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5 LOS REINOS CRISTIANOS EN LA EDAD MEDIA: ORGANIZACIÓN POLÍTICA, RÉGIMEN SEÑORIAL Y


SOCIEDAD ESTAMENTAL.
A partir de los núcleos de resistencia cristianos del norte de la península se van a configurar nuevas entidades
política dando lugar a tres grandes reinos como son Castilla, Navarra y Aragón.

Desde el siglo IX la organización política de los reinos cristianos reside en la monarquía. El Rey es un noble, un
primero entre iguales (primus inter pares). El poder del monarca reside en su poder económico, gracias a sus
grandes extensiones de tierras. Va a legitimar su gobierno a través de la Iglesia, quien defiende el origen divino
del rey y buscando a su vez una legitimidad histórica como heredero del reino visigodo. Estos nuevos monarcas
intentaran reforzar su poder estableciendo el carácter hereditario del trono, para evitar la inestabilidad
sucesoria.

El monarca se va a servir de otra institución como es la Curia Regia para gobernar. Nace con una función
consultiva y está integrada por nobles y clérigos. Con el paso del tiempo los monarcas van a empezar a
convocar a los burgueses, aparecen así las Cortes. Éstas son convocadas por el rey y siguen una estructura
estamental donde aparecen representados nobleza, clero y las ciudades. Sus funciones son atender a las
consultas del rey votar el pago de impuestos de carácter extraordinario.

El modelo de organización económico y social característico de estos reinos era el régimen señorial. Los
señoríos eran territorios concedidos por el rey a un particular o a un colectivo, como pago por algún servicio
prestado. Al principio era señoríos territoriales o solariegos pero a partir del siglo XII, los monarcas empezaron
a otorgar junto con el territorio otros privilegios creando los señoríos jurisdiccionales y covirtiendo a sus
pobladores, en vasallos del nuevo señor.

La sociedad era de tipo estamental, el nacimiento determinaba el lugar en la sociedad y la movilidad social
no era posible. Los grupos privilegiados los componían nobleza y clero, eran los propietarios de grandes
feudos y no pagaban impuestos. Los grupos no privilegiados lo formaban; campesinos, eran mayoría y
trabajaban las tierras de la nobleza; burguesía, comerciantes y artesanos quienes surgen a raíz de renacer
comercial en el siglo XIII; y las distintas minorías religiosas como judíos y mudéjares.

2.6: ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE LA CORONA DE CASTILLA, DE LA CORONA DE ARAGÓN Y DEL


REINO DE NAVARRA AL FINAL DE LA EDAD MEDIA
La organización política de los dos principales reinos peninsulares fue muy diferente, a lo largo de la Baja Edad
Media. En líneas generales se aprecia para este periodo una tensión permanente entre los distintos
estamentos y los reyes para aumentar o mantener su poder.

En Castilla el siglo XIV asistió a un proceso de fortalecimiento del poder real. Así, en 1348 se aprobaron el
Ordenamiento de Alcalá, en los que Alfonso XI, apoyado en la baja nobleza urbana, consolidaba su mando.
Sin embargo, la guerra civil entre Pedro I y su hermanastro Enrique II (1366-1369) y las minorías de edad de
los reyes hicieron que este proceso se aplazase hasta el acceso al trono de los Reyes Católicos (1476-1515).

El rey se veía asistido en su acción de gobierno por distintas instituciones: el Consejo Real, la Audiencia,
encargada de la administración de la justicia, y la Real Hacienda, encargada de los impuestos. Además, en el
siglo XII (1188) nacieron las Cortes, asamblea estamental formada por representantes de la nobleza, el clero
y las ciudades. Este organismo nació de la necesidad de la corona de recaudar subsidios o ayudas, a cambio se
ser reunido con cierta frecuencia y escuchar y atender las demandas de la nobleza urbana. A partir de la
muerte de Alfonso X, y coincidiendo con las minorías de edad de los reyes en el trono, las Cortes alcanzaron
gran protagonismo, puesto que se convirtieron en el principal apoyo frente a los nobles, aunque solo tuvieran
carácter consultivo.
En Aragón la situación era más complicada. La unificación del reino se había basado en una especie de
confederación entre Aragón, Valencia, Mallorca y el Principado de Cataluña, que poseían distintas
instituciones y leyes. Además, el poder del monarca era débil, de manera que debía pactar con los estamentos
privilegiados, salvaguardando sus privilegios, y respetar las leyes de cada reino a la hora de tomar una decisión.
A esta forma de gobierno se la conoce, genéricamente, como pactismo.

Entre las restantes instituciones aragonesas hay que destacar la figura del lugarteniente, que representaba al
rey en los diferentes reinos de la corona, el Consejo Real y la Audiencia.

Las Cortes de Aragón, a diferencia de las de Castilla, controlaron el poder del monarca y velaron por los
intereses del clero y de la nobleza, que tomaban las decisiones más importantes, frenando los intentos de la
Corona por extender su autoridad. En Cataluña las Cortes catalanas crearon una institución, la Diputación
General de Cataluña o Generalitat, que se convirtió, de hecho, en una especie de gobierno.

En el caso del reino de Navarra, la organización política del mismo se situaría a medio camino entre el
autoritarismo de Castilla y el pactismo de la Corona de Aragón. Conviene destacar que Navarra gozaba de un
importante Fuero General, que fue mejorado por sucesivos monarcas; y que sus Cortes, nacidas
tardíamente, tuvieron gran vitalidad en los siglos XIV y XV.