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ÍNDICE

Introducción ............................................................................................................. 1

El docente transformador ........................................................................................ 2

Características del docente transformador .............................................................. 7

El papel del docente como facilitador del aprendizaje ............................................ 9

El docente y la educación transformadora ............................................................ 14

Rol del docente transformador .............................................................................. 16

Relación del docente con la realidad social .......................................................... 16

Criterios de comportamiento del maestro .............................................................. 17

Opiniones personales ............................................................................................ 21

Conclusión............................................................................................................. 22

Bibliografía ............................................................................................................ 23
INTRODUCCIÓN

El maestro es uno de los elementos más importantes de la educación, pues es quién


hace posible que se logren los objetivos de enseñanza-aprendizaje propuestos para
la formación efectiva y adecuada de los estudiantes, quienes han de conformar la
sociedad.

Es por eso que el papel del maestro está muy vinculado a la sociedad y su realidad,
de modo que la docencia bien aplicada puede suponer un aporte más que
significativo para lograr el cambio positivo de la sociedad y las principales
transformaciones que suceden en esta.

En ese sentido, el presente material intenta explicar las características


fundamentales y los principales rasgos que definen el rol transformador del maestro
en la sociedad, con el propósito de determina la importancia de sus funciones y
comprender el papel que juega el docente en ese sentido.

Además de esto, con este trabajo esperamos comprender algunas características


vinculadas al comportamiento del maestro en el contexto social, su vinculación con
su realidad y los diferentes elementos que permiten definir la conducta social del
maestro.

En resumen, este trabajo no es más que un abordaje conceptual que pretende


explicar el papel del maestro transformador y la forma en que éste se lleva a cabo
en la sociedad de diversas maneras, considerando que llegaremos a ser maestras
y a cumplir con este rol.

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EL DOCENTE TRANSFORMADOR

Es indudable que el trabajo del docente interviene en la realidad social de una


manera significativa, ya que la educación se enfoca precisamente en adecuar dicha
realidad según los propósitos establecidos en el marco de la sociedad sobre lo que
interviene.

En ese sentido, a través de la realización de su labor docente, el maestro promueve


el cambio en la sociedad, ya que, por medio de la formación del individuo, determina
cómo serán los componentes humanos que conformarán la sociedad del mañana,
así como antes hicieron otros maestros con los estudiantes de antaño que
conforman la sociedad de hoy.

Sería bueno que los profesores y profesoras de todos los niveles de la educación:
primera Infancia, básica primaria, secundaria y superior, reflexionemos sobre
nuestras prácticas pedagógicas, para ver si se ajustan a los sueños, expectativas y
proyectos de vida de los educandos y educandas; como también ver, si el currículo
está en sintonía con el contexto. Son muchas las miradas que hay que reflexionar,
y ameritan la autocrítica de lo que se concibe como enseñanza, especialmente en
lo que concierne a la formación y actualización permanente como docentes.

Importante tener presente lo que afirma Habermas. "Sin teoría no es posible


transformar; la construcción del conocimiento se hace desde el lenguaje, desde los
saberes" Significa que el educador o educadora tiene que ser un transformador e
innovador de las didácticas que se tienen para que el acto pedagógico sea
consecuente con el discurso desde la perspectiva crítica, analítica, y del diálogo.

El pensador cubano José Martí, decía "La educación es un acto de amor, según
puede comprobarse en su propia vida y en la idea, el acto pedagógico es una
relación concreta de los seres humanos alimentada por el amor, creencia que
justifica que abogará por el establecimiento de un cuerpo de maestros misioneros
capaces de abrir una campaña de ternura y ciencia de maestros ambulante,
dialogantes y domines" (Romero Ortega, 2016).

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Hoy precisamente, el sistema educativo dominicano está requiriendo maestros y
maestras que fomenten la formación integral, la autoestima, la libertad de saberes,
la ternura, la autonomía., más allá de las normas, las evaluaciones, los perjuicios,
el castigo. Pero también es indispensable la dignificación de la actividad en lo que
respecta, a la cualificación, promoción, ascenso, salarios justos, condiciones y
ambientes favorables para el trabajo docente.

Una sociedad progresa y se desarrolla en la medida en que sus educadores y


educadoras tengan un alto nivel de formación científica y humanística como es el
caso de la república de Finlandia, donde ser educador es un privilegio, lo cual
garantiza una educación de calidad.

Para propiciar la transformación de las escuelas los docentes deben empoderarse


de todas las herramientas, recursos y estrategias que le permitan crear ambientes
participativos, donde la familia, la comunidad, los docentes y los educandos se
sientan motivados y compartan la visión de una educación de calidad sustentada en
el trabajo colaborativo y donde los recursos que provee el entorno puedan ser
aprovechados con eficiencia.

Se requiere un docente creativo, reflexivo, orgulloso de sí mismo, que valore en su


justa medida a cada uno de los actores que intervienen en el proceso educativo y
que esté presto y capacitado para convertir cualquier evento en una situación de
aprendizaje.

