Su Yi estaba rodeada de sus hijas.
—¡Mamá! ¿Te sientes bien? —preguntó Felicity en un tono preocupado.
—¿Por qué no nos dijiste que vendrías? —espetó Victoria.
—Hiyah, hubiéramos esperado por ti —dijo Alexandra con entusiasmo.
Su Yi rechazó todo el alboroto.
—Astrid me convenció en el último minuto. Me recordó que no me gustaría
perderme de ver a Nicky como el padrino.
Mientras pronunció esas palabras, dos trompetistas aparecieron al pie del
altar para anunciar la llegada del novio. Colin entró al santuario principal desde
una alcoba lateral, acompañado por Nick, Lionel Khoo y Mehmet Sabançi, todos
vestidos con trajes matutinos gris oscuro y lazos azules plateados. Rachel no pudo
evitar hincharse de orgullo, Nick se veía tan apuesto de pie junto al altar.
Las luces del santuario se atenuaron y, a través de una puerta lateral, apareció
una multitud de muchachos rubios vestidos con trajes de fauno de tenue lino
blanco. Cada chico de mejillas rosadas se aferró a un frasco de vidrio lleno de
luciérnagas, y mientras más y más chicos de cabello rubio emergían para formar
dos líneas a lo largo de ambos lados del santuario de la iglesia, Rachel se dio cuenta
de que tenía que haber al menos un centenar de ellos. Iluminados por las luces
parpadeantes de sus jarras, los niños comenzaron a cantar la clásica canción
inglesa "My True Love Hath My Heart".
—No lo creo, ¡es el Coro de los Niños de Viena! ¡Trajeron el puto coro de niños
de Viena! —exclamo Oliver.
—Aiyah, qué dulces angelitos. —Jadeó Nancy, embargada por la emoción de
las inquietas voces altas—. Me recuerda la ocasión en que el rey Hassan de
Marruecos nos invitó a su fortaleza en las montañas del Alto Atlas.
—¡Oh, cállate! —dijo Victoria bruscamente, limpiándose las lágrimas de los
ojos.
Cuando la canción terminó, la orquesta, escondida en el crucero, se lanzó a las
majestuosas cepas de “Prospero’s Magic” de Michael Nyman cuando dieciséis
damas de honor en vestidos de satén gris perla entraron en la iglesia, cada una con
una enorme rama curva de cerezo en flor. Rachel reconoció a Francesca Shaw,
Wandi Meggaharto y a Sophie Khoo con los ojos llenos de lágrimas. Las damas de
honor marcharon con precisión coreografiada, separándose en pares a diferentes
intervalos para que estuvieran separadas a lo largo del pasillo.
Después del himno procesional, un joven de corbata blanca se acercó al altar
con un violín en la mano. Más murmullos de emoción llenaron la iglesia cuando la
gente se dio cuenta de que no era otro que Charlie Siem, el virtuoso violinista con
aspecto de ídolo matinee. Siem comenzó a tocar los primeros acordes familiares de
"Theme from Out of Africa", y se escucharon suspiros de deleite de la audiencia.
Oliver señaló:
—Todo se trata de esa barbilla, ¿no es así?, apretada contra el violín como si le
estuviera haciendo un amor salvaje. Ese maravilloso mentón es lo que hace que
todas las mujeres se mojen las bragas.
Las damas de honor levantaron sus ramas de cerezo en el aire, formando ocho
arcos florales que conducían al altar, y las puertas de la iglesia se abrieron
dramáticamente. La novia apareció en el umbral, y hubo una exclamación colectiva
de la multitud. Durante meses, editores de revistas, columnistas de chismes y
bloggers de moda habían especulado sobre quién podría estar diseñando el vestido
de Araminta. Como era tanto una modelo célebre como uno de los íconos de la
moda en ciernes de Asia, las expectativas eran altas de que usara un vestido hecho
por un diseñador de vanguardia. Pero Araminta sorprendió a todos.
Caminaba por el pasillo sobre el brazo de su padre con un vestido de novia
inspirado en el estilo clásico diseñado por Valentino, a quien engañó de la
jubilación para hacer exactamente el tipo de vestido en el que generaciones de
princesas europeas se habían casado, el tipo de vestido que la haría mirar a cada
centímetro la esposa joven adecuada de una familia asiática muy tradicional y de
viejo dinero. La creación de Valentino para Araminta presentaba un corpiño de
encaje de cuello alto con mangas largas, una falda llena de encaje superpuesto y
paneles de seda que se desplegaban como los pétalos de una peonía mientras se
movía, y un tren de cuatro metros y medio. (Giancarlo Giametti más tarde
informaría a la prensa que el tren, bordado con diez mil perlas y un hilo de plata,
llevó un equipo de doce costureras nueve meses para coser y presentó un patrón
que reproduce el tren que Consuelo Vanderbilt llevaba cuando se casó fatalmente
con el duque de Marlborough en 1895).
Sin embargo, incluso en su detalle barroco, el vestido de novia no dominó a
Araminta. Por el contrario, era la perfecta y extravagante lámina contra el país de
las maravillas minimalista que su madre había creado tan concienzudamente.
Agarrando un simple ramo de stephanotis, con solo un par de antiguos aretes de
perlas, el más mínimo toque de maquillaje, y su cabello en un moño suelto
adornado con nada más que un anillo de narciso blanco, Araminta parecía una
doncella prerrafaelita flotando a través de un bosque moteado por el sol.
Desde su asiento en la primera fila, Annabel Lee, exultante con un vestido
Alexander McQueen de gasa y encaje dorado, contempló la procesión nupcial
ejecutada sin errores y se deleitó con el triunfo social de su familia.
Al otro lado del pasillo, Astrid estaba sentada escuchando el solo de violín,
aliviada de que su plan hubiera funcionado. En la emoción por la llegada de su
abuela, nadie notó que su esposo había desaparecido.
Sentado en su fila, Eddie estaba obsesionado con cuál tío podría presentarle
mejor al presidente de la Corporación de Inversión de China.
De pie junto al altar, Colin miró a la deslumbrante novia que venía hacia él,
dándose cuenta de que todo el dolor y el alboroto de los últimos meses habían
valido la pena.
—No puedo creerlo, pero no creo que haya sido más feliz —le susurró a su
padrino.
Nick, conmovido por la reacción de Colin, buscó en la multitud el rostro de
Rachel. ¿Dónde estaba ella? Ah, allí estaba, luciendo más hermosa de lo que alguna
vez había lucido. Nick supo en ese momento que quería más que nada ver a Rachel
caminar por el mismo pasillo hacia él con un vestido blanco.
Rachel, que había estado mirando la procesión nupcial, se volvió hacia el altar
y notó que Nick la miraba fijamente. Ella le hizo un pequeño guiño.
—Te amo —le murmuro Nick.
Eleanor, al presenciar este intercambio, se dio cuenta de que no había más
tiempo que perder.
Araminta se deslizó por el pasillo, mirando furtivamente ocasionalmente a sus
invitados a través del velo. Reconoció a amigos, parientes y muchas personas a las
que solo había visto en televisión. Entonces vio a Astrid. Imagínese, Astrid Leong
estaba en su boda, y ahora estarían relacionadas a través del matrimonio. Pero
espere un momento, ese vestido que llevaba Astrid... ¿no era el mismo Gaultier azul
que ella había usado para la gala de moda de Christian Helpers de Carol Tai hace
dos meses? Cuando Araminta llegó al altar donde esperaba su futuro esposo, con el
obispo de Singapur frente a ella y las personas más importantes de Asia detrás de
ella, un solo pensamiento cruzó por su mente: Astrid Leong, esa maldita perra, ni
siquiera podía molestarse en usar un vestido nuevo para su boda.
M
ientras los invitados a la boda comenzaban a filtrarse en el parque
detrás de la Primera Iglesia Metodista para la recepción, se
escucharon más jadeos de asombro.
—¿Y ahora qué? —gruñó Victoria—. Estoy tan cansada de todos estos “ohs” y
“ahs”. ¡Sigo pensando que alguien va a sufrir un paro cardíaco! —Pero cuando
Victoria atravesó las puertas de Canning Rise, incluso ella quedó
momentáneamente silenciada ante la vista del gran césped. En marcado contraste
con la iglesia, la recepción nupcial parecía una explosión atómica de flores.
Topiarios de nueve metros de altura en macetas gigantescas y colosales espirales de
rosas rosadas rodeaban el campo, donde se habían construido docenas de
extravagantes glorietas engalanadas con tafetán a rayas en colores pastel. En el
centro, una inmensa tetera derramaba una cascada de champán burbujeante en
una taza del tamaño de una pequeña piscina, y un conjunto completo de cuerdas
representaba lo que parecía ser un gigantesco plato giratorio de Wedgwood. La
escala de todo hacía sentir a los invitados como si hubieran sido transportados a
una fiesta de té para gigantes.
—¡Alamak, que alguien me pellizque! —exclamó puan sri Mavis Oon al ver los
pabellones de comida, donde los camareros con pelucas blancas empolvadas y
levitas de color azul Tiffany aguardaban junto a las mesas llenas de dulces y
bocadillos.
Oliver escoltó a Rachel y a Cassandra al gran césped.
—Estoy un poco confundido, ¿se supone que es la fiesta del té del Sombrerero
Loco o de María Antonieta en un mal viaje con ácido?
—Parece una combinación de ambos —comentó Rachel.
—¿Qué suponen que van a hacer con todas estas flores una vez que termine la
recepción? —se preguntó Oliver.
Cassandra miró la imponente cascada de rosas.
—¡Con este calor, todas estarán podridas en tres horas! Me han dicho que el
precio de las rosas subió a su punto más alto esta semana en la subasta de flores de
Aalsmeer. Annabel compró todas las rosas en el mercado mundial y las hizo volar
desde Holanda en un carguero 747.
Rachel miró a los invitados que desfilaban por el paraíso de flores con sus
sombreros festivos y sus joyas brillando bajo el sol de la tarde, y sacudió la cabeza
con incredulidad.
—Ollie, ¿cuánto dijiste que gastaron estos Continentales? —preguntó
Cassandra.
—Cuarenta millones, y por el amor de Dios, Cassandra, los Lee han vivido en
Singapur durante décadas. Tienes que dejar de llamarlos Continentales.
—Bueno, todavía se comportan como Continentales, como lo demuestra esta
ridícula recepción. Cuarenta millones, simplemente no veo a dónde fue todo el
dinero.
—Bueno, he estado manteniendo un cálculo, y hasta ahora solo he llegado a
cinco o seis millones. Que Dios nos ayude, creo que la veta principal se está
gastando en el baile de esta noche —supuso Oliver.
—No me puedo imaginar cómo van a superar esto —dijo Rachel.
—Refrescos, ¿alguien? —dijo una voz detrás de ella. Rachel se giró para ver a
Nick sosteniendo dos copas de champaña.
—¡Nick! —exclamó emocionada.
—¿Qué pensaron de la ceremonia de la boda? —preguntó Nick, dándole
galantemente los tragos a las damas.
—¿Boda? Podría haber jurado que fue una coronación —replicó Oliver—. De
todos modos, ¿a quién le importa la ceremonia? La pregunta importante es: ¿Qué
pensaron todos del vestido de Araminta?
—Fue encantador. Parecía engañosamente simple, pero cuanto más tiempo lo
mirabas, más te dabas cuenta de los detalles —ofreció Rachel.
—Ugh. Fue horrible. Parecía una especie de novia medieval —dijo Cassandra
con una risita.
—Ese era el punto, Cassandra. Pensé que el vestido era un triunfo. Valentino
en su mejor momento, canalizando la Primavera de Botticelli y la llegada de Marie
de' Medici a Marsella.
—No tengo idea de lo que acabas de decir, Ollie, pero estoy de acuerdo. —Nick
se rió.
—Te veías tan serio allá arriba en el altar —comentó Rachel.
—¡Era un asunto muy serio! Hablando de eso, voy a robarles a Rachel por un
momento —dijo Nick a sus primos, agarrando la mano de Rachel.
—Oye, hay niños alrededor. ¡Nada de ñaca-ñaca en los arbustos! —advirtió
Oliver.
—Alamak, Ollie, con Kitty Pong aquí, no creo que Nicky sea de quien
debamos preocuparnos —dijo secamente Cassandra.
***
Kitty estaba parada en medio del gran césped, mirando con asombro todo lo
que la rodeaba. ¡Aquí al fin había algo por lo que valía la pena entusiasmarse! Su
viaje a Singapur hasta ahora no había sido más que una serie de decepciones. En
primer lugar, se estaban quedando en ese tranquilo hotel nuevo con el enorme
parque en el techo, pero todas las suites estaban llenas y estaban atrapados en una
habitación normal de cuarta. Y luego estaba la familia de Alistair, que claramente
no era tan rica como le habían hecho creer. La tía de Alistair, Felicity, vivía en una
vieja casa de madera con muebles chinos viejos que ni siquiera estaba pulida
adecuadamente. No eran nada en comparación con las familias ricas que conoció
en China, que vivían en enormes mansiones de construcción nueva decoradas por
los mejores diseñadores de París, Francia. Luego estaba la madre de Alistair, que
parecía una de esas trabajadoras desaliñadas de la Comisión de Planificación
Familiar que solían ir a su aldea en Qinghai para dar consejos sobre control de
natalidad. Por fin, finalmente estaban en esta recepción de bodas de cuento de
hadas, donde ella podría estar rodeada por la créme de la crème de la sociedad.
—¿No es ese tipo en la pajarita el jefe ejecutivo de Hong Kong? —susurró Kitty
en voz alta a Alistair.
—Sí, creo que sí —respondió Alistair.
—¿Lo conoces?
—Lo he visto una o dos veces, mis padres lo conocen.
—¿De verdad? ¿Dónde están tus padres, por cierto? Desaparecieron tan
rápido después de la boda, ni siquiera tuve la oportunidad de saludarles —dijo Kitty
con un pequeño puchero.
—No estoy seguro de lo que estás hablando. Mi papá está allí, llenando su
plato de langostinos, y mi madre está en esa glorieta de rayas violeta con mi abuela.
—Oh, ¿tu Ah Ma está aquí? —dijo Kitty, mirando a la glorieta—. Hay tantas
ancianas allí, ¿cuál es?
Alistair la señaló.
—¿Quién es esa mujer hablando con ella ahora? ¡La que tiene el pañuelo de
cabeza amarillo, cubierta de pies a cabeza con diamantes!
—Oh, esa es una de las viejas amigas de mi Ah Ma. Creo que es una especie de
princesa malaya.
—Oooh, ¿una princesa? ¡Llévame a conocerla ahora! —insistió Kitty,
arrastrando a Alistair lejos de la tienda de postres.
En la glorieta, Alexandra se dio cuenta de que su hijo y esa prostituta (se
negaba a llamarla su prometida) caminaban atentamente hacia ella. Hiyah,
¿estaban realmente en camino hacia aquí? ¿No tenía Alistair el sentido de
mantener a Kitty lejos de su abuela, especialmente cuando estaba recibiendo a la
señora Lee Yong Chien y a la sultana de Borneo?
—Astrid, se está llenando un poco. ¿Podrías decirle a los guardaespaldas de la
sultana que se aseguren de que a nadie más se le permita entrar? —le susurró a su
sobrina, mirando frenéticamente a Alistair y Kitty.
—Por supuesto, tía Alix —dijo Astrid.
Cuando Alistair y Kitty se acercaron a la glorieta, tres guardias con uniforme
militar bloquearon los escalones que tenía enfrente.
—Lo siento, no se permiten más personas —anunció un guardia.
—Oh, pero mi familia está allí. Esa es mi madre y mi abuela. —Señaló Alistair,
mirando por encima del hombro del guardia. Trató de llamar la atención de su
madre, pero parecía estar absorta en una conversación con su prima Cassandra.
—¡Yoohoo! —gritó Kitty. Se quitó su enorme sombrero de paja a lunares y
comenzó a agitarlo con entusiasmo, saltando de arriba abajo—. ¡Yoohoo, señora
Cheng!
La abuela de Alistair se asomó y preguntó:
—¿Quién es esa chica que está saltando?
Alexandra deseaba en ese momento haber puesto fin al ridículo romance de
su hijo cuando tuvo la oportunidad.
—No es nadie. Solo alguien tratando de ver a su alteza real —intervino Astrid,
haciendo un gesto hacia la sultana.
—¿Ese es Alistair con la chica saltarina? —preguntó Su Yi, entrecerrando los
ojos.
—Créeme, mamá, solo ignóralos —susurró Alexandra nerviosamente.
Cassandra decidió que sería mucho más divertido sabotear esta pequeña
farsa.
—Aiyah, Koo Por115, esa es la nueva novia de Alistair —dijo con picardía,
mientras Alexandra la miraba exasperada.
—¿La estrella de Hong Kong de la que me estabas hablando, Cassandra?
Déjala entrar, quiero conocerla —dijo Su Yi. Se volvió hacia la señora Lee Yong
Chien con un brillo en los ojos—. Mi nieto más joven está saliendo con una actriz de
telenovela de Hong Kong.
—¿Una actriz? —La señora Lee hizo una mueca, mientras permitían a Alistair
y a Kitty entrar la glorieta.
—Ah Ma, quiero que conozcas a mi prometida, Kitty Pong —anunció con
valentía Alistair en cantonés.
—¿Tu prometida? Nadie me dijo que te comprometiste —dijo Su Yi, lanzando
a su hija una mirada de sorpresa. Alexandra no podía soportar mirar a su madre a
los ojos.
—Encantada de conocerle —dijo Kitty en un tono superficial, completamente
desinteresado en la abuela anciana de Alistair. Se volvió hacia la sultana y se
sumergió en una profunda reverencia—. ¡Su señoría, es un gran privilegio
conocerla!
Cassandra se giró, tratando de mantener un rostro serio, mientras las otras
damas miraban a Kitty.
—Espera un minuto, ¿eres la hermana más joven en Many Splendid Things?
—preguntó repentinamente la sultana.
—Sí, lo es —respondió orgullosamente Alistair por ella.

115 Chino cantonés para tía abuela.
—¡Alamaaaaak, me encanta tu really! —exclamó la sultana—. ¡Dios mío, eres
tan maaaaaa-la! Dime, en realidad no moriste en ese tsunami, ¿verdad?
Kitty sonrió.
—No se lo diré, solo tendrá que esperar para la próxima temporada. Su
eminencia, sus joyas son magníficas. ¿Ese broche de diamantes es real? ¡Es más
grande que una pelota de golf!
La sultana asintió divertida.
—Se llama la Estrella de Malasia.
—Ooooh, ¿puedo tocarlo, su alteza? —preguntó Kitty. La señora Lee Yong
Chien estaba a punto de protestar, pero la sultana se inclinó ansiosamente hacia
adelante.
—¡Dios mío, siente el peso! —Kitty suspiró, ahuecando el diamante en su
palma—. ¿Cuántos quilates?
—Ciento dieciocho —declaró la sultana.
—Algún día, me comprarás algo como esto, ¿no? —le dijo Kitty a Alistair sin
vergüenza. Las otras damas estaban horrorizadas.
La sultana tomó su bolso enjoyado y sacó un pañuelo de encaje bordado.
—¿Podrías autografiar esto? —le preguntó a Kitty expectante.
—¡Su majestuosidad, sería un placer! —Sonrió Kitty.
La sultana se volvió hacia Shang Su Yi, que había estado examinando todo el
intercambio con perplejo interés.
—¿Esta es la prometida de tu nieto? Qué encantador. ¡Asegúrate de invitarme
a la boda! —La sultana comenzó a quitarse uno de los tres enormes anillos de
diamantes en su mano izquierda y se lo dio a Kitty, mientras las damas miraban
con horror—. Felicitaciones por su compromiso, esto es para ti. Taniah dan
semoga kamu gembira selalu116.
***
Mientras más se alejaban Nick y Rachel del gran jardín, más cambiaba el
parque. El tenso conjunto de cuerdas daba paso a pájaros con chirridos
extrañamente hipnóticos cuando entraron en un sendero sombreado por las ramas
extendidas de árboles de Angsana de doscientos años.
—Me encanta estar aquí, es como si estuviéramos en otra isla —dijo Rachel,
saboreando el alivio fresco debajo del exuberante dosel.
—Me encanta aquí también. Estamos en la parte más antigua del parque, un
área que es sagrada para los malayos —explicó Nick en voz baja—. Ya sabes, cuando
la isla se llamaba Singapura y formaba parte del antiguo imperio Majapahit, aquí es
donde construyeron un santuario para el último rey.
—“El último rey de Singapura”. Suena como una película. ¿Por qué no
escribes el guion? —comentó Rachel.

116 Malayo para Felicitaciones y mejores deseos.
—¡Ja! Creo que atraerá a una audiencia de alrededor de cuatro personas —
respondió Nick.
Llegaron a un claro en el camino, y una pequeña estructura de la era colonial
cubierta de musgo apareció a la vista.
—Vaya, ¿este es el santuario? —preguntó Rachel, bajando la voz.
—No, esta es la puerta de entrada. Cuando llegaron los británicos en el siglo
XIX, construyeron un fuerte aquí —explicó Nick mientras se acercaban a la
estructura y al par de enormes puertas de hierro bajo el arco.
Las puertas estaban abiertas de par en par, al ras contra la pared interior de la
entrada del túnel, y Nick tiró lentamente de una de las pesadas puertas, revelando
una entrada oscura y estrecha cortada en la gruesa piedra, y más allá, los escalones
que conducían al techo de la puerta de entrada.
—Bienvenida a mi escondite —susurró Nick, su voz haciendo eco en la
estrecha escalera.
—¿Es seguro subir? —preguntó Rachel, evaluando los escalones que parecían
no haber tenido mantenimiento en décadas.
—Por supuesto. Solía venir aquí arriba todo el tiempo —dijo Nick, subiendo
los escalones con impaciencia—. ¡Vamos!
Rachel lo siguió con cautela, teniendo cuidado de no frotar ninguna parte de
su vestido prístino contra la escalera cubierta de tierra. El techo estaba cubierto de
hojas recién caídas, ramas de árboles nudosas y los restos de un viejo cañón.
—Genial, ¿no? En un momento, había más de sesenta cañones alineados en
las almenas del fuerte. ¡Ven a echar un vistazo a esto! —dijo Nick emocionado
mientras desaparecía a la vuelta de la esquina. Rachel podía oír al colegial
aventurero en su voz. A lo largo de la pared sur, alguien había garabateado largas
líneas verticales de caracteres chinos en lo que parecía un color marrón fangoso—.
Escrito con sangre —dijo Nick en voz baja.
Rachel miró a los caracteres con asombro.
—No puedo distinguirlos... están tan desvanecidos, y es esa antigua forma de
chino. ¿Qué crees que pasó?
—Solíamos inventar teorías sobre eso. La que se me ocurrió a mí fue que un
pobre prisionero fue encadenado aquí y abandonado para morir por los soldados
japoneses.
—Me estoy asustando un poco —dijo Rachel, sacudiéndose un repentino
escalofrío.
—Bueno, querías ver la conocida “cueva sagrada”. Esto es lo más cercano a lo
que vas a llegar. Solía traer a mis novias aquí para besarnos después de la escuela
dominical. Aquí es donde tuve mi primer beso —anunció Nick brillantemente.
—Por supuesto que lo es. No podía imaginar una guarida más
misteriosamente romántica —dijo Rachel.
Nick tiró de Rachel más cerca. Ella pensó que estaban a punto de besarse,
pero la expresión de Nick pareció cambiar a un modo más serio. Él pensaba en la
forma en que ella se veía más temprano esa mañana, con la luz entrando por las
vidrieras y brillando en su cabello.
—Sabes, cuando te vi en la iglesia hoy sentada con mi familia, ¿sabes lo que
pensaba?
Rachel podía sentir que su corazón de repente comenzaba a correr.
—¿Quu-qué?
Nick hizo una pausa, mirándola profundamente a los ojos.
—Este sentimiento me invadió y simplemente supe que...
El sonido de alguien subiendo las escaleras los interrumpió de repente, y se
separaron de su abrazo. Una deslumbrante chica con un peinado corto a lo Jean
Seberg apareció en lo alto de las escaleras, y detrás de ella arrastraba a un
corpulento hombre caucásico. Inmediatamente, Rachel reconoció el vestido de
Dries Van Noten pintado a mano del taller de Patric que llevaba la chica.
—¡Mandy! —Jadeó Nick sorprendido.
—¡Nico! —respondió la chica con una sonrisa.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Qué crees que estoy haciendo aquí, conejo tonto? Tuve que escapar de esa
recepción chaaaaabacana. ¿Viste esa espantosa tetera gigante? Casi esperaba que
se levantara y comenzara a cantar con la voz de Angela Lansbury —dijo, moviendo
su mirada hacia Rachel.
Estupendo. Otra chica de Singapur con un elegante acento inglés, pensó
Rachel.
—¿Dónde están mis modales? —Nick se recuperó rápidamente—. Rachel, esta
es Amanda Ling. Tal vez recuerdes haber conocido a su madre, Jacqueline, la otra
noche en casa de Ah Ma.
Rachel sonrió y extendió su mano.
—Y este es Zvi Goldberg —correspondió Mandy. Zvi asintió rápidamente, aún
tratando de recuperar el aliento—. Bueno, vine aquí para mostrarle a Zvi el lugar
donde recibí mi primer beso. Y no lo creerías, Zvi, el chico que me besó está justo
delante de nosotros —dijo Mandy, mirando directamente a Nick.
Rachel se volvió hacia Nick con una ceja levantada. Sus mejillas estaban de
color rojo brillante.
—¡Tienes que estar bromeando! ¿Ustedes planearon esta reunión o algo así?
—chilló Zvi.
—Juro por Dios que no lo hicimos. Esto es pura coincidencia —declaró
Mandy.
—Sí, pensé que estabas en contra de venir a la boda —dijo Nick.
—Bueno, cambié de opinión en el último minuto. Especialmente desde que
Zvi tiene este fabuloso nuevo avión que puede deslizarse tan rápido, ¡nuestro vuelo
desde Nueva York solo tomó quince horas!
—Oh, ¿también vives en Nueva York? —inquirió Rachel.
—Sí, lo hago. ¿Qué, Nico nunca te lo ha mencionado? Nico, estoy tan dolida —
dijo Mandy con fingida indignación. Se volvió hacia Rachel con una sonrisa
plácida—. Siento que tengo una ventaja injusta, ya que he oído muchas cosas sobre
ti.
—¿En serio? —Rachel no pudo ocultar su expresión de sorpresa. ¿Por qué
Nick nunca había mencionado a su amiga, esta hermosa chica que
inexplicablemente lo llamaba Nico? Rachel le dio a Nick una mirada mesurada,
pero él simplemente le devolvió la sonrisa, ajeno a los persistentes pensamientos
que llenaban su mente.
—Bueno, supongo que deberíamos volver a la recepción —sugirió Mandy.
Mientras el cuarteto se dirigía hacia las escaleras, Mandy se detuvo bruscamente—.
Oh mira, Nico. No puedo creerlo, ¡todavía está aquí! —Ella pasó los dedos por una
sección de la pared al lado de la escalera.
Rachel miró la pared y vio los nombres que Nico y Mandy tallaron en la roca,
unidos por un símbolo de infinito.
A
lexandra caminó hacia la galería para encontrar a su hermana, Victoria,
y su nuera, Fiona, tomando el té de la tarde con su madre. Victoria se
veía cómica con su collar dramático de ópera de diamantes coñac de
corte antiguo casualmente cubriendo su camiseta gingham. Obviamente, mamá
estaba repartiendo joyas otra vez, algo que parecía hacer con más frecuencia estos
días.
—He estado catalogando cada pieza de la caja fuerte y metiéndolas en cajas
marcadas con todos sus nombres —le había informado Su Yi a Alexandra durante
su visita el año pasado—. De esta forma no habrá peleas cuando me vaya.
—No habrá peleas, mamá —le había insistido Alexandra.
—Ahora dices eso. Pero mira lo que le pasó a la familia de madam Lim Boon
Peck. O a las hermanas Hu. Familias enteras destrozadas por joyas. ¡Y ni siquiera
buenas joyas! —había dicho Su Yi.
Mientras Alexandra se acercaba a la mesa de hierro forjado donde la dulce y
aromática kueh lapis117 y tartaletas de piña estaban repartidas sobre platos de
celadón Longquan, Su Yi estaba sacando una gargantilla de diamantes y zafiros
cabujón.
—Esta la trajo mi padre desde Shanghai en 1918 —le dijo Su Yi a Fiona en
cantonés—. Mi madre me dijo que perteneció a una gran duquesa que escapó de
Rusia en el tren Trans-Siberiano con todas sus joyas cosidas al forro de su abrigo.
Aquí, pruébatelo.
Fiona puse la gargantilla alrededor de su cuello, y una de las damas de
compañía tailandesas de Su Yi le ayudó a atarse la antigüedad. La otra dama de
compañía sostuvo un espejo, y Fiona miró su reflejo. Incluso en la luz menguante
de la tarde, los zafiros brillaban contra su cuello.
—Es verdaderamente exquisito, Ah Ma.
—Siempre me ha gustado porque estos zafiros son tan translucidos, nunca he
visto un tono de azul como ese —dijo Su Yi.
Fiona le devolvió el collar, y Su Yi lo metió en una bolsita amarilla de seda
antes de dársela a Fiona.
—Nah, deberías ponértelo esta noche para el banquete de bodas.
—Oh, Ah Ma, no podría posiblemente… —empezó Fiona.

117 Kueh lapis: También conocido como “el pastel de mil capas”, este pastel decentemente

mantequilloso con docenas de delgadas líneas doradas está creado horneando cada capa de mezcla
separadamente. Extremadamente laborioso, pero pecaminosamente bueno.
—Aiyah, moh hak hei118, ahora es tuyo. Asegúrate de que sea para Kalliste
algún día —declaró Su Yi. Se volvió hacia Alexandra y dijo—: ¿Necesitabas algo
para esta noche?
Alexandra negó con la cabeza.
—He traído mis perlas de tres vueltas.
—Siempre llevas esas perlas —se quejó Victoria, haciendo girar casualmente
entre sus dedos sus nuevos diamantes como si fuesen cuentas de juguete.
—Me gustan mis perlas. Además, no quiero parecer una de esas mujeres
Khoo. ¿Han visto cuántas joyas llevaban esta mañana? Ridículo.
—A esos Khoo les gusta presumir, no es así —dijo Victoria con una risa,
metiéndose en la boca una de las tartaletas de piña.
—Aiyah, ¿a quién le importa? El padre de Khoo Teck Fong vino de una
pequeña aldea en Sarawak, siempre le conoceré como el hombre que solía comprar
la plata antigua de mi madre —dijo Su Yi despectivamente—. Ahora, hablando de
joyas, quiero hablar de la novia de Alistair, esa estrella de cine.
Alexandra hizo una mueca, armándose de valor para la embestida.
—Sí, mamá, estoy segura de que estabas tan conmocionada como yo por el
comportamiento de esa mujer hoy.
—¡La osadía de ella al aceptar ese anillo de la sultana! Ha sido tan indigno, sin
mencionar… —empezó Victoria.
Su Yi levantó la mano para silenciar a Victoria.
—¿Por qué no se me había informado de que Alistair estaba comprometido
con ella?
—Ha ocurrido hace pocos días —dijo Alexandra débilmente.
—¿Pero quién es? ¿Quién es su gente?
—No lo sé con precisión —dijo Alexandra.
—¿Cómo es posible que no conozcas la familia, cuando tu hijo quiere tomarla
como esposa? —dijo Su Yi asombrada—. Mira a Fiona aquí; hemos conocido a su
familia durante generaciones. Fiona, ¿tú conoces a la familia de esta chica?
Fiona hizo una mueca, sin intentar esconder su desprecio.
—Ah Ma, nunca he puesto los ojos sobre ella hasta hace dos días en casa de tía
Felicity.
—Cassandra me ha dicho que la chica apareció en casa de Felicity con un
vestido trasparente. ¿Es eso verdad? —preguntó Su Yi.
—Sí —dijeron las tres señoritas al unísono.
—Tien,119 ah, ¿en qué se está convirtiendo este mundo? —Su Yi negó con la
cabeza, dando un sorbo despacio de su taza.

