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EL MOVIMIENTO URBANO POPULAR: TEORÍA Y MÉTODO.

Se retoman los conceptos centrales del accionalismo y se plantea su aplicabilidad al caso del
MUP; y formulando esquemática para que así, se pueda dimensionar en un contexto político.
Como es obvio, el primer lineamiento, es totalmente teórico y remite al fenómeno en su
conjunto mientras el segundo aborda un aspecto particular de él aunque, tal vez, el de mayor
importancia en la presente coyuntura. Sin que puedan descartarse las aportaciones de la
sociología funcionalista (en particular la norteamericana) sobre los factores de la activación del
comportamiento colectivo, las contribuciones centrales acerca de la teoría de los movimientos
sociales siguen siendo las del accionalismo.
De la teoría accionalista, deben resaltarse los tres elementos constitutivos de la acción o
conducta colectiva, es decir:
1. La presencia de una solidaridad, en cuanto "sistema de relaciones sociales que liga e
identifica a aquéllos que participan en él".
2. La existencia de un conflicto es decir, "una forma de interacción entre individuos, grupos,
organizaciones y colectividades que implica enfrentamientos por el acceso a recursos escasos
y su distribución.
3. Un sistema de actores, de los cuales los principales son los propios integrantes del
movimiento y un adversario, que, en consecuencia, es identificado como enemigo.
De acuerdo con lo anterior, en los comportamientos colectivos se combinan tres principios:
1. Iidentidad, a través del cual el actor social se define a sí mismo y en nombre de qué actúa.
2. Oposición, situando al adversario del actor y el tipo de relación que se establece con él.
3. Totalidad, "el sistema de acción histórico del que los adversarios, situados en la doble
dialéctica de las clases, se disputan el dominio"; este principio define las opciones de sentido
de las prácticas colectivas en cuanto culturalmente orientadas.
La distinción entre lucha o acción conflictual (que manifiestan la presencia de un conflicto al
interior de los límites del sistema considerado) y movimiento social (que implica un conflicto
que tiende a superar estos límites) es básica.
Ciertamente la primera de cada una de ellas es fundamentalmente reactiva, mientras que la
segunda implica una cierta iniciativa; pero no es posible establecer un corte preciso entre
ambas. Por otra parte, el adjetivo conflictual no otorga especificidad al comportamiento
correspondiente respecto de la acción colectiva, ya que ésta siempre implica (como ya se
asentó) un conflicto, es decir, se define lo específico o la diferencia por lo genérico.
Acerca del término movimiento social habría que recordar que lo social remite a la sociedad y,
más particularmente, a las relaciones que se establecen entre las clases.
En la literatura sociológica sigue siendo siento el término utilizado para referirse a conductas
colectivas en las cuales la forma de participación es menos formal que la partidaria, cuya
estructura es más flexible y cuyo objeto directo no es la toma ni el ejercicio del poder.
Por otro lado, toda acción colectiva constituye un proceso social y, en esa medida, los
comportamientos pueden combinar en distintas proporciones elementos de varios de los
niveles considerados. Por otra parte, no puede descartarse la posibilidad de que un mismo
grupo o movimiento pase de un nivel a otro, tanto en sentido ascendente como descendente,
de acuerdo a los niveles considerados. El interés de la clasificación estriba en los elementos y
principios de la acción colectiva, ya asentados con los diferentes objetivos que se fijan los
grupos que la llevan a cabo.
Esta clasificación es, por otra parte, independiente de la tipología de los movimientos basada
en su principal elemento constitutivo o demanda.
Cualquiera de estos tipos de movimientos pueden situarse en alguno de los cuatro niveles de
la clasificación anterior o, como ya se indicó, pasar de uno a otro de ellos.
Si, con base en las aclaraciones anteriores, se revisa la literatura disponible en el país sobre la
problemática de los MUP, se advierte que es frecuente utilizar el término "movimiento social
urbano"
Algunas de dichas prácticas podrán considerarse acciones conflictivas políticas, en la medida
en que no sólo demandan la resolución de determinadas carencias urbanas sino que exigen la
intervención en la toma de decisiones correspondientes. Las organizaciones más
consolidadas de colonos e inquilinos (es decir, aquellas que cuentan no sólo con estructuras
orgánicas estables y con planes y programas de acción para el corto y mediano plazo, sino
sobre todo, con un proyecto político) darían lugar a movimientos reivindicativos de clase ya
que cuestionan las normas vigentes y luchan contra el poder que garantiza la situación urbana
predominante y las formas vigentes de reproducción social de las mayorías en las ciudades.
Este tipo de posiciones difícilmente pueden lograrse en las colonias y vecindades que operan
aisladamente. Las que han logrado dichos grados de consolidación forman parte de
organizaciones sectoriales que disponen de estructuras a nivel de una zona de la ciudad en su
conjunto o de aparatos de orden regional o nacional. Algunas de estas organizaciones se
plantean objetivos para la transformación de la sociedad y la toma del poder, es decir,
revolucionarios." Pero tanto en sus programas de demandas como en los planes de acción, se
enfatizan las tareas a corto y mediano plazo y no se explicitan las de largo plazo o
revolucionarias; es decir, no existe correspondencia entre los objetivos y los programas y
planes.
A ello debe agregarse que el nivel de conciencia política de los integrantes de estas
organizaciones es fundamentalmente reivindicativo y sectorial, y que las formas de lucha
utilizadas son básicamente defensivas; es decir, las modalidades ofensivas y que implican
tomar la iniciativa existen en escasa medida. Con base en los datos anteriores, difícilmente se
puede sostener que el MuP conforme un movimiento político y revolucionario en sentido
estricto ya que sus acciones no se orientan a la apropiación y control de los medios de
producción ni a la transformación del sistema rompiendo las reglas del juego político.
Esta precisión no anula la labor decisiva que está desempeñando en la elevación de la
conciencia crítica y política, y en el impulso a la militancia de sus integrantes. En las colonias y
vecindades, esta experiencia es "el único esfuerzo sistemático de educación política y cívica y
eso acrecienta su importancia, especialmente ante la precariedad de la oposición organizada
En las definiciones que da de sí mismo el MUP, plantea como principio y substrato básico de
su existencia y actuación, la independencia ideológica y política. Este postulado tiene dos
dimensiones: a) la autonomía respecto del Estado, la burguesía y los partidos políticos, y b) la
propuesta de un programa propio y alternativo en materia urbana y de organización social y
política.
La primera dimensión significa rechazo a las tácticas de mediación, cooptación y control que
el gobierno y su partido utilizan en este campo, y por ello, constituye la defensa legítima del
derecho a la libre organización y expresión social.
La formulación y propuesta de un programa urbano y político se está efectuando a través de la
sistematización de las demandas y programas de acción, en particular de aquellas
organizaciones que están integradas en la CONAMUP.
Las limitaciones que existen en este terreno son todavía notables, y, por supuesto, la
existencia de un programa (aunque sea limitado) no garantiza, por sí, mismo, su incorporación
y puesta en práctica. A este respecto, la evolución es real pero todavía lenta.