En definitiva, de acuerdo al papel social de la educación y a lo que se espera de la


profesión docente en cuanto a su influencia en las personas y en la sociedad, se
necesita un docente comprometido con la labor que realiza, con su propia formación
y que esté consciente de que dejando huellas positivas en sus alumnos puede poco
a poco transformar sus vidas, la escuela, la comunidad, la nación y el mundo
(Canacho, 2014).

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En los últimos años hemos sido testigos de grandes transformaciones educativas.
Estos cambios han tenido lugar en el marco de una reinterpretación de los modelos
teóricos que modifican la concepción del papel de la escuela en la enseñanza y el
aprendizaje: Cuando nos enfrentamos a la tarea de definir la diversidad de papeles
que juega la escuela, el profesor y el alumno nos encontramos que es diferente lo
que enseña la escuela y lo que el alumno aprende.

Es importante considerar que los saberes escolares no son sólo repetidos por las
personas, sino recreados y reinventados más allá de su canonización. El propósito
de la escuela es incorporar a los alumnos en una cultura, lenguaje y pensamiento
preexistente por medio de la educación.

La preocupación del estudio del aprendizaje no se ha enfocado sobre el desarrollo


del conocimiento y la comprensión como una unidad. Ésta se construye
permanentemente en la comunicación en la que el lenguaje hablado del profesor y
del alumno enseña y muestra lo aprendido. El uso del lenguaje como parte de la
identidad de los usuarios, que exige ajuste entre los participantes.

Compromiso por parte de la educación que requiere de una comprensión mutua,


donde los sentidos de los participantes expresen interpretaciones y valoraciones
particulares de los temas que confrontan y que requieren un proceso negociador
que ponga en contacto sus diversos sentidos.

Consideramos que el hombre nace inacabado y es la sociedad, por medio de la


educación, la que lo transforma en alguien similar a las personas existentes.
Eliminando las diferencias entre generaciones, siendo contradictoria con la
intención de trabajar las diferencias entre los individuos. El individuo tiene la
necesidad de desarrollarse en el interior de una sociedad por medio de todos y cada
uno de los contactos que sostenga con los demás. Las relaciones sociales están en
la base de la construcción de las características que hacen al ser humano propio de
su cultura.

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La persona se encuentra en medio de acciones histórico-políticas que dan sentido
a su actuar, aunque no diluyéndose en lo social; sin embargo, la escuela es la
institución que la sociedad usa para sustentar valores.

Por consiguiente, tiene como misión comunicar a las nuevas generaciones los
saberes socialmente instituidos, aquellos determinados en un momento histórico
como válidos. La escuela media la formación del pensamiento y la transmisión de
valores con la función de transpolar una parte del conocimiento acumulado de una
sociedad eliminando otra (Lerner, 1996).

Al socializar al individuo se crea la estabilidad social, se le concibe como receptor


de valores y actitudes más que sujeto activo del conocimiento, promocionando a las
personas de clase dominante, reproduciendo la estructura social, por medio de la
transmisión de ideas y actitudes que orientan hacia la conservación del mismo
orden. Es necesario distinguir la adquisición de saberes específicos que se
relacionan con los diferentes medios sociales y las estructuras generales, que
requieren de coordinación interindividual, propia de la sociedad humana.

En este tenor, la escuela presenta al alumno prácticas poco usuales y desconocidas


u opuestas a las que ha vivido en otros contextos, brindándole una serie de
experiencias y vedando otras; de la misma forma, al decidir el maestro qué es lo
que se debe hacer y no hacer, crea relaciones de poder.

El intercambio de opiniones –sean aceptadas o rechazadas– forma


representaciones que los demás proponen de sí mismos y de la persona en
cuestión. La comprensión que se propone desarrollar la escuela al poner en
contacto personas con diferentes capacidades es que el aprendiz aprenda a partir
y exclusivamente de su propia actividad y experiencia, más o menos directa, en el
nivel de la experiencia concreta, mientras que el pensamiento del experto construye
la comprensión a partir de principios ajenos a las prácticas inmediatas que regulan
las relaciones entre las cosas (por ejemplo, el matemático que crea teoría
desligadas de la realidad).

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Es decir, el aprendizaje del aprendiz se basa en los hechos y los objetos mediados
por las relaciones arbitrarias, enfrentándose a un pensamiento situacional y
concreto en oposición a uno conceptual y abstracto. Así en la práctica compartida
se le atribuye al otro una vida psicológica, intencional y de deseos.

En consecuencia, no sólo la edad y la cultura median esta diferencia sino también


la apropiación de la misma por medio de los instrumentos que en ella se emplean
al participar en las prácticas socialmente organizadas, que presentan y permiten al
experto proponer la forma de pensar, sentir, valorar y concebir cómo hacerlo.