118 Moh hak hei: Cantonés para no seas formal.
119 Tien: mandarín para ¡cielos!
—Claramente la chica no ha si bien educada —dijo Victoria.
—No ha sido educada para nada. No es Taiwanesa, aunque afirma serlo, y
ciertamente no es de Hong Kong. He oído que es de una aldea remota del norte de
China —ofreció Fiona.
—Tsk, ¡esos chinos norteños son lo peor! —se quejó Victoria, mordisqueando
un trozo de kueh lapis.
—De dónde sea es irrelevante. Mi nieto más joven no se va a casar con alguna
actriz, especialmente una de linaje cuestionable —dijo Su Yi simplemente.
Volviéndose a Alexandra, dijo—: Le dirás que rompa el compromiso
inmediatamente.
—Su padre ha acordado hablar con él cuando volvamos a Hong Kong.
—No creo que eso sea suficientemente pronto, Alix. La chica tiene que irse
antes de que haga algo más ofensivo. Solo puedo imaginar lo que llevará puesto a la
gala esta noche —dijo Victoria.
—Bueno, ¿qué hay de Rachel, esa novia de Nicky? —dijo Alexandra,
intentando desviar la atención de su hijo.
—¿Qué hay con ella? —preguntó Su Yi, desconcertada.
—¿No estás preocupada con ella también? Quiero decir, no sabemos nada de
su familia.
—Aiyah, solo es una chica bonita con la que Nicky se está divirtiendo. —Se rió
Su Yi, como si la idea de que él se casara con Rachel fuese demasiado ridícula para
siquiera considerarla.
—Así no es como lo veo yo —le advirtió Alexandra.
—Tonterías. Nicky no tiene intenciones con esta chica, él mismo me lo ha
dicho. Y además, nunca haría nada sin mi permiso. Alistair simplemente tiene que
obedecer tus deseos —dijo Su Yi con rotundidad.
—Mamá, no estoy segura de que sea tan simple. El chico puede ser muy terco.
Intenté que dejase de salir con ella hace meses, pero… —empezó Alexandra.
—Alix, ¿por qué no le amenazas con cerrarle el grifo? Detén su asignación o
algo —le sugirió Victoria.
—¿Asignación? No tiene una asignación. Alistair no está preocupado por el
dinero, se mantiene a sí mismo con esos trabajos extraños en películas, así que
siempre ha hecho lo que ha querido.
—Sabes, Alistair puede que no se preocupe por el dinero, pero te apuesto a
que esa ramera sí —postuló Victoria—. Alix, tienes que darle una buena charla.
Hazle entender que es imposible que se case con Alistair, y que le vas a cerrar el
grifo para siempre si lo hace.
—No sé cómo empezaría —dijo Alexandra—. ¿Por qué no hablas tú con ella,
Victoria? Eres muy buena con este tipo de cosas.
—¿Yo? ¡Santo cielo, no pienso intercambiar ni una sola palabra con esa
chica! —declaró Victoria.
—Tien, ah, ¡son todas inútiles! —se quejó Su Yi. Volviéndose hacia una de sus
damas de compañía, les ordenó—. Llamen a Oliver T’sien. Díganle que venga ya
mismo.
***
De camino a casa de la recepción de la boda, Nick le aseguró a Rachel que su
relación con Mandy era historia.
—Salimos intermitentemente hasta que cumplí dieciocho y me fui a Oxford.
Fue amor de cachorros. Ahora solo somos viejos amigos que se encuentran de vez
en cuando. Ya sabes, vive en Nueva York pero no nos vemos casi nunca, está
demasiado ocupada yendo a fiestas exclusivas con ese Zvi —dijo Nick.
Aun así, Rachel sintió una onda territorial de parte de Mandy en el fuerte,
haciendo que se preguntara si Mandy realmente había superado a Nick. Ahora,
mientras se vestía para el evento más formal al que alguna vez había sido invitada,
se preguntó cómo se compararía con Mandy y todas las demás mujeres
imposiblemente chic en la órbita de Nick. Se puso delante del espejo,
inspeccionándose. Su cabello había sido recogido en un moño francés suelto y
atado con tres flores de orquídea violetas, y llevaba un vestido azul medianoche con
un hombro descubierto que cubría elegantemente sus caderas antes de caer justo
encima de las rodillas en pliegues lujosos de seda moteados con perlas de agua
dulce. Apenas se reconocía a sí misma.
Hubo un toqueteo en la puerta.
—¿Estás decente? —llamó Nick.
—¡Sí, entra! —respondió Rachel.
Nick abrió la puerta de la habitación y se detuvo de golpe.
—¡Oh wow! —dijo.
—¿Te gusta? —le preguntó Rachel con timidez.
—Estás espectacular —dijo Nick, casi susurrando.
—¿Estás flores en mi cabello parecen absurdas?
—Para nada. —Nick la rodeó, admirando cómo las miles de perlas brillaban
como estrellas lejanas—. Te hacen parecer glamurosa y exótica al mismo tiempo.
—Gracias. Tú también estás bastante espectacular —declaró Rachel,
admirando lo caballero que parecía Nick con su chaqueta de cena, con sus solapas
de grogrén acentuando perfectamente su corbata blanca.
—¿Lista para tu carruaje? —preguntó Nick, entrelazando su brazo con el de
ella de una forma caballerosa.
—Supongo —dijo Rachel, exhalando profundamente. Mientras salían de la
habitación, el pequeño Augustine Cheng vino corriendo por el pasillo.
—Whoa, Augustine, vas a romperte el cuello —dijo Nick, deteniéndolo.
El chico parecía aterrorizado.
—¿Qué pasa, hombrecito? —le preguntó Nick.
—Necesito esconderme. —Augustine estaba jadeando.
—¿Por qué?
—Papá me está persiguiendo. He echado Fanta de naranja sobre su nuevo
traje.
—¡Oh no! —dijo Rachel intentando no reírse.
—Ha dicho que va a matarme —dijo el chico, temblando, con lágrimas en los
ojos.
—Oh, lo superará. Ven con nosotros. Me aseguraré de que tu padre no te
mate. —Se rió Nick, tomando a Augustine de la mano.
Al final de las escaleras, Eddie estaba discutiendo en cantonés con Ling Cheh,
el ama de llaves, y Nasi, la dama principal de la colada, mientras Fiona estaba junto
a él en su vestido de noche gris Weimaraner pareciendo exasperada.
—Te lo estoy diciendo, este tipo de tela necesita mojarse durante unas pocas
horas si quieres que se limpie debidamente —explicó la dama principal de la
colada.
—¿Unas pocas horas? ¡Pero tenemos que estar en el baile de la boda a las siete
y media! Esto es una emergencia, ¿lo entiendes? —gritó Eddie, fulminando con la
mirada a la mujer malaya como si no entendiese inglés.
—Eddie, no hace falta que levantes la voz. Te entiende —dijo Fiona.
—¿Cuántas damas de la colada tiene mi abuela? ¡Debe haber al menos diez de
ustedes! No me digas que no pueden arreglar esto ahora mismo —se quejó Eddie a
Ling Cheh.
—Eddie chico, incluso si hubiera veinte de ellas, no hay forma de que esté listo
para esta noche —insistió Ling Cheh.
—¿Pero qué voy a ponerme? ¡Hice que hicieran este esmoquin
específicamente para mí en Milán! ¿Sabes cuánto me ha costado?
—Estoy segura de que ha sido muy muy caro. Y es por eso exactamente que
tenemos que ser suaves y dejar que se quite la mancha adecuadamente —dijo Ling
Cheh, negando con la cabeza. Eddie chico era un pequeño monstruo pomposo
incluso cuando tenía cinco años.
Eddie miró hacia las escaleras y notó a Augustine bajando con Nick y Rachel.
—¡TÚ, PEQUEÑA MIERDA! —gritó.
—¡Eddie, contrólate! —le amonestó Fiona.
—¡Le enseñaré una lección que nunca olvidará! —Incandescente con ira,
Eddie empezó a subir las escaleras.
—Detente, Eddie —dijo Fiona, agarrando su brazo.
—¡Estás arrugando mi camisa, Fi! —dijo Eddie—. De tal madre tal hijo…
—Eddie, tienes que calmarte. Simplemente ponte uno de los otros dos
esmóquines que has traído —dijo Fiona controlando el tono.
—¡No seas estúpida! Ya he usado ambos en las últimas dos noches. ¡Lo tenía
todo perfectamente planeado hasta que ha aparecido este pequeño cabrón! ¡Deja de
esconderte, pequeño cabrón! ¡Sé un hombre y acepta tu castigo! —Eddie se liberó
de su esposa y se lanzó hacia el chico con su brazo derecho estirado.
Augustine gimió, escondiéndose detrás de Nick.
—Eddie, ¿no vas a pegar de verdad a tu hijo de seis años por un accidente
inofensivo, no? —dijo Nick con ligereza.
—¿Inofensivo? ¡Jodido joder, lo ha arruinado todo! ¡La declaración de moda
monocromática que estaba planeando para toda la familia se ha ARRUINADO por
él!
—¡Y tú me has arruinado todo el viaje! —soltó de repente Fiona—. Estoy tan
harta de todo esto. ¿Por qué es tan malditamente importante que nos veamos
perfectos cada vez que salimos por la puerta? ¿A quién exactamente estás
intentando impresionar? ¿A los fotógrafos? ¿Los lectores del Hong Kong Tattle?
¿Realmente te importan tanto que prefieres pegar a tu propio hijo por un accidente
que tú has causado en primer lugar al gritarle por ponerse la faja errónea?
—Pero, pero… —dijo Eddie en protesta.
Fiona se volvió hacia Nick, recuperando su expresión serena.
—¿Nick, podemos mis hijos y yo ir contigo al baile?
—Er… si lo quieres —dijo Nick con cuidado, sin querer incitar más a su primo.
—Bien. No tengo ningún deseo de ser vista con un tirano. —Fiona tomó a
Augustine de la mano y empezó a subir las escaleras. Hizo una pausa por un
momento cuando pasaba a Rachel—. Estás espectacular con ese vestido. ¿Pero
sabes qué? necesita algo. —Fiona procedió a quitarse su gargantilla de diamantes y
zafiros que Su Yi acababa de darle y la puso alrededor del cuello de Rachel—. Ahora
el conjunto está completo. Insisto en que lo tomes prestado esta noche.
—Eres demasiado amable, pero ¿qué te pondrás tú? —preguntó Rachel
asombrada.
—Oh, no te preocupes por mí —dijo Fiona, lanzándole una mirada oscura a su
marido—. No llevaré ni una sola pieza de joyería esta noche. Nací una Tung y no
tengo nada que probarle a nadie.
—¡N
unca, nunca dejes que los jóvenes planeen sus propias
bodas, porque esto es con lo que terminas! —La señora Lee
Yong Chien se enfadaba con puan sri Mavis Oon. Estaban
de pie en medio de un enorme almacén en el Astillero Keppel junto con otros
setecientos VIP y VVIP, totalmente desconcertados por la banda cubana vestida en
el esplendor tropicana de los años 40 en el escenario.
Gente como la señora Lee estaba acostumbrada a un solo tipo de banquete de
boda chino, del tipo que tenía lugar en el gran salón de baile de un hotel de cinco
estrellas. Durante la interminable espera para que comenzara la cena de catorce
platos, se atiborrarían de cacahuetes salados, las esculturas de hielo que se
derretían, los extravagantes centros florales, la matrona de la sociedad
invariablemente ofendida por la mesa lejana en la que había sido colocada, la
entrada de la novia, la máquina de humo funcionando mal, la entrada de la novia
una y otra vez en cinco vestidos diferentes a lo largo de toda la noche, el niño
llorando ahogándose con una bola de pescado, las tres docenas de discursos de
políticos, simbólicos ejecutivos ang mor y diversos funcionarios de alto rango sin
ninguna relación con la pareja de novios.
El corte del pastel de doce niveles, la amante de alguien haciendo una escena,
el conteo no tan sutil de los sobres de boda por parte de un primo 120, la espantosa
estrella de cantopop enviada desde Hong Kong para gritar alguna canción pop (una
oportunidad para que la gente mayor se tome un descanso prolongado en el aseo),
la distribución de pequeños pastelitos de fruta de boda con glaseado blanco en
cajas de papel a todos los invitados que se van, y luego ¡Yum seng121! (todo el
asunto terminaría y todos correrían a toda prisa al vestíbulo del hotel para esperar
media hora a que su automóvil y a que su chofer consiga superar el atasco.
Esta noche, sin embargo, no había nada de eso. Solo había un espacio
industrial con camareros con mojitos y una mujer con el cabello corto y peinado
hacia atrás con un esmoquin blanco cantando a todo pulmón “Bésame Mucho”.
Mirando a su alrededor, Rachel se divirtió con la mirada desconcertada de los
invitados que llegaban en sus galas más ostentosas.
—Estas mujeres realmente sacaron la arterilla pesada esta noche, ¿no es así?
—susurró Rachel a Nick mientras miraba a una mujer luciendo una capa de plumas
metálicas de oro.

120 La costumbre en las bodas chinas es que los invitados contribuyan con un regalo en
efectivo destinado a ayudar a sufragar el costo del espléndido banquete, y generalmente es la tarea
de algún desafortunado primo segundo recoger y llevar un registro de todos estos sobres rellenos de
efectivo.
121 Tradicional brindis de Singapur, que literalmente significa “terminar de beber”.
—Sí, ¡así parece! ¿Esa es la reina Nefertiti que acaba de pasar? —bromeó
Nick.
—Calla esa boca, Nicholas, esa es Patsy Wang. Es una mujer de la alta
sociedad de Hong Kong conocida por su estilo vanguardista. Hay docenas de blogs
que le están dedicados —comentó Oliver.
—¿Quién es el chico con ella? ¿El de la chaqueta con diamantes que parece
que lleva una sombra de ojos? —preguntó Rachel.
—Ese es su esposo, Adam, y él lleva sombra de ojos —respondió Oliver.
—¿Ellos están casados? ¿De verdad? —Rachel levantó una ceja dudando.
—Sí, e incluso tienen tres hijos para probarlo. Tienes que entender, muchos
hombres de Hong Kong se deleitan en ser amantes de la moda, son dandis en el
verdadero sentido de la palabra. Lo extravagantemente vestidos que puedan estar
no es una indicación de en qué lado de la acera están.
—Fascinante —dijo Rachel.
—Siempre se puede distinguir a los hombres de Singapur de los hombres de
Hong Kong —intervino Nick—. Somos los que vestimos como si aún lleváramos
nuestros uniformes escolares, mientras que ellos se ven más como…
—Imitadores de David Bowie —terminó Oliver.
—Gracias, Ollie. Iba a ir con Elton John. —Nick se rió entre dientes.
Como si hubiera esperando una señal, las luces en el almacén se atenuaron y
las puertas del muelle de carga detrás del escenario comenzaron a elevarse,
revelando una línea de elegantes ferris blancos que esperaban junto al puerto.
Antorchas llameantes iluminaban el camino hacia el muelle, y una hilera de
hombres vestidos con atuendos de marineros suecos estaba listo para guiar a los
invitados hacia los transbordadores. La multitud rugió en aprobación.
—El otro zapato cae —dijo Oliver alegremente.
—¿A dónde crees que vamos? —preguntó Rachel.
—Pronto lo verás —dijo Nick con un guiño.
Mientras los invitados llegaban al muelle, Astrid se aseguró de abordar el
ferry con una mezcla de invitados internacionales en lugar del que estaba lleno con
sus entrometidos parientes. Ya le habían preguntado “¿Dónde está Michael?”
demasiadas veces y estaba harta de repetir nuevas versiones de su excusa. Mientras
se apoyaba en la barandilla en la parte posterior del ferry, mirando las olas
espumosas mientras el buque se alejaba del terraplén, sintió que alguien la estaba
mirando. Se volvió para ver a Charlie Wu, su antiguo amante, en la cubierta
superior. Charlie se sonrojó de un rojo brillante cuando se dio cuenta de que había
sido sorprendido mirando. Dudó por un momento, y luego decidió bajar las
escaleras.
—Mucho tiempo sin verte —dijo con la mayor despreocupación posible. De
hecho, habían pasado casi diez años desde aquel fatídico día en que Astrid le había
arrojado un Frosty al rostro en el exterior del viejo Wendy's en Orchard Road.
—Sí —dijo Astrid con una sonrisa de disculpa. Lo evaluó por un momento,
pensando que se veía mejor con unos años más. Estas gafas sin montura le
sentaban bien, su cuerpo desgarbado se había llenado, y las cicatrices del acné que
alguna vez fueron problemáticas ahora daban a su rostro una apariencia finamente
erosionada—. ¿Cómo te trata la vida? Te mudaste a Hong Kong hace unos años,
¿verdad?
—No me puedo quejar. Demasiado ocupado con el trabajo, pero ¿no es así
para todos? —reflexionó Charlie.
—Bueno, no todo el mundo posee la mayor empresa de tecnología digital en
Asia. ¿No te están llamando el Steve Jobs asiático estos días?
—Sí, desafortunadamente. Zapatos imposibles de llenar. —Charlie la miró de
nuevo, inseguro de qué decir. Se veía más exquisita que nunca en ese cheongsam de
color chartreuse. Es curioso cómo podrías ser tan íntimo con alguien durante
tantos años y, sin embargo, sentirte tan dolorosamente torpe a su alrededor
ahora—. Así que me enteré de que te casaste con una celebridad del ejército, y
tienes un hijo.
—Sí, Cassian... tiene tres años —respondió Astrid, añadiendo de manera
preventiva—, y mi esposo trabaja en la industria de la tecnología como tú ahora.
Tuvo que salir corriendo a China en el último minuto para manejar un gran colapso
de sistema. Y tienes un hijo y una hija, ¿verdad?
—No, dos hijas. Todavía no hay niño, para la consternación de mi madre. Pero
mi hermano Rob tiene tres hijos, lo que la mantiene apaciguada de momento.
—¿Y tu mujer? ¿Ella está aquí esta noche? —preguntó Astrid.
—No, no, soy el único que enarbola el estandarte de mi familia. Ya sabes, solo
invitaron a ochocientos ochenta y ocho personas, así que oí que, a menos que
fueras familia, un jefe de estado o un miembro de la realeza, tu cónyuge no era
invitado.
—¿De verdad? —Astrid se rió. Traté a Charlie de manera horrible. No
merecía que lo tirara a un lado así, pero todos estaban presionándome tanto
sobre casarme con el hijo de Wu Hao Lian en aquellos días. Hubo un silencio
incómodo, pero afortunadamente fueron salvados por los gritos de asombro de la
multitud. El ferry se acercaba rápidamente a una de las islas periféricas, y apareció
lo que parecía ser un palacio de cristal que brillaba en el medio del denso bosque.
Charlie y Astrid se quedaron asombrados al ver la complejidad de la estructura
cuando empezó a verse.
El salón de banquetes parecido a una catedral consistía de inmensos doseles
trapezoidales de vidrio que aparentemente estaban integrados en la selva tropical.
Los árboles crecieron hacia fuera de algunos de los paneles de vidrio, mientras que
otros se encontraban dentro de sus paneles drásticamente angulados. Intercalando
la estructura principal había terrazas en voladizo de diferentes alturas, con una
profusión de vides tropicales y flores que se derramaban sobre cada terraza. Todo
el lugar parecía unos futuristas Jardines Colgantes de Babilonia, y de pie en el
paseo del puerto flanqueado por una hilera de columnas de travertino estaban
Colin y Araminta, ambos vestidos de blanco, saludando a los invitados que
llegaban.
Astrid los miró y dijo con cara seria y con un acento latino:
—¡Bienvenido a Fantasy Island!
Charlie se rió. Había olvidado su extraño sentido del humor.
—Supongo que así es como te gastas cuarenta millones en una boda —
comentó secamente Astrid.
—Oh, esa cosa cuesta mucho más de cuarenta millones —dijo Charlie.
Araminta, con un vestido plisado de seda de gasa blanca con largas correas de
oro martillado y eslabones de diamantes que cruzaban su corpiño, saludó a sus
invitados. Su cabello estaba amontonado en un montículo de intrincadas trenzas y
festoneado con diamantes, perlas barrocas y piedras lunares. Mientras el vestido
ondeaba a su alrededor en la brisa del océano, podría haber sido confundida con
una diosa etrusca. De pie a su lado, un poco agotado por las festividades del día,
estaba Colin con un esmoquin de lino blanco.
Mirando a través de la multitud, Araminta le preguntó a Colin:
—¿Ves a tu prima Astrid en alguna parte?
—Vi a sus hermanos, pero aún no la he visto —respondió Colin.
—Déjame saber en el momento en que la localizas, ¡necesito saber qué lleva
puesta esta noche!
—Veo a Astrid desembarcando del tercer transbordador —informó Colin.
—¡Alamak, lleva un cheongsam! ¿Por qué no lleva una de sus fabulosas
creaciones de alta costura? —Araminta suspiró.
—Creo que se ve preciosa, y ese cheongsam probablemente fue hecho a
mano...
—¡Pero estaba esperando a ver qué diseñador llevaría! Me tomo todas estas
molestias, y ella ni siquiera se molesta en hacer el esfuerzo. ¿Cuál es el maldito
punto de esta boda? —Araminta gimió.
Cuando el último barco lleno de invitados había desembarcado, la fachada
iluminada y cristalina del salón de banquetes se transformó repentinamente en un
intenso tono de fucsia. Una evocadora música New Age resonó en el bosque
circundante y los árboles fueron bañados en una luz dorada. Lentamente, casi
imperceptiblemente, cordones dorados descendieron del espeso follaje. Envuelto
como un capullo en estas cuerdas había acróbatas con cuerpos que habían sido
pintados de oro.
—¡Dios mío, creo que es el Cirque du Soleil! —Los invitados comenzaron a
murmurar emocionados. A medida que los acróbatas comenzaron a desplegarse y
girar alrededor de las cuerdas tan fácilmente como los lémures, la multitud estalló
en aplausos.
Kitty saltó arriba y abajo como una niña hiperactiva.
—Parece que lo estás pasando bien —dijo Oliver, avanzando furtivamente
junto a ella y notando que sus pechos no se agitaban de manera natural dentro de
ese vestido de encaje de color turquesa. También notó que tenía una fina capa de
brillo corporal. Mala combinación, pensó.
—¡Me encanta el Cirque du Soleil! He ido a cada una de sus actuaciones en
Hong Kong. Ahora, debo tener estos acróbatas en mi boda también.
—Dios mío, eso será costoso —dijo Oliver con asombro exagerado.
—Oh, Alistair puede manejarlo —respondió Kitty alegremente.
— ¿Lo crees? No me di cuenta de que Alistair lo estaba haciendo tan bien en el
negocio del cine.
—Hiyah, ¿no crees que sus padres pagarán la boda? —dijo Kitty mientras
miraba a los acróbatas pintados de oro cuando comenzaban a formar un arco
humano.
—¿Estás bromeando? —Oliver bajó la voz, y continuó—: ¿Tienes alguna idea
de lo tacaña que es su madre?
—¿Lo es?
—¿No has estado en ese piso suyo en Robinson Road?
—Er... no. Nunca fui invitada.
—Probablemente sea porque Alistair estaba muy avergonzado de mostrártelo.
Es un apartamiento de tres habitaciones muy básico. Alistair tuvo que compartir
una habitación con su hermano hasta que se fue a la universidad. Fui a visitarlo en
1991, y había estas alfombras de baño de flores amarillas en el inodoro. Y cuando
volví el mes pasado, las esteras de baño de flores amarillas todavía estaban allí,
excepto que ahora son de un color grisáceo floral.
—¿En serio? —dijo Kitty con incredulidad.
—Bueno, mira a su madre. ¿Crees que usa esos viejos vestidos de los años
ochenta a propósito? Los usa para ahorrar dinero.
—¿Pero pensaba que el padre de Alistair era un famoso cardiólogo? —Kitty
estaba confundida.
Oliver hizo una pausa. Gracias a Dios que no parecía saber nada sobre las
enormes propiedades inmobiliarias de los Cheng.
—¿Tienes alguna idea de cuánto cuesta el seguro por negligencia en estos
días? Los médicos no ganan tanto dinero como piensas. ¿Sabes cuánto cuesta
enviar a tres niños a estudiar en el extranjero? Eddie fue a Cambridge, Cecilia fue a
UBC122, y Alistair, bueno, ya sabes cuánto tiempo tomó Alistair para graduarse en la
Universidad de Sídney. Los Chengs gastaron la mayor parte de sus ahorros en la
educación de sus hijos.
—No tenía ni idea.

122 Universidad de Columbia Británica en Vancouver, comúnmente conocida por los

lugareños como “Universidad de un billón de chinos”.
—Y sabes cómo es Malcolm. Es un cantonés tradicional, el resto del dinero
que tiene irá a su hijo mayor.
Kitty guardó silencio, y Oliver rezó no haber exagerado demasiado.
—Pero, por supuesto, sé que nada de eso es importante para ti —agregó—.
Estás enamorada, y realmente no necesitas que el Cirque du Soleil actuar en tu
boda, ¿o sí? Quiero decir, podrás ver esa linda cara de perrito de Alistair todas las
mañanas por el resto de tu vida. Eso vale todo el dinero del mundo, ¿verdad?
A
las nueve en punto, los asistentes a la boda fueron conducidos al
enorme salón de banquetes ubicado en medio de la selva tropical
indígena. A lo largo de las paredes del sur había arcos que llevaban a
alcobas parecidas a una gruta, mientras que la pared curva del norte consistía en
una cortina de cristal que daba a una laguna artificial y una espectacular cascada
que caía sobre rocas cubiertas de musgo. A lo largo del borde de la laguna, una
abundancia de flores y plantas exóticas parecían brillar con colores iridiscentes.
—¿Construyeron todo esto solo para el banquete de bodas? —preguntó Carol
Tai asombrada.
—¡No, lah! Esos Lee siempre tienen sus asuntos en mente, este edificio es la
pieza central de un nuevo complejo ecológico de lujo que están desarrollando,
Pulau Samsara, lo llaman —reveló su marido.
—¿Qué, van a tratar de vendernos condominios después de que se sirva el
pastel de bodas? —Lorena Lim sonrió.
—Se puede dar a este complejo un nuevo nombre de lujo, pero sé que es un
hecho que la isla era llamada Pulau Hantu -“Isla Fantasma”. Fue una de las islas
periféricas, donde los soldados japoneses tomaron todos los hombres jóvenes sanos
chinos y los hicieron disparar durante la Segunda Guerra Mundial. Esta isla está
embrujada con los fantasmas de los muertos en la guerra —susurró Daisy Foo.
—¡Alamak, Daisy, si realmente tienes fe en el Señor, no creerás en cosas como
fantasmas! —amonestó Carol.
—Bueno, ¿y qué del Espíritu Santo, Carol? ¿Él también no es un fantasma? —
replicó Daisy.
***
Minutos después de que Rachel y Nick estaban sentados, la cena comenzó con
precisión militar mientras un batallón de camareros marchaba con iluminadas
bandejas abovedadas LED. La tarjeta de menú grabada indicaba que se trataba de
Consomé de Viera Gigante del Mar del Sur con Vapores de Ginseng del Estado de
Washington y Setas Negras123, pero Rachel no estaba muy segura de qué hacer
cuando el camarero con guantes blancos a su lado levantó la brillante cúpula de su
plato. Delante de ella había un tazón, pero el revestimiento de la superficie del
cuenco era lo que parecía ser una burbuja rosada parecida a una membrana que se
bamboleaba por sí sola.
—¿Qué se supone que hagamos con esto? —preguntó Rachel.

123 Entre los conocedores de ginseng de Asia, el ginseng del estado de Washington es más

apreciado que cualquier cosa de China. Imagínate.
—¡Solo reviéntalo! —alentó Nick.
Rachel lo miró, riéndose.
—¡Tengo miedo! Siento que una criatura alienígena fuera a explotar.
—Aquí, retrocede, lo haré estallar por ti —ofreció Mehmet, que estaba a su
derecha,
—No, no, lo haré —dijo Rachel valientemente. Le dio un golpe con su tenedor,
y la burbuja inmediatamente se derrumbó sobre sí misma, liberando una ráfaga de
vapor medicinal penetrante en el aire. Cuando la vaporosa membrana rosa se
encontró con la superficie de la sopa, creó un hermoso patrón de mármol en su
superficie. Rachel ahora podía ver una enorme vieira escalfada en medio del tazón
y setas negras en juliana finamente colocadas ingeniosamente como rayos de sol a
su alrededor.
—Hmm. Entiendo que la burbuja era el ginseng —dijo Mehmet—. Siempre es
mera conjetura cuando comes cocina molecular, más aún cuando se trata de cocina
fusión molecular de la Cuenca del Pacífico. ¿Cuál es el nombre de este genio
culinario otra vez?
—No recuerdo exactamente, pero supuestamente entrenó con Chan Yan-tak
antes de ir a hacer un aprendizaje en El Bulli —respondió Nick—. Es realmente
delicioso, pero puedo ver por la expresión de mi madre que está teniendo un
ataque.
A cuatro mesas de distancia, Eleanor se estaba poniendo tan roja como la
chaqueta de bolero con cuentas de coral que llevaba sobre su vestido de seda
Fortuny plisado, pero no tenía nada que ver con la sopa. Había estado
conmocionada desde que vio a Rachel en el paseo marítimo con el collar de zafiro
Grand Duquesa Zoya. ¿Podría su desaprobadora suegra realmente haberle
prestado el collar a Rachel? O, aún más inconcebible, ¿le había dado a Rachel el
collar? ¿Qué clase de magia negra estaba haciendo Rachel en Tyersall Park?
—¿Vas a tomar tu sopa o no? —preguntó Philip, interrumpiendo sus
pensamientos—. Si no vas a tomarlo, entrega el recipiente antes de que se enfríe.
—He perdido el apetito esta noche. Aquí, intercambien asientos conmigo,
necesito hablar con tu hermana por un minuto. —Eleanor tomó el asiento de su
marido y sonrió con gracia a Victoria, que estaba acurrucada en una conversación
con su primo Dickie—. Wah, Victoria, deberías usar joyas con más frecuencia, te
ves tan bonita en estos diamantes color coñac.
Victoria quería poner los ojos en blanco. Eleanor nunca le había hecho un
cumplido en ninguna de las tres últimas décadas, pero ahora, cuando tenía este
montón de piedras vulgares en su pecho, Eleanor estaba repentinamente
borboteando. Ella era como todas sus otras hermanas Sung, tan vanas y
materialistas.
—Sí, ¿no es divertido? Mamá me las dio. Ella estaba de buen humor hoy
después de la boda y repartía montones de joyas a todos.
—Me alegro por ti —dijo Eleanor alegremente—. ¿Y no es ese collar de zafiro
de mamá en el cuello de Rachel Chu?
—Sí, ¿no luce maravilloso en ella? Mamá también lo pensó —dijo Victoria con
una sonrisa. Sabía perfectamente que a Fiona le habían dado el collar y se lo había
prestado a Rachel (después de esa deliciosa escena en las escaleras con Eddie que
Ling Cheh había recreado jadeando para ella), pero ella optó por no compartir ese
detalle con Eleanor. Mucho más divertido era ver a Eleanor conmocionada por
nada.
—Alamak, ¿no estás preocupada por Rachel? —preguntó Eleanor.
—¿Preocupado por qué? —preguntó Victoria, sabiendo muy bien qué quería
decir Eleanor.
—Bueno, su dudoso origen familiar, para empezar.
—Oh, vamos, Eleanor. Tienes que dejar de ser tan anticuada. A nadie le
importan ese tipo de cosas más. Rachel es muy educada y con los pies en la tierra. Y
habla perfecto mandarín. —Se ocupó de mencionar todas las cosas que Eleanor no
era.
—No sabía que hablaba perfecto mandarín —dijo Eleanor, cada vez más
preocupada.
—Sí, ella es muy competente. He tenido la conversación más fascinante con
ella esta mañana sobre la importancia del microcrédito en el África subsahariana.
Deberías sentirte afortunada de que Nicky tenga una novia como ella, y no alguien
como la derrochadora Araminta Lee. ¿Te imaginas lo que los Khoo deben estar
pensando en este momento, sentados aquí en medio de esta jungla infestada de
mosquitos comiendo esta comida absurda? Estoy tan harta de esta tendencia de
fusión china. Quiero decir, dice en esta carta del menú que esto es Pato de Pekín
Caramelizado y Chocolate Molé, pero se ve como turrón de maní. ¿Dónde está el
pato, te pregunto? ¿Dónde está el maldito pato?
—¿Me disculpas un momento? —dijo Eleanor, levantándose de la mesa
abruptamente.
Francesca estaba a punto de dar un primer mordisco reflexivo a sus Tacos de
Lechón Trufado Hawaiano cuando Eleanor la interrumpió.
—¿Podrías venir conmigo ahora mismo?
Eleanor la acompañó a uno de los salones parecidos a una caverna que
rodeaban el salón principal de banquetes. Se hundió en una otomana de mohair
blanca e inhaló profundamente, mientras Francesca se inclinaba sobre ella con
preocupación, los volantes de su vestido de fiesta naranja encendido ondeando
alrededor de ella como olas espumosas.
—¿Estás bien, tía Elle? Parece que estás teniendo un ataque de pánico.
—Creo que sí. Necesito mi Xanax. ¿Puedes traerme un poco de agua? Y por
favor apaga todas esas velas. El olor me está dando una migraña.
Francesca regresó rápidamente con un vaso de agua. Eleanor tomó
rápidamente unas pastillas y suspiró.
—Es peor de lo que pensaba. Mucho peor.
—¿Qué quieres decir?
—¿Viste ese collar de zafiros en aquella chica?
—¿Cómo podría no haberlo visto? Ayer llevaba puesto Ann Taylor Loft y hoy
lleva un vestido de Elie Saab de la próxima temporada y esos zafiros.
—Es de mi suegra. Solía pertenecer a la Gran Duquesa Zoya de San
Petersburgo, y ahora se la ha dado a esa chica. Además, toda la familia parece
haberse enamorado de ella, incluso mi malintencionada cuñada —dijo Eleanor, casi
ahogándose con las palabras.
Francesca parecía grave.
—No te preocupes, tía Elle. Te prometí que me encargaría, y después de esta
noche, ¡Rachel Chu deseará nunca haber puesto un pie en esta isla!
***
Después de haber servido el sexto y último plato, las luces del gran salón se
apagaron, y se escuchó una voz.
—¡Damas y caballeros, den la bienvenida a nuestro invitado muy especial! —
La banda en vivo tocó una melodía, y la pared de vidrio detrás del escenario
comenzó a separarse. El agua de la laguna comenzó a brillar como una aguamarina
iridiscente antes de desaguar por completo, y desde el medio de la laguna, la figura
de una mujer se levantó como por arte de magia. Mientras caminaba lentamente
hacia el salón de banquetes, alguien gritó:
—¡Dios mío, es Tracy Kuan!
El viceprimer ministro de China, que se mostraba sombrío, saltó de su asiento
y comenzó a aplaudir como un poseso, mientras todos en el salón vitoreaban y se
ponían de pie para ovacionarlo.
—¿Quién es ese? —preguntó Rachel, sorprendida por la gran oleada de
emoción.
—Es Tracy Kuan, ella es como la Barbra Streisand de Asia. ¡Dios mío, puedo
morir ahora! —Oliver prácticamente se desmayó, emocionado.
—¿Tracy Kuan todavía está viva? —Cassandra Shang se volvió asombrada
hacia Jacqueline Ling—. ¡La mujer debe tener por lo menos ciento tres años, y no
parece tener más de cuarenta años! ¿Qué diablos se hace?
—Vómito de ballena de Nueva Zelanda. Hace milagros en tu rostro —
respondió Jacqueline con gran seriedad.
Tracy Kuan cantó el clásico de Dolly Parton "I Will Always Love You" con
versos alternados en inglés y mandarín, mientras la laguna exterior comenzaba a
disparar elaborados chorros de agua en el cielo, sincronizados con la música. Colin
condujo a Araminta a la pista de baile, y la multitud exclamaba con placer mientras
bailaban la balada. Cuando terminó la canción, todas las superficies a lo largo del
escenario se transformaron repentinamente en paneles LED gigantes, proyectando
secuencias rápidas de video de stop-motion124 cuando Tracy Kuan lanzó su clásico
"Dance Like Us". La multitud rugió en aprobación y corrió a la pista de baile.
Oliver agarró del brazo a Cecilia Cheng y dijo:
—Tienes órdenes de tu abuela de ayudarme. Voy a hablar con Alistair y Kitty,
y debes mantener a tu hermanito distraído. Todo lo que necesito es una canción a
solas con Kitty.
Kitty y Alistair estaban friccionándose entre sí febrilmente cuando Oliver y
Cecilia intervinieron, Alistair dejó a Kitty de mala gana. ¿Cómo se suponía que
debía bailar sucio con su propia hermana?
—¡Tienes los mejores movimientos en la pista de baile! —le gritó Oliver a Kitty
en la oreja, mientras Cecilia guiaba a Alistair hacia el escenario.
—Bailé para Aaron Kwok. Así es como empecé en la industria —le gritó Kitty a
Oliver mientras ella continuaba meneándose salvajemente.
—¡Lo sé! Te reconocí en el momento en que te vi el otro día. Llevabas una
peluca rubio platino corta en el video musical de Aaron Kwok —respondió Oliver,
guiándola expertamente hacia un punto estratégico en la pista de baile sin que ella
se diera cuenta.
—¡Guau! Tienes una buena memoria —dijo Kitty, sintiéndose halagada.
—También te recuerdo de tu otro video.
—Oh, ¿cuál?
—The All Girl Back Door parte uno —dijo Oliver con un pequeño guiño.
Kitty no perdió el ritmo.
—Oh, he escuchado sobre ese video. Esa chica supuestamente se parece
mucho a mí —le gritó a Oliver con una sonrisa.
—Sí, sí, ella es tu gemela idéntica. No te preocupes, Kitty, tu secreto está a
salvo conmigo. Soy un sobreviviente, igual que tú. Y sé que no trabajaste tu bonito
trasero, literalmente, debo agregar, para terminar casada con un chico de clase
media alta como mi primo.
—Estás equivocado acerca de mí. ¡Amo a Alistair! —protestó Kitty.
—Por supuesto que sí. Nunca dije que no lo hicieras —respondió Oliver,
dándole la vuelta justo al lado de Bernard Tai, que estaba bailando con Lauren
Lee—. ¡Lauren Lee! Dios mío, no te había visto desde la feria de arte de Hong Kong
del año pasado. ¿Dónde te has escondido? —exclamó mientras cambiaba de pareja
con Bernard.
Cuando Bernard comenzó a comerse con los ojos el escote de Kitty, Oliver
susurró al oído de Kitty:
—El padre de Bernard, dato Tai Toh Lui, tiene unos cuatro mil millones de
dólares. Y él es el único hijo.