En este sentido, la cultura no es entendida como un espacio de negociación y


renegociación, tendiente a controlar las diferencias entre actuar y pensar. Esta
negación se manifiesta en la práctica educativa donde hay reglas y normas
preestablecidas. Tal inclinación se determina en los contactos, conflictos e
intercambios en el salón de clase, donde existen reglas, normas y prácticas sociales
impuestas, eliminando la diferencia y la variación que necesariamente cualquier
persona introduce al pensar y actuar.

Aquí se juega un saber psicológico, o sea, representaciones y estrategias, así como


un saber hacer, no sólo para contemplar, sino con la intención de encontrar las
formas de actuar para lograr los fines.

En este contexto el proceso de la conversación empleado dota de sentido a cuanto


es tratado, orientando las participaciones hacia un punto entre varios, ya que en
ocasiones bien pueden coexistir dos marcos de referencia que validan y valoran
perspectivas diferentes de un mismo acontecimiento, que incluso pueden ser
contradictorias. A partir de esto cabe decir que una clase es un esfuerzo conjunto
del maestro y los alumnos por mantener un foco de atención común y estructuras
de actividad compartida durante el mayor tiempo posible, con la idea de lograr el
cambio intraindividual (Cazden, 1991).

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CARACTERÍSTICAS DEL DOCENTE TRANSFORMADOR

En su obra fundamental sobre la pedagogía, Paulo Freire establece sus principios


acerca del rol del docente, al cual considera como un transformador de la sociedad
por medio de la puesta en práctica de las estrategias adecuadas que le permitan
intervenir en ésta.

En razón de lo anterior, aun cuando el libro se centra en la acción de enseñanza por


la parte docente, y trata sobre los saberes necesarios para la práctica educativa, el
discurso de Freire se refiere a lo que el personal docente debe tomar en cuenta y
poner en práctica para que sus estudiantes alcancen la autonomía para aprender
por sí mismos y mismas. Es decir, la población meta de su visión pedagógica es el
estudiantado, pero para llegar a estos grupos se debe pasar por sus docentes
(García-Retana, 2014).

Junto a esta idea sobre la labor del docente, Freire reafirma en esta obra que el acto
educativo es un acto político y ético, y que a través suyo es posible lograr cambios
en las personas que les permitan ser educadas y mejores. Lleno de esperanza y
optimismo sobre esta posibilidad, invita a mirar una y otra vez el quehacer docente
desde una perspectiva humanista y comprometida con el desarrollo del individuo,
no con la economía.

De esta forma, mediante la exposición de tales ideas acerca del perfil del maestro
en un contexto de desarrollo social, este pensador realiza una especie de llamado
a seguir creyendo en la educación presencial, cara a cara, frente a frente, donde
docente y discente, más que compartir información y conocimientos, comparten sus
vidas y proyectos, dialogan sobre sus visiones de mundo, crean espacios mutuos
para enseñar y aprender; y es que solo cuando el personal docente acepta e
implementa esta relación con sus estudiantes, puede establecer coherencia entre
su discurso y su práctica, y con ello hacer la diferencia en el proceso de
transformación de sus educandos y educandas para que logren su propia y
permanente transformación (Freire, 1998).

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Señala, además, que a pesar de la relación dialéctica entre enseñar y aprender, ha
sido un error histórico asumir el acto educativo privilegiando la perspectiva de la
enseñanza sobre el aprendizaje; propone, por ello, razones justificadas para
conceptualizar que un cambio en la posición de los términos no es un simple juego
de palabras, sino que responde a una lógica diferente, al considerar que enseñar
debe ser concebido en razón del aprender y no en razón de la presentación de los
contenidos que se asume deben ser aprendidos por el educando, lo que conlleva
un cambio de paradigma tanto para docentes como para discentes.

A través de su libro Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica


educativa (Freire, 1998), este autor invita a asumir un compromiso con la educación
desde una perspectiva personal, social e histórica; compromiso que demanda el
convencimiento de que cada hombre y mujer que existen pueden cambiar el
entorno, pueden transformar su realidad, por lo que estos no se deben aceptar como
cosas dadas e inmutables, sino como posibilidades, producto de las relaciones
humanas, en un contexto político e ideológico históricamente definido, donde la
educación es y será un recurso antropológico que posibilita el transmitir una visión
del mundo, la cual puede estar en función de consolidar, mantener y preservar un
modelo específico de sociedad; o, por el contrario, presentar acciones
contestatarias que procuren su transformación; donde enseñar constituye un acto
deliberado, de carácter político e ideológico que va más allá de la transmisión de
información, ya que quien enseña puede ser consciente o no de ello.

Desde la perspectiva de Freire, la acción docente no tiene que ver con las buenas
intenciones, porque esto podría orientarse hacia el “mandonismo” como expresión
de autoritarismo, y hacer caer al personal docente en el espejismo de verse a sí
mismo como la fuente del conocimiento, o el único guía autorizado para emitir
criterio, como si fuera un mesías, lo cual iría en contra del acto educativo dialógico.

Según Freire, evitar lo anterior es parte de la responsabilidad ética, por cuanto la


enseñanza de contenidos no es más que un pretexto para estimular en el
estudiantado el aprendizaje autónomo que le permita ejercer su libertad, la cual solo
existe con la presencia de otras personas.

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EL PAPEL DEL DOCENTE COMO FACILITADOR DEL APRENDIZAJE

El rol del docente ha evolucionado de tal forma que debe estar capacitado para
educar a las nuevas generaciones; lo que significa un compromiso en la mejora del
desarrollo y capacidades de sus alumnos. Sin embargo, diversas inquietudes
reflejadas en los diarios digitales aseguran que aún existen ciertas problemáticas
en torno al ámbito académico.

Una publicación de Anfibia reconoce que el docente no posee una autoridad


jerárquica, sino que se convierte en el mediador del juego. “El profesor deja de ser
el cuerpo que contiene el saber, la figura que arbitra las voces de un juego ajeno, el
de los alumnos”, observaron sus autores y agregaron: “para habitar las aulas
actuales es necesario hacer un desplazamiento en el rol, un pasaje de docente
árbitro al docente armador”. (Huergo & Martínez, 2016).

En este sentido, una entrevista publicada en La Nación, profundizó sobre el rol del
profesor en la actualidad. “Los jóvenes modernos necesitan mentores, más que de
docentes”, según declaró Fernando Flores, experto en innovación. (Origlia, 2016).
El artículo analiza los factores de la sociedad que influyen en la enseñanza actual e
intenta incorporarlos, integrarlos en el aula para una mejor enseñanza académica:
la tecnología, el cambio climático, entre otros. Por tanto, se afianza el modelo
constructivista basado en explorar otras complejidades que el sistema educativo
ofrece. Según observó Ander Egg, “los protagonistas del proceso de
enseñanza/aprendizaje son tanto los docentes como alumnos”. (Ander- Egg, 1994).

El autor propone el aula taller como una estrategia donde el docente estimula,
orienta y asesora a los estudiantes, mientras que el educando se inserta en el
proceso pedagógico como sujeto de su propio aprendizaje. Avanzando sobre estos
conceptos, cabe mencionar una escena del film La lengua de las Mariposas que
explora el concepto enseñanza-aprendizaje entre docente-alumnos, cuya escena
da lugar en la biblioteca.

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Se observa, por tanto, el oficio del maestro fuera del aula y su pasión por enseñar;
teniendo en cuenta los recursos con los que cuenta el alumno. En este caso,
encontró adecuado una lectura determinada, fuera del programa académico, pero
enriquecedora y acorde con el aprendizaje de Moncho. “Los libros sirven para
refugiar nuestros sueños, para que no se mueran de frío”, profundizó el docente.

Un buen docente se convierte en un facilitador del aprendizaje porque ve una


oportunidad para que el alumno desarrolle su capacidad y formación. Y a su vez,
propone algún conflicto con la finalidad de que el alumno sea capaz de resolverlo,
adaptándose a los desafíos planteados en el aula.

Cuando nos encontramos con una materia nueva, intentamos comprenderla en


términos de algo que pensamos que ya conocemos. Usamos modelos mentales
disponibles para dar forma a las entradas sensoriales que recibimos. Sin embargo,
hay que construir nuevos modelos mentales de la realidad. (Bain, 2007).

La motivación juega un rol fundamental. El docente debe cautivar y mantener la


atención de los estudiantes con preguntas que incentiven a cuestionar sus propias
percepciones, a debatir y reflexionar. “Nos encontramos con personas que
salpicaban constantemente sus clases con anécdotas personales, e incluso con
relatos emotivos, para ilustrar lo que de otro modo no serían más que asuntos y
procedimientos puramente intelectuales”.

Bain expuso que: “los profesores con más éxito esperan de sus alumnos los más
altos niveles de desarrollo” y “rechazan la visión de la enseñanza como nada más
que proporcionar respuestas correctas a los alumnos”. Según lo antedicho, un buen
docente tiene como objetivo formar aprendices profundos, que puedan trasladar los
conocimientos teóricos fuera del aula y explicar con sus propias palabras lo
aprendido en el aula.

Las instituciones escolares se constituyen en uno de los dos grandes focos de


aprendizaje que mayor influencia va a tener en la formación de la ciudadanía.

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Junto con el estudiante, los maestros son parte esencial del sistema educativo y de
toda institución escolar, por lo que su rol dentro de la misma y de la sociedad en sí
es de gran relevancia en más de un sentido.

El docente va a sumar dentro de su práctica educativa diferentes creencias,


convicciones y escalas de valores que, sin lugar a dudas, va a transmitir en su
discurso pedagógico con sus alumnos.

Por ello, debe ser totalmente consciente del compromiso educativo que tiene con
sus discípulos y, en la medida de lo posible, debe mostrarse con el mayor grado de
neutralidad para conseguir formar a estos niños dentro de los cánones de la libertad
de pensamiento y de crecimiento, así como dotarles de un amplio bagaje de
conocimientos y puntos de vista, que les posibiliten adquirir esa actitud crítica tan
ansiada y que tanto escasea en nuestra sociedad actual (Prieto Jiménez, 2008)..