124 Stop motion: Técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos
estáticos.
Kitty continuó bailando como si no hubiera escuchado ni una sola palabra.
***
Buscando un respiro de la música estridente, Astrid se dirigió al exterior y se
subió a una de las terrazas con vista a un dosel de copas de árboles. Charlie notó
que ella salía del salón de banquetes, y le tomó cada gramo de determinación no
seguirla. Era mejor que la admirara desde lejos, de la forma en que siempre lo
había hecho. Incluso cuando vivían juntos en Londres, no amaba nada más que
mirarla en silencio mientras ella pasaba a una habitación a su manera inimitable.
Astrid siempre se había distinguido de cualquier mujer que hubiera conocido.
Especialmente esta noche, cuando las mujeres más elegantes de toda Asia se
vistieron para impresionar y ahogarse en diamantes, Astrid las superó al aparecer
en un cheongsam125 impecablemente elegante y un par de pendientes de gota de
calcedonia exquisitamente sencillo. Sabía por la confección y las plumas de pavo
real intrincadamente bordadas que el cheongsam tenía que ser vintage,
probablemente uno de los de su abuela. Qué diablos, a él no le importaba cómo ella
podría sentirse... necesitaba verla de nuevo de cerca.
—Déjame adivinar... ¿no eres fanático de Tracy Kuan? —preguntó Astrid
cuando vio a Charlie subir los escalones hacia la terraza.
—No cuando no tengo a nadie con quien bailar.
Astrid sonrió.
—Felizmente bailaría contigo, pero sabes que la prensa haría un festín con
eso.
—Je je… mañana borramos esta boda de las portadas, ¿no es así? —Charlie se
rió.
—Dime, Charlie, en nuestra época, ¿nosotros éramos como Colin y Araminta?
—Astrid suspiró, mirando hacia el fantástico puerto, su hilera de columnas griegas
como utilería de la escenografía de Cleopatra.
—Me gustaría pensar que no lo éramos. Quiero decir, los chicos hoy en día...
el gasto está en otro nivel.
—Gastar el dinero de Ah Gong's126 como dicen —bromeó Astrid.
—Sí. Pero al menos tuvimos la sensación de sentirnos traviesos haciéndolo. Y
creo que en aquellos días cuando vivíamos en Londres, estábamos comprando
cosas que realmente amamos, no cosas para presumir —reflexionó Charlie.
—Nadie en Singapur le importaba un Martin Margiela en aquel momento. —
Astrid se rió.
—Es un mundo completamente nuevo, Astrid. —Charlie suspiró.
—Bueno, espero que Colin y Araminta vivan felices para siempre —dijo Astrid
con nostalgia.

125 Cheongsam: Vestido recto, generalmente de seda o algodón, con un cuello levantado y una

abertura en un lado de la falda, usado por las mujeres chinas.
126 Dialecto chino para decir abuelo.
Estuvieron en silencio por un minuto, disfrutando de la calma del susurro de
los árboles mezclados con el golpe bajo proveniente del gran salón. De repente, la
relativa tranquilidad se rompió, mientras las jóvenes y brillantes mujeres de Asia
inundaban la plaza en una estridente conga conducida por la infatigable Tracy
Kuan haciendo su mejor interpretación del "Love Shack" de B-52.
—No puedo mentirte, Astrid. Mi esposa fue invitada esta noche, pero ella no
está aquí porque llevamos vidas separadas. No hemos vivido juntos en más de dos
años —dijo Charlie sobre el alboroto, cayendo sobre uno de los bancos de Lucite.
—Lamento escuchar eso —dijo Astrid, sacudida por su franqueza—. Bueno, si
te hace sentir mejor, mi marido no está en viaje de negocios. Está en Hong Kong
con su amante —soltó antes de poder contenerse.
Charlie la miró, incrédulo.
—¿Amante? ¿Cómo podría alguien en su sano juicio engañarte?
—Eso es lo que me he estado preguntando toda la noche. Toda la semana en
realidad. Lo había estado sospechando durante los últimos meses, pero finalmente
se sinceró hace una semana, antes de mudarse abruptamente.
—¿Se mudó a Hong Kong?
—No, no lo creo. En realidad, de qué estoy hablando, no tengo ni idea. Creo
que su amante vive allí, y creo que fue específicamente este fin de semana solo para
fastidiarme. Fue el único fin de semana en el que seguramente se notaría su
ausencia.
—¡Cabrón!
—Eso no es todo. Creo que engendró un hijo con esta mujer —dijo Astrid con
tristeza.
Charlie la miró con horror.
—¿Crees? ¿O lo sabes?
—Realmente no lo sé, Charlie. Hay tantas cosas sobre este asunto que no
tienen ningún sentido para mí.
—Entonces, ¿por qué no vas a Hong Kong y lo averiguas tú misma?
—¿Cómo puedo? No hay forma de que pueda salir corriendo a Hong Kong
solo para averiguarlo. Ya sabes cómo es, no importa dónde me quede, alguien
seguramente me reconocerá, y se hablará —dijo Astrid, resignada a su destino.
—Bueno, ¿por qué nosotros no lo averiguamos?
—¿Qué quieres decir con “nosotros”?
—Quiero decir, voy a llamar a mi piloto ahora mismo para tener el avión
abastecido, y podemos estar en Hong Kong en tres horas. Deja que te ayude.
Puedes quedarte conmigo y nadie sabrá que estás en Hong Kong. Es
desafortunado, pero después del secuestro de mi hermano hace ocho años, tengo
acceso a los mejores investigadores privados de la ciudad. Lleguemos al fondo de
esto —dijo Charlie ansiosamente.
—Oh, Charlie, no puedo marcharme en medio de todo esto.
—¿Por qué diablos no? No te veo por ahí sacudiendo el trasero en esa línea de
conga.
***
Colin y Nick estaban de pie junto a una de las alcobas, viendo a Peter Lee girar
a su hija alrededor de la pista de baile.
—No puedo creer que hoy me haya casado con esa chica, Nicky. Todo este día
ha sido un completo borrón. —Colin suspiró cansado.
—Sí, ha sido bastante surrealista —admitió Nick.
—Bueno, me alegra que hayas estado conmigo en este viaje —dijo Colin—. Sé
que no he sido fácil para ti los últimos días.
—Oye, ¿para qué son los amigos? —dijo Nick alegremente, poniendo su brazo
alrededor de Colin. No iba a dejar que Colin se pusiera sentimental en su noche de
bodas.
—Te voy a hacer el favor de no preguntarte cuándo será tu turno, aunque debo
decir que Rachel se ve estupenda esta noche —dijo Colin, mirándola girar en torno
a Mehmet.
—¿No es así? —Nick sonrió.
—Me gustaría cortar con ellos si fuera tú. Ya sabes lo letal que puede ser
nuestro amigo turco, especialmente porque sabe cómo bailar mejor que un jugador
de polo argentino —advirtió Colin.
—Oh, Mehmet ya me confesó que piensa que Rachel tiene las piernas más
sexys del planeta. —Nick se rió—. Ya sabes cómo dicen que las bodas son
contagiosas. Creo que realmente me contagié hoy, mirándote a ti y a Araminta
durante la ceremonia.
—¿Esto significa lo que creo que es? —preguntó Colin, animándose.
—Creo que sí, Colin. Creo que finalmente estoy listo para pedirle a Rachel que
se case conmigo.
—¡Bueno, apúrate, lah! —exclamó Colin, dando palmaditas en la espalda a
Nick—. Araminta ya me dijo que tiene la intención de quedar embarazada en
nuestra luna de miel, por lo que necesita ponerse al día. ¡Cuento con tu hijo para
que vea a mi hijo en rehabilitación!
***
Era casi medianoche, y mientras los invitados mayores estaban sentados
cómodamente en terrazas con vistas al paseo marítimo, bebiendo sus Rémy
Martinis o lapsang souchongs, Rachel estaba sentada con las pocas chicas que
quedaban en el salón de banquetes, poniéndose al día con Sophie Khoo. Lauren Lee
y Mandy Ling charlaban varias sillas más allá cuando Francesca se acercó a la
mesa.
—¿No fue esa cena una decepción? Ese nido de pájaro comestible Semifreddo
al final, ¿por qué alguna vez harías un puré nido de pájaro? El nido de pájaro tiene
que ver con la textura, y ese idiota chef lo transforma en una porquería medio
congelada —se quejó Francesca—. Todos deberíamos ir a cenar después de los
fuegos artificiales.
—¿Por qué no nos vamos ahora? —sugirió Lauren.
—¡No, tenemos que quedarnos para los fuegos artificiales! Araminta me dijo
en secreto que Cai Guo-Qiang diseñó un espectáculo de pirotecnia aún más
espectacular que el que hizo para los Juegos Olímpicos de Beijing. Pero tomaremos
el primer ferry en cuanto finalice el espectáculo. Ahora, ¿a dónde deberíamos ir?
—Ya no conozco a Singapur en absoluto. Si estuviera en Sídney en este
momento, me dirigiría a BBQ King por un bocado nocturno —dijo Sophie.
—¡Oooh! ¡BBQ King! ¡Me encanta ese lugar! ¡Creo que tienen el mejor siew
ngarp en el mundo! —declaró Lauren.
—Aiyah, BBQ King es un pozo de grasa. ¡Todos saben que Four Seasons en
Londres tiene el mejor pato asado del mundo! —replicó Mandy.
—Estoy con Lauren, creo que BBQ gana indiscutiblemente —dijo Francesca.
—No, encuentro su pato asado demasiado graso. El pato en Four Seasons es
perfecto, ya que crían a los patos en su propia granja orgánica especial. Nico estaría
de acuerdo conmigo, solíamos ir allí todo el tiempo —añadió Mandy con una
floritura.
—¿Por qué llamas a Nick “Nico”? —Rachel se volvió hacia Mandy, la
curiosidad finalmente la venció.
—Oh, cuando éramos solo adolescentes, pasamos un verano juntos en Capri.
Su tía Catherine, la tailandesa, tomó una villa allí. Seguiríamos el sol todo el día,
comenzábamos a tomar el sol en el club de playa junto a las rocas de Faraglioni por
las mañanas, nadar en Grotta Verde después del almuerzo y terminar en la playa de
Il Faro para la puesta de sol. Nos pusimos tan bronceados, y el cabello de Nicky se
puso tan largo que parecía prácticamente italiano. Fue entonces cuando los niños
italianos con los que nos hicimos amigos comenzaron a llamarlo Nico y yo era su
Mandi. Oooh, fue un momento tan glorioso.
—Suena así —dijo Rachel ligeramente, ignorando el evidente intento de
Mandy de ponerla celosa al reanudar su conversación con Sophie.
Francesca se inclinó hacia la oreja de Mandy.
—En serio, Mandy, yo podría haber exprimido esa historia mucho mejor. Tu
madre tiene razón, has perdido tu estilo de vida en Nueva York.
—Vete al infierno, Francesca. No te veo haciendo algo mejor —dijo Mandy
entre dientes cuando se levantó de la mesa. Estaba harta de la presión que venía de
todos lados, y deseó no haber aceptado volver. Las chicas levantaron la mirada
cuando Mandy se fue corriendo.
Francesca sacudió su cabeza lentamente y miró a Rachel.
—Pobre Mandy, es muy conflictiva. Ya no sabe lo que quiere. Quiero decir, ese
fue un intento tan patético de incitar celos, ¿no?
Por una vez, Rachel tuvo que estar de acuerdo con Francesca.
—No funcionó, y no entiendo por qué sigue tratando de ponerme celosa.
Quiero decir, ¿por qué me importa lo que Nick y ella hicieron cuando eran
adolescentes?
Francesca estalló en carcajadas.
—Espera un momento, ¿pensaste que ella estaba tratando de ponerte celosa?
—Er... ¿no era eso lo que estaba haciendo?
—No, cariño, ella no te presta ninguna atención. Estaba tratando de ponerme
celosa.
—¿Tú? —preguntó Rachel, desconcertada.
Francesca sonrió.
—Por supuesto. Es por eso que sacó a colación toda la historia de Capri,
estuve allí ese verano también, ¿sabes? Mandy nunca superó cuán interesado
estaba Nick en mí cuando tuvimos nuestro trío.
Rachel podía sentir su rostro ponerse caliente. Muy caliente. Quería salir
corriendo de la mesa pero sus piernas parecían haberse convertido en pegamento.
Sophie y Lauren miraron a Francesca con la boca abierta.
Francesca miró directamente al rostro de Rachel y siguió hablando
ligeramente.
—Oh, ¿Nick todavía hace ese truco con la parte inferior de su lengua? Mandy
era demasiado remilgada para dejarse lamer, pero mi Dios, sobre mí él se quedaría
allí por horas.
En ese momento, Nick entró en el salón de banquetes.
—¡Ahí estás! ¿Por qué están sentadas aquí como estatuas? ¡Los fuegos
artificiales están a punto de comenzar!
L
a anciana amah abrió la puerta y estalló en una amplia sonrisa.
—¡Hiyah!, Astrid Leong! ¿Puede ser? —gritó en cantonés.
—Sí, Ah Chee, Astrid será nuestra invitada por unos días.
¿Podrías asegurarte de que nadie lo sepa? Y no le digas a ninguna de las otras
criadas quién es ella. No quiero que lleven historias a las criadas de mi madre. Esto
debe permanecer absolutamente secreto, ¿de acuerdo? —decretó Charlie.
—Sí, sí, por supuesto, Charlieboy, ahora vete y lávate las manos —dijo Ah
Chee con desdén, sin dejar de agobiar a Astrid—. Hiyah, sigues siendo tan hermosa,
¡he soñado contigo muchas veces a lo largo de los años! Debes estar tan cansado,
tan hambrienta, son más de las tres de la madrugada. Déjame ir y despertar al
cocinero para hacerte algo de comer. ¿Quizá un poco de congee de pollo?
—No es necesario, Ah Chee. Venimos de un banquete de bodas. —Astrid
sonrió. Apenas podía creer que la niñera de la infancia de Charlie siguiera
cuidándolo después de todos estos años.
—Bueno, déjame ir a hacerte un poco de leche tibia con miel. ¿O preferirías
sorgo? A Charlieboy siempre le gusta eso cuando se queda levantado hasta tarde —
dijo Ah Chee, corriendo hacia la cocina.
—No hay nada que detenga a Ah Chee, ¿verdad? —Astrid se rió—. Estoy tan
feliz de que todavía la tengas.
—¡Ella no se irá! —farfulló Charlie exasperado—. Le construí una casa en
China, demonios, construí todas las casas de sus parientes, obtuve una antena
satelital para la aldea, los nueve metros enteros, pensando que ella querría regresar
a China para retirarse. Pero creo que es mucho más feliz aquí mandando a todas las
otras criadas alrededor.
—Es muy tierno de tu parte cuidar de ella así —dijo Astrid. Entraron en una
amplia sala de estar de doble altura que se parecía al ala de un museo de arte
moderno, con su hilera de esculturas de bronce colocadas como centinelas frente a
las ventanas de piso a techo—. ¿Desde cuándo coleccionas a Brancusi? —preguntó
sorprendida.
—Desde que me lo hiciste conocer. ¿No recuerdas la exposición a la que me
arrastraste en el Pompidou?
—Dios mío, casi lo había olvidado —dijo Astrid, mirando las curvas
minimalistas de uno de los pájaros dorados de Brancusi.
—Mi esposa, Isabel, está loca por el estilo provenzal francés, por lo que odia
mi Brancusi. No fueron expuestos hasta que me mudé aquí. Convertí este
apartamento en una especie de refugio para mi arte. Isabel y las chicas se quedan
en nuestra casa en el alto, y yo estoy aquí en los niveles medios. Me gusta porque
puedo salir por la puerta, bajar la escalera mecánica hasta el Central y estar en mi
oficina en diez minutos. Lo siento, es un poco apretado, solo es un dúplex pequeño.
—Es hermoso, Charlie, y mucho más grande que mi apartamento.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—No, no lo estoy. Estoy en una casa de tres habitaciones en Clemenceau
Avenue. ¿Sabes este edificio de los ochenta frente a la calle Istana?
—¿Qué diablos estás haciendo viviendo en ese viejo derribo?
—Es una larga historia. Básicamente, Michael no quería sentirse en deuda con
mi padre. Así que acepté vivir en un lugar que podía pagar.
—Supongo que es admirable, aunque no puedo imaginar cómo podría hacerte
meter en un casillero por el bien de su orgullo —resopló Charlie.
—Oh, estoy bastante acostumbrada. Y la ubicación es muy conveniente, al
igual que aquí —dijo Astrid.
Charlie no pudo evitar preguntarse qué tipo de vida se había hecho Astrid
desde que se había casado con este idiota.
—Aquí, déjame mostrarte tu habitación —dijo Charlie. Subieron por la
elegante escalera de metal pulido y la condujo a un dormitorio grande y amueblado
de forma espartana con paredes de gamuza beige cosidas al pespunte y ropa de
cama masculina de franela gris.
El único objeto decorativo era una fotografía de dos chicas jóvenes en un
marco plateado junto a la cama.
—¿Es esta tu habitación? —preguntó ella.
—Sí. No te preocupes, voy a dormir en la habitación de mis hijas —agregó
rápidamente Charlie.
—¡No seas tonto! Iré a la habitación de las chicas; no puedo obligarte a que
abandones tu habitación por mí… —comenzó Astrid.
—No, no, insisto. Estarás mucho más cómoda aquí. Intenta dormir un poco
—dijo Charlie, cerrando la puerta suavemente antes de que pudiera protestar más.
Astrid se quitó la ropa y se acostó. Se giró de lado y miró por las ventanas de
piso a techo que enmarcaban perfectamente el horizonte de Hong Kong. Los
edificios estaban densamente apretados en esta parte de la ciudad, escalaban
abruptamente en la ladera de la montaña en puro desafío al terreno. Recordaba
cómo, cuando visitó Hong Kong por primera vez cuando era niña, su tía Alix le
había explicado que el feng shui de la ciudad era particularmente bueno, porque
donde sea que viviera, la montaña del dragón siempre estaba detrás de ti y el
océano estaba siempre delante de ti. Incluso a esta hora tardía, la ciudad era un
alboroto de luces, con muchos de los rascacielos iluminados en un espectro de
colores. Intentó de dormir, pero todavía estaba demasiado nerviosa por las últimas
horas, escapándose de la boda justo cuando comenzaba el espectáculo de fuegos
artificiales, precipitándose a casa para empacar algunas cosas, y ahora se
encontraba en el dormitorio de Charlie Wu, el niño cuyo corazón había roto. El
niño que, curiosamente, la había despertado a otra forma de vida.

PARÍS, 1995
Astrid saltó a la cama king en el Hôtel George V, hundiéndose en el sobre
colchón de plumas.
—Ummmm… tienes que acostarte, Charlie. ¡Esta es la cama más deliciosa en
la que he dormido! ¿Por qué no tenemos camas como estas en el Calthorpe?
Realmente deberíamos, los colchones llenos de bultos que probablemente no
hemos cambiado desde la época isabelina.
—Astrid, podemos disfrutar de la cama más tarde, lah. ¡Solo nos quedan tres
horas para que las tiendas cierran! Vamos, vaga, ¿no dormiste lo suficiente en el
tren? —la engatusó Charlie. No podía esperar para mostrarle a Astrid la ciudad que
había llegado a conocer como la palma de su mano.
Su madre y sus hermanas habían descubierto el mundo de la alta costura en la
década desde que su padre hizo pública su empresa de tecnología, transformando a
los Wu casi de la noche a la mañana, de meros millonarios a billonarios. En los
primeros días, antes de que tuvieran el hábito de alquilar aviones, papá compraba
toda la cabina de primera clase de Singapore Airlines, y toda la familia recorría las
capitales de Europa, quedándose en los hoteles más grandiosos, comiendo en los
restaurantes que tenía más estrellas Michelin, y disfrutando de compras ilimitadas.
Charlie había crecido conociendo a su Buccellati de su Boucheron, y estaba ansioso
por mostrarle este mundo a Astrid.
Sabía que, a pesar de su pedigrí, Astrid había sido educada prácticamente en
un convento de monjas. Los Leong no comían en restaurantes caros, comían
comida preparada por sus cocineros en casa. No les gusta vestirse con ropa de
diseñador, y prefieren tener todo hecho por el sastre de su familia. Charlie sintió
que Astrid había estado demasiado sofocada, toda su vida la habían tratado como
una flor de invernadero, cuando en realidad era una flor silvestre que nunca le
permitieron florecer por completo. Ahora que tenían dieciocho años y vivían juntos
en Londres, finalmente estaban libres de los confines de la familia, y la vestiría
como la princesa que era, y sería suya para siempre.
Charlie condujo a Astrid directamente al Marais, un vecindario que había
descubierto por su cuenta después de cansarse de acompañar a su familia a las
mismas tiendas dentro de un radio de tres cuadras del George V. Mientras
paseaban por la calle Vieille du Temple, Astrid soltó suspiro.
—¡Aiyah, es adorable aquí! Mucho más acogedor que esos amplios bulevares
en el Octavo Arrondissement.
—Hay una tienda en particular con la que tropecé la última vez que estuve
aquí... era genial. Puedo imaginarte llevando todo lo que hace este diseñador, este
pequeño tunecino. Veamos, ¿en qué calle estaba? —murmuró Charlie para sí
mismo. Después de algunos giros más, llegaron a la boutique que Charlie quería
que Astrid viera. Las ventanas consistían en vidrio ahumado, sin revelar nada de
los tesoros que había dentro.
—¿Por qué no entras primero y me uniré contigo en un segundo? Quiero
pasar por la farmacia al otro lado de la calle para ver si tienen baterías para la
cámara —sugirió Charlie.
Astrid entró por la puerta y se encontró transportada a un universo paralelo.
Música portuguesa de fado gemía a través de un espacio con techos negros, paredes
de obsidiana y pisos de hormigón veteado manchados de color expreso oscuro.
Ganchos industriales minimalistas sobresalían de las paredes, y la ropa estaba
hábilmente colocadas como piezas de escultura e iluminada con focos halógenos.
Una vendedora con una melena de cabello rojo salvaje y rizado miró brevemente
desde detrás de un escritorio de vidrio ovalado con patas de colmillos de elefante
antes de seguir fumando su cigarrillo y hojear una revista de gran tamaño. Después
de unos minutos, cuando parecía que Astrid no se iba, preguntó con altivez:
—¿Puedo ayudarte?
—Oh, no, solo estoy mirando alrededor. Gracias —respondió Astrid en su
francés colegial. Continuó dando vueltas en el espacio y notó una amplia serie de
escalones que llevaban abajo—. ¿Hay más abajo? —preguntó.
—Por supuesto —dijo la vendedora con su voz áspera, levantándose de su
escritorio de mala gana y siguiendo a Astrid escaleras abajo. Debajo había un
espacio forrado con brillantes armarios de color rojo coral donde, una vez más, solo
se exhibían artísticamente una o dos piezas.
Astrid vio un hermoso vestido de cóctel con una cota de malla plateada y
buscó en la prenda una etiqueta que indicara su talla.
—¿De qué talla es esto? —le preguntó a la mujer que estaba de pie mirando
como un halcón pensativo.
—Es alta costura. ¿Lo entiendes? Todo hecho a medida —replicó la mujer,
agitando la mano de su cigarrillo y sacudiendo cenizas por todas partes.
—Entonces, ¿cuánto me costaría tener esto hecho en mi talla? —preguntó
Astrid.
La vendedora hizo una evaluación rápida de Astrid. Los asiáticos casi nunca
ponían un pie aquí; solían quedarse en las famosas boutiques de diseñadores en la
rue du Faubourg-Saint-Honoré o en la avenida Montaigne, donde podían inhalar
todo el Chanel y Dior que querían, Dios los ayuden. La colección de monsieur es
muy vanguardista, y solo apreciada por los más elegantes parisinas, neoyorquinas y
algunas belgas. Claramente, esta colegiala con jersey de cuello alto de pescador,
pantalones caqui y alpargatas estaba fuera de su alcance.
—Escucha, chérie, todo aquí es très, très cher. Y tarda cinco meses para la
entrega. ¿De verdad quieres saber cuánto cuesta? —dijo, dando una calada a su
cigarrillo.
—Oh, supongo que no —dijo Astrid mansamente. Esta dama obviamente no
tenía interés en ayudarla. Subió las escaleras y se dirigió directamente hacia la
puerta, casi tropezándose con Charlie.
—¿Tan rápido? ¿No te gustó la ropa? —preguntó Charlie.
—Sí. Pero la dama de allí parece no querer venderme nada, así que no
perdamos el tiempo —dijo Astrid.
—Espera, espera un minuto, ¿qué quieres decir con que no quiere venderte
nada? —trató de aclarar Charlie—. ¿Estaba siendo presumida?
—Uh-huh —informó Astrid.
—¡Volveremos! —dijo Charlie indignado.
—Charlie, solo vayamos a la próxima boutique de tu lista.
—Astrid, ¡a veces no puedo creer que seas la hija de Harry Leong! Tu padre
compró el hotel más exclusivo de Londres cuando el gerente fue grosero con tu
madre, ¡por todos los santos! ¡Tienes que aprender cómo defenderte!
—Sé perfectamente cómo defenderme, pero simplemente no vale la pena
armar escándalo por nada —argumentó Astrid.
—Bueno, no es nada para mí. ¡Nadie insulta a mi novia! —declaró Charlie,
abriendo la puerta con entusiasmo. Astrid siguió a regañadientes, notando que a la
vendedora pelirroja ahora estaba con un hombre con cabello rubio platino.
Charlie se dirigió hacia él y le preguntó al hombre, en inglés:
—¿Trabajas aquí?
—Oui —respondió el hombre.
—Esta es mi novia. Quiero comprar un vestuario nuevo para ella. ¿Me
ayudarás?
El hombre cruzó los brazos perezosamente, ligeramente desconcertado por
este flaco adolescente con un mal caso de acné.
—Todo esto es alta costura, y los vestidos comienzan en veinticinco mil
francos. También hay una espera de ocho meses —dijo.
—No hay problema —dijo Charlie audazmente.
—Mmm, ¿pagas en efectivo? ¿Cómo va a garantizar el pago? —preguntó la
dama en un inglés con fuerte acento.
Charlie suspiró y sacó su teléfono celular. Marcó una larga serie de números y
esperó a que el otro extremo contestara.
—¿Señor Oei? Es Charlie Wu aquí. Perdón por molestarlo a esta hora de la
noche en Singapur. Estoy en París en este momento. Dígame, señor Oei, ¿nuestro
banco tiene un gerente de relaciones en París? Estupendo. ¿Llamará al compañero
y le pedirá que haga una llamada a esta tienda en la que estoy? —Charlie levantó la
vista y les pidió el nombre, antes de continuar—. Dígale que informe a estas
personas que estoy aquí con Astrid Leong. Sí, la hija de Harry. Sí, ¿y asegúrese de
que su compañero les haga saber que puedo comprar cualquier cosa que me
antoje? Gracias.
Astrid miró a su novio en silencio. Nunca lo había visto comportarse de una
manera tan asertiva. Una parte de ella se sentía como encogida por la vulgaridad de
su arrogancia, y una parte la encontraba notablemente atractiva. Pasaron unos
largos minutos, y finalmente sonó el teléfono. La pelirroja lo recogió rápidamente,
sus ojos se abrieron mientras escuchaba la diatriba que venía del otro lado.
—Désolée, monsieur, très désolée —siguió diciendo en el teléfono. Colgó y
comenzó un breve intercambio con su colega masculino, sin darse cuenta de que
Astrid podía entender casi cada palabra que estaban diciendo.
El hombre saltó de la mesa y miró a Charlie y Astrid con un vigor repentino.
—Por favor, mademoiselle, permítame mostrarle la colección completa —dijo
con una gran sonrisa.
La mujer, mientras tanto, le sonrió a Charlie.
—Monsieur, ¿quiere un poco de champán? ¿O un capuchino, tal vez?
—Me pregunto qué les dijo mi banquero —le susurró Charlie a Astrid
mientras los conducían a un camerino vestidor.
—Oh, ese no era el banquero. Fue el diseñador mismo. Les dijo que se
apresurara a supervisar personalmente mis pruebas. Tu banquero debe haberle
llamado directamente —dijo Astrid.
—Está bien, quiero que pidas diez vestidos de este diseñador. Necesitamos
gastar al menos unos cientos de miles de francos en este momento.
—¿Diez? No creo que quiera diez cosas de este lugar —dijo Astrid.
—No importa. Tienes que elegir diez cosas. En realidad, haz esto veinte. Como
mi padre siempre dice, la única forma de hacer que estos ang mor gau sai te
respeten es golpeándolos en la cara con tu dua lan chiao127 dinero hasta que se
arrodillen.
Durante los siguientes siete días, Charlie condujo a Astrid en una juerga de
compras para terminar con todas las compras. Le compró un juego de maletas de
Hermès, docenas de vestidos de los mejores diseñadores de esa temporada,
dieciséis pares de zapatos y cuatro pares de botas, un reloj Patek Philippe con
incrustaciones de diamantes (que nunca usó) y una lámpara art nouveau
restaurada de Didier Aaron. Entre el maratón de compras, hubo almuerzos en
Mariage Frères y Davé, cenas en Le Grand Véfour y Les Ambassadeurs, y bailando
toda la noche con sus nuevas galas en Le Palace y Le Queen. Esa semana en París,
Astrid no solo descubrió su gusto por la alta costura; descubrió una nueva pasión.
Había vivido los primeros dieciocho años de su vida rodeada de personas que
tenían dinero, pero decían no tenerlo, personas que preferían cosas de segunda
mano en lugar de comprarlas nuevas, personas que simplemente no sabían cómo
disfrutar de su buena suerte. Gastar dinero a la manera Charlie Wu fue
absolutamente emocionante, honestamente, era mejor que el sexo.