En algunas ocasiones, las funciones del maestro se extralimitan de la misión básica


de escolarizar al menor. La sociedad en general y los padres en particular dotan al
docente de diferentes objetivos a alcanzar que, en determinados momentos, no son
otra cosa sino competencias transferidas, es decir, funciones educativas y
socializadoras, las cuales, son la propia sociedad y la familia las que han de darle
el debido cumplimento pero que, por diferentes razones de tiempo, apatía,
desinterés, las dejan en manos de la escuela sobrecargando a ésta de funciones e
impidiendo el buen y correcto funcionamiento de la misma.

Según lo plantean algunos autores, el profesor es aquella persona que debe de


estar cualificada, para dar respuesta a todos los conflictos que le pueda presentar
el alumno, sean éstos de carácter cognoscitivo o psicológico, sin tener en cuenta
que, el docente, no tiene el deber de poseer conocimientos específicos de
psicología.

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Tal como sostenía Andy Warhol en su célebre frase, “comunicar es un arte bastante
simple. Lo que puede ser endiabladamente difícil es hacer que la gente te escuche”.

Según (Bain, 2007), el buen docente estimula para que el alumno tenga un
aprendizaje profundo; que no se limite a memorizar los textos o recordar los temas
para aprobar un examen. Realiza preguntas que conduzcan al estudiante a
observar, analizar, reflexionar, pensar y debatir. “Las preguntas nos ayudan a
construir conocimiento”.

Bain manifestó que los estudiantes aprenden mejor cuando responden a una
pregunta importante que realmente tienen interés en responder, o cuando persiguen
un objetivo que quieren alcanzar. “Si los estudiantes estudian solo porque quieren
sacar buenas notas, no les irá tan bien como si estudiasen porque tienen interés”.

Un tema que se manifestó en algunos portales, es la falta de lectura en los


estudiantes. “Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante
muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir
selfies”, confesó en su blog digital Leonardo Haberkorm, docente uruguayo
especializado en periodismo.

Agustina Blanco, Directora ejecutiva de la ONG Proyecto Educar 2050, fue


entrevistada por el diario Clarín y se refirió a la crítica sobre la lectura en clase. “La
mitad de nuestros alumnos sigue sin entender lo que lee. Están alfabetizados, sí,
porque pueden decodificar palabras, pero no llegan a niveles más profundos de
razonamiento, como resumir ideas y sacar conclusiones”, indicó.

Tal y como puso de manifiesto la publicación, Blanco (2016) sostuvo que se debe
priorizar el abordaje pedagógico al pensar en soluciones: “es necesario cambiar la
experiencia en el aula y garantizar aprendizajes significativos, no solo en relación
con los saberes académicos, sino también en términos de habilidades socio-
emocionales y competencias”.

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El citado autor explora y descubre que los mejores profesores evitan que sus
estudiantes se conviertan en buscadores de notas, intentando estimularlos con un
interés intrínseco en la materia. “Ponían énfasis en las oportunidades para mejorar,
buscaban constantemente formas de estímulo para el progreso”.

Muchos de los mejores profesores hacen lo que Jeanette Norden en sus clases de
la facultad de medicina: califica a los estudiantes según el conocimiento y las
capacidades que han desarrollado al finalizar sus clases, en lugar de hacerlo según
un promedio de los méritos conseguidos a lo largo del curso.

Por tanto, según lo expuesto por los autores, un buen docente brinda a los
estudiantes varias oportunidades para demostrar la comprensión de la cursada,
poniendo a prueba las capacidades apropiadas en un sentido global. “Los mejores
profesores diseñan cuidadosamente tareas y objetivos de aprendizaje para
promover la confianza y para infundir ánimo, pero proporcionando a los estudiantes
grandes desafíos y haciéndoles sentir que se enfrentan a ellos con suficiente
solvencia”.

Es posible concluir que el rol del docente ha evolucionado, mientras que el concepto
de aula también acompaña este proceso, cesando su función meramente lineal y
tradicional.

Otra reflexión que sintetiza las características de un buen docente es su


compromiso por enseñar, más allá de los títulos o cursos que haya hecho en su
carrera; entender que las aulas son heterogéneas y que los alumnos no son seres
aislados, sino que forman parte de un contexto cultural, social, familiar, económico
y político.

Estimular en el alumno a desarrollar su creatividad y sus capacidades, que los


estudiantes no repitan ni memoricen textos por recibir una buena calificación
escolar; permitirle cometer errores. Cuestionar el sentido común y ver la complejidad
de la realidad desde varias miradas. En suma, como expresa el autor Percia, quien
expresó: “Pensar es rodear una cosa de vacilación. Desestabilizar su orden o poner
a trabajar sus indecisiones.

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EL DOCENTE Y LA EDUCACIÓN TRANSFORMADORA

Un sistema de conocimiento separado, compartimentado y especializado ya no sirve


para entender los problemas que son cada vez más transversales y
transdisciplinares. El sistema educativo en general superar un pensamiento
tecnocrático que separa y divide, para promover un pensamiento global que
capacite a los y las estudiantes para organizar la información dentro del contexto en
el que se encuentran, que posibilite una visión interdependiente de las cosas que
les pasan y del mundo. La organización del centro se realiza desde la perspectiva
de un proyecto educativo no sólo técnico sino también emocional, ético y político.

Esta perspectiva de proyecto fomenta en el centro transformador la indagación y la


discusión entre docentes, estudiantes y comunidad, así como el trabajo con una
visión integrada del conocimiento que permite la diversificación de actividades
dentro de un marco común. Para ello, la organización del centro contribuye a
generar un conocimiento riguroso, pertinente, ético y significativo para todos los
actores implicados (profesorado, alumnado y comunidad), que facilita una lectura
crítica del mundo, en el sentido freiriano.

No estamos hablando de un método educativo concreto, sino de una filosofía


pedagógica que, eso sí, requiere una implementación coherente, o bien, si
empezamos por el otro lado, de una práctica que tiene que ver con referentes
emancipadores. Se trata, por tanto, de un enfoque que admite la pluralidad dentro
de sí, incluso en los nombres: hay quien habla de “educación crítica”, “educación
transformadora”, “educación liberadora”, “educación popular”, “educación
emancipadora” ...

“Creemos en una escuela que despierte los sueños de nuestra juventud, que cultive
la solidaridad, la esperanza y el deseo de aprender, enseñar y transformar el
mundo”. Estas palabras suelen figurar colgadas de la pared o de un árbol en las
escuelas creadas en las fincas agrarias ocupadas por el Movimiento de los
Trabajadores sin Tierra de Brasil. Quizá no haya forma más sencilla y contundente
de expresar los objetivos de una educación emancipadora, con el valor añadido que
le da el contexto en el que operan.
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En entiende la educación transformadora ligada a la acción de los movimientos
sociales liberadores y al conocimiento crítico. No es una mera derivación o
aplicación de estos dos referentes, sino que podríamos decir que se trata de tres
formas complementarias de acercarse a un común enfoque intelectual, moral y de
acción, que podemos definir como crítico, transformador o emancipatorio.

Forzosamente han de existir diferencias según nos hallemos en el campo de los


movimientos sociales, en el de la ciencia social crítica o en el de la educación, pero
defendemos que, con diferentes puntos de partida y actos concretos, ha de haber
un hilo conductor común, y que, además, la filosofía de actuación se enriquece si
tenemos en cuenta en cada campo las aportaciones de cada uno de los demás.

En esta visión, la educación no asume una posición subalterna (“enseñar lo que


otros descubren o defienden”), puesto que el mismo proceso de acción sociopolítica
y de conocimiento participante también tienen un componente cultural o educativo.
La educación, por su parte, no se considera de ninguna manera al margen de la
sociedad en la que interviene.

Jaume Martínez Bonafé resalta cómo la puesta en práctica de la renovación en la


enseñanza suele supervivir, no como una estrategia técnico-profesional aislada,
sino "en conexión con otras estrategias de cambio impulsadas por compromisos
sociales, culturales e ideológicos que desbordan el conocimiento práctico edificado
en el trabajo".

Al margen de las críticas realizadas desde el campo conservador o liberal a la


pedagogía crítica, desde el postmodernismo se han cuestionado sus mismos
fundamentos, en línea con la deconstrucción, la `crítica de la crítica´, la destrucción
de las metanarrativas y la denuncia de nuevos `regímenes de verdad´ basados en
la filosofía de algunos educadores.

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ROL DEL DOCENTE TRANSFORMADOR

Estudiantes y docentes son responsables de los procesos de autoformación en la


sociedad del conocimiento y la educación expandida. En este sentido, los roles
docente - estudiante ya no están separados; hoy, los maestros deben se estudiantes
y aprendices activos, autoeducarse como propone Edgar Morin, mediante su
práctica docente, y actualizando constantemente sus saberes y sus metodologías
(Morín, 2005).

De igual manera, los estudiantes tienen que desarrollar procesos de autoformación


aplicables a entornos escolares y no escolares, en la perspectiva de la educación
expandida. Sabemos ya que nuestro docente Transformador/a desempeña el rol de
guía del proceso de aprendizaje, orientado por el currículo, en una relación de
autoridad y respeto que transforma mutuamente a estudiantes y docentes. Además,
el/la maestro/a es facilitador/a de diversos procesos de transformación de la
participación por sus docentes y a su vez, ellos y sus compañeros realizan este rol
de guías en los asuntos en los cuales su experiencia y capacidades investigativas
lo permiten.