127 Hokkien para “polla grande”.
R
achel estuvo callada todo el camino a casa desde la fiesta de bodas.
Gentilmente devolvió el collar de zafiro a Fiona en el vestíbulo y subió
las escaleras. En el dormitorio, agarró su maleta del armario
empotrado y comenzó a meter su ropa lo más rápido que pudo. Se dio cuenta de
que las criadas de la lavandería habían colocado finas hojas de papel secante
perfumado entre cada pieza doblada de ropa, y comenzó a arrancarlas con
frustración, no quería llevarse nada de este lugar.
—¿Qué estás haciendo? —dijo Nick desconcertado mientras entraba al
dormitorio.
—¿Qué te parece? ¡Me voy de aquí!
—¿Qué? ¿Por qué? —Nick frunció el ceño.
—¡Ya he tenido suficiente de esta mierda! ¡Me rehúso a ser un blanco para
todas estas mujeres locas en tu vida!
—¿De qué demonios estás hablando, Rachel? —Nick la miró confundido.
Nunca antes la había visto así de enojada.
—Estoy hablando de Mandy y Francesca. Y Dios solo sabe quién más. —Lloró
Rachel, continuando agarrando sus cosas del armario.
—No sé qué has escuchado, Rachel, pero…
—Oh, ¿entonces lo niegas? ¿Niegas que hiciste un trío con ellas?
Los ojos de Nick se ensancharon sorprendidos. Por un momento, no estaba
seguro de qué decir.
—No lo niego, pero…
—¡Idiota!
Nick alzó las manos en desesperación.
—Rachel, tengo treinta y dos años y, hasta donde sé, nunca mencioné la
posibilidad de unirme al sacerdocio. Tengo una historia sexual, pero nunca traté de
ocultarte nada de eso.
—No es que lo hayas ocultado. ¡Es más que nunca me dijiste en primer lugar!
Deberías haber dicho algo. Deberías haberme dicho que Francesca y tú tenían un
pasado, así no tenía que sentarme allí esta noche y quedar totalmente sorprendida.
Me sentí como una completa jodida idiota.
Nick se sentó en el borde del diván y se tapó el rostro con las manos. Rachel
tenía todo el derecho de estar enojada, simplemente nunca se le ocurrió mencionar
algo que sucedió hace media vida.
—Lo siento mucho… —comenzó.
—¿Un trío? ¿Con Mandy y Francesca? ¿En serio? De todas las mujeres del
mundo —dijo Raquel despectivamente mientras luchaba con la cremallera de su
maleta.
Nick suspiró profundamente. Quería explicar que Francesca había sido una
chica muy diferente en aquel entonces, antes de la apoplejía de su abuelo y todo ese
dinero, pero se dio cuenta de que este no era el momento de defenderla. Se acercó a
Rachel lentamente y la abrazó. Trató de separarse de él, pero la abrazó con fuerza.
—Mírame, Rachel. Mírame —dijo con calma—. Francesca y yo tuvimos una
breve aventura ese verano en Capri. Eso es todo lo que era. Éramos estúpidos de
dieciséis años, todas hormonas descontroladas. Eso fue hace casi dos décadas.
Estuve soltero durante cuatro años antes de conocerte, y creo que sabes
exactamente cómo se fueron los últimos dos años, tú eres el centro de mi vida,
Rachel. El centro absoluto. ¿Qué pasó esta noche? ¿Quién te dijo todas estas cosas?
Con eso, Rachel se derrumbó y todo se desbordó, todo lo que sucedió en el fin
de semana de despedida de soltera de Araminta, todas las constantes insinuaciones
de Mandy, la treta que Francesca había hecho en la fiesta de bodas. Nick escuchó el
calvario de Rachel, sintiéndose mal del estómago a medida que escuchaba. Aquí él
pensó que ella había tenido el mejor momento de su vida. Le dolía ver lo alterada
que estaba, ver las lágrimas derramarse por su bonito rostro.
—Rachel, lo siento mucho. Ni siquiera puedo comenzar a decirte cuánto lo
siento —dijo Nick seriamente.
Rachel estaba parada frente a la ventana, secándose las lágrimas de los ojos.
Estaba enojada consigo misma por llorar y confundida por la oleada de emoción
que la había invadido, pero simplemente no podía evitarlo. La conmoción de la
noche y el estrés reprimido de los días previos la habían llevado a este punto, y
ahora estaba agotada.
—Desearía que me hubieras contado sobre el fin de semana de despedida de
soltera, Rachel. Si lo hubiera sabido, podría haber hecho más para protegerte.
Realmente no tenía idea de que esas chicas podrían ser tan... tan crueles —dijo
Nick, buscando la palabra correcta en su furia—. Me aseguraré de que nunca las
vuelvas a ver. Solo por favor, no te vayas así. Especialmente cuando ni siquiera
hemos tenido la oportunidad de disfrutar nuestras vacaciones juntos. Déjame
compensarte, Rachel. Por favor.
Rachel guardó silencio. Se quedó mirando la ventana, de repente notando un
extraño conjunto de sombras que se movían en la oscurecida extensión de césped.
Un momento después, se dio cuenta de que era solo un gurkha uniformado en su
patrulla nocturna con un par de Dobermans.
—No creo que lo entiendas, Nick. Todavía estoy enojada contigo. No me
preparaste para nada de esto. Viajé medio mundo contigo, y no me dijiste nada
antes de que nos fuéramos.
—¿Qué debería haberte dicho? —preguntó Nick, genuinamente perplejo.
—Todo esto —gritó Rachel, agitando sus manos en el opulento dormitorio en
el que estaban parados—. El hecho de que hay un ejército de gurkhas con perros
protegiendo a tu abuela mientras duerme, el hecho de que creciste en la maldita
Downton Abbey ¡el hecho de que tu mejor amigo estuviera celebrando la boda más
costosa en la historia de la civilización! Deberías haberme hablado de tu familia, de
tus amigos, de tu vida aquí, para que al menos supiera en qué me estaba metiendo.
Nick se dejó caer en el diván, suspirando cansinamente.
—Astrid intentó advertirme que te prepare, pero estaba tan seguro de que te
sentirías como en casa cuando llegases aquí. Quiero decir, he visto cómo eres en
diferentes escenarios, la forma en que eres capaz de cautivar a todos, tus
estudiantes, el canciller y todos los peces gordos de la universidad, ¡incluso ese
gruñón japonés del sándwich en la calle Trece! Y supongo que simplemente no
sabía qué decir. ¿Cómo podría haberte explicado todo esto sin que estés aquí para
verlo tú misma?
—Bueno, vine y lo vi por mí misma, y ahora... ahora siento que ya no sé quién
es mi novio —dijo Rachel con tristeza.
Nick miró a Rachel con la boca abierta, herido por su comentario.
—¿Realmente he cambiado tanto en las últimas semanas? Porque siento que
soy la misma persona y lo que siento por ti ciertamente no ha cambiado. En todo
caso, te amo más cada día, y aún más en este momento.
—Oh, Nick. —Rachel suspiró, sentándose en el borde de la cama—. No sé
cómo explicarlo. Es cierto, has permanecido exactamente igual, pero el mundo que
te rodea, este mundo que nos rodea, es tan diferente de cualquier cosa a la que
estoy acostumbrada. Y estoy tratando de descubrir cómo podría encajar en este
mundo.
—¿Pero no ves lo bien que encajas? Debes darte cuenta de que, aparte de unas
pocas chicas intrascendentes, todos te adoran. Mis mejores amigos todos piensan
que eres la octava maravilla, deberías haber escuchado la forma en que Colin y
Mehmet estaban delirando por ti anoche. Y a mis padres les gustas, a toda mi
familia le gustas.
Rachel le lanzó una mirada, y Nick pudo ver que ella no lo estaba comprando.
Se sentó junto a ella y notó que sus hombros se endurecían casi
imperceptiblemente. Anhelaba pasar una mano por su espalda con dulzura, como
hacía casi todas las noches en la cama, pero sabía que no debía tocarla ahora. ¿Qué
podría hacer para tranquilizarla en este momento?
—Rachel, nunca quise que te lastimaras. Sabes que haré cualquier cosa para
hacerte feliz —dijo en voz baja.
—Lo sé —dijo Rachel después de una pausa. Tan enojada como estaba, no
podía permanecer enojada con Nick por mucho tiempo. Él había manejado mal las
cosas, seguro, pero sabía que él no tenía la culpa de la perra de Francesca. Esto era
exactamente lo que Francesca había esperado lograr, hacerla dudar de sí misma,
enojarla con Nick. Rachel suspiró, apoyando su cabeza en su hombro.
Un brillo repentino apareció en los ojos de Nick.
—Tengo una idea, ¿por qué no nos vamos mañana? Vamos a saltarnos la
ceremonia del té en la casa de los Khoo. No creo que realmente quieras estar
alrededor y ver a Araminta amontonarse con toneladas de joyas de todos sus
parientes de todos modos. Salgamos de Singapur y aclaremos nuestras mentes.
Conozco un lugar especial donde podemos ir.
Rachel lo miró con recelo.
—¿Va a involucrar más jets privados y resorts de seis estrellas?
Nick negó con la cabeza rápidamente.
—No te preocupes, estamos manejando. Te llevaré a Malasia. Te llevaré a una
remota casa de campo en Cameron Highlands, lejos de todo esto.
E
leanor estaba a punto de sentarse para tomar su habitual desayuno de
pan tostado de siete cereales, mantequilla baja en grasa, y mermelada
baja en azúcar cuando sonó el teléfono. Cada vez que el teléfono sonaba
tan temprano por la mañana, sabía que tenía que ser uno de sus hermanos en
Estados Unidos. Esté debía ser probablemente su hermano en Seattle, pidiendo
otro préstamo. Cuando Consuelo entró en la sala de desayunos con el teléfono,
Eleanor negó y articuló:
—Dile que todavía estoy dormida.
—No, no, señora, no es su hermano de Seattle. Es la señora Foo.
—Oh —dijo Eleanor, agarrando el teléfono mientras le daba un mordisco a su
pan tostado—. Daisy, ¿qué haces levantada tan temprano? ¿Tuviste una indigestión
también después de ese horrible banquete de bodas?
—No, no, Elle, ¡tengo noticias de última hora! —dijo con entusiasmo Daisy.
—¿Qué, qué? —preguntó Eleanor con anticipación. Dijo una oración rápida y
esperó a que Daisy le informase sobre la trágica ruptura de Nicky y Rachel.
Francesca le había guiñado el ojo durante los fuegos artificiales de la noche anterior
y le susurró dos palabras “Está hecho” y Eleanor notó durante el ferry de vuelta a
casa que Rachel parecía haber sido golpeada en la cara con un durian.
—¿Adivina quién acaba de despertar de un coma? —anunció Daisy.
—Oh. ¿Quién? —preguntó Eleanor, un poco abatida.
—¡Sólo adivina, lah!
—No sé... esa mujer von Bülow?
—¡Aiyah, no lah! ¡Sir Ronald Shaw despertó! ¡El suegro de Nadine!
—¡Alamak! —Eleanor casi escupió su tostada—. Pensaba que era un vegetal
viviente.
—Bueno, de alguna manera el vegetal despertó, ¡e incluso está hablando! El
primo de la nuera de mi doncella es la enfermera de noche en Mount E, y al parecer
se llevó el susto de su vida cuando Patient Shaw se despertó a las cuatro de la
mañana y comenzó a exigir su Kopi-O128.
—¿Cuánto tiempo ha estado en coma? —preguntó Eleanor, mirando hacia
arriba y notando a Nick entrando en la cocina. Oh Dios. Nick había terminado muy
temprano. ¡Algo debe haber pasado!

128 Un tradicional café negro servido con azúcar solamente.
—Seis años. Nadine, Ronnie, Francesca, toda la familia se han apresurado a la
cabecera de su cama, y los equipos de noticias están llegando.
—Huh. ¿Crees que deberíamos ir allí también? —preguntó Eleanor.
—Creo que es mejor esperar. Ver qué pasa. Ya sabes, he oído que a veces estas
víctimas de un coma despiertan justo antes de morir.
—Si está pidiendo Kopi-O, algo me dice que no va a estirar la pata en el corto
plazo —conjeturó Eleanor.
Se despidió de Daisy y centró su atención en Nick.
—El abuelo de Francesca despertó del coma esta mañana —retransmitió
Eleanor, poniendo mantequilla en otra tostada.
—Ni siquiera sabía que aún estaba vivo —dijo Nick desinteresadamente.
—¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Quieres desayunar? ¿Una tostada kaya?
—No, no, ya he comido.
—¿Dónde está Rachel esta mañana? —preguntó Eleanor con un poco
demasiado entusiasmo. ¿Había sido la chica echada a la calle en mitad de la noche
como basura?
—Rachel todavía está dormida. Me levanté temprano para hablar contigo y
papá. ¿Está ya levantado?
—Alamak, tu padre duerme hasta las diez, como muy pronto.
—Pues bien, te lo diré primero. Me voy con Rachel durante unos días, y si
todo va según lo previsto, tengo intención de proponerme mientras estamos fuera
—declaró Nick.
Eleanor dejó su tostada y le dio una mirada de horror no disimulado.
—¡Nicky, no puedes estar hablando en serio!
—Soy totalmente serio —dijo Nick, tomando asiento a la mesa—. Sé que no la
conoces muy bien todavía, pero eso ha sido totalmente culpa mía, no les he dado a
ti o a papá la oportunidad de conocerla hasta ahora. Pero te puedo asegurar que
pronto descubrirás el ser humano tan increíble que es. Será una nuera fantástica
para ti, mamá.
—¿Por qué precipitarse en esto?
—No me estoy precipitando en nada. Hemos salido durante casi dos años.
Prácticamente hemos estado viviendo juntos desde el año pasado. Tenía la
intención de proponerme en nuestro aniversario de dos años este mes de octubre,
pero algunas cosas pasaron, y tengo que mostrarle a Rachel cuán importante es
para mí, ahora.
—¿Qué cosas?
Nick suspiró.
—Es una larga historia, pero Rachel ha sido tratada mal por unas pocas
personas desde su llegada, Francesca en especial.
—¿Qué hizo Francesca? —preguntó Eleanor inocentemente.
—No importa lo que hizo. Lo que importa es que tengo que hacer las cosas
bien.
La mente de Eleanor corrió en círculos. ¿Qué diablos pasó anoche? ¡Esa
estúpida Francesca! Alamak, su plan debía haber sido contraproducente.
—No tienes que casarte con ella sólo para hacer las cosas bien, Nicky. No dejes
que esta chica te presione —instó Eleanor.
—No estoy siendo presionado. La verdad es que he estado pensando en
casarme con Rachel casi desde el día que la conocí. Y ahora, más que nunca, sé que
ella es la única para mí. Es tan inteligente, mamá, y una buena persona.
Eleanor estaba hirviendo por dentro, pero trató de hablar en voz medida.
—Estoy segura de que Rachel es una chica agradable, pero nunca podrá ser tu
esposa.
—¿Y por qué es eso? —Nick se echó hacia atrás en su silla, divertido por lo
absurdo de las palabras de su madre.
—Simplemente no es la adecuada para ti, Nicky. No viene de los orígenes
adecuados.
—Nadie vendrá nunca del “origen adecuado” a tus ojos —se burló Nick.
—Sólo te estoy diciendo lo que todo el mundo ya está pensando, Nick. No has
oído las cosas horribles que he oído. ¿Sabes que su familia proviene de la China
Continental?
—Basta, mamá. Estoy tan harto de este esnobismo ridículo que tú y tus
amigos tienen hacia los chinos del Continente. Todos somos chinos. El hecho de
que algunas personas trabajen realmente por su dinero no quiere decir que estén
por debajo de ti.
Eleanor negó y continuó en un tono más grave.
—Nicky, no lo entiendes. Ella nunca será aceptada. Y no estoy hablando de tu
padre y yo, estoy hablando de tu querida Ah Ma y el resto de la familia. Mírame a
mí, a pesar de que he estado casada con su padre durante treinta y cuatro años,
todavía soy considerada una intrusa. Soy una Sung, venía de una familia
respetable, una familia rica, pero a sus ojos nunca fui lo suficientemente buena.
¿Quieres ver a Rachel sufrir así? ¡Mira como han congelado a esa chica Kitty Pong!
—¿Cómo puedes siquiera comparar a Rachel con Kitty? Rachel no es una
estrella de telenovelas que va por ahí con ropa diminuta, es una economista con un
doctorado. Y todos en la familia han sido perfectamente amables con ella.
—Una cosa es ser educado con tu invitada, pero te puedo asegurar que, si
realmente pensasen que tenía alguna posibilidad de ser tu esposa, no serían tan
agradable.
—Eso no tiene sentido.
—No, Nicky, eso es un hecho —espetó Eleanor—. Ah Ma nunca permitirá que
te cases con Rachel, no importa cuán talentosa sea. ¡Vamos, Nicky, sabes esto! Te
lo han dicho miles de veces desde que eras un niño pequeño. Eres un Young.
Nick negó y se rió.
—Todo esto es tan increíblemente arcaico. Estamos viviendo en el siglo XXI, y
Singapur es uno de los países más progresistas del planeta. Te puedo asegurar que
Ah Ma no se siente como lo hacía hace treinta años.
—Alamak, he conocido a tu abuela durante mucho más tiempo que tú. No
sabes lo importantes que son las líneas de sangre para ella.
Nick rodó sus ojos.
—¿Para ella, o para ti? No he investigado la genealogía de Rachel, pero si es
necesario estoy seguro de que puedo encontrar algún emperador Ming muerto en
algún lugar de su línea de sangre. Además, viene de una familia muy respetable.
Uno de sus primos es incluso un famoso director de cine.
—Nicky, hay cosas sobre la familia de Rachel que no sabes.
—¿Y cómo lo sabes? ¿Se ha inventado Cassandra una historia sobre la familia
de Rachel o algo?
Eleanor se quedó en silencio en ese momento. Simplemente le advirtió:
—Evítale a Rachel y a ti la angustia, Nicky. Tienes que renunciar a ella ahora,
antes de que las cosas vayan más lejos.
—Ella no es algo que sólo pueda dejar ir, mamá. La amo, y me voy a casar con
ella. No necesito la aprobación de nadie —dijo Nick con fuerza, levantándose de la
mesa.
—¡Niño estúpido! ¡Ah Ma te va a desheredar!
—Como si me importara.
—Nicky, escúchame. No he sacrificado toda mi vida por ti sólo para ver cómo
lo tiras todo a la basura por esa chica —dijo Eleanor con ansiedad.
—¿Sacrificado toda tu vida? No estoy seguro de lo que quieres decir, cuando
estás sentada aquí a la mesa del chef de tu apartamento de veinte millones de
dólares —resopló Nick.
—¡No tienes ni idea! Si te casas con Rachel arruinarás nuestras vidas. Hazla tu
amante si es necesario, pero por el amor de Dios, no deshagas todo tu futuro por
casarte con ella —declaró Eleanor.
Nick resopló con disgusto y se puso de pie, pateando la silla tras él mientras
salía de la habitación del desayuno. Eleanor hizo una mueca cuando las patas de la
silla de cromo atravesaron el suelo de mármol Calacatta. Se quedó mirando las filas
perfectamente alineadas de porcelana de Astier de Villatte que bordeaban las
estanterías de acero inoxidable expuestas de su cocina, reflejando el acalorado
intercambio que acababa de soportar. Todos los esfuerzos que había hecho para
evitar que su hijo entrase en esta desastrosa situación habían fallado, y ahora que
ya no había más opción. Eleanor se sentó completamente inmóvil durante unos
largos momentos, llevada por el valor de la conversación que había estado tratando
de evitar por tanto tiempo.
—¡Consuelo! —gritó—. Dile a Ahmad que tenga el coche listo. Tengo que ir a
Tyersall Park en quince minutos.
A
strid se despertó con un rayo de sol en su rostro. ¿Qué hora era? Miró
el reloj en la mesita de noche y notó que eran más de las diez. Se estiró
con un bostezo, se arrastró fuera de la cama y se fue a echar un poco de
agua en el rostro. Cuando entró en la sala, vio a la niñera china y entrada en años
de Charlie sentada en una de las chaises longues Le Corbusier, hecha de cromo y
piel de becerro, concentrada frenéticamente en un juego de su iPad. Ah Chee
presionó la pantalla con furia, refunfuñando en cantonés:
—¡Malditos pájaros! —Cuando notó que Astrid pasaba por allí, estalló en una
sonrisa con dientes—. Hiyah Astrid, ¿dormiste bien? El desayuno está esperándote
—dijo, sus ojos nunca dejaron la pantalla brillante.
Una joven doncella corrió hacia Astrid y dijo “Madam, por favor, desayuno”,
gesticulando hacia el comedor. Encontró allí una extensión bastante excesiva
dispuesta para ella en la mesa de cristal redonda: jarras de café, té y jugo de
naranja estaban acompañadas de huevos escalfados y espesas lonchas de tocino en
una plancha, huevos revueltos con salchichas Cumberland, panecillos ingleses
tostados, Tostadas francesas, mango en rodajas con yogur griego, tres tipos de
cereales, panqueques con fresas y crema de chantilly, buñuelos fritos con sopa de
arroz y de pescado. Otra doncella estaba de pie detrás de Astrid, esperando para
saltar hacia adelante y servir. Ah Chee entró al comedor y dijo:
—No sabíamos lo que querías para el desayuno, así que el cocinero ha
preparado varias opciones. Comer, comer. Y luego, el automóvil está esperando
para llevarte a la oficina de Charlieboy colina abajo.
Astrid agarró el tazón de yogur y dijo:
—Esto es todo lo que necesito. —Para gran consternación de Ah Chee. Volvió a
la habitación y se puso un top de Rick Owens azul sobre vaqueros blancos. Después
de cepillarse el cabello rápidamente, decidió llevarlo en una coleta baja, algo que
nunca hacía, y hurgando en los cajones del baño de Charlie, encontró un par de
gafas de sol de cuerno Cutler y Gross que le sentaban bien. Esto era lo más
incógnito que iba a conseguir. Al salir de la habitación, una de las doncellas corrió
al vestíbulo de entrada y llamó el ascensor, mientras que otra lo mantuvo abierto
hasta que Astrid estuvo lista para entrar. Astrid se divirtió un poco al ver que
incluso un acto tan simple como salir del apartamento era manejado con semejante
urgencia militar por estas muchachas asustadizas. Eran tan diferentes a los
graciosos y relajados sirvientes con los que ella había crecido.
En el vestíbulo, un chófer con un impecable uniforme negro y con botones
dorados se inclinó frente Astrid.
—¿Dónde está la oficina del señor Wu? —preguntó Astrid.
—En Torres Wuthering en Chater Road. —Hizo un gesto hacia el Bentley
verde oscuro estacionado afuera, sin embargo, Astrid dijo:
—Gracias, pero creo que voy a caminar —recordando bien el edificio.
Era el mismo lugar en el que Charlie siempre tenía que ir a buscar sobres
llenos de dinero en efectivo de la secretaria de su padre cada vez que venían a Hong
Kong el fin de semana para los atracones de compras. Antes de que el chofer
pudiera protestar, Astrid cruzó la plaza hacia el Mid-leves escalator129 caminando
resueltamente por la plataforma móvil mientras esta serpenteaba por el
accidentado terreno urbano.
En la base de la escalera mecánica en Queen Street, Astrid respiró hondo y se
sumergió en la fuerte corriente del rio de peatones. Había algo en el distrito central
de Hong Kong durante el día, una energía frenética y especial de la multitud
bulliciosa que siempre le daba a Astrid un intoxicante vértigo. Los banqueros en
elegante trajes de rayas caminaban hombro a hombro con jornaleros con la ropa
sucia y adolescentes en uniforme escolar, mientras que mujeres con atuendos chics
de negocio y tacones no-te-metas-conmigo, se mezclaban a la perfección con
ancianas llenas de arrugas y mendigos medio vestidos en la calle.
Astrid giró a la izquierda en Pedder Street y entró en el centro comercial
Landmark. Lo primero que vio fue una larga fila de personas. ¿Qué estaba
pasando? Oh, solo era la cola habitual de los compradores del Continente fuera de
la tienda de Gucci, esperando ansiosamente su turno para entrar y conseguir sus
dosis. Astrid caminó hábilmente a través de la red de puentes peatonales y
pasadizos que conectaban el Landmark con los edificios vecinos, subió por las
escaleras mecánicas hasta el entresuelo del Mandarin Oriental, atravesó la galería
comercial de Alexandra House y bajó los pocos escalones de Cova Caffé, y allí se
encontró, en el resplandeciente vestíbulo de Torres Wuthering.
El mostrador de recepción parecía haber sido esculpido en un enorme bloque
de malaquita, y cuando Astrid se acercó, un hombre con un auricular y un traje
oscuro la interceptó y dijo discretamente:
—Señora Teo, estoy con el señor Wu. Por favor, venga conmigo. La hizo pasar
por el puesto de control de seguridad y entró en un ascensor expreso que subió
directamente al piso cincuenta y cinco. Las puertas del ascensor se abrieron a una
habitación tranquila, sin ventanas, con paredes de alabastro blanco, incrustadas
con diseños circulares y un sofá azul plateado. En silencio, el hombre hizo pasar a
Astrid más allá de las tres secretarias ejecutivas que estaban sentadas en mesas
contiguas y a través de un par de imponentes puertas de bronce grabado.
Astrid se encontró en la oficina parecida a un atrio de Charlie que tenía un
techo elevado de cristal en forma de pirámide y una hilera de televisores de
pantalla plana a lo largo de toda una pared parpadeando silenciosamente con los
canales de noticias financieras de Nueva York, Londres, Shanghai y Dubai. Un

129 El sistema de escaleras mecánicas y pasarelas Central-Mid-Levels en Hong Kong es el
sistema de escalera mecánica cubierto más largo del mundo. Todo el sistema cubre más de 800
metros de distancia y se eleva a más de 135 metros del suelo. Fue construido en 1993 para
proporcionar un mejor trayecto conectando Central, SoHo y Mid-levels en la isla de Hong Kong.
hombre chino muy bronceado con un traje negro y gafas con montura de alambre
estaba sentado en un sofá cercano.
—Casi le das un ataque de pánico a mi chofer —dijo Charlie, levantándose de
su escritorio.
Astrid sonrió.
—Debes ser un poco más tolerantes con tu personal, Charlie. Viven totalmente
aterrorizados por ti.
—En realidad, viven totalmente aterrorizados de mi esposa —respondió
Charlie con una sonrisa. Hizo un gesto hacia el hombre sentado en el sofá negro—.
Este es el señor Lui y ya ha logrado encontrar a tu esposo usando el número de
celular que me diste anoche.
El señor Lui asintió a Astrid y comenzó a hablar en inglés con ese distintivo y
entrecortado acento británico que era tan común en Hong Kong.
—Cada iPhone tiene un localizador GPS, lo que nos permite rastrear al
propietario con mucha facilidad —explicó el señor Lui—. Su esposo estuvo en un
departamento en Mong Kok desde anoche.
El señor Lui le entregó a Astrid su delgada computadora portátil, donde
esperaba una secuencia de imágenes: Michael saliendo del apartamento, Michael
saliendo del ascensor y Michael agarrando un conjunto de bolsas de plástico en la
calle. La última imagen, tomada desde un ángulo alto, mostraba a una mujer
abriendo la puerta del apartamento para dejar entrar a Michael. El estómago de
Astrid se hizo un nudo. Aquí estaba la otra mujer. Escudriñó la imagen durante un
buen rato, mirando a la mujer descalza vestida con pantalones cortos de mezclilla y
una camiseta sin mangas.
—¿Podemos ampliar la imagen? —preguntó Astrid. Cuando el señor Lui hizo
zoom sobre el rostro borroso y pixelado, Astrid se sentó de pronto en el sofá—. Hay
algo muy familiar acerca de esa mujer —dijo, con el pulso acelerado.
—¿Quién es ella? —preguntó Charlie.
—No estoy segura, pero sé que la he visto antes, en algún sitio —dijo Astrid,
cerrando los ojos y presionando los dedos sobre su frente. Entonces la golpeó.
Parecía que se le cerraba la garganta, y no podía hablar.
—¿Estás bien? —preguntó Charlie, al ver la expresión de Astrid.
—Estoy bien, creo. Creo que esta chica estaba en mi boda. Creo que se ve en
una foto de grupo en uno de mis álbumes.
—¿Tu boda? —dijo Charlie conmocionado. Dirigiéndose al señor Lui, le
preguntó—: ¿Qué tienes sobre ella?
—Nada todavía. El apartamento está registrado al nombre del señor Thomas
Ng — respondió el investigador privado.
—No me suena conocido —dijo Astrid aturdida.
—Aún estamos confeccionando el expediente —dijo el señor Lui. Apareció un
mensaje instantáneo en su teléfono e informó—: La mujer acaba de salir del
apartamento con un niño, de aproximadamente cuatro años.
El corazón de Astrid se hundió.
—¿Has podido averiguar algo sobre el niño?
—No. Hasta este momento, no sabíamos que había un niño dentro del
apartamento con ellos.
—Entonces, ¿la mujer se ha ido con el niño y mi esposo está solo en este
momento?
—Sí. No creemos que haya nadie más en el apartamento.
—¿No crees? ¿No puedes estar seguro de que no hay alguien más allí? ¿Usar
algún tipo de sensor térmico? —preguntó Charlie.
El señor Lui dio un pequeño bufido.
—Hiyah, esto no es la CIA. Por supuesto, siempre podemos subir más alto y
traer personal especializado si lo desea, pero para lo doméstico como esto, no
solemos...
—Quiero ver a mi esposo —dijo Astrid con naturalidad—. ¿Puedes llevarme
con él ahora?
—Señora Teo, en estas situaciones, realmente no aconsejamos… —El hombre
comenzó delicadamente.
—No me importa. Necesito verlo cara a cara —insistió Astrid.
Unos minutos después, Astrid se sentó silenciosamente en la parte trasera del
Mercedes con vidrios polarizados mientras el señor Lui subía en el asiento del
pasajero, gruñendo órdenes frenéticamente en cantones al equipo reunido
alrededor de la calle Pak Tin 64. Charlie quería venir, pero Astrid había insistido en
ir sola.
—No te preocupes, Charlie, nada va a suceder. Voy a tener una charla con
Michael. Ahora su mente estaba tambaleándose, y se estaba poniendo cada vez más
inquieta mientras el auto avanzaba poco a poco en el tráfico de Tsim Sha Tsui a la
hora del almuerzo.
No sabía qué pensar ya. ¿Quién era exactamente esta chica? Parecía que este
romance había estado ocurriendo desde antes de la boda, pero ¿por qué Michael se
había casado con ella? Claramente no era por dinero, su esposo siempre había sido
tan rabiosamente insistente en no querer beneficiarse de la riqueza de su familia.
Había firmado fácilmente el acuerdo prenupcial de ciento cincuenta páginas sin
siquiera un parpadeo, así como el posterior al matrimonio en el que los abogados
de su familia habían insistido después del nacimiento de Cassian. Su dinero y el
dinero de Cassian, estaban más seguros que los del Banco de China. Entonces, ¿qué
fue lo que motivó a Michael a tener una esposa en Singapur y una amante en Hong
Kong?
Astrid miró por la ventanilla de su auto y notó a un Rolls-Royce Phantom
junto a ella. Instalados majestuosamente en el asiento trasero se hallaba una
pareja, probablemente en el principio de sus treinta, vestidos de punta en blanco.
La mujer tenía el cabello corto, elegantemente peinado y estaba impecablemente
maquillada y vestida con una blusa morada con un enorme broche floral de
diamantes y esmeraldas sujeto a su hombro derecho. El hombre a su lado lucía una
chaqueta tipo aviador de seda de Versace y unas oscuras gafas de sol de estilo
dictador latino. En cualquier otro lugar del mundo, esta pareja se hubiera visto
completamente absurda, eran por lo menos tres décadas demasiado jóvenes para
ser llevados en coche de forma tan ostentosa. Pero esto era Hong Kong, y de alguna
manera funcionaba aquí.
Astrid se preguntó de dónde venían y a dónde iban. Probablemente de camino
al club para almorzar. ¿Qué secretos guardaban el uno del otro? ¿El esposo tenía
una amante? ¿La esposa tenía un amante? ¿Existía algún niño? ¿Eran felices? La
mujer permanecía sentada inmóvil, mirando al frente, mientras el hombre se
inclinaba un poco alejado de ella, leyendo la sección de negocios en el South China
Morning Post. El tráfico comenzó a avanzar de nuevo, y de repente se encontraban
en Mong Kok, con sus densos y colosales bloques de apartamentos de los años
sesenta, que dificultaban la luz del sol.
Antes de saberlo, Astrid estaba siendo guiada fuera del automóvil, flanqueada
por cuatro hombres de seguridad con trajes oscuros. Miró a su alrededor con
nerviosismo mientras la escoltaban hasta un viejo bloque de pisos y hacia un
pequeño ascensor con iluminación fluorescente y paredes de color verde aguacate.
En el décimo piso, salieron a un pasillo al aire libre que bordeaba un patio interior
donde los tenderos con ropa colgaban de todas las ventanas disponibles. Pasaron
por delante de apartamentos que tenían zapatillas de plástico y zapatos delante de
las puertas, y pronto se encontraron frente a la puerta con rejilla metálica del
apartamento 10-07B.
El hombre más alto tocó el timbre una vez, y un momento después, Astrid oyó
que se soltaban algunos pestillos. La puerta se abrió, y allí estaba él. Su esposo,
parado justo delante de ella.
Michael miró el equipo de seguridad que rodeaban a Astrid y sacudió la
cabeza con disgusto
—Déjame adivinar, tu padre contrató a estos matones para rastrearme.
N
ick tomó prestado el roadster Jaguar E-Type de 1963 de su padre del
garaje de Tyersall Park, y él y Rachel se dirigieron a la autopista Pan
Island Expressway, con destino al puente que unía Singapur con la
Península Malaya. Desde Johor Bahru, subieron la carretera Utara-Selatan,
desviándose a la ciudad costera de Malaca para que Nick pudiera mostrar a Rachel
la fachada distintiva en tonos carmesí de la Iglesia de Cristo, construida por los
holandeses cuando la ciudad era parte de su imperio colonial, y las casas con
hileras de Peranakan, adornadas con encanto, a lo largo de Jalan Tun Tan Cheng
Lock.
Después, se quedaron en la antigua carretera que bordeaba la costa de Negeri
Sembilan por un tiempo. Con la parte superior hacia abajo y la cálida brisa del
océano en su rostro, Rachel comenzó a sentirse más relajada que desde que llegó a
Asia. El trauma de los últimos días se estaba disipando, y al final se sentía como si
realmente estuvieran de vacaciones juntos. Le encantaba el carácter salvaje de estas
carreteras secundarias, las rústicas aldeas costeras que parecían no haber sido
tocadas por el tiempo, la forma en que Nick lucía con la barba de un día y el viento
azotando su cabello. A unos pocos kilómetros al norte de Port Dickson, Nick dobló
por un camino de tierra cubierto de vegetación tropical y, mientras Rachel miraba
hacia el interior, pudo vislumbrar kilómetros y kilómetros de árboles plantados de
manera uniforme.
—¿Qué son esas hileras perfectas de árboles? —preguntó Rachel.
—Caucho, estamos rodeados de plantaciones de caucho —explicó Nick. Se
detuvieron en un lugar junto a la playa, salieron del automóvil, se quitaron las
sandalias y se pasearon sobre la arena caliente. Unas cuantas familias malayas
estaban esparcidas por la playa almorzando, los coloridos pañuelos de cabeza de las
mujeres ondeaban en el viento mientras se agitaban alrededor de las cantinas de
comida y los niños que estaban más interesados en retozar en las olas. Era un día
nublado, y el mar era un tapiz moteado de color verde oscuro con manchas de azul
donde las nubes se rompían.
Una mujer malaya y su hijo se acercaron a ellos, acarreando una gran hielera
de espuma de polietileno azul y blanco. Nick comenzó a hablar animadamente con
la mujer, comprando dos paquetes de su iglú antes de inclinarse y hacerle una
pregunta al chico. El niño asintió ansiosamente y salió corriendo, mientras que
Nick encontró un lugar sombreado debajo de las ramas bajas de un mangle.
Le entregó a Rachel un paquete de hoja de plátano aún caliente, atado con
una cuerda.
—Prueba el plato más popular de Malasia nasi lemak —dijo. Rachel soltó la
cuerda y la hoja de plátano brillante se desplegó para revelar un montículo
cuidadosamente compuesto de arroz rodeado de rodajas de pepino, anchoas fritas
pequeñas, cacahuetes tostados y un huevo duro.
—Pásame un tenedor —dijo Rachel.
—No hay tenedor. ¡Tienes que ser nativa en esto, usa tus dedos! —Nick sonrió.
—¿Estás bromeando, verdad?
—No, esa es la forma tradicional. Los malayos creen que la comida realmente
sabe mejor cuando comes con las manos. Solo usan la mano derecha para comer,
por supuesto. La mano izquierda se usa para fines mejor no mencionados.
—Pero no me he lavado las manos, Nick. No creo que pueda comer así —dijo
Rachel, sonando un poco alarmada.
—Vamos, señorita TOC. Resuélvelo —bromeó Nick. Él tomó un poco del arroz
en sus dedos y comenzó a comer el nasi lemak con gusto.
Rachel tomó con cautela un poco del arroz en su boca, instantáneamente
rompiendo en una sonrisa.
—Mmmm ¡es arroz de coco!
—Sí, pero aún no has llegado a la parte buena. ¡Cava un poco más profundo!
Rachel hurgó en su arroz y descubrió una salsa de curry que salía del centro
junto con grandes trozos de pollo.
—Oh, Dios mío —dijo—. ¿Sabe tan bien por los diferentes sabores o porque
estamos sentados en esta hermosa playa comiendo?
—Oh, creo que son tus manos. Tus manos descuidadas están dando a la
comida todo el sabor añadido —dijo Nick.
—¡Estoy a punto de darte una bofetada con mis manos untadas de curry! —
Rachel frunció el ceño. Justo cuando estaba terminando su último bocado, el niño
de antes corrió con dos bolsas de plástico transparente llenas de trozos de hielo y
jugo de caña recién exprimido. Nick tomó las bebidas del niño y le entregó un
billete de diez dólares.
—Kamu anak yang baik130 —dijo, dándole una palmada en el hombro al
niño. Los ojos del niño se abrieron de alegría. Metió el dinero en la banda elástica
de sus pantalones cortos de fútbol y se apresuró a decirle a su madre acerca de su
ganancia inesperada.
—Nunca dejas de sorprenderme, Nicholas Young. ¿Por qué no sabía que
hablaba malayo? —dijo Rachel.
—Solo unas pocas palabras rudimentarias, suficientes para pedir comida —
respondió Nick modestamente.
—Esa conversación que tuviste antes no me pareció rudimentaria —replicó
Rachel, sorbiendo la dulce y gélida caña de azúcar a través de una fina pajita rosa
metida en la esquina de la bolsa de plástico.