RELACIÓN DEL DOCENTE CON LA REALIDAD SOCIAL

Las prácticas pedagógicas de los docentes están también determinadas por las
realidades sociales, psicológicas y contextuales de la institución y del aula. Estos
factores involucran a los apoderados, los requerimientos de las autoridades, la
institución, la sociedad, los principios curriculares, la distribución de las salas y de
la institución, las políticas institucionales, los colegas, el uso de exámenes
estandarizados, estudiantes no motivados, un currículo rígido, los docentes más
antiguos y la disponibilidad de recursos didácticos.

Estos factores pueden influir en la habilidad del docente para adoptar actuaciones
pedagógicas que reflejen sus creencias. En esta línea, las condiciones laborales
difíciles también pueden influir en lo que hace el docente y entrar en conflicto con
su cognición.

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Por ejemplo, existe evidencia que muestra cómo el entusiasmo inicial de un docente
puede verse afectado por las exigencias organizacionales que escapan a su control.
Estos factores pueden desincentivar la experimentación y la innovación pedagógica,
y promover la estrategia segura y confiable de apegarse a los enfoques y materiales
prescritos. Con esto, los docentes se alinean con las características del contexto de
enseñanza.

Se ha observado, además, que los docentes con mayor experiencia muestran una
mayor preocupación en relación con los contenidos didácticos, mientras que los
docentes con menor experiencia se focalizan mayoritariamente en la gestión de
aula. Esto sugiere que, con la experiencia, los docentes aprenden a automatizar las
rutinas relacionadas con la gestión de aula; por lo tanto, pueden focalizarse en el
contenido que deben enseñar. Los docentes con mayor experiencia, por otra parte,
hacen un mayor uso de la improvisación. Esto significa que a medida que el docente
adquiere mayor experiencia, se apega en menor grado a las programaciones
didácticas realizadas antes de una clase.

CRITERIOS DE COMPORTAMIENTO DEL MAESTRO

Es deber del profesor no comentar fuera de la escuela sus problemas con la


dirección, ni tampoco sobre las demás cuestiones del establecimiento.

Relaciones del docente con los alumnos: Otra cuestión de suma importancia para
la educación es que del comportamiento del profesor dependerán las buenas
relaciones entre ambos. La comprensión del alumno es fundamental para que se
establezcan lazos de simpatía y de amistad con el profesor, para que sean
alcanzados los objetivos de la educación:

 El profesor debe cultivar una actitud de justicia y trato igualitario para con sus
alumnos, con relación a la atención y consideración, independientemente de
las condiciones sociales y económicas de los mismos. Para ser
verdaderamente equitativo, debe tratarlos conforme a sus diferencias
individuales, tomando en consideración la inteligencia, la timidez, el
temperamento, la formación, las aspiraciones, etc.

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 Nada desalienta más a los alumnos que la comprobación de que el profesor
tiene preferencias por uno u otro compañero.

 El profesor debe abstenerse de asumir actitudes racistas, sea en relación con


el color o la nacionalidad.

 Cuando un profesor quiera amonestar a un alumno, debe hacerlo franca y


lealmente, sin invocar nunca razones de defectos físicos, deficiencias de
inteligencia, raza o nacionalidad.

 El profesor no puede revelar en la clase aspectos de la vida particular de la


familia del alumno, así como confidencias que haya escuchado o faltas que
este último le haya confesado. Esto sería una traición a la confianza del
alumno.

 El profesor debe procurar ponerse en contacto con todos los alumnos,


evitando formar grupitos, especies de clubes o logias, dispuestos a seguirlo
en todo y por todo.

 Muchos profesores, deseosos de saber todo para controlar mejor a los


alumnos, no titubean en aproximarse a ciertos alumnos "maleables" para
convertirlos en delatores de sus compañeros.

 Hay profesores que son varaderos especialistas en recurrir a todos los


pretextos para no dictar sus clases. Cualquier incidente baladí pasa a
convertirse, en sus comentarios, en el tema central de sus interminables
charlas, el tiempo de clase se agota sin que hayan abordado las lecciones
del día.

 Una conducta que debe ser evitada por el profesor es la de comentar


peyorativamente las pruebas de los alumnos en público. Tampoco es ético
ridiculizar a los alumnos teniendo a la vista sus pruebas con los errores en
ellas señalados.

18
 Es común informarse que tal o cual profesor /a enamoran a sus alumnos.
Constituye un abuso de confianza. La familia no manda a sus hijos a la
escuela para que sean enamorados; los manda para que se eduquen. El
profesor que establece relaciones de tipo amoroso con el alumno,
generalmente pierde la fuerza moral frente a su curso y deja en el ánimo del
resto del grupo de alumnos la poco edificante convicción de que está
protegiendo especialmente a "alguien". Una vez terminada la relación
docente-alumno, entonces sí, los sentimientos pueden tener la manifestación
más conveniente.