130 En malayo “buen muchacho”.
—Créeme, estoy seguro que esa señora se estaba encogiendo por mi
gramática. —Nick se encogió de hombros.
—Lo estás haciendo otra vez, Nick —dijo Rachel.
—¿Haciendo qué?
—Estás haciendo esa molesta cosa de menospreciarte.
—No estoy seguro de saber a qué te refieres.
Rachel suspiró con exasperación.
—Dices que no hablas malayo cuando te acabo de escuchar hacerlo. Dices,
“Oh, esta vieja casa”, cuando estamos en un maldito palacio. ¡Lo minimizas todo,
Nick!
—Ni siquiera me doy cuenta cuando lo hago —dijo Nick.
—¿Por qué? Quiero decir, minimizas las cosas hasta el punto que tus padres ni
siquiera tienen idea de lo bien que estás en Nueva York.
—Es solo la forma en que me criaron, supongo.
—¿Crees que es porque tu familia es tan rica y tienes que sobre compensarlo
siendo súper modesto? —sugirió Rachel.
—No lo pondría así. Estaba entrenado para hablar con precisión y nunca ser
jactancioso. Además, no somos tan ricos.
—Bueno, entonces, ¿qué son exactamente? ¿Valen cientos de millones o miles
de millones?
El rostro de Nick comenzó a enrojecer, pero Rachel no se detuvo.
—Sé que te hace sentir incómodo, Nick, pero es por eso que te estoy
preguntando. Me estás diciendo una cosa, pero luego escucho a otras personas
hablando como si toda la economía de Asia girara en torno a tu familia, y tú eres,
como el heredero del trono. Soy economista, por todos los cielos, y si voy a ser
acusada de ser una caza fortunas, me gustaría saber qué es lo que supuestamente
estoy cazando —dijo Rachel sin rodeos.
Nick jugueteó nerviosamente con el resto de su hoja de plátano. Desde que
tenía la edad suficiente para recordar, le habían inculcado que cualquier
conversación sobre la riqueza familiar estaba prohibida. Pero era justo que Rachel
supiera en lo que se estaba metiendo, especialmente si (muy pronto) iba a pedirle
que aceptara el anillo de diamantes canario escondido en el bolsillo inferior
derecho de sus pantalones cortos estilo cargo.
—Sé que esto puede sonar tonto, pero la verdad es que realmente no sé cuán
rica es mi familia —comenzó Nick tentativamente—. Mira, mis padres viven muy
bien, principalmente debido al legado que mi madre recibió de sus padres. Y tengo
un ingreso privado que no está mal, principalmente de las existencias que me dejó
mi abuelo. Pero no tenemos el tipo de dinero que la familia de Colin o Astrid tiene,
ni siquiera cerca.
—¿Pero qué hay de tu abuela? Quiero decir, Peik Lin dice que Tyersall Park
debe valer cientos de millones solo por la tierra —interrumpió Rachel.
—Mi abuela siempre ha vivido de la manera en que lo hizo, así que solo puedo
suponer que sus posesiones son sustanciales. Tres veces al año, el señor Tay, un
anciano caballero del banco de la familia, viene a Tyersall Park en el mismo
Peugeot marrón que ha manejado desde que nací y le hace una visita a mi abuela.
Ella se encuentra con él a solas, y es el único momento en que las doncellas deben
salir de la habitación. Así que nunca se me pasó por la mente preguntarle cuánto
vale.
—¿Y tu padre nunca te habló de eso?
—Mi padre nunca mencionó el tema del dinero, probablemente sepa incluso
menos que yo. Sabes, cuando siempre ha habido dinero en tu vida, no es algo en lo
que pases mucho tiempo pensando.
Rachel trató de concentrarse en ese concepto.
—Entonces, ¿por qué todos piensan que terminarás heredando todo?
Nick se enojó.
—Esto es Singapur, y los ricos ociosos pasan todo el tiempo chismorreando
sobre el dinero de otras personas. ¿Quién vale cuánto, quién heredó cuánto, quién
vendió su casa por cuánto? Pero todo lo que se dice sobre mi familia es pura
especulación. El punto es que nunca pensé que algún día sería el único heredero de
una gran fortuna.
—¿Pero debes saber que eras diferente? —dijo Rachel.
—Bueno, sentí que era diferente porque vivía en esta gran casa antigua con
todos estos rituales y tradiciones, pero nunca pensé que tuviera nada que ver con el
dinero. Cuando eres un niño, te preocupa más la cantidad de tartas de piña que
puedes comer o dónde atrapar los mejores renacuajos. No crecí con un sentido de
derecho como lo hicieron algunos de mis primos. Al menos, espero que no.
—No me habría sentido atraída si actúaras como un idiota pomposo —dijo
Rachel. Mientras caminaban de regreso al auto, deslizó su brazo alrededor de su
cintura—. Gracias por abrirte. Sé que no fue fácil para ti hablar de estas cosas.
—Quiero que sepas todo sobre mí, Rachel. Siempre lo he querido, por eso te
invité aquí en primer lugar. Lo siento si se ha sentido como si no fuera cercano,
simplemente no creo que ninguna de estas conversaciones sobre dinero sea
relevante. Quiero decir, en Nueva York, nada de esto realmente importa en nuestra
vida, ¿verdad?
Rachel se detuvo un momento antes de contestar.
—No es así, especialmente ahora que tengo una mejor comprensión de tu
familia. Solo necesitaba estar segura que eres la misma persona de la que me
enamoré en Nueva York, eso es todo.
—¿Lo soy?
—Eres mucho más lindo ahora que sé que eres rico.
Nick se rió y tiró de Rachel fuertemente en sus brazos, dándole un largo y
prolongado beso.
—¿Lista para un cambio completo de escenario? —le preguntó, besando su
barbilla y luego moviéndose hacia la sensible zona de su garganta.
—Creo que estoy lista para conseguir una habitación. ¿Hay algún motel cerca?
—Rachel respiró, sus dedos aún se enredaban en su cabello, no queriendo que se
detuviera.
—No creo que haya ningún motel en el que te gustaría estar. Corramos a
Cameron Highlands antes que oscurezca, solo quedan unas tres horas. Y luego
podemos continuar donde lo dejamos en la cama con dosel más descomunal que
hayas visto.
Hicieron un buen tiempo en la autopista E1, pasando por la ciudad capital de
Kuala Lumpur hacia Ipoh. Cuando llegaron a la ciudad de Tapah, la puerta de
entrada a las Cameron Highlands, Nick giró hacia la pintoresca carretera antigua y
comenzaron el ascenso a la montaña. El automóvil subió la empinada cuesta, con
Nick moviéndose expertamente entre giros y vueltas, haciendo sonar la bocina en
cada curva ciega.
Nick estaba ansioso por llegar a la casa antes del atardecer. Había llamado y le
había dado instrucciones explícitas a Rajah, el mayordomo. Había velas votivas en
bolsas de papel blanco que se alineaban hacia el mirador al final del césped, y un
puesto con champán helado y mangostanes frescos justo al lado del banco de
madera tallada donde podían sentarse y observar vista panorámica. Entonces, justo
cuando el sol se hundiera detrás de las colinas y miles de pájaros tropicales
descendieran a las copas de los árboles, se arrodillaría y le pediría a Rachel que
fuera suya para siempre. Se preguntó cuál era la rodilla correcta para hincarse
¿Derecha o izquierda?
Mientras tanto, Rachel se encontró aferrándose fuertemente a la hebilla de su
cinturón de seguridad mientras miraba por la ventanilla hacia las escarpadas gotas
que bajaban a los barrancos de la jungla.
—Eh, no tengo prisa por morir —anunció ansiosamente.
—Solo voy a sesenta kilómetros por hora. No te preocupes, puedo conducir
este camino con los ojos vendado, solía venir aquí casi todos los fines de semana
durante las vacaciones de verano. Además, ¿no crees que sería una forma
glamorosa de morir, cayendo por la ladera de una montaña en un Jaguar clásico
descapotable? —Nick se rió, tratando de diluir la tensión.
—Si te parece bien, preferiría vivir unos días más. Yyyy, prefiero estar en un
viejo Ferrari, como James Dean —bromeó Rachel.
—En realidad, fue un Porsche.
—¡Sabelotodo!
Las curvas cerradas pronto dieron paso a una vista impresionante de
ondulantes colinas verdes salpicadas por brillantes franjas de color. A lo lejos,
Rachel pudo distinguir huertos de flores escondidos a lo largo de las laderas de las
colinas y pintorescas casitas.
—Este es el valle de Bertam —dijo Nick con un ademán—. Estamos a unos mil
doscientos metros sobre el nivel del mar ahora. En la época colonial, era aquí
donde los oficiales británicos escapaban del calor tropical.
Justo después de pasar la ciudad de Tanah Rata, giraron hacia un estrecho
camino privado que serpenteaba por una colina de exuberante vegetación. Detrás
de otra curva, una majestuosa casa solariega de estilo Tudor en su propio
montículo se levantó de repente a la vista.
—Pensé que me prometiste que no ibas a llevarme a un hotel de lujo —dijo
Rachel en un tono medio reprobador.
—Este no es un hotel, esta es la casa de verano de mi abuela.
—¿Por qué no estoy sorprendida? —dijo Rachel, mirando la hermosa
estructura. La cabaña no era tan grande como Tyersall Park, pero aún se veía
formidablemente grande con sus techos en pico y carpintería de madera en blanco
y negro. Todo el lugar estaba iluminado con luces encendidas desde las ventanas de
bisagras—. Parece que nos esperaban —dijo Rachel.
—Bueno, llamé para que se preparen para nuestra llegada, hay un equipo
completo todo el año —respondió Nick. La casa estaba situada a medio camino de
una suave pendiente, con un largo camino de piedra pavimentada que conducía a la
puerta principal. Su fachada estaba parcialmente cubierta de hiedra y glicina, y a
ambos lados de la ladera había rosales que crecían casi a la altura de los ojos.
Rachel suspiró, pensando que nunca había visto un refugio de montaña tan
romántico en su vida.
—¡Qué enormes rosas!
—Estas son rosas camerunesas especiales que solo crecen en este clima. ¿No
es el olor embriagador? —Nick conversó nerviosamente. Sabía que estaba a solo
minutos de uno de los momentos más importantes de su vida.
Un joven mayordomo malayo que vestía una impecable camisa de vestir
blanca metida en un pareo de color gris abrió la puerta y se inclinó galantemente
hacia ellos. Nick se preguntó dónde estaría Rajah, el mayordomo de toda la vida.
Rachel entró en el vestíbulo delantero y sintió como si hubiera sido transportada
una vez más a otra época, a la Malasia colonial de una novela de Somerset
Maugham, tal vez. Los bancos de madera de Anglo Raj en el vestíbulo principal
estaban intercalados con cestas de mimbre rebosantes de camelias recién cortadas,
linternas de mica que colgaban de las paredes con paneles de caoba y una larga y
desteñida alfombra de seda Tianjin atraía la mirada hacia las puertas francesas y la
gloriosa vista de las tierras altas.
—Eh, antes de mostrarte el resto de la casa, echemos un vistazo al atardecer —
dijo Nick, sintiendo que se le secaba la garganta con anticipación. Condujo a Rachel
al otro lado del vestíbulo y tomó la manija de las puertas francesas que daban a la
terraza. Entonces, de repente, se detuvo. Parpadeó un par de veces solo para
asegurarse que no estaba alucinando. Parado en el borde del amplio césped formal
fumando estaba Ahmad, el chófer de su madre—. ¡Joder! —Nick maldijo por lo
bajo.
—¿Qué? ¿Qué sucede? —preguntó Rachel.
—Creo que tenemos compañía —murmuró Nick sombríamente. Dio media
vuelta, dirigiéndose al salón que estaba al final del pasillo. Mirando hacia adentro,
sus sospechas fueron confirmadas. Efectivamente, encaramada en el sofá de mantel
floral frente a la puerta estaba su madre, que le lanzó una mirada bastante triunfal
cuando entró en la habitación. Estaba a punto de decir algo cuando su madre
anunció, un poco alegre:
—¡Oh, mira, mamá, Nick y Rachel han llegado!
Rachel se giró. Sentada en el sillón frente a la chimenea estaba la abuela de
Nick, envuelta en un chal de cachemira bordado, mientras una doncella tailandesa
le servía una taza de té.
—Ah Ma, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó Nick asombrado.
—Recibí algunas noticias muy inquietantes, así que nos apuramos aquí —dijo
Su Yi en mandarín, hablando lenta y deliberadamente.
A Nick siempre le resultaba desconcertante cuando su abuela le hablaba en
mandarín, asociaba ese dialecto particular con los regaños infantiles.
—¿Qué noticias? ¿Qué ha sucedido? —preguntó Nick, preocupado.
—Bueno, me enteré que huiste a Malasia, y que quieres pedirle a la chica que
se case contigo —dijo Su Yi, sin molestarse en mirar a Rachel.
Rachel frunció los labios, sorprendida y emocionada al mismo tiempo.
—Estaba planeando sorprender a Rachel, pero creo que eso está arruinado
ahora —dijo Nick resoplando, mirando a su madre.
—No importa, Nicky. —Sonrió su abuela—. No te doy permiso para casarte
con ella. Ahora detengamos todas estas tonterías y vamos a casa. No quiero
quedarme aquí para la cena, cuando la cocinera no se ha preparado adecuadamente
para mí. Estoy segura que hoy no recibió pescado fresco.
Rachel se quedó boquiabierta.
—Ah Ma, lamento no tener tu bendición, pero eso no cambia nada. Tengo la
intención de casarme con Rachel, si ella me acepta —dijo Nick calmadamente,
mirando a Rachel con esperanza.
—No hables tonterías. Esta chica no viene de una familia adecuada —dijo Su
Yi.
Rachel sintió que su rostro se ponía caliente.
—He escuchado suficiente sobre esto —dijo con voz temblorosa, girándose
para salir de la habitación.
—No, Rachel, por favor no te vayas —dijo Nick, agarrándola del brazo—.
Necesito que oigas esto. Ah Ma, no sé qué historias te contaron, pero conocí a la
familia de Rachel y me gusta mucho. Ciertamente me han mostrado mucha más
cortesía, calidez y respeto de lo que nuestra familia le ha demostrado a Rachel.
—Por supuesto que deberían respetarte, después de todo, eres un Young —
dijo Su Yi.
—¡No puedo creer que hayas dicho eso! —gruñó Nick.
Eleanor se levantó y se acercó a Rachel, mirándola a los ojos.
—Rachel, estoy segura que eres una buena chica. Debes saber que te estoy
haciendo un favor. Con tu tipo de familia, serás miserable en esta familia…
—¡Deja de insultar a la familia de Rachel cuando ni siquiera los conoces! —
espetó Nick. Puso su brazo sobre el hombro de Rachel y declaró—. ¡Vámonos de
aquí!
—¿Has conocido a su familia? —dijo Eleanor detrás de él.
Nick se volvió con un ceño fruncido.
—Sí, he conocido a la madre de Rachel muchas veces, y fui a Acción de
Gracias en casa de su tío en California, donde conocí a muchos de sus parientes.
—¿Incluso su padre? —preguntó Eleanor, levantando una ceja.
—El padre de Rachel murió hace mucho tiempo, tú ya lo sabes —dijo Nick con
impaciencia.
—Bueno, esa es una historia muy conveniente, ¿no? Pero te aseguro que está
muy vivo —respondió Eleanor.
—¿Qué? —dijo Rachel, confundida.
—Rachel, puedes dejar de fingir, lah. Sé todo sobre tu padre…
—¿Qué?
—¡Aiyoh, mira su acto! —Eleanor torció el rostro burlonamente—. ¡Sabes tan
bien como yo que tu padre todavía está vivo!
Rachel miró a Eleanor como si estuviera hablando con una mujer trastornada.
—Mi padre murió en un horrible accidente industrial cuando tenía dos meses.
Es por eso que mi madre me llevó a América.
Eleanor estudió a la niña por un momento, tratando de discernir si estaba
haciendo la actuación de su vida o diciendo la verdad.
—Bueno, lamento ser quien te dé la noticia, Rachel. Tu padre no murió. Está
en una prisión a las afueras de Shenzhen. Lo conocí hace unas semanas. ¡El hombre
se estaba pudriendo detrás de barras oxidadas, pero todavía tuvo el descaro de
exigir una enorme dote a cambio de ti!
Eleanor sacó un sobre manila descolorido, el mismo sobre que le había dado
el investigador en Shenzhen. Colocó tres pedazos de papel sobre la mesa de café.
Una era una copia del certificado de nacimiento original de Rachel. El siguiente era
un recorte de prensa de 1992 sobre el encarcelamiento de un hombre llamado Zhou
Fang Min, después de haber ordenado medidas ilegales de reducción de costos que
llevaron a un accidente de construcción que mató a setenta y cuatro trabajadores
en Shenzhen (ACTUALIZACIÓN SOBRE LA TRAGEDIA DEL CONDOMINIO HUO
PENG: ¡MONSTRUO ENCARCELADO AL FIN! gritaba el titular). El tercero era un
aviso de una recompensa de la familia Zhou, por el regreso seguro de un bebé
llamado Zhou An Mei, que había sido secuestrada por su madre, Kerry Ching, en
1981.
Nick y Rachel dieron unos pasos hacia la mesa y miraron los papeles con
asombro.
—¿Qué diablos hiciste, mamá? ¿Has investigado a la familia de Rachel? —
Nick pateó la mesa de centro.
La abuela de Nick negó mientras sorbía su té.
—¡Imagina querer casarte con una chica de esa familia! ¡Qué vergonzoso!
Realmente, Nicky, ¿qué diría Gong Gong si estuviera vivo? Madri, este té necesita
un poco más de azúcar.
Nick estaba furioso.
—Ah Ma, me ha llevado unos veinte años, ¡pero finalmente entiendo por qué
papá se mudó a Sídney! ¡No puede soportar estar cerca de ti!
Su Yi dejó su taza de té, aturdida por lo que su nieto favorito acababa de decir.
Rachel agarró la muñeca de Nick con urgencia. Nunca olvidaría la expresión
de devastación en su rostro.
—Creo que… necesito aire —murmuró, antes de desplomarse en el carrito de
té de mimbre.
E
l apartamento no era el nido de amor que Astrid había imaginado, la
sala de estar era pequeña, con un sofá de vinilo verde, tres sillas de
comedor de madera y cubos de plástico azul brillante llenos de juguetes
que ocupaban un lado de la habitación. Solo los sonidos apagados de un vecino
practicando “Ballade pour Adeline” en el teclado eléctrico llenaron el silencio.
Astrid estaba parada en el medio del estrecho espacio, preguntándose cómo su vida
había llegado a esto. ¿Cómo llegó el momento en que su marido había recurrido a
huir a este triste romper room131?
—No puedo creer que consiguieras que los hombres de tu padre me rastreen
— murmuró Michael despectivamente, sentándose en el sofá y estirando los brazos
a lo largo del respaldo.
—Mi padre no tuvo nada que ver con esto. ¿No puedes darme un poco crédito
por tener mis propios recursos? —dijo Astrid.
—Estupendo. Tú ganas —dijo Michael.
—Así que aquí es donde has venido. ¿Es aquí donde vive tu amante? —se
atrevió finalmente a preguntar Astrid.
—Sí —dijo Michael rotundamente.
Astrid guardó silencio por un momento. Cogió un pequeño elefante de
peluche de uno de los cubos y lo apretó. El elefante hizo un rugido electrónico
amortiguado.
—¿Y estos son los juguetes de tu hijo?
Michael dudó por un momento.
—Sí —respondió finalmente.
—¡BASTARDO! —gritó Astrid, lanzándole el elefante con todas sus fuerzas. El
elefante rebotó en su pecho, y Astrid se dejó caer al suelo, temblando mientras su
cuerpo se sacudía con violentos sollozos—. No me importa... a quién te follas... pero
¿cómo pudiste hacerle esto... a nuestro hijo? —farfulló a través de sus lágrimas.
Michael se inclinó hacia adelante, enterrando la cabeza en sus manos. No
podía soportar verla así. Por mucho que deseara terminar su matrimonio, ya no
podía soportar seguir lastimándola. Las cosas se le habían salido de las manos, y
era hora de decir la verdad. Se levantó del sofá y se agachó junto a ella.

131 Un programa de televisión para niños que se emitió en los años 70 y 80. Ahora un término

de argot para describir un amasijo de tonterías cursis sobre la felicidad que insulta la inteligencia.
—Escúchame, Astrid. —Comenzó, colocando un brazo sobre su hombro.
Astrid se empujó hacia atrás y apartó su brazo—. Escúchame. El niño no es mi hijo,
Astrid.
Astrid lo miró, sin darse cuenta de lo que quería decir.
Michael miró a Astrid directamente a los ojos y dijo:
—Ese no es mi hijo, y no hay amante.
Astrid frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir? Sé que había una mujer aquí. Incluso la reconozco.
—La reconoces porque es mi prima. Jasmine Ng, su madre es mi tía y el niño
es su hijo.
—Entonces... ¿con quién has estado teniendo una aventura? —preguntó
Astrid, más confundida que nunca.
—¿No lo entiendes? Todo ha sido un acto, Astrid. Los mensajes de texto, los
regalos, ¡todo! Todo es falso.
—¿Falso? —susurró Astrid conmocionada.
—Sí, lo fingí todo. Bueno, excepto la cena en Petrus. Llevé a Jasmine como un
regalo, su esposo ha estado trabajando en Dubai y a ella le ha costado bastante
arréglaselas sola.
—No me lo puedo creer... —dijo Astrid, su voz se apagó con asombro.
—Lo siento, Astrid. Fue una idea estúpida, pero no pensé que tuviera otra
opción.
—¿Otra opción? ¿Qué quieres decir?
—Pensé que sería mucho mejor para ti querer dejarme que divorciarme de ti.
Prefiero ser etiquetado como el bastardo infiel con un hijo ilegítimo, para que
puedas... tu familia pueda salvar la cara —dijo Michael con abatimiento.
Astrid lo miró con incredulidad. Durante unos minutos, se quedó
completamente quieta mientras su mente examinaba todo lo que había sucedido en
los últimos meses. Entonces habló.
—Pensé que estaba enloqueciendo... Quería creer que tenías una aventura
amorosa, pero mi corazón seguía diciéndome que nunca me harías tal cosa. Ese no
era el hombre con el que me casé. Estaba tan confundida, tan en conflicto, y eso es
realmente lo que lo hizo tan doloroso. Una aventura o una amante podía haberlo
aceptado, pero algo más no me cuadraba, algo me seguía atormentando.
Finalmente, ahora está empezando a tener sentido.
—Nunca quise que esto sucediera —dijo Michael en voz baja.
—¿Entonces por qué? ¿Qué hice para hacerte tan miserable? ¿Qué te hizo
tomarse la molestia de fingir una aventura?
Michael suspiró profundamente. Se levantó del piso y se sentó en una de las
sillas de madera.
—Simplemente nunca funcionó, Astrid. Nuestro matrimonio. No ha
funcionado desde el primer día. Nos lo pasamos genial saliendo, pero nunca
deberíamos habernos casado. Nos éramos el uno para el otro, pero ambos nos
dejamos arrastrar por el momento (por, afrontémoslo, el sexo) que antes de darme
cuenta de lo que estaba sucediendo, estábamos frente a tu pastor. Pensé, qué
diablos, esta es la chica más hermosa que he conocido. Nunca seré tan afortunado
de nuevo. Pero entonces la realidad golpeó... y las cosas llegaron a ser demasiado.
Empeoró, año tras año, y lo intenté, realmente lo intenté, Astrid, pero ya no puedo
enfrentarlo. No tienes idea de lo que es estar casado con Astrid Leong. No tú,
Astrid, sino la idea que todos tienen de ti. Nunca podría estar a la altura.
—¿Qué quieres decir? Has estado a la altura... —Comenzó Astrid.
—Todos en Singapur piensan que me casé contigo por tu dinero, Astrid.
—¡Estás equivocado, Michael!
—¡No, simplemente no lo ves! Pero no puedo enfrentar otra cena en Nassim
Road o Tyersall Park con un ministro de finanzas, un artista genial al que no
entiendo, o un magnate que tiene un maldito museo que lleva su nombre, sintiendo
que solo soy una pieza de carne. Para ellos, yo siempre soy el esposo de Astrid. Y
esa gente, tu familia, tus amigos me miran con tal juicio. Todos están pensando;
Aiyah, podría haberse casado con un príncipe, un presidente, ¿por qué se casó con
este Ah Beng132 de Toa Payoh?
—¡Estas imaginando cosas, Michael! ¡Todos en mi familia te adoran! —
protestó Astrid.
—¡Eso es una mierda y lo sabes! ¡Tu padre trata a su maldito carrito de golf
mejor que a mí! Sé que mis padres no hablan el inglés de Queen, no crecí en una
gran mansión en Bukit Timah, y no asistí a ACS; Americana Jupa Vergas, como
solíamos llamarla, pero no soy un perdedor, Astrid.
—Por supuesto que no.
—¿Sabes cómo se siente ser tratado como si fuera el maldito chico de soporte
técnico todo el tiempo? ¿Sabes lo que se siente cuando tengo que visitar a tus
parientes cada año nuevo chino en sus increíbles casas, y luego tienes que venir
conmigo a los minúsculos apartamentos de mi familia en Tampines o Yishun?
—Nunca me ha importado, Michael. Me gusta tu familia.
—Pero a tus padres no. Piénselo... en los cinco años que llevamos casados, ni
una vez, ni una sola vez, mi madre y mi padre han sido invitados a cenar en la casa
de tus padres.
Astrid se puso pálida. Eso era cierto. ¿Cómo podría no haberse dado cuenta?
¿Cómo había sido su familia tan irreflexiva?
—Acéptalo, Astrid, tus padres nunca respetarán a mi familia de la misma
manera en que respetan a las familias de las esposas de tus hermanos. No somos
los poderosos Tan, Kah o Kee, somos Teo. Realmente no puedes culpar a tus

132 Término despectivo en Hokkien para un joven de clase baja que carece de educación o
gusto.
padres. Nacieron así; no está en su ADN asociarse con nadie que no sea de su clase,
alguien que no nazca siendo rico o de la realeza.
—Pero estás en camino de hacer exactamente eso, Michael. Mira lo bien que
lo está haciendo tu empresa —dijo Astrid alentadora.
—Mi empresa, ¡ja! ¿Quieres saber algo, Astrid? En diciembre pasado, cuando
la compañía finalmente llegó a un punto de equilibrio e hicimos nuestro primer
reparto de utilidades, obtuve un cheque de bonificación por doscientos treinta y
ocho mil dólares. Durante un minuto, un minuto entero, estaba tan feliz. Era la
mayor cantidad de dinero que había hecho en mi vida. Pero luego me di cuenta...
me di cuenta de que no importa cuánto tiempo trabaje, no importa lo duro que me
rompa el culo todos los días, nunca ganaré tanto dinero en toda mi vida como el
que tú ganarás en un mes.
—Eso no es verdad, Michael, ¡eso no es verdad! —gritó Astrid.
—¡No seas condescendiente conmigo! —gritó Michael enojado—. Sé cuáles
son tus ingresos. ¡Sé cuánto te costaron esos vestidos de París! ¿Sabes lo que se
siente al darse cuenta de que mi patética bonificación de doscientos mil dólares ni
siquiera puede pagar por uno de tus vestidos? ¿O que nunca seré capaz de darte el
tipo de casa en la que creciste?
—Estoy feliz donde vivimos, Michael. ¿Alguna vez me he quejado?
—Sé de todas tus propiedades, Astrid, de todas.
—¿Quién te habló de ellas? —preguntó Astrid sorprendida.
—Tus hermanos lo hicieron.
—¿Mis hermanos?
—Sí, tus queridos hermanos. Nunca te dije lo que sucedió cuando nos
comprometimos. Tus hermanos me llamaron un día y me invitaron a almorzar, y
todos se presentaron. Henry, Alex e incluso Peter, bajó de K.L. Me invitaron al club
de modas de Shenton Way al que todos pertenecen, me llevaron a uno de los
comedores privados y me hicieron sentar. Luego me mostraron uno de tus
informes financieros. Solo uno. Dijeron: Queremos que veas el panorama
financiero de Astrid, así tienes una idea de lo que ganó el año pasado. Y luego
Henry me dijo, y nunca olvidaré sus palabras: Todo lo que Astrid tiene es
salvaguardado por el mejor equipo de abogados del mundo. Nadie fuera de la
familia Leong se beneficiará o controlará su dinero. Ni si se divorcia, ni siquiera
si muere. Solo pensé que deberías saberlo, viejo.
Astrid estaba horrorizada.
—¡No lo puedo creer! ¿Por qué no me dijiste?
—¿De qué serviría? —dijo Michael amargamente—. ¿No lo ves? Desde el
primer día, tu familia no confió en mí.
—Nunca más tendrás que pasar un minuto con mi familia, lo prometo. Voy a
hablar con mis hermanos. Voy a darles el infierno. Y nadie nunca te pedirá que
recuperes sus discos duros ni que reprogrames sus bodegas nuevamente, lo
prometo. Solo por favor, no me dejes —suplicó, las lágrimas corrían por sus
mejillas.
—Astrid, estás diciendo tonterías. Jamás querría privarte de tu familia, tu vida
entera gira en torno a ellos. ¿Qué harías si no estuvieras el miércoles para el mah-
jongg con tu tía abuela Rosemary, para la cena del viernes en casa de tu Ah Ma, o la
noche de cine en el Club Pulau con tu padre?
—Puedo dejarlo. ¡Puedo dejar todo eso! —gritó Astrid, enterrando su cabeza
en su regazo y aferrándose a él con fuerza.
—No querría que lo hicieras. Serás más feliz sin mí a largo plazo. Te estoy
frenando.
—Pero ¿qué hay de Cassian? ¿Cómo puedes abandonar a nuestro hijo así?
—No lo estoy abandonando. Todavía pasaré tanto tiempo con él como me
dejes. ¿No lo ves? Si alguna vez me fuera a ir, este es el momento perfecto, antes de
que Cassian sea lo suficientemente mayor para ser afectado por ello. Nunca dejaré
de ser un buen padre para él, pero no puedo seguir casado contigo. Simplemente no
quiero vivir nunca más en tu mundo. No hay forma de que pueda estar a la altura
de tu familia, y no quiero seguir guardándote rencor por lo que eres. Cometí un
terrible error, Astrid. Por favor, por favor, solo déjame ir —dijo, con la voz ahogada.
Astrid miró a Michael, dándose cuenta de que era la primera vez que lo veía
llorar.
P
eik Lin llamó suavemente a la puerta.
—Adelante —dijo Rachel.
Peik Lin entró en la habitación con cautela, sosteniendo una
bandeja de oro con un cuenco de barro cubierto.
—Nuestro cocinero hizo algunos zhook pei daan para ti.
—Por favor, dale las gracias por mí —dijo Rachel desinteresadamente.
—Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras, Rachel, pero tienes que
comer —dijo Peik Lin, mirando el rostro demacrado de Rachel y las ojeras debajo
de sus ojos, hinchados por todo el llanto.
—Sé que me veo como el infierno, Peik Lin.
—Nada que un buen facial no arreglará. ¿Por qué no me dejas llevarte a un
spa? Conozco un gran lugar en Sentosa que tiene…
—Gracias, pero no creo que esté lista todavía. ¿Quizás mañana?
—Está bien, mañana —chilló Peik Lin. Rachel había estado diciendo lo mismo
durante toda la semana, pero no había salido del dormitorio una vez.
Cuando Peik Lin salió de la habitación, Rachel tomó la bandeja y la colocó
contra la pared junto a la puerta. No había tenido apetito durante días, no desde la
noche en que había huido de Cameron Highlands. Después de desmayarse en la
sala de estar frente a la madre y abuela de Nick, había sido revivida rápidamente
por los servicios expertos de las doncellas tailandesas de Shang Su Yi. Cuando
recuperó el conocimiento, encontró una toalla fría que una criada le aplicaba en la
frente, mientras que la otra le hacía reflexología en el pie.
—No, no, por favor, paren —dijo Rachel, tratando de levantarse.
—No debes levantarte tan rápido. —Oyó decir a la madre de Nick.
—La chica tiene una constitución tan débil. —Oyó murmurar a la abuela de
Nick desde el otro lado de la habitación. El rostro de preocupación de Nick apareció
sobre ella.
—Por favor, Nick, sácame de aquí —suplicó débilmente. Nunca había querido
irse de un lugar más desesperadamente en su vida. Nick la tomó en sus brazos y la
llevó hacia la puerta.
—¡No puedes irte ahora, Nicky! ¡Está demasiado oscuro para bajar la
montaña, lah! —los llamó Eleanor.
—Deberías haber pensado en eso antes de que decidieras jugar a ser Dios con
la vida de Rachel —dijo Nick con los dientes apretados.
Mientras conducían por la sinuosa carretera alejándose de la casa, Rachel
dijo:
—No tienes que conducir por la montaña esta noche. Solo déjame en la ciudad
por la que pasamos.
—Podemos ir a donde tú quieras, Rachel. ¿Por qué no bajamos de esta
montaña y pasamos la noche en K.L.? Podemos llegar allí a las diez.
—No, Nick. No quiero conducir más. Necesito un poco de tiempo para mí.
Solo déjame en la ciudad.
Nick guardó silencio por un momento, pensando cuidadosamente antes de
responder.
—¿Qué vas a hacer?
—Quiero registrarme en un motel e irme a dormir, eso es todo. Solo quiero
estar lejos de todos.
—No estoy seguro de que deberías estar sola en este momento.
—Por el amor de Dios, Nick, no soy un caso perdido, no voy a cortarme las
muñecas ni tomar un millón de Seconales. Solo necesito tiempo para pensar —
respondió Rachel bruscamente.
—Déjame estar contigo.
—Realmente necesito estar sola, Nick. —Sus ojos parecían vidriosos.
Nick sabía que estaba en un profundo estado de shock, él estaba
conmocionado, por lo que apenas podía imaginar lo que ella estaba pasando. Al
mismo tiempo, estaba atormentado por la culpa, sintiéndose responsable del daño
que se había hecho. Era su culpa otra vez. Con la intención de encontrarle a Rachel
un refugio tranquilo, la había llevado inadvertidamente a un nido de víboras.
Incluso jaló su mano para que fuera mordida. ¡Su maldita madre! Tal vez una
noche sola no le haría ningún daño.
—Hay una pequeña posada en el valle inferior llamada Lakehouse. ¿Por qué
no te llevo allí y te registro en una habitación?
—Está bien —respondió aturdida.
Condujeron en silencio durante la siguiente media hora, Nick sin apartar los
ojos de las traicioneras curvas, mientras Rachel miraba el torrente de negrura por
su ventana. Se detuvieron en Lakehouse poco después de las ocho. Era una
encantadora casa con techo de paja que parecía que había sido transportada
directamente desde los Cotswolds, pero Rachel estaba demasiado aturdida para
notar nada de eso.
Después que Nick la hubiera registrado en una habitación lujosamente
decorada, encendió los troncos en la chimenea de piedra y se despidió de ella con
un beso, prometiéndole regresar a primera hora de la mañana, Rachel salió de la
habitación y se dirigió directamente al mostrador de recepción.
—¿Puedes detener el pago de esa tarjeta de crédito? —le dijo al empleado
nocturno—. No necesitaré la habitación, pero necesitaré un taxi.
***
Tres días después de llegar donde Peik Lin, Rachel se acurrucó en el piso en el
rincón más alejado de la habitación y reunió el coraje de llamar a su madre en
Cupertino.
—Aiyah, tantos días y no he tenido noticias tuyas. ¡Debes estar pasándolo tan
bien! —dijo Kerry Chu alegremente.
—Como el infierno que lo estoy.
—¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Pelearon tú y Nick? —preguntó Kerry, preocupada
por el extraño tono de su hija.
—Solo necesito saber una cosa, mamá, ¿mi padre aún está vivo?
Hubo una mínima pausa en el otro extremo de la línea.
—¿De qué estás hablando, hija? Tu padre murió cuando eras bebé. Lo sabes.
Rachel clavó sus uñas en la alfombra de felpa.
—Te voy a preguntar una vez más, ¿Está. Mi. Padre. Vivo?
—No entiendo. ¿Qué has escuchado?
—Sí o no, mamá. ¡No pierdas mi jodido tiempo! —escupió.
Kerry se quedó sin aliento por la fuerza de la ira de Rachel. Sonaba como si
estuviera en la habitación contigua.
—Hija, debes calmarte.
—¿Quién es Zhou Fang Min? —Ahí. Lo había dicho.
Hubo una larga pausa antes que su madre dijera nerviosamente:
—Hija, tienes que dejarme explicarte.
Podía sentir el corazón palpitando en sus sienes.
—Así que es cierto. Está vivo.
—Sí, pero…
—¡Así que todo lo que me has contado toda mi vida ha sido una mentira!
¡UNA GRAN JODIDA MENTIRA! —Rachel apartó el teléfono de su rostro y gritó,
sus manos temblaban de ira.
—No, Rachel…
—Voy a colgar ahora, mamá.
—¡No, no, no cuelgues! —suplicó Kerry.
—¡Eres una mentirosa! ¡Una secuestradora! Me has privado de conocer a mi
padre, mi verdadera familia. ¿Cómo pudiste, mamá?
—No sabes lo odioso que era. No entiendes lo que pasé.
—Ese no es el punto, mamá. Me mentiste. Acerca de lo más importante de mi
vida. —Rachel se estremeció cuando rompió a llorar.
—¡No, no! Tú no entiendes...
—Tal vez si no me hubieras secuestrado, no hubiera hecho todas las cosas
horribles que hizo. Tal vez no estaría en la cárcel ahora. —Miró su mano y se dio
cuenta que estaba sacando mechones de la alfombra.
—No, hija. Tenía que salvarte de él, de su familia.
—Ya no sé qué creer, mamá. ¿En quién puedo confiar ahora? Mi nombre ni
siquiera es real. ¿CUÁL ES MI VERDADERO NOMBRE?
—¡Cambié tu nombre para protegerte!
—Ya no sé quién carajo soy.
—¡Eres mi hija! ¡Mi preciosa hija! —gritó Kerry, sintiéndose completamente
indefensa de pie en su cocina en California mientras el corazón de su hija se rompía
en algún lugar de Singapur.
—Tengo que irme ahora, mamá.
Colgó el teléfono y se arrastró hasta la cama. Estaba tendida de espaldas,
dejando que su cabeza colgara de un lado. Tal vez la avalancha de sangre detendría
los latidos, terminaría con el dolor.
***
La familia Goh estaba sentada frente a un poh piah cuando Rachel entró al
comedor.
—¡Allí está! —gritó jovialmente Wye Mun—. Te dije que Jane Ear bajaría
tarde o temprano.
Peik Lin le hizo una mueca a su padre, mientras que su hermano Peik Wing
dijo:
—Jane Eyre era la niñera, papá, no la mujer que…
—Ho lah, ho lah, sabelotodo, entiendes mi punto —dijo Wye Mun
despectivamente.
—¡Rachel, si no comes algo vas deeesaparecer! —reprendió Neena—.
¿Tomarás un poh piah?
Rachel miró a la perezosa Susan gimiendo con docenas de pequeños platos de
comida que parecían completamente aleatorios y se preguntó qué tendrían.
—Claro, tía Neena. ¡Me estoy muriendo de hambre!
—Eso es lo que me gusta escuchar —dijo Neena—. Ven, ven, déjame hacerte
uno. —Colocó una fina crepe de harina de trigo en un plato con borde de oro y
recogió una gran porción de carne y vegetales en el centro. Luego untó salsa dulce
de hoisin en un lado de la crepe y cogió los pequeños platos, esparciendo gambas
gruesas, carne de cangrejo, tortilla frita, chalotes, cilantro, ajo picado, salsa de chile
y maní molido sobre el relleno. Terminó esto con otra generosa llovizna de dulce
hoisin y dobló hábilmente la crepe en lo que parecía un enorme burrito abultado—.
¡Nah-ziak! —ordenó la madre de Peik Lin.
Rachel comenzó a ingerir su poh piah vorazmente, apenas probando la jícama
y la salchicha china en el relleno. Había pasado una semana desde que había
comido cualquier cosa.
—¿Ves? ¡Mira su sonrisa! No hay nada en el mundo que una buena comida no
pueda arreglar —dijo Wye Mun, sirviéndose otra crepe.
Peik Lin se levantó de su asiento y le dio un gran abrazo a Rachel desde atrás.
—Es bueno tenerte de vuelta —dijo, sus ojos se humedecieron.
—Gracias. De hecho, realmente necesito agradecerles a todos, desde el fondo
de mi corazón, por dejarme acampar aquí por tanto tiempo —agregó Rachel.
—¡Aiyah, estoy tan feliz de que estés comiendo de nuevo! —Sonrió Neena—.
¡Ahora es la hora de los hel-lados de mango!
—¡Helado! —gritaron encantadas las nietas Goh.
—Has pasado por mucho, Rachel Chu. Me alegra que podamos ayudar. —
Asintió Wye Mun—. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
—No, no, me he quedado más de lo esperado. —Rachel sonrió tímidamente,
preguntándose cómo podía haberse permitido encerrarse en la habitación de
invitados durante tantos días.
—¿Has pensado en lo que vas a hacer? —preguntó Peik Lin.
—Sí. Voy a regresar a los Estados Unidos. Pero primero. —Hizo una pausa,
respirando profundamente—. Creo que tengo que ir a China. He decidido que, para
bien o para mal, quiero conocer a mi padre.
Toda la mesa quedó en silencio por un momento.
—¿Cuál es la prisa? —preguntó suavemente Peik Lin.
—Ya estoy en este lado del mundo, ¿por qué no lo conocerlo ahora? —dijo
Rachel, tratando de que pareciera que no era gran cosa.
—¿Vas a ir con Nick? —preguntó Wye Mun.
El rostro de Rachel se ensombreció.
—No, él es la última persona con la que quiero ir a China.
—¿Vas a decírselo? —inquirió delicadamente Peik Lin.
—Podría... aún no lo he decidido. Simplemente no quiero una recreación de
Apocalypse Now. Estaré en la mitad del encuentro con mi padre por primera vez y
lo siguiente que sabré es que uno de los familiares de Nick aterrizará en el patio de
la prisión en un helicóptero. Me alegraré si nunca tengo que ver otro jet privado, un
yate o un automóvil lujoso por el resto de mi vida —declaró con vehemencia
Rachel.
—Está bien, papá, cancela la membresía de NetJets —dijo Peik Wing en tono
de broma.
Todos en la mesa se rieron.
—Nick ha estado llamando todos los días, ya sabes —dijo Peik Lin—. Estoy
segura que lo haría.
—Ha sido bastante patético —informó P.T. —. Eran cuatro veces al día cuando
llegaste aquí, pero se redujo a una vez al día. Condujo hasta aquí dos veces, con la
esperanza que pudiéramos dejarlo entrar, pero los guardias le dijeron que tenía que
irse.
El corazón de Rachel se hundió. Podía imaginarse cómo se sentía Nick, pero
al mismo tiempo, no sabía cómo enfrentarlo. De repente se había convertido en un
recordatorio de todo lo que había salido mal en su vida.
—Deberías verlo —dijo suavemente Wye Mun.
—No estoy de acuerdo, papá —dijo la esposa de Peik Wing, Sheryl—. Si fuera
Rachel, nunca más volvería a querer ver a Nick ni a nadie en esa malvada familia.
¿Quién se creen que son? ¡Tratando de arruinar la vida de las personas!
—Alamak, ¿por qué hacer sufrir al pobre muchacho? ¡No es su culpa que su
madre sea una chao chee bye! —exclamó Neena.
Toda la mesa estalló en carcajadas, a excepción de Sheryl, que hizo una mueca
mientras cubría las orejas de sus hijas.
—¡Hiyah, Sheryl, son demasiado jóvenes para saber lo que significa! —Neena
le aseguró a su nuera.
—¿Qué significa eso? —preguntó Rachel.
—Coño podrido —susurró P.T. con deleite.
—No, no, coño maloliente y podrido —corrigió Wye Mun. Todos rugieron de
nuevo, incluida Rachel.
Recuperándose, Rachel suspiró.
—Creo que debería verlo.
***
Dos horas más tarde, Rachel y Nick estaban sentados a una mesa con
sombrillas junto a la piscina de Villa d'Oro, el sonido de las fuentes doradas
goteando marcaba el silencio. Rachel contempló las ondas de agua que se
reflejaban en los mosaicos dorados y azules. No podía obligarse a mirar a Nick.
Extrañamente, lo que había sido el rostro más bello del mundo para ella se había
vuelto demasiado doloroso de mirar. Se encontró repentinamente muda, sin saber
muy bien cómo comenzar.
Nick tragó nerviosamente.
—Ni siquiera sé cómo comenzar a pedir tu perdón.
—No hay nada que perdonar. No fuiste responsable de esto.
—Pero lo soy. He tenido mucho tiempo para pensarlo. Te puse en una
situación horrenda después de otra. Lo siento mucho, Rachel. He sido
imprudentemente ignorante sobre mi propia familia, no tenía idea de lo loca que se
pondría mi madre. Y siempre pensé que mi abuela quería que fuera feliz.
Rachel miró el húmedo vaso de té helado frente a ella, sin decir nada.
—Estoy tan aliviado de ver que estás bien. He estado tan preocupado —dijo
Nick.
—He estado bien atendida por los Goh —dijo Rachel simplemente.
—Sí, conocí a los padres de Peik Lin antes. Son encantadores. Neena Goh
exigió que fuera a cenar. No esta noche, por supuesto, pero...
Rachel dio un leve indicio de una sonrisa.
—La mujer es alimentadora, y parece que has perdido algo de peso. —En
realidad, se veía terrible. Nunca lo había visto así; parecía que había dormido con
su ropa, y su cabello había perdido su brillo.
—No he comido mucho.
—¿Tu viejo cocinero en Tyersall Park no ha estado preparando todos tus
platos favoritos? —dijo Rachel con sarcasmo. Sabía que su enojo reprimido estaba
mal dirigido a Nick, pero en el momento no pudo evitarlo. Se dio cuenta de que era
una víctima de las circunstancias tanto como ella, pero aún no podía mirar más allá
de su propio dolor.
—En realidad, no estoy quedándome en Tyersall Park—dijo Nick.
—¿Oh?
—No he querido ver a nadie desde esa noche en Cameron Highlands, Rachel.
—¿Has vuelto al Hotel Kingsford?
—Colin me dejó quedarme en su casa de Sentosa Cove mientras está de viaje
de luna de miel. Él y Araminta también han estado muy preocupados por ti,
¿sabes?
—Qué agradable de su parte —dijo rotundamente, mirando hacia la piscina a
la réplica de la Venus de Milo. Una estatua sin brazos de una bella doncella luchada
por coleccionistas durante siglos, a pesar de que sus orígenes nunca han sido
verificados. Tal vez alguien debería cortar sus brazos también. Tal vez se sentiría
mejor.
Nick extendió la mano y colocó su mano sobre la de Rachel.
—Volvamos a Nueva York. Vamos a casa.
—He estado pensando... Tengo que ir a China. Quiero conocer a mi padre.
Nick se detuvo.
—¿Estás segura que estás lista para eso?
—¿Alguna vez alguien está listo para encontrar al padre que nunca conoció,
que está en una prisión?
Nick suspiró.
—Bueno, ¿cuándo vamos?
—En realidad, Peik Lin viene conmigo.
—Oh —dijo Nick, un poco desconcertado—. ¿Puedo ir? Me gustaría estar allí
para ti.
—No, Nick, esto es algo que tengo que hacer sola. Ya es suficiente que Peik Lin
insistiera en venir. Pero su padre tiene amigos en China que están ayudando con la
burocracia, así que no pude decir que no. Entraré y saldré en un par de días, y luego
estaré lista para regresar a Nueva York.
—Bueno, hazme saber cuándo quieres cambiar la fecha de regreso en nuestros
boletos de avión. Estoy listo para ir a casa en cualquier momento, Rachel.
Rachel inhaló profundamente, preparándose para lo que estaba por decir.
—Nick, tengo que volver a Nueva York... por mi cuenta.
—¿Por tu cuenta? —dijo Nick sorprendido.
—Sí. No necesito que acortes tus vacaciones de verano y vueles de regreso
conmigo.
—No, no, ¡estoy tan harto de este lugar como tú! ¡Quiero irme a casa contigo!
—insistió Nick.
—Esa es la cosa, Nick. No creo poder lidiar con eso en este momento.
Nick la miró con tristeza. Ella estaba claramente todavía en un mundo de
dolor.
—Y cuando vuelva a Nueva York —continuó, su voz temblorosa—, no creo que
debamos vernos más.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir? —dijo Nick alarmado.
—Quiero decir exactamente eso. Sacaré mis cosas de tu apartamento tan
pronto como regrese, y luego cuando vuelvas...
—¡Rachel, estás loca! —dijo Nick, saltando de su silla y agachándose a su
lado—. ¿Por qué estás diciendo todo esto?, te amo. Quiero casarme contigo.
—También te amo. —Lloró Rachel—. Pero no lo ves, nunca va a funcionar.
—Por supuesto que lo hará. ¡Por supuesto que lo hará! Me importa un comino
lo que mi familia piense, quiero estar contigo, Rachel.
Rachel negó con la cabeza lentamente.
—No es solo tu familia, Nick. Son tus amigos, tus amigos de la infancia, son
todos en esta isla.
—Eso no es verdad, Rachel. Mis mejores amigos piensan muy bien de ti.
Colin, Mehmet, Alistair, y hay tantos amigos míos que ni siquiera has tenido la
oportunidad de conocer. Pero ese es el punto. Vivimos en Nueva York ahora.
Nuestros amigos están allí, nuestra vida está allí, y ha sido genial. Continuará
siendo grandiosa una vez que hayamos dejado atrás toda esta locura.
—No es tan simple, Nick. Probablemente no lo notaste, pero dijiste “ahora
vivimos en Nueva York”. Pero no siempre vivirás en Nueva York. Volverás algún
día, probablemente dentro de los próximos años. No te engañes, toda tu familia
está aquí, tu legado está aquí.
—¡Oh, mierda todo eso! Sabes que no me importa nada de esa mierda.
—Eso es lo que dices ahora, pero ¿no ves cómo las cosas podrían cambiar con
el tiempo? ¿No crees que podrías comenzar a resentirme en los próximos años?
—Nunca podría resentirte, Rachel. ¡Eres la persona más importante en mi
vida! No tienes idea, apenas he dormido, apenas he comido, los últimos siete días
han sido un infierno absoluto sin ti.
Rachel suspiró, cerrando los ojos por un momento.
—Sé que has estado sufriendo. No quiero hacerte daño, pero creo que es
realmente lo mejor.
—¿Romper? No tienes ningún sentido, Rachel. Sé lo mucho que te duele en
este momento, pero romper no hará que duela menos. Déjame ayudarte, Rachel.
Déjame cuidar de ti —suplicó Nick fervientemente, su cabello cayendo sobre sus
ojos.
—¿Qué pasa si tenemos hijos? Nuestros hijos nunca serán aceptados por tu
familia.
—¿A quién le importa? Tendremos nuestra propia familia, nuestras propias
vidas. Nada de esto es importante.
—Es importante para mí. Lo he estado pensando infinitamente, Nick. Ya
sabes, al principio estaba tan conmocionada por conocer mi pasado. Estaba
devastada por las mentiras de mi madre, por darme cuenta de que incluso mi
nombre no era real. Sentí que me habían robado toda mi identidad. Pero luego me
di cuenta... nada de eso realmente importa. ¿Qué es un nombre de todos modos?
Los chinos estamos tan obsesionados con los apellidos. Estoy orgullosa de mi
propio nombre. Estoy orgullosa de la persona en la que me he convertido.
—Yo también —dijo Nick.
—Así que tendrás que entender que, por mucho que te ame, Nick, no quiero
ser tu esposa. No quiero ser parte de una familia como la tuya. No me puedo casar
con un clan que piense que es demasiado bueno para tenerme. Y no quiero que mis
hijos estén conectados a esas personas. Quiero que crezcan en un hogar amoroso y
afectuoso, rodeado de abuelos, tías, tíos y primos que los consideran iguales.
Porque eso es lo que tengo, Nick. Lo has visto tú mismo, cuando llegaste a casa el
último día de Acción de Gracias. Ya viste cómo es con mis primos. Somos
competitivos, nos molestamos el uno al otro sin piedad, pero al final del día nos
apoyamos mutuamente.
»Eso es lo que quiero para mis hijos. Quiero que ellos amen a su familia, que
sientan un profundo sentido de orgullo en quienes son como individuos, Nick, no
en cuánto dinero tienen, en su apellido o en cuántas generaciones regresan a la
dinastía. Lo siento, pero ya tuve suficiente. Ya he tenido suficiente con todos estos
asiáticos ricos y locos, todas estas personas cuyas vidas giran en torno a ganar
dinero, gastar dinero, hacer alarde de dinero, comparar dinero, esconder dinero,
controlar a otros con dinero y arruinar sus vidas por dinero. Y si me caso contigo,
no habrá escapatoria, incluso si vivimos del otro lado del mundo.
Los ojos de Rachel estaban llenos de lágrimas, y por más que Nick quisiera
insistir en que estaba equivocada, sabía que nada de lo que pudiera decir ahora la
convencería de lo contrario. En cualquier parte del mundo, ya sea Nueva York,
París o Shanghai, la había perdido.
SINGAPUR

D
ebió de haber sido un ave o algo, pensó Nick, despertando con un
sonido. Había una urraca azul que le gustaba golpear su pico contra el
cristal que reflejaba la alberca cada mañana. ¿Cuánto había dormido?
Eran las 7:45 a.m., así que eso significaba que había dormido al menos cuatro horas
y media. Nada mal, considerando que no había sido capaz de dormir más de tres
horas por la noche, desde que Rachel terminó con él hace una semana. La cama
estaba bañada de luz que provenía del techo de cristal, y ahora estaba demasiado
brillante para que regresara a dormir. ¿Cómo le hacía Colin para dormir en este
lugar? Existía algo demasiado impráctico sobre vivir en una casa que consistía en
albercas reflejantes y paredes de cristal.
Nick dio la vuelta, encarando la pared decorada al estilo vietnamita con la
fotografía grande de Hiroshi Sugimoto. Era una imagen de sus series en el cine a
blanco y negro, el interior de algún viejo teatro en Ohio. Sugimoto había dejado el
obturador abierto por todo el rollo para que la larga pantalla se volviera un
brillante portal de luz. Para Nick, parecía un portal a un universo paralelo, y
deseaba poder entrar y desaparecer. Quizás regresar en el tiempo. A abril o mayo.
Debió de haberlo pensado mejor. Nunca debió de haber invitado a Rachel sin antes
haberle dado un curso intensivo sobre como lidiar con su familia: “Ricos,
intituladas delirantes familias chinas 101” ¿Realmente él podría ser parte de esa
familia? Entre más viejo se volvía, y entre más años pasaba lejos de casa, más
extraño se sentía con ellos. Ahora que estaba en sus treinta, las expectativas
seguían creciendo, y las reglas cambiando. Ya no sabía cómo seguir en este lugar. Y
aun así amaba regresar a casa. Amaba las largas tardes de lluvia en casa de su
abuela, buscar kueh tutu133 en Chinatown, las largas caminatas en MacRitchie
Reservoir al anochecer con su padre.
Ahí estaba nuevamente el sonido. Esta vez no parecía la urraca azul. Se había
dormido sin activar el sistema de seguridad, y ahora alguien definitivamente estaba
en la casa. Se colocó unos shorts y salió de puntas de la habitación. La habitación
de huéspedes era accesible a través de un pasillo de cristal que llegaba a la parte
trasera de la casa, y mirando hacia abajo, podías ver el reflejo de algo moviéndose a
través de los pulidos suelos de roble brasileño. ¿Estaban robando la casa? Sentosa
Cove estaba tan aislada, y cualquiera que leyera chismes sabría que Colin Khoo y
Araminta Lee estaban fuera en su maravillosa luna de miel, navegando en su yate
alrededor de la costa Dalmatian.
Nick buscó alrededor por un arma; lo único que pudo encontrar fue un
didyeridú contra la pared del baño de huéspedes (¿Alguien toca realmente un

133 Kueh tutu: Es un pastel de harina de arroz en forma de flor relleno de coco rallado, y es un

postre tradicional de Singapur.
didyeridú mientras está en el baño?). Bajó las escaleras de titanio y se dirigió a la
cocina, levantando el didyeridú para golpear, justo cuando Colin apareció a la
vuelta de la esquina.
—¡Cristo! —maldijo Nick en sorpresa, bajando su arma.
Colin no parecía sorprendido al ver a Nick en nada más que shorts de fútbol,
sacudiendo un colorido didyeridú.
—No creo que eso sea una buena arma, Nick —dijo—. Debiste de haber ido
por la espada samurái en mi recamara.
—¡Pensaba que alguien estaba robando!
—Nadie roba aquí. Este vecindario es demasiado seguro, y los ladrones no se
molestarían en entrar solo para robar aparatos de cocina.
—¿Qué haces de regreso, tan pronto de tu luna de miel? —preguntó Nick,
rascándose la cabeza.
—Bueno, escuché rumores perturbadores que mi mejor amigo estaba suicida y
consumiéndose en mi casa.
—Consumiéndose, pero no suicida —gruñó Nick.
—De verdad, Nick, tienes a muchas personas preocupadas por ti.
—Oh, ¿cómo quién? Y no digas que mi madre.
—Sophie ha estado preocupada. Araminta. Incluso Mandy. Ella me marcó en
Hvar. Creo que se siente realmente mal por como actuó.
—Bueno, el daño está hecho —dijo Nick molesto.
—Escucha, ¿por qué no te preparo un desayuno rápido? Parece que no has
comido en años.
—Eso estaría genial.
—Observa mientras el iron chef intenta freír algo de hor boo daan134.
Nick se sentó en una banca en la isla de la cocina, comiendo su desayuno.
Levanto una cucharada de huevos.
—Casi tan buenos como Ah Ching.
—Pura suerte. Mi bao daan, normalmente termina siendo huevos revueltos.
—Bueno, es la mejor cosa que he comido en toda la semana. En realidad, lo
único que he comido. Me la he pasado en tu sofá, tomando cerveza y mirando
episodios de Mad Men. Por cierto, ya no te quedan Red Stripe.
—Esta es la primera vez que realmente has estado deprimido, ¿verdad?
Finalmente, el rompecorazones descubre lo que se siente tener su corazón roto.
—Realmente no tengo esa fama. Alistair, es el verdadero rompecorazones.
—Espera un minuto… ¿no escuchaste? ¡Kitty Pong, lo dejó!
—Ahora, eso sí es una sorpresa —respondió Nick secamente.