 El profesor, sin ser presumido, no debe mostrarse vulgar, relatando,


enfáticamente, el último chiste escuchado durante la víspera a través de la
radio o la televisión, o repitiendo continuamente los dichos o refranes en
boga. El profesor, tiene que ser un ejemplo para sus alumnos y para el medio
social en general, no solo expresándose correctamente, sino, además,
evitando los modismos lingüísticos, vulgares en demasía.

 Acerca de la expresión verbal debe consignarse, así mismo, que el profesor


no debe utilizar palabras o frases de doble sentido y que den lugar a juicios
maliciosos por parte de los alumnos.

 En su función docente, el profesor debe abstenerse de asumir


posiciones políticas-partidarias, su neutralidad en clase debe ser absoluta.
Es necesario destacar, con todo, que tanto el profesor como la institución
escolar tienen la obligación de preparar políticamente a los alumnos. Su
deber es formarlos en ese aspecto de una manera general y sin partidistas.

 El profesor debe procurar el cumplimiento de lo que prometió a sus alumnos.


Para el alumno no hay nada más decepcionante que las mentiras de sus
superiores, que pueden llevarlo, fácilmente, a generalizaciones peligrosas
para su vida.

19
 El profesor debe evitar la actitud de hacer que siempre prevalezca su opinión.
Es frecuente encontrar profesores que justifican sus actos y decisiones con
relación a sus alumnos diciendo categóricamente "esto es así porque yo
quiero que sea así", la obligación del profesor dispone en que todas sus
exigencias de justificaciones y explicaciones lógicas, las que tengan sentido,
permitiendo el debate acerca de las mismas antes de establecerlas de
manera definitiva. Las propias notas adjudicadas a los alumnos deben
merecer justificaciones lógicas y objetivas, a fin de convencer en lo respecto
a la justicia de las mismas.

 El profesor debe esforzarse por hacerse amigos de sus alumnos. No debe


ser temido. Muchos profesores acostumbran comentar dentro y fuera de la
clase acerca de "quien aprueba y quien no aprueba el año" creando una
verdadera situación de terror para los alumnos que se consideran marcados.
Su actitud debe ser estimulo constante, y en todas las circunstancias, para
sus alumnos.

20
OPINIONES PERSONALES

Creo que el papel del maestro en el desarrollo de la sociedad es muy importante,


ya que sin maestros efectivos no podemos contar con una educación efectiva, ya
que son los docentes los que constituyen la mitad más importante de la educación
como proceso.

Por eso mismo, considero que el trabajo del maestro es importante para transformar
al estudiante de acuerdo a las características y el perfil que se espera de un buen
ciudadano, y, en consecuencia, transforma también a la sociedad como resultado
de su trabajo.

Si queremos transformar la sociedad por medio de nuestra labor docente, debemos


conocer la importancia del cambio y comenzar por la transformación más
importante: la de nosotros mismos y la forma en que educamos.

YENIA LUISA OGANDO TURBÍ

Hablar del maestro transformador es hablar de una de las funciones más


importantes de la educación, ya que se refiere a la intervención de los maestros en
la realidad de la sociedad.

Me interesa mucho el tema del maestro transformador porque me permite


comprender la importancia que tiene la labor docente en la sociedad y la forma en
que el profesional de esta área, por medio de la realización de su trabajo, logra
modificar la realidad que lo rodea.

Pero entiendo que no sólo son beneficios los que aporta el maestro como
transformador de la sociedad, sino que también adquiere un compromiso con la
sociedad, ya que la labor del docente requiere que cumpla una serie de
características fundamentales que le permite lograr los objetivos que determina su
trabajo.

ALEJANDRA ALCÁNTARA

21
CONCLUSIÓN

Desde los inicios de la educación, el rol del maestro como transformador de la


realidad que lo rodea ha venido determinada por la calidad del proceso de la
enseñanza-aprendizaje y ha sido determinante de la eficacia con que lleva a cabo
su labor en ese sentido.

De acuerdo con esto, y teniendo en cuenta lo que se ha presentado en este material,


el rol del docente transformador es muy importante para el desarrollo de la sociedad,
ya que se refiere a un papel que, aunque se lleva a cabo desde la escuela como
centro educativo, incide en todos los sectores de la sociedad y tiene influencia en
todos sus ámbitos.

De acuerdo a esto, el papel transformacional del maestro es lo que define su trabajo,


por lo que es necesario tener en cuenta las diferentes características que se definen
en ese sentido si se quiere lograr una educación verdaderamente efectiva de
acuerdo a las necesidades de la sociedad y los objetivos para su desarrollo.

Los maestros tienen un compromiso real y permanente con la sociedad, por lo que
su trabajo está orientado en base a los objetivos que se plantea como aporte al
desarrollo de la sociedad, en cumplimiento efectivo de tales compromisos sociales
e individuales.

De lo que hemos podidos analizar a lo largo de este trabajo, podemos claramente


establecer que la conducta del maestro como transformador de la realidad social se
rige en base a dos factores fundamentales, los cuales se relacionan con otros
secundarios, de manera que tenemos una constante interacción entre ambos.

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BIBLIOGRAFÍA

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