134 Hor boo daan: Cantones para “huevos envueltos fritos”.
—No, ¡no sabes la historia completa! En la ceremonia del té el día antes de la
boda, Araminta y yo estábamos a mitad de servirle el té a la señora Lee Yong Chien,
cuando todos escuchamos un extraño sonido proviniendo de algún lado. Sonaba
como un traqueteo cruzado con alguna clase de animal de granja dando a luz.
Nadie podía descifrar qué era. Pensamos que era un murciélago atorado en alguna
parte. Así que algunos de nosotros comenzamos a buscar discretamente, y tú sabes
cómo es la casa colonial en Belmont Road, están estos armarios gigantes por todas
partes. Bueno, el pequeño Rupert Khoo, abre la puerta bajo la gran escalera y a la
vista Kitty y Bernard Tai, ¡frente a todos los invitados!
—¡NOOOOOOO! —exclamó Nick.
—Y eso no es lo peor. Bernard estaba inclinado, con sus pantalones en los
tobillos, y ¡Kitty todavía tenía dos dedos en su trasero cuando la puerta abrió!
Nick comenzó a reír histéricamente, golpeando repetidamente la barra
mientras lagrimas corrían por sus mejillas.
—¡Debiste de haber visto la mirada de la señora Lee Yong Chien! ¡Pensé que
tendría que aplicarle RCP! —dijo Colin burlonamente.
—Gracias por la risa… necesitaba eso. —Nick suspiró, tratando de recuperar el
aliento—. Me siento mal por Alistair.
—Oh, lo superará. Me preocupas más tú. De verdad, ¿qué vas a hacer sobre
Rachel? Necesitamos limpiarte y regresarte a tu corcel blanco. Creo que Rachel
podría usar tu ayuda más que nunca.
—Lo sé, pero ella es tan clara sobre quererme fuera de su vida. Dejó claro que
no quería volverme a ver, y esos jodidos Goh han hecho un excelente trabajo al
reforzarlo.
—Ella todavía se encuentra conmocionada, Nicky. Con todo lo que le sucedió,
¿cómo podría saber qué es lo que quiere?
—La conozco Colin. Cuando ya ha tomado la decisión, no existe cambio. ¡Ella
no es sentimental! Es práctica, y es tan terca. Decidió eso por la manera en la que
es mi familia, estar juntos nunca funcionará. ¿Puedes culparla después de lo que le
hicieron? ¿No es irónico? Todos pensaban que era una clase de caza recompensas,
cuando es lo opuesto. Terminó conmigo por la culpa de mi dinero.
—Te dije que me gustó desde el día en que nos conocimos, ella es la indicada,
¿no es así? —dijo Colin.
Nick miró por la ventana hacia la bahía. En la bruma de la mañana, el cielo de
Singapur casi se parecía al de Manhattan.
—Amaba la vida que teníamos en Nueva York —dijo soñadoramente—. Amaba
despertarme temprano el domingo por la mañana, e ir a Murray por un sándwich
de bagel con ella. Amaba pasar horas caminando por West Village, ir a Washington
Square Park para ver a los perros jugar. Pero lo jodí. Soy la razón por la que su vida
se volvió un desastre.
—Tú no eres el motivo, Nicky.
—Colin… arruiné su vida. Por mi culpa, ya no habla más con su madre, y ellas
eran mejores amigas. Por mi culpa, descubrió que su padre es un convicto, que
todo en lo que creía es una mentira. Nada de esto hubiera sucedido si no la hubiera
traído. Por mucho que quiera creer que una parte de ella todavía me ama, estamos
atrapados en una situación imposible. —Nick suspiró.
Un golpeteo repentino, como en clave morse, resonó en la cocina.
—¿Qué es eso? —preguntó Colin, mirando al rededor—. De verdad espero que
no sean Kitty y Bernard de nuevo.
—No, esa es la urraca azul —dijo Nick, levantándose del banco y dirigiéndose
a la sala.
—¿Qué urraca azul?
—¿No lo sabes? Cada mañana, esta urraca azul, sin falta, viene y por diez
minutos vuela hacia el cristal y lo golpea.
—Supongo que nunca estoy despierto tan temprano. —Colin entró a la sala y
miró por la ventana, encantado por el ave azul cobalto volando, y su pequeño pico
negro golpeando el panel de cristal por un minuto antes de alejarse y regresar
segundos más tarde, como un pequeño péndulo columpiándose contra el cristal.
—Me sigo preguntando si solo está afilando su pico, o si realmente quiere
entrar.
—¿No has intentando abrir la ventana y ver si entra? —sugirió Colin.
—Er… no —dijo Nick, mirando a su amigo como si hubiera sido lo más
brillante que había escuchado. Colin tomó el control de la casa y presionó un botón.
Los paneles de cristal comenzaron a abrirse sin esfuerzo.
La urraca azul entró volando a toda velocidad, dirigiéndose a la enorme
pintura de puntos brillantes, donde comenzó a picotear todos los puntos amarillos.
—¡Dios mío! ¡El Damien Hirst! ¡Ha estado atraído a esos puntos todo este
tiempo! —gritó Nick sorprendido.
—¿Estás seguro que no es el crítico más pequeño del mundo? —bromeó
Colin—. ¡Mira la manera en la que está atacando la pintura!
Nick se apresuró a la pintura, moviendo los brazos para ahuyentar al ave.
Colin se sentó sobre su banca George Nakashima.
—Bueno, Nicky, odio señalar lo obvio, pero aquí está esta pequeña ave que ha
querido a travesar un cristal a prueba de balas. Una situación completamente
imposible. Tú me dijiste que ha estado aquí todos los días golpeando
persistentemente por diez minutos. Bueno, hoy ese cristal ha caído.
—¿Me estás diciendo que tengo que liberar al ave? ¿Solo tengo que dejar ir a
Rachel?
Colin le dio a Nick una mirada desesperada.
—No, ¡idiota! Si amas a Rachel tanto como dices, entonces tú tienes que ser
esa urraca azul.
—Está bien, así que, ¿qué debería de hacer la urraca azul? —preguntó Nick.
—Él nunca dejaría de intentarlo. Tomaría la situación imposible y la haría
todo posible.
L
a lancha Corsaair recogió a Astrid del embarcadero en la playa en forma
de media luna y aceleró hacia las profundidades de las aguas esmeralda
de Repulse Bay. Rodeando la ensenada, Astrid logró tener un primer
vistazo al majestuoso junco chino de tres mástiles amarrado en Chung Hom Wan,
con Charlie de pie en su proa, saludándola.
—¡Que magnifico! —dijo Astrid mientras la lancha se colocaba a lado del
junco.
—Pensé que te gustaría que te recogieran —dijo Charlie encogiéndose de
hombros, mientras le ayudaba a subir a cubierta. Él había observado ansiosamente
desde el costado, desde hace un par de semanas, cómo Astrid progresaba en las
etapas del duelo, pasando de la sorpresa a la ira a la desesperación, mientras
permanecía escondida en su departamento. Cuando pareció que lo había aceptado,
la invitó a una tarde de navegación, pensando que algo de aire fresco le ayudaría.
Astrid pisó el barco y se acomodó los pantalones azul marino.
—¿Debería de quitarme los zapatos?
—No, no. Si estuvieras usando tus usuales tacones, eso sería una cosa, pero
estás bien con zapatos bajos —le aseguró Charlie.
—Bueno, no querría arruinar nada de este increíble trabajo de madera. —
Astrid admiró las relucientes superficies doradas a su alrededor—. ¿Por cuánto
tiempo has tenido este junco?
—Técnicamente, pertenece a la compañía, puesto que se supone lo usamos
para impresionar a los clientes, pero he estado trabajando en su restauración en los
últimos tres años. Un proyecto para los fines de semana, tú sabes.
—¿Qué tan viejo es?
—Ella es del siglo dieciocho, un junco pirata que contrabandeaba opio dentro
y fuera de las pequeñas islas de los alrededores del sur de Conton, que es
precisamente el curso que preparé para hoy —dijo Charlie, al mismo tiempo que
daba la orden para zarpar. Las gigantescas lonas fueron desplegadas, cambiando el
color de la madera de un café quemado a un brillante carmesí bajo la luz del sol,
mientras el barco entraba en marcha.
—Existe una leyenda familiar que mi tátara, tátara abuelo, trabajaba en opio,
tú sabes. De manera grande, así fue como parte de la fortuna familiar, realmente
inició —dijo Astrid, girando su rostro hacia la brisa mientras el junco se deslizaba,
—¿De verdad? ¿Qué lado de tu familia? —Charlie levantó la ceja.
—No debería de decirlo. No se nos permite hablar de ello, así que estoy segura
de que es verdad. Mi tátara abuela aparentemente era una adicta, y pasó su tiempo
recostada en su habitación privada de opio.
—¿La hija del rey del opio se volvió adicta? Eso no es una buena estrategia de
negocio.
—Karma, supongo. En algún punto, todos tenemos que pagar el precio de
nuestros excesos, ¿no es así? —dijo Astrid tristemente.
Charlie sabía a dónde estaba llegando con esto.
—No comiences a golpearte de nuevo. Ya te lo he dicho cientos de veces, no
había nada que hubieras podido hacer para prevenir a Michael de hacer lo que
quería hacer.
—Seguro que se podía. Me he estado volviendo loca pensando en todas las
cosas que pude haber hecho diferente. Me pude haber rehusado cuando mis
abogados insistieron en firmar ese prenupcial. Pude haber dejado de ir a París dos
veces al año y llenar la otra habitación de vestido de alta moda. Pude haber dado
regalos menos caros, ese Vacheron para su cumpleaños treinta y cinco, fue un gran
error.
—Solo estabas siendo tú, y lo sabes, y para cualquiera que no fuera Michael,
hubiera estado perfectamente bien. Él debió de saber en qué se estaba metiendo
cuando se casó contigo. Date un poco más de crédito Astrid, puede que tengas
gustos extravagantes, pero eso nunca te detuvo de ser una buena persona.
—No sé cómo puedes decir todo eso de mí, cuando te traté horriblemente
Charlie.
—Nunca te guardé rencor, lo sabes. Fue con tus padres con los que estaba
furioso.
Astrid miró hacia el cielo azul. Una solitaria gaviota parecía estar volando con
ellos, aleteando rápidamente para mantenerse al margen.
—Bueno, ahora mis padres seguro se arrepentirán de que no me casara
contigo, una vez que descubran que su preciosa hija ha sido abandonada por
Michael Teo. Imagina, mis padres estuvieron una vez tan horrorizados ante la
posibilidad de que te volvieras su yerno. Ellos levantaron la nariz a la nueva fortuna
de tu padre, hecha por computadoras, y ahora tu familia es la más celebrada en
Asia. Ahora los Leong van a tener que enfrentar la vergüenza de tener a una hija
divorciada en la familia.
—No existe nada de qué avergonzarse. El divorcio se está volviendo común, en
los últimos tiempos.
—Pero no para nuestra clase de familia, Charlie. Tú lo sabes. Mira a tu propia
situación; tu esposa no te va a dar el divorcio, tu madre ni siquiera quiere escuchar
del tema. Piensa en cómo va a ser para mi familia cuando descubran la verdad. No
sabrán qué les golpeó.
Dos marineros se les acercaron con una cubeta con vino y un gigante plato,
repleto de frescos ojos de dragón y lichis. Charlie abrió la botella de Château d’
Yquem y le sirvió una copa a Astrid.
—Michael amaba Sauternes. Era de las pocas cosas que ambos amábamos —
dijo Astrid con melancolía mientras bebía de su copa—. Por supuesto, aprendí a
apreciar el fútbol, y él aprendió a apreciar el papel de baño con cuatro hojas.
—¿Pero realmente fuiste feliz Astrid? —preguntó Charlie—. Quiero decir,
parece que sacrificaste mucho más que él. Todavía no puedo imaginarte viviendo
en ese pequeño departamento, guardando tus compras en la otra habitación como
una adicta.
—Yo era feliz Charlie. Y lo más importante, Cassian era feliz. Ahora va a tener
que crecer como el hijo de divorciados, ping-poneando entre dos hogares. Le fallé a
mi hijo.
—No le has fallado —protestó Charlie—. La manera en que lo veo, Michael fue
quien abandonó el barco. Él no pudo soportar el calor. Como el cobarde que creo
que es, también siento algo de empatía por él. Tu familia es bastante intimidante.
Ellos me hicieron batallar de verdad, y ganaron al final, ¿no es así?
—Bueno, tú no fuiste el que se dio por vencido. Tú te enfrentaste a toda mi
familia y nunca dejaste que te afectaran. Yo fui la que cedió —dijo Astrid,
expertamente pelando el ojo de dragón y colocando la fruta en su boca.
—Aun así, es mucho más fácil para una hermosa mujer de una vida ordinaria
el casarse con una familia como la tuya, que para un hombre que no proviene de la
riqueza o linaje. Y Michael tiene la desventaja de ser apuesto, los hombres en tu
familia probablemente estaban celoso de él.
Astrid rió.
—Bueno, pensé que estaba listo para el reto. Cuando lo conocí, no parecía
importarle mi dinero o familia. Pero al final estaba equivocada. Le importaba. Le
importó demasiado. —La voz de Astrid se rompió, y Charlie estiró su brazo para
apoyarla. Lagrimas caían silenciosamente de su rostro, convirtiéndose rápidamente
en sollozos mientras se recargaba sobre su hombro—. Lo lamento, lo lamento —
siguió diciendo, avergonzada por sus incontrolables emociones—. No sé por qué,
pero no puedo dejar de llorar.
—Astrid soy yo. No tienes que ocultar tus sentimientos frente a mí. Me has
lanzado jarrones y peceras, ¿recuerdas? —dijo Charlie, tratando de alegrar las
cosas. Astrid sonrió fugazmente mientras las lágrimas seguían cayendo.
Charlie se sintió impotente, y al mismo tiempo frustrado por lo absurdo de la
situación. Su ardiente ex prometida estaba en un romántico paseo en un junco
chino con él, literalmente llorando sobre su hombro, por otro hombre. Esta era su
jodida suerte.
—Realmente lo amas, ¿no es así? —dijo suavemente Charlie.
—Lo hago. Por supuesto que lo hago. —Astrid sollozó.
Por unas horas, se sentaron en silencio lado a lado, bañándose del sol y de la
salada brisa que el junco hacía saltar de las aguas calmas del mar del sur de China.
Pasaron junto a la isla Lantau, Charlie inclinándose respetuosamente frente al
gigante Buda, y pasaron diminutos y pintorescas islas como Aishou y Sanmen, con
sus grandes arbustos y escondidas entradas.
Todo esto, mientras la mente de Charlie seguía agitada. Había convencido a
Astrid a venir esta tarde a navegar porque quería hace una confesión. Quería
decirle que nunca dejó de amarla, ni por un momento, y que su matrimonio un año
después de su rompimiento había sido nada más que una estúpida decisión. Nunca
había amado realmente a Isabel, y su matrimonio estaba condenado desde el inicio
por ello. Había tantas cosas que Charlie quería que ella supiera, pero sabía que era
demasiado tarde para decirlas.
Al menos, ella lo había amado una vez. Al menos, él tuvo cuatro buenos años
con la chica que había amado desde los quince, desde la noche que la vio cantar
“Pass It On” en la playa durante una salida con el grupo de la iglesia. Todavía podía
recordar la manera en que el fuego brillante hacía que su largo y rizado cabello
brillara en los más exquisitos rojos y dorados, cómo toda ella brillaba como la
Venus de Botticelli, mientras dulcemente cantaba.
Solo toma una chispa,
para hacer que el fugo inicie.
Y pronto todos alrededor,
se podrán calentar con su luz.
Así es el amor de Dios,
una vez que lo has experimentado.
Tú quieres cantar,
es fresco como la primavera,
tú quieres pasarlo alrededor.
—¿Puedo hacerte una sugerencia Astrid? —dijo Charlie mientras el junco
navegaba de regreso a Repulse Bay para dejarla.
—¿Qué? —preguntó Astrid adormecida.
—Cuando llegues a casa mañana, no hagas nada. Solo regresa a tu vida
normal. No hagas ningún anuncio, y no le concedas a Michael un divorcio rápido.
—¿Por qué no?
—Tengo el presentimiento que Michael va a tener un cambio de parecer.
—¿Qué te hace creer que eso va a suceder?
—Bueno, soy un chico, y se lo que los chicos piensan. En este punto, Michael
ha jugado todas sus cartas, se ha sacado un gran peso de su pecho. Existe algo
realmente catártico sobre eso, sobre tener tu propia verdad. Ahora, si lo dejas tener
algún tiempo para él, creo que vas a encontrar que quizás va a recapacitas sobre
una reconciliación en unos meses.
Astrid dudó.
—¿De verdad? Pero él quería el divorcio.
—Piénsalo, Michael llegó a creer que estaba atrapado en un matrimonio
imposible en los últimos cinco años. Pero lo gracioso que ocurre cuando un hombre
realmente prueba la libertad, especialmente cuando están acostumbrado a la vida
de casados. Empiezan a extrañar esa vida doméstica. Ellos quieren recrearla. Mira,
él te dijo que el sexo era genial. Te dijo que no te culpaba, aparte de gastar mucho
dinero en ropa. Mi instinto me dice que, si lo dejas ser, él regresará.
—Bueno, vale la pena intentarlo, ¿no es así? —dijo Astrid con esperanza.
—Lo es. Pero tienes que prometerme dos cosas: Primero, necesitas vivir tu
vida de la manera que quieras, en lugar de la manera en que tú piensas que Michael
quiere que lo hagas. Múdate a una de tus casas favoritas, vístete de la manera en
que te plazca. Realmente siento que lo que comió a Michael fue la manera en que
andabas a hurtadillas alrededor de él, tratando de ser alguien que no eras. Tu
manera de compensar las cosas por él solo aumentó su sensación de incomodidad.
—Está bien —dijo Astrid, tratando de entender todo.
—Segundo, prométeme que no le vas a conceder el divorcio por al menos un
año, no importa lo mucho que lo suplique. Solo detenlo. Una vez que firmes los
papeles, tú pierdes la oportunidad de regresar con él —dijo Charlie.
—Lo prometo.
Tan pronto Astrid desembarcó del junco en Repulse Bay, Charlie hizo una
llamada a Aaron Shek, el director financiero de Wu Microsystems.
—Aaron, ¿cómo va nuestro precio en las acciones hoy?
—Estamos arriba por dos por ciento.
—Genial, genial. Aaron, quiero que me hagas un favor especial… quiero que
mires una pequeña firma digital con base en Singapur llamada Cloud Nine
Solutions.
—Cloud Nine… —Aaron comenzó a teclear el nombre en su computadora—.
¿Con sede en Jurong?
—Sí, es esa. Aaron, quiero que adquieras la compañía mañana. Comienza
bajo, pero quiero que termines ofreciendo al menos quince millones por ella. En
realidad, ¿cuántos dueños existen?
—Veo a dos personas registradas como dueños. Michael Teo y Adrian
Balakrishnan.
—Está bien, oferta treinta millones.
—Charlie, ¿no puedes estar hablando en serio? El valor de esa compañía es
solo…
—No, estoy hablando realmente en serio —lo cortó Charlie—. Comienza una
guerra falsa de subasta entre algunos de nuestros subordinados si tienes que
hacerlo. Ahora escúchame atentamente. Después de que se haga el trato, quiero
que conviertas a Michael Teo, el socio fundador, opciones sobre acciones de clase
A, luego quiero que lo agrupes con esa empresa en Cupertino que adquirimos el
mes pasado y el desarrollador de software en Zhongguancun. Luego, quiero que
hagamos una oferta pública de venta en el mercado de Shanghái el siguiente mes.
—¿El siguiente mes?
—Sí, tiene que suceder muy rápido. Comienza a esparcir la palabra en la calle,
hazle saber a tus contactos en Bloomberg TV al respecto, mierda, lanza una pista a
Henry Blodget si crees que va a ayudar a elevar el precio. Pero al final del día,
quiero que esas acciones de clase A valgan al menos $250 millones. Déjalo fuera de
los libros, y funda una corporación fantasma en Liechtenstein si tienes que hacerlo.
Solo asegúrate que nada regrese a mí. Nunca, nunca.
—Está bien, lo tengo. —Aaron estaba acostumbrado a los excéntricos pedidos
de su jefe.
—Gracias, Aaron. Nos vemos en CAA el domingo con los niños.
El junco chino del siglo dieciocho llegó a Aberdeen Harbour justo cuando las
primeras luces del atardecer comenzaban a encenderse en el denso paisaje urbano,
abrazando la orilla del sur de la isla de Hong Kong. Charlie dejó escapar un largo
suspiro. Quería que volviera a encontrar el amor con su esposo. Quería ver la
alegría regresar al rostro de Astrid, ese brillo del que fue testigo hace muchos años
en la fogata de la playa. Quería pasarlo alrededor.
P
eik Lin bajó las escaleras con un bolso Bottega Veneta. Detrás de ella
había dos criadas indonesias con un par de maletas Goyard y una
maleta de mano.
—¿Te das cuenta de que vamos a estar allí por una noche? Parece que has
empacado lo suficiente para un safari de un mes —dijo Rachel incrédula.
—Oh, por favor, una chica tiene que tener opciones —dijo Peik Lin,
sacudiéndose el cabello cómicamente.
Estaban a punto de embarcarse en el viaje a Shenzhen, donde Rachel había
quedado para reunirse con su padre, un recluso en la prisión de Dongguan. Al
principio había sido reacia a poner un pie en otro jet privado, pero Peik Lin había
prevalecido sobre ella.
—Confía en mí, Rachel. Podemos hacer esto de la manera fácil o difícil —dijo
Peik Lin—. La manera más difícil es volar durante cuatro horas y media en una
aerolínea de tercera clase y aterrizar en la puta mierda que es el Aeropuerto
Internacional de Shenzhen Bao'an, donde podemos esperar en una línea de aduana
por el resto del día con treinta mil de tus amigos más cercanos, la gran mayoría de
los cuales nunca han oído hablar de antitranspirantes y no compartirán el mismo
concepto de espacio personal que tú. O bien, podemos llamar a NetJets en este
momento y volar en asientos de cuero hechos con vacas que nunca han visto
alambre de púas y beber Veuve Clicquot durante las dos horas y media que lleva
volar a Shenzhen, donde al aterrizar, un aduanero joven y en forma subirá a bordo
de nuestro avión, sellará nuestros pasaportes, coqueteará contigo porque eres muy
linda y nos enviará a nuestro feliz camino. Ya sabes, volar en privado no siempre se
trata de presumir. Algunas veces puede ser por comodidad y facilidad. Pero te
dejaré decidir. Si realmente quieres ir a la ruta del camión de gallinas, me apunto.
Esta mañana, sin embargo, con Rachel luciendo un rostro pálido, Peik Lin
comenzó a preguntarse si el viaje fue una buena idea tan pronto.
—No dormiste mucho anoche, ¿verdad? —observó Peik Lin.
—No me di cuenta de cuánto extrañaría tener a Nick junto a mí en la noche —
dijo Rachel en voz baja.
—¿Te refieres a su cuerpo espléndido y duro como una roca? —añadió Peik
Lin con un guiño—. Bueno, estoy segura de que estaría encantado de venir y volver
a la cama contigo en un nanosegundo.
—No, no, eso no va a suceder. Sé que se terminó. Tiene que serlo —declaró
Rachel, sus ojos humedeciéndose por los bordes.
Peik Lin abrió la boca para decir algo, pero luego se detuvo.
Rachel la miró fijamente.
—¡Sólo dilo!
Peik Lin dejó su bolso de mano y se sentó en el sofá de brocado de terciopelo
del vestíbulo de la entrada.
—Creo que debes darte un tiempo antes de tomar cualquier decisión definitiva
sobre Nick. Quiero decir, estás pasando por mucho en este momento.
—Suena como si estuvieras de su lado —dijo Rachel.
—Rachel ¿qué mierda? ¡Estoy de tu lado! Quiero verte feliz, eso es todo.
Rachel no dijo nada por un momento. Se sentó en la escalera y pasó los dedos
por el mármol frío y liso.
—Quiero ser feliz, pero cada vez que pienso en Nick, vuelvo al momento más
traumático de mi vida.
Trump, el más gordo de los tres pequinés, se dirigió al vestíbulo. Rachel
recogió al perro y lo colocó en su regazo.
—Supongo que es por eso que siento que necesito encontrarme con mi padre.
Recuerdo haber visto un programa de entrevistas una noche donde los niños
adoptados finalmente se reunieron con sus padres biológicos. Todos y cada uno de
estos niños, todos ellos adultos en este momento, hablaron sobre cómo se sintieron
después de conocer a sus padres biológicos. Incluso si no se llevaban bien, incluso
si sus padres no se parecían en nada a lo que esperaban, todos ellos de alguna
manera se sentían más completos después de la experiencia.
—Bueno, en menos de cuatro horas, estarás sentada cara a cara con tu padre
—dijo Peik Lin.
El rostro de Rachel se nubló.
—Sabes, estoy temiendo el viaje a ese lugar. Prisión de Dongguan. Incluso el
nombre suena ominoso.
—No creo que quieran que suene como Canyon Ranch.
—Se supone que es de seguridad media, así que me pregunto si realmente
estaremos juntos en la misma habitación, o si tendré que hablar con él tras las rejas
—dijo Rachel.
—¿Segura que quieres hacer esto? Realmente no tenemos que hacer esto hoy,
ya sabes. Puedo cancelar el vuelo. No es que tu padre vaya a ninguna parte —dijo
Peik Lin.
—No, quiero ir. Quiero terminar con esto —dijo Rachel definitivamente.
Revolvió el pelaje dorado del perro por un momento y se levantó, alisando su falda.
Se dirigieron a la puerta principal, donde esperaba el BMW metálico dorado,
ya cargado con su equipaje. Rachel y Peik Lin se subieron a la parte de atrás, y el
chófer bajó por el sendero inclinado hacia las doradas puertas electrónicas de Villa
d'Oro. Justo cuando las puertas se estaban abriendo, un SUV se detuvo frente a
ellos.
—¿Quién es el idiota bloqueando nuestro camino? —espetó Peik Lin.
Rachel miró por el parabrisas y vio un Land Rover plateado con vidrios
polarizados.
—Espera un minuto... —Comenzó, pensando que reconoció el auto. La puerta
del conductor se abrió, y Nick saltó. Rachel suspiró, preguntándose qué tipo de
truco estaba tratando de hacer ahora. ¿Iba a insistir en venir con ellas a Shenzhen?
Nick se acercó al automóvil y golpeó la ventana trasera.
Rachel bajó la ventana ligeramente.
—Nick, tenemos que tomar un avión —dijo con frustración—. Aprecio que
quieras ayudar, pero realmente no quiero que vayas a China.
—No iré a China, Rachel. Te estoy trayendo China —dijo Nick, mostrando una
sonrisa.
—¿Quéééé? —dijo Rachel, mirando al Land Rover, medio esperando que
apareciera un hombre con un mono naranja y grilletes. En cambio, la puerta del
pasajero se abrió y una mujer con un vestido impermeable naranja pálido y cabello
negro cortado al estilo duendecillo salió. Era su madre.
Rachel abrió de par en par su puerta del coche y saltó apresuradamente. ´
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo llegaste? —dijo a la defensiva en
mandarín a su madre.
—Acabo de aterrizar. Nick me dijo lo que pasó. Le dije que teníamos que
impedirte que fueras a China, pero él dijo que ya no iba a involucrarse más.
Entonces dije que tenía que llegar a ti antes de que intentaras conocer a tu padre, y
Nick alquiló un avión privado para mí —explicó Kerry.
—Desearía que no lo hubiera hecho. —gimió Rachel consternada. ¡Esta gente
rica y sus malditos aviones!
—Me alegra que lo haya hecho. ¡Nick ha sido tan maravilloso! —exclamó
Kerry.
—Genial, ¿por qué no le organizas un desfile o lo llevas a comer ostras? Estoy
en camino a Shenzhen ahora mismo. Necesito conocer a mi padre.
—¡Por favor no te vayas! —Kerry intentó agarrar el brazo de Rachel, pero
Rachel se echó hacia atrás a la defensiva.
—Gracias a ti, tuve que esperar veintinueve años para conocer a mi padre. ¡No
estoy esperando un segundo más! —gritó Rachel.
—Hija, sé que no querías verme, pero necesitaba decirte esto yo mismo: Zhou
Fang Min no es tu padre.
—No te estoy escuchando más, mamá. Estoy cansada de todas las mentiras.
He leído los artículos sobre mi secuestro y los abogados chinos del señor Goh ya se
han puesto en contacto con mi padre. Está ansioso por conocerme. —Rachel se
mantuvo firme.
Kerry miró suplicante a los ojos de su hija.
—Por favor, créeme, no quieres conocerlo. Tu padre no es el hombre en la
prisión de Dongguan. Tu padre es otra persona, alguien a quien realmente amé.
—Oh genial, ¿ahora me estás diciendo que soy la hija ilegítima de otro tipo?
—Rachel podía sentir el torrente de sangre corriendo en su cabeza, y se sentía como
si estuviera de vuelta en ese horrible salón en Cameron Highlands. Justo cuando
las cosas comenzaban a tener sentido para ella, todo volvía a ponerse patas arriba.
Rachel se volvió a Peik Lin y la miró aturdida—. ¿Podrías pedirle a tu chofer que
pise su acelerador y simplemente me atropelle en este momento? Dile que lo haga
rápido.
D
aisy Foo le marcó a Eleanor en pánico, diciéndole que fuera
rápidamente, pero Eleanor no pudo creer lo que sus ojos vieron
cuando entró a la sala de la mansión de Carol Tai, la que todos
llamaban “Casa Star Trek”. La hermana Gracie, la predicadora de Taiwán que vivía
en Houston, que acababa de volar a pedido de Carol, rodeó el elegante espacio
como un trance, destrozando todas las antigüedades chinas de porcelana y
muebles, mientras Carol y su esposo estaban sentados a mitad de la habitación
sobre el sofá de seda, observando la destrucción aturdidos, mientras dos discípulos
de la hermana Gracie oraban sobre ellos. Seguido detrás de un pequeño predicador
con cabello gris, había una horda de sirvientes, algunos ayudando a romper los
objetos que ella señalaba con su bastón, otros frenéticamente barriendo los
escombros y poniéndolos en gigantescas bolsas de basura negras.
—¡Ídolos falsos! ¡Objetos satánicos! Dejen esta casa de paz —gritó la hermana
Gracie, su voz retumbando a través de la habitación. Invaluables jarrones Ming
fueron destruidos, rollos de la dinastía Qing fueron rotos, Budas bañados en oro
fueron derribados al suelo mientras la hermana Gracie decretaba que cualquier
objeto que tuviera un animal o rostro era satánico. Los búhos eran satánicos. Ranas
satánicas. Grillos satánicos, Las flores de loto, aunque no eran animales y no tenían
rostro, eran también demoniacas por su asociación al budismo. Pero no había nada
más malvado que el diabólico dragón.
—¿Sabes por qué la tragedia ha caído en esta casa? ¿Sabes por qué tu
primogénito, Bernard, desafió tus deseos y corrió a las Vegas para casarse con una
ramera embarazada que pretendía ser de Taiwán? ¡Es por todos estos ídolos! ¡Solo
mira a este intricado dragón en los pliegues imperiales de la pantalla! Esos ojos
rubí se han clavado en tu hijo. Lo han rodeado de símbolos de pecado todos los días
de su vida. ¿Qué esperaban que hiciera más que caer en pecado?
—¿De qué tonterías está hablando? Bernard ni siquiera ha vivido en esta casa
en años —susurró Lorena Lim. Pero Carol estaba mirando a la hermana Gracie
como si estuviera recibiendo un mensaje del mismo Jesús Cristo, y continuó
permitiendo que destruyeran las antigüedades que hubiera hecho a cualquier
conservador de museo llorar.
—Ha estado así por horas. Ellos iniciaron en el estudio de dato —susurró
Daisy.
Eleanor saltó un poco cuando la hermana Gracie volcó una urna funeraria
Qianlong junto a ella.
—¡Esas víboras en esa urna! Esas víboras descendieron de uno de los jardines
del Edén —chilló la hermana Gracie.
—Almak, Elle, Lorena, vengan a ayudarme a rescatar algunas cosas de la
habitación de Carol, antes de que la hermana Gracie llegue ahí. Si ve esa escultura
de marfil de Quan Yin, la diosa de la piedad, ¡ella va a convulsionar! Ese Quan Yin,
ha estado desde el siglo doce, pero no tendrá esperanza de sobrevivir este —dijo
Daisy furtivamente. Las tres comenzaron a retroceder lentamente lejos de la sala y
se dirigieron a la habitación de Carol.
Las mujeres se apresuraron a envolver cualquier objeto decorativo que podía
estar en riesgo, con toallas y fundas de almohadas, y las ocultaron en sus bolsos y
bolsas al azar de compras.
—¡Esos cotorros de jade! ¡Toma los cotorros de jade! —ordenó Daisy.
—¿El búfalo de agua es considerado satánico? —se preguntó Lorena,
sosteniendo un delicado cuello tallado.
—¡Aiyah no te quedes ahí usando el poder de tus ojos! ¡Toma todo! ¡Coloca
todo en tu bolsa! Podemos regresarle todo a Carol una vez que recupere el sentido
—gritó Daisy.
—Desearía haber usado mi Birkin y no mi Kelly hoy —se lamentó Lorena
mientras intentaba guardar el búfalo de agua en su pequeña bolsa de cuero.
—Está bien, mi chofer está estacionado justo afuera de la cocina. Denme las
primeras bolsas de compras y las regresaré a mi carro —dijo Eleanor. Mientras
tomaba las primeras bolsas de compras de Daisy, una sirvienta entró a la
habitación de Carol.
Eleanor sabía que tenía que pasar a la sirvienta, con sus sospechosamente
llenas bolsas de compras.
—Chica, tráeme un vaso de té helado con limón —dijo en su tono más
imperioso.
—¡Alamak, Elle, soy yo, Nadine! —Eleanor casi deja caer sus bolsas de
compras sorprendida. Nadine estaba completamente irreconocible. Llevaba
pantalones de yoga, y no tenía su pesada capa de maquillaje, su exagerado peinado,
y la ostentosa joyería.
—Dios mío, Nadine, ¿qué te sucedió? ¡Pensé que eras una de las sirvientas! —
exclamó Eleanor.
—Nadine, ¡amo tu nuevo estilo! Aiyah, ahora puedo ver cómo Francesca se
parecía a ti, antes de sus implantes de mejillas —dijo Daisy.
Nadine sonrió desoladamente, desplomándose en la cama Huanghuali de
Carol.
—Mi suegro despertó del coma, como ustedes saben. Todos estábamos muy
felices, y cuando lo sacaron del hospital, lo llevamos a casa y una fiesta sorpresa le
estaba esperando. Todos los Shaw estaban ahí. Pero olvidamos que el viejo nunca
había estado en la nueva casa, compramos Leedon Road después de que entró en
coma. El viejo se molestó cuando se dio cuenta que era nuestra nueva casa. Él dijo:
“Que, ¿quiénes se creen que son, viviendo en una mansión tan grande con tantos
carros y sirvientes?”. Luego cuando entró y vio a Francesca toda arreglada,
comenzó a ahogarse. Comenzó a gritar que se veía como una prostituta de
Geylang135. Aiyah, ¡estaba usando un vestido de alta moda para su abuelo! ¿Es su
culpa que los dobladillos sean tan cortos esta temporada? A la mañana siguiente, él
hizo que sus abogados retomaran el control de Shaw Foods. Sacó al pobre de mi
Ronnie de la junta, y congeló todas las cuentas bancarias, todo. Ahora nos ha
ordenado que regresemos cada centavo que gastamos en los últimos seis años, o
está amenazando con desheredarnos a todos y darle su fortuna ¡a la fundación
Shaw!
—Dios mío, Nadine. ¿Cómo lo estás llevando? —preguntó Lorena, seriamente
consternada. Nadine era uno de los clientes más grandes de L’ Orient Jewelry, y su
repentino cambio de fortuna seriamente afectaría los números de trimestre.
—Bueno, ya viste mi nuevo estilo. Por ahora, todos estamos tratando de
actuar Kwai Kwai. Quiero decir, ¿cuántos años más le quedan de vida al viejo? Él
tendrá otro ataque en cualquier momento. Estaré bien, pasé años viviendo en esa
pequeña casa, ¿recuerdan? Pusimos a Leedon Road a la venta, pero el problema es
Francesca. Ella no quiere regresar a la casa pequeña. Es demasiado malu para ella.
Realmente está sufriendo. Francesca siempre fue la favorita del abuelo, y ahora le
ha quitado su dinero del mes. ¿Cómo se supone que va a vivir con su salario de
abogada? Wandi Meggaharto y Parker Yeo la han dejado, y ella tiene que renunciar
a toda junta de caridad. Simplemente no puede costearse la ropa para ello. Nos
culpa a Ronnie y a mí. Viene a nuestra habitación todas las noches y grita y nos
grita. Piensa que debimos de haber desconectado al viejo cuando tuvimos
oportunidad. ¿Pueden imaginarlo? Nunca me di cuenta de que mi hija pudiera
decir algo así.
—Lamento decir esto, Nadine, pero esto es lo que sucede cuando tratas de
darle todo a tus hijos —dijo Daisy sabiamente—. Mira lo que sucedió con Bernard.
Desde que era un pequeño niño, ya sabía que el desastre les esperaba. El dato lo
consintió hasta no poder, y nunca le pudieron decir no. Y él pensó que estaba
siendo muy listo dándole al chico ese enorme fondo de ahorro cuando cumplió
dieciocho. Ahora mira lo que sucedió. Ellos están obteniendo a Kitty Pong como
nuera. Ninguna cantidad de destrozos de antigüedades va a cambiar eso.
Lorena soltó una risita.
—Pobre Carol, ella siempre había sido una buena cristiana, pero ahora tiene
que lidiar con tener a esa satánica de Kitty en su vida. —Todas las mujeres rieron.
—Bueno, al menos tuvimos éxito en detener a Rachel Chu de llegar a Nicky —
comentó Nadine.
Eleanor sacudió tristemente la cabeza.
—¿Para qué? Mi Nicky me ha dejado de hablar. No tengo idea dónde está,
incluso ha roto el contacto con su abuela. Intenté llamarle a Astrid para que lo
encontrara, pero ella también está desaparecida. Sum toon, ah. Amas tanto a tus
hijos, haces todo para protegerlos, y ellos no lo saben apreciar.

135 Geylang: El distrito rojo de Singapur, tristemente no tan pintoresco como el de

Ámsterdam.
—Bueno, si él no quiere verlo ahora, al menos tuviste éxito en salvarlo de esa
chica —dijo Lorena consoladoramente.
—Sí, pero Nick no se da cuenta el daño que le está haciendo a su relación con
su abuela. Lo entrené para que nunca, nunca la ofendiera, pero la hirió
terriblemente en Cameron Highlands. Debiste de haber visto a la vieja, ella no dijo
nada en todo el camino de regreso a Singapur. Y tómalo de mí, esa mujer nunca
perdona. Ahora todos los sacrificios que había hecho serán para nada —dijo
Eleanor tristemente, su voz rompiéndose un poco
—¿Qué quieres decir? —preguntó Nadine—. ¿Qué clase de sacrificios tuviste
que hacer por Nicky?
Eleanor suspiró
—Aiyah, Nadine, toda mi vida había estado protegiéndolo de la familia de mi
marido, y posicionándolo para ser el nieto favorito. Sé que mi suegra realmente
nunca me aprobó, así que incluso me aparté de su camino. Nos mudamos de
Tyrsall Park, para que no existieran dos señoras Young. Siempre dejé que fuera
primero en la vida de Nicky, y por eso ella es cercana a él. Pero lo acepté. Fue por su
bien. Él merece ser el heredero de su fortuna, el heredero de Tyersall Park, pero
parece que ya no le importa. Él prefiere ser un maldito profesor de historia. Hiyah,
siempre supe que enviarlo a Inglaterra sería un error. ¿Por qué nunca aprendemos
los chinos? Cada vez que se mezclan las cosas con los del oeste, todo se derrumba.
Justo entonces, la hermana Gracie, llegó caminando hacia el pabellón de la
habitación, con Carol y su esposo detrás. Ella dijo fuertemente:
—Ahora, ¿qué demonios nos esperan aquí? Éxodo 20:3-6 dice: “No tendrás
otros dioses delante de mí. No deberás de hacerte ninguna imagen grabada, o
similares de lo que esté arriba en el cielo, o debajo de la tierra, o de lo que esté bajo
el agua en la tierra. No deberás de inclinarte o servirles, porque soy tu señor tu Dios
y soy un Dios celoso”.
Daisy miró a las otras mujeres y dijo urgentemente:
—Todas tomen una bolsa de compras y corran por las puertas. No los miren,
¡sigan moviéndose!
P
eik Lin secuestró a Rachel y su madre en la biblioteca, cerrando las
puertas detrás de ella firmemente. Luego se dirigió al bar de la terraza
con vistas a la piscina y comenzó a mezclar margaritas para ella y Nick.
—Creo que ambos merecemos una docena de estas, ¿no es así? —dijo, dándole
un escarchado vaso.
Rodeada de estanterías llenas de libros con libros de cuero labrados en oro,
Rachel se sentó en el asiento bajo la ventana y miró hacia el jardín de rosas
molesta. Todo lo que ella quería era subirse a ese avión a China, pero una vez más,
Nick había jodido las cosas. Kerry tomó una de las sillas de cuero verde en el
escritorio de lectura y le dio la vuelta para que pudiera ver a su hija. Aunque Rachel
no la mirara, ella respiró profundamente y comenzó la historia por la que había
volado alrededor del mundo.
—Hija, nunca le dije esta historia a alguien, y es algo de lo que siempre quise
evitarte. Espero que no me juzgues, y que escuches con la mente abierta y el
corazón abierto.
»Cuando tenía diecisiete, me enamoré de un hombre que era seis años mayor.
Sí, era Zhou Fang Min. Su familia era de Xiamen, en la provincia Fuijan. Él era uno
de esos “Principitos Rojos” y provenía de una familia rica, al menos, en ese tiempo,
ellos eran considerados ricos. Su padre era el gerente general de una constructora
del estado. Él estaba bien ubicado en el partido comunista, y uno de sus hermanos
mayores era un alto mando en la provincia Guangdong. Así que los Zhou recibieron
la concesión para construir la nueva escuela en nuestra villa, y Fang Min fue
enviado a observar la construcción. Era su trabajo de verano. En ese entonces,
estaba en mi último año de la escuela secundaria y trabajaba por las noches como
mesera en el único bar de nuestra villa, así fue como lo conocí.
»Ahora, hasta este entonces, había pasado toda mi vida en esta pequeña villa
fuera de Zhuhai. Nunca había dejado la provincia, así que solo puedes imaginarte
cómo fue cuando este hombre de veintitrés años con su cabello negro llegó al bar,
vestido en ropa de estilo occidental, recuerdo que sus camisas eran Sergio Tacchini
o Fred Perry, y que usaba un Rolex de oro. Además, Fang Min, tenía una muy cara
motocicleta y fumaba cigarrillos Kent que hacía entrar al país con uno de sus
primos, y él me presumía de su familia y su grande casa y su gran carro japonés, y
me contaba historias de sus vacaciones en Shangai, Beijin, y Xi’an. Nunca había
conocido a un hombre tan apuesto o sofisticado, y me enamoré perdidamente de él.
Por su puesto, en ese entonces, tenía cabello muy largo y piel clara, así que Fang
Min se interesó en mí.
»Ahora, cuando mis padres escucharon que este hombre rico estaba yendo al
bar todas las noches, que se había interesado en mí, ellos intentaron detenerlo. Mis
padres no eran como otros padres, a ellos no les interesaba que él fuera de una
familia rica; querían que me concentrara en mis estudios para que pudiera calificar
en la universidad. Era tan difícil entrar a la universidad en ese tiempo,
especialmente si eras una mujer, y ese era el único sueño de mis padres, tener un
hijo que fuera a la universidad. Pero después de tantos años de ser la hija perfecta,
y no hacer más que estudiar, me volví rebelde. Fang Min comenzó a llevarme en su
motocicleta en secreto a Guangzhou, la cuidad más grande en la provincia, y ahí fue
donde descubrí un mundo completamente nuevo.
»No tenía idea que existieran personas como Fang Min, los hijos de otros
altos miembros del partido comunista, que cenaban en restaurantes especiales y
compraban en tiendas especiales. Fang Min me llevó a cenas caras y me regaló
ropa. Me volví intoxicada a ese mundo, y mis padres se dieron cuenta, que poco a
poco, estaba cambiando. Cuando se enteraron de que me había llevado a
Guangzhou, me prohibieron verlo, lo que por supuesto hizo que lo quisiera ver más.
Era como Romeo y Julieta. Me salía a escondidas de la casa por la noche para verlo,
me atrapaban y castigaban, pero unos días más tarde lo volvería a hacer.
»Luego, unos meses más tarde, cuando el proyecto de construcción estaba
terminado y Fang Min estaba regresando a Xiamen, hicimos planes para que
escapara con él. Es por eso por lo que nunca terminé mis estudios. Escapé a
Xiamen, y rápidamente nos casamos. Mis padres quedaron devastados, pero pensé
que mis sueños se estaban haciendo realidad. Ahí estaba viviendo en esta casa
grande con sus ricos e importantes padres, estaba arriba de un grande Nissan
sedan que tenía cortinas blancas en las ventanas traseras. Veras, Rachel, tú no eres
la única que ha experimentado salir con un chico rico. Pero mi sueño pronto se
volvió amargo. Pronto descubrí lo horrible que era su familia. Su madre era una de
esas tradicionales extremas, y ella era del norte, de Henan.
»Así que era demasiado especial, y ella nunca me dejó olvidar que era esta
chica de una villa que tuvo, mucha, mucha suerte por mi apariencia. Al mismo
tiempo, era esperado de mí hacer millones de cosas que una nuera tenía que hacer,
como prepararle el té casa mañana, leerle el periódico, y frotarle los hombros y los
pies después de cenar cada noche. Había pasado de ser una estudiante a ser su
sirvienta. Luego la presión por embarazarme comenzó, pero estaba teniendo
problemas para concebir. Así que eso molestó mucho a mi suegra, ella quería nietos
desesperadamente. ¿Qué uso tenía una nuera si no podía darte nietos? Los padres
de Fang Min estaban demasiado molestos que no podía embarazarme, y
comenzamos a tener peleas.
»No sé cómo lo conseguí, pero convencí a Fang Min que nos mudáramos a
nuestro propio departamento. Y fue entonces cuando las cosas se volvieron una
pesadilla. Sin sus padres bajo el mismo techo para que lo revisaran, mi esposo de
pronto perdió interés en mí. Salía a beber y a apostar todas las noches y comenzó a
ver a otras mujeres. Era como si todavía fuera soltero, llegaba tarde a casa,
completamente ebrio, y a veces quería tener sexo, pero otras veces solo quería
golpearme. Le excitaba. Luego llevaba otras mujeres a casa para tener sexo en
nuestra cama, y me obligaba a estar con ellos. Era terrible.
Rachel movió la cabeza en incredulidad, haciendo contacto visual con su
madre por primera vez.
—No entiendo cómo pudiste soportarlo.
—Hiyah, ¡solo tenía dieciocho! Era tan inocente y tenía miedo de mi marido, y
sobre todo estaba demasiado humillada para decirles a mis padres del error que
había cometido. Después de todo, había escapado y los había abandonado para
poderme casar con ese hombre rico, así que tenía que aceptarlo. Ahora, justo
debajo de nuestro departamento, vivía esta familia con un hijo. Su nombre era Kao
Wie, y él era un año más joven que yo. Mi habitación estaba justo arriba de la suya,
así que él podía escuchar todo lo que sucedía cada noche. Una noche, Fang Min
llegó a casa furioso. No estoy segura de qué le molestó esa noche, quizás perdió
dinero apostando, quizás una de sus novias se molestó con él. Como sea, decidió
descargarse conmigo. Comenzó a romper todos los muebles de nuestro
departamento, salí corriendo. Tenía tanto miedo que en su ira ebria me matara
accidentalmente. Kao Wei me escuchó salir, así que corrí escaleras abajo, él abrió
su puerta y me metió a su departamento, mientras Fang Min corría fuera del
edificio y comenzaba a gritar en la calle. Así es como Kao Wei y yo nos conocimos.
»Por los siguientes meses, Kao Wei me consolaba después de cada terrible
pelea e incluso me ayudaba a crear tácticas para evitar a mi esposo. Compraba
pastillas para dormir, las hacía polvo, y las colocaba en su vino para que se
durmiera antes de ponerse violento. Invitaba a sus amigos para cenar y me
encargaba que se quedaran lo más tarde posible, hasta que él durmiera de lo ebrio.
Kao Wei incluso colocó una cerradura poderosa en la puerta del baño para que
fuera más difícil para Fang Min entrar. Lentamente, por supuesto que Kao Wei y yo
nos enamoramos. Él era mi único amigo en el edificio, en realidad en toda la
ciudad. Y sí, comenzamos a tener un amorío. Pero luego, un día casi nos atraparon,
y me obligué a terminarlo, por el bien de Kao Wei, porque temía que Fang Min lo
matara si se enterara. Unas semanas más tarde, me di cuenta de que estaba
embarazada, y sabía que Kao Wei era el padre.
—Espera un minuto. ¿Cómo sabías que él era el padre? —preguntó Rachel,
descruzando los brazos e inclinándose contra la ventana.
—Créeme Rachel, solo lo sabía.
—Pero ¿cómo? Esto era mucho antes de las pruebas de ADN.
Kerry se movió en su silla incómodamente, tratando de buscar las palabras
correctas para explicar.
—Una de las razones por las que tuve problemas para embarazarme era
porque Fan Min tenía hábitos peculiares, Rachel. Por su problema con la bebida,
tenía problemas para estar erecto, y cuando estaba excitado, a él solo le gustaba
una clase de sexo, y sabía que no podía embarazarme de ese modo.
—Oh… ohhh —dijo Rachel, enrojeciéndose cuando se dio cuenta a que se
refería su madre.
—Como sea, te pareces tanto a Kao Wei, no existe duda en que él es tu padre.
Kao Wei tenía hermosas, angulares facciones como las tuyas. Y tú tienes sus
refinados labios.
—Si estabas enamorada de Kao Wei, ¿por qué simplemente no te divorciaste
de Fang Min y te casaste con Kao Wei? ¿Por qué tuviste que recurrir al secuestro?
—Rachel se movió hacia adelante, con su barbilla en sus manos, completamente
encantada con la historia de su madre.
—Déjame terminar la historia, Rachel, y entonces entenderás. Así que aquí
estaba yo, dieciocho años, casada con este violento ebrio, y embarazada con el bebé
de otro hombre. Tenía tanto miedo de que Fang Min de algún modo se diera cuenta
que el bebé no fuera suyo, y matara a Kao Wei y a mí, así que intenté ocultar mi
embarazo por el mayor tiempo posible. Pero mi suegra pasada de moda reconoció
las señales, y fue quien me declaró unas semanas más tarde que pensaba que
parecía embarazada. Al inicio, estaba aterrada, pero ¿sabes qué? Lo más
inesperado sucedió. Mis suegros estaban alegres que finalmente iban a tener su
primer nieto. Mi malvada suegra pronto se transformó en la persona más amable
que pudieras imaginar. Ella insistió que nos mudáramos de regreso a la casa
grande, para que los sirvientes pudieran cuidar de mí apropiadamente.
»Me sentí tan aliviada, como si hubiera sido rescatada del infierno. Aunque
realmente no lo necesitara, ella me obligó a permanecer en cama la mayor parte del
tiempo y me hizo beber esos tradicionales brebajes todo el día, para aumentar la
salud del bebé. Tenía que tomar tres tipos de ginseng todos los días, y comer pollo
joven en caldo. Estoy convencida de que por eso fuiste un bebé muy saludable,
Rachel, nunca te enfermaste como los otros bebés. Ninguna infección de oído, ni
temperatura alta, nada. En ese tiempo, no existían máquinas de ultrasonidos en
Xiamen, así que mi suegra invitó a una famosa adivina que dijo que iba a tener un
niño, y que ese niño iba a crecer para volverse un gran político.
»Esto emocionó aún más a mis suegros. Ellos contrataron a una enfermera
especial para que me cuidara, una chica que tenía doble parpado y ojos grandes,
porque mi suegra creía que, si miraba a esta chica todo el día, mi hijo tendría doble
parpado y ojos grandes. Eso es lo que todas las madres en China querían en ese
entonces, hijos con grandes ojos, estilo del occidente. Pintaron una habitación de
azul brillante y la llenaron de muebles de bebé y todas esas ropas de niño y
juguetes. Había aviones y trenes y soldados de juguete, nunca vi tantos juguetes en
mi vida.
»Una noche, rompí aguas y entré en labor de parto. Me llevaron apresurados
al hospital, y naciste unas horas más tarde. Fue un parto fácil, ya te había dicho eso,
y al principio estaba preocupada que notaran que no te parecías en nada a su hijo,
pero eso pronto se volvió la última de mis preocupaciones. Eras niña, y mis suegros
estaban extremadamente sorprendidos. Estaban ofendidos con la adivina, pero
más conmigo. Había fallado. Había fallado a mi deber. Fang Min estaba también
terriblemente molesto, y si no hubiera estado viviendo con mis suegros, estoy
segura de que me hubiera golpeado hasta casi matarme.
»Ahora, por la política de un solo hijo en China, todas las parejas estaban
vetadas de tener un segundo hijo. Por ley, no podía tener otro, pero mis suegros
estaban tan desesperados por un niño, un heredero hombre que pudiera llevar el
nombre familiar. Si hubiéramos vivido en el campo, quizás hubieran abandonado o
ahogado a la niña, pero no te veas tan sorprendida, Rachel, sucedía todo el tiempo,
pero estábamos viviendo en Xiamen y los Zhou eran una familia local importante.
Las personas ya sabían que una niña había nacido, y hubiera sido una desgracia
para ellos el rechazarte. Aunque, había un pequeño hueco en la regla a un solo hijo:
Si tu bebé tenía alguna discapacidad, se te era permitido tener otro.
»Yo no sabía esto, pero antes de que llegara a casa del hospital, mis malvados
suegros ya estaban formando un plan. Mi suegra había decidido que lo mejor era
verterte acido en tu ojo.
—¿QUÉÉÉ? —chilló Rachel.
Kerry tragó fuertemente antes de continuar.
—Sí, querían cegarte de un ojo, y si lo hacían mientras todavía eras una recién
nacida, las causas de la ceguera parecerían un defecto de nacimiento.
—¡Dios mío! —Rachel colocó sus manos sobre su boca en horror.
—Así que comenzó a planear con algunos de sus sirvientes más viejos, que
eran muy leales con ella, pero la sirvienta especial que habían contratado para
cuidarme mientras estaba embarazada, no compartía el mismo tipo de lealtad. Nos
habíamos vuelto amigas, así que cuando descubrió su plan, me dijo el mismo día
que llegué del hospital a casa contigo. Estaba sorprendida, no podía creer que
alguien pudiera pensar en lastimarte de este modo, mucho menos tus propios
abuelos. Estaba más que furiosa y todavía débil de dar a luz, pero estaba
determinada a que nadie te cegaría, nadie iba a lastimarte. Tú eras mi hermosa
bebé, la bebé del hombre que me rescató. Él hombre que realmente amé.
»Así que un par de días más tarde, a mitad del almuerzo, me disculpé para ir
al baño. Caminé por el pasillo que llevaba al baño de abajo, que estaba frente a los
cuartos de los sirvientes, donde permanecías mientras la familia comía. Los
sirvientes estaban teniendo su almuerzo en la cocina, así que entré en su
habitación, te tomé entre mis brazos, y caminé directamente a la puerta trasera.
Seguí caminando hasta que llegué a una parada de autobús, y me subí en el
siguiente. No sabía la ruta de ninguno, solo quería alejarme lo más posible de la
casa Zhou. Cuando creí estar lo suficientemente lejos, bajé de este y le marqué a
Kao Wei. Le dije que acababa de tener un bebé y que estaba escapando de mi
esposo, y él vino a rescatarme inmediatamente. Contrató un taxi, en esos días era
muy costoso hacerlo, pero de algún modo lo consiguió, y fue por mí.
»Todo ese tiempo, él ya había estado pensando en un plan para sacarme de
Xiamen. Sabía que mis suegros posiblemente ya habían alertado a la policía tan
pronto descubrieran que el bebé estaba desaparecido, y que la policía buscaría a
una mujer con su bebé. Así que insistió en venir conmigo para que pudiéramos
pretender ser una pareja. Compró dos boletos para el tren de las seis, que era el
tren más lleno, y nos sentamos en el vagón más llenó, tratando de mezclarnos con
las otras familias. Gracias a Dios ningún oficial entró al tren. Kao Wei me llevó
hasta mi casa en Guandong Province, y se aseguró que estuviera a salvo con mis
padres antes de irse. Ese era la clase de hombre que él era. Siempre estaré
agradecida que tu verdadero padre fuera el que nos rescatara, y que al menos
tuviera la oportunidad de pasar algunos días contigo.
—¿Pero no le importó dejarme? —preguntó Rachel, sus ojos llenos de
lágrimas.
—Nunca supo que eras de él, Rachel.
Rachel miró a su madre sorprendida.
—¿Por qué nunca le dijiste?
Kerry suspiró.
—Kao Wei, ya estaba metido en mis problemas, los problemas de la esposa de
otro hombre. No quería ser una carga para él si sabía que eras su hija. Sabía que era
la clase de hombre que hubiera querido hacer lo honorable, que de algún modo
hubiera deseado cuidarnos. Pero él tenía un brillante futuro por delante. Era muy
inteligente y le iba bien en la escuela de ciencias. Sabía que entraría a la
universidad, y no quería arruinar su futuro.
—¿No crees que sospechara que era mi padre?
—No lo creo. Recuerda, él tenía dieciocho, y creo que, a esa edad, la
paternidad es la última cosa en mente de un hombre. Y, además, ahora yo era una
criminal, una secuestradora. Así que Kao Wei estaba preocupado porque nos
atraparan. Mi terrible esposo y suegros usaron la situación para culparme de todo y
colocar mi nombre en todos los periódicos. No creo que realmente se preocuparan
por ti, ellos estaban alegres que la niña estuviera fuera de sus vidas, pero querían
castigarme. Usualmente la policía no se entromete en asuntos familiares de este
tipo, pero ese tío político de Fang Min presionó a la policía, y me fueron a buscar a
la villa de mis padres.
—¿Qué sucedió entonces?
—Bueno, colocaron a mi pobre madre y padre en arresto domiciliario y los
sometieron a semanas de interrogatorios. Mientras tanto, ya estaba escondida. Tus
abuelos me enviaron con un primo distante de ellos en Shenzhen, un Chu, y por
ella, la oportunidad de llevarte a América. Un primo Chu en california ya había
escuchado de mi situación, tu tío Walt, y se ofreció apagar para llevarnos a
América. Él fue nuestro patrocinador, y así fue como cambié tu nombre y el mío a
Chu.
—¿Qué sucedió con tus padres? ¿Mis verdaderos abuelos? ¿Todavía están en
Guangdong? —preguntó Rachel nerviosamente, sin estar segura de querer escuchar
la respuesta.
—No, ambos murieron relativamente jóvenes, en sus sesenta. La familia Zhou
usó su influencia para destruir la carrera de tu abuelo, y destruyó su salud, por lo
que sé. Nunca pude volverlos a ver, porque nunca me atreví a regresar a China, o a
intentar hacer contacto con ellos. Si hubieras volado a China esta mañana para
encontrarte con Zhou Fang Min, no me hubiera atrevido a seguirte. Es por eso por
lo que cuando Nick descubrió que tenías planes para ir a China me dijo, y volé
directamente a Singapur.
—¿Y qué sucedió con Kao Wei?
El rostro de Kerry se nubló.
—No tengo idea de qué sucedió con Kao Wei. Por los primeros años, le envié
cartas y postales desde América lo más seguido que pudo, desde cada pueblo y
ciudad en la que viví. Siempre usé un nombre secreto que habíamos creado juntos,
pero nunca obtuve respuesta. No sé si mis cartas le llegaron.
—¿No tienes curiosidad de encontrarlo? —preguntó Rachel, su voz rota por las
emociones.
—He intentado lo más que puedo no mirar hacia atrás, hija. Cuando me subí
al avión para llevarte a América, supe que tenía que dejar mi pasado atrás.
Rachel volvió su rostro a la ventana, su pecho volviéndose más pesado. Kerry
se levantó de su silla y caminó lentamente hacia Rachel. Colocó una mano sobre el
hombro de su hija, pero antes de que pudiera, Rachel se levantó y abrazó a su
madre.
—Oh, mamá. —Rachel lloró—. Lo lamento. Lamento todo… por todas las
terribles cosas que te dije por teléfono.
—Lo sé, Rachel.
—Yo nunca lo supe… nunca me hubiera imaginado a lo que fuiste forzada.
Kerry miró cariñosamente a su hija, lágrimas resbalando por sus mejillas.
—Lamento nunca haberte dicho la verdad. Quería alejarte de mis errores.
—Oh mamá. —Rachel sollozó, aferrándose mucho más fuerte a su madre.
***
El sol estaba ocultándose en Bukit Timhan para cuando Rachel salió al jardín,
entrelazada del brazo con su madre. Dirigiéndose lentamente a la alberca, hicieron
un tour por el largo camino alrededor de la alberca, para que Kerry pudiera
admirar las estatuas doradas.
—Parece que madre e hija se han reconciliado, ¿no lo crees? —dijo Peik Lin a
Nick.
—Parece ser que sí. No veo nada de sangre o ropa rasgada.
—Más vale que no. Ese Lanvin que Rachel está usando. Me costó siete K.
—Bueno, me alegra no ser el único culpable de ser extravagante con ella. Ella
ya no puede culparme por completo a mí —dijo Nick.
—Déjame compartir un secreto contigo, Nick. Por más que una chica parezca
protestar, nunca puedes equivocarte al comprarle un vestido de diseñador o un par
de zapatos.
—Trataré de recordar eso. —Nick sonrió—. Bueno, será mejor que me vaya.
—Oh, detente Nick. Estoy segura de que Rachel querrá verte. ¿Y no te mueres
por saber de qué estuvieron hablando todo este tiempo?
Rachel y su madre se acercaron al bar.
—Peik Lin, ¡te vas tan linda detrás del bar! ¿Puedes hacerme un Singapore
Sling? —preguntó Kerry.
Peik Lin le dio una sonrisa avergonzada.
—Un, no sé cómo hacer eso… nunca he tomado uno en realidad.
—¿Qué? ¿No es la bebida más popular aquí? —dijo Kerry sorprendida.
—Bueno, supongo si eres un turista.
—¡Yo soy un turista!
—Bueno, entonces, señora. Chu, ¿por qué no me deja compensarla por el
Singapore Sling?
—Está bien, ¿por qué no? —dijo Kerry emocionada. Colocó la mano sobre el
hombro de Nick—. ¿Vienes Nick?
—Un, no lo sé, señora Chu… —Nick comenzó, mirando nerviosamente a
Rachel.
Rachel dudó por un momento antes de responder.
—Vamos, todos vamos.
El rostro de Nick se iluminó.
—¿De verdad? Sé de un buen lugar al que podemos ir.
Pronto, los cuatro estaban en el carro de Nick, acercándose a la isla con más
referencia arquitectónica.
—Wah, ¡qué edificio tan más increíble! —dijo Kerry Chu, mirando
sorprendida las tres torres sobre lo que parecía ser un gran parque.
—Ahí es a donde vamos. En la cima está el más grande parque hecho por el
hombre, cincuenta y siete pisos arriba —dijo Nick.
—¿De verdad no nos estas llevando al SkyBar en Marina Bay Sands? —Peik
Lin sonrió.
—¿Por qué no? —preguntó Nick.
—Pensé que iríamos al Hotel Raffles, donde el Singapore Sling fue inventado.
—Raffles es demasiado turístico.
—¿Y esto no lo es? Vas a ver que va a estar lleno de turistas.
—Créeme, el cantinero es brillante —declaró Nick con autoridad.
Diez minutos más tarde, los cuatro estaban sentados en una elegante cabaña
blanca a mitad de la terraza de dos y media hectáreas en las nubes. La música de
samba llenaba el aire, y a unos metros de distancia, estaba una inmensa piscina
infinita que se extendía a lo largo del parque.
—¡Salud, por Nick! —declaró la madre de Rachel—. Gracias por traernos aquí.
—Me alegra que le guste, señora Chu —dijo Nick, mirando a las mujeres.
—Bueno, tengo que admitirlo, este Singapore Sling es mejor de lo que
imaginaba —dijo Peik Lin, dándole otro sorbo a su espumosa bebida carmesí.
—Así que, ¿no vas a hacer muecas la próxima vez que algún turista que se
siente junto a ti ordene uno? —dijo Nick con un guiño.
—Depende de cómo estén vestidos —respondió Peik Lin.
Por unos momentos, se sentaron disfrutando la vista. Del otro lado de la
bahía, la hora azul se estaba acercando, y los rascacielos alineados en el puerto
parecían brillar con el aire. Nick giró hacia Rachel, sus ojos buscando los suyos.
Ella no le había hablado desde que la dejó en casa de Peik Lin. Sus ojos se
encontraron por un fugaz momento, antes de que Rachel apartara la mirada.
Nick saltó de su banco y caminó hacia la alberca infinita. Mientras caminaba
por el borde del agua, se formó una silueta contra el cielo que se oscurecía, las
mujeres lo estudiaron en silencio.
—Él es un buen hombro, ese Nick —dijo Kerry finalmente a su hija.
—Lo sé —dijo Rachel cuidadosamente.
—Me alegro de que viniera a verme —dijo Kerry.
—¿Ir a verte? —Rachel estaba confundida.
—Por supuesto. Él apareció en mi puerta en Cupertino hace dos días.
Rachel observó a su madre, sus ojos abiertos en sorpresa. Luego saltó de su
banco y se dirigió directamente hacia Nick. Él giró su rostro justo cuando ella se
acercaba, Rachel disminuyó su andar, girando la mirada para observar a algunos
nadadores en la alberca.
—Esos nadadores parece que van a caer justo en el horizonte —le dijo ella.
—Parece, ¿no es así?
Rachel respiró profundamente.
—Gracias por traer a mi madre.
—No te preocupes… ella necesitaba una buena bebida.
—A Singapur, quiero decir.
—Oh, era lo menos que podía hacer.
Rachel, miró a Nick tiernamente.
—No puedo creer que hicieras esto. No puedo creer que fuiste al otro lado del
mundo y de regreso en dos días. ¿Qué fue lo que te poseyó para hacer algo tan loco?
Nick le regaló su sonrisa de marca registrada.
—Bueno, puedes agradecer a un pequeño pájaro por ello.
—¿Pequeño pájaro?
—Sí, una pequeña urraca azul que odia a Damien Hirst.
En el bar, Kerry mordisqueaba su trozo de piña de su tercer coctel cuando
Peik Lin susurró emocionada.
—Señora Chu, no gire ahora, pero ¡espío a Nick dándole a Rachel un largo, y
lento beso!
Kerry giró llena de alegría y suspiró.
—Aiyah, ¡taaaan romántico!
—¡Alamak, no mire! ¡Le dije que no mirara!! —Peik Lin bufó.
Cuando Nick y Rachel regresaron, Kerry miró de arriba abajo a Nick, y jaló su
camiseta.
—Aiyah, has perdido mucho peso. Tus mejillas están tan cetrinas. Permíteme
engordarte un poco. ¿Podemos ir a unos de esos lugares de comida al exterior por
los que Singapur es tan famoso? Quiero comer cien barras de satany mientras estoy
aquí.
—Está bien, vamos todos a Chinatown al mercado de comida en la calle Smith
—anunció Nick.
—Alamak, Nick, calle Smith se vuelve tan llena de gente los viernes por la
noche, y nunca existe un lugar para sentarse —se quejó Peik Lin—. ¿Por qué no
vamos a Gluttons Bay?
—Sabía que ibas a sugerir eso. ¡Todas ustedes las princesas aman ir ahí!
—No, no, solo sucede que creo que ellos tienen el mejor satay —dijo Peik Lin,
a la defensiva.
—¡Basura! Satay es lo mismo a donde vayas. Creo que la mamá de Rachel
encontrara la calle Smith más colorida y autentica —discutió Nick.
—Autentica mi pie, ¡lah! Si realmente quieres autenticidad… —Peik Lin
comenzó.
Rachel miró a su madre.
—Ellos pueden hacer toda la discusión, nosotras solo vamos a sentarnos y
comer.
—¿Pero por qué están discutiendo tanto sobre esto? —preguntó Kerry,
sorprendida.
Rachel puso los ojos en blanco y sonrió.
—Déjalos, mamá. Déjalos. Esta es la manera en que son.
En la víspera de su boda con Nicholas
Young, heredero de una de las fortunas más
grandes de Asia, Rachel debería estar en las
nubes. Tiene un diamante de corte Asscher de
JAR, un vestido de novia que le gusta mucho
más que cualquier cosa que se puede
encontrar en los salones de París, y un
prometido dispuesto a sacrificar toda su
herencia para casarse con ella. Pero Rachel
todavía llora por el hecho de que su padre
biológico, un hombre al que nunca ha
conocido, no podrá acompañarle en su boda.
Hasta que, una revelación sorprendente
lleva a Rachel al mundo del esplendor de
Shanghai más allá de lo que nunca ha
imaginado.
Aquí conocemos a Arlton, un chico malo
que chocó su Ferrari, conocido por sus
travesuras al estilo del príncipe Harry;
Collette, una novia celebrity perseguida por paparazzis; y el hombre que
Rachel se ha pasado toda su vida esperando conocer: Su padre.
Mientras tanto, la chica-it de Singapur, Astrid Leong, se sorprende al
descubrir que hay una parte mala de tener un marido recién acuñado millonario de
la industria de la tecnología.
Un recorrido por los clubes, casas de subastas y fincas más exclusivas de Asia,
China Rich Girlfriend nos lleva a los círculos de élite de la China Continental,
presentando un cautivador elenco de personajes, y ofreciendo una visión interna de
lo que es ser gloriosamente, locamente, rico-Chino.
Kevin Kwan es el autor de "Crazy
Rich Asians", el bestseller internacional
que ahora está siendo adaptado como una
gran película. La secuela, "China Rich
Girlfriend", se lanzará el 16 de junio de
2015. Nacido y criado en Singapur, Kwan
ha llamado a Manhattan su hogar durante
las últimas dos décadas, pero todavía
anhela las tartas de piña y un plato
decente de Hokkien mee.